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Recortes de Prensa   Domingo 1 Mayo 2011

 

Cinco millones de parados ¿No pasa nada?
Carlos Martinez-Cava Arenas Minuto Digital  1 Mayo 2011

Cualquier sociólogo de escuela clásica tiene establecido que niveles del desempleo por encima de un 20 % hacen entrar a ésa sociedad en situación pre-revolucionaria.

Nada de esto se observa en España. Y parece que cuanto más crece el número de españoles que se queda sin posibilidad de mantenerse por si mismo, o de sostener su familia, mas crece la indiferencia por éste abismo que se abre para millones de personas.

Se teme un estallido social que nunca llega. Tampoco los partidos con representación parlamentaria hacen gesto de desbancar a quien tiene los destinos de la Nación, o presentan alternativas a tal situación de agonía.

De los partidos sin representación parlamentaria los cinco millones de desempleados tampoco resulta audible un clamor populista en su defensa. (Los medios de comunicación también se encargan de que, cualquier, señal de protesta quede amortiguada o silenciada por el torbellino de naderias sociales que inundan los informativos. Ningún medio de comunicación ha practicado una politica de selección de inteligencias que haga conocida una voz o rostro que ilusione a la sociedad)

Y pese a ello, la pregunta puede seguir en el aire: ¿Porqué en España parece imposible la protesta social? ¿Por qué se ha aceptado y callado ante el abuso del poder financiero? ¿Por qué se aceptado y callado ante el abuso de quienes tienen en sus manos la facultad de dar suelo y construir vivienda, permitiendo que un piso de protección oficial valga en una zona de España 600 €/m2 y, en otra, mas del triple? ¿Quién roba ahí? ¿El Ayuntamiento? ¿El promotor? ¿Los dos?

Para mi, la clave de este silencio está en la cultura y la educación. No en vano ocupamos el último lugar en Europa en materia educativa. Un pueblo sin capacidad critica es un pueblo esclavo. A ello le unimos los narcotizantes instrumentos de los medios de comunicación para adormecer a las masas y tenemos la llave para impedir una justa rebelión.

Los españoles han claudicado a los valores de la peor burguesía. Han claudicado ante el miedo, ante la incertidumbre, ante el conformismo de aceptar que quien está es malo y quien vendrá no le mejorará, y lo han aceptado sin buscar algo mejor, o tener la fuerza de permancer en solitario al margen.

Lejos quedan aquellos españoles que arriesgaban juventud e ilusiones por soñar y construir una sociedad mejor. Nuestros universitarios han abandonado la sensación de la vida peligrosa (quizá no la han conocido como la conocieron sus padres, gustando de intentar cambiar el estado de cosas que nacia entonces y nos ha traido hasta aquí)

¿Soluciones? Rebeldía. Sentido crítico. Coraje. Cultura. Sin miedo a quedarse solo. Sin miedo a que te miren extraño. Sin temor a que aún siendo pocos, no se consiga nada.

Llegar al convencimiento de poseer un imperativo moral que nos ha de mover por encima de toda conveniencia o interés electoral próximo o por venir.
Permanecer quietos no es mas que una forma de morir. Quizá la peor de todas las formas de morir.

Falacias sobre el paro
Es dudoso que hayamos tocado techo. En 2008, el Gobierno aseguró que jamás habría cuatro millones de parados
IGNACIO CAMACHO ABC  1 Mayo 2011

1. No hay en realidad cinco millones de parados.El debate de cifras no consuela de una situación devastadora. Es cierto que existe una amplia red de trabajo sumergido pero también lo es que los prejubilados de mayor edad no se inscriben como despedidos y que el Gobierno maquilla los números del INEM sacando de ellos a quienes perciben cursos de formación. El dato de la EPA revela un veinte por ciento de españoles buscando empleo, casi un millón y medio de hogares con todos sus miembros en situación pasiva y dos millones de jóvenes fuera del mercado laboral. Una catástrofe social de proporciones descomunales.

2. El paro no es responsabilidad del Gobierno, sino de una crisis global originada por la quiebra de las burbujas financiera e inmobiliaria. El Gobierno es responsable en primer lugar de haber provocado un déficit que bloquea la recuperación. Lo es también por la falta de respuestas y estímulos para dinamizar la actividad económica. Lo es por haber pasado tres años sin aceptar la necesidad de medidas de reforma estructural. Y lo es de forma objetiva en tanto la destrucción de empleo comenzó en España un año antes de la caída de Lehman Brothers.

3. Hemos tocado techo.No necesariamente. Puede haber un ligero alivio durante el verano por los contratos estacionales del turismo, pero el crecimiento económico está estancado, la inversión paralizada y las previsiones son pesimistas. El FMI calcula que España crecerá por debajo del 2 % como mínimo hasta 2017, y hay vaticinios más sombríos; con un ritmo similar al de los mejores años del aznarismo, no volveríamos a las cifras de 2007 antes de 2021. Con la escalada de los precios hemos entrado en riesgo serio de estanflación, y la subida del Euribor compromete las reservas familiares y domésticas. En la mejor hipótesis no habrá descensos significativos a corto plazo, sin descartar repuntes por encima de los cinco millones de parados. En 2009, el Gobierno aseguró que jamás llegaríamos a los cuatro millones.

4. Ya no se pueden hacer más reformas ni recortes. Es la peor de las falsedades porque aboca al conformismo político. Están pendientes reformas estructurales neurálgicas en la energía o la educación. Falta por culminar la reestructuración del sistema financiero. La reforma laboral reciente ha sido un fracaso y necesita revisión. Y la Administracion pública, sobre todo la autonómica, requiere una poda tajante —que, en principio, puede generar más paro—, límites drásticos a su déficit y una agilización de sus pagos que dé oxígeno a las pequeñas empresas de proveedores.

5. El cambio de Gobierno no servirá de nada.Un argumento tramposo para aferrarse al poder. Un nuevo Gobierno supondría un revulsivo y, en el peor de los casos, una nueva legitimidad política para plantear reformas. Agotado y fracasado este proyecto, al menos merecería la pena probar una alternativa…

¿Ignorancia o desvergüenza?
¿Cómo van a ser los cinco millones el techo del paro si la economía española necesitará años para crecer más del 2% que se necesita para crear empleo?
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  1 Mayo 2011

¿Cómo se atreven a dar la noticia de los casi cinco millones de parados como la del techo del paro y como la de la mayor cobertura de parados? ¿No se les cae la cara de vergüenza ante ese record histórico? Además, ¿cómo vamos a creerles si llevan años anunciándonos que hemos tocado fondo, que la recuperación va de empezar, que empiezan a verse brotes verdes y mandangas por el estilo? O son unos inútiles totales o unos mentirosos de tomo y lomo. ¿Cómo va a detenerse el paro en los 5 millones si ellos mismos reconocen que la economía española tardará años en crecer más del 2 por ciento que se necesita para crear empleo? ¿O es que piensan crearlo con su último ungüento milagroso —aflorar el empleo sumergido—, cuando el trabajo en negro es lo que está permitiendo sobrevivir a muchos empresarios y parados? ¿O es qué creen que lo hacen por gusto? ¡Ya les gustaría a ellos estar dentro de la ley! Lo único que van a lograr con su última parida es hacer la situación aún más difícil para todos.

