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Seis años después, el silencio oficial
EDITORIAL Libertad Digital 12 Marzo 2010
"¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!". Con esas palabras de
Bernarda Alba terminaba la obra de Federico García Lorca. La
pretensión de la protagonista era enterrar un hecho vergonzoso, algo
de lo que no podía sentirse orgullosa y que podía poner en
entredicho el honor de la familia. Por lo que se ha visto durante
este sexto aniversario de la mayor masacre terrorista de nuestra
historia, algo debe avergonzar enormemente a la España oficial, en
vista del nada disimulado esfuerzo por querer pasar página que han
mostrado durante la jornada de ayer tanto políticos como
periodistas.
Así, la ausencia de toda referencia al 11-M en las portadas de buena
parte de la prensa española no deja de ser una consecuencia más o
menos inevitable de su renuncia a la obligación periodística de
intentar averiguar siempre toda la verdad. Una verdad que debería
buscarse aún con más ahínco en lo referido al mayor atentado de
nuestra historia, atentado que además tuvo unas claras consecuencias
políticas que a nadie se le ocultan.
Son precisamente estas consecuencias las que, en buena parte,
podrían explicar que el PSOE no quiera que se hable en exceso de la
masacre. Llegó al poder mediante la manipulación torticera de los
atentados, en unos días donde al parecer no estaba de moda que la
oposición tuviera que "arrimar el hombro" y, por tanto, los
socialistas se vieron en el perfecto derecho de violar la jornada de
reflexión. Pero con ser esto malo, peor es el papel del Gobierno en
la promoción de la cúpula policial responsable, según la versión
oficial, de la negligencia que permitiría a los condenados en el
juicio cometer el atentado pese a la vigilancia a la que estaban
sometidos. Y eso sin hablar de quienes eliminaron pruebas y
participaron en la creación de evidencias falsas como el Skoda
Fabia.
El PP, por su parte, también ha abandonado su apoyo inicial a la
investigación de los atentados, primera y principal víctima de la
táctica de perfil bajo que iniciara tras la derrota de 2008. El
principal partido de la oposición estaba entonces en el Gobierno, y
no parece querer recordar su gestión durante aquellos días, ni
durante las semanas posteriores al atentado, cuando tuvieron lugar
algunos otros hechos importantes, como los de Leganés.
Tanto ánimo hay de ocultar este horrendo crimen que el Gobierno ha
tenido que improvisar un acto en el Congreso de los Diputados ante
el escándalo de saberse que Zapatero no participaría en ninguna
conmemoración del 11-M. Pero hete aquí que durante el mismo se ha
dado a conocer la decisión de borrar esta fecha del calendario,
reservando el 27 de junio como el único día en que se recordará y
homenajeará a las víctimas del terrorismo. No es una fecha
especialmente criticable la del primer atentado mortal de ETA,
aunque podría argumentarse que la fecha lógica para dicha
conmemoración debería ser aquella en que tuvo lugar el mayor
atentado de la historia de España. Pero lo que no parece aceptable
es que se aproveche un acto de recuerdo del 11-M en el Congreso de
los Diputados para anunciar que no volverá a tener lugar ningún otro
en la sede de la soberanía nacional.
Silencio y nada más que silencio parece ser la consigna. La España
oficial parece querer hurtar la memoria, la dignidad y la justicia a
las víctimas del 11-M. Las miserias de nuestras élites vuelven a
atacar a quienes más deberían merecer nuestro respeto y atención.
Libertad Digital, no obstante, nunca se sumará a esta corriente
ahora mayoritaria. Sería renunciar a nuestra esencia.
Un día para no olvidar
Editorial La Razón 12 Marzo 2010
España conmemoró ayer el sexto aniversario de los atentados del 11
de marzo, en los que fueron asesinadas 192 personas y otras 2.000
resultaron heridas. Las principales instituciones del país y la
clase política en pleno, así como distintos colectivos de la
sociedad civil, rindieron diversos homenajes a los afectados por las
explosiones en los trenes madrileños. La jornada sirvió también para
expresar un público reconocimiento a todas las víctimas del
terrorismo en nuestro país. Por primera vez, el Congreso acordó por
unanimidad declarar el 27 de junio como Día de Homenaje a las
Víctimas del Terrorismo. Ese día de 1960, ETA asesinó por primera
vez, concretamente a una niña de 22 meses llamada Begoña Urroz, que
murió calcinada en un coche como consecuencia de un artefacto
explosivo de la banda en la estación de autobuses de San Sebastián.
En democracia los gestos nunca sobran, pero cuando se producen como
un acto de reparación pública a quienes lo dieron todo por la
libertad de los españoles, cobran una trascendencia y un valor
altamente relevantes.
En los últimos años, el Estado de Derecho ha colocado a las víctimas
en el lugar de privilegio que les correspondía después de años de
haberlas mantenido, intencionadamente o no, en un segundo plano. Las
víctimas del terrorismo han dado un ejemplo encomiable de compromiso
en defensa de los derechos fundamentales y en el combate permanente
contra los asesinos y sus cómplices en condiciones difíciles y
complejas. Su autoridad moral y su coraje democrático obligan a la
sociedad y a los poderes públicos no sólo a escuchar sus opiniones,
sino a atender sus necesidades. Desde hace años, una de las
principales reclamaciones ha sido la de que los delitos terroristas
no prescribieran. Hasta hoy, esa petición no había sido atendida y
el agujero legal había permitido que varios crímenes quedaran sin
castigo y que, por tanto, no hubiera justicia para algunas víctimas.
Afortunadamente, la reforma del Código Penal, respaldada por PSOE,
PP y CiU y que el Congreso comenzó a debatir ayer, acabará con ese
espacio de impunidad. Es otra gran victoria de las víctimas.
