AGLI

Recortes de Prensa   Domingo 20 Marzo 2011

 

El primero contra Gadafi
Editorial www.gaceta.es 20 Marzo 2011

La improvisada coalición anti-Gadafi se enfrenta a sus propias inconsistencias. La unidad en la respuesta internacional es más de cara a la galería que real. El Zapatero del “No a la guerra” se pone ahora con Sarkozy al frente de la manifestación.

La obstinación criminal del coronel Gadafi ha hecho inevitable una firme respuesta internacional encaminada no necesariamente a la destitución del sátrapa ni a su ejecución, tampoco a la ocupación militar del país, sino a que cese en su terca labor de exterminio, acoso y destrucción de la población sublevada contra su odiosa dictadura. No se trata, ni mucho menos, de una operación occidental que pudiera recibir acusaciones de neocolonialismo; tampoco es una operación temeraria, precipitada, unilateral, voluntarista y preventiva. Desde hace semanas llenas de advertencias y sanciones al coronel, este ha ido colmando la paciencia internacional, derramando el agua del vaso en lo que, según la Carta de las Naciones Unidas, Capítulo VII, constituye toda una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.
La respuesta, por tanto, se ha establecido previa acumulación de voluntades de países con fisonomía política y cultural distintas –occidentales, árabes y africanos–, aparentemente unificados para moverse como continuación a una revuelta del pueblo libio, no en anticipación de esta, ni para provocarla, más bien para impedir su hostigamiento a manos del coronel y sus esbirros, sus mercenarios y paisanos de la misma tribu. Esta actuación, en 2011, recuerda la de la coalición internacional también tan heterogénea que en 1991 se configuró contra Sadam Husein por la invasión de Kuwait del año anterior. Con esta coalición sí habría que comparar la que ahora se levanta contra el coronel, por ser ambas ejemplos de solidaridad entre las naciones y reflejo de un mínimo común denominador de esos valores y principios que deben regir la vida internacional.

De todas formas, la improvisada coalición internacional anti-Gadafi, fruto del multilateralismo y del pacifismo, se enfrenta a sus propias inconsistencias. Casi nadie tiene ningún interés real en atacar –en especial una Alemania enfrascada en convocatorias electorales internas y que ve con desconfianza las intenciones de los rebeldes–, pero todos de un modo u otro se han visto empujados a amenazar con hacerlo –Obama, por su cargo, y Zapatero, por ir durante demasiado tiempo a remolque de la ONU–. Gadafi se ha aprovechado de la lentitud de la multilateralidad y ahora, en plena esquizofrenia, un día trata de arrebatar la carta del pacifismo para, al día siguiente, amenazar con represalias. ¿Se atreverán a enterrar provisionalmente la visión progre de las relaciones exteriores o permitirán que Gadafi y su clan sigan señoreando Libia durante otros 42 años?

Más bien parece lo primero, pero muy poco recuerda esta empresa a la constituida en 2003 con la invasión militar de Irak por parte de los EE UU y Gran Bretaña, tanto en sus prolegómenos como, esperemos, en el falso desenlace de una prematura victoria militar que inauguró una guerra civil. Y, desde luego, no parece que la intervención en Libia vaya a desencadenar, como aquella, tanta división entre los aliados occidentales, tantas discusiones sobre la legalidad y la oportunidad en la participación.

En cualquier caso, la decisión del presidente Zapatero de brindar el pleno apoyo español y de mostrar su total solidaridad con el resto de los países concernidos –y por supuesto con el pueblo libio, amparándose en la unidad internacional– choca frontalmente con el comportamiento de este vano aspirante a príncipe de la paz, que encabezó con un entusiasmo inusitado el “No a la guerra” que tan rentable le fue en su día. Ahora, en su afán de ser más papista que el Papa, da una pasada por la derecha a alemanes e italianos y se pone con Sarkozy al frente de la manifestación, con un apoyo sin fisuras, poniendo al servicio del dispositivo internacional seis aviones, una fragata, un submarino y el despliegue de unos 450 militares, aunque esa es una cifra que el presidente Zapatero ha tratado de ocultar en todo momento, como también las intenciones de la fuerza internacional de intervención. Para Zapatero el objetivo no es otro que la creación de una zona exclusión aérea en Libia. Y las instrucciones se han seguido al pie de la letra en RTVE, que no ha dudado en discriminar entre “guerra” e “intervención militar” para referirse a la intervención en Libia. Una intervención que trataría únicamente de frenar los ataques del sátrapa Gadafi contra Bengasi. Es decir, una suerte de acción humanitaria pero con fuego real.

Por si el delirio informativo fuera poco, entre las informaciones de apoyo que TVE ofrece para ilustrar la decisión de la ONU y el estado actual de la situación en Libia, se mostraron imágenes de las Torres Gemelas de Nueva York en llamas el 11 de septiembre de 2001 y recuerda que los norteamericanos obtuvieron el permiso de España para utilizar nuestras bases militares en sus incursiones en Afganistán y posteriormente en la Guerra de Irak.

Así como Bush El Viejo hizo mejor las cosas en la coalición de 1991 que Bush El Joven en la polémica y desgraciada guerra de 2003, el último Zapatero parece estar actuando con algo más de sensatez en esta ocasión que en 2003, cuando se retiró de la coalición pero insultando a los socios, humillando a sus propios soldados con una espantada deshonrosa según el protocolo militar. No se trata esta vez de un salto al vacío, ni de la respuesta tan indignada como inmadura contra un dictador enloquecido y sanguinario, sino de una operación altamente necesaria y que de manera inevitable ha debido requerir el uso de las armas, una vez agotados todos los demás medios de disuasión y advertencia, para librar a Libia, y a la sociedad internacional, de quien es hoy su principal enemigo.

España no puede permanecer ausente hoy como ayer, sino cerca de los libios y de nuestro aliados. Pero, por un mínimo de coherencia, el aspirante a príncipe de la paz debería dar una explicación de este cambio inopinado.

La guerra de Zapatero y Chacón
Mejor que el Gobierno haga lo que tiene que hacer, aunque sea por las razones equivocadas.
Rafael Bardají www.gaceta.es 20 Marzo 2011

El ansia infinita de paz de Zapatero se ha convertido, de la noche a la mañana, en ardor guerrero. Su ministra de Defensa y candidata a sucederle, Carme Chacón, quien en 2002 se negaba a sentarse en una mesa con Colin Powell por lo de Irak, ahora corre a prestar nuestros servicios militares a Estados Unidos. Y todo, dicen, porque la ONU ha ordenado una intervención militar contra la Libia de Gadafi. Pero, ay, la ONU ha hecho lo de siempre, pedir a sus miembros que hagan cuanto esté en sus manos para asegurar, en este caso, que se protege a la población civil. Nada en 2011, como nada en 2003, de autorizar el uso de la fuerza; nada ahora, como entonces, de llamar a la guerra. La ONU de 2011 y su resolución 1973 de 17 de marzo, no ha ido más lejos que la ONU de noviembre de 2002.

Quienes sí han ido más, pero que mucho más, lejos han sido José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno: de la cabeza de la manifestación del “No a la guerra”, a la guerra a cualquier precio. Sin siquiera saber para qué ni cómo. Lo único claro es que este Gobierno profundamente pacifista, está dispuesto a poner a disposición de no se sabe muy bien quién, todo nuestro arsenal y realizar, así, una contribución importante a la acción militar. Por tierra, mar y aire.

Ahora bien, Rodríguez Zapatero y su delfina en Defensa, Carme Chacón, debieran saber algunas cosas básicas. Por ejemplo, que las guerras se sabe cuándo empiezan pero no cuándo ni cómo terminan. ¿Qué es lo que busca el Gobierno en Libia? La resolución de la ONU establece una zona de exclusión aérea a fin de proteger a los civiles. Pero bien sabemos por Bosnia e Irak que esas medidas acaban por proteger a nadie y que las peores matanzas se producen sin tener que emplear los cazabombarderos. Pasó en Sbrenica y en Basora. Es más, esta medida, salvo que se haga extensiva a muchas más cosas no especificadas en la resolución 1973, no detendrá a las fuerzas terrestres al servicio de Gadafi. En el mejor de los casos, lo que se puede producir es una situación de equilibrio en la que nadie gane, ni Trípoli ni Bengasí. Algo similar a lo que ocurrió con Sadam después de 1991. ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos los españoles a invertir en proteger a los rebeldes libios? Ya nadie se acuerda del coste que supuso una medida de esta naturaleza en Irak entre 1991 y el 2003 y lo poco efectiva que resultó.

