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España necesita un gobierno
Editorial ABC 7 Febrero 2010
La imagen del Gobierno español esta última semana ha sido nefasta;
sus decisiones, lamentables. No ha entendido nada. El problema se
llama «riesgo España», pero matar a los mensajeros resulta inútil.
En el exterior circula la sensación de que el nuestro es un país
insolvente, y el Ejecutivo tiene buena culpa de ello. La imagen de
desconcierto, improvisación, incapacidad política, cesiones
sindicales —electoralismo, en resumen— es justo lo que los mercados
necesitan para seguir desconfiando de España.
Los inversores internacionales han volcado su atención en los
inmensos niveles de deuda pública acumulados como consecuencia de la
estrategia fiscal de «barra libre» con que se respondió a la crisis
financiera, y han concluido que algunos países, y singularmente
España, tendrán serias dificultades para hacer frente a sus
obligaciones si no cambian radicalmente sus políticas. La presión no
va a ceder. Los mercados financieros actúan como una jauría de lobos
y, a la más mínima señal de debilidad, se abalanzan sobre su presa.
El Gobierno ha dado repetidas muestras de incapacidad: sabe lo que
tiene que hacer e incluso lo pone por escrito, pero su presidente es
un rehén ideológico y ha decidido inmolarse, y con él a todos los
españoles, en el altar de los sindicatos. Por evitar una posible
huelga general que sólo entenderían sus convocantes nos arriesga a
todos a una crisis de la deuda, a la quiebra fiscal del Estado y a
una larga recesión.
Tres son las líneas de acción urgentes que habría que acometer:
resolver el problema financiero, hacer sostenibles las cuentas
públicas y modificar el funcionamiento del mercado de trabajo. En
las tres, el Ejecutivo ha presentado propuestas tan insuficientes
que ha sido peor el remedio que la enfermedad, ya que ha evidenciado
internacionalmente sus limitaciones. Por eso España sigue siendo
comparada con Grecia. Recuperar el funcionamiento normal del sistema
bancario español exige acabar con los problemas que afectan a su
balance y reducir el exceso de capacidad instalada en la industria.
El Gobierno ha optado por una estrategia gradualista y políticamente
correcta que mantiene la presencia dominante del sector público
autonómico en las entidades financieras. Lo menos que se puede decir
del FROB es que no ha funcionado, que no ha servido para provocar la
reestructuración ordenada de las Cajas de Ahorros. Se ha acabado el
tiempo del voluntarismo. El Banco de España ha de actuar con energía
y sin dilación, utilizando los mecanismos disponibles de regulación,
supervisión e intervención. Supondrá un coste fiscal, bien lo saben
nuestros acreedores, y por eso nos exigen un recorte de gasto
adicional.
El problema del déficit público es estructural. Surge de considerar
ingresos ordinarios lo que no eran sino fruto extraordinario de la
burbuja inmobiliaria, y de embarcarse en una política de más gasto
público, como si la restricción presupuestaria no existiese para un
Gobierno con voluntad social. Hoy tenemos un déficit público que se
estabilizará en el entorno del 10 por ciento del PIB y una dinámica
explosiva de la deuda, más aún si incluimos los gastos derivados del
saneamiento financiero y del envejecimiento de la población. No es
posible rebajarlo sin reducir el tamaño de las Administraciones
públicas, sin abandonar la filosofía de derechos ilimitados y
gratuitos. Sin reflexionar seriamente sobre mecanismos de copago en
sanidad, educación y servicios sociales, y sin repensar la
estructura de competencias y de toma de decisiones de gasto en el
Estado de las Autonomías.
Nuestros acreedores saben que con cuatro millones y medio de parados
el país no es viable a medio plazo. Por eso nos exigen una reforma
del mercado de trabajo, ya que nuestro Gobierno parece complacido en
limitarse a subsidiar parados indefinidamente. Lo aprobado el pasado
viernes estaría bien hace seis años; hoy urge legislar para acabar
con la dualidad del mercado de trabajo mediante un contrato único,
reformar la negociación colectiva para incentivar los convenios de
empresa y modificar el sistema de prestaciones por desempleo para
que sirva de estímulo a la búsqueda de trabajo y desincentive el
paro de largo plazo. Ello supone reconocer que el Estatuto del
Trabajador de 1980 está obsoleto y hay que cambiarlo.
En definitiva, recuperar la confianza internacional va a requerir
bastante más que una campaña de imagen. El Gobierno está perdiendo
el partido fuera: basta ver los diferenciales de deuda y, en casa,
la encuesta del CIS. Ha generado una emergencia económica y parece
creer que puede responder con vagas declaraciones de intenciones y
vacuas apelaciones al diálogo social. Es demasiado tarde. Hacen
falta decisiones valientes, aunque puedan resultar impopulares. Es a
este Ejecutivo a quien compete liderar el país, señalar la dirección
adecuada y comprometer su menguado capital político. Si no se
considera dispuesto, que asuma su incapacidad y actúe
responsablemente, adelantando elecciones. España es una gran nación
con un futuro esperanzador, pero si no se adoptan medidas urgentes,
lo peor puede estar por venir.
