AGLI

Recortes de Prensa   Miércoles 23 Marzo 2011

 

Libia
Rufet, Rufetiño y Rufeticoetxea
Pablo Molina Libertad Digital 23 Marzo 2011

Nada debería ya sorprendernos respecto al escaso nivel de nuestra casta política pero, en el caso de que existiera alguna duda, ya se encargan sus miembros más preclaros de brindarnos periódicamente un espectáculo parlamentario como el escenificado a cuenta de la guerra de Libia, de forma que nadie cometa el error de suponer que las decisiones que afectan a nuestro país son adoptadas por personajes mínimamente solventes.

En el caso de la guerra contra Gadafi, pero sin intención de acabar con Gadafi (áteme usted esa mosca por el rabo, comandante Chacón) no se trata ya solamente de la postración intelectual que habitualmente ofrece el Hemiciclo, sino de la escasa vergüenza de sus señorías a la hora de defender su postura belicista enarbolando unos argumentos que parecían escogidos para acusarse a sí mismos ante la opinión pública española.

Los nacionalistas catalanes, siempre tan respetuosos con el orden político ajeno, dicen que apoyan a Zapatero porque resulta inaceptable que Gadafi vulnere los derechos humanos, lo que no les impide hacer lo propio en el territorio que gobiernan en lo que respecta al uso de la lengua materna, especialmente en las primeras etapas de la educación de los niños que, por si no lo saben, es otro derecho que conviene preservar sobre todo si se tienen responsabilidades ejecutivas.

Sus colegas vascos, por su parte, se muestran escandalizados por el número de víctimas civiles ocasionadas por el Gobierno de Gadafi, pero en cambio apoyan la vuelta a las instituciones democráticas de un grupúsculo sospechoso de apoyar a un grupo terrorista que lleva mil asesinados no al otro lado del mediterráneo, sino allí mismo, junto a los caseríos y los batzokis donde se reúnen estas plañideras con txapela a preparar sus estrategias en el parlamento "del estado".

En cuanto a Rajoy, habitualmente muy superior a la catetada periférico-parlamentaria, en este caso ha decidido no desentonar del rufetismo circundante, evitando hacer una masacre dialéctica con un Zapatero agonizante en términos políticos, al que podía haber vapuleado por la evidentísima hipocresía que revela su reciente ardor guerrero, sustentado ridículamente en el procedimiento administrativo de unas resoluciones de la ONU que a nada obligan, como demuestran otros muchos países que han preferido mantenerse ajenos a la aventura libia.

Caso aparte es el de un aturdido José Antonio Alonso en el papelón de defensor de las locuras de su líder, al que no se le ocurre otro argumento para justificar la guerra contra Gadafi que enarbolar una encendida defensa del derecho a la vida, el mismo derecho que su partido se ha encargado de abolir en territorio nacional con una ley que convierte el asesinato nada menos que en un derecho.

Cómo habrá sido el nivel del debate que Gaspar Llamazares ha brillado con luz propia como el único parlamentario fiel a sus principios; absurdos, sí, totalitarios, también, pero en última instancia los mismos que ha defendido siempre. ¿Al lado de los Rufets, Rufetiños y Rufeticoetxeas que han subido hoy a la tribuna de oradores? Un Churchill.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

El círculo vicioso
José Luis González Quirós* El Confidencial 23 Marzo 2011

Hace ya muchos años, nada menos que en 1915, Ortega y Gasset se lamentaba, en un artículo publicado en la revista España, y recogido luego en sus Escritos políticos, de la creación de la Universidad de Murcia: “Que en esta hora, tan adecuada para una reforma hondísima de nuestra vida nacional, lo único que se haya creado sea una Universidad más, equivale a un golpe fatal que recibimos los ortodoxos del optimismo”.

Ortega no tenía nada contra Murcia, pero no estaba conforme con que las fuerzas vivas de la región se hubiesen salido con la suya y creasen una universidad, básicamente, para mostrar su poderío. Pensaba entonces Ortega que mejor harían los españoles en arreglar las seis universidades existentes, alguna al menos, que en intentar crear una más que, seguramente, heredaría los defectos de las otras. Desde entonces ha llovido mucho y es posible que en la misma Murcia haya más que las seis universidades que en 1915 había en toda España. Seguramente la metástasis universitaria ha tenido algunos efectos positivos, pero lo esencial es comprender el motivo del disgusto del filósofo.

Desde entonces, las cosas no han hecho sino empeorar. Tenemos unas administraciones que gastan sin ton ni son, que no se paran en pequeñeces y desconocen, por completo, cualquier especie de austeridad. Unos y otros han llenado el paisaje español de autopistas con tráfico escaso, de polideportivos casi vacíos, de bibliotecas sin libros, o de parlamentos y un sinfín de instituciones del más variado tipo con funciones casi completamente inexplicables. Los únicos beneficiarios netos de todo ese proceso han sido los líderes del potente sector de la construcción y la obra civil, gente meritoria y valiosa, sin duda, aunque diste de estar claro por qué razones todo un país tiene que tirar la casa por la ventana para construir lo que no está claro que necesitemos. Presumimos de tener la red de alta velocidad más extensa del mundo, pero nadie nos dice que es la menos rentable, la más deficitaria, la más inverosímil.

Es asombroso que, a día de hoy, millones de españoles sigan sin comprender que la única razón por la que han de comprar su vivienda a precios absurdos, y pasar largos años de su vida pagando hipotecas muy onerosas, es el prohibicionismo del suelo

Cuando vienen a España, son muchos los que se extrañan de que nos quejemos de la crisis, de tan relucientes que están una buena parte de nuestros signos externos; a cambio, como se sabe, nuestra deuda es sideral, nuestra competitividad da risa, nuestro democracia renquea asfixiada por las cúpulas de los partidos, los habitantes de las ciudades se hacinan como si dispusiésemos de menos espacio que los japoneses, y el terreno escasea, y tiene unos precios de escándalo, aunque España esté medio vacía. Las autoridades hacen recaer sobre él su virtus prohibitiva, lo que produce una escasez artificial que ha sido, a fin de cuentas, una razón primordial de la espantosa indigestión económica que nos tiene al borde del desastre. Es asombroso que, a día de hoy, millones de españoles sigan sin comprender que la única razón por la que han de comprar su vivienda a precios absurdos, y pasar largos años de su vida pagando hipotecas muy onerosas, es el prohibicionismo del suelo, que multiplica por varios enteros su valor en el mercado y beneficia, sobre todo, al poder municipal al otorgarle un sistema de financiación irregular.

La creación de escasez en el suelo es una de las causas básicas del sobreprecio del terreno, de la especulación urbanística, del boom inmobiliario, de la corrupción política, y del escaso aprecio de los españoles por obtener dinero de manera más razonable y productiva. Recuerdo lo que me decía un amigo hace ya muchos años: no merece la pena trabajar si, al final, voy a ganar más dinero con la venta de un solar que con el esfuerzo de mi empresa durante treinta años.

El problema con el que ahora nos enfrentamos colectivamente es que hemos creado un sistema público de tamaño monstruoso, que se ha multiplicado por cinco desde los inicios de la democracia, y que nuestra economía real no produce lo suficiente como para alimentar a este monstruo, al ogro filantrópico del que habló Octavio Paz. Necesitamos una cura de austeridad, un régimen de descreimiento en los beneficios que podamos recibir de los gobiernos, que salen a un precio que, al final, es inasumible, y proceder a recortar en cuanto se pueda los poderes discrecionales de los políticos, su abundancia barroca. Necesitamos, en cierto modo, volver a empezar, pensar que la democracia no es el maná sino un procedimiento muy razonable para resolver nuestros conflictos, pero que jamás podrá funcionar correctamente si no hay una poliarquía, si los jueces no son capaces de juzgar conforme a una ley igual para todos, si las universidades no dejan de crecer para dedicarse a competir y mejorar, si los periódicos no dejan de cantar las excelencias de sus padrinos políticos y se dedican a informar honrada y valientemente. ¡Cuánto nos queda por hacer para salir de este infernal círculo vicioso! Quiero creer que si alguien nos hablase con valor y claridad, podríamos romper ese dogal que nos impide crecer y respirar.

*José Luis González Quirós es analista político

Justicia
Modernización o democratización
Juan Morote Libertad Digital 23 Marzo 2011

Andan de nuevo los ilustrísimos togados hablando de la necesidad imperiosa que acucia a la justicia, que no es otra que la de su modernización. Hace veinticinco años que empecé la carrera de Derecho y el diagnóstico era el mismo: había que modernizar la justicia. Tengo la impresión de que este argumento recidivante en realidad se invoca para ocultar la verdadera etiología del mal funcionamiento de la administración de justicia. Porque lo que funciona mal no es la justicia, virtud imprescindible en cualquier hombre de bien, sino su administración, que en muchos casos suele deshonrar su nombre.

La cacareada modernización significa, en boca de un cateto, que faltan ordenadores, impresoras, servidores, medios de grabación digital, y demás zarandajas tecnológicas. No es verdad, nada más alejado de la realidad. Lo bien cierto es que lo primero que sobran son leyes, y además sobran muchas. La incontinencia de producción normativa tiene su origen en la necesidad del político de medio pelo de sentirse útil. De esta guisa se han lanzado a la producción normativa las diecisiete comunidades autónomas, a las que se han pegado a rueda los principales consistorios municipales que tienen más ordenanzas que todos los de los EEUU juntos. No existe vecino patrio capaz de leerse toda la normativa que se publica al día en España.

Semejante ejercicio compulsivo ha provocado una falta absoluta de rigor en la redacción de las normas, donde unas comunidades copian a otras desde los estatutos hasta la normativa de ascensores, pero nadie se resiste a introducir alguna particularidad que recoja su hecho nacional diferencial. Así, si usted fabrica ascensores para instalarlos en Barcelona no serán susceptibles de ser colocados en Cuenca. Lo cual genera un galimatías considerable y una gran sensación de indefensión del individuo frente al Estado en sus diferentes manifestaciones. El ciudadano siempre tiene la sensación de vivir, en algún aspecto de su vida, al margen de la legalidad. Este es el primer problema de la justicia: la inflación normativa galopante que padecemos.

Junto a lo anterior hay otro problema que es el aislamiento absoluto del español medio de la administración de justicia. Los jueces son vistos como una secta social, que cuando hablan a través de sus resoluciones hay que buscar un traductor avezado para entenderlas. Es propio de las dictaduras tratar de privar al paisano de la participación en la tarea de administrar justicia. En la medida en que la justicia está en poder de mayor número de funcionarios, mayor es la tentación para el gobierno de meter su mano grasienta también en este negociado. Por eso, los países en los que hay establecida una mayor corresponsabilidad entre ciudadanos y funcionarios en la administración de la justicia la confianza en el modelo es mayor.

Y en último lugar, pero no por ello menos importante, hay que señalar como un gran problema de la justicia su politización. La clave de la justicia no es sólo su rapidez, sino también que sea justicia. En España hace mucho tiempo que el ciudadano dejó de confiar en la misma. El tufillo a politización que envolvió la reforma del poder judicial llevada a cabo por Felipe González, aún no se ha disipado. Despolitizar la justicia equivale a decir democratizarla, puesto que sólo las repúblicas bananeras pueden pretender serlo sin una verdadera división de poderes. Así que sería muy bueno que los propios jueces y magistrados fuesen valientes y señalaran de verdad dónde están las claves de la mejora de la administración de justicia. Les doy una pista: pocas leyes, claras y que se cumplan, jueces bien pagados en función de su productividad, erradicación del corporativismo, corresponsabilidad ciudadana y un proceso de democratización profunda.

Salida digna
Cuando el Nadie sonriente se instaló en la Moncloa, éste era un país rico. Siete años después, está en la ruina
GABRIEL ALBIAC ABC 23 Marzo 2011

La ideología se asienta sobre ausencia de ideas y exceso de retórica: una amalgama letal en sociedades capaces de fabricar conciencias a medida. El estallido brutal de los totalitarismos marcó el inicio de ese tiempo en el cual la ficción suple a la realidad ventajosamente. Un necio armado de sonoras vaciedades es la variedad más peligrosa de la especie humana. Triunfará, si a eso une la impecable ausencia de sentido del ridículo. La necedad, multiplicada por el altavoz propagandístico, se trocará en verdad, la única, la exterminadora verdad que exige que todo análisis no concordante con su salvífico mensaje sea aniquilado. Hitler o Stalin podían ser sujetos ridículos; lo son, a poco que escuchemos, en el frío que impone la distancia, sus palabras; a poco que descompongamos la desmesura semiótica de sus gestos. Triunfaron. Hay en lo monstruoso un enfermo atractivo. Basta que quien esté detrás del ojo de la cámara sea Leni Riefenstahl, para que los gestos grotescos del Führer en el estadio olímpico berlinés del 36 revistan esa épica de canto colectivo en la cual los gregarios humanos tanto aman identificarse.

