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Recortes de Prensa   Sábado 27  Noviembre  2010

 

Elecciones generales ya
Editorial La Razón 27 Noviembre 2010

La desconfianza hacia nuestra deuda aumenta sin freno, los inversores huyen de las acciones de nuestros bancos y, en general, de la Bolsa, y la preocupación por nuestro país arrastra al euro a nuevas caídas frente al resto de las divisas.

Lo peor de todo ello es que no estamos sólo pasando por una mala coyuntura, sino que empiezan a emerger todas las señales sobre la verdadera situación de nuestra economía. Tenemos un sistema financiero que anda sobre la cuerda floja y que no acaba de atreverse a reconocer cuál es su verdadera situación. Y el Estado sigue acrecentando su deuda, mientras dilapida los restos de la credibilidad heredada de otros tiempos.

En el centro de este terremoto financiero que está empezando a sacudirnos está el Gobierno. Rodríguez Zapatero se embarcó en una estéril política de gasto público para salvar la crisis con el argumento de que nuestra deuda era baja. Hoy tenemos la crisis y la deuda. Quien nos ha metido en ese atolladero es el propio Zapatero. Pero él es incapaz de sacarnos del mismo.

El 12 de mayo dio un giro a su política por las imposiciones de Bruselas y de la Casa Blanca. Los recortes en pensiones no fueron una verdadera reforma. Los efectuados en la inversión pública se han revertido en parte. Y los de la función pública son una caricatura de lo que tendrá que hacer el Gobierno llegado el momento. Quedó pendiente la reforma laboral, pero la aprobada ni ha evitado la huelga general ni va a permitir al mercado de trabajo que se ajuste con celeridad.

La inacción del Gobierno es más preocupante cuanto más pasa el tiempo y se hacen patentes todos los efectos por venir de nuestros desequilibrios. El rescate a Irlanda ha provocado que sólo queden una o dos fichas de dominó en el juego de los rescates o incluso que seamos la próxima. Las llamadas de alerta son cada vez más angustiosas. Ante la incapacidad de Zapatero, un grupo de grandes empresarios acudió al Rey para mostrarle su honda preocupación y ofrecer un conjunto de medidas posibles, muchas necesarias, para salir adelante. El comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, ha hecho ver que el Gobierno todavía no ha tomado el rumbo de las reformas con determinación y que debe “despejar las dudas” al respecto.

Desde fuera se pasa de la profunda inquietud al temor. The Economist señala que Rodríguez Zapatero tiene en su mano el destino del euro, pues si cae España, la moneda común puede dejar de ser como la conocemos. The New York Times habla abiertamente de la posibilidad de un rescate español, mientras que el Banco Central Europeo ya deja caer que el fondo europeo de rescates tendrá que ampliarse ante la eventualidad de un rescate español. Este viernes, el Wall Street Journal habla de éxodo en masa de los bonos del Gobierno español. Nada de ello es suficiente para que José Luis Rodríguez Zapatero reaccione. Sencillamente, está incapacitado. Además, esa determinación tendría que venir acompañada de un llamamiento sincero a los españoles para que contribuyan con su parte al necesario ajuste de España. Y carece de toda credibilidad.

Por ello cada vez es mayor el clamor, a izquierda y derecha, por unas elecciones generales que darían a los españoles la opción de afrontar la situación y al nuevo Gobierno el impulso para tomar las medidas precisas. Y no hay tiempo que perder, porque la realidad económica ya no nos lo concede. Por patriotismo, por responsabilidad, y como último y único posible servicio a España, José Luis Rodríguez Zapatero tiene que convocar elecciones generales ya.

En el filo del abismo
Editoriales ABC 27 Noviembre 2010

Ante la grave situación que atravesamos, lo único que se le ocurre al Gobierno es volver a tachar a Mariano Rajoy de antipatriota

EL patriotismo oportunista al que ha apelado Zapatero —en Cataluña, a mayor sarcasmo— para criticar a Mariano Rajoy es inútil frente a la actitud de los mercados y organismos internacionales que ven en España un riesgo agravado para la estabilidad de la zona euro. Hacer creer a los españoles que la imagen de España ante los mercados depende de que el líder de la oposición se sume a los diagnósticos falsarios del Gobierno es el enésimo intento de engaño que acomete el Ejecutivo para esquivar una crisis que le alcanza de lleno.

La situación de la economía española es inocultable para los inversores y las instituciones europeas, como reflejan el incremento imparable de la prima de riesgo de nuestra deuda y los negativos juicios de los medios especializados que señalan ya a Zapatero como el responsable de lo que pueda sucederle al euro. Lo que de verdad influiría en la confianza de los mercados hacia España es que la crisis encontrase respuesta en un plan de reformas inmediatas, con contenido estructural y objetivos ambiciosos. Sin embargo, no solo no encuentran esta reacción en las decisiones del Gobierno, sino que además se topan con la declaración de Rodríguez Zapatero de que no hacen falta más ajustes y de que se equivocan los analistas que ponen en duda la economía española para ganar dinero a corto plazo. Todo esto, mientras en Europa se especula con la necesidad de ampliar el fondo de rescate por si hubiera que emplearlo en España, cuya crisis es comparativamente menor que las de Grecia e Irlanda, pero mucho más peligrosa para el euro por la dimensión de nuestra economía.

El horizonte se oscurece en toda Europa, especialmente después del anuncio de que Bruselas repetirá los «test de estrés» del sistema bancario porque el fracaso irlandés de esas auditorías ha puesto en cuestión la certeza de los datos económicos sobre los que se han tomado, u obligado a tomar, importantes decisiones. Pero ante esta grave situación lo único que se le ocurre al Gobierno es colocar al Partido Popular como chivo expiatorio de la crisis y volver a tachar a Rajoy de antipatriota. A eso ha quedado reducida la política de Rodríguez Zapatero contra la peor crisis en casi un siglo: a una absoluta pasividad frente a unos acontecimientos que le superan.

La segunda oportunidad
Una alternativa liberal no se construye saneando la economía, sino las ideas.
Óscar Elía La Razón 27 Noviembre 2010

Entre 1996 y 2004, el Partido Popular gestionó el país de manera extraordinaria, sacándolo de la ruina económica, institucional y moral en que González lo había dejado. Pero se dejó lo que se suele llamar la "batalla por las ideas": la legitimación social de ideas, principios y proyectos liberal-conservadores. El resultado ha sido un Zapatero presidente, un González autorresucitado y unos socialistas que disputan al PP legitimidad incluso en economía y antiterrorismo. ¿Cómo es posible? Destacaría tres aspectos superpuestos, que explican el éxito que contra natura tiene aún el izquierdismo español.

En primer lugar, en el nivel más profundo, la educación en España no tiene un problema de calidad, sino de adoctrinamiento. Una generación de españoles ha sido educada en el relativismo intelectual y moral, el igualitarismo, el hedonismo o el pacifismo suicida, tendencias todas izquierdistas. Que nadie se queje si luego vota al PSOE.

En segundo lugar, el modelo de concesiones de televisiones generalistas las convierte en endogámicas, unidas al poder estatal: hoy propagan todos los dogmas progresistas, y series y programas transmiten valores inequívocamente socialistas. Que nadie se queje si luego el PP tiene “dificultades para comunicar”.

En tercer lugar, se ha engordado a una minoría “cultural” subvencionada, caracterizada por su sectarismo, con un poder que no le corresponde, logrado con un dinero público que no conseguiría privadamente. Que nadie se queje si después su influencia se sobredimensiona.

Se equivocan quienes creen que la clave es la economía: el PSOE siempre la ha despreciado: la destrozó en 1996, y en 2004 ya había vuelto al poder. El PP debiera tener en cuenta ahora que una verdadera alternativa liberal-conservadora no se construye saneando la economía, sino las ideas: liberalizando la educación, los medios de comunicación, la cultura. Si vuelve al Gobierno, tendrá una segunda oportunidad de evitar lo ocurrido desde 2004.

La decadencia de España
Eduardo Arroyo El Semanal Digital 27 Noviembre 2010

Me ha llegado por un amigo una reseña de Joseph Stove sobre el ya clásico trabajo de Walter Laqueur "The last days of Europe: Epitaph for an old continent", escrito en 2007.

Laqueur explica algo que ya hemos denunciado repetidas veces en esta columna: la conjunción de envejecimiento contenido e inmigración incontrolada, amén de otros factores, llevará a Europa a su muerte final. Según Stove "el autor cree que Europa, dada su debilidad, jugará, en el futuro, un modesto papel en los asuntos mundiales, a la vez que muestra su certeza de que será poco más que un museo de pasadas gestas culturales para el solaz de turistas asiáticos".

Pero lo más interesante quizás sea la reflexión que Stove hace sobre España, mezclando juicios acertados con errores manifiestos.

Si bien es cierto que España padece modalidades de decadencia que no comparte ningún otro país de Europa, eso no hace a las decadencias "extranjeras" menos letales. "En España, a los treinta años de aprobarse una constitución democrática, el modelo de Estado sigue sin cerrarse, lo que se ha traducido en una dinámica de descomposición", dice Stove. Además, continúa, "España es el único país de Europa con un terrorismo propio, de carácter secesionista, donde sus miembros y simpatizantes están en las instituciones del estado y reciben ayuda de los presupuestos públicos". Ello se debe quizás a que "En España se relativiza, o incluso se niega, el concepto de nación, impulsado por un status de idiosincrasia política que permite la entrega a exiguas minorías independentistas de resortes políticos que cualquier estado con un mínimo sentido de la supervivencia no osaría considerar, ni tan siquiera en tono de broma, su transferencia a las regiones. Ejemplo: la educación".

