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Contra la resignación
Santiago Rey Fernández-Latorre La Voz 25 Julio 2010
Artículo del Presidente y editor de La Voz de Galicia
Despojados de toda confianza en los políticos, muchos españoles
viven hoy amargas horas, presas de una difícil situación que ni han
creado ni se merecen. Por todas partes aumenta la desafección
colectiva, al tiempo que sube cada día el número de ciudadanos que
sufren de manera real y directa en sus propias casas y en sus
propias cuentas los efectos de una grave situación económica de la
que no son causantes, aunque se vean obligados a pagar la factura.
No es ya solo ineptitud lo que puede reprocharse a los responsables
-unos y otros- de haber vuelto del revés el futuro del pueblo
español, sino también vicios imperdonables, como la deslealtad que
se oculta en el continuo enmascaramiento de la angustiosa situación
real, o la bajeza que practican cada día a la vista de todos, cuando
dan prioridad a sus intereses partidistas -embriagados en las luchas
de poder- y desatienden el deber de cooperación al que están
obligados.
Son estos tres defectos -ineptitud, deslealtad con los ciudadanos y
bajeza partidista- los que han generado la brecha más enorme que se
recuerda en democracia entre el poder y la población civil. La
desconfianza es tan grande que difícilmente se podrá reparar si la
sociedad se resigna. Por eso es hora de llamar a las cosas por su
nombre y exigir responsabilidades a quienes, en su locura, nos han
conducido hasta aquí.
El descrédito internacional que hoy abruma a España tiene, desde
luego, responsables. Son aquellos que hace solo siete meses, cuando
iba a comenzar la presidencia de turno de la Unión Europea,
pretendían engañarnos hablándonos de deslumbrantes conjunciones
planetarias, pese a saber que la propia supervivencia económica del
país estaba en peligro. El elevado déficit público y la
multimillonaria deuda con terceros nos colocaban cerca de la
bancarrota colectiva, pero desde los Gobiernos proseguía el
despilfarro y se seguía denostando como antipatriotas a los que
advertíamos del abismo.
A pie de calle, la situación era y es todavía más dramática, con el
pulso económico prácticamente detenido. Tocada ya la bárbara cifra
de cuatro millones de desempleados, el país camina inexorablemente
hacia un aumento más preocupante del paro; la economía productiva se
desangra día a día con recortes, quiebras y suspensiones de pagos;
empresas antes bien sólidas entran en pérdidas por la drástica
retracción del consumo, y en todas las ciudades millares de pequeños
negocios echan el cierre hasta dejar desolados barrios enteros.
Mientras todo esto sucede a la vista de la España real, la llamada
España oficial se esfuerza en negarlo y en vender una imagen
ilusoria de país rico, hecho para codearse con los grandes del
mundo. Tuvieron que surgir advertencias desde primeras instancias
internacionales para que, en menos de veinticuatro horas, el
Gobierno diese un vuelco de 180 grados a su discurso. Y así lo hemos
visto pasar del funambulismo irresponsable a inútiles palos de
ciego.
La principal conclusión que puede obtenerse de semejante vaivén es
que en España falta programa y sobra incoherencia.
Se habla, por ejemplo, de repartir esfuerzos para afrontar la
difícil situación económica, pero vemos a las entidades financieras
presumiendo de ganar millones cada mes, al tiempo que reclaman el
auxilio de los fondos estatales, mientras se abandona al sector
lácteo y se congelan las flacas nóminas de los pensionistas. Se
habla de sinergias, pero Galicia despilfarra recursos en tres
aeropuertos y tres universidades que se hacen la competencia con el
único resultado de empobrecerse más en sus minifundios.
Y se habla insistentemente de austeridad, pero la Administración
engorda hasta hacerse obesa, mantiene instituciones tan ineficientes
como el Senado y las diputaciones provinciales o permite la
inusitada deriva de las comunidades autónomas.
A la vista está que el Estado de las Autonomías, que nació
constitucionalmente para vertebrar España, se ha hipertrofiado de
tal forma que ha llegado a convertirse en uno de nuestros mayores
problemas. Porque, desgraciadamente, esta aportación democrática a
la convivencia de los españoles solo destaca hoy por los aspectos
más negativos que ha ido exacerbando.
Tres son especialmente preocupantes: uno, las graves tensiones
disgregadoras que han introducido algunos -nacionalistas o no- con
su rechazo a la idea de España, como se ha visto en la negativa a
acatar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de
Cataluña; dos, la proliferación de la corrupción política, y tres,
el despilfarro de recursos, que ya recuerda más el estilo de los
virreinatos bananeros.
¿Cómo puede entenderse, si no, que las trece corporaciones de
televisiones públicas creadas por las autonomías cuesten más de
cinco millones de euros diarios, que viene a ser, traducido, un
dispendio de 847 millones de pesetas cada día del año? Dado que la
finalidad de muchos de estos canales es el boato para sus gobiernos,
¿está España en condiciones de permitirse tales derroches?
Mientras crecen y crecen los desmanes de los virreinatos, agonizan
en la inanición centenares de ayuntamientos que ya no pueden atender
las cuestiones básicas de sus municipios.
El despropósito no puede ser mayor. O sí. Porque la clase política,
lejos de proponerse afrontar el problema con seriedad prefiere dejar
que el desbarajuste vaya agrandándose antes que perder votos por
tomar medidas que puedan disgustar a sus fieles electores.
El cortoplacismo que domina la actividad política no solo ha dado al
traste con las grandes ideas de eficacia y servicio, sino que ha
generado una nueva forma de actuación que consiste en dedicar la
mayor parte de los esfuerzos a cuidar la imagen y la apariencia
propias, y el resto, a denostar a los rivales. El objeto de la
política no es ya acometer proyectos troncales, sino mantener el
poder para el clan a toda costa.
Tal planteamiento, propio de las democracias viciadas o inmaduras,
trae como consecuencia la pérdida de principios. Y lo que es peor:
la crisis de valores que ha hecho mella en la sociedad española.
Basta ver, para corroborarlo, las graves discordias y deficiencias
que sacuden ámbitos tan importantes como la educación, la justicia y
las propias reglas de juego de la convivencia, empezando por la
propia ley electoral, que no da en la práctica el mismo valor a unos
votos y a otros.
A empeorarlo ayuda, sin duda, el guerracivilismo en que se han
instalado algunos grupos de comunicación, que se comportan como
jaleadores, creados a su medida por los poderes políticos y
sostenidos según la obediencia que profesen a sus jefes. Así
resisten, atrincherados, al menos mientras los agujeros negros en
que se han convertido sus finanzas no se traguen tantos delirios de
grandeza.
No son, ciertamente, los únicos gigantes con pies de barro que
vienen a añadir más elementos de preocupación a la alarmante
fotografía que hoy puede obtenerse de España. A las quiebras de
grandes imperios económicos construidos con defectuosos ladrillos
puede sumarse la enorme deuda de los clubes de fútbol que hasta
ahora vinieron tratando de engañar a los aficionados haciéndoles ver
-para beneficio de unos pocos- que podían convertir humo en dinero.
Así han llegado a deber nada menos que 3.526 millones de euros; es
decir: 586.000 millones de pesetas.
Ahora, cuando esa imposible alquimia ya no funciona, miran por
tercera vez a las ubres del Estado esperando que de ellas mane el
dinero que los salve de la debacle, y que la conmiseración con estos
grandes gestores lleve a Hacienda a perdonarles todo lo que nos
deben. Algo que, evidentemente, las arcas públicas no pueden hacer.
Y mientras este es el patético panorama que se observa hoy de España
con un mínimo de perspectiva, en nuestra comunidad, más despistados
aún, continúan las tradicionales y entrañables peleas domésticas.
Desde las internas de algunos partidos, que buscan destrozarse con
camaradería, a las de quienes se afanan en disparar al aire insidias
de papel, ya que saben que no pueden ganar en el cuerpo a cuerpo.
Sorprende, por ejemplo, ver convertidos en adalides de la fusión de
las cajas a quienes estuvieron prohibiéndola y zancadilleándola a
diario.
Sobre todo, enoja ver a los políticos malgastando el tiempo en
denuncias cruzadas de presuntas corruptelas pasadas y actuales,
mientras en la calle crecen las preocupaciones laborales, los
problemas económicos y el desánimo colectivo.
Pero el desánimo es estéril y no podemos entregarnos a él.
El 25 de julio, día de Galicia y del patrón de España, es una fecha
solemne en la que todo pide iniciar algo nuevo. Hoy, sin duda, en
este preciso instante de la historia, es el momento de recuperar la
energía y plantearnos salir del pozo. El momento de reclamar, ya, un
cambio de rumbo a quienes tienen la responsabilidad de poner fin a
este callejón sin salida.
El presidente soberanista
Los españoles que creen que el Constitucional ha sido benévolo con
el Estatuto carecen de voz política
IGNACIO CAMACHO ABC 25 Julio 2010
LA operación del Estatuto le ha salido tan bien a Zapatero que
después de haberle otorgado a Cataluña más autogobierno que nunca ha
logrado que se dispare el índice de insatisfacción nacionalista y
aumenten, aunque sea por impulso visceral, los partidarios de la
independencia. He ahí una estrategia sobresaliente propia de una
minerva del Estado. Los catalanes tienen un régimen semiconfederal y
lo único que se oyen son protestas y manifestaciones de victimismo,
ante las que el presidente se pone de rodillas. Su incapacidad para
manejar la iniciativa tras la sentencia del Tribunal Constitucional
y su mala conciencia a la hora de defender a las instituciones del
Estado han provocado una crecida inédita del soberanismo, experto en
sacar partido de contrariedades artificiales. La alianza de
soberanistas en que se ha convertido la política catalana ha
inoculado con facilidad en la opinión pública un mensaje de
agitación pesimista a favor de corriente, generando un cabreo
popular que estimula la visceralidad y aumenta la temperatura social
en unos grados de desafecto hacia España. Éxito completo de ZP, que
camina de victoria en victoria hasta la derrota final.
Pero mientras en Cataluña estalla la irritación sobreactuada y el
lamento ventajista de su montaraz dirigencia pública, en el resto de
España falta representación política del malestar por la desigualdad
que representa un modelo asimétrico del mapa de las autonomías. Ni
el Gobierno por egoísmo, ni el PSOE por obediencia, ni el PP por
vergonzante conveniencia oportunista, son capaces de asumir la voz
—mayoritaria según las encuestas— de los españoles que creen que el
Constitucional ha sido benévolo con el Estatuto al consagrar sus
principales premisas desigualitarias. Españoles que por cierto
siguen constituyendo, a día de hoy y mientras no se reforme la
Constitución, el único sujeto posible de soberanía nacional.
Españoles a los que su Gobierno ni pregunta ni escucha lo que
piensan de un conflicto que parece afectar sólo a Cataluña, que es
precisamente lo que niega el veredicto del TC al establecer la
preminencia de la nación española. Pero Zapatero ha vuelto la
espalda a esa esencial doctrina de Estado y se ha avenido, con
complicidad irresponsable y apocada, a propiciar el modo de
desobecederla. Se ha arrugado ante la presión nacionalista y le ha
cedido la iniciativa del pataleo.
El resultado de esa brillante gestión zapaterista es que el problema
catalán sigue más abierto que nunca después de un Estatuto de
máximos que revienta las débiles costuras del Estado. Y que el
presidente de España permite que sólo se oiga la expresión del
malestar de Cataluña, concediéndole de facto el rango de nación que
ha venido a negarle la sentencia. Esto no se había visto nunca: un
Gobierno volcado de parte de quienes pretenden achicarle su propia
soberanía.
Zapatero, Fernando VII y el libro de Historia
Luis Peral* www.gaceta.es 25 Julio 2010
Seis años después de su llegada a La Moncloa, en trágicas
circunstancias, el presidente estaba muy preocupado. Recordando sus
estudios de una Historia de España no devaluada por las leyes
educativas socialistas, no podía quitarse de la cabeza a quien le
antecedió al frente del poder ejecutivo de España doscientos años
antes. Un nefasto personaje que –recibido como El Deseado por los
españoles que ignoraban su cobarde sumisión a Napoleón– traicionó y
decepcionó a unos y otros para acabar alcanzando el final más
indigno de un gobernante: quedar mal en el libro de Historia.
La verdad es que Fernando VII se lo ganó a pulso. Tras regalar –en
collera con su padre– la Corona de España a Napoleón, al que llegó a
felicitar por sus victorias contra los españoles, volvió a España
para abolir la Constitución de 1812 y la obra legislativa de las
Cortes de Cádiz. Tras afirmar en 1820 “Marchemos juntos, y yo el
primero, por la senda constitucional”, recibió en 1823 al duque de
Angulema, jefe militar de los 100.000 Hijos de San Luis que
restauraron el absolutismo, con las palabras: “¡Que gran servicio me
habéis prestado, primo!”. En su reinado se perdieron las posesiones
españolas en la América continental y, para rematar la faena, a su
muerte se inició una terrible guerra civil, la primera Guerra
Carlista.
Esta conducta mereció juicios tan severos como los de Fernando
Díaz-Plaja para quien “Fernando VII no tuvo más objetivo que el de
sobrevivir y reinar como fuere”.
Vaya por delante que no considero que sea justo hacer un exacto
paralelismo entre El Deseado y Zapatero, salvo en lo referente a que
éste tiene todas las papeletas para quedar mal en el libro de
Historia y convertirse así en el Fernando VII del siglo XXI. No es
Zapatero un mero oportunista al que sólo interesa alcanzar y
conservar el poder, sino, más bien, un impulsor mesiánico de una
ideología radical-socialista basada en la ingeniería social y en el
revisionismo histórico. Por supuesto, que para mantenerse en el
poder está dispuesto a pactar con quien sea, sin importarle su
deslealtad a la Constitución, a devaluar el concepto de Nación, a
desdecirse de su política social –solemnemente proclamada– y, lo que
es aún más grave, a comprometer seriamente para el futuro el modelo
de Estado y los grandes consensos alcanzados por los españoles en la
Transición y que culminaron en nuestra Constitución de 1978.