Los políticos entendieron ayer adecuadamente que las víctimas están
muy por encima de las luchas partidistas y de su rivalidad habitual.
Todos los grupos estuvieron en su sitio, en lo que desearíamos que
fuera su actitud siempre. Que se instrumentalice el dolor y el
sufrimiento sólo retrata la bajeza del que lo hace, sea político o,
incluso, víctima. Que se haga además en una jornada como la del
aniversario del 11-M, como ocurrió con una soflama desafortunada,
únicamente degrada al responsable.
El 27 de junio será una jornada especial. Lo era hasta hoy para la
familia de Begoña Urroz, y lo era por extensión para el conjunto de
las víctimas. La sociedad española tiene el deber de la memoria, la
reparación y la justicia hacia un colectivo imprescindible para
preservar la dignidad del Estado de Derecho. El final del terrorismo
sólo llegará cuando las víctimas lo sientan realmente, y eso sólo
será posible con la derrota inapelable, sin atajos negociadores, de
los terroristas.
11-M
De la desilusión
Agapito Maestre Libertad Digital 12 Marzo 2010
La conmemoración del 11-M pone en evidencia la crisis del sistema.
Todo ha sido caos y dispersión por parte de los políticos. Buscan el
olvido. Las víctimas han ido por un lado, mientras que los políticos
intentan diluir el acontecimiento en retóricas vacías. Pero, antes
de nada, es menester recordar qué nos trajo exactamente el 11-M: un
cambio de Gobierno. También afectó decisivamente a la transformación
del régimen político. Y, por supuesto, nadie debería sustraerse a
repensar la principal conclusión surgida de ese acontecimiento
trágico: fue un golpe de Estado. El golpe de Estado perfecto es, sin
duda alguna, el que menos se nota. El golpe de Estado es psicológico
o no es. Fue psicológico el 23-F, y también lo fue el 11-M. El
sistema político quedó noqueado. La salud mental y política de los
españoles aún no se ha recuperado.
La ciudadanía española sigue trastornada por la dureza del golpe.
Desde entonces hasta hoy, a pesar de las consignas "pacifistas" del
régimen de Zapatero, todo es desilusión, deriva y engaño. O peor,
autoengaño. La casta política es tan frívola que saca pecho, y cree
que tiene todo en sus manos. Necios. También a ella le pasará
factura este trauma. Pobres. Los miembros de la casta siguen
felices, haciendo como que no pasa nada. Son piruetas de distracción
para que nadie exija democracia. Destacan, en estos obscenos juegos
de simulación, Bono, que cree que engaña a las víctimas con sus
ridículas soflamas, y Zapatero, que incluso pasa de las víctimas con
una dejadez propia de dictadorzuelo caribeño.
De acuerdo, de momento ellos están salvándose, pero no será por
mucho tiempo; para empezar estos ocupas de las instituciones,
incluidos los burócratas que controlan los partidos, empiezan a ser
percibidos como un peligro público. Miren las encuestas y
comprobarán su descenso de popularidad. Ellos insisten en
"administrar" su poder, o sea, procuran decirnos a cada momento qué
es y qué no es la "democracia", pero el personal los desprecia, e
incluso comienza a ponerlos como los primeros responsables de la
crisis económica. ¡Quizá por aquí, ojalá, el personal empiece a
pedirle responsabilidades a la casta por su silencio ante la
investigación del 11-M! Pero mientras que de la fatalidad no surja
un poco de libertad, tenemos la obligación moral de ser realistas.
Repitamos lo obvio: nadie sabe nada sobre el 11-M, excepto que
sirvió para que llegara Zapatero al poder y, de paso, eliminó
cualquier atisbo de una oposición política fuerte y contundente con
el socialismo en el poder.
Respecto a los medios de comunicación tampoco da para mucho la cosa:
la mayoría traga con la versión oficial y, en el sexto aniversario
del atentado, las portadas de la mayoría de los periódicos ya no
recogen la conmemoración del 11-M con el respeto que merece tal
acontecimiento. Son los mismos medios que han tratado de ocultar lo
inocultable, de olvidar lo inolvidable. Serán, en fin, los
principales cómplices que tendrán Zapatero y Bono para borrar,
definitivamente, la conmemoración del 11-M, porque no se atreverán a
criticar la fechoría de pasar la fecha del 11-M al 27 de junio. ¡Se
necesita tener cara!
En todo caso, puede que el gentío pase del 11-M, quizá la chusma no
quiere saber quién se cargó la democracia, e incluso habrá millones
de votantes que estén satisfechos con Zapatero, pero nada de eso nos
impedirá levantar acta de lo obvio: el sistema político está muerto.
No ilusiona a nadie. La convivencia política está en cuestión, entre
otros motivos, porque la representación política es peor que
defectuosa, falsa; la organización territorial del Estado ha matado
a la nación; y, finalmente, la Justicia está sumida en el caos.
Hoy por hoy, a la vista del fracaso de la sexta conmemoración del
11-M, todo es desilusión.
11-M
Otro mundo (peor) es posible
Cristina Losada Libertad Digital 12 Marzo 2010
Seis años es tiempo. Pero la historia se repite. El Congreso celebra
un homenaje a las víctimas del 11-M y, justo antes, fija el 27 de
junio como Día de las Víctimas del Terrorismo. En aquella fecha, en
1960, ETA asesinó a una niña. Bienvenida sea la decisión tardía.
