| |
|
Aznar 'vuelve' en su mayor ataque a
Zapatero
EDITORIAL El Mundo 2 Febrero 2010
LAS MANIFESTACIONES de Aznar responsabilizando a Zapatero de la
desastrosa situación de la economía española y su pronóstico de que
se avecinan tiempos difíciles para el país suponen uno de los
mayores ataques a la política del Gobierno en esta legislatura,
tanto por el contenido como por la forma lapidaria en las que están
hechas. Cuando Aznar subraya que «nunca nadie hizo tanto daño en tan
poco tiempo» está describiendo una realidad, por dura que sea de
asimilar para algunos: en poco más de cinco años, Zapatero ha pasado
de gobernar uno de los países de referencia del continente a ser
mirado de reojo porque España empieza a estar considerada un lastre
para el futuro de Europa.
Habrá quien trate de deslegitimar hoy los argumentos del ex
presidente jugando a alimentar esa caricatura de extremista y de
personaje antipático con la que la izquierda ha pretendido sacarle
siempre del debate político. Es cierto que sus palabras no son nada
tranquilizadoras, que reconforta más oír otro tipo de diagnósticos y
otro tono más amable, pero cuando un país tiene 4,3 millones de
parados y no deja de crecer el desempleo, cuando la sombra de la
recesión marca los años venideros -la previsión es que el PIB caiga
de nuevo en 2010-, cuando las arcas del Estado se desangran y se
buscan recursos debajo de las piedras para sostener el sistema de
pensiones y para intentar pagar los intereses de la deuda, lo
responsable no es sonreír, sino decirlo.
Las palabras de Aznar no nacen del rencor; están, cargadas de
amargura, la de quien es consciente de que «España ha vuelto
dramáticamente a la segunda división». Suponen ante todo un baño de
realidad que se abre paso entre los cantos de sirena de un Gobierno
al que la situación se le ha escapado de las manos y el aparente
sesteo oficial de una oposición que parece guardar sus fuerzas para
acelerar hacia la meta sólo en el sprint final de la legislatura.
Hay que empezar a ser conscientes de que España inicia una dura
travesía que puede durar años y que va a dejar cicatrices en la
sociedad. No es antipatriota quien denuncia que no se están tomando
las decisiones oportunas. Tampoco lo es Aznar cuando pone el dedo en
la llaga y avisa de que la credibilidad de nuestra economía «ha
quedado pulverizada» y constata que crecen las dudas en cuanto a que
el país «pueda financiar su deuda en el futuro», aunque tal vez no
sea prudente que un ex presidente diga esto. En todo caso, la virtud
del discurso de Aznar es la de poner al descubierto la pésima
gestión económica del Gobierno en un momento clave en el que España
se juega su futuro y su prestigio en Europa.
En su ingenuidad, Zapatero pretendía hacer de este semestre de la
presidencia española de la UE una exhibición del éxito de su
política, pero en cuanto se ha puesto el foco sobre nuestro país se
han iluminado todas las carencias de su gestión. De ahí las prisas
por ganar credibilidad presentando un plan de ajustes y recortes del
que había abominado. Pero chirría por su incongruencia que quien
negaba hasta hace cuatro días la propia existencia de la crisis y se
oponía a propiciar un pacto de Estado alegando aversión ideológica
hacia la oposición se descuelgue de la noche a la mañana con la
propuesta de reformar el sistema de pensiones a la manera en que lo
plantearía cualquier político del ala liberal.
Es esa falta de coherencia de Zapatero y el contraste entre su
buenismo y la cruda realidad en que han desembocado sus ocurrencias
en materia económica lo que le hace tan vulnerable. Por eso Aznar
fue ayer tan duro con el presidente, y porque el tiempo ya está
empezando a demostrar que el legado del actual inquilino de La
Moncloa no se parecerá en nada al de su antecesor.
