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Recortes de Prensa   Viernes 14  Enero 2011

 

Una mini-reforma reducida a la nada
EDITORIAL Libertad Digital 14 Enero 2011

Si mayo y noviembre fueron meses tremendamente complicados para los mercados de deuda como consecuencia del riesgo de suspensión de pagos de Grecia e Irlanda, esta semana las incertidumbres han girado en torno a la solvencia de Portugal y de España. A diferencia de Grecia –que padecía un volumen de deuda pública impagable– y de Irlanda –que soportaba una deuda privada bancaria diez veces superior a su PIB–, el problema de España y Portugal es cómo hacer frente a un volumen de endeudamiento considerable con una economía absolutamente estancada.

El caso de España es paradigmático: sin creación de empleo el crecimiento se vuelve una misión casi imposible y sin crecimiento ni creación de empleo tanto la deuda pública como la privada (sobre todo la bancaria) corren un alto riesgo de ser impagadas. Desde 2007 urgían reformas estructurales que permitieran a nuestro sistema productivo seguir generando riqueza; a saber, reducir el gasto público a niveles de 2002, liberalizar el mercado energético para lograr una provisión más barata de electricidad, recapitalizar las cajas de ahorros, actualizar a la baja las condiciones de jubilación que hacen sostenible a medio plazo nuestro ineficiente sistema de pensiones y, sobre todo, flexibilizar un mercado de trabajo tan arcaico que a poco que se ralentice la economía destruye millones de empleos.

Nada de esto se hizo y el resultado no puede ser más elocuente: hemos duplicado nuestra deuda pública en apenas dos años, la situación de nuestro sistema financiero se ha deteriorado hasta niveles impensables y la cifra de parados ha alcanzado los 4,5 millones. Con este cuadro, a nadie debería extrañarle que los mercados –por mucho que se los quiera caracterizar con cuernos y rabo– apuesten en manada por nuestro desmoronamiento. Es cierto que al Gobierno ya se le agotó hace meses el tiempo y el crédito para modificar nada en un intento de enderezar la situación, pero, aun así, cada día que pasa sin implementar todas las reformas anteriores, nuestro futuro sólo hace que volverse más negro.

De ahí que resulte incomprensible, salvo que asumamos la hipótesis de que Zapatero y los suyos están trabajando denodadamente para provocar la quiebra de España, que ahora el PSOE reduzca a la nada la mini-reforma laboral que sacó adelante hace medio año. Visto está, pues, que a los sindicatos sigue resultándoles altamente rentable realizar huelgas generales con nulo seguimiento salvo por parte de aquellos a quienes con violencia se les impidió acudir al trabajo. Después de la vergonzosa marcha atrás del PP en 2002, el PSOE vuelve a ceder ante el chantaje, pero esta vez en una situación mucho más crítica que la de entonces.

Nuestras relaciones laborales seguirán en manos de la misma autocracia sindical y judicial que ha destruido más de dos millones de empleos desde 2008. Poca resistencia ha mostrado el PSOE a enterrar los pocos y parcos avances que en esta materia introdujo en julio; con la tramitación del reglamento, ni siquiera las pérdidas empresariales permitirán que las compañías se acojan a la figura de despido objetivo para tratar de sobrevivir reduciendo sus costes. Y es que no olvidemos que, por mucha demagogia izquierdista que se emplee, el despido de parte de la plantilla es la única forma que tienen muchas empresas en dificultades para tratar de sobrevivir y evitar el despido de todo el resto de trabajadores. Encarecer esa fórmula, especialmente para las compañías de menor tamaño, sólo agravará aun más la situación: nunca deberíamos olvidar que las barreras para salir del mercado también constituyen infranqueables barreras para entrar en él.

Ésa es la "política social" del PSOE: sostenella y no enmendalla. Resulta preferible congraciarse con las subvencionadas huestes sindicales a permitir que cuatro millones de personas salgan del desempleo y a tratar de evitar una bancarrota nacional.

Ser Alemania
Es cierto que España no es Grecia, ni Irlanda, ni Portugal. Pero sobre todo lo que no somos es Alemania
IGNACIO CAMACHO ABC 14 Enero 2011

EL mantra defensivo contra la debilidad económica española que el Gobierno ha canturreado durante los últimos meses —no somos Grecia, no somos Irlanda, no somos Portugal— ya tiene un estribillo antónimo. Lo que no somos es Alemania. No somos un país capaz de crecer por encima del tres por ciento cuando nosotros mantenemos crecimiento negativo (eufemismo piadoso: eso es decrecer). No somos una nación federal capaz de reconducir el peso de sus poderes territoriales. No tenemos una clase dirigente dispuesta a formar un gobierno de coalición de partidos mayoritarios para abordar reformas de interés público. No tenemos un siete por ciento de paro, y bajando. No compramos deuda sino que la vendemos. Y no lideramos nada en Europa salvo las estadísticas de desempleo. No, definitivamente, no somos Alemania.

Y no nos vendría mal ser un poco alemanesen este tiempo incierto. Adoptar algo del rigor político y la determinación moral con que la sociedad germana ha afrontado la crisis para salir de ella antes que los demás. Imbuirnos de esa tradición un poco luterana de disciplina colectiva y respeto al trabajo. Ser más eficaces, más dinámicos, más austeros y menos diletantes. Si los nacionalistas catalanes quieren parecerse a Quebec y los vascos a Suiza (salvo los etarras, que apuntan más al modelo albanés o al cubano), el conjunto de los españoles deberíamos tratar de asimilarnos a Alemania. Que por cierto tiene una estructura federal sin que el Estado pierda por ello su fortaleza ni diluya su cohesión como ha sucedido aquí con las autonomías. Alemania ha hecho los deberes que nosotros no hemos sabido ni plantear, entre otras cosas porque mientras allí se aprestaban a hacer frente a la recesión aquí pasamos dos años discutiéndola y negándola. Ahora es un país capaz de absorber parte del empleo que nos falta; quizá pronto veamos más españoles emigrando de nuevo a Francfort o Colonia, pero ya no serán obreros sin cualificar sino graduados universitarios.

Sí, los alemanes son muy aburridos y muy cabezas cuadradas y tal. Pero ese carácter les ha permitido sacudirse las miasmas y adoptar con firmeza las medidas que les sacaran del atolladero en el que los españoles andamos metidos con toda nuestra finura de criterio y nuestro sentido vitalista. Y ahora dependemos de ellos y de que decidan dedicar parte de su esfuerzo a estabilizarnos para que no nos llevemos por delante la unidad monetaria. Dependemos de que quieran ser solidarios cuando muchos de ellos empiezan a sentir la tentación de no serlo y añoran sus marcos fuertes frente al euro que estamos debilitando con nuestra divertida incompetencia. Y de que la «fracasada» Angela Merkel —que no ha olvidado el agravio— no sienta la tentación de pasarnos muy germánicamente la factura.

Pilletes de ida y vuelta
Javier Quero www.gaceta.es 14 Enero 2011

Zapatero sería idóneo en una compañía de derribos. Los sindicatos deben incluir en su oferta el curso de ex presidente.

Un presidente del Gobierno tiene más vidas que el gato de Antonio Jiménez. Se puede reciclar fácilmente como si fuera una lata. Felipe es una lata y se ha reconvertido en consejero de Gas Natural. Aznar se ha transmutado en asesor de Endesa. En fin, a ninguno de los dos le faltan energías. El socialista es el que ha evolucionado menos, del GAL al GAS. Lo de Aznar con la electricidad es más corriente. En qué empresa contratarán a ZP cuando nos haga el favor de ahuecar de La Moncloa.

