AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 12 Febrero 2011

 

Arbitrario, déspota y peligroso
Francisco Rubiales Periodista Digital 12 Febrero 2011

Zapatero permitió a Cataluña endeudarse por encima del tope marcado para todas las demás autonomías, pero después, ante la rebelión de las demás regiones,
rectificó y prometió "café para todos", demostrando una vez más su condición de mal gobernante, arbitrario, déspota y muy peligroso. Si permitió que la ya
peligrosamente endeudada Cataluña se endeudara todavía más, cuando España entera, arruinada, ha sido obligada a sumergirse en la austeridad y cuando hace
pocos días ha prohibido al ayuntamiento de Madrid refinanciar su deuda, es porque no le mueven otros intereses que los propios y porque es capaz de cualquier
cosa con tal de mantenerse en el poder.

Ante esa ruptura de la línea de austeridad impuesta a España por los mercados y por las grandes economías de Europa, crecerá la desconfianza internacional en
la economía española y el gobierno subirá, una vez más, los impuestos. Otra vez la misma canción: los españoles, incluídos los del futuro, tendrán que pagar
con su esfuerzo y su pobreza la miseria de un político que es capaz de hundir a una nación a cambio del puñado de votos que necesita para seguir mandando.

Por muy grande que sea su decadencia y por muy envilecida que esté parte de su población, España no se merece a un tipo como Zapatero al frente del gobierno.

Piense usted en una barbaridad y es casi seguro que Zapatero la haya cometido. Es casi imposible encontrar un ámbito donde no haya creado estragos, dolor y
tristeza. Ha mentido, ha cambiado dinero público por votos, ha engañado, ha faltado a sus promesas, ha roto la igualdad que garantiza la Constitución, ha
empobrecido al país que gobierna, ha desprestigiado a España ante los mercados y la comunidad mundial, ha convivido pacíficamente con la corrupción, ha
desprestigiado a la clase política y a la demcoracia, ha llenado las calles de España de parados y de nuevos pobres, ha facilitado que 500.000 españoles
pierdan su vivienda, por desahucio, en los tres últimos años, ha envalentonado al nacionalismo radical, ha crispado la sociedad, ha fanatizado a sus
partidarios, ha intentado aislar a la oposición y expulsarla del juego político, ha coqueteado con los socios de la ETA asesina, ha convertido a España en
campeona mundial del blanqueo de dinero, del aborto permisivo, de la trata de blancas, del fracaso escolar y de la desesperación de los jóvenes, además de
haber atiborrado de privilegios a los políticos y de haber utilizado el dinero público para marginar a los disidentes o para doblegarlos.

La lista de daños causados por el "Zapaterismo" parece interminable y llega a ser abrumadora: ha endeudado al país hasta las cejas, hipotecandoa a por le
menos tres generaciones, ha despilfarrado el dinero público como nadie en el pasado, ha ensalazado a los peores, ha comprado o silenciado a todos los medios
de comunicación que ha podido, utilizando la publicidad institucional para lograrlo, ha filtrado información clave a sus amigos, ha entregado concesiones y
ventajas a empresarios afines, ha condenado a los adversarios al ostracismo y a la marginación, ha convertido a su partido en un ejército de sometidos,
incapaces de practicar el debate libre y la crítica, ha ocupado la sociedad civil y la ha asfixiado, dejándola en estado de coma, ha comprado a los
sindicatos, ha hostigado a los católicos, etc., etc. etc.

La lista podría continuar hasta casi el infinito, hasta convertirse en un alegato estremecedor contra un político tan dañino como un tsunami y tan letal como
una cobra. Ha practicado el amiguismo, el nopotismo y el enchufismo, llenando lo público de afines al poder, ha utilizado l dinero para castrar al cine
español, al periodismo y a la televisión, que durante su mandato se transformó en basura degradante y casi ha laminado la España de los valores, debilitando
la honradez, la decencia, el esfuerzo, la responsabilidad, la verdad y todo lo que huela aauténtica libertad.

Para colmo de males, ha sido el gran liquidador de las conquistas sociales conseguidas durante décadas y ha ensanchado peligrosamente el foso que separa a
ricos de pobres, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más desgraciados.

Ha dejado a su partido en la ruina y los daños que Zapatero ha causado a España son tan profundos que la regeneración futura del país tendrá que ser obra de
titanes.

Voto en blanco

El trabuco de Griñán
Alfonso Basallo www.gaceta.es 12 Febrero 2011

La Junta cuela el mosquito del mesonero rebelde y se traga el camello de los ERE.

La revolución de los descamisados, que predicaba Guerra en 1982, ha terminado en Diego Corrientes pero al revés: los socialistas roban a los pobres para
dárselo a los ricos. Tal cual: la Junta dedica del dinero de los parados a pagar jubilaciones de lujo a los amiguetes del PSOE.

Nada ha cambiado en el caciquismo desde principios del siglo XX. Los señoritos a caballo han sido sustituido por los Chaves, Griñán y Zarrías en coche
oficial. El peón se quitaba la gorrilla servilmente ante el jinete al trote; y el subsidiado por el PER da inquebrantables muestras de adhesión, en forma de
voto, a los nuevos caudillos que le echan pan. Pero cuando llegan las vacas flacas, ni eso. El maná es para los cuates de ese PRI con sombrero cordobés que
es el PSOE.

El escándalo de los ERE es la gota que colma un vaso de expolio sistemático de Andalucía practicado mediante el trabuco político. Treinta años de socialismo
han dejado a la región para los restos. Con una tasa de paro cercana al 30% tiene 1,2 millones de personas mano sobre mano, a las que hay que sumar otras
200.000 en cursos de formación, o sea trabajando para el país como dice Zapatero. El colapso andaluz responde a una pésima Administración y ésta, a su vez, a
utilización partidista de fondos públicos.

El andaluz no tiene para llegar a fin de mes, pero sí que hay dinero para dejar contentos a los amigos; o para cosas cruciales como repartir preservativos de
colores; perpetuar la casta de los señoritos en versión sindical (8.000 liberados); o dar propinilla a las mujeres vejadas por el franquismo hace 75 años,
cuando la gran vejada es la Andalucía de ahora mismo.

¿Con qué autoridad moral se atreve la Junta de Griñán a poner sus manos sobre el asador Guadalmina, aplicando una ley invasora sobre lo que bebemos, fumamos
o esnifamos? La Junta que cuela el mosquito del mesonero rebelde y se traga el camello de los 700 millones de euros de ERE falsos.

Egipto, en la encrucijada
El Editorial La Razón 12 Febrero 2011

Hosni Mubarak ya forma parte de la Historia. Pocas horas después de que escenificase su fracaso en un discurso que indignó aún más a los egipcios que
llevaban manifestándose dos semanas, el «rais» anunció su dimisión a través del hasta ahora vicepresidente Omar Suleiman.

