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Recortes de Prensa   Miércoles 8 Diciembre  2010

 

 Reforma
¿Qué hacer con la Constitución?
Pío Moa Libertad Digital 8 Diciembre 2010

Como es sabido –y he querido recordar en La Transiciónde cristal, porque estaba olvidado por casi todo el mundo–, el procedimiento de elaboración de la Constitución no fue especialmente democrático ni transparente. Suárez le impuso de manera previa e ilegal el hecho consumado de las "preautonomías" y luego quiso cocinarla entre la UCD y el PSOE, marginando a otros partidos. Esto último fracasó en principio, pero al final Suárez se salió en buena medida con la suya, mediante las reuniones gastronómicas de Abril Martorell y Alfonso Guerra. Ya he comentado el dato curioso de que Guerra, enemigo de Montesquieu, es decir, de la democracia, calificara a Abril de perfecto zoquete en materia jurídica –que lo era–. Las decisiones alcanzadas entre tal pareja de estadistas eran luego refrendadas por las Cortes, gracias a la disciplina de partido. Injustamente, nadie cita a Abril y a Guerra entre los "padres de la Constitución". Digamos también que el famoso y peligroso término "nacionalidades" estuvo a punto de ser eliminado por la conjunción mayoritaria de UCD y AP, pero Suárez prefirió evitarla y entenderse con los socialistas.

De ahí salió, y solo podía salir, una Constitución contrahecha, es decir, farragosa, confusa y contradictoria, en parte demagógica. No obstante, proclamaba dos puntos clave: la unidad nacional y las libertades. Sobre esa base, unos políticos razonables y de principios podían haber ido cerrando las vías de agua contenidas en el propio texto, en particular los artículos que socavaban la soberanía nacional con el invento de "nacionalidades" y abrían paso al vaciamiento de las competencias del estado. Pero la dinámica ha sido la opuesta, determinada en medida muy considerable por la acción de la ETA y la "solución política".

Y así, tras el mayor atentado terrorista de la historia de España, hemos llegado a la situación inaudita de un gobierno colaborador de la ETA en la liquidación de la ley fundamental y de la herencia más positiva de la transición. He expuesto esta dinámica en el libro Contra la balcanización de España, de 2005, y desde entonces el proceso no ha hecho sino empeorar, gracias a la colaboración del PP en el mismo. La Constitución ha dejado de regir, se ha convertido en una entelequia que justifica cualquier cosa. Ello plantea un problema sumamente grave: si ha de prevalecer la ley o han de prevalecer unos políticos corruptos y anticonstitucionales.

En España ha habido ya demasiadas constituciones y creo que no es cosa de inventar una nueva. Se trata de reformar a fondo la existente, nacida, con todos sus defectos, de un proceso de democratización. Reformarla exige crear opinión pública al respecto, algo posible si se organiza un movimiento cívico por la unidad de España y la regeneración democrática. De otro modo, la perspectiva más probable, por el momento, consiste en la progresiva degradación y "latinoamericanización" de la política española, y con ella de la convivencia nacional.

El espíritu de la Constitución
TEODORO LEÓN GROSS El Correo 8 Diciembre 2010

El día de la Constitución, como de costumbre, se ha liquidado sin una idea sobre la Constitución. Va de suyo que en cualquier democracia madura lo normal es hacer celebraciones constitucionales estrictamente solemnes, con un plus de pompa hueca bajo un protocolo sin sobresaltos; pero España, como se lee en los papeles de Wikileaks, es una 'democracia inmadura' con suficientes costuras blandas, apenas pespunteadas, como para precipitarse a cincelar ya en mármol el texto de 1978. Al final, sin embargo, se ha renunciado al pensamiento crítico con la coartada complaciente del éxito de la Transición. Ni siquiera se le ha dedicado un minuto a las ideas remitidas por cien líderes españoles al Rey, algunas ya muy arraigadas en la opinión pública: repensar este modelo de Estado insostenible, con solapamientos administrativos hasta el disparate; recuperar a la sociedad civil en ámbitos colapsados por la partitocracia; hacer políticas educativas y energéticas de Estado, sin cambiar de rumbo cada cuatro años; y así hasta plantear otro modelo productivo sobre la competitividad y la innovación, o la reforma de la Ley Electoral y la Ley de Huelga anacrónica. Hay de lo que hablar. Pero ante eso, cada vez más silencio.

