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Recortes de Prensa   Domingo 6 Marzo 2011

 

Estado de sobresalto
La prometida legislatura del pleno empleo va camino de convertirse en la del racionamiento energético
IGNACIO CAMACHO ABC 6 Marzo 2011

A un año del final de la prometida legislatura del pleno empleo, mucha gente se conformaría ya sólo con que no fuese la legislatura de las cartillas de racionamiento. El fracaso ha sido de tal índole que se da por amortizada cualquier perspectiva que no implique una catástrofe mayor. Con la inflación en alza y agravada por la subida del petróleo; con el sistema financiero en crisis ante la zozobra de las cajas; con el déficit enquistado bajo el despilfarro sin control de las autonomías; con el ahorro familiar agotado y con el precario tejido empresarial a punto de desmoronarse al cabo de un trienio de pérdidas, el único objetivo plausible en materia de empleo consiste en no llegar a los cinco millones de parados. La acumulación de sobresaltos y riesgos es tan vertiginosa que la sociedad española ha empezado a aceptar el 20 por 100 de desempleo como una tasa estable, como un paisaje social recurrente ante el que cada semana desfilan nuevas fatalidades, angustias y desventuras. Crisis sobre crisis, problema sobre problema, los ciudadanos no viven para sustos en medio del desconcierto que transmite un Gobierno incapaz, titubeante y sobrepasado.

La improvisación, el parcheo y la contingencia se han convertido en un hábito político que proyecta una sombría sensación de desamparo. El vaivén de medidas de quita y pon, las alarmas inesperadas, los volantazos a ciegas se suceden en un clima de ofuscación y desbarajuste. El Gobierno ni siquiera es capaz de explicar con claridad cuáles son las prioridades de este continuo estado de emergencia. Sorprendido por las dificultades amontonadas, acuciado por la confusión, se mueve a rebufo de los acontecimientos sin otro plan que el de sortear contratiempos de cualquier modo, inventando sobre la marcha ocurrencias arbitristas y apremiantes que contradicen y trastornan sus propias decisiones anteriores. La reciente alerta energética ha provocado un clamoroso desorden de gobernanza; el poder ha emitido mensajes incoherentes y contradictorios, no ha aclarado si el problema es de precios o de suministro y ha incurrido en flagrantes discordancias de cálculo. El país va a la deriva, entre una bruma de rumores y amagos que afectan a cuestiones claves de normalidad cotidiana, desde el tráfico urbano hasta el abastecimiento de electricidad.

El Gobierno maneja la hipótesis de decretar restricciones esenciales con una ambigüedad irresponsable. Nadie parece dispuesto a aclarar antes de las elecciones de mayo si existe riesgo real de racionamiento del fluido eléctrico o de las gasolinas. El clima de desgobierno se acentúa en un marco social dominado por la incertidumbre. Y los cuatro millones y medio de parados permanecen al fondo de un horizonte de desolación poblado por los fantasmas de un retroceso pavoroso en el que sólo faltaba la amenaza de quedarse literalmente a oscuras.

La gobernación del ‘maestro Ciruela’
Carlos Dávila www.gaceta.es 6 Marzo 2011

Naturalmenteque lo que voy a escribir no importará lo más mínimo a quienes me dirijo; aun así, lo intento: si yo fuera socialista, incluso afecto a Zapatero, me daría ya de baja de las dos cosas. ¿Cómo seguir en un partido, cómo apoyar a un líder que se baja los pantalones hasta el astrágalo con un emir ricachón que mancilla a las mujeres, y que no respeta ni un derecho humano?, ¿cómo –a continuación– soltarse la melenita y vender democracia en Túnez a base de volver a inventarse la historia del abuelo Lozano?

O sea: ante los opulentos, para sacarles unas perrillas, lametón y silencio; ante los pobres, pedagogía de charlatán con señuelos personales. ¡Joder, qué tropa!, que diría Romanones. Y todo eso, de avión en avión, con séquito de pacotilla e increíblemente festejado por el Partido Popular, cuyos dos diplomáticos de cabecera, Moragas y Arístegui, se han reunido y puesto de hinojos recientemente ante los inconmensurables encantos de la excepcional ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez. Pero, bueno, ¿qué pinta el PP apoyando estas clases de democracia barata de Zapatero?, pero, bueno, ¿qué pinta el PP ovacionando los escarceos de Zapatero con un sátrapa oriental?

“Así no podemos seguir”
Pues esto es lo que hay, como escribo tantas veces. El miércoles, una contrita y asustada secretaria de Estado de Empleo, de desempleo mejor, anunciaba unas espeluznantes cifras del paro de febrero. El país escuchó los datos y ya ni siquiera contuvo la respiración como lo hacía antiguamente ante las noticias malas; tal parece que le da lo mismo lo que le digan. Como suele gritar un amigo: “Pero, ¿qué más nos puede pasar?”. Y respondo: pues de todo. Y, ¿qué debería haber esperado este país aherrojado por el desencanto, adormecido y cobardón? Pues que ese miércoles, apenas conocidos los sesenta y ocho mil españoles que ya están en casa sin trabajo, alguien hubiera salido a la palestra, hubiera denunciado el dato y, a continuación, ofrecido alguna solución ilusionante. Pero de soluciones, nada, de ilusión, menos aún. “Así no podemos seguir”; ese es todo el dictamen de situación.

Y es verdad, pero seguimos. Cuaquiera que fotografíe nuestras ciudades de ahora mismo y las de hace siete años, se encontrará con las siguientes diferencias: mucho menos tráfico rodado –¿alguien habla en este momento de atascos ciudadanos?–, contra consumo acelerado de gasolina más barata; colas que parecen de racionamiento en comedores sociales y en oficinas del Inem, contra restaurantes a tope y centros del Inem con los funcionarios haciendo sudokus; kioscos de periódicos con tres filas de clientes esperando turnos, contra kioscos de periódicos actuales que cierran porque a la gente le parece caro gastarse poco más de un euro; tiendas de lujo o de baratijas con los menestrales acudiendo sudorosos para atender a los reclamantes, contra los mismos establecimientos vacíos con sus dependientes bostezando antes de dormirse.

Las restricciones
Esta, no exagero, es la realidad de hoy mismo. Los españoles estamos demostrando algo que no se sabe si es una virtud excelsa o un defecto reprobable: unas grandes, inmensas, tragaderas. Tragaderas ante la mentira o el ocultamiento pertinaz. Los analistas energéticos, los que de esto saben lo que ustedes castizamente se imaginan, empiezan a advertir que, bajo este repentino e improvisado afán restrictivo del Gobierno, se esconde esta vez la verdad: el miedo insuperable a que nos quedemos sin energía. Escuchen con atención a los expertos y luego obren en consecuencia.

