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¿Qué tiene que pasar?
PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos
ABC 4 Enero 2010
¿Qué tiene que pasar? Esta es la pregunta que se hacen muchos
ciudadanos que asisten diariamente, unos atónitos, otros
disgustados, y los más decepcionados, a una desafortunada concepción
cainita de la Política, a una hipertrofiada partitocracia que ha
asaltado las instituciones, a un insensato desprecio a los
principios y valores sobre los que se erigió la Transición Política,
a la frívola puesta en entredicho de nuestros intangibles principios
político-constitucionales -destacando la Carta Magna de 1978- y al
absurdo revisionismo histórico de casi todo sin importar su coste.
Por más que los mismos ciudadanos atónitos, disgustados y
decepcionados, no estén exentos también, ni muchísimo menos, de una
correlativa responsabilidad. Una ciudadanía antes tan admirable en
tantas cosas a lo largo de estos treinta años de régimen
constitucional: unos españoles capaces de cerrar las heridas de una
cruenta Guerra Civil, auspiciar el firme desmantelamiento de las
estructuras franquistas, impulsar una ejemplar Transición Política,
sancionar entusiásticamente una Constitución democrática e
incorporarse activamente al proceso de construcción europea. Pero
ahora, mala tempora currunt, malos tiempos corren. Las cosas son
tristemente bien distintas.
El diletantismo, la indiferencia, el acomodamiento, la ausencia de
compromiso y la falta de coraje son hoy, para nuestro infortunio,
los perfiles de una desvertebrada, débil y acobardada, cuando no
inexistente, sociedad civil. Me preguntaba un alumno de la Facultad
de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos,
quien controlaba a los poderes públicos en el amplio periodo que
comprende el tiempo entre elecciones. Lamentablemente le tuve que
responder que, salvo lo que resta de control parlamentario, nadie o
casi nadie ejerce tal supervisión en una sociedad inane y perezosa,
que prefiere mirar para otra parte. Por no hablar de la clamorosa
falta de compromiso de tantos intelectuales que parecen, hoy
llamativamente silentes, haberse perdido, cuando no desaparecer
definitivamente. Así las cosas, y tras dicha contestación, no puede
sino hacerme otra interrogación: ¿tendría razón Roussseau, al
señalar que los ingleses -referencia que extenderíamos ahora al
pueblo español-, se transforman, tras el puntual momento de ejercer
el voto, en esclavos?
El diagnóstico, no me negarán, es preocupante. Los círculos
abismales y oscuros de nuestro nacional infierno dantiano son
explícitos en nuestro último devenir político y constitucional.
Desvelemos sus tres personajes más frustrantes.
Primero: La puesta en entredicho de la mismísima existencia de
España. Una palabra maldita de pronunciar y de escribir en
demasiadas partes del territorio nacional. Es ridículo, cuando no
patético, asistir a toda clase de esfuerzos lingüísticos -con
expresiones eufemísticas como Estado, país, administración...-, con
tal de evitar su simple mención. A toda esa intolerante clase
política, que hace de su desprecio su principal estandarte, habría
que recordarle las palabras de Don Juan Carlos en el discurso de
Navidad: España es «una gran nación europea de larga historia e
inmenso patrimonio.» Un nacionalismo excluyente y trasnochado que
salmodia cansinamente imposibles derechos de independencia y de
autodeterminación secesionistas. De aquí la necesidad de fortalecer
nuestra cohesión interna, aminorar las tensiones centrífugas y
avanzar en la solidaridad interterritorial. Y es que detrás de tanta
perorata victimista, no se esconde, tras la perenne invocación de
anacrónicos derechos históricos, sino la indisimulada apetencia por
el privilegio, el anhelado tratamiento desigual y el reconocimiento
preferencial. No está de más recordar el inicio del artículo 2 de la
Constitución de 1978: «La Constitución se fundamenta en la
indisoluble unidad de la Nación española». España es, por tanto, un
prius a la Constitución, que no crea la Carta Magna, sino que la
reconoce. De aquí la trascendencia del juego interdependiente de
nuestros tres grandes principios constitucionales en materia de
ordenación territorial: unidad, autonomía y solidaridad. Una
autonomía que no es soberanía y que sólo se entiende desde el
fundamento de la unidad y con la mirada puesta en la satisfacción de
la solidaridad.
Segundo: Una interpretación schmittiana de la Política, asentada en
la inacabable bronca y en la agria gresca, que no perdona a nadie,
que no transige en nada, que ha olvidado el sentido del diálogo
fructífero. Una acción política construida sobre la marginación, el
menosprecio y la persecución de los otros. Los tiempos de consenso,
de acuerdo, de compromiso, en aras a forjar un aggiornamento común,
no se recuerdan. En este estado de cosas, algunos habrían resuelto
además, de manera frívola, desmantelar los logros arduamente
alcanzados entre todos: los de aquí y los de allí, los de acá y los
de allá. Los demás no son nunca, ¡faltaría más!, los suyos. Nos
quieren transformar en sartrianos. Como Sartre, parte de la clase
política, y me preocupa que el virus pueda propagarse
irresponsablemente a la ciudadanía, entiende que «no es necesaria la
Parrilla; el infierno, son los Otros.» (Huis Clos V). ¿Será cierto
-¡espero que no!- que los dioses modernos, como antes los griegos,
hayan resuelto cegar a los habitantes y dirigentes de este viejo y
gran país?
En este contexto, somos muchos, sino la práctica mayoría de
ciudadanos, los más allegados a los de aquí, como los más próximos a
los de allá, incluyendo los que de forma natural no se sienten de
acá, ni de ninguna parte, los decididos a conservar lo conquistado,
a fortalecer la integración, a incidir -desde el respeto a la
singularidad- en los elementos comunes, a que se gobierne para todos
y cada uno de los españoles en cualquier parte del territorio
nacional, a finalizar con tanta división y antagonismo, a mitigar la
crispación, a poner término al enfrentamiento de todos contra y
frente a todos. ¿Es tan difícil actuar y accionar para con todos,
para los unos y para los otros, sin sectarismos, banderías, grupos,
partidismos y facciones? ¿No se puede hacer Política desde la
generosidad, con altura moral y grandeza de miras? De nuevo Don Juan
Carlos, haciendo seguramente más hincapié que en ocasiones
anteriores, ha solicitado una política participada entre las
diferentes fuerzas políticas: «No nos podemos permitir que las
legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los
consensos que piden nuestros ciudadanos.» Los españoles pedimos así
a la clase política, al Gobierno y a la Oposición, un inequívoco
respaldo a nuestro régimen constitucional de 1978, y un acuerdo en
las grandes políticas de Estado -modelo territorial, educación,
inmigración, sanidad, política, exterior...- Unas políticas que no
pueden venir definidas por el cortoplacismo, el egoísmo y la
improvisación. Que han de ser, por el contrario, codecididas, firmes
y perdurables. La coparticipación en tan esenciales menesteres es
sinónima también de eficiencia política y de modernidad
constitucional.
Tercer: El inexcusable sometimiento a la Constitución y la
obediencia a la ley. Una Constitución y una ley que en una España
constitucional no son, de nuevo el ginebrino, sino la expresión de
la voluntad popular manifestada a través de unos representantes
democráticamente elegidos. Una sumisión a la que no pueden escapar
los propios actores políticos. Las leyes, esgrimía Montesquieu, «son
relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas...
el hombre tiene leyes.» (De l ´esprit de lois, i, 1). Y, de manera
paralela asimismo, el reclamable cuidado que exigen nuestras
instituciones; unas instituciones demasiado criticadas, ninguneadas
y vapuleadas. Un respeto, en todo caso, al que estas han de saber
hacerse recíprocamente acreedoras.
¡Qué quieren que les diga! Como ciudadano me resisto en dar la razón
a Rousseau sobre la situación de esclavitud en que caen los pueblos
una vez celebrados sus comicios. Deseo abrazar otra visión
diferente: la optimista opinión del filósofo ginebrino sobre las
bondades del mantenimiento de nuestro Pacto social, que de esto
hablamos: «cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su
poder bajo la suprema dirección de la voluntad general; y nosotros
recibimos corporativamente a cada miembro como parte indivisible del
todo» (Du contract social, I, 6). Ni tampoco creo, como el referido
Jean Paul Sartre, que «la historia de una vida cualquiera que sea,
es la historia de un fracaso» (L´ Étre et le Néant). No al menos en
esta España mía y nuestra; una España de todos. Una España de
ciudadanos libres e iguales, que impele urgentemente a su clase
política, y a su ciudadanía, a un brusco cambio de hoja de ruta.
¿Qué más ha de pasar para ello?
Europa mágica
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 4 Enero 2010
He releído estos días de fin de año «La montaña mágica». Quizá son
los más apropiados para participar en una meditación sobre el
concepto del tiempo que es uno de los propósitos de Thomas Mann en
el más grandioso de sus libros. Pero tampoco este es una mala
composición de lugar para pensar en el nuevo papel de España en
Europa. Estaba aquella tan fuera de esta a comienzos del siglo XX
que pudo librarse de la primera guerra mundial y convertirse en
campo de entrenamiento para la segunda. Ahora, a comienzos del XXI,
el presidente Zapatero lo es también de Europa por seis meses.