El predominio de los 'pequeños políticos'
ALEJANDRO DIZ El Mundo 2 Febrero 2010
MENÉNDEZ PIDAL, en su conocida Introducción a la Historia de
España,dirigida por él mismo, señala que las características
principales que han marcado las cumbres y depresiones de la curva
vital de la historia de España han sido, por un lado, la
vigorización o no de la justicia y, por otro, la alternativa entre
invidencia o acertada selección de personas para los puestos
importantes de la Administración pública. Si se dan por válidas
estas pautas, seguramente muchos en nuestro país en la actualidad no
dejarían de estar preocupados acerca de si estamos pisando terrenos
de menguante y no precisamente de florecimiento en una perspectiva
ni siquiera sólo a corto plazo.
En las encuestas y estudios de los últimos tiempos, tanto la
justicia como la clase política son problemas que aparecen entre los
que más preocupan a la ciudadanía. Elocuente y comentada ha sido la
reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas en la
que se marcaba que la clase política y los partidos políticos son ya
el tercer problema para los españoles.
Ante esta situación cabe interrogarse qué es lo que está provocando
este desprestigio de la clase política y, por ósmosis, también de
los partidos, que deteriora pivotes importantes de la democracia
liberal. ¿Falta de virtudes específicas de los políticos?
¿Deficientes mecanismos institucionales en la selección de éstos y
en el ejercicio del vigilar a los vigilantes? ¿La metástasis de la
corrupción en los diferentes niveles de la Administración pública?
La interrogante acerca de las virtudes que deben adornar al
gobernante ha sido un elemento presente en el pensamiento político
desde la Antigüedad, y de manera más destacada desde la aparición de
El príncipe de Maquiavelo, con sus inquietantes formulaciones al
respecto que produjeron una intranquilidad profunda y tan duradera
que incluso ha llegado hasta nuestros días. Mas, una de las
características principales de la práctica de los sistemas
liberal-democráticos modernos -cuya teorización venía
desarrollándose ya desde hacía tiempo- es que, para el ejercicio de
la libertad y del asegurar los derechos e intereses de los
individuos, hay que crear mecanismos institucionales de técnica
política, basados en la división y el equilibrio de poderes, un
sistema de límites y controles, y no tanto depender de las virtudes
subjetivas de los individuos, especialmente de los gobernantes, de
tal manera que éstos no puedan modificar a su antojo las bases de
ese mecanismo técnico.
Fuera de cualquier buenismo antropológico, habría que partir siempre
de que todo político puede ser corruptible. Es decir, aceptar como
válida la ley de la corrupción de Lord Acton, en el sentido de que
no se puede dar a una persona poder sobre otras personas sin
tentarla a que abuse de él. Una tentación -en palabras de Popper-
«que aumenta aproximadamente con la cantidad de poder detentado y
que muy pocos son capaces de resistir». No se trata, pues, de
centrarse en la apelación a la virtud y al mantenimiento de los
principios éticos de los políticos, porque como ya señalara
Montesquieu, muy rara vez una exhortación ha cambiado los actos o
decisiones de los gobernantes y que los hombres violan
frecuentemente sus propios principios éticos, sino de crear
adecuados mecanismos de selección y de control tanto por parte de
los partidos políticos en sus estructuras y funcionamiento, como en
el ámbito de las instituciones políticas en general.
No es cuestión, por tanto, de que para formar parte de la clase
política -y a la hora de elegir a los gobernantes- se exija un
espécimen de persona particularmente austera y virtuosa, ni sabios
intelectuales transmutados en filósofos-reyes platónicos seducidos
por el espejismo de Siracusa -por lo demás, de consecuencias en
general tan nefastas en la práctica histórica-, sino de reforzar y
de crear nuevos mecanismos de técnica de control interno y externo a
los partidos y a las instituciones, pues los existentes en la
actualidad es obvio que han fallado y han reventado por todas sus
costuras.