Ni la frivolidad con que la izquierda ha coqueteado con alguna reforma constitucional sin asumir el requisito del consenso ni el inmanentismo a menudo cerril con que la derecha se ha negado a tocar una letra de la Carta Magna, inspiran demasiada confianza. Esas actitudes van a contracorriente del 'patriotismo constitucional', aquel concepto de Dolf Sternberger y Jürgen Habermas que en definitiva sostenía que el patriotismo no está en las banderas o los himnos, en los iconos étnicos o los hitos totémicos de la Historia, sino en los grandes valores democráticos de la Constitución. Pero en España, desde 1978 hasta aquí, precisamente lo que se ha perdido en mayor medida son los valores constitucionales del consenso tolerante con los que se encontraron puntos de entendimiento tras décadas de ruptura social.

A estas alturas el problema ya no es encontrar consensos para reformar la Constitución, sino encontrar simplemente consensos. Los grandes partidos cada vez más sectarios han renunciado a las políticas de Estado, y las estrategias nacionalistas son dinamiteras. Hace tres décadas, hubo suficiente generosidad para desmontar la herrumbrosa maquinaria del franquismo; y ahora ya no queda ni para consensuar una ley menor. Dadas las circunstancias, casi parece lógico celebrar el día de la Constitución con una velada insustancial para no tener que mirarse al espejo incómodo de esta realidad.

¿Marcha atrás?
Alfonso Ussía La Razón 8 Diciembre 2010

Intuyo que con este artículo no voy a aumentar mi círculo de amistades. Va de las autonomías, de esa ruina total. El café para todos nos sale por el ojo de la cara que ya no tenemos. Hoy he compartido mesa, mantel, viandas y copas con un grupo de amigos montañeses. En Santander. Todos ellos profesionales y empresarios. Abogados, arquitectos, médicos, ingenieros y algún héroe dispuesto a sacar su pequeña o mediana empresa adelante. Una tercera parte de ellos considera que la autonomía de Cantabria ha perjudicado gravemente el desarrollo económico de la provincia. Que se ha multiplicado por diez el número de funcionarios. Que Cantabria carece de nervio industrial para soportar los gastos de una autonomía uniprovincial. Que los montañeses pagan los sueldos de centenares de cargos públicos perfectamente prescindibles. Y que la población de Cantabria, apenas quinientas mil personas, no tienen capacidad de coacción ante el Gobierno de Madrid. No hay montañeses asesinos, ni partidos políticos que chantajean con el crimen, ni dirigentes que animan al separatismo como en la vecindad oriental de La Montaña. Se ha hablado de la promesa incumplida de Zapatero a Revilla respecto al AVE. Y me lo ha preguntado un ingeniero de Caminos. ¿Tú crees, elecciones aparte, que al Gobierno socialista le interesa invertir miles de millones de euros para que el AVE llegue a Santander? ¿Tú crees que Zapatero ha planteado en serio esa posibilidad a Revilla? Mi respuesta a la segunda pregunta ha sido afirmativa. Otra cosa es que Revilla se haya creído la mentira de Zapatero. En ese aspecto, Revilla no es nada original. Comparte su capacidad de ser engañado con millones de españoles.
Cantabria carece de fuerza para seguir luchando y sobreviviendo en soledad. Más industrializadas están La Rioja y Murcia, y tampoco tienen el futuro asegurado desde la soledad.

Las características históricas de Asturias no me sirven. La Montaña era en gran parte Las Asturias de Santillana. Y Asturias, cercenado el porvenir de la minería, tampoco cuenta con industria y población suficientes para mantenerse en solitario. ¿Una unión de Cantabria y Asturias? Difícil, pero no imposible. ¿Una reincorporación de La Montaña a la vieja Castilla? Supondría un paso más natural. Ya no serían quinientas mil personas las olvidadas por el Gobierno central, sino una decena de millones. Y aunque me fastidien los tópicos y los lugares comunes, la unión hace la fuerza.