Aunque así se le reste trascendencia al mayor atentado de nuestra
historia. El que marcaría un antes y después. Por vez primera, de
forma significativa, se culpó de un acto terrorista al Gobierno. No
sé por qué lo digo en pasado. Ahí está Pilar Manjón, cuyo hijo murió
en los trenes, descargando su dolor contra Aznar y Aguirre y unos
"señores de la guerra con las manos manchadas de petróleo". ¡Todavía
el petróleo! Qué resistencia a la realidad y en qué poco se tiene a
los iraquíes, que acaban de ir a las urnas masivamente.
Ya lo predijo Oriana Fallaci. Tras glosar la unidad y la
determinación de los norteamericanos frente a los atentados del
2001, escribió que si Europa se viera sometida a una prueba similar,
el Gobierno hubiera culpado a la oposición y la oposición al
Gobierno. Pero creo que no previó el derrumbe moral de la sociedad.
Quizás no conocía bien España. Para mejor conocerla, el CSIC acaba
de difundir un estudio sobre los 70.000 mensajes depositados en los
altares que se improvisaron en las estaciones de Atocha, El Pozo y
Santa Eugenia. La palabra "paz" era la más repetida y, entre los
lemas, descollaba "otro mundo es posible". En síntesis, la expresión
de la huida.
El informe destaca diferencias. Mientras en Nueva York abundaron los
mensajes patrióticos y de unidad "basada en el miedo al terrorismo",
en Madrid primaron los "positivos, pidiendo paz y la construcción de
un mundo mejor". Tengo para mí que los neoyorquinos también
vislumbraron que otro mundo era posible. Uno mucho peor. Uno donde
se mata a los infieles, rige la sharia, se lapida a las mujeres y se
cuelga a los homosexuales. Y que, por ese motivo, se unieron para
defender su mundo, el que solíamos llamar civilización. Una actitud
que, según el criterio del CSIC, sería negativa y mero fruto del
temor. Pues si matan a cientos o miles de compatriotas, lo valeroso
y constructivo es izar la bandera blanca, soltar unas palomas y
dejarse de provocar a los agresores. Ah, y correr las cortinas. Así
nos ha ido.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
La crisis del 11-M
Editorial ABC 12 Marzo 2010
LOS atentados del 11 de marzo de 2004 siguen dolorosamente vivos en
la memoria de las víctimas y sus familias, y también en la sociedad
española. No puede ser de otra manera, porque la magnitud de aquella
masacre aún hoy sigue siendo inconcebible. Las secuelas físicas y
psíquicas de los heridos y la destrucción de muchas familias son el
testimonio vivo de la extrema crueldad de un grupo de fanáticos
criminales que, por desgracia, lograron todos sus objetivos. Toda
mirada atrás debe servir para aprender de la experiencia y no
repetir errores en el futuro. Porque en el 11-M, entendido como esos
fatídicos días que transcurrieron desde el atentado hasta las
elecciones generales del día 14, España se rompió como sociedad
política. Los terroristas consiguieron todos sus objetivos.
Lograron, por supuesto, la matanza más brutal cometida en suelo
europeo. Cambiaron el más que probable resultado electoral.
Rompieron los puentes entre los principales partidos políticos y
dieron paso a un período de crispación y revanchismo. Incluso en la
actualidad aún se puede temer que muchas heridas sólo hayan
cicatrizado superficialmente. Mientras que el 11-S unió, el 11-M
rompió, porque, además de un atentado, fue una crisis nacional.
Por eso hay que recordar el 11-M sin falsos sentimentalismos, sin
concesiones a la prosa fácil, porque la democracia sufrió entonces
sus peores jornadas. Aquel acto terrorista -y no una determinada
política antiterrorista- fue obscenamente manipulado contra el
Gobierno del PP, tachado de mentiroso por afirmar que había sido ETA
la autora del atentado. Entonces sí que faltó, y mucho, la lealtad
de la oposición para derrotar a los terroristas. Pero éstos ganaron
también la apuesta estratégica de dividir a los españoles y de
propiciar la derrota del PP. El PSOE ganó esas elecciones
legítimamente con sus votos. Esto es indiscutible. A partir de
entonces, los siguientes cuatro años de vida política en España
fueron el escenario de las consecuencias de aquel atentado:
marginación antidemocrática del Partido Popular, negociación
política con ETA -con todo lo que exigía de intromisión en la
Justicia-, ostracismo de las víctimas de esta banda terrorista,
política exterior tercermundista.
Hoy pueden recordarse aquellos atentados porque los costes de su
manipulación han pasado factura y sus efectos políticos provocaron
una crisis que todavía perdura, agravada por los intentos del
Gobierno de fracturar una sociedad ya de por sí dividida.
Europa desde América
ANTONIO GARRIGUES WALKER, Jurista. ABC 12 Marzo 2010
Vuelvo de un viaje a Nueva York con dos reflexiones principales:
-La primera puede resumirse así. América ya no soporta la crisis. No
la desconoce porque no puede hacerlo. Es demasiado real y está
demasiado presente. Pero le harta y hasta le humilla seguir hablando
del tema. Quiere pasar página ya. No más tarde de ya. Es un país que
mira permanentemente al futuro entre otras cosas porque es joven,
tremendamente joven y, sobre todo, porque tiene una sociedad civil
especialmente dinámica y eficaz. No le interesa ni le divierte -como
tanto nos gusta en Europa- darle vueltas políticas e intelectuales
al origen de la crisis, ni a los auténticos culpables de la misma,
ni a valorar de mil formas sus consecuencias visibles e invisibles.
No se plantea, desde luego, llevar a efecto cambios radicales, ni
tolera, en modo alguno, pesimismos sobre su capacidad para superar
la situación. Tienen el convencimiento -que comparto- de que, a
pesar de ser el gran culpable de la crisis, son el único país del
mundo que está en condiciones de recuperar, incluso a corto plazo,
la vitalidad del sistema y, con ello, el crecimiento económico
sostenido.
