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Todavía estamos a tiempo
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 20 Marzo 2010
Todavía estamos a tiempo de que la crisis no se convierta en
desastre para España, pero estamos en el último cuarto de hora para
evitarlo. Si seguimos cerrando los ojos a la realidad y poniéndole
meros parches, el desastre es inevitable. Quiero decir que nos
convertiremos en otra Grecia, pese a las diferencias entre ambos
países. Ya han oído a Ángela Merkel: «Los países que no ajusten sus
cuentas deberían salir del euro.» ¿Estamos ajustando las nuestras?
No. Y les pongo dos ejemplos:
La otra mañana, en no recuerdo qué tertulia, un oyente de Sevilla
expuso su situación: «Trabajaba en una empresa que cerró -dijo-, por
lo que tuve que aceptar un trabajo donde gano menos de la mitad que
antes. Mientras, mis ex compañeros están en el paro, cobrando más
que yo. Cuando les veo de charla al volver del trabajo, me pregunto
si no sería mejor que el próximo mes me apuntase también al paro.»
Cuando conté esta anécdota a un vecino, ante mi sorpresa me
respondió: «A mi hermana le ha pasado algo parecido. Tenía un buen
empleo hasta que la despidieron. Buscó otra cosa, pero todo lo que
le ofrecieron era con sueldos muy inferiores, por lo que ha decidido
apuntarse, desde el paro, a un curso de capacitación, hasta que
encuentre algo mejor.»
Un país no puede funcionar así. Pero es como viene funcionando
España desde que se inició la crisis, hace ya más de dos años. Y así
nos va. Con un dispararse astronómico del déficit y del paro. La
única medida efectiva que ha tomado el Gobierno ante ella es ésa:
ayudar a los que van quedándose sin trabajo y esperar a que los
demás países se recuperen, para que tiren de nosotros. Pero medidas
auténticas, ajustes serios, correcciones reales de las taras de
nuestra economía, no se ven por ningún sitio. Lo que es una fórmula
segura para el suicidio económico.
Esta no es una crisis como las demás. Ni siquiera es una crisis
económica. Es una crisis de valores, una crisis social, una crisis
individual y colectiva, basada en el autoengaño. No se puede ganar
cada vez más trabajando cada vez menos. No se puede premiar al que
está en paro ni al que se jubila prematuramente, ni al mal
estudiante, ni al que más se endeuda, y penalizar al que más
trabaja, al que más estudia, al que más ahorra. No se puede estar
jubilando a gente con cincuenta y pocos años, ni tener uno de los
índices de fracaso escolar mayores de Europa, ni más «puentes» que
nadie, ni que el presupuesto de festejos sea uno de los mayores en
ayuntamientos, autonomías e incluso Estado, ni que se pueda faltar
al trabajo un par de días con la simple excusa de «no sentirse
bien», ni pasar curso con tres o cuatro asignaturas pendientes, so
pena de acabar, como estamos acabando, en el pelotón de los torpes.
No se puede, en fin, presumir y actuar como ricos, mundo adelante,
como he visto tanto a delegaciones oficiales como a individuos, por
la sencilla razón de que no lo somos. España no es un país rico,
pese a lo que nos han dicho nuestros políticos, y hemos terminado
por creérnoslo. La riqueza de un país viene de sus riquezas
naturales o del trabajo de sus habitantes.
Nuestra única riqueza natural es el sol, el turismo. Pero el turismo
depende de la coyuntura económica, que hoy es mala, aparte de tener
cada vez más competidores. En cuanto al esfuerzo, sí, hubo épocas en
que los españoles trabajamos mucho, incluso teníamos varios empleos.
Pero últimamente, más que a trabajar, nos dedicamos a disfrutar, lo
que no es un pecado. Siempre que se lo haya ganado uno antes. Donde
está precisamente nuestro fallo. La riqueza de nuestros padres venía
de lo que ahorraban, de lo que no gastaban de sus sueldos. La
riqueza actual viene justo de lo contrario: de endeudarse. De
comprarse un piso, sin tener dinero, naturalmente, y dejar que el
piso se revaluase solo, como si fuera una hucha de cemento, hasta
hacernos millonarios. Y eso no fue lo peor. Lo peor fue que los
bancos que nos habían dado esas hipotecas las «empaquetaban» como
productos financieros de primera calidad y las colocaban en Bolsa
como si tuvieran detrás un valor real. Cuando lo que tenían eran
miles de hipotecas a pagar a veinte o treinta años, de gentes que
dependían de su sueldo. Es decir, que las pagarían o no, según
mantuviesen o no su empleo. Aunque, eso sí, los banqueros que nos
habían concedido esas hipotecas se cobraban ya ahora sus suculentas
primas como si se tratase de dinero contante y sonante. En realidad,
se trataba de una estafa tipo «pirámide» a escala mundial y con
permiso estatal. El pecado de Madoff fue hacerlo por su cuenta ... y
riesgo de los demás. Cuando la «pirámide» se vino abajo, descubrimos
lo que suele descubrirse en estos casos: que en vez de tener
millones, lo que teníamos eran deudas. Todos sin excepción. Deudas
que hay que pagar.
Bancos y Cajas de Ahorro españoles deben devolver 412.000 millones
de euros de aquí a agosto de 2012, mientras el Estado debe devolver
a plazo más corto 120.000 millones. La deuda de las Autonomías
alcanzó el año pasado los 82.000 millones, y la de los particulares
es una cifra aún por cuantificar. ¿Cómo se financiará esa deuda
teniendo en cuenta que el superávit de que tanto presumíamos se ha
volatilizado en un abrir y cerrar de ojos? Pues emitiendo más deuda.
¿Nos la comprarán o sólo la conseguiremos a intereses mayores, por
el riesgo que significa para ellos, y la mayor carga correspondiente
para nosotros, lo que traería un retraso de la recuperación? Es la
pregunta del millón, o millones, que tiene como respuesta: dependerá
de la credibilidad que ofrezca el plan de ajuste del Gobierno.
Y el Banco Central Europeo acaba de criticar el actual plan por
«insuficiente», el propio Almunia considera que las previsiones del
Gobierno «pecan de optimistas» y la agencia S&P rebaja la
calificación de la banca española. Pero el Gobierno sigue poniendo
paños calientes a la crisis, en vez de recortar todos los gastos que
no sean imprescindibles e imponer un severo plan de austeridad a las
administraciones central, autonómica, municipal e incluso privada,
como le piden todos los expertos nacionales e internacionales. Teme
más los daños políticos que los económicos, piensa más en las
próximas elecciones andaluzas que en el déficit y acusa al PP de «no
tirar del carro», sin aceptar sus principales propuestas, lo que no
es forma de buscar una colaboración. Algo así como si siguiera
pidiéndole respaldo para continuar el diálogo con ETA, después de
que ésta hubiera vuelto a asesinar. ¿Busca hacerle cómplice de las
duras medidas de ajuste o, simplemente, convertirlo en culpable del
desastre que se nos viene encima por no colaborar? Con esta gente
que todo lo confunde y nada hace a derechas, es imposible saberlo.
Lo único que sabemos es que estamos a mediados de marzo y seguimos
discutiendo sobre la naturaleza de la crisis y sobre sus formas de
afrontarla, como las liebres sobre los perros perseguidores.
¿Cuáles son las perspectivas? Santiago Niño Becerra, catedrático de
Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, que
en 2006 predijo la «crisis de 2010» sin que nadie le tuviera en
consideración, hace hoy el presente diagnóstico: «La crisis
estallará a partir del próximo verano, cuando la capacidad de
endeudamiento español llegará al máximo.» ¿Y entonces? «Entonces el
Gobierno legalizará la marihuana para tranquilizar a la población.»
Esto último, naturalmente, es una broma. Pero lo primero va
completamente en serio. Los planes económicos del Gobierno no son
mucho más que opiáceos. Nos queda hasta el verano para cambiar. Y
para disfrutar, si uno tiene nervios para ello.
La hora de la verdad
Vicente García-Hinojal www.gaceta.es 20 Marzo 2010
Señor Zapatero, salga a la calle a ver la economía real de esta
España empobrecida
Superada la etapa de negación de la crisis, de las afirmaciones de
la fortaleza de nuestra economía, del persistente daltonismo del
florecimiento de brotes verdes, verdes como la albahaca, cual
advenimiento de una nueva primavera para nuestro sistema económico,
la inteligencia que nos desgobierna y arrastra al abismo, sigue
lanzando globos sonda. Y, todo ello, sin tomar medidas, porque no
creo que se puedan considerar como tales la Ley de Economía
Sumergible; digo, Sostenible, ni que sea solución para nada.
Y qué decir de la genial idea de crear la comisión Zurbano,
siguiendo la máxima, por todos conocida, de “cuando no quieras hacer
nada, crea una comisión”. El problema es que, mientras esto ocurre,
el tiempo pasa y corre en contra de España, ya que en lo económico
no se hace nada y la única receta adoptada no se ha sabido explicar
a los sectores de la producción y el trabajo. Me estoy refiriendo a
la prolongación de la edad de jubilación, medida necesaria si es que
queremos cobrar algo los actuales cotizantes, pero que habrá que
modular en cuanto a sus efectos y modo de aplicación, ya que no para
todos los trabajos debe corresponder una misma edad y modo de
jubilación.
Sin embargo, en el debate social surgido con gran contestación,
incluso de los domesticados sindicatos, nadie se ha planteado por
qué ahora corren peligro nuestras pensiones, por qué la sólida caja
de la Seguridad Social se tambalea. La causa es evidente, mala
gestión y destinar dicha caja a fines distintos de los debidos, ya
que cabría preguntarse, por ejemplo: ¿de dónde ha salido tanto
subsidio indiscriminado?; ¿tanta gente con cobertura sin cotización?
Y ya se sabe lo que les sucede a los fondos de donde sólo se saca y
no se mete dinero. Pero claro, en España no pasa nada y, encima,
nuestros gobernantes tienen la poca vergüenza de penalizar pensiones
elevadas que fueron cotizadas durante toda una amplia vida laboral
por ser “insolidarias”.
