AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 6 Diciembre  2010

 

Ya estábamos en estado de alarma
Editorial www.gaceta.es 6 Diciembre 2010

Seamos sinceros con nosotros mismos; mucho antes de que el Rey sancionase desde Buenos Aires el estado de alarma, ya nos encontrábamos así. Le pese a quien le pese.

Tras dos días de auténtico infarto, de furia informativa, durante los cuales apenas se ha hablado de otra cosa que del caos provocado por la huelga encubierta de los controladores aéreos, podría ser que no nos dejasen ver la magnitud de la catástrofe –y no precisamente aeroportuaria– a la que colectivamente nos enfrentamos. Porque la realidad es que las torres de control de los aeropuertos no son, ni de lejos, el mayor problema del país. España se encuentra sumida en la mayor crisis económica del último medio siglo, una agudísima recesión que ha venido acompañada de una no menos preocupante crisis política con su corolario de falta de legitimidad para la casta que nos gobierna, y de una profunda crisis de valores que, aunque cristaliza hoy con singular fuerza, arrastramos desde hace una generación.

En esta difícil coyuntura de triple crisis, que se produce, para colmo, de un modo simultáneo, nos hallamos. La económica, quizá la que más certeramente perciba la ciudadanía, no tiene visos de arreglarse en el medio plazo. La economía nacional está paralizada. Y una afirmación como ésta no entra dentro de lo opinable, sino que está atada a hechos perfectamente contrastables, como las desmadradas cifras de desempleo, el endeudamiento público y privado, la fuga de capitales o la ya crónica anemia inversora por parte de los agentes privados.

Las recetas aplicadas sobre el enfermo, una suerte de sangría presupuestaria adornada con grandes dosis de demagogia populista, se han revelado del todo ineficaces. España está mucho peor que hace tres años, momento en que el PIB empezó a caer en picado. Los sucesivos planes de estímulo y las onerosas políticas “sociales” anunciadas a bombo y platillo por Zapatero lo único que han conseguido es asfixiar a los contribuyentes y poner al Estado al borde mismo de la bancarrota en dos ocasiones: una, en el mes de mayo; la otra, hace sólo unos días.

Las reformas que la economía precisa no llegan, o lo hacen con cuentagotas para luego ser retiradas o dulcificadas cuando la fría matemática de las encuestas electorales se vuelve adversa para el inquilino de La Moncloa. Con estos bueyes, definitivamente, no podemos arar, simplemente porque desconocen tan elemental faena.

Éste, el de una casta política elefantiásica e incapaz de atender las demandas de los ciudadanos, es el segundo gran problema de España. Lejos de constituirse en modelo a imitar, los políticos viven en un mundo aparte, rodeados de comodidades, entregados a la ingeniería social y la autocomplacencia, cuando no a la corrupción y el clientelismo. Como consecuencia, las instituciones se encuentran bloqueadas y el crédito de la política en mínimos históricos.

Por último, como mar de fondo, España sufre en silencio una crisis de valores. El relativismo más zafio se ha instalado en nuestra sociedad, que apenas ya distingue entre lo bueno, lo malo y lo peor. De esta gravísima dolencia de orden moral tal vez sea la educación su síntoma más evidente. Tomando por bueno el pernicioso principio del todo vale, la sociedad se ha infantilizado, encumbrando la irresponsabilidad individual y la cultura del mínimo esfuerzo.

Ante problemas de tal envergadura, pretender que el mayor es una simple huelga de controladores, por muy salvaje que ésta haya sido, es propio de sonámbulos que han perdido todo contacto con lo que de verdad está sucediendo a su alrededor.

Seamos sinceros con nosotros mismos; mucho antes de que el Rey sancionase desde Buenos Aires el estado de alarma, ya nos encontrábamos así. Le pese a quien le pese.

Las reformas imposibles
César VIDAL La Razón 6 Diciembre 2010

Este fin de semana pasado, ZP se ha quedado sin paseo por las Américas porque había que aprobar reformas urgentes exigidas por Bruselas. Las anunciadas por ZP pueden ser calificadas como pasos en la buena dirección, pero resultan tardías, pobres e insuficientes. No sólo eso. Dejan de manifiesto por enésima vez que las decisiones tomadas por la mayoría de la casta política se dirigen no a solucionar los problemas de los ciudadanos sino a perpetuar un conjunto de privilegios intolerables. Permítaseme brindar algunos botones de muestra.

Por ejemplo, ZP podría ayudar a las PYMES ordenando que se les devolviera el IVA no reintegrado o que les pagaran el dinero que les deben las administraciones públicas. Esas medidas las ayudarían mucho más que, por ejemplo, suprimir la obligatoriedad del pago a las cámaras de comercio. ZP también podría recortar el gasto público mediante la supresión de innecesarios asesores o gracias la eliminación de las subvenciones destinadas a los sindicatos, la patronal, los titiricejas o los gays del Perú.

Incluso ZP podría satisfacer a Bruselas escuchando los clamores que eleva contra el gasto elefantiásico de las autonomías recortándolo e impidiendo emisiones de bonos como las que ha realizado Cataluña y ahora pretende llevar a cabo Valencia. En todas y cada una de esas direcciones, ZP no ha dado ni un solo paso. Por añadidura, en lugar de todas esas medidas –y de otras parecidas que podríamos mencionar– ha preferido sumir en la miseria a centenares de miles de parados quitándoles la ayuda bien reducida de los poco más de cuatrocientos euros.

Si ZP ha actuado así se debe a un hecho fundamental que se insiste, pertinaz y testarudamente, en pasar por alto y es que todas las medidas que he mencionado y que serían mucho más eficaces frente a la crisis chocan directamente con los privilegios de la casta política y de las clientelas que ésta mantiene en torno suyo. Como en otros períodos de la Historia universal –la Francia de 1789, el Sur norteamericano previo a 1861, la Rusia anterior a la primera guerra mundial…– en la España de 2011, se dan cita importantes grupos de privilegiados que viven a costa del trabajo de la mayoría con la terrible añadidura de que esos mismos privilegiados son los que tienen que llevar a cabo una serie de reformas indispensables que implican el recorte drástico de sus privilegios.