No se crea empleo en España, primero, porque los bancos no dan crédito a las empresas y, segundo, porque contratar trabajadores resulta demasiado caro. Dos reformas —la del sistema financiero y la del laboral— que tendrían que estar hechas y no lo están. ¿Por qué? Pues porque Zapatero sigue en su nirvana autocomplaciente de que la recuperación de otros países tirará de nosotros, sin necesidad de que hagamos los deberes. No se extrañen si el próximo bálsamo de Fierabrás que nos venda sea el aumento del turismo a consecuencia de la revuelta en el mundo árabe.

Lo que realmente tenemos es que la recuperación parcial junto a la subida de las materias primas, ha disparado los precios, por lo que la primera preocupación de esos países empieza a ser la inflación. Aumentando los intereses. Justo lo que necesitábamos los que vamos detrás. Inflación y recesión al mismo tiempo. ¿Cómo vamos a salir del pozo? ¿Cómo vamos a crear empleo?

Los expertos nos advirtieron desde el principio que cuanto más tardásemos en hacer las reformas estructurales que necesitaba nuestros sistemas financiero y productivo para ponerse a tono con las exigencias del mercado global, más nos costaría remontar. Zapatero no les hizo caso, limitándose a unas cuantas medidas de emergencia, sin entrar en las fundamentales. Hoy se encuentra con la segunda parte de la crisis, la provocada por su componente interno, sin otros remedios que sus ungüentos y sus profecías de que lo peor ha pasado. Cuando todo apunta que está aún por venir.

Y no nos vengan con la desfachatez de que decir esto es antipatriótico. Lo antipatriótico es seguir mintiéndonos sobre nuestra verdadera situación con el agua ya al cuello.

¿Recuerdan los cuatro millones de parados?
Roberto Blanco Valdés La Voz  1 Mayo 2011

La existencia de la red, gracias a la cual podemos consultar en nuestra casa periódicos antes accesibles solo en una hemeroteca, hace hoy posible rememorar, palabra por palabra y fecha por fecha, lo que tanto Zapatero como sus ministros han dicho sobre el desempleo y, en general, sobre la crisis, en los tres últimos años: en resumen, que las cosas mejorarían en el próximo trimestre y que nunca superaríamos, primero los cuatro millones, luego los cuatro y medio y, ahora ya, los cinco millones de parados.

¿Cómo es posible, con ese panorama, que -según acaba de hacerlo Rubalcaba una vez más, al asegurar que el desempleo ha tocado techo finalmente- mantenga el Gobierno esa práctica, tan falta de vergüenza, de hablar del paro como si el hecho de que el nuestro doble la media de la Unión Europea y triplique ya al de Alemania fuera una especie de maldición divina, en la que el Ejecutivo no tienen responsabilidad de ningún tipo?

Aunque la respuesta a esa pregunta admite abordajes diferentes, hay uno que creo decisivo: que el Gobierno se beneficia objetivamente de una marca -la genérica marca socialista, es decir, la de la izquierda- que hace, de mala fe, decir a alguna gente y suponer, de buena fe, a mucha más, que en realidad un Ejecutivo del PSOE no puede tener en su fracaso en la lucha contra el paro la misma responsabilidad que tendría uno de derechas.

Dicho de otro modo, si fuese Rajoy quien estuviese gobernando, la ventaja electoral de la oposición sobre el Gobierno sería muy superior a esos diez puntos que según el CIS mantiene el PP sobre el PSOE, pues los dos grandes sindicatos, los medios de comunicación que se afirman más independientes, y esa intelectualidad sedicentemente progresista que hoy no abre la boca como no sea para defender a quien ha llevado a España al pavoroso desastre en el que está, hace ya mucho que hubieran proclamado su particular Delenda est Carthago («Cartago debe ser destruida») tocando a rebato contra un equipo gobernante que, como ha hecho el actual, hubiese dirigido al país hacia el abismo.

Son esos apoyos increíbles, determinados por el más romo sectarismo partidista, los que explican que el Gobierno de los casi cinco millones de parados siga no solo aguantando, sino que se permita incluso el lujo de dar lecciones a diestra y a siniestra, tras dos años anunciando en falso constantes brotes verdes. De hecho, solo el compromiso de otros muchos con la veracidad informativa -como el de este periódico, el sexto preferido por los españoles, según el CIS, para informarse de política- ha evitado el triunfo de un devastador maniqueísmo partidista por virtud del cual el que un Gobierno lo haga bien o lo haga mal no depende de sus propuestas o de sus realizaciones en economía o en política, sino nada más de su color.

Quisiera yo saber
Salvador Sostres Minuto Digital  1 Mayo 2011

Me gustaría saber por qué a casi toda la derecha se la acusa de ser extrema y por qué a ninguna iz­quierda se la acusa de ello. Me gustaría saber por qué motivo concreto llevar camisas de cuello Mao resulta tan aceptado, y ves­tir cualquier pieza de ropa que tuviera que ver con los uniformes nazis sería una provocación con pena de cárcel.

Quisiera yo saber por qué se pueden llevar tan guapamente las famosas camisetas con la foto mí­tica del Che y, “en cambio, poner­se alguna prenda con fotografía del doctor Goebbels sería visto como la apología de lo peor. No entiendo por qué la librería Euro­pa de Barcelona ha sido clausu­rada por vender el Mein Kampf y, en cambio, el Manifiesto Comu­nista, la poesía de Gorki o de Maiakovski, pueden venderse con total impunidad y en cual­quier quiosco. No entiendo por qué motivo el Cara al Sol está demonizado y pueden, en cambio, socialistas y comunistas cantar sin temor ni rubor y el puño en altoLa Internacional. ¿Al son de qué himno se cometieron mayo­res matanzas? ¿Cuál de los dos inspiró a los ejércitos más sanguinarios?

Me pregunto por qué los defen­sores de la memoria histórica se detienen en el franquismo y no llegan nunca a la Guerra Civil y mucho menos a la República: me pregunto por qué al nazismo y a Adolf Hitler se les considera de derechas cuando él mismo se proclamaba socialista, tanto por su concepción igualitaria de la sociedad como por su metódica y sistemática manera de extermi­nar a los discrepantes y a los di­ferentes. ¿En qué se diferenció de Mao? ¿En qué se diferenció de Stalin? En que duró menos y en que causó menos muertos. Por lo demás, fue igual de socialista y de criminal que ellos.

Me encantaría saber por qué a la derecha se le atribuye lo peor de la Historia sabiendo que tales atribuciones suelen ser falsas; daría lo que fuera por saber por qué se continúa negando que el nazismo y el fascismo eran de ra­íz socialista, y por qué los horro­res del comunismo se niegan, y cuando ya es imposible se disi­mulan, y se tolera la siniestra apología de decir que, en el fon­do, fue una buena idea aunque mal aplicada.

Querría saber por qué al libera­lismo lo apellidan siempre salvaje, con la cantidad de riqueza y de bienestar que ha creado, y por qué la socialdemocracia conser­va todavía tanto prestigio y no la apellidamos, como mínimo, temi­ble, con el daño que ha hecho y la bancarrota que nos ha dejado. Querría saber por qué la culpa de la crisis es de los bancos que die­ron créditos a quienes luego no han podido pagarlos y no de los que solicitaron créditos sabiendo que difícilmente podrían devol­verlos.