Navarra, por sus especiales características, aglutina todos los requisitos para ser una comunidad autónoma uniprovincial. Entre otros motivos, por constituir la garantía de la unidad de España. Prueba de ello es la obsesión vasca por colonizar no sólo a sus tierras y a sus gentes, sino a su Historia. Pero Asturias, Cantabria, La Rioja y Murcia harían muy bien en diseñar su futuro desde perspectivas más amplias. Madrid equivaldría al Distrito Federal mejicano, y su potencial económico e industrial avalan su singularidad. No se trata de acabar –ya es tarde–, con el llamado Estado de las Autonomías, sino de recalificar algunas de ellas en su propio beneficio y del resto de España. De eso se hablaba, con elegantes discrepancias, sin alzar el tono, sin herir a nadie, en una mesa compartida por una veintena de ilustres montañeses con un madrileño de invitado. ¿Por qué no la marcha atrás?

Militaricemos también a los políticos gobernantes
Francisco Rubiales Periodista Digital 8 Diciembre 2010

Si los controladores han sido militarizados para evitar males mayores a España, ¿por qué razón no hacemos lo mismo con los gobernantes, que están causando males mucho mayores que los controladores? Las mismas razones que justifican aplicar a los controladores el "Estado de Alarma", sirven para aplicarlas a la "casta" política gobernante, causante de daños terribles a la nación y ejemplo mundial de ineficiencia y mal gobierno.

Si los controladores han sido obligados a ser eficaces y a asumir sus responsabilidades militarizándolos, ¿por qué no hacemos lo mismo con los políticos gobernantes? Los daños que podían causar los controladores, paralizando el tráfico aéreo, han sido enormes, pero son ridículos comparados con los daños que están causando a España sus gobernantes: despilfarro, endeudamiento, pobreza, desempleo, corrupción, abuso de poder, desigualdad y un largo etcétera desolador que está colocando a España al borde de la derrota y del fracaso.

Los controladores han hecho una "Huelga Salvaje", pero el gobierno está haciendo, desde hace casi tres años, una "Ruina Salvaje" cien veces más dañina.

En justicia, los controladores, a pesar de la brutalidad de su huelga, merecen menos la militarización que los políticos porque mientras que los controladores al menos suelen cumplir eficazmente con su cometido, manteniendo seguros los cielos de España, los políticos incumplen su deber de gobernar con justicia y acierto y, con su incompetencia, están llevado a la sociedad española hasta la pobreza, el fracaso y la desesperación.

Dice Pepiño Blanco que los controladores son unos privilegiados, cuando los políticos son, con mucha diferencia, la casta más privilegiada de España, con sueldos desproporcionados, fueros especiales, pensiones de lujo, tarjetas de crédito a cargo del tesoro público, inmunidad práctica y mil ventajas más, más suculentas, esscandalosas e inmerecidas que las que gozan los controladores aéreos españoles.

Pepiño y Rubalcaba se han rasgado las vestiduras porque los controladores han abandonado su puesto de trabajo, pero ignoran el escándalo y la iniquidad que representa ver el hemiciclo de las Cortes españolas con frecuencia vacío, sólo con doce o trece diputados, cuando se discuten proyectos y leyes de gran importancia para la nación. Eso si que es "deserción" del deber en toda regla.

Si hablamos de insolidaridad, de arrogancia y de fracaso, los políticos también superan a los controladores y son más merecedores que éstos de un castigo ejemplar. Son ellos y no los controladores los que han endeudado a España hasta la locura, empobreciendo a las futuras generaciones, son ellos los que han creado cinco millones de parados, los que han despilfarrado el dinero público, los que están llenando las csalles de España de nuevos pobres, los que están demoliendo el Estado del Bienestar y los que han introducido la corrupción en las entrañas del Estado, cobrando comisiones, colocando a familiares y amigos del partido a cargo del erario público, otorgando subvenciones y contratos de manera arbitraria, falseando oposiciones para que las superen los amigos del partido y con otras mil fechorías que quedan impunes sólo porque ellos tienen el poder y hasta mediatizan la Justicia.

Los controladores, por su brutalidad y por el daño que han causado, quizás merezcan ser militarizados y castigados, pero todavía lo merecen con más razón los políticos gobernantes, que, por desgracia para España, no sufrirán daño alguno, merced a su impúdica y antidemocrática impunidad.

Hasta un periódico como La Vanguardia, que casi siempre apoya las posiciones de Zapatero, arremete esta vez contra la ineficacia del gobierno y destaca la culpa del Ejecutivo cuando dice: "Sorprende que el Consejo de Ministros, al inicio de un largo puente, aprobara el decreto ley para regular el horario de trabajo de los controladores sin tener prevista su reacción". Y agrega: "Otro elemento preocupante es la incapacidad del ministro de Fomento, José Blanco, de cerrar un conflicto que le acompaña desde hace más de un año".

