AGLI

Recortes de Prensa   Martes 26 Abril 2011

 

Tiempo de Berrea
El agotamiento de la política desliza la campaña por una pendiente de simplismo que ofende la inteligencia
IGNACIO CAMACHO ABC 26 Abril 2011

NO hay señales de vida inteligente. A menos de un mes para las elecciones autonómicas y locales aún no se ha oído una sola propuesta relevante de alcance nacional por parte de ninguno de los grandes partidos. Y tampoco es que abunden las locales, sobre todo porque falta dinero para hacer promesas que aunque no se suelen cumplir conviene que al menos resulten verosímiles. Sin fondos, sin imaginación y sin ideas, la campaña va a reducirse al tradicional cruce de insultos mezquinos y acusaciones ramplonas, una berrea que se disputa a base de canutazos mañaneros de los líderes y mediocres consignas divulgadas por smsy correo electrónico. Los dirigentes socialistas y populares se dedican a contar imputados en las listas del bando adversario —pueden porque los hay a manojitos— y a dibujar al rival con trazos de brocha gorda; el argumento más sólido y repetido se reduce a una especie de «vótenos a nosotros que somos un poco menos corruptos que el de enfrente». Como la ley ha prohibido las inauguraciones, nos esperan cuatro semanas de crispación sobreactuada, griterío anodino y frases de laboratorio cuya única finalidad consiste en movilizar al elector para que vote con las tripas.

La fiesta de la democracia que representan unas elecciones ha derivado en un derroche de tiempo, esfuerzo y dinero para estimular a los ciudadanos a votar contra alguien, que parece la única forma de sacudirles el hastío que causa una política abotargada. Los grandes partidos han renunciado a la convicción de las razones propias y se han fijado el objetivo de agitar la vieja pulsión antagonista española. El PP quiere obtener un voto de castigo contra la incompetencia del Gobierno frente a la crisis y el PSOE, situado a la defensiva, no encuentra mejor antídoto que etiquetar a su contendiente con el marbete de la ultraderecha. Cierto es que todas las campañas son territorio de la exageración emotiva, el maniqueísmo y la extremosidad, pero el agotamiento de la política española ha deslizado la confrontación electoral por una cuesta abajo de simplismo hiperbólico que ofende la inteligencia colectiva. Antes los candidatos, siquiera por disimular, decoraban su discurso con alguna oferta minimalista que ya no consideran pertinente porque carece de la facultad de arrancar aplausos a la concurrencia de los mítines.

Lo más triste es que tal vez ese combate espeso y trabado sea la única manera de desperezar a una cierta opinión pública decepcionada y pesimista que descree de soluciones y sólo se mueve por un impulso de hostilidad sectaria. El tiempo de la nobleza política se ha ido quizá para no volver; primero la sustituyó un espectáculo banal de fuegos artificiales retóricos, luego un carrusel de propaganda sin brillo y al final ha acabado degradándose a una sucia refriega de contendientes en medio del barro.

Tres fugas ofensivas
J. A. Gundín La Razón 26 Abril 2011

Averiguar quién tiene la culpa de que Troitiño haya salido de la cárcel por la puerta falsa no es precisamente lo que más inquieta al ciudadano. Lo que de verdad le preocupa es que un asesino de veintidós personas esté en libertad y que los dirigentes políticos, en vez de ponerse de acuerdo para enmendar el error cuanto antes, se hayan enzarzado en una riña de corrala. Y le irrita aún más que el Gobierno todavía no haya declarado la detención del fugado como objetivo urgente. Casos como éste nos avisan de que algo no funciona. Algo serio, de gravedad. Porque no es la primera vez que sucede.

Cuando tres terroristas con decenas de asesinatos a sus espaldas son homenajeados en público y campan a sus anchas es que alguien está haciendo mal las cosas. Muy mal. Entre Troitiño, De Juana y Ternera han cavado casi un centenar de tumbas, pero apenas si han pagado con dos décadas de cárcel. Los tres están en busca y captura, pero parece que todas las policías de Europa son incapaces de dar con ellos y devolverlos a la Justicia. Soprendente. Pero, sobre todo, indignante.

La pervivencia de un Estado democrático como el nuestro, aún joven y maltratado por las patadas tobilleras de los separatistas, depende en gran medida de cómo se ponga fin a medio siglo de chantaje terrorista, si venciéndolo con las armas de la Ley o pactando un armisticio con los pistoleros. Porque si la derrota de ETA no es clara e incuestionable, habrá sido inútil soportar tantos años de barbarie sin ceder ni desistir.

Cualquier concesión a los terroristas, por levísima que fuera, sería tanto como darles la razón, como legitimar su existencia y aceptar que el terrorismo también es eficaz para lograr objetivos políticos. La derrota de ETA no es una exigencia vana o un primitivo deseo de venganza, sino un imperativo ético con el cual se reafirma la superioridad del sistema democrático sobre los terroristas. Sin embargo, esa derrota nunca llegará si sus cabecillas salen de la cárcel como héroes y son puestos como ejemplo para los jóvenes vascos. Mientras Troitiño, De Juana y Ternera sigan en libertad, la actitud responsable de los demócratas no es sacarse los ojos unos a otros, sino darse prisa y maña para detenerlos, llevarlos ante el juez y que cumplan hasta el último minuto de condena. Esto no es negociable.

