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Recortes de Prensa   Martes 15 Marzo 2011

 

Japón, lecciones de un país ejemplar
EDITORIAL Libertad Digital 15 Marzo 2011

Japón acaba de ser víctima de una de las mayores catástrofes naturales que se recuerdan. Un terremoto de 9 en la escala de Richter seguido de un devastador tsunami que ha arrasado gran parte de su costa oriental. La tragedia se cifra en términos humanos en unas 5.000 víctimas, un número infinitamente menor al que se registró en el tsunami del Índico en diciembre de 2004 (230.00 víctimas) o al del reciente terremoto de Haití (316.000 víctimas).

Los japoneses han demostrado al mundo que su tesón y esfuerzo durante generaciones para luchar contra las fuerzas de la naturaleza ha terminado dando frutos. Ese triunfo de nuestra especie sobre los elementos es algo todos deberíamos celebrar. Lo que en cualquier otro país hubiese constituido un drama de incalculables dimensiones, en Japón se ha saldado con un número muy modesto de muertes, cuantiosos destrozos –aunque perfectamente asumibles para una economía como la japonesa– y 11 reactores nucleares parados, uno de los cuales se encuentra actualmente en problemas de sobrecalentamiento aunque no existen riesgos de que esto provoque una catástrofe nuclear del estilo de la de Chernóbil.

Pero ese no ha sido el único ejemplo que Japón ha dado al resto de las naciones. La sociedad japonesa nos ha entregado una admirable lección de civismo y templanza en unos dramáticos momentos en los que ambas virtudes tienden a olvidarse. Sólo tres días después de la catástrofe, Japón ha vuelto a la normalidad. Exceptuando a las brigadas de emergencia que asistían a los damnificados y a los retenes de limpieza en las zonas afectadas, el resto del país ha vivido un lunes casi como cualquier otro. Hoy en Tokio los transportes, las oficinas, la Bolsa de Comercio, los colegios y organismos públicos han funcionado como sino hubiese pasado nada. A pesar de los cortes de luz programados, no se han producido saqueos ni problemas de orden público, todo lo contrario, los tokiotas se han esforzado más que nunca por cooperar entre ellos para salir juntos del mal trago.

Japón nos ha enseñado en sólo tres días cómo funciona un país, cómo se mide ante la fatalidad y cómo debe sobreponerse a golpes inesperados y demoledores como el del terremoto del pasado viernes. Japón, en definitiva, nos reconcilia con lo mejor del ser humano, esa extraordinaria criatura que, cuando se lo propone, jamás se da por vencida.

Una gran nación
Se ha enseñado a odiar a España mediante la pedagogía del rechazo de su historia común.
Oscar Elía www.gaceta.es 15 Marzo 2011

Una nación que se enorgullece de su pasado es una nación segura y fiable en el presente, y con voluntad de llevar a cabo grandes empresas en el futuro. Por el contrario, una nación que se avergüenza de sí misma, se paraliza y se ve impotente para afrontar los problemas actuales, sean económicos, estratégicos o de lucha contra el terrorismo; y se ve incapaz de pensar en mejorar la suerte de los suyos en el futuro, o de dar pasos adelante en la arena de las relaciones internacionales.

En España, desde principios de los años setenta, en el sistema educativo, en los medios de comunicación y en la cultura, se ha enseñado a odiar a España, mediante la pedagogía del rechazo de su historia común y de su tradición moral y cultural. Es verdad que la herencia inmediata no era muy apetecible: la violenta antiespaña del Frente Popular, y la España mitificada y desfigurada del franquismo dibujaban una nación atrasada, enemiga de la modernidad y separada, casi por naturaleza, del resto de naciones europeas.

El socialismo heredó esa imagen, y Zapatero se ha limitado simplemente a utilizar el Estado para acabar con ella. En el proceso ha encontrado inspiración, aliento, apoyo y justificación en la izquierda; y comprensión y complicidad en cierta derecha centrista, igual de desconfiada sobre la nación y sus posibilidades. Sólo en la política exterior, la económica y la antiterrorista de Aznar, surgió episódicamente la conciencia de que España es y debe comportarse como una gran nación.

Hoy, en la nueva derecha española se han producido avances importantes. Surge un creciente reconocimiento crítico de las grandes gestas españolas; se extiende el orgullo legítimo de pertenecer a la nación más antigua de Europa, una de las más influyentes y que más ha aportado a la historia de la humanidad; y se exige recuperar la confianza exterior e interior que nos pertenece como gran nación, y que unas pequeñas élites políticas e intelectuales han intentado sin éxito extirpar en las últimas décadas.

La democracia y España
«La historia de España desde 1808 hasta ahora mismo es la historia de nuestras discordias. Aquellas Cortes, operando en un vacío de poder, eran un ejemplo de patriotismo y de deseo de renovación. Pero operaron sin prudencia»
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 15 Marzo 2011

Llevo pensando sobre la Democracia y España creo que desde 1931, fecha que no permite confusiones: 80 años, no está mal. Escribiendo en los periódicos desde 1962, aquí en ABC: hasta ahora mismo. En «El País» desde 1976, recién fundado, hasta 2007: lo dejé a raíz de un editorial apoyando al juez Garzón cuando removía los más tristes recuerdos de la guerra civil. También en «La Razón» y, antes, en periódicos que echo de menos: «Ya», «El Independiente», «el Sol». Y escribí libros sobre este tema desde mi Ilustración y Política en la Grecia Clásica, de 1966, luego reeditado como La democracia ateniense. Después otros. Los coroné en 1997, con mi Historia de la democracia y en 2006 con mi El reloj de la Historia.