No le ha importado fomentar la división entre los españoles sobre
todo tipo de cuestiones decisivas para la convivencia nacional: el
modelo de Estado, la memoria histórica, el uso de las lenguas
oficiales, la política exterior, la libertad religiosa, la
educación, el derecho a la vida, el sectarismo excluyente con la
oposición e, incluso, asuntos en principio técnicos como los
trasvases de agua y la energía nuclear. Y en esto si nos recuerda a
Fernando VII en cuyo reinado surgieron los gérmenes de divisiones
sociales y guerras civiles que ensombrecieron la vida de tantos
españoles.
Ahora Zapatero apela a pensar primero en España. Algo que no hizo,
aparentemente, al hablar de la Nación como concepto discutido y
discutible, al aceptar de antemano cualquier Estatuto que viniese de
Cataluña (sin considerar que podría no ser conforme con la
Constitución), al intentar una negociación política con ETA,
felizmente fracasada, y al dañar seriamente el prestigio
internacional de España y de sus Fuerzas Armadas con la ignominiosa
retirada de Irak sin esperar, como había prometido en su programa
electoral, a una nueva resolución de la ONU. Tampoco pensó primero
en España al negar la crisis económica en el año 2008 y no adoptar
las medidas adecuadas; o al promover una política internacional que
nos ha convertido en el amigo europeo de todo caudillo populista
iberoamericano que aspira a perpetuarse en el poder, al tiempo que
no criticamos con la energía necesaria los atentados a los derechos
humanos que se producen en Irán, Cuba o Venezuela. Se ha perdido en
pocos años un prestigio internacional que costó décadas alcanzar.
Bien es verdad que en las relaciones exteriores siempre es mejor la
grotesca sumisión ante el poderoso –“No es una cuestión de lo que
Obama puede hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podemos por
Obama”– que la abyecta traición de quien, como Fernando VII,
escribió a Napoleón: “Doy muy sinceramente… la enhorabuena de la
satisfacción de ver instalado a su querido hermano José en el trono
de España”.
En todo caso, y si no cambian mucho las cosas, Zapatero tiene ya,
como Fernando VII, un lugar reservado en el libro de Historia de
España como uno de los gobernantes que más dividieron y perjudicaron
a sus conciudadanos y que éstos no merecieron.
*Luis Peral es senador por la Comunidad de Madrid.
Las deudas de la señora Cataluña y de sus cajas
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 25 Julio 2010
¡Qué caros nos cuestan los catalanes a los demás españoles! Caixa
Catalunya, que está dirigida por el ex vicepresidente de Glez Narcís
Serra, tiene un agujero descomunal.
[Narcís Serra]
Según el mito inventado por los nazionalisats y aceptado en Madrid,
donde los tópicos arraigan con la misma fuerzas que las acacias (tal
como dijo Manuel Azaña), los catalanes son más listos, más europeos,
más inteligentes, más altos, más amables que el resto de los
peninsulares e isleños.
Así describió Albert Boadella a esos catalanes:
«Je, je, queda claro que no tenemos nada que ver con ellos, je, je,
nosotros somos dialogantes, pacifistas, y naturalmente, más cultos,
je, je, je, más sensatos, más honrados, más higiénicos, más
modernos, je, je, si no hemos llegado mas lejos, je, je, ya sabemos
quienes son los culpables, je, je, je».
Leí hace tiempo un artículo de Carlos Sentís, ex secretario de un
ministro de Franco, en el que nos reñía a los expañoles porque no
mostrábamos suficiente generosidad con la señora Cataluña, que nos
daba de comer y hasta nos vestía y abrigaba con sus camisas y
mantas, que bien caras nos hacía comprar.
Los hechos son tercos. En Cataluña hay una corrupción desbocada y
casi impune, como prueba el caso Millet a la que hay que añadir una
gran incompetencia en la gestión de los fondos públicos, para lo que
basta comprobar el estado de la red de metro de Barcelona y el
crecimiento de las autopistas de peaje concedidas por la
Generalidad.
Las pruebas de resistencia hechas a la banca española muestran que
los gestores catalanes son un desastre:
Los suspendidos en el examen han sido Diada (la unión de Caixa
Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa), que necesitará una
inyección de capital de 1.032 millones de euros; Espiga (la unión de
Caja Duero y España), que necesitará fondos adicionales por 127
millones; Banca Cívica (la integración de Caja Navarra, CajaCanarias
y Burgos) que requerirá 406 millones; y Unnim (la fusión de Caixa
Sabadell, Terrassa y Manlleu), que deberá buscar 270 millones
adicionales de capital. También suspende el examen CajaSur, que
según las pruebas necesitaría 208 millones de capital nuevo.
Es decir, las cajas catalanas han causado un agujero de 1.302
millones de euros.
¡Menos mal que los señoritos catalanes tienen a ZParo para que les
dé dinero de todos nosotros, incluso de los idiotas de Hospitalet
que votan al PSC!
Señora Cataluña, cuando se vaya, llévese sus deudas.
OTRA MENTIRA DE ZPARO
¿Recordáis que el Bobo Solemne afirmó en Nueva York que teníamos el
sistema financiero más sólido del mundo?
Pues por si acaso, el 90% de ese sistema se ha sometido a las
pruebas de marras, cuando en otros países de la zona euro ha sido el
50%. ¿Por qué? ¿Por falta de confianza en el extranjero? Si los
bancos españoles son sólidos y las cajas de ahorro se disponen a
corregir sus deficiencias, ¿por qué tenemos que pagar un diferencial
de deuda mayor que los demás?
De los siete suspensos, cinco corresponden a Expaña. Ya sabéis, la
octava potencia económica del mundo.
Los diez años de Zapatero han hecho de España un país más maduro
para el fascismo
Francisco Rubiales Periodista Digital
Es duro pero cierto: después de "padecer" el mandato de Zapatero, la
sociedad española está más preparada que antes para acoger cualquier
tipo de fascismo. El desprestigio de los políticos y el divorcio de
la sociedad con sus dirigentes, dos rasgos preocupantes de la España
actual, suelen ser la antesala de aventuras totalitarias. Los
socialistas, al celebrar los 10 años de Zapatero, han ocultado en su
balance la gran verdad trágica de una España actual que, moldeada
por ZP, con la política, los políticos y hasta el sistema
desprestigiados, está mucho más lejos de la democracia y más cerca
del fascismo que cuando ZP asumió el poder.
Celebrar la bancarrota y el fracaso como hizo ayer el PSOE en el
décimo aniversario del "zapaterismo", es obsceno y, además, cínico.
El peor dirigente político de la España moderna, en el parcial y
falso balance de sus diez años al frente del socialismo español,
habló de conquistas sociales que no existen y de éxitos invisibles,
ignorando la gran verdad de su herencia, que la España que él ha
construido está más cerca del fracaso y del fascismo que cuando él
asumió el poder.
Diez años de Zapatero han sido suficientes para debilitar tanto la
política y la democracia y para decepcionar tanto a los ciudadanos
que el país ha aprendido a odiar a los "políticos" y a desconfiar
tanto del sistema que empieza a estar preparado para recibir con los
brazos abiertos a cualquier salvapatrias que se presente ante la
sociedad como "antipolítico" y sea portador de una "escoba" que
barra los abusos, los privilegios injustos y la arrogancia de la
actual casta afincada en el poder.
Es duro pero cierto. El divorcio entre políticos y ciudadanos se ha
consumado durante el mandato de Zapatero, como queda reflejado en
las encuestas, que señalan al político como el tercer gran problema
del país. Sin la habitual "cocina" del poder, esas encuestas
revelarían la amarga verdad de que los políticos profesionales
actuales son el principal y mayor problema de España.
Zapatero, con sus mentiras, engaños, arbitrariedades y trampas, tras
haber arruinado el país, dividido la sociedad y despertado el
fantasma de las dos Españas, ha esquilmado el panorama político y
democrático español, hasta lograr que el político sea percibido como
el carcelero de un pueblo al que el poder teme porque un día podría
despertar y descubrir que está siendo oprimido y engañado hasta el
abuso.
En su balance falso y arbitrario, los socialistas olvidaron
reconocer que la principal herencia de Zapatero ni siquiera es el
desempleo, el avance de la pobreza y la destrucción de la confianza
y de la riqueza, sino la destrucción del prestigio de la política y
la degradación de la democracia, un sistema que en sus manos se ha
revelado como una dictadura del partido en el poder, sin controles
ni cautelas y con un poder desmedido y peligroso.
La España que dejará Zapatero estará más madura para el fascismo
porque la democracia y el prestigio de la política, que son los
principales frenos al totalitarismo, han sido degradados por el
torpe y arbitrario dirigente socialista. gracias al cual los
ciudadanos españoles perden cada día más la confianza en el poder
democrático, la esperanza en el futuro y el respeto a la democracia.
La práctica continuada del clientelismo, el nepotismo, el amiguismo,
el despilfarro, la arbitrariedad, la ineficacia, la arrogancia y la
parcialidad han colmado de oprobio al gobierno y estimulado el
desprecio a lo público en millones de españoles, disconformes con el
comportamiento de Zapatero y con su labor demoledora del país y de
sus riquezas y valores.
El socialismo de Zapatero ha demostrado que nos acerca mas que
cualquier otro sistema, incluido el liberalismo salvaje, al mundo
esclavo de Orwell, donde la libertad se limita porque unos tienen
más derechos que otros y la ley se aplica con rigor al enemigo y d
manera magnánima al amigo.
Al igual que los abusos de la II República abrieron las puertas al
"Franquismo", los errores, las mentiras y los abusos de Zapatero
están abriendo las puertas de España a cualquier futura aventura
totalitaria, con tal de que se presente como limpia y enemiga de los
"políticastros" y "aprovechados".
Al margen de lo interpretable, ateniéndonos a los puros hechos y
estadísticas, la España que puede exhibir Zapatero como balance es
triste y preocupante: avance de la pobreza, desempleo masivo,
pérdida de confianza en el poder, desprestigio de los políticos y
del sistema y un liderazgo despreciable que ha convertido a España
en país campeón en ámbitos y sectores como la baja calidad de la
enseñanza, el fracaso escolar, la delincuencia de bandas
internacionales, el despilfarro público, el endeudamiento atroz, el
tráfico y el consumo de drogas, el blanqueo de dinero, la
prostitución, la trata de blancas, la violencia de género, el
alcoholismo, los privilegios de la "casta" política, el crecimiento
insostenible del Estado,y otras muchas lacras que son reflejo y
causa, al mismo tiempo, de la decadencia de la sociedad española, de
la convivencia y del bienestar general.
Celebrar como un éxito estas desgracias, como acaban de hacer los
socialistas, es una verdadera desvergüenza y una ofensa a la verdad
y a la decencia.
El precio de la independencia
Editorial www.gaceta.es 25 Julio 2010
La independencia le costaría a Cataluña un verdadero descalabro en
términos de generación de riqueza y PIB per cápita. Cataluña se
convertiría en el Estado más deficitario del mundo.
Decíamos ayer que es discutible que los nacionalistas pretendan, de
verdad, la independencia. Entre otras razones, porque Cataluña, por
ejemplo, no iría a ninguna parte desgajada del resto de España. Y no
hablamos de principios, sino de números. No sería el paraíso
económico que los nacionalistas utilizan para apuntalar la
propaganda separatista. Según se desprende de un estudio realizado
por el economista Mikel Buesa, esa región tendría mucho que perder.
El estudio, elaborado por el mismo autor de Los costes de la
‘No-España’ en el País Vasco, (2003) que obtuvo gran repercusión, es
concluyente al respecto. Si Cataluña se independizase se
empobrecería notablemente, tendría que vivir durante varios años
fuera de la Unión Europea y la zona euro, y sufriría una fuga de
capitales, empresas y cerebros.
La independencia le costaría a Cataluña un verdadero descalabro en
términos de generación de riqueza y PIB per cápita. De ser una de
las regiones más ricas de España y de disfrutar los catalanes de una
de las rentas por habitante más altas, pasaría a niveles próximos a
los de Ceuta. Las razones de semejante batacazo, según el autor,
habría que buscarlas en la salida de la unión aduanera y el mercado
común europeos, en la necesidad que tendría Cataluña de dotarse de
una nueva moneda y en los efectos nocivos que, sobre la industria
catalana, tendría la separación de su mercado principal, que hoy por
hoy es el español.
No existe posibilidad de que Cataluña permaneciera en la UE, al
menos durante los primeros años. Tendría que salir primero y luego
iniciar las negociaciones de entrada. Para que vuelva a ser aceptada
en el seno de la UE es necesario que los 27 miembros estén de
acuerdo. Para reincorporarse a la moneda única habría de esperar en
torno a 10 años, y eso si hace los deberes y su economía doméstica
está saneada. Demasiado tiempo para una economía sumida en un coma
profundo del que se derivarían incalculables consecuencias
políticas.
Cataluña se convertiría en el Estado más deficitario del mundo. Las
exportaciones, fuertemente erosionadas por la tarifa exterior común
que tendrían que enfrentar fuera de la UE, no podrían compensar las
importaciones, lo que se traduciría en una insostenible balanza de
pagos. Y eso por no hablar de imponderables tales como
deslocalizaciones empresariales, fuga de cerebros o pérdida de parte
de la población que, aparte de catalana, se siente española y es
presumible que quiera seguir viviendo en su propio país, y no como
una minoría marginada en una nación extranjera. Muchas empresas
catalanas se encontrarían ante una difícil disyuntiva. Las
principales corporaciones del Principado tienen su mercado primario
en el resto de España, por lo que tendrían que trasladar su sede a
una ciudad española o exponerse a la más que probable hostilidad por
parte de los consumidores y asumir por anticipado la bancarrota. El
desastre llegaría en un momento delicado para la autonomía catalana,
una de las más endeudadas de España y con la economía regional en
caída libre desde hace dos años.
La independencia llegaría cargada de veneno, problemas sociales y
ruina del tejido productivo. Y encima, no sería popular (el 75% de
los catalanes, y por lo tanto de los votantes, se sienten
españoles). Lo saben perfectamente CiU, ERC y por supuesto el PSC,
de suerte que los órdagos que lanzan sobre la Moncloa no son otra
cosa que variaciones de la vieja técnica del sablazo.