Me niego a creer que estemos gobernados por un afectado y sí por
alguien que sabe muy bien lo que quiere, que, aparentemente, no es
otra cosa que hundir España, romper su unidad, destrozar su
economía, atentar contra la vida más desprotegida, dialogar con
asesinos. En suma, medidas que conducen a la cubanización de España;
ya se sabe, la clase política adicta viviendo muy bien y el resto
trampeando con el subsidio que dicha casta quiera darnos.
Basta ya, señor Zapatero, de perder el tiempo en medidas vacuas, en
negar lo evidente, en adoctrinar en el engaño mediante los medios
adeptos, teniendo en cuenta que el modelo productivo de un país no
se cambia por decreto, sino que requiere tiempo y actuaciones –de
todo tipo– adecuadas a dicho fin. Concéntrese en salvar lo poco que
queda. Ya vio que después de demonizar a los promotores y del afán
por reventar la burbuja inmobiliaria, causantes de todos los males
–según ustedes–, una vez logrado, no se ha detenido la sangría del
paro, y la destrucción de pymes y tejido industrial es imparable. La
prevista subida del IVA y de la imposición directa va a hundirnos
más si cabe, en el fango; y la solución mágica de la rehabilitación
en el sector de la construcción es hambre para hoy y miseria para
mañana, además de no conducir a ningún escenario generador de
riqueza. Eso sí, será necesaria para que no se nos caigan encima el
parque inmobiliario y esqueletos de edificios sin vender. Parece que
hemos olvidado que a esta situación se ha llegado, entre otras
causas, por la codicia de la banca y de las entidades de crédito que
conculcaron sistemáticamente la ley del mercado hipotecario en los
préstamos, y con la aquiescencia de las autoridades monetarias, así
como por la codicia de ayuntamientos, diputaciones, comunidades
autónomas y del Estado, que creyeron encontrar en la construcción
una fuente inagotable de ingresos.
Si los gobernantes no gestionan, no suprimen ministerios y no se
controla el derroche, no saldremos de ésta.
Señor Zapatero, salga a la calle, vea la economía real de esta
empobrecida España, pero no se haga a la idea de que todo en
adelante va a ser un camino de rosas para usted y el resto de
gobernantes, porque llega la hora de exigir responsabilidades. A
esta situación no hemos llegado por el devenir natural de las
circunstancias, sino por mala gestión, desidia, ignorancia e
incompetencia, o quizá todo obedezca a un siniestro plan –conocido
sólo por los iniciados– en el que ha metido a todo un país,
alterando y traicionando el sentir mayoritario expresado libremente
en las urnas, que no entiende de cierto tipo de pactos y
componendas.
Me gustaría recordarle, señor Zapatero, un axioma de Churchill que
dice que la nación que quiera prosperar a base de impuestos es como
un hombre sentado en un cubo que intenta desplazarse tirando del
asa. Creo que este teorema se estudiaba en la tercera clase del
curso a distancia y acelerado de economía al que usted nunca
asistió.
*Vicente García-Hinojal es jurista.
¿Qué pasa con los políticos?
YURI MOREJÓN RAMÍREZ DE OCÁRIZ El Correo 20 Marzo 2010
POLITÓLOGO Y ASESOR DE COMUNICACION PÚBLICA Y POLÍTICA
Ni todos los políticos son políticos, ni todos viven de la política.
Ni todos los políticos son iguales. Pero todos son objeto de
críticas. Cuando la clase política es percibida y considerada como
uno de los principales problemas de nuestra democracia, algo no
funciona. Quizás haya llegado el momento de cambiar.
A la gente sí le interesa la política. Los precios de los alimentos,
la dificultad para acceder a una vivienda digna o para encontrar un
trabajo son razones más que suficientes. Sin embargo, no ve a los
políticos como la solución, sino como parte del problema. ¿Qué es
entonces lo que está fallando?
Las encuestas destacan que existe una falta de proximidad hacia los
problemas e inquietudes de los ciudadanos. Con demasiada frecuencia
los temas que interesan a los partidos no coinciden con las
prioridades y preocupaciones ciudadanas. ¿Realmente hablan para los
ciudadanos o para sus adversarios políticos? La gente se siente
entonces ajena al juego político y muy poco representada. Pierde la
motivación, también la paciencia, y acto seguido la confianza. Y así
pocos políticos pasan del aprobado.
No es lo que haces, sino lo que la gente percibe que haces. Si el
mensaje se pierde por el camino existe una falla en la comunicación
hacia los ciudadanos. Los políticos abusan de las afirmaciones, no
siempre argumentan y rara vez evidencian. Se les achaca que abusan
de un mensaje difuso, poco claro. Incoherente con lo que piensan y
prometen. Visiblemente improvisado y, en definitiva, desconcertante
y muy poco convincente. Muchos políticos lo saben. Quieren controlar
tanto lo que dicen que en lo posible evitan pasar sus intervenciones
por el filtro de los periodistas. ¿Resultado? No sólo no responden
con claridad a lo que les preguntan, sino que en los últimos tiempos
muchos se limitan a comparecer ante los medios sin aceptar preguntas
por parte de los reporteros. Error.
Todo ello acrecienta la falta de credibilidad de los políticos. A la
clásica crítica de 'los políticos no cumplen sus promesas' se le
unen también la incapacidad para lograr grandes acuerdos en los
principales problemas del país, sus continuos enfrentamientos por
asuntos más políticos que reales, y sonados casos de corrupción. Si
todo esto lo enmarcamos en un contexto de grave crisis económica
como el actual, resulta más fácil saber por qué en muchas sociedades
la clase política es considerada parte del problema.
El resultado es que los políticos despiertan poca o ninguna
confianza entre sus ciudadanos. Los emergentes discursos populistas
son su consecuencia directa. Este desinterés, desencanto y
desafección hacia los políticos -que no ha dejado de crecer en los
últimos años- ha hecho disminuir el voto más fiel a los partidos. La
participación se ha convertido en todo un reto y las elecciones, en
un escenario cada vez más impredecible.
Las campañas electorales también han cambiado. Un público diverso
que requiere lenguajes, tonos y formatos diversos. Más innovación y
creatividad. Estrategias más personalizadas en el candidato. En su
mensaje. La fuerza de Internet, de las nuevas tecnologías, de los
inmigrantes como público decisivo. El poder de la imagen. La
potencia de un relato atractivo. La profesionalización de la
comunicación política, en definitiva. Y, sobre todo, algo
determinante: el voto no se decide en los 15 días de campaña.
A los políticos ya no les basta con hacerlo bien -con gestionar bien
un gobierno, con plantear las reformas necesarias-, ahora los
tiempos requieren también que sepan comunicarlo. Resultar más
claros, más cercanos, más seguros, más atractivos, más creíbles?en
resumen, más confiables les ayudará a que les conozcan más, les
entiendan mejor y les quieran (voten) más. Por una razón muy
sencilla: de la misma manera que sin confianza no hay trato, no hay
amistad, no hay amor?sin confianza tampoco hay voto.
Pero?¿cómo solucionar esto? Los políticos necesitan comunicar para
convencer. Pero para convencer es preciso conectar. No es una
cuestión de carisma, sino de humildad. Mayor proximidad, naturalidad
y convicción. Menos promesas y más compromisos. Más gestión, más
motivación, más inspiración. Reconocer errores. Saber aprender,
rectificar, empatizar, emocionar(se), sonreír?para romper barreras,
para mostrarse humanos. Lo son, qué duda cabe, pero en política no
basta con ser. También hay que parecer.
En los partidos sobra cálculo político y falta tacto comunicativo.
No son técnicas de márketing, ni siquiera de publicidad. Tampoco
mejores relaciones con la prensa, sino comunicación en sentido
amplio. La estrategia, los tiempos, el mensaje, los medios, la
imagen, los públicos, la escenografía, la investigación sociológica.
Los partidos invierten la mayor parte del tiempo en el mensaje (qué
decimos), cuando la forma (cómo, a quién y cuándo lo decimos) y la
imagen (cómo nos presentamos) son más determinantes en el primer
impacto, el recuerdo y la valoración de los ciudadanos.
Y es que la política no va de razones, sino de emociones. No hay que
olvidarlo. Sobre todo en situaciones de crisis, en las que la gente
no busca argumentos, sino sentimientos: liderazgo, determinación,
empatía, confianza?Por eso la aprobación de los líderes no depende
tanto de los resultados que se logran como del esfuerzo que se
percibe al afrontar una situación de crisis. La clave pasa por una
buena gestión comunicativa. No basta con dar solución y respaldo a
los ciudadanos, sino que además hay que saber comunicarlo. Tienen
que percibirlo. Y sin comunicación es imposible.
No es, sin embargo, una cuestión de dejar hablar. Ni de votar, ni de
dejar elegir. Ni siquiera de escuchar. Lo verdaderamente importante,
el reto real de los políticos, es que los ciudadanos se sientan
escuchados. Que es bien distinto a todo lo anterior.
Desembarco electoralista
Editorial La Razón 20 Marzo 2010
Las últimas encuestas de intención de voto sorprendieron con el
anuncio de un vuelco político en Andalucía, feudo intocable
socialista desde hace más de 30 años.
En las últimas tres décadas el centro-derecha nunca tuvo tan cerca
como ahora la victoria en una comunidad autónoma tradicionalmente
esquiva y principal granero de votos para el PSOE a nivel nacional.
Las razones para esta suerte de catarsis electoral son varias, pero
han resultado fundamental los demoledores efectos de la recesión
sobre una región con demasiados problemas por la gestión socialista.
El Gobierno ha entendido la trascendencia para su futuro de taponar
la sangría de apoyos en una comunidad clave en las elecciones
generales. Sin una mayoría de votos andaluces, el triunfo será casi
misión imposible. Todo lo que ha sucedido en los últimos días y
horas en Andalucía no puede ser, por tanto, interpretado fuera de
este contexto político.
