AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 6 Febrero 2011

 

Entre fantasmas
Luis del Pino Libertad Digital 6 Febrero 2011

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 6/2/2011

El fantasma de Canterville" es una deliciosa parodia de las novelas de terror, escrita por Oscar Wilde. Narra la historia de la familia Otis, una acaudalada familia americana que compra el castillo de Canterville Chase, a pesar de las advertencias de que está embrujado.

El fantasma que habita el castillo trata desesperadamente de amedrentar a sus nuevos habitantes. Cada día, en el suelo del salón aparece una mancha de sangre. Y cada día, la despreocupada señora Otis se encarga de que limpien esa mancha con el milagroso "Quitamanchas del señor Pinkerton". Pero por mucho que la limpian una y otra vez, esa mancha de sangre vuelve siempre a reaparecer al día siguiente.

No les contaré cómo sigue la historia, porque merece la pena que la lean ustedes, si todavía no lo han hecho, o si hace mucho que no lo hacen. Sólo les diré que las manifestaciones del fantasma no terminan hasta que uno de los miembros de la familia consigue que el atormentado espectro se desembarace de sus pasadas culpas y consiga descansar, por fin en paz consigo mismo.

Ayer, una multitudinaria manifestación recorrió las calles de Madrid. Españoles venidos de todas partes de nuestro país abarrotaron el recorrido marcado por los organizadores, respondiendo al llamamiento realizado por Voces contra el Terrorismo, por otras seis asociaciones de víctimas, por la práctica totalidad de asociaciones vinculadas a la Guardia Civil, por decenas de movimientos cívicos y por algunas formaciones políticas.

Esa enorme muchedumbre gritó con las víctimas, alto y claro, que la sociedad española no está dispuesta a que ETA desaparezca sin una previa derrota; que no piensa consentir que la muerte de tantos españoles haya sido en vano; que no piensa tolerar que se premie a los asesinos, ni porque maten, ni porque dejen de matar; y que está dispuesta a movilizarse junto con sus representantes políticos - si éstos cumplen con lo que de ellos se espera - o al margen de ellos - si esos representantes abdican de sus obligaciones.

Nuestro panorama político actual, por desgracia para todos, no es ninguna parodia. Y, al contrario que la historia de "El fantasma de Canterville", tampoco tiene nada de delicioso.

Pero sí comparte con el cuento de Wilde un cierto simbolismo. Porque hoy, en España, cada vez que miramos al salón por el que discurre la vida política, no podemos evitar fijarnos en la ostentosa mancha de sangre que una y otra vez reaparece, por mucho empeño que algunos ponen en hacerla desaparecer.

Son demasiados los muertos, es demasiado el sufrimiento, como para que ese reguero de sangre pueda ser ignorado, aunque haya quien se empeñe en mirar hacia otro lado. La democracia y el estado de derecho son demasiado preciosos, demasiado valiosos, como para que podamos jugárnoslos simplemente fingiendo que no vemos la sangre que anega el salón.

Algunos han utilizado todos los medios, todos los quitamanchas milagrosos del señor Pinkerton, para que la sociedad española no viera esa sangre que clama justicia. Pero todo ha sido en vano.

Se ha intentado ningunear a todos los que se negaban a que se sirva en bandeja a ETA una salida pactada. Pero el clamor de protesta ha conseguido, una vez tras otra, abrirse camino a través del muro de silencio.

Se ha intentado desactivar a las asociaciones de víctimas que protagonizaron la rebelión cívica en la legislatura pasada. Pero las protestas han encontrado su cauce en nuevas asociaciones.

Se ha intentado acallar a los medios de comunicación que servían de altavoz a las inquietudes de las víctimas. Pero esos altavoces han encontrado formas nuevas de hacer llegar su mensaje a una ciudadanía que no está dispuesta a renunciar a su condición de tal.

Se ha intentado privar, a los que nos oponemos a la victoria de ETA, de cualquier apoyo político. Pero no han faltado nunca las voces políticas que han secundado el llamamiento de las víctimas, aunque sea oponiéndose a las directrices oficiales de su propio partido.

Una y otra vez, el Gobierno se ha aplicado, con un celo digno de mejor causa, a tratar de borrar ese rastro de sangre y de dolor que ETA ha ido dejando a lo largo de 40 años de muerte, con el fin de blanquear el pasado de los asesinos y sus privilegios presentes y futuros.

Una y otra vez, el Gobierno ha tratado de cercenar todos los dedos indiscretos que apuntaban a ese rastro de sangre jamás borrado.

Una y otra vez, el Gobierno ha tratado de acallar las voces que protestaban escandalizadas porque el baile en el salón continúe, mientras la sangre sigue manchando los pies y las togas de los bailarines.

Y una y otra vez, el pueblo español le ha dicho a ese Gobierno que no está dispuesto a tolerarlo. Que no está dispuesto a transigir con ninguna salida pactada. Y que la mancha de sangre no desaparecerá simplemente con limpiarla, sino haciendo pagar a sus asesinos por tanto dolor causado a sus víctimas.

Como en "El fantasma de Canterville", sólo una cosa puede hacer que el salón de nuestra querida nación quede libre para siempre de la sangre, y que el almendro marchito del jardín vuelva a florecer. Y esa única cosa es que los fantasmas que nos rodean paguen de una vez todas sus culpas, para poder descansar en paz. Los asesinos deben purgar todo el daño que han causado, sin condiciones ni atajos.

Por España y por la Constitución, y por todos los que han dado su vida o la de sus seres queridos por la una y por la otra:

"Negociación, en nuestro nombre, NO"

‘Caso Faisán’: carta al secretario de Estado
Manuel Cerdán www.gaceta.es 6 Febrero 2011

El portavoz ha retado a quienes le han “calumniado y difamado” a pedir perdón y, así, “reparar su honor”. ¿Los periodistas se equivocaron también con Filesa o el GAL…? El 99% de los agentes de la Policía y la Guardia Civil asistieron abochornados al oprobio del chivatazo. Para el ministro todo son exageraciones de los periodistas de la caverna judeomasónica.

Respetado secretario de Estado, don Antonio Camacho, siguiendo la recomendación que nos ha transmitido a los periodistas su jefe político, Alfredo Pérez Rubalcaba, le escribo estas líneas para pedirle disculpas por haber investigado y buscado la luz en el caso Faisán. También por dudar de la versión oficial del Ministerio del Interior sobre el chivatazo a ETA. Hasta la fecha, desde la cúpula del ministerio, que tan dignamente usted representa en un segundo escalón, no se ha hecho pública, que yo sepa, ninguna aclaración sobre cómo ocurrieron los hechos ni la identidad de los presuntos autores de la delación pero, aun así, le pido disculpas por adelantado. Usted que es un hombre de leyes y conoce las profundidades del Estado de derecho se merece un mejor trato. Belloch también era un hombre de leyes y notario mayor del reino… Decía Shakespeare: “Nada envalentona tanto al pecador como el perdón” y, por eso, le hago llegar mi comprensión para que usted pueda restañar las heridas del primer envite del juez Ruz sobre sus llamadas al director de la Policía, Víctor García Hidalgo.