Las respuestas de Rajoy
Editoriales ABC 25 Julio 2010
UNA de las valoraciones más contundentes que realiza Mariano Rajoy
en la entrevista que hoy publica ABC se refiere a la actitud de
Zapatero respecto a la sentencia del TC sobre el Estatuto: «No hay
democracia donde un Gobierno ponga en tela de juicio las sentencias
de los tribunales». Este juicio tan crítico del líder de la
oposición es coherente con el insólito emparejamiento que
protagonizaron Zapatero y Montilla para hacer duelo por la identidad
«nacional» de Cataluña. Que un presidente autonómico, máximo
representante del Estado en su comunidad autónoma, se presente en La
Moncloa para exigirle al presidente del Gobierno la reparación de
los daños causados por el TC es algo que solo es posible ver gracias
a Zapatero. Sin duda tiene razón Rajoy cuando pide mirar al futuro
en este conflicto, pero sin olvidar que ese futuro está lastrado por
una estrategia común de nacionalistas y socialistas para insistir en
la sustitución del Estado autonómico por un modelo confederal; y que
al Partido Popular le seguirá correspondiendo el papel de abogado de
la Constitución, después de que la izquierda española se haya
confirmado en su nuevo papel histórico como caballo de Troya de los
nacionalismos en el Estado. Si el PSOE ha renunciado a la lealtad
constitucional, el PP debe asumir la defensa de la Constitución,
como lo hizo frente al Estatuto de Cataluña.
Rajoy no incurre en el error de centrar su discurso en los terrenos
que pretende marcarle el PSOE y por eso defiende el derecho de su
partido a hablar con el PNV y CiU. Cuestión distinta es la
elaboración de una posible agenda común con los nacionalismos para
facilitar un cambio de gobierno, asunto que Rajoy zanja con una
rotunda defensa de la autonomía del PP frente a la conveniencia de
ir preparando futuras alianzas. Esta opción es la que mejor entiende
el electorado popular, consciente de que, llegado el caso, será
necesario pactar con nacionalistas, pero también de que, en este
momento, el PP tiene que optar a gobernar en solitario para poder
realizar, entre otras reformas, un plan imprescindible de
reforzamiento del Estado y de las políticas de cohesión nacional.
La prudencia y la coherencia son las características de la actitud
de Rajoy ante las diversas cuestiones de la situación actual. Pero,
si en algo manifiesta una cierta novedad, es acerca de la nueva ley
del aborto, que Rajoy derogará si gana para mantener la legislación
anterior, un compromiso que demuestra que la crisis de España no es
solo económica.
Es decisión de ETA
«No es asumible lanzar el mensaje de que ETA y su entorno han dado
un paso y ahora nos toca mover ficha a los demás»
ISABEL URKIJO El Correo 25 Julio 2010
GESTO POR LA PAZ
La crisis financiera que terminarán pagando los que no se
beneficiaron de la bonanza económica, 'La Roja', el verano� y, sobre
todo, el silencio de ETA están creando la sensación de que el
terrorismo es agua pasada, algo superado y que, por arte de magia,
estamos en eso que a algunos les encanta: un proceso de paz. En
ocasiones leemos los periódicos y parece que algo ha pasado
realmente cuando, en realidad y por desgracia, no ha pasado nada
donde tiene que pasar: ETA sigue en silencio y Batasuna, preocupada
porque no se presentan a las elecciones. Vaya por delante mi sincero
deseo de que se pueda votar a Batasuna y mi pena por que la
preocupación de Batasuna sea poder presentarse o no a las elecciones
y no cómo desembarazarse del peso de ETA, que les está arrastrando
irremediablemente hasta el fondo del pantano.
Los que sí se han movido son los fans del proceso de paz. Es
comprensible que después de casi 50 años de dolor y más dolor
suspiremos por asirnos a cualquier cosa para pensar que este horror
está terminando. Sin embargo, lo que ya no es tan comprensible y
menos asumible es el hecho de lanzar mensajes que nos sitúan en un
escenario distinto al que es; esto es, dibujar un paisaje en el que
se da por hecho que el entorno de ETA y la propia banda terrorista
han dado un paso firme hacia el abandono de las armas y que, por lo
tanto, ahora nos toca mover ficha a todos los demás. En mi opinión,
estos mensajes no sólo dificultan la desaparición de la violencia
terrorista, sino que pueden distorsionar posibles debates internos y
favorecer la prolongación de la vida de ETA.
Me explico: si ante determinadas suposiciones de un posible cambio
en la actitud de ETA y su entorno respecto al uso y apoyo de la
violencia se reclaman pasos que supuestamente pudieran favorecer el
abandono de las armas, nos podríamos encontrar en un escenario en el
que ETA, sin haberse movido un ápice, pasaría de ser una mera
espectadora a dirigir la obra indicando a cada sector de la sociedad
lo que tiene que hacer para satisfacer sus necesidades. Nunca
deberíamos olvidar que la decisión de dejar las armas es una
decisión que concierne exclusivamente a quienes libremente han
elegido utilizarlas. ETA tiene que tomar la decisión y no puede
trasladar al resto de la sociedad esa responsabilidad que sólo le
compete a ella.
Por otra parte, situarnos en este espejismo en el que se pretende
que seamos ahora el resto de la sociedad quienes tenemos que 'hacer
algo' otorga al terrorismo la capacidad de relacionarse con el
sistema democrático como entre iguales. Pero, ¿qué es 'eso' que
tenemos que hacer? Sin duda alguna, hasta no comprobar que la
decisión de abandonar las armas es inequívoca y definitiva, nada. A
partir de entonces, y sólo desde entonces, se deberán dar los pasos
necesarios para tratar cuestiones que incumben a quienes han
ejercido y colaborado con el terrorismo. Y, en relación a la
participación en política, cabe recordar que el rechazo al uso de la
violencia les abriría la puerta de la participación en política,
como ya les ha ocurrido a otros.
Es posible que estemos acercándonos al final de ETA -¡ojalá!-, pero
la impaciencia y las prisas no son buenas consejeras. Entiendo que
alguien pueda pensar que esto significa 'quedarnos de brazos
cruzados', pero no es así porque, insisto, la decisión sólo le
compete a ETA. El resto debemos continuar luchando en defensa del
Estado de Derecho y contra el terrorismo en todos sus frentes, sin
olvidar en ningún momento las reglas éticas que nos marcan los
derechos de cada ser humano ni la importancia de conseguir la
absoluta deslegitimación del terrorismo. Éste puede que sea un
camino más largo o no y puede que produzca más dolor o no, pero sin
duda será el camino más firme y más justo para todos y en especial
para quienes han sido convertidas en víctimas en todos estos años.
Cataluña no quiere ser Holanda
Jorge de Esteban El Mundo 25 Julio 2010
Holanda no acepta la victoria de España en la final del Campeonato
Mundial de fútbol, y trata de que la Copa se la entreguen a ella,
reconociendo así -para los holandeses- su merecida victoria. Para
conseguir tal fin, los dirigentes holandeses estuvieron antes del
partido, durante el partido y después del partido, amenazando al
árbitro y a sus tres colaboradores, amedrentándolos continuamente
con sus bravatas.
Las razones que ofrecen para reivindicar su ansiada victoria sobre
España, son esencialmente dos. Por una parte, esgrimen motivos
históricos, pues como explica la letra de su himno nacional, en su
primera estrofa: 'De Orange mi blasón, al Rey señor de España, rendí
yo siempre honor'.
Esto es, al que se le hace hablar así es a Guillermo de Nassau,
súbdito de nuestro Felipe II, pero que lideró una lucha infructuosa
contra la dominación de España en los Países Bajos. Por eso, en las
últimas estrofas del himno se acaba expresando un canto a la
esperanza, con estas palabras: 'Finalmente la prueba amarga, cederá
al dulzor, que mi noble alma aguarda, de Dios nuestro Señor, conocer
la ventura, de morir con honor, gozando eterna gloria, cual héroe
vencedor'.
En suma, Holanda reivindica la victoria futbolística sobre España,
en razón de un pasado en que sufrió la humillación de la potencia
mundial que era entonces la Corona de Felipe II.
El segundo argumento que emplean los holandeses para reivindicar su
victoria, se centra esencialmente en la incompetencia del árbitro y
de sus ayudantes. Señalan que todos ellos no sólo no tenían la
preparación debida para arbitrar la final de un Campeonato del
Mundo, sino incluso que habían sobrepasado, alguno de ellos, por
unos días, la edad reglamentaria que se exige para participar en una
final de esta categoría. En consecuencia, piden que se anule la
victoria de España y que se reconozca a Holanda el título de
Campeona del Mundo, después de haber jugado ya tres finales en su
historia.
Ahora bien, como parece que no ha surtido efectos hasta ahora sus
protestas, el entrenador de los holandeses se ha dirigido
directamente al presidente de la FIFA, y éste, que espera ser
reelegido para un próximo mandato con los votos de los holandeses,
les ha respondido de forma muy favorable, prometiéndoles que por
caminos tortuosos y no totalmente legales, acabarán quitando el
título a los españoles para concedérselo por fin a ellos.
Por supuesto, esto que acabo de narrar es pura ciencia ficción, y
pido, por tanto, a los holandeses que me perdonen por utilizar el
simil de la final del reciente Campeonato del Mundo. Pero si fuese
cierto, si realmente hubiera ocurrido como he contado en este
relato, qué es lo que diríamos entonces. Se trataría, en ese caso,
de algo intolerable, de un escándalo monumental, que situaría a los
holandeses fuera de la legalidad internacional, y que demostraria
que los dirigentes de su fútbol eran unos perfectos amorales, aunque
luchasen por la 'dignidad' de Holanda.
Pues bien, eso que era ciencia-ficción en el supuesto del fútbol, es
absolutamente verídico en el caso de la sentencia del Tribunal
Constitucional sobre el 'Estatut', ya que el modus operandi de los
nacionalistas catalanes y, en especial, del presidente Montilla,
está siendo muy semejante a lo que he expuesto con respecto a los
holandeses.
En efecto, de acuerdo con la Constitución española, aprobada también
mayoritariamente por los catalanes en 1978, se creó un Tribunal
Constitucional para que enjuiciase, cuando fuese recurrida,
cualquier tipo de ley, incluso las aprobadas en referéndum, a fin de
verificar si violaba o no la Norma Fundamental,
Había, por tanto, unas reglas de juego y un árbitro que las
aplicaba, discutidas muchas veces, pero siempre acatadas por todos,
hasta que se dictó la sentencia sobre el 'Estatut', señalando que
varios artículos, por lo menos, no se ajustan a la Constitución. De
inmediato, se han producido unas reacciones gubernamentales que
sobre todo a cualquier jurista, pero también a todo demócrata, no
tienen más remedio que escandalizarlos y que producen que nos
preguntemos qué clase de Estado de Derecho tenemos.
Como dice al artículo 38. 1, de la LOTC, “las sentencias recaidas en
procedimientos de inconstitucionalidad tendrán el valor de cosa
juzgada, vincularán a todos los Poderes Públicos, y producirán
efectos generales desde la fecha de su publicación en el BOE”,
desarrollando así lo que ya expone el artículo 164 .1, de la propia
Constitución.
Sin embargo, da la impresión de que el Gobierno catalán no se siente
obligado por este mandato, comportándose como si el “derecho de
sobrecarta”, típico del Reino de Navarra y de las provincias vascas,
durante los siglos XV al XIX, según el cual, se declaraban nulas las
órdenes emanadas de la Monarquía española, porque atentaban contra
sus Fueros, estuviese vigente en la actualidad para Cataluña.
No es otra la conclusión que se puede deducir de todas las
manifestaciones que el presidente Montilla y otros nacionalistas han
pronunciado, alineándose así en una especie de insumisión
legislativa, cuando, por una parte, afirman que seguirán aprobándose
leyes en el Parlamento catalán aunque vayan en contra de lo
manifestado por el Tribunal Constitucional.
Y, por otra, Montilla ha visitado al presidente Zapatero para que
“enderece” lo que el Tribunal Constitucional ha echado abajo con
toda la razón. Es más: el presidente del Gobierno español, máximo
responsable del cumplimiento de las leyes y sentencias del Estado de
Derecho, se ha comprometido ( es un decir) a abordar por vías
legislativas los aspectos inconstitucionales del 'Estatut', porque,
según él, “el Gobierno no recela del autogobierno, sino que lo
reconoce, y no teme la fuerte identidad política de Cataluña, sino
que la respeta.
Sin embargo, debería recelar, porque “profundizar en el
autogobierno”, fuera de los cauces de la Constitución, no es sino
“profundizar en la autodeterminación”.
Y, para acabar, copio la carta de un lector catalán a un periódico,
Jordi S. Berenguer, que lo explica muy bien : “ El problema de
Cataluña no son ni los catalanes ni los que no lo son. El verdadero
problema de Cataluña son los políticos mediocres que se empeñan en
crear problemas donde no los hay, inventando historias que nunca
fueron, sometiendo a los ciudadanos a un lavado de cerebro, a través
de los medios que dominan y a favor de sus intereses partidistas…”.
Esto es, para ellos Cataluña no puede ser Holanda y no pueden
aceptar la derrota ante el Tribunal Constitucional.
Menos coñas, Caperucita
Carlos Dávila www.gaceta.es 25 Julio 2010
No tengo la menor intención de cansarles con citas aparentemente
cultas o pedagógicamente históricas. Sólo quiero recordar que
Antonio Maura (uno de los pocos políticos españoles cuya biografía
se reconoce con un “don” inicial) afirmó en alguna ocasión en el
Congreso de los Diputados que “en política lo que no se recobran
nunca son las oportunidades”. Y eso que fue cinco veces presidente
del Gobierno, soportó con entereza y no muy buena mano, la Guerra de
Marruecos, tuvo que reprimir revueltas durísimas y al fin, si hay
que hacer caso a su hijo Miguel, hubiera servido a la República en
caso de no haberse muerto antes de 1931. Maura, desde luego, sabía
bastante de oportunidades y de méritos; tantos acumulaba que de ser,
en principio, un deplorable hablador del castellano cuando llegó a
Madrid para estudiar más Ciencias que Derecho, terminó por
convertirse en uno de los mejores, si no el mejor, orador de su
tiempo.
