AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 31  Enero 2011

 

Zapatero y el Frankenstein autonómico
Manuel Romero www.lavozlibre.es 31 Enero 2011

De los tres cuartos de hora que duró el discurso de clausura de José Luis Rodríguez Zapatero en la convención de política autonómica del PSOE, celebrada este fin de semana en Zaragoza, apenas diez estuvieron dedicados al asunto de la convocatoria.

Realizó una escueta pero intensa loa al sistema de descentralización y definió la España constitucional como la España autonómica, sin referirse, ni por pudor, a que 33 años después de su creación, el melón aún no se haya cerrado y, más aún, se haya convertido en un pulpo al que crecen brazos después de cada celebración de elecciones, ante la necesidad de pactos con los nacionalistas.

El Estado autonómico se ha convertido en un monstruo sin forma ni límite en el tiempo, desdibujado y sin perfil, irreconocible para muchos de los que lo idearon, del que ahora se avergüenzan por la semejanza de ser los padres de un Frankenstein al que cada uno pone un calificativo y un horizonte: desde el regionalismo de anchoa al independentismo de bandera e himno 'nacional', con una voracidad en la absorción de poderes y de recursos que ha dejado vacía en muchos aspectos la estructura del Estado, y a la nación, despojada del sentido de proyecto político común.

Siempre que Zapatero ha de abordar un problema tira flechas en dirección contraria, se supone que para crear cortinas humo que descoloquen a los rivales políticos. Tal vez por eso se dedicó en su discurso a calificar el centralismo de “caro, ineficiente y despilfarrador”. No hacía falta que dijera más. Estaba claro que se refería a periodos históricos pasados. Pero resulta que ese mismo día Artur Mas, flamante presidente de la Generalitat, aludía en los mismos términos al gobierno de la Nación: "No tiene sentido que los catalanes nos sacrifiquemos mientras el Estado tira dinero. Con nuestro esfuerzo, los catalanes podríamos vivir mejor si la riqueza que creamos no se gastara en el resto del Estado, y no siempre correctamente. Esto nos provoca indefensión; por eso pedimos el pacto fiscal". Recuerdo que por menos se calificaba de ultraderechista, insolidario y xenófobo a Umberto Bossi, fundador de la 'Liga Norte' en Italia, que hablaba de que “mientras el norte trabaja y produce, el sur despilfarra”.

Sin ir más lejos, ahí está en lo que ha desembocado el tronco de la política autonómica en manos de los nacionalistas: la demanda sin fin, la reclamación permanente y la falta de solidaridad y cooperación entre comunidades. Por el contrario, Zapatero presentó la existencia de estas como un ramillete de virtudes que han resuelto la construcción del Estado del bienestar: en la sanidad y en la educación. Y se olvidó del motivo de la convención del PSOE: abordar la situación a la que nos han llevado unas comunidades autónomas que han construido hospitales y aeropuertos innecesarios donde había que ganar elecciones, que han hecho proliferar como hongos los ‘centros de interpretación' -¿no conoce usted media docena?-, los canales de televisión, las selecciones ‘nacionales’ y los libros de texto que profundizan en lo local y desprecian, cuando no ofenden o insultan, lo común, lo nacional… que tratan de arrebatar a esta misma palabra -nacional- la acepción de ‘español’. Esas comunidades autónomas que, sin coordinación ni control, abren oficinas en el extranjero en competencia con el Estado… y a cargo del erario público, dejando algunas lágrimas de victimismo para el “centralismo despilfarrador”.

Se olvidó Zapatero de que ese sistema ha desembocado en una ruina económica con una sanidad insostenible y un sistema educativo que nos ha colocado en los últimos puestos del informe PISA. Ese que, para más inri, deja marcharse a los mejores estudiantes al país de la ‘perdedora’ Angela Merkel.

Los brotes verdes de Zapatero de hace ¡un año y medio! no se han visto por ningún lado. Más bien seguimos en el desierto porque, como en el asunto autonómico, el presidente del Gobierno presenta como logros lo que realmente son fracasos. Si no, no se entiende que en el grueso de su discurso envolviera como un éxito -semejante al de los Pactos de la Moncloa, dijo- la reforma del sistema de pensiones, que obliga a trabajar más tiempo para poder alcanzar su cobro. Chín-chín por el pacto de todos los pactos. Qué gran país, qué buena gente -sindicatos y patronal- que no se queja, vino a decir el Presidente.

Zapatero se ha convertido en un vendedor de elixires, que basta con inhalarlos para sentir las mejoras inmediatas, como aquellos enfermos que, estando en cama, se alegran del malestar que les ha llevado a la comodidad de la convalecencia.

Con la misma alegría e irresponsabilidad, Zapatero aludió a la cuestión de las lenguas, que lleva a que en un tercio del país no esté permitida la enseñanza en español o que algunas administraciones autonómicas hayan prescindido del idioma común en su actividad y en sus relaciones con los ciudadanos. “Nuestro sistema ha permitido que todas las lenguas del Estado ya sean españolas”. Y calló que el castellano -el español-, con dos horas de enseñanza a la semana en algunas comunidades, tiene el mismo rango que un idioma extranjero. Y gracias.

Zapatero llamó, sin enumerar ni concretar, ‘disparidades absurdas’ a lo que el ciudadano llama ‘duplicidades trinconas’. ¿Se estaba refiriendo a los libros de textos diferentes -incluido en el de Matemáticas- en cada comunidad autónoma? ¿o a la asistencia a ferias en el exterior con concurridas delegaciones por cada región?, ¿o tal vez a la maraña de ‘embajadas’ internacionales por parte de destacadas comunidades?

Tímidamente, Zapatero llamó a la cooperación entre territorios -¡hasta en manos de gobiernos de su propio partido!-, que mantienen litigios judiciales por la competencia de los cauces y la aguas de los ríos (léase Guadiana, entre Andalucía y Extremadura,) pero nunca descendió a explicar cómo va a pasar de las musas al teatro. Parece que su recetario de ‘buenismo’ está agotado y tampoco hizo alarde -más bien defendió lo contario- de subirse al caballo desbocado de la política autonómica para domarlo.

En su discurso, Zapatero apeló a la confianza. En política, como en la vida cotidiana, este es un ingrediente poco medible en indicadores, pero muy perceptible cuando se carece de él… Yo no puedo evitar recordar al candidato Zapatero, en el debate con el candidato Rajoy en las elecciones de 2008, desmintiendo la existencia de la crisis económica. Parece que los que barruntaban lo que se venía encima eran unos agoreros ‘antipatriotas’ que fomentaban alarmismo y desestabilización para obtener rédito electoral.

Tres años parece que todo lo borran. Sin embargo, en lo autonómico -no olvidemos que Zapatero puso en marcha la revisión de Estatutos, que no era precisamente una demanda social que estuviera en la calle,- como en lo económico -no ha afrontado las reformas hasta que no se ha visto en el furgón de cola de todos los indicadores-, asegura que actúa con convicción. Dice que hay margen para demostrarlo: 3 meses hasta las elecciones autonómicas y algo más de un año para los comicios parlamentarios. Quiere ponerle un final agradable a una mala película. Y me temo que esta vez no habrá Oscar al mejor actor.

Autonomías
Rajoy toma el pelo a Aznar
Guillermo Dupuy Libertad Digital 31 Enero 2011

Titular en portada de La Gaceta de este lunes: "Aznar presenta hoy la reforma autonómica que Rajoy hace suya". Titular en portada de El Mundo, también de este lunes: [Rajoy:] "Cuestionar el diseño actual del Estado de las Autonomías sería hoy un disparate". ¿En qué quedamos? ¿Hace Rajoy suyo el cuestionamiento tan severo del actual modelo autonómico que refleja la propuesta de reforma presentada este lunes en Faes por Aznar, o, por el contrario, lo considera "disparatado"?

Aunque con Rajoy –"sí pero no, no pero sí, tal vez, aunque todo lo contrario, tal y como siempre he defendido"– todo es posible, indago en la noticia para saber en qué se basa cada periódico para sostener tan contradictorios titulares. Descubro que La Gaceta sostiene que el actual líder del PP "hace suya" la propuesta de reforma de Faes basándose en algo tan poco determinante como la prevista asistencia de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, a la presentación de ese Informe.

El Mundo, sin embargo, basa su titular en una afirmación literal que Rajoy hace a Victoria Prego, pero no frente al cuestionamiento del modelo autonómico que lleva a cabo Faes, tal y como su titular y editorial podrían dar a entender, sino al que hace CIU contra el "café para todos" aprobado en tiempos de Suárez.

Con todo, lo cierto es que la afirmación literal de Rajoy denigra como "disparate" cualquier cuestionamiento del actual modelo autonómico, incluido el que hace la propuesta de reforma que impulsa Aznar y Faes. Y prueba de ello, es que, ya en el contexto del cuestionamiento que Aznar ha hecho del actual modelo autonómico, Rajoy se descuelga afirmando que "mi valoración global de cómo ha funcionado el Estado de las Autonomías es positiva". Haciendo suyo, casi de forma literal, el diagnóstico que hacía hace unos días Zapatero, Rajoy añade que "las autonomías han servido para reconocer la pluralidad de España, los hechos diferenciales de algunas comunidades, pero es que, además, el Estado autonómico ha sido eficaz".