Zapatero sería idóneo en la cúpula de una compañía de derribos y demoliciones o en desguaces España, que representa aquello en lo que más experiencia acumula. Yo de mayor quiero ser ex presidente. A ser posible, sin pasar por el trance de ostentar presidencia alguna. Directamente, ex presidente. He de enterarme de si existe algún curso para alcanzar ese objetivo, aunque sea de los que organizan los sindicatos a costa de nuestro dinero. Más de 30 millones de euros acaban de inyectarle a Toxo y Méndez, vía Junta de Andalucía, para sufragar cursos. En España debemos tener a los parados mejor formados del mundo, gracias a los líderes sindicales más listos del universo. UGT y CC OO son los que más saben de cursos, incluido el del río Guadiana, que, como los suyos, es un curso que aparece y desaparece.

Sobre este asunto, leí ayer en LA GACETA que “LA subvenciones se aprobaron el 21 de diciembre”. No crean que la discordancia entre el singular y el plural se debe a una errata de este periódico. Es que cuando el redactor empezaba a escribir la frase se estaba concediendo una subvención y antes de terminar la primera palabra ya habían concedido otra. Así es como hemos pasado del curso de formación a la deformación del curso.

Los sindicatos mendézico (de Méndez) y tóxico (de Toxo) deben incluir en su oferta formativa el curso de ex presidente. La remuneración merece la pena. Con unos 80.000 euros de pensión vitalicia, más otros 200.000 por pertenecer al consejo de una gran empresa privada y seis o siete conferencias que des… ya te llega para pasar un fin de semana en un camping que no esté mal.

Ahora me hago cargo de por qué un ex presidente nunca quiere regresar al cargo. Se vive mejor como uno ex que como uno es. Además, ya han visto lo que ocurre cuando alguien se va y quiere volver. Que le pregunten a Cascos, que está solo porque creía que Rajoy sería un cortado, ignorando que este Mariano es la leche cuando tiene mal café.

ETA
¿Cuánto va a durar esta tregua?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 14 Enero 2011

Aunque políticos y periodistas acusen a los etarras de hacer trampas, sabemos una vez más por los propios terroristas que, lejos de una aceptación –ya fuese fingida o sincera– de su derrota, estamos ante una nueva tregua, ante un mero cese temporal de su actividad criminal, no menos claramente condicionado, como todos los altos fuegos anteriores, a la consecución de los objetivos por los que estos criminales han venido practicando su "lucha armada".

La cuestión, entonces, que nos podríamos plantear es cuánto va a durar esta tregua. ¿Cuándo van los etarras a volver con el tiro en la nuca si, tal y como nos aseguran, esto es sólo un alto el fuego? Lo cierto es que los etarras, al igual que en las más recientes treguas anteriores, no fijan la duración de su alto el fuego.

En el pasado, los etarras a veces sí que fijaban la duración de sus treguas, pero luego no siempre se ajustaban al plazo dado. Tal es el caso, por ejemplo, de la que llevaron a cabo en tiempos de Calvo-Sotelo, poco después del 23-F: dijeron que duraría un año, pero luego la prorrogaron hasta agosto del 82. La que ahora nos ocupa, que no deja de ser la reactivación de la llevada a cabo durante la primera legislatura de Zapatero, es indefinida, como también lo fue la prenegociada con los nacionalistas en Estella durante el Gobierno de Aznar. Tiene toda la lógica del mundo que así sea, ya que, para infamia de Zapatero, esta tregua en dos tiempos ha sido prenegociada y cocinada, por primera vez en la historia, con el Gobierno de la nación, sobre compromisos adquiridos, tal y como lo fue también la prenegociada con los partidos separatistas en Estella. Y es que si los terroristas fijaran una duración determinada a su alto el fuego pondrían las cosas mucho más difíciles a los tramposos de cara a maquillar el chantaje etarra como una "posibilidad de paz" que hay que "explorar" o "verificar" –eso sí– "con mucha cautela". El caso, sin embargo, es que las treguas, aunque no tengan una duración determinada, sí la tienen limitada. En caso contrario, no serían treguas.

Como la duración de esta tregua va a estar en función de acontecimientos futuros –tales como el grado de aceptación de los españoles a que el fin de ETA no conlleve su derrota, el grado de cesión y de sinceridad de un Gobierno que, por boca de Zapatero, aseguró que "con la paz todo será posible tenga el alcance que tenga" o que "los vascos tendrán derecho a decidir"– es imposible saber cuánto tiempo los encapuchados criminales van a mantener este "alto el fuego permanente y de carácter general".

Lo que sabemos por los terroristas es que su espada seguirá en alto sobre nosotros, con posibilidad de caer en cualquier momento, si no avanzamos hacia esa "segunda transición" que "tiene que aceptar la plurinacionalidad del Estado y el derecho a decidir de los pueblos", tal y como acaba de recordar Otegui en Gara.

Aunque a este vocero de los encapuchados se le pegue cada día más el lenguaje engañoso de la clase política, a cuyo estatus quiere volver, aun conserva la sinceridad propia de los criminales chantajistas de advertirnos de que el cese de la violencia por parte de ETA no es irreversible: "Lo primero que quiero transmitir es que es fundamental nuestra presencia en las elecciones de mayo, no solamente para superar una realidad de segregación político-ideológica que manipula la voluntad de la sociedad vasca y su marco institucional, sino fundamentalmente para abordar la irreversibilidad del proceso democrático".

Si no quieren arriesgarse, ya pueden darse prisa los tramposos que nos gobiernan, y que encubren el chantaje, en volver a colar en las instituciones a los proetarras, muchos de los cuales, por cierto y gracias a ellos, siguen dentro.

Rajoy
El hombre nuevo
Agapito Maestre Libertad Digital 14 Enero 2011

Reconozco que el asunto Álvarez Cascos da un poco de vidilla al actual sistema de desgobierno que vive España. Pero, por otro lado, revela lo más podrido del sistema político. Muestra que el verdadero Rajoy no se entiende sin Zapatero. Uno y otro son intercambiables, porque los dos actúan implacablemente a la hora de eliminar al discrepante. Quien trate de salirse del pacto de las oligarquías entre partidos es eliminado. Rajoy incluso se expresa como el político más estalinista entre los estalinistas: sólo se interesa por el futuro. La prueba está a la vista en su declaración sobre la cuestión de Álvarez Cascos: "Yo, en este asunto, ya estoy en el futuro". Es lo mismo que contestaba Stalin al campesino: "El comunismo está en el futuro". A Rajoy le gusta la expresión sobre el futuro, de lo contrario no la habría dicho. Ay, amigos, el lenguaje siempre nos delata.

Rajoy posiblemente será el nuevo presidente del Gobierno, quizá gestione mejor los asuntos económicos que Zapatero, e incluso conseguirá que no se legisle contra la mitad de la población, pero no esperemos mucho más. ¿El PP es alternancia? Sin duda. Pero no tiene alternativa. Comparto, por lo tanto, la opinión de quienes consideran que la actual etapa histórica de España no corresponde a un régimen político, pues que eso significaría que existe algún orden político, sino a una extraña situación política, que ya es histórica, cuya razón fundamental es un sistema de desgobierno, organizado por una casta política para infantilizar y enajenar a lo que queda de Nación.