Es cierto que esas llamadas se produjeron la tarde/noche del 3 de mayo de 2006, poco después de que se pusiera en marcha la operación del chivatazo, por la que su estrecho colaborador y número tres del ministerio está imputado, pero entiendo su queja. Su interés únicamente estaba centrado en la otra operación: la de la desarticulación de la red de extorsión. Para eso lo llamó, para verificar cuándo Elosúa, Cau, Gorka Aguirre y Madariaga iban a ser detenidos. Después, algún indeseable avisó a ETA de la redada. Todo el peso de la ley sobre ellos. Entiendo su enojo porque, fuera de la detención del comando, a la que usted estaba entregado en cuerpo y alma, todo lo demás son exageraciones e invenciones de los periodistas de la caverna judeomasónica.
Obsesiones

También me consta que la única obsesión de su jefe, el ministro Rubalcaba, que llevaba al frente del ministerio tan sólo 23 días, era meter entre rejas a los extorsionadores de la banda. Aunque Rubalcaba había sido colocado por Zapatero al frente de Interior para engrasar las negociaciones con ETA, su única aspiración era desarticular las redes de financiación de la organización terrorista, incluso bajo el riesgo de que su valiente decisión colocara en una situación de riesgo los contactos con los etarras en Oslo y Ginebra.

Señor Camacho, su jefe Rubalcaba ha retado a quienes, según él, le han “injuriado, calumniado y difamado” para que le pidan perdón y, así, poder “reparar su honor”. ¡Cuánta razón lleva el ministro! Es toda una osadía que la Prensa y la opinión pública pretendan rebuscar en el lodazal de la lucha antiterrorista para inmiscuirse en la razón de Estado. Bueno, en la razón de ustedes y de la cúpula del ministerio, porque el 99% de los funcionarios de la Policía y de la Guardia Civil asistieron abochornados al oprobio del chivatazo. Estoy de acuerdo con su jefe Rubalcaba en que hay que dejar trabajar a los jueces para que se llegue a conocer la verdad. Es intolerable que los periodistas duden de las actuaciones de algunos de nuestros políticos y representantes públicos. Siempre nos equivocamos y así sucedió en casos que afectaron al PSOE y a Gobiernos de González, de los que fue ministro su jefe, como Filesa, Fondos Reservados, Escuchas del Cesid, Roldán, GAL….

Señor Camacho, pido perdón porque su ministro se está esforzando enconadamente en hallar la verdad y ha puesto toda la maquinaria del ministerio para esclarecer los hechos y detectar a los culpables. El ministro sigue a pie juntillas las enseñanzas de Pío Baroja: “En la verdad no puede haber matices. En la semiverdad o en la mentira, todos”. Hay que hacer caso a don Alfredo porque tiene experiencia en estos menesteres de la colaboración con los jueces y en el esclarecimiento de la verdad. Sus antecedentes así lo corroboran. Ya en 1993, cuando era ministro de la Presidencia y portavoz del Gobierno de Felipe González, nos aleccionó a los periodistas que investigábamos a los GAL para que pidiéramos disculpas a Barrionuevo y Vera, a quienes estábamos linchando con aquella conspiración que nos habíamos inventado de la guerra sucia y que afectaba a su gente. Rubalcaba ya entonces dio muestra de su credo por la verdad y su plena colaboración con los tribunales. La sentencia del Supremo condenando a Barrionuevo y Vera era fruto de una conspiración republicana, detectada sabiamente por el sabueso Luis María Anson, de las insidias del sindicato del crimen y de la pinza política que ejercieron en el Congreso Julio Anguita y José María Aznar. Los dos dirigentes políticos eran como el agua y el aceite pero, como Rubalcaba es químico, logró que los dos elementos se fusionaran.

Señor Camacho, no tengo ninguna duda sobre su diligencia profesional porque desde el mismo día en que se produjo el chivatazo a ETA su Secretaría de Estado, la Dirección General de la Policía (¿y Guardia Civil?), la Comisaría General de Información y la Unidad de Apoyo Operativo (UCAO), todos codo con codo, se lanzaron frenéticamente a esclarecer aquella ignominia. Incluso, hablaron con el juez Garzón para que se olvidara de sus conferencias y clases en el extranjero a fin de que se entregara por entero a la obtención de la verdad. Sé que esa misión se está retrasando porque es una tarea ardua. El calendario en mayo marcará el quinto año, pero me tranquiliza que ustedes lograron descubrir las tramas de los GAL décadas después y acabar con la guerra sucia en el año 1986.

¡Cuánta razón tenía González cuando lo juró en sede parlamentaria! Incluso, la perseverancia de todos ustedes ha propiciado que el sumario 1/88 siga abierto en la Sala Tercera de la Audiencia Nacional, juicio en el que se sentará en el banquillo el comisario Planchuelo, quien fuera jefe de Amedo en Bilbao. Y, como mantenía la otra noche el magistrado en excedencia Javier Gómez de Liaño en el debate del programa de Telemadrid Objetivo, dirigido y moderado por quien suscribe estas líneas, en ese proceso todavía queda margen legal para presentar más pruebas y deducir testimonios contra otros cómplices o encubridores. Otro que está por la labor de contar la verdad es el policía José Amedo, que está citado en el juicio como testigo, ya por esa misma causa fue condenado a 108 años de cárcel. Por lo pronto, el comisario Planchuelo ya ha avisado que, si lo sientan en el banquillo, piensa tirar de la manta. ¡Que tiemblen sus inmediatos superiores! Porque en esto de la responsabilidad en cascada, hasta que se llega a la X, caen unos cuantos servidores del Estado.
Disposición total

Con respecto a los GAL, es histórica aquella máxima que acuñó González: “Ni hay pruebas ni existirán”. Y, al final, ya sabe cómo acabó aquella fiesta. El caso Faisán no presenta ningún problema porque el Ministerio del Interior ya ha anunciado que está dispuesto a ofrecer toda su colaboración para llegar a la verdad, como ya lo hizo en su día con Garzón en los casos Batxoki/Consolation y Marey, y Gómez de Liaño en el caso Lasa y Zabala.

Señor Camacho, ese perdón está más que justificado por su probada entrega procesal. Disculpe los excesos de los periodistas porque nos dejamos llevar por la inmediatez cuando casos tan procelosos como el Faisán necesitan tiempo y medios. Entienda que los periodistas seamos recelosos y desconfiados pero no hay nada personal, lo hemos hecho con todos los altos cargos de Interior. Pregunte a Manuel Fraga, Martín Villa, Barrionuevo, Mayor Oreja, Rajoy o Alonso. Todos ellos tuvieron que soportar la presión desde el papel.

