AGLI

Recortes de Prensa   Martes 1 Febrero 2011

 

La culpa, de los otros
Editoral www.gaceta.es 1 Febrero 2011

Sería mucha presunción imaginar que el autor de frases tan profundas como “la libertad os hará verdaderos” o “la Tierra es del viento” haya leído a Sartre.

Pero su deriva en esta agónica recta final parece la aplicación casi al pie de la letra de “el infierno son los otros”. Traducido a su irresponsabilidad congénita: “a mí que me registren... la culpa siempre es de otros”. Dos asuntos lo reflejan de forma palmaria: la crisis económica y su propia sucesión, que abordó ayer –o mejor dicho trató de esquivar– en TVE.

Respecto al quebradero de cabeza número uno de los españoles, Zapatero se apresuró a quitarse el muerto del paro de encima y a echárselo al PP de Aznar, al decir que obedece a “razones estructurales” que vienen de lejos. Primero eran los malvados mercados y ahora sus antecesores, la no menos malvada derecha. Pero no cuela. La comparación es sofista, porque cuando el PP llegó a La Moncloa, en 1996, se encontró una tasa de paro inusitadamente alta, que llegó a la cota del 24% en la recta final de Felipe González. El líder del PP logró reducirla gracias a sus reformas estructurales, la contención de gasto, la bajada de los impuestos y el subsiguiente estímulo para las empresas y la creación de empleo. Todo lo contrario que Zapatero, que ostenta el dudoso honor de haber situado a España en un deprimente pódium, con la mayor tasa de paro de Europa, exactamente el doble del conjunto de la eurozona, con el récord histórico de los 4,7 millones de desempleados, más de 1.300.000 familias con todos sus miembros sin trabajo o esa bomba de relojería que es un 43% de paro juvenil. Por eso carece de credibilidad recurrir a la gastada cantinela del “ahora sí”: “en la segunda mitad de este año se empezará a crear empleo neto, de forma moderada” y prometer el “pleno empleo” para 2012.
Este cuento de Pedro y el lobo al revés no engaña a nadie. Sobre todo, porque la terca realidad se ha encargado de hacer trizas, uno a uno, los optimistas pronósticos de Zapatero, que ya en el verano de 2007, cuando la crisis asomaba las orejas, soltó aquello de “en la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España”.

Nada permite augurar un cambio de tendencia. Habida cuenta la política económica sin rumbo ni dirección, que parece subsistir casi exclusivamente por la respiración asistida de Alemania. Y resulta vano esperar que la reforma laboral, alicorta e inconexa, rinda sus frutos de empleo si tenemos que esperar a que la economía “crezca a un ritmo por encima del 1%”, como dijo ayer Zapatero ante las cámaras, porque hace sólo una semana, el FMI lanzaba un jarro de agua realista al situar ese crecimiento para este año en un 0’6%.

Por todo ello, no hay quien pueda creerse que el debate sucesorio no sea una prioridad interna en el PSOE, porque “todo el mundo sabe que el Gobierno está concentrado en la crisis”. Que se lo digan a los barones que aspiran a un volantazo para no perder sus bastiones.

Los hechos demuestran que si la preocupación número uno de los españoles es el paro, la número uno de los socialistas es su líder. Suenan por eso a chiste las evasivas de Zapatero diciendo que la sucesión no está sobre el tapete y es poco menos que una especulación periodística –cuando fue él mismo quien alentó el cotilleo–; o el intento de aplazar la cuestión hasta 2012, con el argumento de que “las convicciones explicarán la decisión, no las circunstancias”, cuando si algo ha regido el zapaterismo han sido el “contexto” –recuérdese la negociación con ETA–, y el relativismo de un líder sin otro principio que aferrarse al poder.

Masaje al líder
El Editoria  La Razón 1 Febrero 2011

De la convención autonómica que el PSOE ha celebrado este fin de semana en Zaragoza se esperaba mucho más que las cuatro generalidades insustanciales con que ha sido despachada. Convocada para analizar y debatir los reajustes que necesita el Estado de las autonomías para hacer frente con mayor eficacia a la crisis, ahorrar en gasto público y favorecer la recuperación, la cita se quedó en otro mitin más de polideportivo, adobada para la ocasión con la sobreactuación de los barones socialistas en defensa del devaluado liderazgo de Zapatero. Una lástima porque se ha hurtado a los ciudadanos un debate necesario y oportuno como es el de las correcciones que requiere la organización autonómica del Estado para que sea más eficiente, elimine duplicidades y racionalice el gasto.

Los dirigentes socialistas tenían, además, la obligación moral y la responsabilidad política de hacer autocrítica por el Estatuto de autonomía de Cataluña, que impulsaron con irresponsabilidad manifiesta más allá de los límites constitucionales. Cuando un partido político comete un error de tanto alcance y de tan hondo calado como éste, lo menos que le debe a la ciudadanía es un análisis honesto y una rectificación congruente. El congreso de Zaragoza habría sido una excelente ocasión para ello, y para concretar nítidamente las propuestas autonómicas del partido que aún gobierna España.

Pero toda la pólvora se quemó en salvas en honor al líder. Lo demás ha sido una declaración con cuatro lugares comunes sobre coordinación autonómica que produce sonrojo por su elementalidad: calendario de vacunas, licencias de caza y pesca, crear centros universitarios conjuntos o conectar los servicios de información y gestión de datos de la Administración de Justicia. No se ha dicho nada del desbroce urgente de leyes, normas y decretos autonómicos que entorpecen el mercado único; y tampoco se ha reconocido que fue un error la supresión del techo de gasto de las comunidades.

Por otra parte, los barones del PSOE que más se significan por su defensa de las competencias del Estado han defraudado las expectativas por no haber forzado un debate interno de mayor enjundia. Es verdad que la lamentable perspectiva electoral del partido no facilita precisamente la tarea de mojarse ante el electorado en un asunto tan espinoso. Pero la razón última es que el federalismo implacable de los socialistas catalanes sigue hipotecando el debate autonómico de todo el PSOE.

No es casual que entre las recomendaciones aprobadas este fin de semana para incorporar al programa electoral figuren dos exigencias tajantes del PSC: la defensa del modelo federal y la bilateralidad de las comunidades con el Estado, figura retórica cuyo único propósito es elevar el rango de las relaciones de la Generalidad catalana con el Gobierno central. En este laberinto es en el que sigue el partido del Gobierno tras la desastrosa experiencia del Estatuto catalán, cuyas conclusiones aún no se ha atrevido a extraer. De lo que se deduce que el PSOE acudirá a las elecciones autonómicas como siempre: inmerso en esa espesa ambigüedad sobre el modelo de Estado que lo mismo le sirve para pactar con los independentistas catalanes que para llenarse la boca con la palabra España.

La crisis perpetua
Javier Benegas* El Confidencial 1 Febrero 2011

Los numerosos y acuciantes problemas de España son puestos de relieve mediante el goteo controlado de la información y su posterior disección por renombrados periodistas económicos; casi todos ellos atrapados, de una forma u otra, en la red del interés particular, la militancia política y, en última instancia, los prejuicios ideológicos y culturales. Al margen de estas sutiles diferencias, el protagonismo de estas nuevas y rutilantes estrellas ha dado lugar a un emergente pensamiento único en el que una versión simplista de la Economía ha pasado a ser el centro del universo. Sus leyes se han convertido en el medio y el fin; la causa y la consecuencia.

Dentro de esta nueva visión cosmológica, no hay lugar para las reformas que desborden el ámbito de lo puramente "económico". Esta Economía lo es todo y son sus leyes las que, en definitiva, gobiernan el mundo; las que erigen y derriban los sistemas políticos, las naciones, los continentes y las civilizaciones. Ante este dios tronante, nos dicen los nuevos adivinos, sólo cabe adaptarse a sus ciclos y aceptar con resignación los estragos de las devastadoras crisis que, para castigo de nuestros pecados, caen sobre nosotros como ángeles vengadores. Una vez quedamos hipnotizados por esta abrumadora visión, nuestra voluntad individual desaparece.

