AGLI

Recortes de Prensa   Lunes 21 Marzo 2011

 

Zapatero
Sí a la guerra
José García Domínguez Libertad Digital 21 Marzo 2011

Los doscientos pacifistas contados que hay en España acaban de desfilar en devota procesión por Barcelona tras la manida sábana de rigor. Ésa que, según
célebre sentencia de Revel, reza invariable: "No a la enfermedad, no a la medicina". O, lo que para el caso que nos ocupa viene a ser exactamente lo mismo,
"No a Gadafi, no a la intervención". Los doscientos, digo. Pues ocurre que ni antes ni ahora ni nunca, ha habido uno más. De ahí lo asombroso de que la
derecha, siempre tan cándida la pobre, se llame a algún asombro. Todos esos compungidos aspavientos invocando a los cómicos silentes del "no a la guerra";
los enternecedores reclamos de coherencia adánica al PSOE; la apelación recurrente a la retirada de Irak; diríase que los únicos que se toman en serio la
retórica huera del presidente del Gobierno son sus adversarios.

Y es que el Zapatero sentido y sincero pacifista, simplemente, no ha existido jamás. Igual que rojo, rojísimo, presto a implantar no se sabe qué siniestra
distopía colectivista. O el astuto Maquiavelo portador de un elaborado proyecto a fin de pervertir el secular orden moral de la tribu. Cuentos de Calleja.
Literatura de cordel. Pura fantasía. Nada más lejos, tan prosaica, de la verdad. Al respecto, si Rodríguez fuese el Anticristo que quiso ver en él alguna
opinión dada al tremendismo,habría, al menos, una gota de grandeza en el personaje; la suficiente como para simpatizar con su causa. Pero, ¡ay!, Zetapé ni un
solo instante ha dejado de ser lo siempre ha sido: un vulgar oportunista.

Un simple estraperlista de emociones lo bastante astuto como para disfrazar de noble afán utópico la vergonzante cobardía, el miedo atroz que atenazó al
pueblo soberano en ciertas vísperas de marzo. Ahí, en el diestro manejo electoral de las miserias más inconfesables del censo, empezaría y acabaría el
pacifismo presunto de ZP. Por eso, cualquier analogía crítica que pretenda vincular Libia e Irak resulta hoy ociosa. En puridad, sería tanto como conceder
que en Zapatero anida alguna convicción profunda de la que fuera susceptible abjurar por mor de fatales imponderables externos. Suponerlo íntimamente atado a
un principio, el que sea; elevarlo a traidor, ¿acaso habrá recibido mejor regalo en toda su vida pública?
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

Libia
La guerra de ZP
Emilio Campmany Libertad Digital 21 Marzo 2011

Zapatero ha entrado en trance. Ahora que se ve obligado a tomar decisiones graves a diario, ha empezado a creerse de verdad que es presidente del Gobierno. Y
de verse resolviendo con majestuosidad y sentido de Estado sobre asuntos tan serios como los de la energía nuclear y la intervención militar en Libia, le ha
dado un vahído y ha sufrido un repente.

Vean si no cómo, ahora que habla en serio, resulta más campanudo y huero que nunca explicando por qué no en Irak y en Libia, sí: "Si no hubiera habido todo
lo que sucedió con los acontecimientos de Irak, no estaríamos ante un hecho tan notable como es el que sólo porque ha habido una resolución de Naciones
Unidas, del Consejo de Seguridad, conforme a la legalidad internacional, estamos aquí. Como un supuesto de hecho evidente, que no se producía en otras
situaciones y quizá por eso no hubo una resolución del Consejo de Seguridad, que es lo que está pasando en Libia, que está a (sic.) los ojos de toda la
Comunidad Internacional y de todos los ciudadanos" (la transcripción es mía, pero su fidelidad puede comprobarse aquí). Traduciré este caos: Aquí, con Libia,
tenemos una resolución del Consejo de Seguridad. En Irak no la hubo y quizá fuera porque la situación de los ciudadanos iraquíes entonces no era tan mala
como la de los libios ahora.

Desde el punto de vista de la ONU, la invasión de 2003 estuvo autorizada por las Resoluciones 1137 y 1441. Ambas (la última de noviembre de 2002) advertían a
Saddam Hussein de no entorpecer las inspecciones de sus arsenales porque, de otro modo, tendría que hacer frente a "graves consecuencias", eufemismo que
significa, en el lenguaje diplomático de la ONU, acciones militares. Saddam las entorpeció todo lo que pudo para hacer creer a Irán que tenía armas de
destrucción masiva. Tanto se esforzó en el engaño que hasta los inspectores de la ONU se convencieron de que las poseía. Tony Blair se obstinó entonces en
lograr una tercera resolución más explícita, que Rusia y China sin embargo vetaron. Esto hizo parecer que la invasión, implícitamente autorizada, estaba
aparentemente vedada por esa legalidad internacional a la que con tanto engolamiento como ignorancia se refiere Zapatero.

Además, Zapatero habla de nuestra intervención en Libia como si estuviéramos obligados por la ONU. Nada de eso. La resolución autoriza a intervenir, pero no
obliga. Si nada se nos ha perdido allí y son los derechos humanos lo que preocupa a ZP, ¿por qué despreció los de los kurdos y chiíes masacrados por Saddam?
¿Por qué no condena la intervención en la antigua Yugoslavia, que se hizo sin autorización del Consejo de Seguridad? ¿Por qué no promueve alguna iniciativa
para defender los derechos de los rebeldes bareiníes, masacrados ahora por un ejército, el saudí, que encima es extranjero?

España debe apoyar una intervención en Libia si hay garantías de que está encaminada a facilitar una democratización del país. Ahora, el papel secundario que
quieren jugar los Estados Unidos, el aparatoso protagonismo de Francia (tan renuente a intervenir en Irak) y el que la bandera de los rebeldes sea la del
régimen que los ingleses impusieron en la vieja colonia italiana hace dudar del altruismo de las motivaciones de los dos viejos imperios coloniales británico
y francés. Además, Rusia y China no se han opuesto y Alemania se ha mostrado reacia. Lo más probable es que estemos haciendo lo correcto, pero convendría
haberse asegurado antes de que nuestros F-18 fueran a defender los derechos humanos de los libios y no los intereses de Francia y Reino Unido.

Manual progre sobre la guerra buena y la guerra mala
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 21 Marzo 2011

¿En qué se diferencia la participación española en la guerra contra Irak de 2003 de la participación española en la guerra contra Libia de 2011? ¿Es ZParo un
asesino? ¿Lo son sus 11 millones de votantes? ¿Alguien lo sabe? El progre, sí; porque él es un ser superior, debidamente adoctrinado.

Aquí tenéis las claves para distinguir una guerra justa, legítima y buena de otra injusta, ilegítima y mala, así como a quienes la dirigen.

AZNAR
-Apoyó (sin tropas) una guerra con amparo de la ONU.
ZPARO
-Apoya (con tropas) una guerra con amparo de la ONU.

AZNAR
-La guerra la dirigió Estados Unidos.
ZPARO
-La guerra la dirige Francia.