Pasaron tres cuartos de siglo. La capacidad de hacer con cualquier cosa un gobernante ha accedido a su final refinamiento. No hay partidos políticos ya; sólo agencias publicitarias. Que le dan al votante lo que el votante quiere; el equivalente exacto de lo que se traga cada noche ante la tele: basura. Recamada de abalorios y quincalla que ciegan, con su bárbaro destello, los ojos de los maltratados por una vida hecha de repeticiones. No hay límite: a mayor vulgaridad, identificación más alta. La clientela de telebasura y políticos no perdona: aquel que desee su anuencia debe avenirse a exhibir hasta qué punto es un monstruo. Televisor y urnas son el espejo mágico de la bruja de Blancanieves. El ciudadano exige que la imagen que aparece le resulte aún más abyecta que la suya propia. Por eso triunfan en los talk-showspersonajes repulsivos. Por eso ganó dos veces en las urnas Zapatero: lo inconcebible. Racionalmente.

Llegó al poder, porque una pulsión masoquista demasiado humana está siempre tentada de poner en el mando supremo al tonto de la tribu. Era cosa de mucha risa, y además —necios de nosotros— pensamos que el descacharrante sainete nos iba a salir gratis, porque, al fin, las cosas del Estado funcionan por sí mismas y uno podría —como hicieron los hippies californianos, en los años sesenta— presentar un cerdito a las presidenciales con la certeza de que, si ganaba, todo continuaría igual que con un bicho humano. La boutadeera graciosa. Su anacrónico éxito aquí ha sido catastrófico.

Cuando el Nadie sonriente se instaló en la Moncloa, éste era un país rico. Siete años después, está en la ruina. Cuando el pánico colectivo puso el Estado en manos del ángel de las «ansias infinitas de paz», España había haciéndose un sitio en el juego de las relaciones internacionales. Siete años después, nos queda Chávez. Y una guerra. De verdad. Absurda. No sé si será cierto lo de que piensa marcharse ahora, tras haber enlodado realidad y retórica de un modo loco. Para volverse a casa. Tan tranquilo. Yo en su lugar, al menos, me volaría los sesos. Dignamente.

Quién le ha visto y quién le ve
Editorial www.gaceta.es 23 Marzo 2011

ZP suspendió en coherencia y Rajoy dejó pasar la ocasión de ponerlo frente a sus contradicciones.

Ya le dijo Talleyrand a Napoleón que las bayonetas sirven para todo, excepto para sentarse en ellas. Y eso es exactamente lo que ha hecho Zapatero con la guerra hasta el punto de que, a partir del debate de ayer en el Congreso, ostenta un nuevo sambenito: “Quién te ha visto y quién te ve”, puesto, para mayor escarnio ideológico, por Izquierda Unida (Gaspar Llamazares). En realidad, eso es lo que ha hecho Zapatero con esta guerra y con todas las guerras: utilizar la sangre ajena para obtener tajada política; convertir las intervenciones en armas arrojadizas para minar a la oposición, acceder al poder y mantenerse en él. Lo hizo con Irak, lo hizo con Afganistán y ahora trata de hacerlo con Libia.

La sesión parlamentaria de ayer, en la que el Congreso aprobó el envío de efectivos militares a Libia cuando los F-18 llevan dos días en el teatro de operaciones, fue una especie de test de coherencia que puso a prueba a todos los grupos políticos, pero el que cosechó un clamoroso suspenso fue el campeón del “donde-dije-diego...”. Tenía toda la razón Gaspar Llamazares al espetarle a Zapatero: “¡Quien le ha visto y quien le ve!” y poniéndole frente a sus contradicciones al subrayar: “Otrora enarbolando la pancarta de ‘No a la guerra’; después el ‘Sí, pero’ a la intervención en Afganistán y ahora encabezando la coalición de París”.

Al margen del contenido (la necesidad o no de actuar contra el dictador libio), el giro de 180 grados del presidente es tan incoherente en este terreno, como el que dio en materia de derechos sociales con unos recortes que implican su haraquiri ideológico. Si quedaba alguna duda respecto a los principios del Gobierno del PSOE, ayer fueron definitivamente despejados en el hemiciclo: no existen.

La propia naturaleza de la misión de guerra lo confirma. El viernes ante el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, Zapatero aseguró que uno de los objetivos era conseguir que Gadafi abandonase el país; sin embargo ayer, en la tribuna de oradores, explicó que la resolución 1973 solamente persigue proteger a la población civil y excluye derrocar al tirano. Todo lo cual deja en el aire numerosos interrogantes, que le fueron planteados atinadamente por Mariano Rajoy y los representantes de otros grupos parlamentarios y que el presidente socialista no fue capaz de despejar con argumentos de peso.
Nos encontramos así con que el adalid de la paz embarca a España en una aventura bélica, cuyo alcance y objetivos no puede explicar. En buena medida porque ni siquiera los tiene claros la coalición internacional. Además de tardía, la respuesta internacional está siendo inconcreta (dejar el futuro de Libia en manos de los enemigos internos de Gadafi es apostar por una larga guerra civil como apuntó Rajoy) y, para colmo, descoordinada (los desacuerdos de Francia y los demás países, la renuencia de EE UU y la reticencia de la OTAN a asumir el mando únicamente sirve para regalar un tiempo precioso al sátrapa, que está reconquistando el terreno perdido).

Todos y cada uno de los argumentos con los que Zapatero trató de justificar su metamorfosis bélica se pueden revertir fácilmente como un calcetín. Especialmente los de pretendido carácter humanitario. Si lo que quería era evitar el derramamiento de sangre, la intervención llega tarde (como subrayó Duran i Lleida). Exactamente un mes tarde y tras decenas de muertos. Cifra que aumentará si persiste la descoordinación internacional. Tampoco es de recibo preguntar retóricamente, como hizo el portavoz socialista José Antonio Alonso: “¿Nos vamos a quedar cruzados de brazos?”, ante la matanza libia, dado que por esa regla de tres España debería agrupar, por orden alfabético, a las decenas de dictadores sanguinarios del planeta y empezar el baile, sin dejarse en el tintero a los hermanos Castro.

Quien sí fue coherente con su línea de siempre fue el Partido Popular, que apoyó con pocos matices y ningún reproche a Zapatero. En este sentido, la formación de Rajoy no ha dado un giro de 180 grados ni se ha apartado de su doctrina. Pero ha dejado pasar la ocasión de poner a los socialistas frente a su esquizofrenia en materia de paz y de guerra. Hizo bien el líder popular en poner peros a la resolución de la ONU, recordando el desastroso precedente de Bosnia y Kosovo, donde tampoco hubo intervención terrestre; así como en advertir que la división de los aliados podría traducirse en un enquistamiento del conflicto. Pero se equivocó al no echar en cara a Zapatero su caída del caballo pacifista, después de haber basado su estrategia central para desalojar al PP de La Moncloa en la guerra de Irak. “Me importa lo de ahora que es Libia”, se había justificado Rajoy antes del debate. No deben pensar lo mismo los votantes del propio PP que fueron tildados de asesinos por Rubalcaba y Blanco en 2004.

Lo de ahora es desenmascarar el pacifismo impostado de Zapatero, los trucos sucios para instrumentalizar el conflicto de Irak primero y de Libia después, o la incoherencia que supone enviar cazabombarderos al mismo sátrapa al que se le han vendido armas por valor de 2.000 millones de euros.

Como expresamos ayer, no se trata de dejar manos libres al dictador libio, pero sí de que la respuesta de Occidente sea eficaz y coordinada. Y de denunciar la hipocresía de quien ha tomado el pelo a los españoles con su yenka bélica: “Hemos pasado del ‘OTAN no’, del ‘No a la guerra’, al ‘Sí a la guerra”, como dijo ayer un Llamazares que arrancó aplausos de algunos diputados del PP, el mismo partido que ha dejado pasar una oportunidad de oro para hacer una oposición contundente y más justificada que nunca.

Una brillante intervención parlamentaria de Rajoy
Luis del Pino Libertad Digital 23 Marzo 2011

Ayer, Rajoy estuvo brillante en el debate parlamentario sobre la participación española en la guerra de Libia.

Le recordó a Zapatero las manifestaciones contra la guerra en las que el actual presidente del gobierno participó.

Le recordó a Zapatero cómo se quedó sentado en un desfile ante esa bandera americana bajo la cual combate hoy.

Le recordó a Zapatero que justificar la guerra de Libia diciendo que Gadafi masacra a su pueblo, equivale a justificar la guerra de Irak basándose en las masacres de kurdos que Sadam Hussein llevó a cabo.

Le recordó a Zapatero que Gadafi no tiene armas de destrucción masiva, que es lo único que hubiera justificado, según el PSOE, la guerra contra Irak.

Le recordó a Zapatero que Aznar llevó a Irak las tropas después de la caída de Sadam, mientras que Zapatero nos ha metido de hoz y coz en la mismísima guerra.

Le recordó a Zapatero que su gobierno es el primero que ha autorizado que nuestros aviones bombardeen territorio de otro país.

Le recordó a Zapatero que España no se merece un gobierno que mienta.

Le recordó a Zapatero que ha decidido la intervención militar en Libia sin antes pedir permiso al Parlamento, incumpliendo la promesa que realizó en su primer discurso de investidura.

Le recordó a Zapatero los miles de millones de euros en armas que su gobierno ha vendido a Gadafi.

A continuación, poniéndose irónico, le dijo a Zapatero que resultaría muy fácil ser tan demagogo como el actual presidente lo fue en su día. Y que, puestos a hacer demagogia, le podría señalar y preguntar muchas cosas.

Le podría preguntar en qué parte de su proyecto de alianza de civilizaciones encaja la actual guerra.

Le podría preguntar si el presidente cree que esta guerra nos sitúa en el punto de mira del terrorismo islamista, teniendo en cuenta que los talibanes afganos han expresado su apoyo a Gadafi.

Le podría preguntar a quién habría que culpar si mañana los islamistas atentaran en España.

Le podría señalar la curiosa casualidad de que en Libia hay petróleo, como lo había en Irak.

Le podría señalar que hay otros países donde los gobernantes violan los derechos humanos tanto o más que Gadafi y en los que no se interviene. Países que se diferencian de Libia en que en ellos no hay petróleo.

Le podría preguntar qué tiene que ver la actual guerra con la burbuja de deuda que amenaza con explotar en tantos países occidentales.

Le podría señalar que Zapatero está gastándose ahora en una guerra el dinero que antes le ha quitado a pensionistas y parados con sus recortes.

Le podría señalar que con los 10.000 dólares que cuesta cada hora de vuelo de un bombardero, habría para dar de comer dignamente a una familia española, de ese millón largo de familias que ya no cuenta con ningún ingreso.

Le podría señalar que nadie nos ha mostrado imágenes de esas atrocidades que Gadafi habría cometido contra su población.

Le podría señalar que no está claro ni el motivo de la guerra, ni la estructura de mando de la coalición, ni los objetivos finales que se persiguen.

Le podría señalar que la resolución de la ONU no autoriza el combate directo a favor de uno de los dos bandos en conflicto.

Le podría preguntar a Zapatero si comparte las palabras de Bono y prefiere morir a matar.

Le podría señalar que las bombas de los aviones que matan civiles en Bagdad también son capaces de matarlos en Trípoli.

Le podría señalar que Zapatero ha enviado a nuestros soldados a una misión en la que pueden morir niños libios.

Aquí, Rajoy hizo una pausa dramática, antes de rematar la faena.

Y en ese momento, cuando ya tenía acorralado dialécticamente a Zapatero con su discurso, cuando ya había conseguido colocar al presidente contra las cuerdas, una mano le sacudió el hombro. Era Pedro Arriola.

"Disculpa que te despierte, Mariano. Te traigo el discurso para el debate parlamentario de mañana. Ya sabes: el coñazo de Libia".