Pedirles que realicen esas reformas es tarea tan colosal como la de esperar que el plantador de algodón de Alabama de 1860 emancipara a los esclavos o los aristócratas franceses del finales del s. XVIII toleraran que los burgueses instruidos avanzaran en la escala social. Resulta, por tanto, difícil esperar que lo hagan y que vayan contra las sinecuras y canonjías que durante décadas han ido acumulando, entre otros, rapaces nacionalistas y asesores fantasmales, políticos ignorantes y subvencionados diversos, liberados sindicales y empresarios domesticados. Y, sin embargo, todos ellos, en un gesto de egoísta autoconservación, deberían reflexionar en que si no renuncian siquiera en parte a los privilegios de que disfrutan de manera injusta, si no aceptan disminuir siquiera en parte la carga que soportamos los ciudadanos y si no llevan a cabo en la medida de lo indispensable una serie de reformas irrenunciables, al final, el edificio se acabará colapsando desplomándose también sobre sus propias cabezas.

El traje gastado
El Gobierno ha puesto en tensión los límites de las garantías con la cuestionable declaración del estado de alarma
IGNACIO CAMACHO ABC 6 Diciembre 2010 6 Diciembre 2010

PARA celebrar el Día de la Constitución, el Gobierno ha puesto en tensión los límites de las garantías con la cuestionable declaración del estado de alarma ante un conflicto laboral. Es lo que el zapaterismo lleva haciendo casi siete años: forzar la Carta hasta reventarle las costuras y acelerar su desgaste como si fuera un traje estrecho. El presidente ha ofrecido siempre la sensación de sentirse incómodo en el marco constitucional, y al no tener mayoría ni encontrar consenso para reformarlo ha optado por situarse en márgenes fronterizos hasta bordear el fuera de juego. La erosión de la modernidad ha precipitado el envejecimiento de la norma dejando al aire insuficiencias y vacíos, pero su vigencia habría aguantado mejor sin la tensión a la que la ha sometido la continua fricción con la ingeniería aventurerista de Zapatero.

Aunque a día de hoy la Constitución parece susceptible de reforma, pulido y amejoramiento, todavía es capaz de sostener la convivencia nacional con un alto grado de integración y ha alcanzado con razonable eficiencia una longevidad inédita en la triste historia de las libertades en España. Prueba de ello es que aún no se ha alcanzado un nivel de acuerdo político ni social superior al que logró alumbrarla, y ése es precisamente el requisito imprescindible de cualquier modificación futura. En un momento en que ni siquiera es posible un pacto para estabilizar la economía, pensar en una reformulación constituyente representa una quimera voluntarista. No existe generosidad en la vida pública ni queda un átomo de aquel patriotismo tolerante y conciliatorio que hizo posible la refundación democrática. De la crispada y sectaria atmósfera actual sólo podría salir un invento bastante peor que el vigente.

Sin embargo, la imprescindible regeneración que exige una España en grave crisis de atrofia y deterioro aconseja empezar a plantearse la actualización de las bases legales que impulsen un nuevo despegue. Más pronto que tarde habrá que revisar a fondo un modelo territorial que ha hecho crisis, reordenar las funciones del Estado, analizar el fracaso de algunas instituciones y acaso reinventar el sistema electoral. A medio plazo va a ser necesario un pacto de Estado capaz de definir nuevas reglas válidas para otras cuantas décadas, y conviene que las fuerzas hegemónicas piensen en ello cuando aborden sus programas electorales si pretenden alcanzar una cierta altura de miras a la medida de sus responsabilidades.

Entretanto, bastaría con que Zapatero deje de estirar las junturas de la Carta para arreglarse a su antojo a base de reventarle los márgenes; justo en vísperas de la efemérides de hoy ha utilizado el estado de alarma con una ligereza como mínimo discutible. Y por si no fuese suficiente ha solventado la crisis de los controladores con una invención extraconstitucional de facto: la copresidencia del Gobierno.

¿Donde está el socialismo español?
Francisco Rubiales Periodista Digital 6 Diciembre 2010

Hoy celebramos con vergüenza la "fiesta" de la Constitución en "Estado de Alarma". Bajo el liderazgo de Zapatero, el socialismo español ha desaparecido, tras haber sido aniquilado por una manada de lobos cuya única ideología es el poder y cuya única verdad es el privilegio.

Aquel socialismo humanista de Jaurés y León Blum, basado "en la conciencia de igualdad natural, nacido de la compasión y de la cólera que suscitan en todo corazón honesto los espectáculos intolerables de la miseria, el frío y el hambre" (León Blum citado por Jean Touchard) está a años luz de distancia del actual socialismo que lidera Zapatero, basado en el privilegio. El verdadero socialismo es humanista y ético, pero el que hoy gobierna España se basa en la adoración del poder y de sus privilegios.

El socialismo democrático nace para poner freno a los abusos del marxismo, que genera tiranía de la materia y de los políticos profesionales que gestionan el poder. Es el conocimiento, junto con la información veraz, lo que permite al verdadero hombre socialista cambiar la historia con una "acción creadora", una filosofía que se encuentra en las antípodas del "Zapaterismo", que se ha transformado en una perversión del socialismo dominada por la mentira, la desinformación, la opacidad y todos los recursos que propician la oscuridad, la desinformación y la confusión.

Si en la militancia socialista española quedaran en pie algunos de los viejos valores, aunque fuera de manera residual, el Zapaterismo nunca habría sido posible. Un sistema así de perverso, basado en la oscuridad y el engaño, sólo puede prosperar sobre tierras abonadas con pobreza mental, espíritu de revancha y odio al adversario y a todo lo que impida el control del poder y el dominio.

Fechorías como las alianzas contra natura para mantenerse en el poder, la compra de votos nacionalistas con dinero público, la mentira reiterada y convertida en política de gobierno, la entronización de la corrupción en el sector público, el estímulo de la desigualdad, las agresiones contra la Constitución y otras muchas, causantes de dramas como la pérdida e la confianza ciudadana en el liderazgo político, el desprestigio de la política y del sistema, el hundimiento de los valores y el fracaso de la economía, con el consiguiente auge del desempleo, la pobreza, el dolor y la destrucción de las capacidades productivas y creativas de la sociedad, obras del "zapaterismo", nunca podrían haber sido toleradas (y menos todavía apoyadas) por socialistas auténticos.

