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Eficiencia en la destrucción de empleo
Vicente A. C. M. Periodista Digital 6 Febrero 2010
En su discurso triunfalista en los USA, el Sr. Zapatero ha declarado
que España merece confianza porque es eficiente. Esa sí que ha sido
su verdadera “oración” y no la parodia que presentó en el famoso
desayuno. Una “oración” laica y poco convincente, pero que apela a
la fe de unos inversores cuya religión es el poder y el dinero, no
necesariamente en ese orden. Pero la respuesta a su petición no ha
tardado en venir en forma de una caída estrepitosa de la Bolsa. El
dinero, verdadero dios de esta sociedad, le ha negado al Sr.
Zapatero su favor y su perdón.
Por otro lado, la afirmación sobre la eficiencia de España es,
cuanto menos, arriesgada, sobre todo ante la demostrada
incompetencia de los Gobiernos del PSOE en los que destacan los del
Sr. González que nos legó un 25% de paro y al que le siguen de cerca
los del Sr. Zapatero que pronto alcanzará ese valor y marcará un
nuevo record de mala gestión. La eficiencia es posible y lo demostró
el Sr. Aznar que consiguió en dos legislaturas deshacer todos los
desaguisados del Sr. González, y logró cumplir con holgura los
requisitos para la entrada de España en la zona Euro.
La pregunta que hay que responder es ¿En qué es eficiente España?¿En
su tejido industrial?¿En la planificación de sus
infraestructuras?¿En la gestión administrativa?¿En la optimización
de los recursos humanos? Por desgracia, un análisis imparcial indica
que en vez de eficiencia, lo que hay es ineficacia. ¿Cómo se mide la
eficiencia? Exclusivamente por los resultados positivos y
lamentablemente, este Gobierno solo puede presentar resultados cada
vez más negativos. Y lo peor es que su incapacidad, trata de
ocultarla mediante el engaño, la manipulación de datos y unas
propuestas contrarias a las recomendaciones que se le hacen desde
todos los foros. La única eficiencia demostrada ha sido en la de
destrucción de empleo.
La eficiencia que dice el Sr. Zapatero es el haber logrado en muy
poco tiempo el hundimiento total de la economía, permitiendo el
mantenimiento de unas reivindicaciones nacionalistas y de las CCAA
inasumibles para el Estado. Y este comportamiento irracional y
suicida, denunciado por personas sensatas como el Presidente del
Banco de España el Sr. Fernández Ordónez, ha sido el responsable
máximo de haber llegado a esta situación que puede ser irreversible.
En eso sí que ha sido eficiente el Sr. Zapatero y su Gobierno de
serviles e incompetentes gestores. Aún tengo en la retina la imagen
de la Sra. salgado besándose y abrazándose al Sr. Zapatero, mientras
la parte del hemiciclo del PSOE aplaudía la aprobación de los
Presupuestos Generales del Estado, un compendio de ineficiencia, de
irrealidad y de falsas hipótesis de financiación.
Pero ahora es el mundo del dinero el que va a devolver a la dura
realidad a un Gobierno desprestigiado y que ha dejado a España en un
lugar cercano al precipicio y a punto de despeñarse. La Bolsa, solo
es el espejo de lo que nos espera. La huida del dinero y la nula
credibilidad en la recuperación, nos va a hacer entrar en una
espiral que solo unas medidas drásticas pueden parar. Lo malo es que
este Gobierno ha llegado a un punto de agotamiento y no está
capacitado para seguir. Es por tanto ineludible la urgente
convocatoria de elecciones generales y dejar que sean los ciudadanos
los que decidan en quienes confían para ir recuperando a España del
pozo donde nos ha llevado el Sr. Zapatero con su ineficiente forma
de gobernar.
Crisis de coherencia
IGNACIO CAMACHO ABC 6 Febrero 2010
Que nadie se extrañe si acabamos viendo a Zapatero defender el
despido libre y a Rajoy protestando por ello detrás de una pancarta.
La política española se ha desquiciado y anda dando tumbos por un
despeñadero de incoherencias. La economía, que tiene fama de
imprevisible y siempre deja en mal lugar a los profetas aunque se
disfracen de expertos, se está comportando de una manera mucho más
lógica: el empleo se derrumba por falta de productividad y el
déficit se dispara por exceso de cobertura social. La Bolsa cae
víctima de la desconfianza general y el dinero huye del sistema
porque sus dueños no encuentran garantías de conservarlo. Nadie
puede decir que el estemos ante un rumbo económico sorpresivo,
aunque sí dramático, pero el derrotero político se ha vuelto
definitivamente majareta. Después de ver a Zapatero rezar una
plegaria laica con los integristas yanquis, aquí puede pasar ya
cualquier cosa.
Si quedase un ápice de coherencia, los dos grandes partidos
afrontarían la crisis nacional con un pacto de Estado obedeciendo el
clamor que brotaría de la opinión pública. Pero es que falla incluso
la segunda premisa: el electorado ni siquiera reclama un acuerdo de
mayorías porque está profundamente dividido en dos bloques de un
sectarismo inamovible, a los que hay que añadir la impermeable
cerrazón nacionalista. Lo único que se mueve en las encuestas en el
desencanto de un millón largo de votantes socialistas que han
perdido el empleo o temen por él y se entregan a un pesimismo
abandonista y melancólico. El resto lo que quiere es que se hunda el
adversario y pasarle por encima aunque sea sobre los escombros de un
país en quiebra. Nos podemos quejar de la mediocridad de los
políticos, de su falta de empuje y de su incompetencia para salir
del atolladero; sin embargo esta dirigencia sin generosidad ni
coraje no es más que el reflejo de una sociedad sin pulso ni
ambiciones. Los sondeos retratan a un pueblo que descree de sus
líderes y los juzga con un despectivo suspenso, pero se muestra
dispuesto a votarlos por un enconado ardor faccioso.