¿Por qué ahora esto? El tiempo corre rápido, todo cambia, también el conocimiento de los hechos. Por eso me ha parecido oportuno escribir una Nueva Historia de la democracia, que he publicado hace pocos días. Vivo en varios planos, este es particularmente obsesivo. Y tenemos la obsesión de conocer, pensar este tema. De llegar, si es posible, a algunas conclusiones. Personales claro. Y olvidarlo luego —aunque la realidad de cada día nos lo recuerda—. En fin, he escrito una especie de testamento sobre el tema, una síntesis de lo que de él creo saber.

Créanme, es una especie de obsesión mental no sólo mía. Querría, de algún modo, echarla fuera, encerrada en un libro. Porque la obsesión sobre el problema político en general se obtiene desde lejos, pero el de España, lo vivimos. Queriendo o sin querer. Y ello sin hacer política, nunca la he hecho, pero las circunstancias me hacían, a veces, próximo testigo. De lo que he hecho, lo que más se parece a hacer política es la dura lucha que, durante muchos años, sostuve en defensa de la tradición humanística en la enseñanza contra las ideas de la izquierda pedagógica: contaminó primero al último franquismo, luego al socialismo. Primero ayudado por muchos, luego cada vez más solo. Y, a pesar de todo, no estoy completamente insatisfecho.

Hombres sensibles nos dejaron conservar algunos puntos. En la Secundaria y la Universidad seguimos, pese a todo, reducidos, desde luego, pero vivos.

Fui sobre todo un testigo, un capítulo en ese mismo libro reza así: «El autor de este libro se presenta como testigo». Un testigo que ve y sufre y trata de comprender. Es bastante amargo.

Yo veía las cosas de España, leía y escuchaba las del mundo, pero sobre todo, admírense, las de la antigua Atenas. Mucha desgracia y algunas esperanzas. Porque la lucha por un gobierno justo es connatural al hombre, es imitada tras largos siglos. Los tiranos pasan. Y hay momentos de esplendor. Es el terrible problema del poder, de cómo repartirlo, gobernar para bien de todos. Problema nunca resuelto, pero los fracasos nunca son definitivos. Optimismo a plazo lejano, en tantos momentos solo vemos la parte fea de la trama.

El problema es el de la libertad e igualdad, no una igualdad mecánica, aplastante, igualdad en la dignidad, con infinitas variantes. En lo espiritual y lo material. En Atenas el pueblo alcanzó la dignidad del poder, pero se acotaron áreas para que unos y otros se desenvolvieran y áreas de conocimiento y de belleza accesibles a los que quisieran y supieran acceder.

Claro que Atenas no fue insensible a las trampas del poder, de la ambición. Se metió en una guerra extranjera que no podía ganar. Los intereses de las clases se hicieron incompatibles, llegó la guerra civil. De otra parte, los que habían sufrido ese terrible fin de la democracia, me refiero a Platón y otros más, quisieron convertir la sociedad en una cuadrícula cerrada, científica decían. Otro desastre cuando, con el tiempo, vinieron planificadores, dictadores diríamos, ya religiosos ya políticos, infalibles se creían. Trajeron nuevas desgracias que todavía nos atormentan.

Pero yo sacaba de la historia de Atenas una lección optimista: una rebelión de los que se sentían oprimidos, una revolución, era susceptible de llegar con sus oponentes a un acuerdo humano: a una democracia. Y la historia nos hace ver que, en efecto, este esquema se ha repetido varias veces. Una revolución seguida de una conciliación trajo la democracia en Inglaterra y Estados Unidos. Claro que no es un esquema obligatorio, ha habido revoluciones no conciliadas que han traído, sin duda, algunas ganancias, pero no democracia, al menos no en un tiempo previsible, ni sin sufrimientos sin cuento. Son revoluciones sin conciliación final, por ejemplo, la francesa y la rusa. Algunas ganancias, sin duda, pero horribles sufrimientos.

Y entonces, con este espejo yo miraba al problema de España cuando a comienzos del siglo XIX caían la vieja monarquía y el imperio ultramarino. Venía, imparable, una revolución. Y en España ha habido no una revolución, sino un montón de ellas: y la terrible consecuencia que saca el que mira su historia desde 1812, desde aquella Constitución que fue en realidad una revolución, es que no hubo conciliación. Las revoluciones iban seguidas del contragolpe: de revoluciones en sentido contrario. Y cuando por unos años se hizo una conciliación, fue frustrada una y otra vez. En suma, la historia de España desde 1808 hasta ahora mismo es la historia de nuestras discordias.

Por supuesto, este es un simple esquema, y esto que escribo es un mero esbozo. En algún lugar me he expresado con más detalle. Aquellas Cortes, operando en un vacío de poder, eran un ejemplo de patriotismo y de deseo de renovación. Pero operaron sin prudencia. Eran un mínimo grupo de ilustrados que en realidad se representaban a sí mismos y a pocos más. No eran representativos del pueblo español del momento, no tenían a su lado un elenco de políticos que hicieran la conciliación con el pueblo. Este recibía a Fernando VII con arcos de triunfo. Y en uno y otro grupo el poder quedó en manos, en un caso, de revolucionarios exaltados, de comecuras y demagogos de café, en el otro, de los partidarios del monarca absoluto y de la horca.

¿Qué conciliación, qué democracia iba a haber? (y la había en Inglaterra desde el siglo XVII, en Estados Unidos desde el XVIII). Se imponían los espadones: los liberales triunfaban con los golpes militares, los otros más o menos. Y si Isabel II, tras María Cristina, intentaba una conciliación susceptible de lograr un reparto humano del poder, era enviada al exilio y sustituida por una República, la I, puro caos, cantones y federalismo, anticipo de desgracias.

