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Esa ficción denominada Tribunal
Constitucional
Luis del Pino Libertad Digital 15 Julio 2010
Ayer, el Tribunal Constitucional ha rechazado suspender
cautelarmente la aplicación de la Ley del Aborto en tanto dicta
sentencia sobre el recurso de inconstitucionalidad planteado por el
Partido Popular.
Dado que el Constitucional ha dejado, en la práctica, de existir
como órgano de control de la constitucionalidad de las leyes; dado
que el Constitucional hace mucho que se ha convertido en un simple
órgano de justificación formal de cada nuevo atropello del poder
político, resulta casi ocioso comentar sus pronunciamientos, porque
de nada sirve seguir constatando lo obvio. Pero supongo que, al
menos, debemos intentar dejar constancia del lento proceso de
destrucción del estado de derecho en España, plasmado en los
sucesivos desatinos del Tribunal.
Dos son los aspectos que merece la pena resaltar en este caso. En
primer lugar, la correlación de fuerzas: la decisión de no suspender
cautelarmente la Ley del Aborto se ha tomado por seis votos contra
cinco, lo cual se corresponde, aparentemente, con la correlación de
fuerzas existente entre el sector "progresista" y el sector
"conservador" del Tribunal.
Sin embargo, esa correspondencia es sólo aparente, porque ha habido
un magistrado del sector "progresista", Eugeni Gay, que ha votado a
favor de la suspensión cautelar, lo que hubiera bastado para
suspender la ley si todos los magistrados del sector "conservador"
hubieran votado de la forma prevista. Sin embargo, uno de los
magistrados del sector "conservador", Vicente Conde, ha votado en
contra de la suspensión cautelar, lo que ha permitido compensar la
"fuga" de Eugeni Gay.
No es la primera vez que se producen fugas en el sector
"conservador". Recordemos que en la sentencia sobre el Estatuto
catalán, el conservador Guillermo Jiménez votó a favor del texto
presentado por María Emilia Casas, lo que permitió aprobar la
sentencia sin que Casas recurriera a su voto de calidad (en el caso
del Estatuto catalán, uno de los magistrados del sector
"progresista" estaba recusado, por lo que las fuerzas estaban
divididas, cinco contra cinco).
Recordemos también (véase el artículo "Errores en cadena") que otros
dos magistrados del sector "conservador", Jorge Rodríguez Zapata y
el fallecido Roberto García Calvo, rompieron también en su día la
disciplina de voto del sector "conservador" a la hora de elegir
presidente y que fue eso lo que permitió que accediera a la
presidencia del Tribunal María Emilia Casas, en lugar del
"conservador" Vicente Conde, por lo que el voto de calidad quedó
asignado al sector "progresista".
La pregunta es obligada: ¿por qué, siempre que existe la posibilidad
numérica de evitar un nuevo atropello, alguno de los miembros del
sector "conservador" sale en ayuda del sector "progresista"? ¿Tal
vez porque, en realidad, esa división entre sectores no es sino una
parte más de la perpetua escenificación en que se ha convertido la
actuación del Tribunal Constitucional?
El segundo aspecto reseñable del reciente pronunciamiento del
Tribunal Constitucional es el argumentario utilizado. El Tribunal
rechaza suspender cautelarmente la Ley del Aborto aduciendo que el
Constitucional no puede paralizar la aplicación de una norma
estatal. En otras palabras, se recurre a un argumento formal (falaz,
para más inri) con el fin de rechazar la solicitud de suspensión,
evitando así entrar en el fondo de la cuestión planteada, que no es
otro que la conculcación irreversible de un derecho fundamental
constitucionalmente garantizado: el derecho a la vida.
Como digo, ese argumento formal es falaz, por cuanto históricamente
se ha suspendido cautelarmente la aplicación de numerosas normas
estatales. Por ejemplo, entre 1979 y 1985 (hasta que se lo cargó el
gobierno de Felipe González) existía el recurso previo de
inconstitucionalidad, que permitía suspender automáticamente la
aplicación de leyes orgánicas y estatutos de autonomía. Por tanto,
claro que se puede constitucionalmente suspender la aplicación de
leyes estatales.
Pero, además, no es sólo que se pueda, sino que el más simple
sentido común dice que el Tribunal Constitucional debe suspender
cautelarmente la aplicación de determinadas leyes. Para verlo, basta
con poner un par de ejemplos de reducción al absurdo. Si una ley
estatal aprobada por las cortes autorizara a apalear a los negros,
¿qué defensa le quedaría a éstos si el Tribunal Constitucional no
suspendiera la aplicación de esa ley? ¿Defenderse a tiros?
¿O qué pasaría si el Gobierno aprobara una ley estatal disolviendo
el Tribunal Constitucional? Según la doctrina ayer aplicada, al
Constitucional no le quedaría otra salida que aceptar
disciplinadamente su propia disolución.
En el caso que nos ocupa, el Tribunal está dando por buena la
eliminación sistemática de seres humanos, amparada por la Ley del
Aborto de Zapatero. Si en el futuro el Tribunal fallara (como
tendría que hacer, de acuerdo con su doctrina previa) que el aborto
libre no es constitucional, ¿cómo se devolvería la vida a los niños
eliminados al amparo de esa Ley inconstitucional?
Pero, como decía al principio, no merece mucho la pena, desde el
punto de vista práctico, perder el tiempo comentando las
resoluciones de un Tribunal Constitucional ya ficticio. Los
argumentos importan bien poco cuando el objetivo del Constitucional
es, simplemente, vestir de legalidad las resoluciones
manifiestamente ilegales de un gobierno.
Se argumente lo que se argumente, las decisiones están tomadas.
El Estado de la Nación, una oportunidad
para el cambio.
Vicente A.C.M. Periodista Digital 15 Julio 2010
Ya ha pasado la resaca del gran triunfo deportivo de la selección
española de fútbol, eso que llaman de forma más que interesada “la
roja”. Nunca he creído en la inocencia de los apodos sobre todo
cuando a más de uno la palabra España se le atraganta y le chirría
cuando debe decirla. Ya lo de la bandera pasa de causar rechazo a
verdadera persecución como ocurre en municipios de las CCAA de El
País Vasco o Cataluña, sin que ni los Delegados del Gobierno, ni los
Presidentes de las CCAA implicadas hagan nada por impedirlo. Así que
la parafernalia y el circo montado ayer en la Moncloa por el Sr.
Zapatero intentando acaparar la atención de los medios en una
inusual “recepción”, deja a las claras su intención de aprovecharse
políticamente del esfuerzo y logros de unos profesionales con
valores éticos y conceptos mucho más sólidos que los de este
Presidente.
Pero ha venido el día después y mañana va a venir el calvario de la
sesión de control al Gobierno sobre el Estado de la Nación. Nada que
ofrecer y ninguna justificación de las erráticas medidas tomadas
hasta ahora en la “lucha contra la crisis”, que más bien se ha
transformado en la lucha por la supervivencia política abusando de
los sectores más débiles de la sociedad española y obligando a que
sean estos los que lleven el peso de los errores de bulto cometidos
por su incompetencia. Las subidas indiscriminadas de impuestos y la
falta de firmeza para exigir el control del gasto a las CCAA, le
dejan al Sr. Zapatero al borde del abismo.
Por otro lado, el PP por medio del Sr. Pons, nos quiere hacer creer
que el Sr. Rajoy va a transformarse mañana en el debate en una
auténtico león que destrozará mediante sus zarpazos dialécticos a un
noqueado Zapatero. Me voy a permitir dudar de su vaticinio y pensar
que, como en tantas otras ocasiones, se dedicará a intentar ironizar
sobre aspectos generales pero sin atreverse a presentar una moción
de censura. Porque lo importante es forzar al resto de los partidos
políticos presentes en el Congreso a tomar una decisión urgente
sobre el futuro de este desgobierno y no prolongar la agonía de
España y que el Sr. Zapatero no perjudique más ni hipoteque a los
españoles.