El insólito Consejo de Ministros de ayer en Sevilla –el segundo en
34 años–, los acuerdos adoptados y la escenografía que ha rodeado el
encuentro, con la ciudad engalanada de carteles como si la reunión
del Gobierno de España fuera un mitin del PSOE y no un acto
institucional, son expresiones de electoralismo a costa del erario
público. Que el Gobierno lo negara ayer era casi una obligación,
pero los hechos hablan por sí solos. Además de la Ley de Economía
Sostenible, el Ejecutivo aprobó destinar unos 200 millones de euros
para paliar los daños causados por los recientes temporales en la
comunidad autónoma, casi la mitad de lo que se repartirán todas las
regiones afectadas; anunció el acuerdo para la liquidación
definitiva de la denominada «deuda histórica», que supondrá otros
784 millones de euros, fundamentalmente, eso sí, en solares y
activos, y decidió, además, reducir de 35 a 20 el número mínimo de
jornadas reales cotizadas, es decir, peonadas, necesarias para
acceder al subsidio por desempleo y a la renta agraria o, lo que es
igual, el PER.
Andalucía necesita ayudas, desde luego, para paliar las
consecuencias del temporal, pero, más allá de eso, lo que demanda
con urgencia es trabajo y una política económica que estimule la
actividad y que no lo resigne todo al subsidio. El resultado de tres
décadas de socialismo, de PER, de fraudes, de clientelismo ha sido
una comunidad que está a la cabeza del paro en Europa con registros
dramáticos. Según las estimaciones para 2010, casi uno de cada tres
andaluces no tendrá trabajo.
El porcentaje se dispara en el paro juvenil: uno de cada dos chicos
entre 16 y 25 años estará en el paro. Esta radiografía del empleo
supone empobrecimiento y atraso, por no hablar del alto índice de
fracaso escolar en esa comunidad. La Administración del PSOE es, por
tanto, responsable de una situación crítica que no puede
reconducirse con propaganda, gestos partidistas y la irrupción del
Gobierno en el territorio para repartir millones. Más que planes de
choque para recuperar votos con dinero de todos, Andalucía necesita
con urgencia un plan de choque para recuperar la economía, con
reformas que solventen los problemas estructurales enquistados
durante estas tres décadas.
Educación para la revolución
Burdas técnicas de propaganda para los escolares.
Editorial www.gaceta.es 20 Marzo 2010
Si Akal no distribuyera sus manuales de Educación para la Ciudadanía
entre escolares de 2º y 4º de la ESO de ocho comunidades autónomas,
LA GACETA no habría publicado ni una línea sobre sus burdas viñetas.
Pero la libertad de expresión acaba donde empiezan la libertad de
los padres a elegir educación para sus hijos y el derecho a no ser
discriminado por razones religiosas. Y ahí está el problema.
La editorial Akal arremete contra los valores occidentales, la
Iglesia, el libre mercado y la familia. Pero su propietario, Ramón
Acal, que ridiculiza el capitalismo, disfruta de un chalé de 384
metros cuadrados. Y mientras en unas viñetas satiriza al Papa, edita
libros sobre el islam o la espiritualidad china. No sabemos si se ha
enterado de que está en España, donde el Estado no debe romper la
neutralidad ideológica y menos para inculcar consignas a
adolescentes.
Además despide un aroma sectario y partidista: presenta a la
derecha, como la caverna, (“derecha precivilizada”) y al “socialismo
como la única esperanza que tiene la humanidad para frenar el
capitalismo”. Efectivamente cabe calificar estos manuales de
“material de apoyo”, pero para el partido en el Gobierno. Hábil
utilización de las aulas para hacer propaganda electoral,
troquelando cabecitas de futuros votantes.
Los autores de los manuales, marxistas declarados, satirizan al
enemigo hasta la caricatura. Una táctica que recuerda a las de la
izquierda revolucionaria, que trasladaba a la conciencia colectiva
que los objetos de su burla no eran personas y ciudadanos, sino
elementos perjudiciales para el progreso, esa utopía permanente a la
que aspira la izquierda más radical. La estrategia es tan vieja como
la revolución, y a veces se diría que son simples plagios de tantos
fanzines subversivos que se han editado a lo largo de la historia:
curas hipócritas y gordos que mueven a risa, señores con chistera y
puro que esclavizan al proletariado, en fin, los mismos
estereotipos, las mismas caricaturas editadas a millones en el siglo
pasado. Pero además de proselitismo, las viñetas de Akal también
consiguen hacer ricos a unos pocos. Y es que, aunque todavía les
queda su admirada Cuba, los gurús progres hace tiempo que asumieron
con entusiasmo la cara más simpática del capitalismo, la que les
permite construir sus mansiones y dar un paseo en yate. Cebrián,
Roures, Contreras o, a otro nivel, Ramón Acal, con su chalecito...
todos pertenecen a ese soviet supremo de la pasta, especialistas en
hacerse ricos con contratos públicos y concesiones administrativas.
La izquierda caviar ve muy natural el cómodo disfrute de lujos y
prebendas, porque ellos no se equiparan con el pueblo cubano, sino
con sus dirigentes, a los que no les falta de nada. Intelectualmente
aún viven al otro lado del Muro, y en privado, probablemente, a sus
palacetes les llaman dachas.
En los libros de Akal, en los que se ataca a los ricos
presentándolos como malvados explotadores, debieran guardar un
espacio para explicar las excepciones. Por ejemplo, debieran quedar
a salvo de su diatriba los que han hecho fortuna expandiendo el odio
hacia los valores cristianos, o los que se forraron con contratos
gubernamentales, o los magnates de la corrupción, o los de la ceja,
que también tienen paletadas de dinero gracias a películas que no ve
nadie pero que pagamos todos... o, en fin, a lo mejor les resulta
más lógico dejar en paz sus exclusivas urbanizaciones y atacar a la
clase media, que es a la que de verdad aborrecen.
Círculos de corrupción
Quien «mete la mano en el cajón» no es un cleptómano, sino una
persona confiada en el poder delegado que ejerce y en la complicidad
con las estructuras del partido
KEPA AULESTIA El Correo 20 Marzo 2010
La obligada dimisión del diputado foral alavés Alfredo de Miguel
tras verse implicado en presuntos delitos de cohecho, blanqueo de
capitales y tráfico de influencias junto a otras siete personas
-algunas de ellas significadas también por su pertenencia al PNV-
constituye una respuesta excepcional si la comparamos con la inmensa
mayoría de los casos de corrupción comisionista, ante los que los
cargos públicos imputados y sus respectivos partidos tienden a
escudarse en la presunción de inocencia para eludir cualquier tipo
de responsabilidad política. El diputado general, Xabier Agirre, y
el PNV no necesitaron conocer el contenido de ninguna resolución
judicial para concluir que la prudencia aconsejaba distanciarse de
los detenidos. Una reacción más pronta que la que ese mismo partido
mostró ante el escándalo de la Hacienda de Irún o ante los problemas
de Jon Jáuregui con el fisco guipuzcoano. Como si, con el paso del
tiempo, la responsabilidad política empezase a hacerse compatible
con la presunción de inocencia, siquiera por precaución.
Algo semejante ocurrió con la llamada 'operación Pretoria', cuando
el PSC y CiU optaron por lavarse las manos tras la detención del
alcalde socialista de Santa Coloma y dos ex dirigentes convergentes.
Se trata de un patrón de respuesta nuevo, sin duda vinculado a la
constatación de que hay partidos más propensos a sufrir las
consecuencias electorales de la corrupción. Y no sería aventurado
suponer que, actualmente, el PNV es uno de ellos. Lo ocurrido en
Guipúzcoa así lo indicaría. El malestar hierve en los partidos
cuando descubren que algunos de los suyos se han podido lucrar
ilícitamente gracias a la confianza depositada en ellos. Pero, como
ocurriera en el 'caso Pretoria', también los jeltzales han tenido el
cuidado de atenuar su indignación y su pesar con gestos de cautelosa
indulgencia hacia los encausados.
La indignación tuvo una expresión muy elocuente en las palabras del
diputado general de izcaya, José Luis Bilbao, cuando dijo que «si
alguien mete o intenta meter la mano al cajón, hay que cerrar el
cajón con la mano dentro». Una vez descubierto, el comisionista
aparece como una mezcla de infiltrado y de traidor, de trepa ajeno a
la autenticidad del partido, de ser extraño a la insobornable
honestidad de los demás integrantes de la formación. Es el caso de
Roldán ahora en libertad, del propio Correa y de los hermanos Bravo
en el PNV. Los que hasta ayer eran de los nuestros nunca lo fueron
en realidad. Pero antes de proceder a su expulsión moral, el partido
mantiene alguna resistencia a admitir que sean ciertas las
acusaciones o que los hechos revistan tanta gravedad.
Es el reflejo de una mala conciencia acallada por parte de quienes
en su fuero interno saben que los casos de corrupción no son efecto
de una falla en el sistema partidario, sino consecuencia de los
excesos del propio sistema. Porque hay otra corrupción política que
no está tipificada como tal, por la que el partido tiende a
apropiarse al máximo de las áreas de influencia que dependen del
poder institucional que ostenta. Algo que se refleja especialmente
en el largo listado de afiliados previos o sobrevenidos, incluso de
leales a una determinada familia partidaria, que nutren con su
talento un número siempre creciente de puestos de designación, hasta
desparramarse por el conjunto de la administración de que se trate.
Aunque la adscripción ideológica y partidaria es privativa del
ciudadano, podríamos desplegar el organigrama de la Diputación de
Vizcaya y de las sociedades creadas a su alrededor para cerciorarnos
hasta dónde alcanza la partitocratización de la función pública
foral. Hace poco, un ex consejero socialista de Sanidad, José Manuel
Freire, advirtió de que «no se puede elegir al director de un
hospital por su carné político». Pero esto es algo tan generalizado
en el conjunto de las administraciones que la ciudadanía, y los
propios funcionarios, acaban asumiendo con naturalidad que hay una
extensa 'ciudad prohibida' a los no afiliados. Es esa la ciudad a la
que acuden los corruptores.
La corrupción que resaltan con mayúsculas las primeras páginas de
los periódicos, y a la que las televisiones añaden imágenes
inculpatorias por sí mismas, es una derivada de esa corrupción con
minúsculas. Quien se atreve a «meter la mano en el cajón» no es
precisamente un cleptómano temerario. Más bien se trata de una
persona confiada en el poder delegado que ejerce, en la complicidad
que mantiene con las estructuras del partido, incluso en la
dependencia que éste puede sentir respecto a su buen hacer, a su
carisma electoral o a sus habilidades de conseguidor.
