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Recortes de Prensa   Lunes 7 Marzo 2011

 

Política de pegatina
IGNACIO CAMACHO ABC  7 Marzo 2011
Inconsistente, provisional y reversible: la pegatina es el logotipo de la política tornadiza del zapaterismo

EN su vorágine arbitrista de improvisaciones y ocurrencias, el Gobierno ha acertado involuntariamente a diseñar el mejor logotipo posible del zapaterismo. La pegatina es desde hoy el símbolo de esta política de criterios reversibles, ideas inconsistentes y medidas transitorias con las que el presidente y su equipo se atornillan a un poder cuyos resortes hace tiempo que dejaron de controlar. Principios inconsistentes, decisiones retráctiles y normas convertibles a tenor de las circunstancias o vaivenes de opinión pública: todo el carácter tornadizo, liviano e inestable del estilo de gobernar de Zapatero está condensado en el ejercicio de quita y pon que mediante un simple adhesivo cambia la velocidad máxima en las carreteras como un epítome de la provisionalidad de sus métodos y valores.

Con un simple cambio de etiquetas, Zapatero ha ido adaptando su política a las necesidades derivadas de sus reiterados fracasos. Su concepto del poder está basado en una circunstancialidad relativista refractaria a cualquier fundamento permanente. Acostumbrado a la reinvención continua de sí mismo, cambia de avatar con una naturalidad desacomplejada y es capaz de asumir sin remordimientos la identidad de un reformista liberal tras seis años de contumaz autoproclamación como paladín del proteccionismo. Ayer era el campeón antinuclear y mañana revisa la vigencia de las centrales; antier entregaba dadivosos cheques sociales y hoy rebaña el subsidio del desempleo terminal; un día dispara el déficit al 12 por ciento y otro amanece como adalid del equilibrio presupuestario; un año niega la existencia misma de la crisis y al siguiente pronostica un estancamiento quinquenal; lo mismo se abraza en Túnez a Ben Alí (septiembre de 2004, ¿recuerdan?) que se presenta a dar a sus sucesores lecciones de tránsito democrático. Incluso sus señas de identidad más preclaras están sometidas al revisionismo express: la democracia deliberativa acabó en el diktat autoritario de los decretos-ley, los Ministerios de Igualdad o de Vivienda desaparecieron con la fulgurante determinación con que fueron creados y la guardia pretoriana del feminismo juvenil se transformó de repente en la masculina madurez del rubalcabismo. Como en una versión paroxística del devenir presocrático, en el zapaterismo todo fluye y nada permanece, sometida cualquier convicción al contraste de un pragmatismo exacerbado. Gobernanza posmoderna, oportunismo de cartelería, socialdemocracia versión 3.0.

Todo esa impronta de superficialidad y utilitarismo está condensada en el carácter efímero, cambiante y aparencial de las flamantes pegatinas viales: máxima flexibilidad, mínima sustancia y reversibilidad garantizada. Son desechables, biodegradables y fáciles de reciclar. Como las bombillas de bajo consumo. Como la política de bajo coste. Como la ideología de baja intensidad.

Rubalcaba, nuestro Goebbels
Editorial www.gaceta.es 7 Marzo 2011

Miente Rubalcaba cuando pretende ignorar que una juez ha ordenado a su ministerio que entregue información necesaria para investigar la conducta del jefe de los Tedax en el 11-M, que, vaya usted a saber por qué razones, constituye todavía un secreto de Estado.

Son ya varias las sentencias judiciales que prueban el hábito de mentir casi irreprimible del vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, que ha alcanzado un alto grado de maestría en oficio tan comprometido. Como es persona de estudios, y se le reconoce, no como a otros u otras, una inteligencia suficiente, sabrá, sin duda, que está poniendo en práctica la doctrina de alguien que, hasta la fecha, no figuraba entre los mentores del socialismo, aunque con este Gobierno todo es posible, incluso lo más absurdo. Rubalcaba está siguiendo al pie de la letra las estrategias del ministro de propaganda del Reich, Paul Joseph Goebbels: una mentira repetida mil veces se convierte en realidad, y cuanto más grande sea una mentira, más gente la tomará por la pura verdad; un auténtico filón teórico para un virtuoso de la propaganda como lo es, sin duda, este químico acostumbrado a travestirse en lo que convenga. Todos los españoles recuerdan con nitidez su teatral afirmación de que no nos merecemos un Gobierno que nos mienta; pues eso, Goebbels en vena.

Miente Rubalcaba cuando pretende ignorar que una juez ha ordenado a su ministerio que entregue información necesaria para investigar la conducta del jefe de los Tedax en el 11-M, que, vaya usted a saber por qué razones, constituye todavía un secreto de Estado. Seguramente miente también Rubalcaba cuando ha alegado, según fuentes del PSOE, una indisposición como excusa para no participar en un acto en Elche, en el que se contaba con la participación de su eficaz verbo y figura.