Porque no importa las críticas si no van acompañadas de hechos que
las avalen. De nada vale negar el apoyo de un modo público, si por
la puerta trasera se negocia un pacto, mercenario y chantajista como
el que prevé el Sr. Montilla o el propio Sr. Mas con la petición
“Unitaria” en el Congreso de todos los partidos catalanes para
anular “de facto” la sentencia del TC. Si el PP quiere desenmascarar
a todos estos trileros e inmorales políticos, su única alternativa
es poner una moción sobre la mesa y obligarles a desnudarse ante la
opinión pública.
Basta de mentiras y de trucos de demagogia. Mañana el Congreso de
los Diputados debería dar una lección de responsabilidad y forzar la
dimisión de este Gobierno y la convocatoria urgente e ineludible de
elecciones generales. No hay excusas para dar más oportunidades a lo
que se ha demostrado ser nocivo y contrario a los intereses de
España. ¡Elecciones generales ya!
Un mandato expirado
josé maría carrascal ABC 15 Julio 2010
¿Estamos gobernados por un cadáver político y no nos damos cuenta?
¿Ha completado Zapatero su ciclo como gobernante y sigue en La
Moncloa por pura inercia, una de las constantes de nuestra historia?
Si examinamos su trayectoria durante los últimos meses, percibimos
que no domina los acontecimientos, los acontecimientos le dominan a
él, que se limita a navegar sobre ellos como un surfista sobre las
olas, con trompazos cada vez más frecuentes, preludio del descalabro
definitivo. La «era Zapatero» viene jalonada por tres frases
rotundas, que han resultado tres rotundos reveses: «Otegui es un
hombre de paz», que marcó el inicio de las negociaciones con ETA;
«Pascual, os daré lo que me pidáis», origen de un estatuto que no ha
satisfecho a nadie; y «la crisis no afectará a España,» que no
necesita explicación. La consecuencia ha sido que, hoy, la economía
española la marcan Bruselas y los mercados, obligando a Zapatero a
hacer cosas que nunca había pensado hacer, mientras en política
pende y depende de los nacionalistas, que le apoyan solo si les
conviene, siempre a un alto precio. El momento de la verdad llegará
con los próximos presupuestos, sobre los que se acumulan todo tipo
de tormentas políticas y económicas. La sentencia del Tribunal
Constitucional sobre el estatuto catalán ha empeorado hasta tal
punto sus relaciones con CiU que empieza a verse difícil le salve.
Tendría entonces que recurrir al PNV, que le pediría tanto o más:
traicionar a Patxi López. Y aunque Zapatero es experto en
traiciones, va a serle difícil completar una dentro del propio
partido.
D Por no hablar ya de la prueba que le espera con los sindicatos,
con los que venía gobernando a bases de un pacto asimétrico:
concederles lo que le pidieran en el terreno laboral a cambio de paz
en el sector. Pero los sindicatos se encuentran en un apuro tan
grande o mayor que el suyo: Zapatero se ha visto obligado a romper
el arcaico statu-quoreinante en el mundo laboral por imposición
extranjera, dejando a los mandamases sindicales con el trasero al
aire. Ante lo que no han tenido más remedio que convocar
movilizaciones, La fecha es finales de septiembre, vísperas de las
elecciones catalanas y del debate presupuestario. Si el verano es
tórrido, el otoño se presenta infernal. Porque a Zapatero ya no le
queda escapatoria: o satisface a los leones interiores o a los
exteriores. A todos al mismo tiempo, como ha venido trampeando,
imposible, porque todos exigen la misma carne, que no es la suya,
sino la del pueblo español. La situación es particularmente grave
porque el pueblo español no está acostumbrado a vivir sin gobierno,
pese a la fama de ingobernable que tiene.
La realidad es que, a diferencia de los italianos, que han aprendido
a vivir sin gobierno y les va estupendamente, los españoles
necesitamos no ya un gobierno, sino varios, el municipal, el
regional, el nacional, a los que pedir favores, encargar de nuestros
asuntos y echar la culpa si las cosas salen mal. La facilidad con
que caemos en el anarquismo más estrepitoso cuando deja de haber una
autoridad sobre nosotros es la primera consecuencia de nuestra
incapacidad de autogobernarnos. Otra, nuestra renuencia a cambiar,
incluso cuando las cosas se tuercen, plasmada en el dicho «más vale
mal conocido que bien por conocer». Preferimos, no sé si por desidia
o fatalismo, que la situación se pudra por si sola a las pejigueras
que trae el cambio. De ahí que no haya puesto más ingrato que el de
jefe de la oposición en España, ni más cómodo que el de jefe de
Gobierno, hasta el punto de poder decirse que, en nuestro país, la
oposición no gana nunca las elecciones. Son los gobiernos los que
las pierden, por descomposición interna, corrupción generalizada o
incapacidad apabullante, pues la pequeña o mediana se toleran.
Como los errores. El mejor ejemplo lo tenemos en Zapatero, que se ha
equivocado en todas las decisiones importantes que ha tomado. Solo
una de las tres antes apuntadas hubiese bastado para acabar con una
carrera de gobernante en cualquier país democrático. Él, sin
embargo, ha sido reelegido y continúa yendo en las encuestas por
delante de Rajoy, pese a que la «conjunción planetaria» que iba a
representar su presidencia europea ha sido un fiasco total. Pero ahí
le tienen, convirtiendo las derrotas en victorias y confiando en que
lo peor haya pasado. Hace tiempo escribí en esta misma página el
secreto de su política o, mejor dicho, la fórmula de su permanencia
pese a su política: gobierna apoyándose en los defectos españoles,
no en nuestras virtudes. Y aunque todos los pueblos sienten
debilidad por sus defectos, los que eligen gobernantes que se apoyan
en ellos desaprovechan todas sus ocasiones históricas. José Luis
Rodríguez Zapatero gusta más del ayer que del mañana, como la
inmensa mayoría de los españoles, pese a que dicen por ahí que
«mañana» es nuestra palabra favorita. Su ideal es librar batallas
del pasado, en vez de las del futuro. Su deporte favorito es
alancear muertos, en vez de dejarlos en paz. Le aterran las
novedades y sólo se siente cómodo entre los latiguillos más
trillados. Recluta sus aliados entre los dirigentes más anacrónicos
y elige como consejeros gentes ancladas en la revolución cultural
del 68, que hoy es ya prehistoria. Le asusta el exterior y le
encantan los encuentros con los trabajadores en lo más interior del
país, como Rodiezmo, una reliquia del pasado. Su progresismo es un
disfraz, como en la mayoría de los españoles, anclados en las
tradiciones de su particular ideología.
F ascinado por el ayer, hizo de la memoria histórica el eje de su
programa de gobierno. No sabemos si, al hacerlo, se daba cuenta de
que regresaba a las dos Españas, cuando creíamos haberlas superado.
Dos Españas, una buena, otra mala; una moral, otra inmoral; una
progresista, otra retrógrada. Un planteamiento que obligaba
ineludiblemente a eliminar la mala, la inmoral, la retrógrada. Con
buena conciencia, además, pues así se purgaban la nación y el Estado
de los elementos perniciosos que les habían impedido funcionar y
desarrollarse normalmente. Para lograr tan formidable misión,
Zapatero no dudó en aliarse con quienes históricamente no se han
considerado españoles, con quienes abogan abiertamente por la
independencia e incluso con quienes han declarado la guerra a
España. La negociación con ETA, el pacto del Tinell y el nuevo
estatuto catalán formaban parte de esa estrategia para dar ese
vuelco copernicano al país, excluir de su escenario a la «otra»
España y completar lo que la Transición no se había atrevido a
hacer.
Volcado en tan hercúleo proceso, Zapatero se olvidó de gobernar.
