AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 30  Enero 2011

 

Defenestración y beatificación de ZP
La tardía y falaz conversión reformadora de ZP se ha debido a los ultimátums de Bruselas.
Pedro-Juan Viladrich www.gaceta.es 30 Enero 2011

En la opereta nacional ¿se va a cambiar al solista o a la partitura? Empecemos con los que se consideran autores o, al menos, muy enterados de la escenografía. Susurran que la operación tiene, como la diosa Juno, dos caras. La primera subraya el descrédito de Zapatero. Es nacional e internacional. De tal vez “recuperable”, aunque muy difícil, se va pasando a la convicción de “insuperable”. La evolución de tal diagnóstico se ha acelerado desde la última remodelación del Gobierno, en la que Rubalcaba asume un protagonismo evidente, hasta estas últimas semanas de enero en las que, disipado el efecto “remodelación gubernamental”, un diluvio de encuestas –de procedencia e intención muy heterogéneas, algunas hasta felonas– hacen temer a ciertas personalidades socialistas, con influencia real en la empresa, que el sostenimiento de Zapatero puede acarrearles una derrota electoral de tal magnitud, tanto en las locales y autonómicas de mayo de 2011 como en las generales de marzo de 2012, que no les queden ni restos suficientes para que el propio partido sobreviva al naufragio. Palabras mayores. Hay que salvar los mejores muebles del abuelo (posiciones heredadas del venerado patriarca Felipe). Y si todavía se estuviera a tiempo, bastante más. El tiempo apremia. En consecuencia hay prisa y, habiendo prisa, hay nervios y navajas.

Pero si, para salvarse, sobra Zapatero, ¿cómo defenestrarle sin que tal operación precipite mayores e inmediatos males entre las contrapuestas familias del partido, entre las decepcionadas bases y entre el electorado en general? ¿Y si el muerto es un vivo y, como el presunto cadáver de las películas de miedo, se levanta y atrinchera en un reducto de la morgue?

La segunda cara es que, estando así de complicadas las cosas, conviene una beatificación de Zapatero. Tengo la seguridad de que al lector no le sorprenderá que la izquierda más descreída recurra, en casos de apuro, a la inspiración eclesiástica. Como es bien sabido, los procesos de beatificación recaen, como requisito imprescindible, sobre un sujeto muerto y bien muerto, al que sus méritos en vida hacen digno del santo reconocimiento. Entre éstos destacan el martirio y los milagros póstumos. Pues bien, manos a la obra y pocas veces mejor dicho. Parece ser que en la convención del partido socialista, este domingo en Zaragoza –y en otros eventos futuros, como por ejemplo, una magna concentración en una plaza de toros de Madrid (sede que los antitaurinos aceptarán entusiasmados)– se adelantará el argumentario de lo que, en las causas de los santos, son los hechos del martirio y algún milagro.

Tal vez se diga que, por el bien de todos los españoles y por heroica congruencia con sus convicciones, Zapatero se ha puesto al frente de las reformas estructurales que necesita España, aunque tal coraje y valentía le hayan costado la presidencia. Como a un san Lorenzo, le han calcinado los carbones al rojo de la reforma de las pensiones, su fe contumaz en resolver el desempleo mediante subsidios y subvenciones a sindicatos y grupos ideológicamente amigos, siendo sus verdugos los mercados, los bancos y los capitostes capitalistas europeos y mundiales…, más los del PP que nunca arrimaron el hombro. En resumen: Zapatero es el mártir de las reformas.
Ahora el milagro. Cuando estas reformas den sus frutos –y esa siega sólo los más fanáticos la esperan para mayo de 2011, aunque son bastantes los que la confían a marzo de 2012 y algunas miembras a las generales de 2016–, entonces se podrá dogmatizar que el zapaterismo no fue el peor periodo de la democracia, sino el semillero heroico donde se sembró, a costa del martirio de un gran líder, el milagro del renacer de la economía española. Con esta doble escenografía, dicen sotto voce, se salvaría el naufragio total, muchos muebles y, tal vez, habría esperanzas de volver a ganar en 2012.

Da que pensar que nuestro Estado de derecho, por haberse convertido en un Estado de partidos, resuelva las responsabilidades de una pésima gobernanza maquinando farsas, artimañas y escenografías cuyos hilos mueven, como dueños de un cortijo, unas pocas “personalidades” políticas. Ni cuestión de confianza, ni moción de censura, ni adelanto de elecciones generales pese al clamor por la oportuna y limpia utilización de esos normales recursos democráticos. No se me escapa que la tardía, insuficiente y falaz conversión reformadora de Zapatero ha sido debida a los sucesivos ultimátums de Bruselas ante una deriva suicida que puede dinamitar el euro y la UE, que la “fracasada” Merkel manda más en España que los españoles, y que nuestro crédito en los mercados exteriores, sin el cual podríamos cerrar cajas, comercios e industrias pasando hambre, está por los suelos si no hay pronto cambios estructurales reales y duraderos.

Esta es la verdad. Los Gobiernos de Zapatero, apoyados en el sistema de adhesiones ciegas de los parientes ideológicos y del chantaje independentista, han sido muy culpables. Ahora quieren la impunidad y el altar el martirio. Pero si actúan como dueños del cortijo nacional ¿por qué esa necesidad de justificación? ¿A qué tienen miedo? Y ahí hay el rayo –¡por fin!– de esperanza. Porque una creciente parte de la ciudadanía ha madurado, capta las farsas e imposturas, que son corrupción pura, no soporta más engaños, clama por auténtica regeneración nacional y pide cuentas.

*Pedro Juan Viladrich es catedrático de Universidad y vicepresidente del Grupo Intereconomía.

¡Menos mal que en el 2008 no vino la derecha!

Roberto Blanco Valdés La Voz 30 Enero 2011

Desde su inesperada victoria electoral del 2004, el discurso y la agenda de la, entonces, nueva dirección del Partido Socialista estuvieron orientados por dos ideas convergentes: demostrar que con Zapatero había llegado al Gobierno una izquierda diferente, libre de las presuntas ataduras que, según ella, había impuesto la transición al PSOE de González y al PCE; y probar que esa otra izquierda tenía como gran tarea histórica frenar a una derecha extrema dispuesta a arrasar con las, supuestamente tímidas, conquistas sociales del pasado.

Tal discurso logró hacerse verosímil cuando, sobre todo durante la primera parte de la primera legislatura neosocialista, algunas iniciativas en materia de derechos civiles fue respondida por el PP con su faz más rancia y clerical, lo que pareció probar los dos asertos esenciales del discurso socialista: que el PSOE representaba a una izquierda desconocida hasta la fecha y el PP a la tradicional derecha reaccionaria.

Tal discurso, que hizo que millones de españoles vieran en Zapatero al campeón del progresismo, pudo mantenerse, pese al escándalo de las mentiras de la negociación con ETA y al monumental fiasco del Estatuto catalán, durante toda la primera legislatura socialista, como lo demuestra el hecho de que el PSOE hiciera la campaña electoral del 2008 al grito de «¡que viene la derecha!».

Pues bien, el PSOE tenía en el 2008 toda la razón: la derecha -si por derecha entendemos lo que los socialistas entonces denunciaban- vino ¡y de qué forma!... pero no con el PP sino con el Zapatero caído del caballo del progresismo (en realidad habría que decir del populismo) camino del El Dorado electoral de la salida de la crisis.