Quisiera yo saber por qué el Partido Popular tiene que disimu­lar que es de derechas, cuando España conoció con la derecha su mayor prosperidad política y social y, en cambio, el PSOE pue­de seguir presumiendo de ser un partido de izquierdas cuando to­do lo ha hundido con sus recetas equivocadas y ha tenido que ve­nir la derecha alemana a dictar­nos el camino hacia la recupera­ción.

Me pregunto por qué la iz­quierda nunca es extrema en un país en el que a los que no nos queremos doblegar a sus delirios se nos dispara y tenemos que pe­dir perdón por simplemente res­pirar.

El complejo de la Derecha
Carlos Dávila www.gaceta.es  1 Mayo 2011

Un día de octubre de 1982, me recibió en su despacho de la calle de Serrano de Madrid. Era entonces la sede de la constructora Laing, sociedad que luego, pasados los años, fue adquirida al completo por Villar Mir para edifi car, nunca mejor dicho, con Obrascon y con Huarte, la multinacional OHL.

A Ordóñez le acompañaban otros dos correligionarios, uno de ellos Dionisio Martínez, del centroizquierda español, que juntamente con el ya ex ministro, se ocuparon durante dos horas de, directamente, intentar dos cosas: primera, explicar su salida de UCD, y segunda, y más importante, de asegurar que su operación tenía, literalmente, la intención y el sentido de “centrar a la izquierda”. Ordóñez, capaz de vender por entonces una barra de hielo en Siberia, se empleaba a fondo diciéndome, por ejemplo, esto: “Mira, tú que estás ideológicamente por ahí (el hombre se reía y maniobraba con su mano derecha hacia precisamente la derecha) lo vas a entender muy bien. Fíjate: vosotros, en la derecha o en el centroderecha (se reía y me daba un palmadón en el muslo) nunca tenéis la tentación de apoyar a la ultraderecha; es más, huis de ella y repetís, con razón, que nada tenéis que ver con ella, o sea, la derecha reniega de la ultraderecha y yo, creéme, pienso que es así”. “Pero en la izquierda –continuaba– no sucede lo mismo: ahí todavía quedan rescoldos importantes en el Partido Socialista que no rechazan no ya la herencia de Lenin, ni siquiera la de Marx. A la izquierda le cuesta abominar de sus iconos, no le importa todavía reconocerse en los episodios más horrorosos de la ultraizquierda”.

Pues bien: en los días en que empezó a endurecerse aún más el clima de crispación política, no ya entre los partidos políticos, sino también los medios de comunicación, me acordé de este episodio (...) Aún en la segunda decena ya del siglo XXI continúa sucediendo lo que Ordóñez, de forma torticera o no, me expendía a principios de los ochenta del siglo pasado. La derecha liberal, democristiana, conservadora de España, de Europa y del mundo, nunca y cuando digo nunca es nunca, ha tenido la menor intención de justifi car o sentirse cercana a los presupuestos ideológicos de la ultraderecha. ¿Alguien ha escuchado alguna vez a un liberal o socialcristiano atemperar la maldad intrínseca del nacionalsocialismo? ¿Algún liberal español, de los que se opusieron a Franco desde la cercanía al padre de nuestro actual Rey, Don Juan Carlos, ha defendido ni por asomo al falangismo español más rupestre y hasta agresivo? No hay un solo ejemplo. En la izquierda, sin embargo, menudean las declaraciones y hasta los apoyos manifi estos de socialistas, ¡qué decir de los comunistas!, a personajes más o menos históricos que han hecho de la violencia un instrumento para la defensa de sus ideas radicales. Al cabo de lustros, todavía continuamos esperando a que sujetos que hicieron de la barbarie, también del asesinato como Stalin, su razón de ser política, reciban un juicio siquiera aproximado a la magnitud de sus desmanes.

Si no fuera porque es perverso, sería hasta chusco. La mayor crítica que han recibido históricamente regímenes como los antiguos del Telón de Acero por parte de los izquierdistas de salón, básicamente de los socialistas, es que estos regímenes habían adulterado la “esencia misma del socialismo”.

Si en las últimas décadas alguien ha hecho algo en España por recrear el enfrentamiento entre las dos Españas, ese ha sido Zapatero. Ni siquiera Carrillo, que tanto tiene que esconder (hasta el historiador de izquierdas Paul Preston ha denunciado su papel decisivo en la matanza de Paracuellos), salió nunca, desde que regresó a nuestro país, en defensa de las atrocidades que la República –que él contribuyó, por cierto, a adulterar de forma notable– perpetró durante los años en que tuvo vigencia. Una enorme patraña –la reivindicación de su abuelo– sirvió a Zapatero para ordenar el despiece de las tumbas del franquismo. En este episodio reside el comienzo de la nueva confrontación, de ese jaleo político tornado en querella barriobajera en la que las izquierdas han utilizado todas sus armas. El PSOE alimentó durante los últimos años del Gobierno de José María Aznar una suerte de revancha alterada que se concretó al menos en dos momentos críticos: el hundimiento del barco petrolero Prestige y, desde luego, la guerra de Irak. Desde entonces, el partido de Zapatero y Rubalcaba no ha parado. En otro momento trágico, el PSOE encontró su oportunidad de regresar, como fuera (modelo gráfi co del pensamiento de Zapatero) al poder. Me refiero a los terribles atentados del 11 de marzo de 2004. Resulta bochornoso que la organización que aprovechó aquel dramático atentado para volcar la irritación de sus militantes contra el Partido Popular, que utilizó a los medios afectos para infectar a la sociedad española de mentiras (¿o es que ya nadie quiere recordar el caso de los terroristas suicidas?), esté siendo, ya en este año 2011, la que acusa a los supuestos miembros políticos de una ultraderecha que estos reprueban como antes he dejado bien claro, de erosionar y crispar a a la comunidad nacional para conducirla al choque.

Les muestro algunos ejemplos de cómo la izquierda acusadora y mendaz entiende la tolerancia y ejerce el sereno juicio. Enric Sopena, director de un diario digital que vive de agravio, de la imputación cuando no directamente de la acusación falsaria, soltaba en junio de 2009 este enorme improperio a una de las personas más decentes que hayan transitado nunca por la política española: “No nos merecemos que un neofascista como Mayor Oreja gane en Europa”. O sea, Jaime Mayor, objeto de todas las posibles acciones terroristas que ETA ha perpetrado en este país, ministro que usó sólo medios lícitos para combatir a ETA, democristiano de ejemplares (se compartan o no) convicciones, es para el ínclito converso Sopena nada menos que un neofascista. Pero la caverna es la que insulta.

Segundo ejemplo: un separatista catalán, muy ciertamente ligado a la Masonería más intransigente, diputado que ha sido durante años en el Parlamento español, del que ha cobrado sustanciosas nóminas y dietas cada vez que ha viajado representando a nuestras Cortes, y una pensión que va a percibir mientras viva, muy por encima de lo recibido por cualquier jubilado del país, se ha distinguido siempre por sus acerbas diatribas, rayanas en la acción judicial, al Partido Popular. Retrato sólo una de ellas: “La supremacía lingüística que promueve el PP es un genocidio cultural”. Dice esto quien ha patrocinado desde su agónico y residual partido, la Esquerra Republicana de Cataluña, la persecución, multa incluida, de todos aquellos, sobre todo los tenderos del Principado, que se han atrevido a rotular sus negocios en nuestro idioma oficial: el español.