Los controladores han sido obligados por la fuerza a cumplir con su deber. Quizás deberíamos hacer lo mismo con los que nos malgobiernan.

Salgado
Vamos a contar mentiras
Manuel Llamas Libertad Digital 8 Diciembre 2010

Hace cosa de un año avanzamos que, por desgracia, la mala gestión de Pedro Solbes al frente de la cartera de Economía sería recordada con benevolencia, e incluso con cierta nostalgia, en comparación con el nefasto desempeño que nos depararía su sustituta en el cargo, Elena Salgado. El tiempo ha terminado por confirmar tal previsión. Y es que, si en 2009 el diario británico Financial Times ya situaba a Salgado como uno de los peores responsables económicos de la UE –tan sólo por delante de sus homólogos húngaro, griego e irlandés–, en 2010 su calificación desciende hasta el penúltimo puesto de la tabla, disputando el liderato de "peor ministro de Finanzas" al mismísimo Brian Lenihan, principal responsable político del desaguisadocelta.

Sin embargo, el aspecto más deleznable, vergonzoso y condenable de su actual función pública no radica tanto en las malas decisiones adoptadas, como el Plan E (13.000 millones de euros despilfarrados), o en sushonorables hitos económicos, tales como aprobar la mayor subida fiscal de la democracia (unos 15.000 millones) y alcanzar uno de los mayores descuadres presupuestarios de la zona euro (110.000 millones en 2009 y algo menos en 2010), sino en su desvergüenza política. Salgado se ha convertido, si es que no lo era ya antes, en una mentirosa compulsiva, cuya principal misión consiste en negar la mayor a fin de ocultar la cruda realidad a la ciudadanía.

Miente más que habla. Siguiendo al pie de la letra las enseñanzas de su maestro y guía espiritual José Luis Rodríguez Zapatero, Salgado insiste, una y otra vez, en lanzar anuncios que son automáticamente desmentidos apenas horas después. Y ello, sin ruborizarse lo más mínimo. El hecho de que no haya caído en la última crisis de Gobierno constituye la prueba irrefutable de que para eso fue, precisamente, designada por el presidente. La ministra desarrolla a la perfección la tarea encomendada: negar la mayor. Da igual que su credibilidad, ya de por sí escasa por no decir inexistente, quede en entredicho ante la opinión pública y la mayoría de analistas. Ella tan sólo se dedica a cumplir el guión preestablecido a sabiendas de que, llegado el momento, recibirá su justa recompensa.

Los ejemplos de tal desfachatez son numerosos. Así, por citar tan sólo los últimos, negó durante semanas la necesidad de activar un Plan B para reducir el déficit público. Dicho y hecho. La semana pasada Zapatero anunció en el Congreso un nuevo paquete de ajuste con el ilusorio fin de tranquilizar a los mercados. Justo después, ni corta ni perezosa, la ministra negó también la aprobación de alguna medida adicional en el Consejo de Ministros de ese mismo viernes, más allá de las citadas por Zapatero. De nuevo, Salgado sorprendió a propios y extraños con una nueva subida de impuestos sobre el tabaco, con la que pretende recaudar otros 780 millones de euros extra.

Ahora, la fidedigna y creíble ministra no se corta al afirmar que el fondo de rescate europeo "nunca estuvo pensado para España", como si su insultante palabrería pudiera travestir los hechos (confirmados aquí, aquí y aquí). Por si fuera poco, insiste en que el tamaño del fondo, dotado con 750.000 millones de euros, es suficiente para asistir a los países con problemas. Quizá por eso las principales autoridades internacionales no paren de discutir un plan alternativo en caso de que España precise ayuda. De hecho, hasta el propio presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy, ha desmentido a Salgado este martes al señalar que la UE podría estudiar la ampliación del fondo "si fuera necesario".

Por último, según la ministra, el Gobierno cumplirá "el objetivo de déficit y también las reformas estructurales". Por desgracia, a la vista de lo expuesto hasta ahora, tales promesas serán un nuevo fiasco. La farsa debe continuar...

Manuel Llamas es jefe de Economía de Libertad Digital y miembro del Instituto Juan de Mariana.