Libia: la guerra de la desvergüenza
Luis Miguez Macho www.elsemanaldigital.com 23 Marzo 2011

Hace siete años por estas mismas fechas, José Luis Rodríguez Zapatero llegaba a la presidencia del Gobierno de la Nación. Y lo conseguía única y exclusivamente gracias a una exitosa campaña de agitación y propaganda contra la invasión de Iraq por una coalición internacional liderada por los Estados Unidos, campaña en la cual su partido y él mismo no ahorraron ningún método de manipulación de la opinión pública: desde las manifestaciones contra la guerra hasta el despreciable gesto de insultar a la bandera estadounidense, pasando por la utilización de los atentados del 11 de marzo de 2004, que no tuvieron reparo en vincular a la posición del Gobierno de José María Aznar en este asunto, y terminando por la humillante retirada unilateral de Iraq de nuestras tropas. Bien es verdad que una parte mayoritaria de la sociedad española se sumó con entusiasmo a esta campaña, que le permitió sacar a pasear sus rabiosas ansias pacifistas.

Aznar no bombardeó Iraq, pero Zapatero sí está participando en el ataque a Libia
Hoy, siete años después, cuando Rodríguez Zapatero consume sus momentos finales como presidente del Gobierno, se acaba de iniciar otra guerra, igualmente liderada por los Estados Unidos, pero esta vez el presidente no sólo está apoyando la posición estadounidense, como hizo Aznar en el caso de Iraq, sino que ha decidido que nuestras Fuerzas Armadas tomen parte activa en las operaciones, cosa que Aznar no hizo. Y lo ha decidido con idéntica desvergüenza con la que se opuso a la invasión de Iraq, con la misma desvergüenza con la que esa parte mayoritaria de la sociedad española que desahogó su furia pacifista en el no a la guerra de Iraq, guarda ahora un silencio sonrojante sobre esta nueva guerra, mucho más próxima a nuestras costas y que, al igual que todas las guerras, las que tienen la bendición de la ONU y de los seudopacifistas y las que no la tienen, produce muerte y destrucción.

En efecto, la diferencia moral entre la guerra de Libia y la de Iraq es invisible. Tanto que no existe en absoluto. En Iraq los Estados Unidos intervinieron para implantar un régimen democrático de corte occidental en una zona de interés estratégico debido al petróleo; en Libia se está atacando por el mismo motivo. En Iraq mandaba un tirano diplomado, ab origine y a regimine, que se entretenía gaseando kurdos; en Libia manda otro tirano no menos acreditado, que, entre otras hazañas, ordenó derribar un avión civil de pasajeros. La invasión de Iraq fue legitimada, si bien a posteriori, por la ONU; los ataques en Libia cuentan con una cobertura, si bien meramente parcial, de la ONU. En fin, en Iraq no había armas de destrucción masiva; en Libia tampoco.

Lo que sí hay es una diferencia fáctica, al menos por el momento. Parece que no existe intención de invadir Libia con fuerzas terrestres, sino que se trata sólo de favorecer desde el aire la victoria de los rebeldes contra Muamar El Gadafi. Pero esta diferencia convierte la aventura libia en un desatino, porque con la invasión de Iraq se podía estar o no de acuerdo, y por muchos motivos, pero al menos respondía a un designio coherente.

El desconcierto occidental ante la rebelión de los pueblos árabes
Las interpretaciones que se han hecho en la mayoría de los medios de comunicación españoles sobre las rebeliones que se han estado produciendo en los países árabes las últimas semanas son esencialmente disparatadas. Olvidan una observación elemental: que alguien se rebele contra un tirano, una dictadura o un régimen autoritario no equivale a que quiera implantar una democracia de tipo occidental.

No hace falta irse muy lejos para comprobarlo. ETA nació para luchar contra el Régimen del General Franco, pero cuando el Régimen concluyó por muerte biológica, se implantó una democracia y se concedió un amplio autogobierno a las provincias vascas, no sólo no dejó de matar, sino que redobló sus esfuerzos criminales. Como pronto se comprobó, es que se oponía al Régimen de Franco no porque no fuera democrático, sino porque era español, y por eso ha seguido combatiendo al régimen político español que vino después, y con más saña asesina, ya que es más blando con los terroristas.

Igual de rápido se ha olvidado el ejemplo de la Revolución Iraní. En Europa hizo mucha gracia eso de que una revuelta popular liderada por unos simpáticos barbudos con turbante derribasen a un gobernante como el Sha, que a los progres les parecía el no va más de la corrupción y de la exhibición impúdica de riqueza en medio de la pobreza de su pueblo, y encima pusiese de rodillas a los Estados Unidos con la crisis de los rehenes. Francia, la misma nación que por aquellas fechas acogía amorosamente a nuestros etarras, incubó al líder de la revolución, el Ayatolá Jomeini, hasta que se hizo con el poder e implantó el ejemplar régimen democrático del que los iraníes disfrutan hasta el día de hoy, para regocijo de todo Occidente.

Pero volvamos al presente. No se entiende en qué favorece a los intereses occidentales, ni a los propios pueblos afectados, el que se derribe a gobernantes no democráticos para poner a otros sátrapas en su lugar. En Iraq y en Afganistán se han mandado soldados para apoyar desde el terreno la construcción de regímenes democráticos de tipo occidental; si no se está dispuesto a hacer la misma inversión de sangre, dinero y esfuerzo en otros países (y es evidente que no se puede enviar soldados a todas partes y resucitar el colonialismo decimonónico, porque la historia no admite esas vueltas atrás), nada garantiza que lo que está por venir vaya a ser mejor que lo que se destruye.

Cuando empezó la rebelión contra Gadafi, una periodista relataba emocionada la historia de los mil jóvenes dispuestos a inmolarse contra el tirano. Mártires de la democracia, decía ella, no del Islam. Pero la democracia no ofrece huríes en el paraíso a los que se inmolan en su nombre. La información quedaba perfectamente aclarada cuando la periodista, inconsciente de su propia incongruencia, añadía que a los candidatos a mártires los entrenaba un excombatiente de Afganistán; recién llegado de luchar duramente por la democracia en el Asia central, sin duda ahora quería hacer lo propio en el norte de África.

Ante tanto desconcierto, no es extraño que, nada más empezar las operaciones bélicas, los aliados occidentales ya estén peleados sobre una aventura concebida con tan escaso fundamento. Al final, lo que quedará es la desvergüenza de uno de los peores gobernantes que España ha sufrido en su larga historia y la mentira al descubierto de un pacifismo de pacotilla que, en realidad, no es más que un arma de destrucción política masiva.

Y después de entrar en guerra, ¿qué?
Roberto Blanco Valdés La Voz 23 Marzo 2011

L os corifeos más aguerridos del Gobierno niegan incluso que la intervención española en Libia lo sea en una guerra, plenamente conscientes de que el actual entusiasmo bélico del presidente Zapatero se compadece mal con aquella precipitada retirada de Irak que marcó su llegada a la Moncloa. Por tanto, dado que si no hay guerra no habría contradicción presidencial, pues no hay guerra y se acabó. Atacar con aviones de combate instalaciones militares de Gafadi no es -afirman estos indesmallables zapaterófilos- una operación de guerra, sino el mero cumplimiento de la zona de exclusión aérea ordenada por la ONU, eufemismo con el que, tal y como lo indicaba ya hace días Miguel Anxo Murado en uno de sus espléndidos artículos, se trata de dar nombre fingido a lo que no es más que una operación militar en toda regla.

Así las cosas, el Gobierno español habría obtenido ayer el apoyo del Congreso para participar en operaciones militares que llevarán a España a alcanzar, sin duda, un nuevo récord: tener soldados combatiendo en dos guerras que no existen: la de Afganistán y la de Libia.

Aunque el debate político español, trufado desde hace mucho de imposturas, admite esto y mucho más, hay que reconocer, en todo caso, que las operaciones militares contra Libia podrían empezar a parecerse, si nadie lo remedia, a aquella guerra con la que Gila hizo durante décadas las delicias del público español. Y ello porque los aliados contra Gadafi participan, según estamos viendo atónitos, en una guerra sin haber aclarado sus dos aspectos esenciales: quién tiene el mando y cuál es el objetivo que persiguen los ataques aéreos sobre el país norteafricano, si proteger a la población de una masacre o derribar al dictador.

Cabe que esos que miran al dedo cuando aquel señala hacia la Luna consideren que todo ello resulta poco relevante, pero parece obvio que ante la opinión pública internacional y, de manera muy especial, ante la de los países árabes, debería quedar claro que la operación militar contra Gadafi se realiza bajo el mando de la OTAN (aunque eso complique la operación de autobombo que prepara Sarkozy) y con el objetivo de evitar que el criminal libio pueda asesinar impunemente a civiles desarmados.

Y es que incluso quienes somos partidarios de la intervención militar aliada en los términos en los que hasta ahora se ha desarrollado -no digamos ya quienes legítimamente están en contra- tenemos derecho a saber bajo qué bandera estamos peleando y cuál es la finalidad que con esa lucha perseguimos. Porque, no lo duden, de cuál sea esa finalidad (proteger a los civiles libios o ayudar a uno de los bandos en conflicto a ganar la guerra civil que ha estallado en su país) dependerán los costes de todo tipo que deberemos estar preparados a asumir en el futuro.

Libia
Ardor guerrero
José García Domínguez Libertad Digital 23 Marzo 2011

Vista esa querella de rufianes entre el ministro de Justicia de Gadafi, avezado carnicero con las manos empapadas de sangre, y su antiguo maestro, guía y patrón, parece que no hay en el Parlamento español quien muestre reserva moral alguna a enfangarse en semejante trifulca. Triste unanimidad que, sin embargo, a mí me recuerda un viejo pasquín de la extrema izquierda cuando la Transición –del MC para el lector que ya gaste una edad–."Gane quien gane, tú pierdes", rezaba su cartel electoral no sin alguna aciaga lucidez. Aunque uno pueda entender el súbito ardor guerrero del presidente del Gobierno, que ha corrido a alistarse voluntario sin que nadie le hubiera dado vela en el entierro de la sardina pacifista.

Y es que, en la estela de aquellos oscuros legionarios de las coplas de doña Concha Piquer, el recluta Zapatero igual ansía expiar algún turbio pasado en la primera línea del frente. Fervor bélico que, muy en su estilo, lo ha llevado del minimalismo ético al maximalismo semántico sin solución de continuidad. Así, en la alocución ante el Congreso ha vuelto a reincidir en ese vicio tan suyo, el de pervertir los significados del diccionario prostituyendo el uso de las grandes palabras para su empleo mercenario al servicio de la pequeña política. Por ejemplo, al calificar con alegre impunidad de "genocidio" cuanto viene aconteciendo entre esas tribus del desierto africano de quince días a esta parte. Por más que la evidencia fáctica a propósito del tal genocidio sea equiparable a la que en su momento se dispuso sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

Porque resulta ser exactamente la misma. Ni mayor ni menor. La misma. O sea, ninguna. Lástima que Don Tancredo no concediera recordárselo desde la tribuna. Lástima de amnesia, la que asimismo le impidió mencionar que éste habrá de ser el primer ataque militar de España contra una nación árabe. Por cierto, singular, insólito genocidio en el que al genocida se le reconoce el soberano derecho a continuar reinando sobre el escenario de sus crímenes. Lo acaba de anunciar el propio Zapatero: "No se trata de echar a Gadafi, sino de poner fin al genocidio". Grandes, enormes, imponentes palabras; ínfimas, raquíticas, mezquinas realidades: Zetapé en estado puro.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

ZP pasa del "no" al "sí" a la guerra contra nuestro ex "hijo de puta"
Manuel Ortega www.elsemanaldigital.com 23 Marzo 2011

La mutación del presidente del Gobierno ha sorprendido en muchos aspectos. Pero quizá el apoyo a la intervención en Libia sea el más fuerte para quien tuvo una aureola de pacifismo.

Las guerras son guerras, llámense como quieran: intervenciones, operaciones de pacificación u otros eufemismos para camuflar lo evidente. Cuando uno o varios países atacan un territorio soberano con aviación y misiles estamos ante una acción bélica en toda regla, coartadadas humanitarias al margen. Partamos pues de la base de que el ataque contra Muamar Gadafi, destinado en primera instancia a frenar la ofensiva sobre los rebeldes en Bengasi, es una guerra.

En este asunto, una vez más, se han vuelto a poner de manifiesto los dobles baremos a todos los niveles. Mientras en Egipto se instaura una nueva clase política y militar amamantada a las ubres de Mubarak y en las petromonarquías de la Península Arábiga se reprime a tiro limpio, con apoyo militar extranjero, a los manifestantes, y no pasa nada, las potencias extranjeras vía Consejo de Naciones Unidas claman contra la represión de un Gadafi al que hasta antes de ayer habían redimido tras décadas de ser el apestado oficial del Norte de África.

¿Qué ha cambiado para que nuestro "hijo de puta", como dijera Roosevelt, que hasta hace cuatro días acampaba su jaima en el Palacio de El Pardo, era tratado con toda la pompa y el boato por José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos y recibía las llaves de oro de Madrid por parte del alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, sea otra vez objeto de los pepinos de una coalición internacional en la que Francia y Reino Unido se han convertido en los tiralevitas oficiales del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama?