Una crisis de origen político, no económico
La corrupción, el tráfico de influencias y los favores políticos, y su terrible derivada: la compulsiva planificación de unos gobiernos al servicio de sí mismos y de sus allegados, han hecho desaparecer la delgada línea que separaba lo público de lo privado

Pero todo este embrollo no es más que un entretenimiento que el sistema fomenta con el fin de distraer nuestra atención. Porque lo cierto es que no es esa exógena Economía sino la letal combinación del interés y la cobardía de los políticos profesionales y los más influyentes ciudadanos lo que está llevando a nuestra sociedad al borde del abismo. Y, éstos, no sólo se niegan a reformar el sistema político sino que se han convertido en sus adoradores y más fieles servidores, al amparo, ahora, de la teoría del omnipotente dios económico.

Esta azarosa crisis, cuyo punto de partida fue el mitológico Estado de bienestar y cuyo horizonte final es el previsible y pavoroso empobrecimiento colectivo, no es fruto del azar ni de la concatenación de desastres fortuitos sino que, más allá de los avariciosos especuladores, es el resultado de la corrupción del poder político y de sus instituciones. Pues son precisamente las decisiones políticas –es decir, las de los seres humanos y no la ira de los dioses– las que han terminado por convertir la Economía en un grave problema para la mayoría y no en un medio para el progreso. La corrupción, el tráfico de influencias y los favores políticos, y su terrible derivada: la compulsiva planificación de unos gobiernos al servicio de sí mismos y de sus allegados, han hecho desaparecer la delgada línea que separaba lo público de lo privado, llevando a la sociedad al desastre al interferir en todos los órdenes de la vida, en beneficio de unos pocos.

Son las decisiones de un reducido número de hombres y mujeres, con la inestimable ayuda de nuestra complicidad, las que escriben el guión de la Historia. Y es la connivencia entre los políticos y los grandes agentes económicos, previa exclusión de los ciudadanos comunes, lo que genera las crisis. No existe un dios tronante por encima de nuestras cabezas que nos empuje irremediablemente a tomar el camino equivocado. Muy al contrario, lo que está sucediendo es el resultado lógico y previsible de decisiones particulares de personajes que han renunciado no ya a defender el bienestar general, sino al propio sentido común en favor de sus intereses a corto plazo.

Ideología y hooliganismo a cambio de racionalidad
Llegados a este punto, es importante entender que, para que la economía haya terminado en manos de unas minorías, el paso previo ha sido dar por bueno que la política se convirtiera en una herramienta de ingeniería social al servicio del “bien del Estado” y “en beneficio de la sociedad”. Este es el quid de la cuestión, la piedra angular sobre la que se ha proyectado un mundo feliz, habitado por seres despreocupados y relativistas. La irresistible posibilidad de imponer nuestra ideología mediante el acceso al poder político, antes mediante la fuerza y hoy mediante el voto, y transformar el entorno para ahorrarnos padecimientos ha sido el punto de partida hacia el desastre.

Ese irracional deseo de vivir en la absoluta seguridad ha reducido el combate político e ideológico a la imposición de una visión sobre otra; es decir, al triunfo de unos intereses en detrimento de otros. Y en el fragor de esta batalla, en un momento dado, la racionalidad desapareció. Conforme la lucha se hizo más intensa, dimos más y más poder a quienes debían ganar en nuestro nombre. En consecuencia, la política terminó por escapar de nuestro control. Y el poder político, libre de cualquier atadura, ha terminado por servirse a sí mismo, quedando los ciudadanos a su merced.

La creencia de que renunciando a nuestra responsabilidad individual y sumándonos a un grupo o facción ideológica podíamos generar un poder con el que someter un entorno hostil a nuestra conveniencia, nos ha impedido advertir el peligro: la pérdida de libertad y nuestro propio sometimiento. Pues nosotros somos ese entorno y ahora estamos pagando el precio de nuestra equivocación.

En conclusión, la instrumentalización política del interés general mediante ideologías edulcoradas -a estas alturas, el signo ya es lo de menos- y propagadas como promesas de un mundo feliz es una trampa letal. Pensar que es posible generar estructuras de poder que, pasando por encima de los individuos, obren el milagro de satisfacer demandas sociales que tienden a infinito con recursos que desgraciadamente son finitos, no se sostiene racionalmente. Y mientras no nos demos cuenta de este terrible error y, en consecuencia, no se produzca un cambio de mentalidad en cada uno de nosotros, no podremos pensar siquiera en empezar a revertir la situación. Dentro de la actual visión colectiva no hay salida; la crisis será perpetua y, generación tras generación, seguiremos atrapados en un ciclo infinito de curvas ascendentes y descendentes que desembocarán tarde o temprano en una profunda depresión de la que ya no será posible escapar.

*Javier Benegas es experto en branding y comunicación

Sobre pactos o reformas
Este Gobierno es el principal coste estructural que tiene España.

Arturo Moreno www.gaceta.es 1 Febrero 2011

La imprevisibilidad congénita de nuestro Gobierno, que deambula en su atribulado comportamiento, a golpe de ocurrencias y de ideas evanescentes, aparece ahora antojadiza en su pretensión de revestir las medidas ineludibles que tiene que tomar un Gobierno, bajo la cáscara de un gran Pacto Social. Si el pacto, como se ha dicho en ocasiones, es un privilegio de los fuertes, no parece que sea aplicable en esta ocasión. El pacto, cuando se tiene crédito político, es un instrumento útil para cohesionar eficazmente un país en torno a un proyecto, sumando voluntades y comprometiendo a la mayoría en unos objetivos nacionales.

Si se quiere que los pactos sean productivos –es decir, que generen efectos positivos en toda la sociedad– tienen que tener contenido; o lo que es lo mismo: atender los problemas existentes con las soluciones necesarias. En definitiva, se trata de un acuerdo entre diferentes, que por motivos y circunstancias diversas, otorgan primacía a la consecución de un objetivo compartido, que excede a los intereses propios. Estos no tienen sentido si con las medidas o reformas objeto del pacto no se va a ninguna parte, se va a un sitio distinto del que motiva el acuerdo o se queda uno en el mismo lugar después de perder el tiempo. No hay camino pues, sin destino. Los pactos siempre parten de la realidad, no son una coartada para eludirla ni para distraer al público, ni un punto de encuentro en el vacío como resultado de partir salomónicamente las diferencias.

Ahora, el Gobierno nos presenta un pacto con los sindicatos sobre pensiones, que parece de socorro mutuo, para intentar reconstruir el bloque social y electoral de izquierdas ante el riesgo de naufragio. Las cosas son como son. Podían ser de otra forma si al principio de la crisis este Gobierno no se hubiese declarado objetor de conciencia de la realidad y, ante esta circunstancia ineludible, hubiera afrontado los problemas con decisión. Entonces, el deterioro no hubiera llegado tan lejos. Pero prefirió ideologizar la realidad (“los mercados son los culpables”, decían) creyendo que así podían esquivarla. La verdad se puede eclipsar pero nunca se extingue, pero el presidente y su dócil equipo optaron por convertirse en agitadores de la confusión, en jornaleros de la parálisis. Tomar las riendas, gobernar, afrontar los hechos era ir contra sus ideas, desdecirse de los discursos y las acciones otorgantes de derechos ilimitados, aparcar los caprichos populistas que nos han salido tan caros. Luego, tarde, poco y mal, ante la ausencia de crédito, la creciente deserción de sus electores y la presión de Europa, iniciaron una tímida rectificación centrada en el recorte indiscriminado del gasto pero huera de las reformas necesarias para acometer la recuperación.

