AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 19 Febrero 2011

 

La agonía
IGNACIO CAMACHO ABC 19 Febrero 2011

ESTO no aguanta; la precariedad del Gobierno para terminar la legislatura se empieza a volver asfixiante. Zapatero parece decidido a apurar el mandato por el prurito personal de no admitir el fracaso y porque «los mercados» —léase la señora Merkel— pueden haberle desaconsejado el adelanto de elecciones para no detener el ritmo de reformas, pero en la propia izquierda está creciendo la sensación de que la actual escena no da más de sí. «Mientras más tarde peor», confesaba esta semana en privado un exalto cargo socialista; «incluso desde el punto de vista del partido, sería mejor que el PP cargara con el coste de impopularidad de las medidas de ajuste». La entrevista del presidente con Bono abrió el miércoles el abanico de las especulaciones, no tanto sobre un eventual tanteo de sucesión como sobre una disolución anticipada. La sensación general es que la continuidad sólo beneficia a los nacionalistas, que van a exprimir al Gobierno a cambio de hacer de costaleros en el calendario legislativo pendiente.

El silencio y la ambigüedad de Zapatero, empeñado en no dar pistas según el patrón clásico del síndrome monclovita, ha empezado a sembrar el desconcierto. El mismo Rubalcaba da muestras de desagrado ante su papel de báculo presidencial que va quemando sus expectativas sucesorias mientras el «caso Faisán» lo achicharra poco a poco. Quizá sea el copresidente el único que al menos atisbe parte de los designios del líder, en la medida en que pueda compartir el otro gran objetivo pendiente del zapaterismo: el Proceso de Paz 2.0, es decir, el presunto final de ETA. Lejos de este arcano, el resto de los felipistas empieza a urgir al menos el anuncio de la retirada, amagando, como el propio González, con no permitir una hipotética tercera candidatura. Los barones autonómicos, acorralados en las encuestas, sueñan con una coincidencia de elecciones generales, municipales y autonómicas, o al menos con llegar a estas últimas con el horizonte del relevo despejado. «No hace falta que proponga ya al sucesor; basta con que diga que no se va a volver a presentar», se desesperan. Sin embargo el presidente mantiene el hieratismo de una esfinge, complacido en el manejo de los tiempos y la capacidad de sorpresa, que es quizá ya lo único que le queda. El Gobierno ha hecho planes para otoño con las cajas de ahorro, pero la primavera promete aprietos financieros graves ante los que el fantasma de la intervención europea no se ha disipado.

La sociedad, que se expresa en los sondeos, ha asumido ya la alternancia como inevitable: un 70 por 100 largo está convencido de que ganará el PP. Y la izquierda más responsable reflexiona sobre el tamaño de la derrota, que es esencial para su futuro. Pero el presidente quizá ya sólo se mire en la posteridad, preso del temible «síndrome del pato cojo» que no es más que un deformado espejo de la agonía política.

Sin Gobierno
Alfonso USSÍA La Razón 19 Febrero 2011

Bélgica es un país nublado. «Le plat pays» de Jacques Brel, que como todo belga valón que destaca, se lo adjudican los franceses. Bélgica es un reino, y gracias a la Corona, se mantiene unida. Los flamencos no quieren mezclarse con los valones, y al revés. En Bélgica se come muy bien, y sus chocolates nada tienen que envidiar a los holandeses. Y Bélgica es uno de los puntos neurálgicos de la Comunidad Europea. En Bruselas, el problema de los valones y los flamencos no inquieta porque la abundancia de funcionarios de todos los países y regiones de Europa ha sepultado la enemistad local. Que Bélgica es una nación admirable lo demuestran sus 251 días sin Gobierno. Desde que el Primer Ministro Yves Leterme –valón–, presentó al Rey Alberto su dimisión el 26 de abril de 2010, Bélgica no tiene Gobierno. Y prospera.

