AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 22  Noviembre  2010

 

El SOS de los empresarios al Rey, un manifiesto demoledor
Roberto Centeno. El Confidencial  22 Noviembre 2010

Resulta asombroso y profundamente deprimente que un manifiesto entregado el lunes al Rey, un auténtico S.O.S firmado por los 61 primeros empresarios y banqueros del país, representativos de más del 90% del Ibex en valor, y de los grandes que están fuera, Santander, BBVA, La Caixa, Telefónica, Repsol, Inditex, Cepsa, Endesa, Iberdrola, Mercadona, Vodafone, Iberia, RENFE, Ford, FCC, etc, y que constituye una enmienda a la totalidad del actual sistema político, donde se exigen cambios radicales de la ley electoral, del sistema educativo, del sistema judicial, del modelo de estado y varias cosas más, algo que jamás ha sucedido en el mundo democrático, haya tenido tan escaso eco mediático, y en la práctica pasado desapercibido.

Si a los españoles en general, y a los medios en particular, les importa un pimiento que los líderes empresariales y financieros del país expliquen que España no es una verdadera democracia, que no existe separación de poderes porque el político controla el judicial, que los políticos no dan la talla, y que cuanto más complejos y difíciles son los problemas a resolver, menor es la preparación y los conocimientos de quienes están llamados a resolverlos, que tenemos un modelo de estado insostenible, un sistema educativo tercermundista, y además esta denuncia de las personas mejor informadas del país no tiene prácticamente eco alguno, eso es porque, pura y simplemente, la sociedad española no tiene remedio por su inequívoca vocación de sumisión a cualquier demagogo indocumentado encaramado al poder. Es decir, tiene exactamente lo que se merece.

El estudio utiliza un concepto que denomina “valor-país” para reflejar de forma sencilla y agregada la evolución de la magnitud y fortaleza de España. Para ello se considera tanto la evolución del país respecto a sí mismo (valor-país absoluto) como respecto a una muestra de países (valor-país relativo), con una proporción 70/30 entre ambos. En la construcción de este indicador se agregan aspectos relativos a competitividad, bienestar, sostenibilidad, influencia, calidad de gobierno y economía. Esta magnitud agregada había crecido fuertemente entre 1997 y 2007, momento en el que se produce el punto de inflexión. A partir de ahí, experimenta una caída tan pronunciada “que en 2009 retorna a valores próximos a 1997”, diez años perdidos en poco más de dos.

Pero la situación sigue empeorando y para 2020 el estudio proyecta un valor-país que es casi la mitad que el de 2009, y lo que es peor, lo compara con lo que podría haber sido, lo que habría pasado si la cosas se hubieran hecho correctamente y la conclusión es pavorosa: el valor-país sería casi seis veces mayor. Este es lo que Zapatero ha hecho de España. Un hundimiento del valor-país de proporciones bíblicas.

“El resultado final es una España poco atractiva y en busca de su identidad. La tendencia de pérdida de posicionamiento absoluto y relativo en todos los indicadores relevantes del país es preocupante para el futuro de los españoles y su papel en el mundo”. Es sencillamente imposible una crítica tan demoledora y contundente a un gobierno y a unos gobernantes.

Sistema electoral
Dentro de las cuestiones más relevantes, la que presenta un mayor consenso entre los firmantes, 92%, se refiere a la necesidad de un sistema electoral ajustado a las nuevas necesidades del país y donde, basándose en el estudio del CIS “Calidad Democrática II” en el que se dice que el 91,7% de los encuestados cree que los gobernantes no tienen en cuenta sus opiniones, propone ir hacia “un modelo que permita recuperar la representatividad social de los políticos y el acercamiento a los votantes”, a la vez que denomina “democracia de incubadora” a la actual dictadura partitocrática.

El tema es de una trascendencia fundamental. La inmensa mayoría de los firmantes está exigiendo lo que cualquier persona medianamente informada piensa: el cambio de la dictadura partitocrática de listas cerradas y bloqueadas por un sistema de elección directa por parte de los ciudadanos, ni más ni menos que lo que ocurre en a las verdaderas democracias, y obviamente un sistema electoral proporcional y no un sistema como el actual, donde minorías separatistas y antisistema obtienen un nivel de representación completamente desproporcionado con su número de votantes.

Con un 78% de consenso denuncian el creciente “desajuste entre la magnitud, complejidad y visibilidad de las tareas que exige un Estado moderno y eficiente y el nivel de preparación y experiencia de los Administradores”, es decir, cuanto más complejos son los problemas, cuanto mayores son los desafíos, peor es la preparación y la experiencia de las personas llamadas a resolverlos. Esto es válido para todos los partidos políticos, desde un presidente de gobierno enloquecido y sin experiencia alguna, a un líder de la oposición que, en medio de la mayor crisis de nuestra historia, confiesa que dedica su tiempo a ver fútbol, y aparte de pedir una y otra vez elecciones anticipadas, es incapaz de poner orden en las CCAA y Ayuntamientos donde gobierna. De ahí para abajo, lo que ustedes quieran, ministros y ministras que son un insulto a la inteligencia, y que en cualquier otro país europeo no estarían ni de botones, con perdón para los botones.

El análisis pide que se recluten los mejores, pero eso es un imposible metafísico, como los líderes son, por decirlo suavemente, unos mediocres absolutos, no admiten a nadie calidad a su lado que pueda hacerles la sombra, y la dictadura partitocrática hace imposible reclutar a los mejores.

Eficiencia global y clarificación del modelo autonómico
Consideran imprescindible “clarificar el Modelo Autonómico de una manera global, estable y fiable”, frente a los enfoques “cortoplacistas y oportunistas actuales”. Es necesario acabar con las duplicidades, redundancias y excesos de un Estado con tres Administraciones. Un disparate de Estado con diecisiete comunidades y dos ciudades autónomas, con más de 8.000 ayuntamientos, más de 80% de los cuales tiene menos de 5.000 habitantes, Diputaciones, Consejos y Cabildos insulares. Y todo ello sin la menor coordinación efectiva por parte del Estado.

Según un reciente estudio de UPyD, “a pesar de que la CCAA forman parte del mismo Estado, su autonomía es mucho mayor que la que tiene España frente a la Unión Europea. El Estado carece de instrumentos de control y corrección ante los posibles desmanes organizativos”. El Estado no sabe lo que gastan, ni cómo lo gastan, ni lo que deben. ¿Cómo es posible entonces valorar el déficit y la deuda de la AAPP? Y si a ello añadimos las 4.000 empresas públicas, cuyo oscurantismo es total, y las deudas a proveedores ocultas en cajones, nadie puede saber a ciencia cierta si España está igual o peor que Grecia, Irlanda o Portugal. Por otro lado, CCAA y Ayuntamientos son “totalmente reacios al sistema objetivo de oposiciones, prefiriendo sustituirla por la contratación a dedo”. Y ocurre que las administraciones territoriales son responsables de casi los dos tercios del gasto de la Nación. En estas condiciones, ¿cómo se puede evitar la ruina de España?

Refuerzo de los Pactos de Estado y separación de poderes
El 88% de los firmantes cree imprescindible el consenso en temas como educación, ciencia y energía, “pactos estables y a largo plazo entre las principales fuerzas políticas y la Sociedad Civil”. Sin embargo, constatan que “la evolución de España tiende a ser la contraria, lo que ha conducido a una politización de temas que deberían estar alejados de la lucha política”. Finalmente se insiste el la imprescindible “separación de poderes”, algo directamente relacionado con la democratización necesaria vía cambios del sistema electoral. Solo el 13,1% de los ciudadanos, según el CIS, cree que el Tribunal Constitucional tiene poder para frenar los abusos de poder del gobierno, y solo un 0,9% considera que la Justicia funciona satisfactoriamente. Es evidente que España no puede calificarse hoy como un Estado de Derecho.

“Con una tendencia a la pérdida de posicionamiento absoluto y relativo en todos los indicadores relevantes del país, la situación actual es peligrosa y preocupante para el futuro de los españoles y su papel en el mundo”.

Ante un análisis tan devastador y contundente de la realidad política y económica por parte de los principales líderes empresariales y financieros del país, ¿cuál será la actitud de los destinatarios del documento? Me atrevo ha hacer una previsión: el Rey ni sabe ni contesta, Zapatero ni lo entiende ni le importa, aunque va a recibir a los 25 “primeros” empresarios, palmeros los más, para “acelerar la recuperación”, ¿qué recuperación?, y hacerse la foto que es lo suyo, y Rajoy está muy ocupado viendo partidos de fútbol. Y mientras tanto, España se dirige imparable hacia el desastre.

Las 10 medidas obligadas de inmiediato
Si no queremos ser descabalgados definitivamente, es obligado alterar muy radicalmente lo que está en marcha ahora mismo
JUAN VELARDE FUERTES ABC 22 Noviembre 2010

La solicitud del Foro Empresarial de Valladolid de que expusiese en ese ámbito el tema «Diez recetas para salir de la crisis», me obligó a pensar en cuál era el decálogo preciso para dar, de una vez, un portazo a la muy seria crisis que se manifestó con enorme virulencia en España a partir del verano de 2007. He aquí cuál es, a mi juicio, éste, teniendo en cuenta que la nuestra es una economía extraordinariamente abierta a la competencia exterior.

En primer lugar es preciso aclarar a los españoles, de modo análogo a como lo hizo Fuentes Quintana en vísperas del Pacto de la Moncloa, por qué es muy grave la situación que se vive desde entonces y el motivo que explica el que no aparezcan signos de recuperación en la actualidad.

En segundo término es preciso alterar de arriba a abajo nuestra política energética. Hemos creado, en índices de eficacia, en dependencia exterior, en opciones por energías caras al haber abandonado la nuclear, un país que pierde competitividad a chorros por ese motivo.

El tercer problema a superar es el de la rigidez del mercado laboral, especialmente mostrado en los aspectos concretos de la negociación colectiva, y en otra serie de características, que fueron consolidadas con las medidas legales de 1980 y 1985. Como consecuencia, nuestro NAIRU —la tasa de desempleo que no engendra inflación, y con ello, que disminuye la competencia exterior— se sitúa en el 12% de desempleo; y la curva de Okun muestra que sólo a partir de un crecimiento del PIB en torno al 2,5% se crea empleo.

El cuarto, y muy especialmente tras Basilea III, que es preciso culminar una reforma de nuestro sistema crediticio, en todo él, pero con especial incidencia en las cajas de ahorros. No haber tenido en cuenta el artículo de Jaime Terceiro «Singularidades en el sistema financiero español: la situación de las cajas de ahorros», publicado en diciembre de 1995 en «Información Comercial Española» trae estos lodos.

El quinto es alterar de arriba a abajo el Estado de Bienestar. No es posible que la financiación de las pensiones prosiga basándose en un sistema de reparto; añádase que la división entre las diecisiete autonomías del sistema de atención sanitaria, previamente unificado, desde Girón a Lluch y Sabando, tiene que cesar; que en las atenciones a los parados, lo que nos ha señalado, incluso en España, el reciente premio Nobel de Economía, Pissarides, que lo logró, precisamente por exponer cómo puede ser eficiente, tiene que ser puesto de relieve; finalmente que la amenaza muy seria, de lo que Macarrón llama y no exagera, «el suicidio demográfico de España», exige reconsiderar la ayuda familiar.