Ahora bien, me reconforta como ciudadano y periodista enterarme de que el equipo JAG va a pasar los trastos tecnológicos de la operación Gürtel a otros compañeros para que investiguen el Faisán. Fenomenal. Durante el 2008 la máquina Sitel y otros maletines echaron humo mientras se investigaba a Correa. Entonces, el expediente del chivatazo llevaba dos años olvidado en un cajón de la mesa de Garzón y tenía su justificación porque en una sociedad moderna no hay nada tan deleznable como la corrupción económica. Por encima del terrorismo. El chivatazo, por tanto, podía esperar. Aunque, por economía procesal, aquellos maletines de la Gürtel que contenían alta tecnología también podían haber sido utilizados para rastrear los teléfonos del caso Faisán. Habríamos avanzado en dos direcciones.

Lo mismo que el móvil de Correa facilitó a los investigadores los nombres de los colaboradores más inmediatos del cerebro de la Gürtel, las llamadas de García Hidalgo y del comisario Enrique Pamiés podrían haber llevado al juez hasta los teléfonos de sus superiores. Ahora, recomponer judicialmente todo ese historial de llamadas va a resultar más difícil. El juez Ruz tiene una labor muy compleja ante sí. Menos mal que cuenta con la colaboración de Rubalcaba y Camacho para desplumar al Faisán.

Quienes también están en una situación compleja son los primeros imputados del caso. Los de arriba no quieren saber nada y, no digamos, cuando se produce un cambio de ciclo y de Gobierno. Las ratas salen corriendo. Hay que buscar una semejanza con la experiencia de los GAL. Hoy por hoy el retrato queda así: Ballesteros/Amedo, Pamiés/Álvarez, García Hidalgo/Sancristóbal… Y si seguimos hacía arriba, hasta la cúspide de la pirámide: Vera/¿Camacho? Barrionuevo/…. Y hasta la X del Faisán.

Faisán, compromiso para la Justicia
Editoriales ABC 6 Febrero 2011

Un acto de colaboración policial con terroristas no puede ni debe quedar impune. Solo nos queda la Justicia para reparar el daño causado

LA decisión del juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, de no llamar a declarar como testigo en el «caso Faisán» al secretario de Estado del Interior, Antonio Camacho, ha causado extrañeza, e incluso disgusto, en las asociaciones de víctimas que ejercen la acusación popular en ese sumario. En principio, parecería justificado, con un criterio estrictamente investigador, que quien es identificado como usuario de un teléfono móvil implicado en unos hechos delictivos comparezca ante el juez, como testigo si el instructor lo cree adecuado, para que ofrezca su versión. El juez Ruz ha considerado que no es necesario el testimonio de Camacho, porque el tráfico de llamadas que afecta a su móvil encaja en las relaciones normales con sus subordinados. Pero las decisiones que se toman en una instrucción penal no son definitivas. Por eso, la actuación del juez Ruz deberá valorarse en conjunto, cuando finalice el sumario. Hasta entonces, debe contar con el margen de confianza que requiere una investigación tan delicada, siendo oportuno recordar que Garzón dejó este caso empantanado y que el Ministerio Fiscal presionaba para que se le diera carpetazo. El juez Ruz lo ha reactivado con diligencias que demuestran que aún quedaba espacio para investigar y para determinar definitivamente quiénes fueron los traidores que avisaron a una banda de terroristas —aviso que el juez califica como «delación policial»— de que la Policía iba a actuar contra ellos.

El ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, reaccionó tras el auto del juez Ruz exigiendo que se disculpen con Camacho quienes lo habían señalado por el «caso Faisán». No debe precipitarse Rubalcaba, porque él mejor que nadie sabe que los sumarios que se adentran en «las cloacas del Estado» están plagados de sorpresas y si requiere disculpas a Camacho tendría que asumir, o hacer asumir, las consecuencias de que varios subordinados de su secretario de Estado se encuentren imputados por —léase despacio— colaborar con la banda terrorista ETA. Visto que, como ha sido norma habitual en los gobiernos socialistas, no existe responsabilidad política alguna por infringir la ley en la lucha contra ETA, sea en un sentido o en otro, el «caso Faisán» es un compromiso para la Justicia ante la sociedad y las víctimas del terrorismo. Un escándalo infamante como este, un acto de colaboración policial con terroristas, no puede ni debe quedar impune. Solo nos queda la Justicia para reparar el daño causado a la confianza en el Estado, como sucediera en su momento con los GAL.

La caja negra
Una trama de saqueo encastrada en el régimen andaluz manejaba el dinero sagrado de la solidaridad social
IGNACIO CAMACHO ABC 6 Febrero 2011

LA trama estaba en el corazón del sistema. No en los aledaños ni en la periferia, en ese espacio indeciso de la Administración donde pululan los conseguidores y traficantes de influencias; esta vez se trataba de una «caja B», una contabilidad oculta que financiaba un gigantesco fraude en los fondos de Empleo de la Junta de Andalucía. El caudal de socorro a las empresas en crisis, el dinero sagrado de la solidaridad social. Lo transferían en cuentas opacas para eludir la publicidad obligatoria y se lo repartían entre «personas de confianza» (sic) a través de beneficiarios ficticios, de jubilados de paja; más de seiscientos millones de euros en diez años. Y todo ello «con el conocimiento indiciario de la autoridad laboral», dice la jueza instructora, es decir, con la complicidad presunta de responsables políticos del régimen socialista andaluz.

Esta vez no pueden mirar para otro lado. Al margen de los cargos intermedios vinculados directamente al saqueo, al menos dos ex consejeros de la Junta están irremediablemente afectados por la responsabilidad política. Y dos presidentes, Griñán y Chaves, obligados sin excusa posible a dar explicaciones de lo ocurrido bajo su mando directo. No valen las evasivas conspiranoicas ni las coartadas irrelevantes; se trata de seiscientos millones de euros administrados —malversados, en este caso— por sus Gobiernos, por sus colaboradores directos, por los miembros de su equipo y de su organigrama. Se trata de una red de financiación ilegal organizada desde la propia Junta, desde el aparato de poder que durante treinta años funciona como una máquina clientelar de enchufes, favoritismos, manejos partidistas y corruptelas enquistadas. Y afecta a una de las parcelas más sensibles ante la opinión pública en plena recesión: la de la protección social y las ayudas a expedientes de regulación de empleo. El dinero de los despidos y prejubilaciones, desperdigado en desaprensivos bolsillos de conseguidores, oportunistas y jugadores de ventaja encastrados en los pasillos de la administración autonómica.

