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Recortes de Prensa   Domingo 13 Marzo 2011

 

Peor que hace treinta años... y un día
EDITORIAL Libertad Digital 13 Marzo 2011

Para cualquiera que examine aunque sea someramente la realidad actual de Cataluña, resulta más que evidente que las denuncias contenidas en el Manifiesto de los 2.300 y sus lúgubres vaticinios no sólo tienen vigencia treinta años después, sino que, como afirma uno de sus firmantes más destacados, los redactores del documento se quedaron bastante cortos.

La valentía cívica de los firmantes del original, algunos de ellos a un alto precio, hizo posible que la sociedad española entera conociera los avatares de la comunidad lingüística castellanohablante en Cataluña, cuyos miembros eran despreciados por una incipiente casta nacionalista que, treinta años después, no se ha civilizado en lo que atañe al respeto del derecho individual del uso de la lengua materna en materia educativa, sino que ha culminado el proyecto del pujolismo consistente en erradicar la lengua española de la esfera pública a toda costa.

Pero la situación actual es mucho peor que cuando el Manifiesto de los 2.300 vio la luz, porque ese mismo problema que denunciaban sus firmantes, circunscrito a Cataluña, ha adquirido carta de naturaleza también en otras comunidades autónomas en las que el proyecto de erradicación de la lengua común de todos los españoles avanza a pasos acelerados. Y es que no sólo son las comunidades autónomas que han sido gobernadas largamente por partidos nacionalistas las que han perpetrado esta coacción intolerable hacia los derechos individuales de la mayoría de su población, sino también otras como Galicia o Baleares, en las que los nacionalistas sólo han formado parte de coaliciones durante cortos periodos. En la Comunidad Valenciana es aún más sangrante ya que allí donde no han gobernado jamás los nacionalistas y, a pesar de ello, para vergüenza de sus dirigentes, también resulta un trámite heroico intentar que los niños castellanohablantes se eduquen en su lengua materna, o que las relaciones con la administración puedan mantenerse en castellano tal y como exige la Constitución.

Pero este viejo proyecto nacionalista de construir un Estado independiente suprimiendo previamente cualquier vínculo emocional con la patria española, con la lengua común en primer lugar, no hubiera triunfado sin la cooperación necesaria de unas instituciones políticas nacionales que llevan más de treinta años evadiéndose de su obligación de garantizar los derechos individuales de todos los españoles, sin distinción del territorio en el que vivan.

La complicidad de las instituciones culturales y los medios de comunicación de masas ha sido también de tales dimensiones que, incluso hoy, treinta años y un día después del histórico documento, aquellos que han querido dedicar un sencillo homenaje a la efeméride han tenido serios problemas para encontrar un espacio público que albergara el acto.

El 12 de marzo de 1981, 2.300 españoles cumplieron con su deber exigiendo respeto para los derechos individuales de sus conciudadanos. Sirva su ejemplo para que la libertad no quede nunca huérfana de defensores, por más que arrecien los vientos totalitarios. En eso estamos.

Siete años de ruina absoluta
Editorial www.gaceta.es 13 Marzo 2011

Cuando hace siete años Zapatero llegó por accidente al poder, el país había alcanzado el superávit presupuestario por primera vez en su historia, el pleno empleo se encontraba a la vuelta de la esquina y el resto de naciones europeas nos consideraban como una emergente estrella dispuesta a reclamar el lugar que le correspondía dentro de Europa y del mundo.

Para cualquier español ha de resultar desolador echar la vista atrás en estos momentos. Cuando hace siete años Zapatero llegó por accidente al poder, el país había alcanzado el superávit presupuestario por primera vez en su historia, el pleno empleo se encontraba a la vuelta de la esquina y el resto de naciones europeas nos consideraban como una emergente estrella dispuesta a reclamar el lugar que le correspondía dentro de Europa y del mundo.

Aquel milagro económico, construido sobre el erial nacional que le había legado el felipismo socialista a Aznar, se basó en dos principios claros: austeridad presupuestaria y progresiva liberalización de la economía. Dos principios que, no obstante, atentaban contra el dogmatismo ideológico de Zapatero y que desde el primer momento se dispuso a abandonar. Así, por un lado, no dudó en acrecentar el despilfarro público a unos ritmos superiores al 10% anual; al cabo, para mantenerse en el poder, había innumerables deudas políticas que pagar y cuantiosas redes clientelares que crear. Por otro, sus intervenciones en la economía fueron continuadas, tanto para interferir en la vida interna de las empresas –ahí está el famoso caso de Endesa– como para alinearse con los sindicatos y bloquear dolosamente cualquier nimia reforma laboral o para cerrar las nucleares y promover con subvenciones las carísimas energías renovables.

Durante su primera legislatura, Zapatero fue capaz de sufragar ese oneroso régimen socialista gracias a las rentas tributarias que le proporcionaba la burbuja del ladrillo que tanto criticó de cara a la galería, pero que, en realidad, tanto alentó a cebar. No con otro propósito colocó a sus conmilitones en los consejos de administraciones de las cajas de ahorros, restringió la oferta de suelo y subyugó a un cada vez menos independiente Banco de España. Sin embargo, cuando la burbuja pinchó, todo el castillo de naipes se vino abajo. La economía privada, volcada en la construcción, se encontraba esclerotizada por las omnipresentes regulaciones estatales, y la economía pública había consolidado un nivel de gasto inasumible una vez se habían esfumado los etéreos ingresos fiscales asociados al ladrillo.

En 2008, pues, era el momento de reconocer el fracaso de cuatro años de desgobierno y de regresar a los principios liberales de austeridad presupuestaria y de desregulaciones que habían enriquecido a España, tal como pone hoy de manifiesto el eminente economista Juan Velarde en las páginas de este periódico. Pero Zapatero prefirió durante ese ejercicio engañarnos negando la crisis y durante el siguiente engañarse a sí mismo proclamando que existía una vía socialista para salir de la depresión. Entre sus mentiras y desatinos, nos dejamos varios millones de parados y centenares de miles de millones de euros en forma de deuda pública. Desastre de colosales magnitudes que sólo la presión de los mercados (esos “malditos especuladores”) y de la sensatez germana de Merkel han impedido que siguiera acrecentándose hasta conducirnos a una cierta suspensión de pagos.

La reciente tutela alemana, por tanto, nos ha dado un cierto respiro, pero Zapatero, como prejuicioso rojo que es, se resiste a facilitar la vida a los españoles ya sea rectificando su pauperizadora política económica de corte antiliberal o bien, por ponérselo más sencillo, abandonando La Moncloa y convocando elecciones anticipadas. Al parecer, cinco millones de parados y más de 250.000 millones de deuda a sus espaldas no son motivos suficientes para que se largue. De niño debió de tomarse demasiado en serio aquello de “socialismo o muerte” y así nos ha ido.

Hace justo siete años
Carlos Dávila www.gaceta.es 13 Marzo 2011

Hemos pasado ya los siete años del salvaje 11 de marzo de 2004 y seguimos sin saber nada. Sí nos seguimos preguntando “cui prodest?" (¿a quién aprovechó?). La respuesta es simple:a quien se aprovechó de ello. ¿Quién?: el PSOE, que, siete años más tarde, ha dejado sumido al país en un caos sin precedentes

Siempre se contó de forma más o menos concreta, pero hace aproximadamente cinco años en la revista de Prensa de Belt Ibérica, SA se colgó en la Red la versión más completa de un episodio acaecido el 13 de marzo de 2004, dos días después de la hecatombe monstruosa de los trenes de Madrid. Según lo publicado, colgado entonces digo, la dirección socialista Zapatero-Blanco tuvo conocimiento anticipadamente de la detención de varios islamistas, los famosos moritos luego condenados por el insólito juez Gómez Bermúdez, que habían participado presuntamente (yo sigo pensando que presuntamente, pese a lo que diga el tribunal del susodicho juez) en la matanza de Atocha. La revista de Prensa de Belt, empresa de seguridad pública y protección civil, despachaba el episodio en estos términos literales:

“Tras la gigantesca manifestación que se produjo en Madrid en la tarde del 12 de marzo en repulsa por el atentado de los trenes, un grupo de dirigentes del PSOE se dirigió hacia la sede del partido sita en la calle Gobelas. Momentos después, pasadas las 21 horas, el grupo se encaminó para cenar hacia el restaurante La Hacienda, sito junto a la carretera de La Coruña y muy cerca del cuartel general socialista. En la cena estuvieron presentes Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco, Miguel Ángel Sacaluga (consejero de RTVE) y los miembros del Comité Electoral Óscar López, Nacho Varela y César Mongo”.

“Durante la misma, varias personas contactaron con Blanco y Rubalcaba para transmitirles las noticias que iban teniendo sobre el atentado. Margarita Robles, ex secretaria de Estado de Seguridad en tiempos de Belloch (ahora –esto lo escribo yo– miembro, gracias al PSOE, del Consejo General del Poder Judicial) habló con Blanco, a quien le dijo que sus fuentes en el entorno abertzale le aseguraban que ETA no había tenido nada que ver con el atentado. Sin embargo, la llamada que más congratuló a los comensales fue la de Rafael Vera. De hecho, estaban seguros de que, de ser cierto lo que decía el ex responsable de Seguridad, el PSOE ganaría las elecciones que habían de celebrarse el 14 de marzo”.
Anticipación y provecho

Hasta aquí la transcripción. Un añadido más o menos sabroso: la descripción de la escena. Un eufórico Rubalcaba que, recuérdese, era interlocutor privilegiado del ministro del Interior, Ángel Acebes, en asuntos de terrorismo, se dirigió alegremente a su interlocutor, José Blanco, y le dijo: “Si no ha sido ETA, y no lo ha sido, ten por cierto que hemos ganado las elecciones”. Personas que escucharon esta confesión (el restaurante estaba repleto aquel día) me dijeron algún tiempo después que “salvo celebrarlo expresamente con más aspavientos, los socialistas no pudieron contener su alegría”.

