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Recortes de Prensa   Viernes 20  Mayo 2011

 

Movimiento 15-M
¿Jornada de reflexión?
Agapito Maestre Libertad Digital  20 Mayo 2011

No se preocupen por la morralla de Sol. La morrallita, como decía la canción de Carlos Cano, somos todos. También soy yo. A todos nos gustaría estar en Sol, pero, ay, siempre hay un pero... El sistema nos atrapa, incluso a sus críticos más feroces. Y, sin embargo, la movida de Sol sirve para algo. Remueve conciencias. No es poco para quien sigue creyendo en las causas perdidas. Y la actual democracia española, no lo duden, es una causa perdida. Ha quedado reducida a un asunto moral. A pesar de todo, los ingenuos se pregunta: ¿Se respetará o no la jornada de reflexión? Inocentes. ¿Qué coño es eso de la jornada de reflexión? Nada, o peor, una impostura más de algo en lo que nadie cree. El día de reflexión es un adorno ridículo de un sistema político fracasado. A ese sistema le llaman democracia, cuando en verdad es sólo un día para que votemos de forma estabulada.

Ahora, unos días antes del 22-M, a los políticos se les llena la boca de algo que desconocen: democracia. Ni existen en los partidos políticos ni existe en las instituciones. La mayoría de la casta política está ahí para forrarse. Son todos sustituibles. Inservibles. Todo ha quedado reducido a un método para seleccionar los que previamente han sido nombrados a dedo por el jefe, sirviéndose de una ley electoral injusta y ridícula. Y preconstitucional. ¿Democracia? Qué coño democracia es esta basura que deja presentarse a los criminales de ETA a las elecciones. ¿Estado de Derecho? Qué mierda de Estado de Derecho es esto que nos impone las directrices sobre cómo tenemos que leer la historia de España y, sobre todo, adoctrina a nuestros hijos en las peores perversidades y manipula sus afectos más íntimos.

Aunque todavía veremos cosas peores, la cosa está tocando fondo. La intervención de un político-basura, como Zapatero, ha sido imprescindible para alcanzar los actuales niveles de degradación del sistema político; naturalmente, sin el acompañamiento de Rajoy, es decir, sin la molicie apolítica del jefe del PP, no hubiéramos llegado a tal degradación. En cualquier caso, las cosas son como son y, por supuesto, irán a peor, aunque la casta política lo oculte. La representación política, en España, seguirá siendo arbitraria y falsa. Y, por supuesto, el espacio público-político permanecerá secuestrado por los politicastros socialistas, populares y nacionalistas.

¿Qué puede esperarse de un sistema político que permite irse, poco menos que por la puerta grande, al político más cerril y, sobre todo, más totalitario que ha dado este régimen de la Transición? Zapatero se va, sí, y Rajoy ni siquiera ha hecho un amago de moción de censura. El sistema político español toca su fin. Pero, no se preocupe nadie, esto aún durará tiempo. Las elecciones se llevarán a cabo con relativa normalidad. A Esperanza Aguirre, a pesar de lo que digan sus cantores, le vendrá bien, muy bien, la concentración que está frente a su despacho. Y aquí paz y después gloria. Tranquilos.

No pasa nada. La movida de la Puerta del Sol es sólo un aviso, un alevoso recuerdo a los profesionales de la política, sobre la bajísima calidad de la democracia española.

¿Hay motivo?: ¡Vaya si lo hay!
No hay que dejarse llevar por calentones ideológicos que, por cierto, llegan con unos años de retraso
CARLOS HERRERA ABC  20 Mayo 2011

ESTIMO sobremanera el esfuerzo por cambiar la realidad, siempre imperfecta, siempre incompleta, de los hombres y mujeres concentrados en diversas plazas españolas al grito de «Democracia Real ya». Me temo que el grueso de las reivindicaciones sobrepasa, con mucho, a la racionalidad de las soluciones que aportan y que por ello sea difícil trasladar una sensación de seguridad en el futuro a quienes padecen los problemas que denuncian. Sustituir el «sistema» mediante proclamas urgentes y un tanto indefinidas no conlleva la generación de ilusiones revolucionarias más allá de los calentones asamblearios, pero convengamos que es un buen punto de partida para debates posteriores a realizar desde la serenidad. Listas abiertas, circunscripción única, separación de los poderes del Estado, elección directa de alcaldes, eliminación de candidatos inmersos en procesos de corrupción, etcétera, son ideas que pueden abrazar unos y otros, pero nos engañaríamos si creyéramos que sólo fines de tanta altura política son los que se manejan en el fondo del ideario agitador. Cambiar el sistema suele comportar su sustitución por otro y nos faltan garantías de que ese nuevo modelo fuera a traer más libertad y más justicia. La experiencia enseña que estatalizar libertades esenciales no siempre supone aumentar la libertad de los individuos.