En fin, todo menos irse a su casa, reconociendo los errores y los perjuicios a España, pues eso sería un claro rasgo de patriotismo. Este Gobierno es el principal coste estructural que tiene nuestro país. Hoy, tendríamos otra situación si se hubiese actuado a tiempo y especialmente si se hubiera hecho un buen uso del dinero público, no dilapidándolo. Hoy, España necesita un Gobierno austero y competente, un Gobierno que recupere la sobriedad. Hay que ponerse mirando al futuro, los españoles tienen que recuperar otra vez la capacidad de soñar. Lo hicimos en la Transición, y en el amplio proceso de integración europeo, generando un nuevo tiempo de estabilidad y prosperidad en nuestro país. Pero las cosas son como son, no todo se ha hecho bien en estos 30 años de Democracia. El Estado central ha ido diezmando sus competencias, no a favor de la cohesión y de la eficacia, sino como moneda de cambio para asegurar la estabilidad de los habituales Gobiernos en minoría que hemos tenido en España. Durante demasiados años no ha habido una colaboración entre los dos grandes partidos.

La educación es un recurso básico para construir la nación, vinculando a los niños con nuestra Historia común, instruyéndoles en los conocimientos necesarios que les permitan abordar en un futuro los retos de la nación y ganarse la vida. No es realista plantear la devolución de esas competencias a la Administración Central, pero ahora tenemos que enfrentarnos a la competencia global sin tener un control efectivo y riguroso sobre tan importante cuestión. La realidad es que, según datos de la OCDE, en el año 2020, el 85% de los puestos de trabajo en la Unión Europea requerirá una cualificación media o alta, pero en España el fracaso escolar es superior al 30% y el informe PISA demuestra que no hay proporción entre el gasto educativo y los resultados obtenidos. Mientras tanto, todos los grandes países están cambiando su mentalidad para adaptarse a la evolución del mundo. Focalizan sus inversiones en la Educación y la Innovación. Hoy no existirían Apple, Google, Hewlett Packard sin la Universidad de Stanford ni el espíritu emprendedor. China, en esa dirección, está a punto de superar a EE UU y a la UE en número de investigadores, y el 40% de sus estudiantes cursa carreras de Ciencia e Ingeniería, más del doble que en EE UU.

Por ahí va el mundo, pero nosotros seguimos inmovilizados con nuestros eternos problemas estructurales. ¡Cambiemos! Sería un gran acontecimiento y además es nuestra oportunidad.

*Arturo Moreno es abogado.

El chocolate del buitre
Alfonso Ussía  La Razón 1 Febrero 2011

Cuando se habla del derroche y la jeta en el gasto del dinero público, los socialistas se refieren al «chocolate del loro». Una subvención de cien mil euros se considera «chocolate del loro». Una limosna de un millón de euros para producir una necedad de película, se considera «chocolate del loro». La entusiasta entrega de doscientos mil euros para la ONG de turno que se ocupe, aunque no lo haga, de reivindicar la igualdad de género en Togo, es «chocolate del loro».

Sumando todos los chocolates de todos los loros posibles y probables, el despilfarro del dinero público deja de ser chocolate para convertirse en agujero, en socavón imbécil, en generosidad con la basura. Los «chocolates del loro» deshonestamente regalados asegurarían el futuro y las pensiones de nuestros jubilados.

Joan Huguet, un veterano y honesto político balear, ha analizado los paraderos del dinero destinado a la llamada «Memoria Histórica». «Uso perverso y sectario del dinero público», ha concluído. «Auténtica estafa», ha remachado. Los sindicatos Comisiones Obreras y UGT se han embolsado más de un millón de euros de la «Memoria Histórica». Átenme a esa mosca por el rabo. No acabo de entender que la recuperación de los huesos de los asesinados de un lado y del otro durante la Guerra Civil, tenga por objeto adinerar a los sindicatos. El mismo derecho tiene la CEOE, la CEIM y la Asociación de Ganaderos Descontentos.

La «Asociación Guardia Roja» –no queda guardia roja ni en el Kremlin–, ha percibido treinta mil euros en el último año. Se habrán destinado, probablemente, a fotocopias de la imagen del «Ché», que nada tiene que ver con la pretendida Memoria Histórica. Pero hay un dato que me conmueve con especial emoción. Una fundación con identidad muy estirada, la «Fundación Contamíname Mestizaje Cultural de Pedro Guerra», ha obtenido noventa y cinco mil euros de nuestros bolsillos.

Se dedica la divertida Fundación a organizar actividades culturales, y han intervenido en ellas Pilar Bardem, Almudena Grandes y Juan Diego Botto, entre otros desatendidos por la fortuna. A pesar de mi edad y del deterioro de mi mente, alcanzo a entender que esas actividades culturales se han enriquecido con la presencia de tan singulares representantes de la Memoria Histórica. Ignoro si tan elegantes recopiladores de nuestro peor recuerdo han intervenido gratuitamente o al contrario, con todo derecho, han sido remunerados a cambio de sus interesantes y originales planteamientos. Juan Diego Botto, por ejemplo, tiene que saber mucho de lo que sucedió en España a partir de 1934, año en el que la Segunda República abandonó el camino de la democracia y se convirtió en un ensangrentado y sangriento invento estalinista. Tan sólo me consuela que, de darse el caso, que lo dudo, Pilar Bardem hubiera percibido alguna cantidad en contraprestación a sus análisis perorados, una parte de esos dineros públicos los hubiera destinado a contribuir con tanta modestia como generosidad, al pago de la factura de la clínica en la que su nuera ha tenido a bien dar a luz. Una clínica americana y nada palestina, según se desprende por su nombre, «Cedars Sinaí». De Almudena Grandes sólo se puede esperar desinterés económico. La fina escritora no cobra por pertenecer a los múltiples jurados literarios en los que participa.

Pero la investigación de Joan Huguet me hace intuir que la «Memoria Histórica», más que recuperar huesos asesinados, a lo que se dedica es a que algunos lo pasen rechupi con el dinero de todos.

Los malcontentos
Es hora de admitir que nunca van a darse por contentos. No se sienten cómodos en España porque no quieren sentirse así
ANDRÉS FREIRE ABC Galicia 1 Febrero 2011

EN varias ocasiones, durante la polémica por los pinganillos, hemos tenido que leer a gentes que aseguraban que no podían sentirse a gusto en un estado (el español) que no respetaba su lengua (el gallego), y que los estábamos expulsando de él con nuestra intolerancia. Admitamos la mayor y que, a pesar de lo que escuchan nuestros oídos, su primera lengua es el gallego. Pero, por favor, que a estas alturas no pretendan que hay formas de conseguir que se encuentren a gusto en España.

Llevamos décadas acomodándonos a las exigencias de los perennes malcontentos, y cada nuevo acomodo no trae consigo aceptación, sino una nueva demanda. El estado ha aceptado lo que era razonable —oficialización de lenguas, su uso en la escuela— y lo que en nada era razonable, desoficialización de facto del castellano, colegios convertidos en madrasas nacionalistas. La esperanza era que de este modo los desafectos de España la aceptarían. Por supuesto, no lo han hecho. Como niños caprichosos y malcriados, el nacionalismo quejumbroso vacila siempre entre el «no me gusta» y el «quiero más». Y nosotros, cual padres débiles y con mala conciencia (lo tengo dicho: nos hemos creído las milongas para crédulos que hoy pasan por historia oficial) aceptamos sus cada vez más extravagantes demandas.