Me imagino la perplejidad de Victoria Prego al preguntarle a continuación "¿Usted no cuestiona el modelo?", a lo que Rajoy insiste: "Yo digo que el diseño general está bien" y, sin cuestionarlo efectivamente en absoluto, el líder del PP pasa a describir las funciones que el Estado y las autonomías tienen. Tan satisfecho se muestra Rajoy del insostenible modelo autonómico que padecemos, que no se plantea que el Estado central recupere competencia alguna, ni siquiera en materia de Educación, tal y como el propio Rajoy proponía hace escasos años. De hecho, a lo más que llega ahora Rajoy es a plantear alguna "mejora", que en realidad se reduce a la de que "las autonomías, al igual que las corporaciones locales, deben contribuir al control del déficit público y el control de la deuda pública". Vamos, lo mismo que ya dijo hace unos días, poco antes de respaldar a los manirrotos alcaldes de su partido que se oponen a la tímida limitación del endeudamiento que ha impuesto Zapatero a las corporaciones locales con más preocupante endeudamiento.

Aunque Rajoy pretenda dar lecciones de sensatez y de responsabilidad, aquí el insensato y el irresponsable es quien, como él, hace el avestruz ante la insostenibilidad del actual modelo autonómico; quien finge ignorar que la falta de contribución de las autonomías al control del déficit y del endeudamiento tiene un origen estructural, que no es otro, precisamente, que el pésimo diseño de nuestro modelo autonómico; un modelo que no hace recaer sobre los gobiernos autonómicos los costes electorales de la recaudación de impuestos pero sí lo beneficios electorales que procura su gasto. Aquí el irresponsable es quien, ante una crisis tan profunda como la que está padeciendo España –también como nación y por culpa de un Estado autonómico que potencia lo que nos divide en detrimento de lo que nos une–, nos sale la mar de satisfecho del grado de reconocimiento de "la pluralidad de España y de los hechos diferenciales de algunas comunidades". Aquí no hay mayor "insensatez e irresponsabilidad" que la de quien considera que "el Estado autonómico ha sido eficaz".

Con todo, el problema no es que Rajoy tome el pelo a Aznar sino que se lo quiera tomar a los votantes del PP; bien es cierto que con la complicidad de unos medios de comunicación que se lo consienten. Porque no tengan ustedes duda: si periódicos como La Gaceta, La Razón, El Mundo o ABC denunciaran en sus portadas que "Rajoy se alinea con Zapatero en defensa del actual modelo autonómico frente al cuestionamiento de Aznar", otro gallo cantaría.

160 años de historia de España a precio de saldo
@Roberto Centeno El Confidencial 31 Enero 2011

Uno de los hechos más llamativos de estos últimos y convulsivos días ha sido el giro de 180º que ha dado José Luis Rodríguez Zapatero, obligado por la realidad y por los dos mayores banqueros del país, respecto a la salud de nuestro sistema financiero. En unas pocas semanas ha pasado de afirmar que era el mas sólido de la galaxia a decir que resulta de la “máxima urgencia” la recapitalización de al menos 35 cajas, agrupadas en 12 SIP, que se han fundido ya 11.500 millones de euros en temas que nada tienen que ver con su saneamiento, y tres bancos porque no superan los criterios de solvencia exigibles.

Después de varios años de locura institucional, durante los cuales el regulador, Fernández Ordóñez, el principal responsable de la catástrofe, hacia trampas de toda índole para engañar a los agentes económicos sobre la realidad de la situación, llevándoles a cometer errores desastrosos en la asignación de sus recursos; el Gobierno mentía a todos los azimut -desde el “cuanto más se endeuden más ricos serán, porque los pisos, como todo el mundo sabe, nunca pueden bajar de precio” hasta el “no hay ninguna crisis”-; y en los que los gestores de cajas y bancos, con escasas y honrosas excepciones, se endeudaban masivamente a corto para prestar a largo con una alegría y una irresponsabilidad que producía escalofríos, casi la mitad del sistema financiero español se encuentra al borde del abismo.

Y así, es justo ahora, con tres años de retraso, cuando la mayoría de los bancos internacionales afectados por la crisis han sido saneados y devuelto la casi totalidad de las ayudas recibidas, cuando el nuevo y flamante capo di tutti capi Alfredo Pérez Rubalcaba, haciendo de portavoz de la gran banca, propina un empujón a su recomendada, a quien hizo vicepresidenta, Salgado, para que salga a la palestra a afirmar sin pestañear que “tenemos que admitir que en los últimos meses se han suscitado dudas sobre la solidez de nuestro sistema financiero”. Hace solo tres semanas decía justo lo contrario.

La fulgurante destrucción de un sistema centenario.
La debacle de parte de nuestro sistema financiero tiene innumerables facetas, pero quiero destacar lo que, a mi juicio, resulta más grave, un hecho que ha pasado prácticamente desapercibido entre la profusión de números y noticias: la desaparición de una institución centenaria, las cajas de ahorro, que presta un servicio esencial al pueblo llano en la mayoría de las países avanzados, desde Alemania a Suiza, pasando por Italia, Francia, Gran Bretaña, Canadá o los EEUU, y que en España ha sido el referente de ahorro de una mayoría de familias españolas durante más de 160 años. Ha gestionado sus escasos dineros acumulados con hambre, sudor y lágrimas, con una prudencia a toda prueba, hasta que los dirigentes autonómicos politizaron su conservadora y eficaz gestión, dando paso a una corrupción tan masiva e institucional que las ha llevado a la ruina económica en poco más de seis años.

Las Cajas de Ahorro y Montes de Piedad, ligadas históricamente a instituciones de la Iglesia con la finalidad de mejorar las condiciones de vida de las clases menos favorecidas, fueron a partir del siglo XIX apoyadas por los poderes públicos para, además de fomentar y remunerar el ahorro de la clase trabajadora, poder financiar inversiones en sus regiones de origen y realizar una amplia labor social. Así financiaban la compra de grano y semillas por los agricultores y provocaban mejoras de las condiciones de vida de todo tipo. En 1835 se crearía la Caja de Ahorros de Madrid y desde entonces las cajas jugarían un papel crucial no solo en nuestra historia económica y social, sino también en la historia económica y social de Europa, donde el proceso comenzó algún tiempo antes.

Hasta más allá del año 2000, las cajas de ahorro en España no solo gozaban de una aceptación muy superior a la de la banca privada entre la clase trabajadora y la clase media. Sus recursos estaban mucho mejor gestionados, hasta el punto que las cajas eran más rentables que los bancos, algo que hacía casi impensable su fulgurante hundimiento. En 1997, todos sus ratios de eficiencia sobre activos, sobre resultados y sobre gastos, superaban ampliamente a los de la banca, “consiguiendo incrementar el negocio controlando simultáneamente los gastos. (…) El 88,7 del balance de las cajas estaba constituido por recursos de la clientela; mientras que el porcentaje de recursos recabados en el mercado interbancario era solo del 10,2% (en la banca ese porcentaje era del 52 y 48% respectivamente), lo que implicaba una captación de recursos a menor costo” (1). En el año 2000, existían un total de 50 cajas de ahorro independientes que concentraban más del 54% del ahorro de la nación.

¿Cómo es posible que en poco más de seis años este gigantesco edificio centenario haya quedado tan seriamente dañado, que buena parte del mismo corre el riesgo de ser nacionalizado y revendido a terceros a precio de saldo? Las razones son básicamente tres: la desastrosa gestión de las personas, sin preparación alguna, puestas al frente de las mismas por los dirigentes autonómicos; el inicuo comportamiento del gobernador del Banco de España, cuya dejación tan absoluta de sus obligaciones más esenciales como supervisor llegó al punto que incluso la persona que defendió las reservas genéricas para prever la posible debacle, Pedro Villasante, director general de Supervisión, fue puesto de patitas en la calle por Ordóñez a petición de bancos y cajas, que las consideraban “totalmente” innecesarias (más tarde, unos y otros harían alarde de ellas a lo largo y a lo ancho del mundo); y el peor Gobierno en tiempos de paz, desde la época del felón Fernando VII, un Gobierno que es el hazmerreír de Europa y que, presionado por los dirigentes autonómicos, ha dejado pudrirse el problema, mintiendo a quien le quería oír sobre la realidad de la situación..

“Nosotros nos quedamos con el solomillo y ellos con los despojos”
Todo empezó entre 2002 y 2003, cuando, ante la abundancia de dinero barato en los mercados financieros, bancos y cajas, pero particularmente estas últimas, rompieron su regla virtuosa de prestar solo lo que tenían con los criterios extremadamente conservadores que exigía la garantía de unos depositantes pertenecientes abrumadoramente a la clase trabajadora y a la clase media. En un tiempo realmente record, estos insensatos empezaron a endeudarse masivamente con instituciones financieras extranjeras y a prestar dinero sin la garantía suficiente, o sin garantía alguna, para financiar hipotecas o promociones inmobiliarias con la garantía de unos terrenos que no valían nada y que hoy se han convertido el mayor problema. No solo eso: los dirigentes autonómicos vieron la oportunidad para que las cajas, que controlaban férreamente a través de sus cúpulas directivas y sus consejos, financiaran los proyectos más disparatados que se les pasaban por la mente, desde aeropuertos absurdos a Terras Míticas y similares, ruinas cantadas todas ellas, o las sociedades participadas para esconder su deuda.