Ha sido tan extraordinariamente torpe y letal la política zapaterista en este crucial asunto, que ahora mismo si la conjunción libio-venezolana cuaja y a los dos sanguinarios personajes, Gadafi por un lado y Chávez por otro, les da por cortarnos el suministro, si también a Argelia le entran veleidades democráticas y la gente, harta, se lanza a la calle, y si los países productores miméticamente adelgazan sus exportaciones, España tendrá que apagar la luz, y no como pretende Sebastián, el ministro más bodoque que haya tenido nunca nuestra Industria y nuestro Comercio, sino antes incluso de encenderla. El Gobierno debe de saber todo esto y, preso de un canguis diarreico, está sugiriendo o tomando medidas, a cada cual más risible, sin avisar de lo que se nos puede venir encima.

No lo hará porque eso sería tanto como reconocer que su apuesta por los molinillos de viento, con los cuales se ha forrado tanto amiguete, ha sido una auténtica calamidad, y que su angélica –e ignominiosa al tiempo–, clausura de las nucleares nos ha convertido en mendigos del sobrante de energía ajena.

En fin, un desastre que un personaje fuera de tiesto como es el secretario de Estado de Economía, el señor Campa, trata de restañar aconsejándonos que gastemos más y ahorremos menos, lo cual recuerda a aquella trascendental meditación que Franco trasladaba a los españoles: menos leer periódicos y más disciplina. Pero, ¿en qué país vive el señor Campa? ¿Se puede pedir a cuatro millones trescientos mil parados que se rasquen el bolsillo y que no metan cuatro o cinco euros bajo el colchón? ¿Estamos tontos o qué?

De ‘maestro Ciruela’
Un caótico desastre, trufado de permanentes desmanes, al que el país –y de esto vive esta cuadrilla de incapaces– no pone remedio. Parecería como si los españoles nos conformáramos con el lamento sufrido o con la denuncia por lo bajini, no nos vaya a escuchar Rubalcaba, que, como recuerdan, sabe todo de todos. Zapatero se fue a Qatar, donde el petróleo y el gas brotan como los espárragos en primavera, y le dora la píldora a un epulón que regala una propina como la que se da al pobre de nómina a la salidas de las misas dominicales de doce. Luego se vuelve a subir a su avión, el que usa también para los mítines partidistas en los que insulta a diez u once millones de españoles, se pasa por La Moncloa a dar un beso de buenas noches a Sonsoles y regresa al aeropuerto para llegarse hasta Túnez, donde, de maestro Ciruela, alecciona a un indefenso vejestorio sobre cómo hay que hacer la democracia al estilo de su abuelo, el agente doble capitán Rodríguez Lozano.

El rechazo que produce
Es decir, que de Qatar se lleva –eso dice, luego ya veremos– trescientos millones de euros y un día después se los cede a los tunecinos porque España siempre es muy solidaria con la causa democrática de nuestros vecinos africanos. Y encima, como suele decir mi amigo antes citado, se ríe, antes, eso sí, de enarbolar su enésima promesa sobre la pronta recuperación del empleo. No es de extrañar que hasta los que ayer mismo fueron fieles monagos de Zapatero, ahora no sólo no le quieran ver a él, sino que abjuren de las propias siglas del partido en los iniciales carteles electorales.

Cuando en 1996 se marchó por fin Felipe González se trataba de solventar la crisis económica que había dejado un lastre insoportable de parados, de corregir los abusos y matanzas del Estado y de parar las corrupciones; ahora, lo que le espera a Rajoy es algo todavía peor: arreglar todo eso, y, encima, convencer a los españoles de que podemos volver a estar orgullosos de nosotros mismos, de que somos capaces de vivir en libertad sin miedo al gobernante de turno –y a sus fiscales, naturalmente–, de que no es de obligado cumplimiento el soportar a un individuo tan absolutamente nocivo como el que todavía sufrimos. Poca cosa, ¿verdad?

El PSOE, tras el diluvio
Roberto Blanco Valdés La Voz 6 Marzo 2011

L as señales de que la aventura zapaterista (que lo ha sido en el sentido más real de la palabra) podría acabar en una especie de diluvio universal para el Partido Socialista se acumulan día tras día, pero dos de ellas parecen inequívocas y dan buena cuenta del tamaño del destrozo que su actual líder ha infligido a uno de los dos grandes partidos españoles: según las encuestas más solventes, el PP ganaría por mayoría absoluta en Andalucía, tras más de treinta años de Gobiernos socialistas; y CiU superaría por primera vez en votos al Partido Socialista en Cataluña, lo que no ha ocurrido nunca hasta ahora en elecciones generales.

A este previsible desastre, que podría tener su primera entrega en las municipales y autonómicas de mayo, ha contribuido sin duda la dureza de la crisis económica y la manifiesta incapacidad de Zapatero para combatirla con la rapidez, sentido de la responsabilidad y acierto que las gravísimas circunstancias exigían, incapacidad que ha contribuido, sin duda, a agravar sus consecuencias en todos los terrenos.

Sin embargo, más allá de la crisis, el desastre que se anuncia -y que sería, con toda seguridad, mucho mayor si el PP hubiera actuado en la oposición con el rigor y seriedad que cabe esperar de quien aspira a gobernar- tiene que ver también con la mezcla de oportunismo, populismo radical y abierta improvisación que han marcado desde el principio la acción de gobierno de Rodríguez Zapatero.

Porque no ha sido solo la crisis, sino también el completo desbarajuste de la política autonómica; la frivolidad con que, como elefante en cacharrería, se han abordado episodios terribles de nuestro pasado colectivo; la falta de criterio y de principios en política exterior; la contradicción entre la demagogia izquierdista en política económica y una práctica real que, alejada primero de la socialdemocracia, ha acabado entregada a las exigencias de los más poderosos operadores económicos (la patronal y la gran banca). Todo ello ha convertido a Zapatero en lo que es hoy: un hombre del que ya nadie se fía, empezando, claro está, por muchos dirigentes socialistas

Por eso, tras este cataclismo ideológico, que ha dejado al PSOE literalmente sin discurso y sin política, y que solo ha sido posible por la ciega entrega de un partido controlado con disciplina militar por profesionales que viven de seguir en la política, lo que queda de él no solo debe elegir un nuevo líder -y nuevo no es lo mismo que una repetición de Zapatero, aunque lleve ahora nombre de mujer- sino reformular toda su política, abandonando una ilusión que ha dado, al fin, en un desengaño trágico y cruel: que la democracia consiste en aquello que ya Abraham Lincoln consideró un día una quimera: la habilidad para engañar todo el tiempo a todo el mundo.