Y ahora dos reflexiones: primera e importante, el PSOE supo siempre por anticipado quiénes habían sido los autores de la matanza; segunda, los socialistas decidieron en aquella misma cena aprovecharse sin pudor de la increíble ingenuidad con que el honrado Gobierno de José María Aznar estaba gestionando el drama y sus consecuencias, porque lean lo que, a continuación, insertaba esa misma revista de Prensa a que me estoy refiriendo: “El sábado 13 de marzo, día de reflexión, ya desde la mañana se cruzaron miles de mensajes telefónicos convocando para esa misma tarde manifestaciones frente a las sedes del PP. Por ejemplo: “Hoy 13-M a las 18. Sede del PP. Calle Génova 13”. Aunque el propio Blanco dio instrucciones para que el PSOE no avalara con sus siglas las convocatorias, muchos de sus militantes acudieron a las distintas concentraciones que tuvieron lugar en toda España”.
Gómez Bermúdez

En todo caso y al cabo de tiempo, estas expresiones políticas de gran excitación electoral eran secundarias. Me explico: el Partido Socialista ya contaba en el interior de las que se llaman tópicamente “Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado” con suficientes cómplices como para saber afrontar situaciones radicalmente extremas como lo que se produjo el 11 de marzo de 2004. Y no voy más allá. Únicamente formulo (y me formulo) dos preguntas elementales: ¿para quién trabajaba políticamente en aquel día Sánchez Manzano? Sus actos no dejan lugar a dudas, sobre todo después de que, imputado por trabar hasta la extenuación cualquier averiguación de las pistas del suceso, siga suculentamente empleado por Rubalcaba. ¿Por qué este Sánchez Manzano, que hoy sigue en posición preferente en la Policía, no intentó evitar, en el mejor de los casos, la destrucción de las grandes pruebas del multiasesinato, o sea de los trenes?

Quiero plantear otro par de preguntas: ¿qué le ocurrió al juez Gómez Bermúdez a mitad de trayecto?, ¿qué le pasó a un magistrado que durante tiempo transmitió, directa e indirectamente, señales de su inmensa probidad, de su intención de llegar hasta el final y que, de pronto, se quedó en la epidermis de la investigación? En España siempre se ha dicho que cuando no se explica el comportamiento contradictorio o volátil de un funcionario es que a este le pasan dos cosas: o que quiere ascender o que tiene mucho que tapar. Elijan. El 11-M continúa repleto de incógnitas y también –eso es trascendental– de muchas evidencias.
Ascensos y recompensas

Hablaba de ascensos y recompensas. Hemos publicado muchos y muchas. Hago un resumen. Al director del Centro Nacional de Inteligencia en aquella tétrica fecha, Zapatero le premió con la Embajada en el Vaticano y luego con la de Washington; Pedro Laguna, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Asturias donde se robaron los presuntos explosivos, es ya general de Brigada y jefe de la duodécima zona de la Guardia Civil (Castilla y León), la tierra de Zapatero; Félix Hernando, jefe de la Unidad Operativa (UCO) de la Benemérita, ha acopiado dos grandes cruces bien engrasadas: la de San Hermenegildo y la del Mérito Militar; Mariano Rayón, comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior (islamistas y así) es hoy agregado de Interior de la Embajada de España en Roma (un pastón); Juan Manuel Calleja, jefe entonces de la Unidad de Droga y Crimen Organizado, es ahora jefe superior de Melilla; Rodolfo Ruiz, ¡ay, Rodolfo Ruiz!, responsable primero de la Comisaría de Vallecas donde apareció una mochila con la bomba número 13, dirige la Información en la provincia de Madrid; Telesforo Rubio, implicado hasta el tuétano en el Faisán, era en marzo de 2004 el jefe de la Comisaría de Chamartín en la que tenía que custodiar (es un suponer) los restos del atentados, aunque de aquellos restos, incluidos los trenes, nunca más se supo; por fin, Miguel Santano, comisario en la fecha de la Policía Científica, es lo más que se puede ser en el Cuerpo: comisario superior. Aún ha habido otros premios. Rubalcaba ha sido generoso con sus subordinados más fieles y más colaboradores; el PSOE siempre presumió tras la llegada de Aznar en 1996 a La Moncloa de que había dejado “topos” en todos los lugares. El PSOE, es un dicho extendido y comprobado, nunca deja tirado a quien le sirve.

Y ahora hemos pasado los siete años del salvaje atentado y seguimos en lo de siempre: en la nada. No se puede asegurar, al menos todavía, que aquel atentado tuvo una decidida intención política: cambiar al PP por el PSOE. Sí se puede asegurar con certeza que la salvajada modificó brutalmente la trayectoria de España; por ello el clásico entre los clásicos “cui prodest?” es más procedente que nunca. ¿A quien aprovechó? Respuesta: a quien se aprovechó de ello. ¿Quién? El PSOE, el mismo que ha dejado a España sumida en el caos institucional, territorial, social y económico. Los que verdaderamente proyectaron la matanza han destrozado este país; han conseguido lo que pretendían. Objetivamente les ha ayudado Zapatero.

La memoria solidaria
Hace siete años que España afrontó la espantosa prueba de una masacre pública que probó su calidad como pueblo
PEDRO ARIAS VEIRA ABC Galicia 13 Marzo 2011

No hay sociedad que resista en un estado de decepción permanente, no soporta nuestra naturaleza la indiferencia y el engaño sistemático de los demás. La colectividad depende de los que hacen algún bien, de los que la mejoran pensando en el futuro y velan cada día por valores y principios. La cohesión social se cimenta en la empatía, en el compartir las biografías ajenas, en particular cuando estalla el dolor y la tragedia irreparable.

Hace siete años que toda España afrontó la espantosa prueba de una masacre pública que probó su calidad como pueblo, el nivel de su cohesión social. Fue en Madrid, el 11 de Marzo de 2004, en las sedes del medio público de transporte más popular. Primero se experimentó la conmoción; inmediatamente derivó en duelo a garrotazos, en disputa de responsabilidades internas, y afanes por el aprovechamiento sociopolítico del dolor. Todo acabó en naufragio.

Nada resultó natural. No se dio la voz a los policías expertos para que informasen, con legítima autoridad, de lo que había estallado en cada uno de los vagones de cada tren. Se desguazaron sin demora como si de vergonzosa prueba se tratara. Solo en eso mostró diligencia el juez instructor, togado de triste memoria. Algunos medios se inventaron terroristas suicidas inexistentes y en una comisaría señalada apareció una mochila mágica con la supuesta prueba del esclarecimiento. No se reparó en el modelo canónico del terrorista suicida, muerto en acción, clandestino, preparado, ajeno al mundo de la delincuencia y en modo alguno trapichero o confidente policial. Los técnicos no advirtieron que un atentado simultáneo en cuatro trenes y con un patrón manifiesto en la elección de vagones no era cosa de aficionados sino una verdadera operación estratégica; solo al alcance de fuerzas organizadas de distinto pelaje.

La vista por la Audiencia Nacional osciló entre el esperpento y el gran fraude nacional. Nadie, ni persona individua ni colectiva, fue identificado como cerebro de la trama. Los culpables fueron unos supuestos suicidas tardíos, un asturiano enfermo mental a la vez que confidente policial, y un trabajador inmigrado desde hace años, identificado por otro inmigrante en contradictoria e incoherente apreciación. A los supuestos suicidas que murieron, -que no se suicidaron cuando y donde debieran, en el escenario del crimen-, no se les hicieron las autopsias. Y las pesquisas de identificación resultaron una autentica pantomima de coincidencias cruzadas.

Otro país, una verdadera democracia, se hubiera alzado indignado contra los responsables de las instituciones que inundaron de vergüenza racional a España. Pero no se ha hecho. Es la gran cuestión pendiente, la piedra de toque de la auténtica naturaleza de nuestra sociedad. Se ha carecido de olfato para detectar la patraña, de instinto para detectar el gran engaño que se estaba articulando. La credulidad ante las versiones oficiales demostró miedo, sino rechazo social, a que pudiera emerger una amarga e incómoda verdad.

Una pusilanimidad tan extendida no se la merecían los muertos, heridos, afectados y familias. Todo el país tendría que haber estado con las victimas. Hasta el empecinamiento, sin descanso ni tolerancia ante la superficialidad imperdonable, la chapuza interesada, el ocultamiento escandaloso y la mentira intuida. Para preservar nuestra dignidad y sostener unas señas de identidad que forjaron siglos de bonhomía y buen sentir. Este era un pueblo de buena gente, inteligente y sensible. ¿Qué nos queda si perdemos el capital de nuestra humanidad?.

No tenemos otra opción más que la de recuperar la memoria, mirar atrás para recordar que solo la solidaridad, la inteligencia emocional y la mirada preferente a los que sufren, puede salvarnos de esta dinámica de nihilismo corrosivo. La profundidad de la crisis material no es sino otro síntoma más de esta carcoma de fondo; como la crisis de la afectividad perdurable entre los jóvenes, de la familia y de la propia cohesión socioeconómica. También del egoísmo interterritorial.

Hoy debemos cambiar de perspectiva e inspirarnos en nuestros ciudadanos ejemplares, en la sal de este país. En las víctimas del terrorismo, en las gentes que como Gabriel Moris, Ángeles Díaz o nuestra Fina Saavedra siguen una vida resistente para que tengamos futuro humano, en verdad y justicia, con asideros reales para no encanallarnos sin retorno. Ellos son hoy los imprescindibles. Activemos la memoria solidaria porque es nuestra verdadera esperanza de regeneración.

¿Están interesados los españoles en el 11-M?
Luis del Pino Libertad Digital 13 Marzo 2011

Incluye hoy El Mundo una encuesta sobre el 11-M que desmiente de manera tajante los persistentes mensajes de que los españoles no están interesados en saber lo que ocurrió en Madrid aquel 11 de marzo.

Lejos de disminuir, las personas que creen que no sabemos lo que pasó aumenta con el tiempo, y se acerca ya al 70%. Curiosamente, el porcentaje es diez puntos mayor entre los jóvenes que en las personas de más edad.

Más preocupante todavía para determinados defensores de la versión oficial es el hecho de que las dudas sobre el 11-M, lejos de ser "una cantinela del PP", se extienden a los votantes de todos los partidos. Es cierto que nueve de cada diez votantes del Partido Popular afirman que no sabemos lo que pasó el 11-M, pero es que más de la mitad de los electores socialistas opinan lo mismo. Lo cual es algo que debería hacer pensar a algunos si la estrategia de silenciamiento que se ha intentado seguir es la correcta.