El sexto es el problema institucional. Lo denunció con agudeza Carlos Sebastián, y por ignorarlo, no se adivinan las precisas reformas institucionales que son aquellas «que generan eficacia, transparencia e independencia en la regulación económica». Vemos por eso que en la reciente «Clasificación en facilidad para emprender negocios» que publica el Banco Mundial en el documento «Doing Business 2010», España se encuentra en el puesto mundial 62, un poco peor que Kuwait y un poco mejor que Kazakstán.

El séptimo es efectuar una «reforma de la reforma tributaria», aquella que apareció en 1978, y tuvo entonces un papel esencial y positivo, pero que veintidós años después necesita cambios muy importantes. ¿Para cuándo, por ejemplo, la creación de una Comisión Lagares para llevar adelante, con urgencia, las alteraciones oportunas? Señalo esto, porque las propuestas del profesor Manuel Lagares siempre han sido, no ya lógicas desde el punto de vista analítico, sino contrastadas de modo óptimo con la realidad cuando se pusieron en acción.

El octavo es cortar, de raíz, las políticas de las autonomías de intervención en la actividad económica, cada una de un modo, y por ello volver a un mercado unificado. Me parece, sin ser experto en derecho público, que incluso habría posibilidad de apoyo constitucional, debido al texto del artículo 131.1 de nuestra Ley Fundamental de 1978. El noveno es volver a la economía de mercado, liquidando de raíz la proliferación de empresas públicas que han surgido en las autonomías: suben de 588 en 2003 a 962 en 2009, y en las corporaciones locales: entre las mismas fechas aumentan de 913 a 1.573.

El décimo es alterar radicalmente el sistema educativo, para que proporcione una población activa congruente con la fortísima dinámica de la revolución industrial. Si no queremos ser descabalgados definitivamente de ella es obligado alterar muy radicalmente lo que está en marcha ahora mismo, desde la primaria a la universitaria, pasando por la formación profesional.

Poner en marcha todo, y además es preciso que sea prácticamente simultáneo, hay que confesar que no será cómodo para ningún político español. Pero éste debe tener en cuenta aquello que Platón, en «La República» (Libro primero, XIX), pone en boca de Sócrates en diálogo con Glaucón y Trasímaco: «El verdadero gobernante no ejerce en el cargo para mirar por su propio bien, sino por el del gobernado».

Mis 10 medidas
Nota del Editor 22 Noviembre 2010

Con el debido respeto que me merece don Juan Velarde, pues creo recordar que por los sesenta del siglo pasado, tuve la oportunidad de estudiar (quizás sólo leer) su libro sobre Política Social que correspondía a la asignatura (maría) de Formación del Espíritu Nacional, y constituyó una bocanada de aire fresco, junto con el libro del curso siguiente, de Fuentes Quintana, Política Económica, en un justamente afamado instituto nocturno, pero creo que muchos economistas se olvidan de mirar el tinglado desde un poco más arriba, les pasa con la economía como a los espectadores de los magos.

Como habrán podido leer el el último boletín de AGLI, el primer punto del profesor Velarde, consiste en decir claramente que España no está en crisis, ni un superoptimista puede calificar la situación así, España se ha autoinfligido 10 (al menos) heridas mortales.

La primera herida es la lengua española que ha sido borrada de las regiones donde ha sido designada lengua "impropia" y con ello han roto la unidad de España en todos los ámbitos;  (para más detalles, ver el boletín citado).

La segunda medida del profesor Velarde es la política energética, que siendo sin duda importante, no es más grave que el tinglado autonómico, que si no lo desmontamos, termina con nosotros. Defender la energía nuclear como opción en estos tiempos no es una propuesta válida, pues presenta tres grandes inconvenientes: carencia de materia prima (uranio), lentitud del proceso de puesta en marcha y coste del proceso de desmantelamiento. Un plan energético tiene que mirar muy desde arriba, carencia de materiales para la fotovoltaica, duración de las eólicas y como solución final,  la solar térmica - hidrógeno (ver un artículo del IEEE sobre el tema; no he tenido tiempo de leer el libro verde de la energía).

La tercera medida del profesor Velarde es la reducción de los costes de rescisión de los contratos laborales, cosa que si al empresario se le reducen los costes tontos (sindicatos, burocracia, ayuntamientos, comunidades autónomas, etc), y se le permite periodificarlos lo mismo que amortiza la maquinaria, le resuelve el problema y el empleado tan contento (si el empleado no produce lo suficiente para cubrir sus gastos y generar beneficios, no hay empresario que lo necesite). Mi tercer punto, herida mortal, consecuencia de los dos anteriores, lengua y autonomías, es la cantidad enorme de funcionarios y adláteres que no hay economía capaz de aguantar.

Bueno, como esto no lo lee casi nadie, lo dejo aquí.

 Irlanda
¿Y ahora España?
Juan Ramón Rallo Libertad Digital  22 Noviembre 2010

Finalmente, como todo parecía indicar, Irlanda será rescatada por sus socios monetarios; todo según lo esperado, incluso el día del acuerdo, el tradicional domingo de descanso. Los políticos europeos siguen considerando inaceptable una quiebra soberana –que a buen seguro afectaría al valor de la moneda única– y continúan tapando agujeros con el dinero del contribuyente alemán (y en este caso también del inglés, cuyos gobernantes miran por sus propios bancos y por la libra).

Aprovechando la coyuntura, en los próximos días oiremos –ya hemos oído– insistentemente dos razonamientos por parte de los propagandistas habituales cuyas falacias o medias verdades conviene aclarar y refutar desde ahora mismo.

Por un lado escucharemos que la quiebra de Irlanda demuestra, una vez más, el fracaso del modelo neoliberal de impuestos bajos para estimular el desarrollo, de austeridad presupuestaria como remedio contra la crisis e incluso de tipos de cambio fijos como paradigma de internacionalismo monetario. No se crean ninguna de estas tres consignas.

Primero, el espectacular desarrollo de Irlanda gracias a los impuestos bajos sigue siendo tan irrefutable como fríos son los datos. Bajo cualquier estándar la burbuja inmobiliaria irlandesa y la hipertrofia de su sector financiero comenzaron en el s. XXI, justo cuando el Banco Central Europeo comenzó a inflar artificialmente la oferta de crédito barato con su política de bajos tipos de interés. Hasta entonces Irlanda había experimentado, en parte gracias a ese clima de impuestos moderados, un impresionante crecimiento: su renta per capita entre 1989 y 2000 se multiplicó por dos en términos reales (desde 17.000 euros a 34.000), en comparación con una renqueante España que merced a sus progresistas altos impuestos y a sus rigidísimas regulaciones de los mercados sólo logró aumentarla en un 30% (desde 10.000 a 13.000).

Por consiguiente, los bajos impuestos no fueron ni condición necesaria ni suficiente para la burbuja financiera: España ha sufrido la misma burbuja con impuestos mucho mayores (y a Suecia le sucedió lo propio a principios de los 90) e Irlanda no la padeció, con impuestos bajos, hasta que Frankfurt promovió la expansión artificial del crédito. El milagro irlandés sigue siendo tan milagroso como tenebrosas son las consecuencias del monopolio monetario de los bancos centrales.

Segundo, Irlanda no está peor, si no mejor, merced a los planes de austeridad. Otra cuestión es que, tomada la decisión de recapitalizar con fondos públicos a su banca, la situación de su sector público sólo podía orientarse hacia la quiebra.

Y tercero, los problemas de Irlanda no están relacionados esencialmente con el euro o los tipos de cambio fijos, sino con el envilecedor régimen de dinero fiduciario. Hay países fuera del euro que han sufrido expansiones crediticias mayores a las de Irlanda (Islandia, sin ir más lejos) y la actual situación de quiebra del tigre celta no se hubiese solucionado en nada de haber contado con una moneda propia.

Por consiguiente, la quiebra de Irlanda, lejos de ser un fracaso del libre mercado, lo es nuevamente del intervencionismo monetario que padecemos: un sistema que es capaz de multiplicar casi hasta el infinito la cantidad de crédito disponible sin amarrarlo a ninguna base real como el oro. El volumen de crédito depende de nuestra capacidad para prometer que cumpliremos con nuestras obligaciones, sea mucha, poca o ninguna nuestra liquidez o solvencia. Tal es el endiablado régimen monetario que hemos creado; y no, esto no se soluciona con más regulación sino ligando la oferta máxima de crédito a las disponibilidades de bienes presentes prestables.

Por otro lado, es previsible que durante estos días también oigamos recurrentemente desde el Gobierno y sus aledaños que España no es Irlanda (claro que Irlanda tampoco era Grecia y así ha terminado). Por desgracia, esta autocomplaciente afirmación es sólo una media verdad.

Es cierto que nuestro sistema financiero no ha alcanzado ni mucho menos un tamaño tan desproporcionado como el irlandés (el nuestro sólo es tres veces superior al PIB, frente a las 10 veces del irlandés). Pero, al mismo tiempo, nuestra economía también es mucho menos competitiva que la irlandesa: su déficit exterior en ningún momento de la burbuja financiera superó el 5% (nosotros llegamos al 10%) y su tasa de desempleo, incluso ante la quiebra de su economía, no ha superado el 14%.

Pero quizá la diferencia más notable sea que el Gobierno irlandés está dispuesto a hacer las reformas que la economía necesita –a falta de que su ciudadanía le deje y de que Bruselas no le imponga un plan de ajuste estrambótico como sería forzarle a subir el impuesto de sociedades–. Nosotros ni tenemos un Gobierno así ni es previsible que lo tengamos. Por consiguiente, aunque Irlanda se hunda, resurgirá de sus cenizas; es más, en cierto modo, tras toda una década de malas inversiones generalizadas en el ladrillo y la banca, el hundimiento puede ser la única purga que les permita recomponerse. En cambio nosotros seguimos arrastrando unas perspectivas de crecimiento pobres o nulas por culpa de una clase política que se empeña en que no se reajuste nada en nuestro sector productivo.

Nuestra perspectiva sería la de estancamiento y lento declinar como Japón, pero exhibimos una diferencia notable: padecemos un déficit anual de en torno al 10% del PIB que sin reestructurarnos tendremos muy difícil recortar. No somos Irlanda en lo malo, pero tampoco en lo bueno. Ellos van a ser rescatados hoy. Veremos si mañana existe voluntad y capacidad para rescatarnos desde Bruselas, porque desde luego ni Zapatero ni Rajoy parecen decididos a ahorrarles ese coste a los alemanes y, por supuesto, a los españoles.

Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y de ISEAD y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010

LA SITUACIÓN DE NUESTRA ECONOMÍA
'Quo vadis Hispania'?
Tal vez ésta sea la pregunta que ronda, de manera consciente o inconsciente, en las mentes de todos y cada uno de nosotros.
Ladybug Libertad Digital 22 Noviembre 2010

Lejos quedan ya aquellos días de marzo del año 2007, en los que muchos se despertaron del sueño de un país próspero, con fuentes de las que manaba miel y ríos donde flotaban fajos de billetes de 500 euros. De aquel país de ensueño, que estaba a punto de adelantar a Francia y a Alemania por la derecha, poco queda hoy en día. Bueno, nos queda ZP, que no es poca cosa, a disfrutar de lo votado.