Bélgica no es Islandia. Tiene problemas y dos corazones. Flamencos y francófonos mantienen una rivalidad constante desde la fundación de Bélgica como nación. Tiene la garantía de la Corona, la institución que une y reúne a unos y a otros. Es una nación pujante, con una poderosa inmigración. Sus retos y su convivencia son los mismos que los de todos los grandes Estados de Europa. Pero pueden sobrevivir, mantenerse en el orden y crecer económicamente sin Gobierno. En Francia se ríen de los belgas, y me temo que con grave injusticia. Francia sin Gobierno se convertiría en un caos. Bélgica mantiene su vigor sin gobernantes con toda naturalidad.

Una España sin Gobierno, incluso sin Gobierno socialista, es impensable. Se haría añicos en unos pocos días. El Escorial se independizaría de San Lorenzo en menos de una semana, y Elda de Petrel, y Vilanova de La Geltrú. Pero sería una experiencia interesante. Una nación con tres mil naciones sólo unida por la Corona, Las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil y «El Corte Inglés». La Policía Nacional se disolvería en beneficio de las policías locales. Impuestos al gusto del contribuyente, lo cual significaría un cambio importante en nuestra calidad de vida. Mejor tres mil Haciendas pícaras que una resueltamente ladrona, como la que sufrimos. Y tres mil parlamentos, tres mil federaciones de fútbol y tres mil representantes españoles en la Liga de Campeones, que pasaría a celebrarse cada diez años para dar tiempo a que se eliminaran nuestros equipos entre sí. ¿Que en Alcorcón se prohíbe fumar y en Móstoles se permite? Pues a comer en Móstoles. ¿Que en Alcobendas se autoriza aparcar en doble fila y en San Sebastián de los Reyes se sanciona? Todos los coches en Alcobendas. Porque eso es lo que haríamos los españoles si no tuviésemos un Gobierno, y vuelvo a repetirlo, hasta un malísimo Gobierno como el que ahora padecemos. De ahí que la admiración por Bélgica y los belgas sea, más que justificada, obligatoria.

Una sociedad que funciona sin que nadie la gobierne, es una sociedad civilizada y admirable. Bélgica ha inventado el anarquismo conservador, lo cual habrá molestado sobremanera a los confundidos recalcitrantes. En los 251 días que Bélgica ha funcionado sin Gobierno, ha crecido proporcionalmente lo mismo que España ha menguado con el Gobierno de Rodríguez. Ello significa, y se ha demostrado, que el vacío de poder es mucho más beneficioso para una nación moderna que el poder en manos de Rodríguez.

Si no fuera porque en Bélgica un día soleado forma parte del milagro, no sería una bobada instalarse en «le plat pays» de Jacques Brel, ejemplo de civismo y tolerancia.

Del faisán al reptil
Editorial www.gaceta.es 19 Febrero 2011

Rubalcaba, ese cráneo privilegiado o Fouché comprado en los chinos en acuñación de Ruiz Quintano, ha logrado instalar en la opinión pública –famoso oxímoron– la especie de que es un tipo la mar de listo y de capaz. Rubalcaba, como se le ponga alguien tontorrón, te saca los tanques en menos que se santigua un cura loco, y cosechando mucha menos escandalera que Milans del Bosch, ahora que se rememora la travesura aquella. Por eso se toma a chufla a Gil Lázaro cuando le interpela sobre el visco del Faisán augurándole que “será su tumba política”, a lo que el vicetodo responde en verso citando el astracán de Muñoz Seca: “Los muertos que matáis gozan de buena salud”. Tratándose de Rubalcaba, perito en dar la de arena sobre la de cal viva, la cita adquiere un relieve de lo más tenebroso, aunque suponemos que él habrá quedado asombrado de su propio ingenio.

Si a Rubalcaba le preguntan por faisanes, a Chaves le preguntarán por reptiles, y por esos 650 milloncicos de euros que los fondos reservados de la Junta han estado desviando –presuntamente, oigan– para indemnizar a prejubilados, incluyendo a algunos despistados que pasaban por allí y se llevaron la piñata pública sin haber trabajado en la empresa regularizada. Y es que el socialismo, matriz de progreso y cuna de espabilados, ya sólo consiste en aplicar aquello de que los listos viven de los pobres y los pobres de su trabajo.