El hundimiento
Jesús Cacho El Confidencial 7 Febrero 2010
Lo cuenta la impresionante película Hirschbiegel, y lo han contado
infinidad de autores que han rastreado los últimos días del gran
dictador en su búnker berlinés: Iracundo y tembloroso, el dictador
aun esperaba, apenas 24 horas de pegarse un tiro en la sien, la
llegada milagrosa de inexistentes ejércitos dispuestos a salvarle
del asedio de los soldados soviéticos que, al mando del mariscal
Zhukov, ya se encontraban en los arrabales de Berlín. “Pero, ¿dónde
está Steiner? ¿Por qué no ataca? ¿Y qué pasa con el 9º Ejército de
Wenck…?” Rodríguez Zapatero también reclama ahora la presencia de
tropas celestiales dispuestas a hacer realidad el milagro de sacarle
de esta pesadilla. Nuestro insensato general creyó primero que la
burbuja española era eterna; luego negó a pies juntillas que hubiera
crisis; más tarde acusó de la misma a los norteamericanos; después
imaginó haber hallado el bálsamo de Fierabrás inyectando dinero
público a mansalva (“¡no me digas, Pedro, que no hay dinero para
hacer política…!”), y finalmente, con la soga al cuello, pensó que
del lío nos iban a sacar alemanes y franceses creciendo a ritmo
bastante para tirar de nuestras exportaciones.
Como al monstruo austriaco, también a ZP se le han ido derrumbando
sus ejércitos de arena. Escena contemplada el jueves en Washington
tras el Desayuno Nacional de Oración, ese templo del cristianismo
USA más conservador en el que el ateo Zapatero trató de poner el
huevo de su relativismo moral como Erasmo puso el de la Reforma.
Ante un grupo de empresarios hispanos que obedientemente le ha
acompañado al acto (“es que no hemos podido decir que no; Bernardino
León ha llamado personalmente uno por uno”), ZP muestra su extrañeza
por lo que, según le cuentan, está ocurriendo en la Bolsa de Madrid.
- Pero no entiendo por qué le están dando al Santander de esta
forma, si ha presentado unos resultados cojonudos…
- Presidente, el problema no es el Santander, sino el riesgo España.
- ¿Ah, sí…?
Y con gesto perplejo y sin mediar explicación se da la vuelta para
preguntar no sé qué cuestión a sus aides de chambre, dejando a los
empresarios con la palabra en la boca. A pesar de la tormenta que se
estaba gestando sobre las cuentas públicas españolas, todo iba casi
bien para ZP hasta que, a cuenta de esa presidencia de la UE de la
que pensaba sacar pecho y provecho, fue necesario exponerse al
general escrutinio de la opinión pública europea, mercados
financieros incluidos. Han sobrado unas semanas, desde Copenhague a
esta parte, para que Europa se diera cuenta del paño que guardaba el
arca presidencial española. El ridículo alcanzó su máxima cota en
Davos, donde el muy osado no tuvo ocurrencia mejor que aparecer en
un panel al lado del griego Papandreou y del letón Zatlers, dos
campeones de la ortodoxia fiscal. En el escenario alpino donde a
primeros del XX iban a curar la tuberculosis los ricos del viejo
continente, Zapatero terminó por meter a España en el club de los
tísicos de Europa, poniéndole en la lupa de mercados financieros y
analistas como firme candidato a entrar en una situación de
insostenibilidad de sus finanzas públicas.
Tan asustado volvió el genio de Davos que por sorpresa anunció un
recorte de 50.000 millones de gasto público, alrededor del 5% del
PIB, reconociendo así el fracaso de su política (?) fiscal y
presupuestaria para salir de la crisis. Y es que si Grecia, al borde
de la suspensión de pagos, va a la quiebra, el riesgo de contagio
será muy alto para las economías con escenarios macroeconómicos
similares, léase Portugal, Italia e Irlanda. Con la diferencia de
que los irlandeses se han embarcado en un drástico proceso de
austeridad y los italianos tienen una tasa de ahorro doméstica
descomunal. España, por contra, encabeza hoy el Indice de Miseria de
Moody´s, esto es, la combinación de déficit y paro más alta de toda
la OCDE.
