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Recortes de Prensa   Domingo 2 Enero 2011

 

Discurso de Mario Vargas Llosa en la entrega del XIII Premio a la Tolerancia
MARIO VARGAS LLOSA. Barcelona, 24 de Septiembre de 2007
www.tolerancia.org  2 Enero 2011

Señoras, señores, queridos amigos, comenzaré agradeciendo a la Asociación por la Tolerancia este premio que tan generosamente me han dado. Quiero agradecer también muchísimo las palabras de Marita Rodríguez, que ustedes acaban de escuchar. Son palabras impregnadas de generosidad, de amistad, que, desde luego, exageran terriblemente los méritos que yo pueda tener. Este premio, clarísimamente, no se me entrega por mis logros en el campo de la tolerancia sino por mis aspiraciones y mis empeños para tratar de hacerla mía. Como ustedes saben, soy peruano, latinoamericano; es decir, pertenezco a una cultura en la que casi no hay tradición de democracia sino de intolerancia, de dogmatismo, de intransigencia y fanatismo. La tolerancia es absolutamente indispensable para que haya democracia y para que una sociedad avance hacia la civilización.

En realidad, y ustedes lo saben de sobras, no hay pueblos que nazcan tolerantes. Todas las sociedades, cuando miran atrás y se adentran un poco en su pasado, lo que descubren es intolerancia, fanatismo, el miedo y el odio hacia el otro, al que ven distinto, al que adora a otros dioses, o tiene otro color de piel, y otras costumbres.... Ésa es, desgraciadamente, la más antigua tradición de la humanidad y la fuente de las terribles catástrofes que han acompañado todo el desenvolvimiento humano, desde la época de la caverna y el garrote. Pero en un momento dado de la evolución, afortunadamente, surgió, no sabemos exactamente cuándo, ni por qué, la noción de que la mejor manera de sobrevivir y progresar, es aceptar la diversidad humana y tratar de coexistir en esa diversidad. Ése es quizás el paso más extraordinario que ha dado la humanidad hacia la paz, hacia la razón y hacia la libertad.

La tolerancia significa, en su definición más simple, aceptar la posibilidad del error en las propias convicciones y creencias, aceptar que quien piensa distinto, a quien consideramos adversario, por ejemplo en el campo político, pueda tener razón y nosotros estar errados; eso es tolerancia; eso es lo que permite el entendimiento con el que es distinto y lo que hace posible la coexistencia en la diversidad, que es el principio mismo de la democracia y de la civilización. Sin embargo, la cultura de la tolerancia está profundamente reñida con nuestros instintos. Nuestros instintos no son tolerantes; nuestros instintos nos llevan a preferir lo conocido a lo desconocido; lo familiar a lo que es extraño y exótico a nuestros sentimientos y a nuestras costumbres, y, sobre todo, a nuestras creencias. Y esos instintos, muchas veces, encuentran un terreno propicio para excederse e imponernos conductas que, irremediablemente, producen violencia.

He escuchado con mucha emoción todo lo que se ha dicho en relación con Cataluña y España. Yo quiero mucho a Cataluña; tengo una hija que nació en Sarriá, en uno de esos cinco años que pasé aquí con mi familia; unos años que yo recuerdo con enorme nostalgia, no porque piense que el franquismo fue una buena época para España ni muchísimo menos –como alguien ha dicho– sino porque en esos años, que eran los otoños finales, justamente, de la dictadura franquista, en España se vivió una época extraordinaria de esperanza y de ilusión, tanto en el ámbito político como en el ámbito cultural. La dictadura estaba allí y todavía cometía desafueros y crímenes, pero, a ojos vista, era una dictadura en declinación y que comenzaba a llenarse de huecos por los que se manifestaban los verdaderos sentimientos del pueblo español, su deseo de transformación, de cambio, de libertad, de democracia, de apertura. Yo creo que Cataluña y, en especial, Barcelona, aprovechó maravillosamente esa circunstancia justamente para abrir las puertas y ventanas y traer a España los vientos de la modernidad política y cultural.

Barcelona fue en esos años, y creo que todo el mundo lo reconoce, la verdadera capital cultural de España; fueron unos años de apertura y coexistencia en la diversidad. Aquí, atraídos por la vivísima actividad cultural, editorial principalmente, vinieron muchos escritores, como yo, latinoamericanos, y también de otras partes, pero fundamentalmente latinoamericanos, porque el clima que reinaba en Barcelona nos hacía sentirnos a todos en nuestra casa. Había un acercamiento con los escritores españoles, que venían también a Barcelona de muchas partes de España atraídos por este mismo clima, y aquí nos hermanábamos y nos sentíamos miembros de una enorme, rica y diversa familia unida por el amor a la libertad y por el amor a la cultura. Todos quienes vivimos de cerca, de dentro, esos años, pensábamos que una vez sobrevenida la democracia y la libertad, Barcelona seguiría en la vanguardia de la gran transformación de España en una sociedad libre, democrática, abierta y creativa. Una de las mayores sorpresas de mi vida ha sido ver que no ocurría eso sino más bien lo contrario. Barcelona ha progresado extraordinariamente desde el punto de vista urbano, arquitectónico, qué duda cabe. Es un centro turístico fantástico que atrae, probablemente más que ninguna otra ciudad española, a los turistas ávidos de belleza y diversión.

Pero esa modernidad y esa transformación no se compadecen, a mi juicio, con lo que ha ocurrido políticamente en Cataluña y en Barcelona. ¿Cómo es posible que una ciudad, la más europea que tenía España, una ciudad con una tradición riquísima de cosmopolitismo, de artistas enloquecidos –en el mejor sentido de la palabra– que trajeron el mundo a Barcelona y que llevaron Barcelona al mundo entero, por su visión universal, por su rechazo de toda forma de provincianismo, pacatería, pueda haberse convertido en un centro donde el nacionalismo político tiene prácticamente cancha libre? Sólo lo entiendo por aquella tradición en la que los instintos vencen a veces a la razón e imponen por encima de los conocimientos, por encima de la experiencia y de la sensatez, una cierta forma de conducta política. El nacionalismo es un enemigo de la libertad, hay que decirlo con toda claridad y hay que decirlo, desde luego, haciendo la excepción necesaria. No es lo mismo un nacionalismo que se cree con el derecho de matar de un tiro en la nuca o de poner bombas para conseguir sus objetivos que un nacionalismo que funciona dentro de la legalidad y que acude a la persuasión y a los votos para conseguir sus objetivos. Son cosas muy distintas. Hay entre esos dos nacionalismos lo que diferencia a la vida y a la muerte. Pero en el fondo de todo nacionalismo –y lo digo con el respeto y la amistad que tengo con muchos nacionalistas–, hay un elemento inevitablemente antidemocrático. Porque, el nacionalismo es la forma –acaso– más actual y operativa del colectivismo y el colectivismo está reñido con la democracia y con la libertad en sus raíces.

El colectivismo es una de esas ideologías que disuelve al individuo en la colectividad y hace de la pertenencia a la colectividad el valor cívico y político supremos. El colectivismo, de pronto, convierte a la raza en el máximo valor, como ocurrió en la Alemania nazi. A veces, el valor supremo es la religión. En el tiempo de las Cruzadas, eso fue una clara ideología de tipo colectivista que hacía de una religión, la única, la verdadera; aquella que tenía el derecho de arrollar y acabar con todas las demás. Otras veces, es la pertenencia a la clase social la que se convierte en el valor supremo, como en la ideología marxista: una clase elegida para salvar a la Humanidad de las cadenas que la tienen aherrojada, y la pertenencia a esa clase es entonces LA virtud, la carta credencial suprema. El nacionalismo hace de la nación esa colectividad cuya pertenencia concede una suerte de superioridad moral y cívica. El nacionalismo está reñido con la tolerancia cuando uno llega a sus raíces, y ello, a pesar del pacifismo y la voluntad de legalidad y democracia que profesan, nadie va a negarlo, muchos nacionalistas.