AZNAR
-La guerra fue contra un tirano árabe que oprimía a su pueblo.
ZPARO
-La guerra es contra un tirano árabe que oprime a su pueblo.

AZNAR
-El tirano (Sadam Hussein) se definió como socialista y durante un tiempo todo el mundo, como China, Francia, Rusia, España y EEUU, hizo negocios con él.
ZPARO
-El tirano (Muamar el Gaddafi) se definió como socialista y durante un tiempo todo el mundo, como China, Francia, Rusia, España y EEUU, hizo negocios con él.

AZNAR
-En el país invadido, había mucho pozos de petróleo.
ZPARO
-En el país invadido, hay mucho pozos de petróleo.

AZNAR
-No tuvo el apoyo del principal partido de la oposición.
ZPARO
-Tiene el apoyo del principal partido de la oposición.

AZNAR
-Fue insultado por la oposición en las calles y el parlamento.
ZPARO
-No es insultado por la oposición en las calles y el parlamento.

AZNAR
-Baltasar Garzón sostuvo que había que juzgarlo por crímenes contra la humanidad.
ZPARO
-Baltasar Garzón no pide que se le juzgue.

AZNAR
-Los artistas del Imperio Progre le llamaron asesino.
ZPARO
-Los artistas del Imperio Progre le respaldan.

AZNAR
-El papa Juan Pablo II se declaró en contra de la guerra.
ZPARO
-El papa Benedicto XVI no se ha pronunciado sobre la guerra.

AZNAR
-Su política exterior benefició a España y perjudicó a Francia y a Marruecos.
ZPARO
-Su política exterior beneficia a Francia y a Marruecos y perjudica a España.

RESUMEN PARA VÍCTIMAS DE LA LOGSE
AZNAR
-No es de izquierdas.
ZPARO
-Es de izquierdas.

CODA: Tronchante:
Es imposible que un progre educado en la lectura de su biblia (El País) durante los últimos años pueda permanecer firme en sus convicciones y presumir de
juicio equilibrado ante la delirante distinción entre tiranos, y ante ese "..no es lo mismo" repetido por el violador de niños que reprende al exhibicionista
del parque. Como mínimo le atacará una duda.

Guerra y mentiras de manipulación masiva del PSOE
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 21 Marzo 2011

Ya estamos metidos en una guerra de progreso, ZP, el guerrero del puño y la rosa mutada en misil, se ha ido a la guerra con una euforia y ardor guerrero que
nadie jamás hubiese creído que poseía. Esta belicosidad con valores de izquierda le plantea un grave problema tanto a ZP como a su PSOE, es problemático
hacer tragar a los habituales comulgantes con sus ruedas de molino masivas con valores que guerrear en Libia es distinto al hecho de que Aznar mandase tropas
españolas a Irak tras finalizar aquella guerra y para eso nada como una campaña de grandes mentiras de manipulación masiva.

Los dirigentes del PSOE, de ZP el belicoso para abajo, se han lanzado a mentir a diestro y siniestro, primero intentan convencernos de que la participación
Española no solo es muy relevante y como dice la ministra Trinidad Jiménez tenemos un papel “central y fundamental” sino que un militar con mando en el
asunto dice la intervención española supone un importante despliegue de alto nivel, y total para cuatro aviones de caza que han mandado Trinidad y ZP.

Otra gran mentira de manipulación masiva la ha soltado el señor Blanco que anda diciendo que en esta guerra no hay mentiras, gran mentira esa porque haberlas
haylas, y nos ha soltado una gran patochada al decir que “En Libia no hay foto de las Azores”. Estos elevados conocimientos geográficos de don José Blanco
nos anonadan.

Otra gran mentira es la insistencia de los mandamases y mandamenoses del PSOE en que esto es distinto de lo de Irak y se olvidan que ellos fueron a la
primera guerra del Golfo y aprobaron los bombardeos de Serbia porque los mandaba su miembro relevante Javier Solana, entonces secretario general de la OTAN.

Otra grandísima mentira, pero de las súper masivas, la está soltando el ministro Jáuregui que ha dicho como recoge El País:

“Para el ministro, "por primera vez en la historia", la comunidad internacional tiene la "capacidad de intervenir y responder con el permiso de naciones
unidas".”

Lo de naciones unidas en minúsculas lo dice tal cual El País. Y respecto a que es la primera vez en la historia que la comunidad internacional puede
intervenir en una guerra con permiso de la ONU es mentira y además es falso. Jáuregui o no tiene ni repajolera idea de historia moderna, algo que sería como
para que dimitiese hoy, o bien miente a sabiendas, algo que estoy convencido que es lo que hace.

Ya en la Guerra de Corea de 1950 a 1953 la intervención fue internacional, aunque con presencia masiva norteamericana, como siempre, y se hizo bajo el
mandato de la ONU, tan es así que se hablaba del ejército de Naciones Unidas. Tras esa intervención guerrera ha habido muchas más con fuerzas internacionales
y también bajo mandato de Naciones Unidas, como la primera guerra del Golfo, la actual Guerra de Afganistán y más que ha habido.

Así pues Blanco miente porque nos han llevado a la guerra con mentiras y muchas. Nos mintieron para manipularnos, nos mienten para manipularnos y nos
mentirán para manipularnos.

El pulso global por la libertad
Editoriales ABC 21 Marzo 2011

Es necesario que la operación militar occidental en Libia se defina como una toma de posición a favor de los demócratas de todo el mundo árabe

DESDE la perspectiva del gigantesco terremoto político que se está desarrollando en el mundo árabe y musulmán, la guerra civil libia en la que numerosos
gobiernos occidentales han decidido intervenir se puede definir como una transición traumática entre los episodios de países en los que la demanda de mayor
libertad ha logrado derribar a los déspotas que mantenían las riendas de la sociedad y los de aquellos donde ese proceso todavía está en plena fermentación,
como, por ejemplo, Marruecos, donde las promesas de reformas hechas desde el poder no han acallado las protestas. El caso libio es indeseable en todos los
sentidos, y por ello resulta tan importante para los defensores de la libertad que concluya cuanto antes con el derribo —en este caso voladura— de un sistema
totalitario que los delirios de un perturbado han llevado a este desenlace dramático. El pulso que se lleva a cabo en Libia explica las razones por las que
la mayoría de los gobernantes alérgicos a la democracia están tomando abiertamente posiciones a favor de Gadafi. De hecho, la Liga Árabe ya ha empezado a
desmarcarse del objetivo de una coalición a la que apoyó en su inicio, señal evidente de que la organización también está siendo sometida a esa división
entre los que luchan por la libertad y los que intentan —esperemos que inútilmente—perpetuar la situación actual.

