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La crisis no deja ver la crisis
Ignacio Sánchez Cámara. www.gaceta.es 20 Febrero 2010
Lo que urge es que la crisis (económica) no nos impida ver la otra
crisis, la nacional y moral.
La crisis económica, que algunos negaron y luego minimizaron, es hoy
tan opaca y densa que no deja ver la otra crisis, la más profunda,
de la que acaso aquella depende. Pensaba Ortega y Gasset que la
política es un orden superficial y adjetivo de la vida. Creo que la
economía también, y aún más. Quienes no aceptamos el materialismo
histórico no estamos dispuestos a conceder que la clave de la
historia y la ley con arreglo a la cual se mueve, sea de naturaleza
económica. Los problemas económicos pueden ser, en ocasiones, los
más básicos, los más acuciantes, pero nunca son los más graves y
profundos para la vida de las sociedades. La miseria, el hambre y la
explotación no son sólo problemas económicos, sino también
culturales y morales.
La superficialidad de la crisis económica no es incompatible con su
gravedad. Al hablar de superficialidad me refiero a que se trata de
un problema que afecta a lo más visible de la realidad social y a
que es más síntoma que causa profunda. Pero si esto es así, su
posible solución no se encuentra en la superficie, es decir, no es
puramente económica, sino cultural y moral. Los remedios económicos,
urgentes y necesarios, serán sólo paliativos si no van acompañados
de remedios más profundos.
La crisis económica dificulta la visión de la grave crisis política
e institucional. El sistema de 1978 se encuentra convaleciente, si
es que no agonizante. El partidismo y su causa general, el
particularismo, crecen sin parar. La Constitución es zarandeada sin
miramientos. Los Estatutos de Autonomía aspiran a ser constituciones
particulares. El poder judicial carece de independencia y el
Tribunal Constitucional ve cómo su ya menguado prestigio se desangra
ante un retraso en la resolución del recurso planteado contra el
Estatuto catalán, que es mucho más que un retraso.
La crisis económica dificulta la visión de la grave crisis nacional,
pues todo lo anterior es consecuencia y síntoma de una grave crisis
nacional, cuya clave se encuentra en la ruptura de la concordia que
presidió la Transición, deliberadamente emprendida por este
Gobierno, sobre todo durante la primera legislatura, hasta que la
crisis económica reclamó su atención.
Pero el proceso sigue. Sorprende, ante tal estado de cosas, la
pasividad, más o menos resignada, con la que la opinión pública lo
acepta. Y al llegar aquí, se impone la triste tesis de que no es
sólo que la economía marche mal, ni sólo la política; es que la
sociedad española no goza de buena salud. La crisis es también
social.
Y al final desembocamos en la verdadera cuestión. La crisis actual,
como todas las crisis genuinas, posee una naturaleza moral.
Volviendo a Ortega, su ensayo La rebelión de las masas era un
diagnóstico de la crisis moral que padecía Europa y en general, el
Occidente todo. Creo que el diagnóstico sigue valiendo en lo
fundamental. Y en España, corregido y aumentado. En este sentido, a
pesar de que muchos se empeñen en tergiversar lo que es casi obvio,
la crisis moral es mucho más importante que la económica. Desde la
perspectiva jurídica y política, leyes como la que promueve la
legalización del aborto como un derecho de la mujer, o la pretensión
de imponer una determinada moral desde el Estado, constituyen
síntomas evidentes de esta descomposición.
Pero la raíz acaso se
encuentre en la moral personal, en el tipo de hombre dominante, en
suma, en la desmoralización general del hombre europeo y, más aún,
del español. No se trata de entrar en un debate de teología moral,
pero existen males que no son castigo de nuestros pecados y errores
morales, sino, más bien, consecuencia directa de ellos. Que
Rodríguez Zapatero llegue a perder el poder como consecuencia de la
crisis económica sería algo comparable al hecho de que Al Capone
fuera detenido y procesado sólo por evasión de impuestos. No es la
gestión de la crisis lo peor del Gobierno de Zapatero, (por si
acaso, no estoy comparando a los dos personajes). La crisis
económica es terrible, pero acaso pueda tener la virtud de servir de
posibilidad catártica, de hacer de la ruina virtud.
Incluso quienes sólo perciben la crisis económica y, por tanto, sólo
se preocupan de ella, deberían comprender que una crisis que posee
raíces que no son económicas tampoco se puede resolver sólo mediante
medidas económicas. Ojalá nuestros problemas fueran sólo económicos
y financieros. Pero no se vea en lo anterior nada parecido al
pesimismo. Reconocer la realidad nunca es ejercicio pesimista. Y,
por otra parte, una crisis moral, una vez reconocida y
diagnosticada, es mucho más fácil de resolver que un problema
económico. Lo difícil es reconocerla y diagnosticarla. El
diagnóstico de un problema es la etapa decisiva para su solución. De
momento, lo que urge es que la crisis (económica) no nos impida ver
la otra crisis, la nacional y moral.
*Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía del Derecho.
La inquietante incoherencia del presidente
EDITORIAL El Mundo 20 Febrero 2010
HAY ALGO que se paga más caro que los errores en el ámbito de la
economía: la incoherencia. Y ésta es la palabra que resume la
impresión que dio ayer Zapatero en Londres cuando afirmó que el
Gobierno reducirá el déficit «cuando la recuperación sea activa».
Este planteamiento supone una grave equivocación porque la reducción
del déficit debe abordarse en España como un requisito necesario
para que la economía pueda reactivarse. El orden de factores sí
altera el producto. La carreta no puede ir por delante de los
bueyes. Todos los analistas y expertos coinciden en que la economía
española no podrá volver a niveles de crecimiento considerables con
un déficit como el del año pasado (11,4% del PIB).
Mantener un elevado déficit supone incrementar el endeudamiento del
país a largo plazo y detraer recursos para la inversión productiva.
Por eso no tiene sentido que Zapatero ponga ahora condiciones para
hacer ese recorte de 50.000 millones de euros en cuatro años que
fijaba el programa de estabilidad presentado en Bruselas. Dado que
el Banco de España estima que la recuperación se retrasara al 2012,
el Gobierno podría no tomarse en serio su compromiso hasta dentro de
dos años.
