AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 14 Noviembre  2010

 

Fiebre de enchufismo en La Pesoe
EDITORIAL Libertad Digital 14 Noviembre 2010

En España sobran funcionarios, especialmente en las comunidades autónomas, que es donde más ha crecido el empleo público en las últimas décadas. Las autonomías no sólo han absorbido a los funcionarios estatales transferidos junto a las competencias estatutarias, sino que, como ocurre siempre con el Estado, los políticos han justificado su existencia creando miles de órganos innecesarios que ha sido preciso dotar del adecuado aparataje material y humano.

Si esto es ya intrínsecamente nocivo en circunstancias normales, en plena recesión económica, agravada por la incapacidad de un Gobierno radicalizado, el debate sobre la necesidad de que la administración se desprenda del exceso funcionarial adquiere la mayor notoriedad, que es lo que ha comenzado a ocurrir en otros países de nuestro entorno.

Por eso resulta todavía más bochornoso que la Junta de Andalucía, gobernada por los socialistas como señoritos de un cortijo en la más rancia tradición de la izquierda, se apresure a culminar tres décadas de nepotismo desvergonzado convirtiendo en funcionarios a más de treinta mil empleados contratados discrecionalmente. Es lo de siempre cuando gobierna la izquierda, pero acelerado a causa de los negros presagios electorales que las encuestas vienen recetando muy merecidamente a los socialistas andaluces en los últimos tiempos.

El PSOE es la principal agencia de colocación de Andalucía, la región que tras tres décadas de férrea disciplina socialista sigue encabezando las clasificaciones más infamantes de toda Europa sin que a sus dirigentes se les caiga la cara de vergüenza. "La Pesoe", como ha sido rebautizado ese partido con el típico gracejo de la zona, ha actuado siempre así, comprando voluntades con dinero público, exigiendo y concediendo subvenciones para fomentar la ociosidad y colocando a los militantes de ese partido en los miles de recovecos institucionales en que han convertido a la administración andaluza. Todo ello en detrimento de quienes accedieron a la administración pública por sus propios méritos, que de esta forma deben convivir con el bochorno permanente de ver cómo los políticos socialistas inundan los departamentos autonómicos de personajes, cuyo único mérito es pertenecer al PSOE o a la familia de alguno de sus dirigentes

La connivencia de los sindicatos de izquierdas en el atropello que los socialistas andaluces quieren cometer sorprendería si no fuera porque conocemos sobradamente el papel que el sindicalismo llamado "de clase" tiene cuando gobierna la izquierda. CCOO y UGT son cooperadores necesarios en este escándalo monumental contra el que se han echado a la calle miles de funcionarios honestos, dispuestos a impedir que se consume un caso de nepotismo partidista de dimensiones industriales.

Hoy el PSOE no es una opción política más en Andalucía, sino el vértice de un régimen que controla todos los contrapoderes democráticos en la más acreditada tradición del socialismo. Esta última canallada institucional es sólo el síntoma de que el final tal vez esté más cerca de lo que ellos mismos suponen.

El infierno puede esperar
Carlos Dávila www.gaceta.es 14 Noviembre 2010

Como último instrumento de la desgobernación socialista, Rubalcaba tiene claro que el que venga detrás que arree, que él y su señorito, por ahora, Zapatero, bastante hacen con salvar su propio culo.

Recuerdos de otros tiempos, de otro domingo:
“Podrían correr los primeros años noventa. La Conferencia de Prensa del ministro-portavoz Rubalcaba tras el Consejo de Ministros era, normalmente, un pim-pam-pum extraordinariamente sugestivo. Cuando no se le escapaba el pillo Roldán, entraba el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, en la cárcel; cuando no se descubría que Narcís Serra había espiado hasta al Rey, se sabía que la presidenta de la Cruz Roja y la directora del Boletín Oficial del Estado se habían llevado incluso los ceniceros; cuando no se hablaba de la rapiña en los fondos reservados de Interior, se acusaba al presidente González de ser el ‘señor X’ del GAL. ¡Qué episodio tengo anotado! Lean:

–Señor ministro –interrogaba un periodista–, ¿han fundado ustedes el GAL?
La pregunta estaba formulada ‘doucement’, que es adverbio que en francés encierra más contenido que en español. Ni siquiera trataba de conocer si Felipe González era el jefe de los asesinos. Rubalcaba, que dominaba el escenario como el mejor Rodero de sus tiempos, ni siquiera se tomó aquella vez 15 segundos para responder; cogió el rebote a la primera y replicó:

–No sé de qué me está hablando usted. Otra pregunta.
Sin pestañear, sin aparentar el menor grado de irritabilidad o compresión nerviosa. Se trataba de un Rubalcaba descarado como un golfillo y taimado como un vendepeines, que se entrenaba, semana a semana, para soportar los trances más apurados. Era la contraimagen del ministro ahora de Zapatero, casi histérico, nervioso como un doncel, que se enreda en sus propios pecados y clama a voz en grito:

–En democracia, lo peor que se puede decir a un Gobierno es que espía a los ciudadanos.
Él, Rubalcaba, que ni siquiera forzó una mueca otro día que, también tras el Consejo de Ministros de aquellos tiempos, otro periodista, igualmente refrenado, le preguntó:

–¿Va a dimitir el vicepresidente Serra por ordenar el espionaje telefónico de…de… de… o...?”.

Torticera maniobra
Hace unos meses, escribí en un domingo como éste de Rubalcaba. Escribí estos párrafos que ahora copio. Le presentaba entonces como un tipo bastante distinto –¡qué ingenuidad la mía!– que ya hace muchos años se lo pasó de lo lindo desmintiendo sin que se le moviera el bigote, todas las irregularidades, corrupciones y fechorías varias de su Gobierno y del PSOE. Ha bastado que Zapatero, en una maniobra torticera como todas las suyas, tienda a alejarse del gran follón de la polémica nacional, y nombre a este multiusos presidente de facto del Gobierno para que, como por ensalmo, resuciten todas las noticias más cutres, más bochornosas de aquella etapa felipista. Y vuelva hasta nosotros, asimismo, la actualidad más repugnante de aquellos crímenes de Estado que urdió el Gobierno felipista, de los que aún no se conocen los detalles más grandiosos, y por los que han pagado ciertos pecadores, pero no los más pecadores.

El viernes, por ejemplo, revelamos en La Gaceta cómo fue directamente Narcís Serra, el vicepresidente del Gobierno (el cargo que hoy ocupa Rubalcaba precisamente), quien llevó hasta la mesa de Felipe González la posibilidad de volar, dinamitar más bien, a toda la cúpula de ETA. En nuestro propio periódico el que fuera secretario de Estado de seguridad, Rafael Vera, ha asegurado que, efectivamente, el Cesid llevó a González la opción voladura por llamarla de algún modo, pero que el Cesid tenía una pésima información; es más, que la distinguida cúpula de ETA nunca iba a reunirse en el lugar citado por Serra.
Casos y cosas

Rubalcaba –con su ambición siempre disimulada por unas patologías que, afortunadamente para él y los suyos, nunca se confirman– ha vuelto a donde solía. Quizá nunca hubiera creído que los más turbios asuntos del GAL le estallaran otra vez en las manos. En el país del piensa mal y acertarás, quizá puede pensarse que Zapatero le ha puesto en la cota más alta del Gobierno para situarle también en la picota. Desde que ha llegado a esa cima, si es que lo es, el Gobierno no ha dejado de meter la pata. Citemos unos casos: la ministra Trini, de Exteriores, se larga a la América más sudaca, la de la política de la liberación, la de Evo Morales en pijama o la de Correa buscando fantasmas golpistas por todo Ecuador. Mientras, el Sáhara Occidental arde en llamas y Trini, se supone que de acuerdo con Zapatero y Rubalcaba, se alinea con el rey moro Mohamed. Edificante.

