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Recortes de Prensa   Miércoles 4 Mayo 2011

 

Lecciones de antiterrorismo
Editorial www.gaceta.es  4 Mayo 2011

Claridad de criterios, determinación y neutralización de quienes sirven de apoyo a los asesinos o albergan santuarios terroristas. El abecé de toda lucha antiterrorista, ese que olvidan Gobiernos buenistas o con complejo de Vichy como el español, ha sido seguido al pie de la letra por Estados Unidos en la operación que ha culminado con la eliminación de Gerónimo. Lo primero que ha hecho la Casa Blanca es utilizar con precisión el lenguaje al llamar “delincuentes” a los terroristas y no otras cosas. Washington ha tenido el buen sentido de recordar que Bin Laden no es un nuevo Saladino, sino “un delincuente” y que la guerra de Occidente es contra el crimen organizado “y no contra el islam”. Estrategia inteligente que deslinda el trigo de la paja.

En segundo lugar, ha hecho gala de claridad de criterios al diseñar la localización y muerte de Bin Laden como lo que es: un acto de guerra y no un proceso judicial. Huelgan las contraindicaciones legales que parte de la progresía ha esgrimido. No hacía falta un juicio de Núremberg para ajusticiar al cerebro de Al Qaeda. El ataque a la guarida de Abbotabad no es un trámite judicial, sino un acto de guerra, de la guerra que libra EE UU contra los terroristas. Lo cual está meridianamente claro desde el 14 de septiembre de 2001, 72 horas después del ataque a las Torres Gemelas, cuando el Congreso recogió un poder constitucional “inherente al Ejecutivo”, en virtud del cual el presidente tiene facultad para ordenar contraataques contra “cualquier persona, organización o Estado sospechoso de estar envuelto en ataques terroristas contra EE UU, así como a Estados extranjeros sospechosos de acoger o apoyar esas organizaciones”.

En este sentido –y esta es otra lección– EE UU lanza un mensaje a uno de esos Estados sospechosos que ha jugado con calculada ambigüedad: Pakistán. Es imposible no creer que el Gobierno de Asif Ali Zardari no supiera que tenía al hombre más buscado del planeta alojado no en un zulo de las montañas sino en una zona residencial a sólo unos kilómetros de la capital, Islamabad. La prueba es que, nada más conocerse la ejecución de Bin Laden, el Gobierno paquistaní se ha puesto en primer tiempo de saludo ante la Casa Blanca y Zardari ha publicado un artículo en The Washington Post en el que aplaude la operación, que “elimina a una amenaza continua para el mundo civilizado”. Una forma de cubrirse las espaldas y una constatación de que el espectacular golpe surte efecto sobre los potenciales cómplices del terrorismo internacional. Pakistán era uno de ellos. Eso explica que EE UU no avisara a Islamabad de la operación, por temor a que alguien le diera el soplo a Bin Laden. Con la operación Gerónimo, al régimen de Pakistán se le termina el doble juego que ha practicado hasta ahora. Es obvio que un Obama reforzado en su prestigio va a obtener rentabilidad política del subidón de popularidad. Pero está plenamente justificado porque ha devuelto el orgullo al país y, sobre todo, ha lanzado un mensaje decisivo para afrontar la guerra contra el terrorismo global: atacar a EE UU no sale gratis y masacres como el 11-S no quedan impunes.

En una España que parece estar en las antípodas nuestros gobernantes deberían tomar buena nota de tanto de esa claridad de ideas, como del patriotismo del que ha hecho gala un pueblo unido frente al enemigo común, superando sus diferencias ideológicas. Aquí, por el contrario, el Gobierno divide a los españoles, mientras pone alfombra roja a los asesinos para que lleguen a las instituciones.

España, la amenaza sigue
El Editorial La Razón  4 Mayo 2011

El éxito de la operación de Estados Unidos contra el jefe de Al Qaida ha sido una victoria relevante en la guerra contra el terrorismo, pero no significa que el triunfo sea definitivo y ni siquiera que el peligro sea menor. El trabajo de los analistas y los expertos sobre el periodo que se abre tras la desaparición del liderazgo de Osama Ben Laden debe determinar con urgencia la situación de la red terrorista. La propia disposición y organización de Al Qaida dificulta extraordinariamente el trabajo de inteligencia sobre unas redes superpuestas, sin dependencia jerárquica clara y con interconexiones difusas. Por tanto, los próximos meses serán decisivos en esta lucha que se mantiene en distintos frentes para conocer hasta qué punto la muerte de Ben Laden ha condicionado la operatividad de Al Qaida, su influencia en determinados países islámicos y la voluntad y el convencimiento de sus miembros para continuar su delirante «guerra santa».

Algunos expertos, por ejemplo, consideran que la importancia del terrorista saudí era en estos momentos más ficticia que real. Otros, en cambio, defienden que Ben Laden ejercía una especie de liderazgo espiritual incuestionable y que era una pieza clave en el complejo puzle que ha mantenido en jaque los intereses occidentales. A estas alturas, lógicamente, la experiencia obliga a apostar por la prevención y la prudencia. Lo más inteligente es dar por hecho que el grado de la amenaza se mantiene y de ahí que los aliados hayan reforzado la seguridad en zonas estratégicas ante una previsible respuesta de los seguidores del cabecilla eliminado. No olvidemos que el propio terrorista ordenó en su testamento político que su muerte fuera vengada.

En España, el Gobierno acordó ayer redoblar la protección de las embajadas en el norte de África, el Sahel, Afganistán y Pakistán, contactar con las empresas y cooperantes que trabajan en esas regiones para alertarlos de que hay que extremar las precauciones y elevar las medidas de autoprotección de las tropas desplegadas en Afganistán y Líbano. Son iniciativas sensatas y convenientes en un escenario geoestratégico donde los peligros se han multiplicado de forma automática en las últimas horas. El Ejecutivo huyó también de los alarmismos. Aseguró que la eliminación de Ben Laden «no supone un riesgo adicional» para nuestro país. Puede ser, pero conviene no abusar de las conjeturas en la lucha antiterrorista, sobre todo cuando el más que probable nuevo líder de Al Qaida, el egipcio Ayman al Zawahiri, ha amenazado a España en varios vídeos a lo largo de los últimos años y ha puesto su mitificado Al Andalus en su punto de mira. Pese a todo, entendemos que el Gobierno no alimente la psicosis colectiva, sino todo lo contrario, ofrezca una imagen de normalidad y adopte las medidas de seguridad precisas. España participa en una guerra internacional contra el terrorismo y tiene que asumir los riesgos que ese compromiso conlleva. Que nos sintamos hoy un poco más libres y seguros tras la eliminación del terrorista es lógico, pero no debe llevarnos a conclusiones erróneas. La amenaza sigue presente y tenemos que estar preparados para conjurarla y derrotarla.

Certezas y dudas sobre Bin Laden
Los terroristas extraen una lección: golpear a Estados Unidos no acaba en la impunidad.
Inocencio F. Arias www.gaceta.es  4 Mayo 2011

Los periódicos de Estados Unidos y de muchos lugares del mundo han multiplicado sus tiradas con la desaparición de Bin Laden. En la nación norteamericana hay euforia. Un matutino titulaba con grandes caracteres: “Púdrete en el infierno”; el presidente Obama, acusado de “blandengue” hasta hace un par de días, ve su popularidad subir como la espuma y se alaba que tuviera la sangre fría de ir a jugar al golf entre dos reuniones de su Consejo de Seguridad, donde dio la orden final de ir a por el terrorista. Brotan piropos sobre su temple. El fracaso de la incursión que montó el también demócrata Carter para liberar a los rehenes americanos en Irak le costó probablemente la reelección. El fantasma de esa pifia debió de planear sobre la sala de mando de la Casa Blanca mientras Obama y un puñado de sus asesores veían en directo partes del golpe con el derribo inicial de uno de los cuatro helicópteros.

Obama y su Gobierno han huido de bravuconadas y de puestas en escena grandilocuentes. La imagen de Bush en un portaviones diciendo “misión cumplida” al concluir la fase abierta de la guerra de Irak da escalofríos a los obamitas. Por otra parte, los estadounidenses saben que Al Qaeda, liderada por Zawahiri o por cualquier otro autónomo, querrá reaccionar espectacularmente y, por lo tanto, no quieren calentar al sector de la opinión pública islámica susceptible de oír los cantos victimistas de los terroristas que presentan la política de Estados Unidos como una cruzada contra todo el islam.