Mentir es una manera un poco infantil de conseguir que las cosas sean como a uno le parece. Un ministro tiene muchas maneras de conseguir eso, además de mentir. Es preocupante que el Ministerio del Interior se haya convertido en un agujero negro del que no sale la información que debiera, y en el que se toma a chacota las resoluciones judiciales, para que se vea quién manda. Rubalcaba ha ejercido, en contra de lo que establece con claridad una sentencia del Supremo, su real gana promoviendo arbitrariamente el nombramiento a dedo de más de 100 cargos de su ministerio. La desobediencia al Supremo empieza a ser una costumbre escasamente ejemplar de este ministerio bajo la batuta de Rubalcaba.

Tampoco el Congreso de los Diputados parece importarle al señor vicepresidente para otra cosa que para subirse a la tribuna y soltar charadas y embustes. Un mandato del Congreso de mayo de 2009 establecía que se publiquen las estadísticas de delitos y faltas por provincias, pero a Rubalcaba no le apetece, y no lo ha hecho. A base de su capacidad para mentir, y para hacer como que no existen normas que le comprometen, Rubalcaba va a conseguir que la unión de oficiales de la Guardia civil y la AUGC recojan firmas para promover una iniciativa legislativa que obligue al Gobierno a llevar a cabo la ley de personal que lleva paralizando desde hace cuatro años, haciendo caso omiso de los mandatos legales al respecto. Que oficiales, suboficiales y números de la benemérita tengan que dedicarse a recoger firmas por la desidia de este Gobierno es otra imagen bien gráfica del estado de las cosas en la España de Zapatero y Rubalcaba. Claro que a Rubalcaba siempre le quedará el recurso de acudir a sus mentiras, de negar, si fuese necesario que el asunto provoque descontento en la Guardia Civil, o incluso que la Guardia Civil exista. Decididamente, los españoles no nos merecemos a un tipo tan mentiroso como Rubalcaba, ese Goebbels.

La temida independencia de las víctimas
EDITORIAL Libertad Digital 7 Marzo 2011

Durante mucho tiempo los medios de izquierdas trataron de desacreditar la rebelión cívica de las víctimas del terrorismo contra el proceso de rendición del Gobierno ante la ETA acusándolas de estar al servicio del Partido Popular. Se trataba, qué duda cabe, de una completa difamación por cuanto el único objetivo de las víctimas era el de defender la memoria, la dignidad y la justicia que el PSOE venía mancillando con sus genuflexiones ante la banda terrorista.

Con el tiempo, el progresivo acercamiento del nuevo PP de Rajoy al Ejecutivo de Zapatero demostró que las víctimas siempre habían actuado por su cuenta, sin otra motivación política que abortar las cesiones ante la ETA, las realizara quien las realizara desde el Gobierno de España. Recientemente, las protestas contra el nuevo proceso de negociación, en las que la deliberada ausencia del PP como partido ha sido percibida por todos, sólo ha hecho más que reforzar esa imagen de independencia de las víctimas.

Sin embargo, sí es cierto que desde siempre ha existido una tentación entre los dos principales partidos nacionales por colocar a las víctimas al servicio de sus propias agendas. Al cabo, lo que no soportan de ninguna manera es que haya cuerpos de la sociedad civil que escapen a sus designios e intereses; nada teme más un político que la existencia de contrapesos que puedan limitar su poder y eventualmente derrocarlo. Por eso, PP y PSOE han tratado, a veces con éxito, o de someter a las víctimas o de suprimir su influencia social: el PSOE lo hizo a través de Peces Barba y de sus intentos de infiltración en sus diversas asociaciones, y el PP condenando a las víctimas a un boicot informativo al que obviamente jamás se sumó Libertad Digital.

A día de hoy todavía hay gestos que ponen muy de manifiesto esa pulsión política por controlar los mensajes y las manifestaciones de las víctimas. Así, ante la próxima marcha de la AVT contra la posibilidad de que ETA permanezca en las instituciones tras las elecciones de mayo, al líder de los populares vascos no se le ha ocurrido otra cosa que aleccionar a las víctimas sobre cuál es el motivo último de la misma: no exigir firmeza y respeto a la ley en un contexto donde se están produciendo inquietantes movimientos que sugieren un nuevo proceso de rendición, sino "apoyar al Gobierno". La ecuación es simple: si el PP acude a la manifestación de la AVT y el PP, por motivos poco claros, continúa apoyando la política antiterrorista del Gobierno, es que la manifestación de la AVT tiene como propósito apoyar al Gobierno.

Normal, pues, que a las pocas horas la AVT de Ángeles Pedraza haya mostrado su indignación por la interesada manipulación de Basagoiti y Francisco José Alcaraz, cuya asociación Voces contra el Terrorismo secunda la marcha, muestre su perplejidad ante las palabras del líder popular. Las víctimas tienen muy claro que no son ni tienen la intención de ser los instrumentos de ningún partido político. ¿Algún día aprenderán la lección todos los políticos?

AVT
Una manifestación sospechosa
Pío Moa Libertad Digital 7 Marzo 2011

La manifestación convocada por la AVT para el día 11 resulta sospechosa, por varias razones:

1. Viene después de la convocada por Alcaraz, a la que no se sumó la AVT, que yo recuerde.
2. Ha sido apoyada por el PP rajoyano, precisamente el que acabó con las grandes manifestaciones de la AVT en la primera etapa de Rodríguez, poniéndose a la cabeza... para disolver aquel movimiento cívico.

