AGLI

Recortes de Prensa   Martes 28 Diciembre  2010

 

El final de la inocencia
La deriva crepuscular del zapaterismo es el tránsito de la infancia política a la madurez de los desengaños
IGNACIO CAMACHO ABC 28 Diciembre 2010

YA casi no quedan inocentes en España después de tantos crudos desengaños. Los últimos se cayeron del guindo en el mes de mayo, cuando el paladín del bienestar que los había engatusado con el sonido de su flauta socialdemócrata fue obligado a desnudarse de sus disfraces triunfalistas para aceptar la realidad de un oscuro fracaso. Hasta entonces, muchos habían vivido en la feliz inopia de un discurso complaciente de optimismo candoroso: la crisis que nunca existió duraría apenas dos años, el 2010 sería el del comienzo de la recuperación, el Estado tenía recursos para sostener la caída, jamás serían necesarias reformas de bienestar social, los sindicatos eran los aliados de la nueva izquierda y juntos hallarían un camino diferente que mostraría al mundo cuán equivocado estaba. La democracia bonita de los derechos civiles y el dadivoso minimalismo político eran el antídoto contra la recesión. Pero aquel viernes de primavera se desmoronaron los últimos ensueños y se deshiló de golpe la nube del pensamiento mágico: las deudas había que pagarlas y los acreedores no aceptaban excusas. El recorrido de la fantasía había terminado.

Desde entonces la cólera de los inocentes no ha dejado de crecer debajo de una oleada de desencanto. La caída del zapaterismo, su vertiginoso desprestigio, no es más que el fruto de esa decepción multitudinaria ante la expectativa despertada por un gigantesco ejercicio de irresponsabilidad. La paradoja consiste en que ese desplome se ha producido cuando el propio presidente ha tenido que despertar de su quimera y avenirse a los principios de la necesidad y el pragmatismo.

Demasiado tarde: en un régimen de opinión pública acaba resultando imposible ser una cosa y su contrario. Zapatero lo intentó demasiadas veces, y tuvo éxito mientras sus piruetas no afectaron al tren de vida de la gente. Sus creyentes le siguieron en su aventurerismo fantástico hasta que se topó con un muro de tozuda objetividad y hubo de volverse como un profeta desconcertado para anunciarles el fin de la utopía. Su tragedia consiste en que los fieles se han negado a seguirle en el itinerario de retorno; no se dan cuenta de que no les ha engañado ahora, sino durante los años de feliz impostura en que les pintaba irreales trampantojos. El veredicto de esa contradicción ha sido inmediato, implacable, despiadado: lo contrario de inocente es culpable.

Al final, la deriva crepuscular del zapaterismo no es más que el tránsito de la infancia política a la madurez de las certezas amargas e innegociables. Esa hora cruel de las desilusiones en que el hombre ha de pactar con las limitaciones de su conciencia. Ese momento en que los sueños se desvanecen y la inocencia se evapora con la severa crueldad de un descalabro. Ese día aciago en que un niño descubre que los Reyes Magos son los padres… y además se han quedado sin trabajo.

Nada nuevo en Cataluña
CiU parece asumir que Zapatero seguirá hasta 2012 y que lo que toca es aprovechar al máximo estos diecisiete meses de legislatura
Editoriales ABC 28 Diciembre 2010

EL inicio del nuevo Gobierno de la Generalitat de Cataluña no se ha caracterizado por la claridad de objetivos, la definición de alianzas y la renovación de estilos. Artur Mas ha sido investido presidente con la abstención de los socialistas catalanes y el voto en contra del PP. Aunque el líder de Unió, Duran i Lleida, se ha apresurado a desmentir que este acuerdo de investidura sea un pacto de estabilidad, resulta chocante que después de años de abierto enfrentamiento entre convergentes y socialistas se produzca un súbito consenso sobre la base de un desafío manifiesto a las sentencias del Tribunal Supremo que anulan la proscripción del castellano en el sistema educativo catalán.

Confusión es el término que mejor definiría este arranque del nuevo Gobierno catalán, que estaba llamado a marcar un punto de inflexión en el ciclo político actual y se ha reconvertido en una expectativa de apoyo sobrevenido para Zapatero. O al menos así lo ha interpretado el Gobierno, al valorar con indisimulada satisfacción el acuerdo de investidura de Mas. La elección del socialista Ferran Mascarell como consejero del nuevo Gobierno es un dato que abunda en esta interpretación. Es obvio que el PSOE está rehaciendo sus cuentas parlamentarias, sumando los votos de CiU a los del PNV y Coalición Canaria.

Si así fuera, Mas habría desmantelado buena parte del capital político que acumuló CiU en esta legislatura, al representar, por un lado, la oposición al Gobierno socialista autonómico, y por otro, el factor de estabilidad en Madrid. Fue la propia CiU la que puso fecha de caducidad a Zapatero a finales de este año, tal y como manifestó solemnemente Duran i Lleida en el debate de aprobación de las medidas de ajuste tomadas en mayo pasado. Ahora, CiU parece asumir que Zapatero seguirá hasta 2012 y que lo que toca es aprovechar al máximo estos diecisiete meses de legislatura, en los que podrá obtener del Gobierno socialista lo que difícilmente podrá arrancar a una mayoría absoluta del PP tras las próximas elecciones generales. Por otro lado, Mas se estrena apelando a mensajes soberanistas tópicos y con una reedición nada mejorada del régimen monopolístico implantado en Cataluña, donde convergentes y socialistas se sienten cómodos como ramas de un partido único catalanista. Pactando con el PSC el incumplimiento de las sentencias del Supremo, poca renovación cabe esperar en esta nueva etapa.

Las facturas de los siete años de desgobierno de Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital 28 Diciembre 2010

A punto de entrar en 2011, año en el que cada vez resulta más verosímil que muchos países de nuestro entorno crezcan con fuerza y vuelvan a generar empleo, a los españoles sólo nos queda continuar mirando hacia el futuro con preocupación e incluso con una cierta añoranza, pues todo indica que el año que comienza, por difícil que parezca, va a ser peor que el acaba. El propio presidente del Gobierno ya auguró que la recuperación no llegaría hasta, como pronto, 2015 ó 2016 y cada vez van siendo más las voces que reconocen abiertamente el lamentable estado de nuestra economía.

Sin embargo, no convendría que entre tanto oscuro pronóstico el Gobierno lograra camuflar su enorme responsabilidad en nuestra acelerada pauperización. Porque si bien es cierto que la crisis tiene una naturaleza internacional y que fue desatada por los bancos centrales, no lo es menos que la española es particularmente grave, y ello sobre todo por la desnortada y contraproducente política económica que antes de y durante la crisis ha llevado a cabo el Ejecutivo socialista.

Ahora, esfumado el espejismo de la ficticia prosperidad pasada, es cuando comienzan a llegarnos las onerosas facturas del desgobierno de Zapatero durante todos estos años. Por un lado, el Ejecutivo aprobó ayer una nueva subida de la luz para 2011 de alrededor del 10%. Toda una década de planificación centralizada del sector eléctrico –determinado quién, dónde y, sobre todo, cómo debía generarse la electricidad– ha provocado que nuestras fuentes de energía sean básicamente dos: la termoeléctrica, sometida a los vaivenes internacionales del precio del petróleo, y las renovables, centrales intermitentes cuyo funcionamiento sólo deviene rentable merced a unas cuantiosísimas primas públicas que ocultan su alto coste real. El Gobierno no quiso permitir que, como habría sido empresarialmente juicioso, las eléctricas diversificaran las fuentes de provisión energética hacia la nuclear y ahora, con todos los huevos reunidos en la misma cesta, padecemos las consecuencias. De hecho, el Ejecutivo ni siquiera dispone de margen para absorber el aumento del coste de la luz porque durante toda la década anterior se dedicó a falsear su precio de mercado, acumulando un déficit tarifario que no sólo no puede engordar ya más, sino que hay que empezar a pagarlo.