Tal vez es que lo que tengan en mente el presidente y su ministra de Defensa sea otra cosa que no se atreven a decir: el cambio de régimen de Gadafi. Pero eso es algo que no ha autorizado la ONU, para empezar. Aunque posiblemente sea la única salida a la actual crisis. Es más, la salida más fácil no es el exagerado despliegue de poderío militar de los aliados de la OTAN adornado con un par de aviones de Qatar y Arabia Saudí, sino eliminar a Gadafi. El régimen libio es faraónico y sin el coronel se desharía como un azucarillo. Claro, que eso iría en contra de la visión beatífica que siempre han defendido nuestros piadosos socialistas.
Zapatero ha dicho que está dispuesto a acudir al Congreso en cuanto la mesa del mismo así lo decida, pero lo suyo no es un acto de graciosa transparencia: la Ley Orgánica de la Defensa Nacional que él hizo aprobar cuando Bono era su ministro de Defensa requiere de la aprobación previa del Congreso ante cualquier envío de tropas en misión al extranjero. No de un debate a posteriori. De hecho, Cameron así lo hizo ya el mismo viernes ante los Comunes en una sesión especial. Pero es que aquí lo de la democracia y el respeto de las leyes nunca se aplica a uno mismo.

El país entero sucumbe a la fascinación de entrar en guerra. Nadie habla de qué se va a hacer después de los primeros ataques y mucho menos del riesgo al que nos expone el Gobierno en plan gallito frente a un Gadafi que puede muy bien que no se vaya pronto. ¿Y si nos pone en el punto de mira de su terrorismo? Yo todavía recuerdo el funeral al que asistí por los ocho estudiantes de la Universidad del Sur de California a los que había enseñado y que murieron por su culpa en el vuelo 103 de la Pan Am que explotó sobre Lockerbie.
Más vale tarde que nunca y, desde luego, es mejor que el Gobierno socialista haga lo que tiene que hacer, aunque sea por las razones equivocadas. Pero no hay nada que haga hoy más necesaria nuestra participación militar que hace dos semanas y, desde luego, en estos momentos sí que deberíamos tener más claro qué es lo que perseguimos. Nos merecemos, por lo que nos jugamos, que no nos engañen con falsas palabras y demagogia. Yo estoy por acabar con Gadafi. Si eso es lo que busca Zapatero que lo diga. Y si no, que se piense bien las consecuencias para él y todos los españoles.
Todos los presidentes tienen el derecho a su guerra. Pero para ganarla y porque cualquier otra opción es inviable. Con la vida de los soldados no se juega. Y con el riesgo de los españoles tampoco. Una foto con Ban Ki Moon no vale tanto.

*Rafael Bardají es director del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).

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«El embajador de Rodríguez Zapatero en Washington —Sr. Dezcallar— se dispone a festejar el próximo 23 de marzo los mil trescientos años de la invasión árabe-musulmana en el Encuentro "East meets West" del Virginia Military Institute (Lexington, Virginia). No será el único»
SERAFÍN FANJUL ABC 20 Marzo 2011

EN los últimos años de su vida don Claudio Sánchez-Albornoz, asustado ante el cariz que iba adquiriendo en Andalucía la rearabización de guardarropía y subvención, publicó en periódicos varios artículos de divulgación histórica con el fin de alertar y concienciar a la población española del contraproducente dislate en que políticos oportunistas y personajes más comerciantes que intelectuales estaban sumiendo a nuestro país, en aras de restaurar una imaginaria justicia histórica en la que la España real era desconocida y marginada, cuando no escupida, por gentes cuyos conocimientos eran tan reducidos como enormes sus ambiciones. Los arabistas que, a la sazón, tenían autoridad y medios para contribuir a la clarificación permanecieron mudos: no convenía luchar contra la corriente, por mucho que discreparan en la intimidad de la falsificación arrasadora.

El intento de don Claudio pasó inadvertido, por su fallecimiento, que impidió su continuidad, por escribir en diarios del norte que raramente llegaban a Andalucía («Acaso no hayan sido muy leídos al sur de Sierra Morena los ensayos en que desarrollé lo sabido sobre la realidad de la historia andaluza…», se lamenta el historiador) y, sobre todo, porque la avalancha contraria era demasiado fuerte. El pánico a de-sentonar con la moda, junto con la exaltación del tribalismo de taifa y sus pingües beneficios, indujo a parafrasear, para el propio coleto, a Quevedo: «Con la islamización… ¡chitón!». So pena de ser condenados al ostracismo moral —y lo que es peor: editorial— por los beatos adeptos de la nueva doctrina.

En horas veinticuatro el islam, en bloque y sin matices, fue prohijado por el progresismo hispano como parte de la «España perseguida por la reacción» y, de inmediato, canonizado en altares laicos, en batiburrillo deprimente: Blanco White, junto a los alfaquíes que persiguieron a Maimónides o Averroes; Antonio Machado, quemándose a la fuerza en la pira que Almanzor dedicó a los libros de al-Hakam II, los hosannas al pacifismo aureolando las degollinas de infelices campesinos cristianos en las aceifas estivales que organizaban los emires cada año, mientras pudieron. Monumento a la incongruencia, al desconocimiento y al olvido —por cierto— de las durísimas y hasta insultantes opiniones (insultos puros), documentos, escritos que los dirigentes comunistas, socialistas, republicanos dedicaron a los moros durante la Guerra Civil. Esta sí fue una reconversión industrial: el soplo benéfico del progresismo reconvirtiendo al islam —porque así convenía— en paradigma de tolerancia y pacifismo.

Hasta el 11 de marzo de 2004, berrido que nos despierta y testifica que tanta simpleza exige, al menos, aclaración y matices. El islam no puso las bombas de Atocha, pero sí —al parecer— los autores fueron musulmanes que decían actuar por y para su fe. Y, sin embargo, el embajador de Rodríguez en Washington —Sr. Dezcallar— se dispone a festejar el próximo 23 de marzo los mil trescientos años de la invasión árabe-musulmana en el Encuentro «East meets West» del Virginia Military Institute (Lexington, Virginia). No será el único. Y si todo quedara en abrazos protocolarios y retórica de circunstancias, bien estaría la cosa. Pero no, topicazos, medias verdades y la imagen folclórica e inane de la España forjada por los anglosajones protestantes están garantizados: «Una fusión entre dos mundos que empezó hace 1.300 años (…). Únete a nosotros para conmemorar las brillantes contribuciones resultantes de mezclar las culturas orientales y occidentales. El programa abordará el crucial relato de aquellos gloriosos hechos, cuando cristianos, judíos y musulmanes florecieron codo con codo en la Europa occidental, construyendo una sociedad que iluminó las Eras Sombrías…», reza el anuncio. Y todo a ese tenor.

Las dudas sobre al-Andalus —que una mera fecha nos induce a suscitar— empiezan por el comienzo mismo: la forma, el lugar y hasta los protagonistas. El profesor Joaquín Vallvé demostró hace años algo con claridad: la inconsistencia de las noticias y de la verdad oficial admitida en torno a la conquista árabe. La etimología de Gibraltar, la batalla del Guadalete y la misma existencia del personaje histórico Táreq ibn Ziyad quedaron en entredicho. Y otros muchos detalles anejos. El desembarco había sido por Cartagena, y la famosa rota visigoda habría tenido lugar en el Campo de Sangonera. Sin llegar a una conclusión definitiva sobre el asunto —Vallvé lo hace, y con fuertes razones— algo está muy claro: la fragilidad y falta de credibilidad de los cronistas árabes, respecto a los primeros tiempos de la Conquista, es clamorosa, empezando por que más bien se puede hablar de fuentes históricas que de crónicas en sentido estricto, fuera de la ordenación temporal. Díaz del Castillo, Cieza de León o Francisco de Xerez vivieron e historiaron los acontecimientos, fueron testigos de los mismos, en tanto que estos autores árabes escriben dos, tres, hasta nueve siglos (al-Maqqari) después de lo que narran. Y gustan de entreverar leyendas, chascarrillos, exageraciones, como si fueran historia. Pero no se trata de arremeter contra ellos, que, al fin, hacían lo que podían.