Es hora de admitir que nunca van a darse por contentos. No se sienten cómodos en España porque no quieren sentirse así. Primero porque su ideología responde a un malestar general de la cultura occidental (y el nacionalismo les sirve de refugio ante ese malestar). Segundo, más importante, porque viven de eso. Si un día dijeran «aceptamos lo que hay», se quedarían sin excusas, sin políticas, y sin trabajo. El corolario de su argumento («aquí no respetan al gallego, independicémonos») demuestra que todavía no saben de qué va esto. La linguomanía nacionalista hace tiempo que dejó de ser una aspiración cultural para convertirse en la mejor excusa para justificar y legitimar lo que Maquiavelo llamaba «el feo deseo de reinar» (la brutta cupidità di regnare).

Y si un día Galicia alcanzara la independencia, no tardaría en abatirse la querella de la lengua. Pues una vez conseguido el objetivo político —la independencia— toda la mal llamada normalización deja de tener sentido. La patria estaría ya salvada. EL DNI nos llamaría gallegos ¿Para qué más fatigas? ¿Para qué enajenar el apoyo de la clase media hispanohablante? Las fuerzas sociales que hoy la apoyan, una élite autonómica ávida de mandar, abandonarían pronto a su suerte a los radicales y aceptarían al castellano como lengua normal de Galicia. Dejemos pues que los malcontentos disfruten de sus quejas constantes. Y no les hagamos caso cuando insistan en que sigamos acomodando sus antojos.

Islam y Facebook
J. A. Gundín  La Razón 1 Febrero 2011

En la era de internet, la farsa electoral tiene las piernas cortas. De no haber sido por Twitter, Facebook, Youtube y los móviles es probable que en Irán, Túnez y Egipto, países que por este orden han celebrado elecciones presidenciales en el último año, hubieran digerido el pucherazo sin más molestias que cierta acidez estomacal, nada grave que no curara una buena siesta delante del televisor oficial. Sin embargo, las redes sociales tejidas por los jóvenes en la clandestinidad de sus habitaciones, al abrigo de la policía política, han abierto una brecha en este muro de la vergüenza que va desde Marruecos hasta Siria y desde Pakistán hasta Sudán.

Tras él viven mil millones de musulmanes, cuyo destino, sus esperanzas y sus libertades dependen de la suerte que corra esta revolución «online». Más aún, se dirime quién tiene razón, si los que sostienen que el islam y la democracia son esencialmente incompatibles, o los que aseguran que no es la religión de Mahoma el cortafuegos de la libertad, sino el atraso económico y la injusta distribución de la riqueza. Lo cierto es que no se conoce experiencia o país alguno que siendo de mayoría musulmana goce de democracia y cuyos dirigentes respeten los derechos fundamentales de la persona.

¿Podrán los jóvenes interconectados cambiar con la realidad virtual del 2.0 lo que nadie ha logrado en 1.400 años de islamismo? Tal vez, pero los resultados a día de hoy no son nada alentadores. En Teherán, los ayatolás siguen ahorcando en nombre de Alá a los principales cabecillas de la «Revolución de los jazmines».

En Túnez desembarca el líder de los teócratas y en Egipto los Hermanos Musulmanes, los apóstoles de la sharia que sueñan con el paraíso de su dios en la tierra, emergen de las catacumbas para capitalizar la revuelta. En los demás países musulmanes, los sátrapas observan asustados el incendio, se rodean de bomberos y ponen a buen recaudo el botín. Hay quien cree que se producirá un efecto dominó, como en los países comunistas tras la revuelta polaca del sindicato Solidaridad.

Pero entre ambos dominós hay una diferencia sustancial: todas las naciones europeas oprimidas por el comunismo conocieron la democracia en algún momento de su historia. Y quien probó la libertad jamás renunciará a ella. No es el caso, por desgracia, de los jóvenes árabes que luchan para cambiar un pasado de súbditos por un futuro de ciudadanos. A ver hasta dónde los dejan llegar sin que les corten la cabeza con el filo del alfanje o con las suras del Corán.

Indeterminismo histórico
HERMANN TERTSCH ABC 1 Febrero 2011

NO hay nada escrito. Olvídense de aquellas malhadadas lecturas del determinismo histórico que tanto daños nos hicieron en la juventud. Hoy, aquí, en El Cairo, es más inservible si cabe. Y sin embargo muchos parecen tentados de utilizarlo para intentar entender no ya lo que pasa, sino lo que puede suceder. Yerran, sin duda, quienes creen inevitable que Egipto se precipite hacia un proceso similar al que sufrió Irán después de la caída del Sha. Y que pronto tengamos a este país, clave de la región y líder del mundo árabe, en manos de los islamistas radicales de la Hermandad Musulmana, dedicados a la creación de una república islámica. Es lógico que ese escenario siembre el terror allá donde se dibuje.

Los Hermanos Musulmanes son el precedente de organizaciones similares de mucho éxito —por mucho que lo lamentemos— como son Hizbullah y Hamás en el Líbano y en Gaza. Desde hace ochenta años, este islamismo ha creado unas poderosas redes sociales y de beneficencia, tiene representación considerable en toda la geografía egipcia y mucho prestigio en las capas más bajas, urbanas y campesinas. Y está mejor organizado que ningún partido político de la oposición, y hoy puede decirse que también más que el oficialista PNB de Mubarak, que se halla estos días en plena descomposición mientras arden sus sedes. Tan lógico es que el presidente Hosni Mubarak presente la amenaza islamista como la única alternativa a su supervivencia en el poder como que los Hermanos Musulmanes nos cuenten la milonga de que «quieren una democracia laica, libre y abierta». Convendría creerles poco a ambos. Lo cierto es que hoy por hoy, en unas elecciones realmente libres, se les otorga a los Hermanos Musulmanes un techo en torno al 25 por ciento. Cierto, da mucho miedo. Pero también lo es que aglutinaría todo el voto religioso, con lo que el resto quedaría en manos de opciones políticas laicas. Y ninguna de ellas abiertamente hostil a Occidente.

Pero también resulta bastante infantil creer que la caída de Mubarak puede reconducirse rápidamente hacia un gobierno democrático con una alianza entre partidos más o menos laicos, todos ellos defensores de dichas buenas relaciones con Occidente, la libertad de mercado, la sociedad abierta. Es, sin duda, lo que pretenden los jóvenes de clase media que han sido vanguardia inicial del levantamiento estos días en las calles de El Cairo. Defienden hasta la continuidad de las buenas relaciones con Israel y, por supuesto, la seguridad del canal de Suez, dos puntos clave en los intereses occidentales en la región. Sería magnífico. Pero parece un sueño.

La fórmula turca de una democracia bajo tutela del Ejército para un largo plazo parece adecuarse a los deseos de muchos, pero lo único cierto es que puede pasar todo. Incluso que Mubarak se mantenga con el apoyo del Ejército unas semanas para lograr que la estrategia del miedo y el caos le granjeen los apoyos que no tiene ahora. Pero el tiempo pasa, la tensión aumenta. Y también el desabastecimiento y el hundimiento económico de un país paralizado. Urge, por tanto, una solución, por necesidad poco amiga de las cautelas. La más terrible está en mente de todos. Sólo tranquiliza la certeza de que un baño de sangre no le puede hacer ganar mucho tiempo a Mubarak. Lo dicho sobre el determinismo histórico. Puede pasar cualquier cosa, hoy y mañana. Cierto sólo parece que Egipto, con su portentoso Ejército como árbitro, va a liderar un cambio histórico en el mundo árabe. En qué dirección, se verá.

¿Qué hacer?
FLORENTINO PORTERO ABC 1 Febrero 2011

A veces tan interesante es lo que ocurre como las reacciones que esos hechos provocan. Los medios de comunicación occidentales nos presentan un panorama donde las coincidencias son tan interesantes como las divergencias. Entre las primeras destacan dos. El régimen político egipcio merece una crítica dura por su incompetencia y corrupción, lo que hace comprensible que los ciudadanos se echen masivamente a la calle y, jugándose la vida, traten de poner fin a su existencia.