Frente a esa guerra a la que Gadafi ha conducido a su pueblo, resulta esperanzador ver que ayer mismo la inmensa mayoría de los egipcios se han manifestado a
favor de una reforma constitucional que permita la construcción de un sistema democrático en el país. Pero ese proceso que se ha abierto en Túnez y Egipto
está tan cargado de de esperanzas como de riesgos. No es fácil que los sistemas viciados por décadas de totalitarismo corrupto estén dispuestos a perder
todas sus posiciones, ni que otras fuerzas tanto o más nocivas para la libertad vayan a quedar automáticamente anuladas. Por ello es necesario que la
operación militar occidental en Libia se defina indudablemente como una toma de posición a favor de los demócratas de todo el mundo árabe. Aquellos gobiernos
de la región que se han sumado al esfuerzo militar, como Marruecos, han de saber también que ello no les exime de su obligación de atender las ansias de
apertura de sus sociedades.

¿Quién decide en el mundo árabe?
Si seguimos actuando como si fueran niños y nosotros adultos, nunca alcanzarán la mayoría de edad
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 21 Marzo 2011

EL éxito, o fracaso, de la operación multinacional lanzada sobre Libia depende más de la actitud que de las armas. Por las armas, ya está sentenciada. La
impresionante fuerza militar desplegada ante aquellas costas ha detenido el avance de las tropas de Gadafi hacia la capital de los rebeldes, Bengasi. La
cuestión ahora es si éstos retoman la iniciativa, hacen retroceder a las fuerzas del coronel y obligan a éste a dimitir o huir. Lo que ha hecho es amenazar
con armar a un millón de seguidores para «defender el país de la invasión extranjera». Otra de sus bravuconerías, pues no es probable que cuente con tantas
armas ni, menos, tantos seguidores. Pero si resiste, si la situación se estanca y Libia cae en la guerra civil, de poco servirán los navíos y aviones de la
coalición. Las guerras, sobre todo las civiles, no se ganan desde el aire. Se ganan en tierra. Y una fuerza aeronaval capitaneada por Estados Unidos e
integrada por los principales países europeos disparando contra Libia para imponer «su» bando, no es una perspectiva agradable. Podría tomarse, y bastantes
lo harían, como una muestra de neocolonialismo, como una prueba más de que occidente decide el destino de los pueblos de África y Asia. No importa que se
trate de un dictador tan sanguinario como corrupto. Ambos continentes están llenos de ellos y occidente no hace nada.

En este sentido, la participación de los países árabes en esa fuerza internacional es importantísima. Hasta ahora, se han limitado, y no todos, a prestar su
apoyo moral a la operación. Pero no a participar en ella. Tal vez, dirán algunos, porque bastante trabajo tienen con reprimir a sus manifestantes. O con
ayudar a reprimirlos en el país vecino, como está haciendo Arabia Saudí en Bahréin, sin que nadie eleve la más mínima protesta.

Lo que nos lleva a la médula del asunto. Los pueblos árabes y musulmanes vienen quejándose —con razón— de ser meros objetos, no sujetos para los
occidentales. Ellos aspiran —con más razón todavía— a ser los protagonistas de su propio destino. Deben de ser capaces de ello y los occidentales debemos de
animarles a asumir esas responsabilidades. Si seguimos actuando como si fueran niños y nosotros, adultos, nunca alcanzarán la mayoría de edad.

De ahí la oportunidad histórica y los enormes riesgos de la crisis libia. Va a decirnos si el pueblo libio toma en sus manos su propio destino o bien el
oeste sigue conduciéndole. Es decir, si tanto dolor, sacrificios, muertes y prestigio han servido para algo o han sido en vano. Una consideración que sirve
para todo el mundo árabe-musulmán, hoy en efervescencia.

Me perdonarán si no hago pronósticos, dado lo incierto de la situación. Diría, solamente diría, que las posibilidades están fifty-fifty.

Hipótesis libias
Sé que lo que me dicen que pasa es falso. Y me desasosiega
GABRIEL ALBIAC ABC 21 Marzo 2011

EL Consejo de Seguridad de la ONU ha declarado la guerra a Libia. Hay pocos precedentes. Ni siquiera contra el agresivo Sadam se logró eso. No queda más
remedio que preguntarse cuál es la diferencia específica del caso libio; la que hizo tan urgente que la ONU (la mayor congregación de dictaduras del planeta)
decidiera acabar con la dictadura de Gadafi. Escasos como andamos de información precisa, envueltos en el estruendo bélico, habremos de limitarnos a proponer
sólo hipótesis. Y a buscar si hay en ellas verosimilitud, o, al menos, coherencia lógica.

Primera hipótesis. La guerra vendría exigida por un objetivo humanitario: desembarazar a la población libia de un dictador siempre en la raya de lo delirante
y de su corrupta familia. Todos los datos del enunciado son ciertos. Gadafi es un arquetipo de manual psiquiátrico; cualquiera que haya asistido a los
montajes escénicos de sus alocuciones, percibe esto con desasosiego: ese que habla no está bien de la cabeza. Gadafi es también un dictador militar, de
tradición más nasseriana que islamista; lo cual explica sus pésimas relaciones con el entorno árabe y su acercamiento a Occidente. Su familia se ha
enriquecido a costa del petróleo; también su clan, en un país que es más un rompecabezas de tribus que una nación. El derrocamiento de un tirano así sería,
no hay duda, respetable. Como lo sería el de sus equivalentes en la zona: el rey de Marruecos, monarca de derecho divino y genocida en el Sahara; todos y
cada uno de los emires del Golfo, tiranos medievales, inconmensurablemente más crueles y voraces que Gadafi; la monarquía saudí, muy probablemente el régimen
más corrupto y más antidemocrático del mundo, que acaba de ocupar Bahréin; Irán, a punto de poner en marcha su armamento nuclear en el nombre del Altísimo…
¿Por qué empezar por Gadafi?

Segunda hipótesis. Aquella que los de la zeja esgrimieron como moralmente descalificadora de la guerra de Irak: el control del petróleo. Pero, si nos ponemos
de verdad cínicos, el petróleo del cual Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos puedan apropiarse en Libia es cosa de broma, comparado con el que se
obtendría ocupando la Península Arábiga. Y puede que Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos (y su pequeño y servicial Zapatero) sean tan malos como nuestros
tercermundistas pretenden. Pero dudo de que sean idiotas.

Tercera hipótesis. Que estemos asistiendo a los primeros movimientos de peones sobre el tablero de la gran guerra entre suníes y chiíes cuya sombra parece
desplegarse inexorablemente, con Arabia Saudí e Irán como adalides. Y que la previa limpieza de esa «irregularidad» que es la dictadura no islamista de Libia
y su posterior despedazamiento en zonas tribales, no deje ya otro horizonte verosímil que el de tal choque. Que, bien los servicios de inteligencia saudíes,
bien los iraníes, bien ambos, hayan sido la palanca de las extrañas movilizaciones populistas del Mediterráneo Sur en los últimos meses, es bastante más que
probable. Jugar tan fuerte, sin embargo, sobre la militarizada Libia supone aceptar riesgos de envergadura mayor.

Describo sólo. Mentiría si digo que entiendo lo que pasa. Sé que lo que me dicen que pasa es falso. Y me desasosiega.

