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Recortes de Prensa   Martes 3 Mayo 2011

 

Programa electoral de Regeneración
Enrique de Diego www.elsemanaldigital.com  3 Mayo 2011

Regeneración se define como el partido del contribuyente, del ciudadano expoliado y saqueado por una casta parasitaria a la que es preciso desmontar para que la sociedad española pueda sobrevivir.

Regeneración se presenta y ofrece como el instrumento para regenerar el modelo político.

Regeneración surge de la sociedad civil. No hay en sus filas ningún político profesional, porque el objetivo de Regeneración es acabar con esa figura. De hecho, ningún miembro de Regeneración podrá estar más de ocho años en la actividad política.

Regeneración se agota en la sociedad civil. Jamás admitirá recibir fondos del contribuyente, del Presupuesto público, y así lo establece como compromiso firme en sus Estatutos.

Regeneración propugna la supresión de la financiación pública a partidos, sindicatos, patronales y cualquier otra organización social.

Regeneración busca la supresión de la cultura de la subvención, para primar el trabajo y la iniciativa.

Regeneración es contraria al Estado autonómico. Parte de la constatación de la evidencia de que las autonomías son insostenibles. Es imprescindible cerrar los parlamentos y los gobiernos autonómicos. Por ello, Regeneración no presenta candidatura a ninguna autonomía, ni lo hará nunca.

Regeneración considera que la democracia exige la plena división de poderes, de modo que es partidaria de la elección directa del presidente del Gobierno en circunscripción nacional y de los parlamentarios por distritos.

Regeneración es partidaria de conseguir con urgencia la independencia del Poder Judicial, modificando el Estatuto del Ministerio Fiscal, suprimiendo su dependencia jerárquica del Gobierno, y procediendo a la reforma del Consejo General del Poder Judicial de forma que sus miembros sean elegidos por los diferentes estamentos –jueces, fiscales, abogados, procuradores, personal administrativo de la Administración de Justicia- relacionados con el Derecho, sin interferencia alguna de los políticos.

Regeneración se declara enemigo del despilfarro, los privilegios y la corrupción, a los que combatirá con todas sus fuerzas y sin desmayo ni componenda.

Regeneración cree firmemente que esas nociones básicas son la solución para la grave crisis a la que ha llevado la casta parasitaria a la sociedad española. En ese sentido, la candidatura de Regeneración al Ayuntamiento de Madrid es la punta de lanza para abrir los debates, con carácter nacional, que lleven a alcanzar esos objetivos.

El Ayuntamiento de Madrid es un campo especialmente apropiado para proceder a su regeneración, porque la gestión del alcalde saliente es el ejemplo extremo de todos los males del sistema actual y la plasmación de los errores de gestión que están llevando a la ruina a los ciudadanos. La gloria del Ayuntamiento no puede edificarse sobre la miseria de los madrileños.

Partimos, pues, y nos enfrentamos a un desastre sin paliativos que ha disparado la deuda por encima de los 7.500 millones, si damos crédito a las cifras oficiales, que se pretende incrementar con otros 5.400 millones en el año en curso. El alcalde saliente ha empobrecido a los madrileños de varias generaciones, por lo que es preciso que Regeneración devuelva los criterios de cordura a la gestión del Ayuntamiento. El alcalde saliente tiene 1.520 asesores que cobran sueldos superiores a los 6.000 euros mensuales por no hacer nada. El Ayuntamiento tiene un parque móvil de 134 coches oficiales. El alcalde gasta tres millones de euros en subvenciones a los sindicatos, especialmente a UGT y Comisiones Obreras. El Ayuntamiento concede subvenciones a grupos y despilfarra en operaciones de imagen.

Todo ese gasto será suprimido por Regeneración. Los concejales de Regeneración nunca irán en coche oficial. La alcaldesa de Regeneración irá en coche oficial sólo a actos representativos. Se suprimirán los asesores. El número de altos cargos se reducirá al 10% y se extraerán preferentemente del funcionariado.

Regeneración prestará especial atención a aquellos grupos de funcionarios que presten servicios esenciales para los ciudadanos, como la Policía Municipal y el Cuerpo de Bomberos, atendiendo a sus justas reivindicaciones.

Regeneración dedicará cuantos desvelos sean necesarios al eficiente sector del taxi, eliminando lo que represente competencia desleal.

Regeneración suprimirá la tasa de basuras.

Regeneración eliminará los coches oficiales, manteniendo sólo dos, no para uso personal, sino en relación con actos representativos.

Regeneración procederá a una reordenación de los edificios municipales, tendiendo a la austeridad y a la eficiencia.

Regeneración sacará a pública subasta el edificio de Correos o Palacio de Comunicaciones, sito en la Plaza de Cibeles, para retornar el Ayuntamiento al emblemático edificio de la Plaza de la Villa.

Regeneración evitará el pago de alquileres de sedes de concejalías, mediante la utilización de edificios municipales actualmente vacíos.

Regeneración reducirá las concejalías, eliminando aquellas que no se corresponden con las competencias municipales.

Regeneración erradicará el afán recaudatorio en la relación con los ciudadanos, de forma que las multas se pongan sólo a las conductas irregulares que representen riesgos.

Regeneración reducirá la ORA a aquellos distritos céntricos de carácter comercial y de oficinas.

Regeneración asume el compromiso de que el Ayuntamiento pague las facturas a sus proveedores, empresas y autónomos, en el plazo de treinta días.

Regeneración establecerá una moratoria fiscal a los comercios que se vean afectados por obras municipales.

Regeneración suprimirá cualquier subvención a los grupos políticos.

Regeneración no permitirá el empadronamiento de ilegales.

Regeneración establecerá impuestos especiales a las clínicas abortivas, destinando ese dinero a madres que hayan dado a luz en situaciones de riesgo.

Regeneración se propone recuperar las Escuelas Aguirre –cuyo edificio actualmente ha sido dedicado a Casa Árabe- en sus fines originarios, indicados por el donante testador, como centro educativo para niños con pocos recursos.

Regeneración siempre gobernará el Ayuntamiento de Madrid atendiendo a los intereses de los ciudadanos, porque los candidatos de Regeneración no son casta aparte; son ni más ni menos que ciudadanos.

Déficit
Quieren subir los impuestos en vez de bajar el gasto público
Jaime de Piniés Libertad Digital  3 Mayo 2011

Parece ser que nuestro Gobierno prepara subidas de impuestos en vez de incentivar recortes en el gasto. Según el Programa de Estabilidad que se envió el pasado viernes a Bruselas, se permitirá al Estado, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos evitar mayores recortes del gasto si se adoptan cambios normativos que supongan un aumento permanente de los ingresos, es decir, si se aumentan de forma permanente los impuestos. Además, el programa amenaza a las comunidades autónomas que osen reducir sus impuestos ya que pueden ver limitado su techo de gasto.

Conviene tener muy claro por qué dicho programa es un despropósito mayúsculo para España. En primer término, mantener el gasto público a expensas de un incremento permanente de los impuestos sólo sirve para perpetuar una transferencia de recursos del sector que crea riqueza, el privado, al público. Detraer recursos de forma permanente al sector privado sólo frenará nuestra tasa de crecimiento potencial; y con una tasa de desempleo del 21,3%, que equivale a 4,91 millones de parados, simplemente no nos lo podemos permitir.

En segundo lugar, con más de 3,17 millones de asalariados públicos en España, un incremento neto de 1,2 millones desde el año 1996, ¿hay alguien que verdaderamente crea que todo ese personal público es necesario? Como tuvimos ocasión de analizar la pasada semana en esta columna, los informes de la UPyD demuestran que si se hubieran seguido las prácticas más eficientes, sin menoscabar los servicios sociales prestados a los ciudadanos, sólo entre las comunidades autónomas nos podríamos haber ahorrado más de 52.000 millones de euros en los últimos tres años, más del 5% del PIB nacional. A la misma conclusión se puede llegar centrando la mirada en las principales ciudades de nuestro país. Sólo en el año 2010 nos podríamos haber ahorrado más de 6.000 millones de euros, sin pérdida de prestaciones para los ciudadanos, si se hubieran seguido las prácticas más eficientes entre las 40 ciudades principales.

El déficit público en el año 2010 de las comunidades autónomas fue de 36.000 millones de euros y el de las corporaciones locales de casi 7.000 millones. Pues la ineficiencia o sobrecoste, definido como gasto público excesivo o innecesario para la prestación de los servicios sociales a los ciudadanos, representó el 56% de aquel déficit público para las comunidades autónomas y más del 86% para las entidades locales. Por lo tanto, no hace falta recortar prestaciones a jubilados, ni reducir otras prestaciones sociales a la ciudadanía, ni, insisto, incrementar los impuestos para recortar el déficit. Sólo hay que recortar el gasto estrictamente excesivo e innecesario para cumplir nuestros objetivos de déficit público.

Por último, el Programa de Estabilidad es un despropósito porque su única y verdadera función es cumplir un objetivo político: mantener contentas a las fuerzas nacionalistas que reclaman más recursos para que siga manteniéndose en pie el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero.

¿Es el PP mejor que el PSOE?
Francisco Rubiales Periodista Digital  3 Mayo 2011

Rajoy apenas habla sobre su programa de gobierno porque desea gobernar y no quiere perder votos. ¿Significa eso que teme que si dijera lo que piensa hacer cuando esté en el poder perdería votos?

Tras la renuncia de Zapatero a presentarse en 2012, el PP de Rajoy contempla estupefacto como se reduce su ventaja electoral y como las previsiones de voto, aunque todavía favorables, tienden al empate. La derecha no comprende lo que está ocurriendo, ni puede explicarse que los españoles sigan apoyando a un dirigente como Zapatero, que ha arruinado y destrozado el país, pero, para los demócratas españoles, es fácil de entender: el PP no ofrece a sus electores garantía alguna de que, cuando gobierne, será diferente del PSOE.

Rajoy tiene pánico a comprometerse y pretende ganar las próximas elecciones en base a que Zapatero ha sido un pésimo gobernante y a la esperanza de que los españoles querrán vengarse del "Zapaterismo" votando al PP. Para no arriesgar, no adelanta sus propuestas, no habla de su programa. Está jugando con fuego porque pide a los demócratas una fe ciega que, en democracia, es improcedente e inadmisible.

Pero, aunque es cierto que los españoles han practicado la venganza ante las urnas en las últimas elecciones, la experiencia sufrida con Zapatero es tan traumática que han cambiado de criterio y, en lugar de vengarse frívolamente, entregando el poder a la oposición, quieren tener constancia de que el partido que gobierne no les llevará de nuevo hacia el desastre. Aunque a Rajoy no le guste, tendrá que ganarse la victoria con algo más sólido que alimentando el deseo de venganza de los españoles.

La experiencia de Zapatero ha sido tan dramática y frustrante, que los españoles no quieren sólo un cambio de gobierno, sino que desean un cambio en el sistema, que lo haga más democrático y decente. La alternancia no basta. Ahora se exigen reformas y compromisos.

Si Rajoy ignora ese grito, perderá las próximas elecciones porque los españoles pensarán, con razón, que más vale malo conocido....-

Pensándolo bien, ¿en qué se distinguen hoy el PP y el PSOE?

¿Que ganará, por ejemplo, un andaluz decente y demócrata si Arenas llega al poder? ¿Se sentirá satisfecho si unos chorizos salen del poder para ser sustituido por otros políticos que podrían también convertirse en chorizos con el tiempo y seguir esquilmando Andalucía? ¿Dónde están las garantías de que eso no va a ocurrir? Si las actuales leyes han permitido que los políticos socialistas esquilmen Andalucía, ¿Que impide pensar que los de derecha no harán lo mismo? ¿Acaso Arenas se ha comprometido con la regeneración, anunciando que cambiará las reglas del juego?

Los españoles han visto cómo su prosperidad se evaporaba y cómo las filas del Estado se llenaban de delincuentes y corruptos y quieren evitar que ocurra lo mismo en el futuro. Sin embargo, el PP no es capaz de garantizar el cambio radical que España necesita y demanda, un cambio que implica cambiar la Ley Electoral, la Constitución y muchas leyes y normas que violan el Estado de Derecho y la misma esencia de la democracia.