Terroristas a la calle
Víctimas humilladas, ciudadanos escandalizados, terroristas sin arrepentimiento y legitimados, políticos inhibidos y jueces cuyo papel es ser pararrayos de todas las iras.
José Luis Requero La Razón 26 Abril 2011

Al abolirse la pena capital y no existir la cadena perpetua, el terrorista sale, y los años de cárcel, por muchos que sean, nos parecen pocos. Durante décadas hemos ido tirando con el Código Penal de 1973, heredero de la España de los crímenes de la calle Fuencarral, del Jaro o de Jarabo. Con ese Código se ha condenado a los peores terroristas, pero se quedó corto ante el terrorismo o el crimen organizado y el legislador tardó en reaccionar. Ante el escándalo de una excarcelación, fruto de un sistema penal benigno, los tribunales han suplido la pasividad del legislador.

El escándalo lleva a forzar las cosas. Así, ante la inminente salida de Parot, el Tribunal Supremo estableció en 2006 que los beneficios penales descuentan años del total de pena impuesto (centenares, miles), pero no del máximo real, entonces treinta años. Esa doctrina está cogida con alfileres y depende de que el Tribunal Constitucional confirme su aplicación a delitos juzgados y condenados con el anterior Código Penal. De Juana Chaos cumplió la condena, pero su salida y sus aires chulescos escandalizaron, por lo que se forzó su vuelta a la cárcel promoviéndose una nueva causa por hechos antiguos y conocidos que se habían dejado pasar. Caso distinto es el de Troitiño. Aunque se le liberó, según los criterios del Tribunal Constitucional, para abonar los años de prisión provisional, su libertad escandaliza. Para complicar las cosas, se le libera cuando se sabe –o debería saberse– que unas semanas antes el Supremo ha reconducido esos criterios a la doctrina Parot, por lo que debería estar siete años más preso.

En la lucha antiterrorista se ha descuidado el cumplimiento de penas. Será a partir de 2003, y se completará en 2010 –es decir, treinta y cuatro años después del primer atentado etarra–, cuando se instauren reglas para el cumplimiento efectivo de penas. Hasta entonces, la gran noticia –y la medalla– era la desarticulación del comando; lo que ocurriese veintitantos o treinta años después no preocupaba. Y como dice el tango, veinte –o más– años no es nada, pasan volando, los peores terroristas salen y viene la reacción: la opinión pública pide más años, los jueces tienen que acallar las voces supliendo las carencias de la ley y la clase política se inhibe y evita un debate sobre la cadena perpetua. Para complicar las cosas, aparecen noticias de negociaciones, chivatazos y de negociadores que ofertaron a la banda desactivar esos criterios judiciales.

El Estado demostró su fuerza al perseguir y encarcelar al terrorista. Esa fuerza se ejercitó en un sentido, pero intuyo que en las décadas en las que ha tenido al terrorista bajo su control no la ha ejercido en otro. Es persona y, por cruel que haya sido, toda persona está por encima de sus obras. Hay una fuerza legítima para encarcelar, pero hay otra –quizás inédita– para tirar de esas personas hacia arriba. Intuyo que en esos años, el terrorista sólo ha recibido desde su mundo mensajes de apoyo y comprensión, se le ha justificado el mal que ha hecho, se le ha presentado la cárcel como un acto de violencia y no el justo castigo por sus crímenes.
Quizás su excarcelación sería más soportable para las víctimas, y para el resto de los ciudadanos –aun sin doctrina Parot–, si hubiera ido precedida por años en los que el Estado no se hubiera limitado a dejarlo aparcado en la cárcel a merced de una organización con hechuras de secta, sin otro futuro al salir que acogerse a su amparo. Como sería soportable una negociación, incluso tácticas policiales de espera y observación, pero siempre desde la autoridad del Estado, la exigencia de reparación, el derecho de todos –no sólo de las víctimas– a que se haga justicia y desde la certeza de que el terrorismo no ha logrado ninguno de sus objetivos.

Aunque se arañen unos años más de prisión, no se compensa el dolor de las víctimas y sus familias. Ese daño absoluto sufrido –la muerte de un ser querido– quizá sólo se satisfaría con un castigo absoluto: la muerte o la pérdida perpetua de libertad, pero no devolvería las cosas al momento anterior a la agresión. Y aunque ahora se haga mucho cálculo escandalizado –tantos años o meses de cárcel por asesinato– ni la pena capital o la perpetua satisfacen ese deseo de compensación: vida sólo hay una, por lo que impuestas esas penas por un asesinato, los otros siempre saldrían gratis.

Este panorama de años de dejadez en lo legal, de aparcamiento de terroristas en la cárcel, hace más hiriente la excarcelación. Los remedios de urgencia son para salir del paso y acallar a victimas y ciudadanos, pero logran que el terrorista y su mundo se vean como víctimas de la arbitrariedad, lo que legitima su lucha, y hace que su retorno a casa sea una victoria y todo se mezcla con la sospecha de una negociación de ignoradas intenciones. Caemos así en un círculo terrible: víctimas humilladas, ciudadanos escandalizados, terroristas sin arrepentimiento y legitimados, políticos inhibidos y jueces cuyo papel es ser los pararrayos de todas las iras.

Troitiño, liberado por error sin querer queriendo.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 26 Abril 2011

Tenemos a unos señores jueces con larga experiencia en la Audiencia Nacional, saben que lo redondo no es cuadrado y hasta que un auto no es un automóvil, y eso es saber mucho. Sin embargo, como personas que son seres humanos cargados de las idiosincrasias propias de todo espécimen de la especie animal Homo Sapiens se equivocan, sin querer queriendo pero cometen errores.