D Pero no iba a eso. El empeño de algunos entusiastas izquierdistas —de la célebre «izquierda caviar»— por denunciar las pérfidas políticas de los gobiernos de la derecha española gobernante hasta 2004, se tradujo en una sucesión fílmica de dudoso talento titulada «Hay Motivo» en la que sus autores se lamentaban de lo que, según su criterio, era un periodo negro de la política española. Había motivo entonces para elevar el grito de la rebelión, pero sin embargo ahora, con cinco millones de parados, una economía estancada, una generación de jóvenes descontada para el trabajo, un futuro espeso y una atonía general en todos los procesos de creación, ninguno de los exquisitos rebeldes de antaño ha querido sumar su voz en forma documental a quienes lamentan el colapso y anquilosamiento del sistema político español. Como si ahora no hubiera motivo para elaborar sus panfletos, en pocas palabras. Adolecen de la misma falta de puntería de muchos de los acampados, que, pudiendo dirigir sus iras a quien gobierna, prefieren mezclar a unos y otros en el engrudo intragable de «El Sistema», sin aportar, de momento, grandes ideas originales más allá de querer trabajo para todos, vivienda para todos y sanidad para todos. Cosa que, por lo que tengo entendido, queremos todos. No digo con ello que, antes o después, no surjan propuestas dignas de tener en cuenta, alejadas de los tópicos y ciertamente revolucionarias, digo que este que teclea aún no las ha escuchado. De la superficialidad, es evidente, se puede ir pasando a la profundidad, razón por la cual habrá que estar atento por si podemos estar a las puertas de una regeneración democrática en nuestro país; pero para ello no hay que dejarse llevar por calentones ideológicos que, por cierto, llegan con unos años de retraso. Al menos en el caso de los jóvenes y no tan jóvenes de estas concentraciones ha llegado el deseo de sacudirse modorras y reivindicar otro mundo más justo; en el caso de los cineastas sobreactuados del 2004 no

se ha producido ese milagro rejuvenecedor. No sé en qué cueva están ocultos dudando en si sumarse o no a las revueltas, temiendo que si asoman su santa faz alguien acabe depilándoles las cejas, pero seguro que sí están lamentando haberse despertado tarde de la siesta. ¿Hay motivo?: ¡vaya si lo hay!

Movimiento 15-M
La indignación traicionada
Guillermo Dupuy Libertad Digital  20 Mayo 2011

Se dice que el poder no soporta el vacío. La calle, en un país con una de las mayores crisis política y económica de Europa, y con una tasa de paro que roza los cinco millones de personas, tampoco. Sin embargo, y salvo raras excepciones, nuestra funcionarial y acomplejada derecha política y mediática nunca ve motivos para manifestarse en la calle. Ahora la derecha se queja de que el extendido y profundo malestar social, que ella no ha querido ni coordinar ni liderar, haya sido secuestrado y adulterado por grupos de extrema izquierda, cuyas propuestas no harían, ciertamente, sino agravar todavía más los graves problemas que padecemos.

Naturalmente que no cabe hacer un frente común con la izquierda, como espléndidamente explica Juan Ramón Rallo en estas páginas. La cuestión que yo planteo, sin embargo, es por qué no se ha dado un movimiento ciudadano en la órbita del liberalismo que, a diferencia del 15-M, se manifieste en la calle contra el escandaloso despilfarro de las administraciones públicas, la asfixiante presión fiscal que padecemos, la vergonzosa falta de separación de poderes, la persistente presencia proetarra en las instituciones o contra el paro al que siempre nos aboca los gobiernos socialistas. ¿Es que acaso todo esto no causa indignación entre millones de ciudadanos? ¿Es que acaso no es legítimo manifestarla también en la calle?

Hace ya casi dos años era perfectamente detectable la existencia de grupos ciudadanos, tales como asociaciones de comerciantes, plataformas de clases medias, autónomos y de trabajadores y parados enfrentados a las privilegiadas elites sindicales, que, tal y como consideré entonces, "sólo necesitan de comunicación y organización para eclosionar en un gran movimiento ciudadano". La propia Esperanza Aguirre, muy poco tiempo después, haría su propio llamamiento a una "rebelión cívica" con ocasión del anuncio de la subida del IVA. Recuerdo que el Gobierno y los sindicatos se pusieron de los nervios ante el riesgo de que la derecha se dispusiera a sacar a la gente a la calle para que expresara su indignación ante la crisis y la política económica del gobierno. Pero ya se encargó Rajoy y los medios de comunicación de la derecha de hacer que aquel "riesgo" fuera sólo un espejismo.

A lo que yo apelaba entonces, como ahora, no es a una engañosa e incívica agitación o propaganda, sino a dar importancia al poder de las ideas y no dejar al parlamento como único ámbito –con ser éste irrenunciable– en el que se puede ejercitar la democracia.