El consenso político entre las oligarquías de los partidos políticos al margen de la sociedad, e incluso de sus propios discrepantes, es la base de un sistema absolutamente corrupto. ¡Qué más da quien sea más corrupto! Como dijo Bentham al criticar la oligarquía inglesa de su época, ya sólo cabe distinguir entre partidos opresores y partidos depredadores. Pues eso, el PSOE es el partido opresor por excelencia, y el PP, especialmente a través de Rajoy, no deja títere con cabeza en su entorno. Captura y devora más, incluso quizá con más saña, que el todopoderoso Zapatero. Es absolutamente absurdo y cruel prescindir de alguien que llevaba toda la vida en el partido, independientemente de que él aplicara los mismos métodos. Pero es todavía más cruel y totalitario tratar de engañarnos con el futuro: el mito del hombre nuevo –"yo ya estoy en el futuro", es la frase más repetida de Rajoy desde el Congreso de Valencia– es una manera fina de acabar con cualquier idea plausible de presente, es decir, de política para aquí y ahora. Terrible. La democracia, en España, ya es sólo una aspiración de futuro.

Tribunal Constitucional
Casas enfurruñada
Emilio Campmany Libertad Digital 14 Enero 2011

Es un clásico en nuestro país oír a los políticos cuando se retiran pontificar acerca de lo mucho que se debería hacer, olvidando que ellos podrían haberlo hecho cuando ocuparon el cargo y sin embargo no lo hicieron. María Emilia Casas, naturalmente, no podía ser una excepción. Se me dirá que mi tocaya no es una política y que tampoco lo es el cargo del que se despide. Ja. Su trabajo en el Tribunal, especialmente desde que hace seis años fue nombrada presidenta de él, ha sido en esencia político. Su más importante misión fue la de salvar cuanto se pudiera del groseramente inconstitucional estatuto de Cataluña. Y sólo fue capaz de cumplirla a medias. Porque es verdad que se han declarado constitucionales muchos artículos que es obvio que no lo son. Pero no es menos cierto que el tribunal presidido por ella se ha visto obligado a declarar la inconstitucionalidad de los suficientes apartados como para encorajinar al nacionalismo catalán.

¿Es por eso, por no estar satisfecha con su trabajo, por lo que se despidió tan agriamente? ¿Se debe a ello el que, como una especie de señorita Rotenmeyer, recriminara a toda la clase política? ¿O fue quizá tan sólo un desahogo por el rapapolvo que tuvo que aguantarle a María Teresa Fernández de la Vega? Yo creo que no. Doña María Emilia estaba muy enfadada, pero no porque el Congreso todavía no haya nombrado a los cuatro magistrados que debiera ya haber designado ni porque los políticos no hayan sabido ponerse de acuerdo para reemplazar a García-Calvo, fallecido mientras estaba en funciones. Lo que probablemente tiene a la ya ex presidenta hablando sola es ver que el puesto en el Consejo de Estado que le habían prometido en pago de sus servicios resulta que ha sido ocupado por la misma que la abroncó en público. Total que, después de haber tenido que tragar quina por verse regañada por alguien sin ninguna autoridad sobre ella, después de haber seguido, a pesar de ello, al frente de la institución sin que de la Vega se disculpara, después de haber dejado el prestigio del tribunal y el suyo propio por los suelos, y después de haberse fajado defendiendo lo indefendible, van y le dan a otra el caramelo que a ella le prometieron. Es natural que esté que echa chispas.

Ahora, hasta para enfadarse, hay que tener cabeza. ¿Cómo puede abroncar a las Cortes por no renovar a los magistrados si fue precisamente esta omisión, reforma inconstitucional mediante, lo que le permitió ser presidenta el doble de lo legalmente permitido? ¿Cómo puede tener cuajo para quejarse de eso y "olvidar" que el artículo 160 de la Constitución dice que "el presidente del Tribunal Constitucional será nombrado (...) por un período de tres años"?

Pero lo más chirriante del discurso de despedida de la presidenta vino cuando se refirió a García-Calvo, del que dijo: "la tristeza por su muerte se ahonda ante la constancia de que el Congreso no ha encontrado el tiempo preciso para cubrir su vacante". Es como si en un funeral de un entrenador de fútbol o de un profesor, alguien diera el pésame a la familia señalando que el dolor le embarga con mayor profundidad al ver que no le nombran sustituto al muerto. Uno ya no sabe si es un problema de capacidad o de mal gusto.

Esto se pone raro
«Ahora no existen, al revés que entonces, fascismos al acecho o en eclosión abierta, y los comunismos que quedan en pie están desnaturalizados o son residuales. Pero del fondo profundo llegan vaharadas, golpes de viento, con olor a mar y algas podridas»
POR ÁLVARO DELGADO-GAL ABC 14 Enero 2011

A principios de noviembre, Anthony de Jasay colgó en la red un ensayo breve con el título de «Lo mejor dentro de lo peor: lo que hemos de pagar por la democracia» —Library of Economics and Liberty, XI-2010—. Anthony de Jasay es un filósofo político y un liberal hayekiano del que se ha publicado en España un libro importante —El Estado. La lógica del poder político—. Como Hayek, procede de la antigua mancha austrohúngara —nació en el 25, no lejos de Budapest—, y lo mismo también que Hayek, aunque con las fechas y los protagonistas cambiados, sufrió las violencias del totalitarismo moderno. Me lo tropecé hace años, en un curso de verano al que asistía Popper y donde tuvo con este una pelotera formidable. Popper era un hombre irritable y vehemente, y he decir que al pobre de Jasay se le vino Popper encima, y no al revés. Pedro Schwartz, director del curso, y Boyer o Rodríguez Braun, que también andaban por ahí, lo pueden atestiguar. Yendo al grano: el ensayo de Anthony de Jasay me ha producido un malestar profundo. Primero, porque su autor es un hombre de calidad. Segundo, porque el escrito integra, en esencia, un alegato contra la democracia. En tercer lugar, ese alegato no es impensable desde una perspectiva liberal, o, mejor, libertaria. Por último, resulta evidente, y esto es acaso lo más importante, que la irresuelta crisis económica ha rebasado su perímetro original y está levantando olas que tocan ya, o tocarán pronto, los fundamentos de la constitución política en que nos hallamos instalados. Pero debo resumirles antes el texto de autos.

De Jasay identifica la democracia con un procedimiento electivo basado en la voluntad de la mayoría. Cada cierto tiempo, pongamos cuatro años, se hace con el poder el que ha conseguido reunir un número de sufragios superior o igual a la mitad más uno. El resultado es una transferencia constante de recursos desde los ricos a los pobres. Los segundos, en efecto, son más que los primeros, y por lo mismo tenderán a apoyar políticas redistributivas que les sean favorables. El proceso, llevado a su conclusión lógica, debería conducirnos a una situación equivalente a lo que los físicos denominan «muerte térmica» de un sistema. Un sistema ha alcanzado la muerte térmica cuando no se registran diferencias de energía entre sus partes. Mutatis mutandis, en una sociedad sometida a políticas indefinidamente redistributivas la renta de cada individuo terminará por igualarse con la de los otros individuos. En el trance, entra en declive la acumulación de capital, aumenta la resistencia a las adaptaciones estructurales y se dispara la deuda pública. Esto es lo que, según De Jasay, está ocurriendo en las democracias occidentales, máxime en Francia y España. Y esto, igualmente, es lo que no está ocurriendo en naciones como Indonesia, Singapur o Corea, incursas todas ellas en un círculo virtuoso de inversión y crecimiento. Occidente, en fin, se ha puesto a rodar cuesta abajo. Sobre este asunto hablaba también Martin Wolf en una columna reciente del Financial Times—«In the Grip of a Great Convergence»; 5-1-2011—.