Los mensajes que el ciudadano recibe de la casta política son claros e inducen a creer que los dos grandes partidos se parecen demasiado. Por lo pronto, uno y otro se atreven nada menos que a presentar candidatos imputados por la Justicia en sus listas electorales para las próximas elecciones de mayo, todo un desprecio para la democracia y para la ciudadanía.

Voto en Blanco

Caciquismo y corrupción
Andalucía no tiene remedio
Emilio J. González Libertad Digital  3 Mayo 2011

¿Qué han hecho los socialistas con Andalucía en los más de treinta años que llevan en el poder en esta autonomía? Pues, además de transformarla en su cacicato particular, en el que la corrupción y la compra de votos alcanza niveles de verdadero escándalo, la han convertido, gracias a sus políticas, no sólo en la región más pobre de España, sino también en una de las más atrasadas de la Unión Europea, lo cual ya es mucho decir de una zona del mundo que incluye a países como Rumanía o Bulgaria cuya renta apenas supera el 30% de la media comunitaria.

Mientras todas las demás comunidades españolas han ido avanzando y desarrollándose, hasta el punto de que sólo quedan cuatro de ellas dentro de las regiones "Objetivo Convergencia de la UE" –aquellas cuya renta no supera el 75% del promedio de la UE–, y dos de ellas (Galicia y Castilla-La Mancha sólo por décimas), Andalucía sigue hundida en el retraso y ni de lejos podrá acercarse en los próximos años a esos niveles. En la región, la tasa de paro es de casi el 30%, frente a una media nacional del 21,3% a causa del PER, que consagra el desempleo en el medio rural mientras tienen que venir inmigrantes a ocupar los puestos de trabajo que los andaluces rechazan, y la Comunidad no avanza en términos de desarrollo económico a pesar de ser una de las principales zonas turísticas de nuestro país. ¿Qué mal le aqueja? Pues, ni más ni menos que un exceso de socialismo.

El PER consolida el paro, la Junta de Andalucía se mete en todo y en todas las empresas en las que puede, sin apenas dejar margen para el desarrollo de la iniciativa privada. El sector público está más que engordado de forma artificial hasta el punto de que los ingresos de uno de cada diez andaluces dependen directamente de él. Para financiar todos estos desmanes, junto con una corrupción galopante, Andalucía es una de las regiones de España con mayor presión fiscal. Es, también, la autonomía de los EREs fraudulentos y, por si no bastara con ello, ahora la Junta acaba de convertir en funcionarios, por decreto, a los más de 30.000 contratados laborales de las empresas públicas para que, si el PSOE pierde el poder, el PP no pueda despedirlos. Y todo ello con el aplauso de unos sindicatos que también tienen mucho que ver con la situación de enorme atraso de los andaluces.

Andalucía no tiene remedio, porque dudo mucho de que si el PP llega al poder allí, y a nivel nacional en 2012, vaya a cambiar realmente las cosas. ¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir pagando el resto de españoles tanta corrupción y tanto desmadre caciquil? ¿Qué día vamos a dejar de alimentar la consolidación firme del atraso socioeconómico de una región más propia del Tercer Mundo que de un país avanzado?

30.000 submarinos
¿Qué hacemos con el niño Ivancito?
Pablo Molina Libertad Digital  3 Mayo 2011

Con la operación destinada a blindar a más de treinta mil contratados a dedo, los socialistas andaluces acreditan nuevamente el mérito de ser la organización más creativa a la hora de esquilmar las arcas públicas con cierta apariencia de legalidad. No hay grupo humano más voraz que una horda de sociatas meridionales encaramada al poder, como saben perfectamente los ciudadanos que han de padecer esta situación por más de ocho años seguidos. En Andalucía llevan ya más de treinta, así que calculen.

El razonamiento del equipo de Griñán ha sido el siguiente. Puesto que resultaría obsceno hasta para una organización tan desvergonzada como la nuestra convertir de golpe en funcionarios a los más de tres decenas de miles de "compañeros" que hemos enchufado, hagamos que los chiringuitos que hemos creado para mantener a tanto inútil pasen a formar parte de la estructura orgánica de la Junta de Andalucía. ¿No es genial? Así nadie puede acusar a los socialistas de haber convertido en funcionarios a los 30.000 familiares y afiliados que cobran del presupuesto autonómico, pero el resultado es el mismo puesto que a partir de este momento ya no son trabajadores de sociedades anónimas, agencias y fundaciones privadas varias a los que se puede despedir de un plumazo, sino empleados públicos dependientes del organigrama administrativo de la Junta de Andalucía, lo que para el caso es lo mismo que ser funcionario de carrera.

Es que las oposiciones por el turno libre son una costumbre franquista que griñánidos, zarríacos y chavésicos, y no digamos los pizarreos del decadente Clan de Alcalá, se confiesan incapaces de superar por fácil que sean los ejercicios, así que el partido, La Pesoe, ha decidido no someter a estos treinta mil compañeros a semejante crueldad.

El resultado es que el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, si es que cambia el gobierno en las elecciones del año próximo, tendrá a más de treinta mil submarinos del PSOE encargados de llevar a cabo, en su caso, las decisiones políticas del nuevo equipo de gobierno. ¿A quién van a obedecer todos estos compañeros? ¿A Don Javier Arenas o a la organización que los ha colocado en la ubre autonómica junto con toda su familia? Pues hombre, es fácil comprender que un número indeterminado de ellos tendrá la tentación de actuar lealmente, pero con La Pesoe, corporación a la que deben su fortuna.

Sólo hay un cliente de esta corporación socialista, muy bien recomendado por cierto, cuyo futuro laboral no ha quedado todavía solucionado para zozobra de los que seguimos asiduamente la actualidad andaluza. Me refiero obviamente al niño Ivancito, abandonado al albur de los rigores del libre mercado en cuanto el apellido de su tarjeta de visita, en vez de respeto cause hilaridad en los despachos oficiales de la Junta.

Poco ha de poder Don Manuel si no convence a su sucesor para que encuentre acomodo institucional a la criatura. Con su extraordinaria facilidad para hacer números y extraer porcentajes debe haber algún lugar en la administración andaluza acorde a sus merecimientos, de Presidente de la Cámara de Cuentas para arriba. Sus ingresos mensuales se resentirán, pero para este miembro preeminente de la segunda generación del apellido Chaves lo importante, seguramente, es seguir sacrificándose por Andalucía los años que haga falta. El ejemplo de su "papá" no admitiría otro comportamiento.

Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.

Justicia implacable
Editoriales ABC  3 Mayo 2011

El verdadero mensaje de esta excelente operación militar de EE.UU. es que la voluntad de hacer justicia, de perseverar en la lucha antiterrorista, termina dando resultados

PARA Estados Unidos «se ha hecho justicia» con la muerte de Osama bin Laden. Estas palabras del presidente Obama podrán ser recibidas con distancia por la sensibilidad europea, pero reflejan una forma de entender la dignidad nacional y la defensa de los propios intereses que explica por qué EE.UU. es una superpotencia. Cerca de cumplirse el décimo aniversario de la masacre de las Torres Gemelas, Obama ha culminado el trabajo que inició George W. Bush, en una nueva demostración de que el bipartidismo estadounidense no cuestiona los asuntos de Estado, sino que los refuerza. Puede que la ejecución de Bin Laden diluya los entusiasmos progresistas en torno al presidente americano. Pero la decepción será culpa principalmente de los decepcionados, no tanto de Obama, por esperar que el presidente de EE.UU. fuera como uno más de los múltiples dirigentes europeos de perfil bajo. Las expectativas de una reversión drástica de las políticas de seguridad iniciadas por Bush se han visto defraudadas. Obama ha prolongado la estrategia de su predecesor. Mantiene 50.000 soldados en Irak, bombardea Libia, continúa la guerra de Afganistán, Guantánamo sigue abierto con tribunales militares y, además, ha eliminado sin juicio a Osama bin Laden y en una acción de guerra, porque EE.UU. está en guerra con el terrorismo. Para los estadounidenses, Obama ha actuado como un comandante en jefe que ha hecho lo que tenía que hacer y por lo que probablemente lo reelegirán como presidente.

La muerte de Bin Laden no pone fin a Al Qaida. Desde hace tiempo, Bin Laden era, sobre todo, un símbolo del terrorismo integrista musulmán, la cara diabólica del 11-S, pero ya no el director ejecutivo de todas las ramas y los grupos de la «yihad» mundial. Al Qaida está consolidada como una red de franquicias que se ha ido formando por la adhesión de grupos locales que ejecutan con autonomía las estrategias generales marcadas por la dirección de la red terrorista. Por tanto, su muerte no tendrá un coste operativo significativo para Al Qaida. Su sucesión se habrá producido ya, probablemente con el ascenso del egipcio Ayman al Zawahiri, a quien todos los servicios de información occidentales atribuían desde hace tiempo el control de la red.

El verdadero mensaje de esta excelente operación militar es otro, y en un doble sentido. Por un lado, han funcionado los sistemas de inteligencia, a partir de información obtenida en los interrogatorios de Guantánamo, lo que constituye para Al Qaida un motivo de intranquilidad. Nadie en Al Qaida está seguro. El segundo mensaje es que la voluntad de hacer justicia, de perseverar en la lucha antiterrorista, da resultados. Si EE.UU. hubiera desistido de sus campañas militares, como se le pedía principalmente desde Europa, Bin Laden estaría vivo. Pero ha ocurrido que el integrismo islamista se ha topado con una forma de lucha a la que no estaba acostumbrado: la de un Gobierno occidental y democrático que ha sabido esperar la ocasión para asestar el golpe que venía anhelando desde 2001. Las consecuencias de la muerte de Bin Laden no son del todo predecibles, pero hay que recordar que el terrorismo islamista no necesita excusas para atentar. Sería lamentable que, como ya ocurrió con el ataque a las Torres Gemelas, imputado irresponsablemente por «elites» intelectuales y progresistas a la política internacional de EE.UU., hubiera quien explicara los futuros atentados islamistas como una reacción a la muerte de líder de Al Qaida. La pusilanimidad occidental ha nutrido la determinación terrorista durante mucho tiempo.

Si la muerte de Bin Laden provocara confusión entre sus seguidores y estimulara a las sociedades musulmanas a romper vínculos con el terrorismo, el futuro de la lucha antiterrorista mundial tendría realmente un escenario mucho más favorable. Las revueltas de los países árabes, tan impredecibles en sus motivos como en sus desenlaces, podrían decantar ese futuro hacia una deslegitimación política del terror. Sin embargo, lo responsable es pensar que Al Qaida sigue intacta en sus objetivos y en sus medios violentos, lo que también incumbe a España. La recuperación de Al-Andalus está presente de forma continua en los mensajes de Al Qaida y, en particular, de Ayman Al Zawahiri. Pakistán se agrava como referencia geoestratégica de la lucha contra el integrismo violento, porque es significativo de la ambigüedad de este país como aliado que Bin Laden viviera tranquilamente a pocos kilómetros de la capital, Islamabad, en una población con fuerte presencia militar. Y en Afganistán la guerra no ha acabado, aunque la muerte de Bin Laden esté ya interpretándose como el punto final a la presencia militar aliada en este país asiático. El riesgo de que vuelva a manos de los talibanes no se ha disipado, y si esto sucediera por una retirada precipitada de la coalición internacional, Bin Laden habría ganado la guerra.

Un golpe espectacular
Editorial www.gaceta.es  3 Mayo 2011

Se ha hecho justicia y se ha ganado una batalla decisiva en la guerra contra el terrorismo.

En un año de singular simbolismo –el décimo aniversario del ataque a las Torres Gemelas–, Estados Unidos se ha librado de la mayor pesadilla armada desde el fin de la Guerra Fría, con la muerte en Pakistán de Osama bin Laden a manos de soldados de élite de la Navy. La de ayer fue una noticia de alcance histórico, que ha desatado la euforia en Norteamérica y que cierra un largo ciclo iniciado hace casi 10 años por George Bush Jr. en su lucha contra el terrorismo islámico. Ha sido su sucesor, Barack Obama, quien se ha llevado la gloria de localizar y acabar con el sanguinario terrorista, con una operación de 40 minutos, efectuada con cuatro helicópteros, y soldados de élite con rifles con visión nocturna, que parece sacada de una superproducción de Hollywood.Según un oficial americano el objetivo no era capturar a Bin Laden sino matarlo.