Que hay que liberar a un etarra, asesino múltiple y sanguinario, pues van y se preparan el auto, lo revisan todo con máximo detalle, analizan los antecedentes, se curran todo lo dicho por el Supremo y el Constitucional y que afecta al caso, se ponen a hacer cuentas del tipo seis mas siete son quince y se llevan dos medallas al mérito, y ahí está, se produce un error comprensible, lógico y sin mala intención gracias al cual mandan de vacaciones a Venezuela al súper cabrón asesino Troitiño. Un lamentable error.

Luego buscan excusas y explicaciones para su error cometido sin querer queriendo. Dicen que días después de soltar al etarra el Supremo dicta una sentencia que cambia la forma de calcular los años a pasar en la cárcel los asesinos múltiples, pero se olvidan que había sentencias anteriores a su disposición, también del Supremo, que deberían haber tenido en cuenta, pero ese día estaban de vacaciones, cachis en la mar.

Pero bueno, se dan cuenta del error y como personas humanas con ganas de arreglar entuertos propios decretan la busca y captura del asesino que liberaron por error sin querer queriendo. Pero de nuevo hace aparición el error, algo que le puede pasar a cualquiera, dicen que ese pedazo hijo de perra solo ha cometido el delito de colaboración con banda armada, hay que joerse. Pero bueno, solo es otro error sin querer queriendo.

Incluyo el primer párrafo de un grandioso artículo de El País que lo explica todo y titulan “El juez Guevara ordenó detener a Troitiño solo por colaborar con ETA”

“Los errores cometidos por la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional en su análisis de la situación penitenciaria del etarra Antonio Troitiño no se limitaron a su liberación anticipada al aplicar un criterio opuesto al aprobado por el pleno de la Sala de lo Penal hace más de un año. El sainete judicial no terminó con la decisión del los magistrados de desdecirse de su anterior resolución solo seis días después y ordenar infructuosamente su busca y captura nacional e internacional. La orden europea de detención enviada por la Audiencia el pasado martes contenía fallos en cuanto a las condenas del exmiembro del comando Madrid. Cuando Francia pidió aclaraciones, el tribunal presidido por Alfonso Guevara atribuyó al etarra solo un delito de colaboración con organización terrorista. Obvió que Troitiño está condenado a cientos de años por 22 asesinatos.”

Errar es humano, y estos jueces de la Audiencia Nacional son…… son una mierda de jueces. Si un arquitecto comete un error y se le cae un edificio va a chirona, si un médico comete un error y corta la pierna que no es, es empurado. Pero si un juez suelta a un asesino múltiple que puede volver a asesinar no pasa nada porque errar es de jueces.

Pero qué cosas pide Rubalcaba a los jueces, si es que por narices tienen que cometer errores.

El rompecabezas libio
«Occidente olvidó tres cosas: que Libia no es Túnez ni Egipto. Que las guerras no se ganan desde el aire, por más que se domine. Y que sin una estrategia clara, unos objetivos precisos y un mando conjunto es difícil alcanzar la victoria»
POR JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC 26 Abril 2011

CUANDO se contempla la situación de Libia al cumplirse un mes de la intervención militar occidental, se comprueba que las buenas intenciones no bastan para ganar una guerra. Sobre todo, si no se ha sopesado las peculiaridades del conflicto, las consecuencias de la intervención y la estrategia a seguir. Estamos siendo testigos de lo que advirtió uno de los mejores estudiosos de los llamados «conflictos humanitarios», el profesor Gary J. Bass, de la Universidad de Princeton: «Este tipo de conflictos tienden a convertirse en guerras civiles, exigiendo una intervención externa cada vez mayor».

Que Gadafi es uno de los dictadores más sanguinarios, astutos y sin escrúpulos de nuestro tiempo lo sabíamos por habernos dado amplias muestras de ello. Pero una Europa reconcomida por la mala conciencia de su colaboración con él y unos Estados Unidos que no pueden apearse de su papel de paladín de la democracia se han embarcado en una aventura sin tener en cuenta, primero, que mientras en Túnez y Egipto había un ejército que podía servir de armazón a una incipiente sociedad civil mientras se echaba al sátrapa, en Libia sólo hay tribus y Gadafi, que controla buena parte de ellas. Segundo, que las guerras no se ganan desde el aire, por más dominio que se tenga de él. La victoria sólo llega por tierra, haciendo retroceder al enemigo hasta aniquilarle o rendirle. Cualquier otra cosa conduce a lo que estamos viendo en aquel frente de batalla: avances y retiradas por días o incluso horas de las fuerzas de Gadafi y de los rebeldes, según la intensidad de los bombardeos aliados, pero sin que ningún bando logre imponerse. Algo que conduce al empantanamiento, como ha reconocido el propio jefe del Estado Mayor norteamericano, almirante Mike Mullen. Por último, al no haberse establecido desde el principio una estrategia clara, unos objetivos precisos y un mando conjunto, la operación está creando tantos problemas como resuelve, a los aliados y a los insurgentes, que a veces se sienten apoyados, y a veces, abandonados. Incluso el reciente levantamiento del cerco de Misrata se sospecha sea una trampa: Gadafi retira sus tropas para que sean las tribus leales las que se encarguen del asalto. Todo un problema para el mando aliado: ¿las bombardea o no?