Si el destino de las sociedades que se rigen democráticamente es quedarse tiesas en el largo plazo, ¿qué cabe alegar en favor de la democracia? De Jasay se refiere al principio que en la teoría de la elección racional se conoce como «maximin» o «maximum minimorum». El principio maximin, central, por cierto, en la teoría de la justicia de Rawls, recomienda optar, entre muchas estrategias posibles, por aquella cuyos peores resultados sean menos malos. Por mal que nos vaya bajo una democracia, nos irá mejor que a los alemanes con Hitler o a los camboyanos con Pol Pot. De Jasay, sin embargo, no parece pensar que esta consideración sea suficiente para entronizar a la democracia por encima de los restantes sistemas. Su argumento se orienta, más bien, en dirección contraria. El principio maximines pobre y conservador, y solo apto para manejarse en la vida práctica allí donde la falta de información genera márgenes muy grandes de incertidumbre.

Discrepo del ensayo de Anthony de Jasay por muchas razones, de las que destaco tres. Una: la democracia no es solo un sistema para determinar quién ha de ser el que mande. Es mucho más, e ignorarlo nos condena a una interpretación de la realidad colectiva sesgada y poco útil. Dos: no es verdad que las sociedades occidentales estén aproximándose a la muerte térmica. Está ocurriendo, en puridad, algo peor: un aumento relativo de la desigualdad —tal indica la evolución del índice Gini— junto al deterioro acelerado, en el orden material y moral, del Estado Benefactor. Tres: las objeciones de de Jasay a la democracia son más radicales de lo que su argumento, visto desde lejos, parece indicar. Si resulta que la democracia se reduce a lo que de Jasay asegura, a saber, un expolio rotatorio de los mejor situados en beneficio de los peor situados, nos encontramos con que el invento es, a la postre, malo, por mucho que lo acredite el principio maximin. Los hombres razonables preferirán, sin duda, una democracia a una dictadura horrenda. Pero no a sistemas autoritarios más eficientes en lo económico y donde estén garantizados el imperio de la ley y el mercado. La última es, en mi opinión, la tesis auténtica, y no demasiado recóndita, de Anthony de Jasay.

Desde una perspectiva escuetamente historiográfica, la arremetida de Anthony de Jasay no supone una novedad importante. Existe una rama del liberalismo, deudora a la par de los escoceses y los austriacos, que ha sido proclive a desconectar conceptualmente el máximo bien —el imperio de la ley y, en su estela, la libertad— de formas de gobierno específicas. Hume simpatizó con la monarquía absoluta; Adam Smith no se pronunció con claridad sobre el mejor tipo de constitución; y las reticencias o ambivalencias de Hayek hacia la democracia son notorias. De Jasay se sitúa, más o menos, en esta corriente. La defensa del sistema democrático encuentra voces mucho más rotundas dentro de la tradición liberal «whig» apadrinada por Locke. O variando de continente, en el constitucionalismo americano, el cual busca inspiración, a la vez, en Locke y Montesquieu. Hasta aquí, pocas sorpresas.

Reitero, con todo, el sentimiento de malestar a que antes hice alusión. Sería absurdo establecer un paralelo entre la crisis que la democracia experimentó en los años veinte y treinta y los vientos de fronda que al presente se registran aquí y allá. Ahora no existen, al revés que entonces, fascismos al acecho o en eclosión abierta, y los comunismos que quedan en pie están desnaturalizados o son residuales. Pero del fondo profundo llegan vaharadas, golpes de viento, con olor a mar y algas podridas. Inquieta el desbarajuste de la izquierda, indecisa entre fórmulas anarquizantes en el terreno de la cultura y las costumbres, y la adhesión renuente a un Estado Benefactor en liquidación; inquieta el sentimiento creciente de que el futuro se encuentra en manos de países que no han conocido o no ejercen en serio la democracia; y por último, causa desasosiego la proclividad del liberalismo economicista a desengancharse de un orden moral que exige ser reformado, pero del que no nos vamos a ir sin perder la libertad. El ensayo de Anthony de Jasay representa, en fin, una mala noticia.
ÁLVARO DELGADO-GAL ES ESCRITOR

ETA
El derecho a decidir
Antonio Robles Libertad Digital 14 Enero 2011

A veces el torrente de análisis sobre acontecimientos tan preñados de sentimientos encontrados como el último comunicado de ETA nos impide ver con claridad lo evidente: la tregua que se anuncia es un acto fallido que niega en su puesta en escena lo que aparenta anunciar. Ocurre como aquel que quiso negar el lenguaje hablando. ETA hace lo mismo: pretende anunciar un alto el fuego armada hasta los dientes con sus condiciones políticas de siempre. No reparan los torpes que la violencia contra las instituciones democráticas no es sólo la acción física del tiro en la nuca o el coche bomba sino también y sobre todo la pretensión de sustituir las reglas políticas democráticas, por el chantaje político de la violencia. Y confundirla, como si habitaran la misma legitimidad.

Pues bien, el comunicado no es una tregua, sólo la representación en formato de negociación entre iguales de las condiciones políticas por las que han matado. Una desfachatez que desvela la nula voluntad democrática de la banda, pues no han entendido que el abandono de la violencia es, ante todo, el abandono de las condiciones de chantaje político que la generó. Y esas las mantienen intactas, empezando por "el derecho a decidir": "La ciudadanía vasca debe tener la palabra y la decisión sobre su futuro sin ningún tipo de injerencia ni limitación [por parte del Estado]".

Es precisamente este "derecho a decidir", una vez que ha perdido toda justificación romántica la lucha armada, el nuevo formato insurreccional para recuperar apoyo social y perseguir los mismos objetivos soberanistas; es la táctica catalanista. Carod Rovira o Artur Mas niegan la legitimidad de la violencia con la misma determinación que se niegan a cumplir las sentencias constitucionales. Pasan por personas civilizadas, pero agitan los peores instintos emocionales del pueblo. Saben que explotando el egoísmo de la masa y las expectativas frustradas (concierto económico) obtienen la adhesión que nunca alcanzarían a través de la violencia. He aquí la causa de tanto despropósito y desacato. Es el nuevo escenario de la violencia futura: una kale barroka institucional que quema sentencias del Tribunal Supremo en las consejerías y en los medios de comunicación y justifica la insurrección social futura para cuando no haya otra salida por parte del Estado que el procesamiento por desacato. Entonces volverán a salir las Ferrusolas y los Puyoles de antaño a la plaza San Jaume para envolverse en la autosuficiencia soberanista que ahora están amamantando. Acción/reacción.

En su comunicado ETA aparece vencida militarmente, pero ni ha asumido su error ni psicológicamente ha dejado de ser ETA. Sin este requisito la paz no llegará al País Vasco, porque la paz es el respeto a la ley. Con el nuevo escenario insurreccional del "derecho a decidir", los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos compartirán los mismos fines políticos que ETA. Pero pasarán por gentes decentes. Ni matarán, ni dejarán de condenar la violencia, pero no acatarán la ley y forzarán pulsos al Estado fuera de la Constitución. Exactamente lo mismo que hace ETA en su comunicado.

Irán
Esos peligrosos cristianos caseros
Lara Vidal Libertad Digital 14 Enero 2011

En las dos últimas semanas, las autoridades iraníes han procedido a la detención de unos setenta cristianos. Se me dirá que semejante acción no constituye una novedad y que, dentro del drama que significa la persecución generalizada que sufren los cristianos de cualquier confesión en las naciones islámicas, el episodio no tiene especial relevancia. Craso error.