Rubalcaba, el problema de nuestra democracia
EDITORIAL Libertad Digital 6 Marzo 2011

Alfredo Pérez Rubalcaba fue el principal responsable durante el felipismo de poner en marcha la LOGSE, el plan educativo más devastador que jamás ha padecido España y, desde entonces, el personaje no ha hecho más que empeorar. No ha habido pujo contra la democracia y el Estado de Derecho protagonizado por la izquierda española en las dos últimas décadas que no haya contado con el todavía ministro del Interior en el puesto de mando, bien sea intentando ocultar el terrorismo de estado de los GAL, bien organizando la vasta operación de acoso contra el Gobierno legítimo del Partido Popular, que culminaría con las agresiones a sus candidatos y sedes hasta en plena jornada de reflexión electoral tras los atentados del 11-M.

Ya como ministro del Interior del gobierno de Zapatero, Rubalcaba ha insultado a todos los españoles, y muy especialmente a las víctimas del terrorismo, con su protagonismo esencial en la negociación con la banda de asesinos de la ETA, que ha culminado con el asombroso caso Faisán, en el que, como siempre que Rubalcaba anda por medio, nuevamente el Estado está bajo sospecha de haber colaborado con una banda terrorista, hecho insólito que en cualquier otro país se hubiera llevado por delante a todo el equipo ministerial, sino al Gobierno en pleno.

Pero a su capacidad dañina para la libertad y la seguridad de los españoles, Rubalcaba añade una desvergüenza más que notable a la hora de rechazar cualquier implicación en las turbias operaciones que afectan a su ministerio, por más que las evidencias en su contra resulten incontestables. Es lo que ha ocurrido precisamente con el insistente requerimiento de la justicia para que se aporten los nombres de los agentes que, bajo el mando del polémico comisario Sánchez Manzano, se responsabilizaron de las muestras del explosivo utilizado en el 11-M, la prueba determinante para conocer la autoría de los atentados que hasta el momento sigue sin ofrecer garantías de autenticidad.

Pues bien, "gracias" a un equinoccial Pérez Rubalcaba y su facundia detestable, hoy los españoles pueden leer en la portada de un diario nacional la prueba de que el responsable de su seguridad miente a la Justicia y a los ciudadanos sin ningún reparo, al negar que un juzgado haya exigido a su departamento semejante información.

Por supuesto que se le ha pedido, y además con insistencia que data ya de un año, sin que Rubalcaba haya tenido a bien prestar su colaboración para esclarecer el mayor atentado de nuestra historia como le exige en primer lugar la preeminencia de su cargo. Por cierto, el atentado que permitió la llegada al poder del partido político que todavía le tolera en sus filas. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

El vecino de todos
La sociedad vasca, mayoritariamente, está deseosa de pasar página y de acoger al juego social y político a los hasta ayer violentos, borrando de raíz el pasado: no ha habido violencia porque, sencillamente, nos incomoda que la haya habido
J. M. RUIZ SOROA El Correo 6 Marzo 2011

Los resultados de la encuesta de opinión del Gobierno acerca del tipo de vecino que no les gustaría tener a nuestros jóvenes (apelativo que incluye a las personas menores de 29 años) ponen de relieve el predominio entre ellos de un estado que pudiéramos calificar como 'idiocia moral'. Vamos, que éticamente hablando una consistente mitad de nuestros jóvenes es idiota confesa, puesto que equipara como desagradables vecinos a evitar tanto a los victimarios terroristas como a las víctimas de ese terrorismo. No distinguen entre ambos a la hora de rechazar los posibles vecinos que haya que ver todos los días y con los que, aunque sea en el ascensor, haya que rozarse. Rechazan la violencia, qué duda cabe, pero la rechazan de una manera muy peculiar: la de borrarla de su ámbito vital, la de excluirla de su perspectiva personal. Cualquier sujeto que se la recuerde, sea un violento o sea una víctima, les desagrada porque contamina (como las prostitutas y los inmigrantes, aunque estos un poco menos) la pureza de su mundo joven, limpio e ilusionante.

Lo peor de esta encuesta es que nos revela por anticipado cuál va a ser el sentimiento social hegemónico entre nosotros con respecto al pasado violento, si es que de verdad se convierte en pasado como se augura por doquier. En la sociedad vasca va a predominar una postura general de pasar página, de olvidar lo ocurrido, de quitar del escenario público la memoria del terror. El lehendakari reclamaba hace unos días como ejes para construir el futuro libre del terrorismo los de 'justicia' y 'verdad', refiriéndose con esta noción a la exigencia de que la memoria del pasado se construya sobre la memoria de las víctimas, sin permitir que el 'ciclo de la violencia' que durante más de treinta años ha enseñoreado la práctica del etnonacionalismo caiga en un cómodo olvido o sea tapado por una explicación comprensiva. Es muy de temer, visto el ejemplo anticipador de la encuesta, que esta aspiración de 'verdad' no se cumplirá. Me gustaría mucho creer lo contrario, pero la realidad no me lo permite. Y es que hasta el presidente del partido del lehendakari ha advertido a las víctimas que eso de la 'justicia' y la 'verdad' está muy bien, pero que no son valores para este mundo.

En los pasados quince días, desde que los radicales proviolentos presentaron sus estatutos y su nueva propuesta política, que se distancia en parte de la violencia de ETA, hemos asistido a una especie de 'tráiler' resumido de lo que con toda probabilidad va a ser la película del escenario social y político futuro vasco. Dejando de lado el análisis puramente jurídico del caso, ¿qué hemos visto en la mayoría de los políticos e instituciones que han considerado necesario manifestarse? Hemos visto una urgencia irreprimible en declarar superada la proscripción política de los violentos, una prisa acuciante de lanzar las campanas al vuelo: algo que pone de relieve el deseo de pasar página cuanto antes que anima a esa multitud de opinadores. Hemos escuchado un coro estruendoso que canta que no es necesario condenar el pasado, que el pasado importa poco cuando tenemos a la vista el futuro. Hemos observado la poco sutil equiparación que se ha establecido entre los que apoyaban la violencia y la derecha española en general. Con la excusa de que tampoco ellos condenaron el franquismo (¿?), lo que se establece subliminalmente es el principio de que la legitimidad democrática de los exviolentos es igual que la del Partido Popular.