¿Cómo es posible seguir siendo socialista mientras se contemplan los "estragos" causados en España por Zapatero y sus acólitos? ¿Cómo puede un socialista convivir sin traumas con los concursos públicos trucados, con las listas negras de personas y empresas represaliadas por sus ideas, con la colocación masiva en las filas del Estado, nutriéndose de un agotado presupuesto público, de cientos de miles de militantes, familiares y amigos de militantes, gente privilegiada que desplaza a otros cientos de miles de profesionales y ciudadanos que no pueden acceder a ese trabajo únicamente porque no son "amigos del poder"?

Para descubrir toda la maldad antisocialista del zapaterismo basta comparar los hechos y fechorías del actual socialismo español con aquella descripción del socialismo que hizo un día el socialista belga Henri de Man, discípulo y continuador de las ideas de Eduard Berstein: "El movimiento socialista es a la vez el defensor de la democracia que la burguesía ha olvidado y el realizador del ideal cristiano que la Iglesia ha traicionado".

Es así como muchos entendíamos el socialismo y es la sucia traición del Zapaterismo a esos principios y al socialismo humanista y ético la que nos coloca cada día enfrente de Zapatero, combatiéndole con las ideas como lo que es: una terrible plaga ética y política para España.

Voto en Blanco

Zapatero improvisa: 600.000 personas más en la miseria
@Roberto Centeno. El Confidencial 6 Diciembre 2010

Repitiendo el mismo guión que el 7 de mayo cuando los mercados nos negaron el crédito poniéndonos al borde del abismo, Zapatero, presionado al límite por sus homólogos europeos, se ha visto obligado a improvisar deprisa y corriendo, en la línea de lo que le exigían. Elimina un gasto, sube un impuesto, hace como que baja otro, e intenta hacer caja vendiendo los restos de la macrodesamortización de Rato, que equilibró las cuentas públicas sin realizar reforma estructural alguna y sin despeinarse, malvendiendo las joyas de la corona. “En la buena dirección”, dicen algunos, pero implementado en forma tan antisocial y chapucera, que casi no puede creerse que nadie en sus cabales pueda perpetrar una tropelía de tales dimensiones.

Había pasado olímpicamente de los 37 del picnic, cerrando la charlotada del sábado 27 con la vaga promesa de acelerar las prometidas reformas. Pero el lunes 29, primer día de una semana horribilis -ante el desplome de las bolsas y de la deuda-, los líderes europeos presentes con él en Trípoli le exigieron la adopción de medidas inmediatas, corroboradas por llamadas urgentes de otros líderes europeos no presentes. Zapatero no tuvo más remedio que coger el teléfono y ordenarle a la Sra. Salgado, que de lo afirmado por activa y por pasiva de que no se tomarían más medidas, nada de nada, y que preparara algo ya mismo. Como es habitual en este Gobierno, para quien la improvisación y la incompetencia es la norma, la decisión adoptada es una auténtica chapuza, excepto por sus devastadoras consecuencias para unas 600.000 personas (según UGT) sin cobertura alguna, y para más de ocho millones de pensionistas.

Pero la calma en los mercados no depende de este enésimo parche de Zapatero, depende solo del BCE. El cambio de tendencia se ha producido gracias a Trichet, que cogido como rehén por los mercados, no ha tenido más remedio que hacer algo, aunque solo lo justo para ganar tiempo en espera de que los Estados ajusten sus presupuestos, algo que en el caso de España resulta estructuralmente imposible. Mientras tanto, nuestros responsables económicos han quedado como lo que son, unos auténticos ineptos y unos mentirosos compulsivos: han afirmado hasta la saciedad que no se tomaría medida adicional alguna, y el propio número dos de Economía afirmaría el martes, con toda su cara, que no había que preocuparse de las oscilaciones de los mercados y que no se tomarían más medidas, mientras en su propio Ministerio se estaba elaborando la nueva chapuza. ¿Qué credibilidad pueden merecer estos personajes?.

Las medidas más chapuceras y antisociales posibles
En España hay ya 4,6 millones de parados oficiales -5,6 reales- de los cuales 1,6 sin prestación alguna, según las cifras oficiales. El drama de sufrimiento humano que esto representa es inimaginable. Solo hay que ver las colas en los comedores de Cáritas, de los conventos o las personas buscando comida por las noches en los cubos de la basura de los supermercados para poder subsistir, unas imágenes que nos retrotraen a las etapas más oscuras de nuestra Historia.

Y así, dentro de las mil y una cosas donde se podría haber dado el tijeretazo -suprimir el 90% de los 30.000 asesores inútiles, empezando por los 1.600 de Gallardón; el 90% de los coches oficiales, tenemos más que los EEUU; acabar con las subvenciones a sindicatos, partidos políticos y titiriteros de la ceja; o los infinitos sitios a recortar de un despilfarro que se acerca a los 100.000 millones anuales-, Rodríguez Zapatero, con una inmoralidad y una crueldad incalificables, decide recortar 3.000 millones del colectivo más humilde y más indefenso de la nación. Cerca de 600.000 personas perderán la ayuda de 426 euros, algo esencial para la subsistencia de infinidad de familias, que al perder estos pocos euros se verán enfrentados -y no estoy exagerando- a la miseria o al hambre. No hay palabras para definir tamaño latrocinio. Esto es el socialismo real.

Lo siguiente ha sido la decisión de reformar las pensiones, con o sin consenso, liquidando así el Pacto de Toledo, el próximo 28 de enero. La reforma supone una reducción media de las pensiones del 10%, un primer paso para llegar al recorte del 30% que se necesita para cuadrar las cuentas. Y siendo imprescindibles los recortes porque ya no hay dinero, se trata de una tropelía de proporciones estratosféricas, porque esta situación no deriva de la crisis, sino del hecho de que entre 1982 y 1995, los socialistas utilizaron 250.000 millones de euros de las cotizaciones sociales -entonces no existían cajas separadas- para financiar gasto corriente e inversiones, como la reconversión industrial o el AVE a Sevilla. El expolio fue tan gigantesco que los socialistas dejarían el sistema de pensiones en 1995 al borde de la quiebra. Si el Gobierno devolviera a la caja de las pensiones el dinero del que se apropió indebidamente, es obvio que el recorte de las mismas no sería necesario en muchos años, y el atropello resulta multiplicado por el hecho de que son precisamente las personas de cuyas cotizaciones sociales se apropió el Gobierno a quienes se van a aplicar los drásticos recortes.