Pues ha sido Zapatero, y no el PP, quien ha congelado, violando el pacto de Toledo, las remuneraciones del sector más débil de nuestra sociedad (los pensionistas); quien, por primera vez en la historia, ha rebajado los salarios que los empleados públicos habían consolidado tras muchos años de trabajo; quien ha elevado la edad de jubilación hasta convertirla en una de las más altas en Europa; quien ha reformado el mercado laboral, para hacer el despido más barato; quien ha seguido permitiendo que el reparto de la carga fiscal, debido al fraude, sea en España uno de los más injustos de la Europa desarrollada; quien ha hecho todo lo posible, y lo imposible, para desmontar el sector de las cajas de ahorros con el objetivo de entregar ese suculento botín popular a la gran banca; y quien, en ocho años, ha dirigido la que es sin duda la mayor conquista social de su Gobierno: que hayamos pasado de 2.200.000 parados en el año 2004 a 4.7000.000 en el 2010.

¡Menos mal que las elecciones del 2008 las ganó Rodríguez Zapatero! ¡No quiero imaginar qué hubiera sido de nosotros si las hubiera ganado la derecha!

Alejamiento y reinserción
J. M. RUIZ SOROA El Correo 30 Enero 2011

Uno de los argumentos más utilizados por quienes de buena fe critican la política de dispersión de presos terroristas es el que parece derivarse de la aplicación del art. 25-2º de la Constitución al caso. En efecto, puesto que este precepto establece que las penas privativas de libertad «estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social», se arguye que alejar a los presos de su ambiente social y familiar no hace sino dificultar o imposibilitar su reinserción.

A mi modo de ver, quienes así argumentan y opinan, que son muchos, no acaban de derivar todas sus consecuencias del precepto constitucional, ni comprenden adecuadamente y en su sentido finalista lo que implica el principio de reinserción. Interpretan el precepto de una manera literal y simplista: si el preso debe ser retornado a su ambiente social de origen, lo mejor es que esté cerca de ese ambiente, dicen. Alejarlo de ese ambiente y de su propia familia es justo lo contrario de lo que desea la Constitución y por ello sería algo ilegítimo desde su escala de valores.

Sin embargo, el precepto constitucional requiere una exégesis más cuidadosa o ponderada. Cuando pone como meta de la prisión la reeducación y la reinserción social no puede entenderse que tal meta consiste simplemente en reintroducir al penado en su propio ambiente social, el que le rodeaba antes del crimen. Sobre todo, cuando ese ambiente era acusadamente patológico y criminógeno por ser democráticamente anormal. La norma constitucional está pensando, muy por el contrario, en reintroducir al penado en un modelo de sociedad determinado, el modelo constitucional: el que se caracteriza por su respeto a la pluralidad, la tolerancia y los derechos de todos. Es esa sociedad la que el preso debe asumir como 'normal' y deseable para su vida y no la realmente existente en un lugar o ambiente concreto.

Pues bien, para que el preso pueda llegar a asumirla a través del cumplimiento de la condena es probablemente necesario (por lamentable que resulte en el plano humano) aislarlo lo más posible de la sociedad real en que se gestó su identidad criminal si es que en ésta perduran todavía los factores que colaboraron a ello. Si el preso se mantiene bajo el influjo de un ambiente social y familiar que comprende, justifica e incluso alaba como digna o heroica su anterior conducta criminal difícilmente podrá reinsertarse en la otra sociedad, la constitucionalmente querida. La sociedad real (y, por qué no decirlo, la familia real) puede convertirse así en un obstáculo para conseguir que el preso introyecte el valor de la sociedad democrática y se reconstruya como ciudadano.

El alejamiento no puede verse en estos casos, que me temo que son mayoritarios en nuestra sociedad vasca real, como un castigo añadido a la prisión, sino precisamente como una medida que busca poder cumplir con el fin constitucionalmente señalado al castigo: cambiar al delincuente en su actitud ante la sociedad.

Y no cabe mejor demostración de lo anterior que el hecho, todavía frecuente, de que los presos de ETA que terminan su condena sean recibidos pública y familiarmente como héroes o dignos luchadores por la patria. Puesto que ello mismo demuestra que existe en el entorno de tales presos un ambiente social que lejos de facilitar su resocialización adecuada, se mantiene al margen de los valores de una sociedad democrática y funciona como una esfera impermeable de aislamiento axiológico para el preso. Con lo que alejarlos de tal ambiente se convierte no ya en una opción, sino en una obligación de la Administración si quiere dar cumplimiento al precepto constitucional.

Quizás me equivoco, pero así me lo parece.

Investigar hasta el final
Ángeles Pedraza La Razón 30 Enero 201

Presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo

El «caso Faisán» supone uno de los hechos más graves de la historia de la democracia española porque ha desvelado una supuesta filtración sensible a colaboradores de terroristas por parte de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Con un único propósito: evitar dañar un proceso de negociación con una banda terrorista.

Algo lo suficientemente grave como para que la Audiencia Nacional aconsejara en su momento llegar a «un agotamiento –de la investigación– más allá de lo normal o de lo usual». Por tanto, un caso tan flagrante como este debe ser investigado hasta sus últimas consecuencias por parte de cualquier Estado de Derecho que se precie, porque pone en juego la credibilidad del Ejecutivo que entonces estaba en el Gobierno. Más aún, el «caso Faisán» instalará la desconfianza en nuestras instituciones si no se investiga hasta las últimas consecuencias.

Debe investigarse por la dignidad de las víctimas, pero también por la dignidad de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Hay que evitar que se instale la desconfianza sobre la digna labor que los Cuerpos de Seguridad del Estado llevan realizando por el asentamiento y fortalecimiento del Estado de Derecho. El «chivatazo» no puede empañar la impecable tarea que han realizado en pro de la democracia española. Además, debe haber una investigación profunda y llegar hasta los últimos responsables, porque de todos es sabido que un agente de seguridad jamás realiza una acción si no ha recibido su correspondiente orden. Los agentes no actúan jamás de motu proprio, sino en respuesta a órdenes recibidas. Y es aquí donde hay que investigar. Esto es lo que debe salir a la luz.

Las víctimas no hemos cejado ni cejaremos en nuestro empeño por que se esclarezca quién, cuántas veces y por qué filtró informaciones sensibles a colaboradores de ETA. Reclamamos la verdad y la aplicación de la Justicia con todo su rigor. Y exigimos que comiencen a abrirse las puertas que se nos han cerrado de forma reiterada desde el año 2006, cuando decidimos pedir que se investigara el «caso Faisán». Porque si no, de nada sirve que las víctimas se sobrepongan a su dolor, de nada sirve que se movilicen para un Estado más justo y digno. De nada sirve, si las instituciones y las autoridades colaboran mediante subterfugios con los terroristas. El «chivatazo» es, además, un claro ejemplo de que no puede haber un proceso de negociación. Ya lo hubo y fue otra trampa.

Y seguía oliendo a podrido cuando el fiscal, por tercera vez, negó las diligencias de DyJ, que solicitó a la jueza Le Vert una explicación de por qué Francia no intervino en las detenciones y pidió que la Guardia Civil se encargara de la causa, ya que apestaba el hecho de que el equipo de investigación policial no hubiera realizado las investigaciones correctamente. Casi dos años después, el fiscal pide que se investigue ya que un nuevo juez, Pablo Ruz, se lo ha tomado en serio y porque existen tres números de teléfonos del Ministerio del Interior vinculados con el «chivatazo», dato aportado como nueva prueba por Dignidad y Justicia. Sencillamente, por la dignidad que merecen las víctimas de ETA, este caso debe resolverse y algunos trabajaremos hasta el final para ello.

Por la dignidad de las víctimas
Miles de ciudadanos acudieron a la marcha convocada ayer en Bilbao por Gesto por la Paz para exigir el fin de ETA
Daniel Portero La Razón 30 Enero 201

Presidente de la asociación Dignidad y Justicia

Garzón levantó el secreto de la causa del «chivatazo a ETA» en el bar Faisán en octubre y Dignidad y Justicia se puso manos a la obra el día después de que el Ministerio Fiscal anunciara que iba a solicitar el archivo en breve. Sin embargo, Garzón prohibió expresamente a las abogadas de la asociación fotocopiar tomos con más de 8.000 folios, por lo que las letradas tomaron todas las notas a mano, ya que el magistrado amenazó con tomar medidas legales contra quien hiciese lo contrario.

