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Recortes de Prensa   Martes 5 Abril 2011

 

¿Quién gobierna España?
EDITORIAL Libertad Digital 5 Abril 2011

La sensación de alivio por el anuncio de Zapatero de no volverse a presentar en 2012 ha sido efímera. En menos de 48 horas, los elogios fúnebres y los sentidos epitafios por el zapaterismo, tal vez apresurados, han dejado paso a la cruda realidad. Los datos oficiales del paro son incontestables. Cuando el presidente llegó al poder, hace siete años, el número de parados en España era de dos millones doscientas mil personas. Siete años después, Zapatero ha doblado esa cifra y la sangría de empleos no tiene visos de parar por el momento. Y si se atiende a las cifras reales, el desempleo alcanza ya a cinco millones de trabajadores, cuyas esperanzas de futuro no pasan precisamente por el resultado de las primarias en el PSOE, ni por las elecciones municipales y autonómicas.

Para quienes forman cola frente a las oficinas del paro, los juegos florales en torno a Zapatero y las quinielas sucesorias son una auténtica ofensa, además de la evidencia más clara de que los sindicatos y el PSOE los han abandonado a su suerte, carne de cañón de su imprevisión, de las falsedades, de la ceguera con la que Zapatero afrontó la crisis, de la ineficacia de todos y cada uno de los ministros del área económica. Sólo apreciar los índices de empleo de algunos de los países de nuestro entorno, incluso de los que atraviesan serias dificultades financieras, basta para comprender el destrozo perpetrado en la economía española por el Gobierno, el efecto brutal de la demagogia como receta frente a los graves problemas del país.

Pero no sólo es la economía. Puede que ese sea el factor principal de la severa derrota que predicen las encuestas, pero, en estos siete años de talante, Zapatero no ha contribuido precisamente a la consolidación de la democracia y sus instituciones. Episodios como el del Estatuto de Cataluña ponen de manifiesto el tono y el tipo de Gobierno llevado a cabo, la subasta de la soberanía nacional a cambio de puntuales apoyos para mantener el poder. El cierre en falso del 11-M, con la inestimable colaboración de un PP convencido de que la verdad es improcedente para sus objetivos; el chivatazo de Estado y la negociación con ETA después del asesinato de los ciudadanos ecuatorianos Palate y Estacio en la T-4 –asunto del que Rajoy dice haberse enterado ahora; nunca es tarde– forman un cuadro moral inasumible en un sistema democrático. Zapatero dice que se va y una alfombra de flores se abre a su paso. Y entre tanto, ¿quién manda aquí y qué ha cambiado?

El sumo sectario
Los socialistas le han echado. La sociedad española parece dispuesta a dejarse hacer daño hasta el final
HERMANN TERTSCH ABC 5 Abril 2011

SE irá cuando se vaya igual que ha gobernado, con sus trampas e imposturas. Pero lo habido no es más que un amago. Es decir, un engaño a partir de la necesidad, perpetrado con habilidad. Con el aplauso hipócrita hasta la náusea del merengue de la adulación que, una vez adornado con solemnidad, consigue en este país crear espectáculos gloriosamente esperpénticos. Sin ningún pudor andaban mostrando el ojo lacrimoso todos los dirigentes socialistas que ya están plenamente inmersos en ese nuevo fenómeno social que es la fobia a Zapatero. Sin recato hablaban maravillas de la generosidad del presidente todos los que saben lo que han conspirado e intrigado para que se produjera de una vez el placaje y el eterno adolescente dejara de marear la perdiz. Al fin y al cabo se trataba de dejar de jugar con las cosas de comer. Y en medio del barullo pringoso, como reina de ceremonias, por supuesto, quién si no, don José Bono, en momento estelar, disfrutando como un niño. Pero más allá de este circo de escaso gusto ha pasado más bien poco. Y todo indica que el presidente, que supuestamente va a gobernar en todos los meses que aguante esta agonía, dedicará gran parte de su tiempo y mala idea a ajustar cuentas con muchos de los que le han acosado en estos meses hacia esta posición indigna, patética y muy probablemente insostenible a corto plazo. Al final de este gran baile de imposturas, los daños probablemente estén muy repartidos.