¿Tanta ha sido nuestra integración? Y tan sospechosa.
En efecto, Zapatero que ha sido el más torpe de los gobernantes
europeos en el tratamiento de la crisis económica va a dar
directrices a los Veintisiete. No menos escandaloso resulta que
quien pretendió eliminar el terrorismo con diálogo, organice cumbres
para su erradicación. Y tendrá que pastorear a los protagonistas de
la última balcanización quien alienta un proceso semejante en su
propia casa. Porque en España estamos esperando que se resuelva algo
tan básico, desde el punto de vista de la convivencia, como es la
idea de la soberanía nacional. Quiero decir que cabe la posibilidad
de que el TS apruebe como constitucional un Estatuto que regule la
vida de Cataluña a partir de la voluntad del pueblo catalán y no del
español. Pero que nadie se altere por ello: todo lo que podría ser
terrible va a suceder razonablemente: el independentismo y el
etnicismo de los nacionalistas se llevará a cabo de modo razonable.
Porque de esta Europa de ahora no saldrán ríos de sangre, millones
de muertos. Si a comienzos del siglo pasado la democracia
representativa era poco más que una palabra, ahora está muerta. El
nuevo totalitarismo funciona con consenso y estados de opinión.
Settembrini ha fallado, la política y el humanismo ya no van de la
mano.
El futuro que nos espera
JUAN VELARDE FUERTES ABC 4 Enero 2010
El centro de nuestro futuro económico se encuentra en la búsqueda de
una mayor competitividad para nuestra economía. Ello exige medidas
que tienen consecuencias rápidas, pero que exigen otras para
consolidarlas. No es posible mantener, por mucho que moleste a las
cúpulas sindicales, un mercado de trabajo que engendra -consultemos
las estimaciones econométricas derivadas de Okun o de nuestro Nairu-
un desempleo que contrasta con el de todos los países industriales.
Tampoco se puede continuar, ni un momento más, con un colosal
incremento de gasto público para intentar resolver nuestros
problemas por lo que se denomina el lado de la demanda, y no por el
de la creación de un nuevo sistema productivo, o sea, por el de la
oferta. No sólo debe liquidarse esto en el sector estatal, sino
sobre todo, en el de las autonomías, con lo que la presión sobre la
deuda pública y el «efecto expulsión» de la actividad que ésta crea,
se ha de rebajar con rapidez, sin olvidar, el severo riesgo que para
España se corre, de no alterarse radicalmente este déficit, porque
automáticamente subirían los tipos de interés para nuestra economía
en los mercados financieros, lo que agravaría la depresión. Y a
estas medidas de impacto inmediato tendrán que unirse otras, que se
deben implantar sin más tardanza, pero que mejorarán al cabo de
algún tiempo nuestra competitividad.
Obligan a crear un lógico «mix» energético, sin tabúes de ningún
tipo para disponer de una energía mucho menos dependiente del
exterior, y al par, abundante y barata; exigen plantear una reforma
muy seria de nuestro estado de bienestar, porque su vida, con el
planteamiento actual se agota; también el eliminar todas las medidas
autonómicas que dificultan la homogeneidad del mercado nacional de
factores y productos, así como impulsar la relación de los avances
cientificotecnológicos con el mundo empresarial tal, como, por
ejemplo, se plantea desde Cotec; no es posible dilatar más la puesta
en marcha de un panorama educativo basado en la exigencia, o sea, en
el premio al esfuerzo y con más materias bastante diferentes a las
que erróneos criterios pedagógicos han impuesto; tampoco el entrar a
saco en multitud de instituciones que frenan las bases de una
economía libre de mercado; evidentemente hay que reformar el sistema
tributario e igualmente cambiar muchas estructuras del sistema
crediticio, incluida la legislación de 1977 sobre las cajas de
ahorros...
Todo esto exige comenzar por señalar urgentemente a los españoles la
magnitud de nuestra crisis, los errores cometidos y el motivo, por
tanto, de las molestias que, por fuerza, ciertos colectivos van a
experimentar. Y nada de enmascaramientos, como ese de que, como
hemos entrado más tarde en recesión, por eso se retrasa nuestra
salida. La alternativa: el imitar a Argentina, y que tengamos que
escuchar lo que el premio Nobel de Economía, Kydland, acaba de
señalar en sus declaraciones a I. Flores, según se publican en
«Negocio» de 23 de diciembre de 2009, en respuesta a «¿Vivirá
Argentina otra década perdida?»: «Hay visos de que pueden verse en
esa situación otra vez. ¡Han puesto en marcha tantas políticas
equivocadas...! Más tarde o más temprano van a perder la confianza
de los mercados, como ocurrió después de los años 80... cuando el
PIB per cápita se redujo dramáticamente: cayó un 20% en diez años.
Bueno, lo cierto es que Argentina no siempre necesita tanto tiempo.
Entre 1998 y 2002 se produjo una reducción similar, ¡en sólo cinco
años!». Si no reaccionamos, ahí está el futuro que nos espera.
Esto es lo que prometió Feijoo
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 4 Enero 2010
Feijoo jamás prometió una encuesta a los padres, sino pura y simple
libertad de idioma. Lo de la encuesta fue un truco que el Míster se
sacó de la manga para dar pie a un "decreto de porcentajes" que era
lo que ya nos había impuesto el bipartito, con la novedad de la
introducción del inglés como tercera lengua.
MJ me pregunta desde Cataluña: «Hola, Juan Julio. Me sorprende este
artículo en tu blog porque las noticias que han llegando a Cataluña
son precisamente las contrarias, resumiendo mucho: Feijoo prometió
hacer una encuesta a los padres y desarrollar un sistema en base a
esa encuesta. Y según parece es lo que está a punto de hacer».
Le contesto: «Feijoo jamás prometió una encuesta a los padres, sino
pura y simple libertad de idioma. Lo de la encuesta fue un truco que
el Míster se sacó de la manga para dar pie a un "decreto de
porcentajes" que era lo que ya nos había impuesto el bipartito, con
la novedad de la introducción del inglés como tercera lengua.
Esto es lo que prometió Feijoo y lo que quedará en las hemerotecas,
para su vergüenza, como un dedo acusador que le señalará como el
Mentiroso Mayor de esta Galicia chantajeada y colonizada por los
nacionalistas:
“Y de entrada a nosotros nos parece que las asignaturas troncales
deberían ser elegidas por los padres. El idioma en el que se den las
asignaturas troncales, que son las de los textos, las del material
didáctico, las asignaturas más importantes, deberían de elegirlas
los padres, y por eso en ese primer sobre de matrícula les vamos a
hacer esa pregunta y esa pregunta va a vincular al gobierno”.
Transcripción de otra de las grabaciones:
“Darle libertad a todos los alumnos para que puedan dirigirse en
clase al profesor en el idioma que quieran, para que puedan comprar
los libros en el idioma que quieran, y esa libertad conllevará la
última medida que adoptaré, que es solicitar a los padres en los
impresos de matrícula del próximo curso escolar una casilla donde me
digan cómo quieren que se den las asignaturas troncales; es decir,
las asignaturas con textos; si quieren que se den en castellano o
quieren que se den en gallego”.
Resumiendo, Núñez Feijoo hizo tres promesas fundamentales que no
cumplió:
* Los padres elegirán el idioma de las asignaturas troncales.
* Habrá una casilla con la pregunta vinculante en el sobre de
matrícula.
* Los alumnos tendrán libertad para utilizar oralmente y por escrito
cualquiera de las dos lenguas en el aula.
Jamás, durante la campaña electoral, habló de encuestas ni de nada
parecido. ¿Hay mejor encuesta que una casilla en la que te preguntan
en qué idioma oficial quieres que estudien tus hijos? Lo que pasa es
que se arrodilló ante los nacionalistas y comenzó a buscar el medio
de engañar a sus votantes y a la opinión pública, por eso se sacó de
la manga lo de las encuestas, las consultas a sindicatos, partidos
políticos, instituciones, etc. cuando el bipartito nos impuso el
50/50 (que nunca fue tal) por la fuerza, sin consultar a Dios ni al
diablo. Pero es que los del PP son unos acomplejados. No tienen
remedio.
Lo del 50/50 del bipartito se refería al 50% en español y el 50% en
gallego. Después el 50% en español se dejó para las "marías" o
asignaturas sin libro de texto: música, gimnasia, etc. Y todas las
materias troncales fueron en gallego, aumentando hasta sobrepasar el
50% y abarcar prácticamente el 100%».
Antifranquistas
¿Quién no es mejor que su propia biografía?