El perfil bajo buscado no impide que el prestigio de Estados Unidos salga reforzado. Es cierto que la liquidación del mediático Bin Laden espoleará a más de una sucursal de Al Qaeda a dar un golpe sangriento pero los conspiradores violentos extraen una lección: golpear a Estados Unidos no acaba en la impunidad. Washington no vacila en emplear años y cuantiosos recursos para castigar a los autores de esas canalladas.
La operación fulgurante en Pakistán da un doble golpe a Al Qaeda, la decapita privándole de su dirigente carismático y muestra que viene perdiendo la batalla ideológica. El grupo terrorista está desorientado por el curso que toman las revoluciones del norte de África. No las ha inspirado y los eslóganes que se entonan en los países afectados hablan de supresión de los tiranos y déspotas, pero no para implantar un sistema teocrático islamista sino para que entre más aire democrático y más libertad. Es un hecho que las camisetas con la efigie de Bin Laden se venían vendiendo mucho menos en los sectores extremistas. Habrá un rebrote pero puede que sea efímero.

La eficaz operación de los comandos de la Marina yanqui tiene aspectos iluminados y otros en la sombra. Parece que los pakistaníes no fueron informados del asalto hasta que los tres helicópteros supervivientes se encontraban fuera de sus fronteras. A la necesidad normal del secreto se unía la desconfianza de los mandos estadounidenses hacia una parte de las autoridades pakistaníes. Un soplo, aun indirecto, habría abortado el plan. Y a empezar de nuevo.

Que el abatido era Bin Laden está por encima de toda sospecha, que su cadáver ha sido arrojado al mar también es totalmente plausible y lógico. Enterrarlo en cualquier sitio habría significado crear un lugar de peregrinaje para todos los extremistas islámicos. Ya hay puristas que fustigan a Estados Unidos porque no le enterró en tierra y mirando a la Meca, pero, a la vista de lo que está en juego, es algo que para los americanos resultaba una futesa, aparte de que el Corán permite, en circunstancias extremas, arrojar el cadáver de un creyente al mar.

Más enjundia y polémica tiene el hecho de si los comandos llevaban órdenes de capturar y, sólo en caso de que se resistiera, matar al cabecilla terrorista. La Casa Blanca sostiene que ocurrió lo último, algún mando militar ha musitado que las instrucciones eran abatirlo. Uno está tentado de creer a los militares. La captura de Bin Laden –sobre el que Obama admite que al principio de su mandato pidió al jefe de la CIA que lo trajera vivo o muerto– y su traslado a una cárcel estadounidense habría sido algo totalmente engorroso, un dilatado proceso que nutriría el odio de los fundamentalistas hacia Estados Unidos y Occidente, una plataforma publicitaria para el terrorista y un costo literalmente sideral. Obama, aun a costa de parecerse a Bush, tiene puntos de contacto con su predecesor, debía optar por la alternativa menos costosa antes que por la más económica políticamente.

Las afirmaciones de que la eliminación tendrá consecuencias luctuosas para Occidente no son un tema baladí. Ahora bien, deducir, por ello, que había que haberla evitado o que era inoportuna es algo que puede resultar bonito pero ilusorio. Habiendo la CIA –que ha lavado parcialmente su imagen– descubierto el rebuscado y codiciado paradero de Bin Laden, ningún presidente de Estados Unidos, republicano o demócrata, blanco o negro, judío o católico, podía inhibirse y no ir a neutralizar al personaje más odiado del último siglo en el país. No sólo, si trascendía, le habría significado perder la presidencia, sino que el oprobio le hubiera acompañado a su tumba y a los libros de historia.

*Inocencio F. Arias ha sido embajador de España en la ONU.

Los derechos de Osama
Qué malos modales los de Obama: cómo se le ocurre mandar liquidar a Bin Laden sin leerle sus derechos
IGNACIO CAMACHO ABC  4 Mayo 2011

HAY una parte de la opinión pública española y europea a la que causa desagradable consternación la decisión de Obama de eliminar a Bin Laden por las bravas, con nocturnidad, violación domiciliaria y muy malos modales. Para estos espíritus biempensantes, la superioridad moral de los occidentales ante el terrorismo consiste en mantener una contemplativa actitud zen y dejarse asesinar preguntándose qué habremos hecho para merecerlo. En esa pusilanimidad intelectual, capaz de imputar el atentado de las Torres Gemelas a la política internacional estadounidense, encuentran los terroristas el sostén para su determinación criminal, que no sólo causa un daño físico inmediato sino que provoca graves fisuras en la sociedad democrática como demostró el indudable éxito político del 11-M. Los norteamericanos, que son un pueblo consciente del valor de su libertad, lo entienden de otro modo; piensan que su sistema de vida, del que se sienten seguros y orgullosos, ha sido objeto de una declaración de guerra. Y están resueltos a defenderse para hacer ver, como dijo el presidente al anunciar la ejecución sumarísima del archimalvado, que la verdadera superioridad moral consiste en no dejarse intimidar ni permitir que la democracia ofrezca puntos débiles a sus enemigos.

Menos mal que ha sido Obama el autor intelectual y político de la liquidación del megaterrorista. Si lo llega a pillar Bush estaríamos ante un escándalo mundial con peticiones de procesamiento -de Bush, no de Bin Laden-en el Tribunal de La Haya. El actual inquilino de la Casa Blanca, que está apurado de popularidad y necesitaba un golpe de efecto para reponerla, no ha dudado siquiera en aprovecharse de los llamados interrogatoriosde Guantánamo —torturas, en román paladino —para descubrir el escondite del villano. A continuación ha aplicado la lógica de un acto de guerra, asumiendo la responsabilidad sin parapetarse en la confusa trama de las operaciones encubiertas y la razón de Estado. Eso es lo que diferencia la expeditiva eliminación de Bin Laden de un episodio de guerra sucia: fue ordenada desde la legalidad constitucional y conforme a poderes autorizados por el Congreso. Su evidente condición de venganza punitiva está respaldada por la legitimidad que el derecho internacional concede a determinados actos de represalia.

Para algunos exquisitos progresistas de salón lo procedente hubiese sido detener a Osama con mucho respeto, trasladarlo con delicadeza a una prisión no demasiado incómoda y abrirle un juicio en el que pudiese exponer con detalle los motivos de su cruzada antioccidental, no sin antes consumir varios años en un prolijo debate internacional —con la correspondiente intervención de los garzones de turno— sobre la instancia o tribunal que debería juzgarlo. Lástima que a Obama, tan ocupado con las cosas del poder, se le olvidase mandar que le leyesen sus derechos.

Teología política
Han sido diez añosde una guerra queaún no ha terminado.Pero el símbolo ha muerto
GABRIEL ALBIAC ABC  4 Mayo 2011

«EL Jeque Osama Bin Laden, al hacer frente a los imperialistas yanquis, se ha convertido en el héroe de todos los oprimidos, sean o no musulmanes… Es un yihadista, un combatiente por la umma , esto es, un unificador que actúa para unir las energías de los miembros y de los grupos dispersos y desunidos de la umma. Dicho de otro modo, es un internacionalista panislamista…» Generoso con quien batió ampliamente el récord de asesinatos políticos que él hasta entonces ostentaba, Ilich Ramírez Sánchez, más conocido en el santoral palestino como «Carlos», cierra su apología del millonario santón que masacró Manhattan con un llamamiento a la cautela: «Yo animaría al Jeque Osama a continuar su magnífico combate y lo exhortaría a proteger también su vida, como símbolo vivo que es de la Yihad».

Ya no. Y es eso lo esencial. En buena lógica, Osama Bin Laden no ha podido seguir siendo, en estos últimos diez años, un caudillo militar operativo. Demasiado buscado por los servicios de inteligencia de todo el mundo, su función era mucho más primordial que la de planificar o ejecutar acciones: existir. Porque su existencia como icono vivo certificaba la tesis básica sobre la cual el yihadismo asienta su red mundial de combate: la protección de Alá hace invulnerables a sus guerreros; hace, sobre todo, invulnerable a su único verdadero profeta en estos tiempos de decadencia islámica. Un puñado de muy humanos soldados del SEAL, apoyados sobre un mastodóntico trabajo de inteligencia, ha dejado patente que no hay Alá que detenga una ráfaga de calibre pesado en la cabeza. A nosotros podrá parecernos algo trivial. Pero es que nosotros somos de natural bastante escéptico. En la cabeza de un fiel islamista, ese abandono en el cual Alá deja a su protegido es peor que un misterio, una tragedia; y un paradójico sacrilegio.