Muy indignante fue que tanto el juez como el fiscal, sin haber visionado la cinta grabada del chivatazo, solicitaran la conclusión de la investigación. Olía a podrido y era necesario que el investigador del «chivatazo», Carlos G., explicara por qué existían cortes de varios minutos poco antes de producirse el «chivatazo» al etarra que se salvó de ser detenido el 4 de mayo de 2006.

El día del visionado de la cinta, una abogada de Dignidad y Justicia pudo ver cómo el policía del equipo investigador de Carlos G. se puso muy nervioso al ver los cortes en la cinta y llegó a reconocer a la letrada que él se atrevería a saber cómo y quién podría haber realizado tal manipulación de la prueba más importante de la causa judicial. El superior del policía lo llamó para irse a fumar un cigarrillo y, cuando declaró sobre tales hechos, negó tal manipulación.

Peligro para todo el mundo
Editorial www.gaceta.es 30 Enero 2011

Ha llegado la hora del reformismo y la democracia para la sociedad árabe.

Los sucesos de Egipto son prácticamente una repetición agravada de los sucesos de Túnez en su fenomenología, por ahora también en su desenlace y, de manera muy especial por revelar los acentuados síntomas de la enfermedad desde tiempo inmemorial padecida por la sociedad árabe y que ha acabado por estallar a manos de los jóvenes mas desfavorecidos y las clases medias empobrecidas.

Es posible que los regímenes de otros países como Marruecos, Argelia, Libia, Jordania, etc., adopten medidas precautorias para evitar el contagio de las revueltas y reprimirlas eventualmente, pero ninguno de ellos tendrá la capacidad suficiente para poner diques a esta ola espontánea y frenética en contra de las satrapías y las cleptocracias, de acallar ese clamor generalizado a favor de la libertad, la democracia y el progreso. Nadie puede declararse ajeno a lo que ocurre ni en el norte de África ni en Oriente Medio.

Más tarde de lo deseado y de manera dramática, efectivamente los sucesos ponen de manifiesto el pésimo estado político y social en que se encuentra una sociedad que no ofrece futuro a la mayoría de su juventud y que mantiene en los altos círculos de la política y la economía unas élites depredadoras y desenfadadas que prefieren mirar hacia París y Londres, apenas a los barrios miserables no tan alejados de sus mansiones. Para la sociedad árabe habría sonado, esperemos, la hora del reformismo, la modernidad y la democracia, en una cita a la que mejor no seguir llegando tarde o no acudiendo, porque el subdesarrollo humano y la falta de participación política y de democracia efectiva que se extiende de uno a otro lado del Mediterráneo sur han acabado por cerrar para la mayoría de la población su horizonte vital, por hacer de su vida algo insoportable que sólo tiene remedio, si es que lo tiene, en la desesperación, en la mezquita para rezar o la patera para huir.

En la mayor parte de estos países se asistía desde hace algún tiempo a la aparición de peligrosos signos de involución, el más denunciado y el de efectos más perniciosos y letales, que reivindica como único remedio espiritual y político aferrarse a formas extremas de religiosidad, a reconducir todo al islam, lo que ha desembocado en un fundamentalismo excluyente y agresivo, ajeno a cualquier tolerancia y en el que ocasionalmente se recurre a la violencia terrorista. Tal peligro sigue sin ser desechable en modo alguno, incluso puede que se recrudezca al aire de esta revuelta árabe, al carecer esos países de partidos organizados debidamente y de una oposición política operativa. A su desaparición o debilitamiento precisamente han contribuido sobremanera los mismos regímenes políticos, creando ese vacío que ahora se descubre y causa numerosas incertidumbres sobre lo que vendrá después de la misma revuelta. Desencadenada por jóvenes, puede ser aprovechada por fanáticos religiosos.

Por parte occidental es muy necesaria una atención detalladísima en la evolución de los acontecimientos, que no puede trasladarse sino en el apoyo incondicionado a las reformas, los derechos humanos y la democracia en los países concernidos. Hasta ahora la mayor parte de los países árabes, Túnez y Egipto de manera muy especial, colaboraban estrechamente con Occidente y favorecían sus intereses en cuanto a suministros energéticos, acciones contra el terrorismo, la emigración ilegal, el narcotráfico, etc., recibiendo a cambio una importantísima ayuda militar y civil; también una mirada tolerante sobre todos esos excesos e injusticias que ahora salen a la luz en las calles árabes. Si las aspiraciones no se satisfacen, si Occidente no hace autocrítica y cambia de actitud, si el mundo árabe no es ayudado a modernizarse y a hacerse más justo y prometedor, las consecuencias, todavía en gestación, serán enormemente perjudiciales para Oriente y Occidente

Egipto traza un futuro incierto
Occidente no puede seguir legitimando, sin más consecuencias, a tantos dirigentes que ignoran las aspiraciones de sus gobernados
Editorial ABC 30 Enero 2011

CON independencia del desenlace del formidable pulso entre la sociedad egipcia y Hosni Mubarak, nada será igual en el mundo árabe y musulmán después de la revolución de los jazmines en Túnez. Tampoco a Occidente le será posible seguir mirando con la misma doctrina utilitarista hacia esta parte del mundo, legitimando sin más consecuencias la gestión de tantos dirigentes que ignoran completamente las aspiraciones de sus gobernados. En Egipto hoy, y mañana en los países donde ya es previsible que puedan seguir encadenándose estas revueltas populares, habrá que elegir entre el continuismo totalitario o, por el contrario, asumir la pretensión de los sublevados confiando en que todo conduzca hacia procesos sinceros de apertura democrática.

En Egipto está en juego mucho más que la continuidad o la salida del país de un presidente que ha monopolizado el poder durante treinta años y cuya máxima aspiración era transferirlo a su hijo. Egipto es sin duda el país que en estos momentos puede ejercer una mayor influencia en todo el mundo musulmán, infinitamente más que el minúsculo Túnez. Probablemente ha sido la conciencia de lo que representa su país lo que ha llevado al propio Mubarak a cimentar su régimen en la tarea de preservar esa estabilidad por la que tanto le han recompensado Estados Unidos, Europa y, naturalmente, el vecino Israel, que tiene razones sobradas para la inquietud.

A los que se juegan la vida en las manifestaciones esa estabilidad no les importa gran cosa. Protestan contra una sociedad que creen —con razón— anquilosada, caduca e incapaz de responder a sus crecientes demandas, aceleradas por un aumento de la formación académica y también por la irrupción de las nuevas reglas de comunicación, algo que se repite en casi todos los países de la región, desde Marruecos hasta Arabia Saudí o Irán. Tal vez el propio Mubarak pensaba que un proceso de reformas demasiado rápido conduciría al colapso que conoció el Sha de Persia, a quien acogió en el exilio. Pero también a muchos analistas se les reaparece el espectro de Argelia, donde la apertura democrática dio paso al horror del extremismo religioso y Occidente se quedó mudo cuando el Ejército aplastó al partido islámico ganador de las primeras elecciones democráticas. Los riesgos son muchos cuando es el futuro y la estabilidad de una parte muy sensible del mundo lo que se juega en unas revueltas.