-“Es que fíjate”, decía una asustada Trini Jiménez al abandonar el
Consejo de Ministros del viernes 29, “lo que hemos tenido que hacer
para ganar credibilidad en los mercados…”
De eso va el plan de consolidación presupuestaria anunciado por
Zapatero. De movimiento desesperado dirigido a calmar la ansiedad de
mercados y gobiernos europeos ante el agudo y creciente deterioro
del binomio déficit/deuda español. Como con la famosa Ley de
Economía Sostenible, el Ejecutivo ha fabricado un titular sin nada
detrás, porque nadie sabe qué partidas presupuestarias se recortarán
ni cómo ni cuándo; nadie sabe que contribución, si alguna, harán
CC.AA. y corporaciones locales –responsables de 2/3 del gasto
público total- a ese esfuerzo de contención, y nadie se cree, por
irreal, el cuadro macroeconómico en que se sustenta ese pretendido
recorte del déficit, con proyecciones de crecimiento del PIB en 2012
y 2013 francamente increíbles.
Sacrificios radicales
Con un déficit del sector público situado a finales del 2009 en el
11,4% del PIB (que al final resultará del 12%, como poco), el plan
contempla un recorte del mismo, tras descontar los efectos cíclicos,
del 5,7%, con el objetivo final puesto en un déficit del 3%, lo cual
significa que el déficit estructural es del 8,7% del PIB, guarismo
que viene a poner de manifiesto una estructura presupuestaria tan
gigantesca como insostenible, desde luego incompatible con la
estabilidad de las finanzas públicas. En otras palabras: España SA
tiene unos costes fijos que no puede permitirse, lo que hace
inevitable acometer reformas de calado en las grandes partidas del
gasto, tal que los programas del Estado del Bienestar, número y
remuneración de los funcionarios, etc.. No vale un mero maquillaje
contable para salir del aprieto. Hacen falta sacrificios radicales
en un país que ha vivido por encima de sus posibilidades. ¿Puede un
Gobierno sin crédito acometer estas reformas? La respuesta es no.
La última prueba la tuvimos el viernes. Camino de los cinco millones
de parados y con el empleo cayendo más que la propia actividad
económica, el Ejecutivo fue incapaz de adoptar una sola medida
concreta de reforma laboral, a pesar de haberlo anunciado. No se
atrevió. No se atreve con los sindicatos (la “ideología”, como él
mismo reconoció), de forma que no habrá reforma laboral, al menos
inmediata. El Gobierno, en efecto, se limitó a entregar a sindicatos
y empresarios un documento que no es más que una exposición de
motivos sobre la necesidad de la reforma: “Líneas de actuación en el
mercado de trabajo para su discusión con los interlocutores sociales
en el marco del diálogo social”. ¡Tócate las narices, Ruperta!
¿Puede un país con el agua al cuello, necesitado de medidas de
choque radicales e inmediatas, perder otro año en discusiones
bizantinas sobre si el despido de los trabajadores fijos, los que
quedan, debe costar 20, 33 o 45 días por año? No es eso, señores, no
es eso. Se trata de empezar a crear empleo cuanto antes, algo que
nunca van a hacer Toxo y Méndez, el llamado “cuarto vicepresidente”
del Gobierno Zapatero.
No hay más salida que la política
Esto tiene muy mala pinta. España necesita el dinero exterior para
seguir funcionando (emisiones brutas en 2010 por importe de 211.500
millones de euros), apelando a unos mercados que cada día recelan
más de la solvencia de un cuadro macroeconómico que muchos juzgan
insostenible, con la consecuencia inmediata del encarecimiento de
esa financiación. Se trata de un problema de credibilidad y
confianza en España, cualidades que Zapatero ha contribuido a
arruinar en el exterior con su sola presencia. El riesgo país no es
un resfriado: es un cáncer, una enfermedad para la que ya no hay más
salida que la política, es decir, la convocatoria urgente de
elecciones generales, a menos que Emilio Botín (“La crisis española
es como la fiebre de un niño; pasará pronto”, junio de 2008) mande
otra cosa, claro está.
Poco o nada que esperar del PSOE. Aunque el desconcierto es total en
sus filas (“Es raro el día que no recibo de anteriores colaboradores
míos o bien el currículum o bien el lamento de no haberse ido cuando
yo me fui”), quienes se quejan y protestan, generalmente en privado,
ya no tienen mando en plaza. Los que, por contra, mantienen
poltrona, siguen firmes alrededor del jefe y con él caminarán por el
viacrucis por el que transita España hasta ese Gólgota donde, todo
perdido, serán ellos mismos quienes le apliquen, tu quoque, Brute?,
mortal puñalada. En el PSOE sucede con ZP algo parecido a lo
ocurrido en el pasado con algunos apóstoles del progresismo, caso de
Rousseau: cuanto más resentimiento generan, más sumisión reciben.
Y dos notas de esperanza en plena tormenta de pesimismo. Por un
lado, el valor personal y político que ha demostrado Don José
Blanco, ministro de Fomento, al poner a los controladores aéreos en
su sitio vía Decreto Ley. Pepiño For President. Por otro, el mismo
valor cívico demostrado por el magistrado Luciano Varela, del
Tribunal Supremo, poniendo a Baltasar Garzón, arquetipo de casi
todos los males que aquejan a la Justicia española, con pie y medio
en el banquillo de los acusados, para desespero de Cebrianes y
Rubalcabas. Hay vida más allá de Zapatero.