De haber existido ahora, Maura estaría escudriñando, con certeza,
las oportunidades que tiene el Partido Popular, un trasunto, más o
menos, del suyo, de derrotar a Zapatero dentro de un par de años. Si
ganara, Rajoy hubiera aprovechado su tercera oportunidad ante un
individuo al que considera, con todas las luces de la razón, que es
un perfecto indocumentado. Pero no está tan claro, porque no es
seguro –más bien, lo contrario– que este personaje, Zapatero, que es
el crisol más repugnante de todas las falacias posibles, vuelva a
presentarse. Se lo contábamos en exclusiva hace días en LA GACETA:
la inestabilidad familiar no le induce precisamente a seguir
ocupándose (es un decir) de asuntos públicos, y, a mayor
abundamiento, porque, es aún más discutible que los auténticos
dueños del poder europeo sigan soportando sus destrozos, destrozos
que, al fin, se resisten a pagar ellos. En suma, que Rajoy se puede
encontrar sin su tercera oportunidad ante Zapatero.
El perfil bajo
Pero, claro está, en caso de que gozara de ella, lo cual es
absolutamente deseable. ¿La está aprovechando?, ¿está haciéndolo de
tal forma que tal oportunidad se convierta en un triunfo? Aquí
comienza el debate. Su último paso por el pastoso e inútil Debate
sobre el Estado de la Nación, el trance que se inventó Peces-Barba
para equipararlo al discurso anual del presidente norteamericano, se
ha saldado, por primera vez según las encuestas fiables (la del CIS
es un apaño miserable), con una victoria por los pelos del líder
popular. Es curioso: por utilizar un léxico futbolístico tan querido
en estos días en España, a Rajoy lo que le sobró fue la prórroga,
justo lo contrario que a la Selección del gran hombre tranquilo de
España: Vicente del Bosque. En la sesión regular, batió en todos los
órdenes a ese Zapatero mentiroso, contradictorio, agónico, que
repetía sin parar monsergas en las que nunca había creído. En la
prórroga, Zapatero se convirtió en un De Jong cualquiera o en un Van
Bommel de prisión de alta seguridad; sacó la navaja de la
faldriquera y Rajoy se arrugó. Ese mismo día, un político muy
cercano al presidente del PP me confesaba: “Rajoy no quiso meterse
en ese terreno; nosotros no somos de ésos”.
O sea, es algo así como la enésima apuesta por el perfil bajo que
tanto cuesta (al parecer seiscientos mil euros anuales) al Partido
Popular. El low profit (dicho en inglés, los sociólogos le sacan aún
más partido) que consiste sólo en esto: en la vagancia de sus
propaladores que, de esta forma, no se tienen nada que inventar, que
así trabajan mucho menos, que, con ese diseño, apenas se ven en la
tesitura de encontrar respuestas para las invectivas del contrario.
Los aludidos, nada zoquetes, tienen contestación para todo y dicen:
“Hasta para estar callados hay que ser inteligentes, ¿o es que
queréis que nos vayamos de la lengua?, ¿o es que queréis que hagamos
promesas sin cuento para que al día siguiente de llegar a La
Moncloa, no las podamos cumplir?”. Ése es su razonamiento. Y para
ello, hay una réplica precisa: ¿se está dando cuenta el PP de qué
resistencias está creando en su electorado la tibia actitud que está
adoptando en asuntos como el del aborto? Y más aún. ¿Se sabe a
ciencia cierta cuál es la posición del partido respecto a las
consecuencias de la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña? ¿O les
hablamos de Bono?
Ganar sin hacer nada
Los hay que no tienen duda: el PP está en un error, no remata sus
ataques y, encima, está dejando que el rival se recupere. Quedan dos
años por delante y sólo hay la constancia cierta de que Zapatero no
tiene la menor intención de convocar elecciones anticipadas. A uno
de estos especialistas electorales le preguntaba reiteradamente esta
pasada semana: “¿Y todavía puede perder el PP?”. Sin dudarlo un solo
momento, respondió: “El PSOE lo tiene francamente mal, pero el PP
aún no ha ganado las elecciones; es más, si sigue así, el PP puede
dejarse el triunfo en el camino”. Una actitud prudente por parte de
la dirección popular sería, al menos, reflexionar sobre estos
pronósticos. Pero, al parecer, la doctrina oficial es que una nueva
derrota está descartada de antemano. Lo peor que he escuchado hace
tiempo es la ufana postura de un directo colaborador de Mariano
Rajoy: “Hay que dejarlos que se cuezan en su propia salsa; van a
perder, todo está sentenciado”. Tengo que suponer que cuando Rajoy
oiga también una tal estupidez enviará (si todavía no lo ha hecho) a
su voluntarioso asesor a hacer puñetas, ¡para qué andarse con más
complicaciones! Existen otro tipo de consejeros áulicos (especie de
personajes que siempre presumen de trabajar por amor, pero que al
final siempre terminan cobrando) que empeoran incluso las
apreciaciones de los técnicos profesionales y proclaman con un
bigote que ni se les mueve: “¿Para qué vamos a trabajar si es
indudable que vamos a vencer?”.
Hagámosle menos caso a estos estrafalarios bucaneros del pacifismo
del jefe y vayamos directamente a lo que importa. Va ya para dos
años que apareció por Madrid un reputado consultor que traía alguna
bibliografía presentada como fautor de los grandes momentos de Obama
y que, en consecuencia, se presentaba (o era presentado por mejor
decir)como un gurú indubitable de “todo lo que hay que hacer para
llevarse el triunfo”. Aseguraba el hombre, hombrecillo, cosas que,
de entrada, y para los recién llegados, resultaban necesariamente
atractivas. Decía por ejemplo: “Hay que poner a la sociedad en
permanente estado de paranoia”. El interlocutor que me contaba el
episodio parecía dispuesto, a continuación, a escribir un tratado de
expectativas políticas sobre una sola frase. ¿Paranoia? ¿qué es la
paranoia? El intérprete me definía así la definición del conspicuo
avistador de victorias: demostrar a la sociedad electoral que
“nosotros nunca nos vamos a confiar”, que “nosotros siempre
estaremos alerta” y que “nosotros siempre estaremos atentos a los
retos”. La conversación prácticamente acabó cuando, con la humildad
franciscana que me caracteriza, pregunté: “¿Y por decir eso, ¿cuánto
cobráis?”.
La suerte, cuestión de talento
O sea, que menos coñas, Caperucita. Aquí de lo que se trata es de
saber qué tiene que hacer Rajoy para ganar ya, antes que esto, como
dice el poema clásico que casi nadie conoce: “Esto se derrumba,
Tony, pronto dejarás la pista, que la gente ya no ríe como antaño se
reía...”, no se sostiene en pie con un personaje de opereta bufa
como Zapatero, al que Rajoy tiene que oponerle, al menos, tres
finales consideraciones: una, es su oportunidad, porque para España
es imprescindible que gane; dos, tiene que ser el artífice, no puede
ser de otra forma, de una derecha decente; tres, al tancredo no le
mata el cuerno del toro, le asesina el aburrimiento de los
espectadores. Al final la suerte no es que te las vengan dadas; es
cuestión de talento. Creo que lo escribió Benavente.
Liderato ZP: España grave y el PSOE al borde de una hecatombe
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 25 Julio 2010
El optimismo patológico de Zapatero en la celebración del X
aniversario de su ascenso al poder en el PSOE ha sido una vez más la
nota predominante de los discursos y las actitudes. El ciego que no
quiere ver sigue pronosticando vino y rosas pero el horizonte sigue
encapotado de tormentas y pedriscos. José Luis Rodríguez Zapatero,
aunque a el no le de la gana de darse por enterado, ha conducido a
España a una situación muy grave y de penosa salida y puede llevar a
su propio partido a la hecatombe. Porque el PSOE puede llegar a
convertirse tras su paso por el liderazgo en un partido
desnaturalizado, hundido electoralmente y hasta dividido y
desquiciado.
Reconoce ZP su error en la crisis (¡a buenas horas mangas verdes y
después de que le han tirado del burro a varazos!) que perdió mucho
el tiempo en enrocarse en que era desaceleración, que no pasaba nada
y cuando pasaba es que ya estaba también pasado lo peor. No ha sido
convencimiento. Es que le han obligado a convencerse a puros palos.
Hace ahora, y hasta lo predica, lo contrario de lo que hizo durante
dos desaprovechados y malgastados años.
Ese, ni siquiera los más entregados a la “causa” lo niega, ha sido
el detonante del hundimiento de su imagen. Pero cual ha sido el
resultado de sus otros grandes empeños. Su delirio de unir separando
ha conducido a la actual situación que tan bien refleja lo sucedido
en Cataluña. El independentismo avanza y su propio partido o partido
hermano se apunta con frenesí a ser más nacionalista que nadie y
hasta encabeza manifestaciones contra España. Y luego proclama ZP
que son el partido que vertebra España.
Saca pecho el presidente por la debilidad de ETA. ¡Y lo achaca a que
su “proceso de paz” fue la causa!. O sea, que aquel estrepitoso
fracaso volado por los aires por los terroristas y el hecho evidente
de que hubiera de retornarse a la política anterior, de firmeza y
sin concesiones, ha sido el talismán , cuando en realidad fue un
penoso parón. Es evidente que el retorno a la firmeza y el pacto
PSOE-PP en el País Vasco son los que han vuelto a poner a ETA contra
las cuerda y no precisamente sus balones de oxígeno. Pero al oírlo
uno se vuelve a preocupar. Puede volver a las andadas.
España está mucho peor que cuando el llego al Gobierno en 2004.
Parte es cosa del mundo pero otra muy importante es culpa y
responsabilidad suya y muy suya. De la que huye y que solo afronta
cuando es obligado a la fuerza a hacerlo. Si por el fuera
seguiríamos haciendo pajareras de plan E.
Pero si España es cosa de todos y nos la tiene hecha una pena, el
PSOE es cosa de sus militantes y ZP se lo puede dejar hecho unos
zorros. La hecatombe que empieza a amenazar a ese partido no quiere
ni verse por parte de sus dirigentes pero puede llegar a la
hecatombe. Primero esta lo de Cataluña y ese PSC con el que ya no
saben ni que hacer ni decir. El PSC dirige la política territorial,
para toda España, del PSOE y Zapatero pero el, PSOE no puede ni
rechistar ni hacer ni un mohin de desagrado. Y mucho menos opinar
sobre algo que pase en Cataluña. Más que hermanos es cosa de ser
“primos”.
La perdida de poder en Cataluña, a pesar de pasarse al
ultranacionalismo, es más que previsible. Pero después están las
municipales y autonómicas. Lo que cantan y siguen cantando los
sondeos se acerca cada vez más a la catástrofe. Si ella, y sólo
aspiran a que no sea muy grande, se confirma ¿Seguirán los barones
haciéndole la ola a quien los ha arrojado a las tinieblas exteriores
mientras el , trapiecheo con PNV hoy y mañana pasteleo con CiU,
sigue en la Moncloa? ¿Y tendrá una mínima posibilidad de seguir en
ella cuando lleguen al fin las elecciones?. Porque, aunque ahora nos
parezca una eternidad, el 2012 llegará y ZP habrá de responder en
urna. Si es que se presenta a filas. O si le dejan presentarse.
P.D. Me dí una buena costalada en el itinerario a caballo por las
riberas del Henares. Se encabritó el de delante, al mio le contagió
el nervio, yo iba descuidado y acabe en el rastrojo. Nada serio
excepto lo sufrido por mi ego y alguna magulladura. Pero volví a
montar y acabé el recorrido. Volvimos entre las choperas y los
cortados rojizos del rio con la luna llena señoreando el cielo.
P.D 1 El martes he de salir con urgencia para un viaje de trabajp,
más bien una faena de las gordas, rumbo a Chile. La temperatura en
Santiago es de bajo cero. ¡Que alegría!. Y la "singladura es de ida
y vuelta o casi. Vamos que estaré más tiempo en el avión que en la
tierra.
El malentendido
Zapatero presenta la sentencia del Estatuto como un malentendido que
él se propone resolver
GERMÁN YANKE ABC 25 Julio 2010
El presidente Zapatero pretende presentar la sentencia del Tribunal
Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña como una suerte de
malentendido que él se propone resolver. Comenzó, de un modo un poco
altivo, recomendando su lectura atenta para terminar de ese modo con
la enfadada interpretación de los nacionalistas catalanes a la que
José Montilla se había sumado con un patético desconcierto que
augura poco éxito en las próximas elecciones autonómicas. Pronto se
vio que la lectura detallada que acabaría con las polémicas no era
exactamente la del texto de la sentencia, sino la de la
interpretación que el propio presidente se aprestaba a hacer: quien
se enfade es presa del malentendido, lo que el Constitucional
ratifica es un éxito ante los malvados recurrentes y lo que señala
que no se ajusta a la Carta Magna no es por su contenido, sino por
estar precisamente en el Estatuto. Búsquese otro camino y termínese
con el malentendido.
Es difícil saber, a estas alturas, si resulta más lamentable desde
el punto de vista de la estabilidad institucional despreciar el
papel del Tribunal Constitucional por ser desafecto a lo «catalán»,
como hacen los nacionalistas tras su paradójica interpretación de lo
catalán, o por este camino del malentendido y la búsqueda, para lo
mismo, de otro procedimiento. El presidente se comporta como el
comensal que pide sopa para empezar y, cuando el camarero le dice
que no hay, sonríe y aclara: «ningún problema, entonces verduras de
primero y, de segundo, sopa». Como si su voluntad valiera más que la
realidad misma.
Precisamente por ello, porque la voluntad del presidente no puede
con la realidad, habría que resolver el verdadero malentendido: el
problema principal no es, como algunos piensan, la supervivencia del
débil Gobierno mediante apaños y cesiones, aunque sean meras
estratagemas, sino el concepto de la arquitectura constitucional que
el señor Rodríguez Zapatero tiene en la cabeza. Si piensa que se
puede dar carta de naturaleza a la «bilateralidad» entre el Estado y
algunas comunidades autónomas, si cree que se pueden compartimentar
los poderes del Estado o que los poderes regionales pueden decidir
sobre competencias estatales, si está convencido de que la
formulación de autonomías como nación les otorga un cierto poder
constituyente, si piensa que España es una suma heterogénea y
coyuntural en vez de un Estado organizado autonómicamente, estaremos
verdaderamente apañados. El malentendido verdadero es pensar que el
riesgo es su supervivencia; el peligro cierto sería que la
pluralidad se confundiera con ese puré antidemocrático.