Todo ello generaría un gigantesco agujero, suma de la gigantesca deuda exterior (753.000 millones para el conjunto del sector), más la derivada de las pérdidas ocultas en los balances, de las que no tenemos ni idea. La incertidumbre es total y, en base a ella, la banca española acaba de realizar a Zapatero una proposición indecente: “Déjese usted de nacionalizaciones, que son un lío, y a lo peor se nos cuelan entidades extranjeras y acaban introduciendo la competencia. Nosotros nos quedamos con todas las cajas con problemas, pero como desconocemos la situación real el Gobierno nos garantiza que el pueblo español se hace cargo de todas las posibles pérdidas y así podemos entrar sin riesgo”. Ante semejante oferta, sería infinitamente mejor para España y para los españoles intentar convencer a Merkel y Sarkozy de la entrada de cajas y bancos alemanes y franceses en el proceso ya que, siendo acreedores del 80% de la deuda de las entidades en dificultades, cientos de miles de millones de euros, ellos serían quienes las reflotarían a cambio de la liquidación de su deuda, ¿cómo si no vamos a poder devolverla? Además, nos saldría gratis, veríamos incrementarse drásticamente la competencia y el crédito fluiría de nuevo.

La alternativa a la española sería el mayor expolio financiero jamás conocido en el mundo civilizado, ya que las Cajas de Ahorro y Montes de Piedad españolas no solo serían liquidadas a precio de saldo, sino que será el pueblo español, cada día más empobrecido, quien se haga cargo de las pérdidas y de la deuda exterior, no menos de 500.000 millones de euros -ya hemos avalado refinanciaciones por 180.000 millones-, mientras que los nuevos dueños, los grandes banqueros amigos del poder, no responderían de nada. Servata distantia, porque aquí no se trata de matar a la gente, solo de expoliarla legalmente. La alternativa a la española me recuerda a aquella mítica escena de la película Hampa dorada en la que Al Capone, ante un mapa de la ciudad de Chicago, explica a sus socios el reparto de ciudad con otros grupos diciendo: “Esto es como el dibujo de la vaca que había en la carnicería de mi pueblo en Sicilia, nosotros nos quedamos con el solomillo, y ellos con los despojos”.

(1) “Estructura Económica de España” Ramón Tamames

El futuro de Zapatero
EDITORIAL El Correo 31 Enero 2011

Los socialistas temen que las elecciones de mayo se conviertan en un plebiscito sobre el desgastado presidente del Gobierno

Las elecciones autonómicas y municipales de mayo se ciernen sombrías sobre un PSOE que teme una derrota sin paliativos. Si el partido gubernamental de turno ha tenido siempre dificultades en las consultas de ámbito local -en 1999, el PP apenas logró empatar con un PSOE muy debilitado y en 2007, con la menor tasa de paro en décadas, los socialistas las perdieron-, es previsible que la crisis agravará este sino adverso. Y no parece que la convención autonómica que los socialistas han celebrado durante el fion de semana en Zaragoza haya reducido el riesgo, toda vez que la cuestión sucesoria, el momento en que Zapatero deberá hacer pública una marcha que ya empieza a asumir el partido, ha eclipsado todas las conclusiones del encuentro.

El error de llevar al debate político tan prematuramente el liderazgo socialista para reparar el desgaste del presidente del Gobierno oscurece las expectativas de los 'barones' del PSOE, que temen que las autonómicas se conviertan en un plebiscito sobre Zapatero. De ahí el forcejeo entre quienes exigen que el anuncio se haga antes de mayo y los estrategas que piensan que debe realizarse después. Y esta pugna ha terminado ocultando el contenido más sustancial de la convención, destinado a convertirse en materia electoral: frente a un PP que calificó de «inviable» el Estado de las Autonomías, el PSOE sostiene que el modelo «resolvió de forma admirable un contencioso histórico» que ha proporcionado a España «el mayor periodo de paz, prosperidad y cohesión». En consecuencia, el PSOE apoyará «la fortaleza del valor España» a través, precisamente, de las comunidades autónomas y de la cooperación entre ellas.

«Una España autonómica y cooperativa es más músculo, menos burocracia, más rapidez en las decisiones y mayor previsibilidad para invertir y crear empleo». El presidente, fiel a su propia consigna de eludir la cuestión sucesoria, ha llamado a los suyos a trabajar esforzadamente en el programa de reformas durante este año «clave» de 2011, ha comparado el pacto social con los Pactos de la Moncloa y ha convocado a todos los partidos a sumarse al gran acuerdo nacional. No cabe duda de que este logro fortalece a la actual mayoría, pero es dudoso que tenga algún impacto sobre las consultas que se avecinan.

Las hazañas de ZP
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 31 Enero 2011

Quizá ZP es capaz de mantener el tipo en la situación de debacle que vive su partido gracias no solo a su frialdad de témpano y a su afabilidad natural sino porque él más que nadie es consciente de qué sima rescató al PSOE hace tan sólo unos años. En 2004 consiguió romper el ciclo electoral que ya paladeaba el PP y sigue en Moncloa con el apoyo parlamentario del PNV y CC. Es posible que ahora esté llevando al PSOE a la derrota mayor de su historia pero es cierto que hace tan sólo unos años su partido estaba enfangado en las cloacas del poder, terrorismo de Estado incluido.

Pero lo que a mí me ha sorprendido más no ha sido la eficacia electoralista que ha demostrado el PSOE durante estos años de pérdida del prestigio de la socialdemocracia sino su audacia para predicar el izquierdismo en campos como la cultura, la moral, la justicia, la educación… Así que la burbuja inmobiliaria no sólo permitió a los españolitos llevar un tren de vida disparatado sino hacer la exaltación del mínimo esfuerzo en los estudios, odiar la excelencia, despreciar las diferencias sexuales, liquidar la institución matrimonial, perseguir la lengua materna, negar la nación común, romper el mercado y la unidad de jurisdicciones, reivindicar la eutanasia… Se diría que el fracaso del horroroso modelo económico que arrastrábamos desde el franquismo con la ayuda de los sindicatos ha sido el castigo no sólo al PSOE sino al sistema mismo de partidos. A todos. A unos como protagonistas y a todos por cobardía moral y cultural. ZP iba sin freno a la revolución de las costumbres y lo habría conseguido de no haber estallado la nueva gran Depresión en Estados Unidos. Con ZP la izquierda estaba persuadida de que tener muy merecidamente un plus democrático frente a los conservadores (¿o quizá derechistas e incluso fachas?) En esas circunstancias ¿por qué habría que actuar rápidamente frente a la «crisis»?

La ley del silencio
César Vidal La Razón 31 Enero 2011

Recuerdo la primera vez que vi «La ley del silencio» de Elia Kazan. Fue en la adolescencia, por televisión y con cortes publicitarios, pero aún así me impresionó profundamente. La causa no fue tanto la interpretación, quizá la mejor de su carrera, de Marlon Brando ni la valentía del sacerdote encarnado por Karl Malden. No, lo que me dejó abrumado fue descubrir que podía haber canallas como el interpretado por Lee J. Cobb que decidían quién trabajaba y quién no y, aún peor, que la mayoría, ovejunamente sometida, no se enfrentara con ellos. Pocas imágenes me han oprimido más el corazón que la secuencia final en que Cobb daba una paliza fenomenal a Brando ante una masa paralizada.

Poco podía yo imaginar que a lo largo de mi vida contemplaría ese vil espectáculo vez tras vez. Durante años el PSOE y los partidos nacionalistas han gustado de utilizar a determinados segmentos sociales en sus movilizaciones. Para poder tener a su lado a gays, feministas o gente del mundo del espectáculo, todos esos partidos han recurrido además a entregarles de manera generosa el dinero que, previamente, han arrancado de nuestros bolsillos.

Puede que a la inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie no les guste la inmensa mayoría de las producciones del cine español o que no se sientan identificados con las metas de la agenda gay o feminista. Ha dado igual. Millones y millones de euros se han entregado a todos estos lobbies para poder movilizarlos a toque de silbato cuando se consideraba conveniente.

Sin embargo, lo que muchos ignoran es que semejante entrega de dinero de todos, incluso en época de crisis como ahora, ha venido siempre unida a la exigencia de una obediencia servil y absoluta. El director, la actriz o incluso la feminista o el homosexual que en un momento determinado no obedece, no habla o no guarda silencio cuando así lo desea el poder socialista o nacionalista no tiene la menor posibilidad de recibir un céntimo. En muchos casos, eso equivale ni más ni menos que a no poder trabajar en determinadas profesiones. Estos días de atrás la china recayó sobre un colectivo homosexual como Colegas, excluido del Plan Anti-SIDA por sus críticas a la ministra Pajín y sobre un director de cine como Alex de la Iglesia nada convencido de que la ley Sinde sea buena. En ambos casos, la respuesta ha sido simplemente la represalia desde el poder. Se trata de una represalia que lleva implícito un mensaje más claro que el agua: «Si quieres trabajar, si quieres comer, calla y habla cuando y como yo te diga».