La corrupción con mayúsculas es el reflejo de una enajenación
política de fondo, que llega a creer que el poder es eterno y que
sus actividades están aseguradas por la impunidad, por la
imposibilidad práctica de que el partido sospeche, y por la
dificultad que la Justicia encontraría a la hora de buscar pruebas.
Antes de que el corrupto se atreva a exigir comisiones a cambio de
contratos o licencias tiene que sentirse poderoso como parte activa
y protegida de la expansión sin límites del círculo de influencias
del partido/institución.
JOSÉ GARCÍA ABAD, AUTOR DE 'EL MAQUIAVELO DE LEÓN'
"Puede sacar otro conejo de la chistera.
Pero si cae, no regresará"
El periodista José García Abad traza el retrato del presidente
Zapatero
CHELO APARICIO Estrella Digital 20 Marzo 2010
José García Abad, periodista y escritor, es consciente de la bomba
que ha colocado con la publicación de su libro El Maquiavelo de
León, en el que hace un retrato desapasionado del presidente del
Gobierno, a través de los comentarios de los que en un tiempo, al
menos, fueron íntimos colaboradores y otros compañeros de partido.
El libro ha ido más allá de la mera novedad editorial y ha movido
los cimientos de buena parte de los corrillos políticos. Se dice que
Zapatero se ha visto ante el espejo, y que no está contento. Pero
García Abad, confeso periodista de izquierdas (aunque no de carnet),
muy crítico con los gobiernos de José María Aznar, reconoce haberse
acercado sin obstáculos al personaje con la garantía de ser "de los
suyos". Como director de la revista El Siglo, ya había escrito su
hipótesis sobre el epidérmico ideario político de Zapatero, pero
asegura que examinó a su personaje como "un entomólogo", con la sana
intención de descartarla. Parece un cazador de presidentes, si se
tienen en cuenta algunas de sus obras. Adolfo Suárez, una tragedia
griega, Las mil caras de Felipe González, escritas después de que
los protagonistas abandonaran la Moncloa. Ahora ha hecho un salto
mortal: pintar el retrato de un presidente activo, y sortear los
múltiples silencios o las medias palabras de quienes le rodean. En
pocas semanas se han agotado las primeras ediciones y dice que no ha
recibido ninguna crítica de sus fuentes por el resultado, aunque no
descarta, según dice entre bromas, que su imagen esté alfilereada en
algún lugar de Moncloa. García Abad es un analista político y
expresa sus reflexiones. No excluye que Zapatero "saque otro conejo
de la chistera" en estos dos últimos años y dé la vuelta a la
situación de desafección que atraviesa. Pero si cae, asegura, "caerá
definitivamente". No será para regresar.
Escribir un libro de un presidente en activo tiene sus riesgos. Se
supone una mayor dificultad para glosar su personalidad...
Es la primera vez que me he atrevido con uno 'vivo'... En este caso,
yo creía que había que hacer algo, que después de seis años de
Gobierno de Zapatero, la gente empezaba a darse cuenta de que a lo
mejor no era como nos había parecido, y que merecía la pena hacer
una investigación para saber cómo era realmente. A mí me parece, por
lo menos, intrigante. Entonces me puse a ello, hablando con su
gente, ministros, ex ministros, gente con la que ha trabajado,
amigos suyos, especialmente los que se ha traído de León. En todos
los casos, gente que le conoce bien.
Háblenos de las dificultades. Seguramente no ha sido fácil romper el
silencio de gentes atrincheradas en un personaje que, al fin y al
cabo, consiguió el triunfo del PSOE tras años de derrotas...
Eso es... Ante ZP hay una actitud en cierto modo ambigua. Porque por
un lado le agradecen que les haya llevado al poder cuando el partido
no lo esperaba, pero por otro lado se tienen que someter a un
acatamiento de lo que él decide, sin que se sientan implicados como
en otras épocas de la historia socialista. Se quejan algunos de
estar ante un acto de fe. Es eso del "fiaros de mí", que dice
Zapatero, "fiaros de mí, que yo os dije que iba a ganar las
elecciones, y ninguno os lo creíais, que ganaríamos Galicia y
estámos (estábamos) allí"... De tal forma que no es un líder que
implique en un proyecto a sus compañeros. Así que, por una parte,
hay asombro y agradecimiento hacia él pero al mismo tiempo les
humilla, por no hacerles partícipes.
¿Qué reacciones le han llegado del libro? Hay quien dice que cuando
ve ahora a Zapatero ya le adivina... ¿No le ha dejado un poco
tocado?
Le juro que no fui con la intención de hacer un panfleto
antizapaterista, sino a contestar la pregunta de ¿quién és,
realmente?, desde una posicion como de entomólogo social, mirando
las patitas que tiene, etc. Hombre, yo había dado mis pistas desde
El Siglo, pero iba honradamente a abandonar mi hipótesis de partida
si los hechos no me respaldaban la realidad. Yo sabía que él no
tiene un cuerpo doctrinal completo, por decirlo así, no tiene una
ideología, un cuerpo completo, sobre lo que quería hacer en el
poder. Sabía que hacía las cosas en función del momento. Pero claro,
luego la gente te habla de la poca importancia que da a su palabra.
Yo mismo me he sorprendido después cuando muy amigos suyos te lo
reiteran. Supongo que él piensa que trae lo mejor, por eso le llamo
mesiánico, porque tiene la creencia de que va a conseguir lo mejor.
Él dice eso de "traigo una gran proyecto", o cree que su propia
gobernación es una suerte para este país. Tiene una fe en sí mismo
impresionante, cree que tiene baraka y que va a poder hacer lo que
no ha hecho nadie: acabar con ETA, arreglar el problema de Cataluña,
la Memoria Histórica, los matrimonios homosexuales, etc. Pero todo
eso no responde a un proyecto doctrinal acabado, son capítulos de
cuatro o cinco principios.
Hay pasajes verdaderamente impresionantes de la aceptación de ese
'carisma', como las palabras de la actual vicepresidenta económica,
Elena Salgado.
Primero la humilla... Ella contaba con su aprobación para cambiar la
categorización del vino como alimento y, claro, va ZP a Baleares, se
reúne con el sector vitivinícola... y se acabó. Según contrasté con
diversas fuentes, se mostró dispuesta a marcharse por aquello de que
"aquí no hay ni europeísmo ni racionalidad". Y es ella, que tiene un
espíritu crítico, la que se suelta después en una cena en Comillas
con la fe en "la gran intuición de José Luis" para responder a la
preocupación de los empresarios. "Vamos a hacer lo que él dice". O
sea, no hacer nada.
Volvamos al debate interno. Entre muchos ilustrados socialistas se
elucubra sobre la idea de proponer otro líder para el partido
socialista. Pero quizá se dé la paradoja de que podrían obtener
peores resultados que a quienes se les atribuye ir a golpe de
marketing.
Ni siquiera le critico por eso a Zapatero. Digo que tiene una forma
de hacer política que también tienen otros, como Sarkozy, que es
justamente el estar pendiente de las encuestas y del estado de
opinión para después ofrecer al público esa mercancía. En eso es un
genio ZP. Es un cosechador de votos de primera. Es una persona que
domina el arte del titular. Por ejemplo, en las Ejecutivas de
González había unas broncas tremendas, en las de ZP, haya lo que
haya en la agenda, las reuniones se acaban cuando arranca el
Telediario.
Pero eso, que le ha funcionado bien en la primera legislatura (no
había la crisis económica), que tuvo su eficacia, con el paso del
tiempo ya no cuela. Se le ve el artificio, estas cosas tienen una
caducidad, y desde luego, como dice el refrán castellano, 'donde no
hay harina, todo es mohína', y el paro acentúa la desconfianza de la
gente de que él sea el hombre para resolver la situación.
¿Le ha llegado el momento que nunca pudo imaginar que le podía
llegar?
Él no pensaba nunca que se iba a encontrar dependiendo de una crisis
económica tran tremenda como ésta. Además, a él la economía no le
interesaba. Estaba para otras cosas. Para matrimonios homosexuales,
aborto, Ley de Dependencia, el Estado de Bienestar, las pensiones...
Él estaba manejando un talonario grande y no había problemas, pero
ya no puede quedar bien con todo el mundo, no es tan fácil como
decir: "Esto lo arreglo yo".
Entre los distintos comentarios que ha suscitado la figura de
Zapatero destaca el de su frialdad. ¿Es así?
Es como un témpano. De pequeño se debió caer en un baño de lexatin.
Hay múltiples anécdotas que lo corroboran, como la de, después de
ganar el Congreso, al ocupar el despacho en Ferraz (que nunca había
visitado) muestra que su tensión está inalterable, cuando a su lado
silbaban los cuchillos. Es de una frialdad impresionante. Y eso
puede ser bueno, pero no es la imagen que teníamos de él.
La de una persona amable, de buen talante...
Es que hay que distinguir entre ZP como "persona humana" y como
político. Ese semblante puede responder al ZP persona: un buen chico
con buenas intenciones. En cambio, como político, es implacable. Ahí
actúa fríamente, ni olvida ni perdona. En el plano político es
rencoroso, lo que en el plano personal no lo es, que es generoso.
Quizá porque él considera que su misión es sagrada. Es algo
tremendo, lo del engaño, los pactos inverosímiles, el pacto con el
demonio, y el no respetar el pacto cuando no le interesa. Todo ello
forma parte de su ideario político. Así que lo del título del libro
no es tan negativo. Yo estudié Políticas y tengo un gran respeto por
Maquiavelo. Hombre, decir de León no es lo mismo que de Florencia,
pero con ello no quiero hablar de provincianismo. Pero la
complicación política de León, donde algunos secretarios generales
duraron meses, incluso días, ha sido muy especial. Es allí donde
hizo su ensayo general político; con el Pacto de la Mantecada da la
vuelta a la situación. Cuando en Ponferrada estaban ya todos de
acuerdo para echarle, él se encuentra en Astorga con el mayor
adversario diciéndole: "No hagas caso". En fin, es un genio de las
alianzas y de la reconversión de la sociedad.
¿Qué va a quedar de ZP?