Ni escuela ni despensa
La descentralización educativa ha perpetuado la España bipolar y diluido la enseñanza como cuestión de Estado
IGNACIO CAMACHO ABC 8 Diciembre 2010

SI leer es protestar contra las insuficiencias de la vida, como ha dicho el Nobel Vargas Llosa en la Academia de Estocolmo, los españoles estamos educando a nuestros jóvenes en un peligroso conformismo. Los resultados del informe PISA sobre la educación en la OCDE reflejan de nuevo graves insuficiencias de los escolares españoles en comprensión lectora y en orden intelectual. Las autoridades se alivian por la mejora relativa respecto a hace tres años, pero hemos empeorado desde el comienzo de la década. Cuando se trata de aprendizaje, que es por definición un proceso evolutivo, la estabilidad supone estancamiento y el retroceso es puro y simple fracaso. Al cabo de treinta años de democracia la enseñanza continúa siendo el gran problema nacional y el principal lastre para la competitividad del país, pero la dirigencia pública no es capaz de levantar la mirada por encima de las urgencias de plazo inmediato. Hemos perdido al menos diez años y vamos camino de desperdiciar otros tantos; cuando la recesión acabe habremos acumulado un retraso crítico.

Cada entrega del PISA constituye para España un mazazo en las vértebras del sistema educativo. La última representa, además, una radiografía del desarrollo nacional, que divide la Península en dos mitades como una falla tectónica. En resultados, en inversiones y en rendimiento, el Norte y el Sur configuran dos Españas bipolares cuyas diferencias revelan la ruptura de la cohesión y dibujan el mapa de un problema de igualdad de oportunidades que no ha sabido resolver el régimen autonómico. La descentralización ha perpetuado y hasta ampliado las distancias y ha diluido el carácter de la enseñanza como cuestión de Estado.

De este marasmo sólo se sale con un acuerdo que a día de hoy resulta quimérico en una escena pública fracturada por el sectarismo. Hace decenios que la educación es un arma arrojadiza en la política española, una herramienta reversible según la alternancia partidista. Hemos acumulado baterías completas de leyes, planes y programas incapaces de mejorar la calidad educativa, y hemos dejado las aulas en manos de una gavilla de ideólogos de tres al cuarto obsesionados con la ingeniería social. El pacto de Estado es mero mantra retórico de una clase dirigente enfrascada en la porfía banderiza que no ha dado una sola muestra seria de entender la enseñanza como una prioridad intocable. Medidas de galería como el reparto de ordenadores conviven con índices inaceptables de fracaso escolar, y principios irreprochables de igualitarismo y paz se mezclan con un absoluto abandono del esfuerzo, el mérito o la ejemplaridad. Al final, los chavales no comprenden lo que leen ni saben resolver elementales problemas matemáticos. Siglo y medio después del regeneracionismo de escuela y despensa, la despensa se nos ha quedado vacía y la escuela está llena de una juventud desorientada.

Gasto público
Crónicas del despilfarro
Guillermo Dupuy Libertad Digital 8 Diciembre 2010

La economía es la ciencia que estudia la conducta humana como una relación entre fines ilimitados y medios escasos que tienen usos alternativos
Lionel Robbins

Carmelo Jordá nos hizo la semana una espléndida crónica de la nueva ronda de subvenciones para el "desarrollo" que el Ministerio de Exteriores ha dotado nada menos que con 25 millones de euros. No me resisto, sin embargo, a recordarles algunas de ellas, como los 137.000 euros destinados a un colectivo de gays y lesbianas del Perú; el cuarto de millón de euros al programa guatemalteco "Mujeres Mayas fortaleciendo el tejido social para la promoción de los Derechos de los Pueblos Indígenas con justicia y dignificación"; los 332.000 euros destinados a ver cómo las ladrilleras de la región de Cuzco pueden reducir los gases de efecto invernadero, o los 207.000 euros para algo tan esencial para el desarrollo de Camboya como el "Estudio de la problemática de género en su producción acuícola".

Mención aparte merecerían las cinco subvenciones que, por un importe de 1.175.000 euros, van a recibir los territorios palestinos. Lo digo porque, en este caso, el despilfarro tiene aun más aspecto de trinque, si tenemos en cuenta que la población de Gaza y la de Cisjordania apenas alcanzan juntas los 4.100.000 habitantes.