Revolución árabe
Los tunecinos necesitaron un mes para tumbar el régimen. A los egipcios les encantaría romper ese recórd
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo 30 Enero 2011

HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE CONTEMPORÁNEO

Hosni Mubarak, amo y señor de Egipto, debería tener miedo. Y no le faltan buenas razones pues Egipto está al borde de la revolución. Sobre el papel, la economía egipcia ha ido oscilando según las coyunturas: bastante próspera durante el periodo 2005-2008 y deteriorándose luego al compás de la crisis mundial. En la práctica, la población ha vivido siempre igual de mal, con tendencia clara a ir empeorando su situación. Casi la mitad de los egipcios viven con menos 60 euros al mes, mientras el país sufre una superinflación del 50%, bastante más en algunos productos básicos.

El Estado intenta contener el malestar social subvencionando los productos básicos, pero gran parte de la economía egipcia es rentista: turismo, petróleo, canal de Suez y remesas de dinero de los emigrantes egipcios en el golfo Pérsico. El deterioro simultáneo de estas cuatro fuentes de ingresos hace que más egipcios necesiten subvenciones para sobrevivir, pero el Gobierno se ve en problemas para cubrir semejante gasto.

El factor decisivo en la crisis egipcia es el ejemplo que les ha dado Túnez. Los egipcios lleven décadas considerándose los líderes naturales del mundo árabe. Es un sentimiento que Nasser supo aprovechar, pero que ya existía antes de que tomase el poder. Por lo tanto, si un país pequeñajo como Túnez ha logrado derribar a su déspota ¡los egipcios también podrán! Lo único que hay que hacer es perseverar, y los egipcios parecen muy dispuestos a hacerlo.

Para los déspotas, lo más aterrador de las revoluciones es que estallan de manera tan imprevisible como un relámpago en un cielo sin nubes. Túnez parecía el país mas estable del mundo árabe ¿Quién hubiera podido imaginar hace tres meses que su gobierno estaba a punto de hundirse? En octubre de este año, Mubarak cumpliría 30 años en el poder, pero ¿logrará mantenerse hasta entonces en la poltrona? Por primera vez, parece dudoso. Mientras tanto estallan también protestas en Marruecos o Yemen Túnez, Egipto, Marruecos y Yemen son países muy diferentes en extensión, población, recursos, estructura económica, etc, pero son comparables en lo básico: Despotismos corruptos dirigidos por un clan familiar. El octogenario Mubarak está preparando el terreno para nombrar sucesor a su hijo, convirtiendo así a Egipto en una monarquía de facto, igual que Siria. Por lo tanto los 82 millones de egipcios están acorralados: o se resignan a convertirse en propiedad particular de la dinastía Mubarak, o arriesgan sus vidas echándose a la calle, sin la menor certeza de que sus compatriotas vayan a apoyarles cuando lleguen los guardias para partirles la cara o incluso matarles.

Esta incertidumbre es una de las razones de que las revoluciones sean tan poco frecuentes. Incluso cuando el descontento está universalmente extendido, gran parte de la población suele mantenerse pasiva por indolencia, miedo a las represalias, miedo a que venga algo todavía peor, o sencillamente por falta de fe en el triunfo. Sin embargo llega un momento en que las masas exasperadas prescinden de cualquier calculo racional y se lanzan a la protesta. Entonces se demuestra de nuevo que el pueblo, unido, no puede ser vencido. No es solo un eslogan melodramático para manifestaciones o discursos. Es una verdad literal. Todo poder político no es más que una ilusión consensuada. La represión solo es eficaz cuando las protestas están limitadas a pequeños sectores de la población.

En teoría, si la cúpula dirigente permanece unida, si dispone de un músculo represivo poderoso y si además esta dispuesta a usarlo con toda la brutalidad necesaria, una dictadura puede mantenerse indefinidamente en el poder contra la voluntad unánime de toda la nación. En la practica, llega un momento en el que los policías y los soldados comienzan a desertar o sencillamente se niegan a disparar sobre una multitud donde están sus parientes y amigos. También puede suceder que la multitud empiece a conseguir armas y acabe arrollando a las fuerzas del gobierno por la pura fuerza del número.

Por el momento Mubarak está siguiendo los pasos de Ben Ali: afirma que lamenta las víctimas que él mismo ha causado -una treintena de muertos y más de mil heridos solo este viernes- anuncia nuevas libertades para los ciudadanos, reformas económicas, cambios de gobierno, etc. Pero a la vez incrementa la represión: decreta el toque de queda, arresta a los lideres opositores y bloquea Internet y los teléfonos móviles. En Túnez, los móviles e Internet fueron herramientas eficaces de las protestas, pero los intentos del gobierno para controlarlos solo sirvieron para estimular la rebelión. Mas aún: a través de Internet y Wikileaks, los tunecinos descubrieron los informes de la embajada norteamericanas que describían con todo detalle la corrupción y los abusos de Ben Ali y su entorno. ¿Alguien cree que los egipcios no se han leído los informes de Wikileaks sobre su país?

Mientras tanto los egipcios violan en masa el toque de queda decretado por el gobierno, y con cierto sentido práctico se esfuerzan en confraternizar con las tropas que deberían estar masacrándoles por violar el toque de queda pero que no lo están haciendo. ¡Y esas tropas son la Guardia Presidencial del propio Mubarak! Las multitudes furiosas incendian las sedes del partido gubernamental, pero a la vez se congregan en torno al museo de El Cairo para asegurar su protección hasta que llegue el ejército.

Los tunecinos necesitaron un mes de protestas para lograr la caída del régimen. A los egipcios les encantaría romper ese recórd y parecen bien encaminados para lograrlo. Pero Mubarak ya ha declarado que no piensa dimitir. La partida no está decidida aun.

Egipto, reformas o caos
* El Editorial La Razón 30 Enero 2011

La revuelta de los egipcios contra el régimen de Mubarak, que desde hace 30 años rige con mano de hierro los destinos del país, tiene en vilo a las potencias occidentales y atemorizado al mundo musulmán. Lo que suceda en este país de 80 millones de habitantes, pieza clave en Oriente Medio, tendrá una influencia decisiva en la cuenca sur del Mediterráneo y en los países islámicos.

El incendio provocado por la chispa tunecina se ha propagado a unas sociedades sedientas de libertad y hambrientas de justicia. Con mayor o menor intensidad, a casi todas las naciones árabes están llegando las llamaradas de la ira popular, incluso a la franja de Gaza, que gobierna el grupo terrorista Hamas.

Pero es en Egipto donde esta revolución espontánea se juega su éxito o su fracaso como modelo a imitar. No será fácil que el régimen de Mubarak, que hace pocas semanas consumó otra farsa electoral para perpetuarse en el poder, sea barrido con la misma facilidad que lo fue el tunecino de Ben Ali. Los resortes del mandatario egipcio, que controla muy estrechamente al Ejército, y la poderosa amenaza del radicalismo islámico son las dos bazas que habitualmente ha jugado Mubarak para garantizarse el apoyo de Estados Unidos y de Europa. Y las seguirá jugando hasta el último minuto. Eso no quiere decir que el régimen permanezca inmutable. Al contrario, presionado ya abiertamente por Obama, no le queda otra salida que comprometerse con un plan de reformas profundas para garantizar las libertades, de modo que el Parlamento refleje todas las tendencias políticas, combatir la corrupción y realizar una mejor distribución de las rentas. A partir de ahí, es muy probable que el modelo egipcio pueda trasladarse a otros países del entorno con graves déficits democráticos.

A diferencia de otros estallidos populares provocados por la carestía de los alimentos básicos, ésta es una revuelta también por los derechos humanos, que en sentido estricto no se inició en Túnez, sino en Teherán hace ya varios meses. Sus protagonistas e inspiradores no son los grupos radicales islámicos ni las masas desarrapadas, sino jóvenes urbanos con cierta formación escolar, y hasta universitaria, que han sembrado su descontento por encima de las fronteras gracias a internet, las redes sociales y los móviles. No en vano, la primera medida represiva que tomaron los ayatolás de Irán y ahora Mubarak fue cortocircuitar internet y los teléfonos.