Las palabras del presidente del Gobierno rozan la esquizofrenia
porque durante los últimos 12 días la vicepresidenta Elena Salgado y
el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, han dedicado
su tiempo a efectuar roads shows por Londres, París, Nueva York y
otras capitales para convencer a los inversores de que los esfuerzos
por reducir el déficit son serios.
En el colmo de los despropósitos, Zapatero volvió ayer a arremeter
contra los mercados, subrayando que el Gobierno «no va a caer en la
trampa de actuar en función de los intereses a corto plazo de
algunos fondos». Aseguró que le parece «una paradoja» que «los
mercados a los que los estados acudieron a salvar, haciendo una
inversión pública fuerte, sean ahora los que examinan a los
gobiernos y les ponen en dificultades».
Zapatero confunde los mercados con el sistema financiero, al que
ciertamente ayudó el Ejecutivo en los momentos peores de la crisis
con diversas medidas. Pero resulta que el propio presidente se jactó
en su comparecencia en el Congreso de que el Tesoro había ganado más
de 1.500 millones de euros con los avales y compras de activos a la
banca.
Todo indica que Zapatero disfruta arremetiendo con eso que él llama
«los mercados». Pero habría que explicarle que los mercados no son
cuatro señores con puros y sombreros de copa que se reúnen en una
mesa para fastidiar a países como España sino que son la suma de una
multiplicidad de decisiones inconexas entre sí.
Lo peor que se desprende de estas declaraciones es que Zapatero
sigue sin tomarse en serio sus propios anuncios de política
económica, que al parecer considera puramente propagandísticos y
destinados a contentar a la opinión pública y a la oposición. Por
eso dice una cosa hoy y mañana, la contraria, como se pudo constatar
en el asunto del alargamiento del periodo de cómputo de las
pensiones.
El Ejecutivo ha convocado el próximo jueves a todos los partidos
para comenzar la negociación del pacto que pidió Zapatero en el
Congreso. La vicepresidenta Fernández de la Vega solicitó ayer al PP
que «eche una mano». Sería deseable que así lo hiciese si el
Gobierno tuviera un mínimo de coherencia. Pero no se le puede pedir
a Rajoy que negocie si el propio presidente no se toma en serio los
compromisos que anuncia a bombo y platillo.
Las declaraciones de ayer ponen de manifiesto que Zapatero no es
consciente de la gravedad de la situación ni se cree el negro
panorama que prevé el Banco de España, confiando tal vez en que su
buena estrella le salvará en el último momento.
Zapatero y Capone
Alfonso Basallo www.gaceta.es 20 Febrero 2010
Si la crisis fuera sólo económica no habría duda: el PP fue un
eficaz administrador.
Que Zapatero pierda el poder como consecuencia de la crisis
equivaldría a que Al Capone fuera detenido y procesado sólo por
evasión de impuestos. La comparación, relativamente odiosa, es de
Ignacio Sánchez Cámara que en las páginas de opinión de LA GACETA
señala que la verdadera crisis que atraviesa España no es económica
y que ésta, bien mirado, podría tener un efecto de catarsis. Es
decir que no hacía falta que Rajoy le ofreciera seis pactos seis...
Zapatero ya era un desastre antes de los cuatro millones de parados
y la crisis, en todo caso, sólo ha servido para dejar en evidencia
su irresponsabilidad y su falta de escrúpulos. El presidente negoció
con asesinos, se rió de las víctimas del terrorismo, dividió a los
españoles, su fiscal general del Gobierno echó tierra sobre el
chivatazo de Faisán, impuso una FEN totalitaria cepillándose por el
camino derechos y libertades fundamentales, impulsó la ideología de
género (a través del Ministerio de Contracepción y Propaganda,
también llamado de Igualdad). Ha dejado el prestigio de España para
los suelos y se ha cargado el legado de la Transición, dividiendo a
los ciudadanos, jugando al jovencito Frankenstein por el cementerio
de 1936 y tratando de reescribir la Historia.
El colapso es efectivamente moral (“un problema de codicia” explica
Carlos Salas en el ensayo La crisis explicada a las víctimas). Lo
cual tiene una ventaja: una vez diagnosticada es más fácil de
resolver que el paro y el déficit. Es obvio que Zapatero no sirve.
La pregunta es si hay alternativa. Si el embrollo fuera únicamente
económico, no habría duda. El PP fue un eficaz administrador.
También demostró sentido de Estado y cierta (cierta) sensatez. Pero
¿servirá para resolver una crisis moral? Uno ve la foto de Aznar,
icono de la eficacia económica, perdiendo los papeles ante los
pancarteros de la Universidad de Oviedo como si fuera un adolescente
e inevitablemente se hace una serie de preguntas incómodas.
A favor de la memoria histórica
FÉLIX DE AZÚA El País 20 Febrero 2010
Tener un amigo que, cuando lo necesitas, te presta 1.000 euros para
pagar el alquiler es una bendición, pero hay regalos más duraderos
que el dinero, aunque no muchos. Uno de ellos es un libro porque sus
efectos sobre nuestra vida pueden ser perdurables. Cuando Jorge
Vigil me regaló hace una semana el libro de Tony Judt titulado Sobre
el olvidado siglo XX no me libró de un casero ocasional, sino del
deudor más peligroso: el desánimo.
Llevaba yo una temporada abatido al constatar el escaso número de
escritores, periodistas, profesores, en fin, gente responsable, que
compartía conmigo una visión tan poco optimista de la España actual,
de su vanidoso gobierno y de sus caprichosas autonomías, cuando de
pronto me vi arropado por un profesional cuya opinión se respeta en
el mundo civilizado. Un alivio.
Tras leer a Judt me pareció entender que no éramos, mis colegas
críticos o yo mismo, un cultivo cizañero al que divierte poner a
parir el espectáculo gubernamental, un fruto de secano cubierto de
espinas que sigue, como en tiempos de Franco, arrastrando su soledad
a la manera de un estandarte. Si un producto de regadío tan bien
nutrido como Judt decía exactamente lo mismo, aunque referido a
objetos de mayor tamaño, cabía la posibilidad de que no estuviéramos
del todo equivocados, los incorrectos de esta provincia.
Aunque sea una colección de artículos, algunos ya con una década
sobre el título, la poética del libro de Judt, su claro y distinto
pensamiento, puede resumirse sucintamente. El "olvidado siglo XX"
(así le llama) ha sido uno de los más atroces de la historia de la
humanidad. Sus matanzas no pueden compararse, ni en cantidad ni en
calidad, a las añejas barbaridades.