La acción llevada a cabo por el Gobierno de Ahmadineyah indica que las autoridades islámicas sí que distinguen entre unos cristianos y otros y que además son conscientes de que sus ovejas, por denominarlas de alguna manera, no son impermeables al mensaje del Evangelio. En términos generales, las distintas confesiones cristianas no significan una amenaza para el monopolio islámico. La iglesia católica se conforma –y no es poco– con que le garanticen una situación en la que no quemen sus parroquias ni detengan a sus fieles. Para conseguirlo, ha aceptado en la mayoría de los casos no predicar un mensaje religioso a los musulmanes y limitar sus actividades al terreno asistencial. Eso si no se dedica a cantar las loas de Mahoma para conseguir que no asesinen a alguna monja o golpeen a un sacerdote. La obra social que realiza suele ser encomiable, pero, en términos religiosos, su peso para los musulmanes es similar al de una ONG. Las iglesias orientales – armenios, caldeos, coptos, ortodoxos... – procuran moverse en los estrechos límites que les marcaron hace siglos los gobernantes musulmanes a la espera de que no les pongan bombas como recientemente ha pasado en Irak o Egipto.

La única excepción a esa política de mera supervivencia la plantean las iglesias evangélicas. Éstas no sólo se dedican a proclamar el Evangelio a sus conciudadanos musulmanes sino que además lo están haciendo con eficacia desde hace décadas. A semejante tarea –que implica, literalmente, arriesgar la libertad e incluso la vida– contribuye el hecho de que su mensaje sea sencillo, de que no necesiten iglesias para reunirse, de que sus cultos se centran únicamente en la oración y el estudio de la Biblia y a que pueden reunirse clandestinamente por regla general en domicilios particulares. El crecimiento de los evangélicos en el mundo islámico constituye uno de los grandes fenómenos espirituales de nuestros tiempos y los dirigentes musulmanes no lo han perdido de vista aunque buena parte de la prensa occidental no se haya enterado. En el caso concreto de Irán, ha sido nada más y nada menos que el ayatollah Alí Jamenei, verdadero guardián de las esencias de la revolución islámica, el que hace unos días indicó el peligro que significaban los cristianos que se reunían en las casas y que están logrando que no pocos iraníes abandonen la fe de Mahoma para abrazar el cristianismo.

Semejante circunstancia resulta no poco inquietante porque demuestra, primero, que en un debate real el cristianismo se impone a las consignas islámicas en no pocos casos y, segundo, que esa circunstancia tiene lugar incluso cuando el que decide seguir a Jesús se juega, literalmente, la vida. La detención de esos setenta cristianos no es un aviso a navegantes sino parte de una campaña contra un enemigo al que se ve formidable. Desde luego es para mover a reflexión que, junto al poderío militar de Estados Unidos o la perseverancia nacional de Israel, el régimen de los ayatollahs crea que existe una amenaza formidable, la que constituyen los evangélicos que se reúnen en domicilios particulares. Sin embargo, no debería extrañarnos. El mismo imperio romano sabía también en el s. I lo peligrosos que podían resultar los cristianos que se congregaban en las casas.

Reforma
La sacrosanta Constitución
Jorge Vilches Libertad Digital 14 Enero 2011

El advenimiento del PSOE de Zapatero al poder, allá en 2004, supuso la reaparición del mito de la II República; un mito que se había ido desvaneciendo en los últimos años como resultado de la luz aportada por los nuevos estudios sobre aquel periodo. Sin embargo, la izquierda que había salido a calle con la guerra de Irak y el Prestige resucitó la República de 1931 como anclaje histórico a su oposición al Gobierno del Partido Popular. Se trataba, decían, de las dos Españas de siempre; la España negra que mata y oculta la verdad, frente a la España que muere y sufre porque quiere la paz. Apareció entonces toda la parafernalia de la "memoria histórica", hasta aquellos momentos un tema residual, como centro de una campaña de la izquierda más radical, que el Gobierno de Zapatero hizo suya y promocionó.

El Partido Popular, entre otros, se sintió herido, e inició a su vez una campaña de crítica a la II República y de halago desmedido a la Transición y a la Constitución de 1978. Todos nos vimos envueltos en la polémica porque parecía que estaban en juego la democracia liberal y el Estado nacional cobijados por dicha Constitución. Tales eran los aliados del Gobierno de Zapatero, aquellos antisistema hoy en retroceso, como Esquerra Republicana de Cataluña, que la defensa de aquel periodo, de su espíritu y de su texto eran parte de la defensa de algo superior, de la España democrática que habíamos conocido. Pero nos equivocamos a medias.

La sacralización de la Constitución y de la Transición, de su ánimo conciliador más bien, ha sido devastadora, y ahora lo estamos pagando. La consecuencia de años de propaganda y vida política es que se ha incrustado en la mayor parte de la sociedad española la inmutabilidad del texto de 1978, su lazo vital con la democracia y la unidad de España. El cambio, por tanto, se antoja harto complicado. La opinión pública siempre ha ido más lenta que las intenciones, proyectos y palabras de los políticos y de los intelectuales en general. "Fuera de la Constitución no hay nada", se ha dicho hasta la saciedad. Y ahora que la crisis económica ha demostrado el mal engranaje del Estado, y que la intervención de la Unión Europea parece inevitable, el movimiento de la opinión a favor de una reforma constitucional se muestra una misión si no imposible, sí lenta y laboriosa.

Ninguno de los dos grandes partidos españoles se atreve a enfrentarse al electorado esgrimiendo un cambio constitucional. Temen que los partidos regionalistas y nacionalistas, que son los más beneficiados de la hegemonía de las Cortes sobre los poderes del Estado, y de un Título VIII que consagra la continua redefinición de las competencias estatales y autonómicas, les nieguen su apoyo en la competencia que mantienen con el partido contrario. El PP teme que se le tilde de involucionista, y el PSOE de alentador del separatismo, lo que les haría perder votos a ambos.

La Constitución se ha convertido en algo intocable; salvo cuando en 1992 se cambió para ampliar el derecho de voto. Pero ni siquiera se ha tocado en lo referido a la sucesión a la Corona, que da prelación al varón sobre la hembra, lo que es claramente contradictorio con la igualdad establecida por el texto constitucional y con el mismo devenir y sentir de la sociedad actual.

Hemos sacralizado la Transición y la Constitución de 1978, minimizando sus errores y agrandando sus virtudes con el ánimo de hacer política. Pero ya toca un cambio que, con consenso, mejore el funcionamiento de nuestra democracia y arrincone los terribles defectos que nos mostrado ridículos al exterior y débiles ante la crisis económica. Me refiero a abordar temas tan elementales como una verdadera separación de poderes, una descentralización eficaz, barata, homogénea y cerrada, y una ley electoral más justa.

Democracia y mayoría
BONIFACIO DE LA CUADRA El País 14 Enero 2011

Las elecciones que vienen, que se rematarán con los comicios generales de 2012, aconsejan resaltar lo que tienen de expresión democrática, más que de constatación en las urnas de los resultados presagiados en los sondeos. La fiesta cívica que significan no se agota en la cantidad de votos que se emiten, se escrutan y otorgan el poder municipal, autonómico o estatal, sino que debe vincularse a un ámbito más ambicioso: la profundización de la democracia.

No son estos tiempos propicios para la épica de las ideologías, cuando quienes gobiernan abdican de los principios y promesas que esgrimieron para alcanzar el poder, en aras, ahora, de cumplimentar las exigencias económicas que los acreedores mundiales imponen, con el talante del cobrador del frac, y sin compromiso alguno de clemencia futura. Pero es preciso que los nuevos procesos electorales no ofrezcan un saco de propuestas a incumplir, sino de proyectos creíbles para la ciudadanía y que apliquen los valores democráticos.