A la progresía, que le ha dado un ataque de escrúpulos sobre la legalidad de la operación, habría que recordarle el sangriento historial de este carnicero del siglo XXI y la amenaza que representaba para la paz mundial. En este sentido se puede decir que “se ha hecho justicia” –como señaló ayer Obama–, porque se ha dado muerte al cerebro del mayor atentado de la historia, el 11 de septiembre de 2001, en el que perdieron la vida más de 3.000 personas, así como de otras crueles masacres, como la del metro de Londres o la de Atocha. Y se ha terminado con la carrera de un iluminado que, procedente del wahabismo saudí, declaró la guerra santa a Occidente, a través de su organización Al Qaeda (La base), después de haber luchado contra los soviéticos en Afganistán, apoyado paradójicamente por la CIA. Tras aquel conflicto, el antiguo niño bien creó la red terrorista, puso en el punto de mira a los chiíes, Estados Unidos e Israel y comenzó su particular cruzada.

El espectacular golpe asestado a Al Qaeda implica un balón de oxígeno de popularidad para Obama que a sólo un año de las elecciones, se desploma en las encuestas, después de acometer reformas tan controvertidas como la sanitaria. También supone un espaldarazo moral para el Imperio americano, parcialmente cuestionado desde que el ataque a las Torres Gemelas dejó al descubierto su vulnerabilidad y desde que su hegemonía económica ha comenzado a estar disputada por potencias emergentes como China. Frases como: “No hay nada que no podamos hacer” –Obama dixit– no se escuchaban en Washington desde los tiempos de Reagan y constituyen una demostración gráfica del poder de la primera potencia mundial, además de una lección de patriotismo de un pueblo, que al margen de sus diferencias, ha permanecido unido frente a la amenaza terrorista.

Lo que aún está por ver es otra idea de Obama (“el mundo es hoy más seguro”). De momento sí, pero el futuro sigue estando incierto en la lucha contra el terrorismo yihadista. La desaparición del enemigo público número uno, abre algunos interrogantes y no despeja del todo la inquietud en el horizonte internacional. En primer lugar porque, si no pudo haber un nazismo sin Hitler, sí puede haber Al Qaeda sin Bin Laden, ya que a diferencia de la Wehrmacht en 1945, no ha sido derrotado ese Ejército del Terror, que por su propia naturaleza, es ubicuo, cambiante y viral. El sistema de franquicias –formato que irónicamente han copiado de la economía capitalista y de los perversos cruzados– les ha convertido en un poderosa fuerza móvil y aparentemente indestructible, que desde el ataque a las Torres Gemelas ha obligado a Occidente a replantear sus esquemas geoestratégicos respecto al terrorismo internacional.

La amenaza sobre Occidente puede incrementarse sin Bin Laden y eso explica que junto a la euforia, la Casa Blanca haya recordado que “la guerra continúa”. Ayer mismo, Interpol alertaba de “máximo riesgo antiterrorista” y advertía del peligro de represalias en el mundo civilizado. Uno de sus potenciales objetivos es España. Por razones estratégicas (vecindad con Marruecos y con las bases norteafricanas de Al Qaeda del Magreb) y también culturales e históricas (Al Andalus es un clásico en las reivindicaciones hechas expresamente por Bin Laden), nuestro país no debe bajar la guardia frente al peligro yihadista.

La segunda razón que suscita inquietud es el perfil radical del sucesor de Bin Laden. Si el mundo tembló con el criminal que derribó las Torres Gemelas, no debe quitarle ahora el ojo a un personaje como Ayman al Zawahiri, porque es él (y no Bin Laden) el principal ideólogo de Al Qaeda; porque fue su mentor (que hizo las veces de su progenitor en la guerra santa); porque le gana en violencia (estuvo detrás del magnicidio de Anwar el Sadat, en Egipto, y fue él quien convenció a Bin Laden de que lanzase el ataque del 11-S a EE UU –“el enemigo lejano”–). Y el tiempo ha demostrado que Al Zawahiri es capaz de sobrevivir más prolongadamente que Bin Laden (lleva casi medio siglo escapando de sus perseguidores y teledirigiendo la guerra terrorista).

No estamos diciendo con todo esto que Occidente no tenga motivos para alegrarse, tras la caída de Bin Laden, sino que es importante subrayar que la guerra mundial contra el terrorismo no ha hecho más que empezar. El Gobierno español, estúpido promotor de la no menos torpe Alianza de Civilizaciones, se alegró ayer de la desaparición del gran asesino. Gran noticia.

Bin Laden y el fracaso del integrismo
JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR El Correo  3 Mayo 2011

HISTORIADOR Y ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE

Ahora que Bin Laden ha muerto, su epitafio podría ser: 'Destruyó dos grandes edificios, mató a varios miles de personas que no tenían nada que ver con el asunto y provocó la caída de sus mejores amigos'.

'Usama Bin Ladin' -las vocales 'o' y 'e' no existen en el idioma árabe- era uno de los muchos hijos de un emigrante yemení, que llegó a ser tan rico que logró la hazaña extraordinaria de conseguir la nacionalidad saudí. Bin Laden era por lo tanto saudí, pero pasó parte de su infancia en Yemen, en una región con fuertes minorías chiíes a las que odiaba ferozmente, pero de las que iba a recoger las nociones místicas del martirio y la violencia autodestructiva, desconocidas en el islam suní. Era el hijo privilegiado de un multimillonario que disfrutaba de largas vacaciones en Europa, pero fue instruido en el wahabismo, una secta ultrafanática y ultrareaccionaria que despreciaba la riqueza y consideraba pecaminoso todo lo occidental. Bin Laden era por lo tanto un manojo de paradojas. Tal vez por eso se lanzó a la guerra santa contra los soviéticos en Afganistán.

Los rasgos dominantes de la personalidad y la ideología de Bin Laden eran la xenofobia y el ultra conservadurismo. Mientras estuvo en Afganistán, jamás fue entrenado ni financiado por la CIA pues se negaba a mantener contacto directo con los norteamericanos o cualquier tipo de 'infieles'. El adolescente que disfrutaba de sus vacaciones en Europa se había convertido en un fanático que consideraba a todos los no musulmanes y a muchos musulmanes como infieles enemigos a los que combatir y exterminar.

Cuando Irak invadió Kuwait, los saudíes tuvieron que llamar a los norteamericanos porque carecían de un ejército eficaz. Bin Laden no quiso entenderlo y ofreció al Gobierno saudí una alternativa islámica para derrotar a un Sadam Hussein al que consideraba un despreciable descreído y apóstata. Había conservado una base -'al qaida', en árabe- de datos con los nombres de los mujaidines que habían luchado contra los soviéticos. Podía reunir a un par de decenas de miles de aquellos encallecidos veteranos para usarlos como punta de lanza del ejército saudí. Ahora bien, ¿unos cuantos miles de milicianos iban a detener en campo abierto a las divisiones acorazadas iraquíes? Este disparate estratégico demuestra que Bin Laden estaba desconectado de la realidad.

La ruptura de Bin Laden con el Gobierno saudí fue por lo tanto una rabieta xenófoba, pero existía cierta lógica en sus acciones. Era humillante tener que depender de extranjeros infieles para defender el reino, pero sobre todo le parecía nefasta la influencia que pudiera ejercer la mera presencia de medio millón de infieles. La xenofobia de Bin Laden no era caprichosa, sino que nacía de su hostilidad a cualquier cambio.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron un gran éxito mediático y propagandístico, pero resultaron un desastre estratégico porque condujeron a la caída de sus anfitriones talibanes. Bin Laden había calculado mal la reacción norteamericana y perdió su única base de operaciones. Pudo escapar con vida gracias a la incompetencia criminal de la Administración Bush, pero pasó el resto de su vida como una presa perseguida.

Bin Laden entregó su vida y su fortuna a lo que consideraba una noble causa: la defensa de un orden social tradicional arcaizante e inamovible, santificado mediante una interpretación sesgada de las variantes más anacrónicas del islam. Su gran sueño era una especie de Esparta islámica; todos los hombres serían mitad monjes-ascetas, mitad soldados de la guerra santa. A las mujeres ni se las menciona. Nada de arte, de música, de juegos o diversiones. La economía quedaría reducida al mínimo indispensable para proveer las necesidades más básicas y sostener el esfuerzo bélico contra los infieles, incluyendo en esta categoría a los chiíes y a la mayoría de los suníes no integristas.

Bin Laden encontró su ideal en la dictadura de pesadilla de los talibanes. Afganistán era a sus ojos lo que debería haber sido la Arabia Saudí wahabita, pero que no había llegado a ser debido a la influencia corruptora de las riquezas del petróleo. De ahí el extremo ascetismo que el terrorista multimillonario practicó durante toda su vida adulta, alejándose de los lujos de su juventud. Nunca comprendió que si Arabia Saudí hubiera sido gobernada y administrada como el Afganistán taliban, jamás hubiera podido desarrollarse ni operar industria moderna alguna, incluida la petrolífera.

Al-Qaida ha tenido siempre mucho de espejismo. La espectacularidad de los atentados ha servido para ocultar su debilidad estructural. Bin Laden llevaba mucho tiempo fuera de juego, de manera que su muerte podría no tener mucha influencia. Sin embargo, a largo plazo el factor decisivo es la imposibilidad manifiesta de llevar a la práctica una ideología tan arcaizante como el integrismo. Bin Laden muere justo cuando las revoluciones árabes demuestran que el terrorismo integrista está doblemente obsoleto. En primer lugar, porque los movimientos de masas consiguen derribar gobiernos y cambiar regímenes, mientras que los grupúsculos terroristas solo consiguen muerte y destrucción. En segundo lugar, porque a la hora de la verdad, las masas piden precisamente lo que el integrismo rechaza por encima de todo: democracia, libertad y modernización.

Una advertencia: Si las revoluciones árabes fracasan, las masas podrían volverse hacia el integrismo. En cualquier caso, de cara al futuro el peligro integrista no está en los grupos terroristas ni en el Irán de los ayatolás, sino en Arabia saudí, donde el integrismo es dogma de Estado, y sobre todo en tres países: Pakistán, Pakistán y Pakistán.

El hombre que mató a Bin Laden
Zapatero se empeña en que sus voceros le atribuyan un papel crucial en una guerra que nunca fue la suya
TOMÁS CUESTA ABC  3 Mayo 2011

DIEZ años después de que los Estados Unidos lanzaran la mayor persecución de la historia, el terrorista Osama Bin Laden ha sido ejecutado. En esta década, cada comunicado y cada aparición en vídeo del líder de Al Qaida era interpretado por la izquierda como una refutación de la guerra contra el terrorismo, además de una nueva prueba de la estupidez congénita de los militares y de los americanos, juntos o por separado, hasta el punto de que se han llegado a imprimir camisetas con la imagen del asesino saudí como las del Ché. Diez años le ha costado a Estados Unidos localizar y atacar con éxito el refugio paquistaní del enemigo público número uno de Occidente en una operación que empezó hace seis, en Guantánamo, cuando uno de los presos, entre pastores de cabras, dementes, niños y ancianos, confesó el nombre de un correo de Bin Laden. El detalle de Guantánamo no es precisamente baladí, entre otras razones porque demuestra la persistencia antiterrorista estadounidense y el auténtico valor de las políticas de Estado. El republicano Bush comenzó un trabajo que el demócrata Obama ha concluido con éxito, algo impensable en otros países; sin ir más lejos España.