Durante estos 3 años, hemos aprendido lecciones importantes, que siempre estuvieron ahí para quien quisiera verlas, entre ellas las siguientes:

* Que si ganas 5 y gastas 15, más pronto que tarde estarás en quiebra.

* Que los "activos" inmobiliarios, como cualquier otro, son tan susceptibles de incrementos en su precio, como de descensos en los mismos, y encima tienen la maldita manía de ser muy poco líquidos en circunstancias de mercado normales.

* Que planificar el presupuesto corriente de las Administraciones, dando por permanentes unos ingresos tributarios extraordinarios, sepultando dichos recursos en gastos improductivos, acaba en la insolvencia de dichas Administraciones, especialmente si las mismas se niegan a reconocer la mayor y continúan como si aquí no pasara nada.

* Que el dinero prestado al final siempre hay que devolverlo, junto con los intereses.

* Que el sistema financiero no es una ONG, armó la que armó porque había oportunidad, y una vez quemado el mercado, ha regresado a sus cuarteles de invierno, a lamerse las heridas.

* Que los reguladores, las autoridades, los medios y los expertos no siempre dicen la verdad, y que en la mayoría de los casos tienen sus propios intereses, y emiten opinión y valoraciones en función de ellos.

Podríamos seguir enumerando durante páginas y páginas otras tantas lecciones aprendidas. Seguramente ustedes, lectores de LD, tengan otras tantas que aportar. Al final, las podríamos reunir en un tomo y publicarlo como "Guía del Sentido Común".

Una vez recorrido a vuelo rasante el entorno actual, regresamos a la pregunta con la que abríamos esta columna: ¿hacia dónde nos dirigimos? Está claro que cada uno, en sus capacidades y percepción, es consciente de lo ocurrido en estos 3 años, sin embargo, estoy seguro de que no es eso lo que altera su sueño por las noches. Lo que de verdad envenena sus momentos de paz es la pregunta anteriormente formulada.

He llegado a esta conclusión tras hacer un pequeño estudio estadístico entre mis clientes, amigos y conocidos, empresarios en su gran mayoría, el ranking de consultas ha quedado como sigue:

1. ¿Hacia dónde vamos? Aquí parece que no hay nadie al mando, cada día aparece una ocurrencia, un parche, otra chapuza... menos empeorar, a esto no le queda otra.

2. ¿Hasta dónde voy a aguantar? Ventas en descenso; Convenios Colectivos sacados de una realidad paralela; la Administración que me cruje día sí, día también; ya he dado de garantía al banco hasta un riñón...y esto no mejora. Esta pregunta no deja de ser consecuencia de la primera, si lo analizamos detenidamente.

3. ¿Qué voy a hacer si lo pierdo todo? La respuesta es sencilla, me la enseñó un viejo zorro de los negocios que hoy ya no está entre nosotros: "volver a empezar, no queda otra, chaval".

Nos queda, por lo tanto, encontrar indicios que nos ayuden a intuir la respuesta a la primera pregunta. Para ello, hoy me gustaría dejarles tres gráficos para, si tienen a bien, los observen y mediten sobre ellos, pues nos indican la respuesta.

Grafico 1. PIB de España (ver original enLibertad Digital)

La economía española necesita crecer a tasas superiores al 1,5 al 2 % sostenidos para crear empleo en condiciones; no sé ustedes, pero yo a la gráfica de color rojo no le veo muchas ganas de abandonar ese virtuoso equilibro que aporta el cero patatero.

Gráfico 2. Evolución del desempleo (EPA)

La gente tiene una curiosa manía cuando se encuentra desempleada, no se le ocurre nada mejor que consumir menos, y a ser posible, de lo más barato, lo cual es una muestra de falta de solidaridad y de optimismo patriótico. Es que así no hay quien arregle esto, con tanto cenizo.

Gráfico 3. Financiación

De nuevo nos movemos en torno al número que define el conjunto de indicadores actuales de la economía española: CERO. Salvo las Administraciones, que fagocitan todo el crédito disponible, la actividad crediticia privada, salvo honrosas excepciones, se compone de renovaciones de operaciones existentes, refinanciación y morosidad mutante.

En fin, creo que esto es suficiente para contestar a la pregunta inicial con la que comenzábamos. O vemos un cambio en éstas y otras magnitudes, basadas en una serie de reformas que en todo caso tardarían meses o años en surtir efecto, o el escenario más probable a día de hoy es el coma económico retroalimentado por un paro galopante, unas empresas insolventes y unos balances bancarios plagados de activos a precio "de amigo".

Por hoy les dejo con esta reflexión y una cita:
Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo, es caro. La economía es la ciencia de cercenar los gastos superfluos.

Lucio Anneo Séneca.
Sean buenos... si pueden.

Los desvaríos de ZP
Editorial www.gaceta.es 22 Noviembre 2010

Un Zapatero desencajado, desorientado y a la defensiva apareció ayer domingo en el diario El País como protagonista de una larga entrevista que le hacía el director del medio, Javier Moreno –la segunda en lo que va de año–.

A lo largo de seis densas páginas, el presidente del Gobierno respondía –sería más preciso decir que se quitaba de encima– las preguntas que le formulaba un nada complaciente Moreno. De entrada, hay que aclarar dos cosas: El País es el periódico de Rubalcaba y no de Zapatero. Y dos, que hasta los más acérrimos promotores del socialismo radical –El País– están hartos de los desmanes, mentiras y desaciertos de Rodríguez Zapatero.

El titular de portada de la entrevista resalta una nueva gran idea –que suena a otra ocurrencia– del presidente: “Voy a convocar a las 25 grandes empresas del país para acelerar la recuperación”. Después de leerlo, hay que frotarse los ojos y repasar la cabecera del medio para asegurarse de que no estamos leyendo el semanario de humor El Jueves. En ese fino desprecio que Prisa siente por Zapatero, hay que incluir también esta entrevista, que evidencia sin tapujos el mal estado político y mental en que se encuentra el presidente del Gobierno. Sin embargo, seguro que ayer, cuando en la soledad de Moncloa leyó su entrevista, Zapatero se sirvió doble ración de chocolate para celebrar que los amigos de El País habían vendido muy bien su gran proyecto para salir de la crisis, que no es otro que endosar la responsabilidad de la recuperación a las 25 mayores empresas de España.

Claro que la pregunta de Moreno se las traía: “¿Cómo piensa acelerar la salida de la crisis?”. El texto no refleja la cara que puso Zapatero, pero la respuesta evidencia que no tenía ni idea: “Muy próximamente –sic– el Gobierno va a lanzar una gran iniciativa con el objetivo de implicar a los grandes sectores económicos y políticos. Vamos a tomar decisiones y a aprovechar a la vez nuestra proyección internacional”. Retórica vacía, que ZP completó con “en enero realizaré una nueva gira asiática…”, quizá motivado porque todas estas cuestiones le suenan a chino. Cuando el director de El País se percata de la memez, repregunta: “¿Cómo va a hacer todo eso?”. Y Zapatero suelta lo de las 25 empresas, aunque Moreno insiste: “¿Para hacer qué exactamente?”. Y allí es cuando el presidente del Ejecutivo se saca un nuevo conejo/chorrada de la chistera: “Vamos a crear una Comisión Nacional de Competitividad, no como un instrumento coyuntural, sino como un organismo estructural (…)”. Ya se sabe, cuando no sepas qué hacer, crea una comisión.

Pero el culmen de la idiotez presidencial apareció cuando el director de El País preguntó por todas las contradicciones, negaciones de la crisis, falsedades –“Lo peor de la crisis ha pasado ya”, enero 2010– y rectificaciones que ha soltado en estos últimos años. La respuesta le retrata plenamente: “Voy a ser muy sincero –sic–. La única manera de que los ciudadanos lo hubieran entendido es haber vivido esta crisis a mi lado. Esto es imposible. Y explicarlo, cuando todavía tienes la crisis pesando mucho en la realidad de la gente, no es fácil. Cuando tengamos una consolidación mayor del crecimiento, la explicación será más convincente”. Sobran los comentarios.

Joaquín Leguina, ex presidente socialista de la Comunidad de Madrid, acaba de cuestionar en su blog la cordura de Zapatero. Después de leer las respuestas de esta entrevista, tendrá más argumentos para asegurar que el actual presidente no está en condiciones mentales de seguir gobernando España.

Reaccionar, no conservar
Óscar Rivas Minuto Digital 22 Noviembre 2010

En su último libro, En busca de la derecha (perdida), José Javier Esparza se preguntaba si hoy el conservador tiene algo que conservar. A lo largo de la obra, el autor expone con claridad cómo en los últimos lustros los conservadores han terminado asumiendo principios que no eran los suyos. Es evidente que así ha sido. A mi juicio, esta es la clave de que la derecha, o lo que queda de ella fenezca, a la misma velocidad que lo hacen sus valores. España es un ejemplo elocuente. A buen seguro, habrá quien piense que exageramos. Precisamente ahora que se da por descontado que el PP arrasará en las próximas elecciones –se nos dirá- hay que estar colgado para afirmar que la derecha se halla en vía de extinción.

Está bien, aceptemos el pulpo como animal de compañía, y asumamos que el PP, amén del centro, represente también a la derecha. ¿Qué hará Rajoy cuando llegue al poder? A nadie se le escapa que Zapatero y sus bandoleros han puesto España patas arriba ¿Será capaz el PP de darle la vuelta a la tortilla? La labor es ardua y, qué duda cabe, requiere de mucho esfuerzo y dedicación. Y que conste que no dudo de la capacidad de Rajoy para conseguirlo. Sin embargo, es sabido que no hay sacrificio sin voluntad. Es aquí donde el escepticismo se impone. ¿Tendrá el PP esa voluntad? ¿La tendrá Rajoy como líder? Si tuviera que destacar un rasgo que resumiera el papel desempeñado por el PP en los últimos siete años, ese sería su proverbial pasividad. Es más, añadiría que la suya ha sido la mejor oposición que todo tirano –y Zapatero no es una excepción- puede desear.

Si el PSOE en este corto periodo ha avanzado tanto en su labor de destrucción, en buena parte hay que agradecérselo a las bondades del PP. Durante los años de mandato zapateril, sobretodo en la primera legislatura, la derecha social no dejó de movilizarse. Su presencia en la calle era un modo de evidenciar democráticamente su indignación ante la iniquidad del tirano; pero también un claro toque de atención para Rajoy. Y estaba en su derecho; de los millones de personas que salieron a la calle, en su mayoría lo eran votantes del PP; con su voz trataron de explicar a sus representantes el significado de su voto. Y sin embargo, ¿qué hizo Rajoy? Permaneció callado. Alguna vez se dejó ver y oír, pero sus palabras no resultaban todo lo nítidas que deseaban sus votantes; de hecho, apenas eran perceptibles. Se diría que, más que hablar, susurraba. Seamos claros, la oposición del PP ha sido todo lo conservadora que el PSOE podía esperar. El problema es que su conservadurismo se ha limitado a reducido a defender sus intereses de casta.