Algunos enlaces de estos últimos tres días, para los que se los hayan perdido:

1) El especial de Debates en Libertad sobre el 11-M, en el que estuvimos Javier Somalo y yo haciendo un repaso de lo que sabemos del atentado (con la inestimable ayuda, cómo no, de Luis Fernando Quintero):

Audio: http://fonoteca.esradio.fm/2011-03-13/para-reabrir-el-11-m-en-debates-en-libertad-130311-24944.html
Video: http://videos.libertaddigital.tv/2011-03-13/para-reabrir-el-caso-11-m-en-debates-en-libertad-zobPUJ9-V2s.html

2) El programa Sin Complejos del sábado, en el que contamos con la presencia de Fernando Múgica:
http://fonoteca.esradio.fm/2011-03-12/sin-complejos-120311-24911.html

3) El poema sobre el 11-M compuesto por Fray Josepho: "¡España, por Dios, despierta!". Merece la pena escucharlo.
http://fonoteca.esradio.fm/2011-03-12/los-versos-de-fray-josepho-espana-por-dios-despierta-24909.html

4) Un emotivo artículo de Salvador Ulayar, con un expresivo título: "Gabriel y Pilar"
http://www.libertaddigital.com/opinion/salvador-ulayar/gabriel-y-pilar-58803/

5) Un artículo enormemente inteligente de Emilio Campmany, "Abogado de parte", que creo que el comisario Sánchez Manzano debería leer:
http://www.libertaddigital.com/opinion/emilio-campmany/abogado-de-parte-58784/

Democracias totalitarias
Francisco RubialesPeriodista Digital 13 Marzo 2011

Los egipcios, los tunecinos, los libios, los cubanos, los venezolanos, los chinos y los demás ciudadanos sometidos a tiranías en el mundo deben saber que todo es cuestión de tiempo y que, tarde o temprano, las dictaduras acaban desapareciendo, para dar paso a las democracias totalitarias. Muchas democracias que tuvieron en sus orígenes rasgos auténticos también evolucionan hacia democracias degradadas y falsificadas, dominadas por un totalitarismo que no da la cara.

El problema es saber cual de los dos sistemas es peor.

El relevo de una dictadura por una democracia totalitaria es prácticamente inevitable y constituye un "avance" de la "casta" política mundial hacia métodos más sofisticados y eficaces de dominio y explotación. Los sátrapas que gobiernan hoy el mundo son herederos directos de las castas dominantes de todos los tiempos, desde los faraones a los monarcas absolutos, pasando por emperadores, señores feudales y tiranos de todo pelaje. El objetivo, para ellos, siempre ha sido el mismo: dominar a sus semejantes y contemplar el mundo desde las alturas del poder, gozando de ltodos os privilegios posibles.

La "casta" siempre es la misma, aunque en cada tiempo adopte el modelo más apropiado para disfrazar el dominio y la opresión. En nuestros tiempos, el mejor camuflaje existente es la democracia falsificada, un disfraz eficaz que oculta la tiranía y el totalitarismo detrás de una fachada aparentemente democrática.

En mi libro "Políticos, los nuevos amos" (Almuzara, 2007), hay un párrafo que lo explica con claridad y crudeza: Los poderosos, distintos en cada etapa de la Historia, parecen pertenecer a una estirpe de dominadores que se transmiten unos a otros no sólo la filosofía de sojuzgamiento, la espada, el mazo, la bayoneta o la ametralladora, sino también una especie de «gen» que los impulsa a contemplar la sociedad desde arriba. Ahora, al iniciarse el tercer milenio, están encarnados en las democracias, adaptados a las nuevas reglas, ocupando, como siempre, las alturas del Estado y ejerciendo, desde el poder político, el sometimiento. Con esos depredadores han retornado las viejas doctrinas totalitarias y oligárquicas, camufladas también con envoltorios democráticos y destilando ese elitismo que tan bien exponen Strauss y Bloom y que sobresale en la influyente obra de James Burnham «The Machiavellians: Defenders of Freedom»

Las dictaduras y el despotismo provocan repugnancia a los demócratas, pero muchos, si nos forzaran a elegir entre una dictadura despótica y una democracia degenerada y transformada en una partitocracia envilecida, quizás el despotismo nos perecería preferible.

Una opción y otra son igualmente despreciables, pero la gran diferencia es que el despotismo hace al hombre esclavo, mientras que la democracia degenerada, además de esclavizarlo, lo envilece.

El despotismo elimina todas las formas de libertad y exige sometimiento, mientras que la falsa democracia, generalmente mostrando el rostro de la partitocracia, necesita mantener esas formas de libertad para aparentar que es "democracia", pero se apodera de ellas y las profana. Contra el despotismo se lucha frente a frente porque el adversario siempre es visible, pero contra las democracias falsas es más difícil luchar porque sus dirigentes, hipócritas, se disfrazan de demócratas y emplean el lenguaje de la mentira y la manipulación para esconder sus vilezas, confundir y engañar.

Como la libertad de opinión le parece peligrosa, pero considera su apariencia necesaria, la partitocracia fustiga al pueblo con una mano para sofocar la opinión real, mientras que con la otra mano lo golpea para forzarle a representar un simulacro de opinión supuesta.

El dictador déspota prohibe la discusión y exige sólo obediencia, mientras que el falso demócrata manipula el debate para que tenga apariencia de opinión libre, cuando en realidad prescribe y controla con mano de hierro las ideas y criterios.

La peor de las tiranías es la que se considera legítima y aspira a obtener el consentimiento de sus "subditos". Para alcanzar esa aprobación forzada, la democracia degradada acusa a los ciudadanos pacíficos de indiferentes, trata a los críticos como autoritarios, totalitarios, desfasados y políticamente incorrectos, mientras persigue a los rebeldes como si fueran peligrosos "antisistema". Los déspotas pueden llegar al extremo de ejecutar a sus adversarios, pero las partitocracias degeneradas estimulan un servilismo sin límites y no necesitan asesinar a sus enemigos porque saben cómo fabricar cadáveres ambulantes.

En lo único que ambas son iguales es en el magistral manejo del miedo, pero mientras que en las dictaduras el miedo permite el derecho a la revancha y el deseo de recuperar la dignidad, en las democracias degradadas se manipula, se disfraza de coraje y se utiliza para hacer olvidar las propias vergüenzas y para congraciarse con las propias miserias.

La dictadura déspota es moralista y defiende realmente algunos valores que le convienen, como el orden, la no violencia, el respeto a la vida y a las propiedades ajenas y la convivencia honrada y pacífica, mientras que la democracia degenerada se siente más a gusto en una sociedad sin respeto y confundida en su escala de valores, en la que algunos valores secundarios, de carácter político, cobran un protagonismo inapropiado, mientras que los grandes valores son relegados y donde los ciudadanos, permanentemente asustados, justifican en cada instante la existencia de una autoridad que consideran necesaria para mantener el orden y hasta para reprimir.

De hecho, las dictaduras suelen producir sociedades con pocos delincuentes, en las que los ciudadanos duermen con las puertas de sus hogares abiertas, mientras que las democracias degradadas construyen cárceles sin cesar para encerrar en ellas a sólo una parte de las mareas de delincuentes que genera.

El despotismo sofoca la libertad de prensa, mientras que la partitocracia degenerada convierte a la prensa en una parodia. Cuando la libertad de prensa se proscribe, la opinión pública duerme, pero nada ni nadie la corrompe; cuando, por el contrario, los periodistas comprados, los comunicadores aliados y los panfletarios a sueldo se apoderan de esa opinión pública, se abre la puerta al oprobio y a la prostitución de las ideas. Entonces, engañan, generan falsos debates, discuten como si pretendieran convencer, aparentan cólera y discrepan como si existiera una pugna real entre opciones y criterios. Pero todo es un escenario falso para hacernos creer que las víctimas pueden resistir y defenderse, cuando, en realidad, el poder aplica las leyes a su gusto, perdona a los suyos y condena y aplasta de antemano al adversario, fabricando cadáveres.

El despotismo reina por el silencio, pero deja al hombre el derecho a callar, mientras que la degeneración de la democracia le condena a hablar y le persigue hasta en el santuario íntimo de su pensamiento, obligándole a mentir y a engañarse a sí mismo.

Pero el argumento que demuestra toda la capacidad destructva de la falsa democracia prostituida es que cuando el pueblo es esclavo sin estar envilecido, conserva la posibilidad de remediar su desgracia y de recuperar su dignidad en la primera oportunidad que se le presente, mientras que la democracia degradada envilece al pueblo, al mismo tiempo que lo oprime, le acostumbra a despreciar todo lo que antes respetaba y a emular lo que condenaba, cerrando todas las puertas a la regeneración y a la esperanza.

Voto en Blanco

El bolsillo agujereado
Aleix Vidal Cuadras www.gaceta.es 13 Marzo 2011

Las autonomías están fuera de control y el poder central no puede domeñarlas.

La agencia de calificación Moody’s, tras castigar de nuevo la deuda española, ha rebajado también el nivel de solvencia de cuatro comunidades autónomas. La peor de las cuatro, Cataluña, como corresponde a un territorio en manos del nacionalismo durante tres décadas. El hecho de que Moody’s reparta estopa sin distinción de color político –del cuarteto señalado, dos son gobernadas por el PP, una por el PSOE y otra por CiU– demuestra que el problema del despilfarro público en nuestro país es de carácter estructural. Bien es verdad que la Comunidad de Madrid, con un déficit netamente inferior al 1% de su PIB, proporciona un ejemplo de Administración austera y responsable, pero es la única. Todas las demás presentan desequilibrios por encima del 2%.

El planteamiento piadoso de que el Estado autonómico ha sido un éxito y su concepción y posterior desarrollo una idea acertadísima, aunque su gestión ha presentado por desgracia deficiencias que hay que corregir, no se corresponde en absoluto con la realidad y si el próximo Gobierno de la nación actúa bajo semejante premisa, el fracaso queda garantizado. Las autonomías están fuera de control y el poder central carece de mecanismos efectivos para domeñarlas. El incumplimiento sistemático de sus objetivos de gasto fijados en el Consejo de Política Fiscal y Financiera mientras se congelaban las pensiones y se reducía el sueldo de los funcionarios a nivel nacional es la prueba irrefutable de su desmadre. Esta sangría presupuestaria sólo podrá ser detenida mediante reformas de gran calado que alcancen a la propia Constitución.

El Estado tiene un bolsillo agujereado que se llama comunidades autónomas y el argumento de que en términos cuantitativos el déficit de las instancias centrales es muy superior es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Es la naturaleza y la estructura del déficit lo que cuenta en este caso y no su volumen absoluto. Merkel, sálvanos. Bruselas, ruega por nosotros.

Piqueteros intelectuales
El grupo Carta Abierta pidió a la Feria del Libro de Buenos Aires que me retirara la invitación para inaugurarla, por mi posición "liberal" y "reaccionaria". ¿Qué quieren, una nueva Cuba?
MARIO VARGAS LLOSA El País 13 Marzo 2011

Un puñado de intelectuales argentinos kirchneristas, vinculados al grupo Carta Abierta, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional Horacio González, pidió a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 20 de abril, que me retirara la invitación para hablar el día de su inauguración. La razón del veto: mi posición política "liberal", "reaccionaria", enemiga de las "corrientes progresistas del pueblo argentino" y mis críticas a los Gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Bastante más lúcida y democrática que sus intelectuales, la presidenta Cristina Fernández se apresuró a recordarles que semejante demostración de intolerancia y a favor de la censura no parecía una buena carta de presentación de su Gobierno ni oportuna cuando parece iniciarse una movilización a favor de la reelección. Obedientes, pero sin duda no convencidos, los intelectuales kirchneristas dieron marcha atrás.