¿Cómo ha pasado de ser un cliente de las empresas armamentísticas españolas, él, que tan bien se llevó tras su redención con José María Aznar -el caballo que le regaló aún se encuentra en las dependencias del Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil en Valdemoro- y después con el propio Zapatero? ¿Entonces no se sabía que Gadafi llevaba varias décadas reprimiendo?

La vida da sorpresas, por supuesto. Aunque el socialismo español, en estas cosas libias, aplica la teoría nietzscheana del eterno retorno cuando Zapatero repite, incluso dobla la apuesta -esta vez aportamos aparatos de combate- lo de Felipe González en 1986, cuando los aviones estadounidenses arrasaron un barrio entero de Trípoli para cazar al sátrapa. Entonces el PSOE había colgado el "No a la OTAN" en el perchero del desván; ahora lo ha hecho con el "No a la guerra" y el pacifismo que envolvió el imaginario zapaterista. Y para ilustrarnos está José Blanco, convertido en gran estadista gracias al reparto de publicidad institucional del Ministerio de Fomento. ¡Recuerde el cuento del rey desnudo, don José!

El "tirano", como han descubierto repentinamente algunos compañeros de pesebre del partido en el poder, por cierto, cautivó en los años 70 y 80 a ciertas franjas de la izquierda radical en aquellos años en que era una compañía infrecuentable por haber convertido Libia en un foco desestabilizador de primer orden.

A Gadafi le vino Dios a ver con el 11-S, cuando supo jugar sus cartas, hacerse perdonar y convertirse en un bastión de la "guerra contra el terrorismo", recepción de los famosos aviones de la CIA incluida. Se comprende que Gadafi echara mano, como recurso propagandístico, en los primeros momentos, de la cantinela del "O yo o Al Qaeda". Pobre iluso. O quizá no. Porque ni siquiera está claro a dónde va a parar todo esto y si Gadafi se queda, castigado y cabreado, se va o lo largan ahora que han descubierto, ¡oh, milagro!, que es un represor. Los reprimidos de antes, por cierto, no deben de contar. Borrón y cuenta nueva.

Desde luego, a Gadafi le han resultado mucho más útiles, hasta la entrada en acción de la coalición internacional, los mercenarios contratados en el extranjero. Y no los desgraciados reclutados al sur de la frontera libia, sino los operativos con experiencia en los Balcanes, Afganistán e Irak, la mayoría serbios, croatas o húngaros, pagados a través de la empresas públicas libias con sueldos, según han publicado ciertos medios italianos, en torno a los 10.000 euros semanales. Una cifra de infarto pero asumible por parte de un Estado cuyo petróleo -¿quién dijo que, a diferencia de Irak, aquí no hay crudo?- está nacionalizado desde hace décadas.

Y dentro del capítulo de curiosidades varias no habría que dejar de resaltar la postura francesa, que desde el principio ha sido sorprendente. ¿Se puede reconocer a una oposición cuyos responsables ni siquiera se sabe quiénes son? ¿A qué viene este repentino interés por frenar la represión de Gadafi contra los insurgentes? ¿Quizá por las refinerías libias? Tal vez la clave tenga mucho más de lectura en clave interna, con unas encuestas y unos resultados en las municipales que hacen temblar a Nicolas Sarkozy con el avance del Front National.

Las hipótesis de trabajo del Eliseo apuntaban, un par de semanas atrás, a una debacle si la oleada inmigratoria procedente de Libia -y en menor medida, de Túnez- llegaba a Francia. Un aluvión de tal carácter, advertían los expertos, podría propiciar un ascenso de la intención de voto a Marine Le Pen, y para colmo el Ministerio de Interior francés ya había detectado la entrada en el Hexágono a través de la frontera con Italia. La hipótesis de creación de una zona de exclusión marítima llegó a estar sobre las mesas de los despachos de París. Aunque al final los vuelos de Rafale sean más efectivos. ¡Suerte con las encuestas, monsieur le President!

Por lo demás, que un país como Qatar se una a la ofensiva contra Gadafi en pro de la libertad y España envíe aviones de combate sólo a apatrullar, como diría Torrente, son sólo algunos de los goznes que a uno le rechinan. Si ustedes saben de qué va todo esto, al margen de discursos, les animo a explicarlo.

Umbral de represión
Carlos Alsina La Razón 23 Marzo 2011

Zapatero nos dijo lo que ya sabíamos. Gadafi es un indeseable, quién lo duda. Nadie derramará una lágrima por él si lo matamos, accidentalmente, en un bombardeo. Su currículum criminal es inabarcable y merece, en justicia, ser desahuciado de la jaima. Dado que la biografía del personaje es cosa sabida, creí que el presidente iría, en su intervención parlamentaria, más allá. Su gobierno, como los demás embarcados en la operación anti Gadafi, está obligado a ahondar en los argumentos y afinar las tesis para desterrar la idea de que estamos actuando en Libia por la proximidad geográfica y por el petróleo que atesora (¿o por qué no actuamos en Yemen y en Costa de Marfil?). El momento histórico es relevante porque el anhelo de libertad política ha prendido con vigor inédito en el mundo árabe.

Merece la pena explorar las posibilidades no sólo de alentar revueltas concretas en países concretos, sino de establecer una doctrina general sobre las formas de gobierno que aplaudimos y aquellas que siempre combatiremos. No es opinión, sino observación, que la «masacre» de la que acusamos a Gadafi no cuenta, a día de hoy, con evidencias empíricas que la avalen. Decirlo no es tomar postura contra la intervención militar, sino animar a quienes la impulsan a admitir que bastan las pruebas de tiranía criminal que Gadafi ha acumulado durante años y años; es invitar a la «comunidad internacional» a que establezca ya que los regímenes que sofocan manifestaciones a tiros y asfixian cualquier amago de disidencia no deben existir en ningún país, y que todo movimiento opositor que busque la apertura democrática (y que haya sido verificado como tal) contará siempre con el respaldo, por todos los medios, de la llamada «legalidad internacional».

Porque si el motivo alegado para actuar contra Gadafi no es que su régimen es anacrónico y despreciable, sino que esta vez se le ha ido la mano, estamos asentando una doctrina distinta y repugnante: la del umbral de represión, el grado de tiranía que estamos dispuestos a tolerar sin escandalizarnos, el pragmatismo de permanecer ciegos según y cómo. Sólo nos preocupará entonces dónde ponemos la raya, cuántos presos políticos aceptamos y cuántos manifestantes muertos nos parecen asumibles –en Yemen se supera ya la cincuentena, cuarenta y tres más de los que tiene acreditados en Libia el fiscal Ocampo–. Los regímenes dictatoriales son despreciables no sólo por lo que hacen, sino por lo que son. Lo que hacen es consecuencia de lo que son. Un régimen dictatorial entiende la represión como una pieza más de la maquinaria que le permite perpetuarse, está en su esencia. Lo que la ONU debe empezar a combatir es la esencia, no sólo la manifestación sangrienta de la misma. Hay 47 naciones en el mundo bajo regímenes dictatoriales y 58 en las que la libertad política y los derechos civiles son muy limitados (Informe Freedom House 2010). Las democracias plenas, 89, aún somos minoría. El problema es la enfermedad, no sólo el síntoma que revela su existencia.

El miembro 'legal' del 'comando 11-M'
Casimiro García-Abadillo El Mundo 23 Marzo 2011

Pasa 20 horas al día aislado en su celda. Lleva siete años encerrado. Tiene 37 años y está condenado a 42.000 años de cárcel. Efectivos, debe cumplir 40. Es decir, que recuperará la libertad a los 70 años.

Me parece poca pena si, efectivamente, la persona de la que hablo fuera responsable de la masacre que cubrió de sangre el 11 de marzo de 2004. Para estos casos yo defiendo la cadena perpetua, sin remisión.

Las víctimas han recordado el séptimo aniversario del 11-M (salvo vergonzantes excepciones) volviendo a reclamar verdad y justicia. Mientras exista una sola incógnita, un solo resquicio por el que pueda vislumbrarse alguna pista sobre lo que ocurrió ese día, nuestra obligación, la de todos, es bregar para que el olvido no adormezca nuestra capacidad de asombro, nuestra determinación para que la luz alcance hasta el último rincón de ese enigma que dejó 192 muertos y miles de heridos y alteró la vida de todo un país. Eludir esa responsabilidad sólo puede tener una explicación: el temor a la verdad.

En la víspera del aniversario me entreviste con Aicha y Samira, madre y hermana, respectivamente, de Jamal Zougam, el único condenado como autor material del atentado.

Aicha, empleada de hogar, no desespera en la lucha por defender la inocencia de su hijo. Me recuerda a la madre, emigrante polaca, que protagoniza la película de Henry Hathaway Yo creo en ti (Call Northside 777). Una mujer que, igual que Aicha, dedica su vida a demostrar que su hijo Majcek no es responsable de un asesinato por el que fue condenado gracias a un testimonio falso.

Samira tiene poco más de 30 años. Trabaja en un banco, viste al modo occidental y se empeña, como su madre, en tratar de demostrar que la noche del 10 al 11 de marzo su hermano la pasó en su casa, justo en la habitación que hay enfrente a la suya. Que el mismo día 11, antes de poner la televisión a las 8.15 horas para desayunar en el salón y ver las primeras noticias sobre las explosiones, tuvo que cerrar la alcoba donde Jamal dormía junto a su hermano Mohamed. «¿Es que no hay Justicia?», me pregunta Aicha con su inconfundible acento marroquí.

Ni Aicha, ni Samira, ni nadie pueden entender cómo el juez Del Olmo rechazó por tres veces tomarles declaración. El magistrado no lo consideró necesario.

Gómez Bermúdez sí llamó a declarar a Aicha durante el juicio oral, pero decidió no tener en cuenta su versión de los hechos porque, según dice en la sentencia, «esas declaraciones son novedosas porque la madre no ha declarado antes en la causa». ¡Como si la culpa de no declarar hubiese sido suya y no del juez instructor!

Pero ésa no es la única incongruencia respecto a Zougam.

El hombre que fue reconocido por una testigo (días después de que su fotografía hubiese sido difundida por los medios de comunicación) como la persona que le rozó con el codo poco antes de que el tren donde viajaban saltara por los aires el día 11 de marzo, fue tan torpe como para vender en su propia tienda a los miembros del comando las tarjetas de los móviles que hicieron de detonadores de las bombas.

Sin embargo, en lugar de vender y liberar también los móviles allí mismo (ya puestos a hacer negocio), éstos fueron adquiridos en una tienda de Alcorcón y fueron liberados en el local del ex policía Kalaji, situado cerca de la Plaza Elíptica.

Zougam, no obstante, mostró una gran sangre fría, si atendemos a su forma de comportarse en las horas previas y posteriores a la masacre. El día 10 acudió por la tarde a un piso cercano al barrio de Ventas para alquilarlo, con vistas a trasladarse allí en fechas próximas junto a la que iba a convertirse en su esposa, Ihssane. Y, por la noche, acudió a un gimnasio, sólo unas horas antes de subirse a uno de los trenes para colocar una mochila bomba.

Después de cometer el atentado (siempre según el sumario), se trasladó a su tienda de Lavapiés como si tal cosa. Ese día cerró un poco antes de lo que solía ser habitual y se marchó a su casa, donde comentó con su madre y sus hermanos el drama del atentado y perfiló con su familia detalles de su cercana boda.

Al día siguiente (12 de marzo) se marchó a trabajar como todos los días, sobre las 10.00 horas. Por la tarde, los medios de comunicación ya informaron de la aparición esa madrugada de una mochila con un teléfono móvil. El día 13, esa noticia estaba en la portada de todos los diarios.

El sábado, la portada de EL MUNDO informaba: «La Policía investiga contrarreloj el teléfono y la tarjeta prepago encontrados en la bolsa de deportes que no explotó».

A pesar de que ese dato fue difundido en todos los medios escritos y audiovisuales, Zougam, en lugar de poner pies en polvorosa, ya que las tarjetas habían sido vendidas en su tienda, acudió a ella como si nada, a la espera de ser detenido, como así ocurrió, a primera hora de la tarde del 13 de marzo.

Otros datos de Zougam que no cuadran con el del resto de los implicados en la matanza: durante los días previos no hubo ningún contacto telefónico entre él y sus compinches. ¡Y mira que hablaban por teléfono esos chicos! Zougam tampoco acudió nunca (no han aparecido sus huellas) a la casa alquilada por El Chino en Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Parece que a él le liberaron de tan desagradable labor. Es más, Zougam tampoco se pasó nunca por el piso de Leganés, donde se refugiaron los demás miembros del comando, grabaron su vídeo reivindicativo y se hicieron picadillo el 3 de abril de 2004 al verse rodeados por la Policía.