Por otro lado, el desequilibrio de las cuentas públicas continúa sin estrecharse como debiera, lo que hace temer que para el año que viene asistamos a nuevas y más sangrantes subidas de impuestos. Habrá que estar preparados, pues a buen seguro el Gobierno tratará de justificarlas arguyendo que los españoles pagamos menos impuestos que en el resto de la civilizada y moderna Europa.

Empero, no deberíamos caer en las trampas de su propaganda. Si la presión fiscal es más reducida en España que en el resto de Europa es porque nuestra actividad económica se ha hundido de tal modo que ha hecho desaparecer la mayoría de las bases imponibles: el consumo ha caído y además las empresas han visto desaparecer sus beneficios, de modo que la recaudación tanto por IVA como por Sociedades se ha desplomado. En realidad, y en contra de la consigna oficial, nuestros tipos impositivos son tan altos como los europeos y nuestro esfuerzo fiscal –el gravamen que de verdad representa para nuestro bienestar– se sitúa muy por encima de la media.

El problema del déficit público, por consiguiente, no está en que los españoles paguemos pocos impuestos, sino en que durante los años de burbuja Zapatero comenzó a dilapidar los fondos públicos a manos llenas, generando un gasto estructural muy superior al que la estructura tributaria del país podía soportar. No se trata, pues, de un problema de falta de ingresos, sino de excesivo gasto: en lugar de exprimir aún más a los españoles, debemos podar el presupuesto.

En definitiva, en 2011 seguiremos descubriendo cuáles son los nefastos efectos de estos siete años de Zapatero. Hasta la fecha la burbuja inmobiliaria y la euforia irracional que vivía el país le permitieron vender la imagen de que sus decisiones carecían de coste: podíamos ser los más socialistas, los más intervencionistas y los más ecologistas de Europa sin que sufriéramos las consecuencias. Pero la fiesta ya terminó y ahora vamos siendo conscientes de lo que algunos ya veníamos advirtiendo desde hacía mucho: que la retorcida ignorancia de Zapatero nos iba a salir carísima. Lástima que nos enteremos cuando ya es demasiado tarde.

Cataluña
El Tinell bis
José García Domínguez Libertad Digital 28 Diciembre 2010

Quizá la consecuencia más desconcertante de que todos los partidos catalanistas resulten ser uno y el mismo es el canon antropomórfico que ha acabado generando el Régimen. Así, no solo los programas y los discursos se parecen como gotas de agua, es que el narcisismo de las pequeñas diferencias, suprema obsesión patológica del establishment nacionalista, también hace intercambiables las caras. Como los mil sobreentendidos cómplices, esos códigos gestuales de la corrección política inaprensibles para quien no forme parte de la pomada. Hasta el uniforme de camarero de discoteca –camisa negra y terno a juego– ahora ubicuo tanto en los escaños del Parlament como en los platós de TV3, los mimetiza.

Al punto de que ni los más avezados fisonomistas resultan capaces ya de distinguir a los unos de los otros, y viceversa. Sin ir más lejos, ¿qué sexador de pollos identitarios hubiese acertado de discernir si el ínclito Ferran Mascarell era un nacionalista socialista, un socialista convergente, un convergente socialista o un socialista nacionalista? Y es que, en Cataluña, el genuino escritor costumbrista no resultaría ser Kafka, aunque también, sino el viejo conde de Lampedusa. ¿Qué esperar entonces de Artur Mas? En el mejor de los casos, un cierto aggiornamento en las formas, el repudio tácito de la tosca rudeza que caracterizó los modales del Tripartito, sobre todo a los líderes de la Esquerra, tan elementales los pobres.

Mas allá de eso, el movimiento catalanista continuará siendo la bicicleta que exige de quien la conduce pedalear sin tregua o, irremisiblemente, vehículo y pasajeros se derrumbarían sobre el asfalto de la realidad. Requieren de la permanente tensión escénica con Madrit, el eterno agravio frente al Estado, con tal de subsistir. Tan simple como eso. De ahí que, tras el fiasco estatutario, no tardasen ni cinco minutos en ingeniar otra cantinela victimista a fin continuar lloriqueando ad aeternum: el célebre concierto económico. Y nadie olvide, en fin, que en la Cataluña catalana, ésa que mora en el imaginario nacionalista, no cabe el PP por mucho que estuvieran dispuestos a humillarse –otra vez– sus dirigentes. He ahí la prórroga del Pacto del Tinell que, sin alardes chulescos ni ruidos innecesarios, al silente modo, marginará a la derecha española en los ayuntamientos de la plaza. Y si no, al tiempo.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Impuestos
Primero nos toman el pelo y luego la cartera
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 28 Diciembre 2010

Que en un momento de depresión económica como pocos ha conocido este país, el Gobierno sostenga que pagamos pocos impuestos porque la presión fiscal "sólo" se sitúe en el 33% del PIB (léase, el Estado nos arrebata directamente cada año un tercio de toda nuestra renta... regulaciones no incluidas) debería de darnos una imagen de con quién nos jugamos los cuartos.

Ahí los tenemos, menesterosos ellos, acusándonos de avariciosos por osar retener un poco más de la mitad de la exigua riqueza que sus intervenciones, injerencias, dirigismo, amiguismos y corruptelas varias nos permiten crear. Blanco, Rubalcaba, Salgado y Zapatero, esos que el año pasado se fundieron alrededor de 100.000 millones más de lo presupuestado, nos piden que arrimemos el hombro, aunque en realidad se refieren a que saquemos la cartera para que puedan proceder a desvalijarla.

Pues sí, parece que darles el 33% de nuestra renta a unos señores cuyo más reseñable logro es hacernos la vida imposible se les antoja poco. Así, nos vociferan que somos unos privilegiados por vivir en España, ignoto paraíso fiscal a nivel internacional en el que nadie había recaído hasta que la PSOE advirtió de su existencia. Nos insisten en que el coste de la modernidad pasa por que aceptemos resignados una mayor "socialización" de nuestras rentas, pues por lo visto a estos probos gestores el Plan E se les quedó pequeño. ¡Qué oportunidades habremos dejado escapar como "país" por nuestro individualista vicio del puño cerrado! Suerte que ahí están Salgado y Zapatero para acercarnos a los estándares europeos de extorsión tributaria; porque lo que se lleva es eso, si los otros son ciegos y nosotros sólo tuertos, será que conviene arrancarnos el ojo que nos queda.

Pero, ay no, va a ser que Uropa no es tan ista ista socialista como nos contaban. Tampoco es que sea, ni mucho menos, un paraíso de libertad, pero algún muerto en el armario tenía que haber cuando, si bien los españoles apenas ganamos para satisfacer el voraz apetito de Hacienda, los publicanos nos insistían en que todos nuestros vecinos pagaban en torno a un 50% más de tributos.

Y ahí está: como ha puesto de manifiesto un estudio del Instituto Juan de Mariana, dirigido por el colaborador de Libertad Digital Ángel Martín Oro, la presión fiscal es un indicador no ya defectuoso sino perverso de medir cuántos impuestos paga un país. Les pondré un ejemplo muy sencillo: imaginen que el Impuesto de Sociedades se sitúa en España en el 100%, confiscación entera de los beneficios empresariales sin deducción alguna. ¿Diríamos en tal caso que nuestras empresas pagan pocos impuestos? Apuesto a que algún socialista en el Gobierno seguiría opinando que sí, pero incluso los más obtusos coincidirían en que son unos impuestos elevadísimos que desincentivan la generación de riqueza. Pues bien, en ese escenario de expolio absoluto, si la actividad económica se desmoronara tanto como para que ninguna empresa obtuviera beneficios durante un ejercicio, ¿saben cuál sería la presión fiscal de las empresas? El 0%. Vamos, que bien podría salir un Blanco cualquiera a vendernos la burra de que las empresas españolas disfrutan de los impuestos más reducidos de todo el planeta. ¿Ven por qué es perverso? Los gobiernos que más contribuyen a empobrecer un país son los que, con los datos de presión fiscal en sus manazas, más pueden legitimar sus depresoras subidas de impuestos. No querías caldo, pues dos tazas.