Estalló la burbuja
«No es la seriedad de España la que está en cuestión, sino la
seriedad de su Gobierno. No son creíbles unas iniciativas dictadas
por la improvisación, sin búsqueda seria del consenso»
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 7 Febrero 2010
Al Gobierno le ha estallado la burbuja. Esta vez no es la
inmobiliaria, ni la financiera, sino la suya. La burbuja en la que
vivía y en la que -con no poco éxito hasta la fecha- ha mantenido a
un país, a su vez, receptivo a un discurso vacío, complaciente,
dulzón y debidamente aderezado con la despreocupada prodigalidad de
Rodríguez Zapatero hacia el dinero público. Esa burbuja en la que se
afirmaba que nunca llegaríamos a los cuatro millones de parados o
que la peor cifra de paro del Gobierno socialista sería, según
pronosticó literalmente Rodríguez Zapatero, mejor que la mejor cifra
de paro del PP.
El tiempo de las trampas en el solitario se ha acabado. Con tantos
ojos puestos en la economía española, temerosos del riesgo sistémico
que podría llegar a representar para Europa, ya no hay margen para
esos Presupuestos Generales, mezcla de surrealismo y descaro, con
los que el Gobierno ha pretendido escapar a las verdades incómodas
manipulando la realidad.
En vísperas de las elecciones generales, el Gobierno recurrió a la
perversa utilización del patriotismo como argumento para silenciar a
los que advertían de la crisis que llamaba a la puerta. Lo ha vuelto
a intentar, pero esta vez sin resultado. No hay nada de patriótico
en apuntalar una inútil conjura de silencio: como en el cuento, el
emperador va desnudo. De modo que ni antipatriotismo ni conspiración
mediática anglosajona contra España. En realidad, Rodríguez
Zapatero, con sus espasmódicas iniciativas, da la razón a los que
desde fuera han hecho sonar las alarmas ante el deterioro de la
economía española y la falta de dirección política del país.
La apacible navegación del Gobierno está concluyendo de manera
tormentosa. Tormentosa y deprimente. La anunciada proyección de
liderazgo planetario de Rodríguez Zapatero se ha quedado en la
patética foto de Davos con el presidente del Gobierno -presidente de
turno de la Unión, para más señas- flanqueado por los primeros
ministros de Grecia y Lituania. Los tres componían la foto de
familia de la enfermería europea, mientras Rodríguez Zapatero pedía
fe en la economía española explicando que «España es un país serio».
Pero no es la seriedad de España lo que está en cuestión, sino la
seriedad de su Gobierno, cuya política ha agravado hasta el extremo
la ineficiencia, los problemas de cohesión y la desvertebración de
un sistema institucional que se encuentra incapacitado para encarar
los procesos de reforma que se requerirían en estos momentos.
No es serio, diga lo que diga Rodríguez Zapatero, que un mes después
de aprobarse los Presupuestos Generales del Estado y de formalizarse
el nuevo modelo de financiación autonómica el Gobierno descubra la
necesidad de anunciar un programa de reducción del gasto público de
50.000 millones de euros en tres años, y repare en que la demografía
española hace difícilmente sostenible el sistema público de
pensiones.
Lo que estamos presenciando no es el proyecto de un reformador, sino
una desordenada reacción 'in extremis' de un Gobierno en evidencia,
forzada por el desplome estruendoso del crédito de nuestro país.
No basta con decir que la prolongación de la vida laboral o la
reducción del gasto son propósitos que hay que apoyar. Hay que
ponerles letra, números y buena política en el mejor sentido de la
palabra. Desde hace demasiado tiempo en la política española priman
los propósitos y los impulsos sobre los resultados y la
responsabilidad, y esto es lo que vuelve a ocurrir con las medidas
anunciadas por el Gobierno.
No son creíbles unas iniciativas dictadas por la improvisación,
fuera de un marco coherente de reformas que no son objeto de una
búsqueda seria del consenso social y político que aseguren su
viabilidad. Por eso Rodriguez Zapatero se encuentra atrapado en algo
parecido a un círculo vicioso: cada iniciativa pensada para hacerse
más creíble es, a su vez, un nuevo examen de la capacidad del
presidente del Gobierno para cumplir sus compromisos.
Quien lleva seis años gobernando y ha negado con contumacia los
males para los que ahora se propone como solución, con un Gobierno
débil y desacreditado, carece de las condiciones políticas
necesarias para llevar a cabo las reformas imprescindibles. Una
precaria mayoría parlamentaria con socios cada vez más costosos de
mantener, dentro de una legislatura exhausta que se encuentra a las
puertas del largo ciclo electoral de los dos próximos años, no
dispone del recorrido ni del vigor suficiente para afrontar la
agenda de reformas que es preciso impulsar.