Pío Moa Libertad Digital 4 Enero 2010
Me viene de nuevo a la cabeza esa frase famosa leyendo Yo tenía un
camarada, de César Alonso de los Ríos, sobre "el pasado franquista
de los maestros de la izquierda", personajes representativos de la
Generación del 36, como Laín, Aranguren, Tovar, Vicens Vives,
Torrente Ballester, Ruiz-Giménez, Areilza, Sastre, Castellet,
Ridruejo, etc. Algunos, como Areilza o Torrente, nunca fueron
propiamente de izquierda, pero todos, y otros muchos, sí se hicieron
antifranquistas, furiosamente varios de ellos. Y la mayoría –no
todos– mostraban gran incomodidad con su pasado franquista, más
concretamente falangista en bastantes casos. Dice el autor que
Torrente
había llegado a convencerse de que nunca había sido falangista y de
que había estado en la retaguardia cultural de Burgos, durante la
guerra civil, por casualidad. Había sido ganado Gonzalo Torrente
Ballester por una desmemoria tan grave y había sido respetado tanto
en ella por los críticos culturales que muchos jóvenes (periodistas
en ocasiones) habían llegado a creer que había sido un perseguido
del franquismo. [La vicepresidenta Vega acaba de recordar que su
padre fue otra víctima de aquel régimen, quizá piense cobrar la
indemnización correspondiente].
Y como Torrente, tantos más que en 1982 "eran la gran orla del
socialismo español que acababa de tomar el poder después de medio
siglo. Algo verdaderamente histórico". "Los Laín Entralgo, López
Aranguren, Tovar y Haro Tecglen publicaban en El País. Cuando
murieron se les despidió con coronas de elogios", procurando –ya
entonces funcionaba la memoria histórica–olvidarsu pasado, como
hacía ya ejemplarmente ese maestro de la corrupción intelectual,
vulgo la trola, que es Juan Luis Cebrián.
El ansia, paroxística en Cataluña y Vascongadas y desatada en el
resto, de oscurecer, tergiversar o falsificar el pasado es uno de
los rasgos típicos de una transición comenzada muy bien y pronto
echada a perder en gran medida por la desvergüenza de unos y la
inhibición culpable y oportunista de otros. Y es también un signo de
identidad de nuestra época de farsa y consiguiente páramo cultural.
Pero observemos la evolución de estos personajes. Durante la guerra
y la posguerra fueron franquistas devotos; después –sobre todo
después de que los Aliados ganasen la guerra y casi nadie diese un
duro por la supervivencia del régimen (en Años de Hierro me refiero
a la sospechosa elaboración de La colmena por Cela)– cambiaron, poco
a poco o con rapidez, sus principios y convicciones hasta llegar
adonde llegaron. El problema no radica tanto en esa evolución, en
España todo el mundo ha cambiado muchísimo, como en el tan revelador
empeño por disimular o falsificar la propia biografía, con
excepciones como Ridruejo o Laín. Sospecho que esa debilidad moral
repercute fuertemente en el valor de la obra de la mayoría de ellos,
condenada ya hoy al mismo olvido que pretendían para su pasado. No
sin haber contaminado de esa corrupción al mundillo cultural
hispano.
Pero aún tiene mayor interés el sentido político de esa evolución,
que llegó a renegar del personaje y el movimiento que vencieron al
Frente Popular, y a la loa de este, añadiendo a la falsificación
biográfica la falsificación política: el Frente Popular
representaría "la república, la democracia, el pueblo trabajador".
Por consiguiente, habían perdido los buenos y ganado los malos, y
sería precisa una gran dosis de agua del olvido para purificarlos
del crimen de haber estado entre los vencedores. Muchos mantenían
considerable desconfianza hacia los comunistas, pero se acercaban a
los socialistas, olvidando –siempre la oportuna amnesia– que había
sido el PSOE, y no el PCE, el principal responsable de la guerra
civil. Aun así, no hacían ascos a colaborar con los agentes del
Imperio del Gulag en España, y el mismo Areilza, que llegado un
momento iba de monárquico liberal por la vida, colaboró en alguno de
los tinglados montados por el héroe de Paracuellos, el "Pacto para
la Libertad" o cosa por el estilo. Tales eran los opositores
antifranquistas, en quienes se unían las simpatías casi
generalizadas hacia la ETA o Fidel Castro con el odio a sus propias
biografías, al parecer mucho menos ejemplares de lo que ellos, muy
en el fondo, eran o creían o aspiraban a ser.
No fue una evolución a mejor, sino a peor, a mucho peor. Un problema
del país ha sido, ya desde principios del siglo XX, el escaso
aprecio de gran parte de la intelectualidad por las libertades, como
ha mostrado José María Marco. En otra ocasión señalé que el motivo
profundo de estas oposiciones no era que considerasen a Franco un
dictador, sino que lo consideraban demasiado poco dictador por
comparación con los sistemas que ellos admiraban, como el de Castro
o los del este de Europa. Nada pudo exhibir mejor esa tendencia
subyacente que el episodio Solzhenitsin, al que me he referido
varias veces por su valor ilustrativo. Pues la de Franco fue solo
una dictadura autoritaria, mientras que las otras lo eran
totalitarias, y el totalitarismo ha ejercido una gran fascinación
sobre muchos intelectuales, no solo españoles.
2010
Zapatero no se juega nada
Agapito Maestre Libertad Digital 4 Enero 2010
Es opinión generalizada que este año 2010 será decisivo para el
futuro político de España. Zapatero, mantienen la mayoría de los
medios de comunicación, puede hundirse definitivamente. Las últimas
encuestas de intención de voto, las críticas con las que ha sido
recibido en Europa la presidencia de Zapatero y, en fin, el
escepticismo creciente que Zapatero produce en los sectores más
avanzados de la sociedad española, vendrían a reforzar los riesgos
que corren los socialistas en el nuevo año. Zapatero se la juega,
dicen los optimistas, cuando estamos en el ecuador de la
legislatura.
Yo, sin embargo, no comparto ese optimista parecer. En verdad, quien
se la está jugando es la oposición. Cinco o seis puntos de
diferencia entre el PP y el PSOE, como vienen resaltando las
encuestas, no son apenas nada cuando hablamos de España, que tiene
la sociedad civil más débil de Europa o, lo que es lo mismo, cuenta
con un electorado fanatizado y dependiente de la propagada
"pararreligiosa" de Zapatero. La izquierda más reaccionaria de
Europa está entre los votantes socialistas. Si España fuera, pues,
un país más o menos normal, o sea, con un sistema político asentado
sobre valores democráticos, quizá tendría alguna lógica pensar que
la crisis económica le pasará factura a Zapatero.
No es el caso. Nadie se engañe. Para Zapatero el año 2010,
especialmente este semestre, será una forma de tomar aire; de hecho,
y a pesar del general cachondeo que este hombre provoca en toda
Europa, la presidencia de la UE ya está siendo utilizado para sacar
pecho. Sin duda alguna, en cualquier país de Europa, la acentuación
de la recesión económica, el aumento del paro y la ineptitud de un
Gobierno cualquiera para adoptar medidas que frenen el deterioro de
la economía, podrían ser causas suficientes para prever un cambio de
Gobierno. Pero, por desgracia, España es diferente. Zapatero ha
hecho de la crisis un asunto electoral. Populista.
De momento, Zapatero cuenta con un aparato de agitación y propaganda
a su favor del que carecen el resto de gobiernos de Europa. Ningún
político europeo ostenta tanto poder sobre los medios de
comunicación como el de Zapatero. Cadenas de radio y televisiones,
periódicos y mil órganos de agitación y propaganda laboran día y
noche para tapar su mediocridad como gobernante y su maldad como
político. Tanto poder de propaganda acumula este individuo que
incluso muchos de los medios de comunicación, que predicen su
batacazo, son incapaces de plantearse tres sencillas preguntas: ¿Por
qué en las encuestas de estimación de voto baja tan poco quien nos
está engañando desde que comenzó la crisis económica? ¿Por qué es
tan lento el descenso de alguien que ha roto el consenso básico de
la nación, a saber, la Constitución, con el Estatuto de Cataluña?
¿Por qué no se ha producido aún movimiento cívico contra alguien que
ha puesto en cuestión las bases de convivencia nacional?
No seamos estúpidos con los cuentos de la lechera de los sondeos
electorales. Los próximos seis meses son enteramente de Zapatero.
Hará y dispondrá a su antojo. La oposición bastante hará con
aguantar a rebufo. Zapatero no se juega nada. Son todo ganancias. La
plebe lo seguirá aplaudiendo con fruición. Su base electoral sigue
siendo inmensa. Un desatino.
Qué es la rebelión cívica
Pío Moa Libertad Digital 4 Enero 2010
Ciertamente hay motivos para rebelarse frente a un gobierno
ilegítimo. Existe rebelión cívica cuando se crea una emisora como
Es-radio, o un periódico como Libertad Digital, o asociaciones como
Hazte oír, Galicia Bilingüe, y tantas otras al margen de los
partidos; cuando se denuncian ante el juzgado algunas actuaciones
del gobierno, se monta una emisora, aunque sea pequeña y local, se
difunden escritos de protesta y denuncia, se arrojan en las Cortes
rosas blancas manchadas de rojo, se convocan manifestaciones mayores
o menores, se recogen firmas de protesta, se acude a esas
manifestaciones, se abuchea la presencia de determinados
sinvergüenzas del gobierno o de la oposición, se informa a la gente
que cada cual tiene alrededor; cuando se agita como lo hace Enrique
de Diego –aunque en otros terrenos diga muchas tonterías–, cuando se
utiliza Internet, You tube, cartas a la prensa y tantos otros medios
para crear opinión pública; en fin, cuando se utilizan las
posibilidades legales y, con un poco de imaginación, otras muchas
que, sin ser del todo legales, tampoco son ilegales (piénsese, por
ejemplo, en cómo han desafiado siempre la ley las izquierdas en sus
campañas ecologistas, abortistas y similares).