3. El PP de Rajoy ha estado detrás, asimismo, del cambio de política en la AVT, que convirtió a esta organización en una nadería política después de Alcaraz. También presionó para acallar las voces opositoras de Jiménez Losantos y de César Vidal.

4. Ese partido ha jugado desde el primer momento al confusionismo, diciendo que la manifestación actual no se dirige contra el Gobierno. ¿Contra quién, si no? Si el PP cree que el Gobierno aplica una política realmente antiterrorista y no de colaboración con la ETA, aunque sea con algunos errores, ¿por qué había de sumarse a una manifestación contra no se sabe qué? Basagoiti, uno de los politicastros más baratos del PP, ha aclarado que se trata de "apoyar al Gobierno". Eso es lo que ha hecho básicamente el PP hasta ahora con respecto a la colaboración de Rodríguez con los terroristas, "oponiéndose" mediante protestitas insignificantes a tan graves hechos.

5. La presidente de AVT, Ángeles Pedraza, ha señalado que la manifestación tiene por objeto "exigir al Gobierno, que es quien tiene en su mano que ETA no entre en las instituciones". Quien lo tiene en su mano debería ser la justicia, si no empezara a ser excesivo hablar de tal cosa en España. El Gobierno de Rodríguez ha sido precisamente el que ha vuelto a introducir a los asesinos en las instituciones, por medio de la ANV, con las correspondientes prebendas y dinero público, y con plena conciencia de lo que era, y eso no lo denuncia casi nadie.

6. Además olvida la AVT los costes tremendos que esa política ha supuesto para la democracia, el Estado de Derecho y la unidad de España.

7. Por todo ello cabe pensar que esta confusa convocatoria busque, de modo consciente en unos, inconsciente en otros, reconducir de nuevo a la nada un movimiento cívico que preocupa a todos los partidos, vista la capacidad de convocatoria demostrada por Alcaraz y el descontento difuso de la ciudadanía con respecto a los políticos.

AVT
La "metedura de pata" de Basagoiti
Guillermo Dupuy Libertad Digital 7 Marzo 2011

Siento gran admiración por todos aquellos que se enfrentan al nacionalismo, en general, y a ETA, muy en particular. Sin embargo, ni la lucidez ni la valentía con la que Antonio Basagoiti ha hecho esto a lo largo de su vida me ciega como para negar el hecho de que el presidente del PP vasco ha metido la pata. La metemos todos con mayor o menor frecuencia, y él la ha metido, a mi modo de ver, al considerar este domingo en El Mundo que la manifestación, convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo para el próximo 9 de abril "es para apoyar al Gobierno y que siga con la exigencia contra ETA, por eso es impecable".

La presidenta de la asociación convocante, Ángeles Pedraza (a la que desde aquí le expreso mi apoyo y agradecimiento por dicha convocatoria) ya ha criticado esa metedura de pata del político vasco al señalar que "la manifestación no es para apoyar al Gobierno, por supuesto, sino para exigirle que ETA no esté en las instituciones bajo ningún disfraz, ni con plan A, ni con plan B, ni con plan C. Es una manifestación de exigencia".

No incidiré en esa metedura de pata, que el propio Basagoiti ha medio sacado en posteriores declaraciones a Dieter Brandau, y que tanto él como la propia presidenta de la AVT (dicho sea con el mismo afectuoso respeto para ambos) también pudieron meter, a mi modo de ver, no respaldando la manifestación del pasado 5 de febrero convocada por Voces contra el Terrorismo.

En cualquier caso, sí quiero incidir en el comentario de Basagoiti respecto al discurso de Mayor Oreja, que también me ha parecido sumamente insatisfactorio. Dice Basagoiti que "Mayor Oreja hace un diagnóstico político y una reflexión, pero no hay ninguna prueba de eso. No creo que ahora estemos en la misma situación que hace cuatro años".

Para empezar, el primero que dice que no estamos en la misma situación que hace cuatro años, sino ante un proceso de negociación muchísimo más soterrado y donde, tal vez el entreguismo del Gobierno hacia ETA sea menor o, en cualquier caso, menos descarado, es el propio Mayor Oreja. Con todo, para una "reflexión" o incluso para un "diagnóstico político" como el de Mayor Oreja no se requiere de "pruebas" tan inequívocas y concluyentes como las que exige una condena penal. Bastan hechos indiciarios, como a mi modo de ver sobran en este caso como para pensar que el Gobierno de Rubalcaba sigue enredado en inconfesables negociaciones con ETA.

Tal es el hecho del bochornoso silencio de todos estos meses del Gobierno y de su dependiente Fiscalía ante el nada encubierto deseo de ETA y Batasuna –valga la redundancia– de servirse de las siglas de Eusko Alkartasuna para burlar la ley de partidos, o ante el enaltecimiento que dirigentes de ambos "partidos" han hecho de etarras al calificarlos de "presos políticos".