Me alegra coincidir en algo con la presidenta Cristina Fernández, cuyas políticas y declaraciones populistas en efecto he criticado, aunque sin llegar nunca al agravio, como alegó uno de los partidarios de mi defenestración. Nunca he ocultado mi convencimiento de que el peronismo, aunque haya impulsado algunos progresos de orden social y sindical, hechas las sumas y las restas ha contribuido de manera decisiva a la decadencia económica y cultural del único país de América Latina que llegó a ser un país del primer mundo y a tener en algún momento un sistema educativo que fue un ejemplo para el resto del planeta. Esto no significa, claro está, que aliente la menor simpatía por sus horrendas dictaduras militares cuyos crímenes, censuras y violaciones de los derechos humanos he criticado siempre con la mayor energía en nombre de la cultura de la libertad que defiendo y que es constitutivamente alérgica a toda forma de autoritarismo.

Precisamente la única vez que he padecido un veto o censura en Argentina parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindey, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela La tía Julia y el escribidor y demostrando que ésta era ofensiva al "ser argentino". Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero.

Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las "corrientes populares".

Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en Argentina el general José de San Martín y sus soldados del Ejército Libertador no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la Cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra, con lo que la emancipación hubiera tardado un poco más en llegar a las costas del Pacífico sudamericano. Y si un rosarino llamado Ernesto Che Guevara hubiera profesado el estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas, se hubiera eternizado en Rosario ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.

El nacionalismo es una ideología que ha servido siempre a los sectores más cerriles de la derecha y la izquierda para justificar su vocación autoritaria, sus prejuicios racistas, sus matonerías, y para disimular su orfandad de ideas tras un fuego de artificio de eslóganes patrioteros. Está visceralmente reñido con la cultura, que es diálogo, coexistencia en la diversidad, respeto del otro, la admisión de que las fronteras son en última instancia artificios administrativos que no pueden abolir la solidaridad entre los individuos y los pueblos de cualquier geografía, lengua, religión y costumbres pues la nación -al igual que la raza o la religión- no constituye un valor ni establece jerarquías cívicas, políticas o morales entre la colectividad humana. Por eso, a diferencia de otras doctrinas e ideologías, como el socialismo, la democracia y el liberalismo, el nacionalismo no ha producido un solo tratado filosófico o político digno de memoria, sólo panfletos a menudo de una retórica tan insulsa como beligerante. Si alguien lo vio bien, y lo escribió mejor, y lo encarnó en su conducta cívica fue uno de los políticos e intelectuales latinoamericanos que yo admiro más, el argentino Juan Bautista Alberdi, que llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor.

Los vetos y las censuras tienden a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo tautológico en el que las ideas se desintegran y convierten en consignas, lugares comunes y clisés. Los intelectuales kirchneristas que sólo quisieran oír y leer a quienes piensan como ellos y que se arrogan la exclusiva representación de las "corrientes populares" de su país están muy lejos no sólo de un Alberdi o un Sarmiento sino también de una izquierda genuinamente democrática que, por fortuna, está surgiendo en América Latina, y que en países donde ha estado o está en el poder, como en Chile, Brasil, Uruguay, ha sido capaz de renovarse, renunciando no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia "formal" sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas. Esa izquierda renovada está impulsando de una manera notable el progreso económico de sus países y reforzando la cultura de la libertad en América Latina.

¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas? ¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde sólo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen? La convulsionada Venezuela de Hugo Chávez es tal vez su modelo. Pero allí, a diferencia de los miembros del grupo Carta Abierta, la inmensa mayoría de intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, no es partidaria de los vetos y censuras. Por el contrario, combate con gran coraje contra los atropellos a la libertad de expresión y la represión creciente del gobierno chavista a toda forma de disidencia u oposición.

De quienes parecen estar mucho más cerca de lo que tal vez imaginan Horacio González y sus colegas es de los piqueteros kirchneristas que, hace un par de años, estuvieron a punto de lincharnos, en Rosario, a una treintena de personas que asistíamos a una conferencia de liberales, cuando el ómnibus en que nos movilizábamos fue emboscado por una pandilla de manifestantes armados de palos, piedras y botes de pintura. Durante un buen rato debimos soportar una pedrea que destrozó todas las lunas del vehículo, y lo dejó abollado y pintarrajeado de arriba abajo con insultos. Una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa Sarmiento en su Facundo y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es El matadero.

Me apena que quien encabezara esta tentativa de pedir que me censuraran fuera el director de la Biblioteca Nacional, es decir, alguien que ocupa ahora el sitio que dignificó Jorge Luis Borges. Confío en que no lo asalte nunca la idea de aplicar, en su administración, el mismo criterio que lo guió a pedir que silenciaran a un escritor por el mero delito de no coincidir con sus convicciones políticas. Sería terrible, pero no inconsecuente ni arbitrario. Supongo que si es malo que las ideas "liberales", "burguesas" y "reaccionarias" se escuchen en una charla, es también malísimo y peligrosísimo que se lean. De ahí hay sólo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con "las corrientes progresistas del pueblo argentino".

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

Castigos cruzados
Que las elecciones en España se vuelvan a ganar en el centro después de ocho años en los que se ha querido introducir el radicalismo y la extravagancia como fórmula ganadora es una magnífica noticia
JAVIER ZARZALEJOS El Correo 13 Marzo 2011

Enfrentado a unos sondeos cada vez más desfavorables para el Gobierno tripartito que presidía, el socialista José Montilla decidió apurar la legislatura del Parlamento de Cataluña, al parecer contra el criterio de la dirección del PSOE, que abogaba por el adelanto electoral. Montilla creía que la suerte de su Gobierno cambiaría, que la crisis económica amainaría, que algo podría sacar de la tortuosa, y finalmente fallida, aventura del nuevo Estatuto de Autonomía. Quiso intentar un discurso de reivindicación de la gestión que no funcionó porque la trayectoria del tripartito lo desmentía y ante la sentencia del Tribunal Constitucional que desactivó la pretensión confederal del Estatuto no dudó en ponerse a la cabeza de la manifestación -en sentido real, no figurado- de la que terminó siendo víctima humillada por la tamborrada independentista que se desató en el río revuelto de la protesta. Como es sabido, los socialistas catalanes sufrieron una debacle en la últimas elecciones autonómicas.

El afán de Rodríguez Zapatero por agotar la legislatura responde al mismo espejismo de creer que la suerte puede cambiar porque es caprichosa. Un espejismo que tiene que ver más con la pulsión del jugador que insiste en hacer creer que en la siguiente mano le entrarán buena cartas, que con la reflexión racional de un gobernante que caducó en mayo de 2010. Porque ese cálculo presupone que todo lo que podía ir mal ya no va a ir a peor y que a partir de ahora, todo lo que venga será ganancia política neta. Y eso es mucho suponer, especialmente cuando parece que Murphy ha abierto oficina en España y sigue en plena expansión.
Un gobierno no controla todas las variables internas y exteriores que pueden incidir en su posición. Libia, por ejemplo. Y los riesgos son aún más graves cuando el Gobierno exhibe tal debilidad que un simple catarro se le convierte en una neumonía. Nada de lo que Zapatero ha ensayado desde hace un año para recuperar terreno y credibilidad ha funcionado. Para ser más exactos, lo único que le ha funcionado es el mantenimiento de sus apoyos parlamentarios y así hay que reconocérselo a quien en semejante estado consigue mantener en torno a sí a un arco que va desde Esquerra Republicana hasta UPN y al que se ha reincorporado a CiU.

Unidos por el interés de impedir una mayoría absoluta del PP, estos soportes parlamentarios mantienen al Gobierno en un estado vegetativo. Pero también para esos socios el riesgo político crece porque la evidencia del colapso gubernamental hace muy poco creíble su argumento de que así colaboran a la estabilidad y pueden encontrarse con que, de todos modos, el PP obtenga una mayoría suficiente para gobernar que el cerrado apoyo nacionalista al PSOE haría más meritoria y significativa.

El enredo en torno al frustrado mitin en Vistalegre -al final, ni mitin ni Zapatero- es la perplejidad misma en que se encuentran los socialistas. Si se quiere proteger a Zapatero la pregunta es de quién. Si lo que se busca es que el presidente del Gobierno no aparezca, entonces hay que preguntarse por qué. Si el argumento para suspender el mitin era el de no focalizar la campaña en la figura del presidente -que es secretario general del PSOE- Blanco tendrá que reprogramarla de nuevo porque nada hace a Zapatero más presente que la ausencia que busca su partido.

El problema de fondo tras este lío es el choque de dos estrategias de supervivencia dentro del Partido Socialista que desde hace meses se pusieron en rumbo de colisión. Resignados al varapalo electoral, unos y otros se pasan la factura que no quieren pagar. Los barones territoriales -ahora convertidos en señores de la guerra interna- basan su campaña en decir al electorado que si quiere castigar a Zapatero que espere a las elecciones generales. El problema es que el presidente del Gobierno tal vez piense que no hay mal que por bien no venga, que una derrota autonómica y municipal, que en todo caso parece inevitable, drenará el enfado del electorado y con las cuentas ya ajustadas, él se podrá dedicar los próximos meses a reconciliarse con los suyos.

Si el cálculo es ese, tropieza con algunas objeciones de entidad. La primera es que si se cumplen las previsiones que de manera consistente ofrecen los sondeos, la pérdida de poder territorial y municipal, incluso sin un escandaloso vuelco en votos, puede resultar inmanejable para la dirección socialista. Por otra parte, pensar que tras una derrota electoral y simbólica para los socialistas el Gobierno va a ganar margen de maniobra para que su presidente inicie una larga campaña electoral parece puro voluntarismo. Pero sobre todo, el problema estratégico crucial para el PSOE es que los 'suyos' en buena medida están dejando de serlo. Como acaba de poner de manifiesto el sociólogo José Ignacio Wert con los propios datos del CIS, entre antiguos votantes socialistas hay tanta abstención como abandono a favor de otros partidos, singularmente el PP, mientras se ha abierto una brecha profunda que incomunica al PSOE con el electorado de centro. Que las elecciones en España se vuelvan a ganar en el centro después de ocho años en los que se ha querido introducir el radicalismo y la extravagancia como fórmula ganadora es una magnífica noticia. La mala noticia para los socialistas es que mientras discuten a quién de entre ellos castigan los votantes, parece bastante probable que haya castigo para todos.