No es una cuestión de legitimidad jurídica del Gobierno, que nadie
duda. La cuestión es que Zapatero, políticamente hablando, se ha
roto y ya es parte -y no menor- del problema que consiste en cómo
generar confianza dentro y fuera de España. Se trata de abrir un
nuevo capítulo en la economía pero también en la política, con
mayorías suficientes y consensos firmes que pongan fin a la
extravagante ingeniería política desde la que se ha gobernado el
país en estos años.
Se necesita, por ello, un mandato popular renovado, decidido por los
ciudadanos sobre propuestas claras, como resultado de unas
elecciones que no pueden esperar a 2102. No sólo Rodríguez Zapatero,
si fuera candidato, tendría la oportunidad de someter al juicio del
electorado su presunta reinvención como líder, sino que el Partido
Popular podría presentar sus propuestas a los ciudadanos para
acreditar ante ellos tanto su deseo de ganar como su voluntad de
gobernar.
Doble lenguaje
EDITORIAL El Correo 7 Febrero 2010
La actitud ambigua de las autoridades iraníes respecto a su voluntad
de cumplir de verdad el Tratado de No Proliferación y detener el
controvertido proyecto de enriquecimiento de uranio ha vuelto a
decepcionar a la comunidad internacional en la Conferencia de
Seguridad de Múnich. El Gobierno de Teherán, que desde hace más de
un año debe pronunciarse sobre la oferta de canje de material, no
deja de ganar tiempo por el procedimiento de resistirse a convertir
unas palabras tampoco absolutamente inequívocas en hechos. La Unión
Europea y Rusia aún confían en la vía del diálogo, mientras la
Administración estadounidense apremia para incrementar la presión
sobre Irán. Pero aunque Ahmadineyad aproveche la división de los
países para castigar su desafío, la comunidad internacional sabe que
el conflicto con el líder iraní constituye verdaderamente un
problema global a partir de un presupuesto claro: el mundo no puede
aceptar que acabe culminando su rearme nuclear.
La presencia de ETA en Portugal abre un
nuevo y preocupante frente
Editorial La Razón 7 Febrero 2010
La colaboración internacional ha sido un instrumento muy eficaz en
la lucha antiterrorista. Las operaciones en territorio galo han
propiciado innumerables actuaciones que han debilitado de forma
extrema la infraestructura etarra en Francia. Pese a todo, el
ministro Pérez Rubalcaba alertaba hace unas semanas de que la banda
está en disposición de hacerse dolorosamente presente. El
desmantelamiento de la base logística de ETA en Portugal, en un
chalé de la localidad de Óbidos, con 1.500 kilos de explosivo,
demuestra que la amenaza es cierta. La banda ha decidido crear otra
retaguardia y, más allá de debates internos y filtraciones
interesadas, tiene determinación de atentar y causar víctimas. ETA
está debilitada, tira de elementos «quemados» y de hasta pequeños
«camellos» que trapichean con cocaína, como los últimos arrestados
por la Ertzaintza. Todo ello es cierto, pero no lo es menos que los
terroristas han sabido moverse durante al menos un año en Portugal y
han podido trasladar media tonelada de explosivos. El escenario es
preocupante, porque se desconoce el grado de la infiltración etarra
en tierras lusas. Todo ello obligará a un sobreesfuerzo de los
agentes y a una intensa colaboración con Portugal, que debe entender
que ETA ha decidido meterlo de lleno en este combate entre la
democracia y el terrorismo.
EN "SIN COMPLEJOS" DE ESRADIO
El alcalde de Calviá acusa a Feijóo de
traicionar a Galicia Bilingüe
El programa Sin Complejos de esRadio, ha entrevistado a Carlos
Delgado, alcalde del PP en Calviá y candidato a la presidencia del
PP en Baleares. En su opinión, Feijóo traicionó a Galicia Bilingüe y
acusó al PP regional de haberse "bajado los pantalones" con Unión
Mallorquina.
LIBERTAD DIGITAL 7 Febrero 2010
Precisamente "Sin complejos" se ha expresado el alcalde de Calviá en
el programa de Luis del Pino en esRadio. Desde el primer momento ha
entonado el mea culpa como miembro del PP por los problemas
lingüísticos en Baleares.
Según ha explicado, durante años, tanto los socialistas como los
populares en el archipiélago estuvieron "bailándole el agua" al
partido Unión Mallorquina. El PP, incluso llegó a "bajarse los
pantalones" para buscar el apoyo de este partido y así poder
gobernar.
Sobre el Congreso del PP en Mallorca el próximo 6 de marzo, al que
acude como candidato a la presidencia de la formación en Baleares, y
preguntado por si será o no un congreso "a la búlgara" como fue el
de Valencia con Rajoy como único candidato, Delgado ha señalado que
"no, será distinto, será un éxito de la democracia porque podrán
votar los 18.000 afiliados de Baleares".