Alguien me decía con esta expresión: "Mira, con Felipe, yo estoy en
desacuerdo total, pero generaba empatía. Este hombre... El día que
caiga (con esta actitud de exigirnos la fe ciega) no le va a echar
una mano nadie. Leguina fue aún más tremendo: "Veremos a ver si el
PSOE sobrevive a Zapatero". Mi posición no es tan radical. Pero
realmente si no es capaz de dar la vuelta en los dos años que le
quedan, que capaz es, porque es un genio de los conejos en la
chistera, y tiene la suerte de tener a Rajoy enfrente... Pero si
cae, cae definitivamente. No es un político en quien pueda pensarse
que vuelva. Si cae, desaparece de la escena política.
Los males de la patria
Una memoria desmemoriada
Francisco Cabrillo Libertad Digital 20 Marzo 2010
Se ha dicho en muchas ocasiones que el cuadro de Goya que representa
a dos gigantes sacudiéndose garrotazos ofrece una buena imagen de
nuestro país. El pasado de España no ha sido, en efecto,
especialmente pacífico; y lo más llamativo es que, para hacer la
guerra, no necesitamos enemigos externos. Nos basta con nuestros
paisanos. El tipo del pueblo de al lado, el vecino que nos cae mal
o, simplemente, quien no piensa como los de mi grupo son candidatos
a ser considerados enemigos. Y una interpretación sesgada de la
historia ayuda a conseguirlo.
Afirmó Hayek una vez que uno de los instrumentos más importantes
para la extensión de las ideas socialistas en el último siglo ha
sido la manipulación de la historia. Y no cabe duda de que una larga
tradición de enfrentamientos civiles, como la nuestra, es terreno
bien abonado para tal estrategia. Es así como hay que entender la
llamada ley de la memoria histórica y, en términos más generales,
todos los intentos de utilizar hechos tan lamentables como los
ocurridos en la guerra civil como propaganda política setenta años
después de finalizada la contienda.
Cuando yo era niño estudiábamos en el colegio la guerra civil y nos
enseñaban que había un bando bueno –el nacional– y un bando malo –el
rojo. Por desgracia, la guerra se sigue explicando de una forma
similar, con la única diferencia de que ahora el bueno es el
republicano y el malo es el fascista. Haber conocido las dos
versiones hace que uno sea consciente de que en los dos bandos se
cometieron auténticas atrocidades y que en ningún caso sirven las
excusas que se suelen emplear para justificarlas. Muchos ejemplos
podrían citarse. Durante una serie de años los libros de historia
españoles explicaban la destrucción de Guernica como el efecto de
los incendios que realizaron los propios republicanos en retirada; y
no decían, por ejemplo, que el hecho de tener, en zona nacional, un
carnet anarquista podía suponer una condena a muerte. Es lamentable
ocultar estos hechos, sin duda. Pero no es peor que negar que en el
Madrid republicano existía un régimen de terror impuesto por los
sindicatos y algunos partidos de la izquierda o que existían checas
donde se torturaba y se asesinaba a mucha gente por ser vagamente
"de derechas" o, ¡terrible crimen!, por ser sacerdote o pertenecer a
una orden religiosa. Se trata de acontecimientos que ocurrieron en
circunstancias terribles, por la que los españoles actuales
deberíamos sentir vergüenza , nunca vanagloriarnos.
El uso sectario de la historia está llevando hoy a situaciones
realmente absurdas, en las que, desde el Gobierno o sus
organizaciones afines, se acusa de crímenes a personas que
fallecieron hace ya muchos años, mientras el único criminal de
guerra que aún sobrevive, el responsable de los asesinatos de
Paracuellos, queda al margen de la persecución. Se abren fosas para
buscar cadáveres; pero tan pronto como se sospecha que los asesinos
eran del bando republicano, se cierran rápidamente y se mira a otro
lado.
Se transmite así la imagen de que unos –los que se asimilan al
actual Gobierno– asesinaban poco y, si lo hacían, tenían razones
justificadas para ello. Los del bando contrario –que hoy se trata de
presentar como predecesores del partido de la oposición– mataban
mucho, y sin justificación alguna. ¡Ánimo! Incitemos a la revancha y
veremos qué bien nos va a todos.
La economía de las lenguas en España
Amando de Miguel Libertad Digital 20 Marzo 2010
Veamos ahora cómo se adapta la situación lingüística española al
planteamiento de la escala de lenguas en el mundo. Digamos, primero,
que en toda Europa lo normal es que haya varias lenguas en cada
país. La excepción puede ser Portugal, donde, de forma natural, sólo
existe un idioma (el mirandés es un dialecto poco significativo).
Por fortuna, los europeos que hablan su propia lengua del tipo C
(lenguas étnicas que se escriben) conocen normalmente otra del tipo
B (lenguas de comunicación de zonas amplias) o A (lenguas de
comunicación internacional). Por ejemplo, los irlandeses pueden
conocer el gaélico, pero casi todos dominan el inglés.
En España la situación no es nada excepcional. Prácticamente todos
los españoles entienden el castellano. Ese porcentaje es el más alto
de toda la Historia. Sin embargo, hay ciertos movimientos
nacionalistas que desearían desplazar el español por el idioma
étnico correspondiente (catalán y variaciones, vascuence y gallego).
Eso sería volver a épocas pasadas, pero ahora con la circunstancia
de que, en los últimos decenios, el español ha pasado a ser una
lengua tipo A. Concretamente, después del inglés (bien que a mucha
distancia) la lengua más aprendida en el mundo fuera del hogar es el
español. Esa pujanza, más que nada demográfica, se debe sobre todo
al peso de los hispanohablantes americanos. Una gran ventaja del
español (incluso en comparación con el inglés y no digamos con los
del tipo B) es que las variaciones territoriales son mínimas.
Así pues, no tiene mucho sentido económico que en España volvamos a
la situación medieval en la que cada zona lingüística se encontraba
prácticamente aislada de las demás. Tampoco es muy hacedero que, en
las regiones bilingües, se desplace el español a favor de la lengua
del tipo C. Lo más económico es que todos los españoles fomenten el
conocimiento del español como lengua de comunicación internacional.
Esa decisión es compatible con el cultivo (al mismo tiempo) de la
lengua tipo C, allí donde esté vigente.
Eso no es todo. La Unión Europea no podrá competir con otras grandes
unidades económicas del mundo si no se pasa al dominio común del
inglés como gran lengua de comunicación internacional. El sistema de
un ejército de traductores en las oficinas de la Unión Europeas es
un disparate. No se trata de imponer una solución artificial, sino
de adaptarse a la tendencia ya instalada en una gran parte de
Europa. En la práctica quiere esto decir que en las escuelas
españolas se debe estudiar inglés como segunda lengua. El ser humano
puede ser perfectamente bilingüe y hasta trilingüe. El objetivo
natural es que, en cada centro de enseñanza superior en España
puedan darse cursos regulares en inglés por profesores nacionales o
extranjeros. De momento, estamos lejos de ese ideal, que ya es
realidad en algunos países europeos que no tienen el inglés como
lengua nacional. Es el caso eminente de los países nórdicos.
El argumento anterior quizá irrite a algunos nacionalistas
catalanes, vascos, gallegos, etc. Pero los nacionalismos actuales
deberían apoyarse en otros rasgos culturales que no son las lenguas.
Bien está el valor cultural de las lenguas, pero por encima está el
económico.
Contacte con Amando de Miguel
Zapatero se aprovecha de la crisis
EDITORIAL Libertad Digital 20 Marzo 2010
Rahm Emmanuel, el asesor presidencial de Obama, le aconsejaba no
dejar pasar una crisis económica sin aprovecharse de ella. Desde
siempre, los políticos han intentado emplear los tiempos difíciles
para expandir y consolidar su poder. Cuando la sociedad atraviesa
momentos desesperados, suele mostrarse dispuesta a ceder espacios de
su libertad a cambio de promesas de prosperidad.
Así, la estrategia política durante la crisis suele consistir, por
un lado, en lograr que cada vez un mayor número de personas dependan
de las transferencias de renta del Estado y, por otro, en asumir un
creciente número de competencias con las cuales poder controlar las
vidas de sus ciudadanos.
El PSOE, siguiendo las consignas de la izquierda más radical que a
ambos lados del Atlántico reclama aprovechar la coyuntura para
acrecentar la esfera de "lo público", tiene muy bien aprendida la
lección. Sabe que lo más importante para asentarse en el poder no es
adoptar medidas traumáticas como las que necesita la economía
española para iniciar la recuperación, sino seguir comprando votos
con el dinero de todos los españoles, al tiempo que asume unas
competencias cada vez mayores.
Este viernes los socialistas han vuelto a escenificar de qué forma
la crisis supone para ellos una oportunidad a explotar y no un
problema a resolver. En las horas más bajas del PSOE andaluz, el
Gobierno ha trasladado a Sevilla su Consejo de Ministros para
anunciar toda una batería de ayudas y gasto público dirigido a
Andalucía: la condonación de la deuda histórica con el Estado, la
ampliación del PER y la aprobación del plan Andalucía Sostenible y
de un paquete de fondos para paliar los daños del temporal. En
total, más de 1.200 millones de euros en una muestra del peor
caciquismo que ha caracterizado la historia española.
Y mientras con una mano compraba votos, con la otra incrementaba sus
competencias con la excusa de combatir la crisis. Ayer también, el
PSOE por fin aprobó su mal llamada Ley de Economía Sostenible, donde
en medio de alguna propuesta aislada aparentemente bien encaminada
(como la simplificación de los procedimientos administrativos)
podemos encontrar todo un despliegue de medidas cuya finalidad es la
de seguir orientando la economía en la dirección que desean los
políticos socialistas y no los consumidores, ahorradores,
empresarios e inversores españoles; a saber, una economía apoyada en
unas energías tan caras e ineficientes como son hoy las renovables.
La ley apuesta por seguir cebando esta burbuja en la línea marcada
por la consigna ecologista radical del llamado "20/20/20": reducir
para el año 2020 las emisiones de CO2 un 20% y lograr que el 20% de
la energía provenga de las onerosísimas fuentes ‘verdes’. Si algo no
necesita la escasamente competitiva economía española es que le
coloquen corsés adicionales a los ya padece, encareciendo su energía
a costa de un incremento del gasto público que alimente aún más
nuestro déficit.