“Hay que alterar de arriba a abajo el régimen financiero y económico de las autonomías”
Juan Velarde, economista. “La lección que debemos aprender de la crisis es que nunca hay que ser nuevos ricos”, afirma.
J. García. Madrid www.gaceta.es 13 Marzo 2011

Charlar con Juan Velarde es conocer de primera mano buena parte de la reciente historia de la economía española. Como integrante de la primera promoción de economistas de España conoce el calado de la presente crisis y lo nociva que puede ser si no se actúa.

-¿Si usted fuese ministro de Economía, qué haría?
-Lo primero que tendría que hacer quien se haga cargo del tema sería contar a todos los españoles todos los detalles y la magnitud de la situación y los problemas tremendos que tiene la economía. Luego, poner en marcha cuanto antes medidas a corto y largo plazo.

-¿Que se puede hacer de forma inmediata?
-A corto plazo hay que alterar de arriba a abajo el régimen, no ya financiero sino económico, de las autonomías. El artículo 131 de la Constitución está más que nunca en vigor. No puede cada autonomía decidir y dividir el mercado de forma absurda. Esto no quiere decir que se ponga fin al estado autonómico, pero sí que se armonice toda su política económica.

-Pero esto podría calificarse como un movimiento involucionista.
-No, es un artículo de nuestra Constitución. Al revés, romper el mercado es lo involucionista. A corto plazo también hay que reformar el mercado de trabajo. Yo le doy mucha importancia a la negociación colectiva. No tiene sentido que los empresarios y los obreros de determinada localidad se vean obligados a aceptar un convenio interprovincial. Eso hunde la competitividad y ,lógicamente, se crea paro.

-¿La reforma laboral es insuficiente y corta?
-No resuelve en absoluto el problema del mercado laboral. Hay que ir muy en serio y mucho más allá. Los estancamientos a la japonesa o los hundimientos a la argentina existen y hay que evitarlos.

-¿Y la de pensiones?
-Hay que empezar a pensar que el sistema de pensiones tal y como lo entendemos se ha agotado ya. De momento, no pasa nada, pero ya se dijo en 1995 en un estudio de trabajo con José Barea. ¿Se hizo algo? No, se firmó el Pacto de Toledo. Hay que cambiarlo todo de arriba a abajo. Introducir elementos de capitalización y hacer mecanismos transitorios de reparto a capitalización.

-Bajo este panorama, ¿está en riesgo el Estado de bienestar?
-Sostener a los parados, el gasto farmacéutico, las pensiones o la ayuda familiar es muy difícil sin cambios.

-¿Qué otras reformas pueden llevarse a cabo?
-La primera es la energética. La polémica de la nuclear sí o nuclear no, es una de las más absurdas que puede haber existido. Chernóbil es el fantasma que se pone siempre, pero fue una cosa estrambótica. ¿Qué ocurre con la red eléctrica española? ¿Qué puede ocurrir con el gas argelino? Nosotros somos un país raro, para aumentar una unidad de PIB necesitamos una unidad y pico de energía, mientras que todo el bloque de países de la OCDE con cero y pico de unidades de energía crea una unidad de PIB.

-¿Hasta qué nivel se puede ver el precio del petróleo?
-La tendencia del precio es alcista y si además surgen conmociones... peor. ¿Y si se vuelve a bloquear el canal de Suez? Pero la pregunta es si esto se ha interiorizado de verdad en España. He oído pronósticos de 150, 200 dólares... Ya pasó con el carbón y luego se descubrieron nuevos medios.

-¿La estanflación es un riesgo latente?
Está latente del todo. Somos importadores de una considerable serie de productos agrarios, desde la soja a la cebada pasando por el algodón, que suben de manera tremenda y eso repercute en la carne, la leche. Lo mismo está sucediendo con los metales como el cobre o el zinc, que demanda nuestra industria para sus actividades. A todo ello se le llama inflación. La estanflación ya está. Estamos estancados con inflación.

-¿Cuánto pesa la economía sumergida?
-Aquí hay dos elementos, uno la economía sumergida y otra la criminal. Aumentan los atracos, el tráfico de drogas. Un comerciante con escrúpulos bajos que ha tenido que cerrar su tienda tiene más posibilidades de entrar en el mecanismo. La diferencia es que la sumergida tiene castigo administrativo y la criminal de derecho penal. En España es alrededor del 20%.

-¿Qué lección debemos aprender de esta crisis?
-Que no hay que ser nuevo rico. Yo calculé que la economía española empezó a cambiar a partir de 1959. Pues de entonces a 2007, el PIB creció tanto como lo hizo el resto de los países occidentales en los últimos 80 o 100 años. En este periodo estas sociedades supieron lo duro que es crecer hasta estos niveles. En España hemos ido muy deprisa. Otros países lo han hecho mucho más rápido, como Japón, que lleva 20 años estancado.

El descalabro económico de los siete años de Gobierno de Zapatero
En marzo de 2004 había 2,3 millones de parados, hoy son 4,7 millones. Los hogares en los que nadie trabaja casi se han triplicado. Los parados de larga duración, aquellos que llevan más de un año en desempleo, se han más que duplicado, al pasar de los 814.200 del primer trimestre de 2004 a los 2,1 millones.
I. Manchobas. Madrid www.gaceta.es 13 Marzo 2011

El 14 de marzo de 2004, el PSOE ganaba las elecciones generales. José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa con una tasa de paro del 11,5% de la población activa y menos de 2,3 millones de desempleados, una economía que crecía cerca del 3%, déficit cero (-0,2%) y un nivel de deuda del conjunto de las Administraciones del 46,2%. Siete años después, la tasa de paro se ha duplicado hasta alcanzar el 20,33%,el número de parados roza los 4,7 millones, la economía crece en tasas agónicas, el déficit cerró el pasado ejercicio en el 9,2% del PIB y la deuda llegará al 68,7% del PIB este año.

De jugar en la “Champions League de las economías mundiales”, en palabras del propio Zapatero, se ha pasado a ocupar el furgón de cola de la recuperación mundial y de presumir de cuentas saneadas –en 2007 sólo Finlandia presentaba un superávit mayor al español– a sufrir el castigo de los mercados, recibir el calificativo del “mayor problema de Europa”, realizar reformas al dictado de Alemania y sufrir la amenaza de la intervención.

España ha perdido la ansiada triple A, la máxima calificación de la deuda soberana, y esta misma semana ha sufrido una nueva rebaja de la nota por parte de Moody’s. Mientras, la prima de riesgo, el diferencial con el bono alemán a 10 años, que marca cuanto le cuesta a España obtener financiación del exterior, ha pasado de menos de 10 puntos en marzo de 2004 a los 221 puntos, tras haber rozado los 290 puntos básicos.
Del cielo al suelo

Zapatero ha pasado en estos años de tocar el cielo en materia económica a estamparse contra el suelo. En el segundo trimestre de 2007 el número de desempleados llegó a caer hasta los 1,7 millones y la tasa de paro se situó en el 7,95% de la población activa, la más baja de la democracia, se encadenaban tres años consecutivos con superávit de las cuentas públicas y el número de personas ocupadas superaba los 20 millones.

Pero la crisis que estalló con toda su intensidad en 2008, la tardanza en reconocer su gravedad –algo que el propio Zapatero admitió, aunque dos años y medio después– y la dudosa efectividad de algunas de las medidas adoptadas para combatirla, dilapidaron todos los logros económicos.

El resultado es que el número de hogares con todos sus miembros en paro ha pasado de algo más de medio millón en 2004 a 1.328.000, mientras que el paro juvenil se ha duplicado y afecta ya al 43,6%, frente al 24% de hace siete años.

Los parados de larga duración, aquellos que llevan más de un año en desempleo, se han más que duplicado, al pasar de los 814.200 del primer trimestre de 2004 a los 2,1 millones.

La burbuja pinchó
Buena parte de esos desempleados procede del sector de la construcción, que tras años de crecimientos desaforados vio estallar la burbuja coincidiendo con la crisis financiera internacional. De las 848.000 viviendas vendidas en 2004 se ha pasado a menos de 500.000. Hace siete años la vivienda se vendía sobre plano y ahora hay un stock de pisos en el mercado que oscila entre las 700.000 y el millón de unidades.

El aumento del paro y las dificultades para acceder a un crédito, claves del desplome del mercado de la vivienda, son dos de los factores que más han influido en el deterioro de la confianza de los ciudadanos en la marcha de la economía. El Índice de Confianza del Consumidor que elabora el Instituto de Crédito Oficial (ICO) se estrenó a finales de 2004 con un valor de 90. En febrero de este año había caído hasta los 73,4 puntos.

El paro se ha convertido en la principal preocupación del 83,9% de los españoles, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y 200.000 empresas se han visto obligadas a echar el cierre.

«¿Por qué hoy tarda papá en subir a casa?»
El libro «Raíces de libertad» narra el drama de las familias de 21 políticos del centro derecha asesinados por ETA, que desde 1979 busca su aniquilación
ITZIAR REYERO / BILBAO ABC 13 Marzo 2011

Desde que asesinaron a José Luis la vida no ha sido nada sencilla. Me causó nuevamente un tremendo dolor la visita de Manuel Zamarreño en casa, para comunicarme que sustituiría en el Ayuntamiento de Rentería a mi marido y gran amigo suyo. Le encarecí que por lo que más quisiera no lo hiciera, y su mujer, Marisol, también le suplicaba lo mismo. Al pobre Manuel lo asesinaron siete meses después. Es misteriosa la capacidad que tienen algunos hombres por seguir el dictado de su conciencia, por defender la ética del deber hasta las últimas consecuencias».

La noche del 11 de diciembre de 1997, Juani, la autora de este dolorido testimonio, perdió a su marido y padre de sus dos hijos. Calderero jubilado de los Astilleros de Pasajes, José Luis Caso fue asesinado por ETA. Un tiro en la cabeza atravesó mortalmente su vida y la de su familia. Su único delito: haberse presentado, casi a escondidas de su propia mujer, como concejal del PP a las elecciones locales de Rentería de 1995. Asumió el cargo con orgullo, aun a sabiendas de que la banda había asesinado ya a una decena de sus compañeros. El último, cinco meses atrás, había sido un joven chaval de Ermua, Miguel Ángel. Seis días antes del atentado los terroristas intentaron acabar con la vida de Elena Aspiroz, del equipo municipal de San Sebastián. Esa noche, Juani y su hijo mayor se prometieron que si algún día le pasaba algo a su padre, no se echarían las culpas por ser «incapaces de que abandonara su pasión» por la política y el compromiso con los demás.