Sólo un ignorante o un ciego no se percata de que determinados sectores de la sociedad están controlados desde hace años por comportamientos indignos como los perpetrados estos días por Sinde y Pajín y que los que no se pliegan o incluso tienen la osadía de protestar quedan convertidos en parias o en sujetos sobre los que se descarga cualquier tipo de inmundicia. Frente a esa tiranía digna del totalitarismo más miserable sólo existe una solución, la de enfrentarse a semejantes mafias como en «La ley del silencio». Es peligroso, pero también es la única manera de sacudirse de encima un despotismo que encima se ejerce en nombre del progresismo o de una supuesta construcción nacional.

Parte de guerra
En Egipto se afrontanlos únicos poderes realesen el mundo árabe: corrupción o terror
GABRIEL ALBIAC ABC 31 Enero 2011

LA pureza es, en política, asesina. Como tal, la constituyó la edad moderna. Robespierre enunció su axioma: un Estado puede sólo asentarse sobre dos fundamentos: la corrupción o el terror, que es el nombre político de la virtud. Entre 1789 y 1794, terrorista y virtuoso fueron lo mismo; lo mismo virtuoso e «incorruptible». No han cambiado las cosas. Las palabras, sí.

Basta ponerse ante un mapa de la costa sur mediterránea para entender el actual envite. Para entender también su origen. De los Balcanes al Caspio, de Argel hasta la Meca, el Imperio Otomano desplegó su máquina de despotismo teocrático, ajena a fronteras nacionales. La nación y el Estado son conceptos cristianos que el Islam rechaza como aberraciones contra la umma, comunidad de los creyentes, a la cual da soporte el Califato. Al desmoronamiento del Imperio, siguió la imposición colonial, desplegada sobre las arbitrarias líneas de la administración otomana. Tras la segunda guerra mundial, la descolonización se ajustó a su plantilla. Y ninguno de los países que salió de ella era un país. Como mucho, una provincia al frente de la cual se buscó entonces poner a uniformados títeres a sueldo de las metrópolis. Una sola excepción iba a complicar las cosas: Israel, en la medida misma en que Israel era un Estado democrático europeo asentado sobre la costa sur del Mediterráneo. Como tal, ningún problema tuvo para construir su modernidad al modo de los regímenes parlamentarios de un occidente al cual, más allá de geografías, pertenecía de pleno derecho. Como tal, fue odiado por sus vecinos.

El ascenso del islamismo está ligado a ese desajuste. ¿Cómo una sociedad elegida por Alá y que se rige por su libro, puede haber fracasado frente a la patulea de los kafires, cafres incrédulos que nadan en humillante riqueza? Los egipcios de la Hermandad Musulmana fueron los primeros (desde 1928) en dar respuesta a la paradoja: una diabólica conspiración de judíos y cristianos se afanaba en torcer el designio divino. El proyecto hitleriano de borrar a los judíos fue así saludado como designio de Alá. La derrota nazi y la consolidación de Israel tras la guerra del 48 fueron golpes terribles en el inconsciente musulmán. Las sucesivas derrotas militares y la progresión vertiginosa en la ruina certificaron la hondura de las raíces satánicas del mundo moderno. Un doble error de los contendientes en los años finales de la guerra fría abrió la grieta que es hoy abismo: Irán y Afganistán. En el primero, la estupidez de Jimmy Carter, asentó una hasta entonces inimaginable república sacerdotal. Afganistán anudó la doble necedad de los rusos metiéndose en un avispero y de los americanos amartillando una máquina militar incontrolable: la de Bin Laden. La fascinación yihadista se abrió camino en todo el mundo musulmán.

Asistimos en estos meses al derrumbe de los últimos títeres postcoloniales. Es dulce hacerse, desde la ciega Europa, idílicas imágenes de democracia que viene. Es mentira. En Egipto, como en Argelia o Túnez, se afrontan los únicos poderes reales en el mundo árabe: corruptos militares y virtuosos clérigos; ladrones consumados y asesinos en ciernes; corrupción o terror. ¿Europa? En la inopia. Y tan contenta.

La pelota egipcia
Sólo los islamistas poseen en el Egipto actual una organización cohesionada capaz de constituirse en alternativa
IGNACIO CAMACHO ABC 31 Enero 2011

QUIZÁ esos jóvenes airados y valerosos que desafían a los tanques en El Cairo acaben viendo el amanecer de libertad que no pudieron ver sus colegas de Teherán en 2009 o de Pekín veinte años atrás. O tal vez ese horizonte sea tan efímero como el que, también en Teherán, en el 69, sustituyó la tiranía del Sha por la de los barbudos ayatolláhsfanáticos del integrismo y la teocracia. Nadie lo sabe en estas horas inciertas en que Egipto, el corazón intelectual y demográfico del mundo árabe, se mueve entre las convulsiones alternativas de la revolución y del golpe de Estado. Sí sabemos que ya no hay vuelta atrás, y que o cae el régimen autoritario de Mubarak o permanece en medio de un baño de represión y de sangre. Y que la crisis política que ha estallado en el Mediterráneo sur es el punto de no retorno de un proceso crucial en el equilibrio del mundo que conocemos; un punto a partir del cual la comunidad árabe puede abrirse en cadena a esa democracia que siempre se ha mostrado conflictiva en el universo musulmán… o acelerar su tránsito hacia una islamización capaz de desestabilizar el orden internacional hasta una tensión límite.

A favor de la hipótesis pesimista se inclina el hecho objetivo de que sólo los islamistas poseen en el Egipto actual una organización cohesionada capaz de constituirse en alternativa de poder. Tienen un potente foco intelectual universitario, una tradición consolidada, un arraigo social y una fuerza política —los Hermanos Musulmanes— en condiciones inmediatas de articularse como polo de referencia. Junto a ellos, los jóvenes de la revuelta configuran un movimiento disperso y heterogéneo, canalizado por internet y las redes sociales y aglutinado sólo por el descontento y el anhelo de libertad. Su sueño es hermoso pero desarticulado: una revolución democrática inédita porque en el mundo árabe contemporáneo, como señalaba ayer el maestro Carrascal, la única revolución históricamente contrastada ha sido la revolución islámica. La que secuestra la libertad bajo el velo del fundamentalismo y la barbarie.

Con Israel a la expectativa, alarmado ante la posible caída de lo que considera su último muro de relativa contención estratégica, Occidente mira a Egipto desde la medrosa confusión de una disyuntiva moral. A un lado, la simpatía inevitable por la sacudida de una espontánea oleada democrática; al otro, la tentación utilitaria que aconsejaría respaldar el statu quocomo teoría del mal menor. En sus modalidades extremas, buenismo esperanzado contra pragmatismo escéptico. Y en medio, la nadería insustancial, el criterio paralítico de una Unión Europea incapaz de plantearse siquiera de qué lado le gustaría que cayese la pelota que está botando en los tejados cairotas.

Caiga para donde caiga, una cosa es segura: Mubarak, ese autócrata incompetente, rancio y ensimismado, no merece ser aliado de nadie.

Terremoto político en Egipto
Surgen las peores pesadillas sobre un Egipto distanciado de EE UU y hostil a Israel.
Antonio R. Rubio Plo www.gaceta.es 31 Enero 2011

Lo sucedido en los últimos días en Egipto recuerda a esas revoluciones que tienen en su infancia una imagen atractiva, la que combina el idealismo juvenil y las ansias de libertad frente a una tiranía. Por el contrario, lo que produce inquietud es el radicalismo de las fases sucesivas, tal y como nos enseña la Historia, cuando minorías bien organizadas y determinadas instauran regímenes totalitarios, en los que muchos de los rebeldes y manifestantes del pasado terminan en la cárcel o en manos de los verdugos. ¿Será este el caso de Egipto? Y es que el apego de americanos y europeos a la estabilidad política egipcia, a costa de la democracia que dicen defender, ha contribuido a esta desagradable situación. Los hechos han demostrado que el realismo en las relaciones internacionales no es exclusivo de los conservadores. Kissinger y Obama han demostrado tener algo en común. La revuelta ha nacido de la frustración social y política de muchos egipcios, en especial esa tercera parte de la población que en 30 años sólo ha conocido a Mubarak, y que están oprimidos por la pobreza, la corrupción y la falta de libertades.