Pero, como debería ser elemental para cualquiera, para recaudar impuestos tiene que haber bases imponibles y si esas bases imponibles desaparecen, eso no significa que los tipos impositivos sean bajos, sino sólo que estamos destruyendo mucha riqueza; tal vez, entre otros motivos, porque los tipos impositivos son muy altos.

Dicho de otro modo, si el Gobierno aprovechó los ingresos tributarios artificiales derivados de la burbuja inmobiliaria para sufragar sus bacanales y orgías de despilfarro, es normal que ahora, una vez esa burbuja ha pinchado, la recaudación se haya desplomado mucho más de lo que lo han hecho unos gastos que él, cual codicioso y miope especulador, se encargó de inflar durante los años de ficticia bonanza. Lo que no es tan normal, y mucho menos decoroso, es que su imprevisión y prodigalidad las acabemos pagando los españoles: no, señores socialistas, por mucho que les agrade ese dinero ajenos que no es de nadie, no nos pidan que corramos con los gastos de una juerga suya que nunca termina.

Apriétense, de una vez y de verdad, el cinturón. Estrénense en leer algo que esté relacionado con la realidad económica y entérense de que el esfuerzo fiscal de los españoles, el indicador que más aproximadamente mide el quebranto y el coste que nos supone pagarles sus impuestos, es de los más altos de Europa. ¿Qué buscan exactamente? ¿Quitarnos incluso el dinero que sus omnipresentes regulaciones no nos dan ocasión ni de crear? Por si todavía quedaba algún desorientado, el to’ pal pueblo cada vez se destapa como un más claro y desacomplejado to’ pamí. ¿Los impuestos más bajos de Europa? Será de la antigua Europa del Este.
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y de ISEAD y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores, galardonado con el Premio Libre Empresa 2010.

Rivas acusa a Hayek
Carlos Rodríguez Braun Libertad Digital 28 Diciembre 2010

El destacado escritor Manuel Rivas afirmó en El País: "Las teorías de Keynes, que inspiraron el New Deal del presidente Roosevelt, ayudaron a salir de la Gran Depresión que siguió al crack de 1929 y a poner en Occidente los cimientos de la sociedad del bienestar, el mayor esfuerzo igualitario en un marco de libertad".

Keynes y Roosevelt se encontraron sólo una vez y se tuvieron escaso aprecio. Las teorías de Keynes no inspiraron el New Deal, porque el intervencionismo, de remotas raíces, reflorecía entonces en el ambiente político e intelectual en todo el mundo, como lo prueba el auge de diversas variantes intervencionistas, como el comunismo y el fascismo. El New Deal no ayudó a salir de la Gran Depresión, sino que contribuyó a prolongarla: la economía americana no se recuperó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. El Estado del Bienestar no fue una creación de Roosevelt sino del canciller Bismarck, o incluso anterior; y no tuvo que ver con la libertad ni con la igualdad sino con la extensión del poder político.

Continúa el señor Rivas defendiendo a Keynes contra "los fanáticos del Money o monetaristas, empezando por el pelma de Von Hayek". Es posible que Rivas confunda a Hayek con Friedman. No es cierto que el primero haya sido un monetarista; y su escuela, la austriaca, está muy alejada del monetarismo.

Conocí a Hayek y mantuve con él una extensa entrevista que publicó Revista de Occidente en marzo de 1986; acaba de ser reimpresa en el libro de L. Perdices de Blas y T. Baumert, La hora de los economistas. Si no quiere leer nada más, le bastará a don Manuel leer esa entrevista para comprobar que Hayek era cualquier cosa menos un pelma. Si además quiere estudiar su obra, comprobará que era un pensador profundo, cultivado y original, del que ni siquiera sus adversarios, como el propio Keynes, dijeron nunca que era un pelma.

Apunta el señor Rivas que Keynes le recordó a Hayek que los seres humanos son una especie "capaz de ser solidaria y de controlar los instintos depredadores". Esta no es una tesis de Keynes sino precisamente del propio Hayek, como puede verse en su último libro La fatal arrogancia.

Concluye don Manuel: "cada vez que se han aplicado literalmente las teorías de Von Hayek lo que ha quedado detrás es una estela de destrozos, desigualdad social e inseguridad. Véase el mea culpa de los ex jefes del FMI que, con sus cómplices interiores, hundieron a Argentina en 2001". Decir que en mi país natal se siguieron "literalmente" las ideas de Hayek es una síntesis excelente del pensamiento del señor Rivas, porque lo que allí hicieron los gobernantes fue aumentar el gasto público, los impuestos, y la deuda pública, los tres a la vez, es decir, exactamente lo contrario de lo que recomiendan los liberales, con Hayek a la cabeza. Si nuestro escritor tuviera razón, entonces la Argentina, tras haber abrazado tan enriquecedor humanitarismo keynesiano, debería ser el país más libre, justo y próspero del planeta.

El año negro de ZP
Ignacio VILLA La Razón 28 Diciembre 2010

Estamos a punto de despedir un auténtico año negro para el Gobierno, para Rodríguez Zapatero y para el Partido Socialista. Doce meses en los que hemos visto como un Ejecutivo es capaz de mutar, de mentir, de cambiar la realidad y de fabricar un mundo virtual que nos ha hecho mucho daño a los españoles.

Echamos la vista atrás y ha sido el año del ridículo internacional, del gran bofetón económico, del hundimiento de la baraka de Zapatero, de la vuelta a la realidad dura de un Gobierno desgastado por la crisis, vapuleado por sus errores e incapaz de buscar salidas a una situación de final de ciclo. Esta descripción de la realidad es también el resultado de un año convulso como pocos en la democracia española. Doce meses de errores y más errores.

Quedan atrás los brotes verdes que nunca existieron, la economía española que decía estar en la Champions League, la amenaza de la intervención, el entierro de la Alianza de Civilizaciones de la que nunca más se supo, el tristemente famoso «Plan E» que fue un remiendo lánguido para la creación de un empleo temporal, el fracaso de la Ley Sinde, la sentencia sobre la reforma del Estatuto de Cataluña, las advertencias de Bruselas y de distintos gobiernos europeos para que Zapatero ejecutara las reformas estructurales necesarias, la huelga general que ni fue huelga, ni fue general, la crisis de Gobierno que ha llevado a Pérez Rubalcaba a tomar el control absoluto de la situación, la desaparición de la vida política –de primera fila– de quien ha sido el alma del Gobierno durante muchos años como es la vicepresidenta De la Vega; en fin, tantas y tantas cosas que nos dejan en definitiva un presidente del Gobierno noqueado sin orden, ni concierto y que tiene a su partido en ascuas por mantener abierta de par en par la posibilidad de presentarse o no a las próximas elecciones generales.

Se cierra un año horrible para Zapatero y para los suyos. Ha sido un desplome brutal en las encuestas; imprevisible entre los más pesimistas y que a día de hoy no tiene fácil salida. Los socialistas están desconcertados. Zapatero no sabe por donde salir y por lo tanto no existe una estrategia clara. Viven ahogados con la esperanza de que la crisis económica comience a remitir, tienen la confianza de que Zapatero recupere –al menos en apariencia– la frescura de otros tiempos, pero por encima de todo esperan que las elecciones autonómicas y locales del mes de mayo no sean tan funestas como indican las encuestas. Todo es, en resumen, pura ensoñación. Todo es pura especulación más ilusoria que otra cosa. La realidad es tozuda y la realidad coloca al PSOE al borde del abismo.

Los socialistas despiden un año bajo mínimos, sin ilusión y sin esperanza. Ven venir el batacazo, pero todavía se agarran a la ilusión del primerizo. Pero en esta ocasión, no hay margen ni para el milagro político.

Políticas constructivas
*Arturo Moreno www.gaceta.es 28 Diciembre 2010

Parece imposible llegar a cumplir unos objetivos cuando se opta por elegir la dirección equivocada. El teórico esfuerzo desplegado tenderá a ser inútil y las rectificaciones no harán más que mermar la productividad de las decisiones.