Como síntoma de esta patología política, cabría preguntarse cuántos
han sido los casos de corrupción que han sido detectados,
denunciados y extirpados por los propios mecanismos de control
interno del partido o de la institución contaminada. No basta ni
vale, pues, dolores de corazón ni propósitos de enmienda por
bien-intencionados que sean, sino que se impone una revisión de los
mecanismos de control de partidos e instituciones de obligado
cumplimiento, además de abrir el melón de la posible revisión del
sistema de elección y de representación.
¿Difícil de abordar? Posiblemente, pero no imposible. En cualquier
caso, habría que partir de la acepción kantiana de «nación de
demonios» inteligentes: «Por duro que parezca, el problema de
construir un estado puede ser resuelto incluso por una nación de
demonios (mientras posean entendimiento)� Pues no se trata del
mejoramiento moral del hombre, sino sólo de descubrir cómo el
mecanismo de la naturaleza se puede aplicar a los hombres de tal
modo que los antagonismos de su actitud hostil hagan que se obliguen
mutuamente a someterse a leyes coercitivas, produciendo así una
condición de paz donde puedan aplicarse las leyes».
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el partir del presupuesto
de una «nación de demonios con entendimiento» y de la potencial
corruptibilidad del político no debe llevar a ser indiferentes con
las virtudes ciudadanas y, en particular, con las del gobernante y
el político en general, en su combinación y equilibrio entre la
moral de la responsabilidad y la moral de la convicción, con la
distinción que siempre hay que hacer entre los proyectos de los
hombres y las consecuencias de sus acciones. Exigiendo, así, la
asunción obligatoria por parte de los políticos de sus
responsabilidades, siendo éste uno de los déficit que más pueden
haber llevado al desprestigio de la clase política, y de nefasta
pedagogía ciudadana.
Como ha escrito Pascal Bruckner, «cuando las élites se pretenden más
allá del bien y del mal y rechazan cualquier tipo de sanción, el
conjunto del cuerpo social se ve inducido a repudiar la idea misma
de responsabilidad (ése es exactamente el peligro de la corrupción:
ridiculizar la honradez, convertirla en una excepción tan vana como
trasnochada)». Y cuando se habla de esa responsabilidad, no habría
que caer por parte de los gobernantes en la demagogia en la que, por
ejemplo, cayó de bruces el presidente José Luis Rodríguez Zapatero
cuando en su discurso ante el Comité Federal de su partido del
pasado mes de septiembre apeló a oponerse a los «poderosos», porque
no se puede olvidar que en un sistema democrático es el gobierno de
turno el más poderoso entre los «poderosos», ya que dispone del
poderosísimo instrumento del Boletín Oficial del Estado.
Ante la crisis de la clase política que se vive en nuestro país
-fenómeno de cierta generalización a nivel mundial, con diferentes
gradaciones-, quizá no sería gratuito el leer o releer un clásico al
respecto como es El político y el científico de Max Weber, con su
análisis de taxonomía política diferenciando entre los «políticos
ocasionales», los «políticos semiprofesionales» y los «políticos
profesionales», y dentro de éstos los que viven para la política y
los que viven de la política; así como la diferenciación entre los
funcionarios profesionales y los funcionarios políticos, con la
subcategoría de los «funcionarios de partido».
CUANDO EN la selección de los políticos empiezan a predominar los
aventureros, los visionarios y los faltos de escrúpulos, no hay que
echar en saco roto que ése es uno de los fenómenos que caracteríza a
una sociedad que tiende hacia formas con tintes demagógicos y
totalitarios. Y es sabido que los brotes de malas hierbas hay que
procurar arrancarlos de raíz.
La falta de responsabilidad y la ausencia de finalidades objetivas
son dos pecados no precisamente veniales en la política. Porque en
política, más importante que hasta dónde y a qué velocidad se va, es
si se marcha en la buena dirección; siendo esto válido tanto para el
Gobierno como para la oposición -para la sociedad en su conjunto-.
Las conclusiones a sacar de todo esto, y para conseguir una
selección acertada de gobernantes y políticos, es responsabilidad
fundamental del cuerpo electoral en su conjunto, de un ejercicio
crítico y maduro de la ciudadanía.