Por eso hay que combatir el nacionalismo y hay que combatirlo, fundamentalmente, desde la razón y no desde el dogmatismo, y no, desde luego, desde otro nacionalismo. Por eso, la labor que hacen Vds. es una labor magnífica y merece todo el respeto y el apoyo de quienes creen en la democracia y en la libertad. No me cabe duda que son pocos, sé muy bien que el camino que recorren es un camino cuesta arriba y sembrado de obstáculos y dificultades, pero no tengan la menor duda: es el buen combate, es un combate por Cataluña, es un combate por esa Barcelona admirable que tenemos en el recuerdo todos quienes vivimos aquí los años que precedieron a la liberación de España, unos años en que ese sentimiento de libertad, de apertura, de convivencia en la diversidad, de legalidad, se vivió en Barcelona como una atmósfera que era imposible no respirar, porque se transmitía de ciudadano a ciudadano. Que Barcelona, con el crecimiento de los nacionalismos en España, se haya convertido en una ciudad donde reina la intolerancia, donde hay discriminación contra los ciudadanos que se enfrentan a los nacionalistas, es una aberración. Esa no es, esa no puede ser, la verdadera vocación de Barcelona y de Cataluña. Esa no puede ser de ninguna manera la vocación política de una ciudad que ha dado tan grandes artistas, poetas, pintores, arquitectos, escritores, que impresionan y deslumbran a públicos tan ajenos al español.

El nacionalismo es el gran enemigo de la libertad y de la cultura democrática en nuestro tiempo. Y hay que enfrentarse a él con resolución, sin miedo, pero sin perder nunca esa buena costumbre representada por esta Asociación en defensa de la Tolerancia. Quienes estamos contra los nacionalismos podemos equivocarnos, sí. ¿Puede haber circunstancias en que posiciones nacionalistas sean respetables? Sí. Desde luego que hay que defender las culturas minoritarias y las culturas regionales, por supuesto; ellas tienen derecho a la existencia. Todos tenemos derecho a la existencia y, en el campo de la cultura, no puede haber a ese respecto ninguna discriminación. El catalán fue, en muchos momentos de la Historia de España perseguido, discriminado, sí. ¿Eso justifica que, desde la cultura catalana se pueda discriminar o minusvalorar la cultura castellana?, no. Una cosa no se desprende de la otra, al contrario. Ya lo hemos oído –y es algo obvio–, pertenecer al mismo tiempo a dos tradiciones culturales, a dos lenguas, es una riqueza y lo es, más que nunca, en un mundo como el nuestro que es un mundo abierto justamente a la diversidad, un mundo en el que las fronteras han comenzado a evaporarse y en el que están mucho mejor preparados para el combate por la vida y por la superación quienes pertenecen a más ámbitos o tradiciones culturales. Dentro de ese contexto, la situación de Cataluña es realmente privilegiada y nada de eso justifica al nacionalismo, sino exactamente todo lo contrario.

En mi experiencia, que va siendo larga, quizá el hecho más extraordinario que me ha tocado presenciar en mi vida es la transformación de España: de un país subdesarrollado, en un país moderno; de una dictadura, en una democracia funcional; de un país ensimismado y encerrado sobre sí mismo, en un país abierto al mundo e integrado en Europa; de un país pobre, en uno muy próspero. Esa es una evolución que tiene que llenar de orgullo a todos los españoles. Pero esa transformación tiene, como una pequeña mancha en el corazón, un peligro. Un peligro de desmoronarse o deshacerse internamente. Y ese peligro es el nacionalismo, mejor dicho, son los nacionalismos. Los nacionalismos pueden empezar a erosionar profundamente todo lo logrado. Es una ingenuidad pensar que la historia de los países es irreversible, que lo alcanzado no se puede perder. Y nosotros lo sabemos, porque en esta época hemos presenciado la caída de imperios que parecían inamovibles, de sociedades que parecían haber alcanzado un nivel de desarrollo que era ya indestructible. El extraordinario progreso de España en todos los ámbitos es un progreso que puede empezar a erosionarse y desplomarse, si la intolerancia, que es el rasgo característico de los nacionalismos, se impone sobre la racionalidad. Y esta convivencia que han garantizado los consensos extraordinarios que se alcanzaron durante la transición se resquebrajan, y nada puede contribuir tanto a resquebrajarlos como los famosos nacionalismos identitarios que, por tener una mirada hipnóticamente clavada en la rama, se niegan a ver el bosque, el conjunto de la sociedad.

Voy a terminar por donde empecé, aunque antes quisiera mencionar al hipopótamo que aparece en este cartel y en las invitaciones que Vds. han recibido y también por eso tengo que dar gracias a la Asociación por la Tolerancia. El hipopótamo es para mí un animal carísimo, mi animal totémico, en cierta forma. Es un animal aparentemente muy feo, pero en realidad es un animal ‘pura pinta’. Detrás de esa enormidad y esa aparente ferocidad hay un ser absolutamente benigno que tiene una garganta muy pequeñita y que, por lo tanto, no puede comer sino hierbas o los animalitos inocentes que, desprevenidamente, se le meten en la boca. Es un animal que ha hecho suya la famosa consigna de los años 60: hacer el amor y no la guerra. No es un animal que haga la guerra, no es un animal que destruya, mate,... y, en cambio, es un animal que le encanta hacer el amor. Es verdad que hace el amor de una manera ruidosa y espectacular y a la distancia parecería que está haciendo la guerra, pero no; está gozando y divirtiéndose. De tal manera que, quienes creemos en la democracia y en la libertad, quienes pensamos que es mil veces preferible hacer el amor que la guerra, podemos sentirnos muy cerca y muy afines a este hipopótamo que tengo detrás.

Nada más, termino por donde comencé, agradeciéndoles muchísimo, de todo corazón, este premio que recibo como un mandato de comportamiento. Les prometo que haré todo cuanto pueda para no defraudarles.

Muchas gracias.
MARIO VARGAS LLOSA. Barcelona, 24 de Septiembre de 2007

¿Feliz año nuevo?
Eduardo Arroyo El Semanal Digital 2 Enero 2011

Escribo el día de San Silvestre. De nuevo me toca, como en el día de Navidad, escribir un artículo en una fecha señalada que, para qué ocultarlo, no cuenta en absoluto con mis simpatías.

Desde siempre el "fin de año" me ha parecido una solemne patochada. Jamás he tenido ganas de "salir" ni he sentido esa artificial ansia de desparrame que parece hacer presa en jóvenes y no tan jóvenes. Todo eso me aburre soberanamente. Para mi siempre fue un día normal del calendario de la cristiandad occidental, que hoy se busca a drede potenciar como festividad, en competencia con la fiesta por excelencia que es la Navidad.

Pero todos los 31 de diciembre, se cumple indefectiblemente, año tras año, cada tópico característico, como le ocurría a Bill Murray en la película de Atrapado en el tiempo. En realidad el fin de año solo sirve para que te suban el alquiler y el recibo de la luz. Para que todas las empresas anden frenéticas con el cierre "del ejercicio"; para que todos los periódicos te señalen personalidades que "se han ido" y de algunas de las cuales uno no siente ni la más mínima pena y, respecto de otros, mantiene severas discrepancias con la valoración que de tan egregios personajes hacen los medios.

Igualmente, al menos un vecino, conocido o amigo te dirá eso de "año nuevo, vida nueva" para seguir exactamente igual o peor quince días después; todos los canales de televisión te acosarán con programas absurdos, plagados de cantantes de los que manufactura la industria del espectáculo todos los años, mientras una pareja muy bien vestida te explica lo que va a pasar con una copa de champán en la mano. Nada nuevo, como se ve, y no comparto ni un ápice de ese artificial entusiasmo en el que el "establishment" en pleno –todos los homologados y aceptados en todos los campos de la vida, desde el gay hasta la "memoria histórica", pasando por el cantante de moda o el político "de principios" - pretende hacernos pernoctar.

Pero quizás lo peor de todo, aunque a veces resulte enternecedor, son esos "buenos deseos" que la gente te lanza, desde la acera o desde una tertulia televisiva, "para que se cumplan todos tus sueños en este año que llega", sin pararse a pensar qué absurda civilización hemos fabricado en la que la gente cree que la mejora del mundo en general pasa por la realización de todas sus taras, fobias, filias y manías personales, una civilización que es incapaz de reflexionar primero si más bien no será que ellos tienen que rectificar el rumbo de vidas totalmente vacías de sentido.

Por todo ello no quiero ni por un solo momento celebrar la llegada de 2011 como suele hacerse en esta época ridícula que me ha tocado vivir. Por supuesto no pienso ir a ninguna fiesta. Me comeré las uvas, mientras me sitúo en una especie de "paréntesis fenomenológico" respecto de este "régimen de libertades" que disfrutamos, y pensaré que este año 2011 debería traer menos retórica hiperdemocrática y más justicia, aunque ello dependa, primero de Dios, pero luego de que cada uno mejore su vida, se exija a sí mismo más que a los demás, y se decida de una vez por todas a mirar a la Verdad cara a cara, sin componendas ni historias. No pienso adular a un "pueblo soberano" –como hacía Ansón en ABCo los medios en general tras las elecciones- que se degrada cada día que pasa sin oponer resistencia y tampoco pienso desear que Dios ilumine a la cuadrilla de pillos encorbatados, gentuza, embusteros profesionales y chusma "famosa" por ser famosa, sino que les ponga de nuevo en la charca de donde jamás debieron salir.