No albergamos, sin embargo, una hoguera de esperanzas en torno a la réplica de Manuel Chaves en el Congreso, porque este hombre con cara de escudo del Barça no ha sido ungido con el talento de Demóstenes ni tampoco con la virtud de Catón, que digamos. A Alfredo y a Manuel les bastará con decir que por el mar corren reptiles y por el monte los faisanes, o viceversa, y a tal birlibirloque declarativo se reducirá la responsabilidad política de estos gerontocráticos guardabosques del progreso que pastorean el zoológico de los escándalos.

Enrique de Diego www.elsemanaldigital.com 19 Febrero 2011
Contra la ocupación de la sociedad civil

Mientras toda la casta parasitaria se viene abajo en la aceptación popular, la monarquía, según algunas encuestas, sigue siendo la institución más valorada. Me parece una contradicción y un soberano despiste. Mientras los parlamentarios no son capaces de resistir la ola de críticas y se disponen a reducir sus privilegios o, al menos, a que parezca que los reducen y que están preparados, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz han acudido al Congreso y han respaldado a unos parlamentarios en horas muy bajas en la estima popular.

Resulta difícil entender qué entiende la gente cuando asuma que estamos ante una crisis de modelo, porque el modelo en el que estamos es en una monarquía de partidos. He explicado en mi libro La monarquía inútil (Editorial Rambla) cómo la monarquía juancarlista se ha alejado de la aristocracia de la sangre, pero ha generado una aristocracia insostenible y expansiva que es la causa de la crisis. En esa aristocracia están los partidos y los sindicatos, los cineastas y la SGAE, las onegés y las asociaciones ecologistas y de gays y lesbianas y todo esa gente instalada en el Presupuesto que vive a costa de los demás, con todo el inmenso botín electoral generado con las autonomías, mientras se han mantenido diputaciones y se han disparado los colocados en los ayuntamientos.

La cuestión es que ésta ocupación de la sociedad civil, hasta hacerla anémica e inviable, se generó al comienzo de la transición con la evidente intención de que los partidos, especialmente los de izquierdas, a los que el monarca ha mimado sobre cualquier otra consideración, no plantearan el debate monarquía-república y hurtaran a la población un referéndum electivo sobre el modelo de Estado. Ese error, quizás por imponderables de la situación del paso de la dictadura a la democracia o a algo que pretende parecérsele, no puede mantenerse por más tiempo. El horizonte de la sucesión conlleva una ocasión necesaria para que esa consulta plebiscitaria se produzca.

He explicado en el libro citado La monarquía inútil que se trata de romper un tabú, y también de ofrecer soluciones a los problemas de fondo, no de generar conflictos. No se trata de recuperar nada de la experiencia de las anteriores repúblicas, que fueron dos desastres, sobre todo la segunda, sino de propugnar la República Constitucional o presidencialista, con plena representación en distritos y con absoluta división de poderes, sin interferencia alguna entre ellos. Esa es la solución.

Estamos asistiendo al fracaso de la monarquía de partidos y es preciso salir de ese atolladero.

Otrosí: El nuevo partido Regeneración se presenta a la Alcaldía de Madrid. Contra Zapatero, contra Gallardón, Regeneración. El que quiera sumarse y colaborar lo puede hacer a través del correo info@regeneracionya.com.

Otrosí: La Guardia Civil concluye que Sortu es un "instrumento de Batasuna al servicio de ETA". Bien por la Guardia Civil. Eso, en efecto, lo sabemos todos los españoles, excepto nulidades como Zapatero y Rubalcaba, por puro interés político. Sabemos que se chivaron a ETA, sabemos que dejaron que se financiara, sabemos que negocian.

Los corruptos del PSOE son menos corruptos que los del PP.
Antonio Javier Vicente Gil PD

Ser corrupto en España es el oficio delictuoso más seguro que existe, mucho más que robar bolsos a viejecitas, y no digo nada si lo comparamos con los atracos a los bancos. Este país ha inventado el sistema de impunidad más efectivo que se conoce en la galaxia, se basa en el “y tú más”. Cada partido sostiene la tesis de que sus corruptos son menos corruptos que los del resto de partidos y que por ese motivo sus corrupciones son casi benéficas y por supuesto que sus trincones merecen seguir en el machito y salir libres de culpa de la cosa judicial que les pueda caer.