Pero donde acierta de pleno es cuando dice que "existe un hecho de enorme importancia social: el pueblo español cree que vive en una democracia consolidada. Las élites políticas españolas trasmitieron al pueblo que se había terminado con éxito la transición política y que todos se habían convertido en demócratas de toda la vida. Se había conseguido un hecho espectacular, lo que otras naciones habían tardado siglos en alcanzar, España lo había conseguido en una década prodigiosa".

Según Stove "se instaló en la opinión pública la certeza que era madura y estaba bien informada, que había una clase política experta y con sentido de estado, que funcionaba la separación de poderes y actuaba como la fortaleza de la democracia, dado el vigor y prestigio de sus instituciones. Todo era una falacia. Un largo periodo de crecimiento económico y bienestar material enmascaró durante años la metástasis que corroía el cuerpo nacional".

El fin de los sueños llegó con los atentados del 11 de marzo, cuyos autores eligieron a España como blanco por la vulnerabilidad de la sociedad española, por su estupidización colectiva y por su desarme ideológico. El resultado es que "España desapareció como actor estratégico y se volvió hacia sí misma, como había hecho en los dos siglos anteriores. Una ola de catetismo invadió el país. La fabricación de diferencias entre regiones se acentuó, la España plural, a la vez que la Constitución se adaptaba convenientemente a las circunstancias. Se apeló a la "memoria histórica", como si de la Guerra Civil al posmodernismo de principios del siglo XXI no hubiese ocurrido nada, y se articuló una política de ampliación de derechos que no era más que ingeniería social, al más puro estilo orwelliano".

Stove enlaza la exposición de la decadencia europea expuesta por Laqueur con el análisis de la decadencia Española, un análisis un tanto equívoco en el que parece que la senda emprendida por Aznar era la de España como actor estratégico, desplegada históricamente y dispuesta a jugar un papel en el mundo. Esto es falso de cabo a rabo, como demuestran los gravísimos problemas de los países "compañeros de viaje" de la España aznarista: EEUU, una potencia en declive, empantanada en una guerra que ni ellos mismos saben por qué libran, en decadencia económica y asolada por la inmigración. El mismo patrón se repite en el Reino Unido de Blair, embustero convicto y confeso, incapaz de sacar a su país de una ruta de muerte tan solo diferente –pero no peor- que la española. En el caso de la España de Aznar, la precarización de los trabajadores, la inmigración disparada y un aborto en alza exponencial son solo algunos de los males de los que cabe acordarse, tras una tramoya de "éxitos" que a sus enemigos les llevó poco desmontar.

Las críticas como la de Stove, en el fondo, enmascaran el problema de que el mal precisamente está en aquello en que todos están de acuerdo. Y por eso si bien señala la mitificación de una "transición" que sirve de parapeto a una de las clases políticas más mediocres, corruptas e ineficaces del mundo, yerra al atribuir éxito a una senda que puso todos los medios para que acabáramos exactamente donde estamos ahora. Ni Aznar, ni Zapatero ni nadie hizo otra cosa que poner piedra sobre piedra en el mausoleo que se nos prepara. Por eso, la única salida es la de los que están fuera, la de esos "malditos" con los que nadie quiere juntarse. Esperemos que con el éxito de Plataforma por Cataluña en las elecciones de mañana empiece a atisbarse un futuro distinto. Porque ese, y no otro, es el único voto rebelde cargado de promesas.

Triste final
El único camino posible para evitar la intervención sería el cambio político.

Óscar Eimil La Razón 27 Noviembre 2010

Parece, por como pintan las cosas en los mercados, que pronto nos tocará escuchar –y realmente es lo único que nos faltaba por oír– las muchas ventajas que se derivarán para todos nosotros del rescate financiero de España por parte de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional. En un país donde cualquier cosa puede ser buena o mala o incluso las dos cosas al mismo tiempo –según toque–, a nadie puede extrañar que la pérdida de soberanía, que necesariamente significará la intervención de nuestra economía, pueda ser defendida por muchos como ventajosa para los intereses nacionales.

Y digo esto porque si el pasado mes de mayo, tras la intervención de Grecia, nos salvamos de la suspensión de pagos por la campana, ahora, con la intervención de Irlanda y la de Portugal, que ya se prepara, será difícil que, una vez más, el santo del día nos proteja, sobre todo porque, como es sabido, en el aspecto económico y financiero, Portugal es casi una parte más de España.

Si analizamos detenidamente lo sucedido tras los acontecimientos de la primavera pasada comprenderemos a la perfección lo que está pasando en los mercados y veremos que el camino por el que circulamos se dirige inevitablemente hacia la intervención de España.

Se acordarán ustedes que, tras la llamada al orden protagonizada por Obama, Merkel y Sarkozy –en lo que representaba nuestra última oportunidad–, el Gobierno se apresuró a poner en marcha una serie de medidas dirigidas, por un lado, a la disminución de nuestro déficit fiscal, y por otro, a la reactivación de nuestra maltrecha economía.

Entre las primeras, destacaron por su repercusión social la congelación de las pensiones y el recorte del salario de los funcionarios públicos, y de entre las segundas la reforma del mercado de trabajo y la de las cajas de ahorros.

Pues bien, con estas medidas ha sucedido lo que suele suceder cuando se toman decisiones contrarias a la verdadera voluntad del que decide; es decir, que las reformas han sido más cosméticas que otra cosa y que los mercados, pasados los primeros meses, ya se han dado cuenta de ello.

No podía haber sucedido de otra manera: cuando tras la congelación de las pensiones resulta que el monto total que el Estado tendrá que pagar en el año 2011 por este concepto va a ser todavía superior al que se ha pagado en el año 2010; cuando tras la rebaja del sueldo de los funcionarios aumenta el empleo público en más de 90.000 personas durante el trimestre siguiente; cuando tras la reforma laboral aprobada, queda pendiente su desarrollo reglamentario que sin duda –por las declaraciones del ministro del ramo– pondrá las cosas más difíciles a las empresas; y cuando, a poco de terminar el año, el gobernador del Banco de España advierte a las cajas de ahorros que se les acaba el tiempo para hacer sus muchos deberes pendientes.

En definitiva, como pronosticaron algunos, la implementación de las medidas que tuvo que adoptar el Gobierno la pasada primavera sólo ha servido para ganar algún tiempo y para empeorar la situación económica con la que nuestro país enfrentará en el futuro la inevitable intervención. Magro resultado para el esfuerzo realizado.

La ecuación que tenemos planteada todos los españoles en esta encrucijada histórica que vivimos es tan sencilla como esto: credibilidad y confianza. Lo que ocurre es que carece de credibilidad –de la que en definitiva depende la confianza– el que ha engañado a todos, dentro y fuera, muchas veces y durante mucho tiempo, siendo ésta un valor intangible que, una vez perdido, es absolutamente imposible recuperar.

El único camino posible para evitar la intervención sería, a mi juicio y creo que también al de la mayoría social, el cambio político inmediato, que lamentablemente no se producirá –ya lo verán– hasta después de la intervención, y no porque el presidente, por vergüenza torera, vaya a dejar voluntariamente su cargo ante dicha eventualidad, sino porque será una de las inconfesables imposiciones de los mercados internacionales y de los países de nuestro entorno que, tras forzar el rescate, en ningún caso permitirán que sea Zapatero el que pilote el proceso de ajuste que inevitablemente se producirá a continuación.

Con ello nuestro sonriente presidente conseguirá figurar por méritos propios en un capítulo especial de los libros de Historia de España, ése que se ocupa del selecto grupo de siniestros personajes que con su comportamiento comprometieron gravemente en el pasado la soberanía de nuestra nación.

Triste final para quien tuvo el enorme privilegio, totalmente inmerecido –el paso del tiempo pone a cada uno en su sitio–, de gozar del apoyo de la mayoría de los españoles en dos ocasiones sucesivas, y buena lección para los que se dejaron engañar por una sonrisa que, por desgracia, solo escondía detrás el germen de la división, de la discordia y de la incompetencia.

*Óscar Eimil es registrador de la propiedad y miembro del consejo asesor del Partido Popular de Andalucía.

Todo tan lejano...
Alfonso USSÍA La Razón 27 Noviembre 2010

Van a matar en Pakistán a una joven por ser cristiana y a la izquierda española le aburre el asunto. Es lógico. Bien muerta estará para nuestra retroprogresía. Los que han decretado su ejecución han sido extremadamente bondadosos y pacientes. Le han dicho que si reniega de su fe, le perdonarán la vida. Y ella, que es una retrógrada, se mantiene en su creencia y prefiere ser colgada de una viga a negar su cristianismo. El brutal islamismo del siglo X no preocupa a nuestros «buenistas» profesionales. Ni una voz alta, ni una protesta ante la embajada de Pakistán, ni una pancarta. Ni siquiera una pegatina diminuta reclamando el respeto a las creencias y las ideas de una chica pakistaní que se enfrenta a una sentencia de ferocidad medieval.