Otro caso. Eguiguren se va de la lengua y cuenta sus opíparas comidas guipuzcoanas con el asesino Josu Ternera. Aparecen dos defensores, a cual peor. El lehendakari o cosa así López (desde que Zapatero le puso los cuernos con Urkullu es más bien “cosa así”), y el recién designado ministro de la Presidencia, hombre de recorrido largo por la política, Ramón Jáuregui. El lehendakari o cosa así se irrita porque a su compañero Eguiguren los periodistas le piden aclaraciones sobre sus almuerzos con el sanguinario terrorista. Y exclama furibundo: “¡Ya está bien!”. Pero ¿cómo que está bien?, ¿cómo que hay que aguantarse con que un político al que le pagamos esas comidas se festeje de chipirones con un criminal? Pero ¿qué bobada es ésta? Y después, para mayor inri, Jáuregui llama a ETA de esta forma: la “izquierda abertzale”. Pero, hombre de Dios, hay que recordar que la izquierda es sólo izquierda sin necesidad de que sea terrorista y que el término abertzale se adjudica a los llamados patriotas vascos sean o no terroristas? Jáuregui, además, y yerra que te yerra, se erige en defensor del citado comensal y, para mayor despilfarro, en las Cortes de España reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Más leña, más dislate.
En estado puro

Pero es que hay todavía más; es que el presidente de facto del Gobierno llamado socialista nombra al depauperado Moratinos (que por lo visto desde que ha dejado de ser ministro no cesa de gemir) para que se vaya a Argelia a arreglar no se sabe qué problema menor y organizar la Conferencia del Mediterráneo que pende desde la fallida Presidencia Española de la Unión Europea. Pero, si no valía antes, ¿cómo va a servir ahora Moratinos? En fin, que desde que ha cogido las riendas de la gobernación general Rubalcaba no nos suceden más que desgracias. Dentro de unos días –lo verán– tendrá que justificar los arreos que le van a meter a la deuda española, arreos que nos pueden conducir a situaciones cercanas a las de Grecia, Irlanda y Portugal. Es igual, seguirá sin pestañear. Él ahora va a lo suyo. Rubalcaba en estado puro. En esta misma semana se sinceró (¿será posible tal cosa en él?) con algunos periodistas y les sugirió que esto de ETA ya está al caer. Sobre este propósito funda el presidente invasor Rubalcaba todo el futuro de su partido. Lo demás ya da igual. Él, como supremo intérprete de esta última y terrible desgobernación socialista, tiene claro lo siguiente y con lo que termino: que el que venga detrás que arree, que él, su señorito Zapatero y demás cuadrilla, bastante hacen con salvar el propio culo. El infierno puede esperar.

¿Prudencia o incompetencia?
Los más beneficiados de la prudencia que ahora predican Zapatero y compañía son ellos mismos
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 14 Noviembre 2010

La última consigna del Gobierno Zapatero es «prudencia». Nos la pide en el Sahara. En el País Vasco. Con Chávez. Con el Vaticano. Prácticamente, en todos los grandes temas nacionales e internacionales. Lo que choca, pues este Gobierno ha sido de una imprudencia que sin temor a exageraciones puede calificarse de temeraria, tirándose una y otra vez a la piscina sin la elemental precaución de haber comprobado sin había agua en ella. Lo hizo embarcándose en una negociación con ETA que acabó en dos muertos; prometiendo a los catalanes el estatuto que les diera la gana; negando la existencia de la crisis económica, tomando luego las falsas medidas contra ella y anunciando de manera periódica el fin de la misma; jurándonos que no habría recortes en las prestaciones sociales; asegurándonos que no haría mayores cambios en su Gabinete. Y, de repente, este hombre que ha hecho de la osadía su programa de gobierno, se convierte en el abogado de la prudencia, que igual le sirve para un roto que para un descosido.

Sin duda la prudencia es recomendable —por algo figura entre las virtudes cardinales—, pero no menos es cierto que un exceso de la misma suele ser perjudicial, aparte de poder enmascarar graves deficiencias. Y tratando con un político que ha hecho de la engañifa la base de su gobernanza, conviene andarse con cuidado, no vaya a darnos de nuevo gato por liebre, o ni siquiera gato. Ya decía André Gide que cuando no se tiene nada que ocultar, no hay necesidad de ser prudente, y esta súbita fiebre de prudencia por parte de quien hasta ahora no ha hecho otra cosa que meterse en camisas de once varas da la impresión de que su verdadero objetivo es ocultar sus fracasos en las muchas aventuras que se ha metido, que ahora le pasan factura.

Abundando en la misma reflexión de Gide, Robert L. Stevenson advertía que la prudencia crece en el cerebro como un hongo, siendo la generosidad su primera víctima. Algo que comprobamos en la vida diaria, donde la falta de valentía civil se disfraza a menudo de prudencia, y que puede ser lo ocurrido al inquilino de La Moncloa que ha cambiado sus altruistas planes de antaño por el único objetivo de defenderse a toda costa, incluidos los principios de que alardeaba.
El siempre agudo Voltaire ponía la guinda a estas advertencias al señalar que mientras el prudente busca beneficiarse a si mismo, el virtuoso busca el beneficio de los demás. No hay que ser un desconfiado obsesivo para darse cuenta de que los más beneficiados de la prudencia que ahora predican Zapatero y compañía son ellos mismos, presos en la red de improvisaciones, temeridades, atrevimientos y disparates que han sido su marca de gobierno.

El Sáhara y este increíble Gobierno que no sabe ni contesta
Roberto Blanco Valdés La Voz 14 Noviembre 2010

Para darse cuenta de la ignominia que supone el silencio cómplice de nuestro Gobierno con la dictadura marroquí, que está masacrando a los habitantes de un territorio que fue parte de España no hace tanto, basta imaginar la que estarían montando el PSOE y su intelectualidad de guardia si quien mantuviese su vergonzosa actitud fuese el Partido Popular.

¿Se imaginan si quien, dicharachero y sonriente, se fotografió ayer en Tánger con el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos fuese un dirigente popular en lugar de Moratinos? ¿Qué no estaría ahora saliendo de la boca de Trinidad Jiménez si la que dijese no tener datos para condenar la brutal agresión contra los saharauis producida en El Aaiún no fuera ella sino la canciller de un hipotético Gobierno de Rajoy? ¿Y qué decir de la mudez ante Zapatero y su política de los abajo firmantes habituales -actores, escritores, cineastas-, que, con absoluta seguridad, hubieran ya invadido todos los periódicos denunciando la traición de la derecha a un pueblo que lucha por su tierra frente a la invasión de un régimen tiránico?