El deber de la seguridad
El Editorial La Razón 21 Marzo 2011

Los gobiernos occidentales han calibrado la capacidad de reacción de Muamar Gadafi a los ataques de la coalición multinacional. La conclusión se debate entre
lo que sugiere el perfil de un asesino indiscriminado y el análisis de su capacidad para causar daño. El historial de este régimen con más de 40 años en el
poder no es el clásico de las autocracias o teocracias de la región. Gadafi ha liderado una estructura con relaciones intensas con el terrorismo
internacional y, bajo esa condición, ha estado en el punto de mira de las potencias occidentales. Hablar del dictador libio, motor de grupos criminales
subversivos en la órbita de la extinta Unión Soviética, es en buena medida hacerlo de la historia del terrorismo internacional de las últimas décadas del
siglo XX. Hoy conocemos que Muamar Gadafi ordenó en persona el atentado de Lockerbie, en el que una bomba a bordo de un avión de la Pan Am colocada por
agentes libios causó 270 muertos en 1988, en lo que supone el atentado más grave en Europa hasta la fecha.

Por tanto, cuando el dictador amenazó con atacar objetivos militares y civiles del Mediterráneo tras sufrir los primeros bombardeos, la más elemental
prudencia obliga a los países afectados a tomar sus palabras en serio. LA RAZÓN publica hoy que el Gobierno ha considerado innecesario aumentar el nivel de
alarma terrorista ante la posibilidad de que agentes libios intenten algún ataque contra nuestros intereses por la participación de un notable contingente
español en la operación. Se han evaluado los datos de que disponen los aliados y se ha concluido que Gadafi carece de la capacidad necesaria para perpetrar
actos terroristas en suelo europeo.
Lógicamente, debemos confiar en la calidad de esas informaciones, aunque también entendemos que toda prudencia y precaucación es poca cuando el enemigo es un
terrorista que ha maquinado acciones contra Occidente los últimos 40 años. No se trata de caer en falsos alarmismos ni de alentar fantasmas innecesarios. Son
actitudes contraproducentes que confunden. Sin embargo, el Gobierno está obligado a tener muy presente de dónde venimos y cómo el subconsciente colectivo de
este país mantiene vivo el recuerdo de los atentados del 11 de marzo cuando valora escenarios tan complejos para la seguridad. Puede que Gadafi no sea una
amenaza para España. Estamos convencidos de que los responsables de Interior así lo piensan, pero cómo no preocuparse ante un terrorista con financiación,
logística y contactos. Si no es un peligro real, se le parece demasiado.

A los riesgos sobre la seguridad se suma desde ayer el riesgo político de una fractura en la que se suponía era una sólida coalición. La Liga Árabe se
desmarcó de la operación militar, porque «se trata de proteger a los civiles y no de bombardearlos». Este paso atrás es una complicación para una operación
que era vendida como ejemplar en España.

El mando militar español informó de que nuestro contingente está ya desplegado y cuenta con autorización para el combate. De su profesionalidad y capacidad
no hay duda. Estarán a la altura como siempre.

La crisis libia
«Los líderes árabes tienen razones para odiar a Gadafi, ¡quién no!, pero de ahí a apoyar la democracia hay un abismo. Francia y España se han sumado a un
enjuague interno a la espera de beneficios diplomáticos y económicos»
FLORENTINO PORTERO ABC 21 Marzo 2011

EL pasado jueves el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1.973 por la que se permite el uso de la fuerza para resolver la crisis
libia. Lo que en un principio había sido una iniciativa francesa para establecer una zona de exclusión aérea se convirtió con el paso de las horas en una
carta blanca para para acabar con el régimen de Gadafi. El presidente Obama, remiso a intervenir, una vez se convenció de que no tenía más remedio que
involucrarse, pidió a su embajadora en Naciones Unidas garantías para hacerlo con las menos trabas y la mayor contundencia posibles. Rusia y China, miembros
con derecho de veto, optaron por abstenerse a la vista de la posición de la Liga Árabe, opción a la que se sumaron estados clave como India, Brasil y
Alemania.

Cuando escribo estas líneas cazas franceses y británicos están atacando posiciones controladas por fuerzas adictas a Gadafi y más de cien misiles de crucero
han sido disparados desde buques británicos y norteamericanos. Unos hechos de esta magnitud invitan a una primera reflexión sobre las consecuencias
internacionales de esta crisis. Nos encontramos ante una alianza ad hoc. No es una misión de Naciones Unidas, ni una acción de la Alianza Atlántica ni, mucho
menos, de la Unión Europea. No estamos, como se nos repite hasta la saciedad, ante una posición tomada por la «comunidad internacional», sea eso lo que sea.
El Consejo de Seguridad es un directorio de grandes potencias, no la expresión de un orden democrático. Una parte de esas potencias se ha lavado las manos y
otra ha decidido intervenir por razones distintas, pero las organizaciones internacionales europeas han quedado de nuevo fuera de juego ante la falta de una
visión común.

Tanto la Resolución como las potencias que han conformado la alianza fundamentan su posición en dos argumentos: la crisis libia es el resultado del
alzamiento del pueblo frente al dictador, y este último está provocando una crisis humana. Desde mi punto de vista, y con la información disponible, no puedo
compartir ninguno de estos dos argumentos. Más aún, estoy convencido de que tampoco los comparten quienes hoy están atacando a las fuerzas leales a Gadafi.

Libia es un estado tribal. Gadafi ha perdido el apoyo de una parte considerable de estas tribus y ello ha llevado a un levantamiento. No es casual que haya
comenzado en la Cirenaica, como tampoco lo es que sus apoyos se encuentren en Tripolitania. Los líderes de la revuelta son ex ministros, responsables como el
propio Gadafi de crímenes de toda condición y merecedores como él de las mayores penas. Sus motivos nada tienen que ver con la democracia, sino con el
reparto de poder. No hay ningún pueblo que se levante contra un dictador, sino tribus enfrentadas.

El uso de la fuerza siempre provoca bajas civiles. Cuando los rebeldes avanzaron hacia Trípoli mataron e hirieron a civiles al tiempo que destruían casas.
Cuando las fuerzas de Gadafi contraatacaron ocurrió, y continúa ocurriendo, lo mismo. Exactamente lo mismo que cuando las fuerzas aliadas avanzaron hacia
Caen tras el desembarco de Normandía, cuando bombardearon Belgrado, cuando trataron de someter las revueltas en Falulla o cuando intentan erradicar las
milicias talibanes en Afganistán. Esa es la naturaleza de la guerra, y cualquier comparación resultaría muy incómoda para los aliados.

