AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 30 Abril 2011

 

CIS y paro, antesala del batacazo
Editorial www.gaceta.es 30 Abril 2011

Ayer se dieron a conocer los datos del barómetro del CIS del mes de abril y los resultados reflejan que el Partido Popular consolida su ventaja electoral sobre el PSOE, que ya es de 10,4 puntos, al obtener una estimación de voto del 43,8% frente al 33,4% de los socialistas. Además, por vez primera la valoración de Mariano Rajoy es mejor que la del presidente Rodríguez Zapatero, y la ministra Chacón registra una subida en la valoración y acorta distancias en su carrera por la sucesión con un Rubalcaba que, aun siendo el mejor valorado, baja lastrado sin duda por el caso Faisán.

Unos datos muy positivos para los populares porque, al haberse realizado la encuesta tras el anuncio de Zapatero de no presentarse a las próximas elecciones generales, no sólo no se ha producido el recorte de la ventaja del PP que se esperaba, sino que esta se amplía ligeramente en tres décimas.

Un dato revelador que pone en evidencia que el problema no es sólo del llamado “lastre Zapatero”, sino también del partido que lidera, que ve bajar sus expectativas electorales, mientras que las de los populares suben y con una tendencia creciente. Parece lógico que la brecha aumente tras la fuga del etarra Troitiño y el efecto aún más demoledor para el ciudadano medio del dato del paro, que camina inexorablemente hacia la cifra de cinco millones de desempleados.

Precisamente ayer el Ministerio de Economía confirmaba los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año adelantados por LA GACETA el pasado 12 de abril: España vuelve a pulverizar un nuevo récord absoluto de paro al llevar el número total de desempleados hasta 4.910.200 personas, la cifra más elevada de la historia de España. El número de parados se incrementó en 213.500 personas respecto al trimestre anterior.

De este modo, la tasa de desempleo aumenta hasta el 21,29%, un punto más respecto al cierre de 2010. Unos datos trágicos, sobre todo para los 1,4 millones de familias con todos sus miembros en la calle, y que evidencian las desastrosas políticas de empleo del Gobierno que preside Rodríguez Zapatero, incapacitado para sustanciar una reforma laboral capaz de poner freno al mayor problema social y económico de España.

Una ineptitud que, en todo momento, ha ido acompañada de la indolencia de un presidente que, con su retórica engañosa de siempre, hace escasas fechas afirmaba con enorme desfachatez: “Hay que aprovechar todas las palancas de reformas para que la recuperación del empleo se pueda culminar cuanto antes”. Un auténtico desatino, no sólo por hablar de unas reformas que no ha llevado a cabo, sino también por la osadía de hablar de “culminar” una recuperación del empleo que en España, por desgracia, ni siquiera se ha iniciado.

El cinismo del presidente es mayor en lo que hace referencia a las supuestas medidas que el Ejecutivo ha llevado a cabo. La tibieza con la que se abordó la reforma laboral derivó en un mero simulacro. Y la realidad, que es tozuda, se ha encargado de poner en evidencia la idoneidad de una reforma que no ha servido para nada salvo para que se mantenga la incesante destrucción de empleo. La inacción, primero, y la tibieza al abordar tardíamente las reformas, después, sólo han servido para empeorar la dramática situación del empleo y de la economía. La inconsistencia de las medidas se refleja en el deterioro paulatino de todas las variables económicas. Y ahora pretenden parchear la situación con la aprobación de un decreto ley de medidas para la regularización del empleo sumergido absolutamente coercitivo y que, ante la falta de recursos humanos en la inspección, está llamado al fracaso. Un panorama desolador que, sin duda, va a pasar factura al PSOE en los próximos comicios tal y como ha adelantado el barómetro del CIS.

Censura al Gobierno
El Editorial La Razón 30 Abril 2011

Las estadísticas del paro son la historia de un fracaso continuado del Gobierno socialista durante los últimos años. Cada Encuesta de Población Activa (EPA) conocida ha ido aparejada a una especie de liturgia en la que, tras el descalabro incesante del desempleo, el Ejecutivo anunciaba una mejoría en un horizonte próximo. Trimestre tras trimestre, las cifras respondían a los montajes de la Administración socialista para burlar la verdad.

La EPA del primer trimestre del año ha supuesto otro récord histórico negativo. El número de parados se incrementó en 213.500 personas, con lo que la tasa de desempleo aumentó hasta el 21,29% y el volumen total de parados marcó un nuevo récord al rozar los cinco millones, en concreto 4.910.200 personas. Hablamos de la cifra más elevada de la historia de España, al menos desde que existen registros oficiales (1976).

Agravada por el aumento de los precios en abril hasta el 3,8%, la radiografía laboral del país ofrece rasgos de tragedia social: los hogares con todos sus miembros en paro aumentaron en 58.000 y se situaron en 1.386.000, lo que repercutirá negativamente en el consumo, 2,1 millones de trabajadores llevan más de un año en paro y la ocupación cayó 256.500 empleos. Otro dato desalentador es que el ritmo de destrucción de puestos de trabajo ha sido superior al aumento del paro, lo que significa que la población activa no sólo no aumenta, sino que retrocede. Un mal síntoma que denota el desánimo de la ciudadanía, que ve imposible encontrar trabajo.

Aunque no pudo maquillar la dimensión histórica de las estadísticas en este primer trimestre, el Gobierno se aferró a su discurso: el paro ha tocado techo y continuarán las reformas. Ni una cosa ni la otra. Lejos de mejorar, la situación empeora con cifras de destrucción de empleo superiores, bajo un tímido crecimiento económico, a las registradas recién salidos de la recesión. En cuanto a las reformas, no han funcionado para impulsar el crecimiento ni para dinamizar el mercado de trabajo. La realidad es que no se han desarrollado políticas para reactivar la economía, porque el Gobierno sólo se ha centrado en el ajuste con el fin de salvar el rescate.

El balance de la gestión del Ejecutivo socialista es desolador. Heredó del PP un país con 2.181.546 parados y lo ha llevado hasta los casi cinco millones y a que se pierdan 2.844 puestos de trabajo al día. En los tres últimos años, por ejemplo, hay 3,1 millones de parados más y un millón más de hogares con todos sus integrantes desempleados. Y ello sin asumir una sola responsabilidad. Ha logrado casi la cuadratura del círculo al destruir empleo cuando casi era misión imposible con uno de cada cinco trabajadores en paro. Ha minado la confianza y la credibilidad de la que fue una economía próspera y saneada con Aznar. A su falta de capacidad le ha sucedido la resignación mientras que demasiadas familias malviven en la desesperación. Esos cinco millones de ciudadanos son la auténtica moción de censura contra un Gobierno que debería convocar elecciones ya si el interés general y el futuro de los españoles le importaran algo.

Colapso total
Editorial ABC 30 Abril 2011

España está parada, en lo económico y en lo político, y sufre un desgaste social que se demuestra en la disposición de nuestros jóvenes a emigrar y en el desánimo de cinco millones de desempleados

EL Gobierno socialista sufrió ayer un «viernes negro» con la publicación de encuestas que revelan el desplome absoluto del empleo y el fracaso de la «operación Rubalcaba». Esto último es la conclusión más relevante de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada cuando el presidente del Gobierno ya había anunciado que no repetirá candidatura en 2012. Los encuestados no premian al PSOE con un voto de confianza, e incluso rebajan la valoración de Pérez Rubalcaba, que suspende por vez primera. Parece evidente que, cerrado el paraguas protector que suponía el protagonismo de Zapatero, el ministro del Interior se ha convertido en el rostro de la crisis económica y de la responsabilidad política del Gobierno. Era una consecuencia previsible de la decisión de Zapatero de no repetir como candidato, porque dejó expuesto a Rubalcaba, llamado a rescatar al Gobierno y al PSOE de la caída en las encuestas, a las críticas de la opinión pública y de la labor de oposición del PP.

El desgaste provocado por el «caso Faisán» no es ajeno tampoco al decaimiento político de Rubalcaba. Los demás datos de la encuesta del CIS se mantienen en niveles similares a los de enero, con la salvedad de que Rajoy es, también por vez primera, mejor valorado que Zapatero. La distancia de los populares aumenta respecto a los socialistas en tres décimas, lo que confirma que las tendencias de los votantes son inmunes a los movimientos internos del socialismo. El problema para el Gobierno y el PSOE es, en estos momentos, muy grave, porque tras la remodelación del pasado año y la renuncia de Zapatero no les queda más margen, salvo el de convocar un congreso para cambiar al secretario general, lo que obviamente debería suponer la celebración anticipada de elecciones generales. Y la razón de este consolidado rechazo de la opinión pública al Gobierno y al PSOE se explica de manera muy sencilla con la última Encuesta de Población Activa, publicada ayer por el Instituto

Nacional de Estadística. Con más de 4.900.000 parados y una tasa del 21,29 por ciento de desempleo, solo hay un diagnóstico posible: el empleo en España está colapsado. Resulta lamentable que el ministro de Trabajo —denominación sarcástica a día de hoy— manipule la realidad culpando a una ley del PP —por tanto, de Rajoy— de la mayoría de los despidos. Además de incompetencia, este Gobierno tiene una alta reincidencia en la cobardía, porque nunca asume su responsabilidad por la gestión de una crisis de la que otros países, a los que Zapatero quería adelantar en renta «per cápita», están saliendo mucho mejor que España. Después de haber propiciado que se viviera por encima de las posibilidades reales de este país, de haber engordado el mercado inmobiliario, gracias al cual Zapatero se ufana de haber llegado a una tasa del 8 por ciento de paro, y de haber comprometido desmesuradamente el gasto público, las responsabilidades por la gravedad y la duración de la crisis española son exclusivas del Gobierno del PSOE.

Hoy hay 1.386.000 familias con todos sus miembros en paro. El desempleo juvenil supera el 50 por ciento en varias comunidades, todo un desastre para el futuro de esta generación. Aumentan los parados de larga duración y, además, se reduce el número de ocupados. Al margen de estacionalidades, el paro asciende en todos los sectores, lo que impide la movilidad de los trabajadores de unas actividades a otras. Como réplica agónica, el Gobierno ha puesto en marcha una regularización de empleo sumergido, mediante una amnistía a los empresarios defraudadores, para intentar mitigar la evolución del paro. Pero, al margen de que es un agravio para los empleadores legales, entraña un mensaje inaceptable de relativización de la realidad del paro. Por si fuera poco, la situación se agrava con un crecimiento constante de la inflación, que se sitúa en abril en el 3,8 por ciento. Aumenta la morosidad de las familias y las empresas, que siguen sin recibir financiación de cajas y bancos, mientras el Tesoro coloca su deuda, sí, pero a intereses crecientes. Este es el retrato de un país instalado en una tendencia de empobrecimiento, que quiebra la línea constante de riqueza que se había mantenido en los últimos treinta años.

Las reformas aprobadas o pendientes no sirven como excusa para no disolver el Parlamento y celebrar elecciones generales. España está parada, en lo económico y en lo político, y sufre un desgaste social que se demuestra en la disposición de nuestros jóvenes a emigrar y en el desánimo de cientos de miles de parados ante la evidencia de que no haya trabajo para ellos. Ya no es un problema solo de gestión. Lo que representa el Gobierno del PSOE para España es la expropiación del futuro y de las ilusiones. Las argucias políticas y los pactos de menudeo con los nacionalistas solo rentan al Gobierno para conservar el poder, no para gobernar una nación en crisis. Las reformas incompletas aprobadas por el Gobierno no funcionan, porque no hay confianza y porque mientras no haya crecimiento económico no habrá empleo, y sin empleo no hay opción alguna de remontar la crisis.

El socialismo nos condena al paro masivo
EDITORIAL Libertad Digital 30 Abril 2011

Si bien es cierto que España está padeciendo la peor crisis económica de los últimos 70 años, no es menos cierto que el resto del mundo también está sumergido en la misma. Estados Unidos y el resto de la zona del euro son dos áreas económicas donde las inclemencias del déficit público, de la recesión o del incremento de precios de las materias primas también han hecho acto de presencia y donde, sin embargo, la tasa de paro no supera el 10%. Incluso los países de la periferia europea que han suspendido pagos exhiben una tasa de desempleo por debajo del 13%.

Se entenderá, por consiguiente, que en relación al paro la situación de España sea excepcional. Excepcional por lo calamitoso de las cifras, por mucho que nos hayamos quedado a menos de 100.000 personas de los cinco millones de parados.

Al cabo, esos 4,9 millones de españoles sin empleo y esos 1,4 millones de familias con todos sus miembros en paro no tendrían por qué encontrarse en una situación tan dramática. Podemos discutir si el origen de la crisis es, en todo o en parte, responsabilidad del Gobierno; pero de lo que no cabe dudar es de que el Ejecutivo si es culpable de su agravamiento, tanto por el deterioro presupuestario como por el mantenimiento de una legislación laboral liberticida.

Así las cosas, no convendría que nos dejáramos engañar por el discurso gubernamental que afirma que todas las reformas que requiere nuestra economía ya se han llevado a cabo y que, por tanto, él bien puede lavarse las manos. Al contrario, como ya advertimos en su momento, el simulacro de reforma laboral que se aprobó hace casi un año no hizo más que consolidar la dictadura judicial y sindical sobre nuestro mercado laboral. Imposible generar empleo cuando, en plena contracción de la actividad, las empresas son incapaces de contratar con la suficiente flexibilidad que requiere la situación de elevada incertidumbre que vivimos.