En su reciente intervención en el Congreso, la ministra Chacón ofreció el mejor ejemplo de la jerigonza estratégica en que se halla metida la alianza. «Nuestros militares no están en Libia para echar a Gadafi, sino para defender a los civiles libios de Gadafi», dijo. Para añadir: «Pero junto a ese objetivo militar hay otro político, que no podrá alcanzarse hasta que Gadafi deje el poder». Eso sí que es atar moscas por el rabo. Pero no vayan a creer que está sola en tales malabarismo verbales. Es lo que vienen diciendo y haciendo los líderes de la coalición desde que decidieron intervenir bajo un mandato de la ONU que les autorizaba a establecer una zona libre de vuelos para defender al pueblo libio de los ataques de su gobierno, pero no para derribar a éste. Un poco complicadillo, ¿verdad? Posiblemente creyeron que Gadafi saldría corriendo ante el empuje de sus masas, como habían hecho Mubarak y Ben Ali, más, comenzando a caer bombas occidentales. Se equivocaron en dos cosas: ni el empuje del pueblo libio fue tan grande, al hallarse dividido respecto a su dictador, ni los bombardeos son cosa nueva para Gadafi. Ya Reagan intentó matarle, tras los atentados terroristas de Lockerbie y Berlín, y estuvo a punto de conseguirlo, pero logró escapar con la táctica favorita de los dictadores, practicada también por Castro: dormir cada día en un lugar distinto, que no conoce nadie más que él.

En tales condiciones, ¿qué hacemos? «Las guerras, incluso las justas, sólo son populares durante los primeros 30 días», es el refrán que corre por Washington estos días. Con el corolario, «y otra guerra en el mundo musulmán lo necesitamos aún menos que un balazo en la cabeza, con unas opiniones públicas impacientes y una crisis económica que no cesa. La salida más a mano es escalar la intervención. Ingleses y franceses se disponen a despachar «instructores» terrestres, que pongan orden en las fuerzas rebeldes, que combaten con tanta bravura como anarquía. Pero sólo citar esa palabra produce escalofríos. Con el despacho de «instructores» comenzó la pesadilla de Vietnam. Por lo que Washington prefiere no correr riesgos, reforzando su intervención con aviones no tripulados, sin temor a que los misiles de hombro enemigos puedan derribar algún aparato y dejar prisionero a su piloto. Pero el dilema sigue siendo el mismo: las guerras no se ganan desde el aire y el despacho de tropas suele desembocar en conflictos largos, costosos, sangrientos e inciertos. Si se consigue salir de ellos con un mínimo de muertos y el honor más o menos intacto, puede darse uno por contento. Aparte de una factura de miles de millones de dólares, que nunca falta. Es por lo que hoy por hoy la alianza apuesta a la guerra de desgaste: acabar con los arsenales de Gadafi a base de bombardeos, congelar su dinero en las cuentas extranjeras y esperar a que su ejército se quede sin balas y sin paga, obligándole a huir. Pero, un pero muy grande, incluso si se consiguiera derrotar al ejército de Gadafi, no hay garantía de que no montase una guerra de guerrillas con sus leales, que convertiría Libia en otra Somalia, con el país partido por la mitad, la zona costera protegida por occidente y el interior dominado por Gadafi y sus secuaces, acosando aquí y allá a quienes no serían ya sus compatriotas sino sus enemigos a muerte. Una perspectiva nada agradable para los libios ni para occidente.

Por no hablar de los efectos colaterales, el del petróleo en primer lugar. Un país en guerra no es el más apropiado para seguir explotando y exportando su petróleo, elemento inflamable, fácil de boicotear. No es que Libia se cuente entre los primeros productores del mundo, pero es uno de los importantes para Europa. Y si ya hemos visto aumentar el precio del barril de crudo en 20 dólares, el cierre definitivo de esos pozos lo haría subir aún más. Justo lo que necesitamos en un momento en que la crisis económica sigue sin doblar la cerviz.

Nada de extraño que, de forma creciente, todo el mundo empiece a decir que «lo de Libia tiene que resolverse a través de negociaciones». Lo malo es que una vez que han empezado a hablar las armas es muy difícil hablar con palabras. Más, cuando ambos contendientes rechazan todo compromiso y el oeste ha hecho cuestión de honor que Gadafi y su familia dejen el poder. Algo que Gadafi y su familia no tienen la menor intención de hacer, una vez que han resistido la primera embestida no sólo de sus opositores, sino también occidental.

El drama humano que está ocurriendo en Libia —como comprobamos cada día por las imágenes que desde allí nos llegan— sobrepasa ya la tragedia que intentaba evitarse. Y va a ser necesario bastante más que un Napoleón de bolsillo, como Sarkozy, un Churchill recién salido del cascarón, como Cameron, y un presidente USA con todavía 100.000 soldados en Afganistán y 47.000 en Irak, que viene dando a entender «éste es un asunto más europeo que americano». Es decir, que aún no está claro quién ni cómo ni cuándo va a desalojarse del poder a ese «perro loco de África», como llamó en su día Reagan a Gadafi. Loco, puede ser; tonto, ni un pelo.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL ES PERIODISTA