Porque aunque Trinidad Jiménez y el presidente del Gobierno, despeñados ambos por la pendiente de una política exterior que nos abochorna como comunidad y como Estado, finjan no entenderlo, lo que está ocurriendo en El Aaiún es muy sencillo: que una potencia invasora (Marruecos) -que es, además, una monarquía autoritaria- se ha empeñado por las malas en hacerse con el territorio de una colonia que España dejó abandonada a su suerte hace más de treinta años y no está dispuesta a pararse en barras para alcanzar sus objetivos.

En las señas de identidad de cualquier demócrata que se precie de serlo de verdad está la defensa de las libertades y derechos personales allí donde sean agredidos. El Gobierno de Zapatero tiene, sin embargo, al respecto, una teoría peculiar, que consiste en distinguir entre agresores buenos (Cuba o Marruecos) y malvados (Reino Unido o Estados Unidos), sin que le importe nada que esa particular forma de discriminar le lleve a ser siempre más crítico con las dos democracias más viejas del planeta que con dos de las satrapías autoritarias más conocidas de la Tierra.

En realidad, lo que le ocurre a Rodríguez Zapatero es lo que a algunos individuos una vez que pierden la vergüenza: que ya todo le da igual. Solo así puede entenderse que el Gobierno que pretende pasar a la historia como el más progresista desde la aprobación de la Constitución, haya sido capaz de ir traicionando, sin la menor preocupación, valores esenciales de cualquier socialdemocracia digna de tal nombre: entre otros, el impulso de una política exterior orientada a la defensa de la libertad frente a la tiranía.

Iracundia gris
Alfonso USSÍA La Razón 14 Noviembre 2010

Chusito Eguiguren está casado con una mujer de armas tomar. Rafaela Romero. Doña Rafaela. Tiene malos arranques y peores prontos. Yerra en las dianas de su cólera. O quizá no yerra, lo que sería peor y mucho más preocupante. En lugar de enfadarse con Otegui, o Permach, o Jone Goricelaya, o Iñigo Iruin, se lanzó a despotricar contra la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Ángeles Pedraza. La zarandeó, según parece. «No lloréis por nosotros el día que nos maten», le dijo a la señora Pedraza. «A nosotros ya nos han matado», le contestó la presidenta de la AVT. Y esa respuesta no tiene réplica posible ni vuelta de hoja.

Además, ¿quiénes son los que pueden matar a Eguiguren y a su mujer? Tan sólo los compañeros de fechorías de los que comen con Eguiguren. Esta gente está un poco desnortada. Sólo asesinan los comensales de su marido. Con «Josu» Ternera se ha visto en distintas ocasiones. El tal «Ternera» es un criminal. Aquella explosión junto a la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza. Es probable que doña Rafaela, la volcánica doña Rafaela, haya olvidado semejante victoria de la «lucha armada» etarra. Entre las víctimas, murieron cinco niños, entre ellos las sobrinas de José Alcaraz. Iban armadas de «donuts» y cuadernos en sus mochilas, camino del colegio. El responsable de aquella hazaña es el compañero de mesa clandestina de Chusito Eguiguren. Está fugado de la Justicia, y Chusito no ofrece pistas a lasFuerzas del Orden Público respecto a su paradero. Esos son los que matan, airada doña Rafaela. Y las víctimas del terrorismo no merecen tan injusto escupitajo.

En todos los aspectos de la vida hay tonalidades medias entre el blanco y el negro. En la lucha contra el terrorismo, no. Ahí se está en el blanco o en el negro. El gris no sirve. Y el marido de la simpar doña Rafaela se mueve por el gris desde hace muchos años. No se le indigestan las buenas viandas que comparte con el asesino «Ternera». Ni los chacolís con Otegui, mientras hablan de la Real Sociedad de San Sebastián. A propósito, «Real Sociedad», que nada suena a «abertzale», a no ser que Don Alfonso XIII fuera el fundador de Batasuna, lo que no creo, sinceramente.

Esos comensales escogidos por su marido, fogosa doña Rafaela, son los que matan y pueden matar. Y no se eligen las víctimas entre los compañeros de mantel y cuchipanda. Pero si alguna vez, tanto usted como su marido son amenazados o sufren la brutalidad de esa gentuza, no tenga duda de que seremos millones los que estaremos junto a ustedes, y entre esos millones, las víctimas a las que usted ha insultado con desprecio y gravedad.

Si estuviera bajo su piel, doña Rafaela, dormiría mal. No por temor a la ETA, sino por la confusión de sus sentimientos, tan grises como los de su marido, que el matrimonio es harto contagioso. Y si estuviera bajo su piel, que por fortuna no lo estoy, me disculparía inmediatamente con todas y cada una de las víctimas de la ETA, y al no ser posible por la sencilla razón de que mil de ellas descansan enterradas, lo haría con sus familiares, empezando por Ángeles Pedraza y siguiendo por José Alcaraz, tío de dos niñas asesinadas por orden del miserable de «Ternera», el compañero de mesa de su esposo. Pena me da, doña Rafaela, pensar en su desnortada conciencia. Y cálmese.

Elecciones en Cataluña (I)
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión 14 Noviembre 2010

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDADE DA CORUÑA
Tras dos legislaturas de gobierno tripartito y con una tensión política constante superior a la media en contextos democráticos estables, los catalanes decidirán el día 28 si mantienen a Montilla o si Mas será presidente por primera vez. Una decisión capital para Cataluña y con mucha incidencia en la política española porque Cataluña, siete millones y medio de habitantes, segunda comunidad autónoma por su PIB y por su aportación a la solidaridad interterritorial, exhibe un potencial, CiU, ERC, PSC, ICV-EUiA, con gran influencia en la política estatal. Un catalán es igual a un murciano pero Cataluña no es Murcia, aunque muchos piensen que debería serlo.

Han sido para el resto de España las legislaturas del Estatuto. Un texto que desató fuertes tensiones fuera y dentro de Cataluña, en el nacionalismo, en el socialismo y en la derecha; que se aprobó por uno de cada tres electores y que el TC enjuició con una sentencia acogida con división de opiniones. Una sentencia que echó por la puerta lo que, de un modo u otro, se le acabará colando por la ventana y que unido a lo que preservó permiten seguir afirmando que, en efecto, Cataluña no es una comunidad autónoma más, aunque se prefiera, con cierta cerrazón infantil, no reconocer. Mi impresión es que el Estatuto ha sido una desmesura muy mal gestionada de principio a fin por el Gobierno español, el PSOE y el PSC, y que su desarrollo y aplicación futura exigirá manos más seguras y más hábiles que las de Zapatero. En todo caso, no parece estar todo eso entre las preocupaciones actuales de los electores, aunque haya influido en la formación continua de la opinión durante estos años.

El sondeo del CIS da al PSC 33 escaños, cuatro menos que en 2006 y 9 menos que en 2003, cuando obtuvo 42. CiU obtendría 59, 11 más que en 2006 y 13 más que en 2003, cuando obtuvo 46. ERC pierde cinco o seis escaños desde 2006 y siete u ocho desde 2003. A la espera de lo que digan las urnas parece que Mas podrá gobernar y que Montilla pasará a la oposición y, de acuerdo con la regla según la cual son los gobiernos los que por su gestión pierden las elecciones más que ganarlas la oposición, creo que puede afirmarse que ha sido la sociedad que Montilla ha hecho con el nacionalismo y su propia aceptación del discurso nacionalista el factor que ahora determina su caída.