El problema es otro. Hace años que al-Andalus se ha convertido en diana fija de islamistas fanáticos y árabes en general, sean cuales sean sus intenciones inmediatas y visibles, máxime en el presente tobogán de inestabilidad que se corre por el norte de África como mancha de aceite, enarbolando la espada de internet, pero siempre con la amenaza islámica de fondo. Han cambiado los métodos, pero no los objetivos ni las convicciones de los actores. La recuperación de al-Andalus hace años que dejó de ser ensoñación chistosa de poetas para trocarse en objeto tangible de codicias colectivas. Palestina, primero —como meta más acuciante en orden cronológico y por imperativo geográfico—, y al-Andalus, en tanto que continuación del destino manifiesto de expansión islámica, constituyen los dos polos de atracción de islamistas moderados y extremosos. Al-Andalus desempeña un importantísimo papel, de bandera ideológica y refugio sentimental que justifique cualquier irracionalidad y sinrazón del tipo «como fue nuestro, es justo que lo recuperemos». El resultado de esta clase de juicios arbitrarios solo puede resultar desastroso, si se insiste con contumacia de neófitos, por parte española, en la resurrección del conmovedor y tierno al-Andalus que nunca existió. En otros tiempos, no demasiado lejanos, arabistas de primer orden como Asín Palacios o García Gómez pudieron disfrutar el lujo de embellecer y adornar su visión de las parcelas de al-Andalus que tocaban porque, de aquella, no había en España ni en el resto de Europa peligro islámico de ninguna clase y por ignorar cómo se utilizarían a posteriori, años después de su muerte, para recrear en la práctica un pasado detestable. Una cosa es dedicar un recuerdo amable y lo más documentado posible a esa parte de la historia de la Península Ibérica —como hemos reclamado en alguna ocasión—, y otra olvidarnos de quiénes somos realmente. Miro a mis antepasados y no veo más que gallegos, asturianos y leoneses: lo mismo que casi toda la población de Cádiz, Sevilla o Granada.

Esperanza racional
El Gobierno es coherente en el «Guerra No sin la ONU», pero no con sus prácticas reales del «No a la Guerra»
pedro arias veira ABC Galicia 20 Marzo 2011

PODEMOS valorar la realidad fijando la mirada en aquello que todavía denota las miserias del pasado. Y deducir por ello que nada ha cambiado, que no hay grandes causas que valgan la pena, y dedicarnos a nuestros asuntos personales. Pero podemos también observar lo nuevo y distinto, los signos de una transformación irreversible de las sociedades, las personas y el dinamismo del mundo. Entonces comprobaremos que hay motivo para la esperanza.

La ONU aprueba una acción internacional de guerra frente a Libia desde los principios de la injerencia humanitaria. Legitima así una concepción de los derechos del hombre con raíces en el primer liberalismo español de Suárez y Vitoria, en la teoría del derecho del holandés Grocio, en la filosofía política kantiana y en la ilustración inglesa de Mill. Que cobró vigencia contemporánea con el ejemplo de Kouchner y Médicos sin Fronteras, y se tornó irreversible en nuestro tiempo con la intervención militar en Bosnia, Kosovo y Afganistán. Había que superar el provincianismo moral de ocuparse únicamente de los problemas locales y el estado nacional. La pasividad internacional no dejaba de ser una complicidad objetiva con las dictaduras anacrónicas de la tierra.

Los pueblos oprimidos están despertando, tienen derecho a recorrer sus propias historias en las que no faltarán injusticias, dramas y fracasos. Pero hay que ayudarles a que tengan su oportunidad, a que vivan su propia historia. Los acontecimientos del mediterráneo árabe demuestran que el islamismo no es el motor del terrorismo. Que es simple tapadera de la acción de las tiranías, sus servicios secretos y élites del poder. En sí mismas las religiones son pacíficas y fuentes de valores humanos. Para Tocqueville, las de su tiempo constituían el fundamento de la democracia más avanzada. Siempre son los poderes terrenales las que las distorsionan, pervierten y arman contra los otros.

Hoy nuestro gobierno se ha sumado a una coalición internacional para frenar a Gadafi. Muestra coherencia oficial con su doctrina «Guerra No sin la ONU», pero es incoherente con el espíritu de sus prácticas reales del «No a la Guerra» y de la Alianza de Civilizaciones. Que suponían objetivamente el apoyo al genocida y dictador Sadam Hussein. Porque la guerra de las democracias contra su régimen, mal justificada por el pretexto de las armas de destrucción masiva pero estratégicamente bien fundamentada, daba el voto nivelador a las mujeres árabes y desencadenaba el efecto dominó democrático en la galaxia musulmana. Por eso Irak sigue siendo objeto de ataques terroristas, muñidos por los servicios secretos de estados retardatarios.

En el 2004 Zapatero se apresuró a dejar sin el apoyo español al pueblo irakí que iniciaba su camino hacia la democracia. Hoy ostenta su sensibilidad con el pueblo libio, porque la solidaridad está homologada por la ONU. Podría y debería hacerse una foto con Cameron, Obama y Sarkozy, como Aznar se la hizo con Blair, Bush y Barroso. Porque la imagen de unidad de las naciones democráticas occidentales son armas cargadas de futuro para los oprimidos de los países árabes. Como la hicieron Churchill, Roosvelt y el propio Stalin, para animar a las fuerzas de liberación contra el nazismo. La fuerza legitimada democráticamente contra el poder autoritario y condigno; tal es el inevitable camino que en momentos cruciales hay que acometer.

En España nos beneficiamos de los caídos internacionales por la democracia en Europa durante la II Guerra Mundial. Somos rentistas de su sacrificio. No necesitamos de nueva guerra civil ni de injerencia humanitaria extranjera para alumbrar esta democracia. Otros hicieron el trabajo más duro por nosotros. Ya democrática, la Comunidad Europea apoyó y creó las condiciones para que las involuciones autoritarias en España fueran imposibles. Tengamos responsabilidad en el ejercicio de la memoria histórica. Hoy recibimos buenas noticias, simultáneas a la gesta de los obreros japoneses que han arriesgado su vida para salvar a sus conciudadanos de una tragedia colectiva. Con su valor y sentido del deber también mantienen abierto un debate científico de gran importancia para el futuro de la humanidad. Y han reivindicado la calidad moral de su pueblo como ninguna campaña de imagen, acción diplomática o artificio programado podría hacerlo. Resurge el pueblo anónimo como la sal de la tierra, como el pilar del desarrollo y la posibilidad de civilización.

La información internacional viene cargada de esperanza, de una esperanza racional en que podemos mejorar si nos lo proponemos. Porque ni el bien ni el mal son el destino. Todo depende de la libertad de opción de la voluntad humana.

Guerra justa contra un tirano
Editorial ABC 20 Marzo 2011

Del éxito de esta arriesgada misión van a depender las reglas que definirán el futuro de nuestro espacio geopolítico

LA operación que la aviación militar francesa comenzó ayer tarde marca un punto de no retorno en las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo. Del éxito de esta arriesgada misión van a depender las reglas que definirán el futuro de este espacio geopolítico del que formamos parte, de manera que todos los países que han decidido sumarse a este esfuerzo de guerra tienen el mayor interés en que se lleven a cabo los objetivos que lo impulsan. El Gobierno de Rodríguez Zapatero, aunque el PSOE debería hacer memoria, cumple con su obligación al sumarse sin vacilaciones a la coalición militar, porque Libia no es un escenario lejano como Afganistán sino que su influencia y la de los sucesos que se desarrollan en su interior, afectarán directamente a países de la mayor importancia estratégica para España.