Algunos dicen que, realmente, no sabía. El caso es que los grandes,
los verdaderos problemas de España, la educación, la innovación, la
productividad, el diferencial con los países punteros, no han hecho
más que agrandarse durante su mandato, y al llegar la crisis ni
siquiera la reconoció. Cuando no tuvo más remedio que reconocerla,
tomó las medidas falsas, y cuando el desplome español amenazaba
Europa esta se ha visto obligada a intervenirnos. Hoy, Zapatero
habla y gesticula según le dictan desde fuera y desde dentro los
mercados y los nacionalistas, respaldado por un partido que ve
amenazadas las sinecuras de que goza. Son fuerzas poderosas, que le
permiten resistir más allá de lo normal. Pero políticamente está
acabado. De sus rivales no puede esperar piedad, como él no la tuvo
con ellos. De sus seguidores, la obediencia del que no tiene otra
salida. De los nacionalistas, apoyo solo a cambio de traicionar a
España, es decir, traicionar su cargo, pues engañar no podrá volver
a engañarles. Dije al principio que era un cadáver político. Peor
que eso: es un cadáver que anda. Basta verle rodeado de banderas
rojigualdas en vez de republicanas, con un balón de fútbol siendo de
baloncesto.
Traidores por doquier
Zapatero no se va. Se defenderá clamando contra todos los
«traidores» que no le ayudan y no le creen
HERMANN TERTSCH ABC 15 Julio 2010
RESIGNÉMONOS, españoles, no hay nada que hacer. El debate sobre el
estado de la Nación en el Congreso de los Diputados nunca ha sido un
debate de especial gran nivel. Pero todo es susceptible de empeorar
en la triunfal era de Rodríguez Zapatero. La economía se hunde, los
socios europeos nos huyen y temen, nadie se fía de nosotros,
nuestras instituciones se combaten entre sí y afloran las
hostilidades por doquier. ¿Por qué iba a mejorar precisamente este
año el nivel del debate anual, el estado de la Nación? Por eso ayer
tuvimos a un Zapatero que se fue fiel en todo momento. Pudimos ver a
un jefe de la oposición más inspirado y contundente que de
costumbre. Debe de haber llegado incluso a Génova el rumor de que la
gente en la calle no solo está angustiada. Está enfadada y asustada.
También está harta de ver cómo este espectáculo de palabrería no
conduce a nada que repercuta para bien en su situación, en su ánimo
y su economía doméstica. La oposición hace bien en tomarse en serio
el riesgo de que la palabrería de la Cámara nos deje tan exhaustos a
los españoles que acabemos confundiendo las distintas palabras que
se cruzan en el hemiciclo. Y que el hastío que producen ya las
letanías vacías del presidente del Gobierno acaben afectando también
a una oposición a la que su líder ha impuesto un ritmo quizá muy
gallego, pero que impacienta a sus posibles votantes.
Que Rajoy fue ayer superior en poder de convicción, credibilidad y
presencia es cierto. Pero tal constatación no supone que pueda
ponerse a tirar cohetes. Porque la sociedad española está hoy igual
que ayer por la mañana. Que el líder de la oposición nos recuerde
que el presidente del Gobierno es un incompetente y mentiroso
compulsivo, para quien la palabra no tiene valor alguno, es algo que
ya no es original —por cierto que sea—. Sí dio el jefe de la
oposición en el clave en el pasaje de su primera intervención en la
que, escuetamente, compara la situación de hoy con la existente hace
un año, cuando se celebrada el anterior debate. En esos datos pueden
condensarse todos los fracasos, las falacias y la impotencia de este
Gobierno, dirigido por quien parece un adolescente turbado y
expulsado de su espejado mundo de juguete. Se ha descompuesto
Zapatero con las intervenciones de su rival y, al subir a la tribuna
a responder a Rajoy, era un hombre desencajado. Cuando más tarde ha
querido recurrir al humor ha resultado más patético aún. Zapatero
debiera saber que una cosa es que se hagan chistes de él y otra, ser
chistoso. Resumiendo, Zapatero no se va. Agotará la legislatura,
nadie sabe para qué. Se defenderá clamando contra todos los
«traidores» que no le ayudan y no le creen. Y como los traidores
somos cada vez más, veremos qué instrumentos se le ocurren al
Timonel y a Ferraz para convencernos.
Y el visionario acabó convertido en
caradura
Jesús Cacho. El Confidencial 15 Julio 2010
Alguien dijo que una característica común a todos los líderes
populistas que en el mundo han sido es que mienten con tanto descaro
que incluso es falso lo contrario de lo que dicen. Confieso que
contemplar a Rodríguez Zapatero desgranando desde la tribuna del
Congreso los desequilibrios macroeconómicos que han terminado
poniendo en la calle a 5 millones de españoles como si la cosa no
fuera con él, confiado y campanudo, afectadamente solemne, como si
no hubiera tenido nada que ver con el desastre a pesar de estar
gobernando desde marzo de 2004, me produce una impresión cercana al
aturdimiento. Con más cara que espalda. Con todo el morro. Como un
profesor de Historia de un colegio de secundaria narraría la
invasión de España por las tropas de Napoleón o la batalla de
Lepanto.
Lo de ayer fue un déjà vu en la ceremonia de la confusión que
acompaña al Gobierno de España desde marzo de 2004. Una nueva
estación en el vía crucis de un país condenado a vivir su calvario
hasta purgar, de grado o por fuerza, los excesos cometidos por mucha
gente -promotores inmobiliarios, banqueros codiciosos, políticos
corruptos-, pero fundamentalmente por un Gobierno de tan alta
ideologización como bajo nivel de capacitación técnica, presidido
por un peligroso visionario que se cree sus propias fantasías. La
novedad es que el visionario ha terminado convirtiéndose en un
caradura.
Si el 3 de julio de 2007 -último debate sobre el estado de la Nación
de su primera legislatura-, el aludido realizó un balance
triunfalista de sus tres años en el poder que culminó con el
anuncio-guinda de la canastilla de 2.500 euros para cada nuevo hijo,
además de la promesa del “pleno empleo” si resultaba reelegido en
2008, en el debate del año pasado (12 de mayo de 2009), el
prestidigitador sorprendió a todos con una catarata de planes y
paquetes y ayudas, al menos supuestas, que dejaron noqueado a un
Mariano Rajoy que no se esperaba tal aluvión. Gasto público a
mogollón. Regalos a todos aquellos grupos de interés con alguna
capacidad de presión o influencia electoral.
Entre ambas fechas, en esos casi dos años que van de julio de 2007 a
mayo de 2009, el señor presidente se había dedicado a negar la
crisis y a calificar de antipatriota a quien afirmara lo contrario.
En pleno 2008 se refería a ella calificándola de “periodo de
desaceleración del crecimiento”. Cuando resultó evidente, a cuenta
del desplome de la actividad con su correlato de paro, que debía
cambiar de registro, trató de enmascararla en la situación
financiera internacional, intentando ocultar, mintiendo siempre, que
España tenía su propia y demoledora crisis, personal e
intransferible, tan distinta, tan cruel como atestiguan esas tasas
de paro que no conocen parangón en el mundo civilizado.
Lo de ayer fue un déjà vu en la ceremonia de la confusión que
acompaña al Gobierno de España desde marzo de 2004
En mayo de 2009, sin embargo, el inquilino de Moncloa creía haber
encontrado el antídoto perfecto para acabar con la pesadilla: el
gasto público. Los economistas en nómina le habían convencido de que
el ratio deuda pública/PIB español, entonces en el entorno del 36%
frente a una media del 59% en la UE, le permitía gastar con
liberalidad en las cosas más variopintas, por improductivas que
fueren. El déficit público así generado se vio engrosado por el
aumento de los gastos del seguro de desempleo y el derrumbe de los
ingresos fiscales, consecuencia todo ello de la aparatosa caída del
PIB. Con el agravante de que como se podía gastar sin ton ni son,
porque el Tesoro público era un pozo sin fondo, no era necesario
adoptar reformas estructurales de ningún tipo. El corolario del
desmadre descrito es que, entre diciembre de 2007 y el mismo mes de
2009, las cuentas públicas pasaron de un superávit del 2% a un
déficit del 11,4%. Más de 13 puntos de PIB desaparecidos en solo dos
años por el sumidero de las “políticas sociales” de Zapatero.