-La segunda reflexión tiene que ver con la pérdida de prestigio que
está acumulando Europa en los EE.UU., tanto en los medios de
comunicación como en los ambientes empresariales. Nuestra imagen es
cada vez más negativa. Los recientes artículos en el Financial
Times, en The Wall Street Journal y en la revista Time aluden al
«increíble hundimiento de Europa», a la «crisis absoluta de ideas»,
a la creciente e irreversible «descoordinación de políticas» en
todos los órdenes y especialmente en el terreno económico y en el de
la acción exterior, con lo cual su papel en el mundo se hace cada
vez más irrelevante. La incapacidad para ofrecer una sola posición,
para tener una sola voz, es, nos dicen, penosa e injustificable. El
papel de Europa en la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático
fue -para varios comentaristas- un ejemplo más, y no el más
importante, de nuestra insignificancia política.
Estas dos reflexiones deben hacernos reaccionar. La relación entre
Europa y los Estados Unidos tiene que convertirse en el tema
esencial, e incluso prioritario, de la política exterior europea, y
España, que ha asumido la Presidencia, debe concentrar sus esfuerzos
en evitar que este proceso de distanciamiento se haga irreversible.
Y no va a ser tarea fácil.
Los europeístas clásicos no son conscientes del riesgo. Piensan que
Europa, a pesar de todas las dificultades, sigue avanzando y
progresando correctamente en sus objetivos fundamentales y no les
inquieta ni la lentitud paquidérmica del movimiento ni la
aceleración de acontecimientos en el resto del mundo, ni las nuevas
circunstancias y realidades. Se resisten a aceptar la verdadera
situación europea que puede resumirse en los siguientes puntos:
-Una natalidad en decadencia (España sigue encabezando esta lista)
que, a pesar de la inmigración, está produciendo un envejecimiento
de la población, que a su vez reduce inevitablemente la vitalidad y
el dinamismo de la sociedad. Ese no es el caso de los EE.UU. que
mantiene el índice de 2.1 hijos por mujer.
-Una inmigración poco controlada y asumida, generadora de conflictos
sociales crecientes que necesita de políticas de integración
costosas y difíciles de diseñar.
-Sectores públicos, en general sobredimensionados, que, en varios
países, en vez de decrecer, aumentan en número y en incompetencia y
que reducen gravemente el ámbito del mercado.
-Un eje director y decisivo franco-alemán que, aunque parezca unido
en algunas situaciones excepcionales, sigue manteniendo
discrepancias en muchas áreas y defendiendo prioridades distintas de
acuerdo con los intereses respectivos.
-Una Gran Bretaña que nunca acabará de decidir su integración plena
en Europa y que conservará su mercado de capitales, su moneda y su
relación privilegiada con los EE.UU. y con la Commonwealth.
-Unos nacionalismos intensos que generan deplorables políticas
defensivas en forma de excepciones tanto culturales como económicas
y sociológicas.
-Un mercado que está muy lejos de ser un mercado único tanto por el
peso del sector público como por las políticas proteccionistas,
directas e indirectas, visibles e invisibles.
-Una política agraria cada vez más absurda y más indefendible.
-Una incapacidad absoluta para poner en marcha políticas comunes en
temas básicos como defensa, política exterior e inmigración.
-Un antiamericanismo a varios niveles que hace que el diálogo no
tenga la naturalidad y la sinceridad que se requiere.
-Un cansancio histórico profundo y un grave descenso de los niveles
éticos.
Europa tiene sin duda muchos valores positivos y una fuerza
potencial enorme, pero tendrá que darse cuenta en algún momento de
que su futuro está en peligro y salir del conformismo y la
resignación en los que parece instalada. Estamos viviendo, desde
hace tiempo, y a escala global, una guerra económica -y por lo tanto
una guerra de poder- en la que participan como actores principales
tres bloques de países: los que componen el eje del Pacífico (China,
Japón e India, principal pero no exclusivamente); el continente
norteamericano, fundamentalmente USA, pero con la importante
sinergia que aportan Canadá y México; y los 27 países que de momento
conforman la Unión Europea que seguirá creciendo hasta agotar la
cantera. Nuestra situación, entre una potencia claramente superior
como es la norteamericana y unos países asiáticos que están
desarrollándose con unos índices de crecimiento espectaculares tanto
en lo económico como en lo científico, lo tecnológico e incluso lo
cultural, es una situación dramática. Si hubiera que apostar a
ganador poca gente lo haría por una Europa que no parece dispuesta a
recuperar el realismo, el vigor moral y la capacidad de acción que
se necesitan para salir de este largo y profundo letargo.
Lo inquietante de esta situación es que los procesos de decadencia
-como demuestra la historia- no se detectan con facilidad. Los
signos inequívocos de la inmersión en estos procesos sólo se hacen
visibles en un momento muy avanzado porque este género de decadencia
tiene unas fases placenteras que van adormeciendo, confundiendo y
debilitando el ánimo. De la «pax romana» y luego «europea», hemos
pasado -y allí estaremos algún tiempo- a la «pax americana» y quizás
más tarde a la «pax asiática», con lo cual la agenda del Pacífico
superará con mucho -ya lo está haciendo en varias áreas sensibles- a
la agenda Atlántica. No tiene que pasar eso de forma necesaria. Pero
¿cómo despertamos a tiempo a la bella durmiente?
¿Español o castellano? ¿Cómo se llama
nuestra lengua?