Nuestros Kosovos
Manuel Molares do Val Periodista Digital
Esta semana seguramente terminó la Historia como la conocemos.
Entramos en un mundo nuevo en el que nacerán nuevas naciones, se
multiplicarán las guerras regionales y las limpiezas étnicas.
Todo se deberá a que este jueves la Corte Internacional de Justicia
setenció que la declaración unilateral de independencia de Kosovo no
violó la legislación internacional.
Aunque este fallo es sólo una opinión del tribunal, invita a que
multitud de poderes locales o de provincias y regiones declaren
también su independencia.
Kosovo nació de forma parecida al resto de las repúblicas
exyugoslavas, como reacción a los crímenes del líder serbio Slobodan
Milosevic, que trataba de evitar brutalmente la ruptura del país.
Como el más fuerte, Milosevic fue el que más mató. Los demás líderes
regionales y religiosos, porque el país está dividido prácticamente
por las religiones ortodoxa, católica y musulmana, asesinaron algo
menos porque carecían de las armas y del ejército heredero del
mariscal Tito
Los serbios quedaron como malos, cuando creían que el mundo
occidental recordaría que fueron grandes luchadores antinazis,
mientras las otras minorías se aliaban con Hitler.
Kosovo es casi igual en extensión a Asturias, 10.887 kilómetros
cuadrados. Tiene 1,9 millones de habitantes, la mayoría musulmanes.
Es el centro del tráfico de heroína en Europa. Su economía está
controlada por mafias.
En el norte, en Mitrovica, viven 100.00 serbios que quieren que su
provincia se integre en la fronteriza Serbia. El nuevo país, Kosovo,
no les dejará: para esto no acepta el fallo de la Corte.
En España, veremos si los independentistas catalanes, gallegos,
vascos, que creen que la Corte Internacional les ha dado un triunfo,
proponen seguir el ejemplo kosovar. Aparte de ETA, sus vanguardias
maltratan, persiguen y amenazan a los no nacionalistas.
Este es el verdadero fin de la Historia que conocíamos. Se ha
abierto la veda para crear naciones. Cualquiera de nosotros debería
declararse un Kosovo independiente de todo y de todos, y como país
independiente tendrá derecho a montar un ejército para defender su
territorio
Kosovo, Cataluña... y Zapatero
EDITORIAL Libertad Digital
La decisión de la Corte Internacional de Justicia declarando legal
la independencia de Kosovo proclamada unilateralmente en febrero de
2008, pone de nuevo al ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en
una difícil situación, consecuencia de su alocada trayectoria en
todo lo que se refiere al papel de España en la crisis de los
Balcanes.
Dejando a un lado lo asombroso de una decisión del Tribunal de la
Haya que contradice los usos, tratados y jurisprudencia anteriores
en materia de derecho internacional, lo cierto es que el gobierno de
Zapatero se encuentra ante un problema de origen exterior que
siempre ha gestionado en función de intereses partidistas para
consumo interno.
Tras la proclamación unilateral de la independencia de una región,
que a mayor abundamiento ni siquiera fue una de las repúblicas
integrantes de Yugoslavia, el Gobierno español decidió que nuestras
tropas permanecieran en el territorio formando parte de la fuerza
conjunta internacional, a pesar de que, expresamente, España no
reconoció esa decisión secesionista de un parlamento regional. ¿Para
qué permanecieron un año más nuestros soldados allí? No lo sabemos,
porque ni Zapatero ni sus ministros dieron una explicación
convincente.
Como tampoco aclararon por qué también de forma imprevista, un año
más tarde, la ministra Chacón anunció abruptamente que nuestras
tropas abandonaban Kosovo sin que hubiera habido ninguna
modificación sustancial en el estatus jurídico-político de ese nuevo
miniestado al que la Corte Internacional ha otorgado ahora una
estrambótica carta de naturaleza.
Que la gestión de la OTAN y la UE en los Balcanes no cumplió ninguno
de los objetivos previstos en cuanto a la estabilización de la zona
es ya un hecho compartido por todos los países serios. Se trató
únicamente de contener las matanzas étnicas castigando a los serbios
de forma brutal mientras se contemporizaba con el surgimiento de
nuevas entidades políticas de corte étnico, cuyas represalias contra
la población civil no tuvieron nada que envidiar a los sufrimientos
padecidos bajo la bota del desaparecido Milosevic.
Siendo esto último cierto, no lo es menos que el papel de un país
que se respete a sí mismo debe ser siempre apostar por la defensa de
los mismos principios que mantiene en su propio territorio que, como
en el caso de España, no está ayuno de intentonas secesionistas en
algunas de sus regiones.
Si cuando surge una rebelión institucional fuera de nuestras
fronteras el gobierno actúa de forma tan insustancial como lo ha
hecho el ejecutivo de Zapatero en el caso de Kosovo, es fácil
suponer cuál puede ser su reacción si alguno de sus socios políticos
decide seguir el ejemplo de los dirigentes de ese narcoestado de
corte étnico dentro de nuestras fronteras. ¿Preguntamos a la
ministra Chacón?
Luchadora incansable
Pilar Elías es una mujer valiente. Desde que su marido, Ramón
Baglietto, fuera asesinado por el mismo niño al que un día salvó de
ser atropellado, Elías quiso seguir sus pasos como concejala. Le
duele reconocer que si quiere pasear «tenemos que ir protegidos. No
podemos sacar la basura, ni coger correspondencia, ni abrir la
puerta» con libertad. Tiene que soportar casi a diario la presencia
de Azpiazu, el asesino de su marido, que abrió una cristalería
debajo de su casa.
******************* Sección "bilingüe"
***********************
La solución final del Sr. Zapatero.
Vicente A.C.M. Periodista Digital 25 Julio 2010
Es de auténtica náusea escuchar las declaraciones a dos bandas que
hacen el Sr. Zapatero, el abanderado del "proceso de paz" y los
etarras desde su antiguo santuario en Francia. Para ETA, "Euskal
Herria está a las puertas de vivir un periodo de cambio". Para
Zapatero, en el proceso de negociación que llevó a cabo y que cubrió
una de las etapas más mezquinas de la Historia de España, " se
sembró una solución definitiva". Una curiosa forma de referirse al
periodo de terrorismo que llevamos soportando cuarenta años y su
especial forma de negociar. También los nazis llamaron "solución
final" (Endlösung) al gaseamiento de millones de judíos.
Nadie que mantenga un mínimo de análisis crítico sobre las formas
que ha tenido el Sr. Zapatero para imponer "su solución" al tema de
ETA, puede obviar que desde hace meses todos los movimientos y
acciones van encaminadas a lanzar el mensaje a ETA de "dispuestos
para la negociación". Pero además, esta vez con la premura que
impone una crisis económica inmanejable por su demostrada
incompetencia y la cercanía de las elecciones autonómicas de
Cataluña, donde ya ha prometido devolver las aguas a su cauce y
"reparar" el daño que la sentencia del TC ha ocasionado. Hasta el
charnego y despatriado de Montilla se atreve a alzar su voz con
arengas miserables de ver la Unidad de España como algo "casposo".
La verdad es que España nunca ha estado en una situación de riesgo
de desintegración tan alta como la que ha provocado con su política
el Sr. Zapatero. Esto que en cualquier dirigente o representante
sería objeto de destitución fulminante, sin embargo, con Zapatero se
observa con estupor e impotencia ante el blindaje y los apoyos que
tiene. Porque buscar la paz no es un delito, sino una obligación,
pero pierde cualquier legitimidad cuando no importan los medios para
conseguir los fines, ni si el resultado final es la destrucción de
la Nación.
El Sr. Zapatero anda muy necesitado desde hace tiempo de un logro
sonado que ofrecer a su fiel electorado, capaz de secundar ese
discurso disgregador y aceptar lo de "paz por territorios". De ahí
que la euforia de los etarras sea indisimulada. El Sr. Zapatero
sigue usando los resquicios que le da la Ley Penal para otorgar a su
criterio, vía Rubalcaba como fiel ejecutor, tratos de favor,
excarcelaciones y disminuciones de penas a presos etarras. No estará
lejos el día en que Eguiguren vuelva a los salones de Loyola a
sentarse a hablar de paz con Diéz Usabiaga o incluso el mismo Otegi.
¿Y mientras, qué hace el PP y qué debemos hacer los ciudadanos?. Ya
ni siquiera las Asociaciones de Víctimas están lideradas por
personas que puedan o quieran promover y encabezar aquellas
manifestaciones multitudinarias con lemas como "EN MI NOMBRE NO" y
"NO A LA NEGOCIACIÓN CON ETA". Como mucho, el PP amenazará con
abandonar el apoyo al gobierno de Patxi López, sabiendo que el PNV
estará ahí dispuesto para recobrar su lugar como interlocutor en esa
mesa de negociación y postularse como alternativa a un cambio de
Gobierno en el País Vasco.
Hay que tener muchas tragaderas y ninguna moral para aceptar de
nuevo que el Sr. zapatero y su ralea de cómplices nos lleven a la
indignidad de una negociación con los terroristas de ETA. Hay que
tener la "sangre de horchata" y mucha cobardía, para permanecer en
silencio y no exteriorizar, cuantas veces sea preciso, que seguimos
manteniendo el lema y la bandera de "EN MI NOMBRE NO" y volver a
llenar las calles de las ciudades de España.
De existir algo casposo es la actitud ridícula del Sr. Montilla. Y
de existir algo indigno, mezquino y felón, es la actitud del Sr.
zapatero y sus secuaces. No dejemos que se salgan con la suya.
Los diez años del monstruo
Jesús Cacho. El Confidencial 25 Julio 2010
El 7 de marzo de 2003, cuando aún faltaba un año para las elecciones
generales de 2004, buena parte de la redacción de este diario
digital fue recibida por José Luis Rodriguez Zapatero en su despacho
de la calle Ferraz. El candidato a la presidencia del Gobierno por
el PSOE, verbalmente triturado un día sí y otro también por la
soberbia insolente de José María Aznar, era un hombre cuyas
posibilidades de llegar a la Moncloa no hubieran logrado un euro en
una casa de apuestas. Aquel día, sin embargo, y ante la cara de
asombro de mis colegas del Confi, se mostró convencido de ganar las
próximas generales. Nos cayó simpático. Nos envolvió con su
verborrea fácil, posibilista, sin estridencias, apta para el consumo
de lactantes. Durante dos horas largas nos vendió talante para parar
un tren. Frente al entonces endiosado Aznar, nos pareció el chico
next door dispuesto a mover montañas a base de sonrisas. Saben muy
bien lo que ocurrió el 11-M de 2004, y la importancia que los
atentados tuvieron para hacer de él un “presidente por accidente”,
como malévolamente lo calificó el WSJ. A primeros de marzo de 2005,
coincidiendo con el segundo aniversario de aquella visita, le
escribí una carta recordándole su firme promesa de volver a
recibirnos si un día llegara al Olimpo. “Estimado Jesús: Muchas
gracias por enviarme noticias sobre el avance de elconfidencial.com.
Como tú, recuerdo bien aquel encuentro de hace dos años […] Os deseo
lo mejor para esta nueva etapa de la publicación y confío en que
podamos encontrarnos en cuanto despeje algo la apretada agenda que
ahora tengo por delante”. Firmado, J. Zapatero.
Como dicen en mi pueblo, si te he visto no me acuerdo. Nunca más se
supo. Tampoco se ha sabido de sus vicepresidentes/as y ministros/as
de Economía. Para un medio como este, básicamente orientado desde su
nacimiento hacia la información económico-financiera, mantener
relaciones fluidas con el ministerio del ramo era y es una cuestión
que rebasa lo anecdótico. De todo punto imposible. Estamos inscritos
en la lista negra de los espíritus libres y, por tanto, escasamente
fiables. Tratados como enemigos. Y lo ocurrido con Zapatero, en la
economía y en la política, ha sucedido también con el resto de
ministros de sus Gobiernos, excepción hecha de Don José Blanco, que
hace escasas fecha visitó nuestra redacción. Todo lo anterior viene
a cuento para enmarcar mi idea, ahora que el monstruo (En sentido
hiperbólico, aplicado a la persona que tiene dotes excepcionales
para algo, incluso para el mal) acaba de cumplir una década de
liderazgo, de que 70 años después de terminada la Guerra Civil y 35
años después de muerto Franco, Zapatero ha venido a consolidar y
otorgar savia nueva al pérfido y evanescente, o eso parecía,
fantasma de las dos Españas, la izquierda y la derecha, los buenos y
los malos, los amigos y los enemigos, nosotros y ellos…
Zapatero está muy lejos de ser el “bobo solemne” que algunos
creyeron ver en él al inicio de su mandato..
Todo lo tenía el personaje para haber sanado heridas, aplicado
ungüento a las viejas luchas fratricidas, liberado tensión a los
desplantes acumulados por Aznar en los dos últimos años de su
Gobierno. Para desgracia nuestra, el sujeto prefirió la vía de la
confrontación, con el objetivo puesto en aislar a la derecha
política y colocarla extramuros del Sistema, pretensión suicida más
que vana, en tanto en cuanto suponía dejar a media España en las
alcantarillas del juego democrático. En contra del tipo banal que
parece sugerir la simpleza de su discurso, plagado de obviedades y
cursilerías, Zapatero está muy lejos de ser el “bobo solemne” que
algunos creyeron ver en él al inicio de su mandato. Obligado a
gestionar las contradicciones del capitalismo tardío muchos años
después de la caída del Muro de Berlín y de la muerte de “la
revolución” en el altar del consumo, el de León se planteó un rearme
ideológico capaz de asentar al PSOE en el poder por tiempo
indefinido sobre la base de la emancipación de los grupos sociales
más o menos marginados por el Sistema: mujeres, inmigrantes del
tercer mundo, minorías sexuales, etnias y culturas oprimidas,
movimientos con vocación transversal (ecologismo y pacifismo) y así
sucesivamente.