Los manifestantes no tienen una cabeza visible. Hay gente de todas las clases sociales en el común empeño de expulsar a un presidente al que acusan de haberles robado la libertad y la dignidad. Es cierto que el sistema político es multipartidista, a diferencia de aquel partido único de la Unión Socialista Árabe de Nasser, mas la democracia no es sinónimo de profusión de facciones partidarias, sobre todo cuando un partido, el nacional democrático, monopoliza el terreno político, sin apenas dejar sitio entre él y los Hermanos Musulmanes, el grupo islamista más activo y mejor organizado, histórico enemigo de la desaparecida monarquía y de la actual república laica. Al igual que los bolcheviques en la Revolución rusa de febrero, los Hermanos tampoco han organizado el levantamiento, pero esperan sacar ventaja, tras tiempos de larga persecución. Han asistido como espectadores a los primeros acontecimientos, aunque no perderán la oportunidad de desempeñar un papel activo en los posteriores.

En unas elecciones realmente libres están convencidos de que tienen posibilidades de llegar al poder, y de paso intentarán convencer a los políticos occidentales de que no son ninguna “bestia negra”. Sin ir más lejos, han condenado los métodos de Al Qaeda, pero eso también lo han hecho los palestinos de Hamás. En la concertación de los partidos opositores contra el régimen, los Hermanos asumirán un papel destacado. Su principal activo son sus convicciones, basadas en un complejo de superioridad que afirma que la etapa histórica de la civilización occidental ha terminado. Las tensiones con los otros partidos, defensores de un Egipto laico y democrático, están servidas.

Mas la perspectiva de un Gobierno islamista en El Cairo, por muy democrática que fuera su legitimidad, y también lo fue la de Hamás en las elecciones palestinas, suscita las peores pesadillas sobre un Egipto distanciado de los EE UU y hostil a Israel. Todo un terremoto en el escenario geopolítico de Oriente Medio, capaz de despertar escalofríos en los gobernantes de Siria, Jordania y los Estados del Golfo. No menos inquietante es que el ministro de Exteriores iraní, Ali Akbar Salehi, valore las revueltas como un deseo de libertad de un pueblo que ha sido apartado de su identidad por las potencias extranjeras que apoyan al régimen sionista. Si el apoyo de Irán a Hamás y Hezbolá, intransigentes en su actitud hacia Israel, condiciona gravemente la solución del conflicto palestino-israelí, ¿qué no podría suceder si aparece en la escena un Egipto islamista?

Por otra parte, reducir los hechos a una rebelión contra la dictadura de Mubarak supone desconocer la naturaleza del régimen egipcio, en el que el verdadero poder lo tiene el Ejército desde la revolución de los oficiales libres en 1952, encabezada por el coronel Nasser, y que terminó con la monarquía de Faruk. Hace mucho tiempo alguien calificó a ese rey como el último faraón, aunque era un juicio errado, porque el régimen republicano que lo sustituyó también era de carácter autoritario y a sus presidentes se les ha considerado faraones. Los sucesores de Nasser, los presidentes Sadat y Mubarak, también procedían de las fuerzas armadas, lo que nos indica que aquel estudio clásico del sociólogo Abdel Malek, Egipto, sociedad militar, no está del todo desfasado casi medio siglo después de su publicación, aunque el futuro próximo no pasa por ahí. Y militares son el nuevo primer ministro, Ahmed Shafiq, y el vicepresidente, Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos en las dos últimas décadas. Habrá que estar además atentos a los movimientos del general Sami Annam, jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas, y que regresó apresuradamente a Egipto, tras una visita oficial al Pentágono. Si repasamos la Historia, es fácil deducir que los militares no unirán su suerte a la de Mubarak y su partido. Tendrán que soltar lastre, aunque al mismo tiempo deberán manejar con sumo cuidado la transición porque ellos son la garantía de que una república laica no sea sustituida por una república islamista.

*Antonio R. Rubio Plo es analista político internacional.

Magreb
Primeras valoraciones
GEES Libertad Digital 31 Enero 2011

Como ya hemos contado estos días, los acontecimientos en el mundo árabe han acabado dando la razón a los odiados neoconservadores: las dictaduras árabes acaban generando tal grado de frustración y empobrecimiento que terminan por estallar de manera imprevista y con unas consecuencias desconocidas. Bush tenía razón, y quienes le criticaban por imprudente se equivocaban y engordaban la bomba. Así que la primera conclusión estratégica es que las dictaduras árabes acaban siempre estallando, tanto allí como aquí, y seguirán estallando en el futuro. No hay dictadura que nos garantice la estabilidad. Ahora bien, si no podemos derribar gobernantes, al menos sí podemos y debemos no otorgarles nuestra confianza.

El movimiento es lo suficientemente amplio y lo suficientemente profundo como para concluir que hay un antes y un después de lo ocurrido. Túnez y Egipto cambiarán. Argelia, Libia, Yemen y Jordania están los siguientes en la lista, se salven al final o no los gobernantes; en Arabia Saudí, Marruecos, Omán o Dubai las manifestaciones han sido pocas, pero inauditas en sus calles. En Sudán, incluso el proislamista al Bashir ha sufrido movilizaciones contra la corrupción. Los regímenes que no caigan ahora quedarán tocados: presionados desde dentro por sus ciudadanos y desde fuera por los países en los que la revuelta triunfe. No podemos estabilizar nosotros una región efervescente, pero podemos constatar que se avecinan tiempos de gran inestabilidad y prepararnos para ello.

Los Mubarak y los Ben Alí del mundo no han sido una solución y no lo serán en el futuro. Los que queden o los que vengan, deben tener claro que pese a sus promesas a Occidente, serán un problema y serán tratados. Para Occidente éstos no son buenos compañeros de viaje, y más vale que la comunidad internacional ponga en marcha una agenda para obligar a los que sobrevivan a la ola a iniciar las reformas necesarias. Ahora es el momento, cuando han visto las barbas del vecino cortar y tienen algo que perder. No podemos hacer las transiciones a la democracia por ellos; pero podemos ayudar a quienes quieran hacerlas y presionar a los reticentes a las reformas.

Sabemos que es difícil juzgar una revolución cuando está en marcha: en ella participan personas sólo unidas contra un enemigo común. Una revolución se juzga a posteriori, de acuerdo a su término, a su finalización. Si estos regímenes son sustituidos por otros que garanticen libertades básicas, representación política y transparencia institucional, la cosa habrá merecido la pena. Pero si estos regímenes son sustituidos por repúblicas islámicas con regímenes totalitarios, el fracaso será enorme. Y no sólo para sus habitantes, también para el resto del mundo: evitar que partidos fundamentalistas reemplacen a los dirigentes expulsados es una cuestión que nos afecta a todos, y la comunidad internacional deberá participar activamente en evitarlo, e involucrarse en las transiciones. No podemos participar en las elecciones y procesos constituyentes, pero podemos apoyar a quienes sí lo hagan defendiendo valores democráticos.

Para ello hay que acabar con el complejo de inferioridad ante los islamismos. Sin su presencia, no habría miedos ni angustias ni problema alguno: viviríamos transiciones como las de Europa del Este, llenas de incógnitas pero esperanzadoras. En verdad, a las dictaduras corruptas pueden suceder, a corto o medio plazo, dictaduras corruptas y aún más totalitarias. Y no se trata ya de islamistas radicales, sino de aquellos que, como Erdogan, islamizan las instituciones tan pronto como se sienten fuertes para hacerlo. Integrar al islamismo llamado moderado en las instituciones es un error que se acaba pagando. A largo plazo, son tan peligrosos los Erdoganes como los Mubaraks. Frente a ello, no podemos impedir que el islamismo moderado llegue al poder, pero podemos y debemos desconfiar profundamente de él y sus intenciones.

Si los Hermanos Musulmanes entran en el Gobierno egipcio ahora, o logran el poder tras unas elecciones, el efecto en términos psicológicos será enorme. Lo mismo en Túnez o Yemen. Su victoria será interpretada como una victoria moral del islamismo frente a la democracia, y desde Indonesia hasta Mauritania implicará una legitimación política importante de estos grupos y de esta ideología. Desde luego, no podemos impedir que aquí o allá el islamismo celebre triunfos; sí podemos ayudar a que sea derrotado en cuantos más lugares mejor, poniéndonos del lado de quienes lo resisten.

Los equilibrios y alianzas entre países y grupos en la región –y dentro de los distintos países– cambiarán o serán alteradas. Aquí no hay marcha atrás. Sudán, Egipto, Yemen, Túnez, Líbano pueden metamorfosearse drásticamente, no siempre para bien. En medio queda como estable la democracia israelí, amenazada. Desde luego, no podemos evitar que el peligro para ésta aumente considerablemente; pero podemos y debemos estar del lado de nuestro aliado y defenderlo en tiempos que le pueden ser difíciles. Lo mismo que con aquellos defensores de la libertad que surjan en estos países.

Si se agudizan frentes para la democracia que parecían estables, se abren otros donde no los había, en territorio desconocido. Las revueltas muestran que la calle árabe es ya políticamente activa, gracias a las nuevas tecnologías: internet o televisión vía satélite. Las sociedades árabes se han incorporado a la globalización, y un joven en El Cairo o Argel es tan activo y reactivo como uno de Seattle o Londres. No podemos ni debemos controlar qué se ve o a qué se conectan estas sociedades –que es lo que han intentado los dictadores– pero podemos mostrarles las ventajas de un régimen de libertades, a cuyas ideas tienen acceso. Y aquí se incluyen también quienes viven ya bajo la bota islamista, en Irán o Gaza.