El embajador de Israel en Madrid ha reconocido su preocupación por el antisemitismo que impera en España. Toda la izquierda odia a Israel. Es palestina. Abomina del único Estado de Derecho de Oriente Medio. Israel se defiende del terrorismo palestino patrocinado por Siria. Se defiende y hace muy bien. Y nos defiende a todos los países occidentales. Si, como desea la izquierda española, el Estado de Israel desaparece, la bestialidad del medievo derribaría la última muralla de contención. El gran problema de Israel no es otro que ser un pedazo de Europa enclavado en la región de la furia islámica. En el fondo, y aunque no se atrevan a reconocerlo, para una buena parte de nuestra izquierda supuestamente pensante, los nazis se quedaron a medias. No terminaron con la benéfica culminación del exterminio. Fracasaron en el genocidio. Cuando los aliados descubrieron los campos de concentración y muerte de Auschwitz, Treblinka, Dachau, Buchenwald y demás estupendas instalaciones similares, hallaron centenares de miles de huesos judíos, pero no todos. Stalin lo hizo mejor. Claro, que Stalin era de los suyos. Pero tampoco acabó con los judíos.

Hace bien nuestra izquierda «buenista» en movilizarse cuando le sale de su tienda de nísperos. Pero no por ello haría mal en intentar disimular su falta de interés por la vida de una inocente que va a ser asesinada por el amigo del Islam. No sé, una cartita, un breve manifiesto firmado por los de siempre. Lo de esta chica es más grave que lo de Aminatu Haidar, y no se ha movido nadie. Ni Toledo, ni San Juan, ni Sabina, ni Monzón, ni Diego Botto, ni Diego sin Botto, ni los Bardem, ni Almudena Grandes. Reconozco que están muy preocupados con las elecciones de Cataluña, pero sólo les robaría cinco minutos para redactar una nota al embajador de Pakistán y pedirle que no maten a una joven por sus creencias religiosas. Salvarían la cara ante mucha gente que no entiende su escala de valores. Una soga atada al cuello es peor que la renuncia voluntaria a comer cuscús. Admito que enfrentarse o enfadarse públicamente con el Islamismo es más peligroso que hacerlo con Aznar. Pero de cuando en cuando conviene arriesgarse un poco, y más aún, cuando se tiene tanta costumbre y maestría en la redacción de manifiestos y sus posteriores rúbricas. Como con la ETA, siempre tan calladitos, excepto –hay que reconocerlo–, Joaquín Sabina, que supo arrepentirse y se enfrentó al terrorismo vasco con todas las letras. Pero esto me decepciona.

Odiar a los judíos y a la democracia de Israel entra en sus derechos de estalinistas. Pero olvidar la tragedia de una joven y no escribir ni una tarjeta de visita se me antoja ignominioso. Más caridad.

Campaña decepcionante
El Editorial La Razón 27 Noviembre 2010

La campaña de las elecciones catalanas se cerró anoche con más pena que gloria para el tripartito fundamentalmente, que cuenta las horas para redactar su obituario. En general, no han sido días brillantes para una parte de la clase política que se ha desentendido de la ciudadanía e incluso de la coyuntura política y económica. Con alguna excepción, los partidos no han sabido responder a las inquietudes de la sociedad, algo que, por lo demás, ha sido la tónica en los últimos años. Se ha dejado pasar otra oportunidad para acercarse a los problemas reales de la gente y para cerrar la brecha de esa desafección gradual entre representantes y representados, responsable de la honda pérdida de confianza en buena parte de los dirigentes.

Cataluña es un territorio con importantes problemas. Una comunidad con 700.000 de sus ciudadanos en paro y con 15.000 empresas cerradas por la crisis merecía algo más que un puñado de vídeos más o menos intrascendentes y unas propuestas programáticas fantasmales. Es una apuesta sobre seguro que una inmensa mayoría del electorado desconoce las recetas de buena parte de los candidatos para salir de la crisis tras semanas de precampaña y campaña.

Es lógico que una de las principales preocupaciones sea el nivel de la abstención, sistémica en Cataluña desde hace varios comicios y que produce, por ejemplo, que un 12,3% del electorado no vote en las autonómicas y sí en las generales. Si la movilización depende de los reclamos más o menos porno, de las irrupciones chabacanas y los episodios chuscos que han marcado una parte sustancial de la oferta política, puede que la desbandada ciudadana alcance ese 50% que auguran las encuestas, y que, por lo demás, sería una debacle y una prueba irrefutable de la decadencia de una forma de hacer y entender la política.

Pero las generalizaciones son injustas. La campaña del PP ha significado la cara de la moneda y ha servido para constatar la consistente dinámica del partido bajo el liderazgo de Alicia Sánchez-Camacho, que ha contado con la constante presencia de Mariano Rajoy, sabedor de la trascendencia de Cataluña en la suerte de España. A diferencia de otros, los populares han protagonizado una campaña cercana a la gente, más humana, y han sabido conectar con las dificultades reales de la calle. Lejos de los debates estériles identitarios, han priorizado la crisis, el paro, la inmigración, el modelo educativo y el sistema sanitario en el marco de una Cataluña constitucional.

El voto de la centralidad y la moderación a los populares debe servir de contrapeso a los excesos ante la posibilidad de una mayoría holgada de CiU. Una posición estratégica del PP tras el 28N no sólo resultaría relevante por su proyección nacional, sino también la garantía de una gestión eficaz de los problemas que afectan a los catalanes. La derrota del tripartito no es sólo de sus tres socios, sino también del PSOE que permitió las excentricidades de Maragall. Lo es también de Zapatero que no supo o no quiso poner punto final a un experimento que le beneficiaba a corto plazo. Los excesos del tripartito han perjudicado la imagen de Cataluña y han provocado confrontaciones tan innecesarias como el Estatut. Como dijo Rajoy, el cambio comienza en Cataluña.

Sabino Arana y Guerra Garrido
Pedro José CHACÓN La Razón 27 Noviembre 2010

Todos los años por estas fechas los seguidores de Sabino Arana Goiri van a homenajear al fundador del nacionalismo vasco al cementerio de Sukarrieta (Pedernales), en pleno Urdaibai, cerca de donde la Diputación de Bizkaia, bajo la égida del sabiniano José Luis Bilbao, el mismo que le reprocha a Patxi López su «obsesión» con España, se propone levantar un Guggenheim 2, pese a la oposición del actual Gobierno vasco. Esta efeméride es para los nacionalistas vascos la ocasión más entrañable para recargar cada año sus convicciones abertzales. Andoni Ortuzar, otro sabiniano, actual burukide máximo de Bizkaia, mientras espera el día con ilusión, dice que los socialistas «han vuelto a sacar la navaja», con motivo de un rifirrafe en el Parlamento vasco entre Patxi López y el portavoz peneuvista Joseba Egibar. Quien conozca las obras de Sabino Arana sabrá que «sacar la navaja» era uno más de los sambenitos que éste les tenía colgados a los inmigrantes españoles de su época, que llegaban por miles al calor de la primera industrialización. Para que luego me digan, cuando escribo de estas cosas en la prensa de Bilbao («El Correo», 3 y 7 de noviembre), que estoy «fuera de contexto» porque hablo de los maketos.

El nacionalismo vasco es una ideología que no se entiende sin España y sin su historia. Estudiarla un poco es adentrarse en las profundidades del siglo XIX en dos aspectos clave de nuestro pasado y de nuestra identidad común: la religión católica y algo que era entonces moneda corriente en toda Europa, incluida España, y que luego tuvo las derivaciones conocidas, la raza. Todos los europeos hablaban entonces de raza, con la peculiaridad de que las razas en decadencia eran las latinas y las que estaban en auge eran las anglosajonas. Sabino Arana aprovechó la coyuntura y, vistos los síntomas que luego llevaron a España al «Desastre del 98», no esperó más y decidió desvincularse del mito vasco-iberista, que colocaba a los vascos como los primeros pobladores de la Península Ibérica. No hizo lo mismo con el prestigio que los vascos habían recibido secularmente de España: la hidalguía universal. Ése se lo quedó. Y por lo que respecta a la religión, Sabino Arana era un integrista más de su tiempo, rabioso porque la España canovista había sido reconocida por el Papa de Roma. Los integristas siguieron considerando que los únicos católicos de verdad en España eran ellos y, como el País Vasco estaba trufado de carlistas e integristas, Sabino Arana no tuvo que esforzarse mucho para convencer a sus paisanos de que los maketos no eran ni podían ser católicos integérrimos como los vascos, porque pertenecían a otra raza, mezcla de todas las que habían invadido la Península a lo largo de su historia.

Todos los nacionalistas de todo el espectro ideológico actual redimen al fundador de su ideario racial-integrista («tonterías que se decían entonces»), aunque, eso sí, las dos consecuencias capitales que se deducen del mismo las siguen tomando como guía de su actuación y de sus anuales homenajes: primera, que para ser vasco de verdad hay que pedir la independencia respecto de España; segunda, que en esa tarea los líderes siempre serán los que tengan apellidos nativos, seguidos por quienes demuestren, en su amor a las esencias patrias, que están por la misma labor que la vanguardia nacionalista; y nunca mejor dicho lo de vanguardia, puesto que desde los estudios del estadístico José Aranda (revista «Empiria», UNED, nº 1, 1998), sabemos que los ciudadanos vascos que a día de hoy tienen los dos primeros apellidos euskéricos no son más del 20% de su población total.

Los que procedemos de la inmigración española en el País Vasco, aquellos a los que Sabino Arana y sus seguidores llamaban maketos, siempre hemos estado fuera de contexto en el propio País Vasco en el que vivimos, trabajamos, estudiamos e incluso intentamos hablar euskera también, sin por eso ser independentistas, algo que no se entiende tampoco ni dentro ni quizás fuera del País Vasco. Además, como encima de que pensamos así no tenemos apellidos euskéricos, nadie nos reconoce como vascos, ni dentro ni fuera del País Vasco. Y eso que representamos con holgura a la mitad de la ciudadanía vasca actual. Nadie como Raúl Guerra Garrido ha novelado esta forma de vivir sin vivir de los vasco-españoles no nacionalistas y no nativos en el País Vasco contemporáneo. Desde aquí le rindo, de nuevo, mi particular homenaje.