Hacia una hegemonía socialista duradera
La “revolución” de Zapatero se ha llevado a cabo mediante una
intensa actividad legislativa que a duras penas ha conseguido
disfrazar los perfiles de lo que a todas luces parecía una gran
operación de ingeniería social destinada a dislocar el tradicional
sistema de valores del español medio, sobre la base de una sociedad
sin jerarquía y una ciudadanía con más derechos que obligaciones. Y
con el punto de mira puesto en la promoción de un nuevo tipo de
individuo despersonalizado, desideologizado, igualitario, acrítico,
incluso idiotizado. Primando la igualdad sobre la libertad. La masa
sobre la persona. El pueblo sobre el ciudadano. El todo sobre cada
una de sus partes. “De lo que se trata es de la producción de otro
individuo, un individuo que ya no sea más construido a partir de la
matriz del individuo posesivo” (Hegemonía y estrategia socialista:
hacia una radicalización de la democracia. Ernesto Laclau y Chantal
Mouffe). Todas y cada una de esas decisiones legislativas conseguían
poner contra las cuerdas a una derecha atemorizada y bobalicona, mal
preparada para aceptar el envite (el último, la posibilidad de
abortar a chicas menores de 16 años sin el consentimiento de los
padres), aunque ningún rebote en el PP ha sido comparable al
producido por el intento, realizado en paralelo, de reescribir la
reciente Historia de España procediendo a desenterrar, nunca mejor
dicho, los viejos demonios familiares históricos hispanos.
Todas y cada una de esas decisiones legislativas conseguían poner
contra las cuerdas a una derecha atemorizada y bobalicona.
El terremoto no ha sido menor en lo que al horizonte político e
institucional se refiere, como corresponde a un personaje para quien
la nación es “un concepto discutido y discutible”. En la antípodas
de lo que gente como Gustavo Bueno entiende por el término (“Y digo
la Nación española; no el pueblo. El pueblo no puede disponer de la
Nación, el pueblo está sometido a la Nación. El pueblo es el
viviente, pero la Nación contiene a nuestros muertos y a nuestros
hijos”), Zapatero ha abierto en canal, sin la menor idea sobre cómo
cerrarlos, melones de importancia capital en la estructura
territorial del Estado, graves puñaladas a la Constitución del 78
por la puerta de atrás de los Estatutos de autonomía. Su
“omnipresente esperanza fue pasar a la historia como el gran
Pacificador” (Churchill sobre el incauto de Chamberlain), le llevó a
intentar pactar con ETA, y con idéntica desenvoltura regaló al
nacionalismo catalán un Estatut que una mayoría de catalanes
sensatos ni reclamaban ni necesitaban. El resultado de tanta
frivolidad a la vista está.
Estado cuarteado y españoles empobrecidos
Las consecuencias de los dislates de Zapatero serán perdurables y,
al contrario de lo que ocurre con la crisis económica, puede que no
tengan vuelta atrás. El Estado, tal como lo consagra la vigente
Constitución, cuarteado y abocado a acontecimientos tal vez
traumáticos, y los españoles empobrecidos para muchos años. No hay
hoy un solo empresario o financiero importante en el país que no
abomine del personaje y de su pobre gestión de la Economía. Vale la
frase formulada hace unas semanas por un norteamericano de visita en
España: “¿Pero no disponen ustedes de filtros capaces de impedir que
un tipo como este pueda llegar a la presidencia del Gobierno?”.
Impasible el alemán, el personaje ha seguido, no obstante,
dedicándonos la mejor de sus sonrisas -a menudo trufadas de
embustes- incluso en plena tormenta. De su boca es capaz de salir
cualquier extravagancia, cualquier provocación propia de líder
universitario de los sesenta, cualquier boutade sin sentido, sin que
se le quiebre la sonrisa, convencido de que todo se lo perdonará la
hedonista, anestesiada sociedad española actual. Sonriendo a media
caña dijo el jueves, con motivo de la celebración de sus 10 años
como Gran Jefe Sioux, que “estamos mucho mejor de lo que parece y lo
vais a vivir”. Es posible que su entorno más cercano esté mejor de
lo que parece; la realidad es que para una gran mayoría de españoles
las cosas están bastante peor de lo que parecen.
“¿Es que tiene algo mejor que hacer…? A menos que se vaya de penene
a León, no sabe hacer otra cosa”.
Cuando aún quedan casi 20 meses para el final de la Legislatura, el
interés dentro y fuera del Partido Socialista está ahora centrado en
saber, adivinar más bien, si Rodríguez Zapatero encabezará la lista
socialista a las generales de marzo de 2012, en el supuesto, que es
mucho suponer, de que la fiesta aguante hasta entonces. Las
opiniones entre la propia nomenklatura socialista están divididas.
Hay quien opina con rotundidad que por supuesto que sí. “¿Es que
tiene algo mejor que hacer…? A menos que se vaya de penene a León,
no sabe hacer otra cosa”, asegura un alto cargo de Moncloa, que lo
define como “un duro disfrazado de blando, un tipo que jamás pega un
puñetazo en la mesa, que te mata a besos, pero que tiene el virus de
la política en sangre”. Cada día son más, sin embargo, los que
piensan que ZP no será candidato por tercera vez, lo que aboca a los
socialistas a la celebración de un Congreso para nombrar nuevo
secretario general y candidato a la presidencia del Gobierno. “Es la
reflexión que se están haciendo en el seno del PSOE”, asegura un
destacado militante. “El problema es saber quién; es encontrar una
alternativa con posibilidades de volver a ganar, porque éste
optimista irredento va a dejar el partido como un sembrado”. Plagado
de minas, además.
La crisis se contagia
«La cosecha de tanta banalidad y tanto oportunismo como los
sembrados por Zapatero no ha hecho más que empezar, pero los daños
de una política de deconstrucción del Estado y de sus instituciones
son ya estructurales»
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 25 Julio 2010
Al término de un debate sobre el estado de la nación dominado por la
descalificación soberanista de la sentencia sobre el Estatuto de
Cataluña, el PNV plantea a Rodríguez Zapatero exigencias políticas
extraídas del archivado plan Ibarretxe y de las concesiones
ofrecidas por el Gobierno a ETA-Batasuna en la negociación de Loyola
en la legislatura anterior. Con ello, los nacionalistas vascos
tantean el precio que el Gobierno socialista en minoría habrá de
pagar para asegurarse su permanencia en el poder hasta el final de
su mandato en 2012.
Con las propuestas de resolución presentadas en el Congreso después
del debate, el PNV ha conseguido ofrecernos una síntesis insuperable
del destrozo que Rodríguez Zapatero ha causado con las iniciativas
políticas en las que ha querido identificarse como gobernante. La
cosecha de tanta banalidad y tanto oportunismo como los sembrados
por Zapatero no ha hecho más que empezar, pero los daños de una
política de deconstrucción del Estado y de sus instituciones son ya
estructurales. La quiebra de la política en su sentido cívico y
democrático queda plasmada en esa imagen del presidente del Gobierno
con José Montilla sellando un pacto para eludir con fraude la
sentencia del Tribunal Constitucional, sin explicar por qué habría
que buscar formas de 'rescatar' el Estatuto catalán si la sentencia
lo ha avalado plenamente, como el propio Zapatero y todos sus
portavoces han repetido una y otra vez. ¡Gran pedagogía!
Pero no habría que olvidar que para que todo esto ocurra ha sido
necesario que el discurso identitario alcance el paroxismo y se
adueñe de la política. Lo singular del caso es que este paroxismo
identitario de territorios agraviados, derechos colectivos de
creación arbitraria, ultimatos secesionistas y ciudadanía
subordinada a la adhesión exigida por la hegemonía nacionalista no
sólo cuente con el beneplácito de la izquierda española, el PSOE,
sino que este partido lo cultiva como contenido ideológico y como
estrategia electoral.
Una de las cosas más extravagantes que se ha podido escuchar en
estos días es que el presidente de la Generalitat catalana, el
socialista José Montilla, exija, entre otras, una «reparación», así
con todas la letras, por los daños morales y el perjuicio a la
dignidad de Cataluña que, según él, ha causado la sentencia del
Tribunal Constitucional.
Aparte de la consagración de Cataluña como personaje animado
-síntoma habitual de la fiebre identitaria-, ante semejante
exigencia hay que preguntarse qué ha dicho el Tribunal para que una
comunidad autónoma se sienta agraviada hasta el punto de exigir
compensación por daños morales. Y la respuesta es que nada hay en la
sentencia que resulte insultante. Porque el Tribunal ha dicho cosas
bastante elementales que sólo pueden molestar u ofender a los que
creían que, como dijo Maragall, la Constitución no era más que una
gran disposición transitoria y a ellos correspondía el derecho a
fijar el plazo de caducidad de aquélla.
El Tribunal explica que España es la única nación que la
Constitución reconoce, que es lo que se dice literalmente en su
artículo 2º. Tampoco debería ser ofensivo recordar, como hace el
Constitucional, que sólo hay una ciudadanía -la española- que nos
ampara e iguala a todos y que, por tanto, no hay, como tales,
'ciudadanos catalanes' sino ciudadanos españoles en Cataluña. No se
entiende por qué tanto escándalo en que el Tribunal sitúe al
castellano en pie de igualdad con el catalán, negando a éste su
condición de lengua 'preferente', que no su carácter vehicular, que
se mantiene plenamente reconocido. Sorprende mucho que en un modelo
que se dice de armónica convivencia lingüística se olvide que el
castellano no sólo es lengua oficial de -toda- España sino la lengua
común de todos sus ciudadanos que tienen el deber de conocerla y el
derecho a usarla, también en Cataluña. No es ofensivo, a pesar de
las sensibilidades de Montilla, que la sentencia recuerde que el
Poder Judicial es único en todo el Estado y que el Estatuto no es
quién para despojar al Tribunal Supremo de sus potestades
jurisdiccionales en Cataluña o marcarle hasta dónde alcanza. Tiene
también bastante lógica que al hablar de bilateralidad en la
relación 'Cataluña-España', el Constitucional precise que no puede
ser 'bilateral' y en plano de igualdad la relación entre la parte y
el todo en que se integra. En cuanto al llamado 'blindaje
competencial', resulta exorbitante la pretensión catalanista de
dictarle al Estado cómo y hasta dónde tiene que ejercer sus propias
competencias tampoco es razonable que el Estatuto afecte a las
competencias del Tribunal Constitucional.
De lo anterior se deduce que en el nacionalismo catalán, con los
socialistas a la cabeza de la manifestación, el agravio es
inversamente proporcional a la autocrítica. Y como autocrítica no
hay ninguna, el agravio tiende al infinito, propulsado por el
sonrojante apuro de un Rodríguez Zapatero que insiste en que él es
muy 'procatalán', sea lo que sea lo que eso signifique.
En suma, dos nuevas crisis de la factoría Zapatero al precio de una.
La catalana, para eludir la sentencia constitucional y la otra, la
que Zapatero ya ha extendido al País Vasco para intentar mantenerse
en el poder con el apoyo del PNV. El problema para los socialistas,
de aquí y de Madrid, es que al presidente del Gobierno ya lo conocen
y piden el pago por adelantado.
Con su permiso, Señor Rubalcaba.
Teresa JIMÉNEZ-BECERRIL La Razón 25 Julio 2010
A estas alturas no voy a decir nada nuevo si recuerdo que la mayoría
de las víctimas del terrorismo no se fían de Zapatero ni de todos
aquellos que siguen sus órdenes. Por tanto las declaraciones de
Rubalcaba, en las que declara con toda la desvergüenza, que los
terroristas que están en Nanclares de Oca no son de ETA no nos han
cogido por sorpresa. ¿Pero usted se cree que los españoles son
tontos? ¿Ha pensado en cómo se les habrá quedado el cuerpo y el alma
a los familiares de los asesinados por los etarras que hoy, de la
noche a la mañana, han quedado absueltos de sus culpas por obra y
gracia de nuestro ministro del Interior? No quiero ni pensar cuando
me llegue la hora de escuchar a mí que el terrorista que disparó
contra mi hermano y su mujer no es de ETA. Si seguimos así nuestros
mártires que derramaron su sangre por España y por la libertad
habrán muerto por un fatal destino.
No Sr. Rubalcaba, los presos que
usted y su Gobierno están excarcelando para satisfacer a ETA mataron
por la independencia del País Vasco y eligieron cuidadosamente a
quienes defendían su patria, esa que ustedes desprecian. Y no es
sacando a los presos etarras a la calle y despojándolos de su
verdadera identidad como se les derrota. ¿A quién creen que engañan?
Lo que estamos viendo es una componenda. No se olvide Zapatero y
compañía que los españoles no queremos componendas con asesinos de
niños. A ver si tiene valor Rubalcaba de ir el 4 de agosto a
celebrar el aniversario del asesinato de Silvia, la niña que mataron
en Santa Pola, y decirle a Toñi, su madre, que si los etarras que
asesinaron a su hija firman un papel de falso arrepentimiento,
tendrán grandes beneficios porque han pedido perdón y por tanto ya
no son etarras. ¿Qué beneficio tuvo esa chiquilla cuya única culpa
era que su padre eligiese servir a España?
Nada es lo que parece
Creo que en este país donde nada es lo que parece, la inseguridad es
total; los etarras no son etarras, las naciones no se sabe lo que
son, la crisis no es una verdadera crisis... lo único que es seguro
es que quienes nos gobiernan son capaces de vender su alma al diablo
por seguir en el poder. O si no que me expliquen por qué Zapatero
sigue empeñado en negociar con ETA con el aplauso de quienes
mercadean por Europa con la sangre de nuestros seres queridos y lo
que es más repugnante, dicen hacerlo en nombre de la Paz.
VEO7
La delincuencia educada
Pío Moa Libertad Digital 25 Julio 2010
En el accidentado debate de hace unos días en VEO7, Isabel San
Sebastián comentó que la única virtud del actual jefe de Gobierno
era su buena educación. Yo siempre creí que las buenas maneras se
llaman hipocresía cuando acompañan a acciones como las de ese
personaje. Así, cuando me tocó el turno, hice un pequeño balance de
gobierno.