Por último, la inestabilidad y el caos han provocado con rapidez desplomes en las bolsas y subidas en el precio de hidrocarburos. Y eso que aún no hemos asistido a cambios en las posturas de estos países. Un ascenso islamista al poder en estos países provocará terremotos económicos relacionados con dos aspectos: el aprovisionamiento de hidrocarburos -con especial atención al de España en Argelia– en la región; y el transporte marítimo con atención al eje Canal de Suez-Mar Rojo, con Egipto en un extremo y Yemen al otro. No podemos impedir que esta región del mundo se vuelva inestable: pero podemos y debemos buscar la forma de proteger nuestra economía y nuestro suministro energético.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Realismo
José María Marco La Razón 31 Enero 2011

Durante años hemos escuchado la cantinela de que los países musulmanes no pueden vivir en democracia. Se ha afirmado, sin la más mínima vergüenza, que era preferible el régimen de Sadam Hussein a lo que ha venido después. Cualquier intento de democratización y de liberalización era una utopía. Eso sin contar con que los países desarrollados y liberales no tienen derecho a inmiscuirse en los asuntos de los demás… Total, que el ápice de la sabiduría consistía en no aventurarse en terrenos peligrosos y aceptar el gobierno de personajes como Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto. Al fin y al cabo, aseguraban alguna forma de estabilidad, aunque fuera impidiendo la libertad, reprimiendo cualquier movimiento disidente y practicando una corrupción sin límites: hay que ver las correrías de la familia Ben Ali en las pistas de esquí suizas, o las de los Mubarak en su colección de limusinas, cuando millones de egipcios no tienen qué comer.

Con el tiempo ha llegado el final del ciclo de los grandes dictadores árabes y con él se van viendo los límites del realismo. En lo económico, los países sometidos a las dictaduras árabes están quedando del lado de los perdedores absolutos. El exceso de población ya no se puede mudar a los países europeos, aplastados a su vez por las deudas y el gasto de los gobiernos. Los países norteafricanos no participan del desarrollo de los países emergentes, porque tienen poco que ofrecer, pero pagan la carestía de los alimentos provocada por el desarrollo de los demás.

En cuanto a la estabilidad interna, las dictaduras árabes no han sido capaces de ofrecer mínimas redes de asistencia social. Lo están haciendo las organizaciones islamistas, como los Hermanos Musulmanes en Egipto. Tampoco consiguen atajar los desórdenes, como ya había quedado demostrado con los ataques a los cristianos, que habían alcanzado incluso a Egipto, con su tradición de tolerancia de la que es testigo la minoría copta, con ocho millones de creyentes en un país de 80 millones de habitantes.

Hay otro factor reciente, como es la facilidad de acceso a la información y la comunicación instantánea. Vivimos en sociedades que tienden a la transparencia. Los manifestantes egipcios se han movilizado gracias a ella y saben que la dictadura de Mubarak, que en otras circunstancias habría desencadenado una represión brutal, tiene las manos atadas.

La política «realista» ha cerrado los ojos ante los problemas de los países musulmanes, e incluso ha llegado a disfrazarse de buenismo y tolerancia: el discurso de Obama en El Cairo resulta de una ironía sangrante. Ahora recogemos sus consecuencias. Todas las salidas que se apuntan son peligrosas. No hay un liderazgo claro, no hay organizaciones políticas (salvo las islamistas), no hay tradición de libertad política. Esos son los resultados del «realismo». Ha llegado el fin de las dictaduras y casi nadie está preparado para afrontar la nueva situación. Habrá que ensayar otro realismo, uno que no se niegue a ver la realidad de las cosas.

Egipto: entre la autocracia corrupta y el islamismo
EDITORIAL Libertad Digital 31 Enero 2011

Las manifestaciones que derribaron a la dictadura tunecina de Ben Alí se están extendiendo, con dispar éxito, por gran parte del mundo musulmán. En Jordania, Libia o Argelia han comenzado a aparecer ciertos brotes de revueltas que, de momento, sólo han conseguido arraigar con fuerza en Egipto.

Después de tres décadas, el régimen, gobernado con puño de hierro por el general Hosni Mubarak desde que en 1981 la facción más integrista del ejército asesinara a Anwar el-Sadat por reconocer la existencia de Israel y acercarse a Estados Unidos en detrimento de la URSS, comienza a resquebrajarse. Muy a su pesar, hasta el momento sólo ha logrado mantener el orden recurriendo a regañadientes a los militares. Y es que, si bien es cierto que los altos mandos de los militares, con el jefe de los servicios secretos y nuevo vicepresidente del país, Omar Suleilam, a la cabeza, son totalmente leales a la administración corrupta de Mubarak, los mandos intermedios se encuentran mucho más cercanos a las inquietudes de la ciudadanía y bien podrían aprovechar la ocasión para dar un golpe militar interno que acabara con Mubarak. No olvidemos que el nefasto Gamal Abdel Nasser era un simple coronel cuando derrocó a la monarquía egipcia en 1952.

Un golpe de los mandos intermedios probablemente conduciría a la convocatoria de elecciones democráticas en un clima de inestabilidad que, a diferencia de Túnez donde el integrismo tiene un peso mucho más reducido, conduciría a una victoria de los Hermanos Musulmanes, quienes vienen aguardando una oportunidad como ésta desde hace al menos dos décadas y están mucho mejor organizados que cualquier otro grupo de la oposición democrática. Los precedentes –en distintos grados: Irán, Argelia o incluso Gaza– no son desde luego alentadores en este sentido.

La caída de Egipto en manos de los islamistas sería una auténtica tragedia para Occidente, tanto desde un punto de vista económico –Egipto controla el canal de Suez– como político –el país tiene una enorme frontera con Israel, y Egipto es el responsable hasta ahora de controlar el rearme de Hamás, quienes en definitiva no son más que una facción de los Hermanos Musulmanes–. De hecho, las consecuencias de las meras revueltas sobre la seguridad de Israel ya están resultando bastante inquietantes: la policía egipcia ha tenido que retirarse de la frontera con Israel y al parecer Hamás y los Hermanos Musulmanes han comenzado a colaborar para capitalizar el liderazgo de la oposición al régimen.

El otro posible escenario a corto plazo es que la jugada de Mubarak tenga éxito: que el liderazgo de Suleilam –el general más prestigioso de Egipto con conexiones y buenas relaciones con todos los servicios secretos de Occidente– se consolide y logre contener tanto las legítimas aspiraciones de la oposición democrática como los intentos de los islamistas por controlar el país.

Egipto se debate, pues, entre dos escenarios muy insatisfactorios: o la pervivencia de un régimen corrupto y despótico o un golpe militar que, con el falso pretexto de la democracia, brinde el control del país al integrismo islámico. A medio plazo no parece muy viable que la oposición realmente democrática consiga conservar el poder frente al natural auge que experimentará el islamismo, aunque es evidente que esa sería la única solución deseable.

En cualquier caso, tengamos presente que el riesgo de contagio en toda la zona es muy grande y todo apunta a que a partir de este mes de enero nada será igual en el Magreb y en el conjunto del mundo musulmán. Esperemos que, al menos, la insostenible situación actual no degenere con virulencia.

Aznar: «No se puede competir con 17 autonomías que quieren ser mini-Estados»
Madrid Efe La Razón 31 Enero 2011

El ex presidente del Gobierno José María Aznar ha denunciado hoy que España no podrá competir "ni en Europa ni en el mundo con unas comunidades autónomas aspirando a convertirse en mini-Estados".

El ex presidente del Gobierno José María Aznar ha denunciado hoy que España no podrá competir "ni en Europa ni en el mundo con unas comunidades autónomas aspirando a convertirse en mini-Estados".

Aznar ha efectuado esta afirmación durante su alocución en el acto de presentación de un nuevo estudio de FAES, la fundación que preside, sobre el funcionamiento del Estado de las Autonomías.

Acompañado por la secretaria general del PP, María Dolores De Cospedal, el ex jefe del Ejecutivo ha recalcado que España no puede mostrarse al exterior como "un territorio fragmentado, enfrentado, inseguro y escasamente previsible", consecuencia de convertir "la diversidad territorial" en un "viaje hacia ninguna parte".

A su entender, las comunidades autónomas "no son el problema", pero sí "tienen problemas", y por ello, es necesaria la reforma del modelo para resolverlos, nunca para negarlos.

Porque, ha añadido, el vigente modelo de Estado nace de la Constitución y "no puede quedar a merced del aventurerismo político de mayorías pasajeras", es decir debe evitar "nostalgias premodernas por fórmulas confederales", ya que ninguna de las planteadas ha arrojado las ventajas por las que abogaban.

Una intención que el ex presidente ha atribuido a los nacionalismos independentistas y a la izquierda por su interés en el "desbordamiento de la Constitución".

Aznar ha señalado que aún hoy hay "quien sigue patrocinando un destructivo juego" entre administraciones central y autonómicas, que más que beneficiar, perjudica, y que aún hoy hay "quienes trabajan a favor de un Estado residual" por considerar que es "el único deseable".