Pedro José CHACÓN.
Profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV-EHU

ELECCIONES EN CATALUÑA
Final de ciclo
Pablo Barranco. Minuto Digital 27 Noviembre 2010

Quedan pocas horas para el día D de las elecciones en Cataluña, por cronología, laboratorio español de pruebas para comprobar hasta qué punto el hartazgo social ante tanto majadero ha llegado a un final de ciclo… al límite de la resistencia humana frente a la estulticia y la manipulación miserable a la que se nos somete desde las poltronas socialistas y la de sus socios de fechorías de toda calaña.

El horrendo panorama que se cierne sobre nosotros, más la previa acumulación de tanta vejación al ciudadano, con los índices de desempleo alcanzados, la inseguridad padecida, la insoportable invasión inmigrante, y la desvergüenza de los trapicheos, delitos y abusos que cometen las huestes zapatéticas en general y en Cataluña las de Montilla en particular, hace temblar de pánico a la población.

Nadie, jamás, se había caracterizado por un nivel de estulticia e ineficacia de tal magnitud. No hay precedentes de algo semejante en nuestro entorno desarrollado; nos han hundido en la miseria, en el desprestigio y en la pérdida absoluta de valores, referencias y principios éticos: son unos desalmados a los que se les deberá juzgar y condenar por sus errores y corrupciones en casi todo lo poco que han llevado a cabo.

El día 28 de noviembre de 2010 y después en mayo, en las municipales, los ciudadanos honrados y bienintencionados han de plantearse expulsar a los gerifaltes socialistas, comunistas y cómplices afines del mundo de la política, a la vez que deben asegurarse de que después de su desalojo del poder no puedan reengancharse en prebenda laboral alguna que dependa del erario público. Al paro dos años, a mil Euros al mes, y después a emigrar a alguna dictadura marxista-leninista de su cuerda. No los queremos en España.

Llegados hasta aquí, queda algo por resolver: ¿A quién votar?
Como insinuaba en un artículo anterior, el voto en blanco es una solución si es masivo. Pero si no se cree en él, como mínimo, apuéstese por partidos pequeños e incipientes que enfoquen su discurso hacia la solución de alguno o todos los tres problemas dramáticos que nos van a eliminar como nación, como sociedad y como Cultura: la crisis económica y el desempleo; la inseguridad y la inmigración descontrolada [sí, lo asocio… ¿alguna duda?]; y la corrupción y la usurpación política del poder por parte de inútiles prevaricadores [porque prevaricación es gobernar sabiendo que perjudican al Pueblo].

Para entendernos: voto en blanco, o si se es de izquierdas a Ciudadanos; si se es de derechas… a la Nebrera; y si se es directamente idiota al degenerado transexual del CORI. Lo que sea, antes de dar un voto a oportunistas y chaqueteros como Mas y su cruzada a favor del Islam, o cederlo al PP que no sabe ni adónde va.

Sea.

El récord catalán
Cataluña tiene el dudoso honor de encabezar la clasificación de las mayores tasas de abstención de las elecciones autonómicas
EDURNE URIARTE ABC 27 Noviembre 2010

Cataluña tiene el dudoso honor de encabezar la clasificación de las mayores tasas de abstención de las elecciones autonómicas españolas, con un récord histórico del 45% en 1992 y un porcentaje no menos impactante del 44% en 2006. Dada la especial contribución a esas cifras del cinturón de Barcelona, es decir, del núcleo del voto del PSC, Cataluña bien pudiera batir mañana su propio récord de abstención. Es el principal interrogante sin resolver de unas encuestas que no dudan en señalar a los ganadores, CIU, y a los perdedores, el tripartito.

Y no es que la abstención constituya un signo incuestionable de crisis del sistema político pues grandes democracias como la estadounidense y otras más pequeñas pero igualmente estables como la suiza han convivido tradicionalmente con altas tasas de abstención. Pero la abstención da que pensar cuando afecta especialmente a una parte de un país, Cataluña, a un tipo de elecciones, las autonómicas, y a un tipo de electores, los votantes no nacionalistas.

Da que pensar sobre los sentimientos de alejamiento respecto de unos debates políticos, la nación catalana y sus vicisitudes, que no integran a una buena parte de la población. Y sobre la impotencia para cambiar el cursos de las cosas en unas elecciones donde las opciones ganadoras se reparten entre nacionalismo y más nacionalismo.

De hecho, el único cambio significativo posible en las elecciones de mañana es el que afecta al Gobierno de España. Pues un resultado tan malo del PSC como el anunciado por todas las encuestas menos la del CIS confirmaría el cambio de tendencia nacional y en el territorio clave para el triunfo socialista en 2008. La otra previsión pre-electoral, la victoria holgada de CIU, supondrá una continuación de lo mismo. De más nacionalismo, más etnicismo y más victimismo. Ahora con nombre de Concierto, antes de Estatut. ¿Como para quedarse en casa?

Nuremberg y la justicia
Las guerras injustas y los crímenes contra la humanidad, tarde o pronto, deben tener su justa respuesta judicial
JORGE TRIAS SAGNIER ABC 27 Noviembre 2010

El 20 de noviembre de 1945 se iniciaron en el Palacio de Justicia de Nuremberg las sesiones del Tribunal Militar Internacional que terminaron con la condena a muerte, y a otras penas menores, de un puñado de dirigentes políticos y militares, entre ellos Goering, Ribbentrop y Hess, de los miles y miles que durante doce años gobernaron Alemania y Europa. Se trataba de que no quedase impune la inhumana conducta de sus principales responsables. Además, con la liberación de los campos de exterminio, se comenzó a tener documentación gráfica de algo que ya conocía el mundo entero desde hacía años: el genocidio contra el pueblo judío.

Organizado por la Casa Sefarad Israel nos hemos encontrado en la Sala 600 —la Sala del Tribunal del Pueblo— un grupo de españoles para reflexionar sobre «Shoah, genocidios y crímenes de lesa humanidad», así como su proyección en los actuales tribunales internacionales y el concepto de justicia universal. Jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, parlamentarios, abogados, el Instituto de Cultura Gitana, el ex Defensor del Pueblo Enrique Mugica, y miembros del Consejo General del Poder Judicial llevamos días debatiendo sobre estas cuestiones, primero en Francia y ahora en Alemania. El martes nos reunimos con Benjamin Ferencz, de 90 años, fiscal estadounidense de los juicios de Nuremberg, para conocer de primera mano algunos detalles sobre sus sesiones.

Las guerras injustas y los crímenes contra la humanidad, tarde o pronto, deben tener su justa respuesta judicial. En los años pasados, gracias a la labor de un puñado de jueces y fiscales de la Audiencia Nacional, se sentó en el banquillo a Pinochet y a algunos de los responsables de la dictadura argentina. El ejemplo fue seguido por otros países como Alemania. La llamada Justicia Universal está todavía en sus inicios; y el tratado que creó la Corte Penal Internacional aún no ha sido ratificado por algunas naciones. Pero Nuremberg, que durante años desfiló al paso de la oca, es hoy un lugar de referencia sobre la justicia en su más elevada acepción.

Víctimas
¿Es posible la unidad?
Gabriel Moris Libertad Digital 27 Noviembre 2010

Ante todo he de decir una vez más que no soy ni comentarista político ni estoy afiliado a ninguno de los partidos que conforman nuestra representación parlamentaria. Mi relación con la política radica en que, por "razones políticas", me arrebataron a uno de mis tres hijos y, también, por razones políticas se me oculta la verdad, incluso el derecho a reclamarla, sin ninguna razón de estado que lo justifique, más bien con la sinrazón del Estado que consiente esta situación después de casi siete años de consumado el más horrendo crimen de nuestra reciente historia.

Un atentado de esta naturaleza, por muchas razones que quieran esgrimirse para su justificación, es una afrenta a las víctimas en particular y a la sociedad a quien iba dirigido. Y por supuesto, al Estado en el que esto ocurre; a pesar de que éste no haya acusado el golpe, al menos su comportamiento nos lo hace ver así.

Tanto mal, tanto odio incontrolado, tanto interés bastardo puesto en juego ha producido tal trauma en la sociedad española que no puede recomponer nuestra convivencia por el mero voluntarismo de unos dirigentes que no tienen la talla moral, política, humana y social para comprender el alcance del odio demoníaco vertido el imborrable once de marzo del año 2004, ni el talante adecuado para conectar con las exigencias y los sentimientos del pueblo que los eligió.

Cuando los principios rectores de la sociedad son los valores (fraternidad, bien común, defensa del débil, honestidad, libertad, etc.), la unidad no resulta difícil de instaurarse en la convivencia ciudadana, surge como algo espontáneo y que no necesita de razonamientos ni de explicaciones para aglutinar a las personas. Todo ello desemboca lógicamente en una convergencia del modelo político y social; si bien las discrepancias en las formas existen, y esas diferencias son las que dan vida y sentido a la organización en grupos sociales y políticos, que manteniendo unos principios comunes y compartidos, permiten aglutinar a los ciudadanos según los matices que cada uno de ellos aporta a la vida comunitaria. Hoy, al menos en los estamentos rectores de la sociedad, predominan otro tipo de "principios" que algunos los denominan contravalores (el individualismo, el sálvese quien pueda, el beneficio personal, la mentira interesada, la negación de la evidencia, la ocultación etc.) y con estos planteamientos, incorporados a nuestra vida de relación como principios inmutables, se produce un choque lógico entre los individuos y entre los colectivos humanos. Lógicamente se producen situaciones, como las que estamos padeciendo, ya que los egoísmos personales o colectivos se repelen como las cargas eléctricas del mismo signo.