Para un demencial asesino como Ilich Ramírez —que, entre otras cosas, perpetró la matanza olímpica de Múnich, y al cual Hugo Chávez sigue empeñado en sacar de su cárcel a perpetuidad en Francia— es esa sacralidad la que salva un tránsito que cualquier mente no enferma hallaría aberrante: el que va del terrorismo laico e izquierdista al servicio de la URSS, por él —como por tantos de su edad— practicado en los años setenta, a la conversión al Islam y la incorporación de su pulsión de muerte dentro de otra aún más intensa, la medievalizante fe en una teocracia única, regida por el «jeque» ungido; el providencialista entusiasmo que lleva a «enseñar el camino de la fe…, sabiendo cuán difícil es el camino hacia el Todopoderoso». El atentado terrorista se trueca así en santidad: «un atentado terrorista —escribe— vale más que todos los panfletos posibles para fracturar el espeso tabique de ignorancia y de indiferencia, más que toda una biblioteca de sabios análisis». El atentado terrorista es el Santo Sacramento en el cual Alá se muestra como destino único de la especie humana. Lo de Manhattan en 2001 fue su liturgia suprema. Ecos suyos Bali, Londres, tal vez Madrid…

Han sido, desde entonces, diez años de una guerra que aún no ha terminado. Pero el símbolo ha muerto, el mito es escombro. Y de la Guerra Santa quedan sólo cenizas y bandoleros.

¿Cuál es el verdadero legado de Osama Bin Laden?
«Hasta la muerte de Osama bin Laden, Al Qaida era no solo el núcleo fundacional sino la matriz permanente de referencia para todos los actores colectivos e individuales inmersos en el entramado del terrorismo global. No va a dejar de serlo, pero existe la posibilidad de que su centralidad se vea erosionada»
POR FERNANDO REINARES ABC  4 Mayo 2011

OSAMA bin Laden muere en un momento en el que Al Qaida parece tener objetivamente degradadas sus capacidades operativas, cuenta con un número de miembros propios que posiblemente no llegue al millar, ha visto muy aminoradas sus infraestructuras terroristas desde que se reubicó al noroeste de Pakistán y ha ido progresivamente perdiendo apoyo popular en los países con sociedades mayoritariamente musulmanas, aunque continúe siendo entre sustancial y notable en algunos de ellos. Esto ayuda a entender por qué, tras la muerte de Osama bin Laden, las expresiones de protesta y los disturbios en esos países han sido mucho más limitados en su alcance de lo que a buen seguro habría ocurrido si el líder de Al Qaida hubiera sido abatido en los años inmediatamente posteriores a los atentados del 11 de septiembre. Cabe relacionar dicho declive en los niveles de apoyo popular hacia Al Qaida y sus actividades con el hecho de que, desde al menos 2004, ha quedado de manifiesto que la inmensa mayoría de las víctimas del yihadismo global son musulmanes, a quienes los doctrinarios del terrorismo islamista negaban esa condición por no conducirse de acuerdo con la voluntad de sus dirigentes. También con el hecho de que haya habido autoridades religiosas con reconocido título cuyas voces contrarias a Al Qaida se han dejado finalmente sentir a lo largo del mundo islámico, incluyendo las de influyentes doctrinarios salafistas que en el pasado estuvieron alineados ideológicamente con esa estructura terrorista.

Ahora bien, ni Al Qaida había dejado de existir, como muchos aducían utilizando una retórica atractiva pero sin fundamento, ni va a dejar de estarlo a corto y medio plazo. Es más, a lo largo de la última década esa estructura terrorista ha dado muestras más que sobradas de su habilidad para adaptarse a circunstancias francamente adversas y ampliar su influencia más allá del sur de Asia donde se encuentra establecida. Y, además de la permisividad del entorno político y social, lo que ha permitido que Al Qaida sobreviva no es, como a menudo se aduce, su carácter descentralizado y reticular, sino, bien al contrario, su articulación jerárquica, el hecho de tratarse de una entidad organizada, dotada de liderazgo y estrategia. Por eso mismo, Al Qaida sufre un especial menoscabo con la pérdida de Osama bin Laden, el alcance simbólico de cuyo liderazgo difícilmente puede ser reemplazado. Pero Al Qaida va a continuar existiendo y contará con un nuevo emir, probablemente el egipcio Ayman al Zawahiri, que desde hace años se de-senvuelve como estratega del terrorismo global, aunque quizá no concite el mismo consenso que Osama bin Laden dentro de la propia estructura terrorista en cuya jerarquía de mando ejerce como segundo desde sus inicios, ni el asentimiento de todos los actores que, relacionados con la misma, constituyen ese polimorfo fenómeno. También hay que tener en mente a otros destacados integrantes del Majlis al Shurao consejo consultivo de Al Qaida, fundamental en la toma de decisiones y la gestión de la estructura terrorista.

Buen ejemplo de que Al Qaida mantiene su empeño de llevar a cabo atentados letales y espectaculares en las sociedades abiertas del mundo occidental es de cualquier modo que, apenas unos días antes de que su líder fuese abatido en Abbottabad, fueron detenidos en Alemania tres individuos, relacionados con el núcleo de liderazgo de Al Qaida en Pakistán, acerca de los cuales existen fundados indicios para sospechar que se preparaban para cometer atentados suicidas en dicho país. Es previsible que este tipo de noticias siga siendo recurrente en los próximos años, en el ámbito de las sociedades occidentales en general y de las europeas en particular, aunque haya países que puedan considerarse más afectados que otros. Además de Al Qaida, como fuente de amenaza terrorista para el mundo occidental, continuará existiendo el resto de los componentes de la urdimbre del terrorismo yihadista desarrollada durante la última década, paradójicamente más extendida hoy que nunca antes pese al aminoramiento de su núcleo fundacional. Esa multiplicidad de focos de la amenaza terrorista incluye escenarios, no todos ellos igualmente preocupantes, en los que se ubican, a veces compartiendo una misma demarcación y mutuamente relacionados entre sí, los otros tres grandes componentes de la urdimbre del terrorismo global, además de la propia Al Qaida. Porque el actual terrorismo global no se reduce al terrorismo de Al Qaida.

Hasta la muerte de Osama bin Laden, Al Qaida era no solo el núcleo fundacional sino la matriz permanente de referencia para todos los actores colectivos e individuales inmersos en el entramado del terrorismo global. No va a dejar de serlo, pero existe la posibilidad de que su centralidad se vea erosionada con un nuevo liderazgo de perfil inferior al de su máximo dirigente perdido. Por otra parte, a diferencia de lo que ocurría cuando se perpetraron los atentados del 11 de septiembre, hace tiempo que Al Qaida ni es la mayor de las entidades implicadas en el terrorismo yihadista ni la que más atentados idea, planifica, prepara y ejecuta por sí misma. En la urdimbre de este fenómeno, tras haber sido abatido Osama bin Laden, seguirá siendo posible distinguir cuatro grandes componentes: en primer lugar, la propia Al Qaida, ahora todavía más menoscabada, una vez privada de su líder más carismático; en segundo lugar, las extensiones territoriales que dicha estructura terrorista ha conseguido establecer, de uno u otro modo, especialmente Al Qaida en la Península Arábiga, Al Qaida en Mesopotamia y Al Qaida en el Magreb Islámico; en tercer lugar, el heterogéneo conjunto de grupos y organizaciones afines o asociadas a Al Qaida, entre las que, en estos momentos, destacarían Therik e Taliban Pakistán, Al Shabaab, Lashkar e Toiba o la Unión de Yihad Islámica; en cuarto y último lugar, las células locales e independientes constituidas de manera aparentemente espontánea, e incluso los individuos aislados que, una vez radicalizados, se plantean actuar por su cuenta.