Cuando, con mil excusas, se prefieren las lamentaciones y la
pasividad, se encuentra todo inútil o insuficiente y se utiliza la
imaginación para justificar la inactividad; cuando se espera un
milagro o un golpe militar, no existe, desde luego, la menor
rebelión cívica. Al contrario, esa actitud resulta, en la práctica,
la mejor ayuda al gobierno y a su "oposición".
La rebelión no puede ser simplemente negativa, ha de tener un
objetivo y un programa. El objetivo solo puede ser la regeneración
democrática y la defensa de la unidad de España. Cierto que hay
quienes dicen defender la unidad y se oponen a la democracia (al
mismo tiempo son muy pasivos e ineficaces, por suerte). Nada puede
venir mejor a los enemigos de España que dejar en sus manos la
bandera de la democracia.
En adelante, y con vistas a contribuir a esa rebelión, trataré en el
blog, brevemente, alguna cuestión durante una semana y desde
diversos puntos de vista, siempre con la invitación de los lectores
a difundirlo con la mayor amplitud posible y a crear asociaciones.
Esta semana trataré, precisamente, la rebelión cívica.
María Emilia Casas
Ramón Pí www.gaceta.es 4 Enero 2010
Parece que no se entera del daño enorme que el TC está produciendo a
la convivencia
La Ley Orgánica del Tribunal Constitucional establece que, una vez
cumplidos los trámites de recepción de alegaciones por las partes,
los recursos de inconstitucionalidad deben ser objeto de sentencia
en un plazo de treinta días. Según la memoria del organismo
correspondiente a 2008, estaban pendientes de sentencia 194
recursos, además de 226 cuestiones (que son las consultas elevadas
por los jueces al Tribunal), 71 conflictos de competencia sometidos
a veredicto y dos recursos de amparo (mientras seguían pendientes de
admisión o no a trámite otros 9.000).
Preside desde 2004 la alta institución, que tan mal ejemplo da del
cumplimiento de la ley, doña María Emilia Casas Baamonde, magistrada
del Tribunal desde 1998, catedrática de Derecho del Trabajo y esposa
de Jesús Leguina Villa, administrativista, que fue magistrado a su
vez entre 1986 y 1992. Ambos se cuentan entre los juristas que
opinan que el Derecho es la vestidura con que adquieren legitimidad
las decisiones del poder político. Su idea del estado de Derecho es,
desde luego, la de considerar que todos están sometidos al imperio
de la ley, incluidos los mismos legisladores; pero con la salvedad
de que esta convicción hay que enmarcarla en los más estrictos
cánones del positivismo jurídico. Son, en suma, dos ejemplos vivos
de la doctrina llamada del uso alternativo del Derecho. Son de
izquierdas. Son progresistas. Hasta ahí podíamos llegar.
Doña María Emilia cree –y en eso me parece que acierta– que el
Tribunal Constitucional no debe tener sólo en cuenta razones
jurídicas al emitir sus sentencias, sino que debe mezclar tanto
criterios jurídicos como políticos, dada su peculiar configuración.
No sé si esta convicción la lleva hasta el punto de creer que el
derecho debe supeditarse a la política, pero mucho me temo que no le
chirría nada dentro de la cabeza ante la confrontación, tan
extendida, entre soluciones jurídicas o soluciones políticas para
los conflictos políticos. Si fuera así, entonces habría que revisar
su concepto mismo del estado de Derecho. Y dado el cargo que
ostenta, habría también que echarse a temblar.
Doña María Emilia Casas está ahora bajo los focos porque el
escándalo del Estatuto de Cataluña, con sus tres años y medio de
retraso, está pudriendo nuestro sistema democrático, y ella parece
que no se entera del daño enorme que el Tribunal que preside está
produciendo a la convivencia y a la seguridad jurídica de todos
nosotros.
De vez en cuando, si los medios se hacen eco de las presiones
intolerables que los políticos del tripartito catalán tratan de
ejercer a favor de sus intereses, alguien intenta amansar a la
opinión soltando el bulo de que la sentencia está al caer. Así
llevamos años.
Imaginemos que hubiera sentencia del Estatuto de Cataluña. En tal
caso, todavía estaríamos esperando sentencias sobre más de
doscientos recursos, más de doscientas cuestiones y más de nueve mil
recursos de amparo que esperan ser o no admitidos a trámite en el
Tribunal Constitucional. Un récord.
Zapatero y la "táctica del espejo"
Francisco Rubiales Periodista Digital 4 Enero 2010
Confundido, sin saber qué hacer y deambulando por la escena política
como un boxeador sonado, el presidente Zapatero está utilizando ante
los españoles "la táctica del espejo", que consiste en decir al
pueblo lo mismo que el pueblo le dice a los políticos, un truco
engañoso que pretende proyectar la falsa imagen de dirigentes
identificados con su pueblo, cuando la realidad es que están a años
luz de distancia.
Zapatero habla de "luchar contra la corrupción", cuando el, por ser
el presidente del gobierno, es el padrino natural y el máximo
responsable de toda la inmensa corrupción pública española; habla de
"más democracia", a pesar de que él es el gran enterrador de la
democracia española, un diriegnte capaz de legislar en contra de la
opinión de las mayorías (aborto, Estatuto de Cataluña, subida de
impuestos, etc.), de nombrar jueces, de marginar al ciudadano del
proceso de toma de decisiones, de mentir y de otras muchas
"fechorías" antidemocráticas; habla de "derrotar a la crisis" cuando
él ni siquiera ha sabido combatirla y ha sido el principal aliado y
culpable del drama económico que asola a España; habla del
"prestigio" de España en el mundo, cuando España, probablemente,
nunca estuva tan devaluada en el planeta.
Afirma que “hace falta diálogo" y aboga por la "paz social" porque
sabe que los ciudadanos lo desean, pero ignora que él ha alimentado
el acoso a la oposición, ha alimentado la división, la discordia y
el enfrentamiento, ha cerrado las puertas al diálogo de las víctimas
del terrorismo, de los católicos, de los que repudiamos el aborto
fácil. También oculta que el mayor enemigo de la paz social es el
paro, un fenómeno que arrasa y crea psicosis de guerra, disparado en
España bajo su gobierno, con casi cinco millones de desempleados
llenando nuestras calles.
Habla de "recuperar la prosperidad", pero oculta que ha sido su
gobierno el que ha liquidado la riqueza y el bienestar en la
sociedad española; habla de reactivar el consumo" y de "crear
riqueza", pero nada dice de que se le está dando más dinero a los
que más tienen y que en España los ricos son cada día más ricos y
los pobres, más pobres; alardea de "protección social" a los
desempleados, pero oculta que la mejor protección social es el
trabajo, precisamente lo que han perdido millones de españoles bajo
su mandato; habla de "crear riqueza" y de "recuperación económica",
pero nada dice de las 127.000 empresas que han cerrado en los
últimos meses, ni que el 80 por ciento de las pymes que sobreviven
están en peligro real de quiebra.
Ahora,desde la presidencia de Europa, afirma que va a acabar con la
crisis económica europea, una promesa que hace reir porque él ni
siquiera ha sabido combatirla en España, el país europeo más
destrozado por el desempleo y la destrucción de su tejido
empresarial.
La "tactica del espejo" es un "bluff", un truco más de trilero
político, típico de engañadores y de malos políticos, de gente que
le tiene pánico a esa verdad que es la esencia de la democracia.
Es un recurso ampliamente estudiado por los psicólogos y sociólogos,
que lo consideran un engendro del engaño, alejado de la verdad y
sumamente peligroso, cuando se aplica en política, porque el pueblo
sucumbe al engaño en una primera etapa, pero después, cuando
descubre la trampa. reacciona con frustración, crispación y rabia,
perdiendo fe y confianza en los líderes que le engañan.
El "espejo" es una de las tácticas favoritas de los dictadores.
Hítler, Stalin y Mao la utilizaron con profusión y maestría. Sus
pueblos se sentían fascinados porque sus líderes pensaban como
ellos, hasta que descubrían que todo era mentira, que aquello era un
capítulo más del sucio mundo del engaño y de la trampa.
Voto en Blanco
Flamenco, la Sardana, la Senyera, la
Ikurriña, el Segaors. Otra evacuación del TC.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 4 Enero 2010
Año Nuevo, Estatuto viejo. Y no hay manera de que el Tribunal
Constitucional sea capaz de evacuar una sentencia a los recursos de
inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña. Estamos en plena
campaña de intoxicación desde el Gobierno, permitiendo que se
filtren informaciones tendenciosas de supuestos debates internos en
el TC. Y como siempre las filtraciones van dirigidas hacia el que se
presenta como portavoz del Gobierno en los sondeos de opinión, el
diario EL PAÍS. Esto que ya es una costumbre con antecedentes tan
escandalosos como las filtraciones en el Sumario del Caso Gürtel.