Muchos se sorprenden de que Francia o España hayan cambiado sus papeles y se sumen a los que hemos defendido siempre la expansión de la democracia. No lo
están haciendo. Su comportamiento, de hecho, no de palabra, es perfectamente coherente. En Libia no está en juego el triunfo de la democracia sino un
determinado reparto de poder. La Liga Árabe, un cártel de dictaduras temerosas de los efectos de la democracia en sus propios países, ha solicitado su
colaboración, y ellos han entrado en el juego. Fieles a su tradición, los dirigentes árabes mantendrán una posición en privado y otra en público, una hoy y
otra mañana. Lo lógico habría sido contestar que lo resolvieran ellos, pero cuando se trata de contentar a amigos y satisfacer objetivos empresariales toda
generosidad es poca. Los líderes árabes tienen razones para odiar a Gadafi, ¡quién no!, pero de ahí a apoyar la democracia hay un abismo. Francia y España se
han sumado a un enjuague interno a la espera de beneficios diplomáticos y económicos. Sarkozy aprovecha una oportunidad para levantar cabeza y reivindicar
tanto el papel de Francia en la región como su compromiso con la democracia. Zapatero, a la vista del fracaso de su Alianza de las Civilizaciones y de su
insignificancia internacional, trata de poner en valor una decisión oportunista, determinada por sus declaraciones contra Gadafi —para satisfacer a una
opinión pública que no entendería otra posición— y por la defensa de los intereses de nuestras empresas. En ambos casos están jugando a favor de regímenes
dictatoriales, de sus socios comerciales o ideológicos.

Las potencias anglosajonas, en especial Estados Unidos y el Reino Unido, han adoptado una posición más reactiva: consideran que el triunfo de Gadafi
resultaría humillante, una nueva merma de su autoridad, un escándalo de serias consecuencias. Tanto el Pentágono como la comunidad de inteligencia
desaconsejaron la intervención norteamericana por desconfiar de los líderes rebeldes. Temen, con razón, que la alternativa puede ser aún peor. Finalmente ha
sido el aparato diplomático quien ha ganado el pulso, con razones comprensibles. Los tres años de presidencia de Obama han sido los más más incoherentes en
materia estratégica desde la II Guerra Mundial, su política hacia el Mundo Árabe ha sido caótica y necesitan con urgencia recuperar la autoridad perdida.
Obama no se engaña sobre lo que está ocurriendo en Libia, sencillamente ha llegado a la conclusión de que tiene que evitar una victoria de Gadafi al tiempo
que demostrar a la comunidad árabe que Estados Unidos todavía es la potencia de referencia.

Los hechos han dado la razón a Rumsfeld. La OTAN se ha convertido en un organismo diplomático irrelevante en materia de defensa. Cuando se trata de usar la
fuerza se recurre a alianzas ad hoc, que se desvanecen tan fácilmente como se forman. Son las naciones, no los organismos internacionales, los que actúan a
partir de sus propios intereses. La defensa de la democracia sigue siendo un buen argumento, pero en casos solo es eso. La democracia no está en juego en
Libia, pero sí en Irán, por poner un ejemplo donde la causa de la libertad va unida a una clara amenaza a nuestros intereses de seguridad. Hemos decidido
involucrarnos en una guerra civil entre libios donde, como la señora Merkel ha señalado, no sabemos qué parte es peor y qué consecuencias puede tener para la
estabilidad de la región. Actuamos en política exterior con la misma ligereza con la que venimos administrando nuestra economía. Esperemos que los resultados
no sean tan desastrosos.

FLORENTINO PORTERO ES PROFESOR DE HISTORIA DE LA UNED

Las guerras de nunca acabar
Editorial www.gaceta.es 21 Marzo 2011

La única y posiblemente la mejor manera de resolver la guerra de Libia es poner fin a Gadafi. La zona de exclusión aérea no va en esa dirección, sino que
acepta que el dictador libio pueda seguir reinando despóticamente en una importante parte de su país.

La ONU ha autorizado a proteger a la población civil de los ataques de Gadafi pero no a acabar con el dictador de Trípoli. Obama sí ha dicho que el coronel
tiene que irse y Zapatero ha afirmado que la participación militar española en la misión Odisea al amanecer quiere contribuir a garantizar “una democracia
sostenible en Libia”. Si esa es en verdad la misión que se han impuesto los países de la coalición que está atacando a las fuerzas leales a Gadafi, se está
yendo más allá de lo que la ONU ha establecido y, por tanto, sobrepasando la legalidad internacional. Es decir, que todos aquellos que en su momento
criticaron a Bush, Blair y Aznar estarían haciendo lo mismo que ellos hicieron, con la salvedad de que aquellos tres y todos los otros que fueron a Irak a
derrocar a Sadam Husein lo hicieron sin tapujos y con total transparencia.

De hecho, la única y posiblemente la mejor manera de resolver la guerra de Libia es poner fin a Gadafi. La zona de exclusión aérea no va en esa dirección,
sino que acepta que el dictador libio pueda seguir reinando despóticamente en una importante parte de su país. Y mientras Gadafi siga en el poder, nadie
podrá estar seguro. Por un lado, los rebeldes a quienes se hostigará con otros medios menos visibles a los aviones y misiles de la coalición internacional;
por otro, todos los que se han mostrado deseosos de participar en las acciones militares. Sin salida, el sátrapa libio puede optar por movilizar al
terrorismo contra sus atacantes. No sería la primera vez. Y ya ha amenazado con ello en su discurso tras encajar los primeros ataques. “El diablo está con
vosotros y os aniquilaré” han sido sus palabras. En ese sentido, dejar a Gadafi instalado en Trípoli, por mucho que la parte oriental de Libia quede bajo
control de los rebeldes, supone un notable aumento de la vulnerabilidad para los miembros de la coalición y, por tanto, de España. Factor que no sabemos si
habrá calibrado suficientemente nuestro presidente del Gobierno y su fiel escudero, la ministra de defensa, Carmen Chacón.

Por otro lado, y a pesar de que eso que se llama el balance de fuerzas favorece de todas a todas a los occidentales, como sabemos tristemente por Irak y
Afganistán, la superioridad en aviones, buques y carros de combate no siempre es suficiente para doblegar a un enemigo que cuenta con unos tiempos, lógica y
objetivos radicalmente opuestos a los nuestros. Posiblemente Gadafi no pueda montar una insurgencia parecida a la iraquí, pero Al Qaeda sí puede aprovecharse
del caos para montar una nueva base de operaciones en suelo libio.

Por tanto, mientras Gadafi resista, y tiene toda la intención de resistir, la vigilancia aérea deberá continuar, a un costo elevado y sin poder resolver la
situación. Y España se encontrará, otra vez, enfangada en una guerra sin fin. Salvo, como decíamos antes, que los miembros de la coalición, incluida España,
decidan que el mandato de la ONU es insuficiente y opten por lo que deberían haber hecho ya, acabar con Gadafi. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y Gadafi,
como dijo Reagan, es “un perro loco” que todavía puede hacer mucho daños a los suyos y a nosotros.

¿Están Zapatero, Chacón y Jiménez dispuestos a dar ese paso o a apoyar que quienes sí combaten lo hagan? De estarlo, es su obligación explicárselo a los
españoles cuanto antes. Y si no lo están, tendrán que decirnos qué piensan hacer para protegernos de las posibles acciones que adopte Gadafi contra España a
partir de ahora. Las guerras se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. Ni cómo, desgraciadamente.