Otro hecho, que no hipótesis, es la reiterada y tozuda negativa del Gobierno a derogar esa infame resolución parlamentaria favorable al "final dialogado de la violencia", o su no menos vergonzosa negativa a disolver los ayuntamientos que, a día de hoy, siguen teniendo presencia proetarra. También es un hecho, y no una reflexión, que a día de hoy Josu Ternera sigue sin ser detenido y que, en su lugar, Zapatero le hacía llegar mensajitos a través de Eguiguren, como este mismo impunemente ha confesado. También es un hecho, y no una hipótesis, que el principal responsable político –y probablemente penal– del delito de colaboración con banda armada que supuso el chivatazo policial a ETA, Alfredo Pérez Rubalcaba, sigue sin presentar su dimisión. Otro tanto podríamos decir del hecho que constituyen los bochornosos privilegios y permisos que el Gobierno está concediendo a criminales irredentos por un falso arrepentimiento que les encamina a la impunidad.

No aburriré al señor Basagoiti con muchísimos otros hechos que él sabe mejor que yo que sustentan legítimamente diagnósticos y reflexiones como los que protagoniza Mayor Oreja respecto a ETA y el nihilista Gobierno de Zapatero. Y, desde luego, estoy seguro que Basagoiti no los considera una muestra de exigencia contra ETA por parte del Ejecutivo que deba continuar y, menos aun, ser respaldada en una manifestación convocada por las víctimas.

Demos, pues, por sacada la metedura de pata de Basagoiti, y no la utilicemos como excusa para meter una todavía mayor como sería la de utilizarla para no respaldar una manifestación como a la que, sin proclamas de pureza, sin maniqueísmos, sin reproches y sin afanes de protagonismo, debemos acudir y a la que nos convocan todas las asociaciones de víctimas contra el terrorismo. Que por nosotros no quede.

La tradicional amistad con los árabes
César Vidal La Razón 7 Marzo 2011

De mi infancia durante el franquismo guardo multitud de recuerdos. A decir verdad, me basta sentarme y cerrar los ojos y, al cabo de unos instantes, como conjuradas por un poderoso mago, llegan desde el pasado frases y consignas del tipo de «Su Excelencia el Jefe del Estado ha inaugurado…» o «Don Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo…» o «en estos momentos una sentida saeta…» o «gol de Gento…». Son docenas de retazos de una época que uno pensaría llamada a desaparecer salvo en los recuerdos tras el 20 de noviembre de 1975, fecha en la que un dictador al que, según cuentan algunos, combatieron encarnizadamente millones de españoles murió en la cama con una tranquilidad en las calles ciertamente sobrecogedora.

Sin embargo, no ha sido así. Es más, ZP ha conseguido desarrollar una política internacional que recuerda llamativamente la del primer franquismo, el más duro y azul, aquel en que crecieron aprovechándose de él algunos de sus ministros y periodistas más bien amados. Si bien se mira, a estas alturas, la política exterior de ZP se mantiene sobre la base, bien triste, casi patética, de las estrechas relaciones con algunos dictadores hispanoamericanos mucho menos presentables que el atildado Perón y –sonsonete incansable del franquismo– «la tradicional amistad con los pueblos árabes».

Alianza de Civilizaciones aparte, el acercamiento a los países islámicos resulta tan acentuado que, en el último lustro, el Gobierno de ZP autorizó ventas de armas y material susceptible de uso militar desde España a los principales países del norte de África y Oriente Próximo por un valor de nada menos que 558,6 millones de euros. El dato, que no tiene desperdicio, llega a resultar alarmante cuando se desgrana la cifra.

El mayor cliente de esta amistad armadora es Marruecos, una nación que mantiene una política de agresión contra España desde hace sesenta años. Le siguen Argelia, nación nada caracterizada por la suavidad de su Ejército o su Policía, e Irán, un auténtico peligro no sólo para Israel sino, en general, para todo Occidente.

A estos ejemplares regímenes se suman Bahréin, Arabia Saudí –nación constantemente denunciada por su negativa a reconocer los derechos de las mujeres y la libertad religiosa, por el uso frecuente de la tortura y por la financiación del terrorismo islámico– y, ¡oh, sorpresa, sorpresa!, la Libia del coronel Gadafi. Ya es grave que el Gobierno autorice la venta de armas a una dictadura, pero en este caso concreto, resulta todavía peor si cabe.

La represión de los civiles libios se está llevando a cabo con material español y la única nación que, expresamente, ansía quedarse con una parte de nuestro territorio nacional se arma gracias a nosotros. Supongo que todo esto se justificará apelando a «la tradicional amistad con los pueblos árabes», pero transparenta, a la vez, una inmoralidad y una necedad. Quizá en ella resida la explicación de esas prisas que le ha dado al gobierno de ZP y a sus terminales mediáticas por silenciar a Gadafi o el cariño conmovedor que sienten hacia el teócrata de Marruecos, pero, en cualquier caso, deberían recordar que esa «tradicional amistad» nos costó la guerra de Ifni, el apresamiento de nuestros pesqueros y la pérdida del Sáhara. Si de verdad quiere este Gobierno tener memoria histórica de la buena no debería pasarlo por alto.