Es decir, que Zougam actuó como una especie de miembro legal del comando que cometió el atentado, lo que no suele ser muy habitual en el modus operandi de los grupos islamistas.

Estos datos no sirvieron para que la Policía formulara otras hipótesis, o para que la Fiscalía modificara sus conclusiones, ni mucho menos para que el Tribunal reconsiderara una sentencia que podía haberse venido abajo como un castillo de naipes.

Eduardo García Peña, abogado de Zougam, dice que su defendido no ha parado de insistir en esos argumentos desde que entró en prisión. El letrado ha sido incapaz de sacarle ningún otro dato que arroje luz sobre el atentado. «Es el problema cuando eres inocente. Que no sabes qué sucedió en realidad». No es Zougam el que habla, es Majcek.

Libia
Entre la guerra y la miseria política
Agapito Maestre Libertad Digital 23 Marzo 2011

La sesión del Parlamento de ayer no ha sido sólo bochornosa, ojalá, sino que nos ha enseñado que la política española ha quedado reducida a una mera rebatiña por el poder. Es difícil no sentir vergüenza ajena ante lo sucedido en el Parlamento. Zapatero ha hecho lo que se esperaba. Nadie le ha levantado la voz. Vamos a la guerra de Libia porque le da la gana. Punto. No ha dado un solo argumento que haga creíble su posición política. Excepto Llamazares, todos han seguido como ovejas la demagogia de Zapatero. Pero, en mi opinión, el peor parado de todos es Rajoy. Yo esperaba alguna pregunta retórica, por ejemplo, cuánto tiempo necesita el Gobierno para participar en la guerra de Libia o algo parecido.

Pero Rajoy ha preferido mantener el perfil bajo que le aconsejan sus asesores. No ha querido mostrar contradicción alguna en el comportamiento de los socialistas ante las guerras de Irak, Afganistán y la de Libia. Nada ha dicho ni hecho Rajoy que pueda resaltarse, excepto plegarse al dictado de Zapatero. El problema, sin embargo, no es que Rajoy no diga nada, sino que exhibe una dejadez de ánimo preocupante. Rajoy parece haber renunciado a su oficio: la oratoria. Ya no se trata de que no tenga nada qué decir, sino que no quiere decir. No cree en nada de lo que hace, por lo tanto, no quiere discutir nada con su adversario. Sólo quiere que haya elecciones y ganarlas. ¡A la rebatiña por el poder a través del silencio!

Rajoy sólo quiere el poder al mínimo coste posible, es decir, sin ni siquiera ejercer el oficio de tribuno público. Renuncia al oficio de orador profesional, que no otra cosa es el político, y no quiere tampoco ponerse como ejemplo de un buen ciudadano, que se preocupa por preguntarle a su presidente de Gobierno cosas sencillas como, por ejemplo, por qué antes no fue a Irak y ahora va a Libia, o qué sacará España de este seguidismo de las posiciones francesas y británicas. Si nada de esto le preocupa a Rajoy, entonces qué pinta este hombre en el Parlamento. Nada. Sólo espera que le llegue el poder, porque la gente está cansada de las tropelías de Zapatero.

Ya digo que es difícil no sentir vergüenza ajena ante el comportamiento de toda la casta política en general, y del responsable de la oposición en particular, ante el cinismo de Zapatero. El problema es que tampoco en la calle existe demasiado malestar. La chusma pasa de todo y los ciudadanos normales buscan espacios privados donde salvarse de estos salvajes políticos. Si las palabras son las únicas armas de los políticos, entonces puede decirse que la sesión parlamentaria de ayer certificó la muerte de la política.

La “lengua propia” como elemento de diferenciación y superioridad
Juan Julio Alfaya http://gallegos-hispanohablantes.blogspot.com 23 Marzo 2011

La “lengua propia” es el equivalente de la “sangre azul” de las nuevas clases dominantes de las comunidades bilingües que comparten la nueva religión laica que denominaremos Nacional-Lingüismo y sobre la que espero poder extenderme más detenidamente en capítulos posteriores.

***
El sintagma “lengua propia”, presente en los distintos estatutos de autonomía de las comunidades bilingües de España, no es un término creado por la lingüística, sino por la clase política de dichas comunidades, encabezadas por Cataluña. Supongo que al introducir el sintagma en los diversos estatutos de autonomía no se consultó con ningún experto en lingüística, sino que este hecho surgió de la necesidad de una clase política a la vez emergente y progresivamente dominante de crear una expresión que diferenciase a las comunidades bilingües de las monolingües y de este modo les confiriese cierto carácter de diferenciación y, más solapadamente, de superioridad. Esta clase política que definiremos como “nacional-lingüista” establece así un criterio de diferenciación semejante al de la “sangre azul” en la realeza que les permitirá adquirir ciertos derechos inventados para perpetuarse en el poder.

La expresión “sangre azul” indica ascendencia noble o aristocrática. Los privilegiados no realizaban trabajos físicos ni apenas vida al aire libre, salvo la participación por temporadas de los varones en las cacerías, en ciertos deportes de élite como el polo y los elegantes paseos aptos para ambos sexos por los cuidados jardines señoriales. La piel de los privilegiados era tan pálida que transparentaba sus azuladas venas, hecho que no ocurría en la piel curtida de los rústicos campesinos o artesanos. El príncipe de los sueños de las jóvenes de la época no podía ser otro que un “príncipe azul”.

La “lengua propia” es el equivalente de la “sangre azul” de las nuevas clases dominantes de las comunidades bilingües que comparten la nueva religión laica que denominaremos Nacional-Lingüismo y sobre la que espero poder extenderme más detenidamente en capítulos posteriores.


"La ruta del odio" 100 respuestas claves sobre el terrorismo. Estudio global y sintético
Contenido de “La ruta del odio”
Redacción http://www.arbil.org 23 Marzo 2011

La mejor y más fiel descripción de los contenidos de este libro es el enunciado de su índice. El lector, una vez proceda a su lectura, entenderá muy bien el porqué.

- Prólogo (por D. Antonio Beristain Ipiña)
- Introducción

I. Aproximación al concepto de terrorismo
1. ¿Qué es el terrorismo?, ¿de dónde procede ese término?
2. ¿Qué es el terrorismo de Estado? ¿Existen Estados terroristas?
3. El terrorismo, ¿es un supuesto de «conflicto asimétrico» o de «guerra de cuarta generación»?

4. ¿Son lo mismo «guerrilla», «resistencia» y terrorismo?
5. ¿Existe alguna relación entre genocidio y terrorismo?

II. Causas del terrorismo
6. ¿Es el terrorismo un sucedáneo de la religión?
7. ¿Es el terrorismo un medio de vida?

8. ¿Persiguen las organizaciones terroristas su continuidad y supervivencia como grupo independientemente de los fines alegados?
9. ¿Existe alguna base etnológica que explique el terrorismo?

10. ¿Es el terrorismo «arma de los pobres» y «única opción» de minorías sojuzgadas?
11. ¿Sigue el terrorismo alguna «lógica»?

III. Ideologías y terrorismo
12. ¿Qué relación existe entre las ideologías y el terrorismo?
13. ¿Cuál es la vinculación entre violencia política y terrorismo?

14. ¿Existe alguna relación entre los fundamentalismos religiosos y el terrorismo?
15. ¿Es el nacionalismo caldo de cultivo del terrorismo?

16. El nihilismo, ¿tiene algo que ver con el terrorismo?
17. ¿Qué relación existe entre terrorismo y totalitarismo?

18. Marxismo y terrorismo: ¿amor a primera vista?
19. ¿Existe una «ciencia» terrorista?
20. ¿Qué textos han elaborado, estudiado y aplicado, especialmente, los terroristas?

IV. De los grupos terroristas
21. ¿Los grupos terroristas son sectas?
22. ¿Cómo es una organización terrorista?
23. ¿Qué es la vida en clandestinidad?

24. ¿Existe un «lenguaje» terrorista?
25. ¿Cuáles son las principales actividades terroristas?
26. ¿Existe un terrorismo de «baja intensidad»?

27. ¿Es cierto que los terroristas manejan grandes cantidades de dinero?
28. ¿Existen terroristas solitarios?
29. ¿El terrorismo, es «cosa de hombres»?

30. ¿Por qué existen terroristas suicidas?
31. Los terroristas encarcelados, ¿son «presos políticos»?

V. Los terroristas
32. ¿Los terroristas son locos o psicópatas?
33. ¿Los terroristas son sádicos que disfrutan con el dolor ajeno?

34. Los terroristas, ¿están orgullosos de serlo?
35. ¿Los terroristas son, acaso, personas normales y corrientes?
36. ¿Los terroristas nacen o se hacen?
37. ¿Qué terroristas han sido especialmente famosos?

VI. Sobre las víctimas del terrorismo
38. ¿Qué papel juega la «transferencia de culpabilidad» en la dinámica terrorista?
39. Las víctimas, ¿son las grandes olvidadas del terrorismo?
40. ¿Qué es el llamado «síndrome de Estocolmo»?

41. ¿Es cierto que cualquiera puede ser víctima del terrorismo?
42. ¿Qué es la Victimología?

VII. Antecedentes e historia
43. ¿Puede afirmarse que la primera organización terrorista fue la secta de los «asesinos»?
44. ¿Tiene algo que ver la Revolución Francesa con todo esto?
45. ¿Cuándo se configuran los principales rasgos característicos del terrorismo moderno?

46. ¿Nace el «contraterrorismo» simultáneamente al terrorismo?
47. ¿Qué papel ha jugado el terrorismo anarquista en la Historia?
48. ¿Qué fue el llamado «terror rojo»?

49. ¿En qué grandes categorías pueden clasificarse las organizaciones terroristas del siglo XX?
50. ¿Cuáles han sido las principales organizaciones terroristas del siglo XX?
51. ¿Existe un terrorismo «de derechas»?

52. ¿Ha triunfado el terrorismo palestino?
53. ¿El IRA es algo más que una organización terrorista?
54. La mafia, ¿es un grupo terrorista?

55. ¿Qué son las llamadas teorías conspirativas?
56. ¿Ha sido el XX, «el siglo del terrorismo»?

VIII. Islam y terrorismo
57. ¿Por qué se asocia islam con terrorismo?
58. ¿Qué son la yihad y el yihadismo?
59. ¿Qué es el fundamentalismo islámico?

60. ¿Salafismo es sinónimo de terrorismo?
61. ¿Todos los terroristas yihadistas son wahabitas?
62. ¿El islamismo deriva necesariamente en terrorismo?

63. ¿Tiene sentido hablar de islamofascismo?
64. ¿Puede el islam frenar a sus extremistas terroristas?
65. ¿Terrorismo yihadista y Osama Ben Laden son inseparables?

66. ¿Qué es la red Al Qaeda?
67. Chechenia, ¿terrorismo o insurgencia provocada por una injusta ocupación extranjera?
68. Hizbulá, ¿es una organización terrorista?

IX. España y el terrorismo
69. ¿Ha influido el terrorismo en la Historia de España?
70. ¿Cuáles han sido las principales organizaciones terroristas que han operado en España?

71. ETA, ¿nació en un Seminario?
72. ¿Qué fueron los GRAPO?

73. ¿Por qué ETA consiguió un arraigo social que no alcanzaron los GRAPO?
74. ¿Por qué España es objetivo del terrorismo yihadista?
75. ¿Qué postura adopta el islam español ante el terrorismo?

X. Un fenómeno en cambio permanente
76. ¿Por qué fueron distintos los atentados del 11-S en Nueva York, Washington y Pensilvania?
77. ¿La globalización y el terrorismo se entienden?
78. ¿Ha muerto el marxismo-leninismo?

79. Los grupos terroristas, ¿buscan su coordinación?
80. ¿Han intentado los terroristas emplear armas de destrucción masiva?
81. ¿Qué es el bioterrorismo?

82. ¿Podrían, los terroristas, detonar armas nucleares?
83. ¿Qué es el narcoterrorismo?
84. ¿Qué es el ciberterrorismo?
85. ¿Hacia una profesionalización del terrorismo?

XI. Temores y esperanzas
86. ¿Es posible un juicio ético, consistente y firme, del terrorismo?
87. ¿Plantea hoy día, el terrorismo, nuevos dilemas éticos?
88. El Estado, ¿tiene capacidad para responder con éxito a la amenaza del terrorismo?