Libia
Gadafi, acorralado
GEES Libertad Digital 21 Marzo 2011

En poco fallaron los cálculos de Gadafi. Creyó que Obama, al que escribe llamándole hijo incluso bajo sus bombardeos, no haría nada o no lo haría a tiempo.
Luego creyó que con proclamar inmediatamente el alto el fuego que se le pedía, ralentizaba la operación militar lo suficiente como para acabar su faena en la
costa Este, conquistando Bengasi y enfrentando a la comunidad internacional con hechos consumados. Pero Obama, por si acaso, había dado órdenes a los
militares, y éstos, a pesar de sus reticencias ante la operación, estaban preparados. Esa era la incógnita en el momento en que, el jueves 17, se aprobaba la
resolución 1973 en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Las fuerzas han podido entrar inmediatamente en acción. Un Sarkozy sediento de relevancia
internacional tomó incluso la delantera enviando sus aviones en socorro de Bengasi antes de que el cielo estuviese despejado. Ningún problema con los
americanos, que se esfuerzan por ceder cuanto antes el protagonismo a los europeos.

La acción de guerra se desarrolla de acuerdo con los procedimientos familiares: comenzar eliminando las defensas aéreas, deshabilitar las pistas de los
aeropuertos, inutilizar aparatos en tierra, destruir sistemas de comunicaciones, centros de mando y control, depósitos de combustibles y municiones. Si
Gadafi tuvo alguna improbable posibilidad de ahorrarse esta destructiva fase inicial mostrándose sumiso, ya se ha esfumado. Su única ventaja es que la
resolución prohíbe taxativamente que ningún soldado extranjero huelle suelo libio. Su desventaja es que la resolución no se limita a autorizar el
establecimiento de una zona de exclusión aérea, sino que autoriza a utilizar "todos los medios necesarios". En las semanas precedentes se ha recordado mil
veces las limitaciones inherentes a una zona de exclusión aérea. Los aviones del excluido no pueden volar, pero sus tropas terrestres pueden cometer toda
clase de tropelías, como la masacres de los varones de Srbrénitsa, en Bosnia, en el 95, y las de los árabes de los pantanos y los chiitas del Sur de Irak en
el 92. Pero en la ocasión actual, la generosa autorización implicada en "todos los medios necesarios" ha sido ampliamente utilizada en esa primera acción
francesa contra tanques gubernamentales que atacaban Bengasi después de proclamado el alto el fuego. Los vuelos no se limitarán a la contemplación aérea. De
facto también se impone un zona de exclusión terrestre y quizás bastante más. Una guerra aire contra tierra como la de Kósovo en el 99.

La acción militar se ha desarrollado hasta ahora impecablemente. A parte de toda clase de fuegos de artificio retóricos, a Gadafi no le queda más opción que
denunciar muertos civiles que no parecen demostrables. Pero ya la Liga Árabe, cuya demanda de exclusión aérea fue decisiva en la voluntad de Obama y en las
votaciones en el Consejo de Seguridad, ha empezado a hacer aspavientos. Como Sadam, Gadafi no tendrá escrúpulos en crear algún engaño para inducir a los
aliados a que ataquen algún blanco aparentemente militar lleno de mujeres, niños y ancianos. La posibilidad de error o accidente está siempre al acecho. La
autorización que Naciones Unidas ha dado a todos sus miembros que quieran intervenir es para "proteger a los civiles y las áreas pobladas por civiles
amenazadas de ataque". Es decir, una operación puramente humanitaria. Una de esas cuadraturas de círculo a las que la inocente ingenuidad de las Naciones
Unidas, que es la de sus estados componentes, nos tiene acostumbrados. Porque la realidad sobre el terreno es una guerra civil, rebeldes contra
gubernamentales, y la intervención no puede menos de apoyar a un bando, el más débil y menos militar, contra el otro. Es más, los que han tomado la
iniciativa han dejado claro antes y ahora, descontando las contradicciones de Obama, que sólo se puede cumplir la misión derrocando a Gadafi. Luego esa es la
verdadera misión.

Nada se dice de lo que viene después, pero sigue vigente la regla de las tiendas de loza y porcelana, que Colin Powell recordó antes de Irak: Si lo rompes,
es tuyo.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

De pueblos y dignidades
Sería cosa de preguntarle a tanto fervoroso patriota por qué les parece tan mal la autodeterminación del País Vasco y tan bien la pervivencia de aforamientos
juan granados ABC Galicia 21 Marzo 2011

LA penúltima boutade de la autodenominada «Conferencia Episcopal Tarraconense», o sea la jerarquía católica catalana, enfatizando nuevamente su fervor
nacionalista a la sombra del poder de Artur Mas, mueve a reflexión. Clamando por la socorrida «dignidad de los pueblos», se suman los obispos del Principado
a las tesis de quienes demandan un concierto fiscal para Cataluña, esto es, un nuevo fuero al estilo vasco que permita a la Generalitat enjugar sus
vergüenzas contables a costa de la articulación territorial del país.

Será porque uno lleva cada vez peor esta historia de que gracias a la perennidad de ciertos papeles amarillos que señorean nuestra historia, el célebre
palabro «fuero» se nos recuerde día sí y el otro también, como eterna cantinela aparentemente inamovible, tan natural y asumida como el paso de las
estaciones.

Fuero, demonios, fuero para quien suscribe no significa otra cosa que la constatación de la pervivencia del Antiguo Régimen entre nosotros. Fuero es
privilegio por derecho de cuna o ubicación en el mapa. Se me puede decir lo que se quiera, pero uno soporta mal pensar que el día que la palme su propia
tendrá que pagar una pasta más o menos gansa a papá Estado en concepto de luctuosa patrimonial, entretanto, los aforados por leyes viejas y amejoradas se
podrán gastar si les place los ahorros del aitá en ostras, caviar y champagne, porque así lo dice su papel amarillo. Vamos, que sería cosa de preguntarle a
tanto fervoroso patriota como anda suelto por qué les parece tan mal la autodeterminación del País Vasco y tan bien la pervivencia de aforamientos entre el
común de paganos y pecheros que andamos con el afán del IRPF a cuestas. Aprovechando que estamos sumidos de lleno en el desaguisado autonómico, bien haríamos en replantear el asunto desde el principio.

Alguna vez hemos de reconocerlo, lo que llamamos España siempre ha aparecido arrebujado entre una amalgama impertinente de leyes privativas y
excepcionalidades. Si Olivares no consiguió nada con su Unión de Armas, si Utrecht pasó por nosotros sin que nosotros pasásemos por él, si 1812 consagró la
fragmentaria cantinela de siempre y aún así no pudo evitar la carlistada, ¿qué diablos esperamos conseguir hoy, cuando ni siquiera sabemos lo que queremos?

En el ínterin un ruego, déjense ya de fueros y mandangas de prebostes y gerifaltes de antaño, eso nada tiene que ver con la libertad, vivir en libertad
significa disfrutar de los mismos derechos y responder de idénticas obligaciones, no el permanente yo sí y tu no en el que andamos metidos.