Sin embargo, el riesgo de que los islamistas aprovechen la situación para acceder al poder y dar un vuelco a la de por sí compleja situación política del Mundo Árabe es real, por lo que hay que actuar con prudencia. Entre las segundas sobresalen otras dos ¿Son los manifestantes gentes sinceramente comprometidas con la democracia? En el hipotético caso de que los reformistas lograran imponer un proceso de transición hacia la democracia ¿Podrían resistir la presión de los Hermanos Musulmanes para reorientar el proceso hacia un régimen islamista?

Oponerse a una dictadura puede resultar heroico, pero no implica la condición de demócrata ¡Cuantos comunistas se enfrentaron al fascismo con el ánimo de imponer otro tipo de dictadura! La experiencia de lo ocurrido con la revolución iraní debería enseñarnos que más vale lo malo conocido que… El Sha Reza Pahlevi dejaba mucho que desear como gobernante a ojos de un europeo, pero comparado con Jomeini, sus ayatolás y guardias revolucionarios semejaba un padre franciscano. Los árabes no están menos dotados que el resto de los mortales para vivir en democracia, pero cada país ha tenido su propia historia y se ha acercado más o menos a la creación de un auténtico estado de derecho. Egipto está muy lejos de lograrlo y el peso de las fuerzas políticas moderas es muy limitado. Confundir nuestros deseos con la realidad puede tener consecuencias desastrosas.

Aznar urge a reformar el modelo de las 17 comunidades miniestados
El ex presidente afirma que si no hay cambio en el modelo, España no podrá competir en el mundo
Ep  www.lavozlibre.es 1 Febrero 2011

Madrid.- El ex presidente del Gobierno José María Aznar ha reclamado una "profunda reforma" del modelo territorial que ha justificado en tres razones: seguir contando en Europa y no quedar fuera de las grandes decisiones europeas; asegurar la sociedad del bienestar; y hacer plenamente vigente la Constitución de 1978. A su entender, España no puede mostrarse hacia el exterior como un territorio "fragmentado, enfrentado e inseguro" ni puede competir en Europa y en el mundo "con unas comunidades autónomas aspirando a convertirse en miniestados".

Aznar ha hecho estas manifestaciones durante la presentación del informe de FAES 'Por un Estado autonómico racional y viable', que recoge tres análisis de los expertos Julio Gómez-Pomar, Mario Garcés y el diputado Gabriel Elorriaga. También han participado en la presentación la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el candidato del PP a la alcaldía de Sevilla, Juan Ignacio Zoido.

Entre los asistentes, se encontraba el presidente fundador, Manuel Fraga; el candidato del PP a la Presidencia de Baleares, José Ramón Bauzá; la candidata por Asturias, Isabel Pérez-Espinosa; la teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella; y el vicepresidente del Gobierno de Madrid, Ignacio González.

EL EJEMPLO DE ALEMANIA
Aznar ve "inaplazable" llevar a cabo un debate serio y profundo sobre el Estado autonómico y ha querido dejar claro que no se trata de un asunto local, sino que es un asunto de política nacional y europea, puesto que en el nuevo contexto continental, "con exigencias perentorias, el rendimiento económico e institucional de España debe mejorar sustancialmente".

En este punto, ha recordado que Alemania, con unos estados federados con "menos competencias que las CC.AA. en España, llegó a la conclusión de que su modelo de organización territorial necesitaba reformas". Según ha añadido, las dos grandes fuerzas políticas alemanas acordaron una reforma constitucional, un "ejemplo de cómo se pueden hacer bien las cosas en una nación europea".

Aznar ha afirmado que pensar que basta con seguir haciendo política de "vuelo corto" con el modelo autonómico "sería sencillamente dar la espalda a los problemas", algo que, a su juicio, han venido haciendo en España los que tenían que abordarlos, en referencia a los socialistas.

"En este debate, confieso que cuesta recibir lecciones de autonomismo de los que no han dejado de proclamar que el modelo autonómico de la Constitución es una fórmula caduca e incluso un obstáculo para la convivencia -ha enfatizado-. Me refiero al nacionalismo independentista y a la izquierda que ha buscado el desbordamiento de la Constitución para imponer por la puerta de atrás una fórmula confederal en España".

LAS CC.AA. 'NO SON UN PROBLEMA' PERO TIENEN PROBLEMAS
Aznar ha recalcado que las CC.AA. "no son un problema" sino que "tienen problemas" que hay que resolver. A su entender, negar que las comunidades autónomas tienen "problemas graves que hay que abordar de inmediato es hacer un ejercicio de irresponsabilidad impropio de un país serio y que aspire a proyectar confianza".

"Si queremos seguir formando parte del proyecto europeo debemos resolver, entre otros, los problemas de nuestro Estado autonómico porque de lo contrario tendremos dificultades crecientes para seguir anclados en el euro", ha proclamado.

Tras recordar que las CC.AA. han sido las responsables de desarrollar y gestionar las principales políticas de bienestar, ha señalado que la segunda razón para reformar el modelo es "para asegurar el futuro" de la sociedad del bienestar.

El ex presidente ha destacado que el Tribunal Constitucional ya ha fijado "de manera inequívoca" los límites jurídico políticos del proceso descentralizador español en su sentencia sobre el Estatuto catalán. Y el modelo de Estado, ha advertido, "no puede quedar a merced del aventurerismo político de mayorías paralelas".

En este contexto, ha criticado los que, frente al Estado autonómico, "exhiben su nostalgia premoderna por fórmulas confederales" o los que trabajan "a favor de un Estado residual". Todas ellas, ha proseguido, son "apuestas políticas temerarias y empobrecedoras", que defienden "minorías locales o políticas", no mayorías sociales.

Aznar ha asegurado que España necesita "un Estado capaz" de asegurar las reglas del juego; la igualdad ante la ley; las políticas de cohesión; el acceso de todos los ciudadanos en condiciones de igualdad; y los derechos y libertades de todos los españoles. Por eso, ha recalcado que la tercera razón para reformar el Estado autonómico es hacer plenamente vigente la Carga Magna.

En su opinión, hay que evitar que "la deriva del modelo autonómico anule las ventajas y oportunidades de ser un país grande en Europa". Eso sí, ha subrayado que no hay que "desaprovechar el acierto" de la fórmula de organización territorial consagrada en la Constitución, que es la de un Estado descentralizado.

Aznar ha concluido su discurso expresando su confianza en que dentro de "muy poco tiempo" los españoles respalden en las urnas la búsqueda de un acuerdo "ampliamente mayoritario" en torno a la "necesaria" reforma del modelo autonómico.

COSPEDAL CRITICA LA 'DEJACIÓN' DE ZAPATERO
En su intervención, la secretaria general del PP ha reconocido que el Estado de las autonomías es "uno de los pilares fundamentales" de la democracia española y su descentralización ha reportado beneficios "incuestionables" para el país, reconocidos además por toda la opinión pública por los beneficios que supone acercar las administraciones a los ciudadanos.

Sin embargo, ha criticado la actuación del Gobierno socialista desde el año 2004, que, a su juicio, ha hecho que el Estado de las autonomías se haya desviado de los principios de "eficiencia, eficacia, racionalidad y rigor". Según ha sostenido, el endeudamiento de las autonomías tiene como "causa mayor" la "dejación" del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en sus deberes de control del gasto.

Cospedal ha subrayado la necesidad de diferenciar entre los gastos imprescindibles y aquellos otros prescindibles derivados de "17 plantas autonómicas que reproducen la del Estado", entre los que ha destacado las televisiones autonómicas, los tribunales de la competencia o los defensores del pueblo. "Muchas administraciones han confundido el lujo con la necesidad", ha censurado.