Lo llevamos diciendo desde el comienzo de la crisis y, por desgracia, la pasividad del Gobierno, cuando no activa complicidad con las centrales sindicales, nos ha dado la razón. Es urgente sacar adelante una reforma laboral de verdad, donde se rebaje el coste del despido, donde se dote a los empresariales de mayor flexibilidad funcional y geográfica para recolocar a sus empleados y donde, sobre todo, los salarios no se fijen en un proceso de planificación centralizada entre Gobierno, sindicatos y patronal.

Mientras el Ejecutivo no rectifique, la sangría laboral proseguirá y la economía no se recuperará. La negativa de los socialistas a liberalizar el mercado laboral es un claro síntoma de a quién sirve el Gobierno: no a los ciudadanos a quienes condena al desempleo, sino a sus prejuicios ideológicos y a sus compinches sindicales.

El PSOE debe desaparecer
Enrique de Diego www.gaceta.es 30 Abril 2011

Es preciso erradicar la degenerada decrepitud izquierdista de que se puede vivir del cuento.

Las encuestas serias confirman el fenómeno previsible del hundimiento del PSOE el 22 de mayo. Sólo queda certificar su magnitud de cataclismo. Las encuestas coinciden en vaticinar la pérdida segura de Asturias, Cantabria, Aragón y Baleares. En donde gobierna el Partido Popular, el hundimiento socialista alcanzaría profundidades abisales, tal es el caso de Madrid –donde Esperanza Aguirre vapulearía inmisericorde al nada invictus Tomás Gómez–, Murcia, Castilla y León –donde no remonta el chico de los recados de José Blanco– e, incluso, en la Comunidad Valenciana, donde resulta difícil que el Partido Socialista caiga más bajo. Los socialistas sólo estarían en condiciones de pugnar por mantener, de manera muy desmerecida, sus feudos de Extremadura y Castilla-La Mancha. Algunas encuestas dan el primero por perdido, con significativa distancia, y el segundo estaría en litigio, dependiendo de Guadalajara y Ciudad Real.

Mi vaticinio es que, con claridad, esas dos regiones dejarán de ser socialistas. Algunos analistas interpretan esta tendencia a la hecatombe como voto de castigo a José Luis Rodríguez Zapatero, ese desastre sin paliativos que se va pero no se ha ido. Verdad a medias. El voto de castigo que viene es a todos y cada uno de los socialistas, al socialismo, esa nefasta doctrina (tronco del que son ramas el comunismo y el fascismo) que siempre ha generado miseria.

El Partido Socialista debe desaparecer por el sumidero de la historia. Ese es el juicio inapelable que se avizora. Y con él, el fomento subvencionado a la vagancia, la picaresca de la mordida progresista incluso en los expediente de regulación de empleo (ERE) de Andalucía, la falacia de que el Estado y los políticos profesionales pueden resolver los problemas humanos mediante la coacción y el expolio.

Es preciso erradicar la degenerada decrepitud izquierdista de que se puede vivir del cuento, de los demás. Es improrrogable poner coto a la exuberancia de la estupidez con la que han arruinado a una sociedad y han aplicado la piqueta a sus valores y a sus pilares.

El presidente del Gobierno no es el único culpable. Lo es todo el PSOE. Lo es el socialismo. El voto de castigo será a esa putrefacta momia ideológica.

Son un horror
Carlos Dávila www.gaceta.es 30 Abril 2011

No comprendo cómo este país soporta la hecatombe del paro sin pedir responsabilidades.

La sola fotografía de Zapatero enarbolando su gran promesa de 2008: el pleno empleo debería servir para que este hombre pidiera perdón al país entero, renunciara a seguir un día más viviendo de un sueldo oficial en un palacio oficial y, en consecuencia, convocara elecciones generales. Ya sabemos que no lo hará. Pero él no es el único culpable. Los dos ministros que le acompañan en nuestra portada: el desfachatado Rubalcaba y la inédita Chacón, le han acompañado también en este desastre que hoy sufren exactamente 4.910.200 personas.

Son sus víctimas: ellos desempleados sin prácticamente ninguna esperanza de encontrar trabajo y todas sus familias que, en definitiva, son las que están salvando a este país de una atronadora revolución social. Este trío de fracasados insolentes son los que ahora afrontan una campaña electoral volcando toda la basura posible (Rubalcaba es en la especie un insuperable maestro de ceremonias) sobre el Partido Popular y, naturalmente, sobre los medios que, sencillamente, recordamos, como lo hacemos nosotros hoy, el compromiso miserable de Zapatero hace cuatro años. No acierto a comprender cómo este país soporta una hecatombe de esta dimensión sin pedir inmediatas responsabilidades políticas (me paro ahí) a los protagonistas del gran fiasco.

Hoy, la boda real británica ha servido de celofán para envolver y disimular la tragedia que vivimos. Los socialistas van a celebrar el fasto como si ellos mismos lo hubieran programado, como han programado, eso sí, su ataque filantrópico a la economía sumergida, una ocurrencia de la que no sacará un chavo. Lo verán.

Zapatero, Rubalcaba, el gestor que le llevó al triunfo (“Nos merecemos un Gobierno que no nos mienta”) y una ministra de Defensa que nos manda a guerras varias después de haber mentido sobre la de Irak y la participación española, ni siquiera se inmutan ante este drama que hoy se ha conocido y que adelantó hace quince días LA GACETA. Si la derecha estuviera ahora mismo en el poder, ellos mismos azuzarían la calle hasta convertirla en La Bastilla. Son un horror.

Carlos Dávila. Director.

La política como botín
El Conciso www.gaceta.es 30 Abril 2011

A lo largo de las dos últimas décadas del siglo pasado, en las democracias europeas se produjo una notable proliferación de organismos reguladores creados a imagen del modelo norteamericano. La privatización de numerosos monopolios públicos alojados en sectores estratégicos para las economías nacionales exigía la necesidad de autoridades independientes capaces de hacer de la liberalización el verdadero objetivo. La privatización de monopolios sin reglas eficaces de garantía de la competencia es una amenaza cierta para el buen funcionamiento del libre mercado; resistir la capacidad de presión de las grandes empresas es una tarea inalcanzable para los gobernantes débiles.

Los organismos de supervisión y de regulación deben ser, ante todo, solventes e independientes. Hace poco más de un mes, la Ley de Economía Sostenible introdujo en nuestro ordenamiento una novedosa reforma de los organismos reguladores, teóricamente orientada a fortalecer sus rasgos de independencia, frente al Gobierno y frente al sector correspondiente, y garantizar su actuación con arreglo a los principios de eficiencia y transparencia. Poco tiempo le ha faltado a los socialistas para enfangar sus fingidos buenos propósitos.

Bien es cierto que los antecedentes ya hacían presagiar lo peor. El Gobierno de Zapatero fue el primero en nombrar a un secretario de Estado en pleno ejercicio de sus funciones, socialista de carné, como Gobernador del Banco de España. Y Fernández Ordóñez no ha necesitado mucho tiempo para liquidar desde su puesto el prestigio y la autoridad de una institución clave. Las comisiones nacionales de la Energía –con Maite Costa– y de la Competencia –con Luis Berenguer– también tienen a su frente a personas cuyo principal mérito es la militancia socialista, y ahora se acaba de anunciar que las de Telecomunicaciones y de la Energía van a ser presididas, también, por dos actuales secretarios de Estado.

De raza le viene al galgo, dirán algunos. Elena Salgado, responsable principal de esta cadena de nombramientos, dejó la Secretaría General de Telecomunicaciones en 1996 para ser nombrada directora-gerente del Teatro Real con un contrato blindado una vez convocadas las elecciones generales. Bien es cierto que entonces se conformó con un puesto atractivo, seguro y bien pagado con el dinero de los contribuyentes, ahora pretende que los suyos sigan controlando los fundamentos de la economía nacional cuando las urnas expulsen a los socialistas del Gobierno. Y para que nada quede en el aire, la renovación va a servir para pagar un peaje a nacionalistas vascos y catalanes que, además, harán todo lo posible para que nada cambie en un futuro popular.

Al borde del estallido social
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 30 Abril 2011

El desolador panorama que desde ayer compone la Encuesta de Población Activa (EPA) con casi cinco millones de desocupados (4.910.200, es decir, el 21,29%) no forma parte de una serie secuenciada de datos estadísticos sobre el desempleo en España sino que es la expresión más radical de una crisis estructural que el propio Gobierno considera recabará un tiempo de recuperación medido en lustros no, simplemente, en años. La razón en muy clara: el FMI prevé que España crezca por debajo del 2% hasta, al menos, el año 2017. Con esa tasa de incremento del PIB la creación de empleo será imperceptible. Únase a esta circunstancia otra adicional: la estanflación, es decir, estancamiento más inflación (que también se ha encaramado al 3,8%) y la escalada del Euribor que empobrece más aún a los españoles. De no ser por la urdimbre familiar, las prestaciones sociales -que veremos cómo podrán cubrirse- y la propia economía sumergida, podríamos estar al borde del estallido social. El colmo es que, como ha demostrado el Consejo de Europa a través de su estudio Greco (Informe Especial del Grupo de Estados contra la Corrupción), nuestro país está incurso en la oscura, opaca y casi esotérica financiación de los partidos, lo que nos ha llevado a un rebrote serio y preocupante de la corrupción política.

En estas circunstancias tan calamitosas no es de extrañar que el barómetro del CIS de abril, también conocido ayer, demuestre que la retirada política de Zapatero no ha beneficiado a su partido, al que el PP aventaja en más de 10 puntos, bajando, además, la valoración del todavía presidente, ya por detrás de la que obtiene Mariano Rajoy.

Cuadro depresivo agudo
La conjunción de todas estas variables ofrece un cuadro depresivo agudo que requiere de la técnica o terapia electro convulsiva porque si no hay un fortísimo discurso de regeneración sobre comportamientos y actitudes es el propio sistema el que corre peligro. No es esto algo que pertenezca al ámbito de las impresiones o sensaciones, sino una comprobación demoscópica elaborada, bajo la coordinación de José Juan Toharia, por un grupo de analistas después de entrevistar a 5.000 ciudadanos. El estudio completo se ha publicado por la editorial Biblioteca Nueva bajo el título de “Pulso de España 2010. Un informe sociológico”*. Su lectura no puede ser más interesante porque constata el “profundo abatimiento, cercano ya a la angustia, en relación con la situación económica; creciente inquietud ante el impacto de la misma sobre el tejido social; profunda desafección hacia los políticos, por su modo de operar un sistema de gobierno que, pese a todo, sigue contando con un respaldo ciudadano masivo (…)”.

En la gran encuesta realizada queda acreditado que la percepción económica es la peor posible porque “la ciudadanía tiene la impresión de que, realmente, nadie (ni el Gobierno ni la oposición) tienen ideas claras sobre cómo poner remedio a la situación y estando así las cosas son los mercados y no los poderes públicos quienes realmente mandan en el país”. El paro juvenil se considera ya un “hecho irreparable” que “marcará para siempre” a las nuevas generaciones. Por todo ello, nada menos que el 78% de los encuestados considera la situación política como negativa, la cifra más alta de los últimos decenios, aunque, según los autores del estudio, no se ha traspasado la línea roja: la responsabilidad se atribuye a los políticos y no, por el momento, al sistema como tal.

La línea roja que no debe ser traspasada es que la sociedad llegue a pensar que la situación no es remediable ni con un liderazgo político alternativo

Según el estudio, “la línea roja que no debe ser traspasada es que la sociedad llegue a pensar que la situación no es remediable ni con un liderazgo político alternativo. Y lo que los datos indican es que, por ahora, nuestra sociedad se halla lejos de esa preocupante línea roja, si bien con un matiz que añade un importante plus de complejidad a la solución que supone la alternancia de líderes: lo que la ciudadanía española realmente anhela en el momento actual (…) no es tanto el relevo del actual Gobierno por la actual oposición, sino más bien, el relevo de ambos por otro tipo de estilo de gobernar y de controlar al Gobierno.” Y añaden: “los españoles no abominan de la política, sino del modo, generalmente ramplón, mediocre y mezquino en que suelen conducirse la mayoría de los políticos. De estos políticos”.

Hay que cambiar la Constitución
Los autores han comprobado que existe una auténtica nostalgia de la capacidad de consenso que se demostró durante la Transición y, sin concesiones, manifiestan que “el cortoplacismo miope, y además ejercido con modales ásperos cuando no groseros, habría venido así a desplazar el talante de entendimiento y a la altura de miras y al sentido del Estado de aquella época. Buena parte de nuestra clase política (y no digamos de algunos de sus jaleadores mediáticos) parece convencida de que cuantos más insultos, más zafiedad descalificadora y más exageraciones -cuando no mentiras- se utilicen, más probabilidades hay de agradar a los electores.

Pues bien: estos piensan, en realidad -y masivamente (73%)- que lo que este país necesita en estos momentos es una “segunda Transición, que, con el mismo estilo de concesiones y mutuo respeto que caracterizó a la primera, haga posible la solución de tantos problemas como hay pendientes. Entre otros y de forma destacada, la actualización de nuestra Constitución, probablemente la que menos reajustes a la siempre cambiante realidad ha experimentado en comparación con los continuos retoques realizados en los textos constitucionales de la mayoría de nuestros vecinos países europeos. Seis de cada diez españoles (58%) piensan que nuestra Constitución necesita retoques y que, pese a ello, sigue siendo válida para la sociedad española actual. Pero ya algo más de un tercio (37%) cree que se ha ido quedando tan desfasada que precisa una reforma con profundidad.”