Pensaré en España, sí, y en el tremendo legado que supone haber heredado uno de los patrimonios culturales, espirituales y humanos más prodigiosos de la historia de la humanidad, manque le pese a un retrasado mental ubicado en Barcelona, que lo ignora todo hasta de sí mismo, y que cree que España es un artificio. Sentiré una triste congoja por todo lo que ha traído 2010, por esa lenta decadencia en la que se van diluyendo los sostenes de los pueblos que un día compusieron eso que llamaban "la cristiandad" y, más aún, tomaré conciencia de que 2011 traerá sin duda trances peores. Como hago yo, tengan por seguro que no va arreglarse ni uno solo de los problemas que ya campan entre nosotros sino que aparecerán otros nuevos y que, lo que hace cinco años era escandaloso, se normalizará con la complicidad abierta de los tratantes de noticias vulgarmente llamados "periodistas".

Así que, sintiéndolo mucho –en realidad si lo siento o no, no importa- que nadie espere que yo le desee "feliz 2011" porque no va a haberlo. Respecto a esto, como en el infierno de Dante, "abandonad toda esperanza". Sería indecente prestarse a semejante estafa.

Esperad algo, sin embargo, de esa minoría que hace ascos de nuestros dirigentes y que es capaz de poner en duda lo que todos aceptan sin chistar, que no transige con las mentiras ni tampoco se deja engañar. Una minoría –las batallas de la historia son siempre entre minorías-, que en medio de la gran fiesta del Titanic, implora a Dios, piensa, proyecta y se sacrifica. Solo el sacrificio salvará al mundo porque que nadie crea que basta con los ejemplos: hoy día hay que subir al calvario. Del sufrimiento de los que quieren darlo todo sí que hay algo que esperar y si 2011 tiene algo bueno sin duda vendrá de ahí. Son los héroes de nuestro tiempo, gente que no sale en los periódicos y que trabaja en ese silencio levantado por los que, conscientemente, han puesto sitio a nuestra civilización. A esos héroes, buena guerra y que Dios les ayude. Es lo único que pienso desear por "fin de año" y lo único que tiene sentido.

Cuestión de supervivencia
Enrique de Diego El Semanal Digital 2 Enero 2011

La casta parasitaria no ha reducido ni uno solo de sus privilegios. Hay que dar ya por supuesto que no los reducirá, bajo ningún concepto, en el futuro.

Para mantenerlos, el mayor tiempo posible, las medidas en cascada van a ser subida de tarifas, de impuestos y de los precios mediante la inflación. Por el contrario, bajarán sueldos, subsidios y pensiones.

La consecuencia será una pobreza generalizada. La casta parasitaria será la última en sentirla.

Sube la luz. Según Facua, el incremento de la tarifa representará 6,77 euros al mes a cada abonado. Es una cantidad muy elevada para economías pobres. El llamado déficit tarifario se eleva ya a 22 mil millones de euros. Con la subida del IVA, el Gobierno aspiraba a recaudar once mil millones de euros. Esto puede resultar significativo como comparación.

Se van a recortar las pensiones. Algunos estudios han hablado de que será preciso rebajarlas hasta el 30%. Los sueldos pueden bajar en un porcentaje similar.

En la medida en que haya cada vez menos poder adquisitivo, menos consumidores, los precios irán subiendo aún más. Es una espiral viciosa y diabólica.

Han de ser los ciudadanos, organizados y unidos, saliendo de cualquier depresión colectiva, los que han de plantar cara y reducir los privilegios de la casta parasitaria, desmantelarla, pues no hay otra solución. Es cuestión de supervivencia.

Otrosí: Agradezco el calor creciente que rodea a la primera hora de mi programa A Fondo dedicada a historia de España y patriotismo. Es de 20 a 21 horas y en Madrid se puede seguir a través del 93.5 de FM.

Las reformas de Rajoy
Editorial www.gaceta.es 2 Enero 2011

Rajoy deberá liderar un proceso de reconciliación nacional que deje atrás todas aquellas normas que, en algunos casos conculcando incluso derechos fundamentales, sólo tenían como propósito dividir a la población y atraer hacia el PSOE el voto de la izquierda extrema: la Ley de Memoria Histórica, la Ley del Aborto, la Ley de Igualdad o el proyecto de Ley de Libertad Religiosa

A menudo se repite que España necesita de buenas noticias para recuperar la confianza en sí misma y poder salir de la crisis nacional y económica que nos atenaza. Tras siete años de insufrible sectarismo por parte de un Gobierno socialista dedicado con fruición a enfrentar a los españoles y a socavar las bases de nuestro tejido empresarial, el futuro se observa con desilusión, temor e incertidumbre. Es cierto, pues, que necesitamos de algún motivo que nos devuelva la esperanza, pero, a diferencia de lo que suele pensarse, no nos vale un motivo cualquiera: España sólo podrá salir del pozo en el que la ha metido Zapatero cuando Zapatero ya no esté en La Moncloa.

Ahora bien, mal haríamos en pensar que España tan sólo necesita deponer al actual presidente del Gobierno para lograr enderezar su rumbo. Si bien se trata de una condición necesaria, no es ni mucho menos suficiente. Al cabo, siete años de desgobierno socialista han ocasionado profundos estragos en nuestro marco institucional que tendrán un arreglo muy difícil y costoso. Lo peor del zapaterismo, como ya ocurriera con el felipismo, es que, aun con su artífice desaparecido, los peores rasgos del régimen perduran y siguen carcomiendo los fundamentos de nuestra democracia y de nuestra economía.

En suma, si España quiere despegar, no basta con echar a Zapatero. También es preciso desmontar con decisión y valentía el zapaterismo. Cuando Rajoy llegue a La Moncloa habrá logrado desahuciar a uno de los gobernantes más nefastos de nuestra historia, pero tendrá una dura y compleja tarea por delante: desarmar el asfixiante, liberticida y empobrecedor régimen socialista. Hoy en LA GACETA, convencidos de que este país no se encuentra condenado inexorablemente a la bancarrota, le ofrecemos al actual líder de la oposición algunas ideas acerca de los cambios más inaplazables para empezar a otear el futuro con auténtica ilusión y confianza.

El punto de partida de cualquier reforma pasa por una regeneración democrática que devuelva la soberanía al pueblo y que limite la actuación discrecional de nuestros mandatarios.

Para lo primero habría que arrebatar a las cúpulas de las formaciones políticas la potestad de confeccionar unas listas cerradas y bloqueadas que impiden a los ciudadanos elegir y fiscalizar a sus representantes, tal y como sí sucede en otros países con mucha más tradición democrática, como EE UU.

Para lo segundo es menester resucitar a un Montesquieu que Alfonso Guerra se encargó de enterrar hace 25 años, esto es, separar los poderes del Estado. Sin una Justicia verdaderamente independiente, la protección de nuestros derechos queda a expensas de los mismos políticos que son los más propensos a violentarlos. La regresión autonómica a través de estatutos que desbordan la Carta Magna, el caso Faisán, la persecución de la enseñanza en casa, la selectiva impunidad de la corrupción, la inaplicación de las sentencias en materia lingüística o la declaración de inconstitucionales estados de alarma son bananeras excepciones al imperio de la ley que sólo se explican por haber convertido a los tribunales en órganos administrativos al servicio de los partidos.

Asimismo, si de rehabilitar la soberanía del pueblo se trata, no bastará con limitar el poder político, sino que también será menester que los gobernantes dejen de despreciar y manipular a este pueblo como si de un inmaduro infante se tratara. A nadie se le escapa que Zapatero ha construido sus victorias electorales promoviendo la confrontación entre los españoles; su estrategia consistía en sacar adelante iniciativas legislativas de extrema izquierda que resultaban inaceptables para la derecha liberal-conservadora. Atacando a la derecha y mimando al radicalismo izquierdista, desplazaba el eje del debate hacia el socialismo, permitiéndole a él, paradigma del sectarismo más atroz, vender una imagen de moderación, talante y centrismo.

Rajoy deberá liderar un proceso de reconciliación nacional que deje atrás todas aquellas normas que, en algunos casos conculcando incluso derechos fundamentales, sólo tenían como propósito dividir a la población y atraer hacia el PSOE el voto de la izquierda extrema: la Ley de Memoria Histórica, la Ley del Aborto, la Ley de Igualdad o el proyecto de Ley de Libertad Religiosa. Por último, el PP tampoco deberá olvidarse de la economía, motivo de preocupación de la totalidad de los españoles y que bien podría terminar frustrando cualquier propósito de regeneración democrática y reconciliación nacional. La actual situación, con cinco millones de parados y unas finanzas públicas al borde de la bancarrota, es insostenible: ninguna hierba política podrá crecer sobre nuestro actual páramo económico.