En casi todo este tiempo, la política gubernamental española respecto al terrorismo internacional se ha caracterizado por el mayor de los escepticismos, sobre todo en comparación con los denuedos provocados por Gadafi, contra quien el Gobierno de Zapatero no ha tenido los mismos reparos que con Sadam Hussein. Sin embargo, algo ha debido de pasar para que en menos de lo que se tarda en freír un huevo el PSOE y el Gobierno reivindiquen un papel de absoluta relevancia en la muerte de Bin Laden y lleguen al extremo de asegurar, como lo ha hecho la portavoz socialista Elena Valenciano, que se ha hecho justicia con las víctimas del 11-M. Y no se trata de un lapsus o una confusión con otro 11, el de septiembre de 2001. Para nada. La apropiación del mérito, la «socialización» de la persecución y muerte de Bin Laden no sólo sirve para echar más tierra sobre la masacre del 11-M sino que modifica sustancialmente el perfil de Zapatero, cuya receta post 11-S y 11-M consistía en el diálogo, la Alianza de Civilizaciones y la paz, aquella misma que sirvió para crear una plataforma de apoyo a Zapatero.

Quien no era precisamente un connotado partidario de la estrategia contraterrorista de la administración norteamericana se convierte ahora en un aliado fiel de primera hora, en un líder consciente de la necesidad de la colaboración internacional para acabar con el terrorismo, en trompetero de la causa contra Bin Laden y en abanderado de la acción exterior norteamericana. En el denodado intento por ponerse a salvo de la historia, Zapatero se imagina a sí mismo combatiendo un desempleo del que no es responsable y ahora incluso combatiendo el terrorismo de Al Qaida. El mismo presidente de Gobierno que ha dejado claro que no trabajaba en Lehman Brothers se empeña en que sus voceros le atribuyan un papel crucial en una guerra que nunca fue la suya, algo más impensable e imposible para él que haber tenido trabajo en una empresa privada. Pero si lo primero cuela, lo segundo…

Violencia para derrotar el terrorismo, el modelo Obama
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com  3 Mayo 2011

Obama presume de su triunfo eliminando al líder terrorista Bin Laden. Muchos de sus admiradores e imitadores españoles podrían tomar ejemplo de lo que hace un Estado de Derecho.

Imaginemos que durante años y décadas un gran país democrático moderno esté sufriendo ataques terroristas. Y que muchos de esos ataques, aunque no todos, vengan de una misma raíz ideológica e incluso de una misma sigla o grupo organizado. Es verdad que, siendo una democracia, tiene unas normas que cumplir y unos derechos que garantizar. La primera gran duda que se le plantea –siempre esa así- es si supergarantizar esos derechos, incluso a personas, grupos, países y organizaciones cuya primera meta es destruir el país-víctima; o si poner el interés nacional, así como el de sus propios ciudadanos e instituciones, por encima de la comodidad y garantía de sus enemigos terroristas.

Una democracia puede, sin dejar de serlo, respetarse más a sí misma, a su patria, a sus símbolos y a su gente, que a esos enemigos terroristas. Puede informarse en secreto de la identidad y localización de los terroristas y sus líderes. Puede obtener esa información de terroristas capturados e interrogados, o por cualquier otro medio. Puede entrenar sus unidades militares de operaciones especiales para buscar y matar –no capturar, según el caso- a tales terroristas. Para hacerlo emplea sin melindres la violencia armada –pues para eso es el Estado, y es soberano-, en su territorio o fuera de él. No necesita usar mercenarios ni corrupción, pues no se avergüenza de esta lucha antiterrorista y son sus propios militares quienes lo hacen en cumplimiento de su deber. Cuando actúan, y si tienen éxito, la victoria es proclamada a los cuatro vientos, demostrando la muerte del enemigo y dejando bien claro que si es preciso no será el último terrorista que tendrá el mismo o parecido fin. Un éxito.

Durante décadas, España ha tenido un grave problema terrorista, y nunca ha emprendido una política antiterrorista de este tipo. Uno puede estar más o menos de acuerdo con el estilo y la política de Barack Obama, pero es innegable que este presidente izquierdista, progresista, de cultura parcialmente musulmana él mismo, ha ejecutado una política antiterrorista clásica, que con medios muy distintos habría podido ser la de España en los 40 del siglo XX –y no fue en los 70-, de la Gran Bretaña y Francia en los 50, la de Portugal en los 60, la de Alemania en los 80 o la Rusia en Chechenia. Conviene tomar nota de cómo no sólo la democracia, cosa que ya sabíamos aunque nuestro progres no lo creyesen, sino incluso la corrección política light, son compatibles con la eficacia antiterrorista. Osama Bin Laden ya sabía a qué se arriesgaba cuando pasó de agente americano a enemigo de Estados Unidos. ¿Será adecuada y suficiente esta respuesta? Nadie lo sabe aún, pero con seguridad Bin Laden no lo llegará a saber nunca.

El futuro es de la yihad
La amenaza del yihadismo global está muy lejos de haber desaparecido.
Luis de la Corte Ibáñez www.gaceta.es  3 Mayo 2011

Se trata de la cuestión del día, de la semana entrante, cuya respuesta definitiva, obviamente, aún se hará esperar un cierto tiempo. Caído Bin Laden, ¿qué destino le espera a ese proyecto suyo al que genéricamente solemos referirnos con una expresión árabe, Al Qaeda (“La Base”)? ¿Habrá llegado acaso el momento de su disolución? O, por el contrario, ¿seguirá ese proyecto adelante?

Es ya un lugar común referirse a Al Qaeda como a un fenómeno con, al menos, tres caras. Y es inevitable valorar la muerte de Bin Laden atendiendo a cada una de ellas. La primera cara la da Al Qaeda central o Al Qaeda como organización: la que originalmente creo Bin Laden sobre las cenizas de la guerra afganosoviética, la que perpetró los ataques terroristas del 11-S y otros macroatentados antes de 2001.

Aquella Al Qaeda, también se sabe, salió bastante mal parada de la intervención aliada en Afganistán, aunque a pesar de perder buena parte de su militancia y sus fuerzas consiguió mantener por muchos años cierta capacidad operativa y no poca influencia en la región que atraviesa la frontera entre Afganistán y Pakistán. Con el paso de los años, el núcleo de Al Qaeda fue encogiendo su tamaño y pasó a concentrarse en dos funciones principales: la propaganda y la promoción de relaciones de colaboración con y entre otros grupos yihadistas, tanto próximos como lejanos. No era una función despreciable pues, gracias a ella, el mundo siguió padeciendo numerosos actos de terrorismo inspirados por los mensajes y consignas distribuidas gracias a su aparato mediático, o realizados por los socios organizativos de Al Qaeda central.

Para hacerse una idea aproximada de la efectividad de la estrategia aplicada por la organización dirigida por Bin Laden a lo largo de su existencia, basta con repasar unos cuantos datos. Entre 1998 y 2008 Al Qaeda central fue responsable o sospechosa de la ejecución de 84 atentados terroristas ocurridos en todo el globo. Su resultado más inmediato fueron 4.299 personas inocentes asesinadas y otras 6.300 heridas. La proporción de atentados sale aproximadamente a unos ocho atentados anuales. Sin embargo, este porcentaje puede desorientar en cierto sentido, pues la mayoría de esas muertes fueron consecuencia de un solo complot terrorista, el del 11 de septiembre de 2001, con 2.994 víctimas mortales: una inmensa acumulación de horror en el breve espacio de algo más de una hora, del que no debe descontarse la conmoción y el sufrimiento padecido por los familiares y amigos de las víctimas directas de la masacre. Es también enormemente significativo que a pesar de haber sido responsable del 1% de los atentados terroristas ocurridos en el mundo, sus acciones hayan generado el 20% de las bajas mortales asociadas al terrorismo perpetrado durante el periodo al que venimos refiriéndonos (1998-2008).

Todo ello pone al descubierto el enorme potencial de brutalidad que entrañaba la existencia de Al Qaeda y justifica por sí misma la intervención en Afganistán; en realidad, una acción imprescindible para prevenir nuevos actos de megaterrorismo como los que derrumbaron las Torres Gemelas y abrieron un boquete en el Pentágono. Pues bien, con la muerte de Bin Laden esta dimensión de Al Qaeda podría entrar en crisis, especialmente debido a posibles luchas intestinas de poder entre los candidatos a suceder al líder saudí, así como a la desmoralización que pueda cundir entre cierta porción de su militancia de base.

La segunda y tercera faz de Al Qaeda corresponde, de un lado, a sus filiales y aliados organizativos y, de otro, a los grupos e individuos radicalizados en todo el mundo por influencia de su propaganda y su ideología. Ninguno de ellos va a desistir ahora de su actividad terrorista porque Bin Laden haya desaparecido. Primero, porque ni unos ni otros operaban bajo órdenes suyas ni con recursos de Al Qaeda central. Segundo, porque lo que les unía a Al Qaeda era fundamentalmente una ideología (y ciertas amistades), aunque esa ideología tiene cada vez más portavoces que llevaban años disputándole a Bin Laden su condición de líder carismático de la yihad. Y tercero, porque muchas de esas organizaciones y grupos –que han sobrevivido exitosamente a la pérdida de sus primeros líderes– también tienen sus propios objetivos locales y regionales. Es posible además que tanto grupos autónomos como organizaciones de mayor rango tomen la muerte de Bin Laden como excusa para realizar nuevos atentados que serán vendidos como actos de venganza. A las pocas horas de haber fallecido el saudí, las web yihadistas ya hervían de consignas y amenazas en ese sentido.

Por lo tanto, la magnífica noticia que supone la eliminación de Bin Laden perjudicará indudablemente a su organización matriz y pone en riesgo su propia supervivencia. Pero la amenaza del yihadismo global está muy lejos haber desaparecido. Alguien ha escrito en un foro radical hace unas pocas horas: “Nosotros no luchábamos para Osama. Luchábamos por Alá… y Alá está vivo y nunca morirá”.

*Luis de la Corte Ibáñez es profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y autor de ‘Crimen.org’, sobre terrorismo internacional.

Éxito de Obama y de Bush
El Editorial La Razón  3 Mayo 2011

Sólo se puede calificar como un éxito la determinante operación militar de los marines de EE UU que ayer terminó con la vida de Osama Ben Laden en un complejo de lujo, convertido en un fortín, en Abbottabad, una ciudad a pocos kilómetros de la capital de Pakistán, Islamabad. Al margen de los detalles concretos, que aún se desconocen, y a la espera de que se haga pública la imagen del dirigente islamisma abatido para disipar especulaciones conspiratorias ya en marcha, no cabe duda de que asistimos a un capítulo histórico que reafirma el liderazgo mundial de Estados Unidos y cohesiona al pueblo norteamericano con sus líderes.

El éxito ha sido de Obama, pero también de George W. Bush en la medida en que fue el presidente republicano quien puso en marcha la maquinaria que ha terminado con la vida de Ben Laden. En suma, una victoria de todo el pueblo norteamericano. En su discurso a la nación, Obama afirmó que «se había hecho justicia» y que era fruto de un pueblo unido contra el terror. En efecto, así es. Tanto la Administración Bush como la actual no cejaron en estos 10 años hasta descabezar a Al Qaida o, al menos, hasta arrebatarle a su líder y símbolo.

No obstante, tras la euforia lógica que se vivió ayer entre los estadounidenses, no se debe caer en el espejismo de que la amenaza ha sido conjurada. La muerte de Ben Laden no significa el fin del terrorismo yihadista. Obama lo sabe y por eso quiso subrayar en su discurso que Estados Unidos no está en guerra con el islam, «porque Ben Laden nunca ha sido un líder islámico, sino un criminal». Lo cierto es que, en estos últimos diez años, Al Qaida ha extendido sus tentáculos y, según los expertos, cuenta con tres grandes filiales en el mundo: en la Península Arábiga, Irak y el Norte de África. Desde 2009, sus células en Yemen y Arabia Saudí se convirtieron en Al Qaida de la Península Arábiga (AQPA). Las autoridades de este país estiman que el número de milicianos supera los 300. Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) también se mantiene activo, con secuestros de occidentales y con ataques suicidas como, probablemente, el de Marraquech. Y Al Qaida en Irak se concentra en la ejecución de atentados especialmente sanguinarios.