Como era previsible, teniendo en
cuenta la tremenda ascendencia que tiene en el país, Mubarak ha cedido el poder al Consejo Supremo del Ejército. Éste, a partir de ahora, se convierte en el
árbitro del país y tutelará el difícil proceso de transición al que se enfrenta Egipto. Ayer, el Consejo Supremo del Ejército ya anunció que disolverá el
Gobierno y las dos cámaras del Parlamento egipcio y que gobernará a través del presidente del Tribunal Constitucional previsiblemente hasta las elecciones de
próximo septiembre acumulando así todo el poder.

A pesar de la calculada ambigüedad que ha mantenido durante los dieciocho días de protestas, sin duda el Ejército ha jugado un papel determinante en la caída del «rais» al comprobar que la situación era insostenible dado que los egipcios lejos de apaciguarse con las palabras de Mubarak incrementaban las revueltas populares en todo el país. Si el Ejército sigue el guión previsto, durante los próximos meses su cometido principal será preservar la estabilidad del país y acometer, sin prisa pero sin pausa, la apertura del régimen, incluida la liberación de los presos políticos, legalizar los partidos políticos, así como la concreción de las primeras reformas para impulsar la modernización y el desarrollo del país y garantizar unas elecciones democráticas.

Esto dará confianza a la comunidad internacional al tiempo que le prestará su apoyo al proceso, como ya anunciaron ayer la mayoría de los países, en especial Estados Unidos, que observará con lupa los movimientos de su principal aliado en Oriente Medio. Lo que suceda después de las elecciones es una incógnita y no conviene jugar a futuribles. Aunque se ha recibido la caída de Mubarak con una desbordante euforia nos esperan unos meses de incertidumbre que serán especialmente críticos para Israel. En las últimas décadas los israelíes han encontrado en Egipto a un país aliado, el único del pueblo árabe junto a Jordania.

Ayer, inmediatamente después de conocer la caída del «rais», el Gobierno israelí confiaba en que no se cambiasen las buenas relaciones que han mantenido ambos países. Simultáneamente, Hamás pedía a las nuevas autoridades que levanten el bloqueo de Gaza. El tiempo dirá qué papel jugará el nuevo Egipto en el proceso de paz. Si tras las elecciones el país sufre un proceso de islamización y se decanta por abrazar la causa palestina radical el proceso de desestabilización de la zona plantearía un inmenso desafío a la comunidad internacional.

También hay que considerar qué consecuencias tendrá en los países de su entorno la revuelta egipcia y si tendrá un efecto dominó en otros regímenes como Argelia o Jordania, donde ya se están viviendo protestas de sus ciudadanos, que piden un cambio de régimen. Sin duda, estamos ante un nuevo escenario difícil de prever hace unos meses y que puede significar una transformación en el tablero internacional.

Egipto, de ahora en adelante
Editorial www.gaceta.es 12 Febrero 2011

Primero fue Túnez y ahora lo es Egipto, sin que sea quimérico predecir que tales vientos continuarán poniendo en apuros a sátrapas de por vida y élites
codiciosas.

La renuncia de Hosni Mubarak a la presidencia de Egipto, que detentaba desde hace treinta años, es indudablemente un valioso servicio prestado a un país muy
zarandeado por ese viento de libertad, democracia y justicia que viene soplando entre los árabes desde los últimos meses de 2010.

Primero fue Túnez y ahora lo es Egipto, sin que sea quimérico predecir que tales vientos continuarán poniendo en apuros a sátrapas de por vida y élites
codiciosas, progresivamente alienados unos y otras de sus poblaciones, en un sistema ciertamente tolerado por Occidente en la medida que servía a sus
intereses. Tal sistema está en quiebra por el mismo impulso de esas poblaciones insatisfechas, por los jóvenes en especial, y los riesgos registrados de
manera generalizada que residen en sacrificar la democracia a la estabilidad. Fue complicada la renuncia de Mubarak, más que la de Ben Ali en Túnez, y
también mas lo será la transición que ahora comienza en Egipto, fuertemente tutelada por las Fuerzas Armadas y en el marco de un Estado que no ha colapsado y
conserva muchos resortes de autoridad. Sorteados en días pasados los riesgos tan peligrosos del golpe de Estado, la guerra civil, con los muy lamentables y
violentos enfrentamientos entre matones oficiales y manifestantes en la plaza de Tahrir, ahora comienza un proceso muy delicado de diálogo, concertación y
articulación entre militares y servidores del antiguo Régimen, con las principales fuerzas políticas y religiosas, que sirva para encaminar al país hacia
unas elecciones generales libres y honestas, en que los votantes pueden elegir a conciencia en un país que recobre su antiguo pluralismo.

De momento, sin embargo, no puede excluirse la posibilidad de que en Egipto se implante una especie de mubarakismo sin Mubarak, o de que la tutela quizás
inevitable de las Fuerzas Armadas, sea mal ejercida o reciba un rechazo frontal por parte de determinados elementos políticos y alborotadores diversos. Pero
no faltan en Egipto ni líderes ni partidos, mas o menos silenciados o reprimidos durante estas décadas. Habría llegado su ocasión, la de Mohammed El Baradei,
George Ishak, Ayman Nur, Hamden El Sabahi, etc., todos ellos partidarios de la democratización y con apreciable dosis de secularidad en su pensamiento
político. En el mismo sentido, pero con más acento religioso y comunitario, se han pronunciado los Hermanos Musulmanes, con creciente intensidad todos ellos
en los últimos diez años, decepcionada toda la oposición política por los resultados dudosos de las elecciones de 2005 y 2010.

Esperemos que el desenlace de Egipto suponga un valiosísimo ejemplo para otros países, un modelo de actuación para que de una vez se superen sistemas
políticos propios de la Guerra Fría, aberrantes ya pero que seguían tan extendidos, como si los árabes estuvieran incapacitados para la democracia y el islam
fuera una excusa para la violencia contra Occidente. Por el contrario lo ocurrido en Túnez, en Egipto y después en… demostraría que no hay tal
excepcionalidad árabe, que estas poblaciones están sedientas de paz, futuro y oportunidades, que estos países necesitan renovar su presencia en la sociedad
internacional. En esa trayectoria figuran como objetivos más los que se identifican con el modelo de Turquía que con el modelo, o antimodelo, de Irán. Para
llegar al término es de esperar que al despejarse la plaza de Tahrir se despejen también esos fantasmas y esos agentes de la muerte que tanto mal han
causado, en Occidente y entre los mismos árabes y musulmanes, preconizando un resentimiento agresivo que hoy debe ser erradicado por completo, en Oriente y
en Occidente, y no digamos en Oriente Medio.

DIRECTOR DEL MIDDLE EAST FORUM
Islam y democracia, hace falta muchísimo trabajo
Daniel Pipes Minuto Digital 12 Febrero 2011

Con las multitudinarias manifestaciones contra el régimen rabiando en Egipto y la posibilidad de que el nuevo gobierno esté encabezado o incorpore a la
Hermandad Musulmana, muchos se preguntan si el islam es compatible con la democracia o no. La respuesta es sí, potencialmente lo es, pero para hacer esto
realidad va a hacer falta muchísimo trabajo.