Estoy cada día más convencido de que la masacre no fue algo aislado, casual e inesperado para todos, si bien creo que lo fuera para la inmensa mayoría de los españoles. Muy al contrario, creo que su concepción, su ejecución y sus consecuencias, o la explotación del "éxito", obedecían a un plan estratégico diseñado a largo plazo, en el que el atentado sería el "pistoletazo de salida" para entrar en una etapa nueva de la vida pública española, que encauzara la ejecución de dicho plan.

Ante un panorama de esta naturaleza, la tan deseada unidad de los grupos políticos ha dejado de ser posible. Las discrepancias existentes no son de forma sino de fondo. La casi totalidad de los grupos pretenden imponer a una parte importante de la sociedad un modelo de convivencia que no existía hasta la legislatura salida del 14-M. La discusión no se sitúa en el plano de "cómo se hacen las cosas" sino en el de "qué modelo de sociedad y de principios" deben predominar en nuestra convivencia.

El conocimiento de la verdad del 11-M desde sus motivaciones hasta sus consecuencias en todos los órdenes de la vida de nuestra comunidad nacional, creo que podría suponer un primer paso en el esclarecimiento de los dos modelos de sociedad que luchan por predominar en nuestra vida comunitaria. Mientras dicha verdad permanezca oculta, por los inconfesables intereses que sean, en mi opinión, la unidad, no será posible, pues aunque aparentemente se diera, la falta de credibilidad seguiría instaurada en nuestro modelo de convivencia y ello impediría unas relaciones normales entre los españoles.

Ante este panorama, instalado en la sociedad como algo normal y natural, ¿podemos pensar en la unidad de los políticos? Si retomamos el atentado del 11-M a que aludía anteriormente, podemos tratar de responder a preguntas como éstas: ¿qué efectos ha producido en mí partido dicho atentado? Si se pudo evitar, ¿qué factores impidieron el que se evitara? La prevención, ¿constituye para mi partido o para la sociedad un objetivo prioritario? ¿En qué me ha podido beneficiar o perjudicar la ejecución de dicho atentado? ¿En qué grado? ¿Qué efectos ha tenido en mis planteamientos políticos? ¿Me abre alguna esperanza para conseguir mis fines de poder o por el contrario me cierra toda posibilidad de alcanzar el mismo?

Con estos planteamientos, y algunos más, se podría iniciar una reflexión sincera y humilde en el seno de todas y cada una de las formaciones políticas y de víctimas o sociales y, una vez reconocidos los fallos y los aciertos de cada uno, recomponer una estrategia común que tuviera como objetivos principales la expiación de las culpas propias, el acuerdo para llevar a término una investigación conjunta que condujera al conocimiento de la verdad y a la aplicación de la justicia y, finalmente, la elaboración de un plan de acciones preventivas basado en la eliminación de las causas que condujeron a la ejecución de la masacre.

Hoy resulta casi pueril concebir una investigación que pueda desembocar en el esclarecimiento de los hechos pero los sueños son gratuitos...

Frente a estos planteamientos, existen personas –víctimas o no– que sienten el dolor y lo hacen propio, que piensan que si no aprendemos de la historia más reciente estamos condenados a padecer terrorismo in secula seculorum, que ellos pueden ser candidatos a víctimas en otra ocasión, que esto se opone frontalmente a todo derecho y principio de convivencia y de fraternidad, y que resulta condenable y abominable al margen de las coyunturas políticas y sociales.

Si damos por buena la situación sobrevenida de los atentados del 11-M, en lugar de situarnos en el "corazón de Europa", lo haremos en la parte más innoble de ella.

Cuando Europa hable «globalés»

En su último libro, «París-Nueva York-París», Fumaroli critica la cultura de Estados Unidos. En este artículo profundiza en sus argumentos: cuestiona como lengua global el inglés
Marc FUMAROLI ABC 27 Noviembre 2010

La cuestión de los idiomas nacionales y su supervivencia se ha vuelto cada vez más emocionante desde que el proyecto neoliberal de globalización multicultural, que beneficia únicamente a la lingua franca angloamericana, gana terreno. Al leer a los publicistas ingleses y estadounidenses es cuando somos más conscientes de la sentencia de muerte que el neoliberalismo ha dictado para los idiomas y las identidades nacionales europeas, mientras que en Europa seguimos peleándonos como si todavía estuviéramos redactando el Tratado de Versalles.

En 2005, un famoso periodista de The New York Times, Thomas Friedman, dio un título apropiado a su último libro: The Flattening of the World [El aplastamiento del mundo]. No lo hizo para lamentar la desaparición de los relieves, sino para congratularse de la explanación a la que se dedican las nuevas tecnologías, que desmantelan todo lo que sobresale o hace de barrera, «engrasando» las fricciones sociales y facilitando «las interconexiones globales». Este año, un periodista de The Observer, Robert McCrum , retoma el mismo tema utópico con el mismo fervor profético, pero desde un ángulo más amplio, en un libro titulado Globish: How the English Language Became the World’s Language [Globalés: Cómo se convirtió el inglés en el idioma del mundo] (Penguin).

McCrum es inglés. Es uno de los tres autores de una Historia del inglés bien documentada y bien ejecutada, un best seller. También fue el cronista conmovedor de su victoria sobre el cáncer en My year off, a memoir [Mi año de vacaciones, unas memorias]. No es una autoridad lingüística.

McCrum se enorgullece de la supremacía estadounidense
En su último libro, cuenta una vez más la Historia del inglés, pero de una manera neohegeliana, a lo Fukuyama, versión CNN. El advenimiento del final de la Historia de los idiomas: todos se resumen o van a resumirse en el inglés global. Parece que una dialéctica histórica milenaria, condensada por McCrum, no ha dejado, desde la caída del Imperio romano, de servir y de propagar el inglés, incluso cuando simulaba destruirlo, como en los tiempos de la conquista normanda. Ni siquiera la caída del Imperio británico ralentizó esta expansión universal. Tomando el relevo de la City de Londres, del Departamento Colonial y de la Armada Real, Wall Street, Washington, Hollywood y el Ejército de Estados Unidos han completado la metamorfosis del idioma todavía local de Shakespeare y de Dickens en un «globalés» mundial, elegido por más pueblos que naciones tiene la ONU. El idioma surgido del minúsculo archipiélago británico estaba predestinado a acabar con la Babel de las 5.000 lenguas arcaicas que todavía se hablan y se escriben en la Tierra, todas ellas abocadas a partir de ahora a ir tirando o a desaparecer.

Un Grial común
Es evidente que este argumento de novela de ciencia-ficción con final feliz fue concebido por un inglés para cicatrizar la herida que la ablación del Imperio dejó en sus compatriotas. McCrum aplica a esta Inglaterra secretamente dolorida (y a él mismo) el bálsamo de una Razón histórica que hace que los Estados Unidos de la Manifest Destiny terminen lo que había empezado en gran medida la Inglaterra de la Rule Britannia. Invita al público inglés a enorgullecerse de la supremacía estadounidense, ya que da la puntilla y convierte en definitiva la epifanía universal del Grial común de los dos países, el verbo de la Biblia de King, de Shakespeare y de Lincoln. Anima a sus lectores ingleses a congratularse de que Estados Unidos, plebeyo y utilitarista, haya desarrollado y hecho valer todos los rasgos ya presentes, en estado embrionario, en el dialecto celta y sajón originario: «Contagioso, adaptable, populista y subversivo». Repetida en cada capítulo, esta fórmula eterna del ADN inglés es el hilo conductor de su andadura intrépida y triunfal de siglo en siglo, en contraposición, sugerida una y otra vez, con el declive no menos programado del francés, cuyo ADN es evidentemente altivo, aristocrático y conservador.

Los panegíricos del «genio de la lengua francesa», Bouhours en el siglo XVII, Rivarol en XVIII, e incluso las palabras en ese sentido de Pompidou, citado entre risas por McCrum, parecen moderados e incluso modestos en comparación con el entusiasmo glorificador de este autor inglés. Ni Herder, el apóstol romántico del verbo alemán, fue tan lejos.

Nuestro hegeliano de serie de televisión cita en varias ocasiones a su «amigo» el francés Jean-Paul Nerrière, y lo hace justificadamente, ya que es un hombre de negocios cosmopolita y culto que fue el primero en llamar, en 1995, «globalés» al inglés somero que sirve en todas partes de lingua franca en las negociaciones y en las comunicaciones de negocios entre gente con idiomas diferentes. Nerrière ha publicado incluso una especie de método Assimil de este habla utilitaria, reducida a 1.500 palabras y a una sintaxis elemental. ¿Ha leído McCrum este sobrio manual? Lo dudamos.