La respuesta, sin embargo, ha sido decepcionantemente sectaria. Nada de dimisiones, nada de disculpas, ni siquiera nada de exculpaciones. La única reacción oficial registrada hasta ahora ha sido la apertura de un expediente de expulsión del PSOE…¡al ex director general que ha denunciado la trama ante el juzgado! Es decir, al único socialista que, aunque bajo imputación procesal, se ha atrevido a tirar de la sucia manta que cubría la caja negra del fraude. Pero el enroque sectario no servirá. Hay varios detenidos y hay una juez independiente dispuesta a desenredar el hilo que surgió del escándalo de las subvenciones de Mercasevilla, un auténtico cenagal. El régimen viciado por abuso de poder se desmorona y el hieratismo de Griñán, político de moqueta, no basta para contener los escombros.

Econometrías
Las invocaciones al valor económico del español habrán pecado de ingenuas, pero no han dañado a la lengua
JON JUARISTI ABC 6 Febrero 2011

LA reciente intervención del filósofo José Luis Pardo en la polémica sobre internet (El País, 3 de febrero) pone de manifiesto algunas perplejidades privadas que me dejan, a mi vez, bastante perplejo. Según Pardo, cuando triunfaba el neoconservadurismo, se modificó el estatuto de los bienes culturales para convertir la cultura en un área de negocios, y pone como ejemplo de ello la exaltación del «valor económico del español como lengua instrumental», que habría propiciado «el consiguiente detrimento académico y social de la literatura» y «la reducción del sector editorial a las técnicas de gestión empresarial y de marketing». La verdad, es difícil saber qué entiende José Luis Pardo por neoconservadurismo (¿una corriente del pensamiento político, un grupo de presión, un determinado clima ideológico?), pero lo que está claro es que en la promoción del sloganque menciona, o en el de otros equivalentes («el español como recurso económico», por ejemplo), el supuesto neoconservadurismo no tuvo parte alguna. Es un hecho bastante conocido que aquélla surgió de un acuerdo que se había ido fraguando, antes de la llegada del PP al gobierno, entre sectores empresariales —con algún poderoso grupo multimediático progresista a la cabeza— y las Academias de la Lengua de los países donde el español es lengua oficial. Es más: si Pardo quisiera encontrar el origen de dicho acuerdo, no debería buscarlo muy lejos del periódico donde publica su denuncia.

Por otra parte, tal denuncia resulta demagógica en el peor sentido. No hay relación alguna entre el neoconservadurismo y la exaltación económica del español como recurso, ni entre ésta y el deterioro académico y social de la literatura. De este último, en el caso de que nos encontremos ante un fenómeno objetivamente comprobable y no ante una fantasía apocalíptica, habría que ofrecer explicaciones distantes de causalidades mágicas. El neoconservadurismo, cualquier cosa que ello sea, no puede tener la culpa de todo. Las estrategias económicas relacionadas con la lengua, tampoco.

Admito que las invocaciones pasadas al valor económico del español parecen hoy desmedidas, aunque no veo lo que hayan tenido de nocivas para la lengua, y menos aún para la literatura. Las predicciones demográficas y econométricas que a comienzos de la década pasada alimentaban un optimismo general se han revelado ingenuas e inútiles. Sobre la inconsistencia de las primeras, recuerdo una temprana advertencia de Nicolás Sánchez Albornoz, demasiado juiciosa como para ser escuchada en un tiempo de euforia: si, en efecto, íbamos a asistir a un fulgurante despegue económico de las repúblicas latinoamericanas, como pronosticaban muchos, la vigorosa demografía de las sociedades hispanohablantes experimentaría a corto plazo un debilitamiento considerable. Como director del Instituto Cervantes, hice mía esta sensata argumentación de mi antecesor, lo que no me granjeó simpatías ni en la derecha ni en la izquierda. La econometría no está mal como herramienta descriptiva, pero como saber oracular es una castaña. Ahora bien, qué relación pueda tener todo esto con el neoconservadurismo y la diatriba de Pardo es algo que, sinceramente, se me escapa.

el 5 a las 5
La Nación, después de todo
Raúl Vilas Libertad Digital

Son tiempos tan poco propicios para el orgullo patrio que, recién llegado de la gran manifestación que ha recorrido el centro de Madrid, los sentimientos son contradictorios. El 5 a las 9 ser español es un poco más fácil. O, al menos, ya no carece de sentido, sensación tristemente habitual en los últimos tiempos. Miles de personas, de ciudadanos dignos de tal nombre, nos han permitido visualizar que la Nación sigue viva, a pesar del deterioro institucional. Mal que les pese a ingenieros sociales y líderes tribales son las naciones las que construyen las instituciones, y no al revés.

Fue el 5 a las 5. Una multitud se agolpaba en la calle Serrano y aledaños desde mucho antes de las 5. No más mentiras, no más treguas trampa. Eso nos convocó a todos. Las banderas de España se contaban por miles. Algunos dirán que fue un acto político. Que las víctimas del terrorismo están haciendo política. ¡Faltaría más! Sus seres queridos fueron asesinados única y exclusivamente por ser españoles. Son huérfanos, viudos o están amputados porque son españoles. Pagaron con su vida el 'delito' de pertenecer a la Nación española. Ellos pagaron pero los señalados éramos todos. ¿Cómo no iba a ser un acto político? No se me ocurre otra ocasión mejor para ondear una enseña rojigualda. La memoria, dinidad y justicia que reclaman las víctimas del terrorismo es indisoluble de esa comunidad política y soberana de ciudadanos libres e iguales que es la Nación española, única fuente de legitimidad de las instituciones. Claro que es política.

El 5 a las 5, una vez más, fue un ejemplo de civismo. Es insólito que en concentraciones tan masivas no haya un solo incidente. En esa clima de serenidad transcurrió la marcha hasta que llegamos a la plaza de Colón. Fueron muchas las intervenciones, no sobró ninguna. ¡En mi nombre no! resonaba con fuerza en nuestras conciencias. ¡En mi nombre no! repitieron cerca de 20 de ciudadanos españoles. Porque no habrá ningún peces barba que pueda negarles esa condición a las víctimas del terrorismo. ¡En mi nombre no! Ni en el de todos los que allí estábamos. ¡En mi nombre no! exclamó, al cabo, la Nación española.

Dijo Alcaraz que volverá a convocarnos a todos si quiénes tienen la obligación moral no lo hacen. La política española, la casta que ha secuestrado la soberanía en forma de partitocracia, ha ido expulsando a los mejores. Como Santi Abascal. Su discurso fue un ejercicio de patriotismo brillante, vibrante, valiente, estimulante, que debería sacar los colores a quiénes suben a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados cada semana. Fue el discurso de un político, en el sentido más virtuoso del término, de un patriota.