Las amenazas que el terrorismo global plantea para distintos países o regiones del planeta dependen precisamente del modo en que eventualmente se combinen diferentes actores analíticamente adscribibles a esos distintos componentes. En los principales escenarios del terrorismo global, tanto en el sur de Asia como en Oriente Medio o el norte y este de África, donde los atentados constituyen una realidad entre frecuente y muy frecuente, se puede observar que hay actores predominantes cuyas actividades son a menudo complementadas con la acción de otros asimismo pertenecientes al mismo entramado yihadista. En las sociedades del mundo occidental, pese a que no es inusual leer o escuchar lo contrario, ni las células o grupúsculos locales independientes ni los individuos aislados son la única o más importante fuente de amenaza terrorista. Esta seguirá procediendo también de Al Qaida, aunque previsiblemente en menor proporción, y, sobre todo, de sus distintas extensiones territoriales, o de algunos de los diferentes grupos y organizaciones afines a aquella estructura terrorista. Más aún, es particularmente verosímil que, tratándose de una amenaza que tiene una doble dimensión exógena y endógena, se entremezclen actores correspondientes a dos o más de los aludidos cuatro componentes, dando como resultado una amenaza más compleja, de naturaleza compuesta. Este es el verdadero legado de Osama bin Laden.

FERNANDO REINARES ES CATEDRÁTICO EN LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS E INVESTIGADOR PRINCIPAL DEL REAL INSTITUTO ELCANO

Enemigo público
Ese comando iba a detener a uno de los mayores criminales de los tiempos modernos. Se resistió a tiros, y murió en el enfrentamiento, como tantas veces en estos casos
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  4 Mayo 2011

AGOREROS y Casandras nos predicen una oleada de atentados de Al Qaida como reacción a la muerte de Bin Laden. ¡Como si Al Qaida hubiera dejado de matar¡ Ahí tienen el reciente atentado de Marrakech. Si no ha matado más es porque no ha podido, como ocurre a todos los grupos terroristas, que sólo dejan de asesinar por estrategia política o por impedírselo las fuerzas de seguridad. El terrorista mata porque matar causa terror, del que se alimenta y vive. Sin él, no sería un terrorista. Sería un político como los demás, sujeto a las normas establecidas, que es lo que ellos no aceptan. De ahí que nosotros tampoco podamos ni debamos aceptarlos y que el único diálogo posible con ellos sea a través de los tribunales y de la policía. Cualquier otra cosa lo tomarán como debilidad nuestra y refuerzo de sus convicciones. Es decir, como un incentivo a sus acciones violentas. Una realidad tan simple como tremenda, que deberíamos tener en cuenta en España al tratar con nuestro terrorismo, pero que nos cuesta aprender.

Volviendo a Bin Laden, algunos y algunas de los que en su juventud vistieron la camiseta del Che, y que puede seguir poniéndose en la intimidad —si caben en ella— al considerarle un héroe y un ejemplo por haberse ido a Bolivia a matar «contrarrevolucionarios» y establecer allí un régimen comunista, cuestionan la operación de los comandos norteamericanos en Abbottabad, por haberse efectuado, dicen, en territorio extranjero y tomarse la justicia por su mano. Cuando ese comando iba a detener a uno de los mayores criminales de los tiempos modernos, buscado por todas las policías del mundo civilizado y condenado por los más diversos tribunales. Se resistió a tiros a ser detenido, muriendo en el enfrentamiento, como ocurre tantas veces en estos casos, sin que nadie eleve objeciones jurídicas. Si ahora alguno los eleva, es su problema, no el de los que creen en la ley, la justicia y la decencia, pues Bin Laden se había ganado con todo merecimiento un lugar entre los asesinos de masas, que no discriminan a sus víctimas, la inmensa mayoría de ellas inocentes.

Como todos los grandes asesinos, cambió en parte el mundo en su dirección, es decir, haciéndolo más inhóspito, más amargo, más cruel. Ya no podemos subirnos en un avión sin someternos a los más incómodos registros ni movernos con la libertad que antes hacíamos. Pero por una vez, uno de los que predicaba el odio, la violencia, la intolerancia, el fanatismo y que el fin justifica los medios no ha triunfado. Al final, ha muerto por la violencia que él mismo desató. O, como ha dicho el presidente Obama, «se ha hecho justicia». De lo que todos debemos felicitarnos. Deberíamos.

Guerra contra el terror
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es  4 Mayo 2011

La brillante operación "Jerónimo", que ha acabado con la vida de uno de los mayores monstruos que ha dado la especie humana, ha suscitado un intenso debate público sobre la legalidad de la misma.

La brillante operación "Jerónimo", que ha acabado con la vida de uno de los mayores monstruos que ha dado la especie humana, ha suscitado un intenso debate público sobre la legalidad de la misma. La incursión del comando norteamericano en un país extranjero sin su autorización, por una parte, y los disparos a matar sobre un hombre desarmado, por otra, han sido los puntos principales de la discusión. Gaspar Llamazares, en su incontenible simpatía por la subversión violenta propia de sus raíces ideológicas, ha llegado al punto de calificar de terrorismo de Estado la eliminación por los SEAL de Osama Ben Laden.

Sin embargo, conviene distinguir entre la acción de las fuerzas de seguridad contra la delincuencia común, sujeta a las garantías constitucionales imperantes en las democracias occidentales, y la guerra, que se rige en el marco del derecho internacional por una normativa específica. Cuando la policía procede al arresto de un delincuente, aunque éste sea el peor y más repulsivo asesino en serie, debe procurar no infligirle daño físico, leerle sus derechos, permitir que le asista un abogado y ponerlo a disposición judicial en el plazo previsto por la ley.

En cambio, en la guerra, prácticas como la emboscada, el bayonetazo por la espalda, el uso de cualquier medio de destrucción buscando la máxima mortalidad en el campo adversario o el engaño, son perfectamente legítimas. Por supuesto, también existen límites en los conflictos bélicos. Así, el hacer fuego sobre tropas desarmadas que se rinden, los bombardeos indiscriminados prescindiendo del número de víctimas civiles o la tortura de prisioneros, están prohibidas por la Convención de Ginebra.

En este contexto, la cuestión crucial es si la lucha de los Estados Unidos contra Al Qaeda debe clasificarse como una guerra o como un combate contra el crimen organizado, del estilo del narcotráfico o del comercio de seres humanos. Parece claro que el enfrentamiento entre la nación norteamericana y la red fundamentalista dirigida por el difunto Ben Laden corresponde a una guerra y como tal ha de ser entendido y desarrollado. Un enemigo exterior fuertemente armado cuyo objetivo explícito es la aniquilación de los Estados Unidos ha llevado a cabo ya numerosos ataques con el resultado de la muerte de miles de sus ciudadanos, lo que excluye su consideración como simple delincuente para entrar de lleno en la misma categoría que se le atribuyó justamente a la Alemania nazi o al Japón imperial tras Pearl Harbour.

Desde esta perspectiva, le neutralización definitiva de la cabeza visible del terrorismo islamista global merece los mayores parabienes y ha de ser acogida con satisfacción por cualquier persona decente. Es de esperar que los carniceros etarras sean conscientes de la suerte que han tenido al ser incluidos por el Estado español en el grupo de los meros transgresores de la legalidad vigente y como tales disfrutar de todos los derechos que nuestro ordenamiento asegura incluso a los criminales más contumaces y crueles. Si hubiéramos escuchado sus pretensiones de formar parte de un ejército de supuesta liberación y les hubiésemos aplicado las reglas de la guerra, hoy seguramente habrían dejado de ser un problema.

Muerte de Ben Laden
Obama en la cúspide
Agapito Maestre Libertad Digital   4 Mayo 2011

Obama ha pasado de las catacumbas a la cúspide. Es menester descubrirse ante este gran hombre de Estado. La oportunidad, aliada con la fortuna, de su acción le asegurado, como mínimo, la candidatura para otro mandato en la Casa Blanca. Se lo merece. Su repliegue nacional será cantado por los historiadores futuros de la democracia americana del siglo XXI. EEUU no estaba en una guerra convencional, en verdad, no estaba en una guerra, porque la lucha contra el terrorismo es una guerra muy especial. Entre la guerra y la política, la decisión de Obama ha sido envidiable, desde el punto de vista político; la lucha contra el terrorismo requiere soluciones de carácter maquiavélico. De gran política.