Pero yendo al fondo del asunto, lo que parece cada vez más claro es
que el Gobierno, por medio de la Presidenta del TC Dª María Emilia
Casas, sigue forzando un consenso imposible para que algunos
magistrados acepten el maquillaje de un Estatuto plenamente
inconstitucional desde su preámbulo hasta el desarrollo de su
articulado. Lo que es una humillación es que el Estatuto lleve más
de tres años de aplicación y desarrollo legislativo, consolidando la
desigualdad de derechos y deberes de los ciudadanos y la persecución
del idioma español en la Comunidad Autónoma de Cataluña.
Es evidente que la única Nación reconocida en la Constitución es la
de España. Es evidente que el término de “nacionalidad” fue una
concesión equivocada para satisfacer las demandas de los
nacionalismos independentistas y dejar una puerta abierta a sus cada
vez más abultadas y desafiantes EXIGENCIAS. Es evidente que si algo
hay que cambiar en la Constitución es eliminar el término
“nacionalidad” y el concepto actual de Autonomías, verdadero cáncer
que lastra la economía de España y reducto de poder de los partidos
políticos para repartir prebendas y fomentar la corrupción.
Porque si algo se ha demostrado en estas tres décadas de
“democracia” ha sido la falsa interpretación de lo que debería ser
el modelo autonómico. Un sistema que solo ha servido para aumentar
los desequilibrios territoriales entre regiones de España y para
provocar el auge de los partidos minoritarios nacionalistas
secesionistas, convirtiéndoles en árbitros y chantajistas con una
influencia desmesurada y desproporcionada sobre la gobernabilidad de
España. Un sistema electoral que debe ser ya modificado y llevado a
una lógica de equiparación a una verdadera democracia de que un voto
de un ciudadano tenga el mismo valor con independencia de la
circunscripción electoral. Igualdad de derechos.
Así que no venga ahora el TC con querer interpretar lo que son los
símbolos nacionales de España y admitir otros símbolos de unas
“nacionalidades”, que no dejan de ser una mera división
administrativa sin reconocimiento de derechos soberanistas y mucho
menos de expresiones nacionales como bandera e himno propios de
naciones independientes. Por supuesto que tampoco son admisibles la
asunción de relaciones bilaterales en plan de igualdad entre una
parte y el todo, ya que es incompatible con las responsabilidades de
Gobierno indelegables en una Institución subordinada como lo es un
Parlamento Autonómico.
Estoy más que harto del uso indiscriminado de un medio de
comunicación como EL PAÍS para filtraciones interesadas y sondeo de
opinión. Estoy harto de que el TC siga siendo un instrumento más de
presión y manejable a las ordenes de los partidos políticos. Estoy
harto de que el Gobierno del Sr. Zapatero quiera a toda costa y
“como sea” encajar un texto y unas leyes que directamente son anti
democráticas e inconstitucionales y que solo conseguirán la fractura
definitiva de España. Estoy harto de que esta traición al pueblo
español se esconda cobardemente en una Institución tan politizada y
poco creíble como el TC. Y como yo, creo que hay muchos más
ciudadanos que ya están hartos de este culebrón bananero.
Carlos Quintero: "Llegué a pasar miedo por
hablar en castellano en la universidad"
"Si en el futuro esta imposición sigue aumentando, tanto mis padres
como yo nos iremos de aquí"
Belén Piedrafita www.lavozlibre.com 4 Enero 2010
Barcelona.- Carlos Quintero, barcelonés de 21 años, estudia
Marketing y Comunicación de Moda en el Instituto Europeo de Diseño
de Barcelona. Antes pasó por la Universidad de Blanquerna. Allí,
asegura, "los profesores eran tan maleducados que jamás ninguno me
contestó en castellano".
- ¿Cómo ha sido su paso por la universidad? ¿Ha notado diferencias
entre los tres centros en los que ha estado?
- Sí. En primer lugar estudié un año de Derecho en la Universidad
Internacional de Cataluña. De las tres ésta era la mejor. Los
profesores tenían completa libertad para escoger el idioma en el que
daban las clases, así que catalán y castellano se combinaban sin
ningún problema. Además, si en una materia en catalán preguntabas
algo en castellano el profesor te respondía en tu mismo idioma,
aunque luego la clase siguiese en catalán. Al año siguiente pasé a
la Universidad de Barcelona. Entiendo que al ser pública tienen que
hacerlo todo en catalán, pero tampoco me molestó mucho porque como
la carrera no me gustaba sólo estuve un curso. Ningún profesor
explicaba en castellano, ya que si no les hubieran fusilado al
amanecer. Un año después me matriculé en primero de Periodismo en la
Universidad de Blanquerna, perteneciente a la Ramón Llul. Ésta ha
sido con diferencia la peor.
- ¿Qué provocaba que sintiera miedo?
- La situación era increíble. Te miraban mal por hablar en
castellano. Yo me expreso mejor en mi lengua materna, por lo que
prefería formular las preguntas en este idioma; ante eso el resto de
alumnos me miraban como si hablara un idioma inferior. Además, los
profesores eran tan maleducados que jamás ninguno me contestó en
castellano. No se merecían estar en una universidad.
- ¿Cree que en la Universidad de Blanquerna los profesores tenían
libertad de cátedra?
- No creo que tuvieran libertad para escoger, me da la impresión de
que la universidad les obligaba a hablar en catalán. De hecho, jamás
nos dejaron presentar un trabajo en castellano. En ninguna otra
universidad me he encontrado algo igual. En unas había más libertad
que en otras, pero es que en la de Blanquerna el sistema era
completamente dictatorial.
- ¿Piensa que para el alumnado que se matricula en la Universidad de
Blanquerna es importante el componente ideológico?
- Sí. Sin duda alguna, las juventudes de Esquerra Republicana están
ahí. Pero no es sólo eso, es que tenían mentalidad pueblerina. Es lo
más cerrado que he visto en mi vida. Por ejemplo, estudiando
Periodismo teníamos que consultar continuamente diferentes medios de
comunicación, pero todos los ejemplos de prensa eran del 'Avui', si
hablábamos de la radio nos limitábamos a Catalunya Radio y en el
caso de la televisión a TV3. La mentalidad era o Cataluña o nada.
- ¿Ha tenido alguna otra vez problemas a causa de la lengua?
- No. En el colegio donde estudié la Secundaria y el Bachillerato,
por ejemplo, había completa libertad lingüística. La gente hablaba
castellano y catalán, las lenguas eran iguales y nadie te miraba mal
hablaras lo que hablaras.
"ME PARECE PERFECTO QUE EL CATALÁN ESTÉ MUY PRESENTE, PERO NO QUIERO
QUE SE PROHÍBA EL CASTELLANO"
- ¿Cuál es su opinión acerca del sistema de inmersión lingüística?
- Me parece muy bien que en Cataluña se hable y se estudie catalán
porque es su lengua. Sin embargo hay personas que no quieren que sus
hijos aprendan todo en este idioma, porque cuando luego salgan fuera
pueden tener problemas. Yo abogo por la unión y el progreso, no por
el retroceso. Por ello considero que es mejor que lo sepamos todo en
un mismo idioma. Me parece perfecto que el catalán esté muy presente
pero no quiero que se prohíba el castellano. Yo no quiero que me
multen en mi tienda por poner un letrero en castellano, no quiero
que se persiga y que se juzgue al castellano como si fuera un
criminal. Las lenguas no deben ser juzgadas: que haya libertad y
cada uno elija lo que habla.
- ¿Piensa que un alumno puede tener un nivel adecuado de castellano
con una única asignatura? ¿Y a la inversa, podría alcanzar el nivel
necesario de catalán si la línea de enseñanza fuera en castellano?
- Aquí el problema es que coges un chico que haya acabado 4º de ESO
y ves que no tiene ni idea ni de catalán ni de castellano. Hay
poquísima gente que hable bien aunque sea uno de los dos idiomas. Si
tuviera un hijo, preferiría que supiera idiomas como el francés o el
inglés antes que otros que sólo se emplean en pequeñas regiones. Yo
sé catalán pero no me sirve de nada, ya que aquí en Cataluña me
desenvuelvo en castellano. Y si hago esto es precisamente porque
cuando me imponen una cosa me niego a cumplirla, ya que va en contra
de mis libertades. Mis padres han luchado mucho por la libertad:
fueron a manifestaciones en contra de Franco, recibieron palos de
los grises, todo para que yo tuviera libertad, y que ahora venga una
pandilla de ladrones a quitármela, eso sí que no. Y como de momento
el castellano no está penado en Cataluña voy a hacer lo que quiera.
Si en el futuro esta imposición sigue aumentando, tanto mis padres
como yo nos iremos de aquí.
- ¿Cuál sería para usted el mejor sistema educativo?
- El que permitiera a los padres escoger el idioma en el que quieren
educar a sus hijos. Hay muy pocas personas que hablen bien el
castellano en Cataluña, y lo mismo pasa con el catalán. En teoría
están renovando las normas del catalán pero en vez de ir hacia
delante están yendo hacia atrás, convirtiendo el idioma en algo
arcaico. A mí siempre me han dicho que las lenguas son entes vivos,
pero en el caso del catalán están construyendo una sintaxis y un
léxico tan complicados que al final lo único que lograrán será
ahogarse ellos mismos. Lo van a hacer tan complicado que nadie lo
estudiará.
"ENTIENDO QUE LA GENTE NOS ODIE"
- ¿Qué percepción cree que se tiene de Cataluña en otras
comunidades?