Como se ve, la terapia de choque consiste en plantear un futuro de reformas, de saneamiento, de alteración de conductas y comportamientos. Y eso corresponde a la oposición que representa el PP después de que el PSOE, por su gestión tardía y contradictoria y por su vaciamiento ideológico, se haya alejado de la posibilidad de protagonizar cualquier tipo de reformulación profunda de la situación. La percepción es que los populares siguen en una inercia en la que se haya atrapada la clase política y que, por lo tanto, también forman parte del problema y no de la solución. La consigna que ayer se oyó en Génova -“más EPA y menos ETA”- podría traducir un propósito de reenfocar la acción política hacia los problemas reales que son de una dimensión colosal.

La ilusión y la esperanza, que son las energías sociales transformadoras, sólo emergen cuando existe una referencia política de creíble regeneración que el PP ha de conformar en muy poco tiempo con la breada que le proporcionarían unos buenos resultados en las elecciones del 22 de mayo. Pero la propuesta de cambio no convencerá si no es convulsiva; si no plantea una terapia de electroshock; si no moviliza a esos cuatro millones de votantes “sin alma” (en expresión de Carles Castro en La Vanguardia del pasado día 24 de abril) que no están alineados ideológicamente y que suelen inclinarse maquinalmente hacia las opciones que están en el poder. Sin insuflar entusiasmo, convulsión, agitación intelectual y política y un futuro de grandes y profundos cambios, no habrá recuperación y seguiremos renqueante y boqueando hasta que llegue el hartazgo y los ciudadanos pasen de culpar a los políticos a hacerlo al sistema. Entonces se habrá traspasado la temida línea roja.

José Antonio Zarzalejos.

*Las citas literales son de un texto resumido de la obra elaborado para el diario El País de 27 de marzo pasado por el propio Juan José Toharia y José Pablo Ferrándiz, presidente y director general, respectivamente, de Metroscopia.

Con 4,9 millones de parados, ¿por qué seguimos dormidos?
Federico Quevedo El Confidencial 30 Abril 2011

“Como corderos llevados al matadero…” La referencia bíblica se vuelve hoy más oportuna que nunca. Como silenciosos corderos llevados al matadero, la sociedad se enfrenta a la peor de sus crisis sin levantar la voz, sin elevar la más liviana bandera de protesta. En un país en el que hay casi 1,4 millones de hogares con todos sus miembros en paro, algo pasa si eso no conduce a una manifestación pública de hartazgo y de cabreo.

Casi cinco millones de parados, 4,91 millones para ser exactos. Faltan 80.000 para llegar a esa cifra maldita de la que el Gobierno no quiere ni oír hablar, pero llegaremos. Y si no, da igual. El drama sigue siendo el mismo y tiene exactamente el mismo alcance y es igual de intenso, ¿o es que la cifra de cinco millones iba a hacer que la sociedad despierte? Lo importante no es la cifra, sino la tragedia en sí, y que la tragedia no consiga actuar de acicate y despertar las conciencias. Somos una sociedad adormecida, aborregada, complaciente y resignada hasta un punto casi inaudito. Ese es, probablemente, el gran éxito de nuestra clase dirigente, haber conseguido doblegar nuestra voluntad hasta ese punto y que hoy parezca indiferente que en nuestro país haya casi cinco millones de personas sin trabajo, y de ellas un porcentaje muy importante pasándolo verdaderamente mal para subsistir.

Lo he reseñado en un libro, ¡Rebélate! Breve ensayo contra la dictadura del relativismo, en el que denuncio esa estrategia de empobrecimiento moral de la sociedad y de adormecimiento, y reclamo una reacción. Tenemos la obligación de rebelarnos contra una clase dirigente que se ha apropiado indebidamente de algo que nos pertenece, de la propia democracia y todo lo que conlleva. ¿Cómo es posible que con casi cinco millones de parados, sigamos aguantando cada día el goteo de noticias sobre el fraude de los EREs en Andalucía? ¿O que aceptemos como una especie de mal menor el que los partidos políticos incluyan a personas que tienen causas pendientes con la Justicia en sus listas? ¿Nunca vamos a decir basta?

Somos una sociedad adormecida, aborregada, complaciente y resignada hasta un punto casi inaudito. Ese es, probablemente, el gran éxito de nuestra clase dirigente, haber conseguido doblegar nuestra voluntad hasta ese punto y que hoy parezca indiferente que en nuestro país haya casi cinco millones de personas sin trabajo

Los políticos se ríen de nosotros, nos dicen tan contentos que no vamos a llegar a los cinco millones de parados, como si eso fuera una gesta heroica por su parte, y no decimos nada ni hacemos nada. Bueno, sí, en las encuestas decimos que nos preocupa mucho y que ya no vamos a votar a este Gobierno o al de más allá pero, ¿realmente eso es suficiente? ¿Basta sólo con cambiar a los que toman las decisiones, o llegará el día en que seamos nosotros los que impongamos algunas de esas decisiones y procuremos los cambios que conduzcan a una revitalización de la Democracia y la mejora real de nuestro bienestar?

Si hacen ustedes el ejercicio -seguro que lo hacen- de viajar en el transporte público y escuchar -con educada discreción- algunas de las conversaciones que se producen, se quedarían verdaderamente impresionados. En un corto trayecto se puede asistir en directo a dramas impresionantes: “Mamá, me acaban de despedir”, “Cariño, en la empresa me han dicho que recoja mis cosas y no vuelva mañana”, “Hijo, no te preocupes, en casa siempre vas a tener un plato caliente…”.

Es verdad que si no fuera por ese increíble sistema de protección social llamado familia, tan denostada por nuestros próceres y tan vilipendiada por los apóstoles del relativismo, probablemente ese estallido social sería inevitable. Aun así, los ciudadanos no podemos seguir escondidos, esperando sólo a resolver las cosas en una sola jornada, la de las elecciones, por muy democrática que ésta sea. No es suficiente, hace falta dar más pasos, exigir compromisos reales y verdaderos por la regeneración democrática…

No puede ser que haya cinco millones de parados y que al mismo tiempo haya políticos incompetentes cobrando del erario público, es decir, de nuestros impuestos. No puede ser que la política se convierta en una profesión para la que lo único que hace falta es tener un buen ‘padrino’ que consiga puestos en las listas, mientras la gente hace colas en los comedores sociales para llevarse a la boca un mendrugo de pan. No puede ser que haya casi un millón y medio de hogares en los que no entra ni un solo jornal, mientras que de nuestros impuestos se obtienen fondos para evitar la quiebra de entidades financieras penosamente gestionadas por los propios políticos, sin que nadie asuma responsabilidad alguna por ello, y teniendo además que aguantar que esas mismas entidades financieras hayan cerrado el grifo del crédito al sector privado y a las familias.

Y esto no es hacer populismo, ni demagogia, es poner las cosas en su sitio y denunciar lo que considero un abuso de poder por parte de los que mandan. Hagan ustedes lo que quieran, voten a quien quieran, pero piensen seriamente en si de verdad estamos haciendo algo por mejorar nuestra sociedad y actúen en consecuencia.

Sígueme en http://twitter.com/Federicoquevedo y en www.facebook.com

Las uvas de la ira
Luis del Pino Libertad Digital 30 Abril 2011

"Las uvas de la ira" es, posiblemente, la más conocida obra de John Steinbeck.

La novela transcurre en aquellos durísimos años de la Gran Depresión en Estados Unidos, en los que a la crisis financiera mundial desatada en 1929 se añadieron una serie de desastres naturales, principalmente la gran sequía que asoló Norteamérica entre 1930 y 1936.

Durante aquella terrible crisis económica, centenares de miles de granjeros del medio oeste y del sur de los Estados Unidos perdieron sus tierras, al no poder pagar las hipotecas a los bancos. Unas 500.000 personas se quedaron sin casa y más de dos millones y medio de americanos se vieron forzados a emigrar hacia la Costa Este o California, en lo que constituye el mayor movimiento migratorio de la Historia de los Estados Unidos.

La novela de Steinbeck se centra en las peripecias de una de esas familias de granjeros de Oklahoma, la familia Joad, que inicia el viaje hacia California en busca de una tierra de promisión, tan solo para encontrarse en mitad de una marea humana de refugiados que se agolpan en los campos en condiciones lamentables, con unas ayudas gubernamentales a todas luces insuficientes, y que se ven forzados a trabajar a cambio de unos salarios de auténtica hambre.

La novela constituye una crítica social enormemente dura y triste y tuvo un éxito colosal e inmediato tras su publicación en 1939, siendo galardonada con el Premio Pulitzer. Hay que resaltar que el libro de Steinbeck no estuvo exento de polémica, debido precisamente a su denuncia de las lamentables condiciones de vida de los americanos más directamente afectados por la Gran Depresión.

Al año siguiente de la publicación del libro, John Ford dirigió una película basada en "Las uvas de la ira", que fue nominada a siete premios Oscar, consiguiendo al final dos de ellos: el de mejor director y el de mejor actriz secundaria. Henry Fonda se quedó sin su Oscar al mejor actor, pero su papel protagonista en la película es inolvidable. Como inolvidable es también la música de Alfred Newman, que está basada en una canción popular americana, "Red River Valley".

Como curiosidad, a pesar de que la novela y la película constituyen una fuerte crítica del sistema capitalista, la película fue prohibida en Rusia por Stalin, debido a que en ella se veía que hasta los más pobres de los americanos podían permitirse tener un coche, aunque fuera desvencijado.

Ayer conocimos los resultados trimestrales de la Encuesta de Población Activa realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas.

Esa encuesta vino a confirmar lo que ya se preveía: que, de la mano del Partido Socialista, España ha batido un nuevo récord de desempleo y estamos ya al borde de los cinco millones de parados oficiales. Esos cinco millones de parados que el gobierno del PSOE decía que nunca llegaríamos a alcanzar.

Concretamente, en España hay hoy 4.910.200 desempleados, lo que equivale al 21,3% de la población activa. El desempleo en España es así más del doble de la media de la Unión Europea y el triple que en Alemania, cuando antes de la crisis Alemania y España se encontraban a la par, en lo que a la tasa de paro respecta.

La Encuesta de Población Activa contiene datos aterradores. Mientras que el gobierno del PSOE sigue vendiendo humo y afirmando que hemos pasado lo peor de la crisis, lo cierto es que en el último trimestre:

- el número de trabajadores ha descendido en 256.000
- el número de desempleados ha aumentado en 213.000

- el número de familias con al menos un desempleado ha aumentado en 154.000
- y el número de familias cuyos miembros están todos en paro ha aumentado en 58.000.

A fecha de hoy, hay casi 1.400.000 hogares españoles en los que ya nadie tiene trabajo.

En algunas regiones españolas, como Andalucía, el paro se acerca ya al 30%, casi una de cada tres personas. Y son varias las regiones en las que se supera la tasa del 25%.

Mientras tanto, y aunque esos datos no los recoge la Encuesta de Población Activa, cada año pierden sus casas decenas de miles de familias por la imposibilidad de pagar la hipoteca; el consumo de los hogares retrocede a tasas de hace quince años y miles de pequeñas empresas y autónomos se ven obligadas a echar el cierre, ante la falta de mercado o ante la imposibilidad de conseguir créditos de unos bancos que se ven forzados a comprar la deuda emitida por un gobierno que continúa dilapidando un dinero que no tiene.

El título de la novela de John Steinbeck, "Las uvas de la ira", proviene de una frase incluida en un conocido himno religioso americano. Frase que está basada, a su vez, en una cita del Apocalipsis:

"Y el ángel arrojó su hoz en la tierra
y vendimió la viña de la tierra,
y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios"

Con aquel título, Steinbeck pretendía hacer referencia a la indignación que le suscitaban las indecibles miserias que tuvieron que pasar los más desfavorecidos durante aquellos terribles años de la década de 1930. Porque, aunque la Gran Depresión americana se conoce fundamentalmente hoy en día gracias al famoso crack de Wall Street de 1929, quienes verdaderamente pagaron aquella crisis fueron millones de americanos de clase media y baja, que jamás habían invertido en bolsa y que, sin embargo, perdieron absolutamente todo lo que tenían.

Aquí, en España, la situación ha entrado ya en zona catastrófica. De aquí a que el PSOE abandone el poder, somos perfectamente capaces de alcanzar ese 25% de tasa de desempleo que vivieron los Estados Unidos durante la Gran Depresión.

Está claro que la situación en nuestro país es insostenible. Y basta con salir a la calle y hablar con la gente para percatarse de que hace mucho tiempo que todos los españoles están ya de mala uva.

Lo que yo me pregunto, a la vista de que nadie hace nada para evitar que la situación de tantos españoles continúe empeorando, es: ¿cuánto tiempo pasará, antes de que esa mala uva de los españoles empiece a tornarse en ira?

El reinado de Witiza
El descrédito de un Gobierno arrastra tras de sí a toda la clase política. La inestabilidad y la alteración de la convivencia recuerdan a la dinastía de los godos.
Javier Domenech www.gaceta.es 30 Abril 2011

Oscuro e incierto se presentaba el reinado de Witiza, según decían las viejas enciclopedias infantiles. Y la historia ha confirmado los presagios, con el horizonte de un año dirigido por un presidente en funciones.