Ortega en su Mirabeau o el político escribe que «política es tener
una idea clara de lo que se debe hacer desde el Estado en una
nación», y lo que diferencia al «gran político» del «pequeño
político» es que el primero ve siempre los problemas del Estado al
través y en función de los problemas nacionales, mientras que el
segundo, «como se encuentra con el Estado entre las manos», tiende a
«desconocer su sentido puramente instrumental».
Tal vez, habría que añadir una subdivisión, la del «enano político»:
el que se encuentra con su propio partido «entre las manos», lo toma
demasiado en serio, da un valor absoluto a su ideología, y se
desentiende de los verdaderos problemas que afectan y preocupan a la
nación� Supongamos que hablamos de la España de hoy en día.
Alejandro Diz es profesor de Historia de las Ideas de la Universidad
Rey Juan Carlos.
Azkuna: "Sólo el fanatismo mantiene a ETA
en este camino sin retorno"
El alacalde de Bilbao rinde homenaje a las víctimas del terrorismo
junto a familiares y organizaciones pacifistas
EFE estrella digital 2 Febrero 2010
El alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, ha asegurado este lunes que
"sólo el fanatismo, la perversión de la política, la terquedad y la
obcecación" mantienen a ETA en su "alocado camino sin solución y sin
retorno". Azkuna ha hecho esta reflexión en el homenaje a las
víctimas del terrorismo que el Ayuntamiento de Bilbao rinde
anualmente ante el monolito levantado en su memoria en el parque de
Doña Casilda, en el que este lunes han participado representantes de
todos los partidos presentes en el consistorio, organizaciones
pacifistas, así como familiares y allegados de algunas víctimas.
El alcalde ha defendido en su discurso la necesidad de estos
homenajes, porque "la memoria no nos puede fallar cuando se trata de
quienes perdieron la vida por obra de quienes han querido privarnos
de la libertad".
Azkuna ha recordado el esfuerzo que costó recuperar la democracia y
ha expresado su repugnancia ante los asesinatos de ETA, "porque ha
matado, ha cercenado la libertad y ha pisoteado la dignidad humana,
no sólo la del asesinado y su gente, sino la de todos nosotros".
Todo ello, ha recalcado Azkuna, para no conseguir otra cosa que
"dolor, hastío, crispación y cansancio de todo un pueblo que
mayoritariamente es pacífico y ha dado la espalda a ETA hace muchos
años". "Cuánta energía malgastada, cuánta juventud manipulada por
unos delirios, cuántas viudas y huérfanos, cuánta miseria...", ha
lamentado.
El alcalde ha insistido en que la democracia significa, sobre todo,
rechazo a la violencia. "Por eso -ha subrayado- este lunes
recordamos a todos los que murieron en esa gran injusticia, en
Bilbao y en cualquier lugar por pequeño que sea, por ETA, el
Batallón Vasco Español o sus epígonos".
A las víctimas, ha enfatizado el alcalde, "nuestro recuerdo y
homenaje y a sus familias, el cariño de quienes creemos que podemos
convivir en paz en este país". También ha mostrado su "respaldo y
reconocimiento" a todos los que tienen que ir escoltados. ETA, ha
recordado en su intervención, "nos ha querido sojuzgar con las armas
y con la violencia, nos ha impedido hablar con claridad y expresar
las ideas personales. Su argumento ha sido el tiro y la bomba y las
consecuencias funestas para el país".
El acto se ha cerrado con una ofrenda floral en la que los diversos
participantes han ido colocando flores ante el monolito hasta
completar una bandera de Bilbao. Junto al alcalde y la directora de
la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno
Vasco, Maixabel Lasa, han tomado parte en el acto, entre otras
personas, Rosa Rodero, viuda Joseba Goikoetxea, sargento mayor de la
Ertzaintza asesinado por ETA, así como los familiares de Eduardo
Puelles, inspector del Cuerpo Nacional de Policía asesinado en
Arrigorriaga (Vizcaya) en junio de 2009.