Hablamos de los daños dentro del partido. Los daños fuera, los que se infligen a una España en situación de emergencia y colapso interno y marginación e irrelevancia externas, son incalculables. Aunque muchos los tienen descontados en el coste inmenso de la hecatombe que para España ha supuesto la segunda legislatura del Gran Timonel naufragado. Al presidente le han reventado el mutis glorioso. Pero no se dará por vencido. El narciso no entiende que no le entiendan y aprecien sus eximias intenciones. No querrá aceptar el hecho de que su nombre se ha convertido en maldición para millones de españoles. Y querrá dirigir hasta el final una orquesta en desbandada. Y fabricarse un legado que no sea la escombrera de pobreza y discordia que ya le adjudican como única herencia una mayoría de los españoles. Entre los ministros ha comenzado el navajeo. Que se nos instala en el Consejo de Ministros. Y para el que por supuesto se recurrirá a la masiva utilización de los recursos del Estado. Veremos hasta donde son capaces de llegar quienes tiene todos los recursos para la manipulación informativa, la intoxicación, los servicios de información, la policía y la vigilancia de la ciudadanía.

En realidad, esta magnífica reyerta a partir del hundimiento del proyecto del zapaterismo del régimen socialista de los mil años, no debería afectarnos al resto de los españoles. No nos afectaría si Zapatero pudiera elevarse hasta la decencia necesaria para decidir su marcha de verdad. Si fuera capaz de encontrar el coraje y la dignidad de asumir que nada puede hacer ya sino arrastrarse hasta el final por el mero capricho de llegar. Eso sí, sin dejar de dañar a España, comprando sus últimas mayorías a unos nacionalismos jubilosos en sus apetitos carroñeros. Su resentimiento hacia media España le impide una vez más decidirse por el bien común.

El final de una legislatura que ha sido un tormento, promete convertirse en pesadilla. Los españoles todos, seremos rehenes, del sumo sectario. Aunque no todos inocentes. Los socialistas le han echado de allí donde más daño les hace. La sociedad española, pasmosamente indolente, parece dispuesta a dejarse hacer daño, gratuitamente, hasta el final.

La penúltima mentira de ZP
Editorial www.gaceta.es 5 Abril 2011

José Luis Rodríguez Zapatero: “Con toda seguridad en marzo se verán mejores cifras de desempleo como preámbulo de la recuperación fruto de las reformas puestas en marcha en los últimos meses”. Servicio Público de Empleo: “El número de desempleados registrados al finalizar marzo creció en 34.406 personas en relación al mes anterior, y un 4,01% interanual, al contabilizar 167.056 parados más que en marzo del pasado año”. Las palabras frente a los hechos; la mentira frente a la realidad.

Un vaticinio, el del presidente, lamentable e imposible de creer porque entonces, como ahora, la realidad siempre desmiente sus palabras debido a su ineptitud como gestor y a que sus tibias medidas no funcionan. La reforma laboral puesta en marcha por el presidente no sirve para nada y mucho menos para crear empleo.

De este modo, España cuenta ya con un total de 4.333.669 parados, su nivel más alto en toda la serie histórica comparable, que arranca en 1996. Sin embargo, si a dichos números se suma la bolsa de desempleados que no son contabilizados por Trabajo en las listas del Inem, como consecuencia del habitual maquillaje estadístico que se viene aplicando desde 2008, la cifra asciende a 4.822.291, cantidad más en consonancia con la realidad que ofrecen tanto los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) como los de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea.