En el cierre del acto sonó el himno. Es curioso la fuerza de los símbolos. Cómo unas simples notas musicales pueden cobrar tanto sentido.

Y es que el 5 a las 5 fue la Nación.

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Éxito rotundo del cinco a las cinco
EDITORIAL Libertad Digital 6 Febrero 2011

Decenas de miles de personas han abarrotado el centro de Madrid para denunciar la negociación con ETA, las "facilidades" judiciales con las que cuenta el Gobierno para excarcelar terroristas, para tapar el auténtico sesgo de sus contactos con la banda, el célebremente triste chivatazo del bar Faisán, y la complicidad activa de la oposición encarnada por una dirección del PP que ha eludido la responsabilidad de estar al lado de las víctimas.

La presencia en la manifestación de líderes políticos como Esperanza Aguirre, de dirigentes como Jaime Mayor Oreja, de hombres y mujeres como Carlos Iturgáiz, María San Gil, Ortega Lara, Regina Otaola, Pilar Elías, Salvador Ulayar y Teresa Jiménez Becerril y muchos otros ha puesto de relieve que aún quedan en la política o en sus aledaños personas con memoria, gentes con dignidad que reclaman Justicia, que no quieren pagar un precio político por la paz, que aspiran a una libertad plena, sin adjetivos.

De los testimonios recogidos por esRadio, por Libertad Digital Televisión y por los periodistas de este diario se desprende un clamor muy definido: debe haber vencedores y vencidos; los terroristas deben pagar por sus crímenes y los terroristas del escaño no deberían estar presentes en las instituciones. En 43 ayuntamientos vascos y navarros gobierna ETA, sus pistoleros viven de los fondos públicos que les suministran sus portavoces y están dispuestos a seguir matando y extorsionando. Ante una situación así, el Gobierno y la oposición han aceptado negociar, emitir señales inconfundibles de claudicación con el acercamiento y la liberación de asesinos, con el desprecio a las víctimas expresado de forma palmaria. El PSOE y el PP han dado la espalda a quienes deberían tener siempre presentes, a quienes han perdido familiares y amigos, a quienes verdaderamente configuran el alma de una España digna.

Cualquier intento de acabar con el terrorismo, además de la Ley, debería tener presente a las víctimas. No se trata de que sean ellos quienes orienten las acciones del Ejecutivo o de la oposición. No es eso. Bastaría con tener en cuenta que el objetivo de la paz es inasumible si las víctimas no se sienten confortadas y reparadas. Sería suficiente con no olvidarlas y con actuar con un mínimo sentido de la moralidad pública, de la honradez política y de la legalidad. Lejos de ello, el Gobierno prefiere fijar su atención en Batasuna y celebrar con indisimulado gozo que algunos terroristas con micrófono banalicen el asesinato de casi mil personas con teorías sobre la existencia de un "conflicto político" y vagas y falsas promesas sobre el fin de los tiros y las bombas. Les da igual que ETA festeje abiertamente la disposición del PSOE a aceptar cualquier vómito en forma de comunicado como un paso en firme hacia el fin de la pesadilla. Les importa más, en suma, no ofender a los Otegi, Ternera y Txelis que lo que digan o sientan quienes aún muestran las heridas abiertas de una pesadilla que empeora cada vez que el Gobierno acepta los atajos y señuelos que coloca ETA entre una campaña de bombas lapa y otra de tiros en la nunca.

Como la voz de las víctimas les resulta incómoda, la mayoría de los partidos ha decidido mirar para otro lado, presionar a los medios de comunicación para que no se hicieran eco de la convocatoria, menospreciar a quienes no se someten a los dictados de los estrategas de la conciliación, de los Eguiguren de turno. En suma, han intentado hacer creer a la sociedad española que no pasa nada. Sin embargo, decenas de miles de españoles han dicho que no de una forma rotunda en Madrid, arropando a las víctimas que ya no se fían de las promesas de un Gobierno cuyas antenas están fijas en el próximo aquelarre batasuno, previsto para este lunes. Nunca como el cinco a las cinco ha habido tanta distancia entre la sociedad española y su clase política, entre quienes dicen no a una negociación en los vertederos de la indecencia y entre quienes sólo hacen cálculos electorales.

La España inanimada
Carlos Dávila www.gaceta.es 6 Febrero 2011

Ayer fue día de manifestación. Otra vez la gente, pero no toda la gente, contra el terrorismo. Los particularismos, las rencillas personales, han decolorado, como sucede siempre en nuestro país, una iniciativa plausible a la que, sin embargo, hasta los clásicos del lugar, los apoyos de siempre, han encontrado reparos. En la legislatura anterior, la gran oposición al zapaterismo vendido a ETA la protagonizaron las víctimas y todos sus aledaños, de tal modo que por lo menos una vez al año, una enorme cantidad de españoles mostraron al presidente del Gobierno su enorme repulsa ante la miserable negociación que estaba cursando con una banda de criminales. Ahora ya no es lo mismo: las víctimas están quebradas, Zapatero ha dirigido el entendimiento con los etarras por caminos más indirectos, y los partidos –el PP y la UpyD de Rosa Díez– ya no están directamente ligados a la protesta. Se ha perdido la liturgia, pero también el encanto de la protesta.
Curada de espanto

Y ese es un síntoma de esta España inanimada que cumple sus primeros días de 2011 más estupefacta que indignada, más dormida que enhiesta, más quejosa que alterada. Tal parece que la resignación, el “nosotros no podemos hacer nada”, es la característica de una sociedad que, esta misma semana que ha terminado, ha contemplado sin reaccionar dos acontecimientos diferentes pero muy significativos: el conocimiento de las cifras del paro del pasado enero y el descubrimiento de que nada menos que el jefe de la Seguridad Nacional, el secretario de Estado Antonio Camacho, era y es el dueño del móvil desde el que se alertó a los terroristas para que huyeran de los policías que les iban a detener. No hay que recordar más detalles del caso: eran delincuentes que estaban cobrando el chantaje económico terrorista a los empresarios vascos y navarros.