La realidad actual dista mucho de ser alentadora, dado que la tiranía aflige de manera desproporcionada a la mayoría de países de mayoría musulmana. Frederic
L. Pryor, erudito del Swarthmore College, llegaba a la conclusión en un análisis publicado en 2007 en el Middle East Quarterly de que, con ciertas
excepciones, “el islam se correlaciona con menos derechos políticos”. Saliba Sarsar examinó la democratización en 17 países de lengua árabe y, firmando en la
misma publicación especializada, llegaba a la conclusión de que “entre 1999 y 2005… el progreso no solamente brilla por su ausencia en la mayoría de los
países, sino que por todo Oriente Próximo las reformas han retrocedido”.

Es muy fácil lanzarse a partir de este triste patrón a concluir que la religión del islam tiene que ser en sí misma la causa del problema. La antigua quimera
del post hoc, ergo propter hoc (“si va después de algo, es que está causado por ese algo”) subyace a este razonamiento simplista. De hecho, la actual
tesitura de dictaduras, corrupción, crueldad y torturas es más producto de sucesos históricos concretos que del Corán o de cualquier otra escritura sagrada.

Hace medio milenio no había democracia por ninguna parte; que emergiera en Europa Occidental fue producto de muchos factores, incluyendo la herencia
grecorromana de la zona, las tensiones específicas del Cristianismo surgidas en torno a lo que es del César y lo que es de Dios, la geografía, el clima y
avances clave en los terrenos de la tecnología y la filosofía política. No había nada escrito en torno a que Gran Bretaña y luego Estados Unidos liderasen el
camino a la democracia.

Dicho de otra manera: por supuesto que el islam es antidemocrático en su intencionalidad, pero también lo fue cada religión y sociedad premoderna.

De la misma forma que el cristianismo pasó a formar parte del mecanismo democrático, el islam también puede formar parte. Esta transformación seguramente va
a ser dolorosa y va a exigir tiempo. La evolución de la Iglesia Católica de ser una fuerza reaccionaria en los tiempos medievales a ser una fuerza
democrática en la actualidad, una evolución que no ha terminado por completo, se ha prolongado a lo largo de 700 años. Cuando una institución radicada en
Roma tarda tanto tiempo, ¿por qué una religión procedente de La Meca y repleta de escrituras problemáticas de manera única va a avanzar más rápidamente o con
menos polémica?

Que el islam estimule la participación política implica un colosal giro, sobre todo en lo referente a la sharia, su código jurídico. Redactado alrededor de
un milenio atrás en circunstancias casi tribales y administrado en el seno de rasgos tribales enormemente diferentes a los actuales, el código contiene un
amplio abanico de rasgos tajantemente inaceptables para cualquier sensibilidad moderna, incluyendo las ideas antidemocráticas de que la voluntad de Dios se
impone a la de la población, la yihad militar como medio legítimo de ampliar el poder de los musulmanes, la superioridad de los musulmanes sobre los que no
son musulmanes, o la de los varones sobre las mujeres.

En resumen, la ley islámica interpretada de manera clásica no se puede reconciliar con la vida moderna en general ni con la democracia en particular. Que los
musulmanes alcancen la participación política significa que rechazan los aspectos de ordenamiento público de la ley en su totalidad – como hizo Atatürk en
Turquía – o bien que los interpretan de otra forma. El pensador sudanés Mahmud Mohammed Taha ponía un ejemplo de lo segundo cuando volvía a interpretar las
escrituras islámicas y eliminaba de un plumazo leyes islámicas nocivas.

El Islam sigue cambiando, de manera que es un error insistir en que la religión tiene que ser como ha sido antes. En palabras de Hassán Hanafi, de la
Universidad de El Cairo, el Corán “es un supermercado en el que uno coge lo que quiere y deja lo que no quiere”.

Atatürk y Taha aparte, los musulmanes apenas acaban de empezar el largo y arduo camino de modernizar el islam. Además de las dificultades inherentes a
reformar de forma sustancial un orden sacado del siglo VII para adaptarlo al ethos propio del siglo XXI, el movimiento islamista que domina hoy la vida
intelectual musulmana tira precisamente en dirección diametralmente opuesta a la democracia. Por el contrario, lucha por recuperar la totalidad de la sharia
e implantarla con excepcional severidad, con total independencia de lo que quiera la mayoría.

Ciertos islamistas denuncian la democracia como herejía y traición a los valores islámicos, pero los más listos de entre ellos, reparando en su popularidad
generalizada, han adoptado la democracia como mecanismo de llegar al poder. Su éxito en un país como Turquía no convierte a los islamistas en demócratas
(fíjese por ejemplo en la disposición que manifiestan a abandonar el poder) sino que demuestra su disposición a adoptar las tácticas que sean necesarias para
alzarse con el poder.

Sí, con el tiempo y el esfuerzo suficientes, los musulmanes pueden ser tan demócratas como los occidentales. Pero en este momento, ellos son los menos
demócratas de todos los pueblos y el movimiento islamista plantea un enorme obstáculo a la participación política. En Egipto como en otros sitios, mi
optimismo teórico, en otras palabras, se ve aplacado por el pesimismo apoyado en la realidad actual y futura.

Países árabes: solos ante el peligro
Ahora que el dominó empieza a caer, no habrá dinero en el mundo que salve la monarquía saudí. Queda claro: América abandona a sus amigos.
Rafael L. Bardají www.gaceta.es 12 Febrero 2011

Ni las frenéticas llamadas telefónicas desde los países del Golfo, ni la apresurada visita del ministro de defensa israelí Barak a Washington han finalmente
servido para cambiar la actitud de la Casa Blanca. El presidente Obama quería a Hosni Mubarak fuera del poder ya y en lugar de enfriar los ánimos de los
manifestantes, se acabó aliando con ellos.

Posiblemente no hubiera otra alternativa: entre la corrupción y la libertad, sólo es posible apoyar a esta última. Nadie en la zona quería entender que,
hasta donde Washington llegaba, Mubarak era ya un cadáver político. Mubarak ha caído, de lo que se trata ahora es de que Egipto no caiga con él, porque si
Egipto cae, toda la zona cae con él.

Según revelaba este jueves el Times de Londres, en su última conversación, el rey Abdullah avisaba a Obama de sus errores y le conminaba a apoyar una salida
honrosa para su amigo Mubarak. Es más, le aseguraba que si Estados Unidos congelaba la ayuda militar a Egipto (1.500 millones de dólares este año), él mismo
la compensaría si así ganaba más tiempo para Hosni Mubarak. El comunicado que Obama ha difundido ayer viernes tras conocerse que el rais egipcio no dimitía,
lleno de frustración y demandando un claro relevo de poder en El Cairo, no puede haber tranquilizado ni a Abdullah, ni al rey Hussein de Jordania o, ya al
caso, a Mohamed VI de Marruecos. Para todos ellos la lección está clara: América abandona a sus amigos sin ser capaz de imponer orden alguno. Se han quedado
solos ante el peligro. Así de claro.