Miedo a la suspensión de pagos de España
El castillo de naipes se vino abajo con la crisis del euro ocurrida
en mayo pasado, una crisis en buena medida causada por las sospechas
de los mercados sobre la capacidad de España para pagar sus deudas.
Y, de pronto, Zapatero se asustó. Se asustó tanto que de un día para
otro, tras la dramática noche del 9 al 10 de mayo vivida en Bruselas
por la ministra Salgado (“me dicen que eso no es suficiente, José
Luis, que quieren más…”) ante sus pares, la UE y el BCE acordaron
crear un fondo de hasta 750.000 millones para “proteger a la divisa
europea de los ataques especulativos”, aunque la verdadera razón
estaba -está- en dar seguridad a los mercados de que España no
suspenderá pagos.
El resultado fue un radical volantazo a la derecha, con
replanteamiento de la política económica del aprendiz Zapatero. No
iba a tocar el gasto social, ni el sueldo de los funcionarios, ni
las pensiones, ni, por supuesto, el mercado de trabajo sin el
acuerdo de patronal y sindicatos… Rajoy tuvo ayer la humorada de
leer una página del diario de sesiones del citado 12 de mayo de
2009. Cita textual del genio de León: “Yo he dicho, señor Rajoy, que
no hay que hacer una reforma laboral. Usted es el que afirma tal
cosa. He mantenido y mantendré que no se producirá ninguna reforma
laboral que debilite los derechos de los trabajadores o facilite,
abaratándolo, el despido. Lo mantengo y lo mantendré”.
Pues, con un par, ha terminado haciendo la reforma -reformita- y por
Decreto. ¿Alguien vio ayer en Zapatero alguna sombra de duda, algún
gesto de vergüenza ante semejante ejercicio de travestismo, algún
ligero temblor facial? ¿Oyó alguien algo parecido a una disculpa
ante los funcionarios, los pensionistas o los trabajadores españoles
en general? Muy al contrario, alardea, alardeó ayer, del ajuste
emprendido -más bien ajustito para las verdaderas necesidades de
nuestra Economía- como el que presume de haber ganado el Nobel. Y
con la fe del converso, se compromete a “culminar con ambición todas
las reformas que hemos puesto en marcha”, mientras descubre el
Mediterráneo de que “hay que crecer sin incrementar el gasto
público…”. A buenas horas, mangas verdes.
Es lo que tiene el personaje: que aprende tarde, mal y nunca; que
lleva tres años de retraso en casi todo, en reconocer la crisis y en
adoptar decisiones mínimamente coherentes que la situación
reclamaba. Tres años perdidos y muchos más de sufrimiento, en
términos de paro y pérdida de nivel de vida, colectivo. Y esto es
así no solo en el terreno económico, sino también en el político e
institucional. Un botón de muestra: el presidente del Gobierno que
juró guardar y hacer guardar la Constitución se dispone a
desguazarla con la ayuda de su cuate Montilla, para resolver los
problemas que enfrentan a PSOE y PSC. Lo nunca visto en el mundo de
las democracias occidentales. Vale el viejo doliente lamento: ¿Qué
hemos hecho los españoles para merecer esto…?
Mundial
La no España perdió
Cristina Losada Libertad Digital 15 Julio 2010
El progre español vive en la no-España. Ese no-lugar es un poco
diferente de la anti-España del secesionista, pero tan similar que
ambos se entienden mejor entre ellos de lo que se entienden con los
que viven en España. Para nuestro progre de manual, que suele ser un
advenedizo, que alguien viva en la nación española, ¡y que llegue a
darle vivas!, resulta no sólo incomprensible, sino impensable. En su
mitología, España es una unidad impuesta a sangre y fuego a unos
pueblos, que en su diversidad, eran muy felices, y que más que
ninguna otra cosa desean recuperar su identidad nacional, oprimida
durante tanto tiempo. Cálculos de poder al margen, ese tópico de
baratillo es la clave del imaginario que guía a Zapatero.
Convencidos de su superioridad respecto del común de los mortales,
pero seguros de representar al pueblo como nadie, esos progres de
salón, que son los que gobiernan, deberían sentirse confundidos y,
en todo caso, atribulados. Durante unos días, al calor de un triunfo
deportivo, el pueblo, pues de un fenómeno popular hablamos, ha
dejado claro que vive en España. Y harían bien en sospechar que
siempre ha vivido allí, al contrario de lo que creen ellos. Daban
por sentado que en España sólo moraban los nostálgicos del
franquismo, los nacionalcatólicos, los vejetes inasequibles a la
sutileza relativista. Y que si España era algo, sería una entidad
administrativa, una especie de coordinadora de las auténticas
naciones, las "identidades fuertes", con culturas, lenguas e
historias diferentes.
El pueblo, sin embargo, tiende a la incorrección política y se
resiste a trasladar su residencia a la no-España que pintan tan
plurinacional y bonita. Las multitudes que celebraron la victoria de
la selección española no dieron vivas a las "realidades nacionales"
ni corearon "yo soy del Estado español". Tampoco estaban compuestas
por ancianos con bigotillo. Y, lo que es peor, sacaron la bandera de
España sin ningún sentimiento de culpa. No sé cómo llevarán los
progres que nos gobiernan un divorcio tan patente entre sus clichés
y la realidad. Pero la afloración de "una realidad patriótica"
(Gustavo Bueno dixit), los coloca ante un dilema de difícil
solución. O hay millones de fachas en España o lo que hay son
españoles. Resulta que la gente vive con naturalidad en España y
ellos, no.
Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
Razones para ir a las urnas
El Editorial La Razón 15 Julio 2010
José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Congreso para afrontar el
Debate del Estado de la Nación en su momento político más crítico.
El insólito aplauso de los diputados socialistas que le acompañó en
el recorrido desde su escaño a la tribuna de oradores evidenció ese
estado de ánimo sombrío. La primera conclusión del Pleno de política
general es que si el presidente lo tomó como una suerte de tabla de
salvación, un trampolín para recuperar el aliento y acabar la
Legislatura, no lo consiguió. Zapatero, que ha demostrado en estos
años su falta de capacidad para afrontar la crisis y su facilidad
para malgastar los recursos públicos hasta disparar la deuda y el
déficit y poner en riesgo el crédito, demostró que su proyecto está
exhausto y desfondado. Llegó al debate con una soledad política
contundente y salió del mismo embarcado en la agonía de una huida
hacia adelante, censurado por izquierda y derecha y crispado y
agresivo. Su cara a cara con Mariano Rajoy fue la repetición de
todos los latiguillos y tópicos contra el PP que han marcado la
historia de estas sesiones, pero ni dio cuentas de su gestión ni
detalló cómo piensa sacarnos de la crisis. Nada nuevo propuso más
allá de justificar el mayor recorte del Estado de Bienestar que se
recuerda, y anunciar otro ajuste en los Presupuestos. Ni un atisbo
de autocrítica y sí grandes dosis de autocomplacencia antes de pedir
un «esfuerzo colectivo» para afrontar más sacrificios. Incluso,
recurrió a unos cuantos índices económicos, incluido el probable
crecimiento de la economía en el segundo trimestre, para jactarse de
que España va bien. Duran Lleida definió mejor que nadie la actitud
del presidente: «Está en otra galaxia».