Cuando el jueves la canciller alemana Angela Merkel viajó a España, denunciamos que un escándalo como este del Faisán hubiera hecho estallar todas las costuras del Estado germano. Pero aquí sigue sin pasar nada. Toda la presión informativa que los periodistas –no sólo nosotros, desde luego– hemos ejercido sobre el Ministerio del Interior y su titular, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha resultado inútil: ni el Gobierno se siente en la necesidad de dar explicaciones, ni tiene la mínima consideración con quien se las pide. Cuando en estos días pasados comentaba esta sinrespuesta con un sociólogo antiguo con el que me topé casualmente por la calle, me daba su particular diagnóstico: “Desengáñate, Carlos: España ya está curada de espanto”. Es decir que, según entiendo, y pase lo que pase, no va a pasar nada. Para este Gobierno trémulo, desastroso, letal, no hay nada más cómodo: todas sus fechorías no es que se le estén perdonando es que, sencillamente, se dan, como sucedía antaño (ahora ya no) con los pagarés bancarios: se dan por descontadas.
Sin intelectuales críticos

Y, ¿qué decir respecto al primero de los acontecimientos reseñados? En menos de una semana, la Encuesta de Población Activa, la que mide REALMENTE el número de personas que no hallan puesto de trabajo, ha cifrado en 4.700.000 los españoles sin empleo; Eurostat, la Agencia de la Comunidad Europea que fotografía el estado también REAL del trabajo en todos los países miembros, denunciaba, para el escalofrío, que España DOBLA la media general del paro; por fin, el miércoles pasado nos levantábamos con el susto mensual del Inem o como se llame ahora: nada menos que 130.000 desempleados en enero. Y ante esta triple y durísima realidad, ¿qué?, pues la consabida patraña de falsear esperanzas, el latiguillo increíble de siempre: “Es malo el dato, pero en poco tiempo empezaremos a crear empleo”. Un sarcasmo. Los autores de la falaz y repetida ocurrencia, desde Zapatero a la secretaria de turno, tienen perfecta idea de que nadie les tomará en serio, ni siquiera los suyos propios, aunque estos se prestan disciplinadamente a repetir como loros la consigna, pero tienen también la conciencia de que nadie, salvo los medios de información y los periodistas habituales, les va a echar en cara, primero, el desastre de su gestión y, segundo, el descaro con que disimulan su estrepitoso fracaso.

No hay ahora mismo en España un analista comprometido que se atreva a preguntarse (y, si puede, a responderse) cómo es posible que la pertinacia en el error y la mentira no haya desatado una fortísima contestación social. Los intelectuales que en otros momentos de nuestra historia eran los denunciantes de situaciones ni siquiera similares, brillan ahora por su ausencia; ni están, ni se les espera. Esta es la época de menor masa crítica dispuesta a agitar a una ciudadanía que ha perdido enorme poder adquisitivo, que en buena parte no es que esté parada, es que está quieta desde hace años, que contempla sin aparente preocupación cómo se desintegra la Nación más vieja de Europa, que asiste sin reacción al desprestigio total de las instituciones y que en los últimos tiempos se está quedando literalmente en el esqueleto de sus derechos sociales.
La derecha acobardada

El sector español más enemistado con la gobernación de Zapatero se limita a formularse dos preguntas: ¿cuándo se va? y ¿cómo es posible esto? En cualquier otra latitud la contestación al segundo de los interrogantes llevaría a este cuerpo social a manifestarse democráticamente contra el causante del desastre. Aquí no, aquí la derecha, a mayor abundamiento, musita de forma casi inaudible no vaya a ser que la escuchen (el miedo aquí ya es libre): “Si esto lo hubiera el PP, la izquierda ya habría tomado las calles”. O sea, que deposita en esa izquierda radical, y muchas veces violenta, una capacidad de convocatoria, de protesta, que no reconoce para ella misma, en lo cual, dicho sea de paso, está extraordinariamente acertada. Convenimos, pues, en que la izquierda, haga lo que haga su Gobierno de turno, permanece estática porque al final siente que esa calamidad “es su calamidad”.

Esto, lejos de ocurrir en la derecha, se representa de forma radicalmente diferente. No hay más claves, no hay más razones, no hay más vueltas que dar a una constancia tan sencilla como esta: la izquierda saldría a la calle, levantaría el asfalto hasta convertirlo en un infierno, por cualquiera de las reformas que ha presentado Zapatero si el firmante de ellas fuera, por ejemplo, Rajoy. La derecha, no, la derecha permanece en su sillón para ver quién le arregla el desaguisado. En consecuencia, España no está inanimada; es la derecha española la que está inanimada. Fraga proclamó una vez: “La calle es mía”, y dejó la calle imposible para los restos de la derecha pacata y acomplejada. Por lo demás, es cierto: lo democrático es esperar a las urnas, lo totalitario, lo vergonzante, es romper la calle para que las urnas canten victorias inesperadas. Así que, atención: este Rubalcaba al que detesta su partido y quiere colocar Felipe González, porque el ex presidente aún odia más a Zapatero que al propio Aznar que resucitara, es capaz, si se lo propone, de asaltar de nuevo lo que un mentecato muy cercano al propio vicepresidente suele llamar: “Las mansiones de la derecha”. Actung!, que diría la reciente visitante alemana de La Moncloa, con Rubalcaba en el poder nunca se sabe lo que va a pasar, aunque si se termina por saber lo que ha pasado. ¿O es que hay que recordar el GAL y ahora mismo el Faisán?

La tregua de ETA y la Iglesia vasca
En una sociedad madura, el papel de la Iglesia no es la mediación política, ni proponer medidas de ingeniería política, aunque sea bajo la capa de una presunta experiencia moral
RAFAEL AGUIRRE El Correo 6 Febrero 2011

El mero examen lingüístico del comunicado de ETA, en que anuncia el 'alto el fuego', ofrece pocas novedades y bastantes ambigüedades. Pero sí hay una novedad más de fondo. Las dos últimas treguas ETA las adoptó cuando se le habían ofrecido contrapartidas políticas: en 1998 el acuerdo nacionalista de Lizarra, que contó con el apoyo expreso de ETA, y en 2003 las conversaciones de Loyola, democráticamente incomprensibles. Esta vez el alto el fuego de ETA se debe a su aislamiento social y a que su actividad es el gran obstáculo para sus aliados políticos. La gran novedad es que no hay contrapartidas políticas; nunca ETA había jugado tan a la baja. Las fuerzas democráticas han reaccionado de forma similar en una operación concertada: la declaración es un alivio, pero no es suficiente; lo que se requiere no es una tregua permanente, sino definitiva, es decir la disolución de ETA.