El liderazgo de Francia es precisamente el reflejo de que el presidente Sarkozy ha entendido perfectamente cuál es el desafío que encierra la lucha entre una dictadura podrida como la de Gadafi y la voluntad de las sociedades de los países árabes de levantar sus aspiraciones a vivir en libertad y democracia y, sobre todo, cuáles serían las catastróficas consecuencias en caso de que éste pudiera volver a afianzarse en el poder tanto para ellos como para nosotros. Es evidente que lo que ha sucedido en Túnez ha hecho cambiar la percepción de la política que Occidente ha privilegiado hasta ahora y ha puesto de manifiesto el grave error de vincular nuestras relaciones con regímenes totalitarios y en este campo no se le puede reprochar a Francia que intente corregir cuanto antes esta situación.

Por el contrario, la crisis libia ha puesto de manifiesto la más absoluta inanidad de la política exterior europea. La gestión de la Alta Representante Catherine Ashton ha sido especialmente desastrosa en todos los sentidos, hasta el punto que obliga a reflexionar seriamente sobre la necesidad de que la UE se haya dotado de un pomposo Servicio de Acción Exterior cuando ni siquiera en un caso como éste ha sido capaz de aparecer en escena. Los partidarios de que la UE refuerce su papel en el mundo deberían empezar a pensar seriamente en la necesidad de sustituir a la baronesa, cuyas cualidades podrían ser mejor aprovechadas sin duda en otros cometidos.

Sentido de Estado
El Editorial LR 20 Marzo 2011

Desde que se conociera el decidido apoyo del Gobierno socialista al ataque contra Libia ha surgido simultáneamente un esfuerzo en las filas socialistas por marcar distancias con la guerra de Irak y reseñar las diferencias en la génesis y el desarrollo de ambos conflictos. El propio presidente del Gobierno ha hablado de la resolución de Naciones Unidas como elemento clave de la presencia de un importante contingente español en esta guerra contra Gadafi. Lo cierto es que todavía hoy los juristas y expertos en Derecho Internacional discuten y discrepan sobre la cobertura legal de la intervención contra Sadam Hussein y existe una línea de opinión muy pujante que entiende que las resoluciones de la ONU dieron la cobertura necesaria a la acción contra el tirano iraquí, en la que, por cierto, las tropas españolas sólo participaron en el plan de estabilización. Más allá de esa polémica jurídica, entre ambas situaciones existe una diferencia sustancial en el terreno de la política nacional. Hoy, el principal partido de la oposición respalda la posición del Gobierno y de los aliados y renuncia a instrumentalizar la crisis contra el Ejecutivo.

El PP ha demostrado el sentido de Estado que cabe exigir a las grandes fuerzas políticas con aspiraciones de alcanzar el poder. La lealtad en instantes tan cruciales y delicados como son los derivados de una guerra es un ejercicio de responsabilidad encomiable. En la contienda de Irak, el PSOE hizo exactamente lo contrario y colocó sus intereses de partido por encima de los generales. Se embarcó en una campaña de agitación y propaganda contra el Gobierno y consiguió en buena medida distorsionar y confundir las claves en las que se fundamentó la operación multinacional contra Hussein. Zapatero alentó aquel clima de desprestigio contra Aznar en colaboración con una izquierda trasnochada integrada por artistas y sindicalistas. Los mismos que ayer justificaron el ataque contra Libia como un «mal menor».

El discurso oficial defiende la operación contra Gadafi como moralmente aceptable y legalmente impecable, mientras que la que acabó con Sadam Hussein fue del todo repudiable. Lo innegable es el resultado. Aquella intervención supuso el final de una dictadura atroz y la implantación con muchas dificultades de una incipiente democracia con elecciones libres.

No existen guerras inocuas y, muy probablemente, los ataques de la coalición multinacional provocarán daños colaterales en Libia, exactamente igual que sucedió en Irak. La doble moral de cierta izquierda española ha quedado de nuevo al descubierto, así como la falsedad de su discurso pacifista. No se han escuchado sus voces en estas semanas de combate en Libia, como tampoco se han oído por los muertos que se amontonan en países como Yemen, Bahréin o Siria, y de los que la comunidad internacional no quiere saber nada.

El fin de un régimen terrorista y genocida como el de Gadafi tiene que ser siempre un deber moral para el mundo libre. La responsabilidad de los partidos de Gobierno es asumir sus compromisos internacionales en defensa de un bien común.

Libia: una guerra de perdedores y vencidos
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 20 Marzo 2011

Ni siquiera hay entusiasmo en las huestes del "no a la guerra", siempre que en ella participen los norteamericanos. El Sindicato Titiritero de Zapatero (STZ) ha justificado el alineamiento militar de España desde antes de la resolución de la ONU y del comienzo de los bombardeos contra Gadaffi como un "mal menor", es decir, como los países civilizados suelen considerar la política internacional. Siempre he tenido un profundo desprecio político por estos chequistas de media jornada, pero ahora el desprecio intelectual y moral supera en mucho al político. Bien es verdad que su caudillo intelectual, presidente del Gobierno hasta el 2 de Abril, está a la altura de sus mesnadas. Y que su sucesor es un Beria sin Siberia. En cuanto al PP, por una vez no cabe reprocharle nada porque nada ha hecho. Ni bueno, ni malo, ni regular: nada. Y casi es el único a la altura de tan penosas circunstancias, porque, no nos engañemos, estar machadianamente "a la altura de las circunstancias" en la guerra de Libia es optar entre zanjas y alcantarillas.

Siempre he defendido que la caída de un tirano siempre es buena si con ello no llega otro peor, cosa harto posible: Ho Chi Minh, Jomeini, Castro, Mugabe y cien más lo prueban. Creo que la intervención de las democracias occidentales a favor de las libertades en los países con regímenes totalitarios debe ser continua, basada en el apoyo a la población civil que se opone a la dictadura y sin excluir lo militar. Pero la capacidad y la eficacia someten a ese principio de injerencia humanitaria al arbitrio del cálculo a veces, razonable; a veces, abominable. Los Estados Unidos no invadieron Cuba –Kennedy dejó tirados en Bahía de Cochinos a dos mil cubanos voluntarios, pero reclutados y entrenados por ellos- y ojalá lo hubieran hecho. Pero, sea por el voto cubano-americano, sea por un cierto decoro democrático, al menos no son como el Gobierno de ZP, dedicado, como toda la patulea titiritera, a defender a Castro e insultar a sus víctimas.

En Libia, yo no creí posible el ataque a Gadaffi porque el desconcierto euroamericano en política exterior es total, sin paliativos, no sin consecuencias. A los dos días del ataque, lo único claro es la voluntad de Sarkozy, y de Francia, de probar donde hay que probarlo su condición de potencia mediana pero fiera. Contra lo que yo pensaba, el águila y el cóndor se escondieron detrás del gallo aunque finalmente la envergadura de cada uno mostrará su verdadera capacidad. Pero política, sólo la ha demostrado Sarkozy. Obama, Premio Nobel de la Paz, hace una guerra remilgada, porque la de Libia ya no sería heredada sino propia. Y sin los USA, desde las Malvinas, los británicos no toman nunca la iniciativa, aunque sigan siendo una potencia militar algo mayor y más fiera que Francia.

Pero da la impresión de que Francia –o al menos Sarkozy- sabe lo que quiere. Los demás, no. Y España, menos. No era necesario que ZP hiciera lo mismo que Felipe en la I Guerra del Golfo: mandar los soldados a la guerra. Le hubiera bastado hacer lo de Aznar en la II: mandar las tropas después de que los americanos la ganaran, para asegurar el cambio del régimen de Sadam Hussein. Pero el desertor de Irak se nos ha vuelto legionario en Libia, cuando no se sabe qué intereses tenemos allí pero sí sabemos que nuestra aportación no puede ser muy importante en lo militar, aunque en lo político-turístico podamos reeditar la conferencia de paz posterior, como hizo Felipe con Bush padre y Gorbachov. A ZP no le dejaría el Rey como a González bajar sin él la escalinata del Palacio Real, pero la intendencia de la paz, la bordaríamos. Potencia turística, sí somos.