La gigantesca nube de horror del Novecientos tiene, además, una
característica peculiar. A diferencia de los tiempos antiguos, en el
siglo XX se expande y domina una fuerza de choque ideológica que
desde el caso Dreyfus se denomina "la intelectualidad", la cual se
encarga de justificar todas las salvajadas pretendidamente
izquierdistas. De ahí el "olvido" y la buena conciencia.
A comienzos de siglo, tras la primera guerra mundial y la revolución
rusa, la parte mayor y mejor de esa intelectualidad europea apoyó lo
que se solían llamar "posiciones de izquierda". Y entonces lo eran.
El drama es que a medida que el siglo avanzaba, las "posiciones de
izquierda" iban dejando de ser de izquierda y se convertían en mero
usufructo de intereses de partido, cuando no económicos y de
privilegio. La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus
infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se
suponíaque la izquierda era lo opuesto. En la nueva centuria ya no
hay diferencia.
Quienes nos hicimos adultos en la segunda mitad del siglo XX y nos
creímos parte integrante de esa izquierda que, según nuestro
interesado juicio, recogía lo mejor de cada país, no sólo estábamos
siendo conservadores y acomodaticios al no movernos de ahí a lo
largo de las décadas, sino que fuimos deshonestos. Eso no quiere
decir que no hubiera en la izquierda gente honrada y dispuesta a
sacrificarse, muchos hubo y algunos murieron en las cárceles de
Franco, pero no eran escritores, ni periodistas, no eran, vaya,
"intelectuales".
Y lo que es más curioso, aquellos escritores que en verdad eran de
izquierdas tuvieron que soportar los feroces ataques de los
"intelectuales de izquierdas" oficiales que entonces, como ahora,
apoltronados en sus privilegios, eran enemigos feroces de la verdad.
Tal fue el caso de Camus, de Orwell, de Serge, de Koestler, de
Kolakowski, que se atrevieron a ir en contra de las órdenes del
Partido y de la corrección política. Las calumnias que sobre ellos
volcó la izquierda aposentada, descritas por Tony Judt, son
nauseabundas.
De ellos habla su libro, pero podría haber hablado de otros cien
porque cualquiera que osara ir en contra de la confortable izquierda
oficial para denunciar las carnicerías que se estaban produciendo en
nombre de la izquierda, era inmediatamente masacrado por los
tribunos de la plebe.
Tachados de fascistas, de agentes de la CIA, de criptonazis o de
delincuentes comunes, hubieron de soportar casi indefensos los
embustes de los ganapanes. Luego los calumniadores se tomaban unas
vacaciones en Rumania y regresaban entusiasmados con Ceausescu. En
las hemerotecas constan nuestros turistas entusiastas. Lo mismo, en
Cuba. Fueron muchos.
La deshonestidad no afectó tan sólo a los crímenes estalinistas,
maoístas o castristas. En un capítulo emocionante explica Tony Judt
las dificultades que tuvo Primo Levi para que la izquierda italiana
tomara en consideración sus libros sobre Auschwitz, comenzando por
el arrogante Einaudi. Y cómo hasta los años sesenta, más de 20 años
después de escritos sus primeros testimonios sobre el Holocausto, no
comenzaron a horrorizarse los izquierdistas. ¡Veinte años en la
inopia, la progresía!
La impotencia de tres generaciones de izquierdoides para defender la
verdad se acompañó del triunfo de los héroes de la mentira, desde el
Sartre envilecido de los últimos años, hasta el chiflado Althusser
cuyos delirios devorábamos los monaguillos de la revolución maoísta.
Todavía hoy un valedor de la dictadura como Badiou fascina a los
periodistas con un libro sobre "el amor romántico", cuando es el
sentimentalismo tipo Disney justamente lo propio del kitsch
estalinista y nazi, su producto supremo.
Sigue siendo uno de los más dañinos errores de la izquierda no
aceptar que entre un nazi negacionista y un estalinista actual no
hay diferencia moral, por mucho que el segundo pertenezca al círculo
de la tradición cristiana (y haya tanto sacristán comunista) y el
primero al de la pagana (y por eso ahí abunda el fanático de la
Madre Patria).
Ya es un tópico irritante ese quejido sobre el galimatías de la
izquierda, su falta de ideas, su desconcierto. ¿Cómo no va a estar
desnortada, o aún mejor, pasmada, si todavía es incapaz de admitir
honestamente su propia historia? ¿Si sólo entiende la memoria
histórica en forma de publicidad comercial sobre la grandeza moral
de sus actuales jefes?
Aún hay gente que dice amar la dictadura cubana "por progresismo" y
el actual presidente del Gobierno (uno de los más frívolos que ha
ocupado el cargo) se ufana de ello. ¿Saben acaso el daño que
producen en quienes todavía ponen ilusión, quizás equivocada, pero
idealista, en la palabra "izquierda"? ¿Y cómo puede un partido que
alardea de progresista pactar hasta fundirse con castas tan
obviamente reaccionarias como las que defienden el soberanismo de
los ricos?
Dentro de un lustro no quedará nadie por debajo de los 60 años que
se crea una sola palabra de un socialismo fundado sobre tamaña
deshonestidad. No es que la izquierda ande desnortada o carente de
ideas, es que no existe. Su lugar, el hueco dejado por el difunto,
ha sido ocupado por una empresa que compró el logo a bajo precio y
ahora vende que para ser de izquierdas basta con decir pestes del
PP. ¡Notable abnegación la de estos héroes del progreso! ¡Cómo
arriesgan su patrimonio! ¡Qué ejemplo para los jóvenes aplastados
por la partitocracia farisaica!
El resultado, como se vio en Francia, es el descrédito de los
barones, marqueses y princesas del socialismo. Su inevitable
expulsión del poder. Y la destructiva ausencia de ideas en un país
que ya soporta el analfabetismo funcional mayor de Europa. Una
herencia que enlaza con la eterna tradición española de sumisión al
poder llevada con gesto chulo por los sirvientes. Esta vez bajo el
disfraz del progreso.
Y mira que sería sencillo que la izquierda recuperara su capacidad
para armar las conciencias, inspirar entusiasmo y ofrecer esperanza
en una vida más digna que su actual caricatura. Bastaría con decir
la verdad y enfrentarse a las consecuencias. ¡Ah, pero son
relativistas culturales! Y por lo tanto para ellos la verdad es un
efecto mediático.