La reforma más urgente en este sentido es, sin lugar a dudas, la del mercado laboral, pues la creación de empleo no sólo impulsaría el crecimiento económico, sino que también mejoraría la solvencia de las Administraciones públicas. Será menester, pues, poner fin a regulaciones tan distorsionadoras como la negociación colectiva o a privilegios tan inexplicables como la liberación sindical.

Por otro lado, y pese al alivio que para las cuentas públicas pueda suponer la creación de empleo, también resulta imprescindible que todas las Administraciones adelgacen y se vuelvan más austeras: toca olvidarse de contraproducentes despilfarros como el Plan E y acabar con todas las redes clientelares que, mediante fundaciones y empresas públicas, han ido creando las autonomías y las corporaciones locales a lo largo de los últimos años.

En definitiva, si bien el PSOE nos ha sumido en una depresión nacional y económica, a mucho tardar en 2012 podremos comenzar a desembarazarnos de él. Puede que la situación actual sea grave, pero también tenemos muy bien identificadas las causas de esa gravedad; lo único que necesitamos para salir adelante es voluntad para atacarlas. Es decir, no basta con echar a Zapatero, lo primordial será acabar con su calamitoso legado zapaterista.

2011, el ‘Gaceteaño’
Carlos Dávila www.gaceta.es 2 Enero 2011

Mirar atrás a veces no conduce a la melancolía, lleva más bien al contento. Verán: cuando antes de nacer la nueva GACETA hablamos de nuestros propósitos con algunos colegas, varios analistas de comunicación, unos pocos de políticos, que diría el añorado ahora (¡fíjense!) Felipe González, y ciertos amigos en general, la sentencia sobre nuestra intención era generalmente conmiserativa. “¿Un periódico?, ¿estáis locos o qué?”. Y nosotros –básicamente Julio Ariza el gran promotor (no le llamo timonel porque a él y a mí todo lo que suene a Mao nos repele) y el que firma– contestábamos casi al unísono. “O qué”. Y en el qué estamos. Excuso repetir cifras y datos que hemos venido enumerando en días pasados, los números que consagran a LA GACETA en estos quince meses de vida como un periódico de referencia, en alza constante, con visos de futuro. Sólo haré en este domingo inicial del Gaceteaño una consideración.
Un poco de hartura

Desde octubre de 2009 hasta hoy mismo nuestra labor ha sido difícil, comprometida y arriesgada. Oponerse a este poder de ahora mismo, tan rematadamente parcial y peligroso, es como jugar o marcar a Cristiano Ronaldo con una sola pierna. Un Gobierno como el de Zapatero, por más que esté en agonía, goza de poderes ilimitados para planchar literalmente a quien le hace frente, a quien se enfrenta a la laminación que está realizando de la entera sociedad española de siempre, o a quien decide, porque está en su derecho, proclamar inequívocamente sus principios. Como es el caso.

En un escenario general en que la Prensa clásica es más bien pastueña, o sea, parecida a esos toros que bajan la cabeza y entran al engaño con suma docilidad, afirmar como venimos diciendo sin ambages, que “lo que ustedes piensan, nosotros lo decimos” y proclamar, para mayor provocación, que somos de derechas (o de centroderecha, me trae por una higa) es ya una auténtica provocación. Dado que en España si te llamas así de derechas, de centroderecha o similar, inmediatamente eres cansinamente denominado fascista o franquista o, como ahora es costumbre entre los epígonos del zapaterismo feroz, cavernícola; la cosa, ya lo ven, no es muy cómoda.

Harta el prefacio que normalmente se ven en la obligación de hacer los políticos, los líderes sociales o incluso bastantes periodistas. Empiezan inequívocamente por disculparse así: “Yo –dicen– que nunca fui franquista...”. Es decir, casi pidiendo perdón por existir. Y ya está bien: vamos a hablar de lo que ocurre ahora, de este PSOE que tiene inhabilitada a la sociedad civil, que acaba de perpetrar un Código que es la suma y sigue de prohibiciones y persecuciones sin cuento, y que ha dejado a esta comunidad todavía llamada España incapaz de reaccionar ante dos acontecimientos pertinaces: la proclamación de la mentira como herramienta política, y la cesión, que ya se percibe y en la cual nosotros hemos sido pioneros en la denuncia, ante los terroristas que llevan 50 años de nuestra Historia matándonos como a conejos.
Forma de ser

Nuestra forma de ser en Intereconomía, de escribir sólo al dictado de la actualidad y de la verdad, con el respaldo del editor y presidente más liberal que yo haya conocido nunca (y he conocido a alguno) acarrea problemas, imprecaciones, insultos, acusaciones sin límite y juicios, bastantes juicios. También multas miserables, sectarias y discriminatorias. Nadie, ningún poder político nos va a poner un paraguas. Es más, se lo cuento así: en todos los episodios periodísticos en los que hemos ido por delante en exclusivas, ni siquiera los positivamente afectados se han llamado aparte. Durante todo este mes, sin ir más lejos, les hemos venido informando de un escándalo que en cualquier país normal hubiera removido los cimientos de la democracia. Me refiero al caso Baleares. Allí, en la Justicia de Palma de Mallorca, resulta que dos fiscales y un juez escrituraron en su momento sus mansiones por un precio radicalmente distinto al tasado bancariamente.

Eso se llama presunta falsedad documental, la misma presunta falsedad documental que esos fiscales Anticorrupción y el propio juez Castro ha imputado, entre otros posibles delitos, al ex presidente de la comunidad, Jaume Matas. Bien: silencio absoluto entre nuestros colegas isleños, silencio, pensaríamos, lógico por quien se siente herido por las exclusivas de los demás. Uno de estos colegas, por escrito de su director, ha reconocido incluso tener idéntica información a la nuestra. No la ha publicado, él sabrá por qué, pero ahora bien: ¿es decente que este medio o su director nos diga que para acreditar la solvencia de la información descubramos nuestras fuentes?, pero ¿de qué estamos hablando?, ¿de que un periodista exija a otro que revele el origen de sus noticias? ¡Por Dios!

Y el Partido Popular, lo mismo que ha ocurrido en el caso Bono, tampoco ha respirado. Tengo que sospechar la razón: algunos de sus dirigentes pueden temer que esos fiscales o ese juez procedan contra ellos, así que más vale prevenir que curar y más sirve un rival callado que un enemigo suelto. Así están las cosas en España. Por tanto, en lo que estamos es en pedir apoyo a la sociedad civil de la que tanto hablamos. Digo algo: o somos cada día más potentes o no tendremos voz ni pluma y ése será el momento en que todos, sin excepción, queden/mos en manos del Estado opresor socialista. Consolidados ya, no nos conformamos. Somos –lo decía en una reciente intervención en el Foro de la Nueva Economía– “sus ventrílocuos”.

Nuestro reto en este Gaceteaño que acaba de iniciarse es, poco a poco, sin pausa, convertirnos no ya en un referente cualitativo, sino también cuantitativo. Si logramos que este periódico sea el más vendido en España, desde luego el más aceptado en nuestro espectro ideológico, si conseguimos convertirnos en lo que ya parecemos ser: El País de la derecha, ¿por qué no? Ningún Gobierno podrá ignorar las ideas de nuestros lectores que son las nuestras. Ninguna acción de Gobierno quedará sin aplauso o sin censura. La sociedad civil se verá reflejada en nuestros propuestas. El editor Julio Ariza suele remachar estos conceptos con singular lucidez. Dice: “Durante años, El País ha sido la guía de los Gobiernos de izquierda, ha marcado territorio y ha definido líneas de actuación, ¿por qué nosotros no podemos establecer la misma pauta?”.

Nuestro reto
Comienza el Gaceteaño en uno de los periodos más complejos de la Historia contemporánea de España. Todo está por ver. Si Rajoy y el Partido Popular llegan al poder, tendrán que derogar no menos de una veintena de leyes (hoy mismo las recogemos) que durante estos horrendos siete años de mala gobernación socialista han destrozado el país, han establecido una cuádruple crisis (institucional, territorial, económica y social) y han enfrentado de nuevo a unos españoles contra otros. En este escenario somos los cómplices de nuestros adictos, nuestro asentamiento –el despegue está conseguido– será su triunfo. Devolver a España al lugar occidental y democrático que le corresponde es nuestro objetivo. Seguro que también es el reto de todos nuestros espectadores, oyentes y, desde luego, de los lectores de este periódico. 2011 es el Gaceteaño.