89. ¿Se debe negociar con los terroristas?
90. ¿Qué papel puede jugar el contraterrorismo?
91. ¿Es lícita la difusión por los medios de comunicación de las actividades terroristas?

92. ¿Qué puede hacer la sociedad civil frente al terrorismo?
93. ¿Qué importancia puede alcanzar la cooperación internacional en la lucha contra el terrorismo?
94. ¿Sirven para algo los listados de grupos terroristas?

95. ¿Qué hace Naciones Unidas frente al terrorismo?
96. ¿Qué hace la Unión Europea frente al terrorismo?
97. ¿Qué postura mantiene la Iglesia católica frente al terrorismo?

98. ¿Puede afirmarse, en general, que el terrorismo ha fracasado?
99. ¿Pueden cambiar los terroristas?
100. ¿Desaparecerá el terrorismo?

Apéndices
- Bibliografía (100 título en castellano)
- Cronología (100 efemérides para la ignominia)
- 100 organizaciones terroristas
- 100 direcciones sobre terrorismo en Internet

La ruta del odio: una crítica
José Luis Orella Martínez 23 Marzo 2011

En un especial sobre un libro, no puede faltar una reseña que, aún efectuada desde la amistad no elude una crítica constructiva.

Empezaré presentando al autor del texto. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra, ha cursado estudios de Criminología en la Universidad del País Vasco. Es coautor del libro La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas (dirigido por José Luis Orella Martínez, prólogo de Fernando García de Cortázar, Grafite Ediciones, Baracaldo, 2006). Ha participado, como fundador o socio, en diversas entidades culturales.

Como articulista y autor de numerosos ensayos, es miembro del consejo de redacción de nuestra revista electrónica Arbil, colaborador de DiarioLiberal.com y Religiónenlibertad.com; habiendo participado asiduamente en Páginas para el mes, tanto en su versión impresa, como en la digital inicial. Ha sido crítico de libros en la Revista de Historia Contemporánea Aportes y Elsemanaldigital.com. Ha participado como ponente en diversas conferencias, mesas redondas y cursillos de formación, celebrados en diversas ciudades españolas.

Una primera crítica, un tanto formal: hubiera sido necesario un índice onomástico, dado el altísimo número de escritores, terroristas, víctimas y otros protagonistas de esta historia referenciados en el texto. Pero, en cualquier caso, esta carencia no es exclusiva de pequeñas o medias editoriales; pues se está extendiendo a las generalmente denominadas como “grandes”. Por otra parte no era necesario otro temático, pues su índice inicial ya es elocuentemente descriptivo.

También he echado de menos una introspección de la vida cotidiana carcelaria de los presos terroristas: pienso que, conocido su pudor y discreción profesionales, no habrá querido traspasar los límites que ha juzgado como adecuados.

Y como navarro tengo que agradecer su claro posicionamiento al desmentir contundentemente las supuestas analogías entre los casos norirlandés y vasco; con las implicaciones que conlleva para nuestra tierra navarra.

Debo advertir al lector que es un libro comprometido, católico y… políticamente incorrecto. El autor no se casa con casi nadie. Se posiciona, pues huye de la equidistancia, tomando partido por el bien común y los más débiles. Y algunas de sus afirmaciones causarán furor entre los progresistas y demás bienpensantes, no en vano, como uno de tantos ejemplos, equipara al terrorismo con el aborto y los genocidios, como las grandes agresiones contra el ser humano.

Describamos la temática estudiada, brevemente. Son muchas las preguntas que suscita la existencia del terrorismo entre nosotros; constituyendo una de las principales preocupaciones de las mujeres y hombres de la sociedad actual.

¿Por qué existe el terrorismo? ¿Los terroristas son, acaso, locos o psicópatas? ¿Existe alguna relación entre el terrorismo y los totalitarismos? ¿Y con los genocidios del siglo XX? ¿El terrorismo también deriva inevitablemente de las religiones? ¿Es legítimo negociar con ETA? ¿Qué puede hacer la sociedad civil frente al terrorismo?

A todas ellas, y a otras muchas, hasta sumar 100, pretende responder este libro, con sencillez y claridad; desde la lógica, el sentido común y las informaciones contrastadas. Y todo ello, con los ojos, la cabeza y el corazón puestos en la situación española en su encrucijada actual.

Una de las conclusiones del libro, a la que pronto llegará el lector, es la siguiente: el terrorismo moderno nace en el siglo XIX alimentado por el nihilismo/anarquismo, el nacionalismo extremo y el marxismo revolucionario. Ya en el siglo XX alcanzará categoría de «ciencia» de la mano del marxismo-leninismo. Por último, y gracias a la globalización, su alcance se ha hecho universal; circunstancia que augura que la imagen de Osama Ben Laden y la amenaza del yihadismo, junto a otras expresiones terroristas, sin duda, nos acompañarán durante muchos años.

Pero no se trata de un libro meramente documental y reflexivo: es un texto comprometido desde una perspectiva muy concreta –tal como anticipábamos unos párrafos atrás, que afirma constantemente a lo largo de sus páginas. Y ésta no es otra que la derivada de un trabajo personal inspirado en la Instrucción de la Conferencia episcopal Española Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002; el libro Terrorismo y nacionalismo, de 2005, un estudio sistemático de la citada Instrucción efectuado por diez hombres y mujeres, intelectuales católicos de primera fila, una de las reflexiones más complejas que se han realizado en las últimas décadas al respecto; y de la Instrucción Pastoral, de 23 de noviembre de 2006, Orientaciones morales ante la situación de España.

Destacaremos, por último, que el texto, que combina anecdotario, memoria y ciencia, complementa su extenso y multidisciplinar estudio con diversos anexos: 100 webs temáticas, 100 organizaciones terroristas, 100 títulos fundamentales, 100 atentados especialmente trascendentes… Y con un prólogo póstumo de quien fuera Maestro y amigo del autor, el fundador del Instituto Vasco de Criminología Antonio Beristain Ipiña, jesuita impulsor también de la victimología.

La página web del autor es: http://cronicasnavarras.blogia.com

La Ruta del Odio. 100 respuestas claves sobre el terrorismo.
Autor: Fernando José Vaquero Oroquieta
ISBN: 978-84-96764-90-3
Páginas: 429
22 euros.
http://www.editorialsepha.com/

La ruta del odio: entrevista a su autor, Fernando José Vaquero Oroquieta
Manuel Morillo 23 Marzo 2011

Entrevistamos a Fernando José Vaquero Oroquieta, autor de libro, sobre algunos aspectos que hemos considerado de interés para nuestros lectores.

Miembro del Consejo de Redacción de Arbil, autor de numerosos artículos, entrevistas, y críticas de libros en este medio, Fernando, pamplonés de toda la vida (PTV, sector no pijo), se ha lanzado a la aventura de redacción y difusión de un libro de una temática que, por diversas circunstancias, conoce muy bien.

Pregunta: Se editan, anualmente, cerca de una veintena de títulos en España sobre esta temática. ¿Qué hace diferente a este libro respecto a los demás?
Respuesta: Ante todo, su afán didáctico, su enfoque simultáneamente global y local, su estilo claro y un anecdotario ameno. Modestia aparte.

P.: ¿Qué le ha impulsado escribir este libro? ¿Acaso “ser el primero” en redactar una especie de catecismo, un impulso ético, una convicción política, un criterio mercantilista…?
R.:Lo del criterio mercantilista, para nada. Si yo fuera un autor conocido, se venderían unos cuantos miles. Pero, en ese sentido, soy realista. Lo más que aspiro es a no perder dinero. Pero es lo de menos. Ante todo constatar que en la inmensa mayoría de títulos se eluden juicios éticos profundos, obviándose cuestiones tan relevantes como la íntima conexión entre terrorismo y determinadas culturas políticas, especialmente la autodenominada progresista en su variante marxistas-leninista.

P.:¿Ha pensado realizar alguna presentación pública?
R.:Afirmativo. Concretamente en Madrid, Pamplona y Zaragoza. De hecho ya están muy avanzadas las gestiones al respecto. Después…, lo que Dios y los lectores activistas propongan.

P.:Hablemos de una cuestión de actualidad. ¿Qué opina de SORTU?
R.:Incuestionablemente es el brazo político de ETA, como lo fueron Herri Batasuna, Batasuna, E.H., ANV, etc. No obstante, y aunque algunos no lo compartan, se han movido no poco de su escenario y tácticas habituales. No quiero, con ello, afirmar que deban ser legalizados. Al contrario: soy partidario de una “cuarentena democrática”. Que no maten, extorsionen ni nada parecido durante cinco años, por ejemplo, y se podría legalizar a ese espectro político. Tras esa “prueba”, si se disuelve ETA, entregan las armas, piden perdón a las víctimas y les resarcen en la medida de sus posibilidades por el infinitivo daño causado, la sociedad y con ella el Estado, podrían ser generosas. Nunca antes: por prudencia y decencia. Y por aprendizaje de tantos errores cometidos por el Estado y los políticos profesionales durante toda la historia, triste historia, de ETA.

P.:Dedica cierto espacio a las víctimas del terrorismo. Y se pregunta, respondiendo afirmativamente, que son las grandes olvidadas de esta patología social. ¿Ha variado la situación?
R.:Se han dado pasos muy importantes, pero falta mucho. Lo cierto es que para muchos políticos es una cuestión incidental e instrumental. Políticos de todo el arco parlamentario. Y es que tenemos una clase política egoísta, cortoplacista y endogámica que vive de espaldas de la sociedad que dice representar y, lo que casi es peor, que se cree por encima del bien y del mal; es decir, que carece de ética. Pero también la sociedad, en su conjunto, sufre de cierta atonía moral: desde el consumismo, el individualismo y el materialismo más rudo y grosero, no se puede construir nada duradero. Y estamos en tiempos de crisis, lo que exige generosidad, compromiso y movilización cívica. Difícil coyuntura.

P.:¿No considera que el juicio que emite en su libro sobre el papel de la Iglesia católica es muy benevolente?
R.: ¿Lo dice por mis parcas referencias a la actitud de algunos obispos vascos? Creo que mi juicio es certero. Pero, tal vez dada mi conciencia moral, no quería cargar contundentemente contra algunos obispos y clérigos que, con el ejercicio de una presunta equidistancia moral, han imposibilitado la acogida católica, la caridad y la más elemental justicia. Han sido nefastos, ciertamente. Pero, cómo se decía sobre el general Franco, “Dios y la Historia” les juzgarán. La Iglesia, como Madre, no ha defraudado. Es más: en muchos lugares del mundo ha sido su principal víctima.

P.: ¿Sigue siendo, España, objetivo del yihadismo?
R.: Sin duda. Esperemos que los políticos, las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia, hayan aprendido la lección y actúen en consecuencia. No obstante, es una cuestión muy delicada que linda con otras no menos, tales como la integración de los ciudadanos musulmanes en España, la reciprocidad entre musulmanes y cristianos, el modelo (¿pero existe?) multicultural que se pretende para este país todavía llamado España, etc. En cualquier caso, por ejemplo, en el tema de la reciprocidad, difícilmente ésta se puede impulsar desde los políticos, quienes viven en su inmensa mayoría de espaldas del hecho religioso, cuando no expresamente con actitudes anticatólicas muy pronunciadas. Desde el “limbo” ético no se puede dialogar con identidades religiosas o culturales fuertes. No, no soy optimista. Como dirían los chinos, “veremos cosas interesantes”; inquietantemente interesantes.

P.: ¿Veremos el fin del terrorismo?
R.: Lo siento, pero nosotros, con cuatro, casi cinco, décadas a nuestras espaldas, seguro que no; y difícilmente las próximas generaciones. Pero estoy abierto a la esperanza y sueño y rezo para ver, al menos, el fin de ETA.

P.: ¿No teme que con libros como éste le coloquen la etiqueta de “conservador” o “políticamente incorrecto”?
R.: ¿Lo dice por equiparar terrorismo, con aborto y genocidio? Espero que también por otros aspectos del libro. Me encanta ser políticamente incorrecto; pues quiere decir que soy un poquito libre. También me llamarán carca, y ultramontano, y anarcocatólico, y carcelero resabiado…. Francamente, no sólo no me molesta, sino que me divierte. Y mucho.

Redactor: Terminaré con un castizo “suerte, maestro”; antes de que también lo prohíban.
Entrevistado: Y que ustedes lo vean.

Muchas gracias.