Ante todo, Rodríguez transformó arteramente el Pacto por las
Libertades y contra el Terrorismo en Pacto con los terroristas
contra las libertades, convirtiéndose en el mayor colaborador que la
ETA haya tenido en su historia. Él se encontró con una ETA acosada e
infiltrada, que llevaba un año y medio fracasando en sus intentos
asesinos, y pensó que podía aprovechar el trabajo del gobierno
anterior para convencer a los etarras de dejar las pistolas a cambio
de enormes concesiones. De este modo aparecería como "pacificador"
y, quién sabe, hasta ganaría el premio Nobel, como le sugerían los
propios etarras. Las concesiones se hacían, lógicamente, a costa del
estado de derecho, de las normas más elementales de la democracia,
de las víctimas directas a quienes pretendía acallar mafiosamente, y
de la unidad de España. Así, proporcionó a la ETA legalización de
sus terminales, dinero público, proyección internacional,
entorpecimiento de la acción judicial, chivateo, etc. La clave
política era el estatuto de Cataluña, un modelo para las Vascongadas
quizá con Navarra, que creaba una nueva nación y por tanto una nueva
soberanía, dejaba el estado español en residual, etc. Esta política
la llamó él "diálogo" y "proceso de paz", pero, con más realismo, la
calificó de alta traición Cristina Alberdi, y como mínimo podemos
dejarla en "colaboración con banda armada". La oposición, lejos de
denunciar la inaudita fechoría por su nombre, terminó imitando el
estatut en Valencia y ayudando a montar una nueva "realidad
nacional" en Andalucía.
Afirman algunos que luego Rodríguez ha cambiado. Pero, aparte de no
ser así, porque todas las bases de la colaboración siguen en pie,
ese cambio no repara los enormes daños causados. Es como si un
estafador, después de desvalijar a incontables personas, dijese que
ya no pensaba estafar más, y ahí quedara todo.
Señalé otras dos fechorías fundamentales de Rodríguez: sustituir en
la política internacional el acuerdo con las democracias por la
colaboración con las dictaduras, a las que, con su típica perversión
del lenguaje, llama "civilizaciones", con las que busca alianza.
¿Alianza contra quién? No es difícil verlo.
Otro desmán decisivo ha sido imponer la ley totalitaria de "memoria
histórica", que falsea la historia y tira de la alfombra bajo los
pies de la transición y la democracia. Porque su objetivo es
deslegitimar al franquismo, del cual viene precisamente la
democracia, mientras que de los antifranquistas retroactivos vienen
todas las amenazas a ella: el terrorismo, las oleadas de corrupción,
los separatismos, el entierro de Montesquieu, etc. Se entiende que
el personaje se permita con tanta alegría colaborar con la ETA, pues
en definitiva comparte con ella el 80 ó 90% de ideología.
Por no extenderme sobre otras muchas tropelías, como la parodia del
matrimonio homosexual, la negativa a tomar a tiempo medidas contra
la crisis económica, el aborto, el ataque al Valle de los Caídos,
etc.
Casi todas las acciones y conductas de Rodríguez conculcan las
leyes, la Constitución, los derechos y libertades ciudadanos y el
interés nacional de España. Son hechos delictivos.
En VEO7, un periodista formado en la SER dijo no tolerar que al jefe
de Gobierno de su país se le llamase "delincuente". Como no tiene ni
idea de la democracia, no sabe que un jefe de Gobierno debe estar
sujeto a la ley y puede delinquir, como ha pasado no pocas veces.
Pero él pretende que el cargo le hace irresponsable. Así se está
descomponiendo y latinoamericanizando la democracia en España.
Pero la evidencia no puede ocultarse: tenemos un Gobierno ilegítimo
que no respeta la Constitución ni los integridad de España. Si la
democracia se mantiene, sus personajes tendrán que dar cuentas algún
día de sus abusos ante los jueces. Como ya pasó con unos cuantos
altos cargos del felipismo.
Despilfarro socialista
Zapatero dilapida en siete meses 360 millones en subvenciones
‘ideológicas’
www.gaceta.es 25 Julio 2010
La supresión de estas ayudas podría haber evitado la eliminación del
régimen transitorio para la jubilación parcial. El cheque bebé costó
en 2007 una cifra similar. El jefe del Ejecutivo no cree en el
ahorro de estas partidas. Fundaciones progresistas y sindicatos, los
que más reciben.
El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha
desembolsado en lo que va de año sólo en subvenciones prescindibles,
aunque –eso sí– de marcado carácter ideológico, 360 millones de
euros. Todas ellas guardan un denominador común: contentar a
colectivos teóricamente afines y garantizar así futuros apoyos para
evitar una debacle electoral. Aquí se aglutinan sindicatos,
fundaciones y editoriales afines, grupos de presión, colectivos
homosexuales y feministas, asociaciones pro Memoria Histórica,
organizaciones no gubernamentales con actuación en Cuba, abortistas,
cineastas titiriteros...
Pese a que el jefe del Ejecutivo ha repetido por activa y por pasiva
que la aplicación de recortes en este tipo de partidas
presupuestarias no iba a suponer un alivio reseñable para las
cuentas de la Administración, LA GACETA ha realizado un compendio de
esas ayudas que las maltrechas arcas estatales se podrían haber
ahorrado. La suma de todas ellas no es, en absoluto, insignificante.
Máxime cuando el actual Gobierno ha pasado a la historia de la
política española en este semestre como el ejecutor del mayor
recorte de derechos sociales desde la Transición.
Así, la cifra de casi 400 millones de euros cobra resonancia si se
compara con otras magnitudes consecuencia de la improvisación que ha
impregnado cada paso de Rodríguez Zapatero en materia económica.
Precisamente, una de las medidas del tijeretazo, con aplicación a
partir del 31 de diciembre de 2011, es la supresión del cheque bebé
(ayuda directa de 2.500 euros por hijo nacido o adoptado a las
madres españolas o inmigrantes con más de dos años de residencia).
Esta iniciativa estrella –ya existían fórmulas similares a nivel
regional– que el presidente del Gobierno se sacó de la chistera para
sorprender al arco parlamentario en el Debate sobre el Estado de la
Nación de hace tres años provocó que el Estado soportara hasta
finales de 2007 el coste de este regalo a más de 150.000 niños: 400
millones de euros.
Por otro lado, a través también del citado decretazo social, el
Ejecutivo ha decidido acometer la eliminación, de golpe, del régimen
transitorio para la jubilación parcial. Es decir, ha establecido
que, a partir de ahora, sólo podrán acogerse a esta modalidad los
mayores de 61 años que tengan un mínimo de 30 años cotizados y al
menos seis de antigüedad en la empresa, con un máximo de reducción
de jornada del 75%. El ahorro de esta idea, prevé el Gobierno, será
de 400 millones, 250 este año y otros 150 más en el próximo
ejercicio.
El recorte del sueldo de los funcionarios que prestan servicio a la
Administración General del Estado forma parte igualmente del
recetario con que los socialistas pretenden reducir el déficit, tras
la llamada de atención de la Unión Europea. Dicha medida no se ha
quedado ahí, pues las comunidades autónomas se han visto obligadas a
aminorar el bolsillo de sus empleados públicos, tratando de evitar
el “agravio comparativo” con los primeros. La Comunidad de Madrid,
en concreto, acordó el pasado junio rebajar un 5% la nómina de cerca
de 200.000 trabajadores. Además, la presidenta Esperanza Aguirre
cobrará casi un 17% menos del salario fijado en el presupuesto
autonómico de 2008, y los vicepresidentes y consejeros regionales,
por su parte, un 12%. Todo ello, calculan, les permitirá dejar de
asumir 400 millones de euros anuales. Y éstas son sólo algunas de
las muchas contrariedades que parecen escapar a los fontaneros de
Moncloa.
"zapatero se agota y los grupos se están moviendo"
Rajoy defiende los pactos con los nacionalistas para llegar al poder
En una entrevista en ABC, Rajoy vuelve a eludir entrar en el fondo
de la sentencia del Estatuto y la deriva independentista de
Cataluña. Se limita a repetir que respeta las sentencias, que hay
que "mirar al futuro" y defiende abiertamente los acuerdos con los
nacionalistas para llegar al poder.
agencias Libertad Digital 25 Julio 2010
El presidente del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, pide al
presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que se
posicione del lado de la Constitución tras haber actuado con "una
mezcla de engaño, de frivolidad y de jugar con las cosas que afectan
al interés de todos", al haber cuestionado la sentencia del Tribunal
Constitucional (TC) sobre el Estatut de Cataluña. "No hay democracia
donde un Gobierno pone en tela de juicio las sentencias de los
tribunales. Eso es una selva", ha explicado el líder de los
'populares', en una entrevista concedida a ABC.
Por ello, a su juicio, el presidente del Ejecutivo debería "hacer
pedagogía a favor de las instituciones y a favor del Tribunal
Constitucional" acatando las sentencias emitidas por éste, tal y
como han hecho su partido al guardar silencio desde que la
resolución se conociera. "Ahora toca acatar la sentencia", ha
aseverado. Pero él sigue sin opinar en la cuestión de fondo y se
limita al ya clásico "mirar al futuro", como si nada pasara.
Es más, Rajoy dice que detrás de la silencio del PP ante dicha
sentencia no se esconde "en absoluto" la necesidad de llevarse bien
con CiU de cara al futuro. Aunque dice que hay cosas en las que
ambos partidos "nunca" van a coincidir, como es el caso del Estatut,
defiende abiertamente los acuerdos con los soberanistas con tal de
llegar el poder: "Existe un convencimiento general de que el ciclo
político de Zapatero se está agotando y todos los grupos se están
moviendo en virtud de esa circunstancias", ha argumentado.
Por otra parte, el presidente del PP ha reconocido que a su partido
no le gusta lo que está pasando en los últimos días en torno a los
permisos penitenciarios concedidos a presos de ETA y así se lo ha
trasladado al Gobierno, al que ha recordado que les gusta "menos
aún" enterarse por los medios de comunicación de estos hechos. "El
Gobierno conoce perfectamente nuestro malestar", ha asegurado.
Por último, Rajoy ha defendido al ex ministro Francisco Álvarez
Cascos, cuyo futuro al frente del partido en Asturias dependerá "de
sus compañeros" y del que dijo tener una "magnífica opinión", al
tiempo que ha trasladado el "apoyo total" de la dirección nacional
del partido al presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco
Camps. También ha mostrado su apoyo al presidente de la Diputación
de Alicante, Carlos Fabra, imputado por presuntos delitos de
cohecho, tráfico de influencias y contra la administración pública.
Catalanes
«No es éste el país con el que soñábamos cuando teníamos la bota del
dictador sobre nuestra conciencia»
ROSA REGÀS El Correo 25 Julio 2010
La mayoría de los catalanes que vivimos más o menos pendientes de la
política, estamos profundamente decepcionados de nuestros líderes,
no como ideólogos o gestores sino como mentes incapaces de llegar a
un acuerdo para presentar una voz única ante el Parlamento de la
nación. Ellos sin embargo, los políticos, no parecen haberse dado
cuenta y siguen con su discurso como si cada uno fuera el
representante único del pueblo de Catalunya, lo cual resulta todavía
más incomprensible y bochornoso que la propia incapacidad de llegar
a un acuerdo.
Ya se va definiendo nuestro modelo de hacer política que consiste en
el 'yo primero aunque sea a costa de cargármelo todo', como ocurre
también en el hacer de los líderes políticos de la península -en
especial los representantes del pueblo en el Parlamento-, un modelo
que deja al margen a la ciudadanía hasta el punto de acabar
confundiéndose con una estrategia pensada y elaborada precisamente
para que el pueblo se dedique únicamente a votar una vez cada cuatro
años que es lo único que les hace falta para legalizar sus ansias de
poder, aunque cada día sean menos los que votan y más los que votan
descorazonados. A ellos, esos políticos codiciosos, ¿qué más les da?
Con ganar aunque sea con el 20% de los votos ya basta, porque el
juego político se ha reducido drásticamente a eso, a ganar, como el
juego económico, financiero y comercial (público o privado) se ha
reducido a obtener beneficio.
Y si la política es esto, si ningún líder quiere unirse a los demás
por el infantil terror a que no se vea qué es lo que exige,
engullido en una pancarta unitaria que reivindica el bien común por
leve, por mísero, por humilde que sea, ¿de qué sirve luchar por un
país independiente que habría de estar forzosamente en manos de
quienes hoy mismo no tienen más pensamiento que ganar las
elecciones, cargados de orgullo por lo propio y desprecio por lo
ajeno e incapaces de dialogar y pactar a fin de que en una exigencia
comunitaria estén representados no sólo sus secuaces, sino todos los
ciudadanos de un país?
No es éste el país con el que soñábamos cuando teníamos la bota del
dictador sobre nuestra conciencia, nuestra vida. Nunca hubiéramos
querido ver el espectáculo que dieron nuestros representantes
decididos a morir antes que unirse al contrincante. Pero así es
nuestra patria, así somos todos puesto que también los políticos han
salido del pueblo. Y a pesar de todo aquí estamos, dispuestos a
seguir para que cambie la mediocridad de nuestro panorama político.
Porque, como dice Salvador Espriu, «aunque anhelamos huir a climas
más benévolos, nunca seguiremos nuestro sueño, y nos quedaremos aquí
hasta la muerte. Porque también nosotros somos cobardes y salvajes.
Y amamos con desesperado dolor esta pobre, sucia, triste y
desgraciada patria».
Rubalcaba y sus etarras
Román Cendoya www.gaceta.es 25 Julio 2010
Después de haber padecido la prepotencia de los nazionalistas, que
se han arrogado la potestad de otorgar el carné de vasco, y de los
rojos, que se dedican a repartir el carné de demócrata, he llegado
al límite de mi capacidad de sorpresa al ver que es el ministro del
Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien quita y da el carné de
etarra.
Rubalcaba ha descubierto el mecanismo perfecto para adecuar su
verdad a su propia realidad inventada. Así, cuando negocia con los
etarras no lo hace con ETA, porque él ha decidido que los etarras no
son etarras. Rubalcaba, el hombre que miente con más sinceridad de
España, el que dijo el 1 de enero de 2007: “ETA ha roto, liquidado y
acabado el proceso”, sigue hoy en un proceso de resolución de
conflictos, que no es otra cosa que seguir negociando con los
terroristas. Aunque lo niegue, blandos o duros, cansados de la
cárcel o persistentes en su lucha, siguen siendo etarras.