Queda poco más de un año para que se celebren las generales. A día de hoy, la derecha no tiene nada que conservar, puesto que la izquierda se ha esforzado en destruir todo aquello en lo que aquella creía. Ello hubiera sido imposible, sin la colaboración de un PP que ha comprado buena parte de los desvalores que la izquierda cultural ha puesto a la venta en las últimas décadas. Lo dicho, la cuestión es ¿qué pasará si el PP llega al poder? ¿Se limitará a reformar la economía –por otra parte necesario- asumiendo todo lo demás como una realidad inamovible, o por el contrario reaccionará derribando todos los muros que la izquierda se ha esforzado en levantar? Ojalá supiéramos la respuesta, pero nos tememos lo peor. Para emprender la reacción no hay por qué esperar a que se celebren elecciones. El acoso y derribo a ZP debiera ya ser un hecho. ¿Cabe mayor acto de patriotismo que el derrocamiento de un tirano? Quizá el PP crea conveniente esperar, pero hay millones de votantes que no lo ven así. Son aquellos que se preguntan para qué votaron al PP hace cuatro años, si con toda la que está cayendo, hay que aguardar a una nueva convocatoria para que comiencen a reaccionar.

El pastor y el lobo
El único que cree a Zapatero es él mismo, y ni siquiera del todo como comprobamos en sus continuas contradicciones
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 22 Noviembre 2010

LE ha ocurrido lo que al pastor de la fábula, sólo que al revés. El pastor anunció tantas veces la llegada del lobo que cuando vino de verdad no le creyeron. Zapatero ha negado tantas veces la crisis que cuando la admite, no le hacemos caso. Ha perdido la credibilidad, algo grave en política y fatal en economía, que se funda precisamente en el crédito, y las declaraciones que ha hecho a Javier Moreno no van a ayudarle a recobrarlo. Al contrario, nos confirman que estamos, no ante un optimista antropológico, como generosamente se le caracterizaba, sino ante un mentiroso compulsivo, alguien que miente incluso cuando dice la verdad, al ser incapaz de asumirla.

¿Cómo puede decirse, como ha dicho en la entrevista, que «los recortes sociales han sido muy limitados» cuando han sido los mayores en democracia? ¿Cómo puede sostenerse que «el sueldo de los funcionarios no es un derecho social»? ¿Cómo puede olvidarse en las dramáticas jornadas de mayo que fue una llamada de Obama lo que le hizo aceptar los recortes? ¿Cómo puede negarse que volvemos a estar en situación de riesgo cuando él mismo ha dicho que la recuperación no es segura? ¿Cómo puede aventurarse que «ser rescatado por otros países no es un problema de deuda»? ¿Cómo puede llamarse «debate sobre la crisis» lo que fue su tozuda negativa a reconocerla? Al final, como ocurre a todos los mentirosos, se descubre al decir que «un presidente siempre tiene que dar estímulo». En pasiva: nunca debe reconocer desgracias. Estamos ante una de esas personas que se engañan a sí mismas, como si llevaran la mentira en su ADN.

Para salir de la crisis sigue fantaseando: va a crear una Comisión de Competitividad con la personalidades más relevantes y prepara una gira por Asia en busca de inversores y exportaciones. Lo que busca realmente es esconderse tras esas personalidades, a las que nunca ha hecho caso, y engañar a los asiáticos, creyendo que son tan tontos como los españoles. ¡Buenos son ellos! Pero ni siquiera eso sabe el hombre en cuyas manos hemos puestos nuestras vidas y haciendas.

A estas alturas, el único que cree a Zapatero es él mismo, y ni siquiera del todo como comprobamos en sus continuas y erráticas contradicciones. Se me apuntará a sus colaboradores más inmediatos, los ministros. Y responderé que están obligados, no a creerle, pero sí a obedecerle, lo que hacen con gusto por los beneficios que les reporta. No volverán a tener tal protagonismo en su vida, por lo que procuran alargarlo lo más posible. No hay nada de hermoso ni de heroico en este desesperado esfuerzo por escapar de los propios errores y mentiras que está escenificando el inquilino de La Moncloa. Sobre todo, cuando sigue sin metabolizarlos.

ETA y el PSOE contraatacan juntos
ETA está fuera de la ley y de la convivencia pacífica por sus medios criminales.
Pascual Tamburri www.gaceta.es 22 Noviembre 2010

Para entender qué está a punto de suceder en el País Vasco y en Navarra hay que tener muy claro qué es ETA y qué no lo es. ETA es, por supuesto, un banda terrorista, un grupo de criminales armados. Pero peca de iluso, o de algo mucho peor, quien diga que ETA nació esencialmente para matar o que su objetivo y su definición es matar. No es así, nunca ha sido así y, aunque algunos profesionales de la corrección política lo digan, ETA nunca ha “cambiado a peor”.

ETA es un grupo de nacionalistas vascos con unos objetivos políticos perfectamente claros, y con unos medios para alcanzar esos objetivos que –ésos sí– han podido ir cambiando o matizándose. ETA quiere hoy y ha querido siempre la autodeterminación, léase independencia; es decir, la secesión de España y Francia de algunas provincias –las vascas y Navarra en lo que nos toca– y la formación con ellas de un Estado-Nación nuevo y soberano.

Estos objetivos tuvieron en su momento una concreción en la alternativa KAS y un instrumento en el terrorismo, primero con modelo argelino y luego con un conato de modelo irlandés. Pero no nos confundamos: ETA no dejaría de ser ella misma por articular sus objetivos y su camino con otras palabras ni por renunciar tácticamente al uso de la violencia.

Muchos vascos y muchísimos navarros no nos oponemos a ETA porque sea violenta. Decir o pensar eso es una trampa intelectual, que llevaría a algunos incautos a aceptar con alegría la posibilidad de una ETA no violenta. Esto no es así. Por un lado, desde el principio, ETA está fuera de la Ley y de la convivencia pacífica por sus medios criminales, y todos los intentos de perdón o amnistía han servido sólo para reforzar a la banda. Por otro, ETA es inaceptable porque su objetivo es romper la soberanía del pueblo español, una soberanía que, por cierto, no es creada por la Constitución de 1978 sino que es reconocida por ella y tomada por ella como cimiento.

No basta pues que ETA cambie de medios. Son sus fines los que la colocan fuera de la convivencia y los que la hacen adicionalmente rechazable. Una ETA pacificada sigue sin ser un interlocutor aceptable para un partido político democrático y español. Salvo que sus prioridades no sean, tampoco, servir al pueblo español.

La partida política en las Vascongadas y en Navarra no se juega entre demócratas y antidemócratas ni tampoco entre violentos y no violentos. ETA, como Batasuna, siempre ha proclamado ser el grupo más demócrata de todos. Y esa afirmación ha sido tomada en serio más de una vez por algunos de los demás; por ejemplo, cuando erróneamente legitimaron los crímenes de ETA como antifranquistas –¿y, por tanto, buenos?–, con amnistías, negociaciones, diálogos y demás consecuencias. Por la misma razón que ETA deje de ser violenta no cambia su identidad ni debe cambiar los frentes políticos. Aceptar que puedan cambiar es anticipar una increíble victoria política a ETA, a Batasuna y a todo su entorno. La cuestión, ahora mismo es que el PSOE lucha por su existencia como alternativa de poder, no ya en estas dos comunidades sino en toda España.

No hay dudas de que un fin de ETA sería una enorme baza electoral para el PSOE, en 2011 y más en 2012. Con ETA se puede terminar, por supuesto, dejando que actúen las Fuerzas de Seguridad, con más o menos límites. Por supuesto que para España y para la libertad de los españoles no es indiferente que ETA desaparezca derrotada y aniquilada o que lo haga obteniendo concesiones políticas de algún tipo. Pero puede suceder que para el PSOE, en este momento, sí sea lo mismo.

¿Qué pueden concederse ahora y qué pueden pactar mañana? ETA y el PSOE no se aman, aunque algunos de sus representantes sí parezcan hacerlo. Lo que sí es importante es considerar que, pese a no compartir objetivos finales, sí pueden tener en común una parte importante de su camino. ETA y el PSOE, fuerzas de izquierda, no tienen una visión completamente incompatible en los principios, si se obvia la violencia. El fin de ETA, según y cómo, puede ser vendido por ambos como una victoria política, cada cual respecto a su propio público. Por eso hay que exigir al PSOE una claridad absoluta, y hay que hacerle notar que no habrá descuentos en el precio político de cualquier vacilación como las que estamos viendo. No hay una ETA buena, y acercarse a ETA-Batasuna es colocarse fuera de la convivencia legítima en esta Nación; si EA lo ha hecho, por ejemplo, los grandes partidos deben afirmar las consecuencias. El PP, por supuesto, tiene en todo esto la tarea más ardua, y de él esperamos todo lo que el PSOE se niega a hacer al servicio de España. Para ello necesita lo que no tiene el PSOE, que es una clase dirigente formada y dispuesta al servicio de la Nación, del pueblo y del Estado antes que al de sus propios intereses personales.

*Pascual Tamburri es profesor de Historia.

Zapatero
Duro, resistente e inflexible
Agapito Maestre Libertad Digital 22 Noviembre 2010

La entrevista del director de El País, Javier Moreno, a Rodríguez Zapatero es digna de ser leída con atención. Es larga, muy larga, pero mantiene el ritmo de principio a fin. Los dos están seguros, a veces demasiado, de sus posiciones; mientras que el entrevistador no ahorra críticas al entrevistado, el presidente del Gobierno se ratifica sin ningún tipo de complejos en las rectificaciones de sus errores anteriores. No le duelen prendas reconocer que ha tenido que cambiar casi radicalmente su programa de Gobierno. Es obvio que puede hacer lo que le da la gana, entre otros motivos porque controla a los nacionalistas y a los sindicatos, y además no se le caen los anillos por bajar las pensiones. Sigue siendo el tipo frío y duro de siempre.

Demuestra contundencia política, especialmente cuando le reitera a Moreno que "sabe cuándo se ha equivocado", y una persistencia inequívoca y audaz en sus posiciones ideológicas, sobre todo en lo referido a la reforma "revolucionaria" de costumbres, creencias y tradiciones. Aunque es un creador de odio extraordinario, nadie olvide que es su gran capital ideológico y electoral, aparca la ley de reforma religiosa, sencillamente, porque a él no le parece urgente el asunto. Punto. De modo parecido, Rodríguez Zapatero se muestra inflexible con el periodista ante la distinción entre la limitación de los derechos sociales y la bajada de salario de los funcionarios; el periodista es rectificado con precisión.

Reconozco otra vez, y no me cansaré de repetirlo, que Rodríguez Zapatero es un killer político. Podría sobrevivir todo lo que quisiera a su triste y ajado entorno histórico. Es el principal causante de toda esta miseria política y social, pero pasa de puntillas como si la cosa no fuera con él. Ha conseguido convertir en un erial democrático toda España. Ha hurtado espacios públicos imprescindibles para la construcción de una ciudadanía desarrollada, pero se presenta como campeó de libertades individuales; ha reducido al ciudadano a cliente de sus dádivas, pero habla de desarrollo democrático. Pero, a pesar de todo, nadie osa discutirle que, sobre ese suelo miserable, tiene balas suficientes para matar a quien se le ponga por delante.