El Oriente Medio es mal lugar para basar la política –y mucho menos la estrategia– en la esperanza. Normalmente hay que estar preparado para lo peor. Y lo
peor lo empiezan a ver venir las familias de los autócratas instalados en el poder gracias a la corrupción del petróleo y al apoyo occidental. Porque no
todos tienen el aguante de Mubarak. Hussein de Jordania o Mohamed VI son figuras débiles que elegirán hacer las maletas antes que verse depuestos. Si Mubarak
cae, correrán a sus aviones. Y cuando el dominó empiece a caer, no hay dinero en el mundo que salve la monarquía saudí.

Y como todos lo saben, creen que la Casa Blanca debiera saberlo también y no entienden cómo Obama les puede llevar alegremente al precipicio. La paradoja es
que una vez desaparecida América del mapa de la credibilidad internacional, sus ojos árabes se vuelvan desesperados a esos que hasta ahora consideraban sus
enemigos, los israelíes.

Egipto: un primer paso hacia la democracia
EDITORIAL Libertad Digital 12 Febrero 2011

Aunque serán muchos quienes vean en la caída de Mubarak el punto final a las revueltas cairotas organizadas a través de las redes sociales por jóvenes de
clase media, lo cierto es que en Egipto todavía está todo por hacer. Si acaso, lo que demuestra la caída del general que ha presidido la república durante
los últimos 30 años no es la automática democratización y liberalización del país, sino que el Ejército, el auténtico poder en la sombra, retiene el control
de la situación y continúa administrando los tiempos con bastante sensatez para evitar graves desordenes sociales que beneficien a los islamistas radicales
de los Hermanos Musulmanes.

Al cabo, todos los altos mandos militares han sido plenamente conscientes de que lo prioritario durante estas semanas de revueltas era evitar el caos y el
consecuente auge del islamismo. Lo que les había separado hasta el momento no era tanto la claridad de los objetivos como la estrategia a seguir: mientras
que una facción –la que se impuso el jueves por la noche– consideraba necesario que Mubarak prosiguiera en el poder hasta las elecciones de septiembre, la
otra –la que ha prevalecido el viernes– defendía que el general era ya un cadáver político que había que desalojar de la Presidencia.

Tan pronto como el ejército –preocupado por el cariz que estaban tomando las revueltas desde el jueves por la noche– le ha retirado el apoyo, Mubarak ha
tenido que irse, cediéndole incluso de iure todo el poder a Suleiman. Con este gesto, los altos mandos militares esperan rebajar la tensión y poder dialogar
con la oposición para dirigir la transición democrática, excluyendo del proceso a los Hermanos Musulmanes.

Y es que no convendría que confundiéramos las mareas ciudadanas que desde la Plaza del Tahrir (Plaza de la Liberación) están clamando por la democracia y la
libertad con el resto de la población del país. Egipto es una república con más de 80 millones de habitantes, la mayoría de los cuales viven en el campo,
están tremendamente empobrecidos y, por supuesto, carecen de acceso a internet. Aunque exista una admirable vanguardia que está pugnando, con toda la razón
del mundo, por el establecimiento de un Estado de Derecho moderno, el país carece a día de hoy de infraestructura y cultura democrática.

De ahí que ahora lo fundamental sea que el Ejército y la oposición democrática se pongan a trabajar juntos para reformar las leyes fundamentales del país y
para crear partidos de masas de corte moderado –algo similar a lo que fue la UCD en España– que alejen a la población del islamismo y permitan la
consolidación de unas instituciones liberales equiparables a las de Occidente. Sin embargo, y pese a la razonable euforia de muchos, debemos seguir siendo
prudentes: con la caída de Mubarak sólo hemos avanzado un pequeño peldaño en una escalera de la que desconocemos la extensión e incluso, de hecho, si nos
llevará a alguna parte.

Ni justicia ni estabilidad
Una generación de árabes vio con frustración cómo las naciones más libres de la Tierra apuntalaban a sus dictadores
ÁLVARO VARGAS-LLOSA ABC 12 Febrero 2011

LO que estamos viendo Egipto, Túnez, Yemen, Jordania y Argelia desmiente la idea de que sacrificar la justicia trae la estabilidad. Esa ha sido la política
de Occidente hacia Oriente Medio durante décadas. Estados Unidos y Europa han respaldado y financiado a corruptas dictaduras árabes porque parecían un dique
más sólido contra la gran ola del fundamentalismo islámico que cualquier alternativa. Las dictaduras árabes, por supuesto, no lograron ni la justicia ni la
estabilidad. El fundamentalismo siguió creciendo. En unos muy amañados comicios parlamentarios en Egipto, la Hermandad Musulmana logró un 20 por ciento de
los escaños en 2005. Varios años antes, en una sociedad tunecina más secularizada, los fanáticos religiosos de En Nadah liderados por Ganuchi obtuvieron
oficialmente el 17 por ciento de los votos la última vez que se les permitió participar, aunque la cifra real probablemente fue mayor. Y las primeras
elecciones democráticas de Gaza las ganó abrumadoramente Hamas. Para no mencionar el fortalecimiento del fundamentalismo islámico en Arabia, donde la
asfixiante represión no ha sido capaz de evitar que distintas redes dentro del reino proporcionen financiación así como apoyo ideológico y político a
terroristas antioccidentales.

Más allá del mundo árabe, la disyuntiva entre estabilidad y justicia ha demostrado ser igualmente ilusoria. Una prueba reciente es Musharraf, quien, junto
con el egipcio Mubarak, recibió miles de millones de dólares, armas y entrenamiento en la última década. Durante su régimen militar, el fundamentalismo
islámico siguió creciendo en Pakistán y frustró gran parte del esfuerzo realizado por algunas instituciones paquistaníes contra los talibanes y Al Qaeda.
Mientras tanto, las noticias de los cambios que tenían lugar en el nuevo milenio fueron llegando a millones de personas, especialmente los jóvenes, en el
mundo árabe. El lento ascenso de un gran número de árabes a la clase media-baja por efecto de la globalización —que esas autocracias no pudieron evitar que
se les colara por las rendijas— fue mucho más importante de lo que se percataron los observadores del exterior. Una generación de árabes que entendía que la
elección entre la estabilidad y la justicia es falsa cobró vida. Ellos vieron con frustración cómo las naciones más libres y más modernas de la Tierra
apuntalaban a sus dictadores porque las proclamas de libertad para el mundo árabe sonaban ingenuas frente a las prioridades mucho más urgentes del orden
internacional. Pero ellos sabían mejor que nadie que la estabilidad era engañosa, porque la aparente aquiescencia social que décadas de brutal represión
habían conseguido se debía mayormente al miedo.

Los estadounidenses y europeos que creían que las únicas opciones en el mundo árabe eran los jeques lascivos y los generales asesinos, por una parte, y los
medievales barbudos por otra, de repente han descubierto que hay miles —no: millones— de hombres y mujeres que no lucen tan distintos de los occidentales y
hablan el idioma cívico y político de sus propias democracias. La historia de Occidente indica que la estabilidad sólo se produjo cuando se logró un mínimo
de justicia. El orden pacífico se vio amenazado, en estas naciones, cada vez que una generación percibió que la justicia se erosionaba de alguna forma en
nombre de la estabilidad. ¿Por qué nos sorprende que en otras partes del mundo sientan lo mismo?

