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Autonomías
Eficiencia dinámica
Manuel Llamas Libertad Digital 7 Julio 2010
La Segunda Transición autonómica que ha originado la aprobación del
Estatuto catalán y su posterior ratificación por parte del Tribunal
Constitucional pone de manifiesto, si cabe con más fuerza, algunos
de los graves defectos que soporta el diseño estatal español. No
obstante, esta vuelta de tuerca, que a todas luces debería abrir un
nuevo proceso constituyente, intensificará en el futuro la
insostenibilidad de las cuentas regionales y el consiguiente
despilfarro autonómico, tal y como ya hemos analizado. Sin embargo,
el actual sistema arropa un tercer problema estructural aún más
importante: la indeseada fragmentación del mercado nacional.
La amalgama de competencias que aglutinan en sus manos las
respectivas comunidades autónomas han desembocado en un intenso
intervencionismo público generalizado sobre diversas y amplias
materias que, a modo de compartimentos burocráticos diferenciados,
dificultan el desarrollo libre y natural de la actividad económica
y, por tanto, del crecimiento. El caso de los fabricantes de
tragaperras es tan sólo uno de los múltiples ejemplos que sirven
para evidenciar el galimatías regulatorio que existe actualmente en
España. Este sector ha de destinar un volumen sustancial de recursos
para sortear con éxito el sinfín de trámites, licencias y
regulaciones a los que están sometidos sus máquinas. Pero lo mismo
sucede en el comercio (véase la obligación de rotular en catalán),
las cadenas de distribución, el sector inmobiliario, las grandes
superficies, sector servicios, industria, etc.
El empresario ha de enfrentarse constantemente a una compleja y
voluminosa red de procesos burocráticos, tanto a nivel regional como
nacional, para desarrollar su actividad, lo cual, como es lógico,
desincentiva, y mucho, el fundamental espíritu emprendedor. No es
casualidad que la mayoría de los jóvenes aspiren a ser funcionarios.
En España es muy difícil hacer negocios gracias a nuestros queridos
políticos. Crear una empresa se convierte aquí en un proceso arduo,
caro y tedioso, al igual que en muchos países del Tercer Mundo,
mientras que en Singapur o Hong Kong, por ejemplo, legalizar una
sociedad no lleva más de un día y, además, a coste cero.
Así, resulta evidente que, más allá de la ineficiencia estática
(redistribución y gestión de recursos disponibles), el principal
problema que sufre la estructura estatal española radica en su falta
de eficiencia dinámica. ¿Y esto qué significa? Pues que lo
importante en Economía no es tanto administrar con diligencia una
casa o empresa (eficiencia estática) sino saber cómo incrementar la
hacienda actuando empresarialmente y comerciando con ella
(eficiencia dinámica).
Y es que la función empresarial (acción humana), tal y como
enfatizaba Ludwig von Mises en su Tratado de Economía, no consiste
en asignar de forma óptima unos determinados recursos disponibles
sino en buscar, descubrir y darse cuenta de nuevas oportunidades de
negocio capaces de generar beneficio. Es decir, la clave radica en
propiciar las condiciones socioeconómicas adecuadas para incentivar
con fuerza la creatividad empresarial.
Pare un momento y pregúntense lo siguiente: ¿Quién ha hecho grande a
Estados Unidos en el último siglo? Sin duda, un inmenso ejército de
empresarios dispuestos a satisfacer necesidades ajenas
(oportunidades de negocio) con el fin de lograr beneficios
(crecimiento económico); ¿a qué se debe el espectacular desarrollo
chino en los últimos años? A la relativa apertura económica que ha
experimentado su régimen al permitir, aunque de forma aún muy
limitada, el disfrute de la propiedad privada a sus ciudadanos; ¿por
qué no ha surgido durante décadas ningún Bill Gates en Cuba o Corea
del Norte? Supongo que ya sabrán la respuesta.
De este modo, para lograr una creciente eficiencia dinámica es
necesario orientar la política económica hacia la configuración de
un marco institucional que respete al cien por cien la propiedad
privada, potencie los intercambios comerciales de carácter
voluntario, garantice el cumplimiento de los contratos y, en
resumen, favorezca la actividad empresarial en toda su variedad y
riqueza de matices.