Yo detesto el fondo populista y reaccionario del presidente del Gobierno, pero reconozco que nadie mejor que él para engañar a tirios y troyanos. Y, sobre todo, para mantener a distancia a Rajoy; por cierto, le da dos golpes precisos al del PP, además, en el lugar que más duelen; primero, le recuerda que él sabe todo lo que hay que saber sobre ETA, y, en segundo lugar, que Rajoy no se siente fuerte, como parece que transmite a los suyos, porque si fuera realmente fuerte, sin duda alguna, ya habría pactado la reforma del sistema de pensiones.

El de León está tocado, cómo no reconocerlo, por algo de la virtù maquiavélica, aunque ya no le sirva para domesticar a la fortuna. Rajoy a su lado es sólo eso un buen hombre. En fin, si tuviera que definirme sobre su candidatura a las próximas elecciones sólo por la lectura de esta entrevista, diría que no sólo se presentará sino que, a diferencia de lo que dicen las encuestas, quizá no lo tendría tan difícil. Una duda, sin embargo, me asalta; a saber, su comportamiento pesimista, casi derrotista, en su última intervención en el Congreso de los Diputados. Nadie con dos dedos de frente puede poner entre paréntesis esa comparecencia, pues que dijo, exactamente, todo lo contrario de lo que ha sido hasta ahora toda su vida política.

Zapatero
No divierte pero inquieta
Emilio Campmany Libertad Digital 22 Noviembre 2010

Zapatero ya no tiene gracia. Ni siquiera cuando se caricaturiza a sí mismo. La entrevista que le hace el director de El País este domingo tiene muchas cosas que antes podían haber provocado la sonrisa o incluso la carcajada. Ya no. Decir, por ejemplo, que no va a haber más recortes sociales, pero que hay que adecuar el tiempo que tenemos que trabajar a la pensión que podemos cobrar, o sea, trabajar más para cobrar menos, es una incongruencia que podría dar risa, de lo estúpido que es afirmar ambas cosas en la misma frase. Proponer que no debería ser un estigma que tengan que venir a rescatarte con miles de millones de otros países se podría apostillar irónicamente con que, no sólo, sino que debería ser un motivo de orgullo. Tampoco es manca la distinción que el estadista hace entre los intereses del Estado y la razón de Estado, que al parecer son cosas muy diferentes que los torpes solemos confundir. Y la proclamación de que él, en caso de duda, no duda de Felipe podría conducir a la formulación del nuevo principio in dubio pro Felipe.

Pero ya digo, esto ya no tiene gracia. En cambio, sobresalen otras cosas que son más bien inquietantes. Por ejemplo, al señalar respecto a la ETA que la relación con Rajoy ha mejorado en comparación con la legislatura anterior, añade: "Quizá ha habido algún factor que ha contribuido a eso". Lamentablemente, Javier Moreno no le ha preguntado qué factor es ése. No importa mucho porque, de haberlo hecho, seguro que el personaje se hubiera salido por la tangente. El caso es que Zapatero reconoce que algo ocurrió para que Rajoy pasara de una la discreta beligerancia a la neutralidad más benévola en lo de la negociación con ETA.

Más escandaloso si cabe es el alegato en favor de la mentira que la entrevista contiene. El periodista insiste en preguntar acerca de si las constantes mentiras a cuenta de la crisis no han acabado por dañar la reputación del presidente. Contesta el Maquiavelo de León: "En mi opinión, un gobernante siempre ha de dar una palabra de estímulo, de confianza". En la práctica, esto se concreta en negar la crisis, luego decir que será breve, luego afirmar que nos afectará poco, luego reconocer que sí lo hará, pero que no exigirá recortes sociales, luego que sí los habrá, pero que no serán muchos y ahora que no necesitaremos ser rescatados como Grecia e Irlanda, que es lo que faltaba para acabar de convencer a todos de que eso es precisamente lo que nos ocurrirá. Va a resultar que mentir una y otra vez con el mayor aplomo y descaro posibles es el mejor modo de generar confianza. No sé qué opinaría Maquiavelo si levantara la cabeza.

Ahora, quizá lo más inquietante de todo sea cuando, con la convicción que caracteriza a los profesionales de la mentira, va y dice: "Sé lo que tengo que hacer. Y lo voy a hacer". Ya nos advirtió el Rey que Zapatero sabe muy bien lo que hace y por qué lo hace. Que Dios nos pille confesados.

Por cierto ¿no les parece chocante que Zapatero diga que va a convocar a 25 grandes empresas para acelerar la recuperación poco después de que esos mismos grandes empresarios hayan entregado al Rey un documento con el provocador título "Transforma España"? Todo indica que la gente de la pasta ha empezado a enredar. Veremos en qué queda.

Dificilísimo
La desastrosa cadena de errores del zapaterismo en el conflicto del Sahara solo admite comparación con la de la crisis de 1975
IGNACIO CAMACHO ABC 22 Noviembre 2010

RESOLVER el contencioso del Sahara es, en efecto, muy difícil, como ha diagnosticado con aguda clarividencia —¡cráneo previlegiao!, que decía Valle— el presidente Zapatero en sus primeras palabras públicas al respecto desde los incidentes de El Aaiún, pero mientras se encuentra una fórmula de solucionarlo conviene no estropear más lo que ya está suficientemente embrollado. Eso, complicar una situación de por sí muy enredada, es lo que ha hecho el Gobierno español bajo su augusta presidencia al transformar la actitud de ambigüedad pasiva de sus predecesores en una abierta toma de posición a favor del expansionismo marroquí y su política de hechos consumados, desequilibrando la ya desfavorable relación de fuerzas que soporta la causa saharaui y mostrándose connivente con una manifiesta violación de los derechos humanos. La cadena de errores cometidos por el zapaterismo en apenas dos semanas es tan desastrosa que solo admite comparación con la que cometió el franquismo terminal durante la crisis de 1975. Y con el mismo resultado, por cierto: la consolidación de factode los intereses de Marruecos, respaldados por Estados Unidos, sobre un territorio que el derecho internacional no le ha adjudicado.

Esa serie de despropósitos —descoordinación diplomática, anuencia con la brutalidad represiva marroquí, conchabamiento público de los ministerios de Interior, amedrentamiento expreso ante las amenazas veladas del sultanato, tolerancia y cooperación con la censura de prensa, desprecio hacia el Polisario y renuncia al ejercicio del papel de referencia de España como antigua potencia metropolitana— no sólo ha liquidado la credibilidad española para mediar en el conflicto sino que ha triturado la maltrecha coherencia de la política exterior zapaterista al chocar frontalmente con los principios retóricos que la sustentaban. El presidente ha vulnerado su propia doctrina internacional, la que aplicó con tanto éxito electoral en la guerra de Irak, poniéndose de parte de quienes atropellan con victoriosa arrogancia la legalidad de la ONU. Y ha volteado la tradicional simpatía prosaharaui de la izquierda, culminando un vertiginoso giro pragmático de su política que empezó con la forzosa aceptación del ajuste fiscal y económico.

En pocos meses Zapatero ha completado una enmienda a la totalidad de sí mismo, simbólicamente atornillada con el sumiso visto bueno a un atropello flagrante, violento y unilateral que su antiguo avatar de progresismo buenista no habría dudado en condenar como un atentado inaceptable, y que ahora ha aceptado sin una mala palabra, siquiera de consuelo humanitario, para la causa bruscamente abandonada.
Sí, el problema del Sahara es «dificilísimo», pero ahora está peor que antes. Y lo está porque quienes no lo saben arreglar muestran además una excelente disposición para agravarlo.

El Sahara como alusión
Quizá ha llegado la hora de hablar de Ceuta y Melilla cuando lo hacemos del Sahara
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 22 Noviembre 2010

Nadie está vinculando el conflicto del Sahara a Ceuta y Melilla. Al menos por ahora. Y cuando digo conflicto me refiero al que se está librando con violencia entre los partidarios de la independencia del Sahara y el gobierno (y la sociedad) marroquí. Y cuando hablo de la situación de Ceuta y Melilla me refiero a la soberanía de las dos ciudades españolas y al futuro de esa realidad. Pero al hablar de «vínculo» estoy refiriéndome a la relación que se pueda y se quiera establecer entre la posible salida del conflicto del Sahara y la respuesta que quiera dar Rabat a una ruptura del estatus de Ceuta y Melilla en el caso de que el gobierno español caiga en la tentación de secundar al movimiento pro-saharaui español.

Los partidos nunca han querido explicar a sus militantes y seguidores cuál es su política en relación con el Sahara. Hay un enorme oportunismo que tiene que ver con la administración de la mala conciencia histórica (nacional) derivada de la respuesta que se dio a la Marcha Verde. Se confunden los principios políticos con la solidaridad. Los partidos buscan salidas que conecten mejor con los estados de opinión mayoritarios. Existe un enorme desprecio hacia el sistema político magrebí como si el nuestro fuera secular, británico para entendernos y se juega con fuego. Convendría que las direcciones de los dos grandes partidos tuvieran contactos ad hoc con las autoridades de Ceuta y Melilla. Una cosa son los principios en los que se asienta la soberanía y otra los modos para conseguir la desestabilización.

Además de la lucha contra la yihad o si preferimos decirlo de otro modo: el pacto con el mejor de los islamismos. El atlantismo de estas dos tierras que casi se tocan, la referencia común del amigo americano. Quizá ha llegado la hora de hablar de Ceuta y Melilla cuando lo hacemos del Sahara. Parece necesario hacer política. Ha llegado la hora de las alusiones y no de las elusiones.

Las ocho mil Españas
JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN El País 22 Noviembre 2010

Dedicado a Luis García Berlanga, autor de la serie Villarriba y Villabajo

Un reportaje de este periódico sobre la fragmentación municipal ha puesto de manifiesto que los integristas unitarios que repudian las señas de identidad de determinadas nacionalidades, fundamentalmente las de Cataluña y Euskadi, defienden numantinamente los vínculos emocionales con su pueblo natal negándose a reconsiderar la disparatada división de España en 8.114 municipios.

Los expertos en Derecho Administrativo señalan que nos enfrentamos a una realidad absolutamente irracional, ineficaz y costosa. No alcanzo a comprender cómo se puede hacer ostentación del rechazo a los signos identitarios de las nacionalidades y, al mismo tiempo, considerar intocables sus fragmentados territorios municipales. La consecuencia lógica es que el bienestar está insatisfactoriamente cubierto por entidades municipales atomizadas y con arcas paupérrimas, que frustran la gestión racional del territorio y el bien vivir de sus habitantes.

Cuando se plantea la necesidad, más acuciante en tiempos de crisis, de agrupar municipios para mejorar sus prestaciones, no entiendo a los dirigentes políticos que declaran públicamente que plantear la supresión de municipios "es ofender a los ciudadanos y crear problemas". Admito que la tarea es problemática, pero de ninguna manera puede constituir una ofensa para los ciudadanos afectados. Otros políticos despachan la cuestión acudiendo a metáforas inmovilistas demasiado manidas: sería abrir un melón de consecuencias imprevisibles.

En una sociedad democrática los políticos deben afrontar los problemas en lugar de eludirlos y dilatarlos eternamente.

En el reportaje al que me refería al principio, un profesor de Derecho Administrativo manifestaba: "Evidentemente, sobran municipios. Es imposible que municipios con 80 personas o menos puedan prestar servicios de calidad". No obstante, reconocemos que se necesita una fuerte voluntad política y que es posible que resulten afectados sentimientos y nostalgias.