Son ambas propuestas políticas "temerarias y empobrecedoras" provenientes de minorías "locales o políticas", nunca mayorías sociales.

Frente a ellos, el presidente de honor del PP ha defendido la Constitución como marco de configuración del modelo de Estado, y por tanto como marco de la reforma del modelo. Bajo ese paraguas, mejor se responderá a las necesidades de los ciudadanos y a las exigencias del contexto internacional.

Así, ha continuado Aznar, se podrá llevar a cabo la reforma del modelo autonómico, por un lado para garantizar el Estado de bienestar, por otro para estimular la competencia institucional entre territorios, y por último, para aprovechar "las economías de escala" y competir con éxito en el exterior.

La consecución de tales objetivos nunca será viable con comunidades autónomas "aspirando a convertirse en mini-Estados".

Para Aznar, ahora, el debate sobre la posibilidad de reformar el Estado de las Autonomías exhibe un gran "nivel de confusión" como consecuencia de tanto "estereotipo, eslóganes y prejuicios", lo que atenta contra la exigencia de plantear un debate del que dependerá en gran medida el futuro de la nación.

Se trata de una tarea "inaplazable" que tiene un precedente no muy lejano, el de Alemania, donde el acuerdo entre los dos grandes partidos propició una mejora notable de la gestión del país.

"Si queremos seguir formando parte del proyecto europeo debemos resolver, entre otros, los problemas de nuestro Estado autonómico, porque de lo contrario tendremos dificultades crecientes para seguir anclados en el euro", ha proclamado Aznar.

Aznar ha mencionado la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, pues en ella quedan fijados "los límites jurídico-políticos" del proceso descentralizador de España. También ha confiado en que la sociedad española, en las próximas elecciones, respalde la búsqueda de un acuerdo "ampliamente mayoritario" que encuadre esa reforma.

España / EL ESTADO AUTONÓMICO, A REVISIÓN
Aznar reclama una «profunda reforma» del modelo de gestión territorial
El ex presidente del Gobierno presenta junto a Cospedal un documento de FAES sobre la viabilidad del Estado autonómico
CRISTINA DE LA HOZ / MADRID ABC 31 Enero 2011

El ex presidente del Gobierno Jose María Aznar ha denunciado el estado de «confusión» al que ha llegado el debate sobre el Estado autonómico, rebajado a un «ínfimo nivel». «Nuestro futuro como nación va a depender de que sepamos abordar en serio los debates importantes», dice tras apelar a una «profunda reforma» de nuestro modelo de gestión territorial.

Ha admitido que le «cuesta recibir lecciones de autonomismo de los que no han dejado de proclamar que el modelo autonómico es una forma caduca, incluso, un obstáculo para la convivencia. Me refiero al independentismo y a la izquierda que ha buscado el desbordamiento de la Constitución». En este sentido, cree que, de no abordar el debate, «tendremos dificultades crecientes para seguir anclados en el euro». En definitiva, hay que actualizar el modelo para garantizar su viabilidad, así como el futuro de nuestra sociedad del bienestar y la unidad de España.

El modelo de Estado «no puede quedar a merced del aventurerismo político» ni ser «imprevisible», ha agregado para responder al manifiesto que este fin de semana ha aprobado el PSOE al calificar de «nostalgia premoderna» fórmulas como la federación o confederación. «España no puede competir en el mundo con unas Comunidades autonómas que aspiran a ser miniestados», sentencia.

«Por un Estado autonómico viable»
Aznar ha hecho estas consideraciones durante la presentación de un informe de FAES que, bajo el título «Por un Estado autonómico racional y viable», propone, entre otras cuestiones, eliminar aquellos órganos imitados de la Administración central como pueden ser televisiones autonómicas, tribunales de cuentas, consejos consultivos o defensores del pueblo. Asimismo, tal y como ha informado ABC, defiende la cesión de competencias en aquellas materias susceptibles de corrupción como el urbanismo, separando el órgano de decisión de los administrados.

El acto ha permitido, además, la «recuperacion» del que fuera responsable de Comunicación del PP Gabriel Elorriaga, crítico con la continuidad de Rajoy tras la derrota de 2008 y uno de los coautores del estudio, que fue entregado a Mariano Rajoy el pasado 20 de diciembre durante la última reunion del Patronato de FAES. «Se esta llegando a un límite sobre el que no se puede continuar», cree Elorriaga, después de afirmar que en nuestro país es donde más presupuesto manejan los gobiernos autonómicos.

El ex presidente del Gobierno ha vuelto a hacer «pareja artistica» con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, que, tras defender que parten de la premisa de que Estado autonómico «ha sido uno de los pilares» de nuestro Estado de Derecho y motor de progreso económico y social, ha afirmado que «se ha desviado» del objetivo con que se creó, situacion atribuible, a su juicio, a «la frivolidad de Zapatero». «Debe haber una reforma racional de nuestro sistema público para dotarlo de mayor racionalidad», ha comentado la «número dos» del PP, que tampoco ha dicho respaldar todas y cada una de las medidas que contiene el documento de FAES.

Además, cuestiona el entusiasmo con que el Gobierno celebra el pacto por las pensiones, reforma inevitable por los índices de paro de nuestro país.

Rajoy tampoco cuestiona el modelo autonómico: 'Ha sido eficaz'
Descarta tocar la Constitución en este punto aunque propone leyes básicas en materias como enseñanza y unidad de mercado
 www.lavozlibre.es  31 Enero 2011

Madrid.- "Cuestionar el diseño actual del Estado de las Autonomías sería hoy un disparate", asegura el presidente del PP, Mariano Rajoy. El líder de la oposición no se plantea tampoco recuperar para el Estado ninguna de las competencias transferidas a las comunidades autónomas. "Creo que el diseño del modelo está bien", sostiene Rajoy en la segunda entrega de su entrevista en 'El Mundo'.

"Las autonomías han servido para reconocer la pluralidad de España, los hechos diferenciales de algunas comunidades, pero es que además el Estado autonómico ha sido eficaz", defiende Rajoy ante la periodista Victoria Prego.

El líder del PP aboga por un "gran pacto nacional" con el PSOE para modificar lo referente al modelo de Estado. Descarta Rajoy asimismo tocar la Constitución en lo que afecta a este punto.

El líder de los 'populares', aunque rechaza modificar la Constitución, sí es partidario de establecer leyes que armonicen materias como la enseñanza, la unidad de mercado, el comercio...

Rajoy avanza que si gana las elecciones generales de 2012, también promulgará leyes básicas "para garantizar la igualdad de todos los españoles". "No tiene sentido que en un determinado territorio español la gente tenga derecho a equis prestaciones sanitarias y en otro a equis más uno o menos uno. Ahí habrá que hacer también un esfuerzo con instrumentos de cooperación y con la utilización de la legislación básica", explica Rajoy.

HACIENDO EQUILIBRIOS
Rajoy y Cospedal cortan las alas a Aznar y a su "cruzada" autonómica
Ana I. MartínEl Semanal Digital 31 Enero 2011

La FAES ha puesto en un brete a la Dirección nacional del PP al proponer una "profunda reforma" del Estado de las Autonomías que por ahora no figura en la hoja de ruta del líder del partido.

A veces las fábricas de ideas del PSOE y el PP van más allá de lo que la contención aconseja a los dos partidos de gobierno. En esta ocasión le ha pasado a los populares: Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal se han encargado de poner diques a la última gran propuesta de FAES, que pasa por una "profunda reforma" del modelo territorial español, el de las autonomías.

La Fundación de Análisis y Estudios Sociales presentaba este lunes un informe titulado Por un Estado Autonómico racional y viable, obra de Julio Gómez-Pomar, Mario Garcés y Gabriel Elorriaga. De entrada, la presencia de la secretaria general del PP en el acto -cerrada hace una semana- se había interpretado como un respaldo de la Dirección nacional a esas tesis que el propio José María Aznar defendió públicamente hace algo más de medio mes en León. Algo muy significativo, teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones autonómicas.

Sin embargo, tanto de sus palabras como de las de Mariano Rajoy en una entrevista publicada el mismo día en El Mundo se deduce que el PP no está por la labor de zambullirse en el avispero de la reforma del Estado de las autonomías si llega al Gobierno en 2012. "Cuestionar el diseño actual del Estado de las Autonomías sería hoy un disparate", señalaba el líder de los populares en esa entrevista, en la que además descartaba devolver al Estado algunas de las competencias actualmente transferidas a las comunidades.

Cospedal aprovechó para redundar en esa misma línea delante del propio Aznar durante la presentación del informe de FAES, haciendo equilibrios entre la defensa del sistema de las autonomías y la denuncia de sus fallos actuales. Así, aunque la número dos del PP señaló que "la racionalidad no es un múltiplo de 17" y que el Estado de las Autonomías "se ha desviado de sus presupuestos fundacionales" -algo que atribuyó en buena medida a la "dejación" del Gobierno socialista, especialmente en sus "deberes" de control del gasto-; también resaltó que el modelo autonómico español es "uno de los pilares de nuestra democracia".