El Gobierno está catatónico y la oposición pretende rematarlo con la
puntilla de su propia inepcia. La única lógica que articula la
política es la batalla por el poder, y en el fragor de ese combate
descarnado podemos asistir a contradicciones extravagantes que ojalá
no se tornen dramáticas. Consumado el fracaso del populismo
subsidial de Zapatero, la izquierda afronta un ajuste forzoso en el
que va a tener que enfrentarse a sus peores demonios, mientras la
derecha se perfila como displicente espectadora de un naufragio. Lo
triste es que en esta dialéctica de contrarios nadie se ha
preocupado de hacer pedagogía y los ciudadanos aún no entienden
hasta qué punto son necesarios los sacrificios. Acostumbrados a
políticas indoloras se van a rebrincar cuando vean venir a los
cirujanos.
España se hunde
EDURNE URIARTE ABC 6 Febrero 2010
Quién lo iba a decir hace todavía dos años. Resulta que hemos pasado
del España se rompe al España se hunde. Con dos grandes diferencias
entre una y otra. Sólo algunos creían en la primera, muchos creen en
la segunda. Sólo algunos temían la primera, todos temen la segunda.
Derecha e izquierda, elites de todos los ámbitos y ciudadanos,
votantes del PP y votantes del PSOE.
Que España se rompa, no está descartado. No hay más que contemplar
los esfuerzos de Montilla para lograrlo. Pero hay que reconocer que
tal posibilidad preocupa lo justo. Incluso los hay que mantienen un
secreto y perverso deseo de que los que quieran se vayan de una vez.
Y la mayoría conserva la confianza en unas instituciones del Estado
que, en último extremo, serían capaces de reaccionar e impedirlo.
Que es exactamente la confianza que se ha perdido en la solución de
la crisis económica y política actual. Con una fuerte percepción,
por primera vez desde el inicio de la Transición, de que nos
dirigimos irremisiblemente hacia la decadencia y la pérdida del
progreso y de los avances logrados en estos 35 años.
Y con una extensión de esa percepción, también por primera vez desde
2004, entre los votantes socialistas. «A ver quién es el más facha»
ironizaba un admirador de Zapatero esta semana sobre lo que
considera competición entre la derecha para destacar los datos
negativos sobre España. Una ironía repentinamente obsoleta en un
ambiente social en el que los «fachas» y los «antipatriotas» de
izquierdas empiezan a ser tantos como los de derechas.
Y la guinda de la crisis económica que, al igual que en la
territorial, la culminación de la catástrofe depende en buena medida
de los partidos nacionalistas. De su sostenimiento del Gobierno, en
este caso. Y, obviamente, no sólo les encantaría que España se
rompiera, sino que les importa un comino que se hunda.
La encrucijada de Rajoy: el difícil
equilibrio entre patriotismo y oportunidad
Federico Quevedo El Confidencial 6 Febrero 2010
Solo hacía falta asomarse a las portadas de los periódicos del
viernes, El Confidencial incluido, para que cualquier observador
mínimamente imparcial se diera cuenta, fuera consciente, de que la
situación política española ha entrado en lo que en lenguaje
aeronáutico se llama en barrena, en una deriva imparable hacia el
desastre. A lo largo de estos ya casi treinta y cinco años de
libertad nuestro país no ha vivido una situación semejante a la
actual, en la que confluyen una crisis económica muy profunda, una
crisis institucional sin precedentes, una crisis territorial grave y
una crisis política de mucho calado en la medida en que el Gobierno
se muestra incapaz de ofrecer el más mínimo resquicio a la esperanza
y, al contrario, aparece como en estado de shock absolutamente
superado por los acontecimientos. Una sola semana ha bastado para
poner de manifiesto el alcance de esta situación y hasta qué extremo
su gravedad afecta no solo dentro de nuestras fronteras sino,
también, más allá de ellas, así como la medida en que el Gobierno se
muestra desnortado y desconcertado, incapaz de reaccionar. Ni
siquiera cabe recurrir a la nota de humor de la presencia de
Rodríguez en el Desayuno de la Oración, porque la realidad es tan
dolorosamente grave que la hilaridad se puede incluso volver en
contra, pero su imagen y su discurso al otro lado del Atlántico son
un fiel reflejo de hasta qué punto el presidente vive muy lejos,
extremadamente lejos, de esa realidad.