En este punto, ha apostado por una reforma "racional" del sector público que lleve a la reordenación y simplificación de las administraciones para lograr mayor transparencia y racionalidad. Eso sí, ha subrayado que para hacerlo posible es necesario "un Gobierno que gobierne" y que estructure sus actuaciones en torno a un "plan global".

Por su parte, el candidato del PP a la alcaldía de Sevilla se ha quejado de que los ayuntamientos asuman competencias que "no son propias" de las corporaciones locales. Aunque ha dicho que la descentralización del Estado se ha realizado "de una forma más o menos adecuada", ha advertido que no se ha producido una idéntica situación en el ámbito local. Por eso, ha afirmado que es necesario una reforma de la financiación local y que se concrete el reparto de las distintas administraciones.

Gabriel Elorriaga, que ocupó la Secretaría de Estado de Organización Territorial, ha asegurado que el modelo autonómico ha servido como un elemento que ha facilitado el funcionamiento político a través las transferencias para hacer pactos de estabilidad, pero ha recalcado que ese modelo de cesión a cambio de estabilidad "está agotado porque las transferencias han alcanzando su límite". Además, ha dicho que los estudios recientes demuestran que cuanta mayor descentralización, menos crecimiento económico.

SÍNTOMA DEL HARTAZGO
Una cruzada contra los privilegios políticos revoluciona Internet
Ana I. MartínEl Semanal Digital 1 Febrero 2011

En poco más de tres semanas, más de 186.300 españoles han estampado su firma. Su meta es llegar al medio millón para que la voz del pueblo llegue al Congreso y poder solicitar un referéndum.

Se llama Ángel Lorenzo, tiene 45 años y trabaja como terapeuta en Madrid. Su historia no sería muy diferente a la de cualquier otro español de clase media de no ser porque él es el culpable de la creación de un movimiento ciudadano en Internet que ha puesto en el punto de mira a la denostada clase política. De izquierdas y de derechas, tanto monta, monta tanto.

Cansado de oír hablar de los sueldos y privilegios de lo que no pocos definen despectivamente como una "casta", Lorenzo decidió pasar a la acción. Y así, sin tener ninguna vinculación política -asegura que ni siquiera votó en las pasadas elecciones-, el pasado 7 de enero inició una recogida de firmas a través de la página www.peticionpublica.es para llevar la voz del pueblo al Congreso.

El resultado está siendo tan asombroso que su promotor se declara el "primer sorprendido" por la avalancha. En poco más de tres semanas, más de 186.300 españoles habían firmado este martes a media tarde con su nombre, apellidos y DNI para decir no a "los sueldos desorbitados y prebendas de la clase política española", ante "la mala situación económica de nuestro país, los múltiples agravios, la vergüenza política que estamos sufriendo y carestía en la calidad de vida generalizada que han provocado ustedes en connivencia con los bancos y grandes empresas", reza el manifiesto.

El objetivo es que todos esos apoyos no caigan en saco roto, sino alcanzar cuanto antes los 500.000, la cifra establecida por la Constitución para poder solicitar un referéndum "para regular sus atribuciones salariales y quitar tantas prebendas deshonrosas e inmorales", continúa el texto. Si puede ser antes de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, mejor. Si no, antes de las generales del año próximo.

Un buen termómetro
Entre los miles de firmantes, las palabras más repetidas son "injusticia", "vergüenza" y "deschatez". En la página (http://www.peticionpublica.es/PeticaoVer.aspx?pi=P2011N5259), que es un buen termómetro del hartazgo de la ciudadanía, se pueden leer infinidad de comentarios como estos: "Que se bajen el sueldo que yo en su día trabaje para el Gobierno y usan los aviones (de lujo) para irse de vacaciones y gastan en hoteles y catering cuentas desorbitadas de dinero y seguiría diciendo...", de Cristina Vergara Malvar; "No sólo les bajaría el sueldo a niveles de un trabajador medio con contratos temporales, sino que también les aplicaría la legislación que acaban de firmar los muy impresentables", de Samuel Pico Cuervo; y "si todos los españoles estamos acogidos a las mismas leyes que se apliquen las mismas a la clase política", de Pedro Guerrero Corral.

Dos factores han contribuido al exitoso arranque de esta iniciativa. Por una parte, su rápida difusión a través del boca a boca de Internet, mediante correos electrónicos, redes sociales y multitud de foros que se han hecho eco de ella y han permitido que circulara como la pólvora. Por la otra, lo sensibilizada que está la opinión pública con los abusos de la clase política. No hay que olvidar que el CIS la alzó ya hace tiempo al tercer puesto de los problemas más graves que según los españoles tiene el país. Ello, en combinación con el hecho de que los recortes sociales se estén cebando con la nutrida clase media, hace una mezcla explosiva que, como opina Lorenzo, está haciendo "despertar a la gente".

En concreto, las pensiones de diputados y senadores y el sueldo vitalicio de los ex presidentes del Gobierno llegaron al Congreso el martes de la semana pasada. Entonces, como ya contó este periódico, José Bono les envió una carta a los portavoces de todos los partidos -y lo propio hizo Javier Rojo en el Senado- para que en el plazo de 15 días enviaran sus propuestas sobre, entre otras cosas, cómo reformar el Reglamento de Pensiones Parlamentarias.

Pero en el lado opuesto, durante la votación del Pleno de ese día PSOE y PP se aliaron para tumbar la toma en consideración de una proposición de ley de IU-ICV que pretendía limitar a dos años el ahora vitalicio sueldo de los ex presidentes y además eliminarlo en el caso de que el perceptor se pase a la empresa privada, como lo han hecho Felipe González y José María Aznar.

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El 5 a las 5: una semana para evitar el fracaso
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 1 Febrero 2011

El inopinado éxito de la última concentración de apoyo a las víctimas del terrorismo convocada por Alcaraz hace muy difícil repetirlo. Casi todo conspira para desmotivar o desmovilizar a los que contra viento y marea, sin apoyo de ningún partido político y contra la indiferencia hostil o la hostilidad indiferente de los medios de comunicación se plantaron por decenas de miles en la Plaza de Colón. Fuimos los únicos que por radio y televisión estuvimos con ellos. Todos los demás, incluida esa gran mayoría que hace gala de su odio al cristianismo, se fueron a cubrir –o a tapar– la visita del Papa a Santiago de Compostela. Fue un honor para nosotros. Y es de esperar y agradecer que ese honor no se repita. Sin embargo, lo peor que podría sucederles a las víctimas del terrorismo es que sus convocatorias cayeran en la cotidianidad, en una normalidad enteca, en una vulgaridad poco emotiva, sin estridencias, sin oposición, sin apenas emoción.

Pero estamos sólo un poco mejor que hace un par de meses. En realidad, la estafa de la nueva negociación con la ETA está más cerca que nunca, aunque la burricie de los etarras que dominan las pistolas se haya impuesto sobre el politiqueo con el PSOE, pero las elecciones municipales están ahí y ni la ETA va a renunciar a los fondos públicos de los ayuntamientos ni el PSE-PSOE va a renunciar a dárselos a cambio de algunas baratijas publicitarias. Incluso gratis. Es nuestra obligación, como siempre, llevar a la calle la indignación nacional, la oposición del pueblo, de la gente corriente contra este politiqueo infame. Hay que estar este 5 a las 5 con Alcaraz y las víctimas, contra la ETA y el Gobierno.