La Iglesia ha emitido un breve comunicado de los tres obispos de Euskadi, con la reincorporación del arzobispo de Pamplona, en el que reiteraban a ETA «la exigencia moral de su disolución definitiva e incondicional» y pedían oraciones a los fieles. Se está dando simultáneamente un cambio profundo en el País Vasco en la situación política y en la vida de la Iglesia. Los cambios episcopales no han sido meros relevos personales, sino que han supuesto un cambio de rumbo, inducido desde afuera y cuidadosamente preparado. Esto ya se refleja en el mencionado comunicado episcopal, que sorprende -a mí favorablemente- por ser breve y centrarse en lo fundamental a diferencia de las prolijas declaraciones que antes se prodigaban. Se percibe con claridad la derrota del terrorismo con el empleo firme de los recursos del Estado de derecho. Durante años ha estado vigente el mito del 'empate infinito', de que 'la lucha armada' (ha costado mucho generalizar la palabra terrorismo) respondía a un contencioso político, cuya resolución era imprescindible para que ésta cesase; era un planteamiento muy común el de las dos violencias, la de ETA y la del Estado, como si fuesen equiparables, y se proponían medidas de ingeniería política para finalizar con la violencia. Este tipo de planteamientos ha estado muy extendido, también en ambientes eclesiales, y suponía la deslegitimación de la democracia existente, la asunción de postulados nacionalistas radicales. Ha costado, pero las cosas han cambiado profundamente. La Iglesia tenía que haber denunciado con más claridad y fuerza las raíces idolátricas de una ideología que ha penetrado profundamente en los circuitos culturales y educativos del País Vasco y que ha contribuido decisivamente a la desertización moral y religiosa de nuestra sociedad.

¿Qué tendría que hacer la Iglesia ahora que la situación está cambiando radicalmente gracias a la actuación decidida de la democracia? Ante todo contribuir a la deslegitimación de la violencia porque ETA no ha desaparecido y menos la ideología que durante tiempo la ha justificado. Es precisamente la hondura de esta deslegitimación una de las grandes cuestiones que están en juego. Hay que deslegitimar la causa y la historia entera de ETA. Estamos asistiendo ya a una verdadera lucha por hacer prevalecer el relato de lo sucedido en Euskadi durante estos años. En esto se juega el futuro y la dignidad de nuestra sociedad. Frente a quienes escriben la historia para justificar la trayectoria de ETA, convirtiéndola en quien abrió nuevas posibilidades para la sociedad vasca, hay que defender el relato hecho desde las víctimas y dejar bien claro que ETA nunca estuvo justificada, que no ha conseguido nada positivo; hay que reivindicar la memoria de las víctimas y debe caer el oprobio y la deslegitimación sobre la causa que tanto dolor ha causado. Además la sociedad vasca necesita curar las heridas, superar odios, abatir el fanatismo ideológico y crear un clima sereno para poder afrontar los problemas políticos. Esto no se logra en pocos años, quizá requiera más de una generación.

La Iglesia necesita ganar autoridad moral, sobre todo ante las víctimas y los sectores ideológicos que se han sentido más abandonados por ella. Los cambios episcopales en las diócesis vascas pueden conllevar una renovación pastoral, cuyo reto es no descolgar a los grupos y personas que han tenido protagonismo hasta ahora, pero incorporar otras sensibilidades y otros estilos, ampliando la comunión eclesial y acrecentando su capacidad en la ardua tarea de regeneración cívica y moral de la sociedad vasca. En una sociedad democrática y madura, el papel de la Iglesia no es la mediación política ni proponer medidas de ingeniería política, aunque sea bajo la capa de una presunta experiencia moral. La Iglesia vasca tiene que hablar bien de Dios, como lo más radicalmente humanizante, reivindicar la justicia, proponer los valores evangélicos, que amplían el horizonte de la vida humana, saber hablar de perdón y de reconciliación en el momento oportuno, respetando los procesos psicológicos, diferenciando las disposiciones personales de las medidas políticas, que corresponden a las autoridades democráticas. Bien entendido que el perdón implica el arrepentimiento del victimario y el resarcimiento, en lo posible, del daño causado, lo cual es un deber de justicia; el perdón implica también la disposición a ofrecerlo por parte de la víctima en una actitud que va más allá de la justicia, pero que se propone como un valor positivo, noble y sanador. El evangelio de Jesús introduce relaciones de gratuidad en las relaciones humanas. La Iglesia es el lugar de encuentro más plural que existe en nuestra sociedad: una gran tarea es convertir la comunión como creyentes en aprecio personal, tolerancia y aceptación de las diferencias como ciudadanos.

LA PRENSA DE UN VISTAZO
La marcha de las víctimas, tema de portada sólo para algunos
El abrumador seguimiento de la manifestación de las víctimas sí aparece hoy en todos los periódicos aunque no en todas las portadas.
Luis F. Quintero Libertad Digital 6 Febrero 2011

La Rebelión Cívica tomó ayer la calle Serrano de Madrid en una manifestación abrumadora, en la que las víctimas del terrorismo reclamaron la dignidad la memoria y la justicia para sus familiares asesinados por ETA, la dignidad de la Nación española. Su grito "no más mentiras, no más treguas trampa" resonó en Madrid y los diarios de este domingo no han podido obviarlo, aunque el tratamiento difiere, como era de esperar, de unos medios a otros.

Libertad Digital, esRadio y LDTV –el grupo Libertad Digital al completo- ofrecieron y ofrecen la información más completa sobre todo lo que sucedió ayer en Madrid. En cualquier caso, otros periódicos como ElMundo o La Gaceta ofrecen amplias informaciones sobre la manifestación. Otros, como Público, lo ignoran en su primera, dedicada, oh sorpresa, al caso Gürtel.

En el diario de Pedro J., Fernando Lázaro y David Gistau, que acudieron a la cita del 5 a las 5, ofrecen una completa información sobre lo sucedido. En el faldón de portada podemos ver una fotografía de Esperanza Aguirre llegando a la manifestación junto al titular "Las víctimas exigen al Gobierno que no legalice a Batasuna".

Además, el segundo editorial del día es para la manifestación en El Mundo. Llama la atención la salvedad que hace al decir que "al margen de la polémica que puedan suscitar algunas de las consignas o el tono de algunas intervenciones en la convocatoria de ayer cabe preguntarse si había motivos ahora mismo para convocar una manifestación que bien podría considerarse por muchas personas como preventiva". El propio editorialista se contesta diciendo que "no faltan razones para la inquietud".

Lo que sí cabe preguntarse es qué entiende el editorialista por polémicas intervenciones, o qué tono escuchó en la manifestación, si es que asistió. No queda claro si se referirá al empeño de la madre de Toñi Santiago en seguir en este mundo para vigilar que a su hija se le haga justicia, o bien si lo que podría levantar suspicacias o ampollas fue el discurso de Santiago Abascal, en defensa cerrada de la dignidad de la Nación española frente a la partitocracia que, tan a menudo, envilece sus instituciones. En cualquiera de los casos, concluye El Mundo que "el Gobierno debe escuchar la advertencia de las víctimas".

Por lo demás, Pedro J. habla de las "cenizas de ángel" para reflexionar en su carta dominical sobre la visita de "frau Merkel" y "la última bocanada de humo que nos ha echado a la cara". El otro asunto para El Mundo es el tema encuestas, como en El País. Egipto y el paro combaten por la portada.