Voy a saltos. La restauración, el mayor ensayo de progreso en siglos fue torpedeada de mil modos: la semana sangrienta, los líderes políticos asesinados, el socialismo, con Iglesias, más fanático, la huelga general del 17. ¿Cómo no iba a llegar Primo de Rivera en un país así? ¿Cómo no iba a caer y a ser sustituido por la II República, cómo ésta no iba a ser llevada por Azaña y Largo y los separatistas a una revolución indefinida, marginando a los socialistas de verdad como de los Ríos y Besteiro? Callo lo que siguió, ya lo saben. Es de libro.

Pero llego ya casi a nuestros días y no me queda espacio.

La transición parece no haber existido. Y el socialismo ha escogido, al final, el camino de la segunda República: alianza con los nacionalistas o separatistas, política a bandazos improvisados, irracionales, incompetentes, alianza con grupos de provocadores como los del 4 de marzo, otra con mínimos grupos fanático-mediáticos, que meten sus leyes en el Boletín Oficial. Así los de la zeja o esas feministas que nos imponen sus leyes del aborto y su español adulterado. Los más callan y temen.

Veremos qué arreglo tiene. Debería tenerlo en el sentido de la razón y la concordia. Y la democracia no es renunciable. Pero asomarse a su historia en el mundo y, sobre todo, en España no puede hacerse sin preocupación.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ES MIEMBRO DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA

Cataplasmas para la crisis
De espaldas a la realidad, sufriremos menos sin ver llegar la pared contra la que nos vamos a estrellar
MANUEL MARTÍN FERRAND ABC 15 Marzo 2011

ASEGURAN los italianos del Centro Nacional de Geofísica, gente sabia, que el terremoto que sacudió Japón ha desplazado en casi diez centímetros el eje de la tierra, la línea imaginaria que une el Polo Norte con el Sur. También podría ser al revés. Un desplazamiento del eje es la causa del terremoto y toma razón, a ojos ecologistas, del calentamiento de la tierra y la deforestación de la Amazonia o, en interpretación fatalista, nos anuncia la proximidad del fin del mundo. Es decir, que el Apocalipsis de san Juan se nos convierte en crónica de actualidad y pronto veremos «subir del mar una bestia con diez cuernos y siete cabezas, con una diadema en cada cuerno y un título blasfemo por corona». Aunque muchos, seguimos siendo pequeños, enanos, para interpretar las fuerzas de la Naturaleza y, más todavía, para dominarlas.

Nuestro tsunami particular, lo que nos arrolla y destroza aquí y ahora, es una creciente y, de momento, imparable crisis que cuenta por millones el número de parados y por miles de millones la deuda y el déficit públicos. Algo también apocalíptico que el ahora decaído José Luis Rodríguez Zapatero no quiso ver venir cuando estaba pletórico —el sabrá por qué— y ahora no sabe cómo atajar y contener en sus funestos efectos sociales y económicos que, a mayor abundamiento, como si en Miyagi quisieran, en este instante, acometer una reforma agraria, coincide con una crisis política que, reactivada por Artur Mas, supuesto hombre de orden, compromete la forma y la estructura, incluso el territorio, del Estado.

La patronal enteléquica y los sindicatos anacrónicos, bendecidos por el fantasma gubernamental, llevan tres meses de diálogo para perfilar una reforma laboral, negociación de convenios incluida, que, antes de que llegue San José, sirva para racionalizar y potenciar nuestros mecanismos productivos e incrementar el nivel de competitividad de la Nación. Han descubierto la cataplasma. Ignorantes de los avances clínicos, farmacológicos y quirúrgicos, quienes dicen representar a los empresarios y a los trabajadores —¿a quiénes representarán los diputados de la docena y media de Parlamentos en uso?—, vuelven a los modos de nuestros abuelos. Cataplasmas para la enfermedad por grave que esta sea. No quieren romper lo establecido e insisten en los convenios nacionales con referencia al IPC y, en general, con supuestos contrarios a las recomendaciones que vienen haciendo, desde dentro, el Banco de España y, desde el exterior, la Unión Europea, la OCDE y el FMI. Así, de espaldas a la realidad, sufriremos menos sin ver llegar la pared contra la que nos vamos a estrellar.

Un bledo
Alfonso Ussía La Razón 15 Marzo 2011

O un rábano, si lo prefieren. No pienso perder ni un minuto más dedicando mi atención a quién será o no será el sucesor de Zapatero en el PSOE. Que si Rubalcaba, que si Chacón, que si Blanco, que si Bono, que si Solana, que si Leire Pajín… Bueno, tengo que reconocer que de darse la última de las opciones me bailarían las pupilas de júbilo, pero no va a ser.

Pero lo malo no es mi desinterés, una elección anímica individual. Lo malo para el PSOE es que también están desinteresados todos los posibles sucesores anteriormente citados. A nadie le gusta perder, y sea quien sea el que sustituya a Zapatero, con Congreso o sin Congreso, será el protagonista de un desastre electoral. De ahí mi humilde petición. Si la derrota es segura, ¿por qué no designan a Leire Pajín, que al menos nos hace bailar las pupilas de júbilo?

El PSOE siempre ha sido magistral en el dominio del despiste. No se habla en la calle de lo fundamental, sino de lo accesorio. «Gómez pinta sus autobuses de blanco». ¿Y qué? Pero se dedican páginas y toda suerte de comentarios a tan elemental nadería. Entonces se desvía la atención por los ERE de la Junta de Andalucía, que hasta el momento no han alarmado a la Fiscalía, tan caprichosa y amable cuando los que se lo llevan caliente son los socialistas. No obstante, me creo con el suficiente apoyo moral para reprender cariñosamente a muchos socialistas zapaterones.