En este sentido, el levantamiento de barreras administrativas entre
regiones impide y dificulta el intercambio comercial, de ahí la
importancia de la unidad de mercado. Además, el intenso
intervencionismo que ejercen los poderes públicos, a todos los
niveles, tan sólo tiende a generar pobreza y miseria. Da igual que
éste sea impuesto a nivel central (régimen chino o cubano) o
regional, ya que la clave no es quién detenta el poder sino cómo se
detenta. Por ello, en el actual sistema autonómico, los gobiernos
regionales que apuesten por una mayor eficiencia dinámica tenderán,
sin duda, a registrar mayores tasas de crecimiento y menor paro
(Madrid), mientras que las menos eficientes tan sólo generarán
pobreza y estancamiento... ¿Adivinan cuáles?
Manuel Llamas es jefe de Economía de Libertad Digital y miembro del
Instituto Juan de Mariana.
Las aldeas de Astérix
Esto va a acabar mal porque no hay país viable que pueda tomarse su
propia gobernanza a cachondeo
IGNACIO CAMACHO ABC 7 Julio 2010
TENÍA que ocurrir y ya ha ocurrido. Lo único que faltaba en nuestro
desbarajuste territorial era que después de haberse autoasignado
competencias como el que se sirve el desayuno en el buffet de un
hotel, las autonomías decidiesen cumplir las leyes a la carta según
el criterio de sus virreyes de turno. Ésta del aborto no me gusta
porque soy católico, ésta otra del idioma porque soy catalán y
aquélla de los planes de estudio porque en mis islas no hay ríos. Se
han apropiado de las aguas y de los parques llamados ¡nacionales!,
han creado poderes judiciales y agencias tributarias de la señorita
Pepis, han vestido a los guardias de uniformes folklóricos y hasta
hay una región que ha puesto en su Estatuto una cláusula de «culo
veo, culo quiero» para atribuirse las funciones que el Estado les
permita a las demás. Ahora ya simplemente se arrogan la potestad de
tachar las leyes que no les convengan como señores de horca y
cuchillo, pura extraterritorialidad de factoa la medida del
horizonte del campanario. Váyase usted a abortar fuera de Murcia o a
aprender español fuera de Cataluña que esto es como la aldea de
Asterix y no nos gustan los romanos.
Poco puede asombrar sin embargo este caos cuando el primero que lo
promueve es el presidente del Gobierno, que lleva seis años dedicado
a la sorprendente tarea de achicar su propio ámbito de acción. Si el
encargado de gobernar para todos los españoles le promete a Cataluña
encontrar el modo de hacer lo que el Tribunal Constitucional ha
prohibido que se haga —por ejemplo, constituir un consejo de
justicia soberano— mal se va a sorprender de que el presidente
murciano considere que en sus dominios no rige la flamante ley
zapaterista del aborto. Donde las dan las toman; el problema es que
las den, y el Gobierno se ha puesto a repartir prebendas como quien
reparte chocolatinas: para ti los ríos, para ti las costas, para ése
los aeropuertos y para aquél los museos. Lo que no se entiende es
para qué quiere Zapatero tantos ministerios si la última función que
le quedaba a la mayoría de ellos, que era la iniciativa de legislar
para toda la nación, ha tropezado con los aranceles autonómicos
levantados por los reinos de taifas.
El Estado de las autonomías, construido a trancas y barrancas con un
cierto sentido de equilibrio igualitario, ha quedado convertido en
un descalzaperros particularista en el que los funcionarios cobran
sueldos diferentes, los estudiantes aprenden conocimientos distintos
y los ciudadanos en general pagan impuestos disímiles y no poseen
los mismos derechos. Ahora tampoco tienen por qué obedecer según qué
leyes. No hay que ser un jacobino recalcitrante para darse cuenta de
que esto va a acabar mal porque no hay país viable que pueda tomarse
su propia gobernanza a cachondeo.
Creado un máster destinado a formar
profesores de español en Estados Unidos
La Universidad de Salamanca y la de Reinhardt, en Georgia, firman el
acuerdo
www.lavozlibre.es 7 Julio 2010
Madrid.- La implantación del castellano en Estados Unidos continúa
creciendo a pasos agigantados. El último ejemplo es la firma de un
acuerdo entre la Universidad de Salamanca y la Universidad de
Reinhardt (Georgia, EE.UU.) para impulsar el establecimiento de un
máster de formación de profesores de español. Una muestra clara de
la importancia que la lengua española está adquiriendo en
Norteamérica.