En cuanto a sus posibilidades, cree que tiene bastantes porque "mi
rival representa la línea continuista del partido, que son
defensores de la línea catalanista". Además, apunta que los
militantes están cansados del catalanismo.
Según ha señalado, frente a esta postura, él defiende "que los niños
en Baleares puedan estudiar en castellano y eso ahora es imposible,
el 90% de los colegios imparten sus clases exclusivamente en
catalán". En este sentido, denuncia que en Baleares se esté llevando
a cabo un "nacionalismo importado" es decir, "la gran estupidez del
nacionalismo balear es que lo importamos de Cataluña".
Ahora o nunca
Frente a esta política, Delgado cree que "es el ahora o nunca" de su
candidatura y de su apuesta por "que los padres elijan la lengua en
la que van a ser educados sus hijos".
Sobre la libertad lingüística no ha dudado en recordar esa "especie
de traición de Feijóo a Galicia Bilingüe", al explicar que "he
mantenido contra viento y marea una única postura, que es dejar a
los padres que elijan en qué lengua han de ser escolarizados sus
hijos".
El PP recurrirá ante la Justicia el
reglamento lingüístico de Barcelona
À. G. | BARCELONA ABC 7 Febrero 2010
El presidente del grupo del PP en el Ayuntamiento de Barcelona,
Alberto Fernández, anunció ayer que recurrirá ante la Justicia el
Reglamento de Usos Lingüísticos municipal, que señala la prevalencia
del uso del catalán en Consistorio y que, de hecho, consagra el
monolingüismo de facto que ya practica la administración municipal.
En una intervención hecha precisamente en castellano, Fernández
anunció esta medida para «defender la libertad y el pluralismo».
El reglamento salió adelante con los votos de todos los grupos menos
el PP, grupo que defendió una comunidad plurilingüística y «sin
exclusiones ni sanciones». «¿Quién hará de comisario lingüístico?»,
se preguntó Fernández. Éste, mostrando propaganda electoral,
reprochó al resto de los grupos que sólo sean bilingües cuando se
trata de pedir el voto en las elecciones.
Hereu, sólo con los JJ.OO.
El debate fue especialmente encendido entre Fernández y Jordi
Portabella (ERC), para quien el reglamento no excluye «ninguna
lengua». Para Carles Martí (PSC), la regulacion no prohíbe sino que
señala la preminencia del catalán en caso de que se use una única
lengua. Pidió a Fernández que no vaya a los tribunales, ya que
«siempre es un flaco servicio a la comunidad», y le acusó de
utilizar políticamente una cuestión frágil y delicada, informa Ep.
De igual forma, el pleno, con los votos contrarios de PSC y PP,
tumbó la proposición de ERC para que el Consistorio ceda espacios a
las entidades que convoquen consultas independentistas.
Por otra parte, el gobierno municipal presentó al pleno el informe
sobre la candidatura olímpica Barcelona 2022. En el debate se hizo
patente que si bien todos los grupos apoyan el proyecto con matices
-a excepción de ICV, socios de Hereu-, el PSC se ha quedado más bien
solo en la defensa de una idea que todos coinciden que se lanzó por
interés electoralista.
******************* Sección "bilingüe"
***********************
Verdades y mentiras en el debate
lingüístico
FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS La Opinión 7 Febrero 2010
Apropósito de la presentación del libro 55
mentiras sobre a lingua galega, hay que reconocer que si algo le
faltó -y le sigue faltando- al debate lingüístico en Galicia es
rigor. En la guerra idiomática, como en cualquier confrontación de
índole política, los dos bandos han empleado mucha demagogia y muy
pocos argumentos científicos, a pesar de que existen desde hace
décadas múltiples estudios sociolingüísticos en los que apoyarse,
muchos de ellos, fruto de años de investigación con metodología
avalada por autoridades internacionales en la materia.
El ensayo coordinado por Xosé Henrique Costas e impulsado por el
movimiento Prolingua se propone desmontar la mayor parte de lo que
denominan falacias, algunas de ellas muy antiguas, otras más
recientes. Son como axiomas que afectan a la consideración social de
una lengua que ahora padece, además, los efectos de mentiras de
grueso calibre, puestas en circulación a manera de leyendas urbanas,
propagadas a su vez por los medios de comunicación y que mucha gente
de buena fe se acaba creyendo precisamente porque se repite de forma
machacona y nadie las desmiente o porque los desmentidos son
silenciados de modo sistemático y premeditado.