Su mandato se inició con cuatro hechos que pueden considerarse como pactos de traición de Estado: la disgregación de la cohesión nacional abriendo nuevos frentes en las revisiones de los Estatutos de autonomía, que han derivado a un conflicto interno de final imprevisible. Siguió la marginación de la oposición, en un intento de excluirla de cualquier posición de legitimidad a través de múltiples alianzas con fuerzas marginales que garantizasen el poder del nuevo socialismo. A continuación, la ruptura del pacto antiterrorista condujo a inauditas liberaciones de etarras y escandalosas filtraciones policiales. Por último, la ruptura con la política exterior seguida durante los últimos años, buscando alianzas inauditas, ha colocado a España a una situación de indigencia internacional, cuyos más esperpénticos ejemplos se resumen en el bobalicón Miguelín de la Exposición de Shanghái como imagen moderna del país y el fiasco de los millones que China iba a aportar a nuestras finanzas.

Las medidas legales que se han promovido a lo largo del mandato de Zapatero forman parte de un paquete de ocurrencias tendentes a dirigir la vida de los ciudadanos, no el gobierno de un país. Se derogaron sin alternativas el Plan Hidrológico Nacional y la Ley de Educación; se ignoraron la reforma de la justicia, del sistema electoral o de normalización del gasto público y se dedicaron esfuerzos a la reglamentación de asuntos de interés marginal para la mayoría de la población, como el cambio de regulación del aborto, el matrimonio homosexual, las leyes de Igualdad de Género y de Memoria Histórica o la introducción de la Educación para la Ciudadanía junto a la retirada de símbolos cristianos. La vida de las personas se limitó en sus libertades, desde la fiscalización de las descargas de Internet, a la regulación de venta de bollos en los colegios, pasando por la Ley Antitabaco.

Y por último, ante la peor crisis económica, no sólo se negó su existencia, sino que se condujo al país desde una posición de privilegio a ser el siguiente candidato para una eventual intervención de la Unión Europea. Cinco millones de ciudadanos hacen fila buscando un empleo imposible, en espera de que los tallos verdes de la Economía Sostenible gubernamental sean algo más que construir aceras, o reducir las necesidades energéticas con bombillas de bajo consumo y la limitación de la velocidad en carretera a 110 kilómetros por hora.

Todo ello ha derivado al descrédito de un Gobierno –para lo cual no ha habido que esforzarse mucho–, pero que arrastra tras de sí a toda la clase política, junto a la enorme desconfianza que hoy merece la Justicia para la inmensa mayoría de los españoles, y la pérdida de un prestigio internacional que dificulta aún más una situación económica necesitada de inversión extranjera.

La inestabilidad, el desasosiego y la alteración de la convivencia recuerdan, con 1.300 años de perspectiva, la situación de la España actual a la del lejano Witiza, el godo que acabó con la última dinastía hispánica. Su sucesor don Rodrigo –¿Rubalcaba?– no fue más que el telonero de un inmenso desastre nacional, frente a la ola que llegaba y que asemeja la crisis económica y social del momento actual. Todo el viejo mundo se derrumbó, y finalmente hubo que reconstruir el país. Fue el triste balance que dejó para la historia, el reinado de Witiza.

*Javier Domenech es médico y escritor.

La democracia comienza en los ayuntamientos
Pablo Mosquera La Voz 30 Abril 2011

E n 1911, en su ciudad natal de Alcalá de Henares, don Manuel Azaña se estrena como orador con una conferencia titulada El problema español. Este hombre, cuya vida transcurre entre la influencia del entorno para un intelectual metido en la política y la aportación de su bagaje curricular al complejo mundo que le toca vivir, desde los primeros momentos de su discurso subraya el peso de la cultura democrática como elemento indispensable para la convivencia y el carácter municipal de la democracia.

Hoy, gran parte de los problemas que sufrimos tienen que ver con el Estado, que no debemos confundir con el Gobierno. Quizá por eso, cuando se encuesta al ciudadano se repite machaconamente que, tras la situación económica y el paro, son los políticos la preocupación y la desconfianza del paisanaje.

Los partidos políticos siguen empeñados en ser un fin en sí mismos; no están dispuestos a dejar paso a las reformas democráticas que los hagan transparentes y medios entre la sociedad y las instituciones de la división de poderes del sistema democrático. La sociedad civil cada vez tiene menos espacio, está más vigilada, más encorsetada por normas «por nuestro bien», que luego se demuestra que chocan con los derechos fundamentales o sirven para recaudar rápido y seguro.

La calidad de la democracia va a depender de la calidad de las mujeres y hombres que ocupen esos puestos electivos en las instituciones donde se administra el poder que emana del pueblo. Y esa historia comienza en los ayuntamientos, con las virtudes de la honestidad y el servicio o con los vicios al uso de la corrupción, el arribismo interno en la empresa partidaria y la soberbia en el trato con el ciudadano.

Hay tres típicos aspirantes a munícipe. El que lleva cuatro años desaparecido, pendiente del ingreso de la nómina a fin de mes, y que hará la campaña insultando, para que se note que ha vuelto al pueblo. El que ha cambiado la chaqueta y ha logrado un puesto de teórica salida, para empezar a «disfrutar» de carrera política. Y el bien mandado que no sirve para nada más allá del aparato. Estos lo dejan todo perdido y así nos va.

Hay otros. El que sigue siendo un paisano, trabajador, con los amigos de siempre, viviendo como solía. El alcalde que considera más importante la red de alcantarillado, que no se ve, pero se nota. A estos, todos les dejaríamos la llave de nuestras casas.

Economía paso a paso
¿Por qué hay paro?
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 30 Abril 2011

Con la losa de los cinco millones de desempleados encima, puede que resulte de interés explicar someramente a qué se debe esa lacra social conocida como paro.

Por empleo cabe entender el trabajo remunerado y por cuenta ajena: son los servicios que el trabajador desempeña dentro de un plan empresarial dirigido a lograr un lucro monetario. Es decir, en toda relación laboral hay un capitalista que arrienda los servicios de otra persona –el trabajador– a cambio de una remuneración –el salario– que el primero abona con cargo a su capital, es decir, a su ahorro (el salario es un adelanto en el presente de las ventas futuras del capitalista).

El salario que obtiene el trabajador depende de dos elementos: uno, el valor de sus servicios laborales dentro del plan de negocios del empresario (su productividad); dos, de lo fácilmente sustituible –por otros trabajadores o por otros factores productivos– que sean esos servicios. Así, por ejemplo, las funciones muy valiosas pero que todo el mundo puede desempeñar tienden a ser poco remuneradas. Si un empleado desea aspirar a salarios más altos, deberá incrementar su productividad y su diferenciación en relación con el resto de factores competitivos. Subir los salarios por decreto es una mala opción, pues si el salario exigido por el trabajador o fijado por el Gobierno supera su productividad, éste no será contratado (pues el capitalista le estaría adelantando más dinero del que espera recuperar con sus servicios) y el puesto quedará vacante o será cubierto por otros factores cuyos precios no están regulados.

El paro, por consiguiente, es consecuencia de que los empresarios no encuentren a trabajadores que encajen dentro de sus planes y que exijan una remuneración igual o inferior a su productividad o de que los trabajadores no encuentren a empresarios dispuestos a abonarles el salario que ellos exigen.

Cuando la causa de esta falta de conexión entre trabajadores y empresarios sea simplemente la insuficiente coordinación entre unos y otros, suele hablarse de "paro friccional": aquel desempleo, generalmente de corta duración, que resulta de los reajustes entre unos empresarios que quieren modificar su plantilla y unos trabajadores que desean cambiar de compañía. Cuando un país sólo padece desempleo friccional suele decirse que se encuentra en una situación de "pleno empleo técnico".

Otras veces, sin embargo, el desempleo tiene causas más profundas y estructurales: si la inmensa mayoría de proyectos empresariales de un país son incapaces de generar una sustanciosa riqueza adicional –pues nadie, ni dentro ni fuera de ese país, está dispuesto a pagar lo suficiente por su nueva mercancía–, los capitalistas sólo podrán ofrecer salarios muy bajos que los trabajadores o se negarán a aceptar o tendrán prohibido aceptar debido a la existencia de salarios mínimos en forma de leyes o de convenios colectivos.

En esas situaciones puede hablarse de un "desempleo estructural": a corto plazo, los empresarios son incapaces de trazar planes de negocio que generen la suficiente riqueza como para que sea rentable contratar a trabajadores al salario que solicitan o que se les impone que soliciten. Esa incapacidad puede ser responsabilidad del capitalista, del trabajador o de ambos; el capitalista puede haber inmovilizado su ahorro en forma de un equipo productivo que se ha quedado súbitamente obsoleto y sin demanda (por ejemplo, las cementeras que abastecían a las constructoras), lo que le impide rentabilizar a un trabajador dentro de esas estructuras; el trabajador, por su parte, puede carecer de formación o puede haberse especializado en ciertas áreas que también hayan quedado obsoletas (como ocurre parcialmente con los arquitectos), todo lo cual obstaculiza que los empresarios puedan pergeñar e incorporarlos dentro de planes de negocio donde es necesaria otra especialización.

La solución al desempleo estructural no es sencilla ni, sobre todo, inmediata. A corto plazo, lo máximo que puede hacerse es eliminar todas las regulaciones que añadan costes redundantes a la contratación (por ejemplo, costes por despido o liberados sindicales) y que socaven la flexibilidad salarial. Con ello será posible que una parte de la fuerza laboral encuentre ocupación: aun cuando sea poco productiva dentro de los actuales planes empresariales, la eliminación de costes artificiales y la minoración salarial facilita que aquellos que se contenten con bajos sueldos puedan encontrar trabajo.

A largo plazo, no obstante, la única solución pasa por un reajuste de la estructura productiva. Los empresarios tienen que generar nuevos bienes de capital con los que poder fabricar las mercancías que sí demandan los consumidores nacionales y extranjeros y los trabajadores deben adaptar su formación para encajar adecuadamente en esos nuevos planes de negocio. Para todo ello, es menester generar un clima favorable a la inversión a largo plazo, tanto en capital físico como en capital humano: altas tasas de ahorro, tributación moderada, ausencia de rescates indiscriminados de los sectores moribundos, certidumbre legislativa, independencia judicial, sistema educativo de calidad, dinámico y adaptable a los cambios del entorno...

Así las cosas, debería resultar evidente por qué no debemos caer en la treta keynesiana de que el desempleo es consecuencia de una insuficiencia de demanda: no se trata que, de repente, la sociedad se haya vuelto loca y haya dejado de consumir e invertir, sino de que ciertos consumos basados en un crédito muy inflado (como la vivienda) han devenido ruinosos y de que la inversión no puede reanudarse sin que los empresarios localicen las nuevas oportunidades de negocio y exista ese clima amigable con la misma que acabo de describir. Los planes de estímulo de la demanda sólo generan aumentos transitorios e insostenibles del empleo con cargo a mayores impuestos futuros (y, por tanto, a menor inversión y empleo de calidad).

Los políticos españoles lo han hecho todo al revés y lo ha pagado con cinco millones de parados: ante una economía que necesitaba una reconversión generaliza, ni flexibilizaron el mercado laboral por complicidad con los sindicatos, ni renunciaron a las drogas estimulantes, ni han favorecido un clima que incentive la inversión a largo plazo –el país padece una tributación cada vez más salvaje, una absoluta incertidumbre legislativa, rescates a diestro y siniestro, un sometimiento radical del poder judicial al ejecutivo, la destrucción de su sistema educativo...–. España, para desgracia nuestra, es un caso de manual de cómo perpetuar el pleno desempleo.
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y jefe de opinión de Libertad Digital. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal.

El PP y Rajoy: la timocracia y la supremacía moral
Galo Mateos El Confidencial 30 Abril 2011

“La naturaleza nos creó iguales, pero llevamos siglos combatiéndolo con éxito”.

La timocracia definida por Platón y aplicada como forma de gobierno en nuestra celebrada Esparta, consistía en el gobierno de los poderosos frente al gobierno del pueblo. Veinticinco siglos pasaron, nada menos, y aquí seguimos, preguntándonos por qué siendo tan lógico el gobierno de todos, hemos de tolerar el gobierno de unos pocos.

Hoy corresponde enjuiciar el programa del PP respecto de nuestro decálogo, que, como en el caso del PSOE, vuelve a quedar inédito. A pesar de su elaborada web (www.pp.es), llena de propuestas, no hay nada en el PP que permita imaginar un acercamiento. No tenemos programa comparable, por lo que repasaremos sucintamente las líneas maestras de su estructura y liderazgo.

El PP tiene un liderazgo singular, auto-impuesto tras su propia derrota, que pone en evidencia la urgencia de reformar el sistema de méritos y procesos de elecciones primarias en los partidos. Se financian con dinero público –al menos eso creímos hasta que vimos que no- y su proceso interno de selección de candidatos es fruto de un impredecible dirigismo. Difícilmente se puede creer en su devoción por la democracia, cuando ni tan siquiera a nivel interno, cumplen con esa exigencia.