JUAN JULIO ALFAYA Periodista Digital 12 Marzo 2010
Ramón Ribes escribe en el Diario de Córdoba:
Hace algunos meses, estando en la cola de la oficina de Correos de
Santa Rosa, pregunté al funcionario el motivo del retraso que se
estaba acumulando. El buen señor me contestó que el problema era que
estaba tratando de enviar un paquete a San Sebastián y que esta
ciudad no aparecía en su listado. Le propuse que buscase Donosti y
se pudo solucionar el problema volviendo la cola a su ritmo normal.
En el listado de marras aparecía «Donosti/San Sebastián»,
«Iruña/Pamplona», «Gasteiz/Vitoria», «Lleida/Lérida», «A Coruña/La
Coruña», etc., porque en un alarde de corrección política autonómica
alguien había dado prioridad a los nombres de estas ciudades en sus
respectivas lenguas vernáculas autonómicas.
Creo que la anécdota refleja lo surrealista de la situación e
imagino a miles de funcionarios españoles apuntando los equivalentes
en gallego, catalán y vascuence de cientos de ciudades y pueblos
porque al que hizo la lista no se le ocurrió pensar que hubiera sido
más operativo escribir primero su nombre en español y después su
nombre en el resto de lenguas oficiales del Estado.
Vaya por delante el mayor de los respetos por el catalán, el gallego
y el vascuence y mi más firme apoyo a su enseñanza y difusión en sus
respectivas comunidades autónomas. Pero ese grado máximo de respeto
es el que creo que debe exigirse para el español. El español no
puede, bajo ningún concepto, ser un idioma perseguido en parte
alguna del territorio nacional.
Uno de los elementos vertebradores de un país es tener un idioma
común. Estados Unidos es un país entre otras cosas porque sus
habitantes hablan el mismo idioma. Unos hipotéticos Estados Unidos
de Europa son impensables por la multiplicidad de idiomas del viejo
continente.
¿Por qué fuera de España se le llama a nuestra lengua «español»
mientras que en nuestro país está mejor visto, sobre todo en
determinadas comunidades autónomas, decir «castellano»?
Aunque la Real Academia de la Lengua los considera sinónimos,
muestra preferencia por el término «español» frente al vocablo
«castellano».
El «Spanish», con mayúsculas, es como se denomina en inglés a la
lengua de los españoles y los hispanoamericanos. El término
«Castillian», es virtualmente inexistente para referirse a nuestro
idioma y cuando se utiliza ha de acompañarse de «español»
—Castillian Spanish— para que se entienda referido a un idioma y no
al habitante de Castilla.
Me resisto a pensar que el idioma en el que se habla en Ubrique, en
Puerto del Rosario, en Melilla, en Gijón, en Calatayud o en Cieza
por ejemplo sea el castellano. No hay ninguna duda de que los
habitantes de las localidades antes mencionadas hablan diferentes
variantes del español. El término «castellano» debería ser reservado
para denominar la variante del español hablada en Castilla- León y
en Castilla La Mancha.
Denominar «castellano» a una lengua, el español, de 500 millones de
hablantes, en un vano intento de ponerla, dentro de nuestro
territorio, en plano de igualdad con el gallego, el catalán o el
vascuence es, como mínimo, una inexactitud porque no todos los
españoles somos castellanos.
Utilizar traducción simultánea para las cuatro lenguas oficiales del
Estado en el Senado me parece demasiado. Ver a políticos que en la
cafetería del Senado suelen departir informalmente en español
escuchándose el uno al otro con la ayuda de la traducción no es de
recibo.
La normalización lingüística ha supuesto, entre otras cosas, una
barrera de entrada en tres comunidades autónomas para el resto de
ciudadanos españoles y para ciudadanos procedentes de otros países.
Los profesionales españoles que no quieren que sus hijos sean
educados en otra lengua distinta del español --y el inglés como
segunda lengua-- no suelen aceptar ofertas en estas comunidades
autónomas. Muchos profesionales extranjeros de alta cualificación al
conocer que uno de los activos fundamentales de venir a trabajar a
España, aprender español, está en entredicho, declinan la oferta
laboral. Muchos amigos españoles y extranjeros han rechazado ofertas
laborales, por lo demás, muy interesantes en Galicia, Cataluña y
País Vasco fundamentalmente por la imposición de sus lenguas
cooficiales en la educación de sus hijos.
Los idiomas, en definitiva, deben ser elementos integradores y, en
ningún caso, suponer barreras de entrada y fuentes de conflictos
entre los habitantes de un determinado territorio.
Ramón Ribes
http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=1293
¿Libertad de elección?
Laura Martí Semanal Digital 12 Marzo 2010
Me llega la noticia de que la fundación Unidad y diversidad ha
puesto un requerimiento notarial a don Mariano Rajoy. Al principio
me quedé un tanto asombrada ya que con la que está cayendo esto no
pasa de ser toda una ocurrencia; pero al cabo me puse a reflexionar.
La verdad es que motivos no faltan para denunciar asuntos que son
trascendentales. La política del PP en materia lingüística no es
especialmente transparente ni sincera, pues, como bien dice la nota
de prensa, propugna la libertad de elección de los padres en el
ámbito nacional mientras que en el autonómico —que es donde ejerce
responsabilidades de gobierno, además estando las competencias de
educación transferidas— se apunta a políticas de corte nacionalista
imponiendo a la comunidad educativa —que no meramente fomentando— el
uso de las lenguas vernáculas.
Por otra parte, Rajoy no ha sido lo suficientemente firme con
Galicia y Valencia, permitiendo que se gobiernen por sus respectivos
presidentes como auténticos reinos de taifas al margen, muchas
veces, del programa electoral del PP nacional. Y en Valencia,
concretamente, la falta de disciplina interna ha propiciado muchos
escándalos que dañan la imagen del PP como partido honrado y eficaz.