Tras ella, el ex presidente del Gobierno fue mucho más allá, hasta el punto de poner como ejemplo a Alemania, cuyo modelo federal acordaron reformar los dos grandes partidos en 2006 para reorganizar y blindar las competencias del Estado. "España no puede competir ni en Europa ni en el mundo con unas comunidades autónomas aspirando a convertirse en mini-estados", subrayó Aznar.

Según él, la reforma del Estado de las Autonomías se hace imprescindible por tres razones: para que España siga siendo "protagonista del proyecto europeo" en vez de pasar a ser "socio de segunda" dentro de la UE; para "asegurar el futuro de nuestra sociedad del bienestar"; y para "hacer plenamente vigente la Constitución de 1978 y preservar el derecho de la Nación española a decidir su propio destino libremente, a trabajar por su prosperidad y a permanecer unida".

El presidente de honor del PP -en la sala también se encontraba el presidente fundador, Manuel Fraga- terminó su intervención mostrándose confiado de que dentro de poco "los españoles respaldarán en las urnas la búsqueda de un acuerdo ampliamente mayoritario" en torno a esa "necesaria reforma". Sin embargo, a juzgar por las palabras de Rajoy y Cospedal, el PP no lo tiene precisamente entre sus prioridades.

MADRID ES LA CCAA QUE MÁS AUMENTA SU FUERZA LABORAL
Las administraciones 'pasan' de la crisis: han contratado a 295.300 personas en tres años
@D.Toledo. El Confidencial 31 Enero 2011 31 Enero 2011

El sector público ha contratado a 295.300 personas desde el primer trimestre de 2008, coincidiendo con uno de los trienios más oscuros para el empleo en las empresas. El número de asalariados a cuenta de las administraciones se situaba en 2.873.200 personas hace tres años. Estado, comunidades y ayuntamientos no parecen entender de estrecheces económicas. Según los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) publicada esta misma semana por el Instituto Nacional de Estadística (INE), a finales de 2010 los empleados públicos habían aumentado hasta los 3.168.500, lo que supone un incremento del 9,3%.

Una evolución que contrasta con la registrada en el sector privado, donde la cifra de asalariados se situaba en el arranque de 2008 en 13.944.200 personas y en el último trimestre del pasado ejercicio en apenas 12.145.700. Esto es, en torno a 1,8 millones de trabajadores por cuenta ajena han dejado de percibir su salario en 36 meses. De hecho, si se tiene en cuenta el total de ocupados, la cifra se redujo en 138.600 personas sólo en el último trimestre de 2010, lo que significa que en los últimos tres meses del año pasado se destruyeron más de 1.500 empleos diarios de media mientras Gobierno y sindicatos se concentraban en escenificar un acuerdo sobre pensiones.

Sorprende el incremento desatado de los empleados públicos en un escenario declarado de contención del gasto por parte de las administraciones. Ninguna se salva. La central contaba con 504.100 hace tres ejercicios y cerró el pasado año con 560.900 en sus filas, después de incrementarse la cifra hasta en 26.200 en los últimos tres meses. En ningún momento se ha detenido el incremento de las contrataciones durante el último año. Un periodo en el que el Gobierno anunciaba el recorte del sueldo de los funcionarios en un 5% de media y su congelación en 2011. El número de asalariados a cargo del Estado se encuentra en su punto más alto en tres años.

Comunidades y ayuntamientos, que sí se han moderado algo en el último trimestre, presentan en los tres años de la crisis datos inquietantes. De hecho, las autonomías acumulan el grueso de la contratación. De los 1.551.600 millones de asalariados con que contaban a principios de 2008 se ha pasado a los 1.750.900 que engrosan actualmente su nómina. Es decir, casi 200.000 contratos más en plenas vacas flacas. Un estudio publicado en marzo de 2009 por la patronal de las empresas de trabajo temporal (Agett) advertía de esta tendencia y explicaba que las comunidades buscaban compensar la debacle del mercado laboral. Nada hace pensar que ningún gobierno se anime a realizar ajustes en sus planteles en vísperas de elecciones autonómicas y municipales.

En el caso de los ayuntamientos, se ha pasado de 613.300 asalariados a 657.200, casi 44.000 más. Las empresas e instituciones públicas no se han quedado atrás y han puesto en nómina a 6.500 trabajadores adicionales. El punto culminante llegó en el tercer trimestre de 2010, cuando el número de empleados públicos alcanzaba un nuevo récord al situarse en 3,17 millones. Además, según refleja la EPA, el empleo público es sobre todo de carácter indefinido, como corresponde a tareas desempeñadas en su mayor parte por funcionarios. Hasta 2.415.00 millones de los empleados públicos cuentan con la garantía de ese tipo de contratos, cifra que supone más de un 75% del total.

Esperanza Aguirre, la que más contrata
Por comunidades autónomas, Madrid y Andalucía son las que más han aumentado la fuerza laboral, si bien es cierto que ambas son las que tienen un mayor peso relativo en cuanto a número de funcionarios y empleados públicos. Por ejemplo, la de Esperanza Aguirre contaba con 431.900 empleados públicos en el primer trimestre de 2008 y suma ahora 514.600, un total de 82.711 asalariados más en tres años. En Andalucía, la subida ha sido de 63.800, hasta los 570.700. Cataluña completa el triunvirato tras haber contratado a 46.500 trabajadores más; en paralelo, emitía bonos para cumplir con sus compromisos financieros. Entre las tres explican el grueso de la subida de 200.000 empleados públicos que se han anotado las comunidades autónomas en lo más duro de la crisis.

Organizaciones como CEOE han abogado por medidas de calado para recortar el gasto público, entre ellas reducir de forma drástica la cifra de funcionarios, empezando por aquellos menos productivos. Una decisión que debería acompañarse de la privatización de las empresas públicas deficitarias. El programa de austeridad puesta en marcha por el primer ministro británico, David Cameron, contempla la eliminación de hasta 490.000 empleos en el sector público durante los próximos cuatro años. “Se trata de una pérdida inevitable cuando el Gobierno no tiene dinero”, explicó el pasado mes de octubre el ministro de Finanzas, George Osborne.

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Jordi Pujol i Pujols
JOSÉ GARCÍA DOMÍNGUEZ ABC Cataluña 31 Enero 2011

Como esos preadolescentes en la edad del pavo que, tras amenazar mil veces a papá y mamá con fugarse de casa, proclaman, solemnes, que «esta vez va en serio», así el emérito Pujol, inopinada víctima de un brote de acné crepuscular, augurando la secesión ante la mirada clemente del tendido ibérico. A propósito de esa cansina liturgia escénica, nada habría más errado que concederle alguna verosimilitud ajena a su obvia intención coactiva. Bien al contrario, lo que en verdad postula el catalanismo canónico no es la independencia efectiva sino el independentismo, asunto distinto y, en el fondo, la condición necesaria y suficiente con tal de que la ruptura fáctica no se llegue a consumar nunca. Nadie se engañe, lo suyo es el toreo de salón, esos triples mortales de boquilla siempre tan caros a la aguerrida marinería de agua dulce que integra la escuadra de Pujol, Mas, Duran & Cía.

Mejor que nadie lo saben ellos, una Cataluña separada de España supondría, de entrada, la ruina económica cierta para sus filantrópicos promotores. Al respecto, es fama que Francesc Pujols, aquel soberbio ampurdanés que ahora parece inspirar las fantasías otoñales del Patriarca, anunció la llegada del luminoso día a partir del cual todo será gratis para los hijos de esta tierra. «Muchos catalanes se pondrán a llorar de alegría; se les deberán secar las lágrimas con un pañuelo. Porque, siendo catalanes, vayan donde vayan, todos sus gastos les serán pagados (…) Al fin y al cabo, y pensándolo bien, valdrá más la pena ser catalán que multimillonario», sentenció en muy celebrado augurio milenarista. Pero, mientras llega instante tan glorioso, habrán de permanecer vigentes ciertos axiomas, los más ingratos además, de la ciencia lúgubre. Sin ir más lejos, el que se ampara en la evidencia empírica de que salir a empujones por la puerta trasera de la Unión Europea no resulta tan arduo como abrirse camino en la principal.

Que se lo pregunten, si no, a la Argelia que en 1962, tras despedirse a la francesa de Francia, pretendía que su territorio continuara instalado como miembro de pleno derecho en la entonces Comunidad Económica Europea. Y también lo hubieran pretendido con la Organización Mundial del Comercio, caso de existir por aquel entonces. Como ellos, sin embargo, las manufacturas que del estadito catalán segregado quisiera comercializar en el continente, España incluida, restarían sometidas a idéntica barrera arancelaria que la sufrida hoy por coreanos, paraguayos, uzbecos, australianos «et altri». Momento procesal, ése, en el que el honorable tal vez repararía en cierta anécdota estadística nada baladí, a saber, que 56 céntimos de cada euro que entra en el Cataluña fruto de las exportaciones domésticas proceden, ¡ay! del resto de España. Al igual que acontece, por cierto, que el 44 por ciento de las importaciones locales. Que de ahí la vocación eterna de esa falsaria copla doméstica, la del derecho a decidir. En fin, cosas de la edad del pavo.
 

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