El dominó de la esperanza
HERMANN TERTSCH ABC 12 Febrero 2011

¿Y ahora qué? Porque pasada la euforia de la caída de Hosni Mubarak nos daremos cuenta de que jamás ha concitado tan unánime aplauso y entusiasmo en el mundo la toma oficial del poder por una junta militar.

Se ha logrado el primer objetivo, imprescindible para salir de la agonía en que había quedado sumido el país como inevitable. Y claramente inevitable por
mucho que lo lamenten quienes ven los acontecimientos con más miedos que esperanza. Nada es más innecesario ahora que un juicio moral a Mubarak. Yerran
quienes hoy nos caricaturizan a Mubarak como el tirano absoluto sediento de sangre —que ha demostrado ahora no ser— como quienes lo defienden como un amigo del bien que aplicaba malos modos en casa. Torpes o grotescas son también algunas comparaciones. Véase con Franco. Habría que recordarles que mientras en El Cairo se reunía el millón para jugarse la vida ante los tanques exigiendo que Mubarak se fuera, en Madrid se reunía el millón para desfilar y presentar
respeto al cadáver en capilla ardiente. Que la mayoría de nuestros ahora muy activos antifranquistas salieron de la clandestinidad cuando Franco llevaba diez
años muerto.

Hay razones en Egipto para el miedo, por supuesto. Son muchos, más si cabe fuera que dentro, los que querrían un caos que llevara después a las hordas y
falanges del fanatismo a hacerse con este país, piedra angular del mundo árabe. Y que ven así llegado el momento del paso de gigante hacia la reconstrucción
del fantasmal califato que asalte y venza a la modernidad primero en sus territorios históricos y después en Europa.

Pero mucho sugiere que este seísmo político en el mundo árabe podría también tener el sentido precisamente contrario y sepultar toda esta corriente
islamista. Quizás estemos realmente ante el equivalente de la Revolución francesa en el mundo islámico. Y el huracán de libertad e ilustración acabe con el
oscurantismo, el fanatismo y los proyectos de dictaduras del terror teocrático.

Claro está que quienes más tienen que temer lo sucedido son quienes más reprimen a sus súbditos. Yemen y Sudán podrían ser los próximos. Y Siria e Irán están
a la cabeza. Seguidos por Argelia, Marruecos y Jordania. Quien tenga tiempo para reformar que lo haga hoy, porque si no, mañana se lo habrá llevado el viento
de la historia.

El Ayuntamiento de Barcelona equipara el castellano al racismo e intransigencia
El consistorio de la Ciudad Condal ha editado un cómic en el que reduce el español a la lengua que utilizan las personas con tintes racistas e
intransigentes.
X. Grau. Barcelona www.gaceta.es 12 Febrero 2011

El Ayuntamiento de Barcelona ha editado un cómic en el que reduce el español a la lengua que utilizan las personas con tintes racistas e intransigentes.

El cómic forma parte de la revista de invierno de 2011 de los centros cívicos de la Ciudad Condal, que edita el consistorio que preside el socialista Jordi
Hereu.

En el cómic, bajo el título de Historias cotidianas de convivencia, se habla de la llegada de inmigrantes, en la actualidad y en épocas anteriores.

La protagonista, una jubilada de Barcelona, habla en catalán. Pero el personaje que tiene posiciones intransigentes, la señora María, habla en castellano.
“Con la cantidad de hijos que tienen los inmigrantes... esto es como una invasión encubierta, en pocos meses los de fuera serán muchos más”, afirma este
personaje en español.

El presidente del grupo municipal del PP, Alberto Fernández Díaz, pidió ayer la retirada de esta publicación. “Resulta paradójico que la intención del
ayuntamiento con estas ilustraciones sea romper tópicos y estereotipos, pero en cambio presente al único personaje no inmigrante que habla en castellano como
una persona intransigente y racista”, indicó el líder popular.

CiU no entró en la polémica, aunque también criticó el gasto del alcalde Jordi Hereu en publicidad y propaganda, que alcanzó en 2010 11,4 millones de euros,
un 72% más de lo que había presupuestado, según la concejal Sònia Recasens.

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Comunidades autónomas: del café para todos a la deuda para todas
Luis Miguez MachoEl Semanal Digital 12 Febrero 2011

En pleno debate sobre la sostenibilidad financiera del Estado de las Autonomías, se acaba de conocer la noticia de que el Gobierno, finalmente, va a
autorizar a las Comunidades autónomas a endeudarse. El milagro se ha producido, como suele ocurrir en estos casos, previa visita del presidente de turno de
la Generalidad catalana (ya saben, de sociovergencia) a La Moncloa.

Las cuentas estaban saneadas, pero Cataluña apenas puede pagar a sus funcionarios
Hablo de milagro porque el encadenamiento de acontecimientos que ha llevado a esta conclusión es verdaderamente portentoso: primero parecía que el Gobierno
no dejaba a las Comunidades autónomas endeudarse, mientras la ministra Salgado alardeaba de que las cuentas autonómicas en realidad no estaban tan mal y
Cataluña, precisamente, era un ejemplo de buena gestión presupuestaria; después, cuando se produjo la alternancia sociovergente, se descubrió que la deuda
era mucho mayor que la reconocida por el anterior Gobierno igualmente sociovergente y que la Generalidad apenas podía pagar a sus funcionarios; finalmente,
se ha producido la visita milagrosa y, ante el mero amago que han hecho las demás Comunidades autónomas de poner el grito en el cielo si se dejaba endeudarse
sólo a Cataluña, ha acabado habiendo deuda para todas.

¿Y qué han dicho los medios en los que tan severamente se cuestionaba el Estado de las Autonomía hace unos días? Esencialmente nada. Ya sé que ahora estamos
todos muy ocupados debatiendo la última trampa etarra (cosa admirable si se tiene en cuenta que esta historia ya la hemos vivido), pero me temo que, en
realidad, esto no deja de ser una excusa para tapar la frivolidad con que se ha planteado el debate sobre la reconsideración del Estado autonómico.

Y es que, salvo para la Guerra Civil que hubo hace casi un siglo, los españoles tenemos muy mala memoria. Hasta hace poco, el Estado de las Autonomías era
incuestionable, al menos públicamente, y no sólo aquí en la periferia, sino en los propios medios madrileños, que rezumaban comprensión y afecto por los
"hechos diferenciales" de las "nacionalidades históricas" y se negaban a hacerse eco de los evidentes abusos que se estaban produciendo (ya desde el
principio) en nombre de la "construcción nacional" o simplemente del clientelismo más desenfrenado.