Uno tiene la impresión -que, naturalmente, deben corroborar los hechos- de que Gadaffi es uno de esos perdedores cuyo destino está sellado no sólo por su presente sino por su pasado. Pero los que deben derrotarlo son, por decisión o dimisión propia, vencidos. Porque las democracias occidentales, ante el Islam y ante cualquier dificultad seria, se han rendido, aunque no sepan bien ante quién deben hacerlo. Ya están los USA pensando en dejar a Gadaffi en el poder tras derrotarlo, como hicieron con Sadam Hussein en la I Guerra del Golfo. Y los británicos, viendo las vacilaciones de Washington, están inquietos. La Liga Arabe ha protestado porque dice que la intervención, que acaba de empezar, se aleja de lo previsto, que a saber qué dirán ahora que era. Yo creo que lo sensato, ya metidos en harina, es acabar cuanto antes con Gadaffi y hacer administradora de la Libia Libre a Francia, mitad el Elíseo, mitad, si aún existe, el Club Mediterranée. El que parece dispuesto a asumir más responsabilidad es Qatar, el patrocinador del Barça, que anuncia el envío de cuatro aviones. Su publicista Guardiola, tan arábigo y cirenaico, sería un embajador extraordinario.

Obispos nacionalistas
Aleix Vidal Cuadras www.gaceta.es 20 Marzo 2011

Los prelados no dicen ni una palabra sobre el respeto al pluralismo en su grey.

Los obispos de las diócesis catalanas han hecho público un documento pastoral titulado Al servicio de nuestro pueblo en el que de forma explícita y rotunda hacen suyas las tesis del nacionalismo político. El texto es un monumento a la consagración de la identidad como valor primordial en una sociedad, sin que en ningún momento se añada que otros valores como la libertad, la justicia o la solidaridad deben prevalecer sobre aquella, tal como establece la doctrina de la Iglesia y ratifican diversos e inequívocos pronunciamientos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

No se entiende muy bien a qué viene una defensa tan cerrada del “derecho a reivindicar y promover” lo que llaman “rasgos nacionales propios de Cataluña en el sentido genuino de la expresión” como si alguien lo hubiera impedido desde que se aprobó la vigente Constitución, salvo que consideren sus ilustrísimas que la expulsión de la lengua oficial del Estado del sistema educativo y del espacio oficial y público, la apertura de pseudoembajadas en París, Rabat o Nueva York, la capacidad para arruinar a la comunidad creando una Administración elefantiásica o la eliminación de cualquier apoyo a actividades culturales en español no sean suficientes herramientas de reivindicación y promoción de la identidad colectiva genuina.

Por supuesto, siempre se podía mejorar la eficacia de la nacionalización de los habitantes del Principado recurriendo a la expulsión de los que se resistan a la normalización o recluyéndolos en campos de concentración, pero sería poco evangélico. Llama la atención que los prelados cuatribarrados no digan una palabra sobre el respeto al pluralismo en su grey, porque se supone que si la identidad es tan crucial para la dignidad humana cualquiera de ellas merecerá igual consideración. El viejo eslogan “Volem bisbes catalans” se ha visto satisfecho, aunque con una ligera pasada de frenada. Ahora lo que hay son obispos pura y duramente nacionalistas.

Daños colaterales
Francisco José de la Cigoña www.gaceta.es 20 Marzo 2011

La pastoral catalana es más política que religiosa y ha contribuido a aumentar el anticristianismo. No se atreven a decir qué es la “especificidad catalana”. Dos genios de la empresa y de la púrpura se han cargado la COPE.

Las actuaciones de los obispos consiguen, con demasiada frecuencia, efectos distintos a los pretendidos. Al menos, de los pretendidos directamente. Y en ocasiones, enormemente graves. El que fuera obispo de San Sebastián, hoy emérito, José María Setién, de malhadada memoria, consiguió alejar de la Iglesia a muchísima más gente de la que pudo traer a la misma. Si es que trajo a alguien, cosa que hasta dudo. Son, en cambio, miles los que dejaron la práctica religiosa –y por supuesto de poner la cruz en la Declaración de la Renta– por sus repugnantes amores al mundo etarra y los si cabe más repugnantes desamores a las víctimas. Hoy las Vascongadas, que eran la región más católica de España, son, junto a Cataluña, la más descristianizada.

Los catalanes no tuvieron el fenómeno sangriento de ETA, pero también se volcaron con el catalanismo, siendo activos colaboradores de la inmersión lingüística a unas personas que sólo hablaban castellano. El efecto fue el mismo. Esas personas dejaron de pisar la Iglesia. No importaba que fueran los pobres o explotados. La Iglesia de los pobres que predicaban era de boquilla. Valía para los pobres ajenos, pero no para los propios, cuya primera obligación no era amar a Cristo o vivir como Dios manda, sino hablar catalán.

Los resultados de ese mandamiento de id y predicad el catalán a todas las gentes irritó al resto de España y no consiguió nada en Cataluña. En muchos españoles incrementó un sentimiento anticatalán que ya será difícil corregir. Todos conocemos a alguna persona que por sistema no compra productos fabricados en Cataluña o rehúye grandes superficies o entidades bancarias catalanas. Es cada vez mayor el sentimiento de que ojalá se independicen cuanto antes y nos dejen en paz. Creo que ambas son posturas equivocadas, pero ganadas a pulso. Pues los obispos han contribuido a que gentes del resto de España abandonen la práctica de la religión y no han conseguido que esta se incremente en Cataluña. Más bien lo contrario.

Hoy ya no hay obispos rabiosamente catalanistas como los lamentables Deig, Guix, Pont, Jubany, Camprodón, Torrella… Salvo un par de ellos, no parece que el nacionalismo sea el motor de sus vidas. Además, qué catalanismo pueden sentir tres valencianos, un conquense y un balear. Pero, por cobardía en unos, síndrome de Estocolmo en otros y necedad en muchos, se nos acaban de descolgar con un documento que ya ha producido no pocos daños colaterales de cabreo con la religión. Cierto que el escrito que nos acaban de entregar los obispos catalanes es más aguado que aquel escrito hace 25 años y que ahora quieren conmemorar. Pues en vez de dejar pasar la ocasión, a seguir metiendo el dedo en el ojo. Y cuando te lo meten, no te acuerdas de si la vez anterior lo habían hecho con peor intención. Vuelves a cabrearte.

El documento es ambiguo. No va a entusiasmar a los nacionalistas y ha irritado a los que no lo son. Y a los católicos apenas les dice nada. No se sabe de lo que piden perdón por “un pasado más o menos lejano”. Que lo mismo es por los almogávares, el tambor del Bruch, el franquismo, la apropiación de los bienes de la Franja contra la voluntad de su dueño, el haber alejado de la Iglesia a tanto murciano, andaluz o extremeño, o el dedicarse a la política en vez de a la religión. Y tampoco se atreven a decir qué es lo que comportan la “especificidad catalana” y sus ”rasgos nacionales”.

Un documento más político que religioso y, además, cobarde, que no atraerá a nadie a la Iglesia y echará a unos cuantos más. Aunque los que quedamos estamos tan curtidos ante estas memeces episcopales que aguantamos todo. Hemos dado con el antídoto: no hacer el menor caso.

Y más daños colaterales. Dos genios de la empresa y de la púrpura, solos o en compañía de otros, se han cargado la COPE en base a dos palabras mágicas: ideario y crispación. El ideario lo representa, sin duda, el desembarco de la SER y el convertir la emisora en un sucedáneo del Marca. Y para crispación, la que provocaron en los cientos de miles de oyentes de la emisora que se han ido. Después, no sé si los mismos u otros, pero también obispos, se cargaron Popular María Visión que hoy agoniza sin que la vea nadie como Popular TV. Y en vez de intentar levantar lo que han suicidado se compran con el dinero de los católicos otra televisión que ya lleva el número de la mala suerte. Y en la que se dice han comprometido 24 millones. Vista la competencia profesional de estos cracks de la dirección de empresas, doy por casi seguro otro fracaso y otra ruina. Que aburrirá a más católicos. Son demasiados daños colaterales.