En el trabajo periodístico se citaba un caso que podría figurar en el imaginario de una España berlanguiana. La alcaldesa de un pequeño pueblo estaba orgullosa de haberse independizado de otro, no mucho más extenso, porque este empleaba los impuestos en su territorio. Conseguida la secesión, presumía de tener su propio pabellón deportivo y su biblioteca municipal. ¿Era imposible compartir ambas instalaciones? No me parece una buena política colocar un pabellón deportivo al lado de cada encina.

Los pequeños Ayuntamientos manejan competencias y prestaciones que deben plantearse desde una perspectiva supramunicipal, como la planificación urbanística. Por encima de la autonomía municipal está la ordenación del territorio. Se trata de un interés general que potencia el Derecho Administrativo y protege el Derecho Penal. La Ley de Bases de Régimen Local confiere al Estado la potestad de "establecer medidas que tiendan a fomentar la fusión de municipios con el fin de mejorar la capacidad de gestión de los asuntos públicos locales".

En el súmmum del surrealismo, el alcalde de San Sebastián de los Reyes ha llegado a afirmar que Alcobendas tiene una cultura diferente, por lo que carece de sentido hablar de unificación. Interesante trabajo para un sociólogo: encontrar los rasgos diferenciales entre los habitantes de estas dos localidades.

Las consecuencias colaterales de esta fragmentación no pueden ser ignoradas. Los ciudadanos españoles deben saber que en el Registro de Partidos Políticos del Ministerio del Interior están inscritos más de 1.000 formaciones a la espera de las elecciones municipales. Solo pretenden obtener un puesto para negociar su voto con el partido que lo necesite, a cambio de la Concejalía de Urbanismo. Las bases de la corrupción urbanística están servidas.

La autonomía municipal en materia urbanística es nefasta y destructiva. Atenta contra el desarrollo sostenible y olvida que lo prioritario es la ordenación racional del territorio. Desde la perspectiva medioambiental resulta insostenible. Si se han creado mancomunidades para gestionar las basuras y residuos, ¿por qué no unificar y concentrar toda la actividad municipal de forma más eficiente y rentable?

La fragmentación municipal genera una innecesaria proliferación de cargos técnicos y de personal administrativo. Apelar a los sentimientos identitarios y esgrimir que afrontar la irracionalidad crearía problemas, es tanto como renunciar a la política democrática. La Constitución exige a los poderes públicos la promoción de las condiciones favorables para el progreso social y económico que incluye nada menos que la salud y la educación.

Hace ya unos años, un divertido anuncio publicitario enfrentaba a dos municipios, Villarriba y Villabajo, con motivo de sus fiestas patronales. Cada uno cocinaba el arroz por separado. A la hora de lavar la paella, los de Arriba, al parecer más avispados, utilizaban un mágico detergente que, en unos minutos, les permitía comenzar el baile antes que los de Abajo, que manejaban utensilios más ineficaces. ¿No hubiera sido más sensato compartir la paella y que se encargase de comprar el detergente un solo municipio, por ejemplo Villaenmedio?

José Antonio Martín Pallín es magistrado emérito del Tribunal Supremo y comisionado de la Comisión de Juristas de Ginebra.

Las plagas de Egipto
MARÍA TERESA FERNÁNDEZ GARCÍA El País PV  22 Noviembre 2010

Hubo un tiempo en el que hasta el mismo Dios intervenía en los asuntos públicos. Al menos, esto es lo que nos relata el Antiguo Testamento, libro del Éxodo, a partir de su capítulo quinto.

Como todos recordamos, Moisés exigió al Faraón que los israelitas pudieran salir de Egipto. Ante su negativa, Dios fue desencadenado nada menos que diez plagas, a cual más catastrófica, hasta que tras la muerte de los primogénitos, incluido el del propio Faraón, liberó a los judíos.

Esta vieja historia ejemplifica una constante de toda reivindicación nacionalista. En efecto, para que pueda prosperar un planteamiento secesionista son necesarias dos estrategias complementarias que podríamos denominar como push (empuje) y pull (tirón) tomando prestados estos conceptos del mundo del marketing.

Las estrategias pull plantean un discurso según el cual el territorio candidato a la secesión debe obtener una soberanía que su actual status político no reconoce y que se considera imprescindible para la realización (o la recuperación) de determinados bienes colectivos. Se supone que la secesión abrirá la puerta tras la que el pueblo reestablecerá su paraíso perdido, un paraíso construido mediante relatos mayormente mitológicos (como es el caso del nacionalismo vasco) o tras la que los contribuyentes locales podrán ahorrarse los costes de una solidaridad que se percibe como excesiva para con unos compatriotas parásitos, tal y como se ha formulado de manera abrupta por el nacionalismo padano del norte de Italia y como últimamente viene nutriendo el discurso catalanista.

El caso es que la estrategia de añoranza de los viejos buenos tiempos en los que las diferencias étnicas, lingüísticas o culturales, etc. no existían (y por lo tanto éramos felices en nuestra idílica pureza) necesita determinados complementos.

El primero es el poder. El poder de definir el interés general con el material de las propias ensoñaciones y alimentarlas así con dinero público. Con el poder político en las manos (y poco respeto por la libertad) pueden acometerse políticas identitarias invasivas del ámbito individual con una apariencia que, aunque no será nunca democrática, si podrá predicarse como mayoritaria (la famosa "mayoría social") y obligar de este modo a que la gente hable, rece o actúe según el fanatismo gobernante dicte en cada momento.

Lo segundo, para el caso de que no se consiga una movilización suficiente como para convertir al país en un "Pueblo en Marcha" (Éxodo) supone la aplicación por parte de los movimientos nacionalistas de una serie de medidas push, es decir, de fomento de la aversión entre las ciudadanías del estado-anfitrión ("opresor") y de la región cuya secesión se pretende.

Estas estrategias encuentran un terreno abonado desde el instante en que la región cuya secesión se busca se sitúe por encima de la media en cualquiera de los estándares que consideremos de riqueza o bienestar. El nacionalismo no es negocio para pobres.

¿Qué las manifestaciones más ofensivas de los portavoces nacionalistas alimentan el rencor?... ¡Mejor que mejor!

El nacionalista no quiere que su país despierte las simpatías de sus convecinos sino todo lo contrario.

Si el objetivo es que las ciudadanías, en este caso la catalana y la del resto de España, se odien... ¿Qué buen nacionalista no asumiría gustoso el sacrificio de hacerse aborrecible si con ello alcanza su propósito?... Si quieres irte de un club... ¿No es inteligente conseguir que te echen? La cosa consiste en hacer el ambiente irrespirable. Cuanto peor, mejor.

¿Acaso, en último extremo, no es ese el significado estratégico del terrorismo, la "socialización del sufrimiento"?

Si con el ánimo de conjurar unas u otras plagas el gobierno de un Estado plural intercambia reclamaciones soberanistas por acomodos privilegiados el nacionalismo será, volviendo a la Biblia, como una zarza que arde sin consumirse y de aquellos hechos diferenciales que alimentaban un nacionalismo romántico pasaremos a desigualdades injustificables, privilegios que quiebran los más sagrados principios del Estado Social y Democrático de Derecho, como la Igualdad y la Solidaridad.

La plaga de los privilegios se sustenta en la codicia insolidaria de unos y fomenta la rumia rencorosa de los demás. La desigualdad hace odiosa la convivencia y por lo tanto favorece objetivamente al nacionalismo más que cualquier otra política.

María Teresa Fernández García es socióloga.

Cataluña / ELECCIONES CATALANAS
El 81 por ciento de los catalanes quiere bilingüismo en los colegios públicos
La mayoría defiende que solo puedan empadronarse los inmigrantes en situación legal
MARÍA JESÚS CAÑIZARES / BARCELONA ABC 22 Noviembre 2010

El sistema de inmersión, consistente en la preeminencia casi absoluta del catalán en las aulas, fue implantado por el Gobierno de Jordi Pujol y confirmado por el tripartito, que incluso se ha negado a cumplir con las sentencias de varios tribunales de justicia en las que se ordenaba la introducción de la tercera hora de castellano en los colegios. Puestos a incumplir, el Ejecutivo de José Montilla también ha hecho alarde de desacato al fallo del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatuto, en el que, asimismo, se establece que la lengua catalana no puede ser preeminente en la administración catalana en detrimento del castellano.

Así opinan también los encuestados. El 40 por ciento quiere que la mitad de las asignaturas sean en catalán y la otra mitad en castellano; el 37 opta por la mayoría en catalán y alguna en español, y un 4 aboga por la mayoría en castellano, con alguna en catalán. Sólo el 15 por ciento es partidario de que todas las asignaturas sean en catalán. El bilingüismo al 50 por ciento es defendido principalmente por votantes del PSC (46%), mientras que la preeminencia del catalán es avalada por el electorado de CiU (44).

Los resultados del sondeo también suponen un revés para la nueva ley del cine, aprobada por el tripartito (PSC, ERC e ICV) en esta legislatura, en la que se establecen multas por incumplimiento de las cuotas de doblaje (la mitad de las copias deben estar dobladas o subtituladas en catalán). Así, la opinión mayoritaria, un 73 por ciento, es favorable a que los cines decidan libremente el idioma de las películas que proyectan, sin ninguna obligación legal de emitir una parte en catalán, frente a un 22 que se declara en contra de esa libertad. Quienes integran esa mayoría partidaria de que no hayan imposiciones legales son votantes de PSC y de CiU.

Ley de consumo
Los encuestados también están en contra de las sanciones a los empresarios que rotulan solo en castellano. El 68 por ciento apoya que los establecimientos comerciales puedan decidir el idioma en el que instalan sus rótulos, sin ninguna obligación legal de hacerlo en catalán, frente a un 28 por ciento que sí defiende la regulación. Esas sanciones han sido incrementadas recientemente por el Gobierno de tripartito mediante la nueva ley de consumo, en la que se elevan a 3.000 euros las multas a aquellos comerciantes que no rotulan en catalán. Cabe recordar que tanto la ley del cine como la del consumo han sido recurridas ante el TC por el Grupo Parlamentario Popular, en línea con las recomendaciones citadas de la sentencia sobre el Estatuto. La Defensora del Pueblo, María Luis Cava de Llano, también ha puesto en manos del Alto Tribunal la ley de consumo.

DYM también requiere de los encuestados sus opiniones sobre políticas de inmigración. La mayoría de los catalanes defiende que solo puedan empadronarse los inmigrantes legales. Así, el 79 por ciento dice que solo aquellos extranjeros que dispongan de pasaporte o permiso de residencia deben ser incluidos en el censo. Apenas hay distingos entre la ideología política de los entrevistados, pues el 82 por ciento de los que votaron al PSC en las anteriores elecciones autonómicas avalan esta respuesta, mientras que el 87 que votó a CiU también defiende que se excluya del padrón a los «sin papeles». Se da la circunstancia de que la decisión del Ayuntamiento de Vic (Barcelona), gobernado por CiU, de aplicar estos límites provocó una auténtica polvareda política, en la que los nacionalistas se mostraron muy divididos, al igual que el PSC. Finalmente, el citado municipio renunció a ese veto, que el PP sí que propone de forma explícita, algo que ha contribuido a ser objeto de durísimas críticas en esta campaña por parte del tripartito, empeñado en silenciar este asunto suscitador, como demuestra la encuesta, de fuertes contradicciones dentro de los socialistas.