Félix de Azúa es escritor.
Crisis
Agotamiento
José María Marco Libertad Digital 20 Febrero 2010
Sea cual sea el diagnóstico sobre la naturaleza de la crisis, el
remedio adoptado para salir de ella ha consistido en gastar, gastar
dinero público para restablecer la confianza de los mercados o para
restablecer el crédito agotado o gastar (además), como en España y
en Estados Unidos, para reactivar la demanda y la actividad
económica.
El remedio ha tenido éxito... a medias. Se evitó el colapso del
sistema financiero, eso sí, pero se ha generado una situación que ha
desembocado ya en una nueva crisis: los gastos de los gobiernos son
tan altos que impiden la actividad económica capaz de generar los
ingresos suficientes para mantenerlos.
En Estados Unidos el aumento de los gastos del Gobierno ha llevado a
muchos norteamericanos a retirar su confianza a los demócratas. La
perspectiva de un Gobierno socialdemócrata no acaba de convencer
allí: al fin y al cabo, los norteamericanos lo son porque sus
abuelos salieron huyendo de unos países europeos agobiados por unos
gobiernos empeñados en arruinar o en impedir la prosperidad de sus
nacionales.
En España, país archieuropeo en esto como en todo, la reacción es
menos rápida. Al fin y al cabo, nuestros antepasados se quedaron en
este rincón de Europa porque les bastaba con ir tirando, a la espera
de que el Gobierno les diera algo más o los contratara. Y si pasaban
demasiada hambre, se dedicaban a matarse unos a otros, que para eso
han servido las ideologías en las que tan fecunda y generosa se ha
mostrado siempre Europa.
Si las cosas no cambian, tal vez volvamos a los buenos tiempos. A la
espera de que empecemos a matarnos unos a otros para comprarnos un
coche, para que el Gobierno nos pague la pensión o para que la
Seguridad Social nos opere de apendicitis, empezamos a ver las
consecuencias de las decisiones que se han tomado. En España, de
hecho, la ideología socialista ha servido para disimular la crisis y
salvarle la cara a un Gobierno que ha hecho retroceder la
prosperidad de los españoles a niveles de hace seis años. Eso sí,
neonacionalismo, neolaicismo, ideología de género,
multiculturalismo, neorrepublicanismo y otros revivals baratos de la
contracultura del siglo XX los tenemos a todo trapo. Rodríguez
Zapatero es la encarnación de ese enjambre de pesadillas
retroactivas.
Han servido de espantajo y de pretexto para gastar más y aumentar el
poder de los gobiernos. (Con tantos derechos como tenemos, ya no nos
basta con un solo, como no nos basta con un parlamento, ni con un
presidente, etc., etc.) Qué no daría un monarca absoluto por
disponer aunque sólo fuera de una décima parte del presupuesto de un
gobierno moderno, dizque democrático y liberal...
Y aun así, en muy poco tiempo el montaje se ha venido abajo. El
pánico del Gobierno socialista deja traslucir la nueva situación.
Primero fue el globo sonda de la reforma de las pensiones, luego los
llamamientos al pacto, y entre medias una serie de medidas, más o
menos disimuladas, para racionalizar y limitar como sea el gasto. Lo
que está en crisis no es el modelo económico español, como se suele
decir. Lo que está en crisis de verdad es el modelo económico
socialista.
Aroma de chantaje
Editorial ABC 20 Febrero 2010
EL Tribunal Constitucional ha acordado la suspensión de dos leyes
-la gallega de cajas de ahorro y la valenciana, de reforma del
barrio de El Cabañal- por presentación de sendos recursos por parte
del Gobierno socialista. Ambas leyes habían sido aprobadas después
de amplias polémicas políticas y sociales en Galicia y Valencia. El
Ejecutivo ha estado presto a ayudar a los socialistas locales con
unos recursos a los que la Constitución privilegia con la suspensión
automática de las leyes impugnadas. Si existen o no motivos para
estos recursos, es algo que resolverá el TC cuando revise la
suspensión cautelar dentro de unos meses, pero llama la atención que
el Gobierno haya centrado sus baterías en dos comunidades autónomas
gobernadas por el PP, donde el PSOE no está especialmente acertado
como oposición. Es cierto que el Gobierno también ha anunciado en
las últimas semanas un recurso similar contra la ley catalana sobre
registros, pero la entidad política de las leyes impugnadas a
Galicia y Valencia es muy superior.
Es oportuno recordar que, al poco tiempo de tomar posesión, en mayo
de 2004, el Gobierno renunció a numerosos conflictos de competencia
contra leyes autonómicas. Casualmente, la mayoría de las comunidades
autónomas beneficiadas estaban gobernadas por los socialistas.
Entonces, el jefe del Ejecutivo abogaba por la «paz constitucional».
Pero sólo con sus socios nacionalistas y compañeros de partido.
Mientras el Gobierno muestra su celo en la defensa de competencias
del Estado, el tripartito catalán sigue desarrollando el Estatuto de
2006 con la cooperación del Ejecutivo, sin diagnósticos similares a
los aplicados a Galicia y Valencia y sin preocuparse por la
imparable desaparición del Estado en Cataluña. Y también, mientras
el Gobierno apela al esfuerzo de todos para salir de la crisis,
Zapatero no duda en paralizar la ley gallega que propiciaría una
fusión como la reclamada insistentemente por el Banco de España.
Además, las cajas gallegas, si no se fusionan a corto plazo, corren
el riesgo de no llegar a tiempo para solicitar la ayuda del fondo
bancario. Este veto privilegiado en manos del Gobierno es una
palanca para doblegar a gobiernos autonómicos, urgidos por la
necesidad de cambios políticos o económicos, allí donde los
socialistas locales no han podido evitar que se aprobaran las leyes
impugnadas. Por eso, estos recursos mezclan la legítima defensa de
competencias estatales con un cierto aroma de chantaje.
Zapatero es la ‘X’ del Faisán
Enrique de Diego www.gaceta.es 20 Febrero 2010
Se saltaron la Ley porque se creyeron impunes y cruzaron,
alegremente, todas las líneas rojas.