ENTREVISTA PARA MINUTODIGITAL | TERESA JIMÉNEZ BECERRIL
Teresa Jiménez Becerril: “Cuando la política se antepone a la ley, pasa lo que pasa y vemos lo que estamos viendo”
Minuto Digital  20 Marzo 2011

Hermana del concejal del PP Alberto Jiménez Becerril, asesinado junto a su esposa por ETA, y actual eurodiputada por el Partido Popular en Estrasburgo, Teresa Jiménez Becerril es una de las dirigentes más activas en contra de la posible legalización de Sortu y la participación de los círculos abertzales en las próximas elecciones municipales.

Es licenciada en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid. Estudió Diseño en el Instituto Marangoni de Milán y habla español, inglés, francés e italiano.

El próximo día 9 de abril la sociedad civil saldrá de nuevo a la calle siguiendo la llamada de las víctimas del terrorismo.¿Cree que ETA va a conseguir estar en los ayuntamientos vascos de la mano de Sortu u otro partido?
No sé si ETA logrará entrar en los ayuntamientos de la mano de Sortu o lo hará con independientes que se adhieran a otra formaciones políticas legalizadas. EA ya ha abierto los brazos a Sortu si es legalizada lo que quiere decir que están del lado de quienes apoyan a ETA. Espero que Sortu no pase la prueba del algodón, pero desgraciadamente encontrarán el modo de entrar en los ayuntamientos, ya lo hicieron con ANV y PCTV y lo volverán a hacer, porque en el fondo tienen muchos adeptos a su causa.

Si lo están ¿quién cree que será el culpable?
Culpable de que entren en los ayuntamientos seremos todos porque no habremos hecho presión suficiente para que eso no ocurra. El Gobierno tiene una gran responsabilidad, ya que está en su mano evitarlo, los jueces deciden según ven y no siempre abren bien los ojos. Yo quisiera creer plenamente en la justicia, pero los que la imparten no siempre aciertan. En la anterior legislatura vimos como la fiscalía se plegó a veces a la voluntad negociadora del gobierno. El clima político empuja o frena concesiones a ETA según convenga. Pero la sociedad tiene mucho que decir y puede ser protagonista a la hora de frenar la locura de permitir a ETA entrar en los ayuntamientos, el problema es que no siempre tenemos el coraje de ejercer nuestros derechos y alzar nuestra voz y callando otorgamos razón a quienes no la tienen pero se venden bien.

El consejero de Interior del Gobierno Vasco, Rodolfo Ares, ha dicho que esta manifestación va en contra del Gobierno. ¿Qué le parece esta afirmación?. ¿No sabe que la manifestación es contra ETA-Batasuna y su entorno?.
Buenos si el Gobierno tiene pensado que ETA este en los ayuntamientos con Sortu o de otro modo, entonces sí, esta manifestación será contra el Gobierno. Pero si están seguros de que ETA no podrá estar no tienen de que preocuparse. La gente no es idiota y tiene memoria sabe quien es Zapatero, sabe que negoció con ETA y lo negó una y otra vez, es normal que seamos tantos los que no nos fiamos. Será imposible que no se refieran a Zapatero y Rubalcaba en la manifestación, pero la culpa será solo de ellos que no han sido capaces de tener un mensaje claro contra ETA. Porque no solo se trata de detenerles,!hasta ahí podríamos llegar! Además hay que ser contundentes en cuanto al cumplimiento integro de condenas y hay que ser tajante en impedir que entren en los ayuntamientos. En estas dos batallas, los presos de ETA y su política no son claros y la gente lo percibe. No queremos palo y zanahoria, queremos palo y basta, al menos hasta que estos mal nacidos no se rindan y nos supliquen perdón, que ya veremos si se lo damos.

¿Por qué algunos políticos solo hablan de las víctimas para criticarlas y, por otra parte, callan ante casos como el de el bar Faisán?.
Critican a las víctimas porque ellas son muy directas y los políticos no están acostumbrados a su lenguaje. Son incómodas porque no se avienen a pactos y componendas con los terroristas y sus complices y por tanto estorban en esa “solución final” infame que quieren alcanzar seacomo sea pero que no consiguen, pero no por las víctimas, que a ellos no les importan mucho, sino por ETA, que sigue armada y con ideas asesinas.

¿Cree que se está tratando con ‘guante blanco’ a los etarras? ¿Piensa que en un futuro no lejano podríamos tener a, por ejemplo, De Juana Chaos dando conferencias en cualquier punto de España?.
Sí, se les trata de lujo si pensamos en lo que merecerían como criminales que son. Y lo hacen porque quieren volver buenos a los más posibles sin preocuparles el cumplimiento de las penas ni nada de nada, a firmar el papelito del arrepentimiento y a casita los fines de semana, un convertido más. ¿Pero de verdad creen que se arrepienten de algo esta gente? No. No lo creen, pero ese no es su problema, lo que quieren es sacarlos para ver si así logran acabar con ETA y si su experimento no triunfa, pues que más da! Siempre dirán que era por el bien de la sociedad. ¿Que sociedad? La suya, la que les vota a ellos, porque somos muchos los que no queremos que excarcelen a los terroristas y a nosotros no nos escuchan. Cuando la política se antepone a la ley, pasa lo que pasa y vemos lo que estamos viendo.

Algunos políticos, de diferentes formaciones, han dicho que tendremos que ser generosos con los etarras. ¿Qué le parecen este tipo de afirmaciones por parte de políticos vascos?
Claro que De Juana Chaos podrá dar conferencias, si la sociedad cae tan bajo de permitirlo, podemos ver cualquier cosa. ¿No es Gerry Adams jefe de un partido en Irlanda y escribe leyes sobre víctimas? Ah, para quien no lo sepa Adams es un asesino que se entretenía asesinando a inocentes en sus años mozos. Vivir para ver

Es fácil ser generoso con lo que no es tuyo. Imagino que pocas víctimas de ETA le dirán que hay que ser generosos, pero con el dolor de los demás, estos políticos impresentables, lo son. Creen que quedan bien, que son mejores, menos rencorosos, ¡Es una verguenza oirles hablar! Además siempre con el País Vasco a cuestas, como si no hubiera habido víctimas de toda España, Alberto, mi hermano era sevillano y Ascen su mujer de Cadiz y cuantos policias y guardias civíles eran de todos los rincones de nuestra patria. Allí es donde más se sufre, pero el problema es de todos los españoles y permitid que seamos todos los que decidamos sobre la generosidad que merecen quienes han asesinado a nuestros seres queridos. Menos palabras bonitas insensatas y más responsabilidad. Cuando ETA abandone las armas, hablaremos, hoy los políticos vascos y no vascos deberían ser muy avaros con ETA y dejad la generosidad para un futuro en el que de verdad el terrorismo haya desaparecido. Eso se llama poner los buyes delante del carro.

¿Por qué debemos acudir a la manifestación del día 9 de abril?
Deben acudir porque si no lo hacen y Sortu es legalizada no podrán quejarse, porque no basta fiarse del Gobierno y de los jueces, hay que prevenir, porque ya sabemos que si la sociedad cierra los ojos y deja hacer… ¿O se nos ha olvidado cuando zapatero dijo que De Juana Chaos y Otegui eran hombres de paz? En fin, es nuestro deber hacer ver a quienes tienen la tentación de hacer entrar a ETA en los ayuntamientos que somos muchos los que estamos en contra. “Before is too late” Para luego es tarde, sería en cristiano. Y de verdad que si ven mucha gente en la calle, entre ellos se dicen-“Oye, a ver si la vamos a liar” Y al final oyen al pueblo que quiere que los etarra cumplan integramente sus condenas y no se sienten en otro sillón que el de la cárcel , aunque para estos criminales basta una silla.

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Tontos e independentistas
Carlos Dávila www.gaceta.es 20 Marzo 2011

Duran i Lleida manifiesta en Madrid su nula tendencia al separatismo pero en Barcelona apoya las querencias centrífugas no sólo de Convergència, sino de su propio partido.