Pero además la Ley de Economía Sostenible también contiene una
disposición específica nada relacionada con la crisis pero sí con
las restricciones de las libertades de los ciudadanos: la denominada
Ley Sinde (que más bien debería llamarse "Ley Zapatero") que
habilita el cierre de páginas web a través de una comisión mixta
entre políticos y la Audiencia Nacional.
Como si se tratara de un capítulo más dentro de un amplio abanico de
planes contra la crisis y a favor de la sostenibilidad de nuestra
economía, Zapatero ha sacado adelante una normativa que le permitirá
colocar bajo su control internet, cerrando cualquier sitio web que
enlace contenidos protegidos por "derechos de autor" (esto es, casi
todas las páginas de internet), cuando esto último ni siquiera
constituye un delito. Un paso más para introducir al Estado en
internet y a partir de ahí ir eliminando ese oasis de libertad que
constituía la red.
Vemos, pues, que nuevamente las crisis sirven a nuestros políticos
para comprar votos y extender sus tentáculos sobre la sociedad. Al
margen de los dramas particulares que puede suponer una depresión
económica, lo realmente grave es la oportunidad de oro que
representa para que el Estado medre y recorte nuestras libertades.
Las crisis tarde o temprano terminan, los regímenes políticos
liberticidas tienden a perdurar demasiado tiempo.
11-M: Seguimos queriendo saber (II)
Cristina Falkenberg El Confidencial 20 Marzo 2010
Decíamos la semana pasada que el delito era una ofensa contra toda
la sociedad, circunstancia que fundaba tanto la acción popular como
la exigencia de los poderes públicos de actuar de oficio —esto es,
sin necesidad de que nadie se lo pida—, en particular la Fiscalía.
Pero este mismo fundamento también faculta al Juez para, de oficio,
iniciar un proceso, cuya apertura —recibida la notitia criminis— no
puede esperar a que alguien decida denunciar o acusar formalmente a
otro: ¡cuántas veces se sabe de unos hechos pero no de quién los
haya podido cometer! Abrir el proceso permitirá precisamente,
investigar. Asimismo, el proceso penal podrá iniciarse en base al
atestado policial, colección de documentos de la Policía Judicial, a
modo de “instrucción preliminar” y con función de denuncia.
Sin embargo, el sistema procesal penal español sigue el llamado
principio acusatorio. Así, y aunque el Juez pueda abrir un proceso
no podrá seguirlo si no hay alguien que formule una denuncia. El
artículo 308 LECr prevé que el Juez comunique la apertura del
proceso al Ministerio Fiscal, inmediatamente, instándose su
participación en la averiguación de posibles delitos también por
esta vía.
Lo cierto es que por muy horrendos que sean unos hechos, si no hay
una norma penal que diga que, en el momento de su comisión, eran
delito —y si no hay una norma procesal que permita, a su vez,
imponer la norma penal—, nada podrá hacerse. La información acerca
de los hechos que rodearon los atentados brutales del 11-M ha sido
abundante, debida sobre todo a la persistencia investigadora de los
medios. Sin embargo la información sobre la segunda parte de la
ecuación, la jurídica, ha abundado menos. Se tratará de paliar esta
deficiencia.
La obligación de denunciar y el encubrimiento
Vimos también que el artículo 259 de la LECr establecía una genérica
obligación de denunciar, aunque con un largo elenco de excepciones y
una sanción ridícula —de entre 25 y 250 pesetas— para quien la
incumpliere.
Más severa, sin embargo, parece la definición —también llamada
tipificación— del delito de encubrimiento (artículos 451 a 454 del
Código Penal) y que aunque tradicionalmente fuese una forma de
participación, hoy es en buena lógica un delito (“tipo”, en el
lenguaje jurídico-penal) autónomo, pues nadie participa actualmente
en unos hechos ya conclusos. Siendo autónomo, podrá ocurrir que el
delito principal quede sin castigo (por ejemplo, por no hallarse el
culpable), pero se castigue el encubrimiento. El encubrimiento
lesiona o pone en peligro la posibilidad de que ja justicia actúe y
eso es lo que se castiga en este caso.
El artículo 451 CP castiga con cárcel de seis meses a tres años a
quien no ha intervenido en un delito pero sabe que se ha cometido e
“interviniere con posterioridad a su ejecución, de alguno de los
modos siguientes: 1. Auxiliando a los autores o cómplices para que
se beneficien del provecho, producto o precio del delito, sin ánimo
de lucro propio” —pues de mediar lucro propio estamos en el supuesto
de la receptación (298 CP) y comportamientos afines (esencialmente
blanqueo de capitales). Además el encubrimiento también puede tener
lugar: “2. Ocultando, alterando o inutilizando el cuerpo, los
efectos o los instrumentos de un delito, para impedir su
descubrimiento” o “3. Ayudando a los presuntos responsables de un
delito a eludir la investigación de la autoridad o de sus agentes, o
a sustraerse a su busca o captura […]” cuando: “[…] el hecho
encubierto sea constitutivo de […] terrorismo” o “2. Que el
favorecedor haya obrado con abuso de funciones públicas”, lo que en
nuestro caso lleva aparejada la pena de “inhabilitación absoluta por
tiempo de seis a doce años”.
Del falso testimonio
Este es otro de los llamados “delitos contra la Administración de
Justicia”, entendida ésta en un sentido amplio, muy relevante las
últimas discusiones acerca de los atentados del 11-M y cuyos
contornos conviene precisar bien. En efecto, el 458.1 CP prevé el
castigo principal de seis meses a dos años de cárcel para “el
testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial”.
Es vox populi que con demasiada frecuencia este artículo queda
inaplicado. Sin embargo no parece una bonita costumbre faltar a la
verdad en juicio, por lo que parece recomendable entender éste como
un precepto de aplicación tan inmediata como deseable. Las penas
serán especialmente duras en el caso de que el falso testimonio
resultase en sentencia condenatoria o fuere perpetrado por peritos o
intérpretes (456), quedando además inhabilitados para “profesión u
oficio, empleo o cargo público, por tiempo de seis a doce años”,
pena accesoria que resulta plenamente justificada pues la razón de
ser llamados a juicio era su especial capacidad para, a través sus
conocimientos, poder arrojar luz sobre una determinada materia, en
vez de lo cual habrían hecho justo lo contrario.
Una variante es el llamado falso testimonio encubierto o impropio y
que el artículo 460 CP, que como todo el Código Penal es fruto de la
experiencia, regula castigando al testigo, perito o intérprete que
“sin faltar sustancialmente a la verdad, la alterare con
reticencias, inexactitudes o silenciando hechos o datos relevantes
que le fueran conocidos”. También serán penados quienes a sabiendas
haya presentado al juicio a testigos falsos (que no testigos que
falten a la verdad sino personas que el presentador sabe que
realmente no fueron testigos), o peritos e intérpretes mendaces,
previendo el 461.2 penas reforzadas en el caso de que el presentante
“fuese abogado, procurador, graduado social o representante del
Ministerio Fiscal”, actuando profesionalmente.
La prevaricación judicial
Otra figura importante en relación con los delitos contra la
Administración de Justicia es la manida prevaricación judicial, que
tiene una definición penal muy precisa que conviene conocer. Sólo
podrá cometerse por Jueces y Magistrados (en todas sus versiones).
En el caso de los Tribunales colegiados podrán ser responsables uno
o más miembros del mismo, considerándose coautores; aunque se admite
que mientras algunos pudiesen proceder con dolo —a sabiendas—, otros
pudieron prevaricar por mera imprudencia —habiendo podido y debido
saber lo que hacían— (artículo 447).
Son formas de prevaricación tanto el la negativa a juzgar (448) “sin
alegar causa legal, o so pretexto de oscuridad, insuficiencia o
silencio de la Ley” como el retardo malicioso (449), que sólo lo
será aquél “provocado para conseguir cualquier finalidad ilegítima”.
A estas dos formas hay que sumar la más conocida del artículo 446,
de la prevaricación dolosa, y que consiste en dictar resoluciones
—autos, providencias y sentencias— a sabiendas de su injusticia y
que en el supuesto de sentencias por delitos y que se estén
ejecutando, entrañan penas de 1 a 4 años de cárcel y 10 a 20 de
inhabilitación.
Se insiste: un conocimiento preciso es presupuesto indispensable de
cualquier debate preciso encaminado al conocimiento de la verdad que
todos queremos saber.
La lengua es del pueblo
BIEITO RUBIDO ABC Galicia 20 Marzo 2010
La lengua es del pueblo que la habla. Miguel Delibes lo aseguraba
con absoluta autoridad y acierto meses antes de dejarnos. La lengua
es espontánea. Se escucha en casa. Se sabe, no se aprende. La lengua
no es propiedad de nadie y, al mismo tiempo, es de todos. Por eso,
cuando ese patrimonio tan universal como particular se
instrumentaliza desde la política, suele volverse contra quien lo
intenta. Y si, además, ese uso interesado se pretende por la vía de
la imposición y se burla de un contexto de libertad y de legalidad
que consagra el bilingüismo, entonces, la convivencia entre las
personas corre serio riesgo de verse erosionada.
Ocurrió en los últimos tiempos del bipartito. Se demostró que
imponer el gallego es un error. Como lo fue en su día prohibirlo.
Vengo defendiendo desde hace tiempo la necesidad de una estrategia
ganadora para nuestro idioma. Una estrategia basada en la
cordialidad y en el afecto, en el amor a la cultura propia y en la
demostración de la utilidad de nuestra lengua vernácula como
herramienta y palanca para moverse por el mundo. Si quieren defender
el verbo gallego, no lo conviertan en aborrecible obligación.
Enseñen a amarlo, a quererlo, a sentirlo. Bien sabido es que la
letra con sangre no entra. Tampoco a empujones ni a la fuerza.
El efecto es el contrario: los intelectos se arman de razones para
rechazarla. De ahí el clamor de los padres que se propagó por toda
Galicia contra el recorte de las libertades constitucionales; contra
la tentación de cercenar aquel consenso sobre el que el idioma
gallego fue creciendo en el último cuarto de siglo.