¡Qué alto grado de satisfacción y contento se ha mostrado ante la vuelta del hijo pródigo! ¡Qué fácilmente se ha dado de lado el hecho de que este hijo no vuelve arrepentido y humilde, sino orgulloso de su pasado y retador! ¡Con cuánta complacencia se ha practicado esa visión miope de apreciar solo el paso positivo que han dado, ignorando los pasos que no han dado? ni van a dar!

Mis vecinos jóvenes son así, me guste más o menos. La sociedad vasca es también mayoritariamente así. Deseosa de pasar página y de acoger al juego social y político ordinario a los hasta ayer violentos, borrando de raíz el pasado: no ha habido violencia porque, sencillamente, nos incomoda que la haya habido. Podríamos hablar mucho de 'por qué' mis vecinos son así, dado que no les quepa duda que no nacieron así, sino que se hicieron así en el marco de una socialización política desviada. Pero esto tendría solo un interés académico. Lo que ahora importa, como tanto se repite, es saber cómo y quién va a escribir la historia de lo sucedido. Visto lo visto, me temo que la respuesta va a ser decepcionante para muchos. Ya avisaba Shakespeare, la historia es un relato contado por un idiota; en nuestro caso, por el idiota de nuestro vecino.

La excepción libia
Gadafi dice, sin mentir, que no puede dimitir porque no ostenta cargo alguno. Pero él podría parar en un minuto el baño de sangre si deja el puesto de 'guía'
ENRIQUE VÁZQUEZ El Correo 6 Marzo 2011

La revuelta en Libia es genuina, descansa sobre una base social amplia, es hija de una historia reciente y de un proceso político propio y abierto con la abolición de la monarquía en 1969 y ha sido estimulada en la imitación de lo sucedido en sus vecinos Túnez y Egipto. Y, sin embargo, es distinta a todas, se ha instalado en una especie de empate técnico sobre el terreno con el Este bajo control opositor y el Oeste en manos del régimen y hay incluso algún esbozo de guerra civil. El sistema libio (o sistema Gadafi, si se prefiere) ha logrado que podamos hablar hoy de la excepción libia.

Extravagante hasta lo cómico, el Gobierno de Trípoli descansa en las ya lejanas pretensiones teóricas del 'Libro Verde' del coronel Gadafi, Guía de la revolución (el golpe de septiembre de 1969 que acabó con la monarquía y expulsó a británicos y norteamericanos) pero nunca ha tenido nada parecido a una Constitución ni hay partidos políticos ni instituciones que enmarquen jurídicamente la situación. Es un ensayo sin parangón en el mundo administrado por quien dice -sin mentir técnicamente- que no puede dimitir de cargo alguno porque no ostenta ninguno.

Pero, así y todo, él podría cambiarlo todo en un minuto si aceptara dejar el puesto de 'guía' y parar el baño de sangre pactando la salida 'honorable y pacífica' que, por ejemplo, podría estar sopesando el presidente del Yemen, general Abdullah Saleh. Sin esa predisposición es incluso físicamente imposible alterar la trágica coyuntura presente en la que no hay tampoco una oposición armada convencional, un gobierno alternativo, un líder respaldado que vuelve del exilio? Nada de nada.

La excepción libia es un vacío completo que contribuye a atar las manos de la ONU o de Washington. De un modo indirecto, la posición norteamericana, tan contrariada como la europea, es inevitable y la refleja muy bien Obama al decir que «ha llegado la hora de que Gadafi -finalmente citado por su nombre- debe dimitir».

¡Qué alivio disponer de partidos, de una clase política entrenada, de un marco jurídico, hasta de un exiliado de prestigio?! En Yemen hay un marco preciso en el que negociar, y se utiliza a fondo, hay un Parlamento, como lo hay en Jordania, donde el nuevo Gobierno, bajo un escrutinio severísimo de una opinión desconfiada, abre su programa de reformas. Por no hablar de Túnez, Egipto y hasta de Bahréin, donde, por cierto, se ha aceptado ya por el Ejecutivo bajo estricto control de palacio negociar la reforma con la oposición islamista moderada de al-Wafak ('acuerdo') en cabeza. Nada de esto es posible en Libia porque no está disponible y eso explica que el único emblema nacional a mano sea? la antigua bandera de la monarquía de los Senussi (con un solo rey en el activo) aunque nadie sepa en el país quien ostenta la titularidad y el derecho de la familia al trono.

La imparable avalancha antitotalitaria
El mundo se pregunta quién será el siguiente tras lo sucedido en Túnez, Egipto y ahora en Libia
PAULA ROSAS | RABAT. El Correo 6 Marzo 2011

Los árabes han conseguido quitarse de encima el determinismo ancestral y, desde principios de año, miles de jóvenes reescriben en la calle la historia de la región al acabar con regímenes totalitarios. Primero fue el tunecino Ben Ali, luego el egipcio Mubarak y todo apunta a que el libio Gadafi será el próximo. ¿Quiénes le seguirán?

Túnez
Transición complicada
Lo que nunca se hubiese imaginado Mohamed Buazizi es que con su sacrificio iba a prender la mecha que haría explotar el polvorín que siempre han sido los países árabes. El joven en paro, que se ganaba la vida vendiendo verdura con un puesto ambulante, se quemó a lo bonzo en un acto de desesperación que indignó a un país harto de la 'hogra', la humillación por parte de los poderosos. Túnez se echó a la calle y resultó que Zine el-Abidine Ben Ali, que llevaba 23 años en el poder gobernando con brazo de acero y que sólo se ponía el guante de terciopelo para estrechar la mano de los gobernantes europeos, no lo tenía todo tan bien atado. El Ejército le abandonó y él y su odiada esposa, Leila Trabelsi, huyeron con nocturnidad llevándose de paso un buen botín.

Atrás se quedó gran parte de su régimen intacto, que la presión de los manifestantes ha ido poco a poco cambiando. El Gobierno de transición ha convocado elecciones para la creación de una Asamblea Constituyente el próximo 24 de julio. El partido de Ben Ali, la Reagrupación Constitucional Democrática (RCD), se encuentra en vías de disolución y en los últimos días ha dimitido el primer ministro, Mohamed Ganuchi, un hombre del régimen, y varios ministros. La transición está resultando complicada, pero ya se aprecian signos de cambio: los tunecinos han recuperado su voz y expresan sin miedo sus opiniones.