Es de estricta justicia destacar que, si no fuera por el diario LA
GACETA, es más que probable que, a día de hoy, ya se hubiera dado
carpetazo al chivatazo del caso Faisán. Así lo pretendió,
ignominiosamente, la Fiscalía pretendiendo que no había pruebas,
cuando el delito ha quedado grabado en vídeo y audio. Salió Xavier
Horcajo, desde estas mismas páginas, al quite, poniendo en evidencia
la patraña. Con constancia, jueves tras jueves, en mi programa A
Fondo, de Radio Intereconomía, contertulios de gran nivel
–auténticas referencias de decencia y pasión por la libertad- como
Mikel Larrea, Daniel Portero y Rubén Múgica, se han negado a que se
diera carpetazo a un delito tan grave como el de colaboración con
banda armada, perpetrado en las más altas instancias del Gobierno.
El caso Faisán del chivatazo a ETA muestra toda la falta de moral,
la frivolidad y la irresponsabilidad del zapaterismo y afecta
política y penalmente al propio Zapatero y a su ministro Alfredo
Pérez Rubalcaba. Esa demencial colaboración con banda armada se
produjo porque ya se había pactado antes con ETA blindar sus
finanzas durante la tregua y porque Zapatero, su Gobierno y la
cúpula del Ministerio del Interior decidieron que estaban por encima
y al margen de la ley. Y lo dijeron, se pavonearon y llegaron a
establecer una doctrina entre estúpida y totalitaria de que los
poderes públicos, incluido el Judicial, tenían que hacer una lectura
de la ley acomodada a las circunstancias, que la ley debía dejarse
en suspenso en aras de una voluntarista y demencial decisión
política a la que denominaron proceso de paz. Se saltaron la ley
porque se creyeron impunes y cruzaron, alegremente, todas las líneas
rojas, tildando de hombres de paz a patentes asesinos como De Juana
Chaos y Arnaldo Otegui. No desde las cloacas del Estado, sino desde
la misma cúpula de Interior, convertida en un auténtico sumidero, en
un lodazal de podredumbre, se perpetró una traición a las víctimas,
a la Patria y un tremendo delito. No hay nadie al margen ni por
encima de la ley.
Ni Víctor García Hidalgo, ni Antonio Camacho, ni
Alfredo Pérez Rubalcaba, ni José Luis Rodríguez Zapatero, la
evidente “x” de la trama, tienen inmunidad de ningún tipo. Y habrán
de responder de sus actos ante la inexorable Justicia o es que no
hay Justicia –ni democracia- en España. Otrosí: Estoy de acuerdo con
el líder del PP, Mariano Rajoy en que los socialistas, por
patriotismo, por instinto de supervivencia, han de rebelarse contra
el presidente del Gobierno o se les exigirán cuentas. Y también con
Zapatero en una sola cosa: Rajoy ha de tener el coraje suficiente
para presentar una moción de censura, con el único objetivo de dar
paso a un Gobierno que convoque elecciones anticipadas.
Los zombies ideológicos
Enrique de Diego Semanal Digital 20 Febrero 2010
El mundo se ha llenado de zombies políticos. Está también lleno de
instituciones que para nada sirven y que se dedican a estafar a los
ciudadanos. Se nos estafa montando Apocalipsis que nunca sucederán
como el calentamiento global, desmentido por todos los datos y todas
las evidencias, pero sobre el que se han montado y se montan
fortunas. Otro Apocalipsis alucinante ha sido el de la gripe A.
Tanto la OMS como los Gobiernos dieron datos delirantes de
porcentajes y datos de muertos. Se usó y se abusó del lógico temor
humano a la muerte y se han hecho grandes negocios en torno a esa
nueva mentira. Hay que apuntar estos datos porque, si salimos de
esta crisis, que no es seguro, habrá que exigir responsabilidades y
desmontar tantos chiringuitos dedicados a vivir de los demás.
El mundo se ha llenado de zombies políticos dedicados a la estafa en
gran escala. Un caso muy notorio es el de los socialistas, que
siempre han amado tanto a los pobres que los han creado por millones
y en eso están. Debíamos haber erradicado el socialismo, una
ideología absolutamente contraria a la naturaleza humana y que pone
en riesgo la supervivencia de las sociedades. Los socialistas han
seguido con sus quimeras, con falsas ideas como que los políticos
pueden arreglarlo todo, con el dinero del contribuyente, o que se
puede generar trabajo desde el Estado. No es casualidad que los tres
peores enfermos de Europa, España, Grecia y Portugal, están
gobernados por socialistas, aunque la enfermedad general proviene de
haber mantenido altas cotas de intervención y socialismo en todas
las sociedades europeas. Cuanto más socialismo hay en una nación,
peor es la crisis, mayor es el riesgo para su supervivencia.
Tenemos otros zombies, que incluso se suicidan, como los islamistas,
como los integristas, o los más integristas, porque el islamismo es
intolerante, racista, xenófobo e integrista en sí mismo, y no
predica otra cosa que el odio y la violencia, el crimen y el
genocidio contra los no islamistas.
Hubiera sido sencillo establecer la inmigración relacionada con el
contrato de trabajo y primar la iberoamericana para haberse evitado
el problema de islamización que hemos de afrontar. Pero la
iberoamericana es cristiana y castellanoparlante y no ofrece los
efectos de disolución multicultural de la islámica, a la que se ha
subvencionada, incluso en su natalidad dinámica.
LOS CIUDADANOS SERÁN "POLICÍAS LINGÜÍSTICOS"
Ciudadanos acusa a Montilla de instaurar una "Gestapo lingüística"
La formación que encabeza Albert Rivera considera que el código que
se implantará en Cataluña que "obligará" a los ciudadanos a
denunciar a quienes no rotulen en catalán busca crear una "Gestapo
lingüística". "Los ciudadanos se convertirán en policías
lingüísticos de sus vecinos" asegura.
LIBERTAD DIGITAL 20 Febrero 2010
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, alerta que el gobierno
de Montilla "obligará", con el nuevo código de consumo de Cataluña,
a todos los ciudadanos a "cooperar en la denuncia" de aquellos
comerciantes que no tengan la rotulación en catalán.