Respecto a las principales preocupaciones de los catalanes, el paro y la crisis van en cabeza. El 60 por ciento cree que el primer problema de Cataluña es el paro, mientras que el 31 cita la crisis económica y el 22, la inmigración. Les sigue los partidos políticos (17 por ciento), las relaciones con España (16), la delincuencia (9), la educación (6), las infraestructuras (5), los impuestos (4), los idiomas (4), la sanidad (3) y la vivienda (2). Las diferencias de percepción de los problemas actuales que se observan entre los votantes de los distintos partidos son muy escasas.

Más confianza en CiU
Según publicó ayer ABC, los encuestados otorgan una baja valoración a la gestión del Gobierno tripartito de José Montilla, un 4,1 sobre 10. De hecho, si se confirman los datos del sondeo de DYM, el tripartito no volverá a sumar la mayoría absoluta (68) debido al hundimiento del PSC y, sobre todo de ERC, que pasa a ser la cuarta fuerza del Parlamento del catalán, por debajo de ICV y del PP la tercera posición. Los encuestados otorgan entre 60 y 62 escaños a CiU.

La mayoría de los encuestados tiene más confianza en CiU para resolver el problemas como el desempleo; la mejora de la enseñanza, de la sanidad y de la imagen que se tiene de Cataluña en el resto de España, y acordar un sistema de financiación justo con el Gobierno de España. Por contra, la preferencia de los encuestados en el PSC en cuanto al mantenimiento de buenas relaciones con el Ejecutivo español. Recordar que buena parte de los ciudadanos apuesta por una alianza entre PSC y CiU.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El Voto en Blanco se perfila como la gran sorpresa en Cataluña
Francisco Rubiales Periodista Digital 22 Noviembre 2010

Los sondeos reflejan que el Voto en Blanco podría ser la gran estrella de las próximas elecciones catalanas, superando el 9.1 por ciento de los votos (4.4 en las anteriores elecciones), lo que equivaldría a 12 diputados, tantos como el PP (9.6 por ciento) y sólo por detrás de CIU y del PSC. Si esos votos en blanco fueran computables, como propone la candidatura de "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", habría 12 escaños vacíos en el Parlament, símbolo del rechazo ciudadano a la baja calidad de la democracia en Cataluña.

El Voto en Blanco, según la encuesta que publica hoy "El País", es la fuerza que más crece, más que duplicando sus resultados en los pasados comicios, lo que podría convertirlo en el gran protagonista de la noche electoral catalana.

El Voto en Blanco es considerado por los expertos como una "bofetada" de los electores a los partidos políticos y a sus programas, como un acto de rebeldía ciudadana cuando la política está podrida y minada por la ineficacia y el abuso de poder.

Como en la débil y degradada democracia española los votos en blanco no tienen reflejo en el Parlamento, ha surgido un partido "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", que propone que el voto en blanco se compute y se traduzca en escaños, comprometiéndose a dejarlos vacíos para escarnio de un sistema que hace aguas por todas partes y que acumula cada día mayor rechazo ciudadano.

Sobre la propuesta de "Escons en Blanc-Ciudadanos en Blanco", el secretario general de ICV y candidato a la presidencia de la Generalitat, Joan Herrera, ha afirmado que no le parecería "una mala propuesta" que el voto en blanco en las elecciones autonómicas se reflejara en forma de diputados ausentes en el Parlament.

Aunque la coalición por el Voto en Blanco ha realizado su campaña sin apenas fondos y de manera precaria e imaginativa, utilizando Internet y más inteligencia e imaginación que espacios mediáticos, su propuesta, a juzgar por las encuestas, parece estar conectando con la frustración y el rechazo del pueblo catalán a sus políticos y partidos tradicionales, los que han llevado a esa región, antes próspera y citada como ejemplo de convivencia y capacidad emprendedora, a perder prestigio, a destruir una parte importante de su tejido productivo y a un deterioro general de la convivencia, los valores y la confianza en el poder.

Voto en Blanco

Los puentes sobre el Ebro
Jesús Cacho. El Confidencial  22 Noviembre 2010

El editor y ensayista catalán Josep María Castellet, reciente ganador del Premio Nacional de las Letras Españolas, relataba el viernes en un diario madrileño su pesar por la “voladura de puentes” ocurrida entre Madrid y Barcelona. “Si no es entre amigos, esto [lo que “nos unía” durante el franquismo y que la democracia ha ido agostando] ya no existe y, la verdad, no veo ninguna posibilidad de arreglo a medio plazo; esto se ha esconyat”, y ello a cuenta “del desarrollo político del Estado español desde 1975 para acá y las políticas culturales de los dos bandos”. Como ocurriera con el famoso Puente Viejo de Mostar sobre el Neretva, bombardeado en 1993 durante la guerra de Bosnia, los puentes que sobre el Ebro comunican Barcelona y Madrid se hallan en pésimo estado. “Si quedaba alguno, está muy dañado”, asegura un empresario barcelonés. “Un malestar profundo recorre Cataluña desde la sentencia del TC. Sobre el error inicial que supuso plantear un nuevo Estatut que nadie reclamaba, se han ido acumulando otros muchos que han dejado huella”.

No es momento de abordar aquí la génesis de aquel “café para todos” que, con Adolfo Suárez al frente, alumbró el Estado de las Autonomías, ardid con el que se pretendió escamotear las demandas de las llamadas nacionalidades históricas. Sí de recordar brevemente cómo los dos grandes partidos “nacionales” evolucionaron rápidamente hacia estructuras muy jerarquizadas, férreamente controladas por una reducida cúpula dispuesta a defender su estatus a sangre y fuego. Lo de los partidos nacionalistas resultó incluso peor. Ante las señales de debilidad que empezó a expandir un centro (Madrid, para entendernos) entregado al pillaje desde la expropiación de Rumasa, las elites nacionalistas decidieron que era llegada la hora de crear su propio Estadito mediante la práctica permanente de un tironeo -competencias y dinero a partes iguales- que ha dejado exangüe al Estado y en pelota la efigie de una España que camina sin rumbo, la saya rota y la mirada extraviada, como esos vídeos dizque sexuales que ahora se exhiben en la campaña catalana. “Votadas las autonomías”, decía Manuel Azaña en uno de sus celebrados discursos, “el organismo de gobierno de la región es una parte del Estado español, no es un organismo rival, ni defensivo ni agresivo, sino una parte integrante del Estado de la República Española. Y mientras esto no se comprenda así no entenderá nadie lo que es la autonomía”.

Es evidente que los nacionalistas no han querido entenderlo, en una manifestación de clara deslealtad a una Carta Magna que ellos contribuyeron a alumbrar. Todo fue bien mientras corrió, abundante, el dinero. Todo se vino abajo cuando la mayor crisis económica de nuestra reciente historia puso en evidencia las miserias de un régimen de corrupción galopante. “Piensan que soy malo, la imagen de la dictadura”, decía Lucio Cornelio Sila (138-78 A.C.), dictador de Roma. “Soy lo que el pueblo se merece. Mañana moriré como todos morimos. ¡Pero te digo que me sucederán otros peores! Hay una ley más inexorable que todas las leyes hechas por el hombre. Es la ley de la muerte para las naciones corrompidas, y los esbirros de esa ley ya se agitan en las entrañas de la Historia”. La gravedad de la situación ha quedado esta semana reflejada en un movimiento tan insólito como que cien empresarios, venciendo el terror a significarse –la dictadura del miedo- propio de todo español de pro, hayan sido capaces de dirigir un escrito al Rey –semana de agasajos por parte de los emires del Golfo la suya- dando la voz de alarma y pidiendo cambios urgentes, alguno tan básico, tan viejo desde la Toma de la Bastilla, como la separación real entre poderes, y otros tan esenciales para sanar esta pobre democracia enferma como la apuesta por un sistema electoral de verdad proporcional, con rechazo a la ley D'Hondt, lo que en román paladino equivale a pedir una reforma de la Constitución del 78.

“Ustedes tienen un problema que se llama 3%
En este marco de crisis aguda está teniendo lugar la campaña de las elecciones al Parlamento de Cataluña. Alguien dijo que los catalanes son los más españoles de entre los españoles, para lo bueno y lo malo, y en este sentido su crisis –más profunda aún, más descarnada que la del resto del país, tanto en lo político como en lo económico e institucional- es fiel reflejo de la gran crisis de valores española. En ningún sitio el abismo que separa a los ciudadanos de la casta política ha alcanzado tal profundidad. Las encuestas más fiables estiman la abstención entre el 45% y el 50%, y ello en circunstancias tan dramáticas como las actuales. El fenómeno no es casual: el votante opta por dar la espalda al espectáculo que proporcionan unos partidos acostumbrados, contentos más que resignados, a vivir en la corrupción. “Ustedes tienen un problema que se llama 3%” que dijo Pasqual Maragall a Artur Mas en celebre sesión parlamentaria. Resulta desalentador comprobar hoy cómo esa clase política instalada en el trapicheo transversal se muestra incapaz de proponer un gran pacto capaz de sanear las instituciones. Y más que alucinante deviene escandaloso que el caso Palau, en el que CiU y la digna burguesía que le acoge empeñó los restos de su viejo prestigio, no haya sido siquiera mencionado en campaña por un PSC que, naturalmente, tiene a su vez que protegerse de las vergüenzas del caso Pretoria.

Esta clase política corrupta -porque de tal cabe calificar a quien no es capaz siquiera de mostrar propósito de enmienda-, ha demostrado ser, además, una pésima gestora de la res publica, los asuntos que afectan a la vida diaria de los ciudadanos. El espectáculo de incuria que ha terminado con la Generalidad en quiebra, incapaz de salir a los mercados de deuda porque nadie está dispuesto a prestarle un euro, se ha agravado hasta lo indecible tras 8 años de Gobierno tripartito. Los líderes de ERC han convertido por obvias razones a Carod Rovira en un “hombre invisible”, pero el camarada Puigcercós [entre 11 y 13 escaños] ha conseguido igualar sus fazañas en solo una semana, al punto de que hoy pocos se reconocen votantes de un partido que representa la peor cara de un nacionalismo insolidario, incívico, gritón y hortera, que a su incultura intelectual une un analfabetismo emocional aterrador. La parroquia inmigrante que habita en las laderas de Badalona se la tiene jurada: nadie debería ofender gratis a quienes –andaluces, extremeños, murcianos, gallegos- con su esfuerzo levantaron Cataluña y han hecho posible su contribución a las arcas del Estado.