Mariano Rajoy estuvo brillante y contundente, y puso el acento en lo
que, al final, impide la recuperación económica y la creación de
empleo: la falta de confianza en el presidente. El líder de la
oposición situó a Zapatero ante el espejo de sus incontables
contradicciones y cambios de rumbo y le recordó que había incumplido
su programa electoral y sus compromisos de investidura, así como
acuerdos como el Pacto de Toledo. «¿Cómo se puede confiar en usted
si va de engaño en engaño?», se preguntó. Sin confianza, cree Rajoy
con toda razón, las posibilidades de recuperación se reducen hasta
agotarse. En esa situación de soledad, descrédito, sobrepasado por
las circunstancias e incapaz de generar un compromiso y un consenso
nacionales para afrontar los sacrificios que la situación y Europa
nos exigen, la alternativa de las elecciones generales, como reclamó
Rajoy por primera vez, es la más responsable y la más honesta. Duran
Lleida, solvente y atinado, incidió en esa idea: «La legislatura
está agotada; es un problema de desconfianza». Hemos defendido antes
que nadie que el adelanto electoral respondía mejor que otras
alternativas al interés general, dado el agotamiento del proyecto
socialista. Y cada día la urgencia es mayor. Pero el Gobierno está
decidido a desoír el clamor social y a persistir en una política tan
dañina como la que llevará al presidente a sortear la sentencia del
Estatut por la puerta de atrás con unas cuantas leyes para salvar la
cara en Cataluña frente a un Rajoy que recordó ayer su acatamiento y
el respeto al fallo.
Debate
Por qué Zapatero es el problema
Emilio J. González Libertad Digital 15 Julio 2010
En sus intervenciones durante el Debate sobre el Estado de la
Nación, el presidente del Gobierno ha dado una nueva prueba de que
el principal problema para la economía española no es la crisis
inmobiliaria, ni la del sector financiero, sino el propio ZP.
Zapatero se presentó en la tribuna de oradores con un discurso como
cabía esperar de él: con una intervención llena de generalidades
–¿cuáles son las reformas estructurales a las que se refirió?–, sin
concreciones y en la que dibujaba una España muy distinta de la real
en la que, gracias a él y a todo el catálogo de medidas que está
desplegando el Gobierno –que, por supuesto, enumeró de forma
exhaustiva–, estamos empezando a superar la crisis. El problema es
que todo ese optimismo que ZP derrochó a raudales no lo comparten
más que sus incondicionales, porque los analistas hablan de vuelta a
la recesión en la segunda mitad del año y de muy serios problemas
con el sector financiero a partir de este otoño. Mientras tanto, las
empresas no es que ya no consigan crédito, es que ya ni su banco de
toda la vida les admite a descuento un simple pagaré, entre otras
razones porque el poco dinero del que disponen tienen que dedicarlo
a comprar la ingente cantidad de deuda pública que emite el Gobierno
para evitar la quiebra del Estado.
Por supuesto, Zapatero no se cortó un pelo a la hora de colgarse un
montón de medallas sin, por supuesto, merecer ninguna de ellas.
Según el presidente del Gobierno, todo lo que ha hecho el Ejecutivo
ha sido porque la crisis internacional ha obligado a nuestro país a
adelantar los planes de ajuste y porque su Gabinete apuesta por una
España moderna y competitiva, para lo cual ha aprobado las reformas
estructurales que dice haber aprobado. Pero lo cierto es, sin
embargo, que todo esto no ha sido fruto de la voluntad del Gobierno
ni, mucho menos, de su presidente, sino que nos ha venido impuesto
por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea a cambio de
no dejar caer a España. Vamos, que nos han intervenido con todas las
de la ley, pero de forma sutil, y ZP pretendiendo vendernos las
burras: la de que todo es fruto de su preocupación por España y los
españoles, la de que ha aplicado un verdadero plan de saneamiento
presupuestario y la de que ha puesto en marcha reformas
estructurales que distan mucho de ser tales. De la misma forma que
las pocas e insuficientes medidas que se han tomado hasta ahora son
el fruto del miedo que los mercados le metieron a Zapatero en el
cuerpo; miedo que, una vez superado, le ha permitido al presidente
del Gobierno volver a las andadas. Él no tiene una verdadera
voluntad de hacer nada para arreglar las cosas; sólo responde a la
presión externa cuando ésta alcanza límites casi insoportables, lo
cual ha minado por completo la confianza en la economía española y
su sistema financiero.
Tres cuartos de lo mismo cabe decir en relación con las medidas
adoptadas por la Unión Europea para afrontar la crisis, en especial
la que puede ocasionar la suspensión de pagos de España. Según la
versión de ZP, todo eso del fondo de rescate se debe a él y a su
participación en la política comunitaria como presidente de turno de
la UE, cuando lo cierto es que las decisiones se han tomado entre
Berlín y París, ninguneando a Zapatero y dejándolo al margen puesto
que, al fin y al cabo, el problema real era y es la España de ZP,
cuya situación puede ser una bomba de relojería para el sistema
financiero de la UE. Pero, por supuesto, un ZP muy pagado de sí
mismo en su discurso: no se cortó un pelo a la hora de atribuirse al
respecto méritos que no le corresponden.
Lo peor de todo, sin embargo, fue la sensación que dejó Zapatero de
que no piensa rectificar y de que va a seguir con su línea y en el
cargo le cueste lo que le cueste. Dijo que el Estado va a recortar
otros 20.000 millones de euros de gasto público en 2011 aplicando la
tijera a los gastos corrientes y a las transferencias a las empresas
públicas, cuando los primeros no dan para mucho y cuando resulta
que, en materia de empresas públicas, el Gobierno no ha aplicado a
Renfe la rebaja del 5% que ha impuesto a los funcionarios. En
cambio, donde debe dejar de gastar, esto es, en las partidas
ideológicas, no va a aplicar la tijera y lo ha dejado bien claro. Él
sigue a lo suyo y no piensa marcharse, como contestó a la petición
de elecciones efectuada por Rajoy. Es más, tal y como se expresó con
eso de que si el presidente del PP quiere que ZP se marche le
presente una moción de censura, dejó entrever que, incluso si el
PSOE llegara a perder una votación de importancia, digamos, por
ejemplo, sobre los presupuestos, el Gobierno seguiría en su lugar.
Es decir, que él está dispuesto a seguir en el cargo contra viento y
marea, pase lo que pase, mientras no le echen del mismo, y a seguir
haciendo lo que ha venido haciendo desde que llegó al poder en 2004.
Zapatero, por ello, es el verdadero problema de la economía
española. El Debate sobre el Estado de la Nación lo ha dejado muy
claro.
¿Ya no se puede hablar de ETA?
Regina Otaola Libertad Digital 15 Julio 2010
En el Debate de ayer me chocó el hecho de que un asunto como el
terrorismo pasara prácticamente de soslayo. No creo que se le
dedicará más allá de un minuto. Se afirmó que existe unidad frente a
la política antiterrorista y se congratuló el presidente de dos
propuestas: una proposición de ley integral de ayuda a las víctimas
del terrorismo y un informe sobre la reforma electoral que, según
afirma quien ha permitido que ANV esté en 42 ayuntamientos sin mover
un solo músculo, propone incrementar las capacidades de actuación
frente a los batasunos. Conociendo al proponente, ¿creen que este
informe se materializará en tiempo y forma, es decir, creen que se
convertirá en ley para las próximas elecciones? Déjenme que sea un
tanto escéptica porque está claro que todo se hará o no se hará
según la conveniencia del presidente con o sin “Txusito” de por
medio, con o sin negociación con terroristas.
De forma que no me extraña enterarme por el CIS que para los
españoles el terrorismo ocupa actualmente el sexto lugar en
importancia, por detrás incluso de la inmigración y de los
políticos. Creo que esto es un problema de enorme trascendencia
porque el terrorismo, aunque ETA lleve tiempo sin poder atentar,
sigue estando presente en todos y cada uno de los pueblos de esta
Comunidad, sólo que están calladitos buscando la forma de acceder a
las instituciones para retomar cuanto antes su actividad criminal.