"Con este nuevo código el ciudadano pasará a ser a un vigilante de
la Administración, un hecho extremo, sin precedentes, que hará que
se instaure la Gestapo lingüística en Cataluña, es decir cuándo se
apruebe este código de consumo, "chivatos" como el señor Espot o
Omnium Cultural serán considerados ciudadanos ejemplares para
colaborar con la Gestapo lingüística del señor Castells", alerta
Rivera.
El presidente de la formación considera que "no se puede permitir,
en plena democracia, que un gobierno encabezado por el PSC haga que
los ciudadanos se conviertan en policías lingüísticos de sus
vecinos, una situación propia de regímenes totalitarios. Un
presidente que no tiene el nivel C de catalán es el creador de esta
persecución en los autónomos, comerciantes y empresarios que no
rotulen en catalán. Los complejos políticos del señor Montilla no
los podemos pagar todos los catalanes con el recorte de nuestras
libertades”.
"Este tipo de normas, impulsadas por el PSC, demuestran cuáles son
las verdaderas prioridades del Tripartito. Son incapaces de sacar
Cataluña de la crisis pero conseguirán, a golpe de multa, y de
"chivatazo" cambiar la rotulación de los comercios y de las empresas
privadas", lamenta.
******************* Sección "bilingüe"
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Retroceso en libertades
Editorial La Razón 20 Febrero 2010
El tripartito catalán ha dado una nueva vuelta de tuerca a su
presión lingüística sobre los castellanohablantes. El proyecto de
ley del Código de Consumo, que tiene ya la luz verde del Parlamento,
es un instrumento al servicio de una normalización abusiva e
intervencionista que contempla las multas a los comercios que no
rotulen en catalán y obliga a que todos los documentos, contratos
tipo, folletos de información y carteles en los establecimientos
estén, como mínimo, en esa lengua. Pero hay más. Como informó LA
RAZÓN en exclusiva, la norma va mucho más lejos e incluye dos
artículos que obligan a los ciudadanos a denunciar a los comercios
que no rotulen en catalán. Hasta la fecha, estas comunicaciones, que
eran anónimas, eran un derecho, pero la Generalitat se ha encargado
de convertir la delación en una obligación. Que desde el poder
político se fomente una sociedad de «espías» al servicio de una
estrategia de partido es una circunstancia grave. Hasta la fecha, el
tripartito había desarrollado su cerco al castellano con iniciativas
como la inmersión en el sistema educativo o la Ley del Cine, entre
otras muchas, que en todo caso resultaban imposiciones políticas
abusivas e injustificadas, pero que no forzaban la complicidad de la
gente de la calle. Ahora, la Generalitat impone la delación y pone a
cada catalán entre la espada y la pared con la decisión de cumplir o
no nada menos que la Ley. Potencialmente, y como el desconocimiento
de la norma no exime de su cumplimiento, se podría dar el absurdo de
que cientos de miles de ciudadanos, que no perderán un minuto de su
tiempo en este disparate, violaran el ordenamiento. Todo ello da
idea de hasta qué punto es un despropósito la iniciativa.
Como es habitual en política lingüística, la Generalitat se equivoca
lamentablemente con sus injerencias en terrenos que el poder
político debería respetar.
Fomentar el chivatazo en una sociedad
democrática nos parece inaceptable y un desatino, que vuelve a
demostrar lo alejados que algunos políticos están de la sociedad
catalana. La convivencia de las dos lenguas oficiales de Cataluña ha
sido ejemplar entre los ciudadanos de a pie, que han disfrutado del
envidiable patrimonio cultural que suponen y que han entendido que
todo se reduce a una cuestión de libertad y tolerancia. Que se
cercene un derecho fundamental a golpe de decretazo es un serio paso
atrás en una comunidad comprometida con su pluralidad. ¿Qué sentido
puede tener en pleno siglo XXI que se castigue o se sancione a una
persona por utilizar una lengua y no digamos ya la oficial del
territorio? Es una gran equivocación que la protección y el fomento
de un idioma se realicen en detrimento de otro. Una parte de la
clase política catalana no ha comprendido aún que marginar el
español no enriquece a Cataluña, sino que la empobrece y la limita
en un mundo donde nuestra lengua es la segunda más hablada y su
futuro resulta inmejorable.
El objetivo, por tanto, de un Gobierno responsable no puede ser en
modo alguno favorecer el catalán con iniciativas que alimentan
tensiones y desencuentros como la que pretende convertir a cada
persona de Cataluña en un delator o un espía de su vecino o su
conocido. Es una muy mala noticia para la comunidad, para sus gentes
y para la libertad y traslada al resto de España y al mundo una
imagen falsa de un territorio que es distinto de lo que los miembros
del tripartito pretenden hacernos creer.
Magia en papel
El ilusionismo de la izquierda abertzale podrá convencer a los más
entusiastas, pero no debe infligir más daño a las víctimas
KEPA AULESTIA El Correo 20 Febrero 2010
Es sorprendente cómo un movimiento que ha girado toda su vida en
torno a la coacción sangrienta que ETA viene ejerciendo sobre el
resto de la sociedad obtiene sus mejores resultados en el manejo de
las palabras con las que consigue enredar, en círculos concéntricos,
a la opinión pública. La perpetuación del poder fáctico siempre ha
dependido de la sabia administración del verbo con el que,
periódicamente, la trama etarra se libera de la presión exterior
mediante la generación de un clima de esperanza en la sociedad y en
la política democráticas.
Hay indicios que apuntan a un proceso de independización de la
izquierda abertzale pública respecto a la de los comandos. Pero
todavía se trata de una conjetura, de una especulación y poco más.
La lectura del documento 'Zutik Euskal Herria' no permite extraer
conclusiones definitivas ni demasiado esperanzadoras, porque su
literalidad coincide con un sinfín de pronunciamientos anteriores.
Todos podríamos hacernos los recién llegados a este 'planeta del
conflicto', y exclamar que por fin se ve luz al final del túnel.
Pero cuando menos debemos preguntarnos a qué distancia se encuentra
esa luz; y sobre todo si es estática, o por el contrario se alejaría
cada vez que tratásemos de aproximarnos a ella. ¿Acaso no es esto
último lo que han demostrado todos los movimientos anteriores en la
izquierda abertzale?
El auténtico cambio no se encuentra en dicho texto, sino en la
precavida distancia con la que esta vez, y después de tantas
decepciones, lo ha leído el conjunto del arco político; con la
excepción de Eusko Alkartasuna, cuyo secretario general se ha
convertido en el privilegiado relator del nuevo ciclo político al
que parece abocada la historia de los vascos.