Lo que hemos vivido en estos siete días no tiene precedentes, y ni
siquiera la confirmación de los peores augurios de quienes desde
hace tiempo venimos advirtiendo de esta deriva imparable puede
servir de satisfacción: la cruda realidad es que el proyecto
político de José Luis Rodríguez Zapatero se ha venido abajo como un
castillo de naipes, llevándose por delante los elementos básicos
para una convivencia en paz, libertad y progreso sobre los que se
construyó la Transición. Lo ocurrido en unos pocos días, casi desde
que España estrenara la Presidencia Europea, pero sobre todo desde
la asistencia de Rodríguez al Foro de Davos, no es otra cosa que la
recolección de la siembra de estos años atrás: inacción política,
división forzada de los españoles y ruptura de los consensos
constitucionales. España ha perdido por completo el crédito que
tenía en el exterior, y esto que es algo sobre lo que unos pocos
llamábamos la atención desde tiempo atrás, se ha manifestado con una
crudeza casi cruel en las dos últimas semanas. Y para que un país
pierda su crédito exterior, es necesario que en el interior todo
vaya mal, muy mal, y que el Gobierno se muestre incapaz de
reconducir la situación. Ese es, exactamente, el análisis limpio y
frío que cabe hacer en este momento de la realidad de nuestro país,
les guste o no a algunos que se empeñan en mantener viva la llama de
la confianza en un presidente que ha cimentado toda su estrategia
política en una farsa.
Todos pendientes de Rajoy
¿Qué hacemos ahora? Inevitablemente, los ojos de los ciudadanos se
vuelven hacia el líder del principal partido de la oposición, el
único que en una democracia como la nuestra puede coger en sus manos
el testigo de la alternativa. Da igual lo que digan las encuestas
sobre su popularidad, puesto que en una situación así las respuestas
de los encuestados se radicalizan mucho y mientras los votantes de
centro-derecha mantienen una actitud más moderada, los de
centro-izquierda abusan de su animadversión hacia el líder que saben
que puede arrebatarles el poder. Lo cierto es que todo el mundo, en
este momento, está pendiente de Rajoy y son ya pocos en el país los
que todavía no creen que vaya a ser el próximo presidente del
Gobierno de España. Pero, hasta que eso ocurra, se va a mirar con
lupa todos y cada uno de los movimientos que lleve a cabo el líder
del PP, cuya responsabilidad es, en estos momentos, si cabe mayor
incluso que la que puede tener Rodríguez Zapatero, en la medida en
que éste último se ha demostrado incapaz de dar respuestas a los
problemas del país, que son muchos y muy graves. Consciente de su
papel, el líder del PP está obligado a guardar un escrupuloso
equilibrio entre el sentido de Estado que debe llevarle a evitar
cualquier movimiento que pueda agravar, aunque solo sea un poco más,
la actual situación, y el deber con su partido y con sus votantes de
no perder la oportunidad de volver al poder para llevar a cabo su
proyecto político.
Viéndose con la soga al cuello, es más que probable que Rodríguez
intente, por todos los medios a su alcance, no caer en el abismo
sujetándose in extremis de un pacto con el Partido Popular. Pero ese
pacto, necesario para poner en orden todo lo que Rodríguez ha
torcido durante estos años, solo es posible llevarlo a cabo previa
consulta de los ciudadanos en las urnas, y esa y solo esa puede ser
la respuesta del PP a una oferta tramposa que llegará de la mano de
quien comenzó a gobernar asentando su estrategia en el Pacto del
Tinell y la política del cordón sanitario, es decir, buscando en
todo momento la exclusión, cuando no el aniquilamiento, del
centro-derecha. Rajoy esta obligado, por tanto, a actuar con un
componente extra de serenidad para evitar sucumbir a la tentación de
echarse al monte, sugerida por el ala más a la derecha de su partido
y el entorno mediático que la sustenta, y tampoco dejarse seducir
por los cantos de sirena de quienes, desde la izquierda
supuestamente moderada, le van a reclamar que arrime el hombro junto
al Gobierno por el bien del país al tiempo que le adulan como
próximo presidente del Ejecutivo. En ambos casos la trampa tiene un
único ganador, Rodríguez Zapatero, y sólo desde una exquisita
claridad de ideas y una templada firmeza podrá el líder del PP
evitar que la balanza se incline a un lado o al otro. La salida de
la crisis, de la profunda crisis política, económica e institucional
que atraviesa nuestro país, solo tiene una dirección: elecciones
generales, y cuanto antes, mejor.
fquevedo@elconfidencial.com
******************* Sección "bilingüe"
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El término más complejo del Estatut
Se han dado muchos significados a la palabra nación, pero si se la
identifica con la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe sólo
es una nación a medias. De ahí deriva la presión para que se
'normalice' el catalán
IGNACIO SOTELO El País 6 Febrero 2010
Sería catastrófico que la enseñanza se bifurcara según la lengua y
los padres tuvieran que elegir
En ciertos ámbitos, como la prensa y el libro, el castellano sigue
manteniendo el dominio
En efecto, el término "nación" tiene diferentes significados,
obviedad que en cierta ocasión manifestó José Luis Rodríguez
Zapatero, escandalizando a no pocos. En el actual litigio sobre si
Cataluña es una nación tenemos que considerar al menos tres
acepciones. El vocablo latino natio, nacimiento, en sentido figurado
significa también el conjunto de personas que tienen un origen
común. En las universidades medievales los estudiantes se clasifican
por "naciones" y nada de particular tiene que los clásicos, desde
Cervantes a Calderón de la Barca, se refiriesen a la "nación
catalana". La identidad residía en la religión -judíos, moros y
cristianos- y ya en el Reino de Aragón el bilingüismo era una
realidad plena, sin que surgiese problema alguno.