Asistimos, por tanto, a una convulsión por la libertad que difícilmente se podrá encadenar recurriendo a los tanques o manipular mediante las televisiones oficiales que ya nadie ve. Desde Marruecos hasta Siria, pasando por Irán y Arabia Saudí, el mundo islámico se enfrenta a su propio destino de transformar sus dictaduras para que sus habitantes pasen de súbditos a ciudadanos. Ésta será, sin duda, la más importante revolución del siglo que empieza, pero estará sembrada de graves peligros, el primero de los cuales es que el fanatismo islámico la capitalice para imponer su doctrina totalitaria y sembrar el terror, como así sucedió con la revolución de Jomeini. De ahí que en Egipto cobre especial relevancia el papel que puedan jugar los Hermanos Musulmanes, cuya utopía política es imponer la «sharia» o ley islámica.

Consuelo Sáizar: «México debe de ser una de las plataformas del español»
Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México
MADRID ABC 30 Enero 2011

Consuelo Sáizar es una gran apasionada de España. «Vengo casi todos los años a Liber», confiesa algo sorprendida por el frío y la lluvia que la ha recibido en esta nueva visita a Madrid. Editora y ex directora del Fondo de Cultura Económica, desde 2009 preside el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Conaculta), máximo organismo encargado de coordinar las políticas y las diversas instituciones culturales y artísticas, así como de promover y apoyar sus actividades tanto dentro como fuera del país azteca. Una institución que tiene un reto inmediato que afrontar. «Al presidente Felipe Calderón lo que le importa de una manera decidida es plantear el proyecto cultural mexicano para el siglo XXI».

Un ambicioso plan que se debate entre la tradición y el futuro: «Si debemos invertir en una librería de ladrillo o digitalizar y poner los contenidos en una web para su venta y consumo de los lectores». Pero, para Sáizar, que mañana clausurará en Madrid la exposición «La pintura de los reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico», que se ha podido ver en el Palacio Real y el Museo del Prado y que ahora viajará a México, la línea de trabajo es clara: «La llegada del libro electrónico no va a terminar con los de papel, pero sí amenaza de manera muy seria a las bibliotecas. Por eso hemos emprendido un ambicioso proyecto para resguardar las grandes bibliotecas del siglo XX en un edificio emblemático, la Ciudadela, que está en DF. Si no las preservamos, en una década habrán desaparecido». Una forma de conservar, «para los jóvenes generaciones», la visión histórica de los grandes pensadores mexicanos.

Otro punto muy importante en la política cultural de Calderón es «hacer valer que México es el país con mayor número de hispanohablantes (más de 110 millones), y proponernos con toda claridad ser una de las plataformas intelectuales del español. Lo cierto es que España ha hecho un trabajo ejemplar a finales del siglo XX a través del Instituto Cervantes, pero nosotros somos muy conscientes de la enorme responsabilidad que tenemos ahora, especialmente con la comunidad de Estados Unidos. Uno de nuestros propósitos es hacer del español un idioma de cultura allí, porque es un idioma que se habla, pero ni se lee ni se escribe», subraya. El tercer pilar de este proyecto, añade Sáizar, «es desarrollar una política cultural mucho más cercana a la sociedad».

Fortaleza cultural
En cuanto a si la cultura puede contribuir a cambiar la imagen de un país, protagonista involuntario en los medios de comunicación a causa de la violencia, la presidenta de Conculta está convencida de que sí.«La cultura es lo mejor que tiene México. Ahora estamos celebrando que la película “Biutiful” ha sido seleccionada para los Oscar —el cine mexicano está viviendo una etapa de oro—. También esta misma mañana leía que un mexicano ganó uno de los premios literarios de Casa de España; el año pasado José Emilio Pacheco recibió el premio Cervantes... No podemos olvidar que México tiene la feria del libro, en español, más importante del mundo, y también uno de los festivales de teatro y música más importantes, el Cervantino. Somos uno de cinco países con mayor patrimonio cultural. Y, en mi opinión, el mejor teatro del idioma se está realizando en México. Su fortaleza cultural es enorme, y esto puede permear lo demás».

Sáizar ha aprovechado su visita a nuestro país para entrevistarse con la ministra de Cultura española, Ángeles González-Sinde, con la que ha intercambiado «algunas experiencias». Sobre uno de los grandes problemas que comparten ambos países, la piratería, Sáizar afirma que es un tema que, en México, depende más de la Secretaria de Educación, «pero por supuesto estamos muy atentos a cómo lo está tratando España. Si bien es un problema muy serio, se ha podido manejar con eficiencia y estamos muy pendientes del caso español».


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La página del editor
Ladrones de almas
“La izquierda ha convertido la educación pública en un sistema de adoctrinamiento para crear ciudadanos acríticos”.
Julio Ariza www.gaceta.es 30 Enero 2011

Es imprescindible que Educación para la Ciudadanía supere la confusión que hay, desde sectores católicos extremistas, de que el tema de la educación es cosa de los padres” (Gregorio Peces-Barba).

En su obsesión multisecular de fabricar el Hombre Nuevo, la izquierda ha convertido la educación pública en un sistema de adoctrinamiento para crear ciudadanos acríticos, dóciles y obedientes al poder político.

Si la frase anterior suena escandalosa e intolerable a oídos del lector, es precisamente porque la educación pública funciona, al menos en el sentido deseado por el Gobierno. Pero no pedimos que crea, sin más, una declaración tan tajante ni pretendemos que toda educación pública tenga, necesariamente, que ser así.

En la conciencia popular, el derecho a la educación, como el derecho a la salud, es un logro social irrenunciable, y lo único que pretende el Estado sería garantizar que el conjunto de la ciudadanía tenga acceso a una formación científica, técnica y cultural de calidad que fomente la prosperidad económica y el desarrollo integral de la persona y construya un pueblo más libre.

En ese sentido, confirmar el fracaso de nuestra política educativa no requiere demasiado esfuerzo. El último informe PISA que elabora la OCDE sitúa a España en el vagón de cola: puesto 26 de 34. El suspenso de nuestro sistema ha animado a los sospechosos habituales a reivindicar su receta universal: más fondos para Educación. Pero, curiosamente, el mismo informe confirma que no existe una correlación entre gasto por alumno y éxito académico. Es decir, el despilfarro es una opción, hay mil maneras de usar mal el dinero y nuestro Gobierno es especialista en eso.

Pero si ese fuera el verdadero objetivo de la educación pública, el Estado sería el primero en incentivar y promover alternativas por las que se inclina una gran proporción de ciudadanos, que resultan menos gravosas para las ya insostenibles cuentas públicas y que, para colmo de bienes, arroja mejores resultados académicos año tras año, como el lector puede fácilmente comprobar.
Manipuladores siniestros

Durante años nos han obligado a aceptar el dogma de la justicia social recreada en la implantación de la enseñanza publica. Otra mentira más de los manipuladores siniestros que va a ser desmontada gracias a la crisis, la enseñanza pública debe ser subsidiaria de la iniciativa privada.

Sin embargo, esto es lo contrario de lo que sucede. Las autoridades escolares conceden a regañadientes conciertos educativos con instituciones privadas como señores feudales otorgando un raro privilegio –pese a que el coste de la plaza por alumno y año en un colegio concertado es de 2.742 euros, frente a los 4.378 en un colegio público– y condicionándolo a todo tipo de imposiciones ideológicas, y ni siquiera contempla alternativas aún más democráticas como el cheque escolar. El citado informe PISA, por lo demás, demuestra que los niños de la enseñanza privada y concertada obtienen mejores resultados que los de la pública.

Hagan las cuentas y comprobarán que el ahorro de la reconversión de una gran parte de la enseñanza pública por privada sería suficiente para no tener que modificar el sistema de pensiones. Y si es así, ¿qué oscuros motivos impiden que comience a plantearse?