El caso es que, a pesar de la desastrosa gestión socialista y el justificado y extendido malestar ciudadano, aquí los únicos que se han manifestado por la crisis económica han sido los sindicatos y, ahora, los del 15-M. Ambas expresiones de indignación suponen una farsa, pero que no viene sino a ocupar un espacio que la derecha ha querido dejar vacío. Este error no le impedirá al PP un claro triunfo electoral este domingo. Pero ya pagará, como en el pasado ya ha pagado, su creencia de que la democracia consiste únicamente en gestión y en llenar las urnas.

Democracia formal y democracia real
JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA ABC  20 Mayo 2011

TENÍA este artículo escrito antes de los actuales movimientos en pro de una democracia real, y a la vista de ello debo reafirmarme en que, si no hacemos más esfuerzos a favor de una democracia más sana y más participativa, la democracia formal corre serio peligro. Y eso es algo que no podemos permitirnos, pues una cosa es encauzar las aguas, y otra que se desborden.

A lo largo de la Historia se ha producido una lucha permanente entre el Poder político y la libertad de los individuos sometidos al mismo. Y de las muchas formas en las que el Poder se ha constituido, la democracia ateniense es la que ha resultado vencedora como forma menos mala de gobierno. Aunque el nombre resulte excesivamente pomposo —gobierno del Pueblo—, al menos que se ponga el acento en la voluntad popular ya es un dato positivo. Y es que, como dice Gomá, «hubo un momento en la historia de la Humanidad en el que el hombre tomó conciencia de sí mismo, de su condición de fin y nunca de medio, promoviendo un proceso de privatización de la vida personal frente a esa permanente pretensión estatal de politizarla». Si hay algo inalienable a la condición humana es la libertad, no como capacidad de hacer lo que a uno le venga en gana, sino en la obstrucción real de ataques e intromisiones en nuestra esfera intangible personal, sin nuestro consentimiento o sin causa justa y razonable. Ser libre, sentirse libres, respirar libertad, es quizá la mayor gloria del ser humano, y por ello han muerto millones de personas y también han sido millones los ataques y lesiones al mismo.

Pero no voy a extenderme en eso. Lo que yo quiero expresar, del mejor modo que pueda, es mi convicción de que tras muchas décadas de democracia, y a pesar de ella, cada vez nos encontramos con menos espacios vitales de libertad, con más ataduras y mandatos imperativos, de modo que nuestro reducto personal de ser y sentirnos libres cada vez es más íntimo y menos operativo. Como bien dice J. R. Capella («Los ciudadanos siervos»), «los ciudadanos no deciden ya las políticas que presiden su vida. El valor de sus ahorros, las condiciones de su senectud, sus ingresos, el alcance de sus pensiones de jubilación, la viabilidad de las empresas en las que trabajan, la calidad de los servicios de su ciudad, las comunicaciones, la enseñanza, los impuestos y su destino… Todo ello es producto de decisiones en las que no cuentan, sobre las que no pesan, adoptadas por poderes inasequibles y a menudo inubicables, que golpean con la inevitabilidad de una fuerza de la naturaleza».

Es cierto que en las democracias votamos y nuestros votos tienen el gran poder de elegir a quienes luego dictarán las leyes y organizarán nuestras vidas. Pero en el voto suele consumarse nuestra participación política, y resulta impresionante comprobar —como ha resaltado Ginsborg— que si tenemos la suerte de disfrutar de una vida longeva votaremos unas quince veces en los comicios nacionales y otras tantas en los municipales, lo cual nos da un total de unos ¡90 minutos! a lo largo de la vida. Menos que lo que dedicamos diariamente a la televisión. Eso nos debe hace reflexionar, ya que agotar la bondad y eficacia de un sistema democrático en la posibilidad de votar supone una burla y un desdoro del propio sistema. La democracia ha de ser mucho más que representativa. Tiene que ser asimismo participativa. Dos grandes pensadores como Kelsen y Bobbio abogaban por introducir instrumentos de participación en los sistemas representativos, advirtiendo, además, el segundo, del peligro de las oligarquías en las direcciones de los partidos políticos. Dicho sea de paso, el eterno tema pendiente de las listas abiertas ayudaría mucho a la pureza de la representación, que queda muy deteriorada con las listas cerradas al uso.

Entre los muchos instrumentos participativos están los clásicos, como el referéndum, la iniciativa popular, etcétera. y algunos modernos, que han demostrado su eficacia sobre todo a nivel local, como son la asamblea abierta, los presupuestos participativos en los que una parte de ellos se dedican a lo que decide directamente la mayoría de los ciudadanos y los núcleos de intervención participativa (NIP) que han tenido éxito, en Alemania sobre todo; son grupos de personas (pocas) elegidas por los vecinos para tratar asuntos concretos durante un tiempo concreto. Y asimismo, los mecanismos de participación derivados de la Agenda 21 (Cumbre de la Tierra, Río de Janeiro 1992).