Tercer ejemplo: el cómico Buenafuente, en su programa en La Sexta, cadena de televisión patrocinada y autorizada por Zapatero, se suele mofar con desigual fortuna (él se piensa gracioso pero tiene el sentido del humor residenciado en el tafanario) de la Iglesia católica en general y del Papa Benedicto XVI en particular. Tampoco deja siquiera en paz al mismo Dios. Lean esta perla cultivada salida de su enorme ingenio: “Jesucristo dijo: ‘Esto me lo ponéis en un edificio muy grande y a tope de oro”.

Cada vez que para el PSOE se acercan unas elecciones comprometidas, la que siempre se llamó “factoría Rubalcaba” pone en marcha su deleznable maquinaria. (...) Alguna vez le ha salido bien la treta a Rubalcaba, por eso nuevamente a la vuelta del verano de 2010 volvió a repetirla, contando, claro está, con dos poderosos grupos mediáticos del oficialismo zapateril: el del hipermillonario de izquierda radical (ahí me paro) Roures, y el agónico de Prisa. Términos como “cornetas del Apocalipsis” o “caverna mediática” han hecho fortuna en este país para agrupar a periodistas que, sencillamente, no piensan como ellos y creen, porque les da la gana, que lo que han conseguido siete años de Administración socialista es sumir a España en una cuádruple crisis: institucional, territorial, económica y social. A los componentes de la tal “caverna” se nos achacan exactamente los deméritos y las taras que padecen, muy ampliamente, los miembros de esa izquierda radical (ahí me paro) que pretenden permanecer en el país sin que nadie les haga sombra, sin que elemento alguno se atreva a denunciar ese gen destructivo que se encierra en todas y cada una de las células políticas de Zapatero. Se ha llegado a un punto de imputar, más directa que indirectamente, responsabilidad en el asesinato de ¡Kennedy o Lutero King! ¿Les parece, lectores, exagerado?

La intención del que ha sido líder de este socialismo de choque de marginar y, aún más, acosar a cualquier vestigio de oposición, ha conseguido, sin embargo, una tibia reacción de la propia comunidad nacional. Curiosamente, la tensión o la llamada crispación, como quieran, no alimenta lo mismo las arterias de la capital de España que las de las provincias de lo que todavía es una Nación. En las regiones mesetarias, montañosas, marítimas o periféricas, lo que se percibe es un estado de hibernación sumiso, apabullante, de tal modo que los ciudadanos, según parece, ya han renunciado a que esto tenga remedio, a que se pueda hacer otra cosa que protestar en cenas familiares o en saraos de restaurante. Esta es la España del “¿cómo es posible esto?, ¿cómo es posible que se prohíba todo lo que siempre ha sido permitido? o ¿cómo es posible que el Estado anuncie un modelo de censura informativa en pleno siglo XXI?”. Es esta también la España del “a ver si alguien te está escuchando” o del “hijo mío, no te signifiques”, una España funcionarial y temerosa del poder que el socialismo ha apadrinado para que quien se mueva, esta vez de verdad y con toda crueldad, no salga en la foto o, pero aún, se le arree un golpetazo con la máquina en la cabeza. Y bien, la denuncia de todo coloca al atrevido inmediatamente en la jaula de la ultraderecha, un gueto que se constituye, como todos, desde fuera, para así mejor apedrear a los internados. Se trata de sacarnos a todos de la pista, empujando cuanto haga falta, y ¡ay de ti si te resistes!, si te resistes entonces es que estás en la lucha fascista, que vas contra el orden democrático que ellos establecen y en el cual naturalmente no caben más que los elegidos, ellos. El referente, claro está, es la pertenencia indiscriminada de todos los asediados al franquismo, da igual la verdad: se entremezclan y se eligen párrafos de las víctimas, y se les atribuyen recónditos e inconfesables objetivos. El último, el de derribar las autonomías, el sistema que nació confusamente de la Constitución y que una treintena de años después representa un auténtico problema nacional. Decir algo como esto es síntoma de pertenencia inequívoca al ultraísmo más rancio, es la muestra más patente de que la caverna intenta dinamitar el sistema democrático. Acompañan denuncias como estas con otras tanto o más preocupantes, por ejemplo, la de ser, los llamados cornetas, enemigos públicos de la Monarquía, sujetos indeseables que quieren cargársela. Y no para sustituirla por un modelo republicano, ¡ca!, sencillamente para reinstaurar el totalitarismo.

Este es el discurso de la izquierda radical española, temerosa de que vuelva a ganar alguien que no sea ella y empeñada, en consecuencia, en evitarlo por todos los medios. Su concepto es nítido: se basa en su superioridad moral y en la certeza de que cualquier triunfo de un partido que no les represente adecuadamente es un hurto, es la voladura de su propia democracia. Nuestra historia está llena de ejemplos que acreditan este aserto: ¿o hace falta recordar lo que hizo el PSOE de Largo Caballero?, ¿hace falta que los desmemoriados –algunos de derechas tan torpes que creen que a ellos sí que se les va a perdonar– sepan que la izquierda violentó por dos veces el resultado de las elecciones durante la República? Pues sí: hace falta recordarlo. Este es un país en el que la derecha padece un singular complejo: el de legitimidad de origen, como los vinos en cartón o el pan prefabricado.

Parece que están repetidamente en situación de hacerse disculpar incluso por existir. La peor herencia que dejó Franco a la derecha fue precisamente esta: la de considerarse inferior, social y democráticamente. Es una derecha pusilánime que, con una licencia de lenguaje que no me canso de reivindicar (hablo en primera persona) llamo “derechorra”. Lo es; es estúpida e inmensamente cobarde.

Para concluir: a menudo se confunden la rotundidad, el vigor o la claridad con la inmoderación política. También con lo que se llama el sosiego, una virtud, si es que lo es, que puede consistir en ser fiel a la corrección política. Nada más lejos de mi intención. Una vez, un amigo gaditano me dio sin quererlo –lo verán– una lección de cómo hay que comportarse en las situaciones más comprometidas.

Paseaba por la calle más concurrida de la ciudad abrazado a una novia ocasional y se topó, de bruces, con su legítima esposa. Sin pestañear, sin perder la color, abrió los brazos y dijo pasmosamente: “Esto es lo que hay”. Pues bien, esto es lo que la hay: que a la izquierda radical, tantas veces violenta a lo largo de nuestra historia, le resulte intransitable el acopio de unos principios liberales de los que personalmente me he nutrido toda la vida me trae exactamente por una higa. Quede patente.

La sanidad acaba con la ilusión del Estado autonómico y social
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital  1 Mayo 2011

La Cataluña autonómica, el “faro” de los nacionalistas anti-españoles del más variado pelaje, está arruinada. Y esto nos lleva a dos reflexiones importantes que prueban que el Estado autonómico es quien está cargándose al Estado social.