Esa grandeza política se resume en una sencilla orden: hay que matarlo y hacer desaparecer el cuerpo. Como diría el gran Maquiavelo, esta situación política requería de soluciones de medicina fuerte: las acciones tienen que ser breves y concluyentes, y el mal que se haga tiene que ser hecho de una vez y con rapidez: "Es necesario ganarse a los hombres o deshacerse de ellos." La decisión de Obama de actuar en este momento –aprovechando la crisis por la que pasan los propios musulmanes, que se enfrentan tanto al peligro del islamismo como a quienes exigen más derechos humanos y democracia– ha sido de alto maquiavelismo político. Obama ha asumido la responsabilidad y la ha cumplido en el momento oportuno. Virtù maquiavélica, es decir, eficacia práctica, unida a la fortuna es la aportación de Obama para crear un nuevo imaginario político para su República.

La operación quirúrgica ha sido impecable. No era necesario juzgar al culpable; más aún, Obama pasará a la historia como un hombre magnánimo no sólo porque ha compartido su gloria con Bush y los investigadores de Guantánamo, sino porque ha dado la orden de ejecutarlo, es decir, le ha hecho un gran favor a Bin Laden, porque este prefería morir antes que sufrir la humillación de ser encarcelado en una prisión occidental; Bin Laden exigía antes, en efecto, la muerte que ser juzgado por la justicia occidental. Gracias a la magnanimidad de Obama con el criminal, el culpable de la herida abierta en EEUU por el terrorismo islamista, EEUU se ha sacudido gran parte de sus problemas sociales y económicos, o mejor, merced a esta ejecución de Bin Laden se busca una solución nacional para salir de los problemas.

Esa es la gran contribución de Obama al renacimiento democrático de EEUU. La decisión de Obama de ejecutar a Bin Laden ha conseguido crear no sólo un nuevo sentimiento nacional y un orgullo de pertenencia a EEUU, sino una sana envidia del resto del planeta. Se entiende, pues, la felicitación universal que Obama ha recibido de todos los países libres del planeta. Entiendo y comparto, pues, esa felicitación universal con una excepción: la del Gobierno de España. Hipócrita y miserable ha sido la felicitación de Zapatero al presidente Obama por la ejecución del culpable de la mayor herida de EEUU. Hipócrita y miserable es la felicitación de Zapatero cuando no aplica a su país lo que ha hecho EEUU: investigar, señalar al culpable y ejecutarlo. En pocas palabras, mientras que el Gobierno de España no acabe con los autores de la matanza del 11-M, no debería felicitar la acción de Obama. Esa felicitación ruin y cobarde quintaesencia una nación sin pulso y sin horizonte, una nación sin policía, sin servicios secretos y sin ejército.

El maquiavelismo barato de Zapatero hace daño a cualquiera que tenga sensibilidad para ponderar la grandiosa acción de Obama, que es a todas luces el mejor representante del gran Maquiavelo en nuestra época.

Un martirio más
Ni estimula ni frena el terrorismo
GEES Libertad Digital  4 Mayo 2011

Ahora que tanto se especula sobre si Al Qaeda continuará su supuesto descenso hacia la irrelevancia o si, por el contrario, la eliminación de su líder provocará una oleada de atentados para vengarle, es importante recordar la rutina del combate yihadista salafista.

Osama Bin Laden ha alcanzado, para sus seguidores, el martirio, y esto no es en absoluto una mala noticia. Lo más natural para un "muyahid" o combatiente sagrado, es morir en combate, enfrentándose a sus múltiples enemigos, apóstatas y/o infieles. Lo peor para ellos es caer en cautividad y no poder continuar su Yihad guerrero: si en prisión siguen trabajando por la causa, haciendo proselitismo y engrandeciendo el bando de los "muyahidin", el cautiverio es una bendición, como lo es morir combatiendo contra los infieles estadounidenses. Es por ello que los yihadistas no van a arrugarse, sino que van a continuar su rutina asesina.

¿Debemos esperar atentados inminentes? Lo cierto es que estos se cometen cuándo y dónde se puede, poco importa que sea en suelo afgano o estadounidense. Lo más frecuente en tiempos recientes es que sea, sobre todo, en lugares "calientes" como Afganistán, Pakistán, Somalia, Irak o Daguestán en la Federación Rusa, pero podría ser en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento. Precisamente la matanza de Marrakech, los dieciséis asesinados a buen seguro por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), son un recordatorio aún muy reciente de la vigencia del terrorismo en cualquier lugar y contra cualquiera.

Cabe preguntarse si ahora que Bin Laden ha desaparecido ha dejado algún mensaje preparado en previsión de la llegada de este momento. Entre los "muyahidin" que en estos últimos lustros han asesinado por doquier y han acabado muriendo en combate, en ocasiones dejaban algún testimonio para ser conocido tras su "martirio", y no sería descabellado que en el caso de alguien tan relevante lo haya dejado. Ahora que tanto se especula sobre quién va a sucederle al frente de la "empresa", como si de eso se tratara Al Qaida, lo que sí parece seguro es que las líneas directrices del yihadismo salafista que el ahora fallecido recibió de su mentor Abdallah Azzam permanecerán inamovibles: seguir combatiendo a los apóstatas (malos musulmanes) hasta la muerte, fijando los esfuerzos por derribar y eliminar a todo "taghout" (tirano musulmán), diezmando a los infieles que les sostienen y trabajando con ahínco por construir el Califato Universal a escala planetaria.

Esos son los pilares ideológicos del yihadismo salafista, y por delirantes que nos parezcan hay quien cree firmemente en ellos. Es por ello que quienes se hacen ilusiones buscando con quién negociar entre los Talibán y los miembros de Al Qaeda, quien libera alegremente presos radicales –el Rey de Marruecos hace dos semanas– o incluso el líder del Movimiento de Resistencia Islámica " palestino (Hamas), Ismail Haniyeh, que ha ensalzado a Bin Laden como "combatiente del Islam", lamentarán más pronto que tarde su error.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Muerte de Ben Laden
Entre la demagogia y la complacencia
Juan Morote Libertad Digital  4 Mayo 2011

Entre mis prioridades no está la de emplear mi tiempo viendo la televisión, y el poco que le dedico nunca es para recibir arsénico en forma de noticias de las cadenas progubernamentales. Sus contenidos deberían estar clasificados para evitar la corrupción de menores, en la mayoría de los casos. Sin embargo, vaya usted a saber por qué me ha dado por ver cómo cuenta la cadena de Roures el éxito de la CIA en la eliminación de Ben Laden, porque ya barruntaba que estos tíos no iban a ser muy partidarios.

Efectivamente, los chicos de Roures están en contra de todo lo que significa Occidente y sus bases culturales. Así, lejos de alegrarse de la desaparición de uno de los mayores asesinos contemporáneos, se limitan a preguntarse quién será el sustituto del yemení en el imaginario de enemigos de los americanos. En una noticia titulada "el nuevo Satán", desarrollan un ejercicio de demagogia que no se le habría ocurrido a nadie con la sindéresis mínima. Tras apuntar a Al Zawahiri como posible sucesor de Ben Laden, sienten que nadie que luche contra occidente, y especialmente contra Israel, puede adolecer de una causa justa. Para estos progres cualquier ataque a Israel está justificado, piensan que el pueblo hebreo siempre es merecedor de lo peor.

Piensan como el prosoviético Nasser, que en la Asamblea de la República Arabe Unida reunida en 1960, señalaba: "El peligro de Israel consiste en la existencia misma de Israel como es al presente y lo que representa", a lo que añadiría en 1965: "no entraremos en Palestina con su suelo cubierto de arena, entraremos con su suelo empapado en sangre". Así, estos progres de diseño imputan a la frustración que supuso que Israel no se dejase machacar por Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak, en la guerra de los seis días, el que Zawahiri haya sido hasta ahora el número dos de Al Qaeda.