Es verdad que la eliminación de su carismático guía ha desarbolado anímicamente a los yihadistas desplegados por todo el mundo, también a los que se esconden en las sociedades occidentales haciéndose pasar como cuidadanos ejemplares. Pero no se debe ignorar que su sucesor, el astuto y brutal Al Zawahiri, recogerá el testigo y activará sus medios de propaganda para hacer de Ben Laden el mártir ejemplar e inspirador de todo «buen musulmán». La guerra contra el terrorismo islamista y sus colaboradores, lejos de terminar, ha entrado en una nueva fase con derivadas aún inciertas. El mundo musulmán atraviesa uno de los momentos más convulsos y esperanzadores desde la época de su independencia. Si cuaja el camino hacia la libertad y la democracia, los días de Al Qaida estarán contados. Pero si se frustran las esperanzas de los pueblos de fe musulmana, los herederos de Ben Laden encontrarán el campo abonado para su «guerra santa».

Al Qaeda sin Osama
Es una terrible paradoja que un presidente como Obama sea quien haga lo que tiene que hacer.
Rafael L. Bardají www.gaceta.es  3 Mayo 2011

Es de suponer que las camisetas con la cara de Osama bin Laden se multiplicarán en estos días en muchos sitios del mundo musulmán. Pero su carácter de mártir no disminuye en nada la importancia de su muerte. George W. Bush le prometió al pueblo estadounidense que llevaría la Justicia a donde estuvieran los terroristas y, finalmente, 10 años después del 11-S, otro presidente americano ha podido cumplir aquella promesa.

Los expertos antiterroristas venían diciendo que como consecuencia de la presión de la inteligencia y los militares americanos, Osama bin Laden no ejercía el mando operativo de Al Qaeda desde hace tiempo. Con todo, mantenía una intensa comunicación con sus fieles y seguía sirviendo de ejemplo e inspiración. Su desaparición significa un duro revés para su organización.

Es lógico pensar que ese magma en el que se había convertido la mayor parte de Al Qaeda, red difusa de grupos varios, intente vengar la muerte de su líder espiritual. Y, por tanto, el riesgo a corto plazo de nuevos ataques terroristas no es para nada descartable. Pero Osama bin Laden era mucho más que un líder operativo. Era un visionario comprometido con llevar adelante su causa de las maneras más firmes, imaginativas y consistentes imaginables. Esa energía personal para imponer su visión de lo que debía ser el mundo musulmán y su dominación sobre los infieles, era suyo y con él se ha evaporado. Muerto el perro no se acabará la rabia, pero la pérdida de un líder que había encarnado tan personalizadamente la guerra contra Occidente, no será fácil de cubrir. Con el tiempo, los cabecillas regionales vinculados a un grupo u otro de Al Qaeda volverán a centrarse en sus terruños. Su capacidad de golpear globalmente o con una estrategia global será cada vez menor.

Así y todo, si Al Qaeda central consigue reconstituirse, podría intentar llevar adelante un espectacular atentado. La mala nueva para ellos es que la acción contraterrorista occidental se ha vuelto en estos 10 años mucho mejor para frustrar sus planes.

Es una terrible paradoja que un presidente como Obama, que ha rechazado la idea de la “guerra contra el terror”, sea quien, precisamente, haga lo que tiene que hacer para decapitar a los terroristas más peligrosos. Es el momento de regocijarse por la desaparición de Osama bin Laden, pero también de no bajar la guardia con las celebraciones. Pero al menos, podemos dormir con la satisfacción de saber que ninguno es invencible.

Al Qaeda aún vive
La euforia no debe hacer olvidar que seguimos amenazados como antes.
Óscar Elía www.gaceta.es  3 Mayo 2011

Las guerras –y a Occidente se le ha declarado una– están sujetas a sentimientos extremos . Ni en 2001 estaba todo acabado, y Occidente explotaría de la mano de terroristas suicidas, ni la muerte de Bin Laden soluciona nada. La euforia no debe hacer olvidar que seguimos tan amenazados como antes, quizá más. Al Qaeda y Bin Laden son sólo una expresión de un tipo de guerra, a su vez –según la celebérrima fórmula de Clausewitz–, continuación de una ideología totalitaria, la islamista.

Hasta septiembre de 2001, Al Qaeda era una hábil organización que utilizaba los resortes tecnológicos de la globalización y el efecto sorpresa para sus atentados contra países no preparados, ni moral ni materialmente. Era un grupo pequeño pero muy bien preparado, financiado y dirigido por Bin Laden, quien seguía, utilizaba y expandía el totalitarismo islamista.

A partir de los atentados de Nueva York y Washington, la guerra contra el terrorismo de Bush golpeó duramente a Bin Laden y a los suyos. Bush, con su doctrina de librar la guerra en todos los frentes y en todos los lugares, rompió el espinazo de la bestia. Desde entonces, con Bin Laden desaparecido y muchos de sus lugartenientes muertos, de Irak a Yemen, Al Qaeda ha retrocedido.

Pero la salvaje ideología –la del “vosotros amáis la vida, nosotros la muerte”– permanecía. La Al Qaeda de siempre pasó a ser Al Qaeda Central y, bajo su impulso nacieron grupos y franquicias por todo el mundo, desde el Cáucaso a Indonesia, pasando por la Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) que, presumiblemente, asesinó a los turistas en Marrakech. Con el paso del tiempo, estos grupos han ido adquiriendo creciente independencia, y actúan con práctica independencia de su matriz. En los últimos años, era todo un símbolo, pero sólo un símbolo.

Pero más allá del símbolo, Al Qaeda ha cambiado lo suficientemente desde 2001 como para asegurarse la supervivencia. Hoy puede seguir matando como lo hace desde entonces; y lo quiere seguir haciendo. Al Qaeda vive.

Matarile
Obama ha asumido con orgullo la autoría de un acto de justicia expeditiva. Lo de vivo o muerto era pura retórica
IGNACIO CAMACHO ABC  3 Mayo 2011

AL Premio Nobel de la Paz, apretado por encuestas impopulares, no le ha temblado el pulso a la hora de dictar una orden sumarísima de ejecución sin fórmula de juicio. Lo de vivo o muerto era una licencia retórica, un guiño a la memoria histórica y cinematográfica del Far West: Bin Laden sólo podía aparecer muerto o muerto, entre otras cosas porque vivo suponía un problema político de primer orden. La seguridad de la prisión, el proceso judicial, la propaganda, el escandaloso show mediático planetario. Un engorro. Había que liquidarlo, abatirlo según el eufemismo militar clásico. Darle pasaporte, ajusticiarlo in situ y por las bravas en un acto de guerra sin contemplaciones. Dicho y hecho. Nada de buenismos; una cosa es ser bueno y otra parecer tonto. El comandante en jefe asumió la responsabilidad con orgullo indisimulado: «Bajo mis órdenes directas». Órdenes expeditivas, tajantes, de disparar a matar y, con amplio desprecio de las inevitables teorías conspiratorias y las leyendas urbanas, evitar la mitología póstuma deshaciéndose del cadáver en el fondo del mar. Matarile.

El lenguaje narrativo oficial con el que Obama relató la operación no deja lugar a ambigüedades. El presidente se declaró sin género de dudas ni remordimientos autor de un acto de justicia del que sólo le cabe sentirse satisfecho porque, a diferencia de ciertas operaciones de guerra sucia, está basado en la legalidad. Tiene poderes constitucionales —otorgados por el Congreso a su antecesor Bush— para atacar en el extranjero a cualquier sospechoso de terrorismo contra Estados Unidos y los ha usado sin atisbo de desasosiego ni sentimiento de culpa. Ha aplicado una sentencia fulminante con criterio de castigo, de resarcimiento por el daño causado, obviando en un contexto bélico la posibilidad de un juicio justo que con toda certeza habría desembocado en pena capital. Y ha sacado pecho por ello, respaldado con entusiasmo por la opinión pública. De su parte no sólo tiene la ley de su país, sino una legitimidad pública amasada sobre las vidas de miles de víctimas.

El mensaje de Obama, al margen de la obvia autorreivindicación política a que tiene derecho, es nítido: no caben titubeos ni cesiones en la lucha contra el terrorismo. Cero miramientos. Máximo respeto a la legalidad pero aplicándola con la mayor firmeza y en su interpretación más restrictiva para que los enemigos de la libertad no puedan beneficiarse de ella. Por eso ayer, precisamente ayer, era un mal día para andarse con remilgos ante la sentencia del Tribunal Supremo español que cierra el camino electoral a los amigos de ETA. Un veredicto con todas las garantías de un Estado de derecho ante el que no cabe cogérsela con papel de fumar. Visto lo visto, es difícil imaginar que Estados Unidos, la primera democracia del mundo, permitiese a los cómplices de Bin Laden presentarse a las elecciones.

Plañideras del nuevo che
Algunos no han dudado en defender a Bin Laden como un nuevo Che con túnica. Andan cortos de iconos de asesinos
HERMANN TERTSCH ABC  3 Mayo 2011

ESTÁ bien eso de levantarse con buenas noticias, como sucedió ayer. Aunque pierdan cuidado, que no nos vamos a acostumbrar. Porque la buena noticia del Tribunal Supremo en el caso Bildu nos la puede reventar el Tribunal Constitucional en próximos días con lo contrario. Eso sí, no nos podrán arrebatar la alegría de saber que ha recibido un tiro en la cabeza el principal responsable de la muerte de más de tres mil inocentes que trabajaban en las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre del 2001. Al saberlo he recordado aquellas trágicas siluetas que se lanzaban de los pisos más altos de las torres cuando ya ardían los pisos inferiores. Y las historias de los padres que meses después recuperaban un llavero encontrado entre las cenizas de la Zona Cero, los hijos que nunca enterraron al padre o la esposa que se hundió para siempre en la depresión por la ausencia. Para ellos fueron mis primeros pensamientos al ponerme en la mañana de ayer a conocer los detalles de esta operación magnífica en Pakistán de unos soldados que nos defendían allí a todos. Muchos pormenores son contradictorios. Da igual. Muchos no los conocemos y en parte no los sabremos nunca. Eso espero y creo.

No parece que me vayan a seguir en mi entusiasmo amplios sectores de la progresía patria que se pasaron ayer todo el día poniendo peros a la operación. Que nuestro Gobierno tenía de manifestar su felicitación a Obama estaba claro. No hacerlo habría sido un escándalo. Y estoy seguro que esa congratulación es sincera por parte de millones de votantes socialistas españoles, que saben muy bien quiénes son los enemigos auténticos de la democracia y nuestro sistema de vida. Pero en la reacción de los más ardientes defensores del presidente y sus medios más leales se hacía patente ayer el fruto de la siniestra semilla que ha estado sembrando durante muchos años el zapaterismo en ciertos sectores de la izquierda. Han sido incapaces de alegrarse ni siquiera por el éxito que supone para este presidente norteamericano, al que encumbraron a los altares como «santo laico», en la muy paleta creencia de que era uno de los suyos. El antiamericanismo carpetovetónico tradicional aderezado por el cutre radicalismo izquierdista de nuestros tiempos llevó ayer a disquisiciones auténticamente grotescas sobre la pertinencia de la operación contra el mayor terrorista del mundo. Algunos no han dudado en defender a Bin Laden como una especie de nuevo Che con túnica. Andan cortos de iconos de asesinos. Mucho pesar en todo caso. Plañideras clamando contra la canallada del «Imperio del Mal». No nos debe extrañar. Son los mismos que apoyan flotillas hacia Gaza en apoyo a Hamás, la organización terrorista palestina que condenó ayer «el asesinato del gran héroe combatiente árabe». La fobia a la libertad hace extraños amigos.

Como recordarán, hará año y medio dije en el «Diario de la Noche» de Telemadrid que había que estar dispuesto a matar a los terroristas. Porque quien hace una guerra sin coraje para matar al enemigo pierde la guerra, además del respeto de aliados y enemigos. Me insultaron y una cadena amiga del presidente manipuló un vídeo para presentarme como un asesino vocacional, exponiéndome como un ser odioso que merecería todo el reproche social y algo más, por parte de los ciudadanos progresistas y por parte de los musulmanes a los que yo supuestamente querría matar. Ahora Obama ha hecho lo que yo defendí. Espero que al «santo laico» de Washington lo traten mejor, ahora que Zapatero lo felicita por ello tanto como yo.