Egipto
Purga del régimen
Hosni Mubarak, que llevaba tres décadas en el poder, intentó quedarse hasta el final y ahora el fiscal general de Egipto le ha prohibido abandonar el país y ha congelado sus bienes y los de sus avariciosos hijos Alaa y Gamal. Desde que abandonó el poder el 11 de febrero tras más de dos semanas de protestas masivas y pacíficas que fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad, el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas se ha encargado de conducir la transición democrática del país.

Esta semana ha dimitido el primer ministro, Ahmed Shafiq, impuesto por Muabrak antes de irse en un intento de calmar las protestas. Pero la oposición quiere más reformas y más rápidas y la dimisión de Shafiq ha dado paso a Essam Sharaf, que el viernes acudió a la ya mítica plaza Tahrir, corazón de la revolución, para expresar su fidelidad a los manifestantes.
Una de las principales demandas de la oposición, el levantamiento del estado de emergencia, que limita los derechos constitucionales de los egipcios, aún no se ha satisfecho, pero sí se ha empezado a juzgar a figuras del antiguo régimen, como el exministro del Interior, Habib al-Adli, figura destacada de la represión.

Libia
La gran incógnita
La negativa de Muamar Gadafi a marcharse ha desembocado en lo más parecido a una guerra civil. Los rebeldes controlan el este y el régimen se siente fuerte en el oeste y ambos luchan por dominar los estratégicos centros petroleros del país. Parte del Ejército ha abandonado al dictador, que no ha dudado en utilizar a mercenarios contra el pueblo, que pelea sin preparación, pero con determinación.

El escenario pos-Gadafi se plantea más complicado en el caso de sus vecinos. Cuatro décadas de poder despótico han dejado a Libia sin oposición organizada y sin instituciones en las que basar la transición.

Argelia
Avances ficticios
Las protestas estallaron en Argelia prácticamente a la vez que en Túnez, pero, por ahora, no han conseguido ser masivas. Cada convocatoria de manifestaciones se ha topado con un despliegue policial tan fuerte que muchos argelinos han optado por no arriesgarse y quedarse en casa.

Las protestas sí han conseguido, al menos, una cosa: Abdelaziz Buteflika ha levantado el estado de emergencia vigente en el país desde hace 19 años. En la práctica, sin embargo, el Gobierno ha seguido prohibiendo las concentraciones que la oposición convoca cada sábado en la plaza Primero de Mayo de Argel y en otras ciudades como Orán.

Las primeras manifestaciones, que fueron acompañadas de varios intentos de suicidio a lo bonzo, protestaban principalmente por el alza de los precios de los productos de primera necesidad, pero poco a poco se han ido tornando en reivindicaciones políticas que exigen la partida de Buteflika, que lleva 12 años en el poder, y la instauración de un sistema más democrático.

Bahrein
Gobierno renovado
En las protestas de Bahrein contra el régimen del rey Hamad bin Isa al-Jalifa, se suma un componente sectario. La mayor parte de la población es chií, mientras que la monarquía es suní. Pero las manifestaciones piden, ni más ni menos, lo mismo que el resto de vecinos revolucionarios árabes: reformas democráticas y una Constitución más igualitaria.

Para intentar sofocar las protestas, el rey ha remodelado el Gobierno y ha invitado a la oposición a participar en un diálogo nacional, medida que no ha aplacado a los manifestantes, que quieren que caiga todo el Ejecutivo y se convoquen elecciones.

Yemen
Modernización del sistema
Yemen ha sido un país al borde del abismo desde su reunificación en 1990, acosado por los rebeldes chiíes en el norte, el movimiento secesionista en el sur y la presencia de Al-Qaida en la Península Arábiga (AQPA). Pero la profunda corrupción del régimen de Alí Abdalá Saleh, que lleva a los mandos del país 32 años, y la falta de libertades en el país es lo que ha acabado con la paciencia de los yemeníes, que exigen su dimisión.

Tras un mes de protestas, en las que cientos de miles de personas han salido a la calle, Saleh ha renunciado a un plan de la oposición para que abandone el poder a finales de este año y asegura que no se irá hasta que no acabe su mandato en 2013. Sí ha aceptado, no obstante, una propuesta de varios líderes religiosos para modernizar el Parlamento, las elecciones y el sistema judicial.

Marruecos
Rumores de cambio
Las manifestaciones convocadas el pasado 20 de febrero en las principales ciudades marroquíes consiguieron sacar a la calle a decenas de miles de personas que pedían una nueva Constitución en la que el rey Mohamed VI reine pero no gobierne, y el fin de la corrupción del Gobierno y el majzén, el entorno de asesores del monarca. Las protestas no han conseguido, por ahora, cuajar, pero se rumorea que podría haber cambios en el Gobierno.

Jordania
Reformas económicas
La presión de la calle ha logrado la dimisión del Gobierno de Samir Rifai, al que el rey Abdalá II le ha encargado acometer «reformas políticas y económicas reales». Para la oposición puede que no sea suficiente y algunos piden ya la transformación del país en una monarquía parlamentaria, donde el rey tenga menos poderes.

Irak
Quejas por la corrupción
Los manifestantes han salido a la calle para quejarse por la corrupción y pedir empleo y mejores servicios públicos. También se han producido protestas en Omán, donde el sultán ha tenido que anunciar un paquete de medidas para mejorar la condición de vida de sus súbditos, y en Arabia Saudí, donde Abdalá bin Abdelaziz también ha aprobado medidas económicas para vacunar al país, por ahora con relativo éxito, contra las protestas.

PEDRAZA Y ALCARAZ, A ESRADIO
La AVT, "indignada": "No es una manifestación de apoyo, es de exigencia"
En declaraciones a esRadio, Alcaraz y la presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, han mostrado su indignación por las declaraciones de Basagoiti.
LIBERTAD DIGITAL 6 Marzo 2011

Las declaraciones del líder de los populares vascos, Antonio Basagoiti, en el diario El Mundo, han indignado profundamente a las víctimas del terrorismo. En declaraciones a esRadio, la presidenta de la AVT -asociación convocante de la manifestación del próximo 9 de abrl de exigencia al Gobierno para que ETA no esté en las instituciones- ha mostrado su indignación porque Basagoiti diga que la manifestación es de apoyo al Gobierno.

"Le pediría tanto a Basagoiti, como a todos los políticos que están opinando, que primero se lean la convocatoria, porque parece que no se la ha leído nadie". "La manifestación no es para apoyar al Gobierno, por supuesto, sino para exigirle que ETA no esté en las instituciones bajo ningún disfraz, ni con plan A, ni con plan B, ni con plan C. Es una manifestación de exigencia", ha señalado visiblemente molesta.