El comportamiento reciente de los partidos invita a la desesperanza. La atención dedicada a las encuestas ha dejado en muy segundo plano la democracia de los avances sociales y los derechos humanos. Ha primado más asegurarse una mayoría parlamentaria para decretar y prorrogar el estado de alarma, rebajar la justicia universal o restringir la participación electoral que la dedicación al debate sobre el contenido democrático de cada uno de esos acuerdos.

Y ante cualquier profundización mediática de la democracia -como el reciente festival informativo de los papeles de Wikileaks, en el que ha participado EL PAÍS, gozosamente para sus lectores- los grandes partidos hacen cálculos electorales sobre el impacto que las puras noticias puede producir sobre sus votantes, con olvido doloso del derecho de los ciudadanos a conocer los engaños, pequeños y grandes, que se perpetran contra ellos desde el poder. Preocupados solo por los votos y sin reconocer ante la ciudadanía que han quebrantado la dignidad institucional a la que están obligados, objetan a quienes han cumplido con su deber democrático la falta de complicidad con los poderes públicos para mantener en secreto las mentiras oficiales, en nombre de la razón de Estado.

La obsesión por la mayoría y el olvido de la democracia lleva a los dos grandes partidos de ámbito estatal, ante reclamaciones de los nacionalistas periféricos, a pertrecharse tras la Constitución española y a invocar la llave que ellos poseen para reformarla. En una reciente obra, José María Ruiz Soroa asegura que las reclamaciones secesionistas o autodeterministas de una parte de la población "son plenamente legítimas y la democracia como sistema de gobierno y de sociedad debe de ser capaz de atenderlas" (El esencialismo democrático, Editorial Trotta y Fundación Alonso Martín Escudero, Madrid, 2010, página 166). Y añade: "De lo contrario, estaríamos ante un sistema constitucionalmente irreformable en un aspecto de su arquitectura (como es la delimitación de sus fronteras), cuando no existe ninguna razón sustantiva para que ese aspecto concreto sea tratado como intangible" (obra citada, página 173).

Este jurista considera inaceptable la apelación al procedimiento que la propia Constitución establece para su reforma, "puesto que resulta bastante claro", razona, "que esas cláusulas de reforma constitucional no están al alcance de las minorías (...) a las que podrían interesar", sino solo "de los partidos mayoritarios nacionales capaces de reunir las mayorías requeridas". Desde su criterio de que la reclamación debe atenderse, "por incómoda y desagradable que resulte", Ruiz Soroa plantea una fórmula original, que llevaría consigo la reforma constitucional, en su caso, solo al final del proceso.

Se trataría de establecer, mediante una ley ordinaria, el principio de que, "si en el futuro la representación parlamentaria de una comunidad autónoma, por una mayoría cualificada, solicitara del Gobierno central la apertura de un proceso de debate, discusión y decisión en torno a una posible secesión de tal comunidad autónoma, tal proceso se abriría obligadamente, conforme a los pasos y etapas establecidos en ese mismo texto", entre ellos la "comprobación de la voluntad democrática clara de la población afectada, a través de un referéndum". Y si el proceso condujera a la conveniencia de admitir la secesión negociada, "la nueva ley establecería la obligación del Gobierno de promover la reforma de la Constitución, de manera que se modificara la estructura territorial española" (obra citada, página 174).

La singularidad de esta audaz e imaginativa propuesta reside en que, inspirándose en el dictamen del Tribunal Supremo de Canadá sobre la secesión de Quebec, Ruiz Soroa no vincula su validez democrática a la existencia de una mayoría favorable a la secesión, sino a la claridad de la decisión y a la evaluación cualitativa de la misma. Por ello, en cuanto al caso vasco, este jurista puntualiza que "difícilmente podría admitirse que en una sociedad donde se ha vivido intensamente un terrorismo activo de motivación secesionista durante un periodo muy prolongado de tiempo, puedan darse las condiciones de reflexión y deliberación necesarias, mientras no transcurra bastante tiempo desde el fin total del terrorismo" (obra citada, página 170). No bastaría la mayoría. La decisión democrática exige más matices.

Rescates
Larga vida al euro
Emilio J. González Libertad Digital 14 Enero 2011

El comisario europeo de Asuntos Económicos, el finlandés Olli Rehn, ha pedido que se amplíe el Fondo de Rescate europeo de 750.000 millones de euros, lo cual ha sido saludado por los mercados con fuertes subidas en las bolsas y una apreciación de la moneda única europea frente al dólar, después de que el pasado lunes tocase mínimos de cuatro meses frente al billete verde. ¿Por qué esa alegría? ¿Qué hay detrás de esta petición?

Evidentemente, Rehn conoce perfectamente la situación de los distintos países susceptibles de necesitar ayudas europeas. Por ello, con su petición el comisario europeo está dejando claro que después de intervenir Grecia e Irlanda, la UE va a tener que aplicar la misma terapia a otros Estados miembros, más concretamente Portugal y España. Aún así, cuando se estableció la dotación inicial del Fondo de Rescate, ya se tuvo en cuenta que las autoridades comunitarias tendrían que acabar por salvar a España y se había calculado que el monto total del rescate ascendería a unos 350.000 millones de euros. Si tenemos en cuenta que el salvamento de Grecia e Irlanda ha costado ya 200.000 millones, y que el rescate de Portugal se llevará otros 100.000 millones, quedarían todavía otros 450.000 millones para salvar a España.

¿Por qué, entonces, hay que ampliar el Fondo de Rescate? Pues muy sencillo. En primer lugar, porque la situación de nuestro país es mucho peor de lo que se había estimado inicialmente por culpa de un Gobierno que sigue sin hacer nada para atajar la crisis, pero también por las crecientes dudas que suscitan las cuentas tanto de las comunidades autónomas como de las cajas de ahorros, cuya situación parece ser sensiblemente peor de lo que se había estimado en un principio. Es decir, diga lo que diga Zapatero, al final la UE tendrá que acabar por intervenir nuestra economía, posiblemente esta misma primavera, y para ello necesita más dinero del previsto porque las cosas están mucho peor de lo que pensaban, por mucho que Zapatero se empeñe en ocultar la verdadera realidad de nuestra calamitosa situación económica. Pero, en segundo término, esa petición de más recursos para el Fondo de Rescate apunta también a que puede haber otros países con problemas que también pueden precisar ayuda, más concretamente Bélgica e Italia y, podría ser, incluso la misma Francia, que trata de ocultar su realidad lanzando propuestas como la creación de un Tesoro europeo en el que participasen inicialmente este país y Alemania. La cuestión está en de dónde va a salir ese dinero y qué condiciones van a imponer los alemanes para aportar la parte que les toque.

A la luz de todo lo anterior resulta más que evidente que la situación financiera de la Unión Monetaria Europea es mucho peor de lo que parecía y a medida que transcurre el tiempo se va descubriendo la verdadera magnitud de los problemas fiscales de los Estados miembros del euro. Visto lo cual ya hay analistas, sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido, que estiman que la moneda única europea no va a ser capaz de sobrevivir a esta crisis. Claro que también hay que señalar que a ambos países les vendría muy bien que el euro saltara por los aires: a los norteamericanos, porque la destrucción de la Unión Monetaria Europea les permitiría captar más fácilmente, y a tipos más bajos, ahorro internacional con que financiar sus escandalosos niveles de déficit y deuda; a los británicos, porque verían desaparecer un proyecto de integración monetaria que ha hecho que la libra esterlina no pinte ya casi nada en las relaciones económicas y financieras internacionales, además de permitirles financiar en mejores condiciones los altos niveles de déficit y deuda en que ha incurrido el país para salvar a una banca que cometió con los derivados los mismos excesos que la estadounidense. No hay más que ver la posición al respecto adoptada en las últimas semanas por The Economist, que ha pasado de ser un defensor del euro a atacarle abiertamente y pronosticar su desaparición a medio plazo, si no antes.