Una cosa es que se hayan dado cuenta con siete años de retraso de que su Rodríguez es una burla. Y otra muy diferente que lo abandonen como están haciendo desde unos meses atrás. La dignidad obliga a hundirse con lo que queda de la nave. Tengo un amigo que, en su casa, luce un cartel de grandes dimensiones con la leyenda «sigo siendo de Zapatero». Me gusta su coherencia ideológica. Un socialista honrado y un votante con oro en su papeleta. Soporta a diario los comentarios irónicos y displicentes de su mujer y sus hijos, que han abandonado la nave como ratas. Cuando le pregunto a quién prefiere para suceder a su Zapatero del alma, me responde con seca contundencia: «A Zapatero». Pero no todo son desgracias en su ánimo. Ha heredado un piso en el Paseo de La Habana y lo ofrece en alquiler. Tiene dos ofertas. La de una viuda procedente de Málaga y la de un inmigrante marroquí que encontró provecho y fortuna en España. Y el muy bribón se lo ha alquilado a la viuda de Málaga, porque a pesar de su moderno socialismo, no se fía de los moros. Con la nueva ley que está ultimando Leire Pajín, estaría obligado a alquilárselo al honesto magrebí, porque doña Leire desea prohibirnos a los españoles la elección de uso sobre nuestros bienes, y esto no le termina de convencer a mi amigo el consecuente, que también es fumador y se sube por las paredes, porque su mujer, la que ha cambiado de bando, ha amenazado con denunciarlo por fumar en casa. No obstante, seguirá siendo de Zapatero, porque como dice y repite, «también los genios se equivocan eligiendo a la gente».

Y es posible que tenga razón con la sucesión de Zapatero. Un Zapatero sucedido por un Zapatero emergente. Faltan los brotes verdes, pero se pintan. Y nadie considera a Trini en la quiniela. Cuidado con Trini. Es a la única a la que no le importaría perder las elecciones porque no ha ganado ninguna. Y cada derrota le ha servido de trampolín. Jamás será presidenta del Gobierno, pero un batacazo ante Rajoy le puede llevar a la Secretaría General de la ONU. En fin, que me importa un bledo quién va a suceder a Zapatero, pero si no es Zapatero, apuesto por Trini. Bono, Solana, Rubalcaba y Chacón son demasiado listos para aceptar el mando de un chinchorro.

El político ciego
El político ciegose hace peligrosoporque apenas admitela crítica
EDURNE URIARTE ABC 15 Marzo 2011

UN poco antes de que José García Abad publicara su agudo retrato de Zapatero, El Maquiavelo de León, un político francés, Édouard Balladur, publicó otro excelente libro sobre el maquiavelismo de los líderes políticos, de los franceses, de los de todos los lugares, Maquiavelo en democracia. El libro de Balladur es un brillante tratado de psicología política del liderazgo que debería figurar como lectura obligatoria para los estudiantes de Políticas. Y antes de eso, como lectura imprescindible para la comprensión de la degradación del liderazgo de Zapatero. Pues todas las claves de esa degradación se hallan en ese libro, a partir de unas sobresalientes dotes de disección psicológica del comportamiento de los líderes afinadas por Balladur en su observación, no de Zapatero, sino de otros líderes que mostraron las mismas patologías antes que él.

Tres patologías en particular que resumen el momento político de una sociedad española atrapada en la ambición descontrolada de un solo hombre por mantener su poder. La megalomanía y el desprecio a los demás, en primer lugar, que son, escribe Balladur, la contrapartida ordinaria de un poder demasiado grande, ejercido por hombres demasiado poco escrupulosos. El político ciego, en segundo lugar, que se hace peligroso porque apenas admite la crítica, la verdad ya no es sino lo que le conviene y el poder le alimenta un sentimiento de superioridad al que todo parece estarle permitido.

Y la intoxicación de los ánimos, en tercer lugar, la creación de lo irreversible, de la centralidad del propio líder, a través de los sobreentendidos, de las noticias falsas, de las manipulaciones de la prensa, de la eliminación de los rivales, sistemáticamente burlados, despreciados y aniquilados. La «estrategia» de la que alardeaba hace unos días José Blanco tras la suspensión de Vistalegre consiste sustancialmente en lo anterior. En la estrategia para la supervivencia política de Zapatero que es, a su vez, la de él mismo, la de Blanco. Con la repetición como candidato si el milagro en forma de buenos resultados electorales en mayo o de potentes signos de recuperación económica se produce. O con el control sobre la sucesión, si tal milagro no tiene lugar.

Lo más penoso es que la manipulación anterior se lleva a cabo sin que el PSOE sea capaz de contrarrestarlo, a pesar del convencimiento de que su problema central para la recuperación política es Zapatero. Una impotencia que es responsabilidad de los propios socialistas por haber puesto en manos de su líder más mediocre en mucho tiempo un hiperliderazgo que le ha llevado a, otra expresión de Balladur, la embriaguez de la omnipotencia.

Democracia e impuestos
Es una genialidad que los impuestos sean opacos y no sepamos cuánto cuesta la cúpula de Barceló.
José Luis González Quirós www.gaceta.es 15 Marzo 2011

Los que pensamos que hay ocasiones en que la derecha no pone demasiado empeño en ganar las elecciones tenemos razones para hacerlo, fundamentalmente en la medida en que no se combaten las causas que facilitan un predominio cultural de esa mezcla pringosa de socialdemocracia y populismo con la que suelen conseguir sus éxitos tanto la izquierda como los nacionalismos.