Especialmente, pienso que hay que dar mucho más juego a la sociedad civil. Dice Ginsborg («Así no podemos seguir», 2010) que «la democracia, y con ella la Humanidad en su conjunto, no tiene visos de sobrevivir y prosperar, si no se contempla, con mayor seriedad que antes, la necesaria relación entre la democracia como sistema político y la sociedad civil como red de asociaciones cotidianas, íntimamente conectadas con dicho sistema». Afortunadamente, la sociedad civil va adquiriendo pujanza entre nosotros, y es preciso apoyarla desde todas las instancias dando a sus iniciativas y reflexiones algunos cauces operativos. De lo contrario, perderemos un auténtico tesoro para el desarrollo genuino y dinámico de nuestra sociedad, de un modo más democrático que el que encierra el axioma «un hombre, un voto». Y es que, si los deberes del Estado frente a nuestros «derechos de libertad» no tienen, como afirma Capella, carácter jurídico sino político, y por eso los ejerce según el correlato de fuerzas políticas y necesidad de votos, se producirá un gran «fraude» a lo que votamos y en definitiva a la participación en la gobernanza de la sociedad. Muchas veces, por desgracia, la distancia entre lo que hemos votado y lo que luego hacen aquellos a los que hemos votado es enorme, y eso parece contrabando ideológico.

Dicho todo lo anterior, querría asimismo resaltar la creciente asfixia que sufrimos en el ejercicio de nuestros derechos, en aras de no se sabe muy bien qué. Parece como si el Estado, frente a las tesis roussonianas de la bondad del hombre, partiera de la base de que este es malo —por lo que hay que controlarlo, vigilarlo y dirigirlo al «bien»— y además tonto —porque al no saber lo que es bueno para él se lo tiene que decir el Estado—. Y de ahí viene esa manía regulatoria que penetra como el agua de lluvia por todos los poros de nuestra existencia. Sobre todo, pero no solo, a nivel autonómico —y los ejemplos, además de miles, son ridículos— se produce una orgía de regulación de la flora, la fauna, el tiempo libre, la salud, los alimentos, el circular, el beber, el fumar, los horarios, los infinitos permisos que hay que conseguir, y hasta los actos amatorios, con eso del sexo seguro. Por eso digo que tanto «amor» y tanto celo solo se entienden bajo el presupuesto de que somos malos y tontos. Y desde luego, no creo errar mucho si pienso que mucho tiene que ver con ello la legión de funcionarios y personal contratado que se dedican a esa tarea. Su número impresiona. Al final los derechos se enmarañan en la burocracia.

Puede consolarnos que siempre ha sido así, pues ya Platón decía que «nuestros políticos son las gentes más divertidas del mundo, con sus reglamentos que modifican sin cesar». Y en esos reglamentos el verbo más conjugado no es permitir, orientar o facilitar, sino prohibir. ¡Queda prohibido! Es el sueño de todos los mandatarios. Y eso no ocurre solo en nuestros lares, sino en todo el universo civilizado. Curiosamente, los países anglosajones, tan liberales ellos, son países obsesivamente regulados. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Y todo es ¡para hacernos más felices! Y como dice Gomá, si nos obligan a ser felices —a pesar de nosotros— podría sucedernos lo anunciado por Juvenal, «que por amor a la vida perdamos lo que la hace digna de ser vivida».

Por tanto, hay que ponerse a la tarea urgente de ahondar en el ejercicio de la democracia, con más participación y espacios de libertad, no sea que por abandonar el sabio camino de las reformas caigamos en el violento de las revoluciones.

JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA ES VICEPRESIDENTE DEL FORO DE LA SOCIEDAD CIVIL

HORA DE DESPERTAR

http://antoniomuñozmolina.es/2011/05/hora-de-despertar/ Antonio Muñoz Molina.  20 Mayo 2011

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de "¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!" Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario.

Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de "criminalizar a los jóvenes" por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para "presentar" un premio de poesía.

Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. "Era Plácido", dijo, "que viene a sumarse a nuestro proyecto". El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo.

Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

Decadencia
Seis retos políticos para España
Pío Moa Libertad Digital  20 Mayo 2011

España sufre una crisis política, económica, moral e intelectual por la incapacidad aparente para resolver una serie de problemas de gran alcance, entre los que cabe citar:

Degradación de la democracia. La Transición legó una democracia defectuosa, sin verdadera división de poderes, con una ley electoral cuestionable, partidos de tradición antidemocrática y actitudes erróneas hacia el terrorismo y hacia el propio origen de nuestras libertades. Tales defectos pudieron corregirse, y algunos lo fueron en el período de Aznar, pero posteriormente han conducido a una generalizada involución política.