El aferramiento numantino del presidente al poder y su continuidad vegetativa apuntalan el naufragio e impiden abrir una nueva etapa política, que a partir de unas elecciones oxigenaría la situación mortecina de nuestro país. Así, la ausencia de confianza provocada por el Gobierno se ha extendido al conjunto de la sociedad.

Parece obvio que la primera misión nacional urgente es que España deje de estar en la lista de los países a evitar, a eludir por los inversores, a causa de la desconfianza y el riesgo que contiene. Para ello, hay que centrar el esfuerzo nacional en aquellas cuestiones prioritarias y concretas que exigen políticas pragmáticas y constructivas, imprescindibles para recuperar la confianza.
España no puede seguir debilitándose, dedicando sus energías a lo artificial y estéril. España, desde el año 93 (salvo en el periodo 2000-2004), ha tenido Gobiernos en minoría y éstos han estado condicionados por partidos nacionalistas. Finalmente, sin haberlo previsto ni deseado, nos hemos convertido en uno de los países más federales del mundo, superando a Estados Unidos y a Alemania en la proporción del gasto de los Gobiernos regionales en relación con el Gobierno central, que sólo representa ya el 22% del gasto final del Estado. Urge hacer pedagogía sensata y rigurosa en esta cuestión, sin entrar quizás en sanguíneas y circulares discusiones con los nacionalistas, sino explicando a los ciudadanos la verdadera realidad, porque estamos rebañando ya zonas geológicas del Estado necesarias para seguir existiendo como Nación.

España tiene que acometer un gran reto, ser capaz de mejorar muy sustancialmente nuestra competitividad y, con ella, los niveles y la calidad de nuestro empleo. Hacia ello hay que dirigir todos los esfuerzos y todas las iniciativas, sin lo cual esto sería imposible reducir nuestros niveles de endeudamiento, más bien éste seguiría creciendo hasta lo insostenible por mucho que recortemos los gastos. Reconstruir todo el tejido productivo que se está perdiendo en esta crisis llevará mucho más tiempo del que ha costado destruirlo.

Está claro que el fomento de las exportaciones es prioritario, así como la internacionalización de nuestra empresa, organismos públicos como el ICEX o incluso la gran empresa española pueden ayudar a conseguir este objetivo. Históricamente España ha dado muestras de pérdida creciente de competitividad, como ha venido señalando desde hace bastantes años nuestro déficit de la balanza de pagos. La evolución de nuestros costes laborales unitarios ha ido aumentando constantemente respecto a otros países de la UE. También la dualidad de nuestro mercado de trabajo ha afectado a la productividad.

Pero hay un ángulo de este proyecto nacional que podríamos denominar la España competitiva, y que se refiere al papel que deben desempeñar las grandes ciudades y regiones como impulsoras y catalizadoras de la nueva economía del conocimiento. Las sociedades globalizadas serán sociedades nómadas donde las personas buscarán asentamiento en aquellos lugares que no sólo posean calidad de vida residencial, sino que reúnan un conjunto de cualidades que les permitan ser un centro receptor de inversiones y de desarrollo empresarial intenso. Son muchas las cualidades precisas que van desde la ubicación geográfica a las infraestructuras (aeropuertos o la propia red de transportes de las ciudades), la calidad de la educación, los planes de I+D, los equipamientos culturales o la buena arquitectura, que es otro factor de competencia entre ciudades.

Pero lo importante es el foco de especialización que adopten las ciudades, las regiones y, por extensión, los países para afrontar la batalla competitiva en un mundo globalizado. Vertebrar el territorio, el espacio de las ciudades en torno a servicios, productos y proyectos de alto valor añadido con fuerte desarrollo tecnológico es el mejor medio para crear empleos de alta cualificación. Estos empleos contribuirán a perfilar una favorable configuración sociológica de las ciudades. La región de Madrid y su capital tienen todas las condiciones para jugar la carta de ser el puente de Europa con Iberoamérica, y así conectar también los intereses que los grandes países asiáticos tienen en Sudamérica. Tenemos esa posibilidad, pero si no se impulsa y canaliza a través de iniciativas concretas e inteligentes, el proyecto quedará diluido en la vertiginosa actividad cotidiana. Las grandes ciudades deben definir estrategias de especialización, así se hizo en Singapur, conocida como capital mundial de la biomedicina, y así lo está intentando Barcelona en Europa también con la biomedicina o con la industria de los contenidos audiovisuales. Las regiones españolas punteras son un eje prioritario de actuación en la imprescindible transformación competitiva de España y merecen reflexiones y actuaciones singulares.

*Arturo Moreno es abogado.

Auto-moribundia
EDUARDO SAN MARTÍN ABC 28 Diciembre 2010

La limosna de legislatura brindada por CiU al PSC, a cambio de un apoyo parlamentario que no necesita, vino precedida de un consenso verbal entre los dos principales partidos catalanes, con algunas otras adherencias, para saltar una vez más por encima del estado de derecho.

Sumando una vez más sus voces a las de los nacionalistas, los socialistas proclamaban su intención de no dar cumplimiento al mandato judicial que obliga al gobierno autonómico a considerar el castellano lengua vehicular en el sistema educativo de Cataluña; la penúltima muestra del seguidismo y la confusión que ha llevado a los socialistas a la situación de postración en la que les ha sumido el veredicto de los electores y de la que ahora pretenden salir con más de lo mismo: ofreciendo su apoyo a un gobierno que, en una situación normal, estaría en las antípodas de sus principios ideológicos y al que han llevado en volandas al poder, víctimas de un complejo de limpieza de sangre que no les ha sumado nada y les ha restado el apoyo de muchos de sus desencantados seguidores.

«Es muy chocante ver a un por sí decirlo socialista envuelto en la bandera catalana. Es un oxímoron viviente. O quizás agonizante», escribía el intelectual barcelonés Félix de Azúa, en un artículo, en «El pais», cuya lectura recomiendo. En la coda final se encuentra, en mi opinión, la clave del pacto. El nacionalismo catalán ha sido siempre muy pragmático en cuanto conviene a sus intereses. Y no ofrece al PSC un acuerdo por afinidad o por aversión al PP, con el que ha pactado en ambos parlamentos en el pasado. Lo hace porque firma con un moribundo necesitado de oxígeno que trata de sobrevivir, en Barcelona y Madrid, a toda costa. Con la vista puesta en 2012. Ya veremos entonces. Por ahora: Andreu Mascarell, primera «recompensa» al servicio prestado.

No es Europa
Alfonso Ussía La Razón 28 Diciembre 2010

Se lleva discutiendo décadas sobre la identificación europea de Turquía. Sólo el izquierdismo simplón considera que Turquía es Europa y tiene todo el derecho de ingresar en la Comunidad e instituciones del viejo continente. Turquía no es Europa ni participando en el Campeonato Europeo de Canicas sobre Grava. Y hay documentos gráficos que sirven más que mil argumentos sesgados para desautorizar a los defensores del europeísmo otomano. No se les antoja suficiente leer un poco la Historia y los hechos. Sobre el mapa, que no en la realidad, hay una pequeña Turquía europea y una inmensa Turquía asiática. Lo más europeo de Estambul es el Hotel Hilton, que es americano. Y hay decenas de miles de turcos que viven, visten y piensan como europeos frente a millones que se consideran inmersos en el islamismo. Y me refería a imágenes concretas. Ayer nos la proporcionaron. Una multitud islamista recibe en el puerto de Estambul al buque «Mavi Marmara», uno de los barcos de la flotilla fletada por el terrorismo palestino que navegó sin autorización por las aguas correspondientes a la franja de Gaza y fue repelida por el ejército de Israel. En la fotografía no se aprecian banderas turcas. Sólo palestinas.