Ahora, con el mismo entusiasmo y la misma falta de reflexión, se ha pasado (momentáneamente) al extremo contrario: se empezó hablando de que el Estado
debería recuperar competencias y se ha terminado echando pestes contra lo que antes era intocable, la propia existencia del Estado autonómico. Para completar
el esperpento, los nacionalistas catalanes, genio y figura, se han sumado a la fiesta proponiendo la supresión de las Comunidades autónomas, es decir, de
todas menos la suya y alguna otra a la que graciosamente reconozcan el pedigrí de "nacionalidad histórica".

El Estado autonómico no es insostenible, lo que es insostenible es la "construcción nacional"
Evidentemente, por este camino ni se va a reformar el Estado autonómico ni se va a ninguna otra parte, porque la cuestión está mal planteada. Para un país
como España, es indiferente cuál sea la forma de organización territorial que se elija: en nuestro entorno tenemos ejemplos de Estados federales que
funcionan muy bien, como el alemán, y otros que están al borde de la disolución, como Bélgica; hay Estados centralizados a los que no les va mal, como
Francia, y otros, como Grecia o Portugal, que tienen graves dificultades.

El Estado español decimonónico era débil no por estar centralizado, sino por ser poco Estado. No nos fue mejor, desde luego, con la experiencia federal de la
I República, ni con el autonomismo de la II, pues la única región autónoma que se llegó a constituir, Cataluña, fue una fuente continua de conflictos y
rebeliones contra la propia República. Y, guste o no guste, salimos del atraso y nos convertimos en un país desarrollado bajo un régimen autoritario
altamente centralizado.

De la misma manera, tampoco se puede decir que el progreso experimentado bajo el actual régimen democrático tenga una relación causa-efecto verificable con
la descentralización territorial, como a veces se afirma gratuitamente. Es imposible saber qué grado de desarrollo habríamos alcanzado si en el nuevo Estado
democrático se hubiera mantenido una centralización a la francesa.

En definitiva, lo que quiero decir es que no es cierto que el Estado autonómico no sea sostenible. Lo que no es sostenible es un Estado en el que algunas
Comunidades autónomas se creen y se comportan, con dos siglos de retraso, como si fuesen Estados-Nacioncillas decimonónicos en ciernes, y utilizan sus
competencias para modelar sociedades cerradas y sumisas al poder clientelar que se ha generado en torno a ellas.

Si todas las Comunidades autónomas, también y especialmente las "históricas", se dedicasen a gestionar de manera eficaz los servicios públicos que tienen
encomendados desde la proximidad al ciudadano y el Estado cumpliese de verdad su función de mantener la cohesión y la solidaridad nacionales, el Estado
autonómico podría funcionar, como funciona el Estado federal en Alemana. A lograr ese objetivo se debería encaminar cualquier reforma que se emprenda del
Estado autonómico, pero hay un requisito previo necesario: poner fin, mediante un pacto estable entre las dos fuerzas políticas que representan al ochenta
por ciento del cuerpo electoral, al condicionamiento de la política nacional por los grupos nacionalistas.

Optimización
Nota del Editor  12 Febrero 2011

La eterna pregunta: ¿? Qué servicio público puede gestionarse mejor desde 17 autonomías que desde un estado central ?.

La inevitable respuesta: ninguno. Y si hay algún listillo que encuentra alguno, la siguiente pregunta es  ¿ Si hay un servicio que en la actualidad atiende mejor una autonomía que como podría hacerlo un estado central, porqué no se descentraliza tal servicio a nivel municipal, familiar o individual donde por las mismas razones sería mejor ?

Educación, sanidad, justicia, seguridad, infraestructuras públicas, impuestos, finanzas, servicios sociales, investigación y desarrollo, comercio y turismo, etc. No hay una actividad que no pueda mejorarse al aumentar su volumen y que no empeore al reducirlo, y eso sin tener en cuenta las barreras legales y lingüísticas que han levantado las autonosuyas.

Condenados
Irene VILLA La Razón 12 Febrero 2011

No condenar la violencia les condena. Los integrantes que presentaron el lunes un nuevo partido político en el País Vasco, apoyan una banda terrorista que ni
ha abandonado las armas ni se ha disuelto. Ni siquiera pidió perdón a la sociedad que ha tiranizado durante tantas décadas, y probablemente seguirá
haciéndolo. Además, este nuevo grupo que dice rechazar la violencia, no condena los miles de atentados que acabaron con familias y dejaron a cientos de
personas sin pareja, sin hijos, huérfanos, sin ilusión de por vida, por lo que dicho supuesto rechazo poco valor alberga. No pueden estar así de condenados
los miembros de un partido democrático porque es un insulto a la memoria de las casi mil personas asesinadas y a todos los que queremos vivir en paz.La
esperanza que albergamos de acabar con el terrorismo no puede dejarnos caer en nuevas trampas. ¿Qué pasará si consiguen recomponerse y vuelven a atentar?

Será tarde para lamentar que nuestro Estado de Derecho permitiera nutrirse de las arcas públicas a quienes no condenan el terrorismo. Nos lamentaríamos
entonces de haber creído en quienes nunca han mostrado confianza y de haber pasado por alto resoluciones judiciales e incluso sentencias, como la del
Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que ilegalizó cualquier marca de Batasuna y resolvió juzgar a sus miembros. Hoy, además de no estar en la cárcel,
quieren gobernar

¿Una trampa saducea?
Se puede requerir a los promotores de Sortu que aclaren si el nuevo partido condena a ETA y los actos terroristas cometidos ya por ella. Podrían negarse a
responder, pero esa conducta se les volvería en contra como indicio de intención fraudulenta
JUAN JOSÉ SOLOZABAL, JAVIER CORCUERA, ALBERTO LÓPEZ BASAGUREN Y J. M. RUIZ SOROA El Correo 12 Febrero 2011

CATEDRÁTICOS DE DERECHO CONSTITUCIONAL y ABOGADO.

La presentación a registro de los estatutos de Sortu, el nuevo partido político del nacionalismo radical hasta ahora proviolento, es un hecho relevante y
significativo, tanto que debiera ser respondido por las instituciones democráticas con la inteligencia adecuada a la situación que plantea.

En efecto, por un lado, estos nuevos estatutos implican una modificación substancial de los planteamientos hasta ahora vigentes en el mundo del
etnoterrorismo vasco. Se rechaza la violencia como medio de acción política, incluso la violencia que pudiera llevar a cabo ETA en el futuro. Se corta el
cordón umbilical de dependencia de la política radical con el terrorismo y se admite francamente que cualquier cambio en el estatus político de Euskadi y
Navarra debe ser fruto exclusivo de la voluntad democrática cotidiana de sus ciudadanos. En este sentido, el paso que están dando los radicales es positivo,
es relevante, y es digno de ser bien acogido.

Ahora bien, ese paso es también cicatero y cauteloso: se 'rechaza' (el verbo 'condenar' está proscrito para estos candidatos a demócratas) la violencia de
ETA, pero solo la futura e hipotética, nunca la efectiva ya ocurrida. Y, más importante aún, no se rechaza a ETA misma, como estructura coagulada de
violencia que es en sí misma, sino sólo sus actos violentos. Con lo que se cae en la contradicción de defender un modelo de sociedad en el que ETA puede
seguir existiendo, siempre que se mantenga inactiva aunque vigilante. Y es que el nuevo partido no quiere renunciar al relevante capital simbólico que
constituye todavía para sus bases la historia de ETA y por eso se niega a condenarla o rechazarla. Pero es que, precisamente, en democracia no cabe usar de
un capital simbólico que es en sí mismo opuesto a sus principios.