Relato humano
Como muchas otras familias, la del centro derecha español ha pagado un elevadísimo tributo de sangre en la historia de nuestra joven democracia. Demasiadas vidas truncadas, demasiadas casas deshechas por el dolor que produce la sinrazón de los violentos, incapaces de digerir la verdad de la democracia que hoy, tres décadas después, comienza a soñar con la derrota de ETA. En el último año y medio, la Fundación Popular de Estudios Vascos ha trabajado para sacar a la luz el relato humano de los militantes de centro derecha no nacionalista que se dejaron la vida en la defensa de las ideas y la libertad en el País Vasco. La obra «Raíces de Libertad», que se publicará a finales de mes, es un viaje emocionado por las vidas personales de 22 miembros desaparecidos de Alianza Popular, de Unión de Centro democrático y del Partido Popular (no aparecen los asesinados de UPN por deseo de dicha formación), a través del cálido testimonio de hermanos, padres, viudas, hijos y amigos. El documento, que será editado también en euskera, está prologado por Mariano Rajoy y será presentado en un acto con las familias de las víctimas el próximo sábado 19 en Bilbao.

«Es un homenaje a las familias. Teníamos obligación moral de editarlo. Siempre estaremos en deuda con todos ellos», afirma Carlos Olazábal, portavoz popular en Juntas de Vizcaya y coordinador general del proyecto. Con dieciséis años de escoltas a sus espaldas y demasiados compañeros perdidos, sigue revolviéndose en la silla cuando todavía hoy escucha la terrible acusación del nacionalismo de que el PP y el PSE han ganado votos a cambios de muertos. «A todos los premios Nobel que hablan de rentabilidad electoral yo les cambio nuestros 22 asesinados. ETA no mata solo a personas, sino a familias enteras», se duele.

Lo cierto es que el centro derecha no nacionalista ha sufrido como el que más el zarpazo asesino de la banda terrorista, que llegó incluso a amenazar la integridad de su apuesta política en el País Vasco. «Casi lo consiguieron», recuerdan hoy los populares vascos. La primera víctima fue Modesto Carriegas, hombre de banca que fue invitado a partipar en las listas de Coalición Democática. Sus hijos aún recuerdan cómo siendo ellos muy pequeños, su padre les consultó la decisión sin imaginar que una mañana lo matarían a balazos en el portal de su casa. Era 1979 y todavía a los cinco se les enternece el corazón recordándole.

Dos semanas después, el 29 de septiembre, era acribillado Luis María Uriarte en Lemona (Vizcaya). ETA confirmaba con más sangre derramada que había puesto en la diana a los cargos electos de Alianda Popular y UCD. La mayoría de ellos, gente sencilla que no se ganaba la vida en la política. «Luis fue muy buena persona —recuerdan sus familiares—. Murió a los cinco días con el cuerpo acribillado por las balas. Al ser preguntado por si reconoció a los pistoleros respondió llorando y en silencio, sin decir una sola palabra. Se entiende que reconoció a los asesinos y que se calló para que sus hijos nunca tuvieran la más mínima tentación de tomarse la justicia por su mano». Dejaba siete huérfanos.

Imposible de olvidar la tremebunda historia de Ramón Baglietto, que su viuda, Pilar Elías —hoy concejal del PP en Azcoitia—, recupera en primera persona para el libro. Cuenta Pilar cómo su abuelo, ciego, le preguntó si se casaría con el «pintor» Ramón, un amante de la decoración. «¡Era tan galante, divertido y respetuoso al mismo tiempo, que estar con él era la gloria bendita!», rememora. Se sentían tranquilos y queridos en su pueblo. «Jamás la ETA había tocado a nadie de UCD», recuerda Pilar, quien años después tuvo que aguantar cómo el asesino de su marido ponía una cristalería en los bajos de su casa. El mismo pistolero que, siendo un bebé, Ramón había salvado de la muerte en un accidente en el que murió la madre y un hermano del asesino... «En casa, con mis hijos y mis nietos —dice Pilar—, notamos todavía palpitante la presencia de mi marido, del padre de mis hijos, del abuelo de mis nietos que no tuvieron el don de conocerle. Sé que mi hijo mayor, desde no hace mucho tiempo, lleva de vez en cuando a sus hijos a la tumba de su abuelo y les cuenta que allí yace su padre, un hombre valiente que dio su vida por los demás, y entonces mi nieta deposita su ramito de flores junto a los restos de Ramón, y la vida vuelve a surgir en el recuerdo de nuestra familia».

La resistencia
Ese 1980 fue un año fatídico para UCD. Además de Baglietto, fueron cobardemente asesinados José Ignacio Ustaran, Jaime Arrese y Juan de Dios Doval. Todos ellos amigos, hombres honrados que trabajaron por los demás sin recibir nada a cambio, demócratas por convicción aniquiliados por defender la libertad de ideas. En las primeras elecciones democráticas de 1977, la opción de UCD cosechó un 24 por ciento del censo electoral vasco, un nivel que en el 82 se hundió hasta el 13,4%, y que solo se recuperaría con la mayoría absoluta de Aznar (28,4%). Para los populares, la «única explicación posible» a ese desequilibrio de representación del centro derecha en Euskadi con respecto al resto de Europa se debe al intento de su «aniquilamiento» por parte de ETA. Cuenta Alfredo Marco Tabar, cabeza del partido por aquel entonces: «Ahora no recuerdo en qué fecha realizamos un viaje los quince de UCD que quedábamos en el País Vasco a una finca de uno de nosotros en Extremadura, para repensar qué hacíamos con nuestras vidas, con la posición democrática de nuestro partido vasco. Al llegar a aquella casa, y casi sin bajarnos del coche, convinimos en resistir y dejar para otro momento la disolución de nuestras siglas, porque estuvimos a punto de hacerlo. Creo que aguantamos la tragedia por el calor que Adolfo Suárez nos demostró en aquel momento, aunque no asistió a ningunos de los funerales de nuestros muertos».

Aquel año, un eslogan electoral de la UCD brindaba «por un País Vasco para todos», pero la realidad era otra. Antes de que acabara 1980, otro miembro del centro derecha no nacionalista, Vicente Zorita, fue asesinado. Su viuda relata la angustiosa espera hasta que una llamada de la Policía confirmaba sus peores augurios. «¿Dónde está papá?, ¿por qué tarda tanto en subir a casa si le he visto abriendo el portal?», le había preguntado su hija pequeña horas antes. «Cuando la espera se hacía ya insoportable, su cuerpo querido era encontrado acribillado en la falda del monte Serantes con una pequeñita bandera española dentro de su boca a modo de mordaza», escribe. Aún perderían dos militantes más en la negra década de los ochenta. Alberto López Jaureguizar, quien como Vicente era padre de cuatro hijos, empezó a tomar partido en la política tras ser testigo de un atentado en Bilbao. Desde ese instante comenzó a asistir a los funerales de las víctimas, apestados de la sociedad vasca durante muchos años. «Me comentó que deseaba defender sus ideas de orden y paz y decidió afiliarse a Alianza Popular (...) Nuestra familia iba de funeral en funeral, en silencio, para demostrar que sentíamos aquellas muertes radicalmente. Cuando asesinaban a un policía, Alberto ponía la bandera española en la calle Amesti con un lazo negro porque decía que aquel policía tenía padre y madre. Creo que fue esa bandera española la que le pudo costar la vida, más que su afiliación en la Alianza Popular», admite su viuda, quien dos años después habría de asistir a la despedida de otro compañero, José Larrañaga, contra quien ETA hubo de atentar hasta tres veces para arrebatarle la vida.

Atroz cacería
Las intenciones de aniquilar a la opción del centro derecha continuaron en los noventa. Entre 1995 y 1996, de sus 32 cargos electos en la provincia de Guipúzcoa, cinco fueron asesinados, entre ellos, su joven y entusiasta presidente, Gregorio Ordóñez. Es lo que los autores de la obra, Antonio Merino <MC1>—presidente de Alianza Popular en el País Vasco entre 1979 y 1983— y Álvaro Chapa —ex cargo del PP vasco— denominan «la atroz cacería». El punto de inflexión llegó, como recalca Mariano Rajoy en el prólogo del libro, con el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y el nacimiento del «espíritu de Ermua». La firme defensa de las libertades ha guiado desde entonces la acción política del PP, que hoy, cuando se abre la ventana de la esperanza por la derrota definitiva del terror, rinde homenaje al «supremo sacrificio» de sus compañeros arrebatados y a sus familias.

En casa de los Iruretagoyena Larrañaga el destrozo moral fue aún mayor para el padre, quien, a instancias de un amigo y compañero de partido, cedió su puesto como concejal en el Ayuntamiento de Zarauz a su hijo José Ignacio. En su mente siempre tuvo esa terrible sensación de congoja al saber que si no le hubiera «dado el pase», su hijo no estaría muerto. «Nunca pude suponer que el odio se cebara en José Ignacio, mi querido hijo. Todo el mundo sabe que yo no quise, en un primer momento, abandonar mi puesto, es decir, que quería presentarme de nuevo, pero Gervasio se daba cuenta de que mi hijo valía más que yo y que podría hacer mucho por el pueblo».

Cinco meses después, en ese siniestro suma y sigue de la banda criminal, moría asesinado Manuel Zamarreño, antiguo camarada de José Luis Caso en los Astilleros. Con él se metió en política y como homenaje a su amigo cogió el testigo. «Mediante José Luis nos enteramos de que el Partido Popular iba a presentar por primera vez una candidatura en Rentería, y Manuel facilitó su nombre para ir tercero en la lista. Considerábamos que su participación era de puro relleno electoral porque jamás pudimos suponer que nuestra opción sacara dos escaños; fue una auténtica sorpresa que nos llenó de alegría política a todos, aunque a algunas mujeres, en lo más íntimo de nuestras intuiciones, comprendimos que podrían derivarse muchas cosas malas de ese triunfo por otra parte tan deseado», relata Marisol, su viuda, quien un año después se integró en las listas municipales en homenaje a su marido, asesinado el 25 de junio de 1998. «Algunos decían que éramos héroes, pero nada más lejos de la realidad. Yo quería profundamente a Manuel e intentaba que mi actitud no acrecentara su angustia, con mi silencio y pavor. Cuando comprendí que su decisión estaba tomada hice todo lo posible para manifestarle mi ternura y le calmaba cuando le veía apesadumbrado», añade Marisol.

Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión García Ortiz, ; Jesús María Pedrosa, concejal de Durango; Manuel Indiano; José María Martín Carpena; José Luis Ruiz Casado; Francisco Cano y Manuel Giménez Abad completan el friso de vidas humanas sacrificadas por la libertad. La necesidad de memoria y el compromiso con los principios por los que fueron asesinados renacen en la obra «Raíces de Libertad».