Treinta mil vocablos
Nerrière precisó en varias ocasiones, con sentido común y nitidez, que el útil «globalés» no está hecho para tratar de metafísica (ni de filosofía de la Historia) ni de sentimientos sutiles, sino para hablar eficazmente de negocios. Lejos de creer que hablar «globalés» signifique el fin de las lenguas maternas, vehículos usados de una memoria histórica y de una cultura moral y literaria, opina que estas son insustituibles fuera de las situaciones de negocios, que si bien son frecuentes, no lo son todo en la vida. Así arrimó el ascua a la sardina de los amantes de nuestro idioma y anunció las inquietudes que surgen cada vez con más frecuencia más allá del Canal de La Mancha. ¿No será el idioma del Oxford English Dictionary y sus 30.000 vocablos el más directamente expuesto a ser «jibarizado» en «globalés»? ¿La victoria hegeliana del inglés según McCrum no sería a lo Pirro (lo siento, «no globalés»), con todos los indicios de una derrota inminente?

Los europeos no tenemos motivo para avanzar en esa dirección
Además, en todo el mundo, este «globalés» se desmiembra en variantes locales y populares, escasamente globales e impermeables entre sí. El «inglesiático» solo tiene vigencia en Asia; el «coreanglés» solo se oye en Corea y el «malainglés» en Malasia; el «hinduglés», el «inglés de Bollywood» y el «bengaglés» bengalí son exclusivos de distintos Estados de India; el «singlés» solo se habla en Singapur y el «chinglés» en China. McCrum quiere ver en esos triunfos del inglés comercial «el final de Babel». Por el contrario, esta constelación de ingleses mestizos deja entrever un regreso a Babel.

En nuestro pequeño promontorio de Asia (Valéry dixit , pero no en «globalés»), nosotros los franceses, nosotros los europeos, no tenemos ningún motivo para avanzar en esa dirección. Solo vemos ventajas en saber «globalés» y, preferentemente, el mejor inglés. Pero solo vemos inconvenientes en fomentar que nuestros idiomas se conviertan en otros tantos «euroingleses». Las diversas instituciones normativas de las que se ha dotado el francés, en Francia y en Quebec, lejos de ejercer una opresión o de servir al elitismo, contribuyen a salvaguardar y aumentar el alcance enciclopédico de ese idioma. Jamás pierden de vista, apoyadas por el amor de los francófonos, escritores o no, por su idioma común, su vocación antigua, más preciosa y rara que nunca en el mercado global, de idioma de conversación, civil y hospitalaria, entre hombres que no son empresarios ni especialistas. Desearíamos que las demás lenguas europeas, sin excluir al inglés de Oxford y de la BBC de antaño, abracen esta exigencia y compartan la preocupación por la civilización a la europea que conlleva.

Por la devolución al pueblo de las Escuelas Aguirre
Enrique de Diego El Semanal Digital 27 Noviembre 2010

La llamada Casa Árabe no es ni casi ni árabe, es las Escuelas Aguirre, donada para que sirviera de colegio para niños de pocos recursos, y no para difundir el islamismo y el integrismo en España. Es un delito en todos los sentidos que entidades como el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid sirvan, con el dinero de los contribuyentes, a la difusión del islamismo y a la promoción de la islamización de España.

Aquí el escándalo se administra, sin rebozo ni vergüenza, a la luz pública. Según los Estatutos, colgados en su página web, la Casa Árabe y su Instituto Internacional de Estudios Árabes y del Mundo musulmán se configura como una entidad de derecho público interadministrativo, con personalidad jurídica propia, plena capacidad de obras y dotada de un patrimonio propio. El Consorcio está integrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Junta de Andalucía, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Córdoba.

El Consorcio tendrá su sede en las Escuelas Aguirre, situada en la calle Alcalá nº 62 de Madrid, a la vez que contará con otra sede en Córdoba, situada en la Casa Mudéjar, que acogerá el Instituto Internacional de Estudios Árabes y el Mundo Musulmán.

Los derechos de uso y disfrute de la superficie cedida de las Escuelas Aguirre y la Casa Mudéjar debidamente acondicionados para los fines de la Casa Árabe y su Instituto Internacional de Estudios Árabes y del Mundo Musulmán son aportados por el Ayuntamiento de Madrid y por el Patrimonio del Estado.

Los gastos ordinarios y de realización de programas de la Casa Árabe y su Instituto Internacional de Estudios Árabes y del Mundo musulmán serán aportados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Madrid y el Ayuntamiento de Córdoba. El 60% Exteriores, y un 10% cada una de las otras entidades.

El Consejo Rector está formado por 9 representantes del Ministerio de Exteriores, 2 de la Junta de Andalucía, 2 de la Comunidad de Madrid, 2 del Ayuntamiento de Madrid, 2 del Ayuntamiento de Córdoba. El presidente es el ministro de Exteriores, y hay cuatro vicepresidencias: los presidentes de las autonomías de Andalucía y Madrid, y los alcaldes de Madrid y Córdoba.

La pesca en el Sahara ocupado
Nuestra sonriente ministra de Asuntos Exteriores finge no saberlo, pero las resoluciones de la ONU califican la presencia de Marruecos en el territorio como «ocupación»
carlos ruiz miguel ABC Galicia 27 Noviembre 2010

GALICIA tiene razones para preocuparse por el Sahara Occidental ocupado. Sobre esto el Parlamento Europeo acaba de aprobar una resolución el 25 de noviembre que es el anuncio de acontecimientos importantes. La ocupación marroquí del Sahara Occidental se intentó justificar con los ilegales «acuerdos de Madrid» en 1975.

Nuestra sonriente ministra de Asuntos Exteriores (la que se gastó 330 millones de euros en combatir una «pandemia» inexistente) finge no saberlo, pero las resoluciones de la ONU califican la presencia de Marruecos en el territorio como «ocupación». También finge que España no es la «potencia administradora» del Sahara Occidental a pesar de que la ONU diga lo contrario. Ya se sabe cual es el modus operandi de este gobierno: si sus tesis no concuerdan con la realidad… ¡peor para la realidad!

Los gobiernos españoles desde 1976 tratan de ocultar estos datos importantes. En unos casos, por vergüenza y en otros, como ahora, por complicidad. Y es que la ocupación del Sahara Occidental terminaría rapidísimamente en el momento en que el Gobierno Español asumiera sus responsabilidades como «potencia administradora» del territorio. ¿A quien le conviene que eso no se haga? Creo que está claro… La cuestión es que las aguas del Sahara Occidental cuentan con un banco pesquero riquísimo y Galicia con un sector pesquero muy importante. Y esto puede ser una «tentación» o una oportunidad.

La «tentación» fue negociar con el ocupante ilegal. Y así se firmaron una serie de acuerdos (el último en vigor desde de 2007) pagando dinero a Marruecos para pescar en aguas ¡que no son «marroquíes»! Beneficios de los que las autoridades marroquíes no han dado participación a la población saharaui (dueña de los caladeros). Esta fórmula es la que satisface los intereses del gobierno marroquí. El resultado de esta política lo acabamos de ver: los saharauis, en el campamento de Akdaim Izik se reunieron para protestar contra el expolio de sus recursos y su protesta fue ahogada en sangre por Marruecos.

La «oportunidad» fue la de denunciar el acuerdo de Madrid y decidir que España podía seguir pescando en esas aguas sin pedir permiso a Marruecos porque España es la «potencia administradora». Una parte de esos beneficios podría luego transferirse a la población saharaui autóctona. Esta fórmula respondía al interés de España. Pero se prefirió primar el interés de Marruecos. Ahora el Parlamento Europeo ha pedido a la UE «que inste al Reino de Marruecos a que acate el Derecho internacional en lo que se refiere a la explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental». Se acaban las «tentaciones». Y quizás es tarde para las «oportunidades». Es lo que tiene no hacer las cosas bien.

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No hay mayor "Fiesta" en España que la catalana
Francisco Rubiales Periodista Digital 27 Noviembre 2010

Artur Mas hace demagogia y engaña a su pueblo cuando habla de que los impuestos de los catalanes sirven para pagar la "Gran Fiesta" que se ha hecho en la España de los últimos años. Miente y engaña porque oculta a los catalanes que la mayor fiesta de España ha sido la catalana y que todos y cada uno de los dramas y lacras de la España del presente, que son muchos, tienen en Cataluña su escenario más terrible y escandaloso.

La clase política catalana ha demostrado ser más corrupta e ineficiente que la de cualquier otra región de España; la imagen de Cataluña, envidiable hace años, está hoy por los suelos, enfrentada a buena parte de los españoles como consecuencia de la arrogancia y la insolidaridad de la casta política catalana; en Cataluña se han cobrado más impuestos a los ciudadanos y más comisiones ilegales desde los partidos, financiados con mayores dosis de corrupta ilegalidad que en cualquier otra autonomía española; el retroceso de la economía, consecuencia de la crisis y del mal gobierno, ha sido más intenso en Cataluña que en cualquier otra región española. Detrás de Cataluña, figura Andalucía como campeona de la mala imagen, la corrupción, el mal gobierno y la ineficacia.

Si algún lector quiere darse un "baño" de inmundicia catalana que visite el blog La Gran Corrupción, un muestrario sobrecogedor de irreegularidades, mafias y delitos, cuyos protagonistas casi siempre son los partidos políticos catalanes, protegidos por el sistema con una impunidad vergonzante y antidemocrática.

El nacionalismo, en Cataluña y en el mundo entero, siempre se ha nutrido del engaño y del victimismo y Convergencia i Unio no es una excepción. Artur más miente y engaña a su pueblo cuando promete un concierto especial que dote a Cataluña de un estatus especial ante Hacienda, con el fin de no pagar la "gran fiesta" de España. La verdad, cuidadosamente ocultada por el nacionalismo manipulador, es que no existe en toda España una fiesta más impúdica, corrupta y antidemocrática que la que ha protagonizado la clase política catalana en los últimos años, a costa de la prosperidad de su propio pueblo.