Entrevistamos a Gonzalo Sichar: la edición independiente al servicio del pensamiento libre y la transformación social
Fernando José Vaquero Oroquieta 23 Marzo 2011

Una entrevista al editor Gonzalo Sichar Moreno, un agudo observador de la sociedad española desde su avanzada atalaya de Editorial SEPHA

Gonzalo Sichar es “alma mater” de Editorial SEPHA (Sociología, Economía, Política, Historia, Antropología, Arte). Cuenta con una larga trayectoria profesional en la investigación social, la cooperación al desarrollo, el mundo universitario y, desde hace seis años, el dificilísimo mundo editorial. Todo ello le cualifica como un observador excepcional de las tendencias que recorren la fragmentada sociedad española.

Pregunta: Edición clásica, coedición con aportación pecuniaria del autor, ediciones personales, digitalización, novísimas descargas desde internet de e-books… Y nada menos que 74.521 títulos editados en 2009 en España (en 2008 lo fueron 86.330). No obstante, el peso de los grandes grupos editoriales, por medio de un cuasi monopolio de la distribución libraria, especialmente en los grandes centros comerciales, ¿no determina, en realidad, la imposición mayoritaria de un pensamiento “único” y la pérdida de todo sentido crítico por parte de los estratos más numerosos de la sociedad española?
Respuesta: Efectivamente. La Cultura debiera ser el mejor ejemplo de la libertad de expresión en su sentido más amplio. Así lo entendieron los grandes dictadores y por eso la atacaron. El Arte expresa la visión del artista, la Literatura la opinión del autor. Pero en la actualidad el sector editorial está dominado por un oligopolio que inunda las librerías arrinconando a los editores independientes. Para colmo cada vez más otro oligopolio muy importante, el de los medios de comunicación, está muy relacionado con las principales editoriales, cuando no son propietarios. Eso provoca que los grandes grupos tengan dominado no sólo la presencia en las librerías sino también que acaparen casi todas las reseñas en prensa. En estas condiciones es muy difícil decir a la sociedad que existes.

P.: Si algo caracteriza a su editorial es el extraordinario pluralismo ideológico de sus autores; si bien existen unas preocupaciones evidentes que determinan la orientación de la editorial. Escritores trotskistas, falangistas, católicos “progres” y otros “conservadores”, críticos con los nacionalismos, ¡incluso autores cercanos a Arbil!... más una notable preocupación por el impacto de los diversos totalitarismos (antiguos y modernos) y la realidad poliédrica del mundo hispanoamericano. ¿No se está convirtiendo SEPHA, acaso sin pretenderlo inicialmente, en cierto modo, en un sorprendente caleidoscopio de la reflexión transformadora de un notable, vivo y heterogéneo grupo de autores españoles?
R.: Desde el inicio de este proyecto me propuse trazar una línea editorial totalmente independiente, tanto desde el plano económico como desde el ideológico, pero nunca pensé que llegara a una variedad tan extrema y por tanto yo mismo me he sorprendido del resultado. Mis primeros contactos procedían de la izquierda y por ello en los primeros libros hay una mayor presencia de autores de la izquierda, si bien de diferentes “gamas”. Para la izquierda militante el nacimiento de una nueva editorial que creía “suya” era una buena noticia. Por eso no aceptó que finalmente SEPHA fuera una editorial heterodoxa y sobre todo independiente. Desde algunas librerías y distribuidoras, tanto “alternativas” como “comerciales” me cerraron muchas puertas, hasta el punto de creer en algún momento que tendría que cerrar.

P.: ¿Podría clasificarse a SEPHA como una editorial que pretende dar voz a quienes carecen de ella pero tienen algo consistente que aportar a la sociedad?
R.: Ésa es la mejor definición que se puede hacer de esta editorial. Y están sin voz tanto los movimientos mayas en Guatemala, como los niños y sobretodo las niñas soldado, o los niños y especialmente las niñas de la calle, pero también los no nacionalistas en Cataluña, o los nacionalsindicalistas en toda España, por poner algunos ejemplos. Y todos ellos tienen cosas interesantes que decir aunque no compartamos muchas o ninguna de ellas. Mucha gente no ha soportado que también considere sin voz a escritores muy alejados de la izquierda. Una editorial con vocación social no debe ser el altavoz del editor sino de los autores sin voz. No quiero cumplir la máxima de que un editor es un escritor frustrado, que escriban ellos lo que quieran y no lo que a mí me hubiera gustado escribir y no supe.

P.: ¿Una editorial humanista, en suma?
R.: Exactamente. Y el humanismo, y mucho menos las Humanidades, no es ni de izquierdas ni de derechas. La dictadura que sufrió España desterró a muchos intelectuales (humanistas) y no sólo de izquierdas, pero más triste es que en tiempos de democracia se margine a algunos intelectuales por sus ideas políticas. En Sevilla, por ejemplo, PSOE e IU no permitieron que se celebrase un acto para el conocimiento de la obra literaria de Agustín de Foxá porque era de ideas falangistas. Eso va contra la libertad y contra la propia Literatura, algo a lo que todos los editores –independientemente de nuestros signos– nos deberíamos oponer. Detesto que izquierdistas de despacho pongan en duda mi vocación democrática porque haya publicado a ciertos autores, cuando yo sí he estado en el terreno luchando por la libertad, por ejemplo trabajando como observador de derechos humanos en Guatemala y publicando con una organización popular una investigación mía donde denunciaba más de 1.000 masacres cometidas en un 95% de los casos por el Ejército o paramilitares (y presentando el libro allí, delante de militares, y además continué viviendo en ese país).

P.: Lo “políticamente correcto” se impone desde el poder político y cultural dominantes, generando un tipo humano aparentemente satisfecho, consumista, nihilista, nada crítico con el poder y las modas, pero duramente cerrado a cualquier propuesta de cambio personal y social. SEPHA, desde su espacio, ¿pretende, además de ser un proyecto editorial viable, abrir una brecha en esa tendencia?
R.: Esa pretensión se ha ido acrecentando a medida que he visto que han tratado de cerrarme puertas los que creen que tienen el monopolio del concepto democrático y deciden qué ideas son democráticas y cuáles no. El novelista francés del siglo XIX Émile Herzog –conocido por el seudónimo de André Maurois– decía que es unaverdad absoluta que la verdad es relativa. Este principio tan obvio veo que no lo aplica la izquierda. En esos ámbitos se ha criticado, a mi modo de ver con mucha razón, que los católicos se adueñaran de la “Verdad” y que decidiesen lo que era bueno y lo que era malo, pero ahora ellos hacen lo mismo y todo aquello que no es “progre” es “pecado”. Hay foros de Internet que pretenden contribuir a una “democracia directa” donde se pueden leer algunas críticas a SEPHA no sólo por publicar a algunos autores ultras (entendiéndose por ultra sólo a “ultraderechistas”, pues hemos publicado a muchos más autores de extrema izquierda de los que, por cierto, no se han quejado), sino también por publicar a antinacionalistas más comprometidos con la democracia que los nacionalistas excluyentes. Este posicionamiento de los “progres” es peligroso porque amplían el círculo de los “malditos” y ya sabemos aquello de “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista…” (por cierto frecuentemente atribuido a Bertolt Bretch, cuando quien lo escribió fue el pastor protestante Martin Niemöller, encarcelado por los nazis desde 1937 a 1945). Por eso yo no censuro a ningún autor por motivos ideológicos.

P.: Con un catálogo que supera los 100 títulos, en alguna ocasión, usted mismo ha calificado a SEPHA como “empresa social”. ¿Podría desarrollar ese concepto?
R.: Evidentemente una empresa debe buscar beneficios económicos porque sino sería una algo así como una ONG (que por cierto pongo tengo muchos reparos con este tipo de organizaciones, como expreso en mi libro Cosas que nunca diría de una ONG). Pero se puede buscar cierto beneficio –para entre otros cumplir el objetivo de la viabilidad– combinándolo con una función social, o tratar de maximizar el beneficio a costa de lo que sea. Un ejemplo: es más barato imprimir en China y traer los libros en barco que imprimir en España, pero yo ni me planteo imprimir allá porque temo que se incumplan derechos laborales y que incluso haya trabajo infantil de por medio. Otro ejemplo al alcance de todos (no sólo de los empresarios): SEPHA es cliente de Triodos Bank, un banco solidario. Queremos que nuestro beneficio económico no sirva para especulación financiera y por eso ahorramos en un banco que sólo trabaja en economía real apoyando iniciativas sociales, culturales y ecológicas.

P.: ¿Me permite una pregunta de carácter personal que, creemos, puede ser de interés para los lectores? ¿Dónde encuentra, Gonzalo Sichar, la fuerza para mantenerse firme en un mundo tan competitivo e implacable?
R.: Hay quienes creen que hay otra forma de hacer política y se embarcan en la osadía de crear un nuevo partido político (o mejor dicho, un partido político nuevo), otros creen que hay otra forma de hacer banca y crean un banco solidario. Yo tengo una firme convicción de que otro modo de llevar a cabo una editorial de contenido político es posible: mediante una editorial independiente tremendamente politizada pero absolutamente apartidista. Mi fuerza radica en esta convicción y en los ánimos recibidos por lectores, amigos y familiares (y lo digo en este orden de importancia porque cuanto más lejos te queda quien te da ánimos confías más en la objetividad del aplauso).

Muchas gracias.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Direcciones electrónicas de interés:
http://www.editorialsepha.com

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Jodemos nosotros, 'president'
Salvador Sostres El Mundo 23 Marzo 2011

Pujol ha justificado su reciente giro independentista porque España «va a jodernos». No es cierto. España no va a jodernos. Somos los catalanes los que estamos todo el día jodiendo a España. Lo digo en serio. Estamos todo el día jodiendo, tocando las narices, quejándonos de todo, reclamando esto y lo otro; pero, al final, cuando llega la hora de la verdad y es hora de tomar una decisión política seria, todo se desvanece y nunca damos un paso al frente.

Pujol gobernó como un autonomista corriente -tocapelotas, es cierto, pero sin discutir el marco ni los límites-, que es exactamente lo mismo que está haciendo Artur Mas; ahora con la carraca del concierto económico o pacto fiscal, muy molesta, pero que acabará como cualquier otra negociación entre el Estado y la Generalitat. Eso por no hablar de los líderes independentistas: los que tienen algo de épica se la cargan del modo más estrepitoso cuando tocan poder. Es como si enloquecieran. Lo de Carod-Rovira entrevistándose con ETA fue antológico.

España no va a jodernos porque a España le damos lo mismo. Lo que España no va a hacer es renunciar a ella misma ni rendirse porque sí en una guerra que nosotros somos los primeros que no queremos librar.

El catalanismo político no quiere la independencia. Quiere tocar los huevos. Lo de la famosa pedagogía es tocar los huevos. Lo del catalán en el Senado y la farsa de los intérpretes es tocar los huevos. El catalanismo político es demasiado cobarde para hablar en serio y se conforma tocando los huevos, jodiendo con la pelota como el niño de la canción de Serrat, aunque la estrategia catalanista es más bien la de una esposa.

El catalanismo político es tu esposa cuando estás viendo la tele y te empieza a decir que hay que hacer obras en el baño, que es lo mismo que reclamar la transferencia de Cercanías sin el presupuesto correspondiente; o que te estés comiendo un plato de macarrones al foie y te dice que tendrías que hacerte un análisis de sangre, que a su vez no es demasiado distinto a intentar hacer pasar por normal que en territorio español no se pueda estudiar en castellano. Si quiere la independencia, que luche por ella, muera por ella; pero, si no, que no joda la marrana, porque es evidente que, mientras esto sea España, no puede haber provincias de excepción. Y oye, no sé si me tengo o no que hacer un análisis de sangre, pero estoy cenando en Via Veneto, la vida es bella, estos macarrones al foie son un paraíso jugoso y no tienes por qué estropearme el momento. ¡Coño!

Te cuenta los gin-tonics cuando salís a cenar con los amigos, como quien denuncia cavernas mediáticas cuando no le dan la razón; te discute el jersey que te has puesto cuando ya habéis salido de casa, como quien pretende discutir si España existe.

El catalanismo político es ese ir jodiendo poco a poco, causar toda la molestia posible, pero evitando a toda costa el conflicto. Ese insufrible goteo, ese reproche permanente, ese ruido como de máquina de cortar el césped que hacen las esposas cuando murmullan. No se entiende nada, pero al cabo de un rato de oírlo la cabeza está a punto de estallarte. España es España del mismo modo que nosotros vemos la tele. Y la pedagogía y el federalismo asimétrico es tocar los cojones, como ella cuando te jode la serie o el partido de fútbol.