Hoy le toca a El País enfrentarse con uno de los casos más graves de corrupción, por el número de casos y por el dinero volatilizado, el de los ERE fraudulentos. La cosa afecta al PSOE y eso no se puede consentir, hay que lavar el honor de los socialistas y demostrar que, sí, que bien, que es probable que sea posible que a lo mejor algún socialista aislado y no significativo haya mangoneado con los dineros públicos en Mercasevilla y otros ERE, pero debemos tranquilizarnos porque eso es una minucia irrelevante en su pequeñez, lo auténticamente grave son las corrupciones del PP, y vale ya.

Su editorial titulado “La otra corrupción” mantiene esto:

1.- La cosa es pura minucia, solo 39 prejubilaciones fraudulentas, algo que ni merece la pena mencionar.
2.- El gobierno andaluz está dispuesto a colaborar con la justicia, claro ejemplo de probidad, aunque uno no se lo crea.

3.- Implicados del PSOE solo hay un ex responsable de política local de Baeza. O sea que la nimiedad es tal que no merece la pena hablar del tema.
4.- Dicho todo eso, lo gravísimo no es que el delito exista sino que el PP lo critique.

5.- La gravedad de la corrupción en Valencia la pretende tapar el PP echando mano de la minucia andaluza. O sea que El País acusa al PP de lo mismo que ellos hacen, y que definen a la perfección, los unos son condescendientes con sus corruptos e implacables con los del partido contrario.

La situación de la corrupción en España está bien plasmada en el editorial de El País. El editorial tiene 391 palabras, dedica 159 a dejar claro que es un caso casi irrelevante y 232 palabras a criticar al PP por usar políticamente el caso.

Y mientras los trincones frotándose las manos y oteando el sistema para ver de dónde sacan este trimestre sabiendo que nada les pasará.

El honor de Andalucía
Editorial www.gaceta.es 19 Febrero 2011
Chaves y Griñán eluden sus responsabilidades políticas.

Por decirlo cínicamente, un pícaro que se precie no va a ninguna parte si no tiene todas las salidas cubiertas. Eso es lo que hizo el felipismo al copar todos los resortes del poder a fin de asegurarse la impunidad y es lo que está tratando de hacer el zapaterismo, que se comporta como una prolongación de aquel, singularmente en Andalucía. La farisaica indignación de Griñán al decir que las irregularidades de los ERE son “mentiras” y su negativa a abrir una comisión de investigación en el Parlamento andaluz revelan una concepción feudal de la Cámara. Todo se convierte en cortijo para quienes llevan gobernando ininterrumpidamente, y sin alternancia, tanto tiempo como Mubarak en Egipto, por decirlo pedagógicamente. Cortijo es, por supuesto, el agro; cortijo es el granero de votos, asegurado gracias a la compra de voluntades del PER; cortijo es el manejo de los fondos de desempleo con los que esquilman a quien lo necesita para favorecer a los enchufados del PSOE; cortijo son la mayoría de los medios de comunicación, con Canal Sur a la cabeza, con lo que se aseguran la omertá; y un Parlamento regional que han utilizado para eludir sus responsabilidades políticas. Así, el PSOE ha rechazado un centenar de comisiones de investigación en los 30 años que lleva al frente de Andalucía.

A José Antonio Griñán habría que recordarle el abecé de la democracia: una cosa son las eventuales responsabilidades procesales y otra muy distinta las responsabilidades políticas de las que debe dar cuenta ante el Parlamento. Las primeras están ya en manos de la Justicia, con el caso Mercasevilla y con la denuncia que acaba de presentar Manos Limpias por el fraude de los ERE. Nada que decir al respecto, ya que son los jueces los que tienen la última palabra. Pero sí se pueden exigir las responsabilidades políticas de quien era consejero de Hacienda de Andalucía cuando se produjo el fiasco de los ERE, un tal José Antonio Griñán. No puede refugiarse en el insulto a la oposición, siguiendo el modelo Rubalcaba. Si este no puede imitar al avestruz cada vez que le preguntan por el Faisán; Griñán debe hacer lo propio, ante los escándalos de los ERE y de Matsa, en el que ganó una sustanciosa comisión otra reliquia del felipismo, Carlos Solchaga. Máxime cuando está por medio el dinero de la gente que, como subraya Rajoy, “es sagrado”.