El argumento falaz es que, sin una educación pública omnímoda, se rompería el principio de igualdad, dando a unos ciudadanos una ventaja injusta sobre otros. La falacia resulta risible. Precisamente, cuanto más difícil es el concierto y mayor el control que el estamento político –irresponsable, burocratizado y mediocre en medios y resultados–, mayor es también la ventaja educativa de los padres con rentas más altas, que siempre podrán enviar a sus hijos a colegios privados.

El cheque escolar, particularmente, respeta ese principio de igualdad, ya que sería de una cuantía idéntica para cada alumno. El Estado estaría garantizando la educación de los ciudadanos con independencia de su renta, pero añadiría un componente de libertad de elección que, a lo que parece, nuestros gobernantes sólo aprecian cuando se trata de niñas de 16 años que quieren abortar o cónyuges que desean romper el contrato matrimonial de hoy para mañana.

La base de la democracia es que el hombre común es dueño de su destino y, por tanto, colectivamente, responsable del gobierno de la res publica. Es, por tanto, un absurdo suponer que el ciudadano está capacitado para elegir a sus gobernantes, pero no para decidir la educación de sus propios hijos.
Ingeniería social

Lo alarmante es que nada en este esquema es casual o imprevisto. Como dejan claro las palabras del socialista Peces-Barba que encabezan este artículo, los socialistas niegan a los padres la transmisión de su propia visión del mundo y la sociedad a sus hijos y la consideran exclusivo monopolio del Estado, es decir, de la élite progresista empeñada en alterar la naturaleza humana y abolir milenios de historia a través de operaciones de ingeniería social. Y el modo más eficaz de lograrlo es mediante la educación. “Dadme los ocho primeros años de una persona y podéis quedaros con lo demás”, dice la sabia máxima de los jesuitas que el ex devoto católico pretende imponer. “Consideramos que la garantía de respeto a la pluralidad de opciones ideológicas, filosóficas y éticas que puedan ser libremente asumidas por la conciencia de los ciudadanos, sin restricciones de ningún tipo para la libre expresión de las demás, sin limitaciones para el ejercicio del derecho a la crítica o a la apostasía, y sin imposiciones por parte de ninguna comunidad cultural o familiar sobre la conciencia individual –especialmente, de los jóvenes menores de edad– y su permanente derecho a la libertad son la garantía del ejercicio real del derecho al espacio público”.

Este es el punto octavo del plan para arrebatar a los padres el derecho a decidir la educación de sus hijos. La hoja de ruta trazada desde hace tiempo, como dejó claro en julio de 2002 el Manifiesto de Barcelona, coordinado por la Fundació Ferrer i Guardia (llamada así en honor al anarquista inspirador del atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII), firmado por ilustres políticos como el ex presidente de la Generalitat catalana, Pasqual Maragall, los eurodiputados Josep Borrell y Raimon Obiols, o el mismo líder de ERC, José Luis Carod Rovira, responde a una inaceptable concepción totalitaria, con un tufo masónico de fondo que produce escalofríos. Léanlo bien, y no lo olviden, “sin imposiciones de ninguna comunidad social o familiar sobre la conciencia de los menores”, trazan así el camino seguro para la aniquilación del hombre. Es el ser para la nada de Sartre, la pasión inútil.
Creer en algo

Hablar de educación neutral es una contradicción en los términos. El ser humano necesita ser presentado al mundo, en esto consiste la educación. Las matemáticas, las geografía, la física no son el contenido de la educación; lo es la transmisión de unos valores, de una concepción del mundo o de la vida, la distinción de lo que está bien y lo que está mal.

Como recordaba Chesterton, lo único que no puede rehuir la educación es el dogma, y que un maestro que no es dogmático no enseña. Hay que creer en algo para transmitirlo, y la pretensión de neutralidad que afecta el Gobierno es tan transparentemente falsa que cualquiera, con una reflexión de apenas unos segundos, puede elaborar una lista con los dogmas que la élite progresista nos impone machaconamente a todas horas.

La batalla por la educación es la batalla por el alma del hombre y, como consecuencia, la batalla por la civilización. Hannah Arendt observó en una ocasión que nuestra civilización es visitada por los bárbaros en cada generación, nuestros hijos. La transmisión de lo que somos y lo que creemos es lo que permite que se mantenga esa trama de valores, conocimientos y actitudes que llamamos civilización. Pero puede borrarse de un plumazo, como han demostrado regímenes como el maoísta en China, y como está empezando a suceder en nuestro propio mundo.

John Dewey, padre de la actual educación pública norteamericana, declaraba cándidamente las mismas intenciones que están detrás del adoctrinamiento que quieren imponer nuestros gobernantes al declarar que “la gente independiente y autónoma es un anacronismo contraproductivo en la sociedad colectiva del futuro”.

En nuestras manos está que los ciudadanos, que se dicen dueños de su destino político, lo sean también de una tarea más trascendental y sagrada: la educación de sus propios hijos. Permitir a cuatro desaprensivos que nos arrebaten el alma de nuestros niños significa renunciar a lo más profundo de nuestra dignidad humana, y desde luego algunos no lo vamos a tolerar.

Más sobre la ultraderecha
Carlos Dávila www.gaceta.es 30 Enero 201

Les sigo hablando, domingo sobre domingo, de cómo se las gastan los izquierdistas radicales con todos los que no comulgan, porque no les da la gana, con ellos. Lean: un separatista catalán, muy ciertamente ligado a la Masonería más intransigente, diputado que ha sido durante años en el Parlamento español del que ha cobrado sustanciosa nómina, dietas cada vez que ha viajado representando a nuestras Cortes y una pensión que va a percibir mientras viva, muy por encima de lo recibido por cualquier jubilado del país, se ha distinguido siempre por sus acerbas diatribas, rayanas en la acción judicial, al Partido Popular. Retrato sólo una de ellas: “La supremacía lingüística que promueve el PP es un genocidio cultural”.

Dice esto quien ha patrocinado desde su agónico y residual partido, la Esquerra Republicana de Cataluña, la persecución, multa incluida, de todos aquellos, sobre todo los tenderos del Principado, que se han atrevido a rotular sus negocios en nuestro idioma oficial: el español. Por su lado, el eficaz (denominación clásica) cómico Buenafuente en su programa en La Sexta, cadena de televisión patrocinada y autorizada por Zapatero, se suele mofar con desigual fortuna (él se piensa gracioso pero tiene el sentido del humor residenciado en el tafanario) de la Iglesia católica en general y del papa Benedicto XVI en particular. Tampoco deja siquiera en paz al mismo Dios. Lean esta perla cultivada salida de su enorme ingenio: “Jesucristo dijo: esto me lo ponéis en un edificio muy grande y a tope de oro”. Claro está que, al lado de otra representante de la izquierda cultural del país, la ignominia de Buenafuente se queda corta. Almudena Grandes, penosa escritora y deleznable mujer, escribió así en El País: “¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y –¡mmm!– sudorosos?”. ¿De quién estaba hablando la tal sufragista? Pues nada menos que de una reciente santa, de la madre Maravillas.

La “confrontación”
Cada vez que para el PSOE se acercan unas elecciones comprometidas, la que siempre se llamó “factoría Rubalcaba” pone en marcha su deleznable maquinaria. Como en 1996 y el celebre asesino dóberman que se inventó el ahora vicepresidente. Aquella vez no le salió del todo mal la treta a Ru-balcaba, por eso nuevamente a la vuelta del verano de 2010 volvió a repetirla, contando, claro está, con dos poderosos grupos mediáticos del oficialismo zapateril: el del hipermillonario de izquierda radical (ahí me paro) Roures y el agónico de Prisa.