Gallegos Hispanohablantes
http://gallegos-hispanohablantes.blogspot.com 21 Marzo 2011

Estimados amigos:
Después de un período de silencio debido a la cobardía y traición de Núñez Feijoo y el consiguiente desaliento por mi parte, vuelvo con el tema de la lucha
por la libertad de idioma esta vez en un blog independiente del de Periodista Digital, más fácilmente configurable y creo que con una estética mejorada.
Espero vuestras visitas y que invitéis a algún amigo que apoye nuestra causa. Pronto estaré en Facebook. Ahora me voy a caminar un poco que es muy bueno para
la salud y hace un día espléndido.

Un saludo cordial.

Sobre el autor de este blog
Me llamo Juan Julio Alfaya. Nací en Tuy, provincia de Pontevedra. Soy gallego de nacimiento y descendiente de gallegos humildes, pero emprendedores. En mi
familia se habló siempre en español. Solamente mi abuela materna decía alguna que otra frase en gallego.
.
Cuando mis compañeros de colegio leían a Emilio Salgari y a Julio Verne, un servidor, además, conocía y admiraba ya a los clásicos castellanos: “El Quijote”,
“El lazarillo de Tormes”, “La celestina”, “El conde Lucanor”, Quevedo, Lope de Vega, Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Góngora,
Baltasar Gracián, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Ramón María del Valle-Inclán, Emilia Pardo Bazán, Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Antonio Machado, las
primeras (y mejores) obras de Camilo José Cela, etcétera. A una edad muy temprana, mi "orientación lingüística" ya estaba clara.
.
A pesar de ello, aprendí a hablar y escribir en gallego por voluntad propia a partir de los 20 años, con los escasos medios que existían en aquella época. He
publicado una novela corta (escrita en español, pero traducida al gallego como condición sine qua non para ser publicada), un libro de poemas y numerosos
artículos en este idioma, los últimos en el ya desaparecido “O Correo Galego”, donde eran deformados por los llamados “correctores lingüísticos”. Tengo,
además, varias obras inéditas, que, probablemente, se pierdan para siempre.
.
Los frecuentes e inexplicables cambios de normativa y las “correcciones incorrectas” de mis artículos me llevaron a la decisión de no seguir escribiendo en
un idioma que empezó a degenerar en neolengua de laboratorio partir de 1982 y a convertirse en la columna vertebral del nacionalismo independentista y en el
idioma principal y excluyente del nacionalismo moderado.
.
Ahora, como gallego hispanohablante consciente y sin complejos, defiendo la plena libertad de idioma en Galicia; la estabilidad normativa del gallego; la
enseñanza y el uso en libertad y sin coacciones de los dos idiomas hablados por los gallegos y la no discriminación por razones de idioma de nadie en ningún
ámbito: enseñanza, administración, trabajo, empresas públicas y privadas, medios de comunicación, instituciones religiosas, asociaciones, etc.

Hugo Chávez, el nuevo guía del independentismo gallego
El Gobierno Bolivariano financia un libro escrito en gallego reintegrado, con calcos del portugués
 www.lavozlibre.com 21 Marzo 2011

Madrid.- El independentismo gallego, disperso en una docena de asociaciones, parece tener en el presidente venezolano, Hugo Chávez, al guía dispuesto a
unirlo y expandirlo. El Gobierno Bolivariano del país sudamericano, mediante el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y del Consulado
General de la República Bolivariana de Venezuela en Vigo, colaboró económicamente para que fuera publicado el libro sobre Simón Bolívar cuyo título es 'Lo
Gallego de Simón Bolívar', según informa este lunes el diario 'El Mundo'.

El ejemplar, promovido por la Asociación Gallega de Amistad con la Revolución Bolivariana, tiene unas 20 páginas y está editado en un cuidado formato, con
papel satina y fotografías a todo color. Se encuentra escrito en gallego reintegrado, con calcos del portugués, en una variante no reconocida por ninguna de
las instituciones acreditadas.

En la contraportada del libro luce la imagen corporativa del Ejecutivo de Hugo Chávez y del colectivo, cuyos estatutos abogan por "reforzar la lucha
antiimperialista y anticapitalista, por la soberanía nacional en el camino del socialismo del siglo XXI".

Además de esta colaboración, el independentismo gallego suele recibir en la región a distintos miembros de organizaciones marxistas de la órbita bolivariana.
Asimismo, tampoco faltan las visitas secretas de distintos dirigentes gallegos a los países 'revolucionarios'.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El alto precio del nacionalismo
El Ejecutivo autonómico de Artur Mas reconoce la fuerte presión fiscal y exige más recursos al Estado
IVA ANGUERA DE SOJO / BARCELONA ABC Cataluña 21 Marzo 2011

«Cualquier catalán estaría dispuesto a pagar un poco más por vivir en Cataluña». Con este argumento se despachaban hasta hace poco dirigentes de Esquerra e
Iniciativa cuando se les afeaba el aumento de la presión fiscal heredada de siete años de tripartito, incluso en los años de vacas gordas. Pero, ¿de cuánto
más estamos hablando? En el caso del IRPF para los tramos más altos, la diferencia puede alcanzar los 18.804 euros anuales según un estudio de la Asociación
Española de Asesores Fiscales, en función de si el contribuyente tributa en la Comunidad de Madrid o en Cataluña.

En el primer caso, el Gobierno de Esperanza Aguirre ha utilizado el tramo autonómico del IRPF (el 50% que administran y legislan las comunidades autónomas)
para compensar el aumento de tramos impuesto por el Gobierno de la Nación para aumentar su recaudación, de modo que los contribuyentes con base liquidable
superior a 120.000 euros siguen aplicando un tipo para el tramo autonómico de 21,40%.

En Cataluña, por contra, la Generalitat aprovechó ya el año pasado el tramo autonómico para aumentar los tipos impositivos sobre las rentas más altas, de
modo que para una base liquidable de 120.000 euros se aplica un tipo autonómico del 23,50% y a partir de los 175.000 euros un 25%. El resultado, es que a
partir de 125.000 euros, en Madrid se aplica un tipo del 44,90% y en Cataluña se alcanza el 49%.
Deducción por vivienda

La comparación con otras comunidades «ricas» como Valencia o Baleares también se salda en contra de los contribuyentes catalanes, puesto que ambos gobiernos
autonómicos han obviado también los tramos altos de IRPF, aunque los tipos son algo superiores a los de Madrid.

No es el único ámbito en el que la herencia fiscal del tripartito juega en contra del contribuyente catalán, puesto que otro tanto sucede con las deducciones
por vivienda habitual. La Generalitat de Cataluña ha rebajado el tramo autonómico de deducción del 7,5% al 6% y elimina la deducción para rentas a partir de
los 25.000 euros anuales siguiendo la estela del Gobierno, mientras en comunidades como Madrid el ejecutivo autonómico ha optado por compensar esa
eliminación de la deducción por vivienda habitual.

Otro motivo de comparación constante, y lacerante para muchos, es el impuesto de sucesiones, que CiU se ha comprometido a eliminar definitivamente pese a la
oposición frontal del tripartito, que le acusa de pensar sólo en los que más tienen y renunciar a unos ingresos de 400 millones de euros para 2011 mientras
aplica recortes salvajes en sanidad o educación.