Guerra contra el pueblo propio
HERMANN TERTSCH ABC 26 Abril 2011

EL hijo de Gadafi, el «espada del Islam», niño de la London School of Economics, lo anunció en televisión, hará dos meses. Dijo que aún tenían todos los libios oportunidad de evitar lo peor, obedeciendo la llamada al orden. Los que no lo hicieran serían aplastados como las ratas y cucarachas que son, sin clemencia ni piedad. Quien no obedeciera en aquel momento declaraba la guerra al poder y éste iría a la guerra con todos los medios para ganarla. Fue una de las más terribles puestas en escena de la tremenda secuencia de sucesos e imágenes absolutamente inimaginables que hemos visto desde diciembre, cuando estalló esta gran insurrección emancipadora que no sabemos a dónde nos lleva pero que ya ha herido de muerte a casi todas las dictaduras árabes. ¿Recuerdan? Todo comenzó con un joven vendedor de hortalizas tunecino que, harto de los abusos de la autoridad, se prendió fuego en la plaza pública. Una nimiedad en una región donde las víctimas del terror oficial desaparecen o sucumben desde siempre en silencio. Pues desde aquel día ya no. Fue hace sólo cinco meses y da vértigo repasar todo lo acontecido desde entonces.

El mapa político está ya patas arriba y nadie puede predecir cómo será dentro de un año o seis meses. Sí sabemos que desde entonces las dictaduras amenazadas tienen dos formas de reaccionar sin que hasta ahora ninguna haya podido garantizarles la supervivencia. Ben Alí se fue con el botín sin ofrecer casi resistencia. Mubarak se resistió algo más pero no quiso o no pudo ordenar a su ejército disparar contra el pueblo. El presidente Saleh en Yemen intentó la represión total pero ya ha asumido su derrocamiento y sólo negocia la impunidad para sus desmanes. Gadafi, sin embargo, no dudó en cruzar la línea roja. Desde muy pronto utilizó al ejército y hasta los aviones de combate para disparar contra su pueblo. Ha logrado prolongar la guerra pero nadie duda de que, tarde o temprano, acabará derrocado. Lo que no sabemos es cuántas vidas se llevará antes por delante.

Ahora es Siria el escenario del principio de una guerra feroz del régimen personal del dictador Assad contra su pueblo. Hasta ahora habíamos visto la habitual represión brutal de la policía en un intento de reinstaurar el orden. Desde el domingo asistimos a la primera gran batalla de una guerra de Assad contra el pueblo. Lo sucedido ayer en la ciudad de Deraa lo demuestra. Ha llegado el ejército con tanques y con orden de matar. Y el ejército aún obedece.

Esta operación criminal de exterminio tiene un precedente. El padre del presidente, Hafez el Assad, aplastó una revuelta sunni en 1982 en la ciudad de Hama. Mató a entre veinte y cuarenta mil civiles en una operación de tierra quemada y escarmiento en la que no hubo clemencia para nadie. Pero eran otros tiempos. Su hijo puede igualar o superar la matanza del padre pero no conseguirá reimplantar el imperio de su ley. Ya tendría que elevar tanto la cota del terror que su ejército se quebraría. Sus soldados son parte del pueblo a exterminar.

Nadie sabe cuánto tardarán en volver sus armas. Hay indicios de que ya se da, con noticias de ejecuciones de soldados insumisos. Y las dimisiones en el parlamento revelan fisuras en el régimen más monolítico posible. Hace cinco semanas los sirios aún pedían reformas. Hoy, centenares de muertos después, reclaman la cabeza del presidente. Y todo hace pensar que la tendrán. Muchos en Occidente tienen dudas sobre los rebeldes en estos levantamientos. Yo creo que en una guerra así, debiera estar claro con quien se debe estar.

Siria
¡Bombardead Damasco!
GEES Libertad Digital 26 Abril 2011

En todo conflicto, saber quiénes son los amigos y quiénes los enemigos es de una importancia capital. Estados Unidos y sus aliados de la OTAN parecen incapaces de trazar una línea divisoria entre unos y otros. Y así les va. Mientras andan enzarzados en una guerra absurda contra Gadafi, el régimen dictatorial y brutal de los Assad en Siria se ve puesto en cuestión por manifestantes pacíficos por primera vez en cuarenta años. ¿Y cuál es la reacción de nuestros preclaros líderes? Tomar nota de lo que sucede y pedir que el régimen cese en el uso de la violencia. Mientras que contra Gadafi se moviliza la Alianza Atlántica y los americanos vuelan sus aviones no tripulados para forzar un cambio de régimen, el pueblo sirio sólo recibe un tibio telegrama.

Y, sin embargo, la importancia estratégica de un cambio de régimen en Siria es mucho mayor que en Libia. Para empezar, poner fin a los días de Assad significaría poner fin al intervencionismo sirio en el Líbano, un país acosado directamente por sus agentes y por las fuerzas de Hizbollá a su servicio. De hecho, sin Siria que les ayudara, Hizbollá decaería en poder y Líbano podría retomar de nuevo el rumbo de la libertad, alejándose del islamismo radical.

En segundo lugar, acabar con Assad representaría un duro golpe a los intereses y ambiciones iraníes. Siria es su mejor y único aliado (con la exótica excepción de la Venezuela de Chávez). Le sirve de apoyo político pero, sobre todo, como instrumento de alcance del levante en sus aspectos logísticos y en su diseño político. Sin Siria, mantener armados a los terroristas de Hizbollá, por ejemplo, sería mucho más complicado. Como pasaría también con Hamás y otros grupos radicales en Gaza.