En relación con este problema está un sistema económico con un peso excesivo del estado, que permite a los políticos, sobre todo a los más mesianicos de izquierda y separatistas, utilizarlo para imponer sus ideologías tradicionalmente horras, en España, de cualquier pensamiento serio.

Degradación de la unidad nacional, debido al poder adquirido por partidos desleales a la nación y a la democracia. Ese poder nació por una parte del terrorismo (se creyó a esos partidos, erróneamente, barreras frente a la violencia, cuando han procurado rentabilizarla políticamente), por otra de la complicidad de una izquierda de tradición antiespañola y de la pasividad de la derecha.

Degradación de la salud social: No estamos a la cola de Europa en casi todo. En drogas, alcoholismo, fracaso familiar, matrimonial y escolar, abortos, población penal, violencia doméstica y otros índices de salud social, España "goza" de un puesto relevante, incluso entre los primeros del continente. Esos "logros" proceden de actitudes impulsadas por unos políticos, intelectuales y periodistas entre quienes es alto, a su vez, el índice de corrupción (intelectual, económica y sexual).

El problema islámico y Gibraltar. España tiene hoy, en el exterior, un solo frente político susceptible de tornarse militar: el del Estrecho, cuyos puntos clave son Ceuta, Melilla y Gibraltar. Problema ligado al del islamismo radical y la inestabilidad del Magreb. En esa zona, neurálgica para nosotros, padecemos la colonia-colonizadora de Gibraltar, perfecto revelado del papel de aliado-lacayo que nos reservan la UE y la OTAN. Nuestra posición política, moral y militar al respecto no ha cesado de deteriorarse en los últimos años.

Nuestra posición en Europa: El ingreso de España en la CEE, probablemente tan innecesario como en el euro, ha traído fuertes pérdidas de soberanía, merma en las tasas de crecimiento y mayor dependencia económica, sin que nos hayan evitado crisis más fuertes que antes. Habría que valorar tales hechos.

Los problemas mal resueltos tienden a empeorar. Las sociedades progresan, se estancan o naufragan según respondan a los retos que les plantea la evolución histórica. De nosotros depende el resultado, sin que debamos esperar ni desear salvamentos exteriores.

El movimiento "Democracia real ya"
Francisco Rubiales Periodista Digital  20 Mayo 2011

Decíamos que España era un país de cobardes, incapaces de rebelarse contra el poder inicuo del gobierno, que ha empobrecido y degradado el país y la democracia, pero nos ha sorprendido el nacimiento, en plena campaña electoral, de una rebelión popular en las calles y plazas. La irrupción en las calles de esos rebeldes del Movimiento 15 M, que, al igual que millones de españoles, afirman no sentirse representados por la "casta" política, confirma la tesis de que en España queda impulso digno y que existen condiciones para rebelarse contra el poder instituido, en algunos aspectos más fundadas e indignantes, incluso, que las que motivaron las rebeliones populares en Túnez y Egipto.

El movimiento "Democracia real ya" (o movimiento 15 M) es una emanación del descontento ciudadano, en especial de los jóvenes, de la frustración ante la ineptitud del gobierno, el control político de la Justicia, la falta de trabajo, él poder desmedido y antidemocrático de los partidos políticos tradicionales y del deseo de regeneración. Pero el movimiento es, también, un sueño de libertad, un puñetazo en la mesa y un desafío a la casta política que ha arruinado España. En su seno militan gente de todo tipo, desde los demócratas a los indignados, rebeldes, frustrados, regeneracionistas, antisistemas e infiltrados enviados por los partidos de izquierda.

Ha sido la gran sorpresa de la campaña electoral, quizás lo único exultante para un demócrata en ese mundo repetitivo y cansino donde los partidos, hipócritas, se colocan el disfraz de democracia y bondad. Muchos ya esperábamos esa explosión, al igual que tememos que los partidos políticos consigan controlar ese movimiento libre y espontáneo. De hecho, los partidos de izquierda ya tenían planes para capitalizar el descontento de los jóvenes y los han desplegado ahora para apropiarse vilmente de esos nobles y justos sentimientos de protesta ciudadana, succionando sus votos y conduciendo el odio contra el Partido Popular..

A esa sucia infiltración de la izquierda se deben muchas contradiciones y gestos inexplicables del movimiento, que en lugar de manifestarse delante de la Moncloa, lo haga, en Madrid, delante de la sede del gobierno regional, en la céntrica Puerta del Sol, o que se proteste con más fuerza contra el PP que contra el partido que realmente tiene la culpa del drama de España, que es el PSOE.