El concepto moderno de nación surge del binomio Estado-sociedad que
diferencia dos elementos que hasta el Renacimiento permanecían
unidos en un sólo término, polis, societas, república. Por un lado,
el Estado monopoliza un poder absoluto (ab-solutum, desprendido,
autónomo de cualquier otro poder, espiritual o temporal, que Bodino
llama soberanía) y, por otro, la sociedad civil se define, bien por
haber sido despojada de cualquier poder propio (Hobbes), bien por
mantener un fondo de poder, vinculado a la propiedad y la familia,
que el Estado nace justamente para proteger (Locke).
A partir de este binomio, un primer concepto de nación procede de
trasladar la soberanía del monarca a la "nación", es decir, al
conjunto de la sociedad civil, de modo que los súbditos se
conviertan en ciudadanos. La soberanía reside en la nación, es
decir, en el conjunto de la ciudadanía de la que emanan todos los
poderes del Estado.
En cambio, en una Alemania, políticamente atrasada, tanto por estar
fraccionada en multitud de entidades políticas, como por detentar la
soberanía el monarca con el título de rey, príncipe, duque, o el que
fuere, el concepto de nación de la Revolución Francesa resulta
inalcanzable. En esta coyuntura los alemanes inventan un nuevo
concepto de nación, que tal vez convenga llamar romántico, como
revolucionario al francés, y que tiene en Herder su más cabal
representante.
Como reacción al cosmopolitismo de la Ilustración, Herder define la
nación como el sentimiento de pertenecer a un pueblo, en sí mismo
diferenciado de todos los demás, en primer lugar, por la lengua que,
junto a la religión y al derecho, productos de una historia común,
marcan sus rasgos más profundos.
Es bien sabido que la idea de nación que cunde en Cataluña desde
finales del siglo XIX es la herderiana. En La nacionalitat catalana
(1906), Enric Prat de la Riba escribe "Cataluña tenía lengua,
derecho, arte propios; tenía un espíritu nacional, un carácter
nacional, un pensamiento nacional: Cataluña era, pues una Nación". Y
poco más adelante enlaza este hecho con "la tendencia de cada Nación
a tener un Estado propio que traduzca su criterio, su sentimiento,
su voluntad colectiva; la anormalidad morbosa de vivir sujeta al
Estado, organizado, inspirado, dirigido por otra Nación; el derecho
de cada Nación a constituirse en Estado" (traducción de Antonio Royo
Villanova, 1927). Como indica el título del libro citado, en
Cataluña los conceptos de nación y de nacionalidad eran, y para
muchos continúan siendo, intercambiables. Es la Constitución de 1978
la que distingue entre nación, nacionalidad y región.
Estas dos ideas -aunque más la de constituir una nación, que la de
necesitar un Estado propio- están asentadas en una buena parte de
los catalanes, sólidamente al menos en su clase política, y han
impregnado de manera clara el Estatut aprobado por el Parlamento
catalán, sin haber desaparecido por completo del que pulieron las
Cortes españolas y luego se ratificó en referéndum.
Las diferentes interpretaciones provienen de los dos conceptos de
nación que se manejan. La nación entendida en el sentido herderiano
como un sentimiento de pertenencia a un pueblo, con una lengua y una
cultura propias, producto de una historia común, aun podría encajar
en la Constitución; pero el concepto revolucionario francés de
nación como "soberanía popular" difícilmente parece compatible con
el artículo 1, párrafo 2, y el artículo 2, que preceptúan un Estado,
ni federal ni confederal, sino claramente unitario, que incluso
mantiene la provincia como su estructura territorial básica, a la
vez que prescribe la "nación española", como la única fuente de la
soberanía.
Sobre un solo Estado y una sola nación la Constitución establece las
Comunidades Autónomas, como el instrumento idóneo para llevar a cabo
la descentralización. El modelo que prescribe la Constitución es un
Estado unitario descentralizado.
Lo más grave y peliagudo es que el término de "nación catalana" no
constituye tan sólo un problema de encaje jurídico-constitucional
-un derecho vivo ha de encontrar siempre la forma de adaptarse a la
realidad, y no a la inversa-, sino que la idea herderiana de nación,
basada en la posesión de una lengua propia, a la que se remiten los
catalanes desde el siglo XIX, no se ajusta a la realidad. Si la
nación se identifica por la posesión de una lengua, la Cataluña
bilingüe es una nación a medias, al compartir territorio con otra
nación, que tiene como lengua materna otra lengua, aunque conozca y
se desenvuelva también en catalán.
La idea herderiana de nación se basa en que cada pueblo tiene una
lengua propia que expresa su forma de ser. Medida con este criterio
Cataluña, más que una nación, es el afán de llegar a ser una nación
-en construir la nación consiste el empeño básico del catalanismo-
que lo conseguiría el día en que toda la población tenga el catalán
como primera lengua materna, y no sólo vehicular, a la que se añaden
las otras lenguas de uso, el castellano y el inglés.
La cuestión de la lengua es así la cuestión central del nacionalismo
catalán en la que no puede admitir retrocesos. Todos los habitantes
de Cataluña tienen el deber de dominarlo, la Administración comunica
con el público sólo en catalán y la enseñanza desde el jardín de
infancia hasta la universidad se hace en catalán. Cataluña será una
nación plena cuando tenga una sola lengua con la que se identifiquen
todos sus habitantes, aunque se mantengan otras lenguas de uso y
comunicación.