En cierta ocasión explicaba a mis alumnos las indudables ventajas del modelo universitario americano sobre el europeo y, por supuesto, sobre el español. Un alumno se atrevió a llevarme la contraria, en un gesto de atrevimiento inaudito, porque, al margen de cualquier retórica, solemos educar a los alumnos en la sumisión repetitiva a lo que diga el profesor, y me dijo que el modelo universitario americano era claramente inaplicable en España; le pregunte por qué y me contestó que por ser carísimo.

Aproveché la oportunidad para hacer un cálculo, junto con ellos, de lo que realmente costaba que estuviésemos manteniendo esa clase, y de cómo ellos apenas pagaban un pequeño porcentaje de esos costos, es decir que pagan las clases universitarias, sobre todo los que no disfrutan de ellas. Me parece que comprendió el argumento: una enseñanza falsamente gratuita puede ser realmente mediocre, casi enteramente inútil, como desgraciadamente tiende a serlo. Si los alumnos pagasen las clases en lo que valen, la Universidad sería muy de otro modo. Así se explica, por ejemplo, que tengamos las mejores, no es exageración, escuelas privadas de negocios, y unas universidades públicas, en general, de muy baja calidad.

Generalizaré el diagnóstico: los ciudadanos no son conscientes de que ellos pagan cuanto los gobernantes parecen darles, que les sale bastante caro el mecanismo redistribuidor de rentas en que se han convertido los Estados de bienestar, sobre todo cuando se dedican a quitar rentas a los modestos y a aumentarlas a los plutócratas, es decir, cuando, por ejemplo, sube sin control la factura de la luz, del gas, del teléfono o de los carburantes, mientras los consejos de administración de esas beneméritas empresas se suben los bonus, de apenas unas decenas de millones de euros, con una alegría contagiosa. No creo que nadie medianamente decente se atreva a negar que algo, más bien mucho, de esto está pasando aquí y ahora.

La derecha podría pensar en algo muy simple, en imitar el modelo americano y obligar a que se separen los precios de los impuestos, de manera que al pagar 100 euros por la compra de algo sepamos con claridad que el objeto cuesta 60 y que los otros 40 se los llevan los gobiernos, los ayuntamientos, la SGAE y cualesquiera otros beneficiarios de nuestra anónima, involuntaria e ilimitada generosidad. La gente aprendería, por ejemplo, que tiene que ser forzosamente mucho más caro vivir en Madrid, donde el alcalde ha conseguido acumular una deuda sideral, que en Valladolid, una ciudad que apenas tiene déficit por lo bien administrada que está. También habría que modificar el IRPF, porque sería esencial que la gente supiese lo que gana de verdad, lo que le cuesta su trabajo al empleador, y no lo que de hecho se lleva a casa, tras ser debidamente sableado por la Hacienda y la Seguridad Social, esas beneméritas instituciones que nos tratan a palos a la que nos descuidemos.

Es posible que con medidas de ese tipo subsistieran los masoquistas que prefieren que su dinero lo administren gentes de probada moralidad y eficiencia, como los políticos, y no miro a nadie. Pero es seguro que muchos otros empezarían a mirar los servicios públicos con otra cara, y no simplemente a admirarse de lo bueno que es el Estado cuando concede a sus funcionarios tantas ventajas sociales y un régimen laboral que concita las envidias del que tiene que ganarse los euros en un ambiente ligeramente menos estable y más competitivo.

Es una genialidad del Estado paternalista que los impuestos sean opacos, que los ciudadanos no caigan en la cuenta de lo que le cuestan las dádivas de los políticos, la cúpula de Barceló en Ginebra, la aventura olímpica de Gallardón, el teatro del Liceo en Barcelona que pagamos también los de aquí abajo, los puñeteros carteles del Plan E de Zapatero, el fiestorro de los cineastas, a punto de dejar de ser zejaadictos de avispados que son, o los aviones para que se desplace la Pajín, que siempre tiene prisa porque es muy galáctica.

Muchos siguen pensando que eso son gastos que ellos nos pagan, que el Gobierno tiene una máquina de hacer dinero que nos sale gratis. El problema es que sí que tiene máquina, y la maneja con soltura, pero nos sale carísima, casi cinco millones de parados y una deuda pública que es alucinante. El cambio de la cultura política imperante, lo que permitirá que haya una democracia real y algo más competida, llegará cuando muchos comprendan que esos excesos no tienen otra finalidad que seguir comprando su credulidad, su inocencia y su voto.

*José Luis González Quirós es analista político.

¿Quién mandaba el 11-M?
Luis del Pino Libertad Digital 15 Marzo 2011

Las declaraciones ante la juez Coro Cillán de los Tedax que participaron en la recogida de muestras el 11-M están poniendo de manifiesto las numerosas irregularidades que aquel día se cometieron:

- En primer lugar, en el proceso de recogida y/o traslado de las muestras participaron numerosos tedax de la Unidad Central que, sin embargo, no comparecieron después ante los instructores de las diligencias policiales para declarar. Ha sido sólo siete años después cuando hemos conocido de su participación en aquel proceso. ¿Por qué los instructores de las diligencias policiales no tomaron declaración en su día a esos Tedax?

- En segundo lugar, las muestras fueron llevadas a la sede de la Unidad Central en lugar de hacerse cargo la Brigada Provincial, como manda el protocolo. Quien dio la orden de romper el protocolo en ese aspecto es, según las declaraciones de los tedax, el propio Sánchez Manzano, que nombró a un tedax de la Unidad Central para dirigir las actuaciones en cada uno de los focos.