Se equivocan de plano, pues, aquellos que se niegan a escuchar a la
sociedad: a quienes andan por la calle, a la Galicia real, a los
anónimos ciudadanos, base de esa mayoría de naturaleza silenciosa
que un día estalla desbordada por la presión.
Empieza a respirarse la estación de las flores y, con ella, el
recuerdo a uno de los más insignes y conspicuos literatos de nuestra
tierra: Álvaro Cunqueiro, quien había pedido mil primaveras más para
la lengua gallega. Él representó como pocos ese bilingüismo
armónico, viajando de las letras castellanas a las gallegas, en un
destilado permanente de talento y universalidad.
Los gallegos somos ricos porque tenemos un tesoro: nuestro idioma.
Pero lo somos más porque sabemos convivir pacíficamente y porque
revalorizamos de continuo nuestro acervo cultural y personal con la
destreza en el uso de dos lenguas: la castellana y la gallega. A la
postre, hijas de una misma madre.
"ESTE PP NO INSPIRA CONFIANZA"
Salvador Ulayar: "Zapatero sigue en la idea
de la negociación"
Víctima del terrorismo, Salvador Ulayar, ha señalado en "Sin
complejos" de esRadio, que desconfía de las intenciones de Rodríguez
Zapatero en la lucha antiterrorista. "no ha rectificado su postura
después de la última negociación", recuerda Ulayar, "creo que sigue
con la idea de negociar".
LIBERTAD DIGITAL 20 Marzo 2010
El programa "Sin complejos" de esRadio ha entrevistado este sábado
Salvador Ulayar, víctima del terrorismo, hijo de Jesús ulayar,
asesinado a tiros por ETA en Navarra en enero de 1979 con su hijo
Salvador como testigo.
En declaraciones a esRadio, Ulayar se ha mostrado profundamente
desconfiado con la política de Rodríguez Zapatero en materia
antiterrorista. En su opinión, el presidente del Gobierno nunca se
ha arrepentido de haber negociado con ETA y por eso comparte las
sospechas que apuntan a que el Ejecutivo está ya negociando de nuevo
con los terroristas: "creo que sigue en la idea de la negociación",
ha dicho. Prueba de ello es que "se está tratando mucho mejor al
asesino que a la víctima".
Para Ulayar, "ese discurso de prosternación con los terroristas de
ETA" queda demostrado en tanto en cuanto "están tratando mucho mejor
al asesino que a la víctima". En este sentido, recuerda que "el
trato tan delicado que se dispensa a esta gente contrasta gravemente
con el no discurso respecto a la gente que, junto a Alcaraz, dijimos
que no se negociaba con nuestros muertos".
De Patxi López ha expresado su profunda desconfianza en el jefe del
Gobierno vasco y le ha acusado de ser "un cínico muy grande". Pese a
que "nos quedamos con la parte positiva del día a día de cosas en el
País Vasco, yo no me fío"
"La china en el zapato del Gobierno"
También ha recordado que durante la primera legislatura "la gran
china en el zapato del Gobierno para negociar con ETA fue la AVT de
Alcaraz". Algo que no deja de ser fundamental, según Ulayar para
entender los intentos por desactivar la Asociación de Víctimas y el
nombramiento de Casquero.
Sobre las negociaciones a cerca de la nueva Ley de Víctimas o las
placas con nombres de víctimas del terrorismo que se colocarán en
diferentes calles del país, Ulayar ha dicho sospechar que "esas
placas van a ser igual que las del cementerio, se pretende enterrar
a las víctimas". También ha recordado que una víctima es víctima
porque "le han matado contra la nación española", por lo tanto,
"hacer honor a las víctimas del terrorismo es hacerle honor a
España"
El PP levanta el pie del acelerador
Ulayar también ha reprochado al PP que ahora esté "mirando para otro
lado", lo que le ha convertido en cómplice del Gobierno en el
intento por "laminar" a la AVT. Para Ulayar, "este PP no inspira
mucha confianza". También ha lamentado prfundamente que "la rebelión
cívica se haya quedado sin estandarte, sin una institución
importante".
Zapatero compra el voto andaluz con 784
millones de 'deuda histórica'
S.Sanz. www.gaceta.es 20 Marzo 2010
En un momento en que las encuestas arrojan los peores resultados en
intención de voto para los socialistas en Andalucía, el presidente
del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha querido reconducir la
situación y ha liquidado de un plumazo la deuda histórica que
mantenía el Estado con esta región: 784,2 millones.
A falta de dos años para las próximas elecciones autonómicas, el
jefe del Ejecutivo central y el presidente de la Junta andaluza,
José Antonio Griñán, anunciaron ayer la liquidación definitiva de la
deuda, un día antes de que termine el plazo marcado por el Estatuto
de Autonomía y tras décadas de mandato del ahora ministro de
Política Territorial, Manuel Chaves.
Al término del Consejo de Ministros celebrado en Sevilla, del que
también salió la inconcreta Ley de Economía Sostenible, Zapatero
expresó su satisfacción por que con el saldo de la deuda se haya
dado "solución a una vieja aspiración de la sociedad andaluza que
data de hace 30 años". Recordó que desde el Gobierno central ya se
adoptaron medidas en materia de anticipos a cuenta, como fueron 120
millones en 1996 y 300 millones en 2008. Ahora se da ya por devuelta
toda la deuda pendiente, con 784 millones. Arenas calificó ayer a
Zapatero y a Griñán como los "reyes de los impuestos y el
despilfarro".
Lea esta información íntegra en la edición impresa de LA GACETA
La UE derrocha millones en plena crisis
Mirentxu Arroqui. Bruselas www.gaceta.es 20 Marzo 2010
Las sesiones en Estrasburgo cuestan 200 millones de euros sólo en
desplazamientos. Los salarios de los europarlamentarios ascienden a
más de 7.600 euros al mes. El sueldo base más modesto de un
funcionario europeo asciende a 2.300 euros.
En tiempos de crisis, no todo el mundo se aprieta el cinturón. El
complejo engranaje comunitario sigue funcionando sin plantearse
recurrir a ningún plan de austeridad. Prueba de ello es que los
gastos innecesarios siguen vigentes. Una de las cuestiones que más
polémica suscita y que suele salir a la palestra de los medios de
comunicación cada cierto tiempo – sin que esto sirva para nada- es
la triple sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo (Francia),
Bruselas (Bélgica), y Luxemburgo, donde se encuentran las oficinas
administrativas de la Eurocámara.
Las sesiones plenarias se celebran en Estrasburgo una vez al mes en
un mastodóntico edificio que permanece prácticamente vacío el resto
del tiempo. Se calcula que los gastos de transporte en los
consiguientes desplazamientos suponen un desembolso de 200 millones
de euros anuales. A todo esto hay que sumar las dietas que reciben
los europarlamentarios por estos viajes.
Con la entrada en vigor de un nuevo estatuto al comienzo de esta
legislatura, los europarlamentarios están obligados a presentar los
recibos de sus viajes. Antes contaban con una cantidad, que en el
caso de los trayectos en avión eran el equivalente a la clase
Business. Es vox pópuli que, como no era necesario presentar ningún
tipo de comprobante, un vergonzoso número de eurodiputados
realizaban estos trayectos en compañías de bajo coste y se quedaban
con la diferencia –pagada con el dinero del contribuyente–.
Los gastos no se terminan aquí. El Parlamento abona una dieta fija
de aproximadamente 300 euros por cada día de asistencia a reuniones
oficiales de la Eurocámara dentro del territorio comunitario,
siempre que el eurodiputado firme la lista oficial de asistencia.
Esta cantidad cubre el alojamiento y la manutención. A ello hay que
sumar los salarios de los europarlamentarios, que ascienden a 7.665
euros al mes. La misma cantidad para los representantes de todos los
países.
Lea la noticia completa en LA GACETA.
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La ETA yihadista sí tiene quien la escuche
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 20 Marzo 2010
Según Rodríguez Zapatero, “ETA no tiene quien le escuche”. No es
cierto. A la banda terrorista la escuchan y la auscultan más de los
que se podía suponer. El presidente del Gobierno -sin entrar en
juicios morales- erró gravemente en el llamado “proceso de paz”,
tanto por plantearlo como lo hizo, como por encargar buena parte de
la mediación a profesionales extranjeros que se dedican -con o sin
cobro de comisión, lo que desconozco- a componer conflictos de
naturaleza internacional.
Zapatero acudió, entre otros y como es sabido, al Centro Dunat (al
que se ha incorporado ahora Javier Solana), que le proporcionó
perfiles arbitrales entre los que había desde militares retirados y
con experiencia, hasta diplomáticos excedentes. E hizo intervenir -o
lo permitió- que personajes sudafricanos como Berrin Currin
“asesorasen” el proceso, una vez se comprobó que Sudáfrica era un
país de refugio de los terroristas en el que disfrutaban de algunas
simpatías. Pues bien: el Gobierno sabe que estos mediadores son
inasequibles al desaliento y que mantienen la expectativa de un
diálogo para acabar con la banda terrorista ETA desde un
planteamiento que no es el de la derrota policial. Hablan, sondean,
sugieren, asesoran. Siguen ahí: como moscones.
En conexión con esos mediadores plenamente activos, también en
España el propósito negociador continúa en latencia en un sector del
Partido Socialista de Euskadi dirigido por Jesús Eguiguren. Con una
ingenuidad más propia de una imprudencia temeraria que de un ánimo
perverso, el presidente del PSE-PSOE declaraba el domingo pasado (El
País) que la solución al terrorismo etarra era poco más o menos que
un problema doméstico de los vascos. Sostenía que “Los partidos
vascos, y no el Gobierno central, deben gestionar el final de ETA”
para, a continuación, regresar al muy desgastado discurso -tantas
veces fallido- de que “la cuestión de los presos de ETA habrá que
abordarla aquí y combinar recuerdo con olvido”. Más aún: Eguiguren
nos planteaba en la entrevista a un Josu Ternera -¿Cómo es que
resulta tan difícil detenerle?- que se planteaba “pedir perdón” si
bien “lo encuadraba en un perdón colectivo.”