Por último, acabar con Assad representaría un duro golpe contra la proliferación nuclear. Siria se ha visto involucrada en el desarrollo de instalaciones nucleares cuyo origen técnico venía de Corea del Norte y el financiero de Irán. Es más, se sospecha fuertemente que Siria podría estar dando apoyo a la dispersión de las instalaciones relacionadas con el programa atómico iraní, en un intento de preservarlo frente a una posible acción militar israelí.

Ah, y hay otra razón nada desdeñable: a diferencia de Libia donde los rebeldes son unos perfectos desconocidos, la oposición siria sí que sabemos quiénes son y dónde está cada uno.

Todo llevaría a pensar que si de verdad se quiere que la llama de la primavera árabe prospere, los esfuerzos deberían concentrarse en forzar la caída del régimen de Damasco. Pero hasta el momento, y a pesar de las semanas de protestas y la represión feroz orquestada por Basher el Assad, Occidente no está haciendo nada. Como dice un disidente sirio: "Menos que cero".
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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Proteger a ETA o a los españoles
Editorial www.gaceta.es 26 Abril 2011

Más debería sorprendernos, sin embargo, que el Gobierno de España, el responsable último de velar por la seguridad de todos los ciudadanos y por defender el Estado de derecho, se niegue, con todo tipo de argucias y mentiras, a aplicar la ley para evitar que ETA consiga su objetivo.

Batasuna –es decir, ETA– recibe de las instituciones –es decir, de los bolsillos de todos los contribuyentes– más de dos millones de euros al año; dinero que sin descanso ha venido utilizando para asesinar españoles. A esa escandalosa cifra, hay que sumar el acceso a la vital información que le proporcionan los censos municipales o toda la labor propagandística que efectúa desde la Administración local. No es de extrañar, pues, que la banda terrorista se resista como serpiente acorralada a desprenderse del poder que, ilegalmente, le confieren los consistorios vascos y navarros.

Más debería sorprendernos, sin embargo, que el Gobierno de España, el responsable último de velar por la seguridad de todos los ciudadanos y por defender el Estado de derecho, se niegue, con todo tipo de argucias y mentiras, a aplicar la ley para evitar que ETA consiga su objetivo. Al cabo, el problema no es que los terroristas estén con Sortu y Bildu reproduciendo al milímetro la estratagema que ya llevaron a cabo en 2007 con ASB y ANV; el problema es que el Gobierno también está copiando toda la escenificación que ya tuvo que desplegar en 2007 para conseguir que la banda criminal se presentara a las elecciones. Quizá por ello, según palabras de María Dolores de Cospedal, el PP pidió ayer formalmente al Gobierno que impugne la candidatura de la coalición Bildu ante el Tribunal Supremo, y no sólo cada una de sus listas. Varios líderes del PP están denunciando que la actitud del Gobierno –cruzando algunas líneas rojas– pone en peligro el futuro del Pacto Antiterrorista.

Sin embargo, la actitud de ETA está muy clara: si no tiene reparos morales para matar, tampoco los tendrá para mentir. Lo que le interesa no es tanto colocar a su entorno más directo en las listas, sino que Bildu siga nutriendo sus arcas. Por eso, que las candidaturas de Bildu estén menos contaminadas que las de ANV o Sortu no debería ser relevante salvo a efectos probatorios: de lo que se trata no es de blanquear las listas de un apéndice de ETA, sino de impedir que ese apéndice se aproveche de las instituciones.

Y, en este sentido, los informes policiales lo tienen claro: Bildu es el instrumento con el que Batasuna quiere presentarse a las elecciones municipales. El hecho de que sea una coalición integrada por otras dos formaciones políticas legales –Eusko Alkartasuna y Alternatiba– no modifica un ápice su naturaleza: es más, como ha repetido hasta la saciedad el ex ministro del Interior Ángel Acebes, el artículo 12.1.b de la Ley de Partidos está pensado precisamente para ilegalizar coaliciones formadas por al menos un partido ya ilegalizado; en este caso, Batasuna.

Lo que realmente falta no son las conexiones entre Bildu y ETA, sino la voluntad política para impulsar el proceso judicial que abra la puerta, no a la impugnación de ciertas candidaturas como sucedió con ANV, sino a la ilegalización total de la formación política. Si bien es el Tribunal Supremo el órgano encargado de resolver la demanda de ilegalización de Bildu, son la Fiscalía y la Abogacía general del Estado –dos órganos dependientes directamente del Gobierno– quienes poseen el monopolio para presentar esa demanda. El Ejecutivo es el único que puede decidir iniciar el proceso de ilegalización de Bildu, por mucho que Rubalcaba, como viene siendo habitual en él, mienta al afirmar que todo el proceso le corresponde a los tribunales o que no puede ilegalizarse a una coalición.

Por desgracia, todo parece indicar que el Gobierno, como ya hiciera durante el proceso de rendición de 2007, optará por proteger a ETA antes que a los españoles.

Bildu es obra de ETA
El Editorial La Razón 26 Abril 2011

Con la proclamación de las candidaturas a las elecciones locales y forales, arranca una semana decisiva para conocer las posibilidades de que ETA se cuele en las instituciones. Frustrada la opción de Sortu, el plan B de Batasuna, Bildu, aparece como una amenaza que debe ser contestada por el Estado de Derecho. Hay tiempo y herramientas incluso para impugnar las candidaturas durante la campaña electoral y habría de plazo hasta justo antes de que comenzase la jornada de reflexión después de la reciente reforma de la Ley Electoral, pero extremar tanto los tiempos, aunque sea legal, no resulta conveniente y tampoco necesario. Que se regale espacio para que la nueva marca proetarra tome oxígeno y crezca supone un error que no se debe cometer. Sobre todo cuando se cuenta con un caudal probatorio contrastado que demuestra que Bildu es una criatura de la banda terrorista para lograr el objetivo de estar presente en las instituciones.