Lo cierto, sin embargo, es que esta mayor presión fiscal no se ha traducido en una mayor inversión en servicios sociales, pese a lo afirmado por los
sucesivos ejecutivos catalanes. En la actualidad, la inversión sanitaria por habitante en Cataluña es de 1.295,6 euros, lejos de los 1.675,5 euros del País
Vasco y por debajo también de comunidades como Extremadura, Asturias, Aragón y otras ocho. Aunque cien euros por encima de Madrid, Valencia y Baleares.

El nuevo Ejecutivo autonómico catalán afirma que la presión fiscal que sufren los catalanes es excesiva y reclama más recursos al Estado. Pero el Ministerio
de Economía señala cada vez con más insistencia la eficacia en el gasto y la priorización de objetivos como solución a los problemas de déficit de Cataluña,
que además, se sitúa a la cola en reducción del déficit, según los últimos datos del Ministerio.

Nacionalistas e independentistas insisten: quieren otro Babel en el Congreso
Volverán a intentar que se tramite una reforma para el uso del catalán, euskera y gallego
Ep www.lavozlibre.com 21 Marzo 2011

Madrid.- Los grupos minoritarios del Congreso volverán a intentar que se tramite una reforma reglamentaria para garantizar "cuanto antes" el uso del catalán,
el euskera y el gallego en la Cámara Baja. La proposición de ley, promovida por Esquerra Republicana, lleva también la firma de los nacionalistas de CiU, PNV
y BNG, así como de IU-ICV y de Nafarroa-Bai.

Con su propuesta, se persigue modificar el artículo 6 del Reglamento del Congreso para permitir a los diputados gallegos, catalanes y vascos utilizar
cualquiera de las lenguas oficiales en su actividad parlamentaria.

En concreto, en la presentación de escritos e iniciativas parlamentarias, cuya publicación se reproducirá en las versiones en que hubieran sido presentados
adjuntándose su traducción al castellano, y en las intervenciones ante el Pleno, la Diputación Permanente y las distintas comisiones parlamentarias.

En la pasada legislatura, el presidente del Congreso, Manuel Marín, intentó que sus señorías pudieran al menos hacer uso de las lenguas cooficiales ante el
Pleno, aunque fuera de forma limitada y facilitando la traducción a los servicios de la Cámara.

Asimismo, el texto impulsado por Esquerra también aboga por que los ciudadanos y las instituciones puedan utilizar en los escritos que dirijan al Congreso
cualquiera de las lenguas que tengan carácter oficial en algunas de las comunidades autónomas.

En abril del año pasado, los republicanos catalanes ya invitaron a las demás formaciones del Congreso a suscribir una iniciativa similar que, sin embargo, no
llegó a registrarse. Ahora, una vez perfeccionada, ha cosechado el apoyo del diversos fuerzas del arco parlamentario.

PP, UPYD Y UPN EN CONTRA
La iniciativa se debatirá y votará el próximo martes pero no se prevé que su tramitación reciba el apoyo del PP, Unión, Progreso y Democracia (UPyD) y Unión
del Pueblo Navarro (UPN). Tampoco contará con el aval del PSOE, cuyo portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, ha venido defendiendo que la única lengua
que ha de hablarse en el Cámara es el castellano.

Desde ERC esperan un cambio de criterio en el PSOE habida cuenta de que los socialistas permitieron en el Senado el uso del catalán, el gallego y el euskera
argumentando entonces que su utilización en la Cámara Alta tiene sentido por tratarse de un órgano legislativo de carácter territorial.

En virtud de esa reforma del Reglamento de la Cámara Alta, que contó con el apoyo de todos los grupos, salvo PP y UPN, los senadores pueden utilizar todas
las lenguas oficiales del Estado en los plenos a partir del presente año, aunque sólo en el debate de las mociones y no en las sesiones de control al
Gobierno o el debate de iniciativas legislativas.

YA LO INTENTARON EN 2009
En julio de 2009, los grupos minoritarios ya hicieron llegar una carta al presidente del Congreso, José Bono, en la que le pedían que, mientras no se
reemprendiesen los trabajos en la Comisión de Reforma del Reglamento o se debatiese alguna iniciativa de reforma que alcanzara al debate lingüístico,
facilitara el uso de las lenguas oficiales distintas del castellano en el Congreso.

A su petición, que rechazaron firmar el PSOE, el PP y UPyD, el presidente de la Cámara Baja respondió subrayando la necesidad de llevar a cabo una reforma
del Reglamento del Congreso para resolver esta cuestión, una solución que se intentó sin éxito en la pasada legislatura.

Tras estos intentos frustrados, ahora los partidos firmantes de la reforma reglamentaria pretenden que se avance lo antes posible "en la plena normalización"
de los usos orales y escritos de las distintas lenguas oficiales del Estado puesto que, según arguyen, su materialización no puede quedar paralizada a la
espera de una reforma global del Reglamento del Congreso.

ACUSA AL PP DE IMITAR A LOS NACIONALISTAS
La ANLL acusa a Feijoó de despilfarrar 820.000 euros para la primacía del gallego
Minuto Digital  21 Marzo 2011

La Asociación Nacional por la Libertad Lingüística (ANLL) considera evidente que el Partido Popular de Galicia continua perpetuando una política de
imposición y primacía del gallego como demuestran las últimas subvenciones otorgadas por valor de más de 820.000€ al fomento exclusivo de la lengua
autonómica por parte de la Xunta de Galicia.

En sendas órdenes de la Secretaría General de Política Lingüística de la Xunta de Galicia fechadas a 1 y 4 de marzo respectivamente se publica la
convocatoria de subvenciones destinadas a implantar en los ayuntamientos “Oficinas de Política Lingüística” vinculadas en exclusiva al gallego así como a la
edición de recursos didácticos únicamente en esta lengua. Ambas subvenciones alcanzan un valor de 420.000 y 400.000 euros respectivamente.

Desde la ANLL entienden que “cuanto menos, dichas subvenciones tienen un difícil encaje con la sentencia del TC sobre el Estatut de Cataluña que manifestaba
claramente la ilegalidad que supone la “preferencia” por parte de la Administración de la lengua autonómica sobre el castellano. Recordamos a todas las
instituciones que las sentencias del Tribunal Constitucional han de ser acatadas en cualquier parte de España”.

Así mismo, desde ANLL consideran estas subvenciones “como una prueba evidente de la nula voluntad política del Gobierno de Alberto Núñez Feijoo de apostar en
la esfera pública por un bilingüismo real que no pase por discriminar el castellano, y que se extienda, en el ámbito privado, a la libre elección de lengua
por parte de los ciudadanos, tesis que si bien formaban parte del programa electoral del Partido Popular de Galicia son continuamente incumplidas por este
Gobierno”.

“Los complejos del PP les lleva a imitar a los nacionalistas en su política lingüística, a desentenderse de las sentencias del TC, a marginar el castellano,
a mantener el clientelismo del antiguo bipartito en materia lingüística, y a hacerlo todo ello en base a un despilfarro que se carga al bolsillo de todos los
gallegos”.
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