Irán y el arresto a opositores.
Ruben Kaplan. Minuto Digital 7 Marzo 2011

Cuando el desenlace de lo que sucede en Libia y las revueltas en varios países de mayoría musulmana concitan la atención de la prensa internacional, en las ciudades de Teherán, Shiraz y en Tabriz, las fuerzas de seguridad de la República Islámica de Irán- que teme correr la misma suerte- reprimieron violentamente el 10 de Esfand en el calendario iraní, martes 1 de marzo en el gregoriano, con gases lacrimógenos y de acuerdo a testigos también con armas de fuego, a miles de manifestantes quienes coreaban “muerte al dictador” por Mahmoud Ahmadinejad y “Muerte a Jamenei”, refiriéndose al Líder Supremo de Irán, y pedían la liberación de los líderes opositores iraníes Mir Hossein Mousavi y Mehdi Karoubi.

Sin embargo el sitio del diario gubernamental de Irán desmintió la existencia de incidentes y afirmó que “todas las informaciones que vienen de distintos barrios de Teherán hablan de una situación tranquila y normal”. Los anteriormente nombrados- ambos ex candidatos a presidentes- que el gobierno había reconocido que estaban en arresto domiciliario desde mediados de febrero después de negarlo inicialmente, fueron según informa Pars Daily News, un sitio de noticias persa, transferidos en secreto y confinados de manera arbitraria en la cárcel de máxima seguridad en la zona militar de Parchin, el viernes 27 de febrero pasado. Desde hace más de diez días, los agentes de seguridad iraníes habían acordonado las residencias de Mousavi y Karoubi para impedir cualquier contacto de ellos con el exterior y ahora se puede colegir, como preparativo del traslado llevado a cabo.

El presidio de Parchin es tristemente célebre además del trato cruel que dispensa a los presos, porque rara vez salió de allí algún detenido. Un rumor, sustentado en la declaración que hicieron en octubre de 2003 tres ex diplomáticos iraníes funcionarios de inteligencia residentes en Europa, infiere que Ron Arad, el piloto israelí que desapareció el 16 de octubre de 1986 en una misión en el Líbano meridional y del que no ha habido noticias desde entonces, está vivo y prisionero allí al igual que Robert Levinson, un ex agente del FBI que desapareció en Irán en marzo de 2007 durante una visita a la isla de Kish. Las esposas de Mousavi, Zahra Rahnavard y la de Karoubi, Fatemeh Karroubi, también arrestadas, fueron trasladadas a la prisión de Heshmatieh en la capital iraní.

Un informe posterior difundido por otro sitio denominado “Irán Siasat”, (la política de Irán) ubica a la cárcel en las instalaciones industriales de Shahid Hemat, subordinada a la Organización de Industrias Aeroespaciales de Irán (AIO) responsable de los programas de misiles balísticos de combustible líquido como el de mediano alcance Shahab- 3 basados en el misil de Corea del Norte “Dong”, desarrollo que fue sancionado por Estados Unidos en septiembre de 2007 por participar en actividades de proliferación.

En un parte dado a conocer por la Casa Blanca el 27 de febrero, Estados Unidos condenó la “campaña de intimidación organizada” del Gobierno iraní y las detenciones de figuras políticas de la oposición, defensores de los derechos humanos, activistas, líderes estudiantiles, periodistas y blogueros. El comunicado agregaba: “Estados Unidos y el mundo seguirán siendo testigos de las violaciones flagrantes que el Gobierno iraní hace de los derechos universales de sus ciudadanos y su continuada hipocresía”

El portavoz del Consejo Nacional de Seguridad estadounidense Tommy Vie, condenó las detenciones, sin curiosamente nombrar a Mousavi ni a Karoubi. “El Gobierno iraní continúa además negando a sus ciudadanos el acceso a la información al obstruir las transmisiones por satélite y bloquear sitios de Internet”. Expresando su disidencia con las autoridades de su país, el ex presidente iraní Muhammad Jatami pidió el sábado 26 de febrero la puesta en libertad de los dos opositores y recordó que ambos han sido figuras destacadas de la Revolución Islámica. La reacción oficial no se hizo esperar. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní dijo el martes que las autoridades judiciales se encargarán de la cuestión y no puede ser éste “un pretexto para que América y algunos países occidentales interfieran en los asuntos internos iraníes”.
Exhortando a que dejen libres a Mousavi y Karoubi, Francia llamó a su liberación y Alemania pidió que se les permita comunicarse con su familia y tomar un abogado.

El presidente del Parlamento europeo, Jerzy Buzek, denunció por su parte un “atentado a la integridad personal de los más altos representantes de la oposición democrática en Irán”. También se pronunció el Primer Ministro de Israel Binyamín Netanyahu, preocupado por la travesía de dos buques de guerra iraníes en el Mar Rojo y su paso posterior en el Mediterráneo a través del Canal de Suez, que atracaron en Siria el jueves pasado: “Libia viola sistemáticamente los derechos humanos y por lo tanto no merece ninguna inmunidad. Irán también sistemáticamente viola los derechos humanos y no merece inmunidad. Si la comunidad internacional aplica presión especial a Libia y advierte a sus soldados y líderes sobre violaciones de los derechos humanos, la misma advertencia debe ser dirigida a los líderes de Irán. Si la comunidad internacional está estudiando medidas muy enérgicas contra Libia, estas mismas medidas se deberán tomar contra Irán también.” “Mientras que Gaddafi sigue matando a quienes se le oponen, el régimen del ayatolá en Irán sistemáticamente ejecuta a sus oponentes. Por lo tanto, la respuesta de Occidente debe ser igualmente firme en ambos lugares. Creo que una respuesta de este tipo sería enviar un mensaje muy claro de aliento y esperanza para el pueblo iraní en su lucha por la libertad”.