Es evidente que, para estos indocumentados de la izquierda progre, la propia existencia de un bastión de democracia en Oriente Medio, como es Israel, constituye una provocación en toda regla, y dicha provocación es argumento suficiente para justificar cualquier ataque a la población civil israelí. Aunque gracias a Dios, no todos pensamos igual. No estamos dispuestos a admitir que las agresiones ilegítimas a occidente sean consecuencia de la opulencia del primer mundo. En muchas ocasiones, el tercer mundo lo es, a causa de sus propios gobernantes. Basta con ver las imágenes de los territorios entregados por Israel a la Autoridad Palestina, para comprobar cómo en el vergel que recibieron han restaurado el desierto. Somos muchos los que nos alegramos de la desaparición de Ben Laden, porque le pese a quién le pese, todavía quedan países en los cuales los atentados a la libertad, a los derechos fundamentales, ni son justificados, ni amparados, sino perseguidos.

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El PNV salta del barco
Editoriales ABC  4 Mayo 2011

Los nacionalistas vascos no quieren otra cosa que aprovechar cualquier opción futura. Si Bildu no pasa el filtro del TC, el PNV se ofrece como receptor del voto nacionalista de izquierda

LA suspensión del acuerdo de colaboración con el Gobierno anunciada por el PNV en respuesta a la anulación de las candidaturas de Bildu es un movimiento táctico de los nacionalistas vascos para las elecciones municipales y forales, pero con consecuencias prácticas muy escasas a escala nacional. La amenaza de no aprobar los presupuestos generales del Estado para 2012 es inocua para un Gobierno que tiene que disolver las Cámaras a principios de año para celebrar elecciones en marzo. El mayor riesgo que correría el Ejecutivo socialista sería una prórroga de los presupuestos para 2011, algo nada intimidatorio a la vista de que desde hace varios años se sustentan en cuadros macroeconómicos que no se cumplen. Por otro lado, las medidas económicas que aún tenga que aprobar el Gobierno pueden encauzarse por reales decretos o, si implican modificaciones legislativas, por reales decretos-leyes, cuya convalidación puede pactar con otros partidos, incluso con el Partido Popular. Y aun cuando esto no sucediera, que es lo más probable, el Gobierno no se encontraría extraño en un escenario de pura y simple resistencia en el poder, que, de hecho, es lo que lleva haciendo desde hace muchos meses.

El PNV ha ejercido de sí mismo con está oportunista muestra de solidaridad nacionalista. Es decir, no quiere otra cosa que aprovechar cualquier opción futura. Si Bildu finalmente no pasa el filtro del Tribunal Constitucional —de manera que se queden fuera no sólo los batasunos, sino también los partidos que lo integran, Eusko Alkartasuna y Alternatiba—, el PNV se ofrece como receptor del voto nacionalista de izquierda. Cuando en anteriores ocasiones ha pretendido jugar este papel, no ha tenido los resultados que esperaba, pero también es cierto que la izquierda «abertzale» nunca se ha encontrado tan postrada como ahora y puede sentirse movida a propiciar un voto útil o de «mal menor». Si, por el contrario, el TC revoca la anulación decidida por el Supremo y permite a Bildu participar en las elecciones, el PNV habrá dejado constancia de que su prioridad es volver al frente nacionalista para recuperar el poder en los ayuntamientos y, sobre todo, en las diputaciones forales. En ambos casos, el PNV demuestra que da por cerrado el tiempo de espera en la oposición y por amortizado al PSOE, por lo que encara las municipales del 22-M como un anticipo de las autonómicas del próximo año.

Anuncio corregido
EDITORIAL El Correo  4 Mayo 2011

El PNV busca compatibilizar su apoyo a Bildu con el sostenimiento interesado del Gobierno

La declaración efectuada el lunes por el presidente del PNV de que su partido dejaba en suspenso «todo tipo de colaboración y apoyo a las nuevas iniciativas que presente el Gobierno» a causa de la sentencia del Supremo contra Bildu fue matizada por otros dirigentes peneuvistas y rebajada con el anuncio de su portavoz en el Congreso de que ambas partes habrían acordado darse un margen de confianza. Los responsables del PNV habrían extraído la conclusión, tras sus conversaciones con Zapatero, de que el Ejecutivo iba a aceptar como suficientes los pasos dados por la izquierda abertzale para regresar a la vida institucional. Supuesto que se desbarató al conocerse que Rubalcaba se había comprometido con el PP a presentar un recurso contencioso-electoral contra las candidaturas de Bildu en su conjunto.

Urkullu expresó el disgusto que la situación provocaba en el PNV. Pero la posterior corrección de su tajante anuncio demuestra que los nacionalistas vascos han tomado conciencia de las consecuencias que su gesto podría acarrear para la continuidad de la legislatura y para la puesta en valor de su propio papel en la gobernabilidad. Dirigentes nacionalistas han llegado a hablar de «fraude electoral», imputando la sentencia del Supremo a un propósito compartido por el PSE-EE y el PP de extender su pacto de gobierno al conjunto de las instituciones vascas. Pero la necesidad del PNV de colocarse del lado de Bildu no es mucho mayor que su interés por modular las relaciones que mantiene con Zapatero para continuar siendo el interlocutor de referencia del Gobierno de Madrid y orillar así a Patxi López.

Ambos objetivos pueden resultar compatibles para un partido como el PNV y para una situación como la que atraviesa el PSOE. Zapatero, Rubalcaba y Urkullu se aprestan a mantener su entente ante la eventualidad de que el Constitucional avale la sentencia del Supremo. Reaccionan así para sortear la paradoja de que el acuerdo entre el Gobierno y el PP frente a Bildu acabe conduciendo, debido a la reacción nacionalista, al adelanto electoral que predican los populares.

Difuso o confuso
Batasuna sigue emperrada en participar en la democracia afirmando que la democracia y el Estado de derecho aún no existen, sino que están a la espera de que ellos lleguen
JOSEBA ARREGI El Correo  4 Mayo 2011

Es probable que tengan razón quienes pronostican que el fin de ETA será un fin difuso. Es probable que ese fin no sea como nos gustaría a muchos, un fin claro, con una fecha clara, con una declaración clara: nos disolvemos, se ha acabado ETA, firmado: ETA. Puede suceder algo distinto: fin por inoperancia, fin por agotamiento, un fin sin fecha, un fin sin que nadie pueda decir que realmente ha sucedido.

El fin de ETA, en cualquier caso y por muy difuso que fuera, sería algo bienvenido que aún no se ha producido. ETA estará más o menos débil, tendrá mayor o menor financiación, estará más o menos infiltrada por los cuerpos de seguridad del Estado, pero está muy presente, demasiado presente en la política vasca. Y gracias a la colaboración que todos prestamos a la debilitada ETA ha conseguido que el carácter difuso de su fin se convierta en debilidad de la democracia y del Estado de derecho porque provoca en casi todos nosotros un estado alarmante de confusión.

El fin de ETA puede ser perfectamente difuso, aunque no nos guste. Pero eso no puede ser razón para que provoque la confusión en la que estamos inmersos. Desde que, con conocimiento, iniciativa e impulso de ETA o sin todo ello, Batasuna inicia un estudiado y medido distanciamiento de ETA, el suficiente en su opinión para cumplir con lo exigido por la Ley de Partidos y poder así participar en la vida democrática institucional, da la impresión de que al resto de actores políticos y a los observadores de la política les ha entrado, o nos ha entrado, una especie de niebla mental, vocación de futurólogos, ambición de conseguir el Nobel de la paz, prisa por ser los anunciantes del fin -de ese fin del que se dice que será difuso-, una confusión que, a falta de otros motivos de alegría, debe resultar reconfortante para los miembros de ETA.

Uno, en su ingenuidad, había pensado que para que Batasuna pudiera participar en la democracia se debía producir una de dos cosas: una declaración de ETA anunciando su voluntad firme y comprobable de abandonar la lucha armada, o una declaración de Batasuna anunciando su ruptura eficaz y comprobable con ETA para lo que la condena de la historia de terror de ETA es la mejor y más sencilla prueba.

No ha sucedido ni lo uno ni lo otro. Lo único que ha sucedido es que ETA declara una tregua en la que faltan las palabras incondicional y definitiva; que Batasuna declara su voluntad de que en el futuro no haya violencias que valgan en política, ni la de ETA ni la del Estado de derecho, se supone. Lo único que se ha producido es que Batasuna sigue emperrada en participar en la democracia afirmando que la democracia y el Estado de derecho aún no existen, sino que están a la espera de que ellos lleguen. Lo único que ha sucedido es que se vuelve al tiovivo de las marcas sustitutorias, de las interpretaciones de voluntades subjetivas, de pruebas y contrapruebas, de impugnaciones ante tribunales y de sentencias judiciales, y de acusaciones mutuas entre partidos políticos de actuar por intereses partidistas y electorales -las hemerotecas avergüenzan a cualquiera-.