Lo más preocupante del conflicto lingüístico es que han cambiado las
tornas de lo políticamente correcto. Negar que haya existido alguna
vez la imposición del gallego a los castellano parlantes es ahora
nadar contra corriente. Al menos en el debate público y mediático,
empieza a ser necesario explicar por qué hay que discriminar
positivamente la lengua de Rosalía en la escuela y en otros ámbitos,
algo que no sucedió nunca desde antes incluso de la Transición
democrática. Ya no es obvio que el gallego, si no se promueve su uso
entre las nuevas generaciones, corre peligro de desaparecer o de
quedar recluido en determinadas zonas del país, una especie de
reservas, que las futuras generaciones visitarán como si fueran
parques temáticos. Ahora casi nadie se escandaliza cuando oye que el
castellano está siendo perseguido en Galicia o que sus hablantes
padecen serias dificultades para vivir en el idioma que tienen por
propio. O que la lengua de Cervantes corre peligro de ser excluida
de muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Los diagnósticos
serios de la situación no acreditan tal cosa. Sin embargo,
proclamarla es una forma de combatir el avance de las políticas que
intentan conquistar o consolidar para el gallego espacios cruciales
para su pervivencia. Porque los responsables de esas políticas
acaban creyendo que algo de eso hay y se las replantean para no
generar rechazo que pueda repercutir negativamente en las urnas.
Frente a las mentiras que padece el gallego, habrá que situar la
dolorosa verdad de que muchos de sus defensores le han infringido un
grave daño al proceso normalizador con actitudes personales y
colectivas dogmáticas, agresivas e intransigentes, que provocaron
acritud hacia la lengua gallega en la gente joven, los únicos que,
hablándola, pueden garantizar su futuro como lengua viva. Entre el
profesorado los y las hay que deberían darse por aludidos. Aunque de
forma tímida, para no servir de munición al bando con que menos
simpatizan, se escuchan voces que hacen una más que meritoria y
honesta autocrítica. Pero apenas se les oye, en medio del
ensordecedor estruendo de la batalla.
Cada día se ve más claro que los que defienden el gallego, incluidos
organismos institucionales como el Consello da Cultura o la Real
Academia, han asumido, mal que les pese, que en la cuestión
lingüística hay una nueva correlación de fuerzas sociales y no es la
hora de avanzar, sino de fortalecer las posiciones, afianzar lo
conquistado, sin descuidarse, a la espera de tiempos mejores.
fernandomacias@terra.es
La cocina de mi abuela
Nota del Editor 7 Febrero 2010
Discriminar positivamente el gallego es la frase que
utilizan para envolver la píldora de la conculcación de los derechos
humanos y constitucionales de los españoles que tienen la desgracia
de vivir en alguna de las regiones donde el español es lengua
impropia.
Si están preocupados por la desaparición del
gallego, lo único que no pueden pretender es inocular tal lengua a
los niños y a los mayores. Por la misma razón, yo debería exigir a
los demás la conservación la cocina de mi abuela, y hacia atrás
hasta la primera hoguera de origen eléctrico, volcánico, solar o
vaya Vd. a saber. Si yo tuviera interés en la conservación de la
cocina de mi abuela, no debería en caso alguno traspasar tal
responsabilidad en perjuicio de otros.
Cuando hablan del interés de la imposición que no
conservación de las lenguas que no alcanzan la masa crítica para
seguir adelante, y que por tanto necesitan inmensos recursos para
mantenerlas en vida artificialmente, no se refieren a su propia
responsabilidad, se refieren al hecho de inocularlarla en las
sucesivas generaciones de los demás, y mientras tanto disfrutar del
poder y riqueza que a costa de la mayoría de españoles consiguen de
otros profesionales de la política claramente descerebrados para
otra cosa que no sea mantenerse en el poder y vivir muy bien del
cuento.
Despilfarro autonómico
El Estado y las regiones gastan 240
millones en 4.381 altos cargos
www.gaceta.es 7 Febrero 2010
El País Vasco supera en altos cargos a la Administración Central.
La Administración General del Estado, dependiente del Gobierno
socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, no predica con el
ejemplo de la austeridad y supera en número de altos cargos, con 547
puestos, a todas de las comunidades autónomas salvo a País Vasco,
que cuenta con 650, herencia del mandato nacionalista. En su
conjunto, las 17 administraciones regionales y la central tienen en
nómina a 4.381 altos cargos, que suponen un gasto de 240 millones de
euros. No obstante, la cifra resulta aún mayor si se tiene en cuenta
que en los 82 millones que cuestan los altos cargos de la
Administración General del Estado sí se han contabilizado
complementos de productividad, gratificaciones y otros conceptos
tipo dietas, mientras que en las cantidades de las comunidades
autónomas sólo se han computado las retribuciones mínimas.
Estos datos aparecen en un reciente informe elaborado por la Unión
Sindical Obrera (USO), a partir de estadísticas propias y datos
recogidos en el Boletín Oficial del Estado (BOE), en los autonómicos
y en los registros del Ministerio de Política Territorial. Con un
desglose por administraciones, el trabajo del sindicato, el último
de estas características y que incorpora datos a fecha de abril de
2009, evidencia que el País Vasco es la comunidad con mayor número
de altos cargos.