Admito que no he encontrado la referencia exacta; sí la frase. De más joven aún me dio por hacer acopio de frases insertas en tarjetas de visita. Llegué a recopilar un centenar pero, como suele ocurrir con todas las cosas importantes de la vida, aquel tesoro se me extravió en un algún viaje, en algún estúpido traslado. Conservo memoria de algunas y en eso estoy trabajosamente laborando. Una de las últimas incorporaciones que hice no más allá de las últimas Navidades se refiere a los tontos, cualidad universal que en España adquiere valores insuperables.

Sobre los tontos ofrezco humildemente mis últimos hallazgos para quienes deseen incorporarlos a su bolsillo: uno está extraído de un libro que se conserva en el Congreso de los Diputados (todavía no ha podido confiscarlo Bono) y me fue remitido en las fechas entrañables de diciembre por la correosa y eficaz Ana Pastor. Es de un cronista fingido que llegó en el siglo XIX a afirmar lo siguiente: “En Madrid todos los días entra un tonto por la Puerta de Toledo”. Realmente inmejorable, sólo un pero; ahora entran a “cienes”, que diría Manuel Chaves, por las diferentes autovías de acceso a la capital, esos sumideros de automóviles que Sebastián, un personaje con mucha bibliografía presentada sobre el particular, quiere dejar prácticamente en senderos como él, luminosos.
Crece y crece

El otro es aún más reciente y me viene de mis recuerdos juveniles. Reza así y en pareado: “Cada día que amanece el número de tontos crece”. El recuerdo me vino como por ensalmo el pasado miércoles, cuando siendo las 12 de la mañana los diferentes digitales del país colgaron una afirmación de un tal Alfons Godall que, al parecer, fue vicepresidente de aquel gran gaznápiro, Joan Laporta, que durante años presidió el Fútbol Club Barcelona. Dijo el mentecato: “El destino y la desdicha nos han llevado a tener que ser españoles, por eso entendemos la desdicha de Japón. Viven en la desgracia de sufrir los terremotos y los tsunamis”. El tío lo dijo sin ponerse colorado; le salió así, como improvisando. Este sujeto ya tuvo no hace más de un año una reyerta con nuestros pilotos de Fórmula 1, a los que descalificó e insultó por ser “madridistas y españoles”. En fin, este no necesita amanecer como Garzón; este cada vez que amanece es más tonto.

Pero si su capacidad para decir estupideces fuera individual e intransferible, como los antiguos carnés, no tendría demasiada importancia; su caso empieza a ser general más aún por el odio que destilan a todo lo español que por su indudable y merecidísima estructura de tonto contemporáneo. El asunto es más delicado. Vean. No hace ni siete días que, recientemente constituido, el Parlamento de Cataluña ha votado una proposición de ley por la que se apoyan los ilegales y fantasmales referendos financiados, naturalmente, con dinero procedente de los impuestos de todos los españoles. El Grupo Parlamentario de Convergència i Unió apoyó la opción sin fisuras. Y esto es lo que quiero decir a continuación.
Contradicciones

CiU, la coalición, está formada, aparte de por Convergència, cuyo factótum directamente independentista es el hijo de Jordi Pujol, Oriol se llama el retoño, por UDC. La otra parte es el partido de procedencia democristiana Unió Democràtica de Cataluña, cuyo líder es Josep Antoni Duran i Lleida, natural de la franja aragonesa, sobre la que Cataluña mantiene una reivindicación política y territorial permanente. De común, Duran es un personaje de apariencia sensata, que vende sentido de Estado por doquier y que, fruto de sus muchos años en Madrid y de estar siempre a las maduras (el entendimiento con el Gobierno de turno) disfruta de una popularidad que, en opinión de los más expertos sociólogos electorales del país, “no resulta [frase de uno de ellos muy reconocido] muy inteligible”.

Durán manifiesta a menudo en Madrid su nula tendencia al separatismo, pero en Barcelona apoya todas las querencias centrífugas no sólo de su partido hermano, sino del suyo propio; por tanto, parece imprescindible a estas alturas de la película democrática española preguntar con toda la intención del mundo: ¿es usted, con toda claridad, tan independentista como Mas? ¿Apoya los referendos de soberanismo que Mas patrocina con nuestro dinero? ¿Qué van a hacer sus diputados y militantes en estas consultas? ¿Es lógico permanecer en una coalición que propende, sin ambages y con amenazas sucesivas, a la separación de España? ¿Es coherente su pertenencia a una formación independentista con sus pertinaces proclamas a favor del entendimiento con partidos españoles, léase el PP o el PSOE?
Claridad urgente

Llegado el momento de ruptura por fases pero con urgencia, planteado por el actual presidente de la Generalitat, aquí cada cual debe aclarar su posición. Ni más engaños ni más triquiñuelas. El escenario que está dibujando el nacionalismo catalán deriva en opiniones como las del profundo bodoque Godall pero también en otras actitudes, aún muy iniciales pero significativas, que favorecen el enfrentamiento que, estoy personalmente seguro, detesta Duran i Lleida.

Las exigencias agobiantes del nacionalismo catalán están deparando, como excreciones indeseables, estos dos tipos humanoides: los tontos de capirote que son capaces de comparar una tragedia espantosa, la de Japón, con la propiedad (y disfrute) de un pasaporte determinado, y la de los rabiosos separatistas, que empiezan a mostrar sus garras no sólo en los campos de fútbol, sino en muchas otras plataformas sociales de Cataluña. A este individuo, Godall, atacado de idiocia clamorosa, le mueven tanto la radicalidad de Mas y los suyos como el odio absolutamente irracional a un país como España que, en el peor de los casos, le proporciona, por ejemplo, la posibilidad de largarse a Japón a actuar como cooperante social, cosa que, con toda seguridad, no va a hacer.

Quiero decir con todo esto lo siguiente: que ya está bien de que los españoles nos tengamos que defender, casi a diario, de las diatribas, bienintencionadas o no, que proceden invariablemente del nacionalismo catalán. Vamos a ver: ¿en qué consisten los agravios, la estafa a que estamos sometiendo los demás al llamado pueblo catalán? Porque si es una cuestión de perras, discutámosla para siempre, pero no con vocación de perentoriedad. Nadie como los catalanes sabe que las condiciones de un negocio son revisables, pero lo que resulta insoportable (utilizo un adjetivo admisible) es que España entera esté pendiente de si los catalanes se encuentran bien o no con nosotros.

Es más: ¿quién nos garantiza que si hoy les damos el máximo de los que ahora piden estarán contentos en el episodio siguiente? Lo siento: es que en esta España de hoy mismo que Zapatero ha convertido en una realidad discutible y en un mercado persa al propio tiempo, ya no nos fiamos nadie de ninguno. Por tanto, claridad. Que se quieren ir, y aquí apunto sin ambages a los democristianos de Unió, que lo digan, lo proclamen, y que no nos envuelvan con frases difusas dependiendo del kilómetro en que las pronuncien. Estamos en España en una situación terminal y en estas circunstancias, por favor, ni una coña más; digamos cada uno lo que creemos y lo que queremos. Por eso, con afecto y simpatía, que diría la llorada Encarna Sánchez, Josep Antoni Duran i Lleida, di con quién quieres estar. Definitivamente.

Políticos con mayúscula y con minúscula
EMILIO GUEVARA SALETA El País  20 Marzo 2011

Se ha escrito mucho sobre el proceso de transición en España de la dictadura franquista a la democracia. Sin embargo, creo que al enumerar los factores que
hicieron posible esa transición no se ha dado la relevancia debida a uno: las características de quienes protagonizaron esa transición en las distintas
instituciones, así como el modo de funcionar los partidos políticos entonces. Cuando el común de los ciudadanos considera hoy a la clase política como un
grave problema, se impone reflexionar sobre el modo de corregir esa percepción, ya que en una democracia el desprestigio de los políticos contiene el germen
del populismo, cuando no de otros males mayores. Y para ello se ha de contrastar a los políticos de la transición y a los de ahora, y el funcionamiento de
los partidos en uno y otro momento.