Es cierto que no hay democracia sin algo de todo esto, de ruido, debate, discusiones, alboroto y críticas entre los partidos políticos. Es la realidad del pluralismo, de la libertad de opinión, de la formación de voluntades mayoritarias. Pero también es cierto que todo esto no termina desintegrando las sociedades democráticas ni los sistemas democráticos porque existen supuestos que no se cuestionan: el respeto de las reglas acordadas, el respeto de los principios que hacen posible la convivencia entre diferentes, la convivencia en pluralidad, la intolerancia con el intolerante, el sometimiento no a la exclusiva voluntad popular, sino al imperio del derecho, el respeto del pluralismo, la comprensión de democracia como gestión del pluralismo.

Lo malo de la situación actual es que la confusión afecta no a lo normal de la vida democrática, sino a los supuestos sin los que la democracia desaparece, se desintegra. El problema no es que haya algún partido político que quiera cambiar la Constitución, que quiera otro sistema político, siempre que sea capaz de explicar cómo piensa respetar la libertad de conciencia, la libertad de opinión, el derecho a la diferencia, la libertad de identidad, porque si no puede hacerlo es que es un partido no democrático.

El problema radica en que se olvida que en la historia ha habido partidos democráticos que han abierto las puertas al totalitarismo -el Partido de Centro a Hitler-, el problema radica en que se olvida que ha habido partidos que han puesto en jaque el sistema democrático al considerar a partidos democráticos como fascistas en lugar de luchar contra los planteamientos totalitarios -el Partido Comunista alemán obedeciendo a Stalin en la república de Weimar-. El problema radica en que el partido que quiere participar en la vida democrática trae el fardo de una historia de justificación de cientos de asesinatos, de una historia de amenazas, amedrentamiento y extorsión, y sólo ofrece la callada como aval de su comportamiento futuro.

El problema radica en que parece que estamos todos encantados en que nos carguen con la acusación de haber vivido en una falsa democracia desde la transición, una democracia que superará su propio déficit estructural si se les admite a ellos, los concubinos del asesinato, sin que tengan que romper con esa historia de forma expresa.

Uno sabe que el subjetivismo posmoderno está destrozando la posibilidad misma de la política democrática. Nada es objetivo, nada se puede objetivar. Todo es opinable, todo es interpretable. Todo es cuestión de voluntad subjetiva. Todo es relativo. La intención es lo que cuenta. Algunos caminan cantando las excelencias de este posmodernismo subjetivista hacia el abismo. Pero algunos no tenemos ninguna voluntad de estrellarnos y creemos que es necesario algo de claridad en este marasmo intelectual que sólo sirve para regocijo de ETA.

De Sortu a Bildu: ¿ayuntamientos democráticos?
Lo que constituye una novedad notabilísima, y para bien, es que quienes han amparado durante mucho tiempo la violencia de ETA se manifiesten dispuestos a alejarse de aquella
CARLOS TAIBO El Correo  4 Mayo 2011

PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID
Mucho me gustaría que alguien consiguiese convencerme de que los obstáculos sin cuento que se han impuesto, primero a la legalización de Sortu y, más adelante, a la de la coalición electoral Bildu, obedecen a un berrinche pasajero en virtud del cual jueces y políticos se estarían tomado una cumplida revancha ante lo ocurrido durante decenios. Si así fuesen los hechos, me mostraría más que dispuesto a pasar página y a olvidarme de todo esto.

No hay, sin embargo, ninguna garantía de que nos hallemos ante un simple y pasajero berrinche que dará pronto pie a noticias más estimulantes. Y eso que alguien aducirá, con respetabilísimo argumento, que lo que están haciendo jueces y políticos bebe en más de un sentido de una curiosa paradoja: lo hacen porque, digan lo que digan, saben que la cosa no tiene vuelta atrás, esto es, que ETA no va a regresar a donde estaba, con lo que preservar una línea de estricta presión/represión sobre la izquierda abertzale tiene en estas horas un coste y un riesgo, no ya limitados, sino más bien nulos.

Examinemos, aun así, las circunstancias con mayor detalle. Lo primero que corresponde decir es que no puede sino sorprender que el peso de la prueba en lo que se refiere a lo que son o dejan de ser los militantes de Sortu y los candidatos de Bildu recaiga sobre los informes de dos instancias, la Policía nacional y la Guardia Civil, que son, claro, juez y parte, y que a duras penas cabe admitir, de resultas, que están llamadas a asumir una conducta neutral. Aun cuando aceptemos que con la polémica ley de partidos en la mano los informes de esas dos instancias se antojan insorteables, no sería saludable que esquivásemos, con todo, la discusión principal. Esta última no es otra que la que remite al argumento mayor empleado para postergar a Sortu y, al menos hasta la hora en que se escriben estas líneas, a la propia Bildu: el que señala que configuran meras prolongaciones de Batasuna y, en su caso, de ETA.

Porque, y vayamos a lo más importante, ¿qué otra cosa cabría esperar que fuese Sortu sino una fuerza política continuadora de Batasuna y de su mundo? ¿Tendría algún sentido que surgiese de la nada, de tal suerte que Batasuna siguiese perviviendo como tal, manteniéndose en sus trece? Lo que constituye una novedad notabilísima, y para bien, es precisamente el hecho de que quienes han amparado durante mucho tiempo la violencia de ETA se muestren en estas horas manifiestamente dispuestos a alejarse de aquella. Lo interesante es, en otras palabras, que efectivamente Sortu, y los militantes de esta presentes en las listas de Bildu, procede de Batasuna y no deja margen para la duda en lo que se refiere al cambio operado dentro de esta última. Un cambio, dicho sea de paso, que con toda certeza se ha realizado no sin conflicto, esto es, no sin la derrota de quienes porfiaban en mantener las reglas del juego del pasado.

A mi entender, y al de muchos otros, sobran las razones, por lo demás, para afirmar que Sortu ha cumplido con lo que durante años han exigido los promotores de la ley de partidos, algo que convierte en moderadamente sorprendente la conducta presente de la abrumadora mayoría de los defensores de esta última. Pareciera como si a los ojos de estos cualquier persona que haya mantenido en el pasado algún vínculo con Batasuna estuviese condenada para siempre. Menos mal que el voto es secreto, porque alguno de estos adalides de la democracia bien podría sentir la tentación de retirar el derecho correspondiente a quien respaldó en el pasado a la mentada Batasuna.

Permítaseme que, en tales condiciones, formule tres preguntas delicadas. ¿No es legítimo, en primer lugar, que nos empeñemos en concluir que hay quienes parecen preferir la miseria en la que hemos vivido durante decenios antes que los horizontes de cambio que se abren de la mano de un proceso razonablemente esperanzador? ¿No tiene uno derecho, en segundo término, a sospechar que algunos de los sorprendentes silencios de estas horas obedecen al mezquino propósito de ganar votos sin merecerlos o al aún más prosaico de no perderlos ante la embestida ultramontana del rival? Las cosas como van, en fin, ¿hay algún motivo sólido para aseverar que las elecciones municipales que se van a celebrar próximamente en el País Vasco tienen una inequívoca condición democrática?

El demócrata Urkullu
El Tribunal Supremo ha rechazado las listas de «Bildu» por considerarlas diáfanamente contaminadas por Batasuna y ETA. En vista de ello, el PNV, por voz de su cabeza visible, Iñigo Urkullu, ha retirado su apoyo parlamentario al Gobierno. No entiendo la reacción de los nacionalistas vascos. Ejemplo de mayo.
Alfonso Ussía La Razón  4 Mayo 2011

Yo deseo asistir a la boda de Mario Longanizas y Maripi Molldesús. A última hora la ceremonia nupcial se suspende porque la familia de Maripi Molldesús ha sabido que Mario Longanizas es un fresco, y está casado. En vista de ello, retiro todo mi apoyo a la Banda Municipal de Denia, que nada tiene que ver ni con Mario ni con Maripi. Urkullu parece ignorar que el sistema democrático se sustenta, fundamentalmente, en la independencia de los tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Hay que leer más a Montesquieu y menos a Sabino Arana. Si Urkullu y su partido se sienten ofendidos, heridos o simplemente enfadados porque «Bildu» haya sido rechazada por el Tribunal Supremo, lo lógico es que el PNV retire su apoyo al Tribunal Supremo, que es independiente de los acuerdos políticos que ha podido alcanzar el PNV con el Gobierno. Sucede que al Tribunal Supremo le importa un pirulí de la Habana el contar, o no, con el apoyo de los nacionalistas vascos.