- En tercer lugar, en los trenes se recogieron cantidades ingentes de muestras , las cuales han desaparecido. No sirve la excusa de que las muestras destruidas carecían de valor probatorio, puesto que algunas de ellas eran muestras - como los frotis de los focos de explosión - que tienen un valor probatorio evidente y siempre se conservan.

- En cuarto lugar, en muchos casos las muestras se trasladaron sin esperar siquiera a que quienes las estaban recogiendo las catalogaran, identificaran y embolsaran. Según el inspector jefe que estaba a cargo de los tedax de Madrid, eso tuvo la consecuencia de que fuera imposible determinar en qué foco concreto se había recogido cada muestra. Lo cual, por cierto, plantea dos preguntas interesantes: si en realidad no se sabía de qué foco provenía cada muestra, ¿cómo pudo la jefa del laboratorio de los Tedax entregar seis semanas después aquel informe en el que se hablaba, foco a foco, de componentes genéricos de la dinamita? ¿Y cómo es posible que para el juicio se entregara una serie de muestras ridícula, pero con identificación de foco en muchos de los casos?

- Finalmente, ya sabemos que, para colmo, las muestras no se enviaron a analizar al laboratorio de la Policía Científica.

Las declaraciones de este lunes han servido para localizar a dos de los tedax que participaron en el traslado de las muestras (el de las muestras de Téllez y el de las muestras de Atocha) y a otro Tedax que recepcionó las muestras de Téllez al llegar a Canillas. El responsable del traslado de los restos de Téllez declaró ayer ante la juez, pero los otros dos ni siquiera fueron incluidos por el Ministerio de Interior en la lista de Tedax que tuvieron participación en el proceso de recogida de las muestras.

Según uno de los tedax que han prestado declaración, cuando le hicieron ver a Sánchez Manzano que se estaba rompiendo el protocolo, su respuesta fue: "Aquí mando yo".

En realidad, no me lo creo. Supongo que los que mandarían serían otros, por encima de Sánchez Manzano. Es impensable que el entonces comisario de los Tedax, por su cuenta y riesgo, decida saltarse el protocolo, llevarse las muestras a Canillas, ocultárselas a la Policía Científica y hacerlas desaparecer.

La pregunta es, entonces: ¿quién mandaba realmente?

Pero hay otra pregunta que me inquieta más: ¿cómo es posible que en solo unas horas se ponga en marcha una operación de ocultación de tal envergadura? Porque estamos hablando de actuaciones que tuvieron lugar en la propia mañana del 11-M.

¿Qué seguridad podían tener, quienes pusieron en marcha la campaña de ocultación, de que hallazgos posteriores no les iban a desmentir, o de que el Gobierno o la Justicia no les iban a perseguir en el futuro?

Angustia en Libia
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo 15 Marzo 2011

HISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ARABE

La pasada cumbre de la Unión Europea ha sido todo lo decepcionante que cabía esperar. Reconoce al consejo rebelde de Libia como «interlocutor válido», lo que suena muy bonito pero no significa nada en realidad. Deja abierta la puerta a una intervención militar, incluso sin el aval de la ONU, porque ya se da por descontado el veto de Rusia y China, pero todo está en el aire, sin concretar. ¿Puede Europa inclinarse abiertamente hacia los rebeldes y luego dejar que sean aniquilados sin mover un dedo para impedirlo? La respuesta, evidentemente, es que sí puede, si está dispuesta a aguantar la vergüenza y el descrédito que tal debilidad conllevaría.

Los líderes europeos ni siquiera parecen darse cuenta de que ya están comprometidos, lo deseen o no. Han desafiado a Gadafi pidiéndole que abandone el poder, reconociendo como interlocutor legitimo a sus adversarios, amenazando con una intervención militar e inmovilizado parte de su fortuna. Ahora su unica opción es rematar la faena y a este respecto tan solo los franceses han mantenido una política coherente, mostrándose dispuestos a una intervención militar y anunciando que intercambiarán embajadores con el gobierno rebelde. Al oponerse a la intervención, Ángela Merkel ha demostrado de nuevo que es una líder profesional y competente, pero burocrática y provinciana, que reacciona mal cuando tiene que adaptarse a circunstancias imprevistas, a todo lo que se salga del procedimiento establecido, y renuente para cualquier tipo de política exterior que no guarde relación directa con la economía alemana.

Los rebeldes libios necesitan ayuda desesperadamente. La población les apoya masivamente, pero tras el lógico desconcierto inicial, Gadafi ha logrado mantener la lealtad de un núcleo considerable de las fuerzas armadas y ese puño de hierro está ahora aplastando a mazazos a la rebelión. Los éxitos de Gadafi son posibles por el modo en el que se gestó la rebelión popular contra su dictadura: Fue un levantamiento totalmente espontáneo, sin la mas mínima planificación ni organización previa. Por lo tanto, la policía y los servicios secretos ignoraban lo que iba a suceder porque no existía trama oculta alguna que ellos pudieran descubrir y desarticular. De todas formas, teniendo en cuenta los antecedentes de Túnez y Egipto, países vecinos de Libia, es evidente que el régimen se dejó sorprender, creyendo sin duda que el sistema político libio, mucho más cerrado y totalitario, era inmune a cualquier contagio revolucionario.