Hasta hace bien poco la magia de las palabras de la izquierda
abertzale, que el encarcelado Otegi maneja con la habilidad
embaucadora del mejor trilero, acababa atrayendo -o cuando menos
desconcertando- a una clase política ávida de soluciones, y de
soluciones rentables. Pero las palabras de la izquierda abertzale
han perdido ya ese poder de atracción. Ahora su magia se pone a
prueba en cuanto a su eficacia para desarmar ideológicamente a unos
miles de ciudadanos vascos que, durante años, han permanecido
atentos a la próxima convocatoria, fuese cual fuese el carácter de
ésta, callejera o electoral. El cambio consiste en que, por primera
vez, la izquierda abertzale ha sido emplazada a demostrar que la
magia de sus palabras -«el proceso democrático constituye la palanca
para el cambio de ciclo, etc.»- es capaz de modificar la realidad de
la propia izquierda abertzale; de adormecer, persuadir o confundir a
su núcleo más intransigente, y de desarmar como sin querer a la
banda terrorista.
Claro que esas palabras no deberían ser utilizadas para atajar el
camino de la propia reconversión brindando a esos mismos
intransigentes el aura triunfal que por ahora necesitan para
convencerse de que lo que los demás proclaman como derrota
irreversible del terrorismo de ETA es en realidad la constatación de
su ineludible victoria. El ilusionismo de la izquierda abertzale
podrá llegar a convencer a los más entusiastas de que hay un senador
estadounidense, de apellido Mitchell, que ha ideado una fórmula para
desbrozar el conflicto armado que, al parecer, protagonizamos los
vascos.
Pero no puede traspasar la línea de la memoria, infligiendo más daño
moral a quienes tanto han padecido y padecen a causa de la
persecución ideológica y de la extorsión mafiosa. Si hay algún
«ciclo agotado» es el del terror. Y mientras la izquierda abertzale
se resista a reconocerlo explícitamente, estará justificando los
asesinatos cometidos como parte del esfuerzo que habría realizado
para conducir a Euskal Herria hasta esta tierra de promisión que
representaría la apertura de un nuevo ciclo político como
manifestación de su victoria.
Aunque probablemente ni siquiera alcance a pretenderlo. Porque en
este ejercicio de permanente transferencia de responsabilidades
hacia los demás -hacia la sociedad y sus instituciones- la izquierda
abertzale lleva demasiado tiempo eludiendo la verdadera patata
caliente de la colosal mentira que encarna: el futuro inmediato de
esos presos ante los que se muestra formalmente solidaria y, a la
vez, indiferente. La resolución de su debate coral pasa tan de
puntillas por delante de la cuestión, que sólo se refiere a «dar
pasos en la liberación de presos». Hay en estos momentos en torno a
700 personas en prisión por su vinculación con ETA, de las cuales
más de la mitad se encuentra condenada o procesada por causas de
asesinato a veces múltiple.
Los líderes del movimiento por mover a la izquierda abertzale han
concluido que el nuevo ciclo político, unilateralmente inaugurado
por ellos y cuyo diseño han delineado en su particular pizarra, debe
ser presentado sin adherencias incómodas. Ya verán, dicen ellos, si
se pronuncian y cómo se pronuncian en caso de que ETA perpetre algún
atentado. Y la suerte de 'sus' presos no es ya cosa suya, sino del
proceso democrático que unilateralmente han dado por inaugurado. Nos
aproximamos al final de su historia. Dejemos que la acaben de
escribir ellos.
Fermín Guerrero / Comerciante
«Quieren aniquilar el castellano»
Joan Planes La Razón 20 Febrero 2010
Tiene que pagar 1.200 euros por tener carteles de su tienda en
español
Barcelona- Fermín Guerrero es un modesto comerciante que junto a su
mujer posee la tienda «Blau Marí», en el distrito barcelonés de Nou
Barris. Por sólo tres pequeños carteles en castellano, una
inspectora de la Agencia Catalana del Consumo los denunció. La multa
fue de 1.200, aunque ya han presentado un recurso.
–¿Cuál es la historia de su caso?
–Nuestra tienda está cerrada desde mayo de 2009, pero nos cayó la
multa en 2008, antes del verano. Vimos a una chica que estaba
tomando fotografías, y nos dijo que era de la Agencia Catalana de
Consumo.
–¿Qué hicieron ustedes?
–Le preguntamos qué hacía, y nos dijo que quitáramos los carteles en
castellano. Pese a ello, la tienda se llama «Blau Marí», en catalán.
–Y ella los denunció.
–Sí. Nos hizo un parte, en el que ponía que se nos multaba con 1.200
euros y que todo tenía que estar, como mínimo, en catalán.
–¿Lo pagaron?
–No, teníamos muy poco dinero, no podíamos ni pagar la multa ni
gastarnos 3.000 euros para cambiar los carteles. No cambiamos nada.
Pasó tiempo, y parece que una clienta nos volvió a denunciar.
–¿Qué ponía en castellano?
–Sólo tres. Ponían «los hilos no se cambian», «Prohibido fumar» y
«Guantes a un euro».
–¿Qué le parece la política lingüística de la Generalitat?
–Creo que el tripartito parece la Gestapo en este asunto. En nuestro
caso, nunca habíamos tenido ningún tipo de conflicto en la tienda.
Mi mujer nació en Cataluña y es catalanohablante.
–¿Qué objetivos cree que persigue la política lingüística del
tripartito?
–Para mí, quieren aniquilar el castellano, tenemos un grave
conflicto lingüístico.
Aumenta el acoso al castellano en Cataluña
Redaccion www.gaceta.es 20 Febrero 2010
El tripartito catalán prepara el proyecto de ley del Código de
Consumo, según el cual todos los comercios estarán obligados a
rotular en catalán y obliga a los consumidores a actuar como "espías
lingüísticos".
El tripartito catalán prepara el proyecto de ley del Código de
Consumo, según el cual todos los comercios estarán obligados a
rotular en catalán. Si no lo hacen, las multas llegarán hasta los
10.000 euros. La medida además obliga a los consumidores a actuar
como "espías lingüísticos" y denunciar a todos los comercios que no
cumplan esta normativa.