Términos como “cornetas del Apocalipsis” o “caverna mediática” han hecho fortuna en este país para agrupar a periodistas que, sencillamente, no piensan como ellos y creen que lo que ha conseguido siete años de Administración socialista es sumir a España en una cuádruple crisis: institucional, territorial, económica y social. A los componentes de la tal “caverna” se nos achacan exactamente los deméritos y las taras que padecen, muy ampliamente, los miembros de esa izquierda radical (ahí me paro) que pretenden permanecer en el país sin que nadie les haga sombra, sin que elemento alguno se atreva a denunciar ese gen destructivo que se encierra en todas y cada una de las células políticas de Zapatero.

Esa política de confrontación, que desde el primer minuto de su llegada a La Moncloa ha manejado Zapatero, naturalmente que ha logrado sus frutos, de tal forma que hoy la sociedad española está aún más dividida que en los últimos años del tardofranquismo.

La intención del que ha sido líder de este socialismo de choque de marginar y, aún más, acosar a cualquier vestigio
de oposición ha conseguido sin embargo una tibia reacción de la propia comunidad nacional. Curiosamente, la tensión o la llamada crispación, como quieran, no alimenta lo mismo las arterias de la capital de España que las de las provincias de lo que todavía es una Nación. En las regiones mesetarias, montañosas, marítimas o periféricas, lo que se percibe es un estado de hibernación sumiso, apabullante, de tal modo que los ciudadanos, según parece, ya han renunciado a que esto tenga remedio, a que se pueda hacer otra cosa que protestar en cenas familiares o en saraos de restaurante.

Esta es la España del “¿cómo es posible esto?”, “¿cómo es posible que se prohíba todo lo que siempre ha sido permitido?” o “¿cómo es posible que el Estado anuncieun modelo de censura informativa en pleno siglo XXI?”. Es esta también la España del “a ver si alguien te está escuchando” o del “hijo mío, no te signifiques”.
Nuestra caverna

La denuncia de todo esto coloca al atrevido inmediatamente en la jaula de la ultraderecha, un gueto que se constituye, como todos, desde fuera, para así mejor apedrear a los internados. Se trata de sacarnos a todos de la pista, empujando cuanto haga falta y ¡ay de ti si te resistes!; si te resistes, entonces es que estás en la lucha fascista, vas contra el orden democrático que ellos establecen y en el cual naturalmente no caben más que los elegidos; ellos. La última imputación es la de derribar las autonomías, el sistema que nació confusamente de la Constitución y que una treintena de años después representa un auténtico problema nacional. Decir algo como esto es síntoma de pertenencia inequívoca al ultraísmo más rancio, es la muestra más patente de que la caverna intenta dinamitar el sistema democrático. Acompañan denuncias como estas a otras tanto o más preocupantes, por ejemplo, la de ser los llamados cornetas, enemigos públicos de la Monarquía, sujetos indeseables que quieren cargársela y no para sustituirla por un modelo republicano, ¡ca!, sencillamente para reinstaurar el totalitarismo.

Este es el discurso de la izquierda radical española, temerosa de que vuelva a ganar alguien que no sea ella y empeñada, en consecuencia, en evitarlo por todos los medios. Su concepto es nítido: se basa en su falaz superioridad moral y en la certeza de que cualquier triunfo de un partido que no les represente adecuadamente es un hurto, es la voladura de su propia democracia, y en consecuencia, hay que impedir “como sea” ese triunfo. Nuestra historia está llena de ejemplos que acreditan este aserto: ¿o hace falta recordar lo que hizo el PSOE de Largo Caballero?, ¿hace falta que los desmemoriados –algunos de derechas tan torpes que creen que a ellos sí que se les va a perdonar– sepan que la izquierda violentó por dos veces el resultado de las elecciones durante la República? Pues sí: hace falta recordarlo. Este es un país en el que la derecha padece un singular complejo: el de legitimidad de origen como los vinos en cartón o el pan prefabricado. Parece que está repetidamente en situación de hacerse disculpar incluso por existir. La peor herencia que dejó Franco a la derecha fue precisamente
esta: la de considerarse inferior, intelectual y democráticamente.

Esto es lo que hay
Para concluir: a menudo se confunde la rotundidad, el vigor o la claridad con la inmoderación política. También con lo que se llama el sosiego, una virtud, si es que lo es, que puede consistir en ser fiel a la corrección política. Nada más lejos de mi intención. Una vez, un amigo gaditano me dio sin quererlo –lo verán– una lección de cómo hay que comportarse en las situaciones más comprometidas. Paseaba por la calle más concurrida de la ciudad abrazado a una novia ocasional y se topó, de bruces, con su legítima esposa. Sin pestañear, sin perder la color, abrió los brazos y dijo pasmosamente: “Esto es lo que hay”. Pues bien, esto es lo que hay: que a la izquierda radical, tantas veces violenta a lo largo de nuestra historia, le resulte intransitable el acopio de unos principios liberales de los que personalmente me he nutrido toda la vida me trae exactamente por una higa. Quede patente.

ETA en quiebra
FERNANDO SAVATER El Correo 30 Enero 201

Si de lo que se trataba fuese nada más que de acabar con la violencia terrorista, la verdad es que siempre hemos tenido la solución a nuestro alcance: bastaría con haberle dado la razón a ETA. Si hace quince o veinte años todos los vascos hubiésemos votado obedientemente en las elecciones a Herri Batasuna, Batasuna o como le tocara entonces llamarse y luego hubiéramos cumplido igual de obedientemente su programa, seguro que nos habríamos ahorrado muchos asesinatos, extorsiones y demás disgustos. ETA lo que quiere es imponer su ideario: si lo hubiéramos aceptado, se hubiese disuelto tan contenta� eso sí, después de un par de desfiles de la victoria por calles céntricas de nuestras capitales.

Pero precisamente luchamos contra la banda y resistimos su amenaza porque no queríamos -ni queremos, claro- aceptar su programa y su ideario. Si sus ideas hubieran sido aceptadas por la mayoría, la violencia habría acabado hace mucho. El terrorismo ha continuado todos estos años porque no todos nos hemos dejado aterrorizar hasta dar resignadamente la razón a quien nos parece que no la tiene y además pretende quitarnos por la fuerza la que nosotros tenemos. De modo que lo importante -conviene ahora recordarlo- es no solo que cese de una vez el terrorismo etarra sino sobre todo que cese pero que a la vez su programa político y su ideología sean inequívocamente rechazados.

¿En qué consiste esa ideología contra la que hemos luchado? Fundamentalmente en dos aspectos: exigir la independencia de Euskadi no como un proyecto político entre otros sino como un derecho irrenunciable, y deslegitimar todas las instituciones democráticas españolas -válidas también para el País Vasco, claro, como parte de España que es- como imposiciones dictatoriales que tienen que ser suspendidas de inmediato para acordar otras entre los nacionalistas. O sea, la independencia como derecho de unos y obligación para todos, junto a la abolición del peso institucional del Estado español (y supongo que también del francés, aunque los modos violentos los hayamos padecido sobre todo en esta parte de la 'muga', como castigo por ser más autonomistas en todos los sentidos que los franceses).

Debe quedar perfectamente claro, pues, que la paz no será el resultado de una conferencia política entre iguales sino la aceptación por parte de los terroristas de que deben cesar toda violencia y entregar las armas, además de aceptar las instituciones de la democracia española actual y asumir que su proyecto independentista es eso, un proyecto político que deben defender parlamentariamente de acuerdo con las reglas vigentes, no un derecho inalienable a reivindicar por las buenas o las malas.