La elevada cantidad, fruto de casi 30 años de gobierno del Partido
Nacionalista Vasco (PNV), con una estructura burocrática muy
asentada y un buen número de designaciones a dedo, se ha venido
reduciendo en los últimos meses con la llegada al poder del
socialista Patxi López. El presupuesto destinado a pagar los sueldos
de más de 600 altos cargos era difícilmente asumible y más en una
situación que exigía una total austeridad. Así, López llegó con un
claro compromiso de reducir el número de asesores y puestos de
confianza.
Drástica rebaja
Los últimos datos publicados por el Ejecutivo de López apuntaban a
que el número de altos cargos se había reducido hasta los 263, eso
sí, en su registro no incluía los directivos de empresas públicas,
por lo que la cifra podría ascender hasta los 550. La misma línea
que López ha seguido Alberto Núñez Feijóo, que fue designado
presidente de la Xunta de Galicia a mediados del pasado año, tras el
triunfo del PP en las elecciones autonómicas de marzo de 2009. Núñez
Feijóo decidió acabar con el despilfarro instaurado durante los años
de gobierno del socialista Emilio Pérez Touriño y, al ganar las
elecciones, una de las primeras medidas que anunció fue la de
reducir casi a la mitad el número de altos cargos de su Ejecutivo.
De este modo, se pasó, por ejemplo, de 125 a 64 puestos directivos
—delegados provinciales o secretarías generales, entre otro—; de 73
a 61 direcciones generales y de 13 a 10 consellerías, además de
suprimir los 51 delegados provinciales de cada consellería. Otras
comunidades que en los últimos meses han llevado a cabo una
reducción de este tipo de personal son Murcia, Cataluña, Madrid o
Andalucía. El Gobierno de esta última región, encabezado por José
Antonio Griñán, obligó a los directivos de empresas públicas ha
bajarse el sueldo y que sus retribuciones nunca fuesen superiores a
las del presidente de la Junta de Andalucía.
El director general de RTVA, Pablo Carrasco, ganaba cada año más de
139.000 euros, 60.000 euros más que el propio Griñán. Así, 95 altos
cargos públicos andaluces tuvieron que rebajarse el salario. La
medida supuso un ahorro de cerca de un millón de euros, tras el
despilfarro de décadas de Manuel Chaves.
«Aunque ETA parara mañana, no se podría
olvidar a las víctimas»
Rogelio Alonso Coautor de 'Vidas rotas'
L. GIL | BILBAO. El Correo 7 Febrero 2010
Rogelio Alonso, al igual que sus compañeros Florencio Domínguez y
Marcos García Rey, no ha dejado de recibir halagos por su
contribución a la memoria de las víctimas de ETA con su libro 'Vidas
rotas'. Profesor titular de Ciencia Política en la Universidad Rey
Juan Carlos, donde dirige el programa de doctorado y el máster en
Análisis y Prevención del Terrorismo, explica que el objetivo de la
obra, presentada esta semana en Madrid, es «reflejar el impacto
brutal de ETA en este país». Por eso, advierte a los lectores de que
«no hay que quedarse en un registro porque son historias de seres
humanos».
- ¿Qué le pasa a uno por la cabeza después de escribir un libro en
el que se recogen 857 asesinatos?
- Ha sido una experiencia bonita, pero muy dura. Al sumergirte en
esas historias te topas con dramas impresionantes, con persecuciones
que preceden a los asesinatos. Nuestro objetivo era recuperar la
memoria y tratar de ensanchar la red de victimización. No sólo son
los 857 asesinados, sino los heridos, los amenazados y sus familias.
- Una historia triste, pero necesaria de ser contada.
- Hay que contrarrestar esa deshumanización de las víctimas que
persiguen los terroristas, y derribar así esa manipulación que les
permite justificar su violencia. Existe una deuda con ellas, no
podemos ignorar el significado político que tienen. Aunque ETA
parara mañana, no se podría olvidar.
-En el libro recogen, además, los nombres de los verdugos.
-Es necesario que se sepa quiénes son las víctimas y quiénes los
asesinos. Nos inspiramos en un libro publicado en Irlanda del Norte,
en el que se recogió los nombres de las víctimas del IRA, pero no
los de los que mataron. Las personas con las que hablé dijeron que
la intención era buena, pero que faltaba algo.
-En Euskadi siempre se mira a Irlanda con cierta esperanza. ¿Augura
un desenlace similar?
-La comparación es difícil.
-Tras medio siglo de vida, ¿en qué momento diría que está ETA?
-Afortunadamente hay personas en la banda que cuestionan la
violencia. La fuerza de coacción de ETA ha disminuido y, pese a que
su capacidad para atentar sigue ahí, la de desestabilizar un sistema
democrático ya no.
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