Los terroristas como los batasunos, etarras sin pistola, siguen
pensando lo mismo y no podemos creernos por tanto a quien dice que
Batasuna sólo quiere hacer política y que ETA, es decir, los suyos,
le siga. Me viene a la mente la imagen del perro queriéndose morder
la cola y dando vueltas sobre sí mismo sin dejar de ser eso, un solo
perro.
¿Algún día seremos conscientes de que el terrorismo es algo más que
los atentados? Los atentados son un medio para alcanzar el fin:
aterrorizar a la sociedad, para controlarla. Pero si el terror ya ha
conseguido imponerse como en muchos municipios vascos, los atentados
no son siquiera necesarios. Basta con una persistente presión en
forma de amenazas, pintadas, carteles de propaganda… Por eso
considero que debemos estar muy al tanto de lo que está sucediendo
detrás de las bambalinas. De hecho, considero que muy otra sería
también la reacción del público encuestado si en vez de preguntar
por el “terrorismo” o por “ETA” se les preguntara a los españoles si
consideran un problema “la sistemática amenaza terrorista a los
derechos y libertades de decenas de miles de españoles” que viven en
el País Vasco.
Por todo ello considero que debemos reclamar transparencia a
nuestros representantes, pero es obligación de muchos otros
españoles como periodistas, intelectuales, jueces, empresarios y
ciudadanos comprometidos hacer ese ejercicio de verdad y libertad
tan necesario para combatir el terrorismo, pues quien crea que a día
de hoy se vive en libertad en la CAV se equivoca. Hay un nuevo
gobierno, es verdad, pero todavía falta mucho para lograr la
libertad de todos y cada uno de nosotros porque Batasuna sigue
haciendo su labor allí donde siempre la ha hecho y como siempre lo
ha hecho. Y esto también es terrorismo, o más bien: los beneficios
extraídos por Batasuna con el terrorismo de ETA, gracias
evidentemente al presidente del Gobierno, a sus ministros de
Interior y Justicia, y al fiscal general del Estado.
Que no se nos olvide aunque algunos pasen de puntillas sobre un tema
del que ahora, al parecer, es mejor no hablar.
esto solo lo arreglamos sin las autonomias
.org
www.estosololoarreglamossinlasautonomias.org 15 Julio 2010
Madrid, 12 de julio de 2010
Estimado amigo:
Quiero con estas lineas hacerte llegar, en nombre de quienes hemos
impulsado el Manifiesto "Esto solo lo arreglamos sin las
Autonomias", nuestro agradecimien- to por haberte sumado a una
iniciativa cuyo objetivo fundamental es concienciar a los ciudadanos
de lo que para la integridad, la cohesión, la viabilidad economica y
la solidaridad nacional supone el modelo de Estado de las Autonomías
que tene- mos.
Estamos todavia en un a primera fase. Aquella en la que solo por
nuestros pro- pios medios, a traves de la difusión entre conocidos
del Manifiesto, conseguimos crecer. Son muchos los que, además, se
han ofrecido a colaborar o nos hacen llegar articulos y opiniones
que denuncian la otra cara del Estado de las Autono- mías. Te animo
a que en este sentido colabores con nosotros.
Esperamos hacer una presentación pública del Manifiesto y difundirlo
a los me- dios. Preparamos una reunion en Madrid, al inicio del
curso politico, para que po- damos reunirnos y conocernos. Tambien
vamos a salir a la calle en numerosos puntos de España para pedir a
los ciudadanos su firma. Todo ello, como te indi- caba al inicio de
estas letras, con la finalidad de despertar a la ciudadanía ponién-
dola frente al espejo de la realidad.
Esperando seguir contando con tu apoyo y colaboración.
Javier Paredes
Portavoz
http://www.estosololoarreglamossinlasautonomias.org
******************* Sección "bilingüe"
***********************
Más Zapatero, le "cueste lo que le cueste"
a España
EDITORIAL Libertad Digital 15 Julio 2010
No hacía falta esperar a que él nos lo dijera para saber que
Zapatero pretende continuar aferrado al poder "cueste lo que
cueste". Tampoco hacia falta que Rajoy nos lo dijera para saber que
"el mejor servicio que puede hacer al país" el presidente del
gobierno "es convocar de manera inmediata elecciones anticipadas".
Estas afirmaciones del presidente del Gobierno y del líder de la
oposición resumen, sin embargo, el duro enfrentamiento que ambos han
protagonizado durante el Debate sobre el Estado de la Nación. Y bien
está que Rajoy, aunque sea tarde, haya pedido por primera vez de
forma explicita esa convocatoria anticipada de elecciones, pues es
evidente que el principal obstáculo para la recuperación de nuestro
país lo constituye quien está al frente de su Gobierno.
Zapatero ha demostrado que por no servir ya ni siquiera sirve para
maquillar la trágica situación por la que atraviesa nuestro país,
tanto institucional como política y económicamente. Así, y con el
objetivo de justificar el plan de rescate de la UE y el tijeretazo
del gasto que ésta nos impuso, ha llegado a reconocer la quiebra –él
ha dicho "catástrofe" y "déficit insostenible"– al que estábamos
abocados hace tan sólo dos meses. Lo peor es que en el resto de su
intervención no ha ofrecido nada para garantizar que ese riesgo se
haya despejado de forma definitiva. Por el contrario, Zapatero ha
dedicado el resto de su intervención al terrible estado, no de la
nación, sino del principal partido de la oposición.
El problema es que España está en crisis, no sólo desde el punto de
vista económico, sino también como nación y como Estado de derecho,
tal y como deja en evidencia el escasisímamente recortado estatuto
catalán, que para colmo no ha servido más que para que sus
impulsores amenacen con el desacato y con la rebelión institucional.
Sí, respecto a la economía, Zapatero ha acusado al PP de "no arrimar
el hombro" y de "aprovecharse electoralmente" de la crisis, respecto
al Estatuto también ha culpado al PP de que la sentencia no lo
declare del todo constitucional. Vamos, como si el responsable de
una dasastrosa gestión económica o de la inconstitucionalidad
escasamente reconocida, no fuera el que la perpetra sino el que la
denuncia (aunque en este último caso, sólo cabe lamentar una vez más
que el PP de Rajoy haya renunciado a defender la Constitución frente
al Estatut en esta nueva etapa de sumisión de los populares ante el
nacionalismo catalán).
Ante esa doble crisis por la que atraviesa España, Zapatero se ha
vuelto a mostrar incapaz de ofrecer nada: ni siquiera esos conejos
que se sacaba de la chistera en los tiempos en los que no tenía
ningún escrúpulo en dejar en evidencia que para él gobernar es
gastar. Y respecto a la rebelión que protagonizan los nacionalistas
y su propio partido en Cataluña, no hay más que ver la suave y
condescendiente réplica que le ha dirigido a un Durán i Lleida antes
las amenazas separatistas, para saber que con este Gobierno la
sentencia del Estatut va a quedar en papel tan mojado como ha
quedado la Constitución.
España: proyecto irresoluble, inviable,
imposible
Pedro de Hoyos. Periodista Digital 15 Julio 2010
El estado de la nación quedó bastante claro después de lo que hemos
visto en estos dos días de debate: Caótico. Estas contiendas carecen
de toda función práctica aparte de mostrar las limitaciones de la
Democracia y de nuestros políticos. Repetimos año tras año los
mismos errores: “Y tú, más”. La frase de ZapaHuero lo describe todo:
“Yo sé que he perdido el afecto de muchos españoles en estos dos
años, pero usted no está para tirar cohetes”. Y tiene razón, Rajoy
se está limitando a esperar que el cadáver de su vecino pase delante
de su puerta. ¿Pero pasará?
Entre la inactividad y la inoperancia el Gobierno nos conduce a la
nada; la oposición sumida en el encogimiento de hombros y en la
negatividad carece de iniciativa y los españoles desconocemos su
programa; entre todos navegamos a la deriva, económica, moral y
socialmente. Carecemos de proyecto.