Y no parece que a los organizadores de la provocadora patraña les haya servido la lección recibida. En marzo volverán a navegar hacia el enclave del terrorismo de Hamas, y en marzo disfrazarán de arriesgados héroes a los ilusos y los tontos.

Europa, eso tan difícil y complicado de unir, derrumbado el comunismo, no es sólo un continente geográfico. Es la síntesis de la libertad y el humanismo cristiano, desde la ortodoxia griega o búlgara –y muy pronto, la rusa–, al catolicismo francés, italiano, portugués y español, pasando por el luteranismo y el protestantismo anglosajón. Siglos de horror y de avances hasta alcanzar, al menos en teoría, la cumbre de los derechos humanos y la soberanía de la voluntad popular. El comunismo se fue a freír gárgaras y se respeta en Europa como el legítimo reducto de la más empecinada necedad. Los europeos han decidido perdonar a la presumible ideología más brutal y sangrienta de la Historia de la Humanidad. El nazismo y el fascismo, dentro de la gran masa de los ciudadanos de Europa, no son más que recuerdos y pegatinas, en tanto que el comunismo, el aplastado comunismo, aún cuenta en algunas naciones europeas con el respaldo amistoso de las instituciones. Hay derechas europeas que votan a favor de nombrar hijo predilecto de una ciudad a un genocida estalinista. Pero son excepciones que el tiempo, la sensatez y el civismo se encargarán de borrar.

El comunismo derrotado por su propio fracaso, se camufló en movimientos ya iniciados, dotándolos de fundamentalismo, de dogmatismo y de inflexibilidad. El ecologismo científico se convirtió en un ecologismo «sandía». El feminismo, en un ejército soterrado de histerismo sexual.

Y los grupos terroristas encontraron en la izquierda tumefacta por la caída de las piedras del muro sobre su cabeza, una benefactora constante. No sólo en Europa, sino más allá. El odio común lo protagoniza el Estado de Israel, que curiosamente, es infinitamente más europeo que Turquía, y como nación de Europa es aceptada en multitud de organismos sociales, políticos, económicos, militares y deportivos. Esa izquierda con chichones en la cabeza aún irreductibles es la que defiende a los terroristas de Hamas y los movimientos islámicos radicales de Turquía. Vean la fotografía. Si lo que se aprecia es Europa, hagámonos ciudadanos del Polo Norte. Y con entusiasmo.

Las complicidades malsanas
Me pregunto si no es excesiva la bonhomía necesaria para confraternizar con mentirosos, totalitarios y trepadores
HERMANN TERTSCH ABC 28 Diciembre 2010

UN tribunal de Moscú declaró ayer de nuevo culpable del delito de estafa y blanqueo de dinero al exmagnate Mijail Jodorkovski. En los próximos días se sabrá cuantos de los trece años de prisión que pide el fiscal habrá de pasar Jodorkovski en la prisión de Siberia en la que ya lleva encarcelado casi siete. Los juicios contra Jordorkovski, lo sabe todo el mundo y el Kremlin no intenta siquiera ocultarlo, son una perfecta farsa en la que los jueces saben que se juegan su porvenir tanto como el propio reo. Y el guión de los mismos está tan establecido como lo estaban los de aquellos célebres procesos de Moscú a Bujarin, Kamenev, Radek o Tujachevski.

No estamos comparando los métodos del primer ministro Vladimir Putin con los de Stalin. Porque son otros tiempos. Quizás sólo por eso. Pero es evidente que el hombre fuerte del Kremlin utiliza a la justicia rusa como Stalin utilizaba a la soviética. Y que la lógica imperante en el aparato judicial es la misma. Jodorkovski no malversó, estafó y blanqueó dinero en mayor medida que los demás grandes tiburones industriales y financieros del proceso de desmantelamiento de la URSS. La mayor parte de ellos gozan de libertad y buena salud como socios o benefactores de Vladimir Putin.

Otros, que no hicieron buenas migas con Putin, fueron prudentes y se buscaron exilios dorados y blindados en Londres o EE.UU. A Jodorkovski le perdió esa debilidad que suele ser letal en las luchas por el poder en Moscú desde Iván el Terrible, que fue su excesiva inquietud intelectual y su ilusa creencia de que Rusia se hallaba, acabado el «periodo salvaje» del «Far East» en camino hacia el Estado de derecho.

De ahí que se dedicara a financiar a periodistas y televisiones independientes y dejara entrever veleidades políticas. Fue su perdición que le llevó a una prisión en Siberia a seis franjas horarias de Moscú, donde ya los zares, después Lenin, Stalin, Jruschov y Breznev mandaban a aquellos a los que ya no querían volver a ver por la capital. Pero el problema al que quiero referirme atañe no atañe directamente a Putin y a sus veleidades estalinistas, ni a Jodorkovski y sus imprudencias.

Ni siquiera a la triste certeza de que parece claro que nunca veremos un estado de derecho en Rusia. Me refiero a la enorme simpatía que el señor Putin despierta entre algunos líderes del mundo libre. No hablaremos de otros asuntos turbios, de la muerte de periodistas o la desaparición de críticos o el bestial trato que reciben representantes de minorías.

Pero todos saben que Putin es personalmente responsable de esta inmensa fechoría. Y sin embargo casi nadie ha marcado distancias de quien es, evidentemente, el artífice de este crimen. Esto más que «realpolitik» es indiferencia moral o complicidad culpable. Cierto es que a veces la compañía canalla es la más divertida. Pero algo sí habría que recordar aquello del «dime con quién andas».

La misma sensación de omnipresencia de esa indiferencia moral me ha producido un artículo escrito por Félix de Azúa en El País, en el que denuncia el siniestro híbrido de izquierdismo comunista de los años setenta y nacionalismo xenófobo que domina la escena política y cultural catalana. Habla Azúa de la «herramienta totalitaria» y de la «dictadura nacional» en Cataluña. Y de la mentira sistemática y la hipocresía de los círculos de los elegidos. Me pregunto si no es excesiva la bonhomía necesaria para confraternizar con mentirosos, hipócritas, totalitarios y trepadores. No acabo de ver la necesidad de convivir en perfecta armonía con la estafa, el abuso o la impostura.

España
Piden mejorar la ley para combatir el enaltecimiento yihadista
Los investigadores reclaman facilidades para expulsar a los imanes radicales
D.M./A.M.-F. / MADRID ABC 28 Diciembre 2010

En España hay cien mezquitas radicales
Tanto los investigadores policiales como la Fiscalía reconocen las dificultades que hay para probar el enaltecimiento del terrorismo, un delito que, según fuentes consultadas por ABC, se podría estar cometiendo cada viernes —día de oración en el Islam— en un centenar de las mil mezquitas que hay abiertas en España. Con este escollo se encuentran a diario los expertos antiterroristas que reclaman una definición más precisa del enaltecimiento para evitar que el futuro de una investigación dependa de la interpretación que el juez haga de este delito, como sucede en la actualidad.

Subrayan, en este sentido, que otros países europeos cuentan desde hace tiempo con una definición acotada de esta infracción, lo que constituye, a juicio de los expertos, una eficaz herramienta y más viendo que la «yihad ideológica» lanzada por Al Qaida es una campaña con largo recorrido. Para las fuentes consultadas, es el momento de poner los medios legales para hacer frente a la nueva ofensiva de la red que dirige Bin Laden.

Por este motivo, subrayan la importancia de unificar criterios sobre el delito de enaltecimiento y recuerdan que la Fiscalía General del Estado en su memoria de 2009 destacó la necesidad de que la «especialización» alcance a los órganos judiciales por las «peculiaridades» que tiene el terrorismo internacional yihadista en cuanto gestación, estructura y funcionamiento. La Fiscalía reconoce que esa singularidad «le aleja del terrorismo tradicional y dificulta notablemente la respuesta represiva del Estado mediante la investigación penal y la aplicación de la ley». En definitiva, no todos los terrorismos son iguales, luego las armas legales han de ser diferentes.