Ya puesto por qué no ponerle un requerimiento para derogar la Ley
del Aborto. No me ha gustado nada la tibieza de Mariano Rajoy a la
hora de definirse en este tema, muy al contrario que Esperanza
Aguirre, Ana Pastor, Mayor Oreja e incluso Gallardón, que han sido
valientes y coherentes con lo que esperan sus electores.
Política exterior
España en la inopia
Florentino Portero Libertad Digital 12 Marzo 2010
Es estas últimas semanas se ha hablado mucho, y de hecho se sigue
hablando, del desastroso estado en que se encuentra nuestra política
exterior. Tanto en medios vinculados al mundo liberal-conservador
como en aquellos otros que se encuentran en la órbita socialista
esta afirmación se ha convertido en un lugar común. Parece que hay
un acuerdo muy amplio a la hora de considerar como incompetente,
sectaria e inmoral la labor del tándem formado por Zapatero y
Moratinos. Un acuerdo que se mantiene a la hora de valorar los
costes que en el medio y largo plazo tendrán para España. Cuando
Rafael Bardají y un servidor escribimos al alimón un breve texto
publicado por FAES titulado La España menguante, al poco de comenzar
la primera legislatura del PSOE renovado, estábamos describiendo una
realidad que resultaba evidente a los ojos de un profesional. Para
muchos resultó una ocurrencia más o menos brillante para hacer
legítima oposición... pero no era el caso.
Tras seis años de Gobierno Zapatero, la situación es más grave de lo
que parece. No sólo nuestra diplomacia ha abandonado la defensa de
los intereses de Estado, actúa desde la inmoralidad, es incompetente
hasta para hacer el mal y, a fin de cuentas, nos ha abocado a la
irrelevancia. Además, y no es poco, ha interrumpido un proceso
histórico por el que los españoles estábamos, poco a poco, entrando
en los grandes debates de nuestro tiempo. La combinación de gestión
zapateril de los asuntos externos y auge de la taifa está empujando
a nuestra sociedad a un renovado localismo, no tengo inconveniente
en decir paletismo, que vuelve a dar la espalda a esos grandes temas
que no sólo van a marcar nuestras vidas en los próximos años sino
también las de nuestros hijos. De la mano de un Gobierno
irresponsable y de una clase política ávida de recursos y empleos
hemos entrado en un mátrix tan cutre como estéril, que nos permite
vivir de espaldas a la realidad confiados en que todo se encuentra
bajo control. Pero no es así. No sólo nuestras pensiones están en
peligro.
Valgan algunos breves ejemplos para aclarar lo que trato de
denunciar. En estos momentos está en marcha una negociación en el
seno de la Alianza Atlántica para establecer sus líneas maestras.
Hasta la fecha está siendo un desastre, hasta el punto de que la
diplomacia norteamericana ha empezado a marcar distancias. El fin
del "vínculo transatlántico" es un hecho. Su trascendencia histórica
es evidente... sin embargo nuestros medios de comunicación viven de
espaldas a este debate, así como las infinitas tertulias que tratan
de ordenar, o de enredar, el debate público. Sin una Alianza
Atlántica en sentido estricto habría que suponer la emergencia de un
dispositivo de seguridad europeo, más aún ahora que ya disponemos
del tan anhelado Tratado de Lisboa. Sin embargo, no es así. Logrado
el dichoso texto, los grandes se ocuparon de nombrar a dos
personajes irrelevantes para los puestos de responsabilidad,
garantizándose así su autonomía. No estamos ante una fase de avance
en la convergencia europea sino, bien al contrario, en un momento de
renacionalización de las políticas exterior, de seguridad y defensa
de las grandes potencias. ¿Estamos debatiendo este tema en nuestros
foros públicos? ¿Hemos valorado en qué medida afecta a nuestros
intereses nacionales? El mundo está viviendo un cambio formidable en
el ámbito de la política internacional y los españoles ni nos
estamos enterando, ni estamos analizando las distintas posiciones,
ni parece preocuparnos cómo nos puede influir. Lo nuestro es la
inopia, ese dulce estado de indigencia intelectual y moral tan
característico de los estados de decadencia.
Contacte con Florentino Portero
La consulta catalana
Editorial ABC 12 Marzo 2010
EL Parlamento de Cataluña ha aprobado la ley que permite a la
Generalitat convocar referendos en el ámbito de esta comunidad
autónoma. La ley, que desarrolla el Estatuto de Autonomía de 2006
-durmiente en el Tribunal Constitucional- salió adelante con los
votos de los tres partidos del Gobierno presidido por Montilla y con
la oposición de PP y Ciudadanos, que recelan justificadamente de la
constitucionalidad y de las intenciones ocultas de esta reforma; y
de CiU, para el que la nueva ley se queda corta. Es cierto que la
potestad de convocar referendos en Cataluña por la Generalitat está
condicionada a la autorización previa del Estado, que es lo previsto
literalmente por la Constitución en el artículo 149. Pero también lo
es que nada suele ser lo que parece cuando la iniciativa cuenta con
el respaldo de un gobierno cuya apuesta por el soberanismo es
constante. De hecho, Esquerra Republicana de Catalunya ha apoyado
con entusiasmo esta nueva ley porque la considera un primer paso
para la futura creación del Estado catalán. Es el mismo
planteamiento que el nacionalismo ha aplicado al Estatuto de 2006,
como una estación de paso y no de término en su proceso de
reivindicación. La parodia de consultas por la autodeterminación
montada en los últimos meses por los nacionalistas es un síntoma de
lo que se pretende. Tras esta ley no hay lealtad constitucional,
sino un sentido táctico para ir ganándole terreno al propio Estado.