Lo ha entendido así él mismo al asegurar que no reeditará el tripartito por las profundas diferencias con ERC. Diferencias de principios y sobre la propia concepción del pacto. Montilla quiere un gobierno que dependa del presidente y del Parlamento. Más claro, el agua. Montilla ha soportado lo que en Galicia soportó Touriño y que, con una segunda oportunidad, hubiera revisado en profundidad. Gobernar con los nacionalistas es un error que se paga. Y eso porque el nacionalismo, rígido en sus principios y en su gestión política, fantasioso en la valoración de sus apoyos y sus posibilidades, ha sido en Cataluña y en Galicia un socio no fiable, voraz en sus pretensiones y poco leal con el socio mayoritario y con el presidente del Gobierno. La debilidad e ingenuidad de Montilla y Touriño son pecados mortales en política.

Ese ha sido el error de Montilla porque sus políticas sociales han beneficiado a sus electores naturales. El tripartito ha aumentado considerablemente la inversión en políticas sociales. En sanidad, en educación, en atención a ancianos, inválidos, familia e hijos y supervivencia, el tripartito ha hecho mejores políticas. Y en medio ambiente también. Su gestión económica, crisis al margen, ha sido buena: ahí está el éxito de la reciente emisión de bonos de la Generalitat, que pone de manifiesto, además, una notable confianza en sí misma de la sociedad catalana. La criticaron en principio Mas y Duran, pero acaban de decir que van a continuarla. Montilla y el PSC pierden apoyos desde 2003 y sus inclinaciones nacionalistas tienen mucho que ver en ello. A ver si aprenden para la próxima.

Más heridas
Nota del Editor 14 Noviembre 2010

Con la que está cayendo y hay gente que aún piensa en las bondades del"divide et impera".

Como no seamos capaces de desmantelar el tinglado autonómico no tenemos futuro gris, el único al que podemos aspirar siendo unos fenómenos en la aplicación racional de todos los recursos que el estado nos extrae de los bolsillos.

Por mucho que soñemos, nuestro sistema productivo nunca va a poder competir con otros países que llevan muchos años preocupándose por el adelgazamiento
del estado y la gestión óptima a todos los niveles (es un decir, pues las familias y las empresas siempre la han hecho, es el estado el que siempre anda despilfarrando y tratando de arreglar el problema creado apretando la tuerca de los impuestos y por tanto agravándolo).

España recibió el trabajo que en otros países cercanos resultaba más caro, y desde hace ya muchos años, España ha perdido el trabajo que resulta más barato en países cercanos y lejanos (Portugal, Marruecos, India,China, Bangladesh, y estos a su vez lo perderán cuando África despierte.

Estos ciclos son inevitables, nosotros hace algunos años soñábamos con conseguir el nivel de vida de franceses, americanos, alemanes, etc., ahora que nos hemos acercado, los otros países que tenían sueños parecidos, están en el camino, y otros les seguirán.

Para estar delante de la ola, para ser los primeros, no se puede competir en costes de mano de obra, siempre habrá gente dispuesta a trabajar por menos y a repetir el ciclo y por tanto la estrategia pasa por la investigación, el desarrollo y la productividad, sólo posibles si el estado aplica los recursos que nos extrae de forma óptima y no desperdicia ni un céntimo de euro ni un segundo de tiempo. Nuestro (su) sistema político es una ruina, y todas las politicas socialistas, socializantes, "progresistas", están fuera de lugar: robar para comprar votos es el camino para que los de siempre sigan viviendo a nuestra costa, a ellos sólo les importa estar por encima, aunque sea por encima de una masa de pobres y descerebrados.


Madrid sube, Cataluña baja
Editoriales ABC 14 Noviembre 2010

AL margen de rivalidades sin sentido, Madrid y Cataluña son dos comunidades españolas que se configuran como centro y eje de un potente tejido socioeconómico basado en la capacidad de liderazgo de las respectivas metrópolis. Resultan por ello muy significativos los datos que hoy ofrece ABC, desde el punto de vista de la eficiencia y no de los sentimientos localistas. Madrid se sitúa por delante de Cataluña en una parte sustancial de los indicadores que maneja el análisis comparativo.

Así, el PIB per capitaes casi el doble, con una diferencia que ha crecido de forma exponencial en los últimos quince años. El gasto en I+D es también más alto en la comunidad madrileña, cuya tasa de paro está dos puntos por debajo de la catalana. Además, la comunidad de Madrid es capaz de absorber un mayor porcentaje de población inmigrante. Son datos objetivos e incontestables, fiel reflejo de la mayor vitalidad de una comunidad dispuesta a superar los tópicos sobre la burocracia centralista frente al estancamiento de Cataluña, que ha liderado históricamente los índices de desarrollo económico y calidad de vida.

El nacionalismo excluyente y el socialismo que hace guiños al independentismo radical son responsables de la pérdida de posiciones de Cataluña en los ranking de carácter nacional e internacional. Los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 marcaron un punto de inflexión y desde entonces las cosas van a peor. En cambio, Madrid consolida su protagonismo y la capital de España está ahora en primer plano como ciudad abierta y centro financiero. En una economía globalizada no tiene ningún sentido seguir jugando al victimismo territorial y practicar una política identitaria que se niega a reconocer la realidad en nombre de prejuicios trasnochados. El tripartito encabezado por José Montilla ha llevado al extremo estos planteamientos, bajo el impulso de partidos radicales que han impuesto su agenda al PSC. No es extraño que —según todas las encuestas— las urnas vayan a pasar factura a un socialismo ambiguo y oportunista. Mientras Madrid se ha preocupado de crear infraestructuras y mejorar la vida de los ciudadanos, Cataluña parece haberse encerrado en una burbuja identitaria que no se corresponde con su larga tradición de sociedad dinámica y creativa. Los números no engañan.

Lengua y sentimiento de origen
José Manuel Otero Lastres La Voz 14 Noviembre 2010

Es sabido que en España hay espacios geográficos en los que se hablan dos lenguas. En esos lugares, hay ciudadanos que se expresan preferentemente en una sola de ellas, su lengua materna, aunque conocen la otra. Y los hay que son totalmente bilingües, manejan ambas con total fluidez. De esas dos lenguas, una es propia y específica de ese espacio geográfico, en el sentido de que solamente se habla en él; y la otra es la que coincide con la común que usan la generalidad de los ciudadanos que conforman el ámbito geográfico más amplio en el que está integrado aquél. En el caso de Galicia, conviven el gallego y el castellano, siendo aquel el específico y este el común de España.

El planteamiento que antecede pretende ser lo más respetuoso posible con todas las sensibilidades. Está hecho de manera puramente descriptiva, tratando de exponer la realidad sin ninguna connotación política o de otro tipo que trate de excluir o separar. El que un habitante de Galicia hable una sola de las lenguas o las dos es consecuencia, en gran medida, de su propia circunstancia vital. Hechos como el lugar de nacimiento y la familia de pertenencia determinan desde la misma infancia el uso predominante de una u otra lengua o de las dos. Y es la propia peripecia vital de cada uno la que acaba por influir en el idioma en el que se expresa habitualmente. Hay quien teniendo como lengua materna el gallego emplea en su vida diaria el castellano, y al revés. Pero lo más frecuente es que la lengua materna acabe por determinar el idioma que uno habla en su vida diaria.