Tras su renuncia a presentarse como candidato del PSOE a las próximas elecciones generales, Zapatero afirmó que lo único que le movía a permanecer en el puesto era “lograr que la economía española sea competitiva, cree empleo y garantice el Estado de bienestar”. Otra gran mentira, y España no se puede permitir seguir así ni un minuto más, porque con semejante presidente y con semejante Gobierno es imposible que haya la seguridad, la confianza, la certidumbre y la inversión que España necesita para salir de la crisis. Se equivoca el presidente al permanecer en su puesto un año más, y se equivoca el ladino presidente del Congreso, José Bono, cuando afirma que al jefe del Ejecutivo “le interesa más España que el partido”, porque el mejor servicio que podría hacer por España es irse ya y convocar elecciones anticipadas.

España necesita hoy más que nunca otro Gobierno, con ideas nuevas y que transmita la confianza necesaria para sacar al país de la crisis. Porque si las cosas están mal para el empleo, no lo están mejor para la economía. Una economía que no tiene ni margen ni cintura para aguantar la subida de tipos de interés que se avecina.

Porque cuando el Banco Central Europeo (BCE) se ponga a encarecer el precio del dinero, no lo va a hacer en un cuarto o medio punto, eso será sólo el principio.

Los tipos se han mantenido excepcionalmente bajos para facilitar tanto el saneamiento de las entidades financieras como la salida de la crisis. Pero en un horizonte en el que comienzan a emerger amenazas inflacionistas en forma de altos precios de la energía y de los alimentos, lo lógico es que los tipos acaben subiendo hasta el 3% o 4%, lo que encarecerá a su vez el precio del dinero y de las hipotecas. Si, además, los salarios dejan de subir con la inflación para ligarse a la productividad, la pérdida de poder adquisitivo está servida, y con ella la capacidad de gasto de los hogares y el consumo. Unas expectativas que ya han hecho mella en la confianza del consumidor, que cayó 5,1 puntos en marzo respecto al mes precedente para situarse en 68,3 puntos. Un síntoma de que el encarecimiento del precio del dinero será un paso más hacia el desastre al que nos lleva Zapatero mientras no haya un cambio de dirección en la política económica. Y, por desgracia, este no parece que se vaya a producir con la celeridad que necesitan España y sus 4,8 millones de parados.

Zapatero, gaseoso
«Se ha convertido en un ente gaseoso, ya sin forma, que irá dispersándose en los próximos meses hasta desaparecer por completo. Zapaterismo puro, todo magia, ilusionismo, prestidigitación, nigromancia. No está mintiendo. Está en su papel, metido en una realidad que nada tiene que ver con la auténtica»
POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 5 Abril 2011

NO sé si Miguel Ángel Aguilar, licenciado en Física, estará de acuerdo conmigo en que la crisis económica cambió el estado sólido de Zapatero en líquido, y que su anuncio de retirada lo ha convertido en gaseoso. Pero si no lo está, no vamos a reñir por eso, entre otras cosas porque sabe bastante más Física que yo, que sólo estudié un curso de ella, en segundo de Náutica.

La solidez casi roqueña de Zapatero en su primer mandato provenía del desconcierto de la oposición tras la abultada derrota y de su sintonía con el electorado, al que le caía muy bien. Improvisación, labia, superficialidad, énfasis de los derechos, olvido de los deberes, leña al mono y cierta arrogancia han tenido siempre buena acogida por estos lares, y José Luís Rodríguez Zapatero poseía abundancia de todo ello. Junto con un aire izquierdista, que se da mucho incluso en la extrema derecha española sin saberlo. Si se le une una ignorancia casi universal y el presumir de saberlo todo mejor que nadie, se comprende lo bien que caía entre nosotros, montados, además, en el boom económico universal, que nos hizo creer que se ataban los perros con longanizas o poco menos. La crisis, sin embargo, le obligó a licuarse, tras un periodo nada corto en el que se empeñó en negar su existencia. Los líquidos conservan su masa de los sólidos de donde proceden, pero deben adoptar la forma del recipiente que los contiene. En el caso Zapatero, tuvo que adoptar la que le impusieron desde Bruselas, que era no ya distinta, sino opuesta a la que había tenido hasta entonces. Para alguien con principios, hubiese representado un enorme problema. No, sin embargo, para un espíritu tan leve como el suyo, que se desliza sobre la realidad sin penetrar nunca en ella. El más social de los presidentes de gobierno en democracia adoptó sin pestañear los mayores recortes sociales e incluso empezó a presumir de ellos, invocando lo que nunca había invocado: el patriotismo. No fue una caída de caballo, fue un cambio de caballo sin recato y sin aviso, como solo personas que desprecian las formas son capaces de hacer.