En este sentido, y para que quede claro, ha dicho que "la manifestación no la ha convocado ningún partido político, sino la ha convocado la AVT con todas las asociaciones de víctimas".

Igualmente ha dicho sentirse sorprendida por las declaraciones de este sábado de Patxi López pidiendo la legalización de Sortu, y también por las de hoy de Basagiti. Ha repetido en varias ocasiones que se trata de una "manifestación para exigir al Gobierno, que es quien tiene en su mano que ETA no entre en las instituciones".

También ha aprovechado para hacer un llamamiento "a toda la sociedad para que esté el día 9 en la calle, lo único que pretenden los políticos parece que sea reventar la manifestación, ya está bien, los que convocamos lo que exigimos es que ETA no entre en las instituciones y es una exigencia al Gobierno y a todos los políticos".

Lo último para Pedraza sería que la gente pensara que están convocando junto al PP de Basagoiti. "Estoy indignada", concluía.

Alcaraz no lo entiende
En declaraciones a Sin Complejos de esRadio, el presidente de Voces Contra el Terrorismo, Francisco José Alcaraz ha dicho no entender las declaraciones de Basagoiti en el diario El Mundo. Dice que, si es cierto lo que dice el presidente de los populares vascos, es porque "irá a una manifestación muy distinta a la que vamos los colectivos que secundamos la convocatoria".

Recuerda Alcaraz, que todas las asociaciones que secundan la manifestación, están "de acuerdo en que vamos a ir contra la política antiterrorista del Gobierno. Y no sólo de cara a Sortu, que es un señuelo, una mentira, sino también a denunciar los acercamientos y excarcelaciones que está llevando a cabo este Gobierno".

En este sentido, dice no entender a Basagoiti, a quien hoy mismo contradice Jaime Mayor Oreja en un artículo publicado en La Razón donde vuelve a denunciar la negociación entre el Gobierno y ETA y la entrevista a Carlos Iturgáiz que se publicará en la revista que edita Voces Contra el Terrorismo en su próximo número. Entrevista en la que el ex presidente de los populares vascos insiste en que el Gobierno y ETA nunca han dejado de negociar.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
Paso atrás
EDITORIAL El Correo 6 Marzo 2011

La izquierda abertzale reveló ayer la lógica en la que se basa su concepción de la paz y la normalización, afirmando que «ETA ha cumplido con lo que se le exigía» en el Acuerdo de Gernika y que ahora le toca al Estado español «cumplir con lo que le exige una mayoría social de Euskal Herria». Esta declaración, hecha pública al día siguiente de que EA y Aralar secundaran a sectores de la izquierda abertzale reclamando algo tan inadmisible como que durante el alto el fuego etarra no se produzcan detenciones, no solo supone un paso atrás por su tono respecto a recientes manifestaciones y a la literalidad de los estatutos de Sortu; dando a entender que de nuevo los herederos de Batasuna se han visto obligados a restablecer la sintonía con su propio pasado.

Representa lisa y llanamente la reclamación de que el Estado de derecho quede en suspenso y el futuro de los vascos sujeto a una componenda entre las instituciones y quienes se resisten a abandonar las armas. La izquierda abertzale olvida que aunque ETA haya podido atender a la llamada doméstica del Acuerdo de Gernika no ha cumplido con lo que le vienen exigiendo la sociedad y la democracia: que desaparezca de una vez y para siempre.

ECONOMÍA
El legado de ZP
JUAN BENGOECHEA El Correo 6 Marzo 2011

A estas alturas de la batalla no sabemos si el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, será candidato en las próximas elecciones. Según dicen, las dos únicas personas que están en el secreto del asunto son su mujer, Sonsoles Espinosa, y un mandarín del PSOE. Lo que es seguro es que el ZP optimista, venturoso y benefactor ya es cosa del pasado. Su óbito político tuvo lugar en mayo, coincidiendo con el rescate de Grecia. En ese momento, los que de verdad mandan en el mundo le leyeron la cartilla, dictándole la hoja de ruta que debía seguir en el futuro. De esta manera, sin mediar ninguna explicación, hizo su entrada en escena el Rodríguez Zapatero estadista. Reformas, hasta entonces demonizadas por neoliberales, pasaron a convertirse en el único camino de salvación. Pero ese camino es muy largo, y sus sucesores deberían tomar buena nota de los errores de ZP para que la historia no vuelva a repetirse.

La edad de oro de Zapatero coincidió con la fase de bonanza económica. Eran tiempos en que, como más tarde reconoció, «daba gusto gobernar sobrando dinero». Pensiones, 'cheque bebé', atención a la dependencia, etcétera. Paralelamente, por aquello de que bajar impuestos también era de izquierdas, eliminación del Impuesto de Patrimonio, deducción de 400 euros, ... De esta forma, montados en la 'burbuja fiscal', las cuentas públicas se vieron arrastradas a un callejón sin salida. Estalló la crisis, se desataron los nervios y el déficit público corrió desbocado. La UE nos impuso un plan draconiano, exigiendo la adopción de medidas muy impopulares. El malestar provocado por esas medidas se agravó con la reforma de las pensiones, que ha puesto sobre la mesa la sostenibilidad del Estado de bienestar. Un tema que los herederos de ZP deberán afrontar, dado el acelerado envejecimiento de la población.

Como es sabido, los mejores esfuerzos de la era Zapatero se han dedicado a resolver el problema territorial. Todo empezó a finales de 2003, cuando en la campaña de las elecciones autonómicas catalanas prometió: «Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán». Siete años después tenemos un nuevo sistema de financiación autonómico y ocho comunidades ya han reformado sus estatutos. Esos resultados se han conseguido, sin embargo, a costa de romper consensos básicos, deslegitimar al Tribunal Constitucional y abrir una deriva confederal que no hace presagiar nada bueno. Prueba de ello es que al nuevo inquilino de la Generalitat, a pesar de que Cataluña ha sido la gran beneficiaria de la reforma, le ha faltado tiempo para reivindicar un Concierto equiparable al vasco. Pero esa reivindicación es inviable, ya que dejaría en precario las arcas del Estado y las de las autonomías más pobres.

Esos dislates no pueden hacernos olvidar que la vara de medir a los futuros gobernantes será su capacidad para reducir la escandalosa tasa de paro que les legará ZP. Esto significa que deberán hacer del crecimiento su prioridad, no sólo en sus declaraciones públicas, sino en los hechos. Para ello tendrán que acometer las reformas estructurales que este país viene reclamando desde hace más de una década. Y deberán hacerlo ligeros de equipaje ideológico, especialmente en ámbitos como el mercado de trabajo. El Gobierno ha aplicado una serie de 'medidas placebo', que no abordan ni la dualidad contractual ni la negociación colectiva. Aún así, lo más urgente ahora es proceder a la reestructuración de las cajas. Después del intento fallido de hace ocho meses, lo mejor que podemos hacer con esas entidades es bancarizarlas. En caso contrario, la desconfianza de los mercados nos costará mucho dinero cada día.