La primera es que buena parte de este descomunal déficit se debe, precisamente, a que la Sanidad es “autonómica” y no nacional. Si hubiera una Sanidad unitaria el coste del mismo servicio sería menor. El prestigioso economista Juan Velarde lo ha explicado perfectamente en estas páginas de ABC el 25 de abril. Los grandes proveedores de equipos para la Sanidad forman un oligopolio de oferta. Cuanto menos entidad tiene el demandante, menos posibilidades tiene de presionar una baja en el precio del bien suministrado. Es algo que puede entender cualquiera: una cadena importante de supermercado puede comprar a una empresa láctea los yogures que ofrece a sus clientes a precio más bajo que una cadena pequeña de supermercados. Si los “escáneres”, por ejemplo, se compraran desde una Sanidad nacional costarían mucho menos que se 17 pequeñas sanidades tienen que comprarlos en el mercado. ¡¡¡Es algo tan evidente!!!

La segunda es que llama mucho la atención que la Generalidad de Cataluña, a fin de acabar con este déficit, decida establecer recortes de personal en la Sanidad… en lugar de plantearse cerrar las carísimas “embajadas” que ha abierto por el mundo. ¿Cabe mayor prueba de que se sacrifica el Estado social en aras de la “construcción nacional”?

He insistido en estas páginas en una obviedad: el Estado autonómico actual está acabando con el Estado social. Y precisamente porque es una obviedad el rechazo de esta tesis denota dosis incomparables de cinismo. Algunos, en el colmo del descaro, llegaron a negar esta tesis era falsa porque, decían, eran las autonomías las que prestaban a cabo los servicios sociales. Sin embargo, ya dice el refrán que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. La crisis de la sanidad catalana, la más grave en España, ha revelado a plena luz del día lo que algunos no nos hemos cansado (mal que les pese a otros) de repetir: que el rey (en este caso, la autonomía) está desnudo-a.

Hoy se celebra el 1 de mayo, la fiesta de los trabajadores. No parece que los sindicatos, subvencionados, quieran entender de qué va la cosa. Mientras tanto, se seguirá sacrificando el Estado social ante el “Moloch” autonómico. Pero ya no hay margen para engañar a los trabajadores.

NOTA:
Este artículo se publicó en el diario ABC, edición de Galicia, el día 30 de abril de 2010.

Un atentado no sólo contra Marruecos
EDITORIAL Libertad Digital  1 Mayo 2011

Tras un periodo de tiempo prudencial, necesario para que las autoridades marroquíes realizaran las oportunas investigaciones, podemos establecer como seguro que el atentado ocurrido el pasado día 28 en una céntrica cafetería de Marrakech fue obra de islamistas radicales, que es tanto como decir de Al Qaeda, organización terrorista que en la zona del Magreb aparece integrada mayoritariamente por salafistas argelinos.

Pero más allá de la condena que exige un hecho de esta naturaleza indistintamente del lugar en que se produzca, vale la pena analizar la causas y, sobre todo, las consecuencias que esta presión terrorista islámica sobre Marruecos va a tener no sólo sobre el sultanato magrebí, sino también sobre Occidente en general y los países europeos en particular, con especial incidencia en aquellos con los que existen fuertes lazos comerciales como es el caso de España.

Lo primero que debemos tener presente es que la comisión de atentados terroristas en las zonas turísticas de Marruecos obedece a una intencionalidad clara por parte de los radicales islamistas, quienes tratan de impedir la "occidentalización" progresiva del régimen alauita atacándolo precisamente donde más daño pueden hacer, que no es otro campo que en el turismo, verdadera joya del reino de Marruecos en términos económicos.

Con este último atentado, Al Qaeda vuelve a decirle a Mohamed VI que de no retroceder a la ortodoxia más férrea del islam su régimen va a tener que hacer frente a sucesos como éste. Los fanáticos islamistas se cuidan mucho de atacar personalmente al sultán marroquí porque, a diferencia de los espadones del mundo árabe, Mohamed VI es descendiente del Profeta y una autoridad religiosa además de política. La otra cara de la moneda es que, precisamente por su condición de líder espiritual, el ejemplo de un monarca del islam haciendo tantas concesiones al enemigo occidental aumenta el agravio de los fanáticos islamistas que han comprometido su existencia con la imposición de su religión a sangre y fuego.

Marruecos se encuentra, por tanto, ante una tensión que por un lado le lleva a estrechar lazos con Europa como medio de prosperar económicamente, mientras que por otro debe mantener a raya a sus propias organizaciones civiles más radicales que exigen una observancia rígida de la ortodoxia coránica (por cierto, muchas de ellas toleradas por el régimen con el fin de no crear más descontento en los sectores más duros de la sociedad).

Los radicales islámicos no quieren ver ni a un solo occidental en tierras marroquíes y van a hacer todo lo posible para conseguir su objetivo; un panorama nada tranquilizador que nuestros gobiernos debieran ayudar a combatir. Por ejemplo, y en lo que respecta al Ejecutivo de Zapatero, no pagando rescates a los terroristas Al Qaeda, con cuyo dinero estos asesinos provocan masacres como la de Marrakech. Ese ya sería un paso en la buena dirección.

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Chantajes
Los socialistas son muy sensibles a los chantajes morales del nacionalismo si se plantean en su misma jerga progre
JON JUARISTI ABC  1 Mayo 2011

HAY quien sostiene que la grandeza de la democracia estriba en acoger a sus propios enemigos. Como decían los antiguos, niego la mayor. Es decir, niego que la democracia posea grandeza. Es la más niveladora y cutre de las formas políticas, equipara a los prudentes y a los estúpidos, a los sabios y a los necios, a los valerosos y a los cobardes, a los honestos y a los miserables. El riesgo de que se deslice a la demagogia es mucho mayor que el que amenazaba a las monarquías y aristocracias tradicionales con hacerlas degenerar en tiranías y oligarquías (de hecho, las democracias son vulnerables a todos los tipos históricos de corrupción: tiranía, oligarquía, cleptocracia, pornocracia y, por supuesto, a la demagogia que engendra totalitarismos). La democracia no es grande ni sublime, pero es más útil y benigna para las sociedades que cualquier otra forma política, porque excluye la exclusión. No expulsa del sistema a los enemigos del grupo gobernante. Si funciona, garantiza la alternancia y fomenta la prudencia en los vencedores y la esperanza en los derrotados, disuadiendo a unos y otros del recurso a la violencia.

En el País Vasco, el terrorismo de ETA situó la violencia en la base del sistema y destruyó la democracia, al excluir de la alternancia a las opciones no nacionalistas desde los orígenes mismos de la construcción autonómica, que arrancó con una vergonzosa inhibición de aquéllas en favor del nacionalismo supuestamente moderado. Se pretendía así deslegitimar el terrorismo, privándole de pretextos, como si el terrorismo los hubiera necesitado alguna vez. El nacionalismo, en su conjunto, se benefició de una sobrerrepresentación política favorecida a un tiempo por la inhibición de las fuerzas no nacionalistas y por la violencia de los terroristas. Esta situación ha durado cerca de tres décadas, y sólo empezó a cambiar, muy tímidamente al principio, tras las multitudinarias movilizaciones por la democraciadel verano de 1997, a raíz del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.