Pero por alta que haya sido la presión lingüística bajo el manto de
la normalización, y ha ido en aumento, los resultados son bien
mediocres. Cataluña sigue dividida en dos comunidades lingüísticas,
la castellano y la catalanoparlante.
Si se toma en serio a Herder, Cataluña no sería una nación, sino
dos. Si es cierto que hasta ahora conviven pacíficamente, la
existencia de dos "naciones" plantea cada vez más problemas a dos
minorías, que lo son todavía, pero que crecen con rapidez. La una
pretende que se respete el castellano como lengua oficial, sobre
todo en la Administración y la enseñanza; pero nada tendría
consecuencias más catastróficas que se bifurcase la enseñanza en
escuelas catalanas y castellanas para que los padres pudieran
elegir. La otra se enfurece cada vez más porque, pese a más de 30
años de "normalización lingüística", en ciertos ámbitos, como son la
prensa y el libro -se venden tres en castellano por cada uno en
catalán- el castellano sigue siendo la lengua dominante.
Más grave aún, una buena parte de la población inmigrante, pese a
residir largos decenios en Cataluña y dominar el catalán sigue
identificándose como aragonesa, gallega, extremeña o andaluza.
Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología en excedencia.
¿ Catastrófico para quién ?
Nota del Editor 6 Febrero 2010
Como llevo varios meses en gallardonia, dedicado a
temas que requieren mi constante dedicación, y además sufriendo las
tremendas, constantes y abundantes incompetencias del desaforado
poder local, no puedo profundizar muicho en asuntos que debería por
responsabilidad ciudadana, pero a ver si otros se despiertan y
espabilan. De todos modos, al leer :"Sería
catastrófico que la enseñanza se bifurcara según la lengua y los
padres tuvieran que elegir"
no puedo dejar de rebelarme ante tal estupidez.
Cuando hay padres que tienen la posibilidad de elegir que sus hijos
"bifurquen" y estudien en castellano porque se han trasladado fuera
de las regiones donde el español es lengua impropia, u otros con más
medios que los escolarizan en el instituto francés, italiano o
alemán, me entra un sentimiento catastrófico tremendo, ante tal
responsabilidad.
El desmontaje
El problema no es que alguien quiera diluir una identidad que nadie
tiene derecho a definir a su antojo. El problema es que el
nacionalismo vasco se niega a reconocer lo más característico de la
sociedad vasca: su complejidad
JOSEBA ARREGI El Correo 6 Febrero 2010
Es penoso tener que volver una y otra vez a temas que no dan ya más
de sí, y que además no poseen un carácter intelectual que permita
avanzar en el descubrimiento de nuevas ideas. Pero las
manifestaciones de algunos líderes políticos nacionalistas obligan a
seguir dando vueltas al mismo molinillo de siempre. Esta vez ha sido
el ex lehendakari Ibarretxe el que ha vuelto con la rueda de molino:
el PP y el PSE están tratando de disolver, de desmontar la identidad
vasca.
Supongamos que el señor Ibarretxe considera a quien firma esta
líneas como un vasco más. Si el PP y el PSE están desmontando la
identidad vasca, me están desmontando a mí como vasco. Pero lo
cierto es que no observo ningún síntoma de desmontaje en mi
realidad. Dejé de ver ETB, primer programa -salvo pelota- siendo
lehendakari el propio Ibarretxe, y así continúo. Continúo dando mis
clases en la Universidad en euskera. Sigo hablando euskera en mis
relaciones familiares y con mis amigos que saben euskera y con los
que no hay que andar corrigiendo cada frase. Leo poesía en euskera,
aunque no sólo. Me interesa mi país, y sigo considerándome vasco,
aunque no sea mi principal preocupación vital.
En opinión de Ibarretxe, debiera estar perdiéndome algo importante
en mi vida. Y quizá él, desde su carisma de lehendakari, sepa algo
sobre mí que a mí mismo se me escapa. Pero cabe también que lo que
es vasco para el lehendakari, y que él ve en proceso de desmontaje
por parte de los enemigos de la identidad vasca, PP y PSE, sea algo
distinto a lo que yo consideraría como vasco, y que por lo tanto no
puedo percibir como desmontaje.
Con lo cual ya tendríamos algo que el señor Ibarretxe no parece
percibir: que hay distintas formas, dentro de la sociedad vasca y no
fuera de ella, de definir lo que es vasco, de considerar lo vasco.
Para él lo más importante será, probablemente, el derecho a decidir
que tiene el pueblo vasco. Y me imagino que en ese pueblo vasco me
incluye a mí. Pero quizá no sabe qué es lo que entiendo yo por
derecho a decidir, ni qué entiendo yo por pueblo vasco. Yo entiendo
que la sociedad vasca sí decidió algo cuando aprobó el Estatuto. Y
yo entiendo que esa decisión no está a disposición de quienquiera.
Y yo entiendo que pueblo vasco es tanto quien cree en el derecho de
autodeterminación como quien no cree en tal cosa. Yo entiendo que
tan pueblo vasco es el presidente de los populares vascos como el
propio Ibarretxe. Yo entiendo que el actual lehendakari, el señor
López, es tan pueblo vasco como el presidente del PNV.