- Indudablemente nos tienen un asco tremendo. La gente se cree todo
lo que sale por la tele. ¿Qué ocurre? Que lo único que ven es todo
lo malo que parece que pasa por aquí. Escuchan a los típicos
radicales de ERC, gente ignorante con la mente pequeña, y acaban
sintiendo recelo. Ven a gente como Carod y Puigcercós, continuamente
diciendo tonterías, y al final se enfadan más. Hace poco me he
enterado de que se está intentando hacer un segundo boicot a los
productos catalanes; me parece bien, realmente se lo merecen. Esa
gente que tiene la idea de que Cataluña es un país es enormemente
prepotente. Se creen un pueblo superior, se consideran semidioses.
Parecen los nazis del siglo XXI. Yo vivo con ellos y me da miedo,
sientes que tienes que ir con cuidado. Al final, entiendo que la
gente nos odie.
- ¿Cree que estos conflictos pueden llegar a tener alguna
repercusión en la economía catalana?
- Sin ninguna duda. Cada vez vienen menos estudiantes a Cataluña, y
en el caso de las Ferias Internacionales, desde los años 90 hasta
ahora han disminuido a casi la mitad. Obligan a que todas las
empresas pongan los rótulos en catalán, y eso es un coste, cuando
los empresarios extranjeros se limitarían a hacerlos en inglés. Otro
ejemplo es el de la marca de zapatos Manolo Blahnik. El autor, de
origen canario, está pensando en abrir una de sus tiendas en
Barcelona. Como le obligan a poner los letreros en catalán y él no
quiere, se está planteando irse a Madrid. Como siga así, la economía
catalana se va a ir al traste. Mucha gente habla de lo que ocurrirá
cuándo sean independientes, pero yo creo que no aguantarían ni un
año. Si Cataluña se independizara se convertiría en una dictadura;
la gente se iría a mansalva porque no aguantaría ese régimen
autoritario, los impuestos también aumentarían, por lo que las
empresas también se marcharían, y el comercio exterior se
resentiría. Si Cataluña se independiza, en un par de años se hunde.
******************* Sección "bilingüe"
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La sentencia del "Estatut" calienta los
primeros días del año
José Antonio Gundín Semanal Digital 4 Enero 2010
Cuando el año 2010 despertó, el dinosaurio del Estatut todavía
estaba allí. Valga el cuento más corto del mundo, que debemos al
genial Monterroso, para describir el estado de ánimo, rayano a la
perplejidad, con que el observador estrena el año. Como un mal sueño
recurrente, la sentencia del Estatuto catalán vuelve a las primeras
páginas de los diarios entre anuncios que suenan a apocalipsis,
titulares que parecen jeroglíficos y sondeos que semejan partes de
guerra. Hay tal canguelo en el Gobierno y la clase política catalana
por lo que pueda ser la sentencia que han agotado la reserva de
vendas preventivas.
Aseguran las librerías que uno de los títulos más vendidos como
regalo de Reyes es la nueva Gramática Española, un tocho amarillo de
dos tomos capaces de tumbar al curioso más aguerrido. Sin embargo,
va a ser muy necesaria, y harían bien todos los políticos en
comprársela, para discernir el contenido, la sintáxis, la morfología
y los equilibrios en el alambre lingüístico del Tribunal
Constitucional. Será digno de ver y estudiar.
De entrada, se dice que los magistrados dejarán sentado que nación
no hay más que una, que es España, y que a lo máximo a que puede
aspirar Cataluña es a que le llamen nacionalidad, así que sus
símbolos y parafernalias habrán de limitarse a esa escualida
cualidad. Lo significa que entre las cuatro acepciones que registra
el diccionario de la Real Academia Española para el término
"nacionalidad" sólo son aplicables al caso las dos últimas, a saber:
"Comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una
especial identidad histórica y cultural. Denominación oficial de
algunas comunidades autónomas españolas". Tanto esfuerzo, tanta
polémica y tanto referéndum para llegar a la misma conclusión a la
que llegó la RAE hace años.
Esas son las consecuencias de una actuación política irresponsable
o, si se prefiere, de unos políticos aprendices de brujo. El proceso
que tan alegremente abrió Zapatero hace ya cuatro años, prometiendo
aprobar todo lo que "llegara" de Cataluña, no ha traído más que
sinsabores, enconos y fobias entre regiones. Ahí está, como guinda
de un pastel venenoso, los datos del sondeo publicado ayer por La
Vanguardia: mientras el 61% de los catalanes rechaza los recortes al
Estatut, el 61% de los españoles los acepta, se diría que los desea.
Como concluye a cinco columnas el rotativo catalán, el Estatut
provoca la fractura España-Cataluña. Y eso que Zapatero llegó al
Gobierno en 2004 prometiendo pacificar la supuesta guerra autonómica
desatada por Aznar. Ahí están los resultados.
Secesionismo
La responsabilidad del niñato
David Jiménez Torres Libertad Digital 4 Enero 2010
"Visca, visca, visca; visca Terra Lliure"; "Pim, pam, pum, que no
quedi ni un"; "España, cero; goma, dos" fueron algunas de las perlas
que dejó la marcha independentista del 30 de diciembre en Palma de
Mallorca. En un momento de la manifestación, un manifestante vio una
bandera de España colgando de un comercio y la arrancó; los dueños
posteriormente explicaron a El Mundo que han decidido sustituir la
rojigualda por una estelada, porque "no queremos que nos destrocen
el local". Un dirigente del PP se topó con la manifestación y
recibió insultos y abucheos. Y por supuesto, se repartieron
cuartillas con la bandera española para que los manifestantes
pudieran quemarlas y repetir el consagrado rito del independentismo,
tan razonable, tan plural, tan moderno.
A la marcha acudieron entre las 1.000 personas que estimó la policía
y las 4.000 que dijeron los organizadores; la mayoría, jóvenes
(muchos de ellos menores de edad) de diversas organizaciones y
plataformas como Joves d'Esquerra Nacionalista-PSM, Joves d'Esquerra
Republicana de Catalunya (JERC), Sindicat d'Estudiants del Països
Catalans, y la organización unitaria Esquerra Independentista de
Mallorca. La mayoría de manifestantes, por tanto, no eran personas
que vivieron la dictadura, ni paletos rurales con boina y bastón,
sino gente que no es que no llegara a la Transición, es que casi se
pierde el felipismo. A ellos se sumaron además delegaciones de las
juventudes del PNV, Convergencia, BNG y Aralar; estos dos últimos
firmaron un acuerdo de cooperación para lograr "la liberación
nacional y social" de Galicia, el País Vasco y los Países Catalanes.
Los hombres del futuro, luchando por el medievo.
Existe una tendencia a minusvalorar este tipo de actos y actitudes,
este tipo de formaciones de jóvenes radicales; los titulares sobre
la manifestación fueron irónicos, como "Independentistas se suenan
los mocos con la bandera española". O sea, restarles importancia a
los jóvenes y si acaso transferir toda la responsabilidad a los
partidos que les manipulan y les alientan. Craso error. Subyace en
esa reacción precisamente la misma idea que les da alas a estos
chavales: la idea de que, en política como en todo lo demás, un
joven no es responsable de sus actos. Lo es. Gritar una consigna
ensalzando a un grupo terrorista es tan grave a los 16 como a los
45. Si uno tiene edad para irse a un parque con una litrona, también
la tiene para saber que ensalzar la violencia no es una mera
"sobrada", sino uno de los actos más profundamente malvados que
puede realizar una persona. Si uno tiene edad de llenarse la boca
con la palabra "fascista", también la tiene para que se le critique
usarla gratuitamente contra gobiernos, partidos e insitituciones
democrácticas. Si uno tiene edad para unirse a las juventudes de un
partido, también la tiene para ser responsable de las actitudes
antidemocráticas y totalitarias que promueve su organización. O si
no, ¿qué? ¿Queremos poder pero no queremos las consecuencias? Si
tienes edad para pensar, tienes edad para reflexionar; si tienes
edad para leer, tienes edad para quedarte en casa leyendo en vez de
pasear tu exaltada ignorancia por las calles de una ciudad. Y si
Hayek y Locke cuestan, ahí están los cómics de Spiderman, que llevan
repitiendo desde 1962 que todo poder acarrea responsabilidad. Nada,
nada, nada excusa a estos chavales.
Hay, por tanto, que criticar, y criticar muy duramente y no sólo
desde la displicencia, estas actitudes irresponsables, esta idea de
que vale cualquier cosa para que los jóvenes logren un subidón de
importancia y autoestima. Porque, por lo general, uno es tan fruto
de su entorno a los 50 como a los 18. No existe en esto gran
gradación. La responsabilidad tiene muy pocas fronteras. Igual que
la estupidez.
El fallo del Estatut, al caer
José Cavero www.lavozlibre.com 4 Enero 2010
Hay coincidencia entre los observadores en que la sentencia del
Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán no puede demorarse
mucho más de los tres años y medio que ya lleva de deliberaciones y
retrasos. La propia presidenta del TC sugirió hace unas cuentas
semanas que posiblemente en los primeros días de enero se llegaría a
la esperada decisión. Y no han cesado las especulaciones sobre los
eventuales recortes, así como los probables repartos de votos
favorables o contrarios a determinada posición. Este domingo, el
diario El País vuelve sobre esta materia interminable, como también
lo hace, en una encuesta, el diario La Vanguardia. Sostiene el
primero de estos trabajos que la única nación es la española.