El nacionalismo no se resigna a la alternancia efectiva —consecuencia de una tardía e imperfecta alianza de los partidos constitucionalistas— ni a la desaparición de ETA. Ahora bien, de ambos factores sólo el segundo es realmente deletéreo para la hegemonía nacionalista, porque la continuidad del terrorismo es la condición políticamente necesaria para la supervivencia del nacionalismo. Si ETA desapareciera, lo harían también, y por completo, la inhibición aún persistente de las fuerzas no nacionalistas y la sobrerrepresentación todavía notable del nacionalismo. Por eso, desde Urkullu al Ararteko Íñigo Lamarca, los nacionalistas teóricamente moderados se desgañitan defendiendo la legalización de Bildu. Tal defensa adopta dos formas distintas: la amenaza, en Urkullu, de romper sus compromisos con el gobierno de Rodríguez, y la interpretación por Lamarca de los derechos de los votantes radicales en términos de una tácita «ampliación de derechos», según la cual sería legítimo el voto a una opción no ya afín, sino prácticamente idéntica a la ilegalizada Batasuna. Y los socialistas son muy sensibles a los chantajes morales del nacionalismo cuando éstos se plantean en su misma jerga progre.

Si no te sale de dentro...
JESÚS PRIETO MENDAZA El Correo 1 Mayo 2011

Los pasos dados por Sortu, Bildu o cualquier otra formación que pudiera surgir en ese mundo (es decir todas aquellas posibles siglas integradas por personas que hasta hace bien poco aplaudían o cuando menos se negaban a condenar la violencia terrorista) hacia parámetros de normalización política han desatado toda una cascada de comentarios y debates en nuestra sociedad mediática. A pesar de que han surgido voces claramente opuestas a su participación en la vida política, en general esta declaración de intenciones ha sido acogida con esperanza y ha sido valorada, insisto que con diferencias en los matices, como un avance y una oportunidad para caminar hacia una sociedad vasca normalizada.

Aunque me encuentro entre quienes apuestan por esta segunda posibilidad, debo también confesar que determinadas imágenes tomadas en las últimas semanas hacen que mis deseos no coincidan con la realidad y que mi optimismo se vea atemperado por una evidente situación de metástasis social que no desaparecerá (coincido con las apreciaciones hechas por el profesor Javier Elzo) de un plumazo. Todos hemos visto a través de los medios de comunicación cómo grupos de jóvenes, y no tan jóvenes, jaleaban a supuestos victimarios ante su detención por parte de las fuerzas de seguridad. Hemos comprobado cómo se rinde homenaje a quien ha asesinado, obviando la afrenta que este hecho encierra para con las víctimas del mismo. El acto lúdico-deportivo-festivo más importante a favor del euskera, desarrollado hace unos días por toda la geografía vasca, una vez más, ha sido acompañado en numerosas localidades por las fotografías de asesinos confesos que reiteradas veces han alardeado de su crimen sin exteriorizar ni un gesto, no ya de arrepentimiento, sino de compasión. Todas estas metáforas inquietantes están ahí, son evidencias objetivables, no han desaparecido y nos indican, una vez más, que el odio inoculado durante décadas no podrá desaparecer por arte de magia de la noche a la mañana. Por lo tanto, concluyo, no creo que hayamos salido, como sociedad profundamente enferma, de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Mucho me temo que la actitud tomada por muchos militantes o simpatizantes de eso que algunos denominan de forma eufemística nueva mayoría social vasca, no obedece a una creencia ética en los valores ahora aceptados: respeto al diferente, inmoralidad del asesinato del discrepante, convivir juntos y diferentes en un proyecto común, posibilidad de identidades compartidas, etc�.; más bien, y desearía equivocarme, me inclino a pensar que esta conversión, todavía reciente, responde a estrategias de posibilismo político y necesidad de recuperación de espacios sociales perdidos. Este supuesto no niega que la nueva situación creada sea negativa para nuestro futuro. Es evidente que la falta de terror sólo puede ser beneficiosa para todos, en primer lugar para quienes pudieran ser víctimas de las balas asesinas; no obstante la falta de sustrato ético y la consideración del recurso al terrorismo como «contraproducente en este momento» podría hacer factible su resurrección en un futuro si se observara éste como políticamente rentable.

Tampoco se aclara si por violencia se entiende tan sólo la muerte física o podrían permitirse otras formas de violencia «de baja intensidad» como el hostigamiento, la estigmatización, la exclusión social o, simplemente, la falta de afectos. La verdadera respuesta a estas preguntas, eso que anida tan sólo en la mente de quienes han movido los hilos de este «giro democrático», no lo podemos conocer los ciudadanos de a pie, ni nuestros ministros, ni los miembros del tribunal que juzga la pertinencia o no de participar activamente en el juego político de quienes hasta hace poco celebraban la eliminación física o social de sus contendientes. Repito, no lo conocemos y por lo tanto en un régimen garantista sería procedente aceptar su participación cuando no existen indicadores objetivos que indiquen lo contrario. Ciertamente este discurso es legítimo, pero hemos de reconocer que con esa misma legitimidad muchos otros pueden aducir que si bien aceptan la llegada a la democracia de quienes recientemente rompían urnas, sus reservas, temores, suspicacias e incredulidades no desaparecerán sino con el paso del tiempo y con el real ejercicio de una ciudadanía crítica, pero respetuosa para con los derechos de todos los demás. Fundamentalmente de quienes no piensan como ellos.

Muy bien podría aplicárseles una vieja jota que, recuerdo infantil, se cantaba en las fiestas de mi pueblo:

Si no te sale de dentro,
no me digas que me quieres,
si no te sale de dentro.
Que árbol de pocas raíces,
se lo lleva cualquier viento.

¿Dieciséis jueces sin piedad para Bildu?
Editorial www.gaceta.es  1 Mayo 2011

Eusko Alkartasuna es sólo un acompañante de ETA en la coalición. Dos magistrados redactaron votos particulares de apoyo al reconocimiento de Batasuna. La banda terrorista ETA permanece ahora callada a la espera de que se plasme su estrategia. ¿Por qué si Bildu está tan entregada a la causa del pacifismo no se enfrenta a los etarras?

Cuando culmino estas líneas los miembros del Tribunal Supremo siguen reunidos para decidir si autorizan la candidatura de Bildu y 18 agrupaciones electorales a las próximas elecciones municipales del 22 de mayo. En la mente y los corazones de los 15 magistrados de la sala especial de Alto Tribunal, más su presidente Carlos Dívar, está la decisión de cerrar o no las puertas de las instituciones a los intereses de ETA. El ponente de la sentencia es el magistrado Manuel Alarcón, que ya se pronunció a favor de la legalización de Sortu y, por tanto, todo indica que se mostrará favorable a la candidatura de Bildu. Él es el encargado de redactar la sentencia, pero después ese texto debe ser votado por los otros 14 magistrados y el presidente Dívar, cuyo voto es de calidad. Además de Alarcón, hace semanas, otros dos magistrados redactaron votos particulares para manifestar su apoyo a la legalización de la coalición de Batasuna, pero siguen en minoría, aunque no descarto que en esta ocasión se les sume algún compañero. Una vez más, podemos asistir al espectáculo de cómo se nos cuela alguna de esas listas a las que los batasunos llaman eufemísticamente limpias.