Lo más probable es que la historia no sea muy indulgente con ZP. Durante demasiado tiempo hizo creer que aquí había 'barra libre'. Lo malo es que a su sucesor según las encuestas, Mariano Rajoy, también parece gustarle ese populismo miope. Su negativa a apoyar las inevitables reformas del Gobierno, a fin de ganarse el favor del electorado, es una irresponsabilidad y, sobre todo, un error. Un Gobierno del PP, aún contando con mayoría absoluta, no tiene ninguna posibilidad de salir airoso de un enfrentamiento contra las huestes unidas de sindicatos, PSOE, IU y, eventualmente, de los nacionalistas. Se necesita algo más que un cambio de Gobierno para superar la terapia de choque a que nos van a someter 'Merkel & Asociados' en previsión de un rescate. Se necesita un gran acuerdo nacional que trasmita un mensaje de esperanza sobre el futuro de este país. Entre todos podemos, sólo falta que 'ellos' quieran.

Sortu y la teoría más simple
¿Qué hijo negaría a su madre al nacer, máxime si los progenitores han estado en el paritorio?
ANTONIO MARÍA RECIO El Correo 6 Marzo 2011

MIEMBRO DE COVITE

Se suele decir que las cosas son siempre más sencillas de lo que parecen y que si alguien las quiere complicar, sus razones tendrá

Esta frase, que encierra una auténtica filosofía de vida, resulta perfectamente aplicable a la cuestión sobre si se debe legalizar o no a la formación abertzale Sortu. Para intentar aplicarla deberemos tener en cuenta las dos corrientes con las que nos inundan los medios de comunicación: por un lado, hay quienes entienden que la nueva formación política es una continuidad de la antigua Batasuna y deberá ser ilegalizada; y por otro, están quienes consideran que Sortu merece la legalización, cubriendo su postura bajo el razonamiento que en sus estatutos se rechaza de forma reiterada y contundente la violencia y el terrorismo, se adquiere el compromiso de oponerse a cualquier subordinación o tutela con respecto a organizaciones que practiquen la violencia, se dice que los militantes que justifiquen o legitimen la violencia terrorista serán expulsados del partido y se manifiesta su voluntad de ruptura con el pasado y con las organizaciones políticas ilegalizadas.

Escasas premisas nos plantean los partidarios de la ilegalización y numerosos razonamientos y excusas quieren darnos los que sostienen la legalización, resultando claro cuál es la teoría más simple y, por tanto, la que más probabilidades tiene de ser correcta.

No obstante, en el caso de Sortu no cabe siquiera plantearse cuál es la teoría más simple porque la propia izquierda abertzale, con su correcto uso del lenguaje, cosa a la que no nos tiene acostumbrados, nos lo ha dejado muy claro. Como ellos mismos expresaron el día de presentación de la formación política, Sortu en euskera significa 'nacer' y el significado de dicha palabra en cualquier diccionario, ya sea vasco o español, es: '1. intr. Dicho de un animal vivíparo: salir del vientre materno. 2. intr. Dicho de un animal ovíparo: salir del huevo'. Desconociendo de dónde preferirá salir Sortu, si de un vientre materno o, en su caso, de un huevo, lo que resulta claro es que, utilizando dicha denominación, nos están indicando a toda la sociedad que son la continuidad de Batasuna.

No valen las excusas de romper con el pasado o con organizaciones políticas ilegalizadas. ¿Qué hijo negaría a su madre en el momento de nacer, máxime cuando sus progenitores han estado expectantes en el paritorio, esperando que su retoño saque la cabeza o salga del huevo? En el nacimiento de Sortu estuvieron presentes un centenar de personas. Entre ellas, como han destacado los informes remitidos al Ministerio del Interior, había treinta y cuatro candidatos en diferentes procesos electorales de las ilegalizadas Herri Batasuna, EH y Batasuna (o sus sustitutos ANV, PCTV y Askatasuna). Otras veinticuatro habían formado parte en alguna ocasión de la mesa nacional de HB; dieciséis llegaron a ser cargos electos por estos partidos; y diez han estado relacionadas con organizaciones ilegales como Segi o Askatasuna. Además, cuatro fueron interventores de las mismas y otros tantos formaron parte de sus órganos de dirección.

Con semejante concurrencia se están evidenciando pocas o nulas intenciones de romper con el pasado y más parece que nos encontremos ante un baile de disfraces que ante un auténtico nacimiento, en el que los dirigentes de Batasuna cambian la capucha por un querubín angelical que nos dice que sus genes no son los que son y que rechaza el uso de la violencia incluso de ETA.

El cambio en la genética, aun cuando estemos en el ámbito del pensamiento y al menos de la noche a la mañana, no es posible y tampoco creíble. Si Sortu quiere ser declarada como formación política legal, deberá hacer algo más que transcribir de forma literal los artículos de una ley perteneciente a un ordenamiento jurídico en cuya validez no cree, y cuyo incumplimiento no le va a causar ninguna disyuntiva moral.

Es obvio, porque así lo expresan sus actos, que los ideólogos de Batasuna son también los de Sortu, lo cual implica una continuidad que hace inviable, salvo criterio jurisdiccional, la tan reiterada legalización. Legalización que por otra parte lo único que persigue es la presentación a unas elecciones, al tiempo que el acceso a unas subvenciones que les permitan pervivir.

La cuestión por tanto es sencilla y quien quiera verla más compleja, como decía al principio, sus razones tendrá.

POLÍTICA
El reto de desengancharse de ETA
JOSÉ MARI REVIRIEGO | BILBAO. El Correo 6 Marzo 2011

Los especialistas destacan que la caída de ese respaldo, ya notable, se acentuará tras el desmarque de Batasuna del terrorismo
Expertos en movimientos sociales analizan las claves del apoyo que la violencia suscita en un sector de la juventud

LOS PROTAGONISTAS
VÍCTOR URRUTIA SOCIÓLOGO
«La cultura de la violencia ha calado en todas las capas sociales»
JOSEBA ZULAIKA ANTROPÓLOGO
«El salto cualitativo viene del desenganche de Batasuna de ETA»
JAVIER ELZO SOCIÓLOGO
«El número de jóvenes próximos al terrorismo ha descendido»
ROBERTO LERTXUNDI EXMILITANTE DE ETA
«Creamos un monstruo y no hemos sabido controlarlo»

«Voló, voló, Carrero voló, y a un tejado cayó». Y para simular la explosión, se tiraban los jerseys al aire. «¡Eup!». Quién no ha coreado en Euskadi esta canción sobre el atentado que en 1973 costó la vida al almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno español en los estertores de la dictadura. Voló con su coche por la deflagración de cien kilos de 'goma-2', enterrados bajo la calle por un comando de ETA. El franquismo quedó tocado de muerte con este asesinato, que rompió la cadena sucesoria planeada por Franco para intentar perpetuar el régimen.