Y ha vuelto a hacerlo tras hundirse en las encuestas y anunciar ante los suyos su renuncia a presentarse a las próximas elecciones. Convirtiéndose en un ente gaseoso, ya sin forma, que irá dispersándose en los próximos meses hasta desaparecer por completo. Zapaterismo puro, nada en esta mano, nada en la otra, todo magia, ilusionismo, prestidigitación, nigromancia. No está mintiendo. Está en su papel, metido en otra realidad que nada tiene que ver con la auténtica. No deberá extrañarnos, por tanto, si en esta nueva etapa Zapatero es más él mismo que nunca. La inconsistencia y la movilidad que caracterizan a los gases se adaptan perfectamente a su temperamento, y del mismo modo que las moléculas de los gases se mueven libremente por todas partes, lo veremos aparecer en los lugares más insospechados, rebotando contra lo que encuentre a su paso. Habrá, pues, que tener cuidado con él, pues que terminará la legislatura debe darse por hecho, al contar con el apoyo de los nacionalistas, que querrán exprimirlo al máximo, antes de que se les acabe el chollo que ha representado para ellos. A no ser, naturalmente, que les suceda lo que a su propio partido: que metido en un mundo que nada tiene que ver con la realidad, termine siendo una amenaza para ellos.

Pues a la realidad no se la convence con juegos malabares. Los norteamericanos tienen el conocido proverbio «puedes engañar a uno una vez, pero no a todos siempre». Se quedan cortos. Hay individuos, y nuestro presidente es uno de ellos, capaces de engañar a todos, bueno, a casi todos, siempre. Pero a quien no pueden engañar es a la realidad. La realidad es terca, obstinada, cabezota, y no hay quien consiga apartarla de su camino. Si alguien lo intenta, el bofetón que se lleva lo envía a la cuneta. Ha sido el gran error de Zapatero: despreciar la realidad. Creer que era tan manipulable como las ideas, las palabras o las personas. Pensar que basta desear algo para que acontezca. Suele ocurrir a gentes como él, que nunca han tenido problemas mayores, que se lo han encontrado todo hecho, que ni siquiera han tenido que esforzarse para alcanzar las mayores cimas. En su caso, incluso la presidencia del Gobierno. Si tan fácil le había sido llegar a La Moncloa, ¿cómo no iba a pensar que podía llegar a un acuerdo con ETA, a rehacer la estructura territorial de España, a encerrar en un lazareto a la derecha y a empalmar con la Segunda República, saltando por encima de la odiosa dictadura de Franco y la errada Transición? ¿Qué significaba ante tan grandiosos planes una crisis económica, sobre todo para alguien como él, que nunca había tenido esa clase de problemas?

Es aún hoy cuando todavía no acaba de creérselo, aunque esa crisis le haya obligado a anunciar su retirada. Ante media docena de redactores de las publicaciones más famosas de Europa se ha atrevido a decir que se dispone a «explicar en esta campaña (electoral) por qué hemos salido de la crisis». Ese «hemos salido» es impagable. Nos demuestra que Zapatero cree que ya hemos salido de ella. Me imagino a los periodistas de «Der Spiegel» o «Le Monde» abriendo los ojos al oír al presidente de un país con más del 20 por ciento de parados, con las cajas de ahorro sin sanear y las reformas exigidas aún sin hacer, asegurar que ya ha salido de la crisis. Tan fuera de la realidad se encuentra, tal es el mundo feliz en que se mueve.