Después viene la ampliación del colectivo a quien se aplica el tipo reducido de las pymes (25%), algo con lo que nadie puede estar en desacuerdo, pero que es un brindis al sol por la sencilla razón que la inmensa mayoría de las pymes no tiene beneficios. Y un insulto a los interesados ya que si de verdad quisieran ayudar a las PYMES lo primero que tendrían que hacer es devolver de inmediato los más de 5.000 millones de euros que Hacienda tiene retenidos para mantener la ficción que el déficit del Estado ha bajado. Si de verdad quisieran ayudar a las pymes les pagarían los más de 40.000 millones que les adeudan las AAPP, algunas más de 500 días; si de verdad quisieran ayudar a las pymes, les facilitarían el acceso al crédito, que lo tienen completamente cerrado en la práctica, y si de verdad quisieran ayudar a las pymes, no les hubieran subido el recibo de la luz la salvajada en la que lo han hecho. Pero es que de verdad, no quieren ayudar a las pymes, solo engañar a los ciudadanos. Y por último la privatización de AENA, que me parece perfecta, pero ¿cómo van a sacar 8.000 millones por el 49% de dos aeropuertos en pérdidas y con una deuda de 12.000 millones, si Ferrovial pagó por el 100% de BAA, la AENA británica -seis veces más grande que Barajas y El Prat juntos- 15.000 millones de euros? ¿Dónde está la trampa?

El BCE se limita a comprar tiempo
Comprar tiempo para actuar, tiempo para que los Estados completen sus reformas y reequilibren sus presupuestos. Esta ha sido la acción y el mensaje de Trichet: “De la crisis serán los propios Gobiernos quienes tendrán que salir”. El rechazo a ser más agresivo refleja la creencia del BCE de que los problemas de deuda europeos solo pueden ser resueltos por los propios Gobiernos a base de una austeridad mucho mayor, y que “las inyecciones de liquidez solo sirven para posponer temporalmente el día del juicio final”, y además hace recaer las posibles pérdidas de deuda soberana sobre los compradores. “Los inversores que decidan adquirir deuda de países periféricos, lo hacen a su propio riesgo”.

¿Y qué pasa con España? Está al alcance de cualquiera que se tome la molestia de sumar y restar. El modelo de Estado hace estructuralmente imposible reequilibrar las cuentas. CCAA y Ayuntamientos son los responsables de los dos tercios del gasto, un gasto que se encuentra muy por encima de los ingresos. Y el Gobierno no tiene ni la posibilidad ni la voluntad real de controlar ese gasto. Pero además, España se ha instalado en la senda de crecimiento negativo y no saldrá de ella en un futuro previsible, entre otras razones porque las medidas de recorte y subidas de impuestos no solo no permiten salir de esta situación, sino que la acentúan. El Servicio de Estudios de la Bolsa habla ya de crecimientos negativos e inferiores al -1% para 2011. Mi previsión, ya lo saben ustedes, es de entre un -3 y un -4% por una razón sencilla: es lo que sucede hoy y las medidas en curso solo reducirán esa cifra.

El resultado es obvio: España no podrá reequilibrar sus cuentas, y tendrá que reestructurar su deuda en algún momento, aplicar quitas en “román paladino”. Y aquí aparece el otro gran problema: bancos y cajas han estado financiando la deuda española tomando el dinero del BCE al 1% y prestándoselo entre el 3 y el 5 %. Un chollo. Pero de repente la deuda en sus carteras ha llegado a perder hasta un 10% de su valor, cerca de 9.000 millones. Trichet mantendrá la barra libre, pero ¿qué van ha hacer los bancos?. El BdE -cómo no- ha ideado otra trampa para que estas minusvalías no aparezcan en balance. “Las entidades podrán no integrar las minusvalías generadas por valores representativos de deuda”, pero los inversores no se chupan el dedo. Vean -por ejemplo- las caídas de Santander y BBVA. ¿Van a seguir los bancos comprando deuda “a su propio riesgo”? Y si no lo hacen, ¿va a poder colocar el Tesoro los 170.000 millones que necesita en los próximos seis meses para refinanciar vencimientos y cubrir nuevo déficit? Como no lo compre directamente el BCE y asuma el riesgo, eso es imposible. La crisis de deuda no ha hecho más que empezar.

Cameron, Irlanda y el fracaso europeo
«Las crisis son globales hasta que toca pagar, entonces se vuelven nacionales, obviando que las monedas son un fenómeno político, que no tienen vida propia»
DANIEL REBOREDO El Correo 6 Diciembre 2010

HISTORIADOR
La crisis económica global que padece el planeta está poniendo a prueba a todas las potencias económicas del mismo y sobre todo, por su peculiar halo, a la UE. Hemos vuelto, si es que alguna vez dejamos de hacerlo, a los egoísmos nacionales, y la Europa de la Unión rechina en todas sus estructuras. Las naciones unidas en torno a una misma moneda, el euro, y el sueño europeo carente de un proyecto político solidario y único son un paradigma del fracaso de sus dirigentes y de su concepción, que no desconocimiento, de que lo político se puede separar de lo económico, cuando no es así. La Europa de la ambición, de la codicia y de la ingratitud, liderada por banqueros y grupos de presión con intereses espurios y voracidad sin límites, se ha impuesto sin paliativos. La privatización de la política y de los medios de comunicación que la sirven es una realidad que aleja a la Unión de su fulgor universal y la reduce a las cenizas del provincianismo.