La sublevación triunfó pese a esta falta total de organización debido a su carácter verdaderamente masivo, nacional, que desbordó por completo a todo el aparato del régimen. Cuando un país entero se lanza a la calle, la desproporción numérica entre los manifestantes y las fuerzas del orden es tan aplastante, de varios miles a uno, que la victoria total de los rebeldes es inevitable salvo que intervenga en masa el ejército. En Túnez y en Egipto los generales no se atrevieron a darles a las tropas la orden de atacar por miedo a que las fuerzas armadas se desintegrasen; a que desertasen o incluso se pasasen a los rebeldes. Los generales de Gadafi no tuvieron tantos escrúpulos y parte de sus fuerzas les estallaron entre las manos, pero el resto se mantuvo leal.

Mientras tanto, los rebeldes se confiaban en exceso. Como las manifestaciones cubrían todo el país, incluida la capital, todo el mundo esperaba que el régimen cayese en cuestión de horas, dos días como mucho. Así es que parecía innecesario crear una organización que cohesionase el esfuerzo común para ir a Trípoli y darle jaque mate al dictador antes de que este pudiera reaccionar. La derrota de los mercenarios subsaharianos, vulgares matones reclutados apresuradamente, incrementó este exceso de confianza entre los rebeldes, pero esta carne de cañón sacrificable le dio tiempo a Gadafi para aplastar las revueltas en la capital y reagrupar a las tropas todavía fieles.

Gadafi ha logrado consolidarse en Trípoli pese a la hostilidad de la población local porque la capital acoge a casi todos los que sacan tajada del régimen y desean preservarlo a toda costa, y para ello arrastran consigo a sus familias y sus clientelas. También es la sede de numerosas fuerzas militares y cuantiosos arsenales con los que armar a todos sus partidarios. De esta forma Gadafi pudo disponer de la concentración de fuerzas necesaria para aplastar a la población local e iniciar una dura contraofensiva.

¿Qué debe hacer la comunidad internacional para apresurar el fin de Gadafi? Primero de todo, es imprescindible imponerle un duro bloqueo aéreo y marítimo para que no pueda recibir refuerzos ni pertrechos. Al mismo tiempo, sería preciso reconocer al gobierno insurgente como gobierno legitimo provisional de todo el país, acreditando embajadores en Bengasi. Una vez hecho esto, podemos venderles armas, entrenar a sus fuerzas y sobre todo, ayudarles a reactivar su industria petrolera, para que puedan financiarse solos. Además, sería necesario establecer una zona de exclusión aérea.

Otra opción complementaria consistiría en ofrecerle a Gadafi un exilio seguro en cualquier país dispuesto a acogerle. Seguro que al principio rechaza esta oferta porque su único plan es conservar el poder y dejárselo en herencia a su hijo, pero en cuanto vea que de verdad se va a por él y se dé cuenta de que sus únicas alternativas son el exilio o morir como perecieron Sadam Hussein y sus hijos, seguro que ya no se mostraría tan intransigente.

Gadafi debe caer. Desaprovechar la presente oportunidad supondría una monstruosidad para Libia y para el resto del mundo.

El TSJ de Cataluña suspende parte del reglamento del uso del catalán en la Diputación de Gerona
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha suspendido cautelarmente varios preceptos del reglamento del uso del catalán en la Diputación de Gerona, como ya hizo con los reglamentos del Ayuntamiento de Barcelona y de la Diputación de Lérida en octubre.
Gerona - Ep La Razón 15 Marzo 2011

La decisión del alto tribunal se basa en la "sustancial identidad" de estos artículos con algunos de los preceptos ya declarados nulos en los otros reglamentos y considera que imponen directamente el uso preferente del catalán.

Se trata de preceptos que contemplan, entre otros, la obligación de realizar las actuaciones internas de la Diputación en catalán, que los impresos que utilicen los diversos órganos se hagan en esta lengua, así como los rótulos indicativos de oficinas y despachos.

El TSJC considera que todos estos artículos contienen mandatos concretos y específicos cuyo significado excluyente del castellano "es claro y manifiesto" e impiden una interpretación distinta a la de su significado literal.

El presidente de C's, Albert Rivera, ha asegurado este martes en rueda de prensa que la suspensión "da la razón" a los que piden que el reglamento regule la utilización de las dos lenguas oficiales y no una sobre la otra algo que, precisamente, ha destacado que defiende su programa electoral.

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El Sortu real
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 15 Marzo 2011

Después del comunicado de tregua de ETA el pasado 10 de enero, Batasuna debió pensar que tenía despejado el camino de la vuelta a la legalidad asumiendo un compromiso genérico de rechazo del terrorismo y prometiendo rechazar la violencia de la banda terrorista en el futuro. Como ETA iba a estar en tregua como mínimo el tiempo de la tramitación legal del nuevo partido, no sería necesario volver a pronunciarse sobre la actividad de la banda.

Sin embargo, la desarticulación del comando Otazua ha constituido un tropiezo en los planes de la izquierda abertzale -léase Batasuna- para legalizar la marca Sortu. De manera imprevista, una operación policial ponía de relieve que ETA sigue siendo una amenaza real, que tiene planes para futuros atentados y los medios para llevarlos a cabo. ETA no es un ectoplasma de existencia virtual, sino un peligro presente. En un primer momento, Sortu se atiene al guión para evitar pronunciarse y dice que no dirá nada hasta que sea legalizado.

Esa maniobra inicial de ponerse de perfil podía convertirse en un bumerán que se volviera contra los intereses de la nueva sigla. La sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre Batasuna dice que hay que valorar también las «omisiones o silencios» ante el terrorismo porque «pueden equivaler a tomas de posición y ser tan elocuentes como cualquier acción de apoyo expreso». Así que Sortu rectifica y muestra su rechazo a los planes para asesinar al lehendakari, aunque sigue guardando silencio sobre los asesinatos realmente cometidos por la célula etarra, dando más importancia a lo que no ha hecho ETA que a lo que ha hecho.