Una delegación de la Universidad salmantina se ha desplazado hata
Georgia para dar forma al proyecto. La encabeza la profesora del
Departamento de Lengua Española Carmen Fernández Juncal. Este grupo,
además, impartirá allí el Máster en Lengua y Culturas Españolas,
título propio de la Universidad de Salamanca que este año cuenta con
29 matriculados. Será posible gracias a que la Universidad de
Reinhardt ha cedido sus instalaciones.
El máster para la formación de profesores de español comenzará a
ofrecerse de manera conjunta a partir del año próximo. Los último
detalles están siendo tratados por el rector de la Universidad de
Reinhardt, J. Thomas Isherwood; el decano de la Facultad de
Humanidades, Wayne Glowka, y la profesora Elaine MacAlliste. Se
busca que el máster tenga ambas consideraciones: título propio de la
Universidad de Salamanca y el de título oficial de máster del centro
norteamericano.
Por otro lado, en la Universidad de Salamanca se celebra esta semana
la XLVII edición de los Cursos Internacionales de Lengua y Cultura
Españolas con un incremento de matriculaciones de 110 alumnos, un
7,94% respecto a julio del 2009. Se dirige a alumnos que proceden de
65 países diferentes. La mayoría procede de América (1105), pero
también los hay que llegan desde Europa (241), asiáticos (80),
africanos (65), y hasta de Oceanía (5) y Oriente Medio (3).
******************* Sección "bilingüe"
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El estatuto de la discordia
Desde que adoptamos el Estado de las Autonomías, estas no han hecho
más que dilatarse a expensas de aquel
JOSÉ MARÍA Carrascal ABC 7 Julio 2010
ESE estatuto que iba a cerrar la brecha entre Cataluña y España,
según Zapatero, no ha hecho más que agrandarla. En el Principado
tocan a zafarrancho de combate. El que no clama por la dignidad
catalana herida convoca manifestaciones contra la sentencia del
Tribunal Constitucional sobre el estatut. ¿Por qué están tan
cabreados los nacionalistas catalanes, incluidos los que han nacido
en Córdoba, contra una sentencia que se ha limitado a podar lo más
groseramente anticonstitucional del texto, dejando todo lo demás?
Pues porque los nacionalistas nunca se contentarán con parte de lo
que buscan, por grande que sea. Lo quieren todo, causa de que
cualquier pacto con ellos será siempre transitorio y, por tanto,
improductivo. Quieren una nación con plenas prerrogativas, y cada
paso que den irá en esa dirección. Creer otra cosa son ganas de
engañar o engañarse.
Hay que advertir, sin embargo, que tras esa algarada hay un hecho
nuevo e importante: la sentencia del Constitucional significa el
primer intento de frenar el expansionismo nacionalista a costa de la
nación española. Desde que adoptamos el Estado de las Autonomías,
éstas no han hecho otra cosa que dilatarse a expensas de aquél. Con
los catalanes pidiendo siempre un poco más que los demás, y los
demás pidiendo tanto como los catalanes. Una carrera suicida que
llevaba al vaciamiento del Estado. El nuevo estatutdaba el salto
cuántico, al reclamar para Cataluña competencias propias en materia
económica, legislativa y judicial, es decir, pasaba de la autonomía
a la soberanía. Algo que ningún Tribunal Constitucional que se
preciara de su nombre podía admitir, así que ha expurgado del texto
estatutario de aquello que lo convertía en una constitución de
facto. Era lo mínimo que podía hacer si no quería convertirse en el
primer saboteador de la carta magna que está encargado de defender.
Provocando con ello la indignación nacionalista catalana. Creían
tener una quasi constitución, y se han encontrado con que siguen
teniendo un estatuto como todos los demás. Pero eso no es lo peor,
eso era incluso previsible. Lo peor es que Zapatero, tras haber
dicho que la sentencia cerraba el desarrollo estatutario, al ver
alzarse la algarada nacionalista, vuelve a las andadas, desanda sus
pasos e insinúa que lo que ha hecho el Tribunal Constitucional puede
deshacerse con leyes y decretos que den a los catalanes lo que
querían. Me dirán que no puede ser que una traición tan burda a
cargo de un presidente de gobierno no cabe en un Estado de Derecho
en la Europa de 2010. Pero es que no conocen a José Luis Rodríguez
Zapatero.