«Un mundo feliz» era el título de la novela que Aldous Huxley situó en «Utopía», un lugar donde se programaba a los niños para ser felices y disfrutar de la vida. No existía en él arte, ni religión ni amor siquiera, pero sí abundante sexo y diversión. Esa era la España que Zapatero buscaba. Examinen ustedes su labor legislativa y se darán cuenta de que no hay en ella nada serio, sólido, duradero. Ni siquiera aquello de lo que más presume, lo social, y no digamos ya lo económico, en lo que se limitó a seguir la senda que ya existía, sin molestarse siquiera en controlarla. Todo ha sido leve, superficial, efectivista. Todo ha ido orientado hacia la satisfacción del individuo, nada a la sociedad en su conjunto. En este sentido, ha sido el menos socialista, el más conservador de los presidentes que hemos tenido en democracia.

Y el más equivocado, ya que esa agenda no podía conducir más que al desastre. Presiento que la historia va a ser mucho más dura con él que sus contemporáneos, ya que los años de holganza y dispendio de que hemos gozado reblandecen nuestro juicio. Pero la historia no va a perdonarle que cogiese un país que había alcanzado cierto rango en Europa y lo deje en el furgón de cola, más de dividido que nunca. Ese ha sido su mayor error. El primer deber de un gobernante es mantener unido el país, pero una de sus principales ocupaciones ha sido abrir viejas heridas.

Aunque la culpa no es solo suya. Es también nuestra. Todavía en 2004 no lo conocíamos, y el aura de novedad en que venía envuelto pudo engañarnos. Pero en 2008 sabíamos perfectamente quién era. Sabíamos de su adanismo, sectarismo, indigencia intelectual e incapacidad de reconocer errores. Todo un currículum para el desastre en un dirigente. Sin embargo, lo reelegimos en medio de una crisis que ya mordía nuestros bolsillos y trasero. Pero preferimos creerle cuando nos aseguraba que no nos afectaría.

Tampoco los españoles quisimos admitir la realidad.
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ES PERIODISTA

Un zombi anda suelto
Un muerto que se sientaen la presidencia del Consejo de Ministros poseeprivilegios fantásticos
TOMÁS CUESTA ABC 5 Abril 2011

A Zapatero, dicen unos, le ha echado su partido. A Zapatero, según otros, le han temblado las piernas. ¡Quite usted allá, ignorante!, aseguran, muy serios, los finos analistas que saben de qué va esto. A Zapatero, alma de cántaro, le ha puesto firme la parienta. La clave del intríngulis, la cifra y la respuesta, se encuentra —«Cherchez la femme!»— en la esposa canéfora. O sea, que, por lo visto, y aunque cueste creerlo, el problema de España ya no se llama Zapatero. El señor presidente se ha extraído a sí mismo del fondo (de reptiles) de su proverbial chistera y ha vuelto a correr un estúpido velo sobre el agónico paisaje del presente. Al cabo, a la fuerza ahorcan y, mientras no claree, le sale más a cuenta encarnar al Gatopardo que dárselas de aprendiz de Maquiavelo: «Plus ça change, plus c'est la même chose». De tanto en tanto, hay que fingir que todo cambia para lograr que todo siga igual que siempre.

Lo cierto, en cualquier caso, es que ha llegado el martes y seguimos uncidos al mismo yugo que el viernes. Ni las cifras del paro, ni el alza continua de las hipotecas, ni la amenaza letal de un estancamiento con inflación que parece dibujarse ya como la siguiente plaga bíblica, ni la incertidumbre financiera, se han modificado un átomo. ¿Qué es lo que de verdad ha terminado? ¿Puede sensatamente llamarse a esto un fin de partida?