De hecho, el cuerpo central de la estrategia del PP, no parte, como es notorio, de un órgano deliberante, sino de un asesor externo que sustituye la inteligencia y participación de sus militantes. La democracia es una experiencia a evitar en sus órganos de gestión, convirtiéndose en una oligarquía endiosada y sin reglas de actuación conocidas, que perjudica el acceso del talento al poder y proyecta una mala imagen organizativa hacia la población.

Cualquier profesional que se precie ha de estar abierto a continuos procesos de formación y excelencia, que le capaciten para mayores responsabilidades. Eso no parece afectar a nuestra clase política. No es de recibo que alguien como el Sr. Rajoy, que ha de representar a un país tan importante y complejo como España, en 8 años de ansiosa espera, no haya encontrado tiempo de estudiar idiomas ni de reforzar sus fundamentos doctrinales en asuntos capitales como economía o tecnología.

La superioridad moral de la izquierda
La derecha, lejos de concebirse a sí misma como un motor ideológico alternativo o depositaria de valores específicos para nuestra sociedad, se ha empeñado en pedir perdón por existir, sin desmontar los tópicos ambientales sobre la supuesta superioridad moral de la izquierda. Podría haber rebatido con fe ciega una simplificación tan absurda, pero no lo ha hecho o al menos, con la contundencia ni frecuencia necesaria. Baste comparar resultados bajo las distintas ideologías, para darnos cuenta de que no es así, de que el colectivismo es una quimera inalcanzable; y que los mayores éxitos sociales, surgieron de la adecuada proporción de ambas ideologías. Así pues, tenemos una izquierda astuta y contundente, que frente a una derecha acomplejada e insegura en el mensaje, ha copado los ¾ de nuestra vida política reciente.

En cuanto a la economía, es evidente que cualquier alternativa al equipo de Zapatero y su incesante máquina de destruir empleo constituiría un gran alivio. El mazazo de la reciente EPA trimestral confirma la necesidad de un adelanto de las elecciones; las cifras macro no aguantan un cocinado más frente a lo prometido en Berlín. Pero los anteriores equipos populares no deben llamarse a andana ante el erróneo diseño que nos ha costado casi 400.000 millones de nueva Deuda durante la crisis. Tampoco en el tema de la corrupción o del derroche autonómico y municipal de sus propios gobiernos locales, han ofrecido perdón, explicación ni alternativas. Como oposición, no estuvo a la altura de los acontecimientos, siquiera en términos de movilización social. Floja respuesta, pues, en esta materia.

Sin entrar muy a fondo, hemos de reconocer que el personaje, aunque para muchos pueda resultarnos un hombre grato, se ha quedado corto de futuro para los difíciles años que esperamos. Demasiado aislado de sus bases, protector en los casos de corrupción interna–nos los vuelve a colocar en las listas, en una clara cesión de autoridad -, y no ha sabido aprovechar la inteligencia colectiva de sus propios cuadros. Personajes de relieve como Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre y el propio Aznar, no han estado alineados con él, y la pérdida de posiciones en Asturias, a manos de otro de sus históricos, Álvarez-Cascos, es inminente.

Las cifras de votos
En cuanto a cifras, con más de 10 puntos de ventaja en los sondeos actualmente, debería superar con creces la proyección de los 10 millones de votos obtenidos en las Generales de 2008. En el cuadro siguiente, vemos en votos y escaños la evolución de ambos. Un PSOE que gana más de 3 millones de votos, frente a un PP que pierde 100.000 en los últimos años, revela algunas deficiencias sobre el modo de combatir la influencia social de la izquierda en España por parte del PP.

El voto útil al PP
Son muchos los que argumentan a favor de ese voto de castigo al PSOE y útil al PP. Votar al PP significa confirmar un modo de actuar con el que no estamos de acuerdo. Variarán las políticas pero no los fundamentos que hacen tan inaceptable nuestra democracia. Nuestro destino podría llegar a través de dos opciones: pasando primero por un mandato del PP durante el que movilizar a la sociedad hacia metas más ambiciosas; o debilitándolo hasta poder prestarle 3 millones de votos necesarios para su mayoría, a cambio de esas reformas en referéndum, que pretendemos. Nos quedan 3 semanas para debatirlo y unas fuertes dosis de optimismo.

Nuestro papel
No parece el momento de ordenar ‘avance’ a las tropas. Visto el tamaño del enemigo, sería más sensato dividirlo antes que atacarlo. Son sus propias armas. Uno de los mayores talentos imputables al PSOE es su capacidad para dividirnos y tenernos distraídos acerca de lo que realmente se cuece en nuestra democracia. Por lo que nada como estimular sus disensiones internas y dificultar sus alianzas, hasta que su forma de gobernar, se adapte a los criterios democráticos consensuados en los principales países de nuestro entorno competitivo. La fortaleza organizativa de PSOE y PP, sea cual sea nuestro juicio moral, es incuestionable frente a nuestra dilución en internet. Menos mal que, poco a poco, con el apoyo de los medios alternativos, vamos desmontando sus mentiras y defensas. Nuestra mejor arma sería su descalabro electoral, que no pudieran formar gobiernos en mayoría y tuvieran que buscar apoyos fuera de los nacionalismos de los que se sirven a nuestro coste.

En ese sentido, damos la bienvenida a los integrantes del Foro por Asturias de Álvarez –Cascos, más que por un programa de gobierno, que no hemos analizado, por la valentía de enfrentarse y dividir a quien impone su conveniencia sobre nuestros derechos. Puede ser un triunfo parcialmente labrado en internet, dada la endémica carencia de medios de cualquier nuevo partido. Demostrar que vía internet, a partir de un candidato con notoriedad regional, en menos de 6 meses, se puede materializar una estrategia ganadora frente a los partidos convencionales, es un logro técnico extraordinario. Es una verdadera invitación a nuevas y fundamentadas deserciones que redimensionen tan gigantescos partidos. Si se da un caso, se pueden dar más, y nada nos impediría trasladar la experiencia.

Tenemos una izquierda astuta y contundente, que frente a una derecha acomplejada e insegura en el mensaje, ha copado los ¾ de nuestra vida política reciente

Para llegar a un nuevo modo de gobierno de todos, en el que hubiese una verdadera igualdad de oportunidades de representación entre los ciudadanos, tenemos, por fuerza, que disminuir el peso de estos dos últimos partidos analizados. Hemos de ayudarles a dividirse, a ser más pequeños y competitivos, es nuestra única garantía. En política, como hemos comprobado, no podemos depender de un solo proveedor. Cuando llegamos a ese punto, somos, como país, la proyección de las mismas limitaciones que tenga nuestro único ofertante como partido. Demasiado negocio, para tan pocos proveedores de soluciones y de tan mala calidad. Nuestro porvenir industrial estaría negro como el carbón de ser esto un negocio, y el que solo sea el arte de hacer que 47 millones convivan en paz y progreso, no lo alivia.

Viajar a través de esos 25 siglos perdidos a través de nuestra genealogía, en 100 generaciones, hasta la Grecia clásica, en busca de los orígenes de nuestro pensamiento, sería el viaje más apasionante jamás contado. Pero técnicamente nos va a ser más fácil viajar hacia el futuro, activando nuestra participación. Y en ese tiempo, que deseamos mejor, no cabe este tamaño de partidos, ni propuestas de continuar secuestrando nuestros irrenunciables deseos de democracia. Liderazgos tan minimalistas como el que quiere ensayar el PP –que le votemos como un mal menor -, ante los retos tan descomunales que nos van a llegar, resultan un pobre desafío.

Ambos proveedores, nos ofrecen productos anticuados, caros y sobre todo, viciados. Hemos de cambiar de suministradores si queremos que nuestro producto final tenga futuro. Aunque poco les importaría comprarnos las ideas, si viesen peligrar sus privilegios. Se las tendremos que vender con la debida firmeza y unidad en las urnas.

Abrimos nuestro debate, que como siempre esperamos creativo y respetuoso. Los dos grandes partidos son el enemigo común de nuestra democracia. No hallaremos en nuestro pasado inconvenientes genéticos o históricos tan grandes como la conveniencia de estos por mantenernos divididos y sometidos. Y mucho ánimo a quienes hayan perdido su empleo este trimestre, sabed que estamos de vuestra parte y que no cesaremos en la búsqueda del mejor camino para superar juntos este trance. Algunas buenas ideas tenemos

¿Modelo de qué?
Irene VILLA La Razón 30 Abril 2011

Quienes trabajamos por una sociedad fuerte, perseverante, trabajadora, humilde, solidaria…, en definitiva, feliz, no podemos salir de nuestro asombro al conocer, por medio de este periódico, que alguien pueda ver en el asesino Antonio Troitiño un «modelo para muchas generaciones». ¿Modelo de qué? Precisamente se acaba de celebrar el II Congreso «Lo que de verdad importa» en La Coruña, y cientos de jóvenes han podido ver como modelo la bondad, el respeto, la ayuda… a través de testimonios que nada tienen que ver con un asesino cuya fuga tendría que haberse evitado. Aunque sólo fuera porque lo único que les queda a las víctimas es justicia. Sin embargo, incluso en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, hasta hace bien poco, un cartel en apoyo a este asesino, entre otras consignas, rezaba: «Arriba quienes luchan». Me gustaría saber si a quienes escribieron esto también les parecería una forma de lucha que este asesino fugado, en lugar de haber hecho explotar la madrileña plaza que transitaban diariamente jóvenes guardias civiles, hubiese elegido su clase como objetivo. Duele ver apoyos a ETA en el País Vasco, pero una puede llegar a advertir, nunca compartir, la maquinaria que mueve aquella subcultura del odio; sin embargo, jamás comprenderé que el terrorismo pueda hallar respaldo en lugares como la universidad, en la que inverti cinco años de mi vida.

La monarquía en el siglo XXI
Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS La Razón 30 Abril 2011

En términos generales, la monarquía va para abajo, ya nadie cree en el origen divino del poder de los reyes, cada vez hay menos monarquías. Las revoluciones y las guerras acabaron con la francesa, la italiana, la alemana, la china y tantas más. Y, sin embargo...tienen en su haber las monarquías méritos enormes en el siglo XIX y en el XX. En Inglaterra la monarquía, bajo Isabel, pese a la pérdida del Imperio, logró mantener una conciencia de normalidad, de tranquilo poderío. Representaba, simplemente, a Inglaterra. Superaba las incidencias de Mrs. Simpson, de aquel matrimonio superpoblado de Carlos y Diana. Del choque de la tradición con lo simplemente humano. Hoy Carlos y Camila disimulan exquisitamente su impaciencia, se acomodan a los tiempos dando su imagen a Porcelanosa y siguen siendo lo de siempre. Isabel puede lucir sus sombreritos y sus trapos victorianos, hacer ascos al ajo y el gazpacho, pero significa «aquí estamos», «aquí está lo de siempre, no se preocupen, no se alteren, no teman a espectáculos extraños».

Da la impresión de que nada nuevo sucederá, la jefatura del Estado no será el lugar de un nuevo enfrentamiento político, de tensiones, de riesgo. Y al lado de la monarquía, que es más fuerte que sus eventuales incidencias, están la bandera y el Ejército y la Navy. Quizá disminuidos, pero nadie se da cuenta. Es sólida la monarquía inglesa, es una roca al lado de repúblicas que, en el mejor de los casos, tratan de ser algo así como monarquías a plazo fijo, otras veces mucho menos. Ahora se renueva felizmente.

Así son las mejores monarquías: ponen un rostro respetable y amable a ciertos países, eso supera, hace olvidar las frustraciones en el fondo trágicas de la familia real inglesa o de la noruega o de la nuestra, a veces. De Isabel II, gorda y calentorra, rendida a los tenientillos y los generales. ¿Qué iba a hacer? Hay que ponerse en su caso, omito los detalles. Y era buena persona, con buenas intenciones políticas. Poca cosa para los fanáticos. La echaron, claro, y tuvieron que admitir a su hijo. Y perdonar sus pecadillos y los de su hijo y su nieto: más importante era lo que hacían por el país. Cuando los echaban, tenían que repescarlos de nuevo, a ellos o a sus descendientes: a Alfonso XII y a don Juan Carlos.

Daban, repito, una cara digna al país. Aquí Don Juan Carlos lo hizo en un momento peligroso y memorable, en febrero del 81. Yo estaba trabajando en mi despacho, con una colaboradora, en el viejo Centro de Estudios Históricos en Duque de Medinaceli cuando los guardias sublevados nos echaron. Atravesamos a pie un Madrid desierto. Ver al Rey en la televisión nos tranquilizó. Ahora los extranjeros lo buscan cuando quieren algo de España, Zapatero lo busca cuando quiere pedir algo con un rostro menos personal. Algo para España.

Cierto, a veces ha habido una ruptura: tras la Revolución francesa, tras las derrotas de Alemania e Italia. Cosa triste. Han perdido algo importante, lo sustituyen como pueden. Pero las monarquías que subsisten, con poderes cierto que rebajados, siguen y seguirán en el XXI. Así en España. Pueden quemar alguna bandera, lanzar algún insulto estúpido: pero aquí sigue el Rey. Y esas comunidades que sabemos que seguirán raspeando con la Constitución, a la que aceptaron sólo para ver si al final se la cargaban, ven que sigue y seguirá el Rey, que nos representa a todos, también a ellos. Y nos evita una elección con quién sabe qué resultado. Bastante tuvimos con presidentes de la II República: don Niceto, frustrado ya desde el 31, luego expulsado cuando no quiso anular las elecciones del 33, luego saqueado en su patrimonio y exiliado; Azaña, viendo lo horrible y no pudiendo evitarlo, humillado por la Generalitat, exiliado. Mejor que hayamos retornado, una vez más, a lo seguro: a la monarquía.