Resulta chocante esa obsesión del nacionalismo vasco, derechón y beatorro desde su fundación, por cuidar y mimar a Batasuna y lo que Batasuna representa. La ETA, nada más y nada menos. Durante los últimos años de Gobierno nacionalista en los territorios vascongados, la «Ertzaintza» –cumpliendo órdenes del consejero del Interior vasco, un tal Balza–, no detuvo a ningún terrorista. La famosa reflexión sabiniana de Arzallus «unos menean el árbol y otros recogemos las nueces», adquiere en los actuales momentos altas cotas de dramatismo. Con la ETA y Batasuna fuera de las instituciones democráticas y faltas de recursos económicos, el árbol no se menea y el PNV no puede recoger las nueces. Las nueces son las víctimas de la ETA, por si alguien todavía se mueve por ahí un tanto despistado. Para el PNV, los terroristas etarras son unos chicos un tanto traviesos que hay que cobijar en nombre de Tubal. «In video veritas», así lo manifestó Arzallus en el gran trabajo sobre la transición de Victoria Prego. «Los etarras no son terroristas.

Son patriotas». Al PNV le preocupa que el fin de la ETA sea mediante la derrota ante el Estado de Derecho. Sus dirigentes no digieren el mal plato de una ETA derrotada. Buscan un final «negociado» –¿Qué se puede negociar?–, una amnistía general y el mantenimiento de todos los imposibles por los que la ETA ha asesinado a mil inocentes en los últimos cuarenta años. Y eso está muy mal, señor Urkullu, entre otras cosas porque asesinar, además de un delito, es pecado, y a un partido político como el suyo, el pecado habría de hacerles meditar, por muy traviesos chicuelos vascos que hayan sido los pecadores. El Gobierno –parece mentira, pero en este caso ni pincha ni corta–, no puede ordenar al Tribunal Supremo que cumpla a rajatabla con los pactos a los que ustedes han llegado de espaldas a la sociedad. El Poder Judicial, como usted tiene la obligación de saber, es independiente del Poder Ejecutivo. De ahí que se nos antoje extraña a muchos la extravagancia de su reacción. No retire el saludo al Gobierno, sino a los magistrados del Supremo. O en su defecto, a la Banda Municipal de Denia por lo de Mario y Maripi.

El PP rechaza reafirmar la vigencia en exclusiva del topónimo en gallego
Los populares se oponen a una propuesta parlamentaria del BNG para desterrar 'La Coruña'. El portavoz socialista aclara que el PSdeG no coincide con Francisco Vázquez sobre el idioma
REDACCIÓN | A CORUÑA La Opinión  4 Mayo 2011

El Partido Popular rechazó por considerar que tiene "tufo electoral" una propuesta del BNG en favor de que la Cámara autonómica reafirmase la vigencia de la ley de normalización lingüística respecto a los topónimos en gallego, especialmente el de A Coruña.

La propuesta partió del diputado nacionalista gallego Bieito Lobeira, que insistió en que sólo pretendía "cumplir la ley", ante lo que mostró en el hemiciclo fotografías de carteles de carreteras con topónimos como "Chendrexa de Queija", "Orense", "Villanueva", "El Carballo", "Órdenes" o "La Coruña".

Lobeira dijo a los diputados del PP que no pueden escudarse en la libertad de optar por una de las dos lenguas oficiales para justificar "ataques de este calibre" al idioma. A su juicio, poner en peligro las señas de identidad de Galicia "no es libertad, es etnocidio". Además, acusó al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de mantener una postura "ruin e indigna" por haber abierto la puerta a que vuelva a ser cooficial el topónimo La Coruña, lo que fue planteado por el candidato del PP de Galicia en la ciudad, Carlos Negreira.

El diputado también argumentó que la ley de normalización lingüística tiene 27 años de vigencia y ni siquiera en los años en que gobernaron en Galicia Manuel Fraga o en Madrid José María Aznar se había cuestionado que los topónimos en esta Comunidad tendrán como única forma oficial la gallega.

Mientras, el diputado del Partido Socialista de Galicia (PSdeG) Francisco Cerviño, que intervino para defender una enmienda de su grupo, respondió a Lobeira que no es bueno emplear la lengua como "arma política" y consideró que la propuesta fue innecesaria, "una sobreactuación más".

Al mismo tiempo, señaló que el PP, en la pasada legislatura, la empleó de esta manera para buscar apoyos electorales en sectores con prejuicios hacia el idioma gallego, pero indicó que este asunto "mueve menos votos que lo que la derecha cree".

A juicio de Cerviño, que junto a sus compañeros de partido apoyó finalmente la iniciativa del BNG, el candidato coruñés "cree que tiene un espejo en que mirarse", el ex alcalde coruñés Francisco Vázquez, firme opositor del topónimo exclusivamente en gallego. Cerviño consideró que ha sido un "extraordinario alcalde" probablemente el mejor de la historia, dijo, hasta que llegó el actual alcalde, el también socialista Javier Losada. Pero, insistió, que ni él personalmente ni su partido comparten la postura de Vázquez respecto a la lengua gallega y al topónimo de esa ciudad. Además, se refirió a unas palabras del candidato del PP en A Coruña, que calificó de "prócer" al militar golpista Millán Astray, y señaló que cuando "se trata de pescar en los caladeros de la extrema derecha" se hace un ejercicio "espurio y, además, inútil y erróneo, porque estos pescados ya los tienen dentro, señores del PP".

Para Cerviño, Astray ha sido "un asesino de niños marroquíes y republicanos españoles" y era "una bestia brutal" capaz de decir: "Abajo la inteligencia, arriba la muerte".

Por su parte, el diputado del PP Agustín Baamonde arrancó su intervención citando a Cicerón y preguntó a Lobeira "hasta dónde" piensa abusar de la paciencia de los parlamentarios. Además, le acusó de usar el gallego como elemento "de discordia, en lugar de unión y concordia". A juicio de Baamonde, "no es de recibo" que el candidato pida consenso y, a la vez, acuse al PP de "etnocida", y señaló que la propuesta del BNG tiene un "tufo electoral que apesta".

El parlamentario del PP también observó contradicciones en los socialistas respecto al topónimo de la ciudad e insistió en que su partido "no tiene intención" de modificar la ley de normalización lingüística. El futuro, dijo, "lo predeterminarán los ciudadanos".

Finalmente, opinó que el BNG únicamente quiere, con este tipo de propuestas, "quemar al PP, pero no lo va a conseguir", concluyó el diputado popular Agustín Baamonde, quien fue el encargado de responder a la propuesta de los nacionalistas que finalmente también apoyó el PSdeG.

El Congreso aprueba el cambio de nombre de las provincias vascas
 www.gaceta.es  4 Mayo 2011

Las tres provincias vascas pasarán a denominarse Araba-Álava, Gipuzkoa y Bizkaia.

La Comisión de Política Territorial del Congreso ha aprobado hoy, con competencia legislativa plena, la denominación oficial en euskera de las tres provincias vascas, que pasarán a llamarse Araba/Álava, Gipuzkoa y Bizkaia.

Los grupos han avalado una proposición de ley del PNV en este sentido, que ha contado con el rechazo del PP y UPN por considerar que el objetivo de la iniciativa es establecer "un monolingüismo impositivo" y eliminar la denominación castellana de las tres provincias vascas.

El diputado del PNV Aitor Esteban ha negado que haya "una imposición" de estas grafías que son utilizadas "con naturalidad" por los vascoparlantes y ha resaltado que el PSOE y el PNV se apoyan en el respeto a la voluntad institucional y la práctica que se ha dado en otras comunidades como Cataluña, Galicia o Baleares.


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