Siendo consciente de que toda generalización es peligrosa, creo sin embargo correcto afirmar que la mayoría de quienes al morir Franco acceden a los cargos
públicos tenía una característica: eran personas, aún jóvenes, pero con una experiencia profesional, empresarial y laboral previa. No necesitaban de la
política para vivir. Muchos de ellos sabían que, cumplido su mandato, volverían a su trabajo o profesión anterior. Sabían que una democracia de calidad
necesita de personas que consideran un deber dedicarse al servicio de la comunidad durante un tiempo. Para ellos, la política era una tarea noble y no una
profesión más o menos lucrativa. Todo ello les daba independencia y prestigio ante sus compañeros y ante la sociedad, y un margen considerable de libertad
para gestionar los asuntos públicos sin constricciones partidistas. No decidían en función de sus intereses personales ni pensando en lo que más convenía
para una carrera política que no se planteaban. No eran sectarios ni dogmáticos, o al menos no se comportaron como tal. Así fue posible que se construyeran
los acuerdos sobre los que se hizo la transición.

Hoy el perfil de la mayoría de los políticos y el funcionamiento de los partidos es, en términos generales y con todas las excepciones que se quiera, muy
diferente. Su formación académica, científica y cultural es inferior a la de la generación de la transición. Carecen de experiencia profesional o laboral
privada. Han vivido desde siempre en la inevitable burbuja en la que se ha convertido la clase política actual, desconectada de la vida real. Son tributarios
del aparato de su partido, porque para seguir ostentando cargos habrán de ser dóciles y disciplinados. Para ellos el poder acaba siendo un fin en sí mismo,
hasta confundir el interés general con el de su partido o el de ellos mismos. Si íntimamente no lo son, tienen sin embargo que mostrarse de modo dogmático,
incapaces de reconocer la parte de razón que pueda asistir al adversario. Acaban siendo genéticamente inhábiles para concertar cualquier acuerdo sobre
cuestiones básicas, salvo para mantener su cuota de poder. Son los artistas de la política con minúscula. Y así nos va.

Un ejemplo de cuanto digo lo acabamos de vivir en Euskadi. Cuando el PNV propuso a Mario Fernández ser presidente de la BBK actuó de manera inteligente:
Fernández era y es, no solo una persona de carácter, excelente en su profesión y con unos conocimientos y una experiencia inmejorables para ese cargo, sino
también y sobre todo el candidato ideal para mí por una razón muy simple: no necesitaba en absoluto ese cargo, como tampoco necesitó en su día ser
vicelehendakari en la primera etapa del Gobierno vasco. Lo fue porque, como a otros de aquella época, la tarea le ilusionó hasta el punto de aceptar
evidentes sacrificios, sabiendo que acabados los deberes volvería a lo suyo. Por ello no me ha sorprendido su reacción cuando un determinado sector del PNV
ha pretendido entrometerse en el proceso de posible fusión de las Cajas de Ahorro vascas, con planteamientos inasumibles de índole partidista que responden,
no al beneficio de las Cajas y de los ciudadanos, sino a la obsesión por seguirlas controlando hasta la asfixia.

Pero otra reflexión más se impone. Las generaciones que han seguido a la que hizo la transición están más preparadas que ésta. ¿Por qué, entonces, el nivel
de la clase política es menor? ¿Por qué todos los partidos tienen evidentes dificultades a la hora de encontrar candidatos solventes, que supongan una
renovación? Las razones pueden ser muchas, pero yo descarto una y destaco otra. No creo que hoy exista más egoísmo y menos capacidad de sacrificio, como lo
demuestra el número considerable de quienes han hecho de la cooperación y del activismo social un elemento clave de su vida personal. Son los propios
partidos los que han perdido en buena parte su capacidad para convocar y organizar a quienes estarían dispuestos a hacer política para los ciudadanos. Y es
que cuando en cualquier organización manda una nomenclatura que teme el debate interno, que impone consignas y argumentarios desde arriba, que al seleccionar
a las personas valora más la docilidad que la lealtad a un compromiso de servicio público, no es de extrañar que sólo se apunten quienes se sirven de la
política para prosperar en mayor grado de lo que son capaces de hacerlo fuera. De esta manera se cierra un círculo vicioso: el ejercicio de la política
pierde prestigio social, y, al estar cada vez menos valorado, sigue creciendo la dificultad para atraer a los más preparados. Y al final perdemos todos. Y
seguiremos perdiendo mientras quienes pueden y deben no se fijen como un objetivo prioritario devolver a los ciudadanos el respeto y la ilusión por una
política con mayúscula.

Gloria Lago en La Coruña
La lengua azul, según nos mostró la conferenciante, también es síntoma del nacionalismo virulento cuando algunos de nuestros simpáticos nacionalistas se la pintan así
alfonso de la vega ABC Galicia 20 Marzo 2011

CON dos furgonetas de la Policía Nacional a la puerta de la sede de Novacaixagalicia del Cantón coruñés para preservarnos de los posibles actos violentos o agresiones de los nacionalistas —así estamos aún en la España del siglo XXI—, Gloria Lago pasó revista al estado de los daños y averías democráticas de la política sobre derechos civiles en materia de lengua de la actual Xunta.

La presidente de Galicia Bilingüe desgranó el suma y sigue de fechorías y batasunismo larvado que so pretexto de defensa de la lengua gallega perpetran sobre los discentes. Tiernas criaturitas en la flor de la edad intelectual y emocional indefensas ante los abusos y embustes del nacionalismo que practican algunos de los grupos subvencionados por la Xunta que forman un entramado similar al batasuno vasco. ¡Luego se lamentan del fracaso escolar y del atraso de Galicia!

Pero lo que resulta más chocante, incoherente, amén de lamentable, es que, según iba mostrando Gloria Lago con datos y más datos, subvenciones y más subvenciones, millones y más millones de euros, este batasunismo es financiado contra su voluntad por el vejado y sufrido contribuyente español y administrado por la actual Xunta, que en este tema capital para los derechos civiles y contra sus promesas electorales apenas se diferencia del bipartito. «Culo veo, culo quiero», se trata de una especie de imitación galeuzca, aunque sin ETA, de la tradicional complicidad o sinergia entre Batasuna y el tartufesco PNV, servida aquí por los grupos extremistas y el acomplejado PP «de» Galicia. Que, o bien engañó conscientemente al electorado liberal pro derechos civiles, o bien no tiene la valentía de cumplir sus promesas electorales.

Curiosamente, consigna o casualidad, pese a estar la sala llena, en el acto apenas había militantes conocidos del PP, no ya dirigentes como Carlos Negreira, que dentro de unas semanas van a volver a pedir el voto al que creen amorfo y olvidadizo elector. Tampoco de algunas las supuestas asociaciones civiles denominadas liberales que parecen estar más bien en la órbita presupuestaria del poder.

Sin embargo, mantengamos el humor con el que se toma las cosas la oradora. Lo de las lenguas azules estuvo memorable. Hasta ahora creía que la enfermedad de las lenguas azules era propia de rumiantes, tanto domesticados como salvajes, o de cierta raza de perros muy estimada como delicatessen en China; pero resulta que no, según se puede ver en las fotos que nos mostró la conferenciante también es síntoma del nacionalismo virulento cuando algunos de nuestros simpáticos nacionalistas se la pintan así.

Gloria Lago es un gran valor de la sociedad civil gallega. Una especie de Mariana Pineda de la Libertad entre tantos serviles del nacionalismo que ocupan todos los partidos parlamentarios y distorsionan hasta neutralizarla lo que debería ser una política verdaderamente democrática, dirigida a fomentar el progreso intelectual, cultural y económico de los ciudadanos españoles que viven en Galicia.

Y es que el discurso fluye fácil, ágil, sencillo, cuando se encuentran en conjunción mente y corazón, pensamiento y voluntad, como es el caso de Gloria Lago. Un personaje que tiene la osadía de propugnar ¡la libertad de elegir! Y no se amilana por mantener su postura frente al poder.


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