La cuasi oficial Agencia de noticias Fars, cercana a la poderosa Guardia Revolucionaria, al igual que cuando desmintió que se hubieran producido incidentes, negó que hayan sido encarcelados Mousavi y Karoubi. Fars citó a un funcionario judicial sin nombre como diciendo que los dos líderes de la oposición estaban todavía bajo arresto domiciliario y no han sido autorizados a abandonar sus hogares o ponerse en contacto con el mundo exterior.

Con igual descaro y con dudosa verosimilitud, el fiscal general de Irán, Gholam Hossein Mohseni Ejeie, desmintió las versiones sobre el arresto de los dos principales líderes de la oposición.

Occidente alberga fundados temores por el intento denodado de Irán para desarrollar armas nucleares. El régimen teocrático, que miente permanentemente, niega la acusación, diciendo que su programa nuclear es para producir electricidad. El día lunes, Janne Kristiansen, Director General del Servicio de Seguridad de Policía de Noruega, dijo a Reuters que Irán ha estado intentando sin éxito obtener tecnología de misiles noruego para su posible uso en la entrega de las armas nucleares y que se ha dirigido a pequeñas empresas noruegas que venden “componentes especiales que pueden ser usados en las armas de destrucción masiva y para la construcción de misiles”.

Ya sea como elemento de distracción o fruto de la vesania de sus gobernantes, Irán protestó ante el Comité Olímpico Internacional (COI) por el logotipo oficial de los Juegos Olímpicos de Londres-2012, estimando que es “racista” ya que se puede leer la palabra “Sion”

Intervenir o no intervenir: esa es la cuestión
JAVIER RUPÉREZ  ABC 7 Marzo 2011

«Pero si el Consejo de Seguridad —es decir, algunos de sus miembros permanentes— no quiere considerar el tema, o si haciéndolo no desea conceder su plácet, ¿dejaremos que los esbirros del exótico coronel se ensañen impunemente con los que piden su destitución?»

CURIOSO mundo este, en el que muchos de los que en 2003 calificaron a Bush de genocida por haber intervenido en Irak para expulsar del poder al sangriento tirano Saddam Hussein hoy levantan fervorosamente la voz para reclamar se haga contra el tirano sangriento Muammar el-Gadafi lo que entonces tan vehementemente se condenó. ¿Acaso merece el libio el castigo moral y militar que tan ardorosamente se puso en duda en contra del iraquí? ¿Tuvo este mejores credenciales éticas que aquel? ¿Cuál es el baremo de la indignidad para evaluar si la intervención militar para derrocar al tirano está o no justificada? ¿Sería Obama menos genocida si interviniera contra Gadafi que lo que supuestamente fue Bush al hacerlo en contra de Saddam?

La idea de la «intervención por razones humanitarias», nunca hasta ahora debidamente perfilada en la práctica política o en la teoría jurídica, comenzó a tomar cuerpo después de que la comunidad internacional —delicado eufemismo que normalmente abarca en exclusiva a los países democráticos y prósperos— contemplara con horror retrospectivo, después de haberlo hecho en silencio cómplice y obsceno, la matanza de un millón de personas de la etnia tutsi a manos de los rebeldes hutus en la Ruanda de 1994. Para los que alberguen dudas al respecto o hayan olvidado la historia y no tengan alterado el ritmo cardiaco, es recomendable la lectura del libro que el general canadiense Romeo Dallaire, jefe entonces de las tropas de la ONU en la zona, dedicó a la narración de la barbarie. Cuya memoria estuvo presente en las decisiones tomadas por los Estados Unidos y sus aliados en la OTAN para finalmente decidirse a intervenir, sin autorización del Consejo de Seguridad, en Bosnia y en Kosovo, a finales de los años noventa del pasado siglo, con el objeto de evitar la aplicación sistemática de criterios de limpieza étnica a todos sus adversarios por parte de Milosevic, el hombre fuerte de la Serbia posyugoslava. ¿Vamos a contemplar impasibles cómo el enloquecido y bufonesco coronel de la antigua Cirenaica extermina a sus súbditos y perpetúa su reinado de sangre y sinrazón?