Los expertos policiales consideran también una traba el «exceso de garantismo» de la ley de Extranjería en cuanto a las expulsiones. Reclaman que la legislación debería ser más flexible para que se pudiera actuar de manera rápida y eficaz contra aquellos que desde las mezquitas lanzan discursos de claro enaltecimiento de la yihad. «Tenemos varios casos pero es prácticamente imposible expulsarlos», lamentan.

Mientras, el portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso, Gustavo de Arístegui, calificó de gravísimo el avance del extremismo islámico en España. «En nuestro país hay entre 1,5 y dos millones de musulmanes y aunque el extremismo afecta a una proporción pequeña, al tratarse de una masa numerosa, la cifra no es nada desdeñable. Y estamos ante un fenómeno creciente. Hay que pedir medidas contundentes a las autoridades y, a los musulmanes moderados, que tengan coraje y valentía para dar un paso al frente y denunciar a quienes son el enemigo común. En estos momentos, la responsabilidad de los moderados es crucial». De Arístegui condenó al imán de la mezquita Ibn Hazm de Lérida: «¿Quién es ese sujeto que llegó a montar una policía religiosa para mandar apalear a quienes considera que no cumplen con las normas religiosas, cuando eso es una cuestión de conciencia?».

a seis meses de las elecciones
El alcalde de Alcorcón quiere hacer funcionarios a todos sus contratados
El portavoz del Grupo Popular en la Asamblea y candidato a la alcaldía de Alcorcón, David Pérez, denunció una nueva "cacicada" del alcalde de ese ayuntamiento, Enrique Cascallana, que quiere aprobar este en el Pleno la funcionarización masiva de personal laboral.
Libertad Digital 28 Diciembre 2010

Según David Pérez esta medida contraviene no sólo el derecho estatal sino también el Estatuto del Empleado Público y el derecho comunitario. Pérez denunció también que Enrique Cascallana quiera hacer fijos a 200 empleados del Consistorio a seis meses de las elecciones.

Pérez criticó que el acuerdo del Gobierno municipal con sindicatos, que será aprobado hoy, vulnera el Derecho comunitario, la jurisprudencia del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional y el Estatuto Básico del Empleado Público y va contra el colectivo funcionarial.

Añadió que la Directiva Comunitaria advierte que no puede primarse a una Administración sobre las demás, y aquí se prima el 75 por ciento de desempeño en el Ayuntamiento y el 25 por ciento de otras Administraciones, "lo que es claramente ilegal".

El candidato del PP a la Alcaldía de Alcorcón destacó que "es un proceso que va contra el Estatuto y discrimina a los funcionarios porque se les impide la promoción interna que sí se permite a los laborales, cuando son además plazas funcionariales". Pérez añadió que "se emplea una fórmula que es el concurso-oposición, que es una modalidad excepcional para colectivos muy restringidos y singulares, pero no puede emplearse para auxiliares administrativos, por ejemplo, y menos de forma generalizada".

David Pérez manifestó que también va contra la jurisprudencia, porque en repetidas sentencias se afirma que la fase de concurso "no puede tener mayor peso que la de oposición, pero aquí el 55% es fase de concurso y el 45 por ciento la de oposición".

El candidato del PP a la Alcaldía señaló que su grupo recurrirá esta actuación del Consistorio por ser contraria al derecho, e impedirá que esta nueva cacicada salga adelante por todos los medios legales a su alcance.

Por último, Pérez instó al Pleno municipal a "no hacerse cómplice de esta barbaridad" y solicitó la retirada de este acuerdo del orden del día de la sesión de hoy, así como la suspensión de todo el proceso selectivo y de funcionarización masiva, que por distintas vías, está tratando de llevar a cabo Cascallana en Alcorcón, "ante una inminente derrota electoral".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Secuestrar el futuro
El Ibarretxe catalán, acompañado por Jordi Pujol, tiene en sus manos el devenir de Zapatero
TOMÁS CUESTA ABC 28 Diciembre 2010

DE un nacionalista nunca se sabe lo que va a hacer, pero sí lo que no va a hacer. En el caso del molt honorable Mas se tienen suficientes certezas como para prever la institucionalización del desacato, la normalización del regateo, el incumplimiento premeditado de las sentencias y la relativización de las leyes. De hecho, la primera providencia del president Mas ha sido la de prometer el cargo a la batasuna, con una morcilla, que es lo propio en un teatrillo. Toda una arquitectura legal para que el «constructor» de Cataluña (así se define) se salte el protocolo y lo que no está en los escritos para vincular sus errores a los designios de la Historia. Promete el cargo «con plena fidelidad al pueblo de Cataluña», adenda que es la regla para cualquier excepción que se le ocurra, desde poner en solfa al Estado con el concierto económico hasta declarar inaugurada una nueva «transición nacional».

Entre enmiendas a la Constitución, butifarras a los jueces y morcillas como fórmulas legales, Mas mantiene abierta la casquería del tripartito, ahora una reducción sociovergente frente a la complejidad de una sociedad que vota lo que quiere para que los partidos pacten lo que se les antoja, una reinterpretación electoral de la que se deduce que nada ha cambiado, que la Carta Magna es papel mojado, que España no existe, que el castellano es un idioma hostil y que la secesión es cuestión de tiempo. No se esperaba menos de quien conoce el precio de la política desde mucho antes de que se lo mostrara Zapatero en una timba monclovita cuando lo del Estatut.

Convertido el Parlamenten lo más parecido a una asamblea de ERC, Mas encabeza una rebelión contra el Tribunal Supremo, pone precio a la continuidad de Zapatero y remueve los cimientos del Estado de las Autonomías con la abstención cómplice del grupo socialista en pleno. La derrota parece un armisticio en vez de una capitulación, con retiros dorados y hasta una consejería, la de Cultura, para los conversos. A cambio, el mando a distancia de España, desde la estabilidad política a las circunstancias del mercado. ¿Una mayoría absoluta del PP? «Dios no lo quiera», respondía Mas. Cualquier mayoría absoluta, menos la propia, es la peor de las pesadillas de un político, y más para quienes han convertido la ideología en una cuestión de oportunidad.

El Ibarretxe catalán, acompañado en todo momento por Jordi Pujol, tiene en sus manos el devenir de Zapatero, pero ha pedido rescate por el futuro de España.

Quiere las llaves de la caja (única), su parte de Aena, el oro de Moscú, inmunidad diplomática, impunidad total y la mitad más uno de puestos en el Constitucional, entre otras prendas a mayor gloria de la «plenitud nacional» de Cataluña, aspiración primaria que agita como prueba de vida en ese secuestro del futuro de un país entero. Obviamente, los derechos individuales, la legalidad, la moralidad y hasta la urbanidad democráticas no van a suponer ningún obstáculo en este «remake» del pujolismo, del que el tripartito no fue sino una consecuencia natural en un momento de despiste después de 23 años. Tras el interinazgo charnego, el nacionalismo de segunda generación se abalanza sobre el Estado con la obstinación de los pioneros, al abordaje y sin cuartel. La rueda del chantaje nunca deja de girar y si antes era el tripartito con el Estatut, ahora será un prospecto de Pujol con el mentón de Kent (el compi de la Barbie) quien reparta las cartas, el «dealer» de una partida con ases en la manga.


Mas
El Molt Honorable "mamador" de Cataluña
Guillermo Dupuy Libertad Digital 28 Diciembre 2010

No sé si prometer el cargo de presidente de la Generalidad catalana añadiendo un "con plena fidelidad al pueblo de Cataluña" es una fórmula legalmente admisible. Pero, qué quieren que les diga, no voy a entrar ahora en esas pequeñeces sobre el valor de la promesa de quien, como Artur Mas, ha ascendido a la dignidad de Molt Honorable comprometiéndose con el PSC a hacer caso omiso a lo que diga el Tribunal Supremo respecto a los derechos lingüísticos de los ciudadanos, o a alcanzar, tal y como ha dicho este lunes, la "plenitud nacional de Cataluña".