La oposición de PP y Ciudadanos está justificada, por tanto, en la
propia experiencia soberanista del tripartito y en la falta de
garantías de que su utilización no revertirá en contra del Estado.
La reserva de estos referendos a las materias atribuidas a la
Generalitat no es suficiente en el medida en que el Estatuto
atribuye a Cataluña competencias que inciden directamente en la
organización y los intereses generales del Estado (financiación,
Poder Judicial). Por tanto, hace falta una definición urgente del TC
sobre la constitucionalidad del Estatuto, que es la percha legal de
esta nueva ley de consultas, porque sólo esa sentencia permitirá una
valoración de conjunto sobre el desarrollo estatutario que está
ampliándose día tras día, haciendo más difícil un fallo de
inconstitucionalidad.
******************* Sección "bilingüe"
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Rosa Díez
El nido de la serpiente
Antonio Robles Libertad Digital 12 Marzo 2010
Me ha sorprendido la indignación política que ha provocado el
fanatismo de un grupo de universitarios contra Rosa Díez. Una rara
mezcla de alegría y decepción. Alegría porque el mal pierde la
inmunidad mediática, y decepción, porque el cáncer dio muchos avisos
y ahora ya sólo resta la cirugía.
La policía está para garantizar el orden democrático, y dos de los
más importantes son el derecho al libre pensamiento y a la libertad
de expresión. En la universidad también, o sobre todo en ella. Y si
los nacionalistas lo impiden a la fuerza, a la fuerza habrán de ser
reducidos. Por las fuerzas policiales, sí, por supuesto, si no hay
otra salida. Pero los responsables políticos y las autoridades
académicas hace muchos años que dejaron el espacio a la
autosuficiencia del pensamiento excluyente de los nacionalistas. De
hecho, eran ellos mismos, son ellos mismos en su mayoría, quienes
infectaron la universidad de ideas dogmáticas, confundidos,
legitimados por la pasión que les producía creer en ellas.
Confundieron su ideología con el sistema democrático, confundieron
aquello en lo que creían con las normas de las que nos servimos como
sistema para garantizar el juego democrático. Es la mezcla nefasta
de la ignorancia con la pasión de la creencia. De ella nace el
fanatismo, ese hijo de la autosuficiencia moral que te hace inmune a
la mala conciencia o a la duda.
No es la primera vez. De hecho, la exclusión nacionalista es la
normalidad en las universidades catalanas. No siempre, sólo cuando
arriban a ellas personas o ideas no metabolizables por la verdad de
nuestra época: la verdad nacionalista, el catalanismo, la lengua
única, la nació catalana.
Son muchos ya los linchamientos sufridos, casi todos ocultados a los
medios, del estilo del padecido por Rosa Díez en la Universidad
Autónoma de Barcelona el pasado 5 de marzo de 2010. Alguno de ellos,
más violentas aún, como el que cita Carlos Martínez Gorriarán en su
blog, acaecido en 1999. Publiqué en El Periódico de Catalunya un
relato sobre él. Me lo permitieron porque su propio corresponsal
recibió indiscriminadamente huevos, pintura y puñetazos. ¡Estaban
tan indignados por haber sido agredidos también ellos! ¡Ellos! ¡Qué
despropósito! ¡Es que ya no distinguen!, deberían pensar. Lo mismo
que hicieron el viernes en la Autónoma con el decano de la Facultad
de Ciencias Políticas, Salvador Cardús, otro de los suyos, un
maestro de la cosa que un buen día se da cuenta de que los cachorros
han crecido y ya no se avienen a razones. Pobre hombre, juro que lo
intentó sinceramente, soy testigo; quiso e hizo lo imposible por que
se diera la conferencia. Pero se olvidó que la palabra, la sola
palabra no es suficiente contra el fanatismo.
Son ideas tan generales hoy en la sociedad catalana, están tan
difuminadas en los comportamientos, que han acabado por no darse
cuenta de su existencia. Forman parte del paisaje y no ven lo
evidente: el fascismo de baja intensidad, el fascismo postmoderno.
Todo lo justifica la voluntad de "ser" y el odio a España. Es el
relato de un tiempo infame donde los malos están legitimados por el
sistema y la mayoría silenciosa no es inocente. Porque se callan,
porque consienten. Prefieren el buen rollo, adaptarse al paisaje,
pasar desapercibidos, contemporanizar, y lo justifican: "No hay que
darles gasolina", dicen los muy intelectuales de pacotilla.
Mientras, los responsables directos de la universidad, como el
decano Salvador Cardús, a quien sólo le queda el recurso a la
violencia legítima del Estado que los mozos de escuadra le
garantizarían, optan por intentar convencer a la excluida de que por
su seguridad sería mejor suspender el acto. "He sido invitada por
esta universidad para dar una conferencia, y no me iré sin darla".
"No puedo garantizarte la seguridad" –le argumenta compungido–,
"debemos suspender el acto". "Si no puedes garantizar la seguridad,
es preciso que se visualice la intolerancia. No podemos permitir que
ocupen el espacio público, porque si los demócratas lo abandonamos
por prevención, se hacen dueños de él, y yo no estoy dispuesta a
permitirlo, y tú tampoco lo deberías permitir, nadie lo deberíamos
permitir".