Cataluña no lo es, ni puede tener símbolos nacionales, salvo que se
vinculen a la nacionalidad catalana y no al término nación. Estas
son las premisas que inspiran las últimas deliberaciones entre
magistrados progresistas y conservadores del Tribunal
Constitucional, que buscan conformar una mayoría suficiente para
desatascar la sentencia más esperada de los últimos tiempos, de la
cual depende el Estatuto de Cataluña, según el relato de El País,
que señala que el próximo pleno de los magistrados del TC es el 11
de enero, pero que antes se sucederán las reuniones. Por primera vez
empieza a vislumbrarse entre los dos bloques ideológicos la voluntad
de cerrar de una vez las deliberaciones y alumbrar la decisión sobre
el recurso del PP, que lleva más de tres años en el Tribunal. Al
Constitucional le han "dado las uvas" también este año, pese a que
su presidenta, María Emilia Casas, descartaba esa posibilidad en
junio. Traspasada la barrera psicológica del 31 de diciembre sin la
sentencia, los magistrados intentan cerrar un acuerdo a ser posible
este mismo mes de enero. Recuerda el diario que la próxima
convocatoria del pleno, según el calendario preestablecido de
"semanas jurisdiccionales" es para el 11 de enero, pero antes se
celebrarán reuniones de despacho para aproximar y quizá cerrar
acuerdos.
Según la referida crónica, en las últimas semanas, María Emilia
Casas ha intentado liderar una mayoría de magistrados de los dos
sectores, que si bien podría rebajar las aspiraciones nacionalistas
sobre la "nacionalidad" de algunos enunciados del Título Preliminar
y sobre el Consejo de Justicia de Cataluña, trataría de salvar el
núcleo central de las competencias y de la financiación. Durante
todo diciembre y pese a no haberse habilitado las fechas de Navidad
para reuniones del pleno, los magistrados han trabajado
incesantemente, y los que no están fuera de Madrid han intensificado
las reuniones durante la última semana y las retomarán a partir de
este lunes. Entre las hipótesis de cierre que se están explorando se
estudia la posibilidad de superar el problema del término "nación",
-con el que llevan a vueltas desde el pasado verano-, de manera que
permita concitar una mayoría que retocase lo menos posible el Título
Preliminar del Estatuto catalán pero dejando claro que la única
"nación" es la española. En esa línea, se intentarían mantener la
literalidad de que los "símbolos nacionales" de Cataluña del
artículo 8.1 del Estatuto son la bandera, la fiesta y el himno, pero
dejando claro que se trata de símbolos de una "nacionalidad", tal
como se define a Cataluña en el artículo 1 del propio Estatuto y en
la referencia que hace el artículo 2 de la Constitución a "la
autonomía de las nacionalidades y regiones" que integran la Nación
española.
Por otro lado, publica este domingo los resultados de una encuesta
sobre el próximo fallo del TC sobre el Estatut catalán. Señala este
sondeo que el divorcio entre Catalunya y el resto de España a cuenta
de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut es cada
vez más rotundo. Mientras el 61 por ciento de los españoles cree que
el Alto Tribunal "tiene la obligación" de recortar el Estatut "si
entiende que no se ajusta a la Constitución", idéntica proporción de
catalanes rechaza cualquier recorte de un texto que "ha sido
aprobado por el Parlament de Catalunya y por las Cortes y revalidado
en referéndum". De hecho, en el conjunto de España sólo apuestan por
respetar la integridad del Estatut un 23 por ciento de los
consultados. En cambio, uno de cada cuatro catalanes admite que el
Constitucional recorte el texto estatutario si entiende que incurre
en inconstitucionalidad. Las posiciones a favor del recorte en caso
de inconstitucionalidad son mayoritarias entre los votantes de todos
los partidos estatales, aunque con algunos matices. Por ejemplo, un
93 por ciento de los electores del partido de Rosa Díez, UPyD, y un
72 por ciento de los del PP se muestran partidarios de retocar el
Estatut. En cambio, esa tasa cae al 63 por ciento entre los votantes
de IU/ICV y al 55 por ciento entre los del PSOE. Asimismo, mientras
sólo un 13 por ciento de los electores populares se muestra a favor
de respetar el Estatut, ese porcentaje se acerca al 30 por ciento
entre los votantes socialistas y de Izquierda Unida.
El eterno dilema
Chelo Aparicio Estrella Digital 4 Enero 2010
De nuevo el dilema en la izquierda abertzale: apostar por las vías
pacíficas, es decir, por desprenderse de su dependencia orgánica de
la banda terrorista ETA, o seguir juntos, como hasta ahora, algo que
han defendido recientemente incluso algunos de los llamados
observadores internacionales, como el sudafricano Brian Currin, con
el argumento de hacer eficaz el camino hacia el abandono de las
armas. De nuevo, la repetición del debate. En anteriores ocasiones,
ante la expectativa de un nuevo proceso de diálogo con el Gobierno
y, actualmente, como modo de supervivencia política ante las
elecciones locales y forales del 2011, y superar la ilegalización.
Ya dejó clara la disyuntiva hace unos meses el ministro Rubalcaba:
"O votos o bombas". Y en eso están.
Dice la autodenominada izquierda abertzale en una nota hecha pública
que ha recibido miles de aportaciones de su militancia en su "última
fase de debate interno", una explicación con la que pretende
contrarrestar los "intentos de algunos medios de comunicación y
agentes políticos de condicionar el debate mediante la intoxicación
y la manipulación". La nota asegura que el documento Clarificando la
fase política y la estrategia debatido en 254 asambleas del País
Vasco y Navarra desde el mes de octubre ha sido un éxito: lo ha
respaldado la mayoría de sus militantes y ha recibido aportaciones
de 6.467 personas. El texto, de 62 folios, apuesta por la
acumulación de fuerzas nacionalistas y por poner en marcha un
"proceso democrático" que tenga "como base la palabra y la decisión
de la ciudadanía vasca y por tanto se realice sin ningún tipo de
violencia o injerencia externa", sostiene la nota, aunque no precisa
si la "injerencia" incluye al papel de 'vanguardia' de ETA otorgado
por el conjunto del entramado abertzale a la banda terrorista.
La valoración del debate interno se hizo pública horas después de
que se publicara en el diario El País que se está saldando en favor
de los defensores de las vías pacíficas y que se está expulsando a
los más "duros", algo que rompería con la tradición asentada entre
las organizaciones políticas afines a ETA, en las que siempre han
ganado. Según las mismas investigaciones periodísticas, los
favorables a una vía soberanista, mediante vías pacíficas y
democráticas, se imponen sobre "los duros", que persisten en
defender la presencia de ETA en este proceso. En esta vía
posibilista, de cara a participar en las elecciones del 2011 -so
pena de arriesgarse a desaparecer- estarían los líderes Arnaldo
Otegi y Rafa Díez, ambos en prisión. Habrá que esperar los efectos
que cause la última palabra de ETA cuando termine el debate para
hacer el definitivo balance sobre el proceso de reflexión. El eterno
dilema desde hace décadas, desde que nació ETA.
La apuesta soberanista, el precedente con el que sueñan muchos
dirigentes nacionalistas, convencidos de que es la forma de
mantenerse en el poder, fue el Pacto de Lizarra, en el que
sindicatos y partidos nacionalistas acordaron con ETA la
determinación de excluir de los pactos a los partidos
constitucionalistas, PSE y PP, a su vez, objetivos de la banda
terrorista, como precio de la paz (el año de tregua 1998-99).
Pero el lenguaje es opaco si no se contrasta con los argumentos de
los adversarios. El PNV, que observa con cautela estos debates de la
izquierda abertale -frente a una EA implicada y dispuesta a ceder
sus siglas para amparar a las siglas ilegalizadas- no encuentra
mejor crítica hacia el Gobierno de Patxi López que acusarlo de
"frentista". No hay un espejo que devuelva la propia imagen.
El único decreto lingüístico posible para
Feijóo
Los dos extremos sociales movilizan sus bases contra el texto base
anunciado por Feijóo la pasada semana. Sin embargo, los sectores más
próximos al PP echan en cara a la Xunta que no cumpla unos
principios que vulnerarían la ley y el Estatuto
JOSE LUIS JIMÉNEZ, SANTIAGO. ABC Galicia 4 Enero 2010
El pasado 30 de diciembre Alberto Núñez Feijóo y su conselleiro de
Educación presentaron las nuevas bases para el decreto que regulará
el uso de la lengua gallega en la enseñanza no universitaria.
Parecía la solución a un conflicto lingüístico surgido tras el
polémico Decreto 124/2007 elaborado por el anterior gobierno
bipartito y rechazado por el PP y plataformas como Galicia Bilingüe
o la Mesa por la Libertad Lingüística, aunque contaba con el
respaldo de los sectores favorables a la imposición, próximos al
nacionalismo, como la Mesa por la Normalización. Se equivocaba el
presidente de la Xunta.