Cambian las ficciones: ese tejido de fantasías que sirve para ocultar la mugre sórdida de la realidad política. Y las palabras bajo las cuales se encubre la desagradable continuidad de los hechos. Rodríguez Zapatero sigue en La Moncloa. Tiene un año por delante. Gozando de la inmensa ventaja que da ser un zombi, de la impunidad que se concede a aquel al cual se declara ya muerto: a un muerto es al único al que no se puede matar. Y, como proclama el clásico, «tenemos que sufrir aún más por causa de los muertos que por causa de los vivos».

Y la verdad es que un muerto que se sienta en la presidencia del consejo de ministros posee privilegios fantásticos. Puede desentenderse el tedioso día a día. Y dedicarse a las grandes cuestiones socialistas, de cuya estofa está hecho el catastrófico infantilismo que nos hundió en estos años. Porque ha sido socialismo, literal y, por ello, desastroso, lo aplicado por Zapatero sobre el laboratorio español hasta llegar al callejón sin salida. La ingeniería social, la loca legislación «de género», el providencialismo que alucina un acuerdo de paz con la ETA… El zombi Zapatero tiene hoy las manos libres, el colmillo afilado y el ánimo resuelto. La Moncloa, que era el infierno de Sonsoles, es ahora el limbo de un genuino «walking dead», del más encopetado de los muertos vivientes.

Sólo una moción de censura a pecho descubierto podría poner coto a tal «delirium tremens». El problema es que la norma constitucional —la misma que viste entuertos y calza desafueros— contempla únicamente la «moción constructiva», esto es, aquella en la que el promotor del desafío está obligado a diagnosticar la enfermedad y a establecer el tratamiento. Y, puesto que a grandes males corresponde aplicar grandes remedios, el líder del PP calla, y por tanto otorga, para no darle cuartelillo al pregonero. «Do you remember Cameron?» Pues eso: pachorra y tiento al tiento.

Informe Goldstone
¿Quién pide perdón a Israel?
GEES Libertad Digital 5 Abril 2011

La famosa comisión "Goldstone" que publicó en septiembre de 2009 su informe sobre la guerra de Gaza de 2008 ni era imparcial ni objetiva, cargaba la responsabilidad de la guerra sobre Israel –y eso que fue la Autoridad Nacional Palestina en su versión de Gaza, la de Hamás, la que comenzó las agresiones– y aceptó las maniobras y ocultaciones de Hamás en la investigación. Eran una comisión y un informe pensados por y para deslegitimar a Israel en la ONU y llevar su caso al Tribunal Penal Internacional. Un escándalo en toda regla del que era responsable su chairman, el juez Goldstonel y las propias Naciones Unidad, que amparaban tan burda maniobra.

Ahora Goldstone se confiesa en un artículo publicado en The Washington Post. Lo hace reconociendo dos cosas. En primer lugar, que Israel –como cualquiera de nuestros países democráticos– colaboró con la hostil comisión, y realizó investigaciones sobre cada suceso sin aclarar. Por el contrario, la Autoridad Nacional Palestina en su versión Hamás –y como cualquiera de los Gobiernos despóticos de la tierra– obstaculizó la investigación, incluida la parte que afecta a las víctimas gaceñas. No hay forma de saber cuántas víctimas civiles costó la guerra, simplemente porque Hamás impidió e impide elaborar listas que no sean las suyas.

En segundo lugar, está el hecho reconocido por Goldstone –por algunos subrayado cuando la comunidad internacional se ponía en la fila de linchar al Estado judío– de que mientras Israel trató de evitar las víctimas civiles, la ANP/Hamás las buscó premeditadamente y con la intención de causar el máximo de muertes de mujeres y niños. Aún se deja el arrepentido Goldstone en el tintero la estrategia de la ANP/Hamás de involucrar conscientemente a su población civil, utilizando escudos humanos en escuelas y hospitales, y el hecho de que Israel se preocupó más de los civiles palestinos que sus propios gobernantes.