En el plano en el que me estoy moviendo, ser y sentirse gallego tiene más que ver con el lugar donde has nacido, en el que sientes que tienes ancladas tus raíces, que con la lengua en la que te expreses. Se es gallego porque uno se siente gallego. Y no hay nadie al que le hayamos encargado todos los que hemos nacido en Galicia que otorgue certificados de origen o procedencia. En lo que se siente cada uno no tienen cabida ni el dogma ni los espíritus excluyentes.

Mas allá, pues, de cualquier otra contaminación originada por concepciones ideológicas, ser y sentirse gallego es llevar Galicia en lo más hondo del alma. Lo cual, para los que nos sentimos profundamente gallegos, no es fruto tanto de la lengua que hablamos como de circunstancias vitales tan profundas y reales como ser el aire de Galicia el primero que respiraron nuestros pulmones; su luz, la primera que impresionaron nuestros ojos; sus ruidos y los murmullos de su gente, los primeros que despertaron nuestros oídos; y, en fin, su atmósfera, la primera que rodeó nuestro cuerpo. Por eso, sentirse gallego no puede ser más que un gran orgullo, y presumir de ello es pagar una deuda imperecedera que se tiene con el lugar en el que iniciamos la dura profesión que es vivir.

Si sentirse gallego es una impresión del alma, nada, incluida la lengua, ni nadie, salvo uno mismo, puede lograr que dejemos de considerarnos lo que somos.

Regreso a Zaragoza
Nota del Editor 14 Noviembre 2010

La verdad, esto del sentimiento de origen me ha dejado boquiabierto: yo no me acuerdo de nada, absolutamente de nada, de mi lugar de nacimiento en el momento y tiempos del mismo.

Después he vivido, estudiado, viajado y trabajado en tantos sitios, todos ellos con su encanto, que me resulta difícil quedarme con uno, es como la pregunta trampa que se hace a los hijos pequeños: quieres más a tu padre o a tu madre.

Ya vimos que otros utilizaban el Rh para justificar su origen, ahora pasamos al lugar de nacimiento. Me imagino el problema filosófico que se le presenta a cualquier
persona nacida en un taxi (miles, en general camino del hospital), en un avión (de camino a un país lejano).

La pregunta siguiente, es si alguien puede vivir en Galicia sin hablar o entender la lengua regional, o si puede considerarse gallego alguien que no la entienda
ni hable, si puede conseguir trabajo, y si la lengua regional es un mecanismo de identificación de galleguidad y por tanto de exclusión.

Y no voy a repetirme sobre la falacia del bilingüismo, y sus imposibles seres tricerebrados.

Gratis total
Editorial www.gaceta.es 14 Noviembre 2010

La peor mentira del poder es el comportamiento de quienes lo encarnan.

La actitud de una gran mayoría de altos cargos socialistas frente a las privatizaciones es de total oposición, como se sabe, aunque se trata de una disposición que admite una excepción muy clara en lo que se refiere a utilizar los medios que la Administración pública pone a su servicio, como los coches oficiales, los ujieres o el personal de su entorno inmediato.

En este caso, el servicio público y el provecho personal y privado se ven forzados a la armonía, y los jerarcas no pierden el tiempo poniéndole puertas al campo, ya que todo vale para el convento, según reza el dicho popular. Ya se sabe, lo dijo Enrique Barón, que un ministro es un bien público, de lo que cabe deducir que una ministra ha de ser, sin ningún género de duda, aún algo más precioso.

Parapetados tras esta presunción, que nadie les discute en el momento del abuso por la cuenta que les pueda traer, son muy abundantes los altos cargos, y las altas cargas, que utilizan servicios que se les ofrecen para cumplir sus funciones públicas como si fueran los señores de una gran casa, viejos aristócratas o plutócratas que no necesitan llevar ni billetes ni monedas en el bolsillo.

Los lectores de este periódico podrán enterarse, no sin cierto asombro, de la desenvoltura con la que algunas personas confunden su cargo público con un servicio universal en régimen de gratis total, si leen el reportaje que hoy publicamos sobre los usos que ciertos mandamases y mandamasas hacen de los parques móviles, y es solo un ejemplo. ¿Qué la ministra quiere bombones? Pues que el chófer se acerque a la pastelería. ¿Qué la responsable de Igualdad trasnocha? Pues ¿para qué están los turnos de noche? ¿Qué la vice tenía prisa? Hombre… no vamos a andarnos con respetos al Código de la Circulación cuando está en juego el porvenir del socialismo, y el del feminismo, si se nos aprieta.

Esta conciencia de exención, esta convicción de poder obrar con impunidad y no sólo porque no se sepa, sino por estar por encima de la norma, es uno de los grandes tesoros psicológicos de quienes creen estar en la vanguardia de la ética universal, porque son tan grandes sus servicios a los grandes ideales que están seguros de que ni siquiera el más escrupuloso rigorista moral podría poner en duda la legitimidad de sus aparentes excesos.

En este asunto, como en todos, el ejemplo que han dado los de más arriba ha sido decisivo para disipar las ligeras nieblas de duda o vacilación que pudieran afectar a los de conciencia más exquisita.

Desde que Felipe González usó el Azor sin pudor alguno para irse de pesca con sus cuates, o Guerra mandó llamar al Mystere a Portugal para no llegar tarde a una corrida sevillana, los socialistas han entendido bien el mensaje de que los vencedores merecen su recompensa, y de que sería un desperdicio de su tiempo, que tanto apreciamos todos, dedicarse personalmente a los menudos menesteres que ocupan la jornada de las gentes del común, a desgastarse en tareas menores.

Pues bien, frente a esos ejemplos de hipocresía y abuso, hay que decir bien claro que tal clase de conductas es rotundamente inmoral y políticamente intolerable en cualquier caso, pero más aún cuando los poderes públicos están desangrando a los ciudadanos con impuestos cada vez más altos y haciendo que la deuda pública crezca hasta límites realmente insostenibles y enloquecidos.

Este Gobierno miente por hábito en lo que dice, pero su mentira más hiriente es el comportamiento de quienes lo encarnan.

España y el Tea Party
José Luis González Quirós www.gaceta.es 14 Noviembre 2010

Es imposible encontrar un cambio que no haya sido una revolución desde arriba.

Los profesores Rafael Rubio y Pedro Schwartz han hecho en este periódico un análisis muy cuidadoso sobre la posibilidad de que llegare a existir en España un movimiento ciudadano como el Tea Party. Poco hay que añadir a las razones que han aducido, aunque, en mi opinión, sí convendría argumentar que, en cualquier caso, sería lo conveniente, cosa que estoy en lo cierto suponen ambos analistas.

La verdadera cuestión es si es posible que en España se puedan imponer procesos sociales que se inicien desde abajo. Nuestra tradición indica todo lo contrario. En la Historia española es casi completamente imposible encontrar un caso de cambio que no haya sido, de uno u otro modo, una revolución desde arriba. Esto es precisamente el cambio que podría haber traído consigo la democracia, pero el hecho es que, en buena medida, ese proceso de maduración ha sido efectivamente cortocircuitado por las instituciones que deberían nutrirse de él.