El problema es que asumir la responsabilidad política no es costumbre por estos pagos. Salvo Antonio Asunción, los socialistas se aferran al escaño o a la cartera de ministro. En este Gobierno tenemos no uno, sino dos casos de vulneración de incompatibilidades: Manuel Chaves, por no haberse inhibido en la concesión de una subvención a la empresa en la que trabaja su hija Paula, y también Angeles González-Sinde, que ha concedido subvenciones millonarias al cine, teniendo ella intereses particulares en esa industria. Pero ahí siguen, como si nada.

En este sentido resultan sarcásticos el silencio de Chaves y los desplantes de Griñán contra el PP. “Si usted no valora el honor de los demás –le espetó este a Javier Arenas– nunca va a tener el honor de ser presidente de la Junta”. Ignoramos si el dirigente socialista habrá leído Becket o el honor de Dios de Anhouil, pero sería interesante ver en qué nivel ponen 1,2 millones de parados andaluces el honor de Griñán. O qué piensan al respecto los perjudicados por el desvío de fondos del desempleo, mientras se benefician cuatro amiguetes del partido. ¿Creerán ellos que Griñán merece el honor de seguir presidiendo la Junta de Andalucía?

Intangible innegociable
HERMANN TERTSCH ABC 19 Febrero 2011

Los acontecimientos se precipitan. No sabemos aún cuántos muertos hubo ayer en Bahréin o en Libia. Y ocioso aventurar cuántos habrá. Claro está ya que la legitimidad que sustentaba la autoridad en estos dos países tan distintos quedó ayer hecha añicos y sumida en sangre.

Puede ser cierto que el Rey de Bahréin no quería recurrir a la fuerza. Que fue su tío, el primer ministro, el que creyó poder restablecer la autoridad a sangre y fuego. Da igual, porque es ya probable que los dos miembros de la familia real Al Jalifa, que gobierna Bahréin desde finales del siglo XVIII, acaben de dirimir sus diferencias en un exilio lejano.

Y Muamar Gadafi, el implacable sátrapa bufón de Libia, puede estar a punto de tener que buscar un parque muy remoto para instalar sus jaimas. Era demasiado pedir tanto a unos como al otro, que lleva 41 años en el poder, que entendieran las claves del momento. Que fueran ellos capaces de poner patas arriba sus regímenes para gobernar de forma totalmente opuesta a como lo han hecho.

Les va a resultar muy difícil a todos los caudillos, ayatolás y reyes de la región, incluido nuestro vecino Mohammed VI, adaptarse a la nueva situación con la velocidad que exige el trepidante ritmo de los hechos. Lo que podía haber dado una tregua a alguno hace unos días, puede ser inútil mañana.

Y salvo en Irán, y sólo por el momento, da la impresión de que el terror y la fuerza ya no serán suficiente. Bahréin y Libia son dos países ricos en los que el poder compraba la sumisión a los súbditos. Lo que ahora exigen no se compra. Es un intangible innegociable. Llámese dignidad de la nación, derechos del individuo, honor de la persona, libertad en suma.

Rumasa, otra vez
Carlos RODRÍGUEZ BRAUN La Razón 19 Febrero 2011

Rumasa nuevamente en crisis. Pero la historia, dijo Marx, se repite la segunda vez como farsa, y ahora estamos asistiendo a una doble farsa: la maldad peculiar atribuida a las empresas y la mitificación del pasado. Ignoro qué sucederá con la Nueva Rumasa y también ignoro si allí ha habido mala suerte, mala gestión o directamente delitos. Lo que sí sé es que los problemas financieros no afectan sólo a Ruiz-Mateos, pero rápidamente serán aprovechados por los que siempre atacan a las empresas que no obtienen crédito, en el mejor de los casos, o que montan estafas piramidales, en el peor, y jamás observan que el Estado sí obtiene financiación, porque nos fuerza a pagar, y sí puede mantener durante décadas un sistema piramidal como las pensiones públicas, igual que el timo de Madoff pero al que jamás nadie se refiere en el mismo sentido. La otra farsa fue ilustrada por este titular de Público: «La Nueva Rumasa también se hunde». ¿Cómo que «también»?