El hombre que fue presidente
El hombre que fue presidente del Gobierno se mantiene en el cargo pero ha perdido el poder. Es un zombi, un espectro
IGNACIO CAMACHO ABC 2 Enero 2011

EL hombre que fue presidente del Gobierno se creyó hace un año que lo habían elegido presidente de Europa. Con arrogancia autocomplaciente confundió un simple turno de guardia rotatoria con un liderazgo adquirido, y tal día como hoy se declaró con mucha solemnidad dispuesto a mostrar al orbe el modo de salir de la mayor crisis del último siglo. Los verdaderos líderes europeos le miraron con cierta sorna displicente y pocas semanas después lo sentaron en una conferencia junto a los gobernantes de los países con mayor tasa de deuda y de paro. El hombre que fue presidente del Gobierno no entendió el mensaje y siguió proclamándose referencia planetaria de una nueva dimensión ideológica, luz de la socialdemocracia, profeta de un tiempo distinto; así que antes de que concluyese su exiguo mandato simbólico, los socios influyentes del club que pretendía dirigir le dieron un golpe de autoridad: le sacaron a voces de su plácido ensueño, le impusieron las reglas, le fijaron las condiciones y le dictaron la política.

Desde entonces,el hombre que fue presidente se mantiene en el cargo pero ha perdido el poder. Es un zombi, un fantasma, un alma en pena, un espectro que vaga por los rincones de un Estado que ya no dirige. Los débiles hilos de su Gobierno de marionetas los maneja un lugarteniente que acapara sus funciones y lo suplanta como interlocutor ante la opinión pública. La sociedad le ha vuelto la espalda, su partido lo da por amortizado y sus colegas de Europa le cursan órdenes por correspondencia. La única facultad que conserva es la de decidir el momento de su propio relevo, que hasta sus correligionarios desean que abrevie cuanto pueda. Ya no le quedan partidarios y los que aún se presentan como tales están repartiéndose en secreto los restos de su túnica de tribuno.

El hombre que fue presidente estrena el año convertido en un autómata. Su futuro es una cuenta atrás y del pasado ya nadie quiere saber nada. De su entorno se han evaporado los aduladores, los arúspices, los oportunistas, y ha empezado a aflorar esa clase de colaboradores cuya lealtad reposa en mangos de puñales. Sólo él mismo conserva una suerte de autosugestión con la que aún trata de sostener la vaga esperanza de reinventarse. Pero su carisma se ha ido para no volver, sus certezas se han derruido y la seguridad del poder le ha abandonado en la tenue veladura de una simbología escénica. Está solo, encerrado en la oquedad de un fin de ciclo sin otra expectativa que la de la bajada del telón.

El hombre que fue presidente el Gobierno ya sólo tiene delante la oportunidad de elegir el orden de su retirada: la renuncia y la derrota o la derrota y la renuncia. Ésa es la decisión que le queda pendiente: dispone de todo un año para volver a equivocarse.

Discursos políticos subtitulados
José Manuel Otero Lastres 2 Enero 2011

La imparable y cada vez más creciente penetración de los nacionalismos excluyentes en la vida nacional está originando una práctica televisiva que consiste en emitir la imagen de los políticos hablando en la lengua de su comunidad autónoma con la consiguiente subtitulación en castellano. En esto, los políticos de esas comunidades autónomas son tratados, tal vez para regocijo de algunos, como si fueran extranjeros: se subtitula en castellano su discurso político, que ellos pronuncian en una lengua diferente.

Pero entre los políticos extranjeros y los nuestros hay una diferencia esencial: estos conocen perfectamente el castellano, que es el idioma oficial en todo el territorio español. No estamos, pues, ante el caso de alguien que no puede expresarse en la lengua que entendemos todos, porque la desconoce, sino ante una persona que elige de un modo consciente y voluntario el idioma en el que se dirige a los demás.

No puede formularse el más mínimo reproche al acto de libertad en que consiste escoger la lengua en la que uno va a comunicarse con los demás. Se supone que cuando algún político interviene públicamente es para dar a conocer su parecer sobre los asuntos de que se trate. De tal suerte que parece lógico presumir que existe alguna relación entre la naturaleza del asunto y el idioma elegido para la intervención. Con esto se quiere decir que, si se trata de hablar sobre un tema cuyo interés no trasciende al ámbito de la comunidad autónoma de que se trate, se comprende que el político de turno hable en la lengua propia de esa comunidad.

Las cosas parece que deberían ser distintas cuando lo que quiere el interviniente es dirigirse a la generalidad de los ciudadanos españoles o a los de un ámbito más amplio que el de su idioma. No tiene ningún sentido que hable en una lengua que solo la entienden los de su comunidad. Si un conferenciante que habla español e inglés sabe que en su auditorio todos lo entienden en español y solo algunos en inglés, no puede sorprenderse de que se le acabe vaciando una buena parte del auditorio si da su conferencia en este último idioma.

Si se conecta, pues, el idioma elegido con el ámbito de difusión del discurso, el hecho de que un político hable en el idioma de su comunidad debe ser interpretado en el sentido de que su interés es ser entendido en ese ámbito territorial: está hablando para los de ese territorio que entienden el idioma en el que se expresa. Y si no se expresa en el idioma que entiende la generalidad es porque ese no es el auditorio al que se dirige. Interpretar que al hablar en el idioma de su comunidad busca que lo entiendan todos, es lo mismo que creer que al conferenciante que escogió el inglés le interesaba llegar a todos los asistentes.

Si lo anterior parece razonable, ¿tiene sentido subtitular en español el discurso del político autonómico que, pudiendo expresarse en el idioma común, habla en la lengua de su comunidad? Si para que todos lo entendiéramos le bastaba con hablar español y no lo hizo, ¿por qué nos va a interesar a los demás entender su discurso?

No Libertad y si xenofobia
Nota del Editor 2 Enero 2011

Cuando un "político" utiliza una lengua regional no está usando su libertad de hablar la lengua que le venga en gana, está marginando a todos aquellos que no la conocen o no quieren conocerla.

Está confirmando la xenofobia sobre aquellos que no pueden competir en la arena política. Se trata de indeseables cuyo mecanismo de exclusión de los demás no es
su inteligencia sino su lengua "propia" que además trata de que sea inoculada a los niños de lengua materna española.

El uso de la lengua regional en los espacios públicos no es un acto de libertad, es un acto de ataque frontal a la libertad, a la libertad de los demás.

Una valeriana para la señora Cataluña
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 2 Enero 2011

Comenzamos 2011 difundiendo una de las frases candidatas a memez del año. Su autor, un miembro de la oligarquía catalanista, que se ha pasado del PSC a CiU. No hay izquierda, no hay derecha: hay nazionalistas.

Están reunidos en una sala de hospital Artur Mas, Jordi Pujol, Oriol Pujol, Pasqual Maragall, Josep Carod-Rovira, el conde de Godó, el abad de Montserrat, José Montilla, Jaume Laporta y Félix Millet. Esperan que salga el médico, que está haciendo análisis a doña Cataluña. Por fin, se abre la puerta de la sala de espera y entra el médico. Mira a los reunidos con superioridad, esboza esa sonrisa condescendiente tan característica de los catalanistas y pronuncia su diagnóstico:

Cataluña vive en un estado permanente de sobreesfuerzo y esto le crea estrés.

Jordi Pujol, como patriarca de los reunidos toma la palabra y pregunta:
¿Qué nos aconseja, doctor?
El médico contesta:

Que tome una taza de tila después de las comidas y dos pastilla de Valeriana antes de irse a la cama. Además, háblenle siempre en catalán, que si no la van a estresar más. Por último, consigan que de Madrit les manden 1.000 millones de euros, que eso siempre anima.

El médico es Ferran Mascarell, que ha pasado del PSC a ser consejero de cultura de Artur Mas. Pronunció esa frase sobre la señora Cataluña en esta entrevista en El País. Como véis, no exagero al afirmar que los catalanistas, tanto de Olot como de Iznájar, son seres afortunados que despachan con doña Cataluña como antes despachaban los administradores con la duquesa de Alba y después comunicaban a los aparceros las órdenes de la señora.

Estos nazionalistas son los que han dirigido el PSC y lo han hundido. No deja de asombrarme que haya docenas de miles de charnegos de Hospitalet, Sabadell, Igualada, Martorell y Barcelona que admitan ser representados por estos señoritos medio racistas. Aún tuvo medio millón de votos el PSC en las elecciones de noviembre. ¡Cuánto idiota suelto!