Rubalcaba en vez de hacer política contra terrorista hace política
con los terroristas, es el ministro de las detenciones selectivas.
El que siendo tan diligente para detener a unos es incapaz de
detener a Ternera, probablemente porque lo pactaron para que no
contara las cesiones políticas del Gobierno a ETA. Utiliza la
violencia terrorista o el abandono de ella por parte de terroristas
que están en la cárcel, por ser terroristas, con fines de
rentabilidad política y electoral. Rubalcaba es el que sigue
entorpeciendo que se sepa quiénes son los que cometieron el delito
de colaboración con banda armada en Behobia y además es el que dice
quién es etarra y quién no.
¿Tanto poder tiene Alfredo Pérez, alias Rubalcaba, en la banda
terrorista? Como reza una pintada en Aragón “Rubalcaba y ETA fueron
felices y comieron faisán”. Él es el responsable de que las víctimas
del terrorismo en España sufran el olvido, la indignidad y la
injusticia. España no se merece un ministro como Rubalcaba. Es que
miente.
Cataluña
Cataluña-España, primer round
El miércoles se vota en el Parlament sobre la prohibición de los
toros, trasunto de referéndum por la independencia, de España sí o
no
P. PLANAS / BARCELONA ABC Cataluña 25 Julio 2010
El nacionalismo se dispone a darse un último homenaje antes de las
vacaciones con la prohibición, salvo sorpresa de última hora, de las
corridas de toros en Cataluña. El voto, que se verificará en el
pleno del próximo miércoles, será libre —en conciencia, se dice—,
«formato» inédito con el que el PSC, en plena fuga hacia adelante,
pretendía desactivar el flanco más peligroso de la cuestión, la
conversión del choque entre los antitaurinos y los partidarios de no
prohibir la Fiesta en un transunto de referéndum independentista en
el Parlament en el que los primeros entonan el «adèu Espanya» y los
segundos encarnan el espíritu de los defensores de «El Álamo». Habrá
quien considere más propia la comparación con el Alcázar de Toledo,
lo que demuestra a las claras que la votación del miércoles es una
partida con las cartas marcadas en la que ser abolicionista
significa militar del lado del catalanismo y el progreso mientras
que los otros ondean banderas caducas, españolas y, por tanto,
fachas. A esa clase de reducciones ha llegado la política en
Cataluña.
La realidad es más compleja y rica, pero las diferentes
interpretaciones de la realidad abocan al mismo conflicto
identitario, a la colisión entre dos «sujetos» incompatibles y,
según las teorías más extendidas, irreconciliables: Cataluña y
España. No es necesaria mucha imaginación para predecir que una
victoria de los antitaurinos renovaría los ánimos de quienes han
declarado el principio del fin mientras que lo contrario, caso de
darse, se atribuiría a la inmadurez política de los representantes
del PSC y de CiU que tengan la ocurrencia de oponerse al desiderátum
nacionalista, a la falta de unidad, al espíritu «botifler» y medroso
de quienes se resisten a aceptar sin más que se debe borrar
cualquier vestigio español de Cataluña, sea en la educación de los
niños, en el correo comercial o en la agenda de espectáculos.
Que una votación de este fuste sea el colofón de la legislatura
muestra el éxito de la presión del independentismo no sólo en la
calle sino desde los centros de poder en los que ejerce de llave
maestra. Sin embargo, este primer asalto contra España en la carrera
hacia la independencia tiene otras implicaciones también profundas.
Demuestra hasta qué punto se ha perdido el norte y la defensa de los
verdaderos derechos —vivienda, trabajo, el propio derecho a
decidir...— ha mutado en un guateque ecologista que no sólo pone en
riesgo lo que queda de España en Cataluña sino la Cataluña mítica
del nacionalismo.
Téngase en cuenta que el mismo Parlament que puede acabar con los
toros es incapaz no ya de votar, sino de debatir de los derechos de
las mujeres musulmanas. A la vista del rezo del viernes en Lérida,
Puigcercòs debe de estar en lo cierto cuando «bendice» que en 20
años pueda haber un presidente de la Generalitat de religión
islámica. Pero en ese caso, la sociedad ya no tendrá que preocuparse
por la «tortura» animal. Tal vez el debate entonces sea cómo se
castiga el adulterio: lapidación o ablación.
Ni el humo ni las sentencias arreglarán las cosas
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL
DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión 25 Julio 2010
En Madrid dice Zapatero a los altos directivos de su corporación que
no estamos tan mal, que estamos mejor de lo que parece y en Cataluña
traslada a Montilla su comprensión en momentos de aflicción y su
arrebatada disposición, cueste lo que cueste, a recuperar el Estatut
y los afectos mutuos de otros tiempos. Humo. Un repaso a la prensa
catalana muestra estos días que el disgusto allí es notable y que
voces solventes, no sólo de políticos en activo, apuntan hacia un
camino que no por largo y empinado esconde su meta. Nos parezca o no
justificado el enfado, lo cierto es que la opinión de que la
sentencia ha frustrado una propuesta razonable de convivencia en
España es real en Cataluña. Es real aunque la opinión tenga soportes
distintos, sea en la pura emoción sea en el convencimiento más
racional y documentado. La manifestación multitudinaria de hace unos
días, las palabras de Montilla, Mas o Saura o el artículo de un
intelectual de tanto peso como Manuel Castells de hoy en La
Vanguardia no traen causa de docena y media de artículos o términos
de imposible encaje constitucional y desbordan, de largo, las mañas
del prestidigitador de la Moncloa que asegura, un truco más, no
tener ninguna responsabilidad en la sentencia pero si con sus
consecuencias. No es con una visita fugaz y unas declaraciones
juveniles de comprensión y cariño como van a arreglarse las cosas.
Ni siquiera aunque el tripartito volviese a repetir en octubre. Es
otra cosa. Los socialistas tienen la responsabilidad de hacer
comprender al catalanismo que tiene que haber límites a sus
aspiraciones de autogobierno, para bien de las dos partes en la
controversia antes de que vaya a más. La sentencia sobre Kosovo, sin
teatralidad alguna, no debe perderse de vista.
Y si los socialistas no han hecho bien las cosas, el PP tampoco. Fue
correcta la decisión de interponer el recurso como lo demuestran las
inconstitucionalidades declaradas y las escondidas bajo las
interpretaciones del TC. De acuerdo, pero ya estamos en otra cosa y
la dirección popular tiene que asumir que el asunto no se ha
resuelto, que apenas ha resuelto nada importante porque una
sentencia resuelve si un despido es o no procedente, si se cometió o
no un crimen, si hay o no que repetir un concurso, pero no anula una
voluntad colectiva y potente de cambio político. La responsabilidad
de la dirección del PP es de otro contenido que la del PSOE, pero de
similar densidad. El PP no tiene espacio natural en Cataluña, como
sí lo tiene el socialismo, y por eso no puede asumir la tarea de
convencer a nadie allí del interés de no extremar las
reivindicaciones. Es un esfuerzo inútil. No lo es en cambio todo el
que haga para moderar el casposo discurso centralista y
uniformizador que, decididamente, carece de respaldo constitucional
y que no ha entendido aún el lúcido aserto, marxiano o de Diógenes,
de que así vamos de victoria en victoria hasta la derrota final. No
se trata de que el PP se vista con las plumas que le son ajenas, se
trata, simplemente, de respeto a la diferencia. Si no por
convencimento, al menos por conveniencia. Si socialistas y populares
no son capaces de acometer en serio la necesaria reforma
constitucional, cuando menos que contribuyan a apaciguar los ánimos
y a clarificar la situación.
Cuando lean esta columna los partidos gallegos estarán celebrando el
día de Galicia, de la patria o de la nación. No hay aquí, nunca lo
hubo, un malestar como el que acabo de comentar y sería deseable que
no llegara a instalarse con dimensiones ni siquiera parecidas. Al
respecto creo que la posición de los populares, coincidente con la
de la gran mayoría, es, por muchas razones, la correcta. El PSdeG
debería tomar nota de lo que hoy sucede en Cataluña, y no ayudar al
BNG en la siembra de vientos que acaban provocando tempestades de
las que nadie se hace responsable.
Casposo discurso centralista y uniformizado
Nota del Editor 25 Julio 2010
Ya hemos escrito algunas veces de la inutilidad de las cátedras de
derecho constitucional, como si el TC utilizara el texto de la
constitución española
para algo más que para tergiversarlo en sus ignominiosas sentencias
interpretativas o claras contra los derechos constitucionales,
humanos y del
sentido común de los españoles especialmente niños
español-hablantes.
Pero que a estas alturas del aterrador estado de España, vengan
defendiendo las autonomías con sus despilfarros y la multiplicidad de
sus
ineficacias,
no tiene sentido.
Pilar Elías: «Nunca se van a arrepentir esos sinvergüenzas»
C. S. Macías La Razón 25 Julio 2010
Las víctimas del terrorismo lamentan que se concedan permisos a los
etarras con delitos de sangre
MADRID- «Esos sinvergüenzas no se van a arrepentir nunca. A mí no me
han pedido perdón, y no lo van a hacer». Quien habla es Pilar Elías,
viuda de Ramón Baglietto, asesinado en 1980 por la banda terrorista
ETA. Ha tenido que soportar cómo uno de los asesinos de su marido
instalaba una cristalería debajo de su casa ahora, otro de ellos
disfruta de permisos penitenciarios.
La noticia de que siete internos de la banda terrorista ETA acceden
a permisos regulares y aspiran a la prisión atenuada ha causado
estupor entre las víctimas. El ministro del Interior, Alfredo Pérez
Rubalcaba, aseguraba esta semana que en la prisión de Nanclares de
Oca ya «no hay presos de ETA». Según indicó el titular de Interior,
en dicha cárcel, «se cumple con la ley» y no hay «ningún preso» de
la banda que disfrute de esos permisos penitenciarios porque los que
lo tienen, han renunciado a la violencia o pedido perdón a las
víctimas. Pero ese perdón no ha llegado nunca, ni en público ni en
privado, por eso, las víctimas no han salido de su asombro con las
palabras del ministro. «Rubalcaba es un mentiroso patológico, está
jugando y quiere que toda esta gente vuelva a las instituciones. Es
otra artimaña del Gobierno», asegura la viuda de Baglietto. «Nos
están haciendo un daño impresionante. No han parado de humillarnos».
Pilar Elías lleva ya quince años como concejala en el ayuntamiento
de Azkoitia, un municipio donde aún permanecen cinco concejales de
ANV en las instituciones. «Estoy viviendo este ambiente todos los
días y sé que no se arrepienten de nada. Tengo que soportar cómo el
Ayuntamiento les da una partida para que los familiares de los
asesinatos vayan a visitarlos a las cárceles, pero a mi no me dan ni
para ponerle flores a mi marido en el cementerio».
Pedro Ricondo es el padre de Antonio Ricondo, un estudiante de
Santander que fue alcanzado por la onda expansiva de un coche bomba
en 1992 cuando tenía 27 años. Estos días ha vuelto a revivir el
dolor, cansado de repetir una y otra vez lo mismo que ya dijo en
enero: «Ninguno de ETA se merece perdón cuando hay víctimas por
medio, sobre todo, en mi caso, que soy una persona ofendida y
maltratada directamente por esos canallas».
Desde la AVT no descartan movilizar a la ciudadanía si lo consideran
necesario en el caso de que «esta injusticia» continúe. Según
indicaron en un comunicado «no admitirán eufemismos para designar a
quienes tan sólo son asesinos y terroristas condenados por la
Justicia por pertenecer a ETA», no admitirán que se mienta «en
nombre de las víctimas», «ni tratos de favor» con los terroristas
porque «el dolor de una víctima no prescribe».
Algunos piensan que se trata de una estrategia de Interior y el
Gobierno para medir la opinión pública y ver cómo determinados
«gestos» o «movimientos» con los terroristas o su entorno son
recibidos por la sociedad y las víctimas y si son o no tolerados.
Para el eurodiputado del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja, no hay
duda e insiste, como ha hecho desde mayo, en que el Gobierno de
Zapatero mantiene con la organización terrorista ETA un «proyecto de
resolución de conflictos» que se lleva a la práctica «cada semana» y
que está en «fase avanzada». Según Mayor Oreja la gestión de
Instituciones Penitenciarias no pretende «dividir» a ETA sino «dar
satisfacción» a los mediadores internacionales que guían al Gobierno
en este momento.
Etarras con permisos penitenciarios
La Razón 25 Julio 2010
Kepa Pikabea
Condenado a 192 años
Implicado en cerca de una veintena de asesinatos, Pikabea fue
expulsado del colectivo de presos de la banda a mediados de febrero
de 2008. El etarra fue condenado a casi 200 años de prisión por su
participación en el atentado frustrado contra una patrulla de los
Grupos Antiterroristas Rurales (GAR) de la Guardia Civil.
Luis María Lizarralde
Condenado a 74 años
Nacido en Azkoitia (Guipúzcoa) hace 54 años, Lizarralde fue
condenado por varios asesinatos, entre ellos el de un coronel
mutilado en Irún y el de un guardia civil en el municipio de Lezo.
Jorge Uruñuela
Condenado a 16 años
Uruñuela, de 31 años, permanece en prisión desde hace cuatro por
haber atacado un concesionario de coches y un banco en 2001.
Mantiene un activo rechazo a la violencia.
J. Luis Álvarez «Txelis»
Condenado a 59 años
Ex jefe del aparato político de ETA, ordenó el asesinato de Manuel
Broseta en 1992, año en que fue detenido, y por su relación con el
cobro del impuesto revolucionario.
Andoni Alza
Condenado a 30 años
Detenido en 1984, formó parte de un comando de información. Lleva
actualmente 19 años en prisión por pertenencia a ETA y tenencia de
armas y explosivos.
J.F. Pérez de Nanclares
Condenado a 41 años
Cómplice de asesinato de un guardia civil, fue detenido en 1992 por
integrar el comando Vizcaya y se encontró en su chalé de Barrika
(Vizcaya) un zulo para albergar secuestrados.
Fernando de L. Astarloa
Condenado a 65 años
Detenido en 1987, miembro del comando Orbaiceta y acusado de
particpar en dos asesinatos, entre ellos el de un comisario de
Policía y atentados con explosivos.
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