Sin embargo, en términos objetivos y democráticos, la protesta va dirigida contra el gobierno fracasado de Zapatero, el que ha cercenado la esperanza de España, construyendo un presente de corrupción, desempleo y pobreza, perfilando un futuro de decadencia, desconfianza y frustración.

El movimiento, que ha conmocionado la sociedad española con su rebeldía, es hoy el mar revuelto donde canallas y políticos profesionales echan el anzuelo para pescar, sobre todo una izquierda, experta en corromper movimientos populares capitalizándolos y controlándolos, que ve con terror como los españoles quieren vengarse de ellos en las urnas.

La derecha, asustada, estúpida e incapaz de entender un movimientos popular espontáneo contra un sistema prostituido y fallido, mira a los jóvenes con recelo y afirma que la mejor forma de participar en democracia es acudiendo a las urnas, La izquierda, astuta e inmoral, pretende minarlo desde dentro y castrarlo. Pronto intentará darle subvenciones para someterlo.

Lo que reivindica el movimiento 15 M en sus textos es lamentable. No quieren más libertad, ni más democracia, ni más decencia, sino más Estado, más poder público, síntoma evidente de que en el núcleo existen profesionales del socialismo rancio, probablemente comunistas universitarios cercanos a Izquierda Unida, que están logrando imponer sus ideas antiguas y fracasadas.

Frente a esa amalgama variopinta, donde conviven los descontentos con los manipuladores, la gente de buena voluntad con los hipócritas, cada partido revela la naturaleza de su alma: la derecha no comprende ese desafío y lo rechaza, mientras que la izquierda, acostumbrada a manipular, intenta controlarlo y castrarlo. Cualquiera de esas dos posturas son enemigas de un auténtico movimiento de regeneración y de limpieza.

"Democracia real ya" se juega su futuro en estos días. Si se mantiene limpia e inmune al virus letal de los partidos políticos, si su protesta se orienta hacia la libertad, los verdaderos derechos y la democracia real, el movimiento tendrá futuro y canalizará, probablemente, la regeneración que España necesita, pero si sucumbe a la influencia de esos partidos lamentables, que son los que han hundido a España, en espacial la izquierda gobernante de Zapatero, culpable del paro y de la desesperación de los jóvenes, entonces todo habrá sido un esperanza frustrada, un intento fallido, un fracaso más del pueblo frente a los canallas.

Voto en Blanco

"¡Libertad real ya!"
El manifiesto alternativo: menos impuestos, Estado mínimo y más mercado
Triunfa en internet un documento que reformula los planteamientos de los acampados en Sol en clave liberal.
LIBRE MERCADO Libertad Digital  20 Mayo 2011

Desde que se conocieron las reivindicaciones básicas de los miles de acampados en la Puerta del Sol, hubo muchas personas a izquierda y derecha que se sintieron identificados con algunos de sus planteamientos. En los documentos se mezclaban cuestiones referentes al funcionamiento democrático (reforma de la Ley Electoral, control de los cargos públicos, fiscalización de los partidos,...) con propuestas económicas propias de la izquierda anticapitalista (subidas de impuestos, expropiaciones, intervencionismo en el mercado laboral,...). Fueron las webs democraciarealya.es y nolesvotes.com las que canalizaron este descontento y organizaron las manifestaciones del pasado domingo, origen de las acampadas, las asambleas y los documentos de esta semana

Desde que se iniciaron las concentraciones en la Puerta del Sol, se comenzó a hablar de un movimiento heterogéneo, que incluía a liberales, votantes de UPyD e IU, socialistas desencantados, comunistas o anticapitalistas. Todos estos grupos se unieron alrededor de un denominador común: el deseo de cambiar las leyes electorales. En su opinión, el sistema han degenerado en una partitocracia dominada por las ejecutivas del PP y el PSOE y en la que resulta casi imposible el crecimiento de los partidos minoritarios. En este línea, se incluyen propuestas dirigidas a controlar a los cargos públicos y fiscalizar las cuentas de los políticos.

El problema es que a estas reivindicaciones genéricas referidas sólo a la parte política han ido sumándose otras de carácter económico. Y claro, éstas no son tan genéricas ni son susceptibles de ser aceptadas por todos los que acudieron a las primeras convocatorias. Por eso, hay mucha confusión sobre quiénes son los que están en Sol, qué quieren o cuál es su adscripción política. En las últimas horas, sin embargo, se ha ido definiendo el perfil de los asambleístas: jóvenes, de izquierdas, anticapitalistas y radicales. No todos son así, por supuesto, pero sí lo son los que ganan las votaciones y perfilan los documentos que se hacen públicos como propuestas.