Voto en Blanco

Cataluña / el oasis catalán
El estatuto está en el parking
Que nadie se sorprenda si, después de las elecciones, el victimismo estatutario aparece de nuevo
MIQUEL PORTA PERALES ABC Cataluña 27 Noviembre 2010

Aún recuerdo aquella masa provista de banderas y pancartas que —gritos, vítores, canciones e insultos— invadió el Paseo de Gracia una calurosa tarde de julio. Aún recuerdo el estribillo: la sentencia del Tribunal Constitucional es una ofensa a la dignidad de Cataluña. Una provocación planificada —decían— contra Cataluña y los catalanes. Fue entonces cuando el nacionalismo catalán de derecha e izquierda —todos a una— se conjuró en defensa de un Estatuto que habría sido impunemente recortado por el Alto Tribunal. Aún recuerdo la promesa del PUC (Partido Único Catalán integrado por CiU, PSC, ERC e ICV): unidad y resistencia frente a la agresión y una política de neutralización de la sentencia mediante acuerdos legislativos.

Los calores del verano marcharon y llegó esa época templada del año que es el otoño. Y con él vinieron las autonómicas. ¿Qué queda de aquella manifestación de julio? ¿Qué queda del afán de unidad y resistencia de los partidos nacionalistas de derecha e izquierda? Nada. El Estatuto ha desaparecido en campaña. ¿Piden pruebas? Vayamos a los documentos. Es decir, a la propaganda escrita que los partidos han distribuido por los hogares catalanes. ¿CiU? En el decálogo de la «Cataluña mejor» que promete Artur Mas aparece, en octavo lugar —el primero es para la crisis—, el «derecho a decidir nuestro futuro». ¿PSC? En el díptico —en catalán y castellano— en que José Montilla afirma ser «garantía de progreso», los socialistas piden el voto «en defensa del autogobierno» y «en defensa de las políticas sociales».

Convergentes y socialistas no mencionan para nada el Estatuto. ¿ERC? El tríptico del candidato Joan Puigcercós se abre con la siguiente declaración: «Valiente convocará un referéndum por la independencia». En las páginas interiores se proponen «respuestas a la crisis», «lucha por la transparencia y la regeneración», «la apuesta por las políticas sociales», «territorio e infraestructuras» y, en último lugar, avanzar «hacia el Estado propio». En ninguna página aparece el Estatuto que la formación republicana prometió defender. ¿ICV? En un número extraordinario de la revista Treball, Joan Herrera presenta «Las 30 prioridades de ICV-EUiA para una salida justa y ecológica de la crisis». En la prioridad 23 se habla de un «plan para el autogobierno para recuperar el Estatuto: reforma de la Constitución en un sentido federal y plurinacional; y ejercicio del derecho a decidir, en caso de negativa del Estado a la reforma constitucional». ¡Por fin alguien habla del Estatuto!

Revisada la propaganda electoral de los partidos pro recuperación íntegra del Estatuto, constatado que sólo uno de ellos menciona el término «Estatuto», se impone la pregunta: ¿por qué los partidos nacionalistas ocultan el Estatuto de sus amores y se olvidan del conjuro del mes de julio? Porque, perciben que a la ciudadanía le preocupa la crisis. Porque, perciben que a la ciudadanía no le interesa el Estatuto. ¿Aprenderán la lección? Lo dudo. Que nadie se sorprenda si, después de las elecciones, el victimismo estatutario aparece de nuevo. ¿Qué sería del nacionalismo sin la cultura de la queja? Nada. El Estatuto está en el parking.

Cataluña / LOS PASOS PERDIDOS
Las cuotas que nadie cuestiona
IVA ANGUERA DE SOJO ABC Cataluña 27 Noviembre 2010

LOS estrategas de CiU y el PSC han vertido lágrimas de cocodrilo esta semana tras la negativa de la Junta Electoral a autorizar un «cara a cara» Mas-Montilla. El propio candidato socialista lamentaba la noche del martes el exceso de celo de la Junta al prohibir el careo por un «formalismo» mientras sus colaboradores no ocultaban su extrañeza por el no rotundo de la JEC —la cosa se aprobó por unanimidad, algo que ya casi no se ve en las instituciones catalanas—. Para dejar clara su consternación, ayer pusieron el tema en manos de la Justicia, con un recurso ante el Tribunal Supremo. Una sorpresa que CiU se miraba con sorna, consciente de las pocas opciones reales de celebrar el debate, en el que Montilla veía uno de sus últimos cartuchos electorales.

Lo que parece realmente increíble es que, después de las imposiciones a las que se ven sometidos los periodistas a cuenta de la Junta Electoral y los bloques dictados por los partidos, alguien pueda sorprenderse cuando la Junta es igualmente ortodoxa a la hora de autorizar un «cara a cara» que no había sido solicitado por los cauces reglamentarios. Los periodistas de medios públicos están hartos de desgañitarse reclamando un poco de respeto por su profesionalidad y campaña tras campaña expresan sus quejas, por antena y en vivo cuando tienen a tiro a cualquiera de los candidatos, doy fe de ello. Y todos los candidatos sin excepción aseguran comprender su frustración, pero argumentan que los bloques son necesarios y, sobre todo, que es imposible ponerse de acuerdo en un sistema alternativo.

Esta vez, el Consejo de Gobierno de la Corporació, el organismo desde el que los partidos extienden su control sobre TV3 y Catalunya Ràdio, fijó una proporción que establecía que por cada minuto dedicado a Ciudadanos deben emitirse 6 minutos y 15segundos —ni uno más ni uno menos— de información sobre CiU, 5'22” de los socialistas, 3 minutos y un segundo de ERC, 2'24” del PP y otros 2'12” de ICV. Tampoco es posible confrontar candidatos, ya que CiU debe abrir siempre el bloque electoral, ordenado de mayor a menor. Vamos, toda una demostración de flexibilidad y confianza en los profesionales. Y, por cierto, España es el único país de la Unión Europea en el que la Junta Electoral —es decir, los partidos— se atreve a decirles a los periodistas cuantos minutos deben dedicar a cada información. La BBC tiene mecanismos de control interno y las públicas francesas y belgas son controladas por sus respectivos consejos audiovisuales. Los demás, ni eso. Y claro, organizar un «cara a cara» es sustancialmente más sencillo.

Nacionalismo versus localismo
El nacionalismo del BNG se enfrenta a su espejo convexo en el localismo que impera en algunas de las ciudades
ALFREDO AYCART ABC Galicia 27 Noviembre 2010

FERNANDO Blanco, el ejecutor del anulado concurso eólico del bipartito, resumido en la foto del ex vicepresidente Anxo Quintana en el yate del constructor beneficiado, dirigió en septiembre de 2007 un viaje comercial a Japón. Allí los representantes del bipartito obligaron a sus estupefactos anfitriones a retirar en varias ocasiones la bandera de España que, junto con las de Japón y Galicia, figuraba en algunos de los actos oficiales. No pudieron hacer lo mismo con un grupo de ancianos que intentaron obsequiarles enarbolando las enseñas nacional y de la Comunidad en un simpático recibimiento.

La anécdota ilustra el desapego, cuando no rechazo visceral, de los nacionalistas hacia la España a la que pertenecen. Nada que no haya comprendido ya cualquier gallego que escuche las diatribas de diputados como Bieito Lobeira, pertinaz en la utilización del idioma como un arma política más. Cualquier instrumento —falsificación de la historia, eliminación de símbolos, adoctrinamiento infantil, imposición lingüística— es bueno para conseguir el objetivo de expurgar de la memoria colectiva de la Comunidad cualquier asomo de pertenencia a una de las primeras naciones europeas.

El detalle de las banderas tiene, con todo, otra lectura de similar enjundia. Se refiere a la dejación de responsabilidades del Estado, bien por incapacidad de la embajada de España para defender su prestigio, bien por cómplice aquiescencia del Gobierno con excluyentes veleidades identitarias. Y no hay que olvidar que se produce en la época de las aventuras del federalismo asimétrico y la reforma —anticonstitucional en sus aspectos primordiales— del Estatuto de Cataluña que auspiciaba Zapatero.

El nacionalismo del BNG se enfrenta a su espejo convexo en el localismo que impera en algunas de las principales ciudades de Galicia, cuyos alcaldes, acuciados por la proximidad de las municipales, se han embarcado en una estrategia suicida de reductor ombliguismo, a costa de renunciar a su indudable capacidad de liderazgo. En lugar de reprobar la irresponsable demagogia del edil de Vigo, Abel Caballero, sus correligionarios socialistas Javier Losada y, en menor medida, Sánchez Bugallo, se han lanzado con entusiasmo a su carrera de artificioso y estéril victimismo.

La puja absurda de La Coruña, Santiago y Vigo, por comprar, a ser posible con fondos ajenos, la apertura de rutas aéreas, se suma al espectáculo esperpéntico de la multiplicidad de ofertas a los asombrados directivos de Mitsubishi, que intenta imponer un mínimo de cordura en las negociaciones para ubicar su hipotética planta de componentes automovilísticos. Nada nuevo tampoco en una Comunidad con tres universidades o dos puertos exteriores separados por un brazo de mar, lujos de bonanza inasumibles en momentos de crisis.

Porque también en este caso hay una segunda lectura, que obligaría a la Xunta a recordar que le corresponde adoptar decisiones, incluso en periodo preelectoral.