Audacia contra el terror
Tenemos que aprender a aislar a los islamistas radicales del resto mayoritario, aplastantemente mayoritario, de los musulmanes.
Gustavo de Arístegui La Razón  3 Mayo 2011

No puede por menos que alegrarnos la noticia: el terrorista más peligroso del mundo ha caído, y aunque su sangrienta obra le sobrevive, la muerte de un símbolo tiene una especial fuerza, pues para sus fanáticos seguidores supone un golpe extraordinario. El líder que creían invencible, enemigo eterno y perfecto de Occidente y de sus aliados «corruptos y decadentes», es decir, el mundo islámico moderado, ha sido encontrado y abatido. ¿El terrorismo yihadista de verdad pensaba que Ben Laden había conseguido engañar de manera permanente a todos sus enemigos? El mensaje que esta operación envía es muy claro: por importante que sea el jefe terrorista, acabará siendo encontrado, detenido o abatido si ofrece resistencia. Podemos imaginar que, a pesar de su odio exacerbado por la muerte de su admirado líder, los yihadistas están desconcertados. No se puede caer en el triunfalismo, los yihadistas van a sentirse obligados a dar una respuesta cuanto más espectacular, mejor. No parece probable que puedan montar algo inmensamente espectacular, al menos de momento. Se sabe que el terrorismo yihadista pretende seguir en la permanente escalada de espectacularidad, impacto y daño. De hecho, la red de Al Qaida había dado instrucciones claras a su comité militar de robar, adquirir o fabricar armas de gran capacidad mortífera. Aunque su jefe haya desaparecido,la instrucción sigue en pie. Éste deberá ser uno de los objetivos prioritarios de todos los servicios de seguridad e inteligencia: evitar un ataque terrorista no convencional. Me temo que son relativamente pocos los estados que son conscientes del gravísimo peligro que esto supone para la paz y, estabilidad mundiaes, y el grado de potencial inminencia del ese riesgo. EE UU está en máxima alerta antiterrorista, y ningún país serio puede no tomarse en serio los riesgos de operaciones de venganza de comandos especialmente adoctrinados, llenos de odio renovado e intensificado.

Sin embargo, debemos ser muy prudentes. En los foros radicales abiertos de internet bullen las amenazas, las consignas violentas, los juramentos de venganza por la muerte de Ben Laden. Destacan muy especialmente la declaración de los Hermanos Musulmanes jordanos que dicen que la lucha de Ben Laden contra Occidente será continuada por otros. Especialmente repugnante me parece la de Hamas, que condena lo que define como asesinato y dice que es necesario que tenga respuesta. ¿De verdad alguien puede creer que estos terroristas metidos a políticos se pueden reconvertir en un socio para la construcción de un Estado Palestino?

Por cierto, uno de los denominadores comunes de las organizaciones islamistas radicales es que todas, sean de la nacionalidad que sean, se erigen en sus representantes, secuestrando la causa de la creación de un Estado Palestino que no desean, pues lo que no aceptan es la solución de dos Estados, lo que implicaría el imprescindible reconocimiento del Estado de Israel, que los islamistas radicales pretenden destruir.

Hay incógnitas sobre los antecedentes de la operación que son relevantes y que, sin duda, acabaremos sabiendo. La primera es que seguimos sin tener una noción suficientemente clara del grado de penetración del islamismo radical en el ISI, los servicios de inteligencia de Pakistán. Hoy sabemos que la casa de Ben Laden llevaba no meses sino años siendo vigilada por la inteligencia estadounidense. No sabemos cuánta de esa información se compartía con los pakistaníes, si es que se compartía alguna. Tampoco se sabe de verdad en qué momento se les comunicó a los paquistaníes la operación y a quién estaba dirigida. Los EE UU han agradecido oficialmente la ayuda pakistaní, como no podía ser menos.

Nadie duda de las buenas intenciones del Gobierno del presidente Aziz Zardari, pero las relaciones entre los dos países son complejas y a veces complicadas. Los malentendidos son frecuentes y, cuando las tropas estadounidenses penetran en territorio pakistaní en persecuciones en caliente, la cooperación entre los dos países se suele enfriar. Pakistán es un aliado de todos en la lucha contra el terrorismo, pero lamentablemente ha jugado, o por lo menos una parte de su Administración, a un peligroso doble juego: considerar que los extremistas dentro de Pakistán son sus más acérrimos enemigos, como sin duda lo son, pero practicar una inquietante política de ambigüedad con los de Afganistán por lo menos. Reitero que el Gobierno es inequívoco, no siempre ciertos servicios, que consideran que los talibán y otros radicales pueden darles juego e influencia en la escena internacional.

Con la que se avecina, es el momento de que todos tengamos las prioridades claras. Siempre se agradecerá toda la ayuda y cooperación, incluida, como no podía ser menos, la de Pakistán. Es posible que la limpia que debió hacer el ex presidente Musharraf sea necesaria ahora. Hace falta tener el coraje para llevarla acabo. Los demás tenemos que aprender a aislar a los islamistas radicales del resto mayoritario, aplastantemente mayoritario, de los musulmanes. Esto ya no es ni retórica académica ni política ficción. Nos va la vida y el futuro en ello.

Bin Laden : Estados Unidos pasa la factura
Inocencio Arias El Mundo  3 Mayo 2011

La CIA, por fin, sale airosa. Después de sonados fracasos que la habían desprestigiado entre los políticos de su país, no olió la explosión de la Unión Soviética, no captó la inminencia del 11 de Septiembre, se equivocó en su convencimiento sobre las armas de destrucción masiva en Irak etc..., la Agencia de Información estadounidense se ha apuntado un estupendo tanto con la liquidación de Bin Laden. La ejecución de la operación ha corrido a cargo del avezado comando “Seal Team 6” de la Marina pero la investigación de años, paciente, trabajosa, la localización del edificio donde se encontraba el terrorista, de sus moradores han sido obra de la CIA. Ahora puede sacar pecho. “9 años y 7 meses para buscarlo y 40 minutos para matarlo” como titula un periódico. Seguir a un leal colaborador de Bin Laden durante años, analizar las peculiaridades de la curiosa residencia donde pernoctaban, fortificada, cara, sin teléfono e Internet con habitantes que quemaban la basura en el interior, ...han sido las hebras de la madeja que ha desenredado la CIA.

Obama también marca. En momentos en que su porcentaje de aprobación empata con el de desaprobación(46-46) la eliminación de Bin Laden será una inyección fuerte de popularidad a corto plazo. De aquí a las elecciones, con todo, hay un largo trecho(17 meses) y los ciudadanos están y estarán preocupados fundamentalmente con la economía. Obama, sin embargo, recibe hoy plácemes hasta de dirigentes republicanos. Es lógico, é dio la orden si la operación hubiera salido mal sería despellejado.

Estados Unidos, su prestigio y su reputación se ven asimismo reforzados. El coloso demuestra que quien la hace la paga, que quien hostiga o hiere seriamente a Estados Unidos, los talibanes, Sadam Husseim y ahora, tardía pero ineluctablemente, Bin Laden, el autor del atentado de las Torres Gemelas, del de Kenya, el inspirador de Atocha y de Bali, el que había declarado que “matar a los americanos y sus aliados es nuestro deber”..., acaban pagando la factura en sus carnes. El país, aunque la Administración se muestre serena y cauta en público, exulta.

Se plantean ahora ciertos interrogantes, alguno de ellos ominoso. Al Queda está descabezada pero no borrada del mapa. Parece trabajar con células independientes, se ignora cuantas son y si Bin Laden o alguna de ellas poseía o está a punto de conseguir armas químicas o biológicas. No es descartable que en breve haya algunos atentados espectaculares, la organización querrá vengar a su venerado líder y mostrar que puede hacer daño. El golpe, no obstante, es considerable. galvanizará a algunos pero a otros los desanimará.

Al Queda no estaba en su mejor momento. Su popularidad había decaído en sectores del mundo islámico y resulta curioso comprobar que las revoluciones del norte de África han brotado y discurrido al margen del grupo terrorista y, por el momento, de forma no deseada. Una apertura política o social de las sociedades árabes, si no se tuerce y cae en el extremismo, va en contra de las apetencias de Al Queda. Está por ver donde desembocan

Es paradójico concluir que Bin Laden ha caído a manos de quien hace unas tres décadas eran sus aliados tácitos. El joven saudita, lleno de fervor religioso, había acudido a Afganistán a combatir el comunismo que querían implantar las invasoras tropas soviéticas. Los patriotas afganos luchaban contra los rusos con el dinero de Arabia saudita y las armas de Estados Unidos. Contra los dos se volvería ferozmente más tarde Bin Laden. Ver que los monarcas sauditas recorrían a Estados Unidos, !infieles cerca de las ciudades sagradas!, para proteger a su reino en los momentos en que Husseim invadía Kuwait y rehusaban el ofrecimiento de Bin Laden de reclutar milicianos en el mundo árabe con ese propósito era algo que su fanatismo puritano y su orgullo no podían digerir.

Hay quien sostiene, desde el fundamentalismo o la ingenuidad, que Estados Unidos debería haber capturado vivo al terrorista y juzgarlo. ¿Dónde y cómo podía Estados Unidos hacerlo? El proceso habría removido durante mucho tiempo las aguas peligrosas de los extremistas, creado enormes complicaciones de todo tipo y costado centenares, sino miles, de millones. Que se añadirían al billón largo, sí he dicho billón, de dólares que ha significado el atentado de las Torres Gemelas y sus consecuencias. Lo de someterlo a juicio no era en absoluto realista.

Ben Laden
'USAMA'
Lara Vidal Libertad Digital  3 Mayo 2011

Que Estados Unidos es ahora mismo una cascada de celebraciones relacionadas con el abatimiento de Osama Ben Laden lo ha podido ver cualquiera que se haya asomado a las televisiones o a Internet. Sin embargo, faltan palabras para describir el entusiasmo que se vive, de la manera más espontánea y alegre, en las calles, en las universidades, en los comercios o en los estadios. La convicción de que se ha hecho justicia ha quedado plasmada en infinidad de lemas que la gente vocea con auténtico gozo.

Reproduzco sólo algunos a título de ejemplo: "Lo siento, pero no lo sentimos por Osama", "Disfruta del infierno Osama, arde niño arde", "La boda real es una noticia vieja. Firmado: USA" o "America, matando a los malos desde 1776" y, quizá la mejor: "¿Deletreáis Osama USAma porque queréis poner las letras de vuestro país en cualquier sitio que podéis?". Y junto con el entusiasmo ha tenido lugar una extraordinaria revalorización de la figura de Bush. En todas partes aparece repetida una frase suya que, sin duda, ha hecho ya Historia: "Esta noche América ha enviado un mensaje inconfundible. No importa lo que se tarde, se hará justicia". Y es que los ciudadanos de Estados Unidos tienen más que asumidos que sin la resolución de Bush al declarar la guerra al terrorismo islámico Osama seguiría ahora vivo.

Personalmente reconozco que es imposible estar ahora mismo en Estados Unidos y sustraerse a la emoción patriótica que electriza a la nación. Como en tantos clásicos del cine desde Centauros del desierto a Cometieron dos errores pasando por El hombre que mató a Liberty Valance, la búsqueda ha sido larga, pero ha concluido con justicia. Se ha impuesto la justicia sobre un criminal.

Y, sin embargo... no puedo ocultarlo. A los españoles que estamos en estas tierras, la dulzura de este triunfo sobre el terrorismo se nos agria, siquiera en parte, cuando recordamos que en España se paga a una organización terrorista llamada ETA con dinero de los impuestos, que hay partidos que insisten en que pueda presentarse a las elecciones, que cuenta con defensores que, históricamente, han llevado sotana e incluso báculo; que tiene miembros huidos a los que nadie buscará como los americanos han hecho con Ben Laden y que, por encima de todo, desde las más altas instancias se sigue impidiendo que se sepa toda la verdad sobre el 11-M.