Los comercios catalanes sufrirán aún más los efectos de la crisis
con la nueva medida sancionadora del tripartito catalán. La
Generalitat endurecerá la política lingüística de 1998 con un nuevo
proyecto de la Ley del Código de Consumo.
Según este, todos los comercios estarán obligados a disponer de
carteles, folletos y todo tipo de documentos en catalán. Si no lo
hacen, la multa podría llegar a los 10.000 euros. Hasta ahora, esta
ley permitía multar a los comercios con 3.000 euros.
En la nueva medida, los camareros estarán obligados a hablar a sus
clientes en la lengua que éstos prefieran. Y esto es sólo un
ejemplo. Porque el acoso a los castellanoparlantes no termina aquí.
El nuevo código de consumo obliga a todo consumidor a delatar a los
comerciantes con denuncias. Y así lo dice el uno de sus artículos:
"el medio principal de cooperación es la denuncia". El antiguo
código no obligaba a denunciar cualquier infracción de esta ley,
ahora será necesario. Ya son muchos los comerciantes irritados por
haber sido multados con 1.200 euros por la única razón de no tener
folletos de información en catalán o por tener carteles en
castellano. El Gobierno central no sólo no interviene para evitar
esta medida sancionadora sino que además la apoya y la respeta. El
ministro de Industria, Miguel Sebastián elude las decenas de multas
anuales que tienen que sufrir los comerciantes porque dice, no
quiere invadir las competencias de la Generalitat.
El nuevo Código de Consumo del tripartito endurece el acoso a los
castellanohablantes
Cataluña obliga a delatar a quien no rotule en catalán
Joan Planes La Razón 20 Febrero 2010
Hasta ahora, las denuncias por no rotular en catalán eran un
derecho. Ahora serán una obligación.
Barcelona - El tripartito catalán está ultimando el proyecto de Ley
del Código de Consumo. Tiene la luz verde del Parlamento y contiene
numerosos artículos y cláusulas que permiten las multas a los
comercios que no rotulen en catalán. Todos los documentos,
incluyendo contratos tipo, folletos de información y carteles en las
tiendas, tienen que estar, como mínimo, en este idioma.
LA RAZÓN ha informado puntualmente sobre esta normativa, pero este
diario supo ayer de la existencia de dos artículos que obligan a los
ciudadanos a denunciar a los comercios que no rotulen en catalán.
«Espías lingüísticos»
Concretamente, el artículo 311.5 de esta normativa, titulado
«Cooperación de las personas consumidoras», estipula que éstas
«tienen el derecho y el deber de cooperar, de forma individual o
mediante las organizaciones que las representan, con las
administraciones públicas encargadas de velar por el cumplimiento de
la legislación vigente en materia de protección de las personas
consumidoras».
El segundo punto de este artículo lo deja muy claro. Indica que «el
medio principal de cooperación es la denuncia». Hasta hace poco,
todas las delaciones eran anónimas e iban a parar a la Agencia
Catalana de Consumo, dependiente de la Consejería de Economía. No
obstante, el presidente de la entidad independentista Catalunya
Acció, Santiago Espot, presumió de haber interpuesto 3.000 denuncias
por asuntos lingüísticos. Este «espía lingüístico» se vanaglorió de
estar amparado por la ley.
El artículo 311.6 del nuevo Código de Consumo de Cataluña establece
que «las personas consumidoras, de forma individual o mediante las
organizaciones que las representan tienen el derecho de formular y
presentar denuncias a los organismos administrativos competentes en
materia de consumo».
En definitiva, la Generalitat está endureciendo su política
lingüística. El anterior y aún vigente Código de Consumo catalán no
establece que se deba denunciar cualquier infracción de la Ley de
Política Lingüística catalana. Ahora denunciar no será únicamente un
deber, sino una obligación.
Según las diferentes normativas aprobadas por la Generalitat, cada
vez resulta más caro para los comerciantes no rotular en catalán. El
problema es que la Agencia Catalana de Consumo tiene como objetivo,
casi en exclusiva, a las pequeñas y medianas empresas, sobre todo a
las primeras. Ya son muchos los comerciantes irritados por haber
sido multados con 1.200 euros por el simple motivo de no tener
folletos de información en catalán o por tener carteles en sus
tiendas con la leyenda «todo a 10 euros», por poner un ejemplo.
El origen de la Ley de Política Lingüística data de 1998. Con
mayoría absoluta, CiU la aprobó sin problemas. Con la llegada del
tripartito no sólo no cambió nada, sino que se endureció todo. La
citada normativa no se aplicó hasta 2002, año en el que hubo dos
sanciones. Según datos facilitados por el Parlamento catalán, en
2008 se impusieron 209 multas. Un incremento récord en sólo seis
años. El diputado del Grupo Mixto José Domingo avanzó ayer a este
diario que el próximo miércoles preguntará al tripartito cuántas
sanciones hubo en 2009. Podrían ser más de 300.
El Grupo Mixto y el PP presentaron una enmienda a la totalidad
contra el nuevo Código de Consumo, pero la normativa cuenta con el
apoyo del tripartito y CiU.
Este endurecimiento de la política lingüística ha provocado que, por
primera vez, asociaciones cívicas y partidos formen una plataforma a
favor del bilingüismo. Se llama «Coordinadora por la libertad en
Cataluña» y hace unas semanas hicieron una manifestación contra las
multas lingüísticas.
Las dos normativas polémicas
- La primera ley de la discordia se aprobó en 1998. Está aún vigente
y se llama Ley de Política Lingüística. Fue aprobada por CiU y
seguida sin complejos por el tripartito, especialmente por ERC, que
controla los ámbitos lingüísticos de la Generalitat.
- Hasta ahora, esta ley permitía multar a los comercios con 3.000
euros las infracciones leves, que son no tener carteles en catalán o
no tener folletos de información o contratos tipo en este idioma.
- No obstante, el tripartito ultima ahora la Ley del Código de
Consumo de Cataluña, que permitirá multar con hasta 10.000 euros las
mismas infracciones leves.
- Esta nueva normativa blinda para los consumidores el uso del
catalán e incluso del aranés, pero en todo su articulado no aparecen
las palabras «castellano» o «español».
- Establece que los camareros deben atender a los clientes en el
idioma que éstos quieran.
- Finalmente, incluye, por primera vez en Cataluña, el «deber» de
denunciar a los comercios que incumplan todas estas normativas.
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