La antigua Rumasa no se hundió: fue expropiada por el Gobierno socialista de Felipe González en una maniobra detestable que costó una fortuna a los contribuyentes españoles y que abrió el camino para la seña de identidad del socialismo: la corrupción. Los socialistas presionaron nada menos que al Tribunal Constitucional para que validara la expropiación, cosa que hizo, para desgracia de su presidente, el pobre García Pelayo, y para descrédito perdurable de la institución.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Derrotados y triunfantes
Los manifestantes de hoy caminarán más satisfechos que inquietos por la legalización de la izquierda abertzale
KEPA AULESTIA El Correo 19 Febrero 2011

La izquierda abertzale es el único producto que no se resiente en sus ventas por cambiar de marca. Lo ha hecho constantemente, incluso con anterioridad a la serie de ilegalizaciones que comenzó en 2003. Cada una de sus organizaciones y plataformas satélites cambió de envoltorio y nombre alguna vez, con excepción del sindicato LAB. Las Gestoras pasaron a ser Askatasuna, o Jarrai se volvió Segi. Cambiar la denominación para que lo demás permaneciera igual. Durante años la refundación nominal ha sido una necesidad tan vital como el éxodo constante hacia la tierra prometida. Aunque también un jactancioso capricho con el que la izquierda abertzale acostumbraba a alardear de su poderío mudando la piel.

La izquierda abertzale es un producto perfecto, que se ha mostrado imperecedero. Desde su nacimiento solo había adorado a su tótem fundacional con siglas inalterables, Euskadi Ta Askatasuna. Pero al deshacerse de éste con la cautela de no decirlo muy alto la izquierda abertzale continúa desapegada respecto a los nombres que adopta porque se ha encargado de labrar una identidad inconfundible; un reducto sin apenas fugas y con un enorme poder de atracción. Euskadi se ha llenado de carteles con el lema 'Bakerantz legalizazioa' que encabezará la manifestación de hoy en Bilbao. Pero ni siquiera el comunicado de su convocatoria hacía mención alguna a Sortu. La nueva marca aparece como un recurso accesorio a pesar del empeño jurídico que reflejan sus estatutos. Sus verdaderos promotores persiguen la legalización para el producto izquierda abertzale, y no para un nombre propio de ocasión. Mejor no encariñarse con la marca. Aunque tampoco sería extraño que, en el caso de que Sortu fuese registrada definitivamente, su primer congreso decidiera cambiar de nombre a la organización.

Pero el desapego hacia el nuevo logo refleja también la incomodidad genética que la izquierda abertzale siente ante la perspectiva de encerrarse en un partido al uso, domiciliando la cuota de los afiliados, permitiendo que cualquiera invoque no sé qué artículo de los estatutos, o asignando tareas evaluables a un 'directorio' encabezado por quien ocupe la secretaría general. Se trata de una resistencia primaria e instintiva a verse de pronto reducida de movimiento a partido. De manera que la aparente serenidad con la que los promotores de Sortu contemplan su eventual ilegalización no solo trataría de desdramatizar tal supuesto. Como la identidad de marca no es un problema para las gentes de la izquierda abertzale la evolución podría resultarles incluso más natural a través de un enredo distinto al de una sigla propia y legal, apadrinando una coalición o reverdeciendo agrupaciones de electores que se aprovechen de esa segunda derivada permisiva que comportaría, probablemente, cualquier sentencia de ilegalización de Sortu.

Sea cual sea el camino que le devuelva a la legalidad, la izquierda abertzale actúa ya con la conciencia de que ha sido democráticamente habilitada. No solo porque las declaraciones coincidentes de Rubalcaba y Ares sobre la irreversibilidad del 'proceso' le permiten sentirse así. Sobre todo porque percibe cómo la distensión en sus propias filas sintoniza con la paulatina asunción social de algo entre deseado e inevitable. Y es en este punto donde se ve obligado a retratarse sin que por ahora sepamos en qué dosis combinará la vivencia de un fracaso histórico que le ha obligado a desarmarse con la de una exitosa salida final certificada por su vuelta a las instituciones.