¿Cuándo se irá de una vez la señora Cataluña?

LA CASTA POLÍTICA
Candidato a alcalde sí, pero a dedo, sin que tenga que mezclarse con la chusma.
Yo siempre dije que si había oportunidad de hacerlo, lo haría, pero que si se complicaba demasiado, con todo esto de las primarias, pues no.

SE OLVIDÓ DEL ARANÉS
Quiere imponer el catalán cuando los catalanes prefieren el castellano:
le tenemos que dar el prestigio social que el catalán necesita para ser la lengua de uso más habitual
Y encima se olvida de la tercera lengua oficial de Cataluña: el aranés.

Las veinte leyes que tiene que derogar Rajoy
Zapatero huye de los consensos con el PP con normas que enfrentan a los españoles, como la de la Memoria Histórica. El Ejecutivo reguló el aborto y la ‘libertad religiosa’ para lograr réditos electorales.
M. Gil y E. Morales. Madrid www.gaceta.es 2 Enero 2011

Incapaz de combatir la crisis y hundido en las encuestas, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, agoniza en su puesto. El hombre que tiene todas las papeletas para ocupar el cargo es el presidente del PP, Mariano Rajoy, que recientemente se quejó de la “factura” que el Ejecutivo socialista podía dejar para el futuro. Pero la herencia negativa para los populares no sólo tendrá que ver con la economía. Durante sus años en el poder, Zapatero ha intentado transformar España con una veintena de leyes en muy diversas materias. Unas leyes que ahora repasa LA GACETA y que Rajoy debería derogar cuando llegue al Palacio de La Moncloa.

Así ha transformado España Zapatero, a medida del puño y la rosa
En 2004, Rodríguez Zapatero recogió el testigo que en 1982 lanzó el ex vicepresidente Alfonso Guerra tras la histórica victoria socialista: “Vamos a poner a España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Así ha sido desde 2004 y así está siendo. La presidencia de Zapatero, además de un 20% de tasa de paro en una crisis que no da tregua, arroja medidas legislativas como las que aquí se exponen y que, en buena parte, pecan de un cainismo ultraideologizado que, de seguir en pie, compromete el futuro del país sin remedio. Con la ausencia de consenso con el PP por bandera, este PSOE que hoy se mueve a la deriva y en caída libre en todas las encuestas deja huella. Habrá que limpiar la moqueta.

Listado de las leyes a derogar en materia política:
1. Ley de Memoria Histórica
2. Leyes electoral y de financiación de los partidos

3. Ley para la igualdad de Mujeres y Hombres
4. Ley de Extranjería

5. Nuevos estatutos y el desarrollo del catalán
6. Ley de la Carrera Militar

7. Ley Orgánica del Poder Judicial

Reformas sin complejos, la mejor arma para salir victoriosos de la crisis
El as en la manga que tendría un nuevo Gobierno que llegase en 2011 a La Moncloa es que contaría con un diagnóstico acertado: una profunda crisis económica, así como con la medicina más efectiva: la puesta en marcha de una batería de reformas estructurales de calado. Desde las reformas del mercado laboral y de pensiones, sin complejos, hasta la propia financiación de las comunidades autónomas, pasando por un profundo cambio en la estructura tributaria y energética, serían las mejores armas para dejar atrás la crisis.

Listado de las leyes a derogar en materia económica:
8. Ley de Estabilidad Presupuestaria
9. Ley de Financiación Autonómica

10. Ley de Economía Sostenible
11. Ley del IRPF e Impuesto de Sociedades

12. Reforma laboral y de las pensiones
13. Ley de Regulación del Sector Energético

Estado de censura: prohibiciones y ataque a los derechos fundamentales
El número de prohibiciones en el ámbito de la vida privada que se han visto violadas por el Gobierno de Zapatero hace recordar a los regímenes más censores que a tenido España. La aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva es, sin duda, el ataque que más ha hecho retorcerse a una sociedad que se ha manifestado con protestas multitudinarias. El Gobierno también ha querido controlar qué y cómo estudian nuestros hijos, con asignaturas como Educación para la Ciudadanía, que cada vez cuenta con más objetores. La Ley Antitabaco, que entra hoy en vigor, es la última de una serie de medidas que atrofia la libertad de los ciudadanos. En el ámbito de la Cultura, la prohibición de los toros en Cataluña ha delatado las intenciones de un régimen censor.

Listado de las leyes a derogar en materia social:
14. Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción del Embarazo
15. Ley de Libertad Religiosa

16. Ley Antitabaco
17. Ley sobre el matrimonio homosexual

18. Ley de Educacación
19. Ley antitaurina catalana

20. Ley del Cine

Lea la información completa en la edición impresa de LA GACETA.

Bauzá: 'Quiero un modelo basado en la libertad lingüística y no en la imposición'
El presidente del pp de Baleares se compromete a que 'los padres elijan libremente la lengua en la que quieren que se eduquen a sus hijos'
 www.lavozlibre.com 2 Enero 2011

Madrid.- El presidente del PP de Baleares, José Ramón Bauzá, tiene muy claro cuál es su compromiso con los ciudadanos en cuanto al aspecto lingüístico se refiere. "Quiero un modelo propio basado en la libertad y no en la imposición, donde cada uno pueda expresarse libremente, independientemente de la lengua de su región”, explica en una entrevista concedida al diario ‘El Mundo’.

Bauzá afirma que “es obligatorio devolver la naturalidad a la calle, la normalidad a las aulas y a la Administración. Mi lema es sí a la libertad y no a la imposición. El hecho de tener dos lenguas nos debe hacer más ricos, no debemos empobrecernos voluntariamente predominando la ignorancia sobre la riqueza del conocimiento”.

El líder del PP balear defiende la libertad lingüística y por eso se compromete a que “los padres elijan libremente la lengua en la que quieren que se eduquen a sus hijos. Y que cuando acabe el período escolar de 13 años, los niños sepan hablar y escribir perfectamente en castellano mallorquín, y un tercer idioma, el inglés”.

José Ramón Bauza asegura que en Baleares “nunca ha habido problemas por la lengua hasta ahora que nos han impuesto un modelo” y se muestra crítico con las multas lingüísticas que ya han llegado incluso hasta Palma de Mallorca. “Es inaceptable que en una situación de crisis, el Gobierno dificulte y penalice en lugar de ayudar a los ciudadanos y empresarios. Es muy decepcionante que con la que está cayendo, lo prioritario sea ir a mirar si se rotula en catalán o no”, concluye el líder del PP balear.

Libertad al 50%
Nota del Editor  2 Enero 2011

Esto de los porcentajes da para mucho. Mingote ya lo pintó admirablemente con la joven que afirmaba algo así como "estoy medio embarazada".

Hablar de libertad cuando inoculan la lengua regional a los niños de lengua materna española es un disparate pedagógico, es una clara conculcación de la letra y el espíritu de la Constitucíón Española, por muchas vueltas interpretativas que la mayoría de ridículos magistrados del Tribunal Constitucional hayan abortado.

La libertad lingüística se ejerce cuando niños y adultos no están forzados a aprender o usar lengua regional alguna, cumpliendo todos el precepto constitucional del deber de conocer la lengua española.

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ETA, relato y derecho
GERMÁN YANKE ABC 2 Enero 2011

La versión más optimista es que cambiaremos el «cese de actividades ofensivas» de ETA por un alto el fuego o tregua «permanente», «verificable» o vaya usted a saber qué. Es decir, que los terroristas no tienen previsto disolver la banda. Añaden los favorecedores de una nueva suerte de «proceso» que no les resulta fácil terminar de pronto (¿de pronto?) tras 50 años de actividad, que necesitan «pistas de aterrizaje», un «relato» en el que encaje el final de la violencia. En definitiva, que, más que una declaración formal de disolución, tendríamos que conformarnos con que se diluya como un azucarillo o se funda como la nieve (Eguiguren).

Aceptar un colofón tan bucólico implica someterse a una mentira y a una coacción. La mentira no es otra que afirmar que, cuando no hay muertos, se puede vivir «como si ETA no hubiera existido nunca». O sin tener en cuenta la responsabilidad de decenios de terrorismo. La coacción es la que obligaría a aceptar la exigencia de que, sumergidos en esa mentira, se modifique «el escenario político», se legalice a Batasuna sin que rompa y condene a la banda y se acepten lo que la Izquierda Abertzale llama «mínimos democráticos».

Si «los que desean la paz» no se disuelven o rompen con el terror es porque, camino de la derrota, buscan subterfugios para no reconocer su fracaso y el terrible daño causado. Para conseguir una «modificación del escenario político» opuesta a la ética y al ejercicio de la democracia en la que, afortunadamente y a pesar de ETA, vivimos.