Grave error el de un PSC que ha querido jugar al nacionalismo con los propietarios de la marca. José Montilla ha perdido la apuesta y ha terminado ahuyentando a sus simpatizantes, hartos de tal deriva. Suyo es el votante que el 11 de julio salió alborozado a la calle, banderas españolas por cientos, dispuesto a celebrar la victoria de la selección en el Mundial. Fue la manifestación de un pueblo de origen emigrante cansado de ser manipulado, y dispuesto a levantarse contra la dictadura de unos dirigentes acobardados a los que, por una vez, supremo acto de rebeldía, decidió enseñar que no es malo alegrarse por formar parte de una unidad llamada España, sin que ello signifique negar al día siguiente el bon dia al vecino o despedirle con un adeu, porque -terceras generaciones de quienes llegaron a la Estación de Francia con la maleta de cuerdas-, han hecho el Instituto en catalán pero en casa hablan castellano con el abuelo, y lo hacen con toda normalidad, algo que seguramente ha equivocado un PPC, ¡Ay, Alicia Sánchez-Camacho! [13 o 14 escaños], convencido de que un beso será capaz de convertir la rana en princesa.

Una burguesía que se dejó arrebatar el palco en el Liceo
Ejemplar, en todo caso, el Montilla de esta última etapa, el hombre que se sabe derrotado [30 o 31 escaños] pero intenta, contra viento y marea, solo y abandonado por todos, evitar la debacle. Su argumentario, que hubiera resultado excelente tiempo atrás, suena ahora patético, demagógico y agonizante. No solo pierde la Generalitat: también la secretaría del PSC, que entrega en bandeja a un Corbacho convertido en el nuevo Moisés del españolismo en la periferia barcelonesa. Cataluña está perdida, y solo resta minimizar daños para hacer manejable el problema de dónde meter tanto cargo de confianza y con qué tipo de réquiem –¿Brahms, Berlioz, Mozart?- acompañar los restos mortales del paso por la política del de Iznájar. Tan perdida está Cataluña que ni un solo miembro de su clase política asistió ayer –10,30 de la mañana, tanatorio de Les Corts- al funeral por Francisco Rubiralta, 71, el empresario catalán más importante en décadas, dueño de un grupo empresarial –Celsa- que da empleo a casi 8.000 familias y factura cerca de 5.500 millones de euros, gran benefactor del Teatro del Liceo y del Palau de la Música. Perdón, sí estuvo Antoni Castells, ex consejero de Economía de la Generalitat, de lejos el tipo con más peso intelectual del extinto Tripartito, pero que ni siquiera figura ya en las listas del PSC.

Mas [entre 60 y 62 escaños] se siente ganador y lucha por la mayoría absoluta. La de CiU es algo más que una victoria electoral que apunta, al menos, a tres legislaturas: es la vendetta; es devolver a la inmigración de los sesenta al lugar que le corresponde, porque ni siquiera sabe lo que significa un pixapins; es reivindicar una clase que jamás debió dejarse arrebatar el palco en el Liceo, ni el titulo de burguesía catalana. Pero Mas tiene el enemigo en casa y se apellida Pujol, Jordi y Oriol, padre e hijo, embarcados en una irresponsable deriva nacionalista que la feble clase política local no parece capaz de frenar. Quienes hace 35 años rechazaron el Concierto Económico para Cataluña a la vasca manera –lo quiso Trías Fargas; le desautorizaron Pujol y Roca: “deja que cobre Madrid, que ya nos encargaremos nosotros después de repartirlo en Barcelona”- se empeñan ahora en reclamarlo a sangre y fuego.

Todo lo que ocurra en Cataluña tendrá su reflejo, directo, inmediato, en el resto de España y particularmente en Madrid, como imagen que devuelve el espejo de una misma crisis e idénticos problemas. Si el PSOE se estrellara en Cataluña y recibiera un varapalo en las municipales y autonómicas, las posibilidades del funesto señor Rodríguez de superar el mes de mayo con vida se antojan escasas, porque será el viejo PSOE de siempre que acaba de recuperar el Poder quien le obligue a hacerse a un lado para dar paso a un nuevo candidato. Habrá que tender puentes. Es preciso que la gente con seny en Barcelona y con sentido común en Madrid restablezca los puentes. Sobran cabestros a uno y otro lado de la frontera del Ebro. La elección de Juan Rosell como presidente de CEOE sería una forma de acercar posturas y empezar a restañar heridas. La gran esperanza, con todo, consistiría en un gran acuerdo a largo plazo entre PP y CiU, entre Mariano Rajoy y Mas, capaz de sentar las bases de una convivencia futura alejada de sobresaltos y reivindicaciones permanentes. Está por ver si la tarea rebasa las capacidades de ambos. Y si supera la mala uva de Jordi Pujol.

Carta de desajustes
EDITORIAL El Correo 22 Noviembre 2010

El presupuesto destinado a Euskal Irrati Telebista en las cuentas del Gobierno vasco para 2011 supone un recorte de solo del 1% con respecto al ejercicio que ahora termina, lo que se traduce en que, de todas las radiotelevisiones autonómicas, es la que menos se sacrifica en estos momentos de obligado ajuste en el gasto público. Además, se mantiene en el ranking como la cadena pone a la radiotelevisión pública en cabeza en el ránking de las más caras en relación con la población a la que atienden -nos costará 61 euros a cada vasco- y ..

No es algo nuevo que EiTB sea la más cara de las corporaciones públicas de radiotelevisión, lo que anteriores equipos gestores siempre explicaron por la necesidad de programar y emitir en dos idiomas. Pero también emiten en su lengua autóctona la catalana, la valencia y la gallega y sus costes por habitante resultan francamente más favorables. La intención del Ejecutivo de Patxi López de acudir al rescate de ETB para hacer frente a una seria caída en las cifras de audiencia no justifica plenamente el presupuesto asinnado y obliga a las fuerzas políticas con presencia parlamentaria a plantearse con más urgencia cada día la necesidad de redimensionar esta corporación pública a la que el año que viene se destinarán directamente del erario 134 millones de euros. ¿Servirá tal esfuerzo para mejorar los índices de audiencia?

Resulta dudoso si se tiene en cuenta que los actuales están condicionados, entre otros factores, por una cierta desafección de público con sensibilidad nacionalista, acostumbrado a recibir en exclusiva mensajes y planteamientos que le resultaban propios y que ahora ya no encuentra; y, sobre todo, porque la aparición de nuevas cadenas privadas y de la TDT ha traído consigo una atomización del panorama televisivo que han sufrido otras cadenas autonómicas en el mismo periodo. ETB se ha convertido en un campo de batalla política en el que se cruzan las agrias críticas de quienes sintieron su salida de los órganos directivos como un despojo ilegítimo y quienes denuncian un boicot político con elementos de la propia plantilla como quintacolumnistas. En resumen, el peor ambiente para una reflexión conjunta, seria y serena sobre la necesidad de adaptar a la nueva realidad un organismo público muy aprovechable pero cuya dimensión y funcionamiento resultan en estos momentos insostenible

Zapatero
En La Luna hablan catalán
José García Domínguez Libertad Digital 22 Noviembre 2010

El presidente Zapatero, según parece varón oriundo de una pequeña pedanía de la provincia de León llamada Valladolid, se ha confesado predispuesto a adoptar la triple nacionalidad, haciéndose catalán. Íntimo anhelo, ése, que acaba de revelar a una fervorosa tropa leridana convocada al efecto. "No tendría ningún problema en ser de aquí", dicen que les dijo. A uno, por su parte, le ocurre algo muy parecido: tampoco tendría ningún problema en dejar de ser de aquí. Al cabo, lo bueno de ostentar la vecindad civil catalana es que concede el privilegio de poder ser español. Así las cosas, uno se prestaría más que gustoso a cederle su plaza de catalán al presidente. Pues, siendo viable la transacción, he de admitir que solo vería beneficios para mí en ese negocio.

Al menos, deviniendo castellano-leonés no tendría que sufrir vergüenza propia y ajena ante ciertos jadeos, corrimientos y competidas disputas entre rameras, Dios sabe si fingidos o genuinos. Es lástima, y grande, que permuta tan óptima resulte metafísicamente imposible de llevar a la práctica. Y ello por una razón bien simple: Zapatero no puede hacerse catalán porque, aunque él aún lo ignore, ya lo es. Y no de adopción, por cierto, sino de nacimiento. Al respecto, ha sido el escritor Jordi Soler, un hijo pródigo del exilio mejicano, quien, tras interminable querella bizantina, nos ha aclarado, al fin, qué es eso de ser catalán.

"Yo soy hijo de una familia barcelonesa que emigró a Veracruz, México, donde ser catalán consistía en sumar un ramillete de variables tales como llamarme Jordi, oír a Joan Manuel Serrat, seguir los resultados del Barça en el periódico, cantar el Sol solet y el Cargol treu banya, comer butifarras, beber un horrible vino importado del Penedès y hablar catalán, una lengua que, en aquella selva mexicana donde nací, nos dotaba de un lustre exótico", escribiría el hombre. Sin embargo, fue tras "volver" a casa cuando descubrió perplejo que aquella Cataluña imaginada e imaginaria donde él había crecido resultaba ser mucho más real que ésa otra de la que hablan todos los políticos catalanistas, sin excepción. "La mía estaba asentada en Veracruz. La de ellos, en La Luna", concluía Soler. ¿Cómo, entonces, no iba a ser catalán Zapatero? Más que nadie.

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Montilla utiliza el castellano para reclamar el voto en las elecciones de Cataluña
El PSC envía en este idioma la propaganda electoral a los domicilios catalanes
 www.lavozlibre.es 22 Noviembre 2010

Madrid.- El presidente de la Generalitat, José Montilla, utiliza el castellano para reclamar el voto. Eso es lo que denuncia un lector del periódico 'El Mundo' en una carta titulada: 'Uso interesado del castellano del PSC'.

El PSC, partido que dirige Montilla, ahora envía su programa electoral también en español, aunque su política diste mucho de apostar por un bilingüismo en Cataluña. En la carta publicada en el diario de Pedro J. Ramírez, escribe Carmen B. Fernández, de Calafell (Tarragona): "Acabo de recibir en mi domicilio la propaganda electoral del PSC y me ha sorprendido que para solicitar el voto ahora sí utilicen el castellano en todos los folletos”.

Añade que le parece "una absoluta incoherencia pedir el voto en una lengua y después, una vez elegido olvidarse completamente de ella y no utilizarla ni una sola vez en cuatro años en el Parlamento autonómico”.

Concluye asegurando que “algunos sólo se acuerdan del castellano para lo que les interesa”, y es que el Ejecutivo de José Montilla ha sancionado a numerosos comerciantes por no rotular en catalán sus comercios y el secretario de Política Lingüística, Bernat Joan, ha destacado como grandes éxitos la Ley de Educación de Cataluña (que prohíbe el uso del castellano como lengua vehicular escolar), la Ley del Cine (que multa a los exhibidores que no emitan, al menos, el 50% de las películas en catalán) o la Ley del Código de Consumo (que blinda las sanciones a los comerciantes que no usen el catalán).

Además, los catalanes han visto como se están haciendo decretos contrarios a la sentencia sobre el Estatuto aprobada por el Tribunal Constitucional, en la que se rechaza que el catalán sea la lengua "preferente" en las instituciones en Cataluña. En el artículo 6.1, que regula que la lengua propia de Cataluña es el catalán, el Constitucional elimina la expresión "preferente".

Uno de los últimos decretos aprobados y recurridos por incumplimiento de la sentencia del Constitucional fue el que regulaba que los directores de colegios tienen que “garantizar que el catalán sea lengua vehicular de la educación, administrativa y de comunicación utilizada normalmente en las actividades del centro”.

Recortes de Prensa   Página Inicial