Con este panorama, muchos de los que protestaban en un comienzo podían sentirse incómodos. Una reivindicación surgida para cuestionar el papel de los partidos se estaba convirtiendo en un movimiento liberticida, anticapitalista e intervencionista. Por eso, en las últimas horas ha sido una sorpresa el relativo éxito que ha tenido en internet el manifiesto ¡Libertad Real Ya! Con este documento, el Partido de la Libertad Individual ha planteado un enfoque liberal a las reivindicaciones que surgían de Sol. Es un manifiesto simétrico, incluso en la forma en la que está planteado, que acepta algunas de las propuestas y le da la vuelta por completo a las demás. Además, no plantea un programa de máximos ultraliberal ni nada parecido. Es simplemente un recetario liberal para cambiar el actual sistema. Tan revolucionario, simple y novedoso como eso.

¡Libertad Real Ya!
El manifiesto se divide en ocho apartados. Copia los puntos de democraciarealya.com, mantiene aquellos con los que está de acuerdo, tacha aquellos en los que disiente y los redacta de nuevo.

El primer apartado sorprende, porque bajo el epígrafe de "Eliminación de los privilegios de la clase política" se mantienen los cinco puntos planteados por Democracia Real Ya: "control del absentismo político, supresión de privilegios, eliminación de la inmunidad, publicación del patrimonio y reducción de cargos de libre designación". Son cuestiones que afectan a las reglas del juego y que concuerdan con el planteamiento liberal: control de la casta política y reducción de los privilegios injustificados asociados al cargo.

Sin embargo, las coincidencias acaban aquí. En el resto del documento, apenas unos pocos puntos se mantienen sin tachar. Por ejemplo, en el apartado dos, "Contra el desempleo", el manifiesto liberal tacha todos las propuestas intervencionistas de las que tanto se habla en los últimos días. Hay que recordar que España ya tiene uno de los mercados laborales más rígidos del mundo (especialmente en el tema de los despidos y del control de las relaciones laborales), lo que ha generado una tasa de paro que supera al doble de la media europea. En su lugar, piden "desregular el mercado laboral, liberalizar la edad de jubilación, eliminar las subvenciones a las empresas, dejar la contratación en manos del libre acuerdo entre las partes y eliminar las trabas a la contratación".

Lo mismo ocurre en el epígrafe de "Derecho a la vivienda". En Sol se habla de "expropiación" de las viviendas vacías (un guiño al movimiento okupa y una propuesta con reminiscencias chavistas) y ayudas al alquiler, similares a las actuales y que no han resuelto el problema. Mientras, el P-Lib pide un "respeto estricto a la propiedad individual, eliminación de los subsidios al alquiler para abaratarlos, eliminación de los impuestos a la vivienda y que se permita la dación en pago de las viviendas si así lo acuerdan las partes".

Luego vienen las reclamaciones sobre "servicios públicos de calidad". De nuevo, el manifiesto liberal se sale del camino políticamente correcto habitual en los medios, para mejorar la sanidad, la educación o la Ley de Dependencia, piden un sistema de "cheques" (escolar, médico o asistencial) que garanticen la cobertura a todos confiando en las empresas privadas para que presten los servicios.

También es especialmente llamativa la sección de "control de las entidades bancarias". En esta parte, el manifiesto liberal también está en contra "de cualquier tipo de rescate o inyección de capital" y aboga por que las entidades con problemas quiebren. En el resto, no hay acuerdo, puesto que se pide la "privatización total de la banca, liberalización del sector, fin del sistema de banca central, libertad de capitales y separación de Estado y economía".

En donde no hay ningún acuerdo es en el epígrafe de "fiscalidad". Los asambleístas de Sol piden subidas de impuestos, eliminación de las Sicav y la vuelta de tributos como el de Patrimonio o Sucesiones. Parecen olvidar que España ya es uno de los países europeos que paga unos impuestos más altos. Por su parte, la versión liberal exige "proporcionalidad fiscal, simplificación de los tipos, impuestos más bajos, eliminación de los tributos ideológicos y promoción de topes a la presión fiscal".

Los acuerdos entre el manifiesto intervencionista y el liberal vuelven en el séptimo punto, el de "libertades ciudadanas y democracia participativa". Así, ambos se muestran favorables a la eliminación del control en internet, la "protección de la libertad de información, referéndums obligatorios, modificación de la Ley Electoral y la independencia del Poder Judicial". De nuevo, son apartados clásicos del ideario liberal, que aboga por sacar las manos de los políticos de internet, pide una normativa electoral más justa y que controle el poder de los partidos (bien mediante listas abiertas o por elección directa de los representantes) y exige la separación de poderes (especialmente en lo que hace referencia a la justicia). Finalmente, en el punto octavo, "reducción del gasto militar", el manifiesto liberal recalca: "Completamente de acuerdo, reducción drástica".