La escena se cantaba en las verbenas de muchos pueblos sin reparar en muchos casos en que se trataba de un crimen en el que murieron otras dos personas. Sin tener que simpatizar necesariamente con la organización armada ni haber votado nunca a HB. Sin ni siquiera ser nacionalista ni de izquierdas. Sin etiquetas. Tampoco hacía falta ser mayor de edad. Y, casi, saber quién era Carrero.

Juventud y ETA, más de cuarenta años después. Dos generaciones de vascos han crecido bajo la presión del terrorismo, inmersos en una subcultura de la violencia que parece camuflada en el paisaje. Escenas como la celebración del asesinato de Carrero anidan en un subconsciente colectivo por el que siguen aflorando datos reveladores de «la huella» dejada por la violencia en Euskadi, según se desprende de la última encuesta del Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno vasco. El estudio constata que las acciones cometidas con el sello del hacha y la serpiente aún son válidas para una porcentaje significativo de la población de 15 a 29 años, señaló «preocupado» el sociólogo Víctor Urrutia, mentor del estudio. Entre un 5% y un 9% de los jóvenes entrevistados, vascos que han nacido en democracia, encuentra alguna justificación para la actividad de la banda terrorista. Extrapolado ese porcentaje a la población general de esa edad, el resultado es que alrededor de 30.000 jóvenes siguen apoyando hoy de algún modo a ETA.

Una «minoría recalcitrante», como la califica Urrutia, que requiere de un análisis más en profundidad para calibrar el alcance del drama y el reto de desengancharse de la violencia. El cotejo de los últimos informes sociológicos sobre la percepción que tiene la juventud vasca de ETA, unido a la propia evolución de la sociedad, permite concluir que el apoyo al terrorismo ha caído de forma notable en el País Vasco. Este es el diagnóstico que comparten expertos en movimientos sociales consultados por este periódico.

«No es tan alarmante»
Si la pregunta sobre las simpatías hacia la banda se hubiera hecho en aquellos años de la dictadura, el porcentaje de respaldos resultaría muy superior al actual. No sería de extrañar que llegara a «la mitad de la población», apunta el antropólogo Joseba Zulaika. Exdirector del Centro de Estudios Vascos de la universidad estadounidense de Nevada, del que ahora es profesor, Zulaika realiza un balance en positivo. A su juicio, «no es tan alarmante» que un 5% de los jóvenes encuestados manifieste un apoyo a ETA, en una sociedad en la que las siglas electorales de Batasuna venían obteniendo el 15% de los sufragios en los comicios vascos hasta su ilegalización.

«Se ve una clara deslegitimación», recalca. Y pone como ejemplo de este «salto cualitativo» la decisión de la izquierda abertzale de «desengancharse de la violencia». Como ese desmarque se acaba de producir, «el porcentaje de apoyos a ETA en la juventud bajará con el tiempo», apunta. Destaca que ni siquiera se había presentado Sortu, la nueva marca de Batasuna, cuando se hizo el trabajo de campo de la encuesta -fue elaborada tras la tregua, entre octubre y noviembre de 2010-. «Nunca hemos estado mejor», declara «esperanzado» Zulaika, que destaca a 'Yoyes' como la «figura profética de ETA».

El estudio del Ararteko presentado en 2009 es el antecedente del elaborado por Urrutia. En él, el Defensor del Pueblo en Euskadi constata la existencia de un 15% de adolescentes, de 12 a 16 años, que no rechaza o justifica la violencia. «El número de jóvenes próximos a ETA ha descendido claramente», subraya el catedrático especializado en sociología Javier Elzo al comparar ambas encuestas.

La caída es sustancial, pero la sensación de «frustración» se mantiene en aquellos que de alguna manera contribuyeron a crear «el monstruo». Roberto Lertxundi, hoy senador del PSE-EE, ha vivido esa evolución en diferentes lados de la barrera. Ingresó en ETA a finales de los años sesenta, cuando la banda «sólo había cometido dos asesinatos». «El componente terrorista era entonces colateral. Nos dedicábamos a acciones de aprovisionamiento, a robar multicopistas para hacer documentos. Recuerdo que nunca estudié tanto», explica.

Lertxundi abandonó la banda en los setenta y engrosó las filas del PCE, del que fue su dirigente en el País Vasco. Más tarde lideró el proceso de convergencia con Euskadiko Ezkerra, que se fundió con los socialistas en 1993. Tras las elecciones de 2009, aceptó ser propuesto por el PSE senador de designación autonómica, en sustitución precisamente de Víctor Urrutia.

Esta es la reflexión que hace hoy Lertxundi. Su hijo nació con las primeras elecciones democráticas, en 1977. Al cumplir la mayoría de edad, tras crecer en los 'años de plomo' de los ochenta y conocer la «presión de Batasuna» de los noventa, le dijo: «'aita, sois la leche. Nos habéis dejado este problema sin resolver'. Y me dije: es verdad. No hemos arreglado un problema que generamos y que se ha convertido casi en un problema estructural».

Hoy su hijo tiene 33 años y ETA, pese a la tregua, la cuarta de entidad que declara en su historia, no ha enterrado definitivamente el hacha de guerra. «Tengo una pequeña sensación de fracaso. ETA fue alternativa a Franco, a una dictadura muy sangrienta, pero fracasó. Lo fue a la democracia, y también fracasó. Y eso deja huella. Son muchos asesinatos, mucha gente en la cárcel. Las víctimas necesitan memoria y reparación. Creamos un monstruo y no hemos sabido controlarlo.

Necesitamos todavía que pase una generación», confiesa Lertxundi. En el noveno congreso del PCE, en 1978, recuerda que los asistentes cantaron en los cines Quevedo de Madrid aquello de «voló, voló, Carrero voló», guiados por Ana Belén y Víctor Manuel. Y lanzaron las chaquetas hacia arriba.

 



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