Goldstone se confiesa, pero su arrepentimiento ocupa pequeños espacios en los medios que en España se caracterizaron en septiembre de 2009 por la criminalización de los israelíes gracias al informe. El mal ya está hecho. Quizá El País deba hacer más propósito de enmienda que la publicitación de un informe sobre antisemitismo en España que por caridad se olvida del que emana de PRISA, hoy el de mayor trascendencia en nuestro país: "Israel asalta la legalidad internacional en Gaza", "la ONU denuncia crímenes contra lahumanidad en Gaza", "demoledor informe Goldstone" son expresiones suyas a toda página por aquel entonces.

Por parte de la ONU, es de esperar la invalidación inmediata de una comisión fraudulenta desde el principio, y cuyo responsable reconoce ahora que su investigación tiene enormes errores de los que –añadimos nosotros– es culpable el propio Goldstone. Bien está una rectificación a medias, que debiera suponer la retirada del informe. Ahora, por alimentar durante años el antisemitismo con pruebas falsas, ¿quién pide perdón a Israel?
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Indignarse en España
Muchos de quienes aquí celebran el libro de Hessel jamás estuvieron en la Resistencia contra ETA
EDURNE URIARTE ABC 5 Abril 2011

STÉPHANE Hessel, el autor de ¡Indignaos! tiene la legitimidad que le da su valiente lucha en la Resistencia francesa, el respeto que merecen sus décadas de compromiso con los derechos humanos, la admiración que produce su activismo a los 93 años. Esté o no uno de acuerdo con sus motivos para la indignación. Pero conoce poco España e ignora que aquí la Resistencia desde hace casi cuarenta años no es contra los criminales nazis sino contra los criminales etarras, ultranacionalistas y de extrema izquierda. Y que los derechos humanos no son conculcados por un Estado sino por un grupo terrorista.

De ahí que parezca tan feliz con esa secuela elaborada por la izquierda española, Reacciona, con la estela marcada por su libro y con su propia colaboración. Ignorante de lo sangrante que resulta en nuestro país tanta loa a su libro, tantas llamadas a la indignación por la misma izquierda que justifica los nauseabundos acuerdos de nuestro Gobierno con quienes en España persiguen, amenazan y asesinan. Y justamente en el momento en que la realidad de esos acuerdos se ratifica con documentos internos de ETA que no permiten un solo intento más de escapismo o de negación.

Muchos de quienes aquí celebran el libro de Hessel jamás estuvieron en la Resistencia contra ETA. Y no tanto por miedo sino porque no veían motivos para esa Resistencia. Quizá porque pensaban, piensan, como el propio Hessel sobre los terroristas de Hamás, que el terrorismo es inaceptable pero puede ser comprensible. Esa es la raíz de su bochornosa complacencia con las cesiones del Gobierno a ETA. No se trata de que no se crean la «bazofia de ETA». Es que les parece bien que este tipo de totalitarismos asesinos de extrema izquierda merezca la «comprensión» del Gobierno con los acuerdos correspondientes.

De ahí que no se limiten a un recatado silencio sino que vayan más allá y pretendan demonizar a los denunciantes de tal escándalo democrático. En una contraresistencia que los envilece. Con el argumento de que los denunciantes utilizan a ETA para ocupar portadas o que no quieren la derrota de ETA. Lo que en los tiempos de la Resistencia francesa de Hessel habría sido que querían hacer portadas o que no deseaban la derrota del nazismo o que no querían la paz.

Con el final feliz entonces de que triunfó la Resistencia y no el colaboracionismo. Con la incertidumbre ahora de si triunfarán las razones de la Resistencia o el acuerdo con los terroristas. Pues de eso se trata en esta etapa final del terrorismo etarra. De que tal disyuntiva aún no está resuelta. De ahí los motivos para indignarse, en España.