Es más: considero que lo que ha caracterizado al pueblo vasco a lo
largo de la historia son varias cosas. La división primero: un país,
una sociedad que ha encontrado a lo largo de la historia demasiadas
razones para dividirse y pelearse. En segundo lugar, un país
complejo en sus lealtades: consciente de sus diferencias
institucionales, pero al mismo tiempo consciente de su integración y
participación en ámbitos más amplios de actuación y de decisión que
se llamaban España. Sin complejos y a mucha honra. Como Ignacio de
Loyola, como Garibay, como Legazpi, como Urdaneta, como Oquendo,
como Churruca, como los hermanos Zumalacárregui, tanto el carlista
como el liberal, por citar sólo a algunos.
La identidad colectiva vasca que empieza a formarse a lo largo del
siglo XIX se centra en el principio de la doble lealtad: a la
diferencia propia y a la monarquía española. Y el surgimiento del
nacionalismo de la mano de la lógica mimética del Estado nacional
-sólo una lealtad es posible- no hace de la sociedad vasca una
sociedad homogénea en el sentimiento de pertenencia, sino una en la
que los monárquicos siguen presentes, así como los socialistas y los
liberales.
Claro que quizá sea necesario recurrir al bisturí para podar la
historia vasca de todos aquellos elementos que no quepan en la
definición de vasco que sea aceptable para el señor Ibarretxe. Sólo
que esta utilización del bisturí tiene un problema: cuando se limpia
la historia de elementos que se consideran extraños a una definición
determinada de identidad, se cae en la tentación de hacer lo mismo
con quienes en la actualidad continúan con formas de entender la
sociedad vasca que tienen raíces en la historia vasca: se extirpan
vascos de la definición de identidad vasca.
En la supuesta definición de vasco de Ibarretxe entran vascos que no
hablan euskera, ni conocen esa lengua en el más mínimo grado. Y sin
embargo no pertenecen a esa definición de vasco no pocos que viven
diariamente en euskera. En la supuesta definición de vasco de
Ibarretxe entran vascos que saben poco de la historia vasca, que no
la conocen en absoluto, que desconocen la existencia de
personalidades vitales en esa historia, que desconocen el folklore
vasco, su cancionero, sus costumbres -y no precisamente las
recientemente inventadas-. Y sin embargo no entran vascos que se
sienten en casa en la historia vasca, en sus personajes, en su
folklore, en su cancionero, en sus costumbres.
Y todos son, debieran ser considerados vascos, dignos del mismo
respeto, sujetos de los mismos derechos, sin que nadie se crea en el
derecho de establecer prevalencias entre ellos. Porque el problema
de la sociedad vasca no es que tenga un conflicto con España, con el
Estado, no es que su identidad esté oprimida, que no pueda
expresarse, no es que la lengua vasca esté perseguida por no ser
reconocida, por ahora, como lengua de uso en el Parlamento español
-donde muchos vascos, incluso nacionalistas, necesitarían traducción
simultánea si alguien se pusiera a hablar en euskera-, no es que
alguien quiera diluir una identidad que nadie tiene el derecho a
definir a su antojo, sino que el problema es que el nacionalismo
vasco se niega a reconocer lo más característico de la sociedad
vasca y de una gran mayoría de vascos, su complejidad. Y se niega a
reconocerlo porque, si lo hiciera, debería extraer consecuencias que
le debieran llevar a reformular su nacionalismo para hacerlo
compatible con la democracia que, en el fondo, no es otra cosa que
la gestión del pluralismo y la complejidad.
Veguerías
Sinceridad rural
Maite Nolla Libertad Digital 6 Febrero 2010
No es cierto que las veguerías sean un capricho. Las veguerías son
un símbolo nacionalista que pretende hacer desaparecer a las
provincias porque son un elemento extraño a Cataluña. Así se decía,
más o menos, en una ley que aprobó Pujol en los años ochenta. Y
tampoco tengo muy claro que sean una forma de resucitar a la
conurbación de Barcelona. En realidad, creo que más bien lo que
pretenden es castigar el voto urbano. Las veguerías, entre otras
cosas, se crean con una finalidad electoral que es servir de
circunscripción. En la medida en que la ley obliga a asignar un
mínimo a cada circunscripción, un diputado por la veguería del Alto
Pirineo será mucho más barato que un diputado por Barcelona. Y eso
favorece a CiU y a ERC y perjudica a los demás.
Les pido disculpas por la pesadez, pero que se haya presentado un
proyecto de ley relativo a las veguerías es culpa del Tribunal
Constitucional que lleva casi cuatro años tocando el violón.
Efectivamente, el Estatuto de Cataluña regula las veguerías y prevé
que éstas sustituyan a las provincias y, por ende, a las
diputaciones, cosa que hoy en día sólo se puede hacer por ley del
Congreso. Además, sabemos que el Ministerio de Justicia ha elaborado
un informe que dice que las veguerías son poco menos que
inconstitucionales y, como mínimo, inviables. Mientras el Estado
utilice la provincia como referente para organizar juzgados,
audiencias, la Agencia Tributaria o la Seguridad Social, las
dichosas veguerías no tienen más sentido que el que les anunciaba
unas letras más arriba. Sí, sí, yo también me pregunto por qué si el
Gobierno tiene este informe el estatuto se aprobó con las veguerías
en su seno.