En este asunto de Bildu se incurre en un peligroso error cuando se pretende analizar su existencia desde una legalidad sustentada en la supuesta limpieza de unos nombres y apellidos. Esa es, al menos, la tesis que los batasunos pretenden que cale en las deliberaciones del Tribunal Supremo, según ellos, porque esas identidades nunca aparecieron con anterioridad en otras listas de Batasuna. Lo que se discute para legalizar Sortu es a quién van a representar en las instituciones esos ciudadanos anónimos, qué intereses van a defender y si, finalmente, van a ser unos simples monigotes de ETA-Batasuna, como ha sucedido con los ediles y alcaldes de ANV. ETA permanece ahora callada a la espera de que se cumplan sus instrucciones y se plasme su estrategia, pero qué va a pasar cuando decida volver a los tiros en la nuca y al coche bomba. Más de lo mismo. Por eso, la decisión del Supremo va más allá de un mero escrutinio sobre la limpieza de los candidatos. Detrás de todo subyace algo mucho más sibilino: el papel que ETA está desempeñando en todo este proceso para colocar a sus fieles en las instituciones. Es la estrategia que sigue la banda desde su nacimiento. Por si a alguien se le ha olvidado, recordaré su leyenda emblemática: Bietan Jarrai. Es decir, seguid en las dos: en la política y en la lucha armada.

¿Por qué si la coalición Bildu está tan entregada a la causa del pacifismo no se enfrenta a los etarras, los llama por su nombre –asesinos–, les exige que depongan las armas, pide el cierre de las herriko tabernas, se abstiene de excentricidades como la de pedir la libertad de Otegui, o rechaza la presencia de personajes como Rufino Etxeberria o Joseba Permach en las reuniones secretas para conformar las listas o en sus comités electorales? ¡Sabrán de sobra los dirigentes de Eusko Alkartasuna y de Alternatiba (sic) que se han convertido en una madre de alquiler de Batasuna y corren el riego de erigirse en una nueva franquicia de la coalición proetarra! Es una pena que una coalición nacionalista, en la que militan políticos de la talla de Carlos Garaikoetxea o Joseba Azkárraga, se convierta en un sucedáneo de quienes otrora pretendieron acabar con ellos por las armas. Y, mientras tanto, a qué juega el PNV. Sin duda alguna, la estrategia de sus dirigentes exigiendo la legilización de Batasuna en todas sus versiones, se debe a un interés electoralista. Me cuentan que el cuartel general de los peneuvistas han tirado de calculadora y los número concluyen que ellos saldrían beneficiados si, finalmente, Sortu, Bildu o la propia Batasuna pudieran presentarse a las elecciones.

Cometería un grave error el Tribunal Supremo si, para decidir sobre el futuro de Bildu, sólo se fijara en la supuesta limpieza o independencia de los nombre de los candidatos. Porque están todos contaminados desde el momento en que la propia Batasuna adelantó, antes de la ilegalización de Sortu, cuáles iban a ser los siguientes pasos para sortear la legalidad. Primero, una coalición con EA. Después, la presentación de agrupaciones electorales. Y toda esa trama, como mantienen las Fuerzas de Seguridad del Estado y los servicios de información del CNI, está avalada por la propia ETA.

Los últimos comunicados de la banda no tienen otro sentido que favorecer la estrategia de sus correligionarios batasunos. En el último, aseguraba a los empresarios vascos que había renunciaba a la extorsión económica mientras durara la tregua. Pero ese comunicado tenía una finalidad mucho más prosaica. Recientemente, muchos industriales vascos se habían quejado a ETA de que seguían recibiendo cartas de extorsión cuando ellos ya habían satisfecho sus chantajes. Sucedía que la dirección de ETA había perdido el control del cobro del llamado cínicamente “impuesto revolucionario”. Venía a decir a los extorsionados que si recibían más cartas que no pagaran porque la dirección no lo autorizaba. Con ese comunicado ETA pretendía poner un poco de orden en sus filas al mismo tiempo que buscaba dar un empujoncito a sus socios de Batasuna y mandar un azucarillo a los dirigentes del PSE y del Gobierno que defienden una negociación inmediata con la banda. Ese desmadre de las cartas de la extorsión certifica que el funcionamiento interno de la banda no pasa por un buen momento, al igual que sus finanzas.

Si el Tribunal Supremo, finalmente, no toma en consideración los informes policiales aportados por la Fiscalía delataría que algo chirría en nuestro sistema judicial. ¿A todo esto qué alega Bildu para que el Supremo autorice sus candidaturas? Insiste en que sus 3743 candidatos han firmado un código ético en el que rechazan el terrorismo y se comprometen a la defensa de los derechos humanos.

Los militantes y votantes de EA y Alternatiba tienen todo el derecho a reivindicar la independencia de Euskadi por vía pacífica y políticas donde quieran y cómo quieran. Pero, desde el momento en que conforman una coalición con un grupo de personas que el Supremo sentenció como parte del conglomerado de ETA, la candidatura queda contaminada. Eso es lo que uno mantiene, lo que decida el alto tribunal dentro de unas horas es otro cantar, ya que nos puede deparar alguna sorpresa.

Por último, me detengo en los argumentos más determinantes que esgrime la Fiscalía ante el Supremo para exigir la ilegalización de Bildu:

-Conversaciones telefónicas intervenidas por las Fuerzas de Seguridad en las que dirigentes de Batasuna dan instrucciones para buscar y colocar en las listas a candidatos limpios.

-Presiones por los mismos dirigentes a personas del entorno batasuno para que acepten ser incluidos en las listas.
-Negociaciones de los mismos dirigentes históricos de HB con EA para la confección más favorable de las listas.

-En esas negociaciones para la composición de las listas han establecido unos criterios en los que se contemplan los resultados electorales de Batasuna en el pasado. Es decir, los batasanos han hecho valer su fuerza electoral en anteriores elecciones bajo el sello de ETA para colocar en los primeros puestos a su gente.

-En las listas predominan candidatos supuestamente independientes sobre otros militantes de las formaciones EA o Alternatiba. Eso quiere decir que se ha impuesto la fuera electoral de Batasuna por encima de los intereses de las otras dos formaciones que aparecen como comparsas. La decisión final la tienen 16 jueces sin piedad. Que hagan gala de ese juicio y no se dobleguen.

El caso Bildu
JOSÉ ANTONIO PORTERO Molina La Voz  1 Mayo 2011

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA. La Fiscalía General del Estado resume el fundamento de la impugnación de Bildu en las páginas 373 y 374 de un documento de 388. Consiste en que esa agrupación electoral es un instrumento promovido por Batasuna para, con otro disfraz, hacerse presente en las instituciones dando así cumplimiento, como lo viene intentando en cada elección desde su ilegalización, al proyecto político que comparte con ETA. Lo prueba, primero, el hecho de que más del 50% de los candidatos de la agrupación electoral han sido buscados y propuestos por Batasuna de un modo u otro según consta en conversaciones telefónicas interceptadas, perteneciendo los restantes a los partidos legales Eusko Alkartasuna y Alternativa; y segundo, que Batasuna ha hecho valer sus mejores resultados electorales anteriores y ha copado con sus candidatos los primeros puestos de las listas.