Aun con un importe de mucha menor cuantía, yo también les quería hablar de la no menos desvergonzada imaginación a la hora de justificar el derroche que la Junta de Andalucía ha mostrado al subvencionar con 18.000 euros una guía de "ecofeminismo". Si no saben qué es esto, la guía que subvenciona Griñán se lo aclara: "un nuevo proyecto ético y político para plantear una alternativa a la crisis que atraviesa esta sociedad consumista e individualista actual, desde una óptica femenina".

No se crean, no se refiere a la crisis económica que ha llevado a Andalucía a rozar el 30% de paro, no. Se refiere a la crisis que atraviesa el lenguaje periodístico, que debería abordar, "desde una perspectiva de género", la información sobre medio ambiente. Así, en dicha guía, y en las jornadas celebradas en un hotel de lujo de Sevilla, cuyo coste no se ha querido dar a conocer, se exige a los medios de comunicación que, en lugar de "el hombre", "el interesado", "los ciudadanos", "los andaluces" o "los futbolistas", se diga "la humanidad", "a quien interesa", "la ciudadanía", "el pueblo andaluz" o "quienes juegan al futbol". Vamos, que no contentos con meter mano en el bolsillo del contribuyente, quieren hacer lo mismo con el diccionario.

Lo más hiriente de todo es que estas noticias, que sólo son un botón de muestra de nuestro inmenso despilfarro público, han coincidido en el tiempo con noticias tan dramáticas como la supresión del subsidio para desempleados sin prestación o con la de que el 40 por ciento de los desempleados viven en hogares con todos sus miembros en paro.

No seré yo quien considere innecesaria la supresión también de esos 426 euros para parados sin prestación; sin embargo, no deja de resultarme obscena cuando constato que sólo sirve para hacer sostenible el despilfarro.

Vargas Llosa: Ojalá el nacionalismo, plaga incurable, no estropee la historia feliz de España
 www.gaceta.es 8 Diciembre 2010

El escritor Mario Vargas Llosa leyó este martes en la Academia Sueca el discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura. En su intervención, el hispano-peruano criticó al nacionalismo, "que ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia".

En esta misma línea, Vargas Llosa ha subrayado que las patrias "no son las banderas ni los himnos, sino un puñado de personas y lugares que pueblan nuestros recuerdos". "Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también en España, no estropeen esta historia feliz".

En un discurso, titulado 'Elogio de la lectura y la ficción', el Nobel de Literatura subrayó el papel de la lectura y los libros en su vida, desde que con cinco años aprendió a leer en Cochabamba (Bolivia). "Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida", ha señalado Mario Vargas Llosa.

Asimismo, ha reconocido que "detesta" toda forma de "nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento".

Asimismo, Vargas Llosa rindió homenaje a sus grandes maestros de las Letras, entre quienes citó a Flaubert, Faulkner, Cervantes, Dickens, Tolstoi o Thomas Mann.

Siguiendo en el ámbito político, Vargas Llosa denunció el poder de las dictaduras y aseguró que deben ser combatidas "sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas".

En esta misma línea, lamentó el papel de los gobiernos democráticos que se muestran "complacientes" con los verdugos en las dictaduras, en vez solidarizarse con quienes se enfrentan a ellas como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo.
Democracia populistas y payasas

Asimismo, ha declarado que padecemos "menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudo democracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua".

El Nobel de Literatura también ha tenido palabras de elogio para España y ha destacado que sin España "jamás hubiera llegado a esta tribuna". "Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo".

Asimismo, subrayó su amor por Patricia, y con voz emocionada recordó cómo ella todavía soporta sus "manías, neurosis y rabietas" "que me ayudan a escribir".

Igualmente, destacó su pasión por los libros, que fueron siempre "su salvación y su refugio" y donde vivir era "exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz".

En esta misma línea, ha confesado que siempre que se ha sentido "abatido o golpeado, a orillas de la desesperación", entregarse en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador "ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa".

"Nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto", ha declarado Mario Vargas Llosa.
Literatura o barbaria

Por todo ello ha subrayado que la ficción "es más que un entretenimiento". "Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo".

"Porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños", ha alegado el Nobel.

"Tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible", concluyó el Nobel.