La izquierda abertzale ya no podía convertir una derrota irremisible en una victoria refulgente, como lo hizo en 1998 en torno a la tregua de ETA y la declaración de Lizarra. Pero quienes hoy se manifiesten por las calles de Bilbao mostrarán más la satisfacción por una habilitación de facto que la inquietud reivindicativa por conseguir la legalización de la izquierda abertzale antes del 22 de mayo. Actuarán como si disfrutaran sintiéndose partícipes de una liza ganada de antemano.
Las sensaciones de derrota y los sentimientos de triunfo se perciben simultáneamente en la izquierda abertzale, aunque la naturaleza humana realce los segundos sobre los primeros. No es algo que ocurra en el ocaso de lo que Rufi Etxeberria ha definido como «el ciclo de la lucha armada». Siempre había formado parte de la épica terrorista y de la mezcla de ansiedad y sectarismo que ha compartido el núcleo más activo de la izquierda abertzale, puesto que la victoria consistía sencillamente en eludir la derrota.

La legalización es un triunfo que se da por descontado, la alcance cómo y cuando la alcance la izquierda abertzale. Mientras que la derrota acabará disimulada entre los pliegues de la política real. La energía disponible no da para todo, especialmente desde el momento en que se acepta el campo de juego de la parsimoniosa democracia sin más poder que el de los votos. El final sería realmente patético si no resultara tan cruel: tantos asesinatos para esto. Es la crueldad a la que aboca la misma democracia que pondrá a la izquierda abertzale en su sitio. La democracia, que purga los delitos de los derrotados pero no las culpas de los triunfantes.

el oasis catalán
Más recortes y más victimismo
miquel porta perales ABC Cataluña 19 Febrero 2011

En la Unión Europea, la mayoría de los gobiernos nacionales y locales están en manos de la derecha liberal o conservadora. En Cataluña, la ciudadanía ha castigado severamente al socialismo del gasto que ha gobernado durante siete años. El socialismo del gasto catalán, o el socialismo catalán del gasto, nos ha dejado —estos son los datos conocidos, aunque los números podrían ser peores— un déficit de más de siete mil millones de euros y una deuda de cuarenta mil millones de euros. Las finanzas de la Generalitat se encuentran en estado crítico. La caja está vacía y los cajones repletos de facturas que hay que pagar. No creo que Artur Mas exagerara al afirmar que Cataluña iba «a la ruina» gracias al tripartito. El socialismo del gasto nos ha conducido al borde del abismo de la suspensión de pagos. En consecuencia, el Estado del bienestar tal y como lo conocemos resulta insostenible. No se puede gastar lo que no se tiene. Falta dinero y hay que adelgazar, entre otras partidas, las correspondientes a la sanidad,la educación y las prestaciones sociales.

Más allá del recorte presupuestario, ¿hay alguna política alternativa viable que nos permita mantener el Estado del bienestar tal y como lo conocemos? En definitiva, ¿cómo recaudar el dinero necesario para asegurar su viabilidad? El optimista dirá que la clave está en un crecimiento que permitiría generar empleo, riqueza e impuestos. Pero, en la coyuntura actual —falta de crédito, baja competitividad y productividad, consumo moderado, exportación discreta y paro galopante— el cuento de la lechera no tiene futuro. ¿Qué alternativa? Aumentar los impuestos y/o emitir deuda. Pero, el aumento de impuestos no garantiza el incremento de la recaudación fiscal, si tenemos en cuenta que el consumo puede reducirse. Y la deuda tiene un problema: hay que devolverla a un interés que se presume alto. Así las cosas, ¿qué puede hacer —qué hará— el Govern? Recortar el presupuesto e intensificar el victimismo.

Alaba/Araba, Bizkaia, Guipuzkoa
Juan J. Moralejo La Voz 19 Febrero 2011

Con alharacas de júbilo entre los tirios y de disgusto entre los troyanos hemos aprobado una chorrada de muy escasa sustancia para bien, para mal y para regular. Lo único importante en tanta vana banalidad es confirmarnos en lo escrito hace días, en lo de que el hombre es animal simbólico con tendencia a pasarse del simbolismo al simboleo, hermano del bamboleo con tendencia a vacilón.