El 11-S, vengado; el 11-M por investigar
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  3 Mayo 2011

Vaya por delante mi felicitación a todos los amigos de la libertad en todo el mundo, especialmente a los que con su dinero y esfuerzo mantienen en pie a Occidente: los ciudadanos, agentes y soldados de los Estados Unidos de América, que han liquidado a Ben Laden. Aunque tiendo a la agorafobia y no sé si me hubiera echado a la calle con una bandera norteamericana –junto a la española, claro– querría ahora estar, mientras la noche cae sobre Manhattan, en la Zona Cero para recordar a las víctimas del 11-S. Aunque sea Obama, el del repugnante discurso de la Universidad de El Cairo, quien se cuelgue la medalla de matar a Osama. A los americanos les gusta ser y parecer una nación y suelen guardar un gran respeto por el presidente de la república. Respetémoslos a ellos, aunque no lo respetemos a él. Es un día para los USA, no para Obama. Es más importante que Osama haya muerto que la posibilidad de que Obama resucite políticamente. No siempre los héroes pueden desfilar el día de la victoria. Pero lo importante es la victoria.

A diferencia del 11-S, donde siempre estuvo clara la autoría y la voluntad de aniquilar a los culpables, la peor masacre española con nítida intencionalidad política, el 11M, sigue por investigar. En realidad, lo que hay que investigar es la relación de los policías falsificadores de pruebas con los que pusieron las bombas y con el Gobierno socialista salido del atentado, que ha hecho todo lo posible para impedir que pueda averiguarse la verdad acerca de su autoría intelectual y material.

Que el Gobierno está preocupado por la parte que le toca en el caso del 11-M lo ha demostrado cuando, en contra de lo que escribió o suscribió el juez Gómez Bermúdez, ha salido a toda prisa para celebrar la liquidación del asesino del 11-S, pero, en realidad, para atribuir de nuevo a Al Qaeda la autoría del 11-M. Y eso, pese a que, según la sentencia de los amigotes del Gobierno, no hay un solo dato para atribuírsela. Ahora bien, si fuera cierto y aunque sea mentira, ¿qué problema aduce ahora el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba para investigar a Manzano y otros implicados en la destrucción de pruebas o la siembra de pruebas falsas sobre el 11-M? Si hubiera muerto el jefe de los terroristas que volaron los trenes en Madrid, aún habría más motivos para honrar a nuestras víctimas investigando la verdad. Una verdad que pasa por el banquillo en que se van a sentar los manipuladores de pruebas. Una verdad que pasa por no creer nunca a un Gobierno que, sobre el 11-M, siempre miente. Una verdad a la que nunca renunciaremos y que pasa por no olvidar lo inolvidable.

Muerte de Ben Laden
Entre la demagogia y la complacencia
Juan Morote Libertad Digital  3 Mayo 2011

Entre mis prioridades no está la de emplear mi tiempo viendo la televisión, y el poco que le dedico nunca es para recibir arsénico en forma de noticias de las cadenas progubernamentales. Sus contenidos deberían estar clasificados para evitar la corrupción de menores, en la mayoría de los casos. Sin embargo, vaya usted a saber por qué me ha dado por ver cómo cuenta la cadena de Roures el éxito de la CIA en la eliminación de Ben Laden, porque ya barruntaba que estos tíos no iban a ser muy partidarios.

Efectivamente, los chicos de Roures están en contra de todo lo que significa Occidente y sus bases culturales. Así, lejos de alegrarse de la desaparición de uno de los mayores asesinos contemporáneos, se limitan a preguntarse quién será el sustituto del yemení en el imaginario de enemigos de los americanos. En una noticia titulada "el nuevo Satán", desarrollan un ejercicio de demagogia que no se le habría ocurrido a nadie con la sindéresis mínima. Tras apuntar a Al Zawahiri como posible sucesor de Ben Laden, sienten que nadie que luche contra occidente, y especialmente contra Israel, puede adolecer de una causa justa. Para estos progres cualquier ataque a Israel está justificado, piensan que el pueblo hebreo siempre es merecedor de lo peor.

Piensan como el prosoviético Nasser, que en la Asamblea de la República Arabe Unida reunida en 1960, señalaba: "El peligro de Israel consiste en la existencia misma de Israel como es al presente y lo que representa", a lo que añadiría en 1965: "no entraremos en Palestina con su suelo cubierto de arena, entraremos con su suelo empapado en sangre". Así, estos progres de diseño imputan a la frustración que supuso que Israel no se dejase machacar por Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak, en la guerra de los seis días, el que Zawahiri haya sido hasta ahora el número dos de Al Qaeda.

Es evidente que, para estos indocumentados de la izquierda progre, la propia existencia de un bastión de democracia en Oriente Medio, como es Israel, constituye una provocación en toda regla, y dicha provocación es argumento suficiente para justificar cualquier ataque a la población civil israelí. Aunque gracias a Dios, no todos pensamos igual. No estamos dispuestos a admitir que las agresiones ilegítimas a occidente sean consecuencia de la opulencia del primer mundo. En muchas ocasiones, el tercer mundo lo es, a causa de sus propios gobernantes. Basta con ver las imágenes de los territorios entregados por Israel a la Autoridad Palestina, para comprobar cómo en el vergel que recibieron han restaurado el desierto. Somos muchos los que nos alegramos de la desaparición de Ben Laden, porque le pese a quién le pese, todavía quedan países en los cuales los atentados a la libertad, a los derechos fundamentales, ni son justificados, ni amparados, sino perseguidos.

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El Supremo y Bildu
La decisión de la Sala Especial del 61 de anular las candidaturas de Bildu resulta constitucionalmente no solo proporcionada sino obligada para preservar el Estado de derecho
JAVIER TAJADURA TEJADA El Correo 3 Mayo 2011

PROFESOR TITULAR DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UPV/EHU

La Sala Especial del Tribunal Supremo ha anulado todas las candidaturas presentadas por Bildu a las próximas elecciones. La sentencia que resuelve el recurso contencioso-electoral presentado por el Gobierno y la Fiscalía puede considerarse una continuación del auto que impidió la inscripción registral de Sortu. Al margen de la fuerte carga política que desde algunos partidos y medios, con deplorable irresponsabilidad, se ha querido imprimir a este proceso, resulta fundamental subrayar que la sentencia omite cualquier tipo de consideraciones de oportunidad política y se funda en razones estrictamente jurídicas.

Aunque no se trata de un incidente de ejecución de sentencia como fue el caso de Sortu, sino de un recurso contencioso-electoral, el tribunal ha debido enfrentarse al mismo problema: evitar procedimientos fraudulentos tendentes a evitar las consecuencias de la sentencia de ilegalización de Batasuna dictada en marzo de 2003. Sentencia en la que la sala llegó a la conclusión, ampliamente argumentada y sustentada en abundante material probatorio, de que ETA y Batasuna constituían un único sujeto, un complejo orgánico con reparto de tareas para la consecución de los mismos objetivos.

Desde entonces han sido varios los intentos del denominado «complejo ETA-Batasuna» de eludir fraudulentamente los efectos derivados de esa ilegalización, para lo cual se ha servido de distintos instrumentos y estrategias, siempre con la intención de sortear fraudulentamente aquella sentencia y, en definitiva, acceder a las instituciones. La Sala Especial del Tribunal Supremo debía ahora determinar si las candidaturas presentadas por Bildu pretendían también ese objetivo.

En este recurso las tesis en pugna eran muy claras. Según el Gobierno y el Ministerio Fiscal, las candidaturas de la coalición Bildu se configuran como una sucesión o continuación fraudulenta -y por ende ilícita y prohibida- del complejo ETA-Batasuna. Según Bildu, sus candidaturas constituyen un legítimo cauce de participación política de un sector social del País Vasco desligado por completo de cualquier relación de subordinación o connivencia con los partidos ilegalizados, y sin vinculación alguna con ETA.

Fácilmente se comprende que, de la misma forma que en el 'caso Sortu', la cuestión decisiva es, una vez más, la prueba de la continuidad y por tanto del fraude. Cabría distinguir así dos tipos de pruebas, las subjetivas (personas promotoras e integrantes de las candidaturas) y las objetivas (documentos, declaraciones, informes policiales, etc.). El Supremo entiende que estas últimas son las decisivas. Así, en el fundamento jurídico número 11 (de casi cuarenta páginas de extensión) la sala analiza siguiendo los criterios interpretativos fijados por la jurisprudencia de los tribunales Constitucional y de Estrasburgo, un abundante material probatorio constituido por documentos, declaraciones, conversaciones telefónicas y reuniones. La valoración global de la prueba lleva a la sala a la conclusión de que «salvo que se quiera mantener formalmente las apariencias a riesgo de hacer la realidad ininteligible, la coalición electoral Bildu responde a lo que fue el designio inicial de un acuerdo inicial suscrito entre Batasuna, Eusko Alkartasuna y Alternatiba: una coalición que permite a Batasuna/ETA volver a la presencia institucional».

De los propios documentos de ETA-Batasuna se deduce con claridad que Bildu era el 'plan B' diseñado para el supuesto de que el 'plan A', la constitución de un nuevo partido legal (Sortu), fracasase. Es ese diseño y esa voluntad defraudatoria y no el elemento personal el que fundamenta la anulación de las candidaturas. Importa subrayar que es el hecho probado de que toda la operación fuera diseñada y dirigida por ETA-Batasuna el que fundamenta la anulación de las candidaturas. El elemento personal, esto es, quienes forman parte de las mismas, es, en este caso, jurídicamente irrelevante.

Ahora bien, el 'caso Bildu' supone una novedad respecto de todos los anteriores y es el de haber utilizado por primera vez la figura de la coalición entre dos partidos legales para presentar candidaturas en un proceso electoral, añadiéndose a los candidatos de los partidos coaligados «numerosísimos candidatos, formalmente independientes, en una operación dirigida y diseñada por el complejo ETA-Batasuna». Ello determina que se prive del derecho de participación a dos partidos políticos de larga trayectoria democrática y siempre opuestos a la violencia de ETA, como son EA y Alternatiba (éste mucho más reciente pero derivado de uno, Ezker Batua, con muchos años de actividad política inequívocamente democrática). Sin embargo, el dato relevante no es el que EA se haya posicionado siempre en contra de ETA -algo que nadie discute- sino el hecho cierto y acreditado de que realmente hizo un pacto con Batasuna para facilitar a través de una coalición la presentación de ésta a las elecciones. Al fin y al cabo, la sentencia demuestra que EA ha consentido la ocupación por Batasuna (no se olvide, rama política del complejo único de la organización terrorista ETA) de la mayor parte de los puestos de las candidaturas electorales concernidas. Ese acuerdo político se tradujo en la formación de la coalición Bildu y en la proclamación de las candidaturas impugnadas.

Con independencia de su composición personal, todas las candidaturas de Bildu son un intento de continuación de Batasuna en los organismos representativos y por tanto de eludir las consecuencias de su ilegalización. En ese contexto, la decisión de la Sala Especial del 61 de anular las candidaturas resulta constitucionalmente no solo proporcionada sino obligada para preservar el Estado de derecho. Y ello porque era la única medida que garantizaba el cumplimiento y efectividad de su sentencia de ilegalización de Batasuna de marzo de 2003.

Sentencia de convicción
EDITORIAL El Correo 3 Mayo 2011

El único recurso con el que realmente cuenta Bildu es el que eleve al Constitucional

La sentencia del Tribunal Supremo anulando la participación de Bildu en los próximos comicios se basa en la convicción de la mayoría de sus magistrados de que sus candidaturas representan una trama defraudatoria. Interpretación a la que los seis magistrados partidarios de desestimar las demandas de la Abogacía del Estado y de la Fiscalía se opusieron también desde su convicción de que no había elementos objetivos ni subjetivos para concluir que Bildu responde al dictado del «complejo ETA/Batasuna»; mucho menos cuando su anulación supone la exclusión electoral de dos formaciones legales como EA y Alternatiba.

La persistencia de la banda terrorista, aunque sea en tregua, constituye un factor contaminante de todo cuanto emana de la izquierda abertzale. La trayectoria defraudatoria de ésta le resta credibilidad cuando trata de volver a la legalidad evitando liberarse de la sombra etarra. Además su inclinación por aparecer en público unas veces como herencia de Batasuna, otras como Sortu e identificándose en ocasiones con los «independientes» de Bildu no despierta confianza, aunque amplios sectores de la sociedad vasca deseen su incorporación a la vida institucional o el Constitucional opte por enmendar al Supremo.