Pienso que estas monarquías salvadas de guerras y naufragios, una vez perdido su énfasis e incorporadas definitivamente al reino de lo humano (menos prosopopeya, menos puritanismos ya imposibles) durarán en el siglo XXI. Vean la de Inglaterra, vean la de España, que pueden sonreírse entre sí pese a Gibraltar y a las torpezas y debilidades de los sucesivos gobiernos españoles (sólo salvo a Castiella, ese señor Piqué acabó de estropearlo).

Y no son sólo Inglaterra y España. Ahí está el Japón y el éxito de Mac Arthur respetando al Emperador, que ahora, en el momento del desastre, es quien encarna a su pueblo, quien lo tranquiliza. Vean Bélgica, donde la monarquía es el último lazo que queda en una situación peor que la de España. Vean Holanda y los países nórdicos.

Cierto, hubo el turbión que barrió las monarquías tras la revolución americana (ahora hay allí reyes por cuatro años). Vean las dos horribles guerras mundiales, que barrieron a su vez tantas monarquías. Ahora han pasado y esperamos que no vuelvan más, son demasiado para nuestro atribulado planeta. Las monarquías que han resistido siguen con buenas esperanzas de vida. Seguirán, esperamos, en este siglo XXI.
Son una fórmula práctica para lograr que haya algo respetable, algo común a todos. Incluso a los separatistas, salvo excepciones muy contadas.

La prensa internacional: "España entrará de nuevo en recesión por el paro"
 www.gaceta.es 30 Abril 2011

Los periódicos económicos de relevancia, Wall Street Journal y The Financial Times, llevan en sus portadas los datos de paro España, que alcanzan los 4.910.200 personas.

Los diarios económicos online se echan las manos a la cabeza tras los datos de paro, inflación y ventas minoristas en España. Los mensajes son de preocupación y continúan viendo a la economía encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero dentro de los periféricos de la Eurozona. De hecho, el Financial Times apunta que las cifras de parados y de inflación provocaría una vuelta a la recesión en el país.

Asimismo, señalan que "los datos de desempleo en España no son estacionales", y que "numerosos economistas argumentan que no reflejan el cambios bruscos en el mercado de trabajo temporal".

Además, agrega que "después de disfrutar de una década de crecimiento, la economía se ha encaminado hasta alcanzar altos niveles de deuda del sector privado, caída brusca de los precios inmobiliarios y el desempleo se ha disparado".

Por su parte, el Wall Street Journal continúa dando la noticia del paro en España en su edición de hoy. El diario apunta que "la tasa de paro en España es la más alta del mundo industrializado". Además, analiza que "los datos sugieren que la economía española, que sólo ha publicado tasas mínimas de crecimiento en los últimos trimestres, sigue estando obstaculizada por las medidas de austeridad y las altas presiones de inflación tras tres años de crisis".

En este sentido, cita las palabras de un economista de BNP Paribas, Dominique Barbet, quien señala que "todas las tres figuras principales ... fueron muy mal". Al tiempo que agregaba que tanto el desempleo como los datos de ventas minoristas eran peor que las expectativas más pesimistas. Asimismo indican que "los economistas y el Gobierno dicen que es poco probable que aumente el paro a medio plazo debido a la temporada de verano, en la que se espera que vengan más turistas".

TVE
Que las cierren todas
Pablo Molina Libertad Digital 30 Abril 2011

Cada vez que TVE protagoniza un alarde de bajeza política surge inevitablemente el debate sobre la necesidad de una televisión pública plural e independiente, oxímoron mediático basado en el argumento falaz de que los problemas de sectarismo en el "Ente" se solucionan con un cambio en el color político del que nombra a sus dirigentes.

Es cierto que con los socialistas en el Gobierno lo escandaloso es parte de lo cotidiano y que el PP suele ser más pulcro –o quizás más ingenuo– en lo que respecta a la limpieza informativa de los medios públicos. Mas ni siquiera la evidencia de esta disparidad de trato a la inteligencia de los españoles cuando están en el Gobierno uno u otro partido debe hacernos perder de vista la necesidad de acabar con unos engendros mediáticos innecesarios, ofensivos, sectarios, carísimos y cuya única función conocida es la de enriquecer a los amigos del poder comprándoles la basura ideologizada que surge de sus factorías de ficción.

Con la llegada de la Televisión Digital Terrestre, hasta en la aldea más recóndita cualquier familia dispone de casi medio centenar de canales de todas las temáticas. La existencia de emporios televisivos estatales y autonómicos, por tanto, no responde a la necesidad de que exista un servicio público que por otra parte nadie ha solicitado, sino tan sólo a la exigencia de los políticos de contar con un medio de comunicación pagado por todos los ciudadanos para ofender a la mitad de ellos.

La escena cochambrosa de la esposa del brujo visitador que dirige La Secta arrojando en directo su verdura rancia a la segunda autoridad del partido de la oposición tan sólo es una razón más para suprimir un mastodonte que únicamente resulta provechoso para los espectadores más sectarios y el bolsillo de Roures y sus amigos de Mediapro, cuyas carísimas producciones para TVE mejoran las finanzas del grupo progresista por excelencia, en la misma medida que avergüenzan a los trabajadores de la casa y a los espectadores que alguna vez se topan con sus jaimitadas en una ráfaga de zapping.

Cuando hay más de un millón de familias que carecen de ingresos y el país está ya inmerso en la tragedia de los cinco millones de parados, la existencia de unas televisiones públicas carísimas, haciendo competencia desleal a emisoras privadas y convertidas en bastiones del sectarismo más obsceno, es una inmoralidad que hay que erradicar aunque sólo sea por una elemental cuestión de decencia.

Muchos estamos tan hartos del latrocinio de las televisiones públicas que si Rajoy da el paso de acabar con ellas llegado su momento hasta le permitiremos salvar Teledeporte.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Palestina
Guerra en vez de democracia
GEES Libertad Digital 30 Abril 2011

Tras un clima de enfrentamiento, las elecciones de 2006 que dieron la victoria a Hamás en Gaza abrieron un periodo de guerra civil entre los grupos palestinos, el asentamiento de Hamás en este territorio, el inicio de un proceso de eliminación sistemática de opositores, y la instauración final en la Franja de un Gobierno despótico, que ha llevado a un proceso de militarización de la sociedad y a un permanente estado de movilización contra Israel. El tradicional estilo corrupto y autoritario que definía el Gobierno de la ANP en Cisjordania, alcanzó en Gaza un carácter criminal, de permanente movilización en apoyo de las milicias y grupos terroristas en sus ataques a Israel.

En los últimos meses, esto ocurre en medio de los levantamientos árabes contra sus Gobiernos. De toda la región, el único país que se mantiene estable y próspero al margen de las revueltas es Israel. En Egipto, Túnez y Siria, los que se manifiestan exigen tres cosas. Primero mayores espacios de libertades públicas y garantías democráticas. Segundo, mayor transparencia y control del dinero público. Y tercero, mejora de las condiciones económicas. Respecto a lo primero, Cisjordania está gobernada como por las distintas familias de Fatah y la OLP, y Gaza es simplemente un régimen totalitario y criminal. Respecto a lo segundo, la OLP es uno de los gobiernos más corruptos de la tierra, mucho más que el Túnez de Ben Alí o el Egipto de Mubarak, con el dinero de las subvenciones pasando meteóricamente por Ramala camino de opacas cuentas de bancos suizos; en Gaza se suma simplemente a esto el desvío de fondos para la compra de armas, explosivos y el pago a las familias de terroristas suicidas. Respecto a lo tercero, tanto Hamás como Fatah se han mostrado –y ha pasado ya suficiente tiempo como para poder sacar conclusiones– incapaces de sacar adelante la economía palestina, pese a que recibe de occidente ayudas multimillonarias.

No se trata con el pacto de lograr una independencia arrancada sin negociación contra Israel que los dos gobernantes. Fatah y Hamás han mostrado ser incapaces de gestionar. Se trata más bien de los levantamientos árabes contra sus inútiles y desvergonzados gobiernos. Y es que los líderes palestinos de ambas facciones buscan huir de su propia responsabilidad ante la pobreza de los palestinos, la corrupción de las clases dirigentes y los nulos avances en derechos humanos y políticos. Hamás ya ha reprimido unas manifestaciones en Gaza con una dureza semejante a la que provocó la intervención aliada en Libia. Lo que a Europa y Estados Unidos les indigna del Gobierno libio o sirio no les molesta del palestino. Razón por la cual, animados por la impunidad, han decidido dar un paso más.

El recurso, viejo como la humanidad, es salvar ese problema común –el miedo al contagio– saltando por encima de las diferencias –que lo son a muerte– para buscar al enemigo exterior, capaz de cohesionar en el interior y cimentar la indulgencia del exterior. Frente común contra un enemigo contra el que buscar la confrontación. De ambas partes, el genocida impulso de Hamás y sus acólitos de Cisjordania arrastrará al resto: el acuerdo nace desde la violencia y caminará hacia ella. Es una huida hacia adelante destinada a incendiar la región. Pero lo grave no es ni que Abbas haya preferido la independencia a la paz, ni que no conseguirá ni la una ni la otra de la mano de Hamás. Lo grave es que lo ha hecho para evitar que los palestinos se puedan sentir como egipcios, libios, tunecinos o sirios. El pacto es la elección de la guerra antes que la democracia.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cataluña
¿Por qué votan nacionalista?
Pío Moa Libertad Digital 30 Abril 2011

Algunos comentarios a mi artículo Cataluña es España, en plan derrotista y "decepcionado" replican que, si los catalanes se consideran en su mayoría españoles, ¿por qué votan a partidos nacionalistas? Es evidente que la gran masa de los catalanes no son separatistas, como demuestran con frecuencia, y sin embargo votan a partidos nacionalistas. Intentaré explicar por qué.

Todos los partidos relevantes en Cataluña son nacionalistas, desde el PP a la Esquerra, y, por supuesto, CiU y el PSC. Unos lo son de modo abierto y claro, y los otros de modo vergonzante: en la práctica siguen las iniciativas de los primeros. Por tanto, el votante catalán no tiene elección real.

Desde la transición, la única propaganda masiva, sistemática y tenaz ha sido la nacionalista (separatista del todo o a medias). La derecha abandonó desde el primer momento la lucha por las ideas en Cataluña y en Vascongadas (también en el resto del país frente al PSOE), tratando a hacerse simpática a los nacionalistas para disminuir su virulencia: concesiones, sonrisitas, aceptación de gran parte de su doctrina. La resistencia ofrecida por Jiménez Losantos, Amando de Miguel y otros, no solo fue asfixiada desde Barcelona, sino también desde Madrid. Por tanto, la formación de opinión pública en Cataluña ha tenido tinte casi exclusivamente nacionalista. El mensaje del PSUC y luego del PSC lo fue siempre en lo esencial, y hoy lo es también el del PP. Ante tal y tan prolongado lavado de cerebro, la pregunta es: ¿por qué el separatismo no ha avanzado mucho más?

La réplica por parte de los partidos menos nacionalistas o de las tendencias más españolistas, ha sido vergonzante y a la defensiva. Además, a menudo ha sido antidemocrática, como en el resto de España frente a una izquierda a su vez antidemocrática. Un españolismo de ese jaez hace el juego al separatismo, y si cuando no es antidemocrático resulta romo, sin incisividad, incapaz de bregar con las maniobras, calumnias y manipulaciones nacionalistas, no puede esperarse otro resultado.

He aquí tres causas que a mi juicio explican bastante bien por qué los catalanes votan a partidos nacionalistas, pese a no ser separatistas en su gran mayoría. Simplemente no ha quedado allí otra opción política y, al igual que en el resto de España, no surge una alternativa a la demagogia. Porque un coro de lamentaciones y cabreos no es, desde luego, una alternativa.

Una buena causa es derrotada si no sabe hacerse valer, si sus defensores no la defienden con habilidad, entusiasmo y empeño, y estas características han estado del lado de la mala causa. Esperemos que Ciudadanos sepa combinar la habilidad con la orientación justa.

Algunos comentarios a mi artículo Cataluña es España, en plan derrotista y "decepcionado" replican que, si los catalanes se consideran en su mayoría españoles, ¿por qué votan a partidos nacionalistas? Es evidente que la gran masa de los catalanes no son separatistas, como demuestran con frecuencia, y sin embargo votan a partidos nacionalistas. Intentaré explicar por qué.

Todos los partidos relevantes en Cataluña son nacionalistas, desde el PP a la Esquerra, y, por supuesto, CiU y el PSC. Unos lo son de modo abierto y claro, y los otros de modo vergonzante: en la práctica siguen las iniciativas de los primeros. Por tanto, el votante catalán no tiene elección real.