Ambos extremos sociales rechazan de plano el nuevo texto, unos por
exceso de gallego, otros por defecto en la presencia de la lengua
propia de Galicia en la escuela pública y concertada. Lo único
cierto es que el Ejecutivo que preside Núñez Feijóo ha parido el
único texto posible, conforme a la ley, el Estatuto o incluso
sentencias del Tribunal Supremo sobre este tema.
Líneas rojas legales
De hecho, el TS marcó el pasado mes de noviembre unas líneas rojas
difícilmente franqueables al aseverar en una sentencia a un padre de
Vigo que reconocer a «toda persona dependiente de la jurisdicción de
un Estado el derecho a ser instruido en la lengua de su elección
conduciría a resultados absurdos, ya que todos podrían reivindicar
así una instrucción impartida en cualquier lengua, en cualquiera de
los territorios».
Es más, el Tribunal recuerda que ni la Constitución ni la
Declaración Universal de los Derechos del Hombre «garantizan a los
padres el derecho de elegir la lengua que regirá el proceso
educativo de sus hijos», y que existiría discriminación por esta
razón si «a criterio del peticionario, se pudiera cursar un
determinado tipo de estudio con olvido o marginación de una de las
lenguas» cooficiales en Galicia.
Pero más allá del mandato del Supremo, Núñez Feijóo tenía otros
condicionantes, tales como el Estatuto de Autonomía y la Ley de
Normalización Lingüística que su propio partido aprobó en 1983, y
norma que el actual presidente de la Xunta no puede devaluar sin
riego de que se produzca una quiebra en el sector más galleguista de
su partido.
La Ley 3/1983 señalaba con contumacia que «los alumnos no podrán ser
separados en centros diferentes por razón de la lengua» y sólo
«razones pedagógicas excepcionales» lo permitirían por aulas, por lo
que el decreto no podría bajo ningún concepto recoger la segregación
del alumnado. Arriba en la pirármide jerárquica legislativa, un
Estatuto que conminaba a los poderes públicos a «potenciar la
utilización del gallego en todos los órdenes de la vida pública».
Coherencia en el discurso
Detrás de la introducción paulatina del inglés en la enseñanza -que
no tiene visos de aplicarse a corto plazo y que Feijóo calculaba
ayer para un horizonte de entre 5 y 8 años- emerge la convivencia
real que habrán de mantener gallego y castellano hasta que ambas
supongan los previstos dos tercios del currículo lectivo. Y si el
decreto del bipartito se limitaba a regular que la lengua de Rosalía
habría de representar como mínimo el 50% de las horas de clase
-pudiendo ser más y, por tanto, dejando el castellano en un
porcentaje residual-, el nuevo texto garantiza que, inglés o francés
aparte, los idiomas cooficiales convivirán al 50%.
No es ninguna sorpresa. Se trata de la posición que de forma
homogénea ha mantenido el PP durante toda la pasada legislatura, y
la que llevó a los populares a apartarse de la aprobación del
decreto lingüístico del bipartito en el año 2007.
En los últimos días se han sucedido las críticas desde las
plataformas teóricamente más próximas al PP censurando a Feijóo el
incumplimiento de sus promesas electorales y advirtiendo de las
consecuencias en futuros comicios, amenazas con las que UPyD
-marginal en Galicia- se frota las manos.
El principal reproche es que los padres no podrán elegir la lengua
vehicular en la enseñanza, algo a lo que se comprometió, así como a
una consulta en el impreso de matrícula para que éstos indicaran el
idioma para las asignaturas troncales. «Nos parece que las
asignaturas troncales deberían ser elegidas por los padres», dijo
Feijóo en campaña, «el idioma en el que se den las asignaturas
troncales, que son las de los textos, las del material didáctico,
las asignaturas más importantes, deberían de elegirlo los padres». Y
de hecho lo harán.
El borrador del nuevo decreto es respetuoso con esta promesa. Los
padres elegirán en Infantil anualmente, y en Primaria y Secundaria
cada cuatro años. En el primero de estos dos ciclos, la elección
afectará a una de las dos asignaturas troncales -matemáticas o
conocimiento del medio-, ya que sumergir ambas en un mismo idioma
otorgaría a la Mesa por la Normalización el mismo argumento que sus
opositores manejaban hasta ahora.
En Secundaria, donde el peso de estas dos troncales es menor en
número de horas lectivas por semana, el idioma en que se impartan
será conjunto, ya que no se desvirtuará la máxima que rige el
decreto: absoluto equilibrio de gallego y castellano en el número de
horas. El resto de asignaturas del currículo se repartirá según
decisión del Consejo Escolar, también criticado por asociaciones
como la Mesa por la Libertad, que acusa a estos órganos de «estar
controlados por el profesorado más fanáticamente nacionalistas».
Los Equipos de Dinamización Lingüística estuvieron también en la
picota durante la pasada legislatura, al ser vistos como comisarios
políticos de la imposición. La Xunta diluirá su carácter ideológico
al dar entrada en su seno a las asociaciones de padres, que sumarán
así a su voz y voto en los consejos escolares su papel activo en
estos equios.
Manuales en dos idiomas
Esta pluralidad lingüística en las asignaturas troncales obligará a
las editoriales a publicar los libros de texto en ambos idiomas, una
de las reclamaciones históricas de los defensores de la libertad de
elección de lengua, aspecto también subrayado el pasado miércoles
por Feijóo durante la presentación del decreto.
Sí es más proclive a la polémica el caso de la etapa de Infantil,
donde los padres elegirán directamente y cada año la lengua
mayoritaria de la clase, quedando como responsabilidad del
profesorado que sus alumnos -entre 2 y 5 años- conozcan el otro
idioma, un desideratum que la Xunta habrá de perfilar en su trámite
de negociación y adecuar al artículo 13.1 de la Ley de
Normalización, según el cual «los niños tienen derecho a recibir la
primera enseñanza en su lengua materna».
Otra de las demandas de grupos como el que preside Gloria Lago era
la libertad de uso de gallego o castellano en clase por parte del
alumnado, garantía que también recoge el texto de la Xunta actual,
en contraposición al del bipartito de PSOE y BNG. La única salvedad
serán las clases propias de cada lengua, en las que el sentido común
marca que habrá de emplearse el idioma cooficial de turno.
Impulso Ciudadano aspira a convertirse en
la «Casa gran» del no nacionalismo
Camacho condiciona su apoyo a Mas a que renuncie al «derecho a
decidir»
MARÍA JESÚS CAÑIZARES | BARCELONA ABC 4 Enero 2010
Impulso Ciudadano (IC) aspira a convertirse en la «Casa gran» de los
no nacionalistas. Este movimiento, constituido hace tres meses como
«lobby de presión» y presidido por el diputado del grupo mixto José
Domingo, dispone ya de un centenar de socios, entre ellos militantes
de UPyD, Ciutadans, PP y PSC, así como otras personas sin
adscripción política.
Frente a la proliferación de plataformas independentistas y el
empeño del presidente de CiU, Artur Mas, de reactivar la «Casa Gran
del Catalanismo» de cara a las autonómicas de 2010, IC también tiene
vocación transversal, aunque según explica Domingo a ABC, su ideario
es más amplio, pues se basa en cuatro pilares: el pluralismo
político, ideológico, lingüístico y cultural; la defensa de los
valores contenidos en la Constitución española; el fomento de la
cohesión y las relaciones entre todos los ciudadanos y comunidades
españolas; el impulso de las medidas necesarias para la mejora del
funcionamiento y la racionalización de las Administraciones Públicas
y la lucha contra la corrupción.
Impulso Ciudadano pretende intensificar sus conexiones con el resto
de España pues «en ocasiones echamos de menos una mayor solidaridad
con nuestras campañas», explica Domingo. La asociación está abierta
a partidos, fundaciones y asociaciones, pero el principal reto ahora
es lograr la penetración en movimientos empresariales y sindicales.
«En política, no basta sólo con actuar, hay que influir», sostiene
el presidente de IC.
Impulso Ciudadano pretende intensificar sus conexiones con el resto
de España
Asociaciones con amplio historial en la defensa del bilingüismo como
es el caso de Asociación por la Tolerancia o Convivencia Cívica
Catalana, forman parte de Impulso Ciudadano, cuya primera iniciativa
consistió en una campaña en contra de las sanciones lingüísticas
titulado «Sí a la libertad de expresión. No a las multas
lingüísticas». Según IC, entre el 2003 y el 2005, 143 empresas
fueron sancionadas por un total de 169.000 euros por no adecuarse a
la normativa vigente en política lingüística. Durante el 2006, estas
sanciones aumentaron a 311 y el total recaudado ascendió a 686.000
euros. En el 2007 fueron 83 establecimientos por un total de 138.150
euros. Desde entonces, asegura Domingo, el Govern se ha negado a
informar sobre los expedientes abiertos y multas impuestas durante
2008 y 2009.
Más recientemente, Impulso Ciudadano ha presentado alegaciones
contra el reglamento de usos lingüísticos del Ayuntamiento de
Barcelona, donde prácticamente se erradica el castellano.
Destaca José Domingo el carácter flexible de este movimiento, donde
«no pretendemos que haya protagonismos, sino articular acciones en
toda Cataluña».
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