GAL: regreso al corazón de las tinieblas (I)
 www.gaceta.es 13 Marzo 2011

El 4 de abril comienza en la Audiencia un juicio que será el broche final de los GAL. Las audiencias públicas, si para algo sirven, es para que resplandezca la verdad. El magistrado Guevara ofrece, de antemano, plenas garantías de independencia y entereza. En el banquillo de los acusados sólo se sienta un procesado, Miguel Planchuelo. El epílogo judicial de los GAL no puede limitarse a la figura de un simple comisario. El nuevo testimonio de Amedo promete más revelaciones sobre sus superiores. La guerra sucia contra ETA fue concebida dentro de esos parámetros maquiavélicos. El ‘caso Batxoki/La Consolation’ es un proceso que continúa abierto desde hace 25 años.

El próximo 4 de abril comienza en la Audiencia Nacional un juicio que puede convertirse en el broche final de los GAL. Al menos eso es lo que espera un amplio sector de la opinión pública, que se resiste a que unas páginas negras de la reciente historia de España se escriban en blanco. Las audiencias públicas de los procesos judiciales, si para algo sirven, es para que resplandezca la verdad. La vista sobre los atentados contra los bares Batxoki y La Consolation tiene la ventaja de estar presidida por el magistrado Alfonso Guevara que ofrece, de antemano, plenas garantías de independencia y entereza. Por lo pronto, los testigos han sido convocados a través de un inspector de la Comisaría General de Policía Judicial, que les ha entregado la citación en mano. Por ejemplo, el ex policía Míchel Domínguez fue visitado por el mensajero hace dos sábados. Una manera de no eludir su obligación ciudadana y no demorar la causa.

En el banquillo de los acusados sólo se sienta un procesado, el ex jefe superior de Policía de Bilbao, Miguel Planchuelo, y aunque eso, de por sí, ya representa una limitación para descubrir el manto de la realidad, al menos sirve para ir colocando las miguitas de pan que lleven a los investigadores hasta la equis de los GAL y a todos sus encubridores.

Me decía hace unos días un político retirado que a los promotores del crimen de Estado habría que exigirles la misma penitencia que a los fundadores batasunos de Sortu: pedir perdón a las víctimas y reconocer sus tropelías. Sobre eso prefiero no pronunciarme. Sólo reproduzco sus palabras para despertar una reflexión entre los lectores. Pero desde hoy hasta el primer domingo de abril, el punto de mira de esta sección estará orientado hacia el caso GAL. Intentaré poner un poco de luz a las oscuridades de la guerra sucia. Aviso a navegantes: usaré una lámpara de muchísimos vatios, a pesar de las recomendaciones de ahorro energético de Miguel Sebastián.

El epílogo judicial de los GAL no puede limitarse a la figura de un simple comisario. Planchuelo corre el riesgo de convertirse en otro chivo expiatorio, mientras los inductores y estrategas de la guerra sucia contra ETA siguen sin dar la cara. Llevamos siete años preguntándonos por los autores intelectuales del 11-M y han transcurrido casi 30 desde la creación de los GAL sin que la antepenúltima letra del alfabeto pise un juzgado. Al menos, para que de su versión sobre los sucedido ante un juez. Sólo conocemos lo que declaró como testigo en el juicio del caso Marey, el 23 de junio de 1998, a pregunta de los abogados.

-¿Ordenó actuar en Francia contra ETA?
-Jamás se me ocurrió cosa semejante, si se entiende por cometer acciones ilegales.
-¿Barrionuevo le propuso cometer alguna acción ilegal?
-Jamás. Nunca se le hubiera ocurrido, nunca. No creo que haya estado en su cabeza.
-¿Tiene explicación de cómo se crearon los GAL?
-No tengo explicaciones sobre esas actuaciones ilegales. Aquí hay personas que reconocieron haberlo hecho –por Damborenea, Sancristobal, Álvarez y Amedo, entre otros–. No sé por qué. En su momento no lo conocí. Cómo iba a conocerlo.

Un mes más tarde, la sala segunda del Tribunal Supremo condenaba al ministro del Interior José Barrionuevo por “conocer, aprobar y dar el dinero” para secuestrar a Segundo Marey. Sin embargo, 12 años después, como salido del túnel del tiempo, el ex presidente del Gobierno reconocía haber tenido en sus manos un plan para acabar en Francia con la cúpula de ETA y desvelaba que a Marey no lo mataron sus secuestradores porque se opuso Barrionuevo.

En todo ese tiempo, desde la creación de los GAL en el verano de 1983, se ha formado contra los cerebros del crimen de Estado un reguero de pruebas, indicios, sospechas, testimonios, acusaciones, autoinculpaciones… pero nadie ha tenido los redaños de colocarle el cascabel al gato. Si para algo debiera servir el juicio del día 4 de abril sería para eso: para pasar la última página de los GAL con todo su texto y sin borrones ni tachaduras. Es injusto que a Planchuelo, que sigue siendo inocente del doble atentado en Francia mientras no se demuestre lo contrario, le haya caído el marrón de ser el último en apagar la luz y cerrar la puerta, cuando quedan muchas preguntas por contestar. El comisario es un funcionario de la Seguridad del Estado, de la escala media de la pirámide de mando del Ministerio del Interior, incapaz de centralizar en él toda la responsabilidad sobre unos atentados de tal magnitud. Planchuelo ya fue condenado por el secuestro de Segundo Marey y, junto a él, cayó toda la cúpula del Ministerio del Interior y ex dirigentes de los socialistas vascos. El comisario de Bilbao, con aquella sentencia, perdió su virginidad legal, su condición de policía, sus medallas, su honor y su peculio. Es un estigma y una rémora que arrastra por creer en las promesas de sus superiores y en la razón de Estado. Como en la sentencia del caso Urquijo, si finalmente lo condenan por los dos atentados en el País Vasco francés, sólo pudo dar la orden “en compañía de otros” y con un mandato superior.

Es una máxima generalizada e histórica en la lucha parapolicial contra el terrorismo: los Gobiernos se dejan arrastrar por la razón de Estado. El emperador Carlos V acuñó aquella frase, que luego he escuchado a mucha gente, sobre que “la razón de Estado no se ha de oponer al estado de la razón”, pero ni él la cumplió ni tampoco muchos Gobiernos democráticos y presentados como de izquierdas. “La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto”, afirmaba el poeta y novelista romántico alemán Goethe y no mentía. Pero quien, definitivamente, dio contenido político y filosófico al concepto “razón de Estado” fue sin duda alguna Nicolás Maquiavelo. Para el italiano, la razón de Estado eran aquellas medidas extraordinarias que adoptaban los gobernantes con el objeto de conservar o aumentar la salud del Estado. Para él, la fortaleza del Estado era un valor superior a otros derechos individuales o colectivos. La guerra sucia contra ETA fue concebida dentro de esos parámetros maquiavélicos, los mismos que utilizaron las dictaduras militares de Chile y Argentina en la operación Cóndor, Stalin en las checas soviéticas, Reagan y Bush padre en la Irán-Contra nicaragüense o Francia en la voladura del Rainbow Warrior de Greenpeace en Nueva Zelanda.

Aunque les parezca un tanto sorprendente, el caso Batxoki/La Consolation es un proceso que sigue abierto desde hace 25 años. El primer sumario en España fue emprendido en 1988 gracias a la iniciativa de 104 españoles que ejercieron la acción popular bajo el liderazgo del abogado Fernando Salas. Tras su muerte, prosiguió la acusación el letrado José Luis Galán y, ahora, quien mantiene encendida la llama, en representación de todos esos ciudadanos, es la letrada Begoña Lalana. La Fiscalía y la Abogacía del Estado no acusan. Por los mismos hechos ya fueron condenados, en 1991, a 108 años de cárcel los policías Amedo y Domínguez. Pero aquel proceso resultó toda una farsa, como ha denunciado en repetidas ocasiones Amedo. Ahora, en esta segunda vista, el subcomisario pretende como testigo, una vez cumplida su condena, todo lo que, desde la Fiscalía General al Ministerio de Justicia, pasando por el Gobierno, autoridades penitenciarias y otras altas instituciones judiciales y políticas, no le dejaron exponer. En Francia, paralelamente a la causa española, los autores materiales del atentado, unos mercenarios portugueses, también fueron condenados.

La lupa de la Justicia se ha colocado sobre los casos Batxoki y La Consolation, pero permanecen todavía muchas preguntas sin respuesta sobre otros 40 atentados de los GAL, que dejaron un saldo de 27 muertos y 24 heridos. Sólo en la acción contra los bares Batxoki, en Bayona, y La Consolation, en San Juan de Luz, resultaron heridas seis personas, entre ellas una niña de 4 años. La última acción violenta, en julio de 1987, se llevó por delante a Juan Carlos García Goena, un español que se había refugiado en Francia para no hacer el servicio militar y que nada tenía que ver con ETA. Su viuda, Laura Martín, 23 años después, sigue buscando por su cuenta a los asesinos, porque no existe una causa judicial abierta. Otro tanto sucede con el asesinato en Bilbao de Santiago Brouard, en 1984, del que se ha celebrado dos juicios sin que se haya esclarecido toda la verdad. Sobre los atentados sin esclarecer aportaremos más datos en las próximas semanas.

La declaración como testigo del subcomisario José Amedo el primer día del juicio, el próximo 4 de abril, supone un revulsivo para la causa. Sobre todo, porque ahora Amedo no se debe a nadie ni está intimidado por la cúpula de Interior. Este nuevo testimonio de Amedo promete nuevas revelaciones sobre sus superiores y las instituciones que colaboraron con el Gobierno para tapar el caso GAL. Si en su día fue condenado por la misma Audiencia Nacional por ser el intermediario de los GAL y el reclutador de los mercenarios portugueses que ametrallaron los dos bares franceses, ahora el tribunal tiene difícil quitarle peso a sus revelaciones. Su testimonio posiblemente sea el menos contaminado porque, aunque le pueda mover un sentimiento de venganza, no anula sus conocimientos sobre las interioridades de los GAL, mientras se crearon y cuando fue encubierto desde La Moncloa durante los procesos judiciales y la pelea política en el Congreso. Javier Gómez de Liaño, el magistrado que llevó a la cárcel al general Galindo y otros guardias civiles por el caso Lasa y Zabala, me dijo el otro día que, si a lo largo de la vista los testigos aportan nuevos datos sobre otros personajes, el tribunal debería deducir testimonio sobre ellos. Las acciones de guerra sucia de los GAL, por mucho tiempo que haya transcurrido, no pueden quedar impunes. Como en otros grandes casos de nuestra historia reciente –11-M o 23-F– debe prevalecer la verdad. Hay que regresar al corazón de las tinieblas para llegar a conocer la verdad sobre los GAL y la guerra sucia. Un subcomisario Amedo convertido en el marinero Charlie Marlow del relato de Joseph Conrad.