El caso es que el proyecto de las veguerías ha desatado las
disidencias como en La Vida de Brian o en Asterix y los Godos. En el
PSC, algunos alcaldes, como el de Lérida, consideran esto una
inutilidad si no va acompañada de la supresión de otros entes y la
disminución de funcionarios y de cargos. Lo cual está muy bien y es
muy sensato, si no fuera porque estaban más que avisados de su
inviabilidad y porque, como parte de la comedia del editorial
conjunto, firmaron un manifiesto de alcaldes a favor del estatuto en
fechas recientes.
Otros, como el presidente de la diputación de Lérida, de ERC, han
descubierto que las provincias son un elemento español, pero que el
sueldo de presidente no está nada mal, sobre todo si tenemos en
cuenta que gobierna porque los socialistas, que son mayoría, le han
entregado el poder. Y, claro, de suprimir la diputación, nada de
nada.
Otros han abierto interesantes debates de alto nivel político: ¿la
veguería de Tarragona debe llamarse "Tarragona" o "Camp de
Tarragona"? O, ¿dónde está la veguería del Penedés?
Pero a mí el que más ternura me despierta es el alcalde del bonito
pueblo de Sort, famoso por la lotería y porque mi marido es natural
de allí, por más que diga que es de Valladolid. Pese a ser
nacionalista, el alcalde se ha caído del caballo y ha dicho que lo
que necesita el Pirineo no es una veguería sino una carretera.
Sinceridad rural.
La policía portuguesa impide un "gran
atentado" de ETA en Madrid
Alberto Lardiés. www.gaceta.es 6 Febrero 2010
Dos terroristas huyen de un control rutinario cuando conducían una
furgoneta robada. Hallan una casa con un arsenal y 500 kilos de
explosivos, que confirma la presencia etarra en suelo luso. La banda
quiere un golpe de efecto.
Madrid.- Las autoridades portuguesas desmantelaron una casa rural
que contenía un arsenal de ETA en la ciudad de Óbidos, al norte de
Lisboa. Asediada en Francia y en España por las continuas
detenciones, la banda terrorista está utilizando su infraestructura
en Portugal para atentar de forma inminente en España. Prueba de
ello es que, el pasado lunes, dos presuntos etarras huyeron de
Óbidos después de que la policía lusa interceptase la furgoneta que
conducían, cargada de explosivos.
Según las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas, en un
momento de “enorme debilidad” y ante el presunto debate interno
entre posibilistas y duros, ETA busca atentar cuanto antes. Los
terroristas quieren dar un golpe de efecto y dejar claro quién
pilota la estrategia de la izquierda abertzale, según las citadas
fuentes. Que la Ertzaintza desmantelase la semana pasada un comando
dormido de legales en Ondarroa, con nueve terroristas apresados, es
un motivo añadido para que la banda busque “un gran atentado”.
Refuerza esta tesis el hecho de que el Ministerio del Interior esté
alertando de un probable atentado constantemente.
Los hechos
El comandante general de la Guardia Nacional Republicana de
Portugal, Nelson Santos, ofreció ayer una comparecencia para
explicar los hechos acaecidos. Aseguró que la furgoneta interceptada
el pasado lunes con material de ETA en su interior es la misma que
utilizaban los dos ocupantes de la casa hallada en la región de
Óbidos, con abundante material para la comisión de atentados. Se
trata de una Citroën Berlingo robada hace un año en otra localidad
de Portugal. Después de abandonarla al evadir un control policial,
los dos terroristas se dieron a la fuga, también de la casa. Al
abandonar la zona, dejaron las luces encendidas y las puertas
abiertas, lo que provocó que un vecino diese parte a las
autoridades.
Los expertos explican esas prisas en la huida por el temor de los
terroristas a ser apresados, ya que el control que evadieron estaba
cerca de la casa. Según explicó Santos, durante un control rutinario
de carretera, realizado el pasado día 1 de febrero en el barrio de
la Señora de la Cruz, avistaron una Citroën Berlingo que circulaba
más lenta y que, finalmente, se escapó de los agentes de la Guardia
Nacional Republicana (GNR) encargados del control. Más tarde se
encontraron el vehículo abandonado. Tras realizar las comprobaciones
pertinentes, descubrieron que el vehículo había sido robado en la
localidad lusa de Castelo Branco un año antes. En su interior,
hallaron placas de otros vehículos, así como palas, picos, guantes
de trabajo y dos detonadores.
Las autoridades tiraron del hilo de la furgoneta hasta dar con la
casa rural encontrada ayer. En ella, había distintas cantidades de
explosivos como nitrometano, además de detonadores y bombas lapa,
entre otros materiales. Un auténtico arsenal con el que los etarras
pretendían atentar en España en breve, según los expertos
consultados. Como en la casa se hallaron planos de Madrid, los
agentes de orden sospechan que ETA planeaba un atentado en la
capital de España. Siempre que la organización terrorista ha querido
una excesiva notoriedad con un atentado de grandes dimensiones, ha
elegido Madrid.