No ha sido ese el único pronunciamiento de Batasuna sobre los hechos relacionados con el comando Otazua. Txelui Moreno se negó a rechazar a ETA o a pedir nada a la banda terrorista. Se acoge a la doctrina que ha establecido Batasuna: después del anuncio de la tregua, ya no hay nada más que pedirle a ETA, se han acabado los movimientos unilaterales y ahora le toca al Gobierno «comenzar a dar pasos». Incluso han señalado cuáles deben ser esos pasos: la legalización del partido y el cambio de política penitenciaria.

A la hora de valorar la reacción de Sortu no basta con mirar sólo el papel que ha salido con las siglas de este partido sino que hay que tener en cuenta también las palabras y los silencios de los líderes de Batasuna. Porque, ¿quién representa mejor a Sortu, los desconocidos que han firmado los papeles del notario o los Rufi Etxeberria, Txelui Moreno o Iñigo Iruin que han parido políticamente el nuevo partido y han reivindicado su intervención? Sin duda, estos últimos. Los primeros sólo son el Sortu administrativo, los otros el Sortu auténtico.

Cataluña
La Generalitat exigirá dominar el catalán para combatir el rechazo a la inmigración
El gobierno autonómico atribuye la mala imagen de este colectivo al «buenismo» del tripartito
maría jesus cañizares / barcelona ABC 15 Marzo 2011

La Generalitat ha anunciado la estricta aplicación de la ley catalana de acogida de los inmigrantes para garantizar la voluntad de integración de los extranjeros mediante la exigencia del conocimiento del catalán para lograr el arraigo.

El gobierno catalán, que ha elaborado un plan de convivencia en los barrios de L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), se une a los de Badalona, Salt o Tarrasa, ciudades todas ellas con un alto porcentaje de población extranjera.

Estas medidas tienen lugar después de los resultados de una encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO), que refleja el rechazo de los catalanes hacia la inmigración. Según el secretario de Presidencia, Francesc Homs, "el gobierno catalán tiene un proyecto claro en materia de inmigración, a diferencia del tripartito".

El sondeo del CEO es valorado como "una oportunidad para hacer políticas serias y activas, donde se reconozcan derechos y deberes", frente al "discurso buenista" que imperaba en el anterior gobierno. "Aquí tenemos las consecuencias", ha advertido el portavoz de la Generalitat en relación a los resultados de la citada encuesta. Ha añadido que la ley de extranjería y la ley catalana de acogida de los inmigrantes permiten exigir el dominio del catalán para valorar el esfuerzo de integración a efectos de lograr la renovación de permisos y de arraigo, algo que, según Homs, no aplicaba el anterior gobierno de José Montilla.

Recurso contra Aragón
Asimismo, el ejecutivo catalán presentará un recurso contra la decisión del Gobierno de Aragón de catalogar como patrimonio propio 86 obras del Museo Diocesano de Lérida. También se ha aprobado un plan de racionalización del personal de determinados órganos dependientes de la Generalitat, como la Oficina Antifraude o el Consejo de Garantías Estatutarias.

Los inmigrantes que pidan el arraigo deberán saber catalán
El Govern pedirá a los inmigrantes que certifiquen sus conocimientos de lengua catalana como un "requisito muy determinante" para poder avalar su "esfuerzo de integración" en la sociedad catalana, en los expedientes de arraigo, reagrupación familiar y renovación del permiso de residencia.
Barcelona - Efe La Razón 15 Marzo 2011

Así lo ha anunciado, tras la reunión del ejecutivo catalán, su portavoz, Francesc Homs, que ha remarcado que el gobierno de Artur Mas se desmarcará de las actitudes "buenistas" del tripartito en inmigración, pondrá el acento no sólo en los derechos sino también en los deberes de los extranjeros y ejercerá las competencias en esta materia que ya prevén las leyes de acogida y de extranjería.

De acuerdo con estas leyes, ha recordado Homs, "a la Generalitat le corresponde, en base también a los informes de los ayuntamientos, certificar el esfuerzo de integración de las personas extranjeras" en los expedientes de arraigo, de reagrupación familiar y de renovación de residencia.

Para los próximos días está previsto que se reúna el conseller de Bienestar Social y Familia, Josep Lluís Cleries, con representantes de las asociaciones municipalistas de Cataluña, para concretar la manera en que los inmigrantes deberán acreditar su dominio de la lengua catalana, a través de un examen u otra fórmula.

Precisamente contra este aspecto de la ley de acogida, la Defensora del Pueblo, María Luisa Cava de Llano, presentó un recurso de inconstitucionalidad, al entender que establece una preferencia lingüística en favor del catalán sobre el castellano, en relación con los inmigrantes.

El Govern ha movido ficha en este tema, después de que ayer se publicara una encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) que revela que uno de cada cuatro catalanes expresa opiniones racistas o muy intolerantes respecto a la inmigración, datos que algunos temen que puedan traducirse, el próximo 22 de mayo, en un crecimiento de la presencia de grupos xenófobos en los ayuntamientos catalanes.

Homs se ha afanado en recalcar que el actual gobierno catalán "tiene un proyecto claro en materia de inmigración", algo que a su juicio no pasó en los siete años precedentes, ya que PSC, ERC e ICV-EUiA defendieron criterios "diferentes" en este tema y, en algunos momentos, cayeron en un discurso "buenista" olvidando cualquier consideración sobre los "deberes" de los inmigrantes.

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