Los protagonistas del momento en este proceso de desubicación ética y conceptual del boceto europeo son Gran Bretaña, Irlanda y Alemania, la omnipresente Alemania. Gran Bretaña por las medidas que el Gobierno de David Cameron pretende llevar a cabo para reducir el gasto público en los próximos cinco años (ahorro de un 7,1% en la financiación de las administraciones locales; reducción del 20% en el gasto corriente de los departamentos ministeriales de Interior, Exteriores y Presidencia y de un 8% en los de Defensa y Justicia; supresión de más de 20.000 millones de euros en ayudas sociales; liberalización de las tasas universitarias, cuyo importe máximo se multiplica por cuatro; recorte de un 40% en la inversión en la educación superior; supresión de unos 600.000 empleos en el sector público; etcétera.). Que las citadas medidas destruyan en Escocia e Irlanda del Norte uno de cada 20 empleos, a los que se sumarían medio millón en el sector privado, y que perjudiquen a los servicios financieros y a la construcción no son más que daños colaterales sin importancia. Que la falsedad de sus afirmaciones respecto a una deuda pública que mantiene su tendencia histórica y a unos mercados financieros que no dudan de la capacidad británica de pagar la deuda sólo tiene una explicación, la de que el Gobierno Cameron-Clegg desea realizar cambios de trascendencia amparándose en los deseos de los citados mercados. La excusa que están utilizando todos los gobiernos de los países de la Unión va encaminada a la destrucción de la Europa social y del Estado del Bienestar suprimiendo el principio de la universalidad de los derechos sociales y laborales e iniciando el camino hacia el Estado asistencial.

Irlanda es el segundo protagonista del folletín europeo destruyendo el optimismo que la foto de los mandatarios comunitarios se hicieron en mayo pasado, después de que el FMI y el BCE rescataran a Grecia con un préstamo de 110.000 millones de euros a tres años y de que desde Bruselas se diera por cerrada la crisis. Los gobiernos europeos (daba igual si eran conservadores, liberales, socialdemócratas o socialistas), disciplinadamente, comenzaron a aplicar drásticos planes de ajuste, con durísimos recortes del gasto público y de las conquistas sociales consolidadas. Pues bien, en esta tesitura el pasado día 19 los representantes de la Unión, del BCE y del FMI transmitieron al Gobierno de Brian Cowen las condiciones que deberá cumplir para ser 'rescatado' (contención del déficit público, reestructuración de su sistema bancario e incremento de su impuesto de sociedades) con decenas de miles de millones de euros. Los ajustes fiscales para garantizar el pago de la deuda serán brutales hipotecando gran parte de lo que produzca el país en los próximos años.

El acuerdo pone en evidencia la extensión y, al mismo tiempo, los límites del convenio económico de la UE y de su expresión más visible, el euro. Euro que fue una maniobra alemana y que ha beneficiado, fundamentalmente, a Alemania. El país ha pagado mucho pero ha ingresado aún más gracias al mercado unificado europeo y a su moneda única. Su comportamiento en los últimos años manifiesta que es un país confinado en sí mismo, cuya política europea la determinan sus prioridades internas y cuya estrategia se basa en conseguir que su balanza comercial tenga superávit a costa de los demás. Clara manifestación de egoísmo y carencia de impulso universalista, castillo de naipes y desdichada calamidad para la Unión, liderazgo de pacotilla que dinamita cualquier avance común. La UE es un manojo de nervios, apagando fuegos aquí y allí, tratando de prever cuál será el próximo país contagiado. Portugal es hoy el candidato más vulnerable y después le seguirán España e Italia. Curiosamente las crisis son globales hasta que toca pagar, entonces se vuelven nacionales, obviando que las monedas son un fenómeno político, que no tienen vida propia y que expresan relaciones concretas en la economía y la sociedad.

La crisis de la UE es parte de la crisis mundial agudizada por la pérdida de su papel como potencia hegemónica mundial y por la dependencia energética del exterior. Su futuro no puede ser más oscuro, ya que a todo lo ya señalado se suma el marco provisional en que se encuentra, con las negociaciones sobre el nuevo escenario presupuestario, la reforma de la PAC y la aplicación del nuevo sistema de toma de decisiones. La gran cuestión a plantearse es si se puede hacer algo que merezca la pena y que tenga utilidad. Un ciudadano europeo difícilmente puede sentirse optimista al contemplar cómo la envoltura democrática de la Unión está recubierta de un estuche antidemocrático en el que priman intereses totalmente opuestos a los de la Europa social. Con crisis o sin ella, la Unión es una quimera.

Cuenta atrás para Marruecos
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 6 Diciembre 2010

En algo tiene razón el régimen marroquí: urge la “reevaluación global” de las relaciones de España y Marruecos. Porque las premisas de esas relaciones son falsas o inválidas. Por eso dicha “reevaluación global” exige la revisión de las premisas sobre las que se fundan. Esas premisas, cubiertas bajo la capa de “amistad, buena vecindad y cooperación”, creo que serían cuatro: política, económica, social y securitaria.

La primera premisa, cronológica y políticamente afecta a las fronteras. La política exterior actual hacia Marruecos está determinada por los acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975 impulsados en España por los sectores que hicieron pasar sus intereses particulares por el interés nacional. Esos acuerdos pretendían que España abandonara su responsabilidad como potencia administradora del Sahara Occidental facilitando su anexión a Marruecos y Mauritania alterando las fronteras sin respetar la legalidad internacional. Esos acuerdos, firmados por tres gobiernos no democráticos (España, Marruecos y Mauritania) pretendieron dar al conflicto del Sahara Occidental una salida no democrática, e ilegal, impidiendo el referéndum de autodeterminación de la población del Sahara Occidental. A cambio de facilitar la anexión marroquí, supuestamente, el territorio español quedaría salvaguardado.

La segunda premisa es económica. La política de los gobiernos españoles se ha dirigido, desde entonces, a facilitar las inversiones en Marruecos. Es la teoría del llamado “colchón de intereses”. Según la misma, el establecimiento de inversiones españolas en Marruecos crearía una red de “intereses” que servirían para “amortiguar las tensiones” y, supuestamente producir grandes beneficios mutuos.

La tercera premisa ha sido la social. Se basa en la presunción de que Marruecos puede “controlar” la emigración que llega hacia España por el sur. Esta tesis se formalizó en el Acuerdo de 17 de marzo de 1992 relativo a la “readmisión de extranjeros entrados ilegalmente”. En paralelo se ha llegado a fomentar la emigración marroquí hacia España.

La cuarta premisa ha sido la securitaria. De acuerdo con la misma, la “colaboración” marroquí sería muy “útil” para combatir el narcotráfico y la ”amenaza terrorista” de signo “yihadista”.

Estas cuatro premisas quedaron englobadas el 4 de julio de 1991 con la firma del tratado hispano-marroquí de “amistad, cooperación y buena vecindad”.