Claro, nunca son fáciles las intervenciones militares. Lo saben mejor que nadie los americanos, cuyo secretario de Defensa, Robert Gates, ha recordado que la imposición de una zona de exclusión aérea significa un previo bombardeo de las baterías antiaéreas y consiguientemente la guerra. Franceses, alemanes, árabes diversos, rusos y chinos, es decir, los sospechosos habituales, se han apresurado a vocear la convencional cautela de los melindrosos. O de los interesados. No quieren intervención. O, mejor dicho, no quieren intervención americana. Sabiendo que no es posible ninguna otra —aunque a los franceses no les temblara el dedo en el gatillo cuando en Chad en 1987 actuaran precisamente en contra de las incursiones libias para preservar la seguridad de sus aliados y la integridad de sus sagrados intereses nacionales—. Es decir, hay intervenciones e intervenciones, según sus protagonistas. Pero ¿qué pasa si los súbditos del tirano de la jaima empiezan a morir a centenares bajo la atenta mirada de las cámaras de la CNN? ¿Seguirán los biempensantes televidentes occidentales mirando para otro lado? ¿Y qué pasará en el momento de la verdad, cuando, Dios no lo quiera, se imponga la realidad de la barbarie y el Consejo de Seguridad sea incapaz de tomar la decisión de autorizar la intervención militar y la sangre convierta el desierto en un charco viscoso y rojizo? ¿De verdad alguien piensa que con respingos y mohínes se podrá convencer a los Estados Unidos para que observen impávidos desde sus buques de guerra desplegados en las aguas vecinas a Trípoli cómo civiles inocentes son exterminados por la vesania del sátrapa?

Gadafi nos ha roto el guión. Lo de Túnez y Egipto había transcurrido tan bien, con los autócratas optando prudentemente por la retirada tras unos breves y en gran medida incruentos escarceos, que pensábamos que era orégano todo el monte de la transición árabe a la democracia. Pero el asesino de Lockerbie está hecho de otros mimbres, y evidentemente, como su colega el mesopotámico Saddam Hussein, quiere morir matando. La lógica y la responsabilidad del momento demandan lo primero y exigen poner coto a la segundo. Caben muchos circunloquios, análisis, esperas, observaciones, verificaciones y certezas, y toda prudencia será poca a la hora de tomar la gran decisión, si de intervenir militarmente se trata. Y no es cuestión de condicionar el desenlace: ojalá la razón inunde su turbada mente y decida poner pies en polvorosa y buscar acomodo en Venezuela, o en Cuba, o en Nicaragua, donde encuentra seguro los abrazos fraternales de sus conmilitones Chaves, Castro y Ortega. ¡Menudo póquer de ases harían los cuatro juntos! Pero allá, al final del proceso, agotadas todas las posibilidades, descartadas por imposibles otras opciones, cuando se llegue a imponer la realidad de la inminente catástrofe, la cuestión seguirá siendo si se interviene o se deja de hacerlo. Momento de la verdad en el que tienen poco espacio los tiquismiquis jurídicos, dicho sea con el máximo respeto a los que de ellos viven y por ellos juran.

Ha estado sobradamente en su sitio el presidente Obama al indicar a Gadafi que su tiempo ha terminado, mientras recordaba que para su país, los Estados Unidos, todas las opciones para el tratamiento de la crisis estaban sobre la mesa. Incluyendo la intervención militar. Al hacerlo seguramente habrá recordado que su antecesor en la Casa Blanca se vio parejamente en similar tesitura: un tirano harto de fechorías al que hubo que extender también un perentorio ultimátum bajo la amenaza, luego cumplida, de la acción bélica. Y este, Obama, como aquel, Bush, procurará que si la dura decisión se adopta sea bajo la clámide protectora del Consejo de Seguridad, y si posible incluso con el asentimiento de todos sus quince miembros. Pero si el Consejo de Seguridad —es decir, algunos de sus miembros permanentes— no quiere considerar el tema, o si haciéndolo no desea conceder su plácet, ¿dejaremos que los esbirros del exótico coronel se ensañen impunemente con los que piden su destitución?

Sí, claro, ya lo sabemos, son cuestiones complicadas estas de la paz y la guerra, y nunca es aconsejable la precipitación, y todas esas cosas, pero si los verdugos matan y los inocentes mueren y hay medios para impedirlo nunca faltará la razón para intervenir y, en la medida de lo posible, salvar la vida de los que están a punto de perecer. Está en juego su integridad. Y su dignidad. Y la nuestra. La jaima de Gadafi ya no tiene sitio en que desplegar su inicuo folclore.

JAVIER RUPÉREZ ES EMBAJADOR DE ESPAÑA

Liga Árabe
Nuestros aliados en Libia
GEES Libertad Digital 7 Marzo 2011

Dos organizaciones, situadas a medio camino entre lo sospechoso y lo siniestro, tratan de hacerse valer en medio del estropicio libio: la Liga Árabe y la Unión Africana. Pocos compañeros de viaje son tan peligrosos como las dos organizaciones que merodean alrededor de las revueltas más preocupados e inquietos porque triunfen que comprometidos con las reformas.