La decisión mayoritaria del Supremo es consecuencia del secretismo táctico, la negativa a revisar críticamente su pasado y la pretensión de imponer sus particulares equilibrios al funcionamiento del Estado de derecho con la que viene actuando la izquierda abertzale. Hasta tal punto que el voluntarismo con el que EA y Alternatiba han eludido comprometer a los herederos de Batasuna en una evolución democrática que les librara de ser sus sucesores puede acabar perjudicando a ambas formaciones. El único recurso con el que cuentan los integrantes de Bildu es el que eleven al Constitucional; porque de nada sirve que reclamen la suspensión de un proceso electoral que se atiene a la legalidad. Del mismo modo que el anuncio del PNV de suspender su colaboración con el Gobierno de Zapatero, una vez conocida la sentencia del Supremo y antes de que la causa llegue al Constitucional, solo sirve para la recolocación electoral de los jeltzales.

Los dictadores de los mandarines
andrés freire ABC Galicia 3 Mayo 2011

EL héroe de esta historia es un editor coruñés que, sin más armas que el tesón y el amor a los libros, decidió crear un sello dedicado a la literatura de viajes. No diré su nombre, que sé bien que un elogio mío no hace bien a nadie en Galicia. Con muchos esfuerzos, ha ido sacando adelante un catálogo ejemplar. El problema, sin embargo, es que su editorial publica en castellano. La primera consecuencia de esta elección es la ausencia de ayuda pública. Liberal que es uno, no encuentro en ello escándalo alguno. La segunda consecuencia, en cambio, sí que resulta escandalosa. La Asociación Galega de Editores no lo admite como miembro; para ellos, a diferencia de sus colegas vascos y catalanes, sólo son editoriales gallegas aquellas que publican en vernáculo. Por ello, nuestro editor coruñés ha tenido que ingresar en el gremio madrileño de editores. Y no, esto no es lo peor. Resulta que la Consellería sólo admite como interlocutor empresarial a la Asociación Galega de Editores, la misma que le niega la entrada. Es decir, quien edita en castellano en Galicia, además de no recibir ayudas, es condenado al vacío y al exilio institucional.

En esto, uno se acuerda de que la Consellería que acepta este atropello pertenece al Partido Popular, el mismo que nos prometió en las elecciones que iba a acabar con la discriminación lingüística. No ha sido así. Cambiaron las leyes educativas, en una reforma timorata y alejada de sus promesas. Y después, «fuese y no hubo nada». El control nacionalista de la cultura sigue en pie. Los mandarines que la gobiernan desde hace 30 años siguen dictando cánones, erigiendo fronteras y repartiendo el dinero público, mientras controlan academias, museos y fundaciones.

¿Por qué, por qué?, ¿qué razón hay para que los populares no hayan planteado en su mandato un intento para arrebatar a los mandarines nacionalistas el control de las instituciones culturales del país? ¿Por qué ha dejado en sus manos todo el discurso cultural gallego? Quién sabe. El caso es que se han rendido al enemigo, sin ni siquiera luchar contra él.

¡Qué bonita ocasión ésta para que un Conselleiro del PP hubiese planteado una batalla cultural al mandarinato¡ Podría haber comunicado públicamente a la Asociación Galega de Editores que, de no aceptar a editores en castellano, no podrían ser considerados como interlocutores únicos del sector. A los editores galleguistas (que no gallegos) les iba a resultar difícil justificar su sectarismo. Sin embargo, la Consellería nada hizo y nuestro editor ha acabado suscrito al gremio madrileño. La conclusión es obvia y triste: Con PP o sin PP, quien no acepte los dictados del nacionalismo cultural, ha de acogerse a Madrid

Cataluña
El gudari Montilla
José García Domínguez Libertad Digital 3 Mayo 2011

Cuanto prescriba el Partido Único Catalanista, es sabido, va a misa en Liliput. Así, por un Pérez, Lluis Miquel, portavoz ocasional el PSC en materia de compromisos vergonzantes, acuso recibo del hondo pesar que sufriría José Montilla en caso de que no se conceda a Eta parasitar administración pública alguna en el País Vasco. Pues ocurre que la decisión del Tribunal Supremo de impedir que los asesinos de Ernest Lluch custodien fondos públicos se le antoja "inadecuada" al portavoz Pérez. Es más, la recta aplicación del Derecho por nuestra máxima instancia judicial resulta "difícilmente asumible" a ojos del vocero de circunstancias. Una dificultad congénita, el no poder tolerar las consecuencias de la división de poderes dentro de un Estado de Derecho, que hermana al PSC con Batasuna y sus mil seudónimos.

Repárese al respecto en que el partido de Carme Chacón no niega la mayor. Que la banda ordene y mande en Bildu supone prosaica cuestión baladí para la mano que mece la cuna de Pérez. Peccata minuta. Lo que les turba, y mucho, es que la cuenta de resultados de la comunión nacionalista, bulímica legión siempre presta a recoger las nueces que van cayendo del árbol, se viese hipotecada por culpa un formalismo baladí, la Ley. Y como la esperanza es lo último que se pierde, el voceras interino ha hecho públicos votos a fin de que el Constitucional "arregle" el asunto. Merced a algún empaste político fruto de una alegre conjura del grueso de los magistrados, huelga decir.

Y sin complejos. Con luz y taquígrafos. He ahí el corolario del devenir extramuros de la gramática constitucional del socialismo catalán: cualquier Pérez del tres al cuatro instando con estupefaciente naturalidad a incurrir en prevaricación a los más altos órganos jurisdiccionales de la Nación. Igual que cuando el Estatut. Con el mismo cinismo con que entonces presumieron el carácter indigno, el espíritu lacayo y el proceder delictivo del supremo tribunal del país. Exactamente igual. Olímpico desprecio que, también como entonces, se hace extensivo a la capacidad intelectiva de sus propios votantes. Por algo ese etiquetaje tan recurrentemente suyo, el que presume "progresistas" a los togados que intuyen proclives a los intereses de un clan criminal, y "conservadores" a los que demás. Inconsolable, el gudari Montilla.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

El nacionalismo catalán asedia Baleares
Juan Julio Alfaya http://gallegos-hispanohablantes.blogspot.com 3 Mayo 2011

El nacionalismo catalán está imponiendo sus ideas en Baleares llevando a una situación totalmente contradictoria: su representación no llega al 9% y aun así imponen su idioma como el preferente por delante del mallorquín o el castellano.

Islas Baleares. Una empresa logra una adjudicación para una obra en una carretera. Su documentación está perfectamente escrita, totalmente en regla, pero tiene lo que el Gobierno balear considera una falta grave: está redactada en español. Aunque es la lengua oficial de España dicha empresa corre el riesgo de que su contrato sea rescindido o de ser penalizada con un pago del 10% menor al presupuesto de dicha obra.

A esta situación se ha llegado de una forma, cuanto menos, cuestionable: el gobierno catalán se está encargando de que la que ellos consideran la lengua por excelencia esté en todos los lugares posibles. Para lograrlo está dando lugar a varias leyes y reglamentos que obligan a usar el catalán en casi todos los aspectos de la vida pública y política y, lo que es más grave, a grandes penalizaciones para aquellos que se rebelen contra dicha imposición. El último ejemplo de ello es la noticia que hoy publica la edición digital del diario EL MUNDO: “El Consell vetará los contratos a las empresas que no usen el catalán”. Así, el gobierno insular presidido por la socialista Francina Armengol ha aprobado un nuevo reglamento que permite vetar los contratos públicos de esta institución a las empresas que no los hagan “al menos” en catalán.

Una situación sobre la que el presidente de la Fundación Círculo Balear, Jorge Campos, ha calificado de “auténtica barbaridad, un completo sin sentido”, y de hecho asegura que “ahí están los resultados de las imposiciones: en la educación, Baleares está a la cola de la cola. Los últimos datos arrojados por el Ministerio de Educación dan unos niveles de compresión lectora muy deficientes. De hecho Baleares tiene la tasa más alta de abandono escolar, el 40%, y en ello tiene mucho que ver el tema lingüístico”.

“La sinrazón de este asunto”, continúa Campos, “reside en que las minorías nacionalistas que imponen este modelo son precisamente minorías, es decir, no representan ni el 9% del electorado, y aun así se ha aplicado una política lingüística completamente nacionalista”. Sin embargo, y por si todo esto no fuera lo suficientemente “surrealista”, resulta que esto viene provocado por la actitud del PP al haber aprobado “una normativa nacionalista”. Por todo ello, Campos espera “que esto cambie ya que todo esto es absurdo”, incluso explica que “todas las encuestas desde los últimos 3 años demuestran que la inmensa mayoría de la ciudadanía, del 85% al 90%, no están de acuerdo con la imposición del catalán.

Sobre hechos concretos, el presidente de la Fundación detalla que han ofrecido asesoría a todo aquellos que nos han preguntado cómo afrontar esta situación, incluso algunos han recibido amenazas por las que podrían perder sus puestos de trabajo. También han presentado una enorme cantidad de denuncias por la marginación lingüística del mallorquín y del castellano y hasta han acudido al Defensor del Pueblo, donde tienen varios asuntos abiertos: entre ellos, el hecho de que el 83% de los ayuntamientos no cumplen la Ley sobre el uso de las lenguas oficiales. Dicho esto, recuerda el reciente caso del Instituto de Porreres, donde el Gobierno balear ha obligado a un instituto a no dar el 1% de las clases en castellano: “No pueden dar ni una mísera cantidad de clases en castellano y se obliga a dar todo en catalán. Y de hecho esta actuación ha ocurrido en tiempo récord, dejando nuestras solicitudes y quejas relegadas y ofreciendo incluso la calla como respuesta. Esta situación en la educación no ocurre en ningún país europeo de nuestro entorno”.

A nivel político, Campos sí me muestra satisfecho a la vez que cauto ya que, relata, “después de varios años de presión, y recuerdo la manifestación que hicimos en 2009 bajo el lema 'Nuestras lenguas nos unen. Volem llibertat d'elecció', hemos calado en los partidos constitucionalistas, que son el PP de Baleares, UPyD y Ciudadanos ya que al PSOE no le consideramos por su actuación política ya que demuestra que es nacionalista y catalanista. Hemos logrado que esos partidos incluyan el compromiso lingüístico en sus programas electorales. Desde que José Ramón Bauzá, el presidente del PP de Baleares y candidato a la presidencia del Govern, ha declarado que la actual ley de normalización lingüística no vale y hay que cambiarla, hemos decidido apostar por él, pero además debe potenciar la lengua balear”. Ahora bien, el presidente de la Fundación se muestra cauto ya que, por ahora, prefieren coger esa promesa de Bauzá “con pinzas” y no darle credibilidad “hasta que no lo veamos por escrito” ya que, recuerda, “los partidos políticos son expertos en decir una cosa en la oposición y luego cuando llegan al poder hacen justo la contraria”. “Es estupendo que por fin se haga caso a la ciudadanía, pero hay que reflejarlo y que no se quede en puras palabras”, apostilla Campos.

Pero no sólo en la Educación ha habido asuntos delicados: Campos recuerda que “el Gobierno socialista aprobó el año pasado un plan de normalización lingüística para que la Administración pudiera intervenir en diferentes aspectos de la vida cotidiana donde no se usara el catalán”, como en los rótulos de las tiendas, las misas, en el ámbito empresarial y económico donde ya han multado a restaurantes por no rotular en catalán, etc.

Incluso va más allá, y detalla el caso de colegio público Mestre Guillemet, en Santa Eugenia, donde a los niños pequeños se les obliga en el recreo a hablar en catalán. Se denunció pero dicha denuncia no ha recibido respuesta, y de eso hace ya dos años. Con todo ello, Campos asegura que “ya no es sólo atacar al español, también es al mallorquín y todo lo que no sea catalán”, creando un problema que antes no existía.

Finalmente, el presidente de la Fundación recuerda que las elecciones son el 22 de mayo y que “el Círculo no sólo tiene 3.000 socios y participantes, sino que movemos personas, por lo que si el PP, que es el que tiene mayor capacidad de ganar, quiere contar con nuestro apoyo, tiene que reflejar por escrito lo que está prometiendo”.
 


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