Pero a día de hoy las premisas y el tratado que las engloba, a mi juicio, han quedado invalidados por los hechos.

La premisa política se basó en una consideración equivocada: se pensaba, ignorando la historia (la de la Alemania hitleriana, sin ir más lejos) que facilitando la anexión sobre un territorio débil se satisfaría el apetito expansionista. Se aceptó así la tesis “entrega del Sahara Occidental a cambio de seguridades en Ceuta y Melilla”. Pero la realidad, como no podía ser menos, es la contraria: “la seguridad de las fronteras españolas en Ceuta y Melilla está en la seguridad de la frontera del Sahara Occidental”. Porque si la violación de una frontera no se sanciona, no se ve razón para disuadir de violar otra. Añádase el rechazo de Marruecos a firmar un acuerdo con España sobre sus fronteras marítimas y póngase como guinda que, cuanto más complaciente ha sido un gobierno español hacia los propósitos anexionistas marroquíes del Sahara Occidental mayores han sido las agresiones a la integridad territorial española. Ejemplo: ha sido durante la presidencia de Rodríguez Zapatero cuando Marruecos ha ocupado parte del territorio terrestre y marítimo de Melilla.

La premisa económica derivó en lo contrario a lo pretendido. Las mayores inversiones españolas en Marruecos (Telefónica, Dragados, Sol Meliá) han sido un fiasco. Otras se han hecho allí a costa del empleo y de las posibilidades económicas de España algo que se siente en el momento actual de crisis en España. Para colmo, los documentos filtrados del Departamento de Estado muestran no sólo el grado de corrupción en Marruecos sino además la inseguridad de las inversiones según confesión atribuida al embajador español Planas.

La premisa social, tampoco resultó cómo se decía. Marruecos, incumpliendo el tratado que firmó decidió negarse a repatriar los nacionales de terceros Estados que llegaban ilegalmente a España desde Marruecos utilizando argumentos tan asombrosos como el de que una patera que llegaba a Algeciras no estaba demostrado que hubiera salido de Marruecos.

Por último, en cuanto a la premisa securitaria, el tráfico de droga no ha cesado y hasta los documentos filtrados del Departamento de Estado aluden a que gran parte de la riqueza de la capital económica del país (Casablanca) proviene del narcotráfico y del lavado de dinero. Marruecos sigue siendo el primer productor mundial de hachís. En cuanto al terrorismo islamista, Marruecos ha dado coberturas a terroristas islamistas que atacaban a su vecina Argelia, mientras Marruecos desarrollaba el virus en su interior y al mismo tiempo lanzaba falsas acusaciones sobre supuestas vinculaciones terroristas “yihadistas” con los saharauis que han llegado a ser desmentidas no ya sólo en la documentación secreta norteamericana recientemente filtrada sino incluso de forma pública y oficial por el máximo responsable de Contraterrorismo del Departamento de Estado norteamericano.

El corolario de todo esto es que Marruecos ha incumplido sus compromisos contraídos en el tratado de “amistad, cooperación y buena vecindad” de 1991 que incluyen el respeto a la “integridad territorial” de España y el respeto a los “los derechos humanos y libertades fundamentales, incluyendo la libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia, sin distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”. No de otro modo hay que entender que Marruecos se refiera oficialmente a territorios españoles como “ocupados” y mate, torture y expulse a ciudadanos españoles.

Las premisas de las relaciones hispano-marroquíes en los últimos 35 años o eran falsas o han quedado invalidadas. Marruecos lo sabe y, lo que es peor para ellos, en España empieza a saberse. A Marruecos se le acaba el tiempo para seguir lucrándose de este modelo de relaciones que cambiará cuando España proceda a la reevaluación de las mismas. Y si eso ocurre habrá que empezar por el principio: denunciando los Acuerdos ilegales de Madrid de 14 de noviembre de 1975. Entendiéndose sí, pero respetando la ley.

NOTA
Este artículo se ha publicado en el diario LA RAZÓN, en su edición del domingo 5 de diciembre de 2010:
http://www.larazon.es/noticia/3005-analisis-cuenta-atras-para-marruecos
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La Batalla del Schnitzel
La igualdad de todas las culturas y de sus manifestaciones es mera cháchara.
Serafín Fanjul www.gaceta.es 6 Diciembre 2010

Hace un par de meses, en Berzdorf, un pueblo de Rheinland-Pfalz (Alemania), la Alianza de Civilizaciones vivió un nuevo y glorioso capítulo. Un niño turco, al parecer por error de una maestra, que no supo aclararle qué empanado era de pavo y cuál de puerco, cometió un horrible pecado: ingirió carne de cerdo. A la mañana siguiente, 15 madres turcas se presentaron en el colegio exigiendo cabezas y reparación de tan grave ofensa. La dirección de la escuela, aterrorizada por el complejo de culpa y por la rendición preventiva que nos aqueja siempre que andan moros de por medio, suspendió a la profesora y prohibió para los restos que allí se consumiera el inmundo paquidermo. Una solución digna de la España actual, para que veamos cómo los cocimientos de habas no son exclusiva nuestra.

Pero entonces estalló en todo el país lo que se ha denominado “Schnitzel-Skandal” (el escándalo del escalope) y –como Alemania no es España, tampoco en esto– la maestra perseguida presentó las oportunas reclamaciones legales y administrativas, la valerosa dirección del colegio hubo de rectificar y volver a incluir el chancho en la alimentación (no obligatoria) de los chavales y de las protestas de los otros padres se supo en toda Alemania, donde se renovaron las alertas sobre una comunidad que, además de carecer de ninguna intención de integrarse, reacciona con tal virulencia por un hecho de ese jaez, máxime involuntario. Porque la espantosa tragedia no provocó en el crío alferecía ni tercianas, pelagra ni beri-beri y no es seguro que Alá planee vengarse del infractor-víctima.