Ante esta realidad, que es a la vez democráticamente positiva pero tan insuficiente que puede rozar el fraude de ley, la peor postura que puede adoptar
nuestra democracia es la de dejarse encerrar en un planteamiento reduccionista: el del sí o no. Es decir, el de legalizar o no legalizar, sin más
alternativa, al nuevo partido. Es un planteamiento muy pobre porque toma como definitiva e inmodificable lo que no es sino una oferta inicial de los hasta
ahora violentos (hasta Rufi Etxeberria ha dicho que «si hay que cambiar algo, lo cambiaremos»), una oferta a la baja que debería ser respondida en buena
lógica con la exigencia de una mejora democrática de sus términos. Nuestro interés último, cómo no, es el de que ese mundo se legalice. Pero no de cualquier
forma y a tan bajo precio. Se les puede exigir más.

El planteamiento reduccionista del sí o no, además, es una trampa para los demócratas, porque garantiza su desgarro a corto plazo: lo estamos atisbando ya en
la esfera pública, la mejor manera de salir del desconcierto parece ser la de atizar al oponente político: acusar a los socialistas de pactos secretos con el
terror (Mayor Oreja), o acusar a los populares de inmovilismo interesado (Eguiguren). Y dejar la patata caliente sólo a los tribunales es, además, abdicar de
la responsabilidad de gestionar inicialmente algo que es político por naturaleza.

La política y el derecho son mucho más que callejones de una sola salida, son actividades capaces de crear claridad y consenso donde no existía antes. En
este sentido, y con la Ley de Procedimiento Administrativo en la mano, es perfectamente factible responder hoy mismo a la solicitud de legalización con una
petición previa de subsanación de defectos, unos defectos consistentes en la falta de claridad de determinados extremos de los estatutos presentados. El
Ministerio del Interior puede requerir a los solicitantes que aclaren si, exactamente, el nuevo partido condena a ETA y condena los actos terroristas por
ella cometidos en el pasado, precisamente esos actos cuya no condena por Batasuna (y otros) llevó en parte a su ilegalización. Puede requerirles para que
aclaren si su ideología exige la desaparición real de ETA del modelo de sociedad que propugnan o es compatible con ella.

Naturalmente, podría suceder que se nieguen a responder a esas cuestiones alegando que no se trata en ellas propiamente hablando de defectos formales a
subsanar, o que ya están respondidas en los estatutos, o que basta con 'rechazar' sin 'condenar', o cualquier otra salida de pata de banco. Podrían hacerlo,
pero probablemente no lo harían porque ello sería tanto como incurrir en una conducta que se les volvería en contra como indicio de intención fraudulenta.
Más probable es que, en este diálogo democrático, los recién llegados a la democracia se vieran forzados a conceder más de lo que hasta ahora nunca han
admitido. Porque son ellos, no se olvide nunca, los que están urgidos por la necesidad. No la democracia española.
Y además, en último término, ¿qué perdemos con probarlo?

Artur Mas
La desvergüenza fiscal de Cataluña
Emilio J. González Libertad Digital 12 Febrero 2011

Las ambiciones dinerarias de los políticos catalanes no conocen límites. Quieren más y más y, por supuesto, que se lo pague el resto de España, a quien
tratan como si fuera una colonia que pueden explotar hasta la saciedad y ellos la metrópoli. Ocurre que las cuentas públicas catalanas no cuadran ni a
martillazos, pero la Generalitat no quiere hacer lo que tiene que hacer y pretende que seamos el resto de los españoles quienes paguemos sus onerosas
facturas.

Recientemente, el presidente catalán, Artur Mas, vino a Madrid a pedir al Gobierno no sólo que permitiera a Cataluña endeudarse aún más de lo que ya está,
sino también a tratar de sacarle la nada despreciable cifra de 16.000 millones de euros adicionales a todo lo que ya se lleva del Estado. El Ejecutivo de
Zapatero consintió en lo primero y le costó, por un lado, que las demás autonomías dijeran que aquí todos somos iguales y que café para todos y, por otro,
que los mercados volvieran a desconfiar, una vez más, de la firmeza del Gobierno central a la hora de acometer los necesarios ajustes presupuestarios (esos
mismos mercados que opinan que Cataluña es el problema de España). Ante esta realidad, el Ministerio de Economía se negó a aflojar todavía más la bolsa y le
dijo a Mas que recortase el gasto catalán entre un 12% y un 15% y que si quería más dinero, que subiese los impuestos, que para algo está la
corresponsabilidad fiscal. Mas ha reaccionado este viernes diciendo que, de subir impuestos, nada de nada, y desde su Gobierno ya han empezado con la
cantinela de siempre contra el Gobierno central.

Ocurre, sin embargo, que los problemas presupuestarios catalanes se los han creado ellos solitos. Mas puede decir que no tienen dinero porque el tripartito
ha dejado un agujero en las arcas públicas catalanas de dimensiones astronómicas. Pero, aunque eso es cierto, dista mucho de ser toda la verdad. De entrada,
Cataluña es la autonomía con el gasto público por habitante más alto de España, no como consecuencia de los desmanes económicos del tripartito, que también,
sino porque Jordi Pujol, correligionario y padrino político de Mas, apostó por más y más gasto público desde que llegó a la presidencia de la Generalitat en
1980. Es ahí donde se creó un problema que el tripartito no hizo más que agravar y Mas tiene que aceptar las consecuencias, de la misma forma que tiene que
asumir la nefasta herencia económica que le dejó Montilla, entre otras cosas porque en el tiempo en que estuvo sentado en los bancos de la oposición nunca
denunció las políticas de gasto de sus predecesores en el palacio de la Plaza de San Jaume. Es más, lejos de dar marcha atrás en esas políticas de derroche
presupuestario, como la de las ‘embajadas’ catalanas, a Mas le ha faltado tiempo para ‘bendecir’ la ‘embajada’ en Perpiñán. Y lo mismo cabe decir de la
inmersión lingüística y demás políticas que quieren separar a Cataluña de España. Pues si esto es lo que persiguen, que lo paguen ellos.