Ese es el «relato», como si el terrorismo hubiera sido un accidente geográfico que se supera con esfuerzo y «generosidad», que es lo pasmosamente ahora parecen reclamar algunos. La alternativa no es otro relato sino el triunfo del Derecho, del imparcial cumplimiento del orden normativo democrático que es a lo que la Izquierda Abertzale se niega.

A las víctimas del terrorismo
JOSEBA ARREGI El Correo 2 Enero 2011

Me imagino que los últimos meses no están siendo fáciles para vosotras. Todo lo que está sucediendo puede provocaros sentimientos muy encontrados. Se multiplican las noticias que se refieren a vuestra visibilidad, al reconocimiento de vuestra realidad de víctimas, implicando que la memoria de vuestros familiares asesinados sigue viva.

Me imagino que el hecho de que el reconocimiento haya alcanzado nivel institucional os llena de satisfacción. Vuestra visibilidad no es solo social, alcanza una visibilidad institucional. Ningún partido puede pasar ya de vosotras las víctimas. Todos tienen que proclamar sentirse cerca, reconocer vuestro derecho a la atención, a reclamar memoria, dignidad y justicia para quienes fueran asesinados a causa de un proyecto político. El Parlamento vasco, al final de la pasada legislatura, aprobó por unanimidad la Ley de Víctimas, en la que se reconocía el significado político de los asesinados por ETA reclamando la deslegitimación política de ETA más allá de la deslegitimación social y cultural.

A pesar de todo ello, habéis tenido que asistir a debates sobre vuestro papel público con personajes políticos afirmando que vuestra función es la de ser notarios de la memoria, pero que no os incumbe a vosotras tomar, ni condicionar, decisiones políticas, reservadas a quienes han sido elegidos para ello. Os imagino pensado que molestáis pues se os quiere más controladas que muchas asociaciones de vecinos cuya opinión y participación se tiene muy en cuenta en la toma de decisiones políticas.

La visibilidad, incluso institucional, conseguida gracias a vuestro callado esfuerzo durante muchos años de silencio y olvido forzados por el ambiente político y social no es, sin embargo, y lo sabéis mejor que yo, definitiva. Más de un partido y más de un líder político han tratado de dar la vuelta al reconocimiento del significado político de las víctimas asesinadas por ETA -elemento nuclear de la memoria- afirmando que la mejor deslegitimación política de ETA se produce negándole intencionalidad política alguna, afirmando que ETA no tiene ningún proyecto político. Y si ETA no mata por motivaciones políticas, sus víctimas no tienen significado político alguno, la memoria de todos estos asesinatos no debe ser tenida para nada en cuenta a la hora de definir el futuro político de la sociedad vasca. Si esto fuera así, nada queda de la memoria de las víctimas asesinadas.

A la perturbación que os puede causar todo esto se añade el espectáculo de los últimos meses en torno a las intenciones da Batasuna y el presumible, anunciado, incumplido, increíble y sospechoso fin de ETA. Os imagino en algunos momentos asustadas o aterrorizadas viendo a tanto político anunciando pasos decisivos de Batasuna, su disposición a romper con ETA, fechas para documentos anunciando treguas que debemos interpretar como voluntad de renuncia definitiva a la violencia, decisiones de unilateralidad, de renuncia a pedir nada a cambio, de que esta es la buena, de que si en esta legislatura, si dentro de un año, si en otoño o por San Sebastián se nos revelará algo definitivo.

Y en vuestro desasosiego leeréis una y otra vez los documentos y las opiniones de líderes del mundo de ETA/Batasuna, y os encontraréis con que la apuesta por las vías exclusivamente políticas la pueden hacer gracias a los frutos dados por la lucha armada, es decir, gracias a que han matado a más de 800 personas; que exigen que el Estado dé pasos para cumplir con mínimos democráticos, porque no es todavía democrático, con lo que la violencia y el terror hasta ahora estarían justificados. Y os encontraréis con que cada fecha pasa y que los anuncios son noticias que nunca se producen. Sobre todo porque intuís que lo que realmente pretenden, directa y claramente ETA/Batasuna, y, sin afirmarlo tan directamente, todos los partidos nacionalistas es que el proyecto de ETA, sin violencia y terror pero erigido sobre la legitimidad de todos los asesinatos ejecutados, sea el eje sobre el que se construya el futuro político de Euskadi. Lo que sería tanto como volver a matar a las víctimas.

Veo en vuestros rostros la perplejidad por este doble juego de reconocer vuestra cualidad de víctimas, ofreceros reconocimiento institucional, hablar de la necesaria deslegitimación política por un lado, y por el otro construir una atmósfera en la que ETA y Batasuna son los héroes porque nos van a traer la tan ansiada paz, una atmósfera en la que la violencia y el terror son declarados legítimos porque han valido para construir una mayoría social nacionalista, y porque gracias a ese fruto, debido a la violencia y el terror, ETA y su proyecto perdurarán. Y vuestra perplejidad intuye que este argumento afirma que el primer fruto de la violencia y el terror son los más de 800 asesinados, asesinados por ser obstáculos para la consecución del proyecto político de ETA, y que la materialización del proyecto político de ETA incluye necesariamente la violencia y el terror, porque la Euskadi así definida se erigirá sobre esos asesinatos, quiérase o no.

Me imagino que a nadie más que a vosotras le puede ilusionar el poder decir que ETA ha desaparecido, que se ha acabado esta historia de terror. Salvamos la memoria, la dignidad y la justicia que corresponde a quienes fueron asesinados en nombre de su proyecto político. Pero para ello os veis en la obligación de recordar que ETA desaparecerá si se condena toda su historia de violencia y terror, algo que no está ocurriendo, y que parece que no va a ocurrir en ningún caso. Y para ello veis que es necesario que todos los partidos políticos que se dicen democráticos debieran garantizar que el futuro político de la sociedad vasca no se puede definir sobre el eje del proyecto político de ETA, porque significaría hacerlo sobre todos los asesinatos de ETA. Y esto tampoco parece que vaya a ocurrir.
Pero vosotros, y algunos de nosotros, espero que muchos, tendremos que seguir exigiéndolo para que el futuro se construya sobre la narrativa de la memoria de las víctimas asesinadas.

Isabel Celaá | Consejera de Educación, Universidades e Investigación
«Es falso que el trilingüismo pueda suponer un paso atrás para el euskera»
Defiende que su departamento ha inyectado modernidad a la enseñanza, con el impulso al inglés y los ordenadores
MARTA FDEZ. VALLEJO m.f.vallejo@diario-elcorreo.com | BILBAO. El Correo 2 Enero 2011

En este primer año y medio al frente de Educación ha lanzado sus dos grandes apuestas: la implantación del marco trilingüe y la modernización tecnológica de la escuela. Le ha tocado gestionar el sistema educativo en plena crisis económica y se ha topado con las protestas de los sindicatos abertzales, que le acusan de aplicar recortes en la red pública y se quejan de que el trilingüismo puede suponer un paso atrás para el euskera. «Es falso, las evaluaciones demuestran todo lo contrario», defiende Isabel Celaá. Un día después de un consejo de Gobierno, con la agenda aún llena en vísperas de Nochevieja, se le ve disfrutar al frente de la enseñanza vasca. Empieza ella la entrevista:

- ¡Estoy encantada!
- ¿Sí... de qué?
- De lo que estamos haciendo en el Departamento de Educación.

- ¿En qué ha cambiado la enseñanza vasca desde la etapa anterior con EA al frente?
- Una transformación de fondo en clave de modernidad. Hemos modificado los currículos para que todo el mundo, independientemente de la ideología que legítimamente tenga, se sienta en casa. Que todo aquel que conecta con el sistema educativo, que son muchos, no sólo niños sino padres, abuelos... sientan que ésta es su propia escuela.

- ¿Quiere decir que se le ha quitado lastre ideológico a los contenidos, a la escuela?
- Quiero decir que queremos hacer una escuela científica, llena de rigor, en la que cada alumno, independientemente de la carga ideológica que traiga de su familia, se sienta respetado, en pie de igualdad con cualquier otro. Y hemos inyectado modernidad.

- ¿En qué?
- Modernidad lingüística a través del marco de educación trilingüe que estamos experimentando en cuarenta colegios. Un marco flexible, en el que cada colegio pinta su proyecto lingüístico y decide el tiempo que dedica a cada lengua, castellano, inglés y euskera, respetando ese mínimo de un 20% . Y hemos llevado la modernidad tecnológica a las aulas, a través de Eskola 2.0. Hoy la escuela pública se ha situado en vanguardia y es la que más confianza genera.