Las moralejas inmediatas que se extraen de un incidente tan nimio son varias: en Alemania, como en España, la enseñanza –en todos sus niveles– está gangrenada por el dominio absoluto de los progres, que ocultan su inhibición y cobardía en imaginarios complejos de culpa respecto al Tercer Mundo y, en especial, frente a los musulmanes, simplemente porque éstos son los más agresivos e inamovibles en su cerrazón; se comprueba por enésima vez la dificultad, enorme y objetiva, de integrar por vías pacíficas a un grupo que no quiere hacerlo; y se demuestra que las elucubraciones en el vacío, o en abstracto, de antropólogos y sociólogos, occidentales por cierto, acerca de la igualdad de todas las culturas y de sus manifestaciones prácticas es mera cháchara de especialistas que, al convertir sus entretenimientos en medio de vida, han introducido gravísimos factores de confusión y distorsión relativizadora en la valoración de los comportamientos humanos.

Ni siquiera hablaremos aquí de la falta de reciprocidad ni de las continuas matanzas de cristianos en los países musulmanes ni de la inexistencia de libertad religiosa en esos mismos lugares. En distintos grados, según los casos: no me salga, por favor, una señora española de Tánger aclarando que ella va a misa, porque ya lo sé. Lo grave, a nuestro juicio, es la doble vara de medir contra nosotros mismos que utilizan estos pedagogos y antropólogos, so color de ejercer de progresistas: sonríen burlones si un imbécil cocina “un Cristo para dos personas”, u otro escenifica una Anunciación pornográfica entre María y el Ángel (¡qué originalidad!), mientras tiemblan y se arrastran por un error u otra nimiedad cualquiera si algún musulmán levanta el gallo. En algún lugar de Alemania se han visto pintadas con un cerdo sustituyendo a Cristo en la cruz: qué divertido. Y no creo que eso lo hayan hecho musulmanes. Tal vez el original aliado civilizatorio no sabía –o sí– que en la maravillosa Córdoba de la armonía exquisita de las tres culturas, a los reos de postín (por ejemplo al hijo de Almanzor, Abderramán Sanchol, hijo de cristiana) los crucificaban en la Puerta de as-Sudda entre un perro y un marrano, igualmente crucificados: ¿qué dirán los ecologistas de este maltrato a los animales?

Pero, sobre todo, nuestras sociedades deben entender, con mucha nitidez, acerca de los recién venidos algo fundamental: el mestizaje biológico –el único efectivo que existe– es base sine qua non para la superación de las tensiones entre comunidades, junto a la abolición espontánea, aunque lenta, de los tabúes alimentarios. O dicho de otro modo: la convivencia normalizada y normal, objetivo más que loable, es imposible mientras una comunidad se niegue a compartir, sin reticencias, la comida y las mujeres con las otras. Obviamente, no se trata de obligar a nada ni a nadie, pero sí de facilitar los medios para dejar atrás la endogamia y el aislamiento. En beneficio de los mismos inmigrantes y de todos los concernidos.

*Serafín Fanjul es catedrático de Literatura Árabe.

Rajoy no es el remedio, es un simple placebo.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 6 Diciembre 2010

Las encuestas están hundiendo en la miseria que él mismo se ha elaborado tanto a ZP como al PSOE. Ayer domingo, El País daba 18,8 puntos porcentuales de ventaja al PP sobre el PSOE profetizando una situación electoral de monumental batacazo. Zapatero se está ganando a pulso con sus desmedidas medidas económicas cargadas de inanidad la patada en el culo electoral, aunque siempre nos quedará la duda de si alguien o algunos no tendrán ya preparadas negras maniobras que intenten dar la vuelta a las expectativas electorales.

Hasta que no vea a Zapatero o su delfín degustar una noche electoral de llanto y crujir de dientes, no me lo creeré. No obstante esa posibilidad abre otro delicado capítulo sobre la persona que sustituiría a ZP en la silla monclovita, o sea Rajoy. Y desde hace ya mucho tiempo, este Rajoy me tiene mosqueado y mucho. No me fío ni un pelo ni medio de él. Cada día que pasa me da la impresión de que está llevando al PP por los mismos derroteros por los que deambula el PSOE por lo que me huelo que en muchos aspectos de la política española el PP va a ser una fotocopia del PSOE.

No es que diga que es peor el remedio (Rajoy) que la enfermedad (ZP), lo que tengo demasiado claro es que para esta gravísima enfermedad que padecemos, Rajoy solo es un placebo y nada más. Y como todo placebo conseguirá que algo mejore, pero basada la mejora no en sus esfuerzos sino en sus inanidades, algo que intuyo sería la marca de su gobierno aunque tuviese mayoría absoluta.

Rajoy espera ganar por consunción de su contrincante ZP sin que el pepero mueva un dedo, y eso, a la postre, va a ser la norma de su gobierno. Pobre España.

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Cataluña: ¿Y ahora qué?
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 6 Diciembre 2010

AL día siguiente de unas elecciones como estas, es natural que muchos reclamen la victoria. Y, por supuesto, Convergencia y Unión lo hacen con derecho pleno, el PP también, si se compara el pasado. Y los socialistas y sus socios independentistas del tripartito han perdido el poder. Y los nacionalistas aventajan en resultados al PP y Ciutadans.

Pero esta es solo la primera mirada. En la segunda vemos que los votos de Convergencia y Unión no llegan al 40 por ciento de los votantes y, dado que éstos vienen a ser un 60 por ciento del censo, es claro que sus votantes son el 40 por ciento del 60 por ciento, es decir, en torno a una cuarta parte de los catalanes. Y sumando los votantes de todos los partidos salvo PP y Ciutadans, resulta que son un 70 por ciento de aquel 60 por ciento de votantes. Si los votantes hubieran sido todos, el 100 por cien del censo, esos partidos tampoco habrían alcanzado la mayoría absoluta.

En suma, lo que todos saben: el voto nacionalista no llega en Cataluña al 50 por ciento. Y téngase en cuenta que en este cálculo hay mucha simplificación, porque no todos los partidos son iguales y Convergencia, por ejemplo, ha fluctuado mucho. Si ha barrido para casa ha tenido también posturas de colaboración. Ahora está ensoberbecida y resentida por la intervención del Tribunal Supremo y las promesas incumplidas de Zapatero.

Pero debería razonar y no respirar por las heridas. Porque, presumiblemente, pronto va a tener enfrente, en Madrid, a un partido más sólido que el socialismo tipo Zapatero. Y en Cataluña va a tener, ahora, una cierta libertad, sin los independentistas al lado. Y es un tanto a favor la buena imagen de algunos de sus hombres, como Durán Lleida. Por lo demás, Mas es un hombre cabal, no alguien que se encuentre a gusto junto a ETA ni reciba regalitos folclóricos ni vaya a Israel a hacerse fotos cómico-sacrílegas. Ni toma posturas demagógicas como ciertos personajes ante los cuales Carod es un moderado.