Que hable la Cataluña silenciosa
EDITORIAL Libertad Digital 27 Noviembre 2010

Los altos índices de abstención electoral en los países más estables, libres y con una democracia más consolidada son una señal de que la mayoría de la población prefiere concentrarse en sus propias vidas que en la res publica, pues sabe que la capacidad del poder político para alterarle la existencia es muy reducida. En otras comunidades, sin embargo, la abstención puede ser un signo de desafección hacia su clase gobernante o directamente una señal de irresponsabilidad por parte de una población que coloca todo el poder en manos de unos políticos que no dudan en restringir sus libertades.

Éste es precisamente el caso de Cataluña. En las elecciones del próximo domingo todas las encuestas vaticinan una alta abstención. Por un lado podría parecer una actitud comprensible, por cuanto el Tripartido ha terminado de hundir una Cataluña que dos décadas de pujolismo ya se habían encargado de asfixiar. Los últimos años de la región –precisamente los años de ese Estatut tan indispensable que iba a elevar el nivel de vida de los catalanes– serán recordados como unos de los más negros de su historia, salvando los que puedan venir de aquí en adelante. Al cabo, los dos partidos mayoritarios, CiU y el PSC, son los dos principales responsables de haber llevado a la comunidad autónoma a esta situación de colapso.

Por otro lado, sin embargo, no es admisible que se arguya que la cleptocracia nacionalista y socialista ha medrado políticamente durante 30 años a costa de la "Cataluña silenciosa" y que, en cada cita electoral, esa Cataluña permanezca silente. Es hora de que los ciudadanos que tengan vocación de serlo se reivindiquen y abandonen la cómoda pero peligrosa posición de siervos. Es posible que ninguna opción política que concurra el próximo domingo se ajuste a las exigencias y a la ideología de cada votante en particular, pero desde luego existen opciones claramente menos malas que otras.

El cambio en Cataluña no pasa por que CiU le arrebate el Govern al Tripartito, sino por que se abandone la autocracia nacionalista que desde siempre la ha sometido y por que se restaure un régimen de libertades que limite el poder político y permita a cada ciudadano catalán vivir su propia vida sin la torticera voluntad dirigirista y constructivista de su clase política. Por eso hay que ir a votar este domingo 28 de noviembre, para que la Cataluña silenciosa hable de una vez y no les entregue por incomparecencia el poder a los mismos gobernantes corruptos y liberticidas de siempre. Que la mayoría de la población se abstenga o vote en blanco en una situación de emergencia regional y nacional es lo mismo que salir a la calle a entonar el tan español "¡Viva las Caenas!". Esperemos que el domingo las cosas tomen, por primera vez en 30 años, un nuevo rumbo; un rumbo que no se dedique a aniquilar las esferas de libertad individual sino a ampliarlas tanto como sea posible.

Elecciones catalanas
A votar el 28-N
Clemente Polo Libertad Digital 27 Noviembre 2010

Los resultados de algunas encuestas publicadas el pasado fin de semana sobre las elecciones autonómicas en Cataluña anticipan un panorama de pesadilla para cualquier demócrata preocupado por la degradación de la vida política. De confirmarse esos resultados, menos del 50% del censo acudirá a las urnas y más del 10% votará en blanco. La coalición de CDC y UDC acaparará casi el 40% de los votos y rozará la mayoría absoluta, mientras los dos principales partidos integrantes el tripartito se hundirían (PSC) y desintegrarían (ERC). La perspectiva de que Mas, Puig, Osàcar, etc., los líderes de CDC y principales responsables políticos del saqueo de la Fundació Orfeó Català-Palau de la Música orquestado por Millet y Montull mientras gobernaban la Generalitat de Cataluña, puedan volver a dirigir el Gobierno catalán y a controlar el Parlament produce escalofríos.

Todo el mundo goza de libertad para decidir no votar o votar en blanco, según encuentre más conveniente, pero permítanme que a unos pocos días de las elecciones del 28-N les anime a votar a alguna formación política. Soy consciente de que el abultado porcentaje de abstención y el insólito, por elevado, porcentaje de voto en blanco que pronostican las encuestas electorales tienen su explicación en el hastío que embarga a buena parte de los ciudadanos ante lo que considera el tercer problema de nuestra democracia: la clase política y la corrupción que con muchos tonos e intensidades ha hecho presa en ella. Sin embargo, antes de abstenernos o votar en blanco deberíamos pensar –como decía hace unas semanas Javier Marías– en el día después y preguntarnos si queremos ver de nuevo a CDC instalada en el gobierno de la Generalitat y a Artur Mas convertido en el Honorable President de Cataluña.

Si Mas tuviera un mínimo de dignidad habría dimitido ya hace muchos meses ante la acumulación de indicios documentales desde que se destapó el caso Palau en julio de 2009 que indican, más allá de toda duda razonable, que CDC se financió con comisiones pagadas por empresas a las que los gobiernos de Pujol y Mas adjudicaron obras y concesiones de servicios multimillonarias. Cuando muchos de los hechos que la justicia está investigando se produjeron, Mas era consejero de Economía (1997-2001) y primer consejero de la Generalitat (2001-2003), Daniel Osàcar, para quien el fiscal ha solicitado ya su imputación era el secretario personal de Mas (2000-2005), y Felip Puig su consejero de Política Territorial y Obras Públicas (2001-2003). Que Mas siga hoy en política y aspire a presidir el Gobierno de la Generalitat es una infamia incomprensible y una indicación del elevado nivel de putrefacción que ha alcanzado la política en Cataluña.

Puede ser que a falta de una opción que a nuestros ojos dignifique la actividad política tengamos que acudir a los colegios y acercarnos a las urnas con las narices bien tapadas, pero es casi una obligación moral ir el día 28 de noviembre a votar a cualquier otra formación distinta de CDC, el partido que ha protagonizado el escándalo más notorio cuantitativa y simbólicamente de financiación ilegal de nuestra democracia: el saqueo del Consorcio del Palau de la Música y, sobre todo, de la Fundación Orfeó Català-Palau de la Música, utilizada por Félix Millet para canalizar y blanquear las comisiones pagadas por las empresas beneficiadas por los Gobiernos de Pujol, Mas y Cía con adjudicaciones de obras públicas y concesiones de servicios. Porque si faltamos a la cita o acudimos y no votamos a otros partidos, estaremos facilitando el camino a Mas y al partido que se han presuntamente financiado desde al menos 1999 empleando mecanismos más propios de la mafia que de una organización política democrática.
Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribe regularmente en su blog.

Ciudadanos
Un mérito indudable
Maite Nolla Libertad Digital 27 Noviembre 2010

Tengo que reconocerles que estoy dándole vueltas a la teoría de Luis del Pino, que desea que PP, Ciudadanos y UPyD tengan un buen resultado. Podemos estar de acuerdo en que algunos, especialmente los primeros, se lo merecen entre poco y muy poco, pero al final es preferible que en el Parlamento catalán haya una veintena de diputados no nacionalistas, con todos sus defectos, que no que la representación se quede en diez o doce. Otra cosa es el mal menor: eso es tener que escoger entre Lissavetzky y Gallardón. Además, viendo como el futuro presidente perdonaba la tara de hablar en castellano en tevetrés y como eso ha dado vía libre a la opinión subvencionada para llamar idiota a Albert Rivera y a la candidata del PP, que se pegó a su rueda, ya tienen un motivo de más para desearles un feliz domingo. Por cierto, volviendo al tema del frenopático, qué difícil es explicar, después de treinta años de terapia, que hablar en castellano en tevetrés es algo que debería ser normal.

Desde luego, si al final Ciudadanos consigue entrar en el Parlamento autonómico de nuevo, tendrá un mérito indudable. No sólo por el hecho de que se hayan recuperado de sí mismos, sino porque han entrado en un periodo de buena suerte y buena imagen, impensable hace un año. El cambio y el reconocimiento de errores pasados es más una impresión que una realidad, y es que, como ya les he dicho alguna vez, a Ciudadanos se le atribuyen las batallas y las causas de Pepe Domingo o de Paco Caja, cuando ninguno de los dos es de Ciudadanos, y cuando Ciudadanos ha ido a remolque de ellos, y el PP a remolque de todos los demás. Pepe ha recuperado su plaza, y Paco Caja cierra la lista de UPyD por Barcelona.

Los intelectuales han vuelto todos, menos Boadella y Teresa Giménez que están con UPyD. Han vuelto incluso los que se fueron con gran aparato eléctrico, ya fuera por lo de Libertas o por la fundación del partido de Rosa Díez. La baja de la candidata a la alcaldía de Barcelona y de algunos militantes más, la han suplido con creces con Joan López, ex diputado del PP, un tipo al que yo votaría se presentara por el partido que se presentara. Han recogido a los que no caben al lado de Rosa Díez, y han conseguido pasarle a ella todas las crisis y mini crisis de los primeros tiempos y su correspondiente amplificación. Cuatro años atrás, la baja de un militante censado en el segundo izquierda, escalera B, de la calle Barquillo doce, era considerada el inicio de una nueva crisis; hoy, errores de mucha más enjundia pasan desapercibidos. Incluso han conseguido que se obvie que en alguna provincia, en las listas de UPyD en estas elecciones hay más candidatos de Ciudadanos en 2006, que en las de Ciudadanos. Y, con todo ello, si las encuestas aciertan y no se ha inflado el globo, Ciudadanos está en condiciones de repetir el éxito de 2006.

Si eso acaba siendo así, será un mérito indudable. Les dejo para otro día analizar por qué después de cuatro años el PP sigue teniendo a su lado, más o menos a su izquierda, el mismo problema; si es que lo tiene, claro.

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