En esta ocasión es escasamente significativo, a juicio de la Fiscalía, el aspecto subjetivo del asunto, es decir el hecho reconocido en el escrito de que los candidatos en su inmensa mayoría no están contaminados al haber sido cuidadosamente seleccionados por Batasuna, página 364. Tampoco importa el que todos los candidatos de Bildu hayan presentado ante las juntas electorales un escrito de rechazo de la violencia porque ese rechazo es menos explícito que el que hiciera Sortu nombrando a ETA, algo que no hace Bildu, páginas 359 y 360, o que hayan rechazado el tiroteo de Francia páginas 132 a 137. El rechazo, a juicio de la Fiscalía, se hace en los términos dictados por Batasuna y acordados con ETA.

Quienes tengan el escrito de la Fiscalía por suficiente para excluir a Bildu por entero, tendrán que ponderar que con ello se priva del derecho a presentar candidaturas a dos partidos legalizados y a la totalidad de los candidatos de su derecho fundamental al sufragio pasivo. Y que se hace en un marco cuando menos más complejo que el que permitió la ilegalización de Batasuna en 2003, hace ocho años ya. Quiero decir con esto que la relación ETA/Batasuna, clara entonces, no discurre hoy por los mismos cauces porque las actitudes y los discursos de una y otros no son los mismos. Sin ser en absoluto satisfactorios se perciben cambios en el entramado, entonces inexistentes. Batasuna aunque ilegalizada existe y funciona como organización sin que sus miembros sobradamente conocidos sean perseguidos por ello, lo que prueba que no delinquen. No es fácil entender que siendo ETA y Batasuna la misma cosa los conocidos dirigentes de esta última no estén donde los militantes de aquella, en prisión o perseguidos. Probablemente hay en la identificación algún significado que jurídicamente carece de relevancia aunque la tenga política. Algo también deberían mover a reflexión los rechazos a la violencia de ETA que Sortu y Bildu han firmado, aunque sea en términos distintos.

Eran inimaginables hace ocho años y algo más que despreciarlos debería hacerse cuando de ello puede depender el derecho de sufragio de cientos de personas no contaminadas, pero no han valido de nada ni a Sortu ni a Bildu. Si la impugnación tiene éxito alguien tendrá que explicar en términos jurídicos, no políticos, cuando y cómo podrán esas personas ejercer su derecho. La doctrina del TS y del TC sobre la materia es ya amplia pero, partiendo hoy como en 2003 de la identidad sin fisuras ni cambios entre ETA y Batasuna, cualquier salida se cierra para esas personas. La pregunta a la que hay que responder ya con claridad es esta: ¿Qué tienen que hacer o qué no pueden hacer para ejercer su derecho? A ver qué resulta esta vez.

Como efectos colaterales negativos, dos. El aviso del PNV de no votar los presupuestos debería bastar para retirarle el voto/chantaje en cuestiones de política nacional que ni le van ni le vienen. La presión de algunos medios y algunos políticos sobre cualquier magistrado que no comulgue con la impugnación es inaceptable y abunda en la convicción de que quien así presiona no quiere jueces, quiere centuriones.

Conflicto
Félix de Azúa: 'En Cataluña no sólo hay rechazo al castellano, sino también odio'
El poeta, escritor y filósofo critica con dureza la política lingüística catalana
Andrés Ramos www.lavozlibre.com  1 Mayo 2011

Madrid.- Félix de Azúa (1944), poeta, escritor y filósofo barcelonés, hace uso de su habitual acidez y sarcasmo para analizar la política lingüstica que lleva a cabo la Generalitat. Para él, en Cataluña “no sólo hay rechazo al castellano, sino también odio”.

Incluido en la antología 'Nueve novísimos poetas españoles' junto a Leopoldo María Panero y Manuel Vázquez Montalbán, entre otros, Azúa ha cosechado gran éxito en el panorama literario nacional. Con cerca de cincuenta obras en su haber, destaca en él un carácter reflexivo, analítico e irónico.

-. ¿Qué opinión le merecen las políticas lingüísticas que se están llevando a cabo en España?
-. No creo que exista una política lingüística para España. Depende de las alianzas que deban hacer los partidos políticos con sus colegas nacionalistas para mantenerse en el poder.

-. Y, en concreto, ¿qué opinión le merece la política lingüística de Cataluña?
-. Como todo el mundo sabe, no es sólo una política de apoyo al catalán sino también de destrucción del español. Pero da lo mismo, los nacionalistas lo niegan y los partidos que de ellos dependen silban mirando al techo.

-. ¿Es Cataluña la Comunidad Autónoma que muestra un mayor rechazo al uso del castellano?
-. No sólo rechazo, sino odio. Debe de ser el único lugar al norte de África donde se multa a la gente por escribir en la lengua oficial.

.- ¿Qué situación ha dejado el Gobierno tripartito en materia de política lingüística?
-. El rastro del tripartito es como el de Atila.

-. ¿Se ha producido algún cambio con el regreso de CiU a la Generalitat?
-. No. Son lo mismo, pero un poco más cursi. Los anteriores eran los empleados y estos son los patronos.

-. ¿Hay algún partido político en Cataluña que apueste decididamente por el bilingüismo?
-. El PP y Ciutadans, pero no tienen nada que hacer. Nunca lograrán imponer sus criterios. Aquí, sin el apoyo de la oligarquía, no se puede mover un dedo.

-. ¿Es éste un asunto que preocupa a los catalanes o es un tema que está más en los medios y en las esferas políticas que en la calle?
-. No preocupa a los catalanes, pero tampoco a los castellanos, andaluces, gallegos o murcianos. A nadie le importa un pimiento. Lo usan los políticos en Cataluña para que les den más dinero y en el resto de España para morderse la yugular los unos a los otros.

-. ¿Deberían poder elegir los padres en qué idioma educan a sus hijos?
-. Así suele ser en los países civilizados, pero el nuestro sólo está domesticado.

-. Como profesor universitario, ¿cree que la política lingüística en defensa del catalán resta potencialidad a la universidad catalana?
-. La universidad catalana y la española, como le dirá cualquier profesor un poco sensato, es un cadáver.

-. ¿Es posible la existencia de un bilingüismo normalizado en el contexto político actual?
-. No hombre, por Dios. ¿Cómo iban a insultarse entonces?

-. ¿Qué mecanismos se podrían utilizar para llegar al bilingüismo?
-. La educación, o sea, un bien inexistente en este país.

-. ¿Ha perjudicado la transferencia de las competencias educativas a las Comunidades Autónomas?
-. Imagínese usted lo que sería de Italia si se hubiera aplicado allí el programa español. Los sicilianos diciendo pestes de los venecianos y los romanos haciendo programas de televisión para burlarse de los lombardos.

-. ¿Qué opinión le merece la Ley del Cine catalán, aprobada por la Generalitat el año pasado y que incluye la obligación de doblar o subtitular al catalán el 50 por ciento de las copias que se distribuyan de una película?
-. Bueno, que desaparezca el cine en Cataluña sólo continuaría la saga de desapariciones que están dejando Barcelona como un erial. Es lo lógico.

-. ¿Qué piensa cuando escucha en la radio o televisión a personajes del mundo de la cultura o deportistas expresándose en catalán en actos o comparecencias de interés estatal?
-. Normalmente cierro el aparato en cuanto empieza la publicidad.

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