Álava, Vizcaya y Guipúzcoa pasan a ser o, mucho mejor, siguen siendo, Alaba/Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, con la norma ortográfica vasca, además de la novedad mínima de la opción entre Alaba y Araba. Hay aquí unos cuantos detalles menores, aunque algunos pueden ser relevantes en términos de historias, lenguas, etimologías? La documentación más antigua de los nombres Álava, Vizcaya, Navarra, Vasconia? prefiere V, incluso W, antes que B, y ello puede ser relevante, insisto, en cuanto a etimología, fonética, filiación no siempre vasca, etcétera.

También es obvio que hoy ni la lengua castellana ni la vasca distinguen las pronunciaciones de V y B y que suenan igual vaca y baca, vasta y basta? La ortografía vasca actual, que debe mucho o todo a Sabino Arana, ha optado por B y pudo haber optado por V: Bizkaia y Vizcaya son una y la misma cosa, suenan exactamente igual, incluyendo en el paquete que la ortografía vasca opta por la i latina y desecha la y griega.

La que es Guipúzcoa, Ipuzcoa, etcétera, en su primera documentación pasa a escribirse Gipuzkoa, por desecharse para lo vasco un dígrafo gu que está en sus vecinos españoles, franceses: este diferencialismo gráfico podría llegar a alterar la realidad lingüística, si los millones y millones de lectores de Gipuzkoa en texto español le aplican la norma española y acaban diciendo Jipuzkóa o cosa parecida. Algo así como lo ocurrido con Sangenjo, grafía histórica que para un portugués, francés, etcétera, no es problema, pero sí lo es para quien lee con la norma gráfica y fónica española.

Nos queda la novedad de la K, que mola cantidad y suena más rotunda e identitaria, más del Norte, rocoso y férreo, que la C de los blandos del llano. Pero me temo que las vacas no den más ni mejor leche por ser de Bakero.

En fin, ñoras/ñores, tener por victoria o por derrota política y cultural un tiquismiquis meramente ortográfico con topónimos no traducidos (ni traducibles) nos recuerda que la ociosidad es la madre de todos los vicios y que el activismo suele suplantar la actividad.

La mosca de la Diagonal
Alfonso Basallo www.gaceta.es 19 Febrero 2011

El rojo Juan Marsé no se casa con nadie, ni le van las fundas-mentales.

La prensa catalana ha vuelto a ningunear a Juan Marsé, por su nueva novela Caligrafía de los sueños. No pudo con él el franquismo y no puede con él la progresía metropayesa. El rojo Marsé no se casa con nadie. Como no se casan Mendoza o Gimferrer. Por eso el establishment de la barretina ignora al Cervantes.

Para la prensa catalana no existe el autor catalán más importante del momento. Es el noi del Guinardó, obrero de la palabra, y el mejor cronista que ha tenido la Barcelona de la posguerra, con novelas como Últimas tardes con Teresa o Si te dicen que caí. Pero para ciertos medios, res de res.

Cataluña quiere pasearse por los estadios del mundo con selección propia. Pero no reconoce la universalidad de un escritor que ha sido traducido a lenguas rarísimas como el magiar. Hijo de rojo encarcelado y fustigador de la burguesía barcelonesa, Marsé reparte estopa para todos, incluido el cine subvencionado y “sin talento”, mal que le pese a los pancatalanistas que tratan de instrumentalizarlo: “Escribo en castellano porque me da la real gana”.

Debieron pensar que el látigo de las niñas bien de Pedralbes, el creador de buscavidas como el Pijoaparte, iba a servir de juglar a la causa del resentimiento. Pero a Marsé no le van las fundas-mentales. Antifranquista pero también antinacionalista, y, sobre todo, antitontería; amamantado por la loba charnega y criado entre la crudeza de los barrios proletarios y la sed de fantasía que colma en los cines cutres de los años cincuenta, Marsé no tiene otro norte que el arte de contar historias.

Y no le importa apearse del jurado del Planeta, por denunciar la baja calidad de los originales o el oportunismo de los concursantes (María de la Pau Janer). O meterse con vacas sagradas del cine (Trueba y Aranda), por “su escaso talento” para adaptar sus novelas a la pantalla. La mosca cojonera de la Diagonal les ha salido por la Tangente.


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