Y si algún día pierdes la calma y, harto de su sistemático linchamiento, le levantas la voz para decirle que te deje en paz, entonces eres tú quien tiene que pedir disculpas. Lo mismo pasa con España, que, cuando sale alguien del PP a decir que ya está bien de andar jodiendo todo el día, emergen indignados los autonomistas para llamarle centralista y fascista; y otra vez el federalismo, otra vez la pedagogía, otra vez amagar con la ruptura para que la farsa continúe y los líderes catalanistas puedan seguir viviendo del conflicto.

No, president, España no va a jodernos. Usted jodió a España tanto como pudo. Jodió a España y jodió a Cataluña con su permanente y castradora tibieza, ambigüedad y cobardía. Perdimos la paciencia y la esperanza. Todos por igual: españoles y catalanes. Mientras tuvo el poder, lo usó para mantenerse en él y nada arriesgó, y todo en usted fue una parodia del héroe.

Y ahora sí, cuando el toro ya está muerto, sale por fin a torearlo. «Niño, sube a la suite dos anisetes». Con valientes como Mas y como usted, España está muy lejos de ser el principal problema de los catalanes.

Los batasunos no serán ilegalizados
EA necesita los votos de Sortu porque la alternativa es la desaparición
Pascual Tamburri www.gaceta.es 23 Marzo 2011

ETA va a estar en las elecciones municipales, parte del PSOE espera beneficiarse y mientras tanto el mundillo abertzale se moviliza. ¿Volvemos a nuestro peor pasado?

Hay días que hay pocas noticias buenas, pero las malas nos ayudan a entender en qué país vivimos. En los últimos días, Sortu aún no ha sido declarado ilegal, Arnaldo Otegui ha sido absuelto –así que supongo que se podrá llamar “torturador” al Rey… y asesino a cualquier batasuno, ¿o me equivoco?– y Jesús Eguiguren, el hombre de Zapatero en el País Vasco y en la negociación con ETA, dice que a su presidente le “falta valentía” respecto a Sortu, aunque luego haya rectificado tardíamente.

La Abogacía General del Estado ha hecho saber que Sortu no supone un cambio esencial con respecto a las anteriores marcas blancas de la llamada izquierda abertzale, y que no ha abandonado ni los objetivos ni el lenguaje de ETA. También el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, comparte la misma opinión. Parece que ante el Tribunal Supremo se va a pedir la ilegalización de Sortu con unos densos razonamientos, centrados en el vocabulario, ambiguo, usado y no usado. ¿Es bueno eso?

Zapatero y los suyos saben que pueden permitirse toda la violencia verbal que quieran a cuenta de Sortu. No legalizar el nuevo partido daría al PSOE una credibilidad antiterrorista de la que carece, sobre todo porque participó en una tregua vergonzosa y muchos de los suyos trabajan aún en esa línea. Y ZP puede ilegalizar a los batasunos sin romper con ellos, porque unos y otros saben que de cualquier manera la izquierda abertzale va a estar siempre en adelante en las urnas. El secretario general de Eusko Alkartasuna, Peio Urizar, varias veces ha recordado que su partido está dispuesto a ir en coalición con Sortu a las próximas elecciones forales y municipales. El viejo partido de Carlos Garaikoetxea, que llevaba en plena decadencia desde que no se presentaba en coalición con el PNV, se plantea crear un sujeto político independentista, con Sortu y con Alternatiba, Araba Bai y otros.

Si existe un “espacio soberanista potente” y amistosamente abierto a Sortu las consecuencias son varias. La primera, que, aunque no sea ilegal, tiene plena confianza con EA, de manera que los votos de la izquierda abertzale, es decir los que fueron nulos en 2007, algunos que fueron a otras candidaturas como voto útil y los de las coaliciones electorales que sí se legalizaron irán juntos. Sortu, con uno u otro nombre, estará en las instituciones. Zapatero exhibe una dureza que es totalmente falsa y puramente electoral, y Eguiguren contribuye al espectáculo con una falsa polémica.

Nuestro sistema electoral, que en el resto de España tiende al bipartidismo –porque aunque es teóricamente proporcional funciona como semimayoritario en distritos pequeños–, en Navarra y el País Vasco parece abocado a la dispersión. Otro día tendremos que analizar qué pasa con la izquierda, y no digamos con la derecha, pero el mundillo abertzale es suficientemente entretenido en sí mismo. Además de Sortu, y de sus posibles descontentos teóricamente radicales y violentos –que de momento no han surgido–, está el PNV, ahora en la oposición; los disidentes de EA, ahora cercanos al PNV; Aralar; el grupo alavés de Araba Bai; los navarros de Nafarroa Bai, los otros navarros de Batzarre, ahora coaligados con IU… Muchas siglas para un solo proyecto, que es la voladura de España. Eso sí, con ideas muy distintas de qué hacer después. EA rompió primero con el PNV en el País Vasco y ahora con Aralar también en Navarra –saliendo de NaBai– porque en ambos casos estaba sufriendo el abrazo del oso. Urizar vio su posible salvación en acercarse a los batasunos; no por amor especial, ni porque le parezcan menos exigentes, sino porque había un posible y claro intercambio de favores: el voto cautivo de ETA necesita una vía de expresión –y estar en las instituciones– y EA necesitaba votos porque su alternativa era la desaparición a medio plazo. Esa jugada ha llevado a un nuevo reparto de cartas, mucho más relevante que los acuerdos de EA con Alternatiba o con Herritarron Garaia, que, de todos modos, siguen adelante y pueden confluir en un solo sujeto.

No hay que engañarse: no se trata de una guerra civil entre abertzales. Por supuesto, tienen sus peleas, sus rivalidades y sus discrepancias, además de las malas o buenas relaciones personales de cada caso. Pero hay que tener siempre presente que todos ellos son, antes que nada, nacionalistas. Treguas, procesos de paz y demás aventuras lo han demostrado una y otra vez: quieren acercarse a la independencia y lo demás lo discutirán después. Zapatero ha sido para ellos una bendición, porque sus prioridades eran exactamente las contrarias: primero el poder y la imposición de sus ideas, luego todo lo demás, y por último España. ¿Alguien cree que al PSOE le importa que Sortu o como se llame esté en las instituciones? Puede serles útil primero como propaganda y después como interlocutor. En el fondo, es probable que –aunque por supuesto no lo dirá– Patxi Zabaleta sienta la reaparición de sus antiguos compañeros más que nuestro presidente. Lo cual, la verdad, es muy triste.

*Pascual Tamburri es profesor de historia.

PNV y ERC hacen el paripé de hablar en euskera y catalán en el Congreso
José Bono no interrumpe sus discursos pero les avisa que no vuelvan a hacerlo hasta que no cambie la ley
Ep www.lavozlibre.com 23 Marzo 2011

Madrid.- El presidente del Congreso, José Bono, permitió ayer martes que los diputados Aitor Esteban, del PNV, y Joan Tardà, de ERC, intervinieran en euskera y catalán respectivamente ante el Pleno de la Cámara Baja. No les interrumpió para, según dijo, poner en evidencia que en el Parlamento no se cercena la libertad, pero sí avisó de que no lo admitirá otra vez porque, recalcó, la única lengua oficial en el Congreso es el castellano.

El debate de una proposición de ley suscrita por CiU, PNV, ERC, IU-ICV, BNG y Nafarroa Bai para reformar el Reglamento del Congreso con el fin de autorizar el uso de las lenguas cooficiales fue el marco propicio para que el PNV y ERC, y en menor medida CiU y BNG, utilizaran en el Pleno el catalán, el euskera y el gallego.

En concreto, con su propuesta proponían modificar el artículo 6 del Reglamento del Congreso para permitir el uso de cualquiera de las lenguas oficiales en la presentación de escritos e iniciativas parlamentarias, cuya publicación se reproducirá en las versiones en que hubieran sido presentados adjuntándose su traducción al castellano, y en las intervenciones ante el Pleno, la Diputación Permanente y las distintas comisiones parlamentarias.

El futuro de la iniciativa ya se conocía de antemano pues tanto el PSOE como el PP ya habían anunciado que no aceptarían que la reforma reglamentaria fuera tomada en consideración por el Congreso. A partir de ahí, quedaba la puesta en escena.

Tras una breve cita en catalán de la diputada de CiU Montserrat Surroca, fue el portavoz adjunto del PNV, Aitor Esteban, quien dio un paso más utilizando el euskera en el grueso de su intervención. Bono no hizo nada y, sólo cuando Esteban bajó de la tribuna, tomó la palabra para explicar que había renunciado a interrumpirle para demostrar que no le molesta escuchar hablar en euskera y para dejar claro que en el Parlamento no se limita la libertad de nadie.

Eso sí, insistió en que hablar en una de las lenguas cooficiales supone limitar la comprensión de ese discurso, pues no todo el Congreso entiende el euskera. Pero además quiso dejar claro que en España imperan las leyes, gusten o no, y que en el Congreso "se ha de hablar castellano mientras no se modifique la ley".

ERC AVISA DE CONFLICTO
Joan Tardà, de ERC, tomó el testigo de Esteban y, tras advertir que el "portazo" al uso de las lenguas cooficiales conduce al "conflicto", pasó a intervenir en catalán. Su tono fue algo más agresivo, emplazando a los 'populares' a no reírse, hablando del castellano como "la lengua de los fascistas cuando entraron en Barcelona" y abroncando tanto al PP como al PSOE por su rechazo a la reforma.

Bono tampoco le interrumpió, pero sí llamó la atención a un diputado del PP que protestaba, el andaluz Ricardo Tarno, a quien llamó dos veces al orden y amenazó con expulsar. "Le ruego que se calme", dijo.

Cuando el diputado de ERC volvió a su escaño, el presidente del Congreso insistió en que su negativa a intervenir busca "impedir que quienes hacen demagogia con las lenguas de España, pudiesen titular que se prohíben las lenguas o se impide la libertad".

Eso sí, reiteró que es la última vez que lo permite: "Aquí se va a cumplir estrictamente la ley y el único idioma oficial es el castellano -enfatizó-. No me vuelvan a poner en la tesitura de tener que adoptar medidas reglamentarias".

La reforma también fue defendida por el portavoz del BNG, Francisco Jorquera, quien también utilizó el gallego ante el Pleno del Congreso pero sólo para una cita de Castelao y para cerrar su discurso.

EL PP CUESTIONA LA ACTUACIÓN DE BONO
Desde el PP, su diputado Ignacio Astarloa descalificó la propuesta de las minorías y dijo no entender que, "con la que está cayendo", en un contexto de crisis económica, los diputados se dediquen a "mirarse el ombligo" debatiendo la cuestión de las lenguas "por enésima vez". "No creemos que el Congreso tenga que usar traductores ni pinganillos en sus sesiones para que podamos entendernos entre diputados que representamos al pueblo", zanjó.

En cualquier caso, el ex secretario de Estado sostiene que la iniciativa de las minorías, aun siendo "extravagante", no es del todo "inocente", sino que es "una muestra más del desmontaje del Estado de las Autonomías": "Ustedes defienden que lo mío es sólo mío y lo de todos también es mío o no es de nadie", resumió.

Astarloa, que fue secretario general del Congreso, concluyó haciendo una censura velada de la actuación de Bono, recordando las "impertinencias" de ERC y el hecho de que "la legalidad no se haya hecho respetar como es debido".

Por contra, el socialista Pedro Muñoz quiso empezar elogiando el comportamiento del presidente de la Cámara, el cual le reprendió públicamente, aunque luego le dio las gracias en privado. El PSOE insistió en rechazar las lenguas cooficiales en el Congreso y reiteró que lo apoyó en el Senado al ser la Cámara de representación territorial.

CUESTIÓN PENDIENTE
En la pasada legislatura, el presidente del Congreso, Manuel Marín, intentó que sus señorías pudieran al menos hacer uso de las lenguas cooficiales ante el Pleno, aunque fuera de forma limitada y facilitando la traducción a los servicios de la Cámara, pero el abuso de este mecanismo le acabó haciendo desistir.

En julio de 2009, los grupos minoritarios ya hicieron llegar una carta al presidente del Congreso, José Bono, en la que le pedían que, mientras no se reemprendiesen los trabajos en la Comisión de Reforma del Reglamento o se debatiese alguna iniciativa de reforma que alcanzara al debate lingüístico, facilitara el uso de las lenguas oficiales distintas del castellano en el Congreso.

A su petición, que rechazaron firmar el PSOE, el PP y UPyD, el presidente de la Cámara Baja respondió subrayando la necesidad de llevar a cabo una reforma del Reglamento del Congreso para resolver esta cuestión, una solución que se intentó sin éxito en la pasada legislatura.

Ayer, en el Congreso, de nuevo PSOE, PP, UPyD y UPN votaron en contra de la propuesta.
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