El País hoy sí habla de lo que sucedió ayer en Madrid pero hace lo que Gobierno y Oposición, dar mucha más importancia a cada movimiento de Batasuna-ETA que a las reivindicaciones de las víctimas del terrorismo.

Este sábado la cita del 5 a las 5 no existía para el diario de Prisa. Este domingo, forzado por la asistencia masiva de ciudadanos, sí lo recoge cogido por uno de los hechos más notables de todo lo que ayer sucedió en Madrid. Sin previo aviso, Esperanza Aguirre se presentó en la manifestación. Da más importancia, sin embargo, a que Batasuna-ETA presente su nuevo proyecto para asaltar las instituciones, esa llamada "marca blanca" con la que pretende colarse en Comunidad Autónoma y ayuntamientos.

¿Y a qué cosas le da importancia El País? Además de a Batasuna, Egipto es uno de los asuntos centrales de la información que ofrece este domingo. También un publirreportaje a Garzón, que será el protagonista del próximo trabajo de la directora de cine Isabel Coixet. Ha firmado un documental en el que Garzón denuncia que sufrió un acoso y una persecución implacable cuando comenzó el caso Gürtel.

La Gaceta también da cumplida información de lo que sucedió ayer en la calle Serrano. Pese a que no es noticia de apertura en la portada de su edición dominical, Alberto Lardíes firma una extensa información en la que refleja cómo la rebelión cívica tomó Serrano el 5 a las 5. Como el resto de periódicos, dedica una información especial a la presencia de Esperanza Aguirre en la marcha, así como las advertencias que volvió a hacer Jaime Mayor Oreja denunciando un pacto entre el Gobierno y ETA.

En su información principal, en cambio, llevan una información sobre el presunto cerebro del caso malaya, Juan Antonio Roca, acompañada de "fotografáis exclusivas" de las dependencias que posee en la cárcel. Disfruta, dice este diario de unos "privilegios penitenciarios inauditos".

ABC, por su parte, aunque ofrece en páginas interiores información sobre la manifestación de ayer, no hace ninguna llamada en su portada, que dedica a Egipto y la reunión entre Merkel y Hillary Clinton sobre "el cambio histórico en Egipto y el Magreb y la recuperación económica de la UE". El titular: "Mubarak se debilita".

En cambio, el editorial principal para el diario de Vocento es para el caso faisán, y uno de los segundarios para la manifestación, que también aparece en su sección de fotografías del día "ENFOQUE". Por último, dedica una extensa información que, en este caso sí, antepone a la "previa" sobre la marca blanca que prepara Batasuna.

Por último, el diario La Razón, que lleva un amplio reportaje sobre "el suicidio del cine español", hace mención a la manifestación de ayer en un subtitular en portada. En esta ocasión, la noticia principal para este diario es la "previa" de Batasuna.

El boicot a 'Galicia Bilingüe' le sale caro a dos violentos
Aurelio L.R. y José María 'Iussa' P. se enfrentan a penas de hasta 5 años de cárcel por supuesta agresión a policías
Europa Press www.lavozlibre.es 6 Febrero 2011

Madrid.- Los radicales Aurelio L.R., y José María 'Iussa' P., que fueron imputados por los supuestos delitos de atentado contra agentes de la autoridad y desórdenes, y que se enfrentan a penas de prisión de 5 años y de 2 años y 8 meses de prisión, respectivamente, han negado este jueves los hechos, en la vista que se sigue contra ellos en el Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo.

Según el escrito de acusación, estos dos jóvenes participaban el 20 de febrero de 2008 en una concentración frente al centro cultural Caixanova, donde se celebraba un acto convocado por la asociación 'Galicia Bilingüe', y en la que se cantaron consignas de apoyo a la lengua gallega, e insultos contra agentes de la Policía y contra personas que se dirigían al acto de 'Galicia Bilingüe'. Esta concentración estaba custodiada por un cordón policial.

En un momento determinado, uno de los acusados, José María P., supuestamente lanzó un petardo a los pies de uno de los agentes y, a continuación, le propinó una patada en la boca del estómago. Asimismo, se produjo otra supuesta agresión por parte de Aurelio L.R. a otro funcionario policial, al que habría golpeado la espalda con un "objeto contundente", posiblemente el mástil de madera de una bandera.

Por estos hechos, la Fiscalía y la acusación particular piden para Aurelio un total de 5 años de prisión por los delitos de atentado -un año y medio-; un delito de desórdenes públicos -un año de cárcel-; y un delito de lesiones -dos años y medio-. Para José María las acusaciones piden un año y medio de cárcel por atentado; un año por el delito de desórdenes; y dos meses por una falta de lesiones.

Asimismo, en lo que respecta a la responsabilidad civil, se pide que Aurelio indemnice al agente que le señala como agresor con 2.700 euros; y que José María indemnice al otro policía supuestamente golpeado con 100 euros. La defensa por su parte pide la libre absolución de los dos acusados, por considerar que "no hay suficientes pruebas" contra ellos.

JUICIO
Durante la primera sesión del juicio, celebrada este jueves, los acusados negaron los hechos que se les imputan y, aunque ambos reconocieron su participación en la concentración, insistieron en que se trataba de una "protesta pacífica en favor de la lengua gallega".

José María P., que inicialmente se negó a contestar las preguntas de la Fiscalía porque se le formulaban en castellano, rechazó haber lanzado un petardo o haber golpeado a un agente, e incluso recordó que él mismo había denunciado a dos policías por haberle agredido. Asimismo, puntualizó que no opuso resistencia cuando fue detenido.

Por su parte, Aurelio L.R. relató que esa tarde fue identificado dos veces, una primera antes del inicio de la concentración y otra después de una carga policial. Así, explicó que la policía cargó contra los manifestantes tras escucharse una explosión, por lo que huyó del lugar, y que, cuando minutos después regresó, fue identificado por un agente.

Este joven negó haber golpeado a ningún miembro de las fuerzas de seguridad, e incluso matizó que las personas concentradas portaban una pancarta, pero que "no había banderas ni palos". También explicó que no fue detenido y que se enteró de su imputación "tres meses después", cuando le llegó una carta para acudir a declarar.

POLICÍAS
Durante la vista de este jueves prestaron declaración los agentes supuestamente agredidos, que se ratificaron en sus denuncias, así como otros policías que participaron en la detención y traslado de José María P. Todos ellos afirmaron que la actitud de los manifestantes era de "hostilidad, desobediencia y agresividad".

Estos testigos afirmaron que los manifestantes proferían insultos contra la Policía y contra las personas que entraban en el acto de 'Galicia Bilingüe', y que incluso impedían la libre circulación de los transeúntes. Asimismo, identificaron a los acusados como autores de las agresiones y, a uno de ellos, Aurelio, lo reconocieron como "cabecilla" de ésta y de otras protestas en las que ha participado.


 

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