Estas manifestaciones del presidente de los socialistas vascos son
una forma de escuchar a ETA, de seguir alimentando la expectativa de
que una deposición de las armas conllevaría una “combinación de
olvido y perdón”. Es un mensaje que responde a evocaciones de los
años ochenta, pero que ahora resulta inasumible cuando la banda
terrorista se ha enrocado después de tres treguas -las tres
tramposas- y ha sometido a una izquierda abertzale que no pasa de
ser un conjunto de vividores acobardados y gregarios de los mandatos
de los dirigentes etarras que en cada momento empuñan las armas.
Otegui y Venezuela
Arnaldo Otegui -al que algunos quieren convertir en un Gerry
Adams-también escucha a ETA y calla la condena del asesinato del
brigadier jefe francés Jean-Serge Nérin. Otegui en privado dice y
escribe eso de que “…si los tienen machacados, tío. Si encima es de
chiste, tío”, pero se guarda muy mucho de abrir la boca para
reprochar a los criminales su último, por el momento, asesinato.
Pero a ETA le escucha también Venezuela -¿o es que el presidente lo
olvida?-, que con el régimen de Chávez ha cobijado a varios
terroristas otorgándoles la nacionalidad y facilitándoles trabajo y
estatuto personal y profesional. Tan es así que Venezuela -y otros
países de la zona-representan un auténtico patio trasero de la
banda. A Caracas huía desde Lisboa el etarra que escapó de la
policía lusa en Óbidos, localidad en la que los criminales estaban
montando una base operativa para cometer atentados en España.
Los dirigentes de ETA ya saben que Francia dejó de ser su particular
paraíso; ya saben que sus pistoleros carecen de preparación criminal
y caen como moscas; están al cabo de la calle de sus carencias y
debilidades, pero no cejan ni cejarán porque siguen dándose -en el
País Vasco y fuera de allí- una serie de variables sociales, de
discurso político, que les ofrecen un determinado horizonte. Es
verdad que las posibilidades de un final dialogado -o negociado,
como ellos pretenden- han disminuido drásticamente, pero también lo
es que han pasado del terrorismo convencional al yihadismo porque la
banda ya tiene descontado que -como los fanáticos islamistas- sólo
se puede matar muriendo, sólo se puede atentar “cayendo” en manos
policiales, sólo se puede mantener con el “sacrificio” de la cárcel
para sus activistas. ETA ha cambiado la disposición personal de sus
pistoleros y en ese cambio de actitud está la argamasa que mantiene
el aglutinamiento criminal que se muestra desafiante y descarado
hasta en las cercanías de París.
El crimen perpetrado en la capital francesa el pasado martes ofrece
muchos ángulos de interpretación. El más consiste ya se ha tratado:
ETA ha perdido el rumbo. El menos obvio: ETA no desiste y regresa
para recuperar a uno de los suyos detenidos por la policía francesa,
inicia una ensalada de tiros y se lleva por delante a un funcionario
galo. Sabían lo que estaban haciendo. Y lo sabían perfectamente.
El 9 de enero pasado escribí aquí sobre “El irremisible regreso de
ETA”" En marzo, la banda ha vuelto a asesinar, por primera vez en
Francia. Y lo hará en España, desgraciadamente, a no tardar porque
hacerlo -con mayor o menor planificación- está en su lógica. Esa
perversidad terrorista la entiendo tanto cuanto la repudio. No
comprendo, sin embargo, dos fenómenos que acontecen en España. Uno,
recurrente: la persistencia en ofrecer “perdones” y “olvidos”. Otro
más nuevo: la indiferencia de la sociedad española que -como
demostrarían las encuestas del CIS- ha relegado la preocupación
sobre el terrorismo a la parte media de la tabla de sus inquietudes.
Ambas actitudes son erróneas porque ETA sí tiene gentes y colectivos
que le escuchan: unos por miedo, otros por interés y algunos por una
suerte de mesianismo político que se ha convertido en pura
terquedad.
En todo este contexto no deja de ser un consuelo que el ministro de
Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, sea un socialista que conoce a
ETA como la conocían los socialistas de hace diez años y que no
participe de ninguna de esas ensoñaciones dialoguistas de algunos de
sus colegas. Ni de esos extraños mediadores que sugieren a Eguiguren
el discurso que debe hacer en cada momento y según las
circunstancias.
Redes
«La sociedad vasca está ahogada, no surge nada nuevo, las redes
constituidas operan por cooptación -y exclusión- e impiden cualquier
renovación de personas, de planteamientos. Y así va creciendo la
distancia entre la Euskadi representada y la real»
JOSEBA ARREGI EL Correo
Aunque últimamente haya caído quizá en desuso, no hace tanto tiempo
que la referencia a la red, a las redes, a la sociedad en red era
una referencia obligada en todas las conferencias, en todos los
planes estratégicos, en todos los discursos políticos y en los de
todos los analistas sociales y políticos.
Ya no existen las sociedades piramidales. Ya no se puede practicar
política sin tener en cuenta que la sociedad está organizada en red.
Ya no son posibles las organizaciones sociales, políticas o
económicas jerárquicas. El secreto está en la red, se decía. Es
preciso trabajar en red, organizar el conocimiento en red. La red
sustituye al poder y a la autoridad. Se llegó, incluso, a creer que
con la llegada de la organización en red el problema del poder y de
la autoridad quedaban resueltos porque habían desaparecido. Creencia
peligrosa como bien lo muestra Richard Sennet.
Internet es la red de redes gracias a las nuevas tecnologías de la
información. Es una referencia a la realidad constatable de que
estamos, vivimos y trabajamos enchufados a la red informática y
telemática. Pero redes han existido mucho antes de que naciera la
informática e Internet. La cristiandad medieval era una red de
centros religiosos y culturales entre los que circulaban la
información y el conocimiento a una velocidad mucho mayor de la que
somos capaces de imaginarnos hoy en día. La 'koiné', la comunidad,
era una red articulada en torno a un lenguaje común, a una lengua
franca que era el griego, el griego de la 'koiné' precisamente. Y
algún historiador ha escrito que entre el fin de las guerras de
religión en Europa con la paz de Westfalia en 1648, y el fin de las
guerras napoleónicas que darán paso, algo más tarde, a las guerras
ideológicas de nuestro pasado no tan lejano, existió algo parecido a
una 'koiné' europea que hablaba francés y que implicaba una opinión
pública europea con pensadores y panfletistas, al estilo de
Voltaire, en el mejor sentido del término, que podían sentirse tan
en casa en Londres como en Berlín, en Amsterdam como en París.
Pero el tipo de redes que más interesan para el análisis de lo que
está ocurriendo hoy en la sociedad vasca son las redes de las que
hablan algunos historiadores vascos, las redes sociales de finales
del Antiguo Régimen. Estos historiadores, partiendo de los análisis
de Julio Caro Baroja en 'La Hora Navarra del XXVIII', investigan
cómo las relaciones de parentesco son capaces de crear redes
sociales que permiten el acceso de baztaneses, y de vascos a la
corte de la monarquía española, a su administración, al ejército, a
la estructura eclesial y a los cargos de ultramar: tíos que
apadrinan a sobrinos, a los que siguen hermanos y primos que van
encontrando acomodo en las distintas estructuras de la monarquía
española que se va renovando. De una de esas redes proviene el
segundo duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil.
En el caso de estas redes del Antiguo Régimen, el impulso es desde
el país, Navarra, las provincias vascongadas, hacia la capital del
reino y hacia las administraciones que de ella dependían. La
diferencia con la época actual no radica en que hayan desaparecido
las redes. Quizá tampoco tanto en que las redes no se estructuren
sobre el eje del parentesco, aunque este eje haya perdido valor. La
diferencia sustancial radica en que ya no existe el impulso hacia
fuera, sino que se agota en el interior de la propia sociedad vasca.
Porque la realidad es que hoy la sociedad vasca está controlada por
unas redes que nada tienen que ver con las redes de Internet y de la
informática, sino que funcionan mucho más sobre el paradigma de las
redes sociales del Antiguo Régimen. La sociedad vasca ya no es una
sociedad en la que la estratificación social sea lo definitivo en lo
que a conocimiento, poder y posibilidades económicas se refiere,
aunque esta afirmación debiera ser sometida a una seria matización.
Pero tampoco la contraria se puede afirmar sin más: que la sociedad
vasca sea una sociedad meritocrática, una sociedad en la que los
puestos, de honor, de control, de poder de conocimiento, de poder
político y económico, se distribuyen por el mérito de las personas.
Es, más bien, una sociedad controlada por redes que poco o nada
tienen que ver con los méritos reales de las personas que integran
esas redes, y mucho con la lógica de poder que permite que las redes
existan.
En todas las sociedades hay redes que, una vez asentadas, controlan
las sociedades en las que están instaladas. Pero algunas sociedades
poseen una dimensión suficiente para que las redes no sean
omnipresentes, para que existan redes en competencia, para que
existan mecanismos de control, de crítica y de imposición de
transparencia sobre las redes existentes, de forma que la sociedad
consigue preservar suficiente autonomía para no quedar aherrojada
por las redes de poder que se instalan en ella.
Pero la sociedad vasca es pequeña. Y en la sociedad vasca no ha
habido cambio en el poder durante demasiados años. Y esa permanencia
en el poder de los mismos durante tantos años ha propiciado el
surgimiento y la consolidación de redes que extienden sus tentáculos
sobre el conjunto de una sociedad pequeña que corre el riesgo de
quedar totalmente ahogada. Basta mirar los nombres del 'consejo de
sabios' del lehendakari, leer los nombres que se barajan en la
novela por entregas que es la Vital Kutxa, ver el esfuerzo de
Gipuzkoa Aurrera para sustituir una red por otra con el apoyo
político, basta ver las planchas para las cámaras de Comercio, para
los consejos de las cajas de ahorro, basta repasar los nombres de
los que ocupan cargos en las instituciones de renombre cultural para
darse cuenta de que la sociedad vasca está ahogada, de que es una
sociedad en la que, al parecer, no surge nada nuevo, en la que la
'nomenclatura' sigue mandando, en la que las redes constituidas
operan por cooptación -y exclusión- e impiden cualquier renovación,
de personas, de pensamiento, de paradigmas, de planteamientos, e
impiden cualquier innovación. Aunque sea la palabra que más se
repita. Y así va creciendo la distancia entre la Euskadi
representada y la Euskadi real.
******************* Sección "bilingüe"
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