Me parece más comentable su discurso. A este respecto, no digo yo que no sea bonito que un político, cuando toma posesión de un cargo, exprese públicamente el cariño que siente hacia su mujer o hacia la tierra en la que nació. El problema está en que si confundes ambos amores corres el riesgo de incurrir en tantas cursilerías y delirios identitarios como en los que ha caído el nuevo presidente de la Generalidad en su toma de posesión del cargo. Si con lo de la "plenitud nacional" a la que quiere llevar a Cataluña, Mas ha estado cerca de hablarnos como si de la consumación de un matrimonio se tratara, al decirnos que se siente "no como un resistente, tampoco un libertador, sino como un constructor de Cataluña, de la nación catalana", ha dejado en evidencia unos delirios de grandeza difícilmente superables. Es verdad que los masones hablan del "Gran Arquitecto del Universo", pero con ese título se refieren a Dios. Y esto de "constructor", aunque sea de la nación catalana, parece que se le queda un poco grande a Mas, por mucho que, refiriéndose a Cataluña, nos diga que "la he conocido a fondo, la he respirado, la he tocado, la he mamado con una gran intensidad".

Sabíamos que, con los nacionalistas, los territorios y las personas que en ellos habitan forman un todo que adquiere rasgos antropomórficos. Es lo que tiene eso de disolver al individuo en el colectivo; que, al final, es este el que adquiere los rasgos que caracterizan a la persona. Pero, me reconocerán ustedes, eso de haber "mamado con gran intensidad" a Cataluña supera todo listón.

Tampoco hay que perder de vista a Mas cuando, más humildemente, dice sentirse "como una válvula más del engranaje que empezó más de mil años atrás". Ya ven, de constructor de una nación por construir, pasa a ser mera "válvula", pero de una nación de más de mil años de existencia. Con esto último, Mas se debe referir a aquel circo que celebró por unanimidad el parlamento regional en 1987 con lo del Milenario del Nacimiento Político de Cataluña". Semejantes delirios de grandeza se basaban, más que en una negativa, en una falta de respuesta del hispano Conde Borrell II de Barcelona a prestar vasallaje en 988 al rey de los franceses, Hugo Capeto. Poco importa que en tal época, ni durante muchos siglos después, ni Cataluña ni esta palabra existiesen, que no hubiera ni territorio unificado ni conciencia de pertenecer a una unidad. Poco importa también el hecho de que entre los títulos que quiso ostentar Borrell II estuviera el de Duque de la Hispania Citerior. En realidad, nada importa, ni la historia, ni la ley, ni los derechos, ni las libertades individuales. A un tipo que ha conocido, respirado, tocado y hasta mamado a Cataluña con tanta intensidad como lo ha hecho Mas, le está permitido todo. Hasta exprimir a los catalanes y al resto de los españoles.

CiU
Todos nacionalistas
Jorge Vilches Libertad Digital 28 Diciembre 2010

La reacción de CiU y del PSC ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre su modelo educativo es una prueba más de lo rancio de este nacionalismo etnolinguístico, imbuido de ese aire mesiánico impropio de una sociedad moderna. Ruboriza un poco el tener que recordar que la base de una democracia, tal y como se entiende desde mediados del siglo XX, es el Estado de derecho, el imperio de la ley, para el reconocimiento y garantía de los derechos individuales. Que la negativa a cumplir una sentencia, despreciando los mecanismos legales para su recurso, no es sólo una llamada a la rebelión sino una irresponsabilidad, que puede servir al propio ciudadano catalán frente a cualquier decisión de la Generalitat.

Lo más curioso de todo esto, no por sorprendente, sino por miope, es el considerar que existe una fijación del "nacionalismo español" por hundir Cataluña. Y es curioso porque la sentencia ha dictaminado contra una política concreta de un gobierno que forma parte del Estado español; es decir, una institución, en uso de sus facultades legales, corrige la actuación de otra en aras de la máxima de la democracia: la defensa de la libertad individual. El problema es que el nacionalista no entiende de entes individuales, sino colectivos, y que censurar al president o alguna de sus políticas es faltar a toda su nación.

Esta visión arcaica, y arcaizante, de la política, se ha visto en la repercusión que han tenido las palabras de Mario Vargas Llosa con ocasión del Premio Nobel. La reacción exaltada, y teatral, del catalanismo parte de la idea de que criticar el nacionalismo catalán es atacar Cataluña; una conclusión que sería impensable en cualquier democracia europea moderna.

Así, para esos nacionalistas, habría un "nacionalismo español" de "derechas, intransigente y anticatalanista", tal y como dice Joaquim Nadal en Avui. No lo dudo, pero es un grupúsculo marginal, sin poder ni repercusión social, ajeno a las instituciones y a los partidos políticos de ámbito estatal. Este recurso a la invención del enemigo exterior es una característica de los nacionalismos desde su creación en el siglo XIX. Por esto, Nadal, con su identidad líquida, entre nacionalista y socialista, encuentra que las "dificultades de entendimiento entre Cataluña y España" –como si la primera no formara parte de la segunda– proceden del "nacionalismo español", no del catalanismo que busca la diferencia y la ruptura para crear su Estado independiente. Y claro, termina como lo haría un nacionalista disimulado, de forma chusca: "Contra els nacionalismes? No! A favor de Catalunya".

La sensación es que el cambio de gobierno en Cataluña, la salida del PSC y la entrada de CiU, no ha significado nada. Es como si se tratara de una enorme familia política, como el justicialismo argentino, los peronistas, que se van alternando en el poder sin que haya un cambio significativo. A rey muerto, rey puesto, pero en este cuento resulta que era el mismo.

Cataluña: bolsa y ‘canvi’
Carlos Dávila. www.gaceta.es 28 Diciembre 2010

Mas pacta con los socialistas la desobediencia al Supremo

En Cataluña se ha pactado que no pase nada. Entendámonos: que nadie, entre ellos, levante alfombra alguna. Entre bomberos –se han dicho– no nos pisemos la manguera. El pacto socioconvergente es una golfería política de órdago. ¿En qué consiste? Básicamente, descansa sobre un cálculo: la terminante y decisiva –recuerden: “derecho a decidir”– cuestión soberanista disimula la determinación de no investigar a los que se han ido. Eso es. En Cataluña la presunta –siempre presunta– corrupción es cosa de todos y, aún más, es indispensable para los partidos y asumible por la población. Me acuerdo de aquel chiste del Liceo en que un burgués de la Cataluña más ‘botiger’ le decía a su señora: “¿Has visto qué guapa es la querida de Fulano?”. Y la dama, rodeada de pieles, contestaba: “Me gusta más la nuestra”. La “nuestra” era, naturalmente, la de su marido.

Todo queda en casa. A los periódicos conspicuos del Principado que hasta ayer mismo apoyaron al repugnante tripartito porque les forraba el bolsillo, les parece de perlas que Mas, en un signo más de ‘seny’ catalán, y el agónico PSC se pongan de acuerdo para que no pase nada. Con la eterna reivindicación soberanista, basta. Así se disfrazan corrupciones y guarraditas varias. De todo tendrá la culpa Madrid, que, ya se sabe, “no nos comprende” o, lo que es aún peor, “nos odia”. Mas empieza su mandato pactando con los socialistas, vía Zapatero, nada menos que la desobediencia al Supremo. Y aquí tampoco pasa nada.

España es ahora mismo un drama institucional. El nuevo Gobierno de Mas se cisca en la Ley porque ya sabe que Zapatero no les va a mandar a los guardias. Y, eso sí, renueva la ley del multazo a la tienda –“no rotularás en castellano”– pero a los periódicos de la localidad les parece tan bonito, con tal, claro está, de continuar lucrándose con la mamandurria. Cataluña es una sociedad hibernada por unos gobernantes y unos medios que viven del quejío, del victimismo pertinaz que les permite perseguir al que no se atreve todavía a gritar: “¡Adeu!”, y de repartirse los botines incluso en momentos históricos de enorme crisis. Mas le ha dicho a Montilla: “Oye, chico, que no peligre el tres por ciento”. Ése es el ‘canvi’. El cambio y la bolsa.