Según Paul Preston
Carrillo fue más responsable de Paracuellos de lo que reconoce
 www.gaceta.es 13 Marzo 2011

El historiador británico Paul Preston asegura que la responsabilidad de Santiago Carrillo en la denominada matanza de Paracuellos fue mucho mayor de lo que el dirigente comunista ha reconocido nunca, incluso en sus memorias.

Paul Preston llega a esta conclusión en el artículo "Las matanzas de Paracuellos", aparecido este mes de marzo en el último número de la revista "Ebro 38. Revista Internacional de la Guerra Civil", que edita el Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona y Llibres de Matrícula (www.llibresdematricula.cat).

Preston, profesor de la London School of Economics and Political Science y miembro del consejo asesor de la revista, trata este controvertido y polémico episodio de la Guerra Civil española, del que presenta el estado de la cuestión, enriquecido con una investigación propia que demuestra "la complicidad institucional -y de personas concretas que la encarnaban-".

En las conclusiones, el profesor Preston señala que las responsabilidades de Santiago Carrillo, que en aquel entonces ejercía el cargo de máxima responsabilidad en la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, "van mucho más allá de lo que él nunca ha reconocido ni públicaente ni en sus memorias".

Las matanzas de Paracuellos fueron episodios organizados de asesinatos masivos de varios miles de prisioneros, considerados contrarios al bando republicano, que tuvieron lugar durante la batalla de Madrid en el municipio de Paracuellos y el término de Torrejón de Ardoz, próximos a la capital.

Las matanzas se produjeron aprovechando los traslados de presos de varias cárceles madrileñas, una operación que se conocía popularmente como "sacas", y se llevaron a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y franquistas por el control de la ciudad, recuerda el historiador.

Además de la magnitud de los asesinatos, que sigue siendo objeto de controversia y que pudo ascender a entre 2.000 y 5.000, también han suscitado enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados de las cárceles y por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos mientras que en otras los prisioneros llegaban sanos y salvos al destino.

Las matanzas de Paracuellos son todavía objeto de una agria polémica, en la que destaca el énfasis que se ha puesto en la responsabilidad que podría haber tenido Santiago Carrillo.

Según Preston, la propaganda nacionalista utilizó la atrocidad de Paracuellos para presentar la República como un "régimen de asesinos comunistas" y hablar de "la barbarie roja", e incluso llegó a afirmar que el número de asesinatos ascendió a 12.000.

Para el historiador, "aunque Carrillo fue una pieza más dentro del entramado de organizadores y ejecutores de las matanzas de Paracuellos, el régimen franquista y los partidos derechistas de los primeros años de la democracia no dejaron escapar la oportunidad de utilizar estos trágicos eventos para denigrarlo constantemente durante los treinta años en que fue secretario general del PCE (de 1956 a 1985)".

Además, el propio Carrillo contribuyó, sin darse cuenta, a convertirse en el centro del asunto de Paracuellos mediante "la absurda y continua negación de estar al corriente", cuando "hay pruebas de peso que, aparte de ser confirmadas parcialmente por algunas de sus propias declaraciones, dejan claro que estuvo totalmente involucrado".

En julio de 1937, poco después de ser nombrado ministro de Justicia, Manuel Irujo inició investigaciones para averiguar qué había pasado a Paracuellos, una de ellas dedicada exclusivamente a determinar el papel de Carrillo en los hechos, pero según Preston, "desafortunadamente, no ha quedado rastro de esta investigación", que seguramente estaba entre los papeles que los servicios de seguridad controlados por el PCE quemaron al final de la guerra.

Según Preston, un total de 405 presos salieron de la cárcel madrileña de Porlier, que "vivió sacas del 7 al 9, el 18, el 22 y del 24 al 26 de noviembre de 1936, además del 1 y el 3 de diciembre", y fueron ejecutados en Paracuellos y Torrejón.

También en ambos pueblos fueron asesinados 400 prisioneros de la cárcel de San Antón, donde se efectuaron sacas el 7, el 22 y del 28 al 30 de noviembre; y cinco lotes de prisioneros procedentes de este centro penitenciario llegaron sanos y salvos a Alcalá de Henares: dos el 7 de noviembre y el resto del 27, 28 y 29.

Las sacas de la cárcel de Ventas tuvieron lugar el 27, el 29 y el 30 de noviembre, además del 1 y el 3 de diciembre, con un resultado de 200 ejecutados en Paracuellos y Torrejón.

Aunque para el historiador británico resulta "imposible afirmar con exactitud cuántos asesinados hubo durante estas cuatro semanas, la cifra se estima entre 2.200 y 2.500 ejecutados".

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El cuento del Estatuto y la autodeterminación
Roberto Blanco Valdés La Voz 13 Marzo 2011

L a votación en favor de la autodeterminación celebrada el jueves en el Parlamento catalán viene a ser como la ruptura de aquel cántaro que puso fin al cuento de la lechera de todos conocido.

El traslado de ese cuento a nuestra disparatada realidad territorial partía de afirmar que la radicalización del nacionalismo catalán, tras la fase moderada dirigida por hombres como Pujol o Miquel Roca, había sido la directa respuesta al rampante españolismo de Aznar durante su segundo mandato como presidente del Gobierno. Por ello, frente a esa espiral acción-reacción -seguía la ficción- había que satisfacer la reivindicación nacionalista de un nuevo marco estatutario, que colmaría sus aspiraciones durante al menos veinte años (según el cálculo preciso y personal de Zapatero) y haría que las aguas, supuestamente desbordadas por el nacionalismo español, volvieran a su cauce.

A ello se aplicó el presidente del Gobierno con auténtica pasión, tanta que fue quién incluso de resucitar un Estatuto al que, por insensato, el propio PSC había decidido a última hora darle la puntilla. Pero ya entonces pudo verse con toda claridad que también nuestra lechera estatutaria trastabillaba al tener que soportar un peso insoportable, tropezaba una y otra vez y acababa por meterse en todos los charcos que encontraba en el camino.

El final del cuento lo hemos vivido hace tres días: el cántaro que contenía el Estatut ha saltado por los aires y ha quedado hecho pedazos tras la aprobación de una moción del Parlamento autonómico declarando irrenunciable el derecho a la autodeterminación de Cataluña y apoyando tanto los fantasmales referendos ya celebrados como los que van a tener lugar en el próximo futuro.

Ha sido así como hemos podido comprobar que aquella reforma estatutaria que debería haber calmado los ánimos del nacionalismo catalán no ha tenido efecto alguno en tal sentido -sino más bien todo lo contrario-, lo que vendría a ilustrar dos verdades como templos: que darle al nacionalismo más poder territorial no es una forma de saciarlo sino de colaborar a que le crezca la barriga; y que todos los que jugaron irresponsablemente a tal operación atribuyeron la voracidad nacionalista a un responsable equivocado: no era Aznar, como no fue González previamente, sino el propio nacionalismo, que busca siempre un adversario al que culpar de su perentoria obsesión de exigir más.

Como la lechera, que imaginaba llevar sobre la cabeza la fuente de su felicidad, también Zapatero fantaseó con que con su descabellada reforma estatutaria resolvería un problema secular. Los dos tenían muy poco sentidiño y los dos acabaron, tras un tropezón fenomenal, con todas sus ilusiones por el suelo.

Aunque el tropezón de Zapatero, claro está, lo ha pagado (¡y a qué precio!) toda España.

Continuidades
Lo que hay que defenderen el País Vascono es el eusquera,lengua que nadie ataca
JON JUARISTI ABC 13 Marzo 2011

UN diputado autonómico del PSE, don Vicente Reyes, ha considerado intolerables mis pronunciamientos sobre el eusquera en una columna que ABC publicó hace dos semanas. La prensa nacionalista y El País presentan el caso del señor Reyes como si todo el partido que actualmente gobierna la comunidad autónoma vasca suscribiera dicha censura, a propósito de dos tormentosas comparecencias parlamentarias de la consejera de Cultura, Blanca Urgell, el miércoles y el jueves de esta semana, durante las cuales fue instada de nuevo por todos los partidos abertzalesa destituirme de mi condición de vocal en el Consejo Asesor de política lingüística del País Vasco.

La información periodística sugiere que un servidor de ustedes no contaría con otros apoyos para permanecer en dicho puesto que los del PP y UPyD, aunque, en realidad, la única opinión contraria procedente de los socialistas vascos es la del mentado señor Reyes, que asegura sentirse ofendido, como defensor que es de la lengua vasca, por mis declaraciones sobre la misma. No voy a insistir en lo que ya he repetido demasiado a menudo, arriesgándome a aburrir a mis lectores, o sea, que no he insultado al eusquera, pequeña lengua rústica que, históricamente, no ha sido vehículo de una cultura letrada vigorosa y original, y cuyo futuro, por más que en otro tiempo yo mismo la utilizase y cultivase, no es de mi incumbencia, sino de la de sus actuales hablantes y escribientes. Qué haya de insultante en esta definición es algo que todavía no han explicado de manera satisfactoria el señor Reyes y sus conmilitones —nacionalistas— en la defensa de una lengua que nadie ataca.

Sospecho que mi permanencia en el Consejo Asesor de marras se les está haciendo verdaderamente incómoda al lehendakari López y a la consejera Urgell. Más de una vez ha cruzado por mi cabeza estos últimos meses la idea de dimitir, para ahorrarles unas molestias que no se merecen. En rigor, ¿qué se me ha perdido a mí en esta bronca? Incluso los viajes desde Madrid a las reuniones del Consejo los pago, por decisión propia, de mi bolsillo. Contra lo que los nacionalistas expanden, le salgo gratis al erario vasco. Es cierto que accedí a tomarme un café con el lehendakari, pero solo y sin azúcar. No lo volveré a hacer. En lo sucesivo, iré desayunado.

Porque, después de darle algunas vueltas al asunto, va a ser que no. Que no dimito, vaya. Y no sólo por chinchar. Es cierto que me gusta sacar de quicio a los abertzales, pero se me ocurre un montón de actividades más divertidas y, desde luego, más lucrativas. Tampoco por la política lingüística en sí misma, que es un muermo, y menos aún por la supervivencia del eusquera. Según los datos oficiales éste sigue siendo la lengua habitual de un veinte por ciento de la población vasca.

Con el doble de las subvenciones derramadas hasta la fecha, el porcentaje podría alcanzar el veintidós en quince o veinte años. Su futuro, pues, aunque me sea indiferente, parece asegurado. No. No dimito porque mi continuidad en el Consejo se ha convertido, gracias a los nacionalistas, en una cuestión básica para la conquista de la democracia real en el País Vasco, donde lo que hay que defender no es el eusquera. Es la libertad, estúpidos.

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