También han acudido el presidente del PP del País Vasco, Antonio
Basagoiti; el presidente del PNV de Vizcaya, Andoni Ortuzar; y el
portavoz parlamentario y secretario general del PSE-EE de Vizcaya,
Jose Antonio Pastor, entre otros.
******************* Sección "bilingüe"
***********************
Justicia y diálogo
No puede reclamarse respaldo político de la resolución en la que el
Supremo archiva las conversaciones con Batasuna
EDITORIAL El Correo 2 Febrero 2010
La sentencia del Tribunal Supremo que archivó definitivamente el
pasado día 13 la causa abierta contra el anterior lehendakari, Juan
José Ibarretxe; el actual, Patxi López, y el consejero de Interior,
Rodolfo Ares, por los encuentros que mantuvieron en 2006 con los
dirigentes del abertzalismo radical Otegi, Etxeberria, Barrena,
Petrikorena y Dañobeitia, reproduce los argumentos que el Alto
Tribunal ya empleó para certificar la inexistencia de delito en la
querella interpuesta contra el presidente Rodríguez Zapatero por los
mismos hechos. Hace más de tres años, la Sala de lo Penal concluyó
que aquellas reuniones con el partido ilegalizado no podían
constituir desobediencia al no mediar orden expresa que prohibiera
su celebración. Y los magistrados calificaron de «fraude
constitucional» cualquier pretensión de servirse de la jurisdicción
penal para corregir la acción de gobierno.
En la sentencia cuyos fundamentos se conocieron ayer, el Alto
Tribunal esgrime su carácter de «supremo intérprete de la legalidad
ordinaria» para sustentar su abierto reproche a un Tribunal Superior
del País Vasco que «debió» aplicar tal doctrina para cerrar la causa
contra López e Ibarretxe, en lugar de obstinarse en proseguir con el
procedimiento e incurrir en un «grave deterioro de la función
jurisdiccional». Tal archivo habría ahorrado a la sociedad vasca,
además, tres largos años de actuaciones sonrojantes a cargo de
partidos nacionalistas que, entonces y ahora, prefieren ocultar que
el Supremo se posiciona sobre una cita concreta, en un contexto muy
distinto del actual, cuando afirma que las «posiciones de diálogo»
no pueden ser criminalizadas. El 'diálogo' que vuelve a ser
manoseado en declaraciones políticas, considerado genéricamente,
nunca se sentó en el banquillo. La Justicia ha establecido que
aquellas conversaciones no constituyeron delito. El inmovilismo de
la izquierda aber-tzale ilegalizada abona cada día la inconveniencia
política de una vía con la que sólo pretende enredar a partidos e
instituciones.
Derecho a elegir
GORKA SATI Cartas al Director El Correo 2 Febrero 2010
Mediante esta carta me gustaría agradecer públicamente al Gobierno
vasco la libertad que nos ha devuelto a los padres para elegir el
modelo lingüístico en el que queremos que sean educados nuestros
hijos. Somos muchos los que deseamos que nuestros hijos dominen los
dos idiomas oficiales de Euskadi, pero del mismo modo también
queremos elegir cuál es el idioma en el que se impartirán el resto
de asignaturas. Respondiendo a este demanda, el Gobierno vasco nos
devuelve la libertad de elección a los padres, de forma que podamos
elegir en cada colegio más de un modelo lingüístico (aun no siendo
ofertado por él), haciéndose cargo la Administración de gestionar
las peticiones de modelos no ofertados y reubicándolas bien en el
centro solicitado o en otro de la zona. Es un gesto que honra al
Gobierno vasco por cuanto, sin menosprecio de ninguna de las lenguas
oficiales, devuelve a los padres la libertad de elección que nunca
se nos debió arrebatar. ::
Recortes
de Prensa Página
Inicial
|