ETA
Sortu por aquí, Bildu por allá
Guillermo Dupuy Libertad Digital 5 Abril 2011

Dicen nuestros compañeros de El Mundo, a cuatro columnas y en titular de portada este lunes, que "Rubalcaba obliga a la policía a trabajar para la campaña del PSOE". Hombre, la verdad es que este Gobierno no es la primera vez que obliga a "trabajar" a la policía en beneficio de sus "campañas" y en algo bastante más sucio que en la elaboración de informes sobre estadísticas de delincuencia que puedan ser utilizadas de manera partidista.

Piénsese, por poner sólo dos ejemplos, en el "trabajo" –incluidas escuchas ilegales– que han tenido que hacer algunos policías –sin contar a la Fiscalía y a un juez imputado por prevaricación– en pro de esa campaña de difamación contra el principal partido de la oposición que constituye la cacería Gürtel. O en el "trabajo" que se tomaron unos policías, posteriormente condenados por ello, deteniendo ilegalmente a dos ancianos militantes del PP, con tal de dar veracidad a una falsa agresión a Bono que favorecía la campaña de desprestigio que el Gobierno lanzó contra las manifestaciones de víctimas del terrorismo.

La cuestión que nos deberíamos plantear ahora es si Rubalcaba, más que a trabajar, obliga a la policía a guardar silencio. Y con ello tampoco me refiero al silencio tan poco novedoso como el que mantienen unos policías responsables de hacer desaparecer restos determinantes para esclarecer el 11-M o al que mantienen los que perpetraron el chivatazo policial a ETA. Al extraño silencio al que me refiero ahora es el que tiene que ver con las pruebas que, desde hace más de un año, la policía puede haber recabado en relación a la conexión de los proetarras con Eusko Alkartasuna. Hace más de un año que la llamada "izquierda abertzale" y los dirigentes de Eusko Alkartasuna califican de "presos políticos" a los terroristas encarcelados, se niegan a condenar a ETA y muestran su disposición a hacer de la escisión del PNV un vientre de alquiler para Batasuna. Hace ya meses que, gracias a la documentación incautada a miembros de Ekin, a la que hace referencia el auto de encarcelamiento dictado por Grande Marlaska, se ha confirmado que ETA ha diseñado la estrategia entre Batasuna y Eusko Alkartasuna para sortear ilegalizaciones de formaciones menos maquilladas como la de Sortu. Hace poco más de un mes La Razón afirmaba que "EA y Batasuna firmaron en secreto su pacto el martes", por el que, en caso de no inscripción de Sortu, se integrarían en sus listas personas poco conocidas de la izquierda abertzale. Vamos, lo mismo que el Gobierno recomendó a ETA con ANV para sortear la ilegalización de Abertzale Socialista Batasuna.

Ahora ese matrimonio de conveniencia entre EA y los batasunos nos presenta públicamente su criatura, Bildu, que hasta El País califica como "la decimocuarta marca electoral de la izquierda abertzale desde la fundación de Herri Batasuna en 1978", mientras la Fiscalía sigue guardando silencio.

Aunque nada más darse a conocer Sortu planteé la posibilidad de que sólo fuera un señuelo, nunca he querido que lo perdiéramos de vista. Tampoco ahora. Los distintos planes de ETA para permanecer en las instituciones no son, por lógica elemental, incompatibles entre sí. Lo único que digo es que a través de Sortu los proetarras ya no se podrán colar salvo que a ese "trabajo sucio" se dedicaran, con inusitada velocidad, los magistrados del Constitucional. En caso contrario, ya sólo lo podrán hacer a través de Bildu. Y para que la pasividad de la Fiscalía ante esta nueva formación proetarra no quede aun más en evidencia, nada mejor que la policía no entorpezca esa infame campaña de blanqueamiento de los proetarras.


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