LA RAZÓN ha informado desde el 18 de febrero de que el plan B de Batasuna era concurrir en las listas de Eusko Alkartasuna, según el acuerdo entre ambas formaciones que contaba con el beneplácito de ETA. De hecho, los compromisos con EA aparecían en los documentos que ETA trasladó a Batasuna a través de EKIN (su comisariado político), y en los que incluso se denominaba «compañero de viaje» a EA.

El informe de la Policía Nacional y el de la Guardia Civil, que hoy publicamos, confirman, basados en documentos intervenidos a ETA, que la banda ordenó a Batasuna crear esa coalición independentista en el marco de la estrategia «Proceso democrático». El desarrollo de ese plan llevó a que Batasuna alcanzara pactos con EA y con Alternatiba. Por tanto, es evidente que Batasuna no sólo participa en Bildu, sino que fue su instrumento dinamizador.

La Fiscalía y la Abogacía del Estado disponen de una base más que sólida para actuar ya contra Bildu. En principio, el criterio manejado por el Ministerio Público sería impugnar la candidatura de Bildu a las elecciones y no sólo las listas. Estamos de acuerdo. La pésima experiencia de ANV, que permitió su presencia en un buen número de municipios, no puede repetirse. Aquello constituyó una ofensa a las víctimas y una victoria para ETA y sus secuaces. Actuar contra las listas de forma individual limitaría los filtros y proporcionaría opciones a Bildu para conseguir sus objetivos.

No hay razones jurídicas para apostar por decisiones dubitativas, sino para todo lo contrario. Hay suficiente carga inculpatoria para que el proyecto de Bildu fracase y, con él, la última estratagema de ETA para burlar la Ley. Que los terroristas se mantengan fuera de las instituciones fortalecerá la democracia. ETA ha tutelado todo este proceso y ETA no está derrotada ni se siente vencida, como han atestiguado los comunicados de los últimos días. El final de la banda terrorista debe ser el objetivo prioritario de los demócratas. Por eso, sería conveniente que los dos grandes partidos evitaran que la lucha antiterrorista formara parte de la trifulca electoral. En este punto, los últimos días no han sido precisamente ejemplares y cabe esperar que se imponga el sentido de la responsabilidad.

Mucho ruido y pocos jueces
Javier Quero www.gaceta.es 26 Abril 2011

La Audiencia Nacional se ha convertido en Anuencia Necional. Mal síntoma que busquen justificación en lugar de Justicia.

Decir hoy que hay jueces que aplican la redención de pena de un asesino es casi como afirmar que hay jueces que aplican de pena la redención de un asesino. Asegurar que las decisiones de ciertos magistrados son una locura, equivale a sentenciar que la Justicia ha perdido el juicio. La Audiencia Nacional se ha convertido en Anuencia Necional. El sindicato Manos Limpias pone en duda la actuación de señorías sin señorío. Más que de manos limpias, en la liberación del asesino Troitiño sólo cabe hablar de manos sucias o de manos tontas. El error de un magistrado puede ser un fallo magistral, pues hay jueces que conducen autos que sólo provocan atropellos. Decía ayer un subtítulo de LA GACETA que ETA “justifica la autoría del tiroteo al gendarme francés por el hostigamiento policial”. En realidad, la autoría se reivindica y la acción se justifica. De intentos de justificación estamos teniendo en estos días unas cuantas raciones. Es un mal síntoma que los jueces busquen justificación en lugar de Justicia.

Otra tanda de justificaciones proviene del PP, que ahora dice Bildu, donde antes decía Sortu, como quien dijo digo donde antes decía Diego. En Génova se imponen los dolores, pero no de Cospedal sino de cabeza. Parecen ser dos las líneas de los populares, la dura y la blanda, y así pasa, que al PP sólo se le entiende si se le lee entre líneas.
Decía ayer este periódico que hay políticos que son como niños. En realidad las actitudes entre ambos son muy parecidas, si no fuera por algo que les diferencia notablemente: el precio de los juguetes. En el PSOE están entregados al objetivo de que el PP no gane las elecciones y en el PP esperan que el PSOE las pierda.

Es ciertamente como un juego infantil en el que con gusto no se escatiman gastos ni gestos. En este punto de la partida entre partidos no mandan los ideales ni los afiliados ni el interés general... Ahora sólo mandan las encuestas.

Y como bien es sabido, el que con políticos se encuesta, cagadito se levanta. Nuestros votos son los ríos que van a dar la urna, que es el morir. No es que lo dijera Manrique, un hombre célebre por irse de coplas, sino porque esta partitocracia nuestra ha encumbrado un lema distanciado de la verdadera democracia: Urna, grande y libre. Hemos creado un sistema en el que no es que valga todo, es que todo vale algo. O sea, todo tiene un precio. Incluso la inclusión de listas en las que la sangre de las víctimas tiñe las ideas de rojo.