Conversación intensa y tensa en el despacho del Decano. Y de pronto,
Quin Molins, profesor de la facultad de políticas y responsable de
la organización de la conferencia, con determinación, casi rompiendo
el aire a gritos, alzó la voz: "No puedes permitir que se suspenda
la libertad de expresión una sola vez, porque si se suspende una, se
suspenden todas". Y le cantó las cuarenta al Decano. Este sí que le
cantó las cuarenta, al Decano y al Titular infame de El Público: "La
universidad canta las cuarenta a Rosa Díez". Manera concisa y
obscena de resumir la condescendencia con los violentos; porque en
el fondo, en este caso también en la forma, el titular fue un
descerebrado más de los muchos que esa mañana mancillaron a la
inteligencia en la catedral de la razón.
No he querido hacer el relato de los acontecimientos porque
afortunadamente, esta vez sí, se han publicado muchos. Pero no
dejaré de señalar un detalle significativo, casi ridículo. Cuando
estábamos atrapados, literalmente prensados y sin escapatoria
posible por una horda de jóvenes energúmenos a la entrada del salón
de actos, ocurrió algo que me desconcertó: uno de los jóvenes más
violentos que impedía el paso a la representante del pueblo, se
revolvió histérico en aquella vorágine de gritos y presiones contra
uno de los guardaespaldas de Rosa quejándose de que le contuviera
sus empujones. Fue revelador. Era un niñato, como cualquier
adolescente consentido incapaz de responsabilizarse de sus actos,
pero exigiendo garantías a sus derechos democráticos de forma
histriónica. Era kafkiano: quienes estábamos siendo agredidos,
impedidos, maltratados, humillados y escupidos éramos señalados con
histerismo apelando a las garantías democráticas por quien las
estaba conculcando todas. Imposible describir la sensación de asco
ante tanta inconsistencia moral, ante tanta falta de ética de la
responsabilidad, ante tanta ignorancia y ceguera mental. A su lado,
barrando el paso, habían colocado a varias jóvenes, todas chicas con
cara de pijas del independentismo, acogiéndose al insoportable
machismo de utilizarlas para que fueran la muralla que nadie podría
abrir sin dañar los derechos de la mujer. Hasta ese infantil
terrorismo de baja intensidad utilizaron para impedir el paso de
Rosa al estrado desde donde debía impartir la conferencia.
Rodeados por la horda, sólo la valentía de tantos compañeros que
rodearon a Rosa con la determinación de quien está defendiendo la
misma libertad, me congratuló con el ser humano. Y también gritaban.
Sentí una y otra vez a Primi a mi espalda gritarles fascistas sin
miedo, a Vicent Flores aguantar con la camisa rota en la peor
situación, a Julio Villacorta, a Carlos Gorriarán, a Manel Gil, a
Paco Pimentel, a Román, a Mayka, a Nacho Prendes... y a varios mozos
de escuadras de paisano que rodearon a Rosa sin estar. Porque no
estaban, porque no podían estar, porque la universidad no admite
policías. ¿Por qué creen que salió Rosa aseada del intento?
Hay una generación maltratada por el franquismo que aún cree que la
policía es la enemiga de la libertad, sin darse cuenta de que sin
orden los violentos camparían por sus respetos.
Feijóo oirá a los padres para fijar la
lengua de las troncales
El presidente de la Xunta no aclara si la elección de las familias
será vinculante
S. OTERO | A CORUÑA La Opinión 12 Marzo 2010
Los padres opinarán sobre el idioma en que se impartan las materias
troncales. En la cuenta atrás para la presentación del texto
definitivo del decreto de la lengua, tras incorporar cambios
derivados de cientos de alegaciones presentadas, el presidente de la
Xunta, Alberto Núñez Feijóo, despejó ayer una de las muchas
incógnitas que faltan por desvelar.
"Se escuchará la opinión de los padres en las asignaturas
troncales", garantizó el máximo mandatario gallego, aunque no aclaró
si la decisión de las familias será orientativa o vinculante. En el
documento inicial presentado en diciembre la Xunta había incorporado
una de las promesas electorales del presidente: "la libertad de los
padres a decidir la lengua en que estudien los hijos".
Según el primer borrador, en Primaria los padres elegirían el idioma
de una de estas asignaturas: Coñecemento do Medio o Matemáticas
(ambas troncales). En Secundaria decidirían el idioma de dos:
Matemáticas y Ciencias Sociales (también troncales). En el resto de
materias se les consultaría a través de los consellos escolares. La
pregunta, todavía sin respuesta, sigue en la mesa: ¿Puede la opinión
de los progenitores ser vinculante?.
Modificaciones
Feijóo avanzó ayer que el borrador del plurilingüismo, que aún tiene
que pasar el examen de la asesoría xurídica de la Xunta, será
remitido "en los próximos días y, desde luego, este mes" al Consello
Escolar. Fuentes próximas al Gobierno gallego, que no descartan que
se presente el texto mañana, avanzan que el nuevo decreto mantendrá
que los alumnos hablen y escriban en clase en la lengua que deseen,
pese a las alegaciones presentadas para garantizar la competencia
plena en los dos idiomas cooficiales.
El reparto equilibrado de las materias en gallego y castellano y la
incorporación paulatina del inglés, suavizando los tres tercios
planteados en el borrador, se incorporará al nuevo texto.
La Administración es consciente de que urge su aprobación para que
la industria editorial pueda preparar los libros de texto y los
claustros puedan programarse de cara al próximo curso, en el que el
decreto entrará en vigor.
La muerte de la perdiz
Nota del Editor 12 Marzo 2010
Núñez sigue intentando marear la perdiz, pero la
pobre ha muerto, lo mismo que las esperanzas de los que le votaron
pensando que tenía alguna intención de perdonar la vida al idioma
español, de permitir que los español hablantes pudieran ser
ciudadanos normales, no sujetos a normalizar mediante la inyección
del virus de la lengua regional, inventada tomando un poco de aquí y
otro poco de allí, siempre que no se parezca al español.
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