Comprendo que todo esto ya es de sobra sabido y me excuso ante los lectores por repetirlo. Pero es que ahora a algunos les han entrado las prisas y censuran a los demás por no moverse en la dirección que ellos quieren y a paso ligero. Si ETA ya dice que está dispuesta al alto el fuego y la violencia parece acabarse... ¿qué mas quieren? Pues lo queremos todo y por su orden: la renuncia militar y la renuncia a la exigencia política. No hemos combatido al terrorismo para otra cosa ni como es natural, con todo lo sufrido, ahora vamos a conformarnos con menos� convenga a quien convenga. Si quienes hasta ahora han apoyado la violencia totalitaria y todavía no la han condenado, que sepamos, pretenden ingresar en la democracia que todavía no se han dignado estrenar, deben asumir inexcusable y claramente ese doble planteamiento.

Como digo, a muchos les han entrado las prisas. No me refiero solamente a gente de la izquierda abertzale, cuyo interés en el asunto está claro por la proximidad de las elecciones de mayo, sino a todos esos que dicen que 'ya están hartos' y que 'los legalicen y se acabe todo de una vez'. ¿Hartos, de qué? ¿De no hacer nada? ¿De esperar a ver quién gana para gritar luego '¡viva quien vence!'? Seamos claros: gran parte de la población vasca se ha enfrentado a ETA estos últimos años con el mismo denuedo con que se enfrentó a Franco en su época: es decir, sin mover un dedo y viéndolas venir. Por eso Franco se movió con tanta tranquilidad por nuestras tierras hasta el último día y por eso ETA ha hecho lo mismo no menos cómodamente durante décadas. Ahora ya están cansados de descansar y exigen que todo se arregle como sea de una vez, para seguir descansando. Bueno, sintiéndolo mucho tendrán que aguantarse un poco más y esperar a que nos convenzamos definitivamente de que llegó el final que queremos los que no nos hemos dedicado tanto tiempo como ellos a la siesta política� No es paz el cese de la violencia, sino el reconocimiento general y con todas sus consecuencias legales del triunfo de las instituciones del actual Estado de derecho. Ni más ni menos.

Legalización de Batasuna
GERMÁN YANKE ABC 30 Enero 201

Sobre la legalización de Batasuna (con ese nombre u otro) la posición del PNV es palmaria: debe ser legalizada (por ser «clave» en la «pacificación» según Egibar o porque pasará la prueba de legalidad con sus estatutos según Ortuzar) y la decisión, coinciden unos y otros, será «política», es decir, determinada por intereses políticos ya le interese al PSOE ampliar su pacto con el PP en el País Vasco o «sacar pecho» y apostar por los hipotéticos beneficios del fin de ETA.

Se diría que, paradójicamente, lo que desea el PNV es tan «político» como forzado por intereses electorales ya que insiste que, con la participación de la Izquierda Abertzale, no gobernaría Patxi López. Le vendría bien un escenario en el que fuese posible una «acumulación de fuerzas nacionalistas», que algunos de sus dirigentes defienden, o, sencillamente, que la suma de socialistas y populares vascos no fuera suficiente.

Trata el PNV, además, de hacer compatible la seriedad de su llamamiento a Batasuna para que de «los pasos precisos» con otros gestos conciliadores. El presidente de la Asociación de Municipios Vascos sugiere una nueva Udalbiltza, una suerte de asamblea de cargos electos, incluyendo Navarra y el País Vasco francés, propiciada por Batasuna como la «primera institución nacional». ¿Apoyarían a un diputado general de Batasuna en Guipúzcoa? «Habría que ver el programa, pero ya su presencia sería un bien mayor».

Si los que tachan la decisión sobre la legalización de Batasuna de «política» y, al mismo tiempo, revelan su interés en que la legalices, convengamos que sólo hay un camino: cúmplase la ley. Batasuna, que no fue ilegalizada por sus estatutos, no lo podría ser por presentar unos maquillados. Si fue ilegalizada por formar parte de una banda terrorista, solo podría volver a la legalidad demostrando que ha roto esos lazos. Tampoco estaría de más que el Gobierno desmintiese la tan cacareada sintonía con el PNV sobre el final de ETA.

Para Ascen, Alberto y Clara
TERESA JIMÉNEZ BECERRIL ABC 30 Enero 201

¡TRECE años hace que ETA asesinó a vuestros padres en Sevilla! Y si no fuera por vosotros, para mí el tiempo no habría pasado. Pero os miro y tengo que admitir que el tiempo pasa, que ya no veo a esos niños asustados, pero valientes, que con sus cuatro, siete y ocho años fueron el mayor ejemplo de coraje que yo jamás haya visto. Vivieron y viven su dolor con tal fuerza de ánimo que quienes les acompañamos en su camino no podemos hacer otra cosa que imitarlos. Como a mi madre, quien se puso al mando de la nave que ETA quiso hacer naufragar y no permitió que el dolor le impidiese coger el timón de su vida y la de los tres niños que viajaban con ella.

Trece años donde los pesares han estado presentes y durante los cuales hemos deseado una y mil veces que Alberto y Ascen pudieran ver a sus hijos crecer, celebrar sus cumpleaños, disfrutando de esas tres vidas que ellos habían creado. Pero también han sido años en los que «los niños», como les llaman afectuosamente la gente que los quiere y pregunta por ellos, nos han regalado sus alegrías, sus ganas de vivir y su dignidad, esa en la que yo me inspiro para seguir luchando por ellos, por mi madre y por todos los españoles que creen en la Justicia. Gracias, Ascen; gracias, Alberto; gracias, Clara, y gracias, mamá, porque sois vosotros el ejemplo vivo del fracaso de ETA. Y si aquellos que insisten en premiar a los terroristas hubieran tenido la fortuna de vivir estos trece años a vuestro lado habrían comprendido por qué en el final de ETA, si es que llega pronto, tendrá que haber vencedores y vencidos.

Ese día, las víctimas seguirán viviendo como hasta ahora, con su dolor profundo y silencioso, pero libres y con la dignidad por bandera. Y los terroristas, en la cárcel, sin la menor esperanza de vivir en libertad hasta que cumplan íntegramente sus condenas. Ese es el único escenario en el que un gobierno justo actuaría con una organización terrorista. Pero me temo que este Gobierno que padecemos prepara un final pactado, donde las víctimas quedarán despojadas de su dignidad, la Justicia será pisoteada y ETA y sus amigos disfrutarán de una libertad y de un prestigio político y social inmerecidos. Me consta que son muchos los españoles que no quieren ese final, pero no basta con cerrar los ojos para no verlo: hay que obligar al guionista a reescribir la obra, al menos la parte que aún puede cambiarse, porque desgraciadamente los capítulos más trágicos ya han sido escritos, y quien dude de ello, que se lo pregunte a Ascen, a Alberto y a Clara, que perdieron a sus padres siendo niños. Ni ellos, ni las miles de personas que han sufrido y sufren a causa del terrorismo, merecen nuestra indiferencia.

Es nuestra obligación hacerles ver a los jueces, políticos, curas, futbolistas, cocineros, raperos, escritores, actores y ciudadanos anónimos que piden la libertad de los asesinos, nuestro perdón y su reinserción en la sociedad, todo ello sin consultarnos, que nosotros, los que sufrimos el terrorismo en nuestras carnes y quienes en nuestra sociedad aún saben distinguir el bien del mal, no vamos a permitir que ETA consiga finalmente aquello por lo que lleva asesinando cuarenta años: entrar en las instituciones municipales y forales el País Vasco y Navarra y sacar a sus presos a la calle. ¿Han entendido ustedes bien, señor Zapatero y señor Rubalcaba? Si quieren que se lo diga en persona, vengan hoy a Sevilla, a la calle donde asesinaron a mi hermano y a su mujer, que allí estaré esperándoles para refrescarles la memoria y para decirles de frente que Batasuna es ETA y que, hoy por hoy, sólo la oportunidad política, de la que ustedes son maestros, puede hacer creer a los ciudadanos lo contrario.
 


 

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