El PP deja en evidencia a Rubalcaba y exige la impugnación de todas las candidaturas de Bildu
Los populares pidieron ayer al Gobierno que actúe contra la coalición tras los informes policiales. No hay respuesta. Alertan a LA GACETA de que Zapatero romperá los pactos Antiterrorista y Vasco si no lo hace.
Miguel Gil. Corresponsal político www.gaceta.es 26 Abril 2011

La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, anunció ayer en rueda de prensa que su formación había solicitado al Gobierno esa misma mañana que se impugnaran todas las candidaturas de Bildu por ser instrumento de ETA en lugar de hacerlo lista por lista, aludiendo a las posibles contaminaciones. Lo hacen, esgrimió, tras conocer el informe policial que ya obra en poder del Gobierno, la Abogacía y la Fiscalía General del Estado. El mismo concluye que esta coalición fue creada por orden de ETA, que mandó alentarla a los representantes de su ilegalizado brazo político siguiendo el patrón de Euskal Herria Bai en el País Vasco francés. También obra en poder del Ejecutivo el documento interno de Bildu Herriko Akordia, en el que se establece un reparto de las listas en función de los resultados electorales de años anteriores, incluidos los de Batasuna (probando su vinculación con los representantes políticos de los terroristas).

Así, tal y como concluyó la Policía basándose en documentos internos de la banda, los presuntos independientes incardinados en esta coalición –formada a su vez por Eusko Alkartasuna y Alternatiba (ambas legales)–, son designados por el brazo político de ETA pese a ser presuntos “independientes de la izquierda abertzale” que no estarían formalmente “contaminados”. Según el texto, ETA es la que está detrás de Bildu apoyándose en documentos de la propia banda.

El Gobierno “romperá el Pacto Antiterrorista y el acuerdo por el cambio en el País Vasco” entre populares y socialistas si no atiende esta demanda para “que se haga todo lo que sea legalmente necesario para impedir la vuelta de ETA a las instituciones. Todo lo que sea necesario”, reiteraron ayer a LA GACETA fuentes de la dirección del Partido Popular que situaban entre estos esfuerzos la impugnación del conjunto de las listas de Bildu. Cospedal, por su parte, evitó “precipitar acontecimientos” y tan sólo avanzó que “actuaremos como consideremos conveniente” si no atienden su demanda.

Sin embargo, las palabras de Cospedal dieron lugar a la confusión, ya que de ellas cabía entender que el PP también había exigido la impugnación e ilegalización de Bildu como tal, además de la impugnación de todas sus listas. La secretaria general, de hecho, llegó a señalar que se había pedido “impugnar Bildu además de las listas de la propia candidatura” (las palabras que dieron lugar a los malentendidos).

Desde la dirección del PP matizaban por la tarde las palabras de Cospedal asegurando que la secretaria general apelaba a la impugnación de Bildu porque al hacerlo con todas y cada una de sus listas –basándose en el informe aludido que prueba que sería instrumento de ETA–, la coalición se impugnaba también de hecho... Un matiz notable y desconcertante, más tras las declaraciones de los ex ministros del Interior Ángel Acebes y Jaime Mayor Oreja, además del ex presidente José María Aznar (los tres favorables a impugnar la coalición en sí, algo que debe hacerse mediante la Ley de Partidos).

En el PP destacaban que la novedad acordada en el Comité de Dirección –y trasladada al Gobierno en el marco de una reunión sobre la recién reformada Ley Electoral–, estribaba en el modo de impugnar todas las listas de Bildu. Si hace poco más de una semana Federico Trillo trasladó que había acordado con el vicepresidente primero, Pérez Rubalcaba, impugnar “todas las candidaturas” (algo que ponían en duda en privado muy destacadas voces del PP) se hacía mientras se estudiaba “cuál era la vía mas propicia” para ello.

De hecho, en el PP y en el Gobierno entonces se decantaban por hacerlo apelando a la contaminación de cada lista, una por una. Ahora no. Tras los informes policiales, el PP quiere que el Gobierno impugne todas las candidaturas “por ser instrumento de ETA”, sin reparar en contaminaciones puntuales.

Con todo, el Gobierno aún no se ha pronunciado oficialmente y hasta ayer Rubalcaba ha desautorizado hasta las primera palabras de Trillo, ni más ni menos que amparado en la separación de poderes. El vicepresidente alegó que el Gobierno no tendría nada que ver con las impugnaciones, que ellos se limitarían a trasladar los informes y autorizar la actuación a la Fiscalía y a la Abogacía, como han hecho. Sin embargo, desde el PP insisten en que tienen la palabra del Gobierno para que se impugnen todas las listas. Fuentes de la dirección federal del PSOE insistían ayer en la tesis de afrontar Bildu lista por lista, nada de impugnarlas en su conjunto.

Por otro lado, Cospedal quiso subrayar que la prioridad del PP es la crisis económica, aunque ello no excluya la oposición ante asuntos como el chivatazo a ETA o la reciente huida del etarra Troitiño. En este sentido, y en respuesta al PSOE, zanjó que “una cosa es el Pacto Antiterrorista y otra que no se haya actuado con la debida diligencia” ante la fuga de Troitiño. Como con el caso Faisán.

“El Gobierno no se puede parapetar detrás del pacto para esconder sus errores o el chivatazo”, esgrimió. Ahora bien, Cospedal no quiso valorar las recientes declaraciones de Mayor Oreja en LA GACETA y también distinguió las escapadas de Troitiño y Josu Ternera: “Nada que ver”, este último era diputado y no acababa de salir de la cárcel de forma polémica y escandalosa


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