Es de esperar que los grandes ausentes de la gran concentración de Colón, el PP, UPyD, Ciudadanos y los partidos y asociaciones que siempre estuvieron con las víctimas, por conveniencia o sinceramente, vuelvan a estarlo. Pero eso no se va a traducir en un apoyo logístico como el que brindaba el PP en tiempos de Acebes. No hay que pensar en que la presencia de algunos líderes de alguno de esos partidos suponga una movilización de sus afiliados. Estarán, por si la foto, pero no ayudarán. Las víctimas y cuantos las apoyan deben ayudarse a sí mismos. El éxito se difuminará. El fracaso se achacará a las víctimas por su "inoportunidad" o a los medios de comunicación que se identifican con ellos, por incitar a las víctimas a ser tan inoportunas. Lo de siempre pero aún peor.

Ante este panorama sólo podemos reunirnos, cuanto más mejor, en honor a los muertos y en defensa de la nación española, de su dignidad, de su libertad.

El 5 de febrero, en la Calle Serrano de Madrid, a las 5 de la tarde. Cuando tanto falla, no podemos fallar.

Los solícitos
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 1 Febrero 2011

En un libro de reciente aparición, titulado 'Democracia, nacionalismo y terrorismo en el País Vasco' (Ciudadanía y Libertad), advierte Eduardo Uriarte Romero que «no habrá nada que agradecer porque se acabe» el terrorismo de ETA y precisa que «ya se encargará el nacionalismo aledaño de hacerlo, o al menos de intentarlo». Vaticina que el nacionalismo democrático se mostrará «solícito» para que el final de ETA «no sea traumático».

Los anuncios que formula 'Teo' Uriarte han comenzado a hacerse realidad en las palabras de cualificados portavoces del PNV. Su presidente guipuzcoano, Joseba Egibar, afirmaba en una entrevista reciente (EL CORREO 26-12-10) que «Batasuna lleva toda la vida diciéndole a ETA que esto se tiene que acabar. A su modo, por vías directas e indirectas. Ahora el emplazamiento es público». Toda la vida diciéndole a ETA que tenía que acabar el terrorismo y la banda sin enterarse. Y los ciudadanos tampoco. Tal vez fuera que tantos cientos de manifestaciones celebradas por HB o Batasuna a lo largo de décadas al grito de «Gora ETA militarra» o «ETA mátalos» nos impedían entender el auténtico mensaje de fondo.

La línea argumental iniciada por Egibar está siendo seguida por otros en su partido cuando quieren atribuir a la evolución de la propia ETA y de Batasuna la actual situación de parón del terrorismo y las expectativas de final de la violencia. Se niegan a reconocer el menor mérito a la estrategia del Estado, a la eficacia de la persecución policial contra los terroristas y a los efectos derivados de la ilegalización de Batasuna. Si lo hicieran tendrían que reconocer que fueron ellos quienes se equivocaron cuando se opusieron a la aplicación estricta de la ley contra el mundo de ETA en su conjunto, una aplicación realizada de acuerdo con los parámetros garantistas de los tratados internacionales, como dejó sentado el Tribunal de Estrasburgo que, en algunos aspectos, se mostró más duro que los tribunales españoles a la hora de ilegalizar a Batasuna. Así que en vez de eso prefieren atribuir el mérito a quienes han sido arrastrados a la fuerza a empezar a cuestionar su propia historia.

Hay que precisar que no todos en el PNV están haciendo el mismo relato. El presidente de este partido, Iñigo Urkullu, suele ser más cauteloso en sus mensajes y, desde luego, mucho más exigente con Batasuna. El pasado 8 de enero, por ejemplo, advertía que el fin definitivo de la violencia «no será gracias a la autodenominada izquierda abertzale».

La mera posibilidad de que termine el terrorismo de ETA provoca no sólo el afán partidista de capitalizar la situación, sino que está empezando a generar actuaciones encaminadas a reescribir la historia de la violencia. Una de las tentaciones más peligrosas es la de exculpar a los verdugos de sus responsabilidades por los medios que sea, sobre todo diluyendo las responsabilidades individuales en un clima genérico de culpas del que nadie en concreto es culpable.

Fachendas
Entendida la política como el apalancamiento en barra libre, Mas no necesita cash. Le vale con dinamitar la caja única
TOMÁS CUESTA ABC 1 Febrero 2011

A los políticos catalanes les cuadra perfectamente la definición del fachenda, cuyo ampuloso empleo de la retórica camufla las telarañas en los bolsillos y de las ideas. De suyo, un político catalán, como buen milhombres, carece de todo pero no se priva de nada, dado que el capital a disposición de sus negociados procede de los recursos públicos, del común. Y con la misma apostura que nombra embajadores sobrevuela las alfombras con la monserga de las componendas, la mandanga del matiz y el mondongo de las sutilezas. Sea cual sea su partido, el político catalán asume la teoría del agravio, la práctica del victimismo y la coartada del contable tanto para deambular por Barcelona como para circular por Madrid, en una suerte de trote cochinero cuyo mantra es el supuesto desequilibrio fiscal entre Cataluña y el resto del mundo.

Incapaz de vivir en tres dimensiones, las cuentas y los cálculos de la clase política catalana abocan irremediablemente a la insolidaridad y a un permanente estado de agitación similar al de quienes creen que les han timado con el cambio, por sistema. La uniformidad («transversalidad», según los usos políticos del oasis) es el sustrato de su irresponsable relación con el poder, basada en la enajenación de culpas, el acaparamiento de prebendas y el desistimiento en las competencias. Nunca es culpable y siempre se mueve en manada, al calor de un difuso pero eficaz localismo que les exime de rendir cuentas o le facilita traspasar el mochuelo.

Si el tripartito sólo ha dejado eco en las arcas de la Generalitat, el gobierno de Artur Mas mira para otro lado, de igual modo que Maragall decidió en su día no levantar las alfombras de Pujol. Sobre el consenso, pero corporativo, se funda esta sociedad de intereses (el amplio cajón del catalanismo) cuyo último hallazgo se debe al esclarecido Durán, el democristiano mejor valorado de España (para que luego digan), quien ante una alusión a sus pensionadas señorías se plantó ante la canallesca y dijo eso de «¿qué quieren, un parlamento de pobres?». Nada más lejos, al menos de la realidad.

Otra cosa es lo que piensen los españoles, a quien el «molt honorable» reprocha con crudeza un presunto vivir a costa de sus primos de Cataluña basado en la superposición de unas cuantas creencias y no pocas leyendas urbanas sobre el reparto del trabajo en España y las refutaciones del estajanovismo. El destilado de todo ello es un mejunje por el cual la culpa siempre es de los demás, menos industriosos y más afectados que el catalán medio a quien aseguran representar. Así que si no hay dinero, bonos y palos, el desequilibrio fiscal, el per, el par y todo lo que haga falta para que no se note que la Generalitat maneja más que Baden Württemberg y que Baviera; que no se diga que, en realidad, la prioridad del Gobierno catalán es debilitar al Estado, lo que cuesta un congo cuando se trata de rivalizar en solvencia y boato con los requerimientos monclovitas. Entendida la política como el apalancamiento en barra libre, Mas no necesita cash. Le vale con dinamitar la caja única, pedir rescate por la hucha y rezar para que no haya mayoría absoluta. O sea, una escalera de color pero con ases en la manga.