Lo anunció Durán i Lleida, habitualmente calificado como el más
serio, responsable y trascendente de nuestros políticos: No cabemos
en esta Constitución tal y como ha sido interpretada. Dicho de otra
forma: o el árbitro señala lo que nosotros decimos o se acabó el
partido. Y, también, muy posiblemente tenga razón. España carece por
el momento de un partido nacional que sirva de apoyo a quien haya
sido elegido para firmar el BOE. Siempre, emboscados detrás de las
urnas están los nacionalistas, con González, con Aznar, que habló
catalán en la intimidad cuando le convino políticamente, ahora con
Zapa, que debe su presente a los votos del PSC de Maragall y su
futuro a CiU, y tal vez mañana, si esto no se endereza, con Rajoy. Y
como colofón de todos los apoyos en juego, un precio que hemos de
pagar entre todos, sea en dinero invertido, sea en legislación a la
demanda del partido apoyante.
Los españoles estamos condenados a vivir haciendo equilibrios en el
alambre, en lo más alto del circo mundial, sin red que nos espere
abajo, y con nuestros políticos jugando divertidos a
desequilibrarnos. ¿Alguien me ofrece trabajo en otro país?
Cataluña
¿Más café para todos?
José García Domínguez Libertad Digital 15 Julio 2010
Hay que ignorarlo todo sobre la naturaleza del nacionalismo catalán
para incurrir en una promesa como la que acaba de asumir Zapatero en
el Debate; a saber, el compromiso de vadear la sentencia con tal de
"desarrollar" los contenidos del Estatut viciados de
inconstitucionalidad. Igual que tantas veces, el presidente parece
hablar a humo de pajas, pero lo grave es que en esta ocasión
desconoce con quién lo hace. Pues cuanto más se esforzase el hombre
por resucitar esos cadáveres, tanto más afrentaría a los
catalanistas. De tal guisa, cada paso adelante en la evaporación del
Estado sería percibido como un paso atrás en la construcción
nacional de Cataluña. Tragicómica paradoja que en última instancia
remite a un malentendido puramente semántico.
Y es que nada se compadece menos con la verdad que el sambenito
federalista que la izquierda sigue empeñándose en atribuir al
catalanismo; como nada resulta más ajeno al afán segregador de los
nietos de Prat de la Riba que el espíritu igualitario de los
federales. A fin de cuentas, el intento de salvar los muebles del
Estatut, leyes orgánicas mediante, implicaría equiparar a los
aborígenes de Albacete y Betanzos con los payeses de Gurb o Vic,
suprema, imperdonable afrenta de lesa catalanidad. Más café para
todos, un anatema en las antípodas de la falacia también dicha
federal que apadrina el PSC. Esto es, un Estado plurinacional donde
la autonomía de Cataluña se fundamenta en la soberanía compartida
con España, razón última de que las competencias de la Generalidad
hayan de ser distintas y distantes de las de las otras comunidades.
Su reino, como se ve, no es de este mundo. Así, el intelectual de
cabecera del tripartito, Xavier Rubert de Ventós, después de buscar
y rebuscar únicamente ha dado con un ejemplo empírico de ese
federalismo descangallado y fané: el subcomandante Marcos. Sí,
Marcos, el clon del pasamontañas. Por lo visto, el Estado Libre
Zapatista de Chiapas, fantasía que sólo existe en la imaginación del
ex vendedor del Corte Inglés, asegura poseer el derecho a intervenir
–y en su caso vetar– en cualquier legislación mexicana que afecte a
su territorio. Más allá de ese chiste, no hay ninguna otra
plasmación del federalismo amontillado en el todo planeta Tierra. Ni
una. Cero. ¿Lo sabrá el Adolescente?
José García Domínguez es uno de los autores del blog
Heterodoxias.net.
“Zapatero ignoró la realidad social y
económica de España”
www.gaceta.es 15 Julio 2010
Para los analistas de LA GACETA, el claro ganador del debate de ayer
fue Mariano Rajoy. Otaola y De Diego coinciden en que en el discurso
del presidente no se reconoce la España real, con cuatro de cada 10
jóvenes en paro, mientras que Martín Beaumont destaca la falta de
anuncios y sorpresas. Para Quevedo, quedó clara la soledad
parlamentaria del presidente.
Más de lo mismo
Ramón Pi.- El debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano
Rajoy ha sido el de siempre: Rodríguez Zapatero pide apoyo para no
ir solo en las decisiones impopulares, y Rajoy le replica que en él
ya no se puede confiar, que él es el problema, y que convoque
elecciones. Rodríguez Zapatero le reprocha que no presente un
programa alternativo, y Rajoy no se da por aludido, porque al fin y
al cabo él está en la oposición, como dijo Duran i Lleida. Déjà vu.
El único resquicio a la esperanza lo ha ofrecido el propio Rodríguez
Zapatero: ha dicho que hará lo que convenga a España, aunque esto
tenga un alto coste para él.
Pero, claro, a José Luis Rodríguez Zapatero hay que traducirlo:
cualquiera sabe lo que ha querido decir un hombre que al aborto lo
llama “salud reproductiva”.
Que se vaya
Enrique de Diego.- Resulta insoportable escuchar a Zapatero
reinventándose a sí mismo. La economía tiene muchos problemas, todos
gravísimos, pero el peor es su continuidad en el poder sin
credibilidad. Ya no gobierna con su programa sino con el marcado por
Alemania . Él, en su incompetencia, intenta cuadrar el círculo:
necesita ingresar más para mantener el gasto. Imposible. No atiende
a ninguna doctrina económica conocida, sino al mero vivir al día
mientras incrementa la deuda. Es una pérdida completa del sentido de
la realidad. Un fracaso completo, un agravamiento diario. El fuerte
aplauso de sus bancadas es altamente significativo: es el respaldo
de los estómagos agradecidos, de quienes predican la austeridad pero
sólo para los demás. Rajoy, con acierto, ha resaltado la pérdida de
tiempo y la necesidad de elecciones.
‘Tiqui-taca’ de la nación
Consuelo Sánchez-Vicente.- Mariano Rajoy fue de bien a mejor. Tan a
mejor que por dos veces el presidente del Congreso, José Bono, tuvo
que pedir silencio y respeto a las bancadas socialistas en un tono
totalmente inusual e insólito; cuando dijo que si José Luis
Rodríguez Zapatero hubiera hecho hace un año lo que ahora dice, como
pedía el Partido Popular, estaría hecho “con más justicia y menos
dolor”, menos paro, menos déficit, menos pobreza, menos desconfianza
en España; y también cuando le exigió que dejase de engañar a la
gente con que se puede cambiar legalmente la sentencia del Estatuto
catalán.
Le acorraló, pero dejó al descubierto el flanco de siempre, la
alternativa a lo que hay no puede ser que José María Aznar lo hizo
mejor, y por ahí respiró (¿y le ganó?) José Luis Rodríguez Zapatero.
¿Qué nación?
Diego Armario.- Si Montilla, que es cordobés vale para presidente de
la Generalitat, Rodríguez Zapatero, que es de León, también sirve.
Está visto que no necesitamos a catalanes para hacer un roto en la
España constitucional. Por eso no sé de qué nación se ha hablado en
el Congreso de los diputados hace unas horas, porque el jefe del
Gobierno está de acuerdo con el de Iznájar en hacer trampas para
incumplir la sentencia del constitucional.
Después oír a ZP he oído a Rajoy y en estos momentos no sé si
cortarme las venas o dejármelas largas. Ya sabemos todos que
Zapatero es un desastre, pero necesitamos a alguien capaz de hacer
algo más que recordárnoslo. Me fío de Rajoy, pero aporta poco cuando
se limita a decir obviedades. Menos mal que ha pedido elecciones
generales anticipadas.