Carlos Dávila. Director

La construcción del fanatismo
Seamos honestos. No precisamos de más policías; debemos ya de dejar de construir fanáticos.
ANDRÉS FREIRE ABC Galicia 28 Diciembre 2010

CONOCERÁN la anécdota: en tiempos del primer franquismo, estudiantes radicales protestaban no sé qué cosas a las puertas de la Embajada Británica. El ministro del Interior llamó entonces al embajador inglés aparentando preocupación:

—¿Quieren que les envíe más policía?
—No, me basta con que no me envíen a tantos estudiantes.

Las constantes bombas y bombuelas que corroen nuestra tierra desde hace un par de años han traído a mi memoria esta anécdota. Políticos y periodistas lamentan el radicalismo y solicitan de las fuerzas del orden que lo atajen. Pocos de ellos tienen el valor de reconocer que las bombas no son causa, sino consecuencia, casi previsible, de un aparato educativo y cultural que tiene como objetivo la construcción ideológica de lo que el sistema llama compromiso y otros consideramos fanatismo.

Acérquense a nuestros centros educativos y los hallarán repletos de iconografía patriotera: frescos dibujados en los muros —Galicia eterna, Galicia nai—, fotos y citas de los padres de la patria, niños que corren lenguas y hacen discursos, carteles que insisten en que hablar gallego es nuestra obligación patriótica, comics que se mofan de quien no lo hace. No son sólo las aulas; también fuera de ellas, todos participan de esta construcción ideológica. La Xunta, sin el PP y con el PP, auspicia exposiciones en las que la palabra España está proscrita. El principal de los sindicatos gallegos anuncia que incumplirá el decreto de lenguas porque, simplemente, la defensa del idioma gallego les resulta más imperiosa que el respeto a la ley. Los intelectuales galeguistassupuran hiel y odio al discurrir sobre aquellos gallegos que protestan sus ideas. Los bienpensantes, sorprendidos hoy por las bombas, lo han consentido desde hace décadas. «Son sus costumbres, hay que respetarlas».

«Canha contra Espanha», rezaba una pintada en la sede atacada del PSOE, en un español castizo de curiosa grafía. Y estas bombas nos sorprenden. Por alguna extraña razón, nos sorprendemos de que algunos muchachos, los más crédulos e idealistas, se echen al monte y abracen la violencia como acción política. A esos muchachos les han dicho que hemos sido invadidos, incluso «domados y castrados» (repitiendo la frase que Castelao falseó, atribuyéndosela al cronista Zurita), menospreciados; que la patria está ocupada, que el enemigo más peligroso habita dentro. ¿Qué están haciendo los radicales? Básicamente, ser consecuentes con lo que les han enseñado sus mayores: defienden la nación, por encima de todo, y al precio que sea. Seamos honestos. No precisamos de más policías; debemos ya de dejar de construir fanáticos.

Bipartitos
Al menos, aquí en Galicia ya sabemos algo más: si el presidente Núñez Feijóo desea volver a gobernar tendrá que ganar las próximas elecciones por mayoría absoluta
JUAN GRANADOS ABC Galicia 28 Diciembre 2010

LO han vuelto a hacer, aún temblón el ánimo tras el batacazo electoral, al inefable Josep, antes José, Montilla la ha faltado tiempo para tratar de reeditar su pacto con el nacionalismo catalán, esta vez aplaudiendo la investidura de Artur Mas a la vez que daba carta de naturaleza a un nuevo pacto destinado a blindar la inmersión lingüística catalana en abierta oposición a la reciente sentencia del Tribunal Constitucional. Resulta evidente que lo próximo será desarrollar al completo el Estatut, guste o no al vituperado y errático tribunal, para plantear más pronto que tarde el referéndum de independencia.

Siempre, claro, que a los convergentes les parezca una buena idea independizarse del todo, renunciando a las sabrosas prebendas y a los distingos fiscales que han ido obteniendo de cada gobierno central que se les ha puesto a mano.

Por increíble que pueda parecer, Montilla sigue tomando las decisiones en el PSC y justamente en la misma línea de radicalismo nacionalista con la que nos sorprendió tras su victoria electoral de 2006. Curioso personaje éste que congracia en su gris aliño indumentario la tradicional tendencia socialista a la injerencia estatal como sistema, con la mayor de las sumisiones a los postulados más ultras del nacionalismo.

En tardes como esta, uno tiende a tirar de la memoria, recordando, por ejemplo, que fue Montilla, en su etapa de ministro de Industria, Comercio y Turismo, quien estableció el malhadado Canon digital, por el que los españolitos estamos obligados a pagar una cantidad no pequeña al Estado cada vez que nos vemos obligados a adquirir cualquier chisme que de cerca o de lejos tenga algo que ver con la «cosa» del mundo binario de ceros y unos.

Aquel Montilla, que siendo ministro del ramo se permitía criticar a determinadas emisoras de radio por no seguir la onda gubernativa o decidía con amplio desparpajo y más bien poca vergüenza, que una empresa de capital mayoritario catalán (Gas Natural) debía prevalecer sobre otra que no cumplía aquella condición (Endesa).

Luego vino la presidencia de la Generalitat y su querencia por la multa lingüística, todo un ejemplo de asepsia institucional y tolerancia política, en tanto su esposa se hacía tan omnipresente como inevitable en los consejos de administración catalanes. Pues con todo y con eso, amigos míos, ahí lo tenemos de nuevo, con su nulo bagaje intelectual y sus ganas de prohibir y ordenar a cuestas, no se si Artur Mas ha hecho el buen negocio que supone.
Al menos, aquí en Galicia ya sabemos algo más, lo primero, que si el presidente Núñez Feijóo desea volver a gobernar, tendrá que ganar las próximas elecciones por mayoría absoluta, de otro modo habrá bipartito en ciernes, inexorablemente, tan seguro como que a la primavera acostumbra a seguirle el verano.

Artur Mas se estrena en el 'partido contra el Supremo'

El nuevo presidente estará en el palco del Cataluña-Honduras, donde se atacará al Alto Tribunal por las sentencias sobre el español en la enseñanza
 www.lavozlibre.com  28 Diciembre 2010

Barcelona.- Artur Mas se estrena como presidente de Cataluña este martes en el partido entre la selección de su comunidad y Honduras, un encuentro que servirá como protesta contra las sentencias del Tribunal Supremo que obligan al equilibrio de castellano y catalán en la enseñanza.

El partido en el estadio Lluís Companys sólo será amistoso en el plano deportivo, pues la asociación independentista Òmnium Cultural, de la mano de la Federación Catalana de Fútbol, ya ha anunciado pelea. Saldrán al terreno de juego antes del inicio con una pancarta con el mensaje en catalán: "Por un país de todos, la escuela en catalán". Los futbolistas de la selección de Cataluña podrían lucir también el lema.

"Hacemos que los niños y las niñas sean bilingües siendo educados en catalán, que es su lengua común y vehicular. Es un modelo que está en peligro por esas sentencias", asegura la presidenta de Òmnium Cultural, Muriel Casals.

"Las sentencias del Tribunal Supremo quieren hacer creer que hay un conflicto con la lengua donde no lo hay, usándola como elemento de separación. Queremos parar esta agresión, no nos marcarán un gol", añade Casals.

Desde el palco del Lluís Companys, Mas, que este lunes tomó posesión como presidente, contemplará una reivindicación nacionalista que él comparte. La semana pasada, durante la segunda jornada del debate de investidura en el Parlament, ya avisó de que mantendrá la inmersión lingüística.

Mientras los nacionalistas se desgañitan para anteponer el catalán sobre el castellano, el seleccionador autonómico, Johan Cruyff, llama la atención sobre el verdadero problema de estos encuentros navideños: no interesan al público. "Sería una vergüenza que el campo estuviera medio vacío. ¿Qué pensaría el mundo?, se preguntó el ex entrenador del Barça en la presentación del partido.
 

Recortes de Prensa   Página Inicial