- Su apuesta por el trilingüismo ha suscitado las críticas de los sindicatos abertzales y de una parte de la comunidad educativa. Temen que el euskera retroceda.
- Eso es acientífico y rotundamente falso. En ningún caso en los que se ha introducido el inglés en Primaria o Secundaria y se han sustituido materias que se daban euskera por inglés ha arrojado un resultado de retroceso de la lengua vasca. Ni de pérdida de contenidos, sino al contrario. Lo que demuestran los resultados de las evaluaciones es una inclinación más favorable de los alumnos a trabajar en lenguas, un mayor afecto y respeto, y más interés por las lenguas. Ni hay pérdida del euskera ni habrá pérdida de contenidos.

- Los partidos nacionalistas le reclaman que los alumnos acrediten un nivel de euskera al acabar Secundaria para demostrar que su sistema euskalduniza.
- Tanto los objetivos, como los contenidos y los métodos de evaluación están en el currículo, no hemos cambiado absolutamente nada del currículo del euskera que tenía mi predecesor. Lo mismo que hay unos objetivos a alcanzar en Matemáticas, los hay en Euskera. Y los alumnos que acaban la Secundaria adquieren esas competencias.

- Ha anunciado que los alumnos que estudien en euskera no deberán acreditar sus conocimientos de esa lengua en las oposiciones. ¿No cree que pone en riesgo el modelo trilingüe?
- De ningún modo. ¿Por qué?

- Los padres elegirán la enseñanza en euskera para liberar a sus hijos de sacar el B2, el PL2, el EGA... Al ex consejero Tontxu Campos no se le ocurrió esto...
- Pero es que no solo los alumnos que estudien todo en euskera tendrán ese reconocimiento. Nos queda por definir primero cuántos créditos serán precisos en cada Grado universitario para reconocer la competencia idiomática en euskera. Y en la escuela qué porcentaje de materias se deben trabajar en lengua vasca como para verse eximido de acreditar conocimientos en ese idioma oficial. Es una cuestión que tenemos que trabajar con agentes educativos, con la universidad y las fuerzas parlamentarias.

- Sin embargo, no se les dará un título concreto.
- No. Pero este procedimiento es muy normalizador. Dar un certificado es un camino intermedio, seguiríamos en la anomalía. Estábamos tratando a los alumnos que trabajan en euskera como extranjeros. No teníamos confianza en que hubieran adquirido una competencia. Tenemos chavales que estudian en euskera de los 3 años a los 23 y hay que darles un reconocimiento.

- Su otro proyecto estrella, la Eskola 2.0 sufre retrasos. Los ordenadores no llegan en las fechas que anuncia su departamento.
- Son críticas insignificantes. Aquí no hay retrasos, sino adelantos. Me mueve a la sonrisa que digan que faltan 7.200 ordenadores de entregar, que si se dijo que para el 30 de diciembre y estarán el 20 de enero. Se han entregado 30.000 y se ha formado a miles de profesores. Es un avance extraordinarioy el día que tengamos una escuela de vanguardia en lenguaje tecnológico, que los alumnos no perciban que al llegar al aula han entrado en el túnel del tiempo hacia atrás, ese día nadie se acordará de que 7.500 ordenadores llegaron un mes tarde porque resultará ridículo.

Recortes
- Una parte de la comunidad educativa dice que ese dinero, casi 10 millones por curso, podía dedicarse a otras necesidades.
- Pues no. Debemos dar respuesta a las necesidades contemporáneas. No podemos parar el reloj porque si paramos el reloj en la educación vasca estaremos lastrando el futuro de manera inexorable. El desafío de la educación, que es el eje del cambio, el futuro de una sociedad, es invertir en lenguaje tecnológico, invertir en investigación y en ciencia. Y lo estamos haciendo.

- Los sindicatos nacionalistas ya han convocado paros y protestas porque consideran que Educación aplica recortes en la red pública.
- Se está haciendo una gestión austera, seria, de los recursos existentes. Pero yo no hablaría de recortes en un sistema que tiene tres profesores para cada dos aulas de Primaria y cuatro para cada dos aulas de Secundaria. Y un sistema de sustituciones que resiste la comparativa con cualquiera de su entorno y sale con ventaja. Eso sí, estamos haciendo un control riguroso de las sustituciones por principios, porque gestionamos recursos públicos y estamos obligados a ello, más aún en una situación de crisis.

- Anunció que en esta coyuntura económica de crisis su departamento va a rescatar a los jóvenes en paro y atraerlos a la FP ¿Cómo?
- Salieron del sistema educativo atraídos por un empleo, el trabajo se los llevó como el flautista de Hamelin y ahora el paro nos los devuelve, como un tsunami. En Europa se van a destruir 12 millones de empleos sin cualificación, pero se crearán 15 para trabajadores con FP. Vamos a identificar a estos jóvenes, a rescatarlos, a integrarlos en la nueva Formación Profesional que preparamos, más moderna. Tenemos previsto, incluso, llamarles por teléfono, uno a uno, para animarles a volver.

Se consuma el despropósito
El Senado estrena el uso de las lenguas, que costará 12.000 euros por pleno

 www.gaceta.es 2 Enero 2011

El Senado estrenará en el primer pleno de este periodo de sesiones, los próximos 18 y 19 de enero, el uso de las lenguas cooficiales en el debate de las mociones, que tendrá un coste en traducciones de 11.950 euros por sesión.

La Cámara Alta cumplirá así la reforma del Reglamento acordada por todos los grupos parlamentarios para ampliar el uso de las lenguas cooficiles, surgida a raíz de la iniciativa que presentaron 34 senadores nacionalstas.

En el primer pleno del año, los senadores podrán intervenir en las cuatro lenguas cooficiales -catalán, valenciano, euskera y gallego- durante el debate de las mociones.

Para que ese debate pueda ser seguido por toda la Cámara, el Senado ha adquirido 400 auriculares que se colocarán en los escaños y desde los que escucharán la traducción que realizarán siete intérpretes -tres para el catalán y el valenciano, dos para el gallego y dos para el euskera-, según fuentes parlamentarias.

Los intérpretes únicamente traducirán la lengua cooficial al castellano y no al revés, esto es, no habrá traducción del castellano a ninguna lengua. Tampoco habrá traducción de una lengua cooficial a otra.

Los traductores no estarán físicamente en el pleno ya que el hemiciclo no dispone de cabinas de interpretación, sino en otra sala del Senado desde la que verán el desarrollo de la sesión por el circuito interno de televisión para poder realizar la traducción simultánea.

Así, la Cámara Alta no ha tenido que realizar ninguna obra de infraestuctura para ampliar el uso de las lenguas -hasta ahora restringido a la Comisión General de Comunidades Autónomas- ya que la única inversión que ha realizado ha sido la adquisición de los 400 auriculares. .

El Senado destinó al uso de las lenguas cooficiales una asignación de 350.000 euros en sus Presupuestos para 2011, que incluye no sólo el servicio de traducción en los plenos, sino la transcripción escrita en la lengua correspondiente que se incluirá a partir de ahora en el Diario de Sesiones.

De los 350.000 euros asignados, 250.000 serán para las traducciones en las sesiones plenarias, y 100.000 para la Comisión General de las Comunidades Autónomas.

Para calcular la partida destinada a las traducciones en los plenos, la Cámara Alta tuvo en cuenta el coste de traducción de las sesiones de la Comisión General de las Comunidades Autónomas, que es de 6.500 euros.

Teniendo en cuenta que el debate de las mociones en pleno -en el que se usarán las lenguas cooficiales- tiene lugar dos días a la semana, el coste promedio se dobla hasta los 11.950 euros.

La primera ocasión en que se oirán las cuatro lenguas cooficiales será esta sesión plenaria extraordinaria de los días 18 y 19 de enero, cuyo orden del día deberá decidir la Diputación Permanente el día 11.

Al igual que ocurrió en el pasado mes de julio, el Senado celebrará este pleno extraordinario en un periodo en el que tradicionalmente ha habido "vacaciones parlamentarias", puesto que la Constitución establece que las sesiones plenarias se celebrarán de febrero a junio y de septiembre a diciembre.

La reforma del Reglamento que permite el uso limitado de las lenguas cooficiales en el pleno fue ratificada el pasado 21 de julio con el voto en contra del PP.

Pese a que la medida aumenta la partida destinada a traducciones, el PSOE ha defendido siempre que su puesta en marcha no ha aumentado el Presupuesto del Senado que, incluso, se ha reducido en un 6,2 por ciento para 2011.
 

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