Con ZP perdemos todos
Federico Quevedo.- El presidente llegó ayer al debate con ganas de
ir a por lana y salió trasquilado a manos del líder del PP y del
resto de portavoces de los grupos parlamentarios, que pusieron en
evidencia su soledad parlamentaria. Rodríguez tuvo una primera
intervención plana, fría y vacía de contenidos y de propuestas, y
sólo sacó a relucir su genio en la réplica al líder del PP para
intentar el cuerpo a cuerpo mediante la descalificación personal y
la provocación. No era mala táctica, pero Rajoy no entró al trapo y
puso de manifiesto lo que en la calle ya es un clamor: con ZP
perdemos todos, porque no es creíble ni él ni sus políticas, y lo
mejor que puede hacer es irse y convocar elecciones.
Zapatero sigue vivo
Esther Jaén.- Ha sido un debate muy duro, quizá más duro Zapatero
que Rajoy en lo personal, pero que no nos permite sacar nada nuevo
en claro de ninguno de los dos partidos, ni el que está en el
Gobierno ni el que aspira a estarlo.
Rajoy se ha enrocado en la petición de elecciones anticipadas y no
ha sabido replicar a Zapatero cuando éste le ha desafiado, una vez
más, a que presente una moción de censura, un programa o una
alternativa.
Rajoy se ha esmerado mucho más en las formas que en el fondo
mientras que Zapatero ha hecho lo contrario; ha hecho un discurso
con más fondo pero le ha faltado guardas las formas en algún
momento.
Otro desencuentro
Antonio Martín Beaumont.- Otro debate para el desencuentro.
Rodríguez Zapatero, con pocas sorpresas, ha dedicado su discurso a
la economía sin aportar grandes novedades; ha tratado de recuperar
sus apoyos catalanistas y del PSC ofreciéndose abiertamente a dar la
vuelta desde el Legislativo a la sentencia del Estatuto de Cataluña.
Rajoy no ha dejado espacio para la duda: no ha entrado al trapo de
la cortina de humo del Estatut catalán y ha pedido con claridad el
final anticipado de la legislatura. En materia económica, Rajoy ha
tirado de Diario de Sesiones para recordar las promesas incumplidas
y las reformas ahora aplicadas y antes negadas.
Cambiar al santo
Regina Otaola.- ¿De qué país hablaba ayer Rodríguez Zapatero? Desde
luego, no del nuestro, porque la España real no se reconoce en el
discurso del presidente.
Una España con un 40% de paro juvenil, con recortes sociales, en
déficit galopante… Una España que se siente engañada por el
desaguisado constitucional que ha perpetrado quien debía velar por
la cohesión nacional. Esa España real que tan bien describió Mariano
Rajoy y que conduce a su pregunta: “¿De qué sirve cambiar la peana y
conservar al santo?”. Señor Rodríguez Zapatero, haga caso del
sentido común y convoque elecciones de inmediato para que el debate
pueda comenzar.
Rosa Díez ataca a Zapatero por alentar el
desacato de la sentencia del Estatut
La líder de UPyD ha dedicado todo su discurso a criticar al
presidente por su 'afán de ruptura' del Estado español
EP. www.lavozlibre.es 15 Julio 2010
Rosa Díez ataca a Zapatero por alentar el desacato de la sentencia
del Estatut Rosa Díez ataca a Zapatero por alentar el desacato de la
sentencia del Estatut
Madrid.- La diputada de UPyD, Rosa Díez, ha arremetido contra el
presidente del Gobierno por promover la "corrupción política" de las
instituciones al alentar, según ha dicho, el incumplimiento de la
sentencia del Estatuto de Cataluña, lo que supone un hecho "sin
precedentes" en ningún país democrático.
Ni una sola referencia a la difícil situación económica ha hecho
Rosa Díez en su intervención en el debate sobre el estado de la
nación, que ha dedicado exclusivamente a criticar la posición del
Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ante el fallo del Estatut
y su "afán de ruptura" del Estado español.
Ayer mismo, el presidente del Gobierno, según ha recordado la líder
de UPyD, dijo que le hubiera gustado que nadie hubiera recurrido la
norma catalana y se comprometió a desarrollar por otras vías
legislativas los recortes aplicados por el Tribunal Constitucional.
Y eso, ha subrayado, es tratar de "romper el orden constitucional".
Zapatero debería saber, ha advertido, que sin ley constitucional "no
hay democracia".
Le ha preguntado al presidente si se imaginaba a Barack Obama
avalando al gobernador de un Estado que llama al desacato de las
sentencias del Supremo de EE.UU. o a la canciller alemana mostrando
su "complicidad" con las aspiraciones independentistas de algún
länder.
"Pues eso es lo que usted y su partido están haciendo en España",
una actitud, le ha echado en cara, que está causando una gran
inseguridad jurídica.
En contraposición con el resto de sus compañeros del Grupo Mixto,
Rosa Díez ha dejado claro que ella venía hoy a hablar "de toda
España" porque la unidad, ha subrayado, es el instrumento
"imprescindible" para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos
ante la ley.
Precisamente, buena parte de los "males" que aquejan al país se
derivan, a su juicio, de un proceso de "fragmentación" del Estado
que ha dejado en manos de las Comunidades Autónomas la mayor parte
del gasto público -más del 55%- y unas competencias "esenciales".
Todo esto, ha añadido, ha provocado un gasto creciente e
"insostenible" que pone en riesgo el mantenimiento de los servicios
públicos fundamentales.
Rosa Díez, que ha hecho un llamamiento a dejar de lado los
"complejos", cree que es el momento de proclamar el "patriotismo
constitucional" y reivindicar la idea de la España democrática.
Zapatero desoye al Constitucional y opta
por el catalán como lengua vehicular
El Alto Tribunal estableció en la sentencia la conjunción
lingüistica
www.lavozlibre.es 15 Julio 2010
Madrid.- Entre los muchos temas tratados este miércoles en el Debate
del Estado de la Nación estuvo el de la política lingüística para
Cataluña. Sirvió, entre otras cosas, para conocer los planes
lingüísticos que tiene el Gobierno nacional en la comunidad. José
Luis Rodríguez Zapatero aseguró que la sentencia del Tribunal
Constitucional valida y ratifica la inmersión lingüística
obligatoria en catalán y que la lengua catalana sea la única
vehicular. Pese a que esto puede significar que no se pueda estudiar
en español en Cataluña, esta es la opción lingüística que defiende
el PSOE.
Esto entra en contradicción con lo que establece la sentencia del
Alto Tribunal, puesto que este marcó la conjunción lingüística por
la que las dos lenguas en igualdad de condiciones se erigen en
vehiculares en las escuelas de la región. El presidente del Gobierno
aseguró que la sentencia del Constitucional ratifica el modelo
lingüístico que se esta llevando a cabo en Cataluña actualmente.
Sin embargo, el dictamen del Tribunal establece que el modelo
lingüistico en Cataluña debe ser diferente. Establece el fin del
catalán como lengua vehicular. La sentencia dice así: “Ambas lenguas
[catalán y castellano] han de ser no solo objeto de enseñanza, sino
también medio de comunicación en el conjunto del proceso educativo,
es constitucionalmente obligado que las dos lenguas cooficiales sean
reconocidas por los poderes públicos competentes como vehiculares’.
Además de esto, también se les niega a los padres la posibilidad de
escoger entre ambas lenguas para la educación de sus hijos, ya que
corresponde a los poderes estatales y autonómicos velar por el
conocimiento, mantenimiento y la protección de todas las lenguas
cooficiales. Pese a esto, según las palabras de Zapatero se puede
entender que el Gobierno no tiene la intención de aplicar la
sentencia del Tribunal Constitucional en materia lingüística.
Durante el Debate, el presidente del Gobierno recibió el reproche de
Joseph Antoni Duran i Lleida, de CiU, que le recordó que se equivoca
en su interpretación de la sentencia en este aspecto.
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