Los nacionalistas catalanes deben comprender que las circunstancias no son de color de rosa para ellos, y menos para los demás nacionalistas, sus discípulos. En Barcelona aprendió Sabino Arana y de todos ellos aprendieron los nacionalistas gallegos. Todos han sufrido la reacción por sus excesos. Pienso que Mas podría recordar la moderación que ha tenido otras veces, evitando así un desastre para todos.

Ese nuevo fantasma del concierto económico, es decir, de fracturar a España en dos (con mala suerte en diecisiete), es una desgracia para todos. Y es contraproducente ese exhibicionismo por el mundo entero, llenándolo de propaganda y autobombo, de catalán en todas las universidades. La verdad es que en el ancho mundo eso no interesa. No por nada, hoy a las naciones y a las lenguas se les pide volumen. Y todas esas imposiciones a los que no hablan el catalán en Cataluña, dan mala imagen.

El mundo no está ahora para nacioncitas, basta echar una mirada en torno (a Europa y más allá) para darse cuenta. Crear, para seis o siete millones de personas, una nación y un gobierno, con ministros, embajadores, quizá una línea aérea, monolingüismo a la fuerza y recursos varios para desalentar a la oposición, se traduce a la larga en daño —para ellos y los demás.

Sí, Convergencia y Mas han obtenido buenos resultados, pero deberían hacer examen de conciencia, porque es fácil que hayan llegado al tope. Ya ven lo sucedido a los maximalistas. Ven, fuera ya de Cataluña, las desgracias de naciones pequeñas, derrochonas y arrogantes. Mas da buena imagen y los nacionalistas catalanes han tenido éxitos. Pero Convergencia, en sus últimos gobiernos, fue prepotente, muchos catalanes se pasaron al socialismo. Se lo oí decir a amigas de Barcelona. Ahora los prepotentes han sido los otros. Que Convergencia aproveche. La bola ha girado a su favor... y al del PP, que tiene un buen futuro. Pero les conviene (nos conviene) que no se pasen. Según están las cosas, no pisar el freno en las curvas —y hay muchas— es peligroso. La verdad, los hombres de mi edad tenemos buen recuerdo de Barcelona, cuna de poetas y escritores en español, a más de en catalán. Hay un grupo de helenistas selectos que descienden de José Alsina, yo contribuí a llevarlo a la Universidad de Barcelona, donde creó discípulos. Todos hemos colaborado juntos. Mariano Bassols, catedrático de Barcelona, creó la colección Alma Mater de Clásicos griegos y latinos, la única en España con texto antiguo y traducción española. Murió, ahora la dirijo yo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, son casi 100 volúmenes, en ella han colaborado siempre los catalanes. Esto no es sino un mínimo ejemplo del proceder correcto. O eso pienso.

De otra parte, los nacionalistas deberían darse cuenta de que las cosas han rodado para ellos de una manera demasiado fácil. No hubo nacionalismos hasta 1900, digamos, ni Cataluña ni el País Vasco ni Galicia fueron nunca naciones. Aunque había habido posiciones distantes, cuando Olivares, cuando la guerra de sucesión. Antes, Castilla había cometido errores, no admitió a los catalanes en América (sí en el XIX en Cuba). El nacionalismo surgió, como decía Jesús Pabón, de poesía y aranceles. Infatuación por una historia más bien mitificada y por una buena racha económica, hija del talento y el trabajo de los catalanes —y la protección económica de España.

Montaron, a base de quejas justas e injustas, todo un movimiento. Y su éxito fue que los apadrinó la izquierda española (ellos, los más, no están a la izquierda, ya se ve). Lo hizo para comprar votos y mayorías. Hubo el pacto de San Sebastián, que trajo la República, en ella la izquierda ayudaba a la Generalitat —hasta que Azaña y los demás se cansaron de aguantar, hay que leer lo que escribieron—. Lo peor de todo, Companys proclamó el estat cataládesde el balcón de la plaza de Sant Jaume. La República española lo venció. Franco vino mucho después.

Cataluña, pese a todo, creció bajo Franco. Y hubo en principio una buena entente en la nueva democracia. Pero se volvió a la alianza con la izquierda, el gran juego que había fracasado y que acaba de fracasar una vez más. Hay que decirlo, los catalanes cobraron bien su apoyo: la izquierda y hasta la derecha abandonaron la causa de la España total. Y ellos se crecieron. Vino otro Estatuto (luego más Estatutos y Leyes), vinieron las lamentaciones y la constante exigencia de ser los primeros. Volem l' Estatut, era su grito. Uno y otro y otro y que no los tocaran, nada era suficiente.

En un momento, la UCD prefirió como solución el café para todos. Pero no fue café para todos, Cataluña fue la autonomía number one: avanzó paso a paso, imponiendo su lengua, imponiéndolo todo, dijera lo que dijera la Constitución, haciéndonos la vida difícil. Los partidos españoles lo toleraban todo, eso sí, conseguían sus votos. Callaban. Un gran resentimiento contra Cataluña se extendió por España. Sería ya hora de apagarlo.

Aumentar ahora la dosis de nacionalismo sería locura. Mejor olvidar ilusiones frustradas, aprovechar el buen momento, llegar a acuerdos. Las inmersiones y exclusivismos y las multas y todo eso debe irse quedando en el camino, no cabe en el mundo de hoy. Igual el gasto loco seguido de lamentos y exigencias. En su lugar, concordia, ayuda mutua. Igualdad, humildad de todos. No otra cosa. Los tiempos no están para el ya viejo juego, bien se ha visto. Las elecciones han sido un signo de racionalidad. Creo que muchos catalanes lo saben. Juntos podemos, es el momento. Que no interpreten que ahora el mundo es suyo.

Separados, ¿quién va a rescatarnos cuando nuestras economías se hundan de una vez? En las dificultades, hay que aprender y salvarse juntos. Echar fuera inoportunas prepotencias. Ya no valen. No hay mal que por bien no venga. Es buen momento.
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ES DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA

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