En Cataluña, empero, ocurren todavía más cosas de naturaleza presupuestaria. Esta autonomía, por ejemplo, es la que cuenta con mayores niveles de fraude
fiscal de toda España. Pues si Mas quiere más recursos, que sea el primero en perseguirlo, cosa que, por supuesto, nunca hará porque sería para él tan
impopular como subir impuestos. Y también hay que decir que si la Generalitat no tiene dinero no es sólo porque lo tiran a manos llenas en políticas más que
discutibles y en financiar todo tipo de clientelismos políticos; es, también, porque en su pecado están llevando su propia penitencia. Con tanta política de
inmersión lingüística, tanto rotulado y etiquetado en catalán, están consiguiendo que las empresas instaladas allí se marchen de estampida; discretamente, en
muchos casos, pero de estampida. Y claro, sin empresas no hay riqueza, ni empleo, ni impuestos, y así la Hacienda catalana deja de recaudar tanto como
debería hasta el punto de que entre el 10% y el 12% de su presupuesto tiene que proceder del fondo de suficiencia del sistema de financiación autonómico. ¿Y
quién aporta ese dinero? Pues, ni más ni menos, que una Comunidad de Madrid a la que los catalanes no quieren permitir que baje los impuestos porque temen
tanto su competencia como que el fondo de suficiencia se quede sin recursos y ellos tengan que afrontar esa realidad presupuestaria que no quieren
contemplar. Dicho lisa y llanamente: que al Ejecutivo regional no se le permite bajar los impuestos a los madrileños para que éstos sigan financiando las
políticas secesionistas catalanas. Tiene narices la cosa.

Lo de Cataluña, se mire como se mire, es una desvergüenza fiscal completa. Y, encima, pretenden hacer valer las necesidades de apoyos de los socialistas en
el Congreso y en el Senado, así como en el caso eventual de que el PP gane las elecciones pero sin el número de escaños suficientes que le permita gobernar
con tranquilidad, para pedir más y más dinero. Y si no es por esas, es por la exigencia del concierto económico, que viene a ser algo así como que toda la
recaudación tributaria de Cataluña la gestionan los catalanes y dan al resto de España lo que consideren oportuno, en un gesto y un deseo claro de
insolidaridad con quien, en definitiva, consideran su colonia, olvidándose de que si se cierra el mercado español para las empresas con barretina, Cataluña
se hunde definitivamente. ¿Para cuándo una reforma de la ley electoral que acabe con la representación y la influencia desmedida sobre España de quien no
quiere saber nada de ella y sólo la contempla como a una colonia a la que explotar hasta dejarla exhausta?

Artur Mas
Memorial de agravios
Clemente Polo Libertad Digital 12 Febrero 2011

De nuevo de vuelta a Madrid –¿también en clase turista esta vez?– para ahorrar unos euros a las maltrechas cuentas de la Generalitat. ¡Hay que ver lo
trabajoso que resulta ser president en tiempos de crisis! Viajó el Sr. Mas en esta ocasión para entrevistarse con el presidente del Gobierno español, pero su
visita, a diferencia de la que hiciera al Rey la semana pasada, no tenía carácter protocolario. Aunque también las cámaras recogieron las sonrisas de rigor
al recibirlo Rodríguez Zapatero en las escaleras de La Moncloa, el Sr. Mas ya había advertido que no acudía a la cita para hacerse una foto con un presidente
del que ya no se fía un pelo porque ha incumplido su palabra con Cataluña.

Dos han sido al parecer los objetivos de esta visita. El primero, presentar a Rodríguez Zapatero un voluminoso dossier de agravios y demandas, como
corresponde a cualquier presidente catalán que se precie. Para calentar el ambiente del encuentro, la semana pasada el Sr. Mas ya anunció que iba a reclamar
las inversiones previstas en el Estatut y a exigir que se hagan efectivos 27 traspasos, también previstos en el Estatut, que están todavía pendientes.
Asimismo, quería revisar otros 13 traspasos ya realizados en la anterior legislatura, pero que CiU considera insuficientes, como por ejemplo, el de los
servicios ferroviarios de cercanías y regionales que no incluye la propiedad de las estaciones, las vías, las catenarias y los trenes. Por lo que se ha
dicho, todos estos traspasos deberían realizarse sin dilaciones a lo largo de 2011. Finalmente, Mas ha reclamado a Hacienda 1.000 millones a cuenta del fondo
de competencia que contempla el nuevo modelo de financiación autonómica aprobado en 2009.

El segundo objetivo, más importante en mi opinión, es reconocer el terreno y tantear las posibilidades que tiene el Gobierno catalán de extraer nuevas
concesiones del Ejecutivo español –habida cuenta de la debilidad del Gobierno en el Congreso y las malas perspectivas electorales que auguran al PSOE las
encuestas– durante el tiempo que resta hasta las próximas elecciones generales. El Sr. Mas ya amenazó hace un par de semanas con llegar "a un punto de no
punto de no retorno en las relaciones entre Cataluña y el Estado" si el Gobierno español le pone trabas para realizar nuevas emisiones de deuda. El Sr. Duran
i Lleida, portavoz de CiU en el Congreso, fue un paso más lejos y advirtió que "si Cataluña se hunde, España también". Después de escucharles decir
semejantes disparates, lo asombroso es que todavía algunos directores de programas de máxima audiencia los presenten a su audiencia como dos políticos
dotados de un elevado sentido de la responsabilidad.

Dejando al margen la soberbia, deslealtad e irresponsabilidad que desprenden las palabras de los Sres. Mas y Duran i Lleida –¿se imaginan al gobernador o
presidente de un estado dirigiendo un mensaje de ese tenor al presidente Obama o a la canciller Merkel?–, el recado que le han enviado al presidente es
diáfano: si Rodríguez Zapatero no se pliega a sus demandas, CiU podría pasar a la ofensiva e intentar forzar un adelantamiento de las elecciones generales.
Dudo, sin embargo, que los nacionalistas se atrevan a jugar tan fuerte. Para empezar, un adelanto de las elecciones podría aumentar la incertidumbre que pesa
sobre la economía española y agravar las ya considerables dificultades financieras del Gobierno catalán y de algunas instituciones financieras catalanas. Una
razón incluso más importante es que si hubiera elecciones en otoño el PP podría alcanzar la mayoría absoluta y dejar en nada la ambición de CiU de
convertirse de nuevo en el árbitro de la política española.

Por ello, lo más probable es que la sangre no llegue al río: se acordarán algunos nuevos traspasos que Rodríguez Zapatero presentará como prueba de su
compromiso con una visión plural de España y Mas como demostración de que, con él al frente del Gobierno, Cataluña vuelve a ser respetada. Mas presentará un
plan de viabilidad razonable y se alcanzará algún compromiso para desbloquear proyectos e inyectar unos cuantos cientos de millones a la Generalitat en los
presupuestos de 2012. Lo malo de hacer nuevas concesiones a los nacionalistas catalanes sin clarificar las responsabilidades de cada administración es que al
día siguiente de alcanzar un compromiso, el Sr. Mas volverá a la carga exigiendo nuevos traspasos, denunciando incumplimientos reales o imaginarios de los ya
realizados e intoxicando a la opinión pública catalana con denuncias sobre el expolio que sufre Cataluña –la última cifra 20.000 millones anuales– mientras
España vive la gran fiesta su costa. Lo de menos es mejorar los servicios ferroviarios de cercanías y regionales, que me temo seguirán funcionando tan
mediocremente como antes de ser transferidos, pero la culpa, claro está, seguirá siendo de la pérfida España y del torpe Montilla.

Clemente Polo es catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribe regularmente en su blog.

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