En la Liga Árabe, de 22 Estados, encuentran asiento todos los regímenes que a día de hoy reprimen violentamente a sus ciudadanos con ocasión de las revueltas, incluidos Yemen, Bahrein, Qatar, Arabia Saudí o Marruecos. La reacción de la Liga Árabe ante las revueltas en los países ha sido... amenazar a Israel para que no aproveche las manifestaciones en sus países y la represión por ellos ejercida contra los ciudadanos, para construir viviendas en las zonas en disputa de Jerusalén. Y es que la Liga Árabe se caracteriza por su habitual agresividad hacia la democracia israelí –en el año 1976 aceptó a la OLP, organización terrorista y en el año 1979 castigó a Egipto por haber alcanzado la paz con Israel–, y por su nulo interés en propiciar reformas democráticas; aquellos países que, como Irak, han pasado de dictadura a democracia son examinados con lupa por sus socios. Por supuesto, considera al Sáhara ocupado por Marruecos parte integrante de éste.

En cuanto a la Unión Africana, ya les comentamos hace unas semanas que se trata en verdad de El club de los dictadores. En 2009, el propio Gadafi presidió la organización, que reúne a todas las gerontocracias africanas, negándose a acatar cualquier orden de detención contra Al Bashir, el sudanés acusado de crímenes de guerra. Ahora es ni más ni menos Obiang dirige una UA que tiene en Mugabe uno de sus más "distinguidos" miembros, entre los que no faltan miembros, a su vez, de la Liga Árabe. A diferencia de esta, la UA sí reconoce a la RASD, lo que implica la no pertenencia de Marruecos.

No deja de ser sorprendente que en los procesos de democratización de los países del norte de África, el Gobierno español se haya buscado los aliados precisamente en aquellos países que ni son democracias ni están por la labor de impulsarlas. ¿Con quién van a consensuar Jiménez y Zapatero la actuación en Libia? ¿Con Obiang? ¿Con los príncipes saudíes?

Evidentemente, no se nos ocurren organizaciones menos recomendables para afrontar los cambios en el mundo musulmán que la Liga Árabe y la Unión Africana. Bueno, sí: el bloque bolivariano, principal valedor de Gadafi en el exterior. Como todo dictador, el venezolano Chávez teme que el éxito de la revuelta por tercera vez en un país tan distinto, transmita el mensaje de que las revueltas pueden triunfar en cualquier país... y continente. De ahí que el petrotirano caraqueño haya salido a tratar de frenar el incendio cuanto antes, proponiendo una mediación que es en verdad un salvavidas internacional para Gadafi, que en las últimas horas ha mostrado su determinación para permanecer en el poder.

Y ahí está Trinidad Jiménez, uniendo la acción española a la de los únicos países y organismos que tienen como objetivo que las revueltas fracasen. ¿Cabe mayor falta de criterio? Sí, lo cabe: el de su compañera de Gabinete Carmen Chacón, que pide intervenir en Libia al tiempo que lleva a cabo el mayor proceso de desarme de nuestras Fuerzas Armadas desde –ay, Azaña– la triste Segunda República.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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Independencia
Mas president, Catalunya independent
José García Domínguez Libertad DigitalJAVIER RUPÉREZ

Feliz esquizofrenia la de Artur Mas y su igual Duran Lleida. Así, hechos unos hombrecitos altivos, gallardos y altaneros, todos sus concejales en el Ayuntamiento de Barcelona, con los píos democristianos de Unió a la cabeza, vienen de anunciar su adhesión inquebrantable al enésimo simulacro de autodeterminación pedánea. Jocosa comedia bufa que se representará en la capital de la provincia un día de estos. Al tiempo, y sin el menor asomo de pudor, los máximos dirigentes de CiU andan inmersos en frenéticas gestiones a fin de impedir que el Parlamento doméstico proclame la independencia de Cataluña. Tragicómica eventualidad que, gracias a una moción del errático Laporta, habrá de ser sometida a consideración del pleno de la Cámara coincidiendo con la referida performance secesionista en calles y plazas.

Átenme esa mosca por el rabo. Se ve que al devoto Duran Lleida le ocurre lo mismo que confesara Agustín de Hipona en memorable sentencia: "Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo". Una patología, la del síndrome soberanista bipolar, muy común a este lado del Ebro por lo demás. Y es que, como alguna otra vez se ha referido aquí mismo, lo que en verdad pretende el catalanismo canónico no es la independencia sino el independentismo, esa pose retórica tan útil para que la secesión efectiva no se llegue a verificar nunca. Mucho mejor que nadie lo saben ellos: una Cataluña escindida supondría su ruina.

Que por algo cierta fatalidad estadística nada baladí, a saber, 56 céntimos de cada euro que entra en la demarcación fruto de las exportaciones proceden del malhadado Estat espanyol. Como en simétrica desventura acontece con el 44 por ciento de las importaciones. Constatada tal evidencia, y desde el estricto territorio de la lógica, no habría reparo que objetar a esos ensayos suicidas. Siempre y cuando, claro, la pregunta de la papeleta se compadeciese con la siguiente obviedad fáctica: "¿Está usted dispuesto a que Cataluña resulte expulsada en el acto de la Unión Europea, excluida del recurso al euro y martirizado su comercio exterior con un sinfín de aranceles y contingentes lacerantes, amén de ver repatriadas a las innúmeras empresas de la Metrópolis sitas en su territorio, todo ello por mor de san Pombeu Fabra?". Responda, indómito edil.

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

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