La democracia española llegó a instalarse ciertamente con el aplauso del público, pero a iniciativa sobre todo de las minorías políticas, de la generosidad de los herederos del franquismo, por una parte, y del interés de los partidos de la oposición, un colectivo que, hablando en serio, apenas pasaría del millar de personas. El reducido número de quienes tomaron parte activa en este proceso explica, por cierto, la importancia que adquirieron los intereses nacionalistas, un asunto que, en verdad, preocupaba muy poco a la inmensa mayoría de los españoles. No pretendo, ni mucho menos, deslegitimar un proceso que tiene tantos aspectos admirables, pero creo que es un error muy grave no mirar de frente los hechos.

Una vez legitimados por la casi totalidad de los ciudadanos, los políticos no han sentido ninguna necesidad de ampliar el campo de juego y se resisten bravamente a ceder parte de sus poderes, a ser meros representantes, y tratan de comportarse como soberanos absolutos. No cabe duda de que, por feo que resulte el aspecto teórico de esta conducta, ha gozado durante décadas de un consenso social muy fuerte.

Si los políticos hubiesen hecho sólo política, es probable que ese círculo de hierro que les evita el sometimiento efectivo a la voluntad popular se hubiese podido perpetuar de manera indefinida, porque una cierta amalgama de tecnocracia y buenas maneras hubiese podido permitir que el público se dedicase a vivir exclusivamente lo que se llama la libertad de los modernos, a hacer de su capa un sayo en su vida privada, la que más les interesa, sin duda.

Ahora bien, a día de hoy se ha roto el hechizo y ya abundan quienes se quejan de la tiranía de los partidos, de su falta de democracia interna, de su egoísmo político y de sus extralimitaciones. No es el Tea Party, pero es el caldo de cultivo imprescindible para que las cosas puedan comenzar a cambiar. La ecuación se ha roto, de alguna manera, por un error de cálculo que hay que atribuir, sobre todo, a la izquierda zapateril.

Veamos el asunto un poco más de cerca. El respeto a la autonomía del poder político, su derecho a vivir en un Olimpo más o menos lejano, atento únicamente a los lentos y previsibles movimientos de las encuestas electorales, implicaba necesariamente que el poder político cumpliese dos mandatos esenciales que el zapaterismo ha transgredido de modo deliberado y muy grave: en primer lugar, desde el punto de vista del orden práctico, pero no de la importancia, que se realizase una gestión mínimamente ortodoxa de la economía común, y, en segundo lugar, que es en realidad el primero por su trascendencia de fondo, que el poder político no se metiese en aquellos asuntos que el público considera de su exclusiva incumbencia: en temas de moral, de educación o de ordenamiento civil.

Es obvio que Zapatero ha hecho, y plenamente a conciencia, exactamente lo contrario: ha pretendido convertir su mayoría política en una cátedra de moral, imponiendo sus visiones a golpe de ley positiva, lo que ha irritado profundamente a una buena parte de españoles y molestado a todos, menos a la minoría visionaria que confunde la política democrática con la imposición de sus manías, y ha sido, además el responsable de una ruina económica atosigante.

Se dirá que es sólo la derecha quien puede protestar de que haya sucedido esto. No me parece cierto, primero porque creo que existe una izquierda más razonable disconforme con esa contaminación de su agenda política, Y, sobre todo, porque son muchos los ciudadanos independientes que temen que se haya abierto una vía que nadie sabe a lo que pudiera llevar.

Entre nosotros está cambiando el clima social con el que se asiste a la política y, se parezca o no al Tea Party, que se puede discutir, esta situación es completamente nueva. Otra cosa es que la izquierda, y sobre todo la derecha, se equivoquen acerca de la naturaleza del cambio y empeoren las cosas, o que la sociedad civil se agote en su protesta, pero no creo. Algo nuevo se mueve bajo el sol de la vieja España, y es bueno que así sea.

*José Luis González Quirós es analista político.

La hispanidad del Sáhara
Seguramente ya es demasiado tarde, y la hispanidad del Sáhara, asunto del pretérito.
Gustavo Bueno www.gaceta.es 14 Noviembre 2010

La madrugada del 20 de noviembre de 1975, mientras ya dejaban que Franco muriese, el BOE imprimía la Ley sobre Descolonización del Sáhara, sancionada por el Príncipe de España. “Caracteriza a los pobladores de los territorios del noroeste de África, donde España ejerce derechos de ocupación, protectorado, posesión o soberanía, una evidente afinidad racial, idiomática y de costumbres…”, había firmado Niceto Alcalá Zamora en un decreto de 1934. Pero el Sáhara, que era desde 1958 provincia de España con representación en Cortes, pasaba de repente a ser “territorio no autónomo”, en terminología de la ONU, para satisfacer así las ansias imperiales del primo marroquí y del tío francés. Una Marcha Verde, que Washington no impidió, había logrado su objetivo en menos de un mes. Cinco días antes, también con muchas prisas, publicaba el BOE un decreto que regulaba el uso de las lenguas regionales españolas. Avanzaban inexorables los planes urdidos para neutralizar el potencial de España, fragmentada poco después en territorios autónomos que cada vez se alejan más y se entienden menos, pues se busca con insistencia que ni siquiera hablen la misma lengua.

La República Árabe Saharaui Democrática es reconocida hoy por 15 de las naciones que forman la hispanidad. Sólo es ignorada por cuatro: Paraguay, Chile, Argentina y España. Pues aquí también la socialdemocracia traicionó pronto al pueblo saharaui, a pesar de sus promesas de entonces y de tanta palabrería.

Miles de españoles, avergonzados por tamaña ignominia, vienen ayudando desde hace décadas a los hermanos saharauis, muchos de cuyos jóvenes pasan breves estancias en España, y así se facilita que aún se mantenga allí el español, en dura competencia con el árabe y el francés. Como todavía mantienen hoy por moneda, aunque sea virtual, la peseta. Pero seguramente ya es demasiado tarde, y la hispanidad del Sáhara, asunto del pretérito.

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Zapatero, obsesionado con no repetir los errores del anterior ‘proceso de paz’
Editorial www.gaceta.es 14 Noviembre 2010

Hilar fino en las palabras y en la trastienda, el objetivo. Las detenciones de etarras se suceden para allanar el camino a la negociación. Los tratos con el líder del PNV, claves.

Aunque afirme que “jamás” ha pensado en utilizar la derrota de ETA, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sabe que se la juega en cada paso y en cada movimiento en su segunda negociación –para muchos, nunca se cerró la primera– con los terroristas. Hilar fino en las palabras y en la trastienda del Ejecutivo es ahora su obsesión. No echarse encima a las víctimas, pero tampoco generar desconfianza en el entorno de la izquierda abertzale son sus premisas. Así lo reflejó, por ejemplo, cuando hace unas semanas dijo a la senadora de UPN, María Caballero –hija del concejal de UPN en al Ayuntamiento de Pamplona, Tomás Caballero, asesinado por ETA en 1998–, que estuviese “tranquila”, después de haber contestado a su pregunta que los pasos dados por Batasuna, aunque aún “no sirven”, puede tener “consecuencias”. Al día siguiente, el dirigente batasuno Santi Kiroga no dudó en manifestar que le “gusta” la “nueva terminología” y el “nuevo discurso” del presidente del Gobierno.

Conocedor, a estas alturas, de los errores cometidos en el pasado, aquellos que dieron al traste con la anterior tregua-trampa, el Ejecutivo socialista maniobra delante y detrás de los micrófonos, a la vez que engrasa sus correas de transmisión en los ámbitos policial y judicial.