Jesús Palacios, periodista
“El 23-F fue un golpe dado por el sistema contra el sistema”
Jesús Palacios, periodista, publica ‘23-F, el Rey y su secreto’. Sostiene la tesis de que el golpe de Estado no fue involucionista, sino que quiso corregir la deriva negativa de la Transición
Ignacio Peyró.  www.gaceta.es 8 Diciembre 2010

Su nombre es bien conocido para todos aquellos que gustan de leer sobre las claves de la Historia reciente de España. No en vano, Jesús Palacios es autor de libros como Los papeles secretos de Franco o Franco, mi padre, coescrito éste con uno de los grandes hispanistas actuales, Stanley G. Payne. Ahora, con 23-F, el Rey y su secreto (Ed. Libros Libres), aborda uno de los temas más delicados de la España contemporánea.

-¿Todavía se puede aportar algo sobre el 23-F?
-Mi libro cierra el círculo de los enigmas en torno al golpe. El propio Stanley G. Payne ha dicho que es “el capítulo final del 23-F”. Los hechos están contrastados tras largas conversaciones con fuentes que han contado los objetivos y procedimientos tal y como fueron. Es lo más próximo a la verdad del 23-F.

-Afirma usted que el golpe no fue, como dice la historia oficial, un golpe involucionista...
-No fue un golpe de involución ni lo tramaron militares descontentos. Al contrario, yo destaco cómo las Fuerzas Armadas permanecieron leales a la Corona durante toda la Transición. El 23-F fue un golpe del sistema contra el sistema, para corregir el sistema, que es como decir corregir la deriva negativa de la Transición.

-¿Y qué errores había que corregir?
-Había que poner orden en plena descomposición de la UCD. Suárez, ya en el año 80, era un problema para la democracia: es un año de gran vacío de poder. Así, la nomenclatura política –de Felipe González a Manuel Fraga, de la Conferencia Episcopal a la CEOE y los barones de la UCD– hace presión sobre las más altas esferas para reformar la Constitución, quitar de ella el término “nacionalidades”, corregir el Título VIII, que regula el sistema autonómico y reconducir a los nacionalismos mediante la reforma de la ley electoral.

-Da usted protagonismo en su libro, como no podía ser menos, al general Armada, pero también al Cesid e incluso a Estados Unidos...
-Y hasta a Tarradellas, que hizo suya la frase de que “España necesita un golpe de timón”. Armada tenía que ser presidente de un Gobierno de excepción, en el que habría representación pluripartidista. El Cesid fue el eje de la operación, y Estados Unidos dio su apoyo.

Reformas innecesarias
Feijóo pone el interés de los administrados por delante del suyo propio al retrasar el debate sobre el Estatuto
ALFREDO AYCART ABC Galicia 8 Diciembre 2010

CON el desapego hacia la realidad que le caracteriza, la izquierda gallega —la radical nacionalista y la cada vez más desnortada que se agrupa aún en torno al PSOE a falta de referentes más solventes— ha aprovechado una vez más el aniversario de la Constitución para reclamar una reforma del Estatuto de Autonomía que, a ser posible, fuerce los límites marcados por la Carta Magna que se dice celebrar. Algo así como si los agnósticos participaran en la fiesta del Corpus para reclamar en su nombre la desaparición de los monasterios.

Nada que ver con los intereses reales de los ciudadanos, masivamente preocupados, y perjudicados, por una crisis que no entiende de reivindicaciones identitarias y que se ceba —y no es casualidad, sino causalidad— con más virulencia en Comunidades gobernadas por bipartitos, tripartitos o multipartitos, proclives a convertir la cuestión nacional en eje de su política, y a dedicar sus mejores energías a realzar con mayor o menor fortuna sus características diferenciadoras.

Impermeables a las lecciones de la lógica, a las exigencias de la convivencia y a los mandatos de la historia, los radicales gallegos del BNG —una excentricidad claramente minoritaria en un pueblo sosegado y sensato— rechazaron sumarse al Día de la Constitución, con su habitual retahíla de lamentaciones por la supuesta interpretación restrictiva de su articulado, el tradicional sofoco argumental artificioso con que cuestionan cada año la indisciplina del Tribunal Constitucional, que desautoriza sistemáticamente sus postulados soberanistas.