En este contexto, la petición de Rehn resulta oportuna en tanto en cuanto deja clara la posición de las instituciones comunitarias en el sentido de que van a poner toda la carne en el asador para salvar al euro y, de esta forma, empezar a despejar las dudas que unos y otros van vertiendo en contra de la moneda única. La voluntad política de que el euro sobreviva está cada vez más clara. Otra cosa es cómo se va a articular esa operación de salvamento, pero cuando hasta la propia Alemania apuesta por seguir dentro de la Unión Monetaria Europea, imponiendo sus condiciones, por supuesto, parece que la moneda única va a gozar de una vida más larga de la que algunos le pronostican.

72 HORAS DESPUÉS de convocarla
Diez asociaciones y plataformas se unen a la manifestación del 5 a las 5
Tras conocerse el nuevo comunicado de ETA, Voces contra el Terrorismo convocó a los españoles a manifestarse el próximo 5 de febrero.
M. J. Grech Libertad Digital 14 Enero 2011

Con el lema "No más mentiras, no más treguas trampas", Voces contra el Terrorismo convocó el pasado lunes un nuevo acto de rebelión cívica contra el proceso de negociación con ETA, del que el último comunicado de la banda terrorista es un paso más. La manifestación se celebrará en Madrid el próximo 5 de febrero a las 5 de la tarde.

Tan sólo 72 horas después se han sumado a la misma varias asociaciones de víctimas del terrorismo, así como diversas asociaciones y plataformas ciudadanas que, desde diversos ámbitos, ya se han significado en otras ocasiones por su compromiso con las víctimas y en contra del proceso de negociación con la banda terrorista ETA.

Entre las primeras han mostrado ya su apoyo a la convocatoria la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo de Murcia, la Asociación de Víctimas Verde Esperanza y la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11M que preside Ángeles Domínguez.

Entre las asociaciones y plataformas, que agrupan a diferentes sectores de la sociedad civil, se han sumado a la manifestación Hazte Oír, Foro Liberal, la Asociación 11-M Verdad y Justicia-Plataforma Ciudadana Peones Negros, la Asociación para la Defensa de las Libertades y los Derechos Civiles, Convivencia Cívica Catalana, DENAES, la Asociación Española de Guardias Civiles y la Fundación Nacional Círculo Balear – en cuya delegación acude D. Antonio Salvá, padre de la última víctima española de ETA, Diego Salvá Lezaún, asesinado por la banda el 30 de julio de 2009 junto a su compañero, también guardia civil, Carlos Sáenz de Tejada.

Esta convocatoria ha nacido desde el convencimiento de que el último comunicado de la banda asesina, en el que anuncia una nueva tregua, evidencia que continúa el proceso de negociación soterrado entre el Gobierno y ETA. Con este llamamiento a los ciudadanos a manifestarse el día 5 a las 5 en Madrid, Voces contra el Terrorismo y las asociaciones y plataformas que se han sumado quieren mostrar su rechazo a las cesiones ante ETA, porque no hacerlo sería dar legitimidad a las actuaciones criminales de la banda durante cinco décadas.

Oreja deja en evidencia al Gobierno y avanza los próximos pasos de ETA
El Semanal Digital 14 Enero 2011

El eurodiputado del PP desvela por qué está pasando lo que está pasando con la banda terrorista y Batasuna y vaticina en Telemadrid los próximos movimientos que nos esperan.

De plena actualidad tras el último comunicado de ETA anunciando un alto el fuego, el portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, acudió este jueves al plató de El Círculo de Telemadrid para responder a las preguntas de su presentadora, Ely del Valle, así como del director de El Semanal Digital, Antonio Martín Beaumont, y de los periodistas Esther Esteban y Luis Izquierdo.

Como suele ser habitual en él, Mayor Oreja fue rotundo a la hora de señalar que "nada de lo que ha pasado este año se puede interpretar si no entendemos que existe un pacto entre ETA y el Gobierno: la declaración del 29 de marzo en Bruselas firmada por cuatro premios Nobel y todas las fundaciones relevantes en mediación internacional, que no puede conseguirla ETA por sí sola; los comunicados; la tregua general… Todo forma parte de un proceso".

Tanto es así, que Mayor Oreja fue más lejos vaticinando que en breve "se dará a conocer una nueva posición, probablemente de Batasuna, abusando de la ficción de que ETA y Batasuna son dos cosas distintas".

Sea como fuere, para el eurodiputado popular hay dos cosas claras: "La primera, que ETA no se disuelve; y la segunda, que Batasuna estará de un modo u otro en las instituciones". En este sentido, interpreta que lo que existe es un "forcejeo del Gobierno con la izquierda abertzale para lograr el mejor comunicado posible por parte de Batasuna. Probablemente, Batasuna va a rechazar la violencia, aunque no la va a condenar. Pero la va a rechazar porque es lo que quiere ETA, forma parte de la estrategia, es falso que Batasuna se esté imponiendo a ETA, como el Gobierno nos quiere hacer ver", insistió.

Mayor Oreja calificó de "irresponsabilidad del Gobierno" que se haya permitido la internacionalización de un conflicto interno, y advirtió de que si finalmente ETA vuelve a las instituciones "saltarán por los aires las alianzas políticas en el País Vasco".

Preguntado por si la situación de la banda terrorista es de máxima debilidad, comentó que "no lo sé porque no soy ministro, pero es verdad que atraviesa un momento difícil. Sin embargo, también España atraviesa un momento difícil, con el debate sobre el derecho de autodeterminación instalado en lugares como Cataluña o el País Vasco. Y mientras esto suceda, ETA mantiene una esperanza, porque antes que un grupo terrorista, es un proyecto de ruptura de España".
 

según él no cuestiona la inmersión
Rubalcaba se lee por fin el fallo del Supremo para negar que diga lo que dice
Rubalcaba dice que por fin se ha leído la sentencia del TS sobre la inmersión pero no lo parece. Dice que "no cuestiona" el sistema.
LIBERTAD DIGITAL 14 Enero 2011

Este viernes en el Consejo de Ministros, Rubalcaba ha tenido que responder a dos preguntas sobre la sentencia del Tribunal Supremo que aseguraba que el modelo lingüístico catalán "pervierte la Constitución". Tras varias semanas dando largas a las preguntas de esRadio bajo el pretexto de no haberse leído la sentencia por fin ya la conoce. Aunque no lo parece.

Un periodista le preguntó en primer lugar sobre el asunto. Le contestó, sin inmutarse, que el fallo "no cuestiona" la inmersión lingüística. A preguntas de Ketty Garat, que lleva tres semanas preguntando lo mismo, un irónico Rubalcaba le decía que "siento que le hayan pisado la pregunta porque ya le han pisado la respuesta". Tras divagaciones varias, el ministro del Interior no se centraba en la respuesta ni sobre la lapidaria frase del Supremo sobre la "perversión" de la Constitución que implica la exclusión del castellano como lengua vehicular en la enseñanza.

Rubalcaba ha remitido a una ley catalana de 2009 en el que se aplican aspectos lingüísticos y asegura que es por ahí por donde el Ejecutivo catalán debe aplicar la sentencia porque, dice, fue avalada por el Supremo. Además, aseguraba que el texto no pone en duda la constitucionalidad de la política lingüística catalana.

Cuando la reportera de esRadio le preguntó por la actitud del PSC, que llama a ignorar el fallo, el vicepresidente se negó a contestar y tan sólo replicó que ya "me la he leído entera" y volvió a dejar sin respuesta a esta cuestión.