Estatut
Vísperas catalanas
José García Domínguez Libertad Digital 7 Julio 2010
Como bien sostiene Pío Moa, uno de los lugares comunes más vacuos de
la jerga política hispana es el cargante latiguillo que prescribe
"mirar al futuro". Ocurre al invariable modo, en cuanto el mando
desea saldar el menor atisbo de debate ordena, imperativo, husmear
en el futuro. Ahora, con ocasión del fallo del Estatut, tanto Rajoy
como Zapatero han vuelto a aferrarse a esa absurda convención
retórica. Y es que nada hay que ver en el futuro por la muy prosaica
razón de que allí no hay nada. Al contrario, quien aspire a
comprender la realidad habrá de girar la vista hacia el pasado.
Siempre, sin cesar, constantemente.
He ahí, por cierto, la gran diferencia entre el ser que piensa y el
que siente; entre el individuo y la masa, que dirían cuando todavía
se podía llamar a las cosas por su nombre. Así, contemplado desde
una cierta óptica histórica, el fracaso del proyecto catalanista se
revela estos días en toda su miseria. A fin de cuentas, más allá de
la impostada algarabía mediática, el hastío ante la paranoia
identitaria ha terminado cuajando en una abstención estructural,
crónica. Tras un cuarto de siglo de estomagante adoctrinamiento
institucional, la mitad del censo ya rehúsa hablar en las urnas por
sistema. Igual calla en las elecciones domésticas que en las
generales; como, indiferente, calló en el referéndum.
A ese paso, los micronacionalistas quizá puedan construir un
convento de cartujos pero no una nación. Aunque, claro, nadie les
quitará el recurso al guirigay callejero, la sempiterna especialidad
de la casa. "Fingen peligros que no existen y crean conflictos
imaginarios. Nuestros políticos necesitan estas agitaciones porque
no saben hacer otra cosa", confesaría en su diario Amadeu Hurtado,
el abogado de la Generalidad durante el otro contencioso con el
Tribunal Constitucional, el de 1934, poco antes de la sublevación de
Companys. El mismo Hurtado que inmortalizó tal que así a Macià, el
Montilla de la época: "No sabía nada de nada y daba miedo escucharle
hablar de los problemas de gobierno porque no tenía ni la más
elemental noción; pero el arte de hacer agitación y de amenazar
hasta el límite justo para poder retroceder a tiempo, lo conocía tan
bien como Cambó". ¿Mirar al futuro? Sí, en las bibliotecas.
José García Domínguez es uno de los autores del blog
Heterodoxias.net.
Máximo común divisor
Miguel Durán www.gaceta.es 7 Julio 2010
En aritmética, dícese del mayor de los números enteros posibles que
puede ser al mismo tiempo divisor de otros mayores que él,
naturalmente.
En política española puede predicarse perfectamente del actual
presidente del Gobierno: si por algo recordaremos a ZP en el próximo
futuro, será porque además de haber representado una catástrofe
económica para nuestra patria, ha sido el presidente –desde que
recuperamos la democracia– que más división ha sembrado entre los
españoles. Nos es común porque ha ganado –aunque con minoría
mayoritaria– dos elecciones seguidas; pero es divisor, porque es
capaz de convertir todas sus decisiones, sin excepción, en motivo de
discordia entre españoles (incluso es capaz de dividir a los que
teóricamente le apoyan). Se cargó, sin consenso, casi todo lo bueno
que había hecho Aznar, pero sin poner remedio a las cosas erróneas
del señor del bigote. Promovió un fallido intento de chalaneo con
los etarras que sólo sirvió para dividir, una vez más, a los
españoles y perder un tiempo precioso. Creó la Ley de Memoria
Histórica, que no es sino la resucitación del fantasma de la más
penosa guerra protagonizada por españoles. Ha hecho una Ley del
Aborto que es en sí misma un aborto, porque ni era necesaria, ni es
justa, ni nadie –salvo unos pocos– la pedía.
Y, finalmente, puso en marcha el mecanismo del Estatut, que sólo lo
pedían los de la élite catalano-burguesa, que quieren más dinero
exclusivamente para gastárselo en sus amiguetes. Y aquí fue donde
abrió la caja de Pandora de la división en Cataluña, puesto que ni
el Tribunal Constitucional con su sentencia ni ZP con sus apaños van
a cicatrizar fácilmente la herida que se ha abierto en Cataluña ni
la fractura potencial que desde la misma Cataluña se está impulsando
respecto de España. Este máximo común divisor es, además, el
culpable de que nos estemos empobreciendo a pasos agigantados, y no
tiene ni el coraje ni la valentía de marcharse para permitir que
España salga del marasmo en que él la ha metido.
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