Esa lista de fallos que el líder de los socialistas se ha afanado en intentar que sean corregidos comprende, entre otras actuaciones, la imposición de la ley del silencio a los ministros. LA GACETA reveló en exclusiva el pasado 29 de octubre cómo el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha sido el encargado de hacer llegar a sus compañeros de Gobierno la consigna de no prodigarse en valoraciones sobre el futuro de los contactos con ETA. Una directriz interna, que a pesar de no ser cumplida al cien por cien por algunos ministros, sí que ha puesto un punto y aparte en las salidas de tono de la anterior etapa. Queda en la retina aquella provocación a las víctimas por parte de la entonces vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, cuando cuestionó un decálogo presentado por la FVT que encabeza Maite Pagazaurtundúa. De la Vega señaló entonces que el fin del terrorismo “no debe plantearse en los términos de vencedores y vencidos”.

Igualmente causaron malestar determinados excesos del ex ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo. A las pocas semanas de que ETA rompiera oficialmente la tregua y cuando Basatuna y el PSE aún se reunían para recomponer la situación, en una sesión de control al Gobierno, Bermejo dijo en el Congreso de los Diputados que “se volverán a dar condiciones” para que la resolución de la Cámara que avalaba el diálogo con los asesinos “vuelva a tener vigencia”. Hasta el líder de la oposición, Mariano Rajoy, pidió a Zapatero que explicara la insinuación de su ministro. Ahora las cosas han cambiado y quien exige al jefe del Ejecutivo que aclare su advertencia –“Los gestos de Batasuna no serán en balde”–, es UPN.

España
El oasis catalán se desdibuja
Los últimos siete años de tripartito lastran el desarrollo de la Comunidad
TOMÁS CUESTA ABC 14 Noviembre 2010

Lluís, en estos momentos la Generalitat somos tú y yo». El 8 de mayo de 1980, Pujol —según confiesa en sus memorias— interpelaba así a su mano derecha, al cíclope bajito, al «més petit de tots», al todopoderoso Prenafeta. En el Palau de la Plaça de Sant Jaume, se desplomaba el telón de la Historia con mayúsculas y se ponía en escena la historieta. A partir de ese momento, Cataluña iba a construirse contra España, «tant si es vol com si no es vol», por fas o por nefas, «peti qui peti». Después del traspaso de poderes, el «Molt Honorable» Tarradellas hacía mutis por el foro aunque la desazón, y la decencia, le impidieran callarse.

En una carta a Horacio Sáez Guerrero, a la sazón director de «La Vanguardia», ponía en negro sobre blanco los funestos agüeros que entonces le abrumaban y que acabaron cumpliéndose más pronto que tarde: «Sepa que justo al día siguiente de haber tomado posesión el nuevo presidente de la Generalitat, manifesté que se había roto una etapa que se inició con estrépito, confianza e ilusión el 24 de octubre de 1977, y que tenía el presentimiento de que comenzaba otra que conduciría a la ruptura de los vínculos de mutua comprensión, diálogo y acuerdos que, durante mi mandato, se establecieron entre Cataluña y el Gobierno, y que todo esto nos conduciría a una situación que nos haría recordar otros tiempos muy tristes y desgraciados para nuestro país (...) Sobraban motivos para pensar eso, pero hay uno que hoy es necesario recordar porque contiene la clave del mañana. Usted no ignora que, por encargo del presidente Suárez, fui el delegado del Gobierno para dar posesión de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña al señor Jordi Pujol. Con la debida antelación le comuniqué que encontraba normal que en ese acto acabara mi parlamento con las palabras tradicionales de siempre, es decir, gritando vivas a Cataluña y a España. Mi propuesta me parecía lógica, pero, con gran sorpresa por mi parte, no fue aceptada».

Al cabo de treinta años, no hay sorpresas que valgan y el tiempo, aunque la enfermedad persista, nos ha curado de espantos. La Generalitat ya no es cosa de dos, sino que, a fuerza de pretender cuadrar el círculo, se ha transformado en un «ménage à trois» atrabiliario. Hoy por hoy, «Cataluña es una nación que se halla —todavía— dentro del Estado», proclama —paladeando el «todavía»— Joan Laporta, quien, después de regir los destinos del Barça, aspira a conquistar la «champions» de la patria. Porque la patria es algo «més que un club» y los carnés de socio se cotizan al alza. «Sin embargo, Madrid —añade el candidato— es una entelequia constitucional, un artificio burocrático, una especie de gólem cuyo único objetivo es poner palos en las ruedas de la locomotora catalana». Ciertos eran los toros (con perdón), ya se mentó la bicha, ya saltó al ruedo la alimaña. Contra Madrid, contra España... La redundancia eterna, el pleonasmo interminable.

El caso es que, en los tiempos que corren, «hores d´ara», Cataluña ha dejado de ser la vía de penetración de Europa en España y Madrid es un esbozo de megalópolis manchega, una versión 2.0 del poblachón de marras. Pujol, por su parte, interpreta el papel de «avi»: es un trasunto de Macià en la encrucijada milenaria. Y Lluís Prenafeta, el pobre, «el més petit de tots», ha menguado de talla. Ha pasado de la clase «business» al furgón policial, en un penoso viaje por carretera y manta de Barcelona a la Audiencia Nacional cuya duración no habría superado las dos horas y media en un AVE sin escalas. El oasis ya no es lo que era y del boyante mito de una sociedad civil capaz de sobreponerse a los efectos de un régimen cateto, chusquero y agarbanzado, solo quedan las cenizas del prestigio de Millet (el angelito, no el de «El ángelus»), un hombre que convirtió el Palau de la Música Catalana en la cueva de Alí Baba a base de «fer pais» a golpe de talonario. Tras siete años de tripartito, la Generalitat que levantó Pujol sobre el andamiaje de la «construcción nacional» paga las nóminas de funcionarios, profesores y agentes de policía con la emisión de unos «bonos patrióticos» cuyas condiciones son las mismas que las de la deuda griega.

Reflejos darvinistas
A diferencia de lo que ocurre en Cataluña, el interrogante de referencia en Madrid alude al destino, sin atender a las incógnitas de la esencia y la procedencia. Un somero vistazo a las estadísticas económicas avala el éxito del formato político madrileño tanto en lo comunitario como en lo municipal, pese a que los modelos no son (la deuda ofende) estrictamente intercambiables. La presencia del Estado contribuye a relativizar las cargas simbólicas, lo que incide en un discurso de la eficacia como calibre objetivo sobre un plano binario tradicional: izquierda y derecha. La dinámica de fuerzas responde, entre otras, a esa tensión gráfica: desde la forma del Estado al punto de la carne, del crudo al cocido en una escala ideológica gemela a la de las pulsiones partidistas. Sin la carga de los orígenes, el mito fundacional de Madrid agrega a la Villa y Corte las dosis de realidad de una ciudad en la que los reflejos darvinistas desbordan la vieja tradición de chupatintas y cesantes.