Enrique de Diego: “Este libro es el ataque directo al núcleo del mal: ‘el borbonismo”
Entrevista con Enrique de Diego en Periodista Digital (enero 2011)
Propone una república como “única salida para España de la crisis
”Miguel Pato, Periodista Digital 14 Enero 2011

“El máximo culpable de la casta parasitaria es el Rey Juan Carlos"
"A Letizia la prensa le hizo un lavado de cara"

El periodista Enrique de Diego publica 'La Monarquía inútil', un ensayo donde defiende que "el culpable máximo de la casta parasitaria que expolia a los españoles es Juan Carlos. Durante décadas los españoles han sido absolutamente abrumados con la propaganda monárquica que presentaba al Rey como motor del cambio". Cree que la Monarquía es tabú en la prensa y que "a Letizia le hicieron un lavado de cara" para tapar su progresismo.

El periodista Enrique de Diego publica este ensayo con el objetivo de demostrar que la idea de que haya una persona que encarne la unidad de la nación (en este caso el Rey) es falsa. Para este autor, además, ahora que estamos en la etapa final del reinado de Don Juan Carlos "hay que hacer balance".

En las páginas de La monarquía inútil (Ed. Rambla) De Diego expone que ese balance es "nefasto". En esta entrevista con Periodista Digital señala que

"Durante 4 décadas los españoles han sido absolutamente abrumados con la propaganda monárquica que presentaba al Rey como motor del cambio. (...) Un modelo de Estado que estamos pagando muy caro."

Si para muchas personas el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue el punto más importante para la legitimación del reinado de Juan Carlos I, Enrique de Diego no duda en señalar como cabeza del mismo al propio monarca.

"El 23-F no se puede llevar a cabo sin el conocimiento del Rey. (...) No se toma Zarzuela, ni hubo algún plan al respecto porque allí estaba la cabeza del golpe."

Desde aquellos años de la Transición el autor sostiene que arrastramos una crisis de modelo de Estado.

"Es un modelo que la propaganda ha vendido como perfecto pero que es demencial y sólo se hizo para mantener en el puesto y en el sueldo a los borbones"


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Otegi no manda... aún
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 14 Enero 2011

Para que resulte creíble un parte de ETA en el que se anuncia el alto el fuego no deberá hacerse con la puesta en escena que, al parecer, les encanta. No pueden anunciar el salto a la paz con encapuchados. Es un consejo de relaciones públicas que les doy gratuitamente. Las formas son las de la guerra. ¿Por qué no les aconseja en este punto el experto Brian Currin o gentes del brazo civil dedicadas a la comunicación? Pero hay más: ¿cómo los ciudadanos de la calle vamos a creernos su voluntad de paz cuando nos enteramos de que el propio Otegi no conocía siquiera el texto del comunicado? Pero incluso tampoco se entiende que gentes de la izquierda abertzale no participen en la redacción del parte si la finalidad de este es dar vía libre a su participación en las próximas elecciones vascas.
Ante la aparatosidad guerrera de estos montajes uno llega a la conclusión de que las condiciones subjetivas en las que se maneja ETA no están en la línea de sus condiciones objetivas.

Dicho con claridad: ETA está en el final de sus días pero no quiere admitirlo. Teatraliza. Representa. En realidad ETA debería estar negociando con el Gobierno las condiciones de su retirada del Terror. De su salida del Error. No para discutir sobre la vía de la independencia que eso es cosa de las fuerzas políticas legalizadas sino para terminar con el proceso de muerte en el que están metidos. Porque ETA se hunde día a día en la realidad creada por ella misma. Casi medio siglo de huida hacia la cárcel y la muerte. Por lo que se ve, Otegi no tiene suficiente autoridad para orientar a los ya escasos comandos que disponen de los efectivos para la destrucción y el terror. Ni siquiera, quizá, una comunicación suficientemente fluida. Me imagino a Eguiguren desesperado ante la incapacidad de Otegi y sus amigos de la izquierda abertzale. Estamos en la última fase del Terror. Cuando hay que disimular la incapacidad con una capucha.

El desencanto
Alfonso USSÍA La Razón

Me parece bien que el etarra José María Sagarduy Moja, alias «Gatza», abandone la cárcel y salga en libertad. No malinterpreten mis palabras. Me parece bien porque ha cumplido íntegramente su condena y le corresponde, según las leyes de un Estado de Derecho, ser libre de nuevo. Y me parece mejor por su desencanto. El egocentrismo de un terrorista preso durante algo más de treinta años le lleva a pensar que todo el mundo está pendiente de él. Más aún, si en esos treinta años ha seguido creyéndose un héroe, un luchador por la independencia de una nación que nunca ha existido como tal. Le harán algún homenaje y aquí paz y después gloria.

José María Sagarduy asesinó a su primera víctima con poco más de veinte años. Era un joven imbécil y perverso, arrebatado de patrias inventadas y melancolías de aldea. Asesinó en Guernica a Juan Cruz Hurtado, y poco después en Ondárroa a José María Arrizabalaga. En la veintena vital entró en la cárcel. Y ahora sale cincuentón. Se va a sentir ajeno en una sociedad con la que lleva treinta años divorciado. Crecer de golpe treinta años no puede resultar agradable. Las chicas que dejó son hoy unas señoras probablemente fondonas. De haber visto día tras día su evolución, hoy le parecerían unas valquirias estupendas, pero se va a llevar un porrazo visual y estético.

Y el desencanto le vendrá cuando compruebe que sus treinta años de cárcel no le han servido para nada. Ni la ETA ha triunfado, ni el comunismo se ha impuesto, ni el nacionalismo se mantiene en el poder. El «Lehendakari» es un López, un maqueto, que gobierna apoyado por los votos parlamentarios del Partido Popular. Si algún pensamiento o reflexión pueden emerger de su inteligencia de botijo, Sagarduy se formularía muchas preguntas y no hallaría ni una sola respuesta satisfactoria respecto a su fracaso. Es casi una nada con treinta años más sobre los hombros. Los novecientos inocentes asesinados por la ETA, por él y sus compinches en barbaridades sanguinarias, son los héroes, no ellos. Y aquella banda terrorista que le llevó de la perversidad a una condena de treinta años, es hoy un manada debilitada, no por los Gobiernos, sino por una sociedad unida y comprometida con sus víctimas. Dejó una máquina poderosa de sangre y hoy, treinta años más tarde, se encuentra con una bicicleta pinchada. Treinta años perdidos por ser un criminal imbécil. De «Euskadi ta askatasuna», nada de nada. La única posibilidad que tiene la ETA para sobrevivir no es otra que la debilidad del Gobierno, y es de esperar que la sociedad no se la permita.

La Justicia ha cumplido con su palabra y ha puesto en libertad al cincuentón perdido. Nada es como era, empezando por su cuerpo. Lo que le reste de vida, lo hará abrazado al rencor y al odio. Odio y rencor hacia sí mismo, principalmente. Y en unos meses, su figura se perderá en los grises del olvido y de la indiferencia. No espere ni en sueños la gratitud de los que lo envenenaron para asesinar en nombre de no se sabe qué. Al salir en libertad ha perdido el único valor que tenía para el movimiento asesino al que pertenece. Ya no es ni un preso. Para ellos, un preso es moneda de cambio, motivo de chantaje y causa de coacción. En libertad, el tal «Gatza» ha perdido toda su cotización. Y no creo que se atreva, después de treinta años, a volver a matar. Con cincuenta años se corre menos ante la Guardia Civil que con veinte. Con la libertad se ha reencontrado a sí mismo. La soledad del excremento.



 

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