Excita la curiosidad sobre los entresijos del intelecto la virulencia con que desprecian los llamados nacionalistas los símbolos comunes, al tiempo que sacralizan los que se apropian. Ocurre con la bandera, en la que se envuelven mientras queman la que comparten con el resto de España. También con la Constitución, uno de los elementos más denostados, quizás porque es fruto de un momento de generoso desprendimiento de unos partidos que han purgado aquel pecado de desprendimiento con el egoísmo imperante en sus aparatos burocráticos.

Aquel destello de grandiosidad nos ha deparado 32 años de convivencia —y de respeto a símbolos comunes o particulares— y justo es que a sus detractores se les reclame, al menos, el mismo grado de aquiescencia que consiguió el texto que con tanta frivolidad desprecian. El trágala de respaldar una reforma constitucional para beneficiar las limitadas inquietudes partidarias de los nacionalismos excluyentes parece un lujo que esta sociedad no puede permitirse en tiempos de opulencia. Mucho menos cuando millones de familias se levantan cada mañana con la tragedia de la falta de recursos para llenar su cesta de la compra.

Dicen que es el propio Alberto Núñez Feijóo quien ha puesto freno a su precipitado compromiso de llamar a los portavoces de la oposición antes de fin de año para hablar de la reforma del estatuto gallego. Si es así, bienvenida sea la rectificación de un presidente que pone el interés de sus administrados por encima del prurito personal de cumplir a cualquier precio una promesa irreflexiva.


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El canon
La primera exposición de la Cidade da Cultura reniega de los vínculos de la cultura gallega con la hispánica
ANDRÉS FREIRE ABC Galicia 8 Diciembre 2010

LA exposición Ex libris Gallaeciae da para mucho artículo. Al cabo, estamos hablando de la exposición inaugural del Mausoleo Gaiás, con la que se pretende abiertamente determinar el canon de la alta cultura gallega. La exposición es ambiciosa. Está repleta de joyas de nuestra bibliografía dignas de ser aventadas al mundo. Allí está uno de los Códices Calixtinos, el primer libro impreso que llegó a Galicia, y el primero de los impresos en Galicia. También está el primer mapa de nuestra tierra y libros que muestran la aportación gallega al conocimiento universal (en derecho, matemáticas, botánica) no siempre justamente reconocida, incluso entre nosotros.

Sin embargo, en toda selección, tan importante es lo que contiene como lo que ignora. Varios olvidos acuden a mi memoria. Echamos en falta, por ejemplo, la Biblia Kennicott, comisionada lujosamente por un judío coruñés, aunque quizás su ausencia se deba a causa mayor. No encontramos razones, sin embargo, para que falte la Descripción del Reyno de Galicia del Licenciado Molina (1550), una joya impresa en Mondoñedo; la única que se nos ocurre es que su autor era malagueño. Y aunque es de justicia que aparezca el Padre Sarmiento y sus comentarios respecto al gallego, no sabemos por qué falta en el canon el Padre Feijoo. Una visión más amplia de la cultura gallega hubiera incluido la dedicatoria con la que Cervantes agradece, en el prólogo del segundo Quijote, su protección al Conde de Lemos. Esa amplia visión no existe en Gaiás. De ahí que tampoco incluya entre los libros de Galicia La Celestina, editada por Eugenio Krapf en 1899 en Vigo, la primera edición moderna de esa obra cimera de la literatura universal.

Muchas de estas ausencias se explican por el simple hecho de que vinculan a la cultura gallega con la española. Pues, en el fondo, la ausencia más conspicua de esta exposición es la del castellano. Cuando muestra la Galicia que se explica a sí misma, aparecen obras muy menores sin otro mérito que el estar escritas en gallego. Aparecen, cómo no, los libros fundacionales del nacionalismo. Desaparecen, empero, obras magnas en las que los gallegos han escrito sobre su tierra. Pienso, por decir algunas, en Los Pazos de Ulloa, las Sonatas de Valle-Inclán, Los gozos y las sombras. Según parece, esos libros han dejado de ser libros gallegos. Y nadie ha protestado…

En conclusión, la primera exposición de la Cidade da Cultura es una declaración de intenciones, que reduce la cultura gallega a la nacionalista, que rechaza oficialmente la creación gallega en castellano y que reniega de sus vínculos con la cultura hispánica. El Mausoleo Gaiás, vendido como apuesta por la universalización, deviene al fin en paradigma del narcisismo provinciano.

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