La ocupación de oficinas, la actividad logística y la producción industrial sitúan a Madrid por encima de Barcelona y a esta a la altura, cuando no por debajo, de Valencia. Ha resultado que el modelo de Estado previsto para desarrollar la personalidad jurídica y cultural de las «nacionalidades» cumple mejor sus funciones en Madrid que en Cataluña, donde la retórica del diseño se ha convertido en un dictado sociopolítico que abarca de la educación al comercio. Todo se diseña y siempre bajo un modelo de subconsciente colectivo cuyas líneas de fuerza son las del nacionalismo victimista y el discurso de la «nación» «oprimida».
Entre la imposición de un régimen lingüístico en Cataluña y la tendencia a la desregulación administrativa de Madrid, el mercado, el conocimiento y nueve de cada diez inversores optan por un contexto menos sensible que el catalán a los agravios comparativos. Con más o menos precisión, la mirada de la prensa internacional refleja el contraste al describir Cataluña como un laberinto administrativo que oscila entre los imperativos culturales y el cobro regular del impuesto sumergido del «tres por ciento»; entre proteger los “correbous” y prohibir la tauromaquia.

El interminable catálogo de los hechos diferenciales es una de las fuerzas motrices de la política en Cataluña, pero la cosmogonía referencial del catalanismo salta en pedazos cuando a la mayor manifestación de la historia del independentismo —la del 10 de julio contra el Constitucional— le sigue una incontrolada expresión de júbilo popular por el triunfo de la selección española. La insospechada aparición de banderas nacionales en los balcones de media Cataluña no es el camino de vuelta del péndulo sino el efecto de haber apretado demasiado las tuercas. En Cataluña se reducen las zonas comunes y los sentimientos compatibles. Se estrecha la franja central de quienes se sienten españoles y catalanes (con una ilimitada variedad de matices) y se amplían las zonas de sentimientos exclusivos. La hipótesis del independentismo (sostenible, burgués y también de diseño) ha sido respondida desde las fachadas con un mensaje explícito de hartura sublevada que no se conocía en Cataluña desde el manifiesto de los 2.300 a favor del castellano y del recordatorio a tiros que le hicieron a Jiménez Losantos de que las rodillas sirven para arrodillarse. No obstante, el que se haya roto algún tabú no significa que la reivindicación de un concierto económico no vaya a estimular de nuevo la lógica dogmática que convierte los errores propios en ofensas a Cataluña.

«Madrid, una aparenta paradoja»; por Esperanza Aguirre
Si el desarrollo económico de una comunidad autónoma dependiera fundamentalmente de las inversiones y del gasto del Estado por habitante en esa comunidad, así como del número de competencias ejercidas, la Comunidad Madrid tendría que ser seguramente el furgón de cola en el tren del desarrollo español. Sin embargo, la Comunidad de Madrid, a pesar del abandono al que, durante los últimos seis años, ha sido sometida por parte del Gobierno de la Nación, ocupa hoy el primer puesto en prácticamente todos los indicadores de crecimiento y desarrollo económico y social, es la primera Región en PIB per cápita, también la primera en volumen de PIB, y la que más contribuye a la caja común de todos los españoles, tanto por impuestos como por cotizaciones a la Seguridad Social.

Si el equilibrio financiero de un gobierno autonómico dependiera de las subidas de impuestos y de las transferencias del Estado, la Comunidad de Madrid, que, lejos de subir los impuestos de su competencia ha bajado o suprimido muchos de ellos, y que ha sido especialmente maltratada en lo que concierne a las transferencias del Estado, sería hoy, sin duda, la administración autonómica con mayores problemas financieros y presupuestarios. Sin embargo, sucede todo lo contrario: la Comunidad de Madrid es la única comunidad autónoma de España que no ha tenido que elaborar un plan de saneamiento financiero porque ha mantenido equilibrado su presupuesto.

Y si la creación de empleo, en tiempo de crisis, dependiera fundamentalmente del gasto público, la Comunidad de Madrid, que desde el inicio de la crisis abrazó la austeridad en el gasto, tendría que ser también la región española con mayores problemas de desempleo. Sin embargo, sucede todo lo contrario: la Comunidad de Madrid tiene la tasa de actividad más alta de España, un 65%, el salario medio más alto de España y tasa de paro regional es casi cuatro puntos inferior a la tasa de paro del conjunto de España, cuando al inicio de la crisis esa diferencia era tan solo de dos puntos.

Todas estas aparentes paradojas son la demostración empírica de que la austeridad, las bajadas de impuestos, el apoyo a los emprendedores, la eliminación de trabas a la actividad económica, en una palabra, la ortodoxia económica, son el verdadero motor del desarrollo económico y la creación de empleo. Y también son la demostración empírica de que el aumento del gasto y del déficit público, las subidas de impuestos y las trabas a la actividad económica son los principales lastres de la creación de riqueza y de empleo.

España
Mas: «Para algunos, la inmersión lingüística es un grano que quieren reventar»
MARÍA JESÚS CAÑIZARES / . BARCELONA ABC Cataluña 14 Noviembre 2010

El candidato de CiU a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, advierte de que el modelo de inmersión lingüística en las escuelas está en peligro debido a la intervención del Tribunal Constitucional (TC). "Para algunos, la inmersión es un grano que quieren reventar, pero es nuestro ADN y no dejaremos que lo toquen”, asegura el dirigente nacionalista. En este sentido, acusó al PP de "intentar ganar en los tribunales lo que pierden en las urnas" por recurrir leyes catalanes ante un TC "mediatizado, tal como demostró con la sentencia del Estatuto".

No obstante, aboga por el binomio “escuela catalana, alumnos trilingües” porque “el catalán es la lengua vehicular, el nervio de la educación, pero entendiendo donde estamos”, lo cual no es incompatible, dijo, con “mejorar los niveles de castellano y, tanto como podamos, de un idioma extranjero”.

Asimismo, promete un “combate a muerte” contra el fracaso escolar, que actualmente alcanza en Cataluña un “preocupante 31,2% y dar carpetazo al acento ideológico que, en su opinión, ha dado el tripartito al sietema educativo.

Reducir el fracaso escolar
Mas ha presentado su programa en materia educativa en el auditorio de la Illa Diagonal.
“El éxito educativo permite activar el ascensor social”, dijo Mas, quien se ha propuesto reducir el fracaso escolar a la mitad, aunque con ello no se alcance la cifra media europea, un 15%, mientras el porcentaje óptimo sería el 10%.

Para ello, dijo, se necesitarán recursos –“ahorrando, aunque sin pasarse de frenada, tenemos 1.200 barracones o módulos prefabricados”- y también la implicación de las familias. En este sentido, el líder CiU apuesta por un modelo de escuela corresponsable y cómplice, “pero no delegada, la responsabilidad de las criaturas no es delegable, eso corresponde a las familias”

Prometió más facilidades para elegir escuela y mantener las actuales proporciones entre escuela pública (60%) y privada o concertada (40%). Al respecto, abogó por dejar atrás del debate de la izquierda sobre la titularidad de la escuela y evitar que la escuela “sea prisionera de planteamientos ideológicos”. Por tanto, Mas se muestra partidario de recuperar un esquema de valores donde prime el esfuerzo y el respeto, frente a la cultura de “máxima felicidad” que ha promovido el tripartito.
Autonomía de centros, autoridad en las aulas -reintroducir una nota de conducta- y replantear el Formación Profesional. Cuestiona, asimismo, que se haya dado prioridad a la sexta hora, a la semana blanca “en plena crisis económica” o el sistema del 1x1, donde los ordenadores han sustituido precipitadamente a los libros.
 

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