Desde la transición, la única propaganda masiva, sistemática y tenaz ha sido la nacionalista (separatista del todo o a medias). La derecha abandonó desde el primer momento la lucha por las ideas en Cataluña y en Vascongadas (también en el resto del país frente al PSOE), tratando a hacerse simpática a los nacionalistas para disminuir su virulencia: concesiones, sonrisitas, aceptación de gran parte de su doctrina. La resistencia ofrecida por Jiménez Losantos, Amando de Miguel y otros, no solo fue asfixiada desde Barcelona, sino también desde Madrid. Por tanto, la formación de opinión pública en Cataluña ha tenido tinte casi exclusivamente nacionalista. El mensaje del PSUC y luego del PSC lo fue siempre en lo esencial, y hoy lo es también el del PP. Ante tal y tan prolongado lavado de cerebro, la pregunta es: ¿por qué el separatismo no ha avanzado mucho más?

La réplica por parte de los partidos menos nacionalistas o de las tendencias más españolistas, ha sido vergonzante y a la defensiva. Además, a menudo ha sido antidemocrática, como en el resto de España frente a una izquierda a su vez antidemocrática. Un españolismo de ese jaez hace el juego al separatismo, y si cuando no es antidemocrático resulta romo, sin incisividad, incapaz de bregar con las maniobras, calumnias y manipulaciones nacionalistas, no puede esperarse otro resultado.

He aquí tres causas que a mi juicio explican bastante bien por qué los catalanes votan a partidos nacionalistas, pese a no ser separatistas en su gran mayoría. Simplemente no ha quedado allí otra opción política y, al igual que en el resto de España, no surge una alternativa a la demagogia. Porque un coro de lamentaciones y cabreos no es, desde luego, una alternativa.

Una buena causa es derrotada si no sabe hacerse valer, si sus defensores no la defienden con habilidad, entusiasmo y empeño, y estas características han estado del lado de la mala causa. Esperemos que Ciudadanos sepa combinar la habilidad con la orientación justa.

De mayor quiero ser clarividente
Rechazada la solución de la clarividencia ideológicamente motivada, ¿qué nos resta? Asumir que, digan lo que digan los tribunales sobre Bildu, lo mejor que podemos hacer es aceptarlo como la única solución prudente y adecuada
J. M. RUIZ SOROA El Correo 30 Abril 2011

Si hay algo que este humilde opinante envidia en este momento es la pomposa clarividencia de que hacen gala, de un lado y de otro, casi todos los partidos, grupos o personas que opinan públicamente sobre Bildu, esa coalición electoral compuesta por dos partidos políticos legales (Eusko Alkartasuna y Alternatiba) y un sin número de independientes proporcionados por (y proporcionales a) la izquierda abertzale.

Unos tienen claro, absolutamente claro, que una agrupación electoral así compuesta, avalada por dos partidos plenamente legales, de la que forman parte un montón de personas independientes sin vinculación fuerte ni patente con ETA-Batasuna, debe poder presentarse a las elecciones sin dificultad y que impedirlo sería una violación clamorosa del derecho constitucional a la participación política, salvo en aquellos casos concretos y puntuales en que pudiera demostrarse más allá de toda duda la vinculación de un candidato concreto con el complejo-Batasuna que fue ilegalizado. Esta es la clarividencia en su variedad progresista y nacionalista, inspirada sobre todo por el optimismo de la voluntad.

Otros, los de la clarividencia conservadora, consideran no menos evidente que la coalición electoral Bildu ha sido diseñada una vez más por ETA-Batasuna como enésimo intento para sortear la ilegalización de ese complejo. Son los mismos, eternamente los mismos, se pongan la etiqueta que se pongan y digan lo que digan, dice el pesimismo de la experiencia. Que rechacen la violencia o que aspiren a un futuro de actuación exclusivamente política no cambia nada, porque están contaminados por su nacimiento más que por su conducta, cree la derecha.

¡Afortunados clarividentes! ¡Envidiables seguridades! ¡Maravillosa ideología, que permite ver claro allí donde los demás mortales vemos sólo confusión! ¡Hasta el lehendakari López tiene claro que si Eusko Alkartasuna avala la coalición tiene por fuerza que ser legítima, pues nunca un partido legal y democrático podría pactar con ETA o colaborar en su estrategia (Lizarra aparte, claro)!

Me parece a mí que la realidad política de la etapa del fin del terrorismo es por sí misma desordenada y borrosa, y que este es un principio que no debería nunca olvidársenos a la hora de analizar lo que sucede. Porque tan confusa es la realidad que su definición puede escapar a las categorías lógicas ordinarias, como me temo que sucede en este caso. ¿Está ETA-Batasuna detrás de Bildu? Sí y no, ambas cosas al mismo tiempo. No es ETA la que ha diseñado ella sola la operación electoral, pero sí es patente que la permite y anima, que tal operación forma parte de un proceso de adaptación del terrorismo a una nueva situación y a una nueva estrategia. ¿Rechazan la violencia los candidatos de Bildu? Sí, aunque sea con las fórmulas estereotipadas y perifrásticas diseñadas por Batasuna. ¿Desea realmente la izquierda abertzale participar en el proceso democrático al margen de cualquier acción violenta y rechazando ésta? Sí, aunque sin perder el capital simbólico de la violencia pasada. ¿Está la izquierda abertzale intentando incorporarse al proceso democrático normal? Parece claro que sí. ¿Está ETA de acuerdo con ello?

Respuesta también afirmativa. Pongan ustedes orden lógico y jurídico en este caos. La confusión no puede ordenarse, sino sólo describirse: ETA está adaptándose a un nuevo escenario (un tiempo nuevo, dice) en el que deja de operar como actor violento aunque no desaparece ni se disuelve, y en el que la izquierda abertzale asume, con su complacencia lejana, el timón de su propia estrategia política, que pasa por distanciarse tanto en la teoría como en la práctica de la propia ETA. Por fin tenemos a un brazo político abertzale que es independiente del terrorismo y lo rechaza, aunque lo hace de acuerdo con ese terrorismo devenido letárgico. Narrado de manera más ilógica todavía, al igual que ETA fue capaz en el pasado de crear su propio movimiento pacifista, que lo fue, es ahora capaz de tolerar y amparar a su propio movimiento antiterrorista. Absurdo, claro está, pero ¿dónde está escrito que la realidad no pueda ser absurda? A corto plazo, en el momento que estamos viviendo en que el terrorismo intenta reconvertirse en otra cosa, conviven a la vez realidades y tendencias contradictorias: independencia y dependencia, cambio y conservación, nuevas ideas y viejas rémoras, lo que quiere nacer y lo que no quiere morir.

Y entonces, ¿qué propone usted? Porque, a la postre, la política consiste en dar respuestas claras a situaciones borrosas, y hacerlo casi siempre con información y comprensión insuficientes. Rechazada la solución de la clarividencia ideológicamente motivada, ¿qué nos resta? Pues creo que nos queda sólo la apuesta de Pascal, es decir, jugar toda nuestra confianza al único resultado que nos beneficia en todo caso, incluso si nos equivocamos. Esa apuesta se llama en este caso Estado de Derecho: y consiste en hacer un acto de fe y asumir como si fuera un axioma indubitado que, digan lo que digan los tribunales en este caso, lo mejor que podremos hacer es aceptarlo a priori como la única solución prudente y adecuada. O lo que es lo mismo, fiar más en lo que nos constituye como demócratas que en nuestra particular forma de clarividencia.

Fuera de control
KEPA AULESTIA El Correo 30 Abril 2011

Las demandas interpuestas por la Abogacía del Estado y la Fiscalía ante el Tribunal Supremo, solicitando que anule la proclamación de las candidaturas de Bildu y de algunas agrupaciones electorales que pudieran ser afines a la izquierda abertzale, suscitan una primera duda: hasta qué punto el relato acusador describe la constitución de dicha coalición como el cumplimiento de un designio etarra basándose en indicios que ofrecerían una apariencia de verdad al forzar la realidad de los hechos. Es posible que resulte más fácil demostrar con pruebas documentales que la operación coincide con las indicaciones contenidas en una directriz establecida por ETA que lo contrario. Sencillamente porque, independientemente de a quién corresponda la carga de la prueba desde un punto de vista jurídico, no hay constancia alguna de que la izquierda abertzale decidiera conformar una coalición con EA y Alternatiba de espaldas a la banda terrorista, y mucho menos en contra de su criterio. Pero de ello tampoco cabe inferir que Bildu sea resultado de la «unidad de sujeto ETA/Batasuna».

La narración sobre las desavenencias entre ETA y la izquierda abertzale recogida en las alegaciones presentadas tanto en el 'caso Sortu' como ayer frente a los recursos contencioso-electorales contra Bildu aportaría una parte de verdad que no está presente en las demandas. Aunque la deliberada negativa de la izquierda abertzale a romper amarras de manera ostensible con ETA permite a la banda actuar como si hubiese ideado inicialmente la operación en marcha y la tutelase en tanto que realización de los objetivos enunciados en su declaración de tregua. De manera que el núcleo etarra estaría en condiciones de hacer suyo para consumo interno, aunque fuese a título de mera retórica, el desarrollo de una plataforma electoral cuyo devenir se le escaparía desde el mismo momento en que se confirmase la proclamación de candidaturas, pero cuya existencia podría servirle para continuar refiriéndose a la apertura de una «nueva era» en la historia de Euskal Herria.

Es precisamente ahí donde se dibujaría la línea de separación entre una iniciativa política netamente continuadora de la extinta Batasuna y el inicio de otra cosa. Siguiendo la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, mientras ETA se mantenga en tregua y haga menciones genéricas a la izquierda abertzale presentándose como integrante de la misma -así lo hizo en su comunicado del Aberri Eguna-, podría afirmarse la existencia de una «esencial coincidencia» entre sus planteamientos y los frutos obtenidos por la participación de los herederos de Batasuna en Bildu en tanto que estos no lo nieguen expresamente. Pero de ello no se desprendería la existencia de un «riguroso control» de Bildu por parte de ETA; o cuando menos ni la Abogacía del Estado ni la Fiscalía han podido demostrarlo en sus demandas.

En cierto sentido, Bildu representaría un paso hacia atrás respecto a la marca Sortu, que tanto en sus estatutos fundacionales como en sus contados y medidos pronunciamientos se ha mostrado más dueña de sí misma en relación al dictado etarra y su actuación futura, con planteamientos que no alcanza ni de lejos el «código» suscrito al respecto por los electos de la coalición. Sin embargo es la compañía de dos formaciones plenamente legales y la presentación ante las correspondientes juntas electorales de listas de candidatos mayoritariamente 'blancas' lo que favorece más el pronóstico de que el Supremo vuelva a mostrarse dividido, pero en esta ocasión a favor de Bildu. La réplica legal e informada de los defensores de la coalición a las pesquisas aportadas sobre la supuesta trayectoria connivente de sus candidatos podría resultar decisiva.

La eventual presencia de Bildu en los comicios del próximo 22 de mayo obliga a todas las demás formaciones a ajustar sus cálculos electorales y a abrir aún más el abanico de posibles alianzas en las que tendrían que participar con posterioridad. Pero la política se está manifestando en toda su crudeza también entre quienes han constituido la citada coalición. La necesidad de conformar las candidaturas con arreglo a la representatividad pasada o presumible de los tres socios ha obligado a estos a asumir un pronóstico ciertamente moderado de sus posibilidades electorales para evitar que el reparto de puestos emulara al cuento de la lechera. De modo que el método de confección de las listas les ha llevado a rebajar el alcance de su iniciativa.

El razonable temor a que al final no se produzca un efecto suma, y la previsión de que en tal caso el conflicto de intereses entre los integrantes de Bildu pueda recrudecerse, están lógicamente silenciados por la incertidumbre inmediata de su posible anulación electoral. De confirmarse esta última hipótesis, la coalición tendería a desbaratarse; porque si bien la izquierda abertzale cuenta con un hábitat al margen de las instituciones, no sería fácil la pervivencia autónoma de EA y Alternatiba sin más representación que un parlamentario vasco a la espera de lo que deparen las próximas generales.

Mientras que el triunfo moral de su acceso legal a las instituciones, aun remodelando el panorama político precedente, obligaría a los integrantes de Bildu a enfrentarse a la doble realidad de una presencia limitada y al ejercicio cotidiano de una política que no podrían reducir a la proclamación del advenimiento de un nuevo tiempo. Probablemente ETA se mostraría más confortada con lo primero que con lo segundo.

¿Evitar la guerra lingüística?
ALBERT BRANCHADELL  El País 30 Abril 2011

El pasado 22 de diciembre el Tribunal Supremo (TS) dio a conocer tres sentencias que, más allá de resolver sendas reclamaciones particulares, suponen una desautorización del modelo lingüístico-escolar de Cataluña. Se trata del llamado "sistema de inmersión", que se caracteriza por tener el catalán como lengua vehicular y el castellano como asignatura obligatoria. Según el TS, que interpreta a su manera la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, el castellano debe ser "reintroducido" como lengua vehicular en todos los cursos de enseñanza obligatoria, en una proporción que corresponde fijar a las autoridades educativas catalanas. El entonces consejero de Educación de la Generalitat, Ernest Maragall, quitó hierro a este revés judicial, con el argumento de que el Supremo "no anula ni obliga a modificar ningún precepto ni artículo de la normativa vigente". El argumento es débil, porque tanto Maragall como su sucesora, Irene Rigau, saben que la Ley de Educación de Cataluña (LEC), que pretendía "blindar" la inmersión, está sobre la mesa del Tribunal Constitucional (TC), y después de la sentencia sobre el Estatuto es poco probable que la LEC supere incólume el escrutinio constitucional.