Las referidas actuaciones de las autoridades portuguesas esta semana
vienen a confirmar lo que los expertos se temían: ETA tiene una base
de operaciones estable en Portugal. Como informó LA GACETA, los
etarras detenidos el pasado 10 de enero en suelo luso pretendían,
precisamente, reforzar esa infraestructura, de modo que sus
compañeros en Portugal pudieran atentar en cuanto la cúpula de la
banda así lo decidiera. Cabe recordar que esos dos sujetos, Iratxe
Yáñez y Garikoitz García Arrieta, fueron detenidos después de que la
Guardia Civil interceptase en Bermillo de Sagayo (Zamora) una
furgoneta en la que portaban material para fabricar explosivos. La
relación entre esos dos detenidos y los huidos es evidente, ya que
Iratxe Yáñez portaba un pasaporte con la identidad de Luis María
Zengotitabengoa Fernández, hermano de uno de los dos fugados.
La duda estriba ahora, al decir de los expertos, en saber si toda la
infraestructura que tenía ETA en Portugal era la ya encontrada o no.
Cabe recordar que, el que fuera jefe de ETA, Mikel Garikoitz
Aspiazu, alias Txeroki, hoy encarcelado, ordenó a sus subordinados
que creasen una base de operaciones en el país luso como alternativa
a Francia, donde la colaboración entre los gendarmes y los policías
españoles no para de propiciar detenciones de terroristas.
Desde entonces, la organización armada ha usado su presencia en
Portugal para cometer un atentado y para intentar, al menos, otros
tres. Las rutas de entrada de los etarras al país galo son varias y
más seguras que las que usan para adentrarse en Francia.
Materiales
No es casualidad que ETA quisiera atentar con una furgoneta cargada
de explosivos. Como ya informó este diario el pasado diciembre, el
Ministerio del Interior tiene constancia de que la banda asesina ha
robado en los últimos meses hasta seis furgonetas que quiere
utilizar para cometer atentados. Tampoco es casual que entre las
pertenencias de los etarras halladas en la casa rural de Óbidos
hubiera bombas lapa con temporizadores. Ésta es el arma preferida,
hoy día, por los terroristas, dado que es lo más fácil de
transportar y lo que más seguridad otorga a los criminales.
Como curiosidad, ayer también trascendió que los etarras que
alquilaron la casa rural lo hicieron con una documentación falsa en
la que incluían su residencia en Madrid. Además, se la alquilaron a
un ciudadano angoleño que reside en Londres. En concreto, esta
vivienda se encuentra al lado de la iglesia de Santa María de
Óbidos, en Avarela, junto a la autovía A8, entre Óbidos y Caldas de
Rainha. Este tipo de casa suele ser alquilada por periodos cortos de
asueto, pero también son habituales los contratos por meses o,
incluso, anuales. Como suele ser habitual en estos casos, los
vecinos mostraron a los medios su absoluta extrañeza al descubrir
que los sujetos de la casa de al lado pertenecen a una organización
terrorista.
SENTENCIA DEL SUPREMO
Carod Rovira y Puigcercós deberán pagar las
costas por demandar a Losantos
El Tribunal Supremo ha condenado a los dirigentes de ERC,
Carod-Rovira y Joan Puigcercós, a pagar las costas del procedimiento
judicial que iniciaron contra el periodista Federico Jiménez
Losantos por recordar sus vínculos con Terra Lliure y ETA tras el
encuentro de Perpiñán.
ÁNGELA MARTIALAY Libertad Digital 6 Febrero 2010
La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo ha condenado a los
dirigentes de ERC, Josep Lluís Carod Rovira y Joan Puigcercós, a
pagar las costas causadas en el procedimiento judicial que iniciaron
contra el periodista Federico Jiménez Losantos.
El Alto Tribunal notificó este jueves la sentencia donde se estima
el recurso presentado por el director de Es la Mañana de Federico de
esRadio y la cadena COPE contra la decisión de la Audiencia
Provincial de Barcelona que condenaba al comunicador a pagar 60.000
euros por haber vulnerado el derecho al honor de los demandantes.
Sin embargo, entiende ahora el Supremo que Jiménez Losantos no
atentó contra el mencionado derecho fundamental cuando criticó el
encuentro que mantuvieron los políticos de ERC con miembros de la
banda terrorista ETA en Perpiñán. Reza el documento judicial, cuyo
ponente es el magistrado Xavier O´Callaghan, que el periodista hizo
en todo momento uso de su libertad de expresión.
Además, estima la sentencia que si bien las palabras del director de
Es la Mañana "pueden definirse como muy negativas, sin embargo no
denotan un carácter insultante, vejatorio o difamatorio teniendo en
cuenta el encuadre social, político y de función pública en que se
efectuaron". Recuerda el Supremo que la libertad de expresión
defendida por la Constitución comprende “la crítica a la conducta de
otro, aún cuando sea desabrida y pueda molestar, inquietar o
disgustar a aquel contra quien se dirige”.
Asimismo, entiende la última instancia española que Jiménez Losantos
fomentó la crítica en orden a la política antiterrorista de aquel
momento del Gobierno y del hecho noticioso de su pasividad ante la
posible reunión entre miembros del grupo terrorista e integrantes
del referido partido político.
Por ello, el Alto Tribunal confirma “con todos sus
pronunciamientos”, incluido el pago de las costas, la sentencia
dictada en primera instancia por el juzgado número 22 de Barcelona
donde se desestimó la demanda presentada por Rovira y Joan
Puigcercós contra Federico Jiménez Losantos.
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