Derrota del terrorismo y no violencia
XABIER ETXEBERRIA El Correo 1 Febrero 2011

MIEMBRO DEL CENTRO DE ÉTICA APLICADA DE LA UNIVERSIDAD DE DEUSTO Y DE BAKEAZ

La celebración, este pasado domingo, del Día de la No Violencia resulta un marco apropiado para que nos planteemos lo que desde ella puede significar la derrota del terrorismo. Aunque la palabra 'derrota' no es habitual en contextos de no violencia, la considero muy expresiva y adecuada cuando la aplicamos a la derrota de las opciones terroristas. Éstas, en efecto, son la negación más radical de ella: se definen por la justificación de medios violentos al servicio de fines supuestamente justos. Frente a ello, la no violencia no dice solo que hay que renunciar a esos medios, por profundo sentido de humanidad; dice también que esos medios contaminan el fin, lo transforman, hacen que en su concreción mediada por ellos sea malo, aunque a priori pudiera ser legítimo. Por tanto, que se logre una derrota social y política de las opciones terroristas -sus medios y fines-, de modo tal que resulten inaceptables para la ciudadanía, es una tarea básica de la no violencia, en la que debe empeñarse a fondo. (Aclaro que esto no pide al nacionalismo democrático que renuncie a sus objetivos de soberanía, sino que se haga cargo de que postula una soberanía diferente a la reclamada violentamente por el terrorismo de ETA, siendo escrupulosamente coherente con los medios con los que la defiende).

A la no violencia le incomoda la palabra 'derrota' cuando se refiere a derrota de las personas terroristas, porque anhela integrar a todos en la convivencia. En este sentido se plantea que la derrota de las opciones terroristas es plena no cuando la gran mayoría de la sociedad las rechaza con contundencia, sino cuando, además, es el propio terrorista el que las derrota en su interior. Que esto sea posible, aunque difícil, nos lo muestran ejemplos de personas concretas que lo han hecho -unas confesándolo expresamente, otras mostrándolo en sus obras-. Desde la no violencia se impone un trabajo firme para ayudar a que estas derrotas interiores se produzcan, sabiendo que nadie puede imponerlas sin falsearlas, porque dependen de procesos libres.

En este terreno de la posible integración de los terroristas, la no violencia nos hace una propuesta de arranque: que la deseemos. Que deseemos de verdad que los terroristas vayan teniendo actitudes y comportamientos de tal naturaleza que la hagan viable. Que, porque la deseamos, colaboremos en ello. En este sentido, el horizonte no es lograr derrotas de las personas en cuanto tales.

El problema básico de esta consideración es lo que tiene de provocadora no tanto para la sociedad, cuanto para las víctimas. Porque acaba implicando la no absolutización de modelos retributivos de justicia penal -que se sufra el daño equivalente al que se ha causado-, y la apertura a modelos restauradores que implican, por lo que se refiere a los victimarios, que se contemplen posibles reducciones o transformaciones de penas orientadas a su integración social, si se dan las condiciones adecuadas y siempre con carácter individual. ¿No quebranta esto la justicia debida a las víctimas? Creo que no la quebranta, pero ciertamente la transforma.

Para entenderlo adecuadamente, conviene centrar ahora el enfoque no violento en las víctimas. Éstas aparecen en él en una doble perspectiva. En primer lugar, el panorama global de la no violencia no debe mirar solo al futuro -que no haya víctimas-, sino también al presente, con sus enraizamientos en el pasado -que se atienda a las ya víctimas-. A la no violencia esto le exige colaborar en que se cumpla plenamente la justicia orientada directamente a las víctimas, y concretada en la memoria, el reconocimiento y la reparación debidas: es esta la perspectiva restauradora de la justicia por lo que se refiere a ellas. En segundo lugar, mirando ya a un futuro de convivencia pacífica, debe construirlo por medios o vías adecuadas. Pues bien, un medio clave para ello es precisamente esta justicia a las víctimas. La no violencia nos dice que esto no es instrumentalizarlas, porque se trata de un medio en el que anida poderosamente el fin, es el fin realizándose.

Sé que hay personas que pueden acoger positivamente esta propuesta, mientras que a otras puede parecerles inadecuada. Ante esta doble posibilidad hay que reconocer que los planteamientos no violentos desbordan lo exigido por la doctrina de los derechos humanos, dentro de los cuales se contempla como legítima la justicia retributiva, evidentemente sujeta a condiciones y límites guiados por el principio de legalidad y de dignidad universal.

Volviendo ahora a los victimarios, pero teniendo ya presentes a las víctimas, si el enfoque no violento quiere ser opción política y no meramente personal, debe reclamarse a las instituciones públicas la no ingenuidad en la propuesta de horizontes integradores de los terroristas. Es aquí donde se plantea la cuestión de las condiciones ineludibles que deben ser exigidas a los terroristas. Evidentemente: que el fin de la violencia sea seguro; que la integración efectiva y estable en el Estado de derecho que los derechos humanos han potenciado sea real; que se exprese el reconocimiento del daño causado como injusto; y que se garantice la no revictimación -por ejemplo, en forma de homenajes a victimarios- y la colaboración de éstos, en lo que les toca, en la justicia debida a las víctimas tal como se ha señalado antes. ¿Hay que avanzar más exigencias? Es un tema de debate democrático. Creo que en la lógica no violenta, a la que me adhiero, está exigir las condiciones mínimas necesarias, desde esa perspectiva en la que se busca derrotar la opción terrorista más que a la persona terrorista, y en la que se está dispuesto a apostar, a través de dinámicas sociales, por mayores transformaciones futuras.

El déficit de Cataluña lastra los esfuerzos de España para solventar la crisis, según FT
 www.gaceta.es 1 Febrero 2011

Según el rotativo británico, Cataluña ha retrasado los pagos de las deudas contraídas y tiene en estos momento pagos pendientes por valor de 3.000 millones de euros, a los que deben sumarse los 2.600 millones de déficit previstos para este ejercicio y los entre 5.000 y 6.000 millones de deuda que vencerán a lo largo de 2011, entre los que incluye los bonos emitidos por la Generalitat a finales del año pasado de forma "desesperada".


El déficit de Cataluña y su necesidad de conseguir durante este año entre 10.000 y 11.000 millones de euros en los mercados de deuda lastran los esfuerzos de España y de la eurozona para solventar el problema de la deuda soberana, según publica este martes el rotativo 'Financial Times', tras realizar una entrevista con el conseller de Economía, Adreu Mas-Colell.

"No somos todavía culpables de nada", ha precisado Mas-Colell en la entrevista, durante la que ha justificado que las perspectivas negativas son una herencia del anterior Govern, aunque la necesidad de captar dinero "no es una cantidad insignificante".

Según el rotativo británico, las 17 comunidades autónomas se han convertido en "el nuevo frente en la batalla" del presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, por convencer a los mercados internacionales de que su gobierno es capaz de implementar un plan de austeridad que reduzca el déficit público.

Según el 'Financial Times', Cataluña ha retrasado los pagos de las deudas contraídas y tiene en estos momento pagos pendientes por valor de 3.000 millones de euros, a los que deben sumarse los 2.600 millones de déficit previstos para este ejercicio y los entre 5.000 y 6.000 millones de deuda que vencerán a lo largo de 2011, entre los que incluye los bonos emitidos por la Generalitat a finales del año pasado de forma "desesperada".

La situación financiera de Cataluña "ayuda a explicar por qué el déficit de España alcanzó el año pasado el 9,2% del PIB", ya que de los 107.000 millones que adeudan las comunidades autónomas en su conjunto, un tercio corresponde a Cataluña.

El rotativo recuerda también que Zapatero ha sido capaz de reducir el déficit público del 11,1% del PIB hasta el 6% este año, si bien precisa que "hasta hace poco" no ha empezado a hacer caso a los expertos sobre la importancia de reducir el gasto de las comunidades autónomas.

La Generalitat, por su parte, ha precisado que aunque el titular de la noticia tiene un "punto exagerado", el texto deja entrever la situación que ha descrito el nuevo Govern desde que llegó al poder.

"La crónica respira la situación general que desde el propio Govern hemos hecho notar", ha precisado el portavoz de la Generalitat Francesc Homs este martes, al preguntarle en la rueda de prensa posterior al Consell Executiu la opinión del ejecutivo catalán sobre el texto.


 

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