Pregunta: ¿qué pasará si el TC obliga a modificar algún precepto lingüístico de la LEC? El presidente de la Generalitat, Artur Mas, no se anduvo con rodeos: si le obligaran a alterar el sistema de inmersión, "tendríamos un conflicto político de primerísimo orden". En esta línea, el pasado 7 de abril la Comisión de Educación del Parlamento de Cataluña aprobó una insólita resolución en que manifiesta su "discrepancia" con el TS y llama a la "extensión" de la inmersión. El asunto es lo suficientemente grave como para que intentemos reconstruir un terreno de encuentro.

Además de constituir un tosco ejercicio de extralimitación, suplantar al legislador catalán e ignorar la autonomía de la Generalitat, las sentencias del TS parten de una grave impostura, que consiste en dar por sentado un vínculo necesario entre el deber de conocer el castellano y la consideración del castellano como lengua vehicular, un asunto en el que la Constitución guarda silencio. Esta posición del Supremo choca con la realidad empírica: está perfectamente acreditado que el alumnado catalán alcanza una competencia completa en castellano, aunque en su vida escolar la lengua vehicular sea el catalán. No es necesario ser especialmente sutil para darse cuenta de que detrás de la argumentación del Supremo no hay argumentos estrictamente pedagógicos sino políticos: en España todo el mundo debe recibir (al menos una parte) de la enseñanza en castellano... porque estamos en España.

El carácter vehicular del castellano no es necesario para asegurar su conocimiento entre el alumnado, pero tampoco debería ser dañino para el catalán. En este punto es donde determinadas reacciones catalanas a las sentencias del TS incurren en la sobreactuación. Organizaciones tan respetables como el Centre Unesco, el Pen Club o la Associació de Mestres Rosa Sensat emitieron un comunicado en el que protestan contra las sentencias del TS y llaman a la sociedad catalana a organizarse para responder "a este intento de genocidio lingüístico". El Supremo considera "inobjetable" la política de normalización del catalán que emana del Estatuto y de las leyes de normalización y solo reclama que el castellano sea también lengua vehicular de un sistema educativo organizado en una sola red escolar que no segrega a los alumnos por razones lingüísticas. Si esto es genocidio ya podemos deshacernos de nuestros diccionarios.

En su discurso de investidura, Mas dijo que su apuesta sería por una escuela catalana y unos alumnos trilingües, perfectamente competentes en catalán, castellano e inglés. En Cataluña se sabe que para garantizar la competencia en inglés no bastará con una asignatura, sino que habrá que introducir el inglés como lengua vehicular. En este punto es donde la solidez de ciertas posiciones catalanas se tambalea: ¿introducir el inglés como lengua vehicular no va a arruinar el sistema de inmersión pero (re)introducir el castellano sí? ¿Dar matemáticas en castellano puede resultar letal pero hacerlo en inglés no? En Cataluña el debate tampoco es estrictamente pedagógico sino que adquiere tintes políticos: independientemente de si existen maneras alternativas de asegurar la competencia en catalán, en Cataluña todo el mundo debe recibir (toda) la enseñanza en catalán... porque estamos en Cataluña.

Como se puede ver, lo que se plantea es un enfrentamiento entre dos postulados mutuamente contradictorios que beben del nacionalismo lingüístico. Si queremos evitar "un conflicto político de primerísimo orden", solo cabe una solución, que es apostar por alumnos trilingües en una escuela catalana trilingüe, en la que el catalán, en atención al legítimo objetivo de la normalización lingüística, sea el "centro de gravedad" (en la bella expresión del Constitucional), el castellano no quede excluido como lengua docente, y el inglés tenga la presencia necesaria para resolver el gran problema lingüístico que tiene planteado el sistema educativo catalán (y español), que no es precisamente el conocimiento del castellano sino el de la lengua global. A menos, claro está, que deseemos ese conflicto político de primerísimo orden.

Albert Branchadell es profesor de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Impositores lingüísticos contra la ley gallega que permitirá consultar a los padres por la lengua en que quieren escolarizar a sus hijos
http://gallegos-hispanohablantes.blogspot.com/ Juan Julio Alfaya 30 Abril 2011

Los grupos del PSdeG y del BNG se oponen a la Ley de Convivencia y Participación que permitirá realizar encuestas a los padres para consultar la lengua en que quieren escolarizar a sus hijos.

La Ley de Convivencia y Participación, que permitirá realizar encuestas a los padres para consultar la lengua en que quieren escolarizar a sus hijos y regulará la autoridad del profesor, ha iniciado este martes la recta final de su tramitación con su entrada en la Cámara autonómica.

No obstante, los grupos del PSdeG y del BNG han criticado el espíritu con el que nace la normativa al asegurar que la ley surge con el "fin último" de "legalizar" las consultas a los padres sobre la lengua en que quieren escolarizar a sus hijos bajo el epígrafe de participación.

La nacionalista Carme Adán ha advertido que detrás de la participación, el Gobierno gallego pretende "reducir la presencia del gallego". En este sentido, ha señalado que "no hay ninguna regulación" que ampare la "autenticidad y neutralidad" en el caso de las consultas.

Guillermo Meijón, diputado del PSdeG, ha reprochado que el texto pretenda "embarrar la convivencia y participación".

Minutos antes del comienzo del pleno, una treintena de delegados de la Confederación Intersindical Galega (CIG) se manifestó ante las puertas del Pazo do Hórreo para expresar su rechazo al texto legislativo bajo una pancarta en la que avisaban de que en nombre de la convivencia y participación, se "legisla para el conflicto y la imposición".

ETA mantiene el chantaje para los que pagan a «plazos»
J. M. Zuloaga La Razón 30 Abril 2011

Los terroristas emplean sistemas muy agresivos, con el fin de que los empresarios entreguen el dinero y no acudan a la Policía
En este documento en euskera, que se incautó en una operación en Francia, ETA explica a sus «comandos» cómo tienen que presionar a los empresarios con pagos pendientes del chantaje conocido como «impuesto revolucionario»

Rubalcaba avisa contra posibles «sustos e incidentes de recorrido» de ETA Un etarra, absuelto del intento de secuestro y asesinato que confesó

MADRID-El anuncio de ETA de «cancelación», como consecuencia del alto el fuego, de la extorsión del llamado «impuesto revolucionario», comunicado a las patronales navarra y vasca, no afecta a los industriales que ya habían realizado algún pago a la banda y que tienen «cuotas» pendientes, según fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN.

La presión sobre estas personas se ha incrementado en los últimos meses, con el fin de que entreguen el dinero que se comprometieron a dar. El fraccionamiento de los pagos ha sido una norma habitual dentro de los sistemas mafiosos que utiliza ETA para chantajear a los empresarios.

Necesitan dinero
Los pistoleros necesitan medios para subsistir. Sabían, por lo ocurrido durante la anterior tregua de 2006-2007, que si continuaban con el envío de cartas sería un factor en contra del «proceso» que han urdido para colar sus listas en las elecciones municipales. En cualquier caso, consigan o no estar en los ayuntamientos, las citadas fuentes no dudan de que el chantaje se reanudará a corto o medio plazo.

Los «taldes» («comandos»), encargados del cobro del «impuesto revolucionario», se encuentran activos. Sus métodos de presión contra los empresarios con pagos pendientes son extremadamente agresivos, sobre todo para garantizar que nadie acuda a comunicar lo que ocurre a las Fuerzas de Seguridad. Una denuncia de este tipo arruinaría todo el montaje que ha organizado ETA para que sus candidaturas estén en los comicios de mayo.

No se descarta, en este sentido, que los pistoleros hayan llegado a retener contra su voluntad al empresario extorsionado, o a alguno de sus familiares, con el fin de garantizar el pago del dinero pendiente. Se trataría de un sistema parecido al «secuestro exprés», que ETA podría haber utilizado en más de una ocasión, según acreditan documentos que se han incautado en operaciones realizadas contra la banda en Francia.

De lo que se trata es de someter al empresario a «una presión extrema» para hacerle ver que tiene que pagar los «plazos» pendientes. Para realizar estas labores criminales, ETA cuenta con una estructura denominada «Gesa», que depende de «Gezi», el «subaparato» que controla el «impuesto revolucionario».

En uno de los citados documentos, que se reproduce en esta misma página y que está incorporado a un sumario que se tramita en la Audiencia Nacional, se explica, de forma categórica, cómo debe actuar el «comando» con el industrial extorsionado.

«Capturar a nuestro objetivo, confirmar su identidad, llevarlo al monte o a un lugar tranquilo, explicarle el asunto». En el caso de que acceda a pagar, «se le deja marchar, pero antes se le marca una cita, a la que deberá acudir solo con el dinero que se le pide. Se le explica que debe guardar silencio respecto de lo que está ocurriendo y que, si no cumple, sufrirá graves consecuencias».

Guión
ETA, que no se fía mucho de la inteligencia de los integrantes de sus «comandos», les marca, incluso, el guión escrito que deben seguir: «Señor, estás en manos de ETA por tus posibilidades económicas». «Subir la tensión, –ordena la banda–, que se dé cuenta de que esto va en serio». «¿Has entendido? El poner fin a esta situación depende de ti, así que si confirmas ahora mismo que pagarás la cantidad de dinero que hemos fijado te dejamos irte ahora mismo (...) El dinero lo tienes que llevar tú a la cita, nadie más, si así lo haces, en el plazo y en la forma que te digamos, tu compromiso para con Euskal Herria estará resuelto. Si no fuera así, te convertirás en un objetivo operativo-militar prioritario de ETA. Igual si se te ocurre llamar a cualquier cuerpo policial». «Por tanto, –agrega–tienes que seguir nuestras instrucciones al pie de la letra. De aquí en adelante, todas las gestiones que hagas las harás con toda la discreción del mundo, si no quieres que te suceda nada malo».

«Señor, estás en manos de ETA por el dinero que tienes».
En este documento en euskera, que se incautó en una operación en Francia, ETA explica a sus «comandos» cómo tienen que presionar a los empresarios con pagos pendientes del chantaje conocido como «impuesto revolucionario»

Admisión a trámite por el TSJG del recurso contra el decreto  79/10.

Nota de MLL www.libertadlinguistica.com /

Promovido por la Mesa por la Libertad Lingüística y AGLI, ha sido admitido a trámite de nuestro recurso contra el decreto 79/10 de la Junta de Galicia.
No es siquiera una noticia: la noticia hubiera sido la inadmisión.

Sin embargo los enemigos de la libertad le han dado mucho bombo hoy mismo a la admisión a trámite de sus recursos -uno de la MNL y otro del sindicato  STEG.

Lo que sí es noticia es que el ponente designado, podría ser un magistrado vinculado al PSOE (ver recorte siguiente), por lo que corremos el riesgo de que la coalición nacional-socialista se vengue del PP a nuestra costa.

Villagómez medita entrar en la política vinculado al PSOE
El magistrado del TSXG declinó ir de número 3 del alcalde en Vigo
ALBERTO MARTÍNEZ A CORUÑA www.elcorreogallego.es 6 Abril 2011

El PSdeG-PSOE- tanteó semanas atrás la posibilidad de que Alfonso Villagómez Cebrián (Ourense, 1961), magistrado de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), fuera como número 3 de la candidatura de Abel Caballero a la alcaldía de Vigo. Pero el doctor en derecho por la Universidade de Santiago declinó la oferta "por no ser el momento en mi vida profesional", apunta.

Villagómez, habitual columnista en EL CORREO GALLEGO, confirmó la oferta y la agradeció: "Ir de número 3 en la ciudad más importante de Galicia es un honor", expresa, aunque, ante ciertos comentarios habidos al conocerse la circunstancia, precisa: "La oferta es lo único cierto, a partir de ahí todo lo dicho son especulaciones".

No obstante, sobre lo ocurrido tras salir a la luz dicha oferta, reconoce que "quizá el que haya estado en el gabinete del ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar (2004-2007), o también por mis habituales comentarios publicados en la prensa se hayan desatado dichas especulaciones".

Lo real es que, por ahora, seguirá su labor de magistrado pero no descarta en el futuro volver a la política. "Tengo una plaza en el TSXG y precisaría pedir una excedencia, eso tendría que decirlo con tiempo tras analizar los pros y los contras, pero no dejo las puertas cerradas si hay algo interesante", dice, a lo que añade: "Con vistas a las generales del próximo año, me lo pensaría".

"Sinceramente, ahora no me veía en Vigo, sobre todo con el obstáculo actual de mi carrera profesional en la magistratura", reitera, y argumenta que "no es blanco o negro, más adelante no descarto nada; ahora la política está en mis musas, pero bien es sabido que de las musas al teatro se pasa en poco tiempo".

Hay que indicar que Villagómez, en paralelo a su trayectoria judicial -primero como juez (Jaca y El Escorial) y desde 1995 como magistrado (Bilbao, Sevilla y A Coruña)- tuvo tres paréntesis, el primero como asesor del Defensor del Pueblo, Fernando Álvarez de Miranda, en los años noventa; después letrado del Tribunal Constitucional, y en la pasada década como director de Gabinete del ministerio de Justicia, primero con su amigo Juan Fernando López Aguilar y después con Mariano Fernández Bermejo, hasta que en noviembre de 2008 le presentó su dimisión irrevocable.

amartinez@elcorreogallego.es


Recortes de Prensa   Página Inicial