¡Y quién se extraña de que haya descontento!
Roberto Blanco Valdés La Voz  20 Mayo 2011

P ara ser sinceros, lo llamativo no es que varias docenas de miles de personas (en su mayoría jóvenes) protesten en diversas plazas de España desde hace varios días. Lo sorprendente es que en un país en que está desempleado casi uno de cada dos jóvenes en edad de trabajar haya tardado tanto en producirse una reacción que, por fortuna, es pacífica, pese a la exasperación que muestran en sus carteles (¡Indignaos! ¡Basta!) muchos de los participantes en este Movimiento 15 de Mayo tan espontáneo como fácil de explicar.

Fácil de explicar, sí, porque, en un país en el que hay cinco millones de parados (muchísimos de los cuales buscan un primer empleo con el que acceder al mercado de trabajo) y en el que el desprestigio de la clase política y, como efecto de ello, el de la propia política, ha llegado a extremos alarmantes, solo faltaba una chispa para hacer saltar el descontento.

En España, es verdad, no ha habido una chispa, pero sí un encendedor de potencia extraordinaria: la Red. Porque ocurre que estos jóvenes que no encuentran empleo y están hartos de la frivolidad de quienes, debiendo andar a lo de todos, andan a lo suyo, son en su inmensa mayoría usuarios de una Red que les permite comunicarse con una inmediatez y falta de organización incomparable a todo lo conocido hasta la fecha.

Son, sin embargo, esas condiciones, que hacen avanzar al movimiento como una inundación, su principal talón de Aquiles. Pues estar en contra de eso que llaman el sistema no asegura ni un diagnóstico correcto de los problemas que nos han llevado al tenebroso callejón en el que estamos ni la propuesta de soluciones constructivas.

Estar contra el sistema es estarlo, por ejemplo, contra el Parlamento y la gran banca, pues ambos forman parte de él, por más que sea obvio que no puedan equipararse sus responsabilidades respectivas en el desastre que vivimos: nuestro Parlamento es manifiestamente mejorable, pero la responsabilidad de ciertos bancos en la crisis del sistema financiero resulta indiscutible.

Del mismo modo, estar contra el sistema es estarlo contra todos los partidos. Y aunque yo no tengo inconveniente en repetir ahora lo que llevo diciendo desde hace tiempo en otros foros -que los partidos españoles, en su actual conformación, han pasado a ser un problema de nuestra democracia- no cabe tampoco atribuir, por definición, la misma culpa en la situación de un país a los partidos que están en la oposición y al que gobierna.

Hace mucho que Sartori, un notable politólogo, escribió que «en tanto que el ciudadano apático hizo muy fácil la política, el ciudadano vengativo y enérgico puede hacerla muy difícil». Por si alguien lo había olvidado, un montón de gente se ha propuesto recordárnoslo. Aunque solo fuera por eso, ya habría valido la pena su pelea.

#15M o el lío de la Junta Electoral
Editorial Estrella Digital  20 Mayo 2011

La movilización del 15M les está viniendo grande a las instituciones del estado y a los partidos políticos que siguen sin entender las críticas. Los manifestantes no pretender acabar con el sistema, sino despertar las conciencias de quienes han logrado por acción u omisión la perversión de la Democracia. Nadie debería perder de vista que si se han convertido en protagonistas solo es porque, entre otros, los partidos políticos han dejado de serlo.

Y lo que unos lo ven como un revulsivo, otros lo ven como un ataque. Entre estos últimos está la Junta Electoral Central que ha prohibido las concentraciones de la jornada de reflexión. "En los días de reflexión y votación nuestra legislación electoral prohíbe realizar acto alguno de propaganda o de campaña electoral. Así mismo el día de la votación prohíbe formar grupos susceptibles de entorpecer, de cualquier manera que sea, el acceso de los locales electorales, así como la presencia en sus proximidades de quienes puedan dificultar o coaccionar el libre ejercicio del derecho del voto”, dice el tribunal.

Pues con todos los respetos, el tribunal no ha dado ni una. El movimiento ciudadano es eso, ciudadano, y no representa a ningún partido político, luego difícilmente puede entenderse como acto de campaña electoral, y no parece que la concentración en Sol o en otros lugares de España dificulte el acceso de los electores a los colegios electorales. Sencillamente, la Junta Electoral Central, como otras instituciones, ha demostrado estar de espaldas a la realidad y a la ciudadanía. Si hubieran tenido, simplemente, la curiosidad de acercarse a cualquiera de las concentraciones, habrían comprobado que no existe intencionalidad política y que los concentrados abarcan todos los grupos sociales y profesionales.

Con la decisión de la Junta tomada, a quien le resulta fácil “lavarse las manos” y dejar el problema a otro, la patata caliente, en efcto, está en manos del Gobierno, a quien le corresponde decidir cómo ejecutar lo orden de desalojo. Si él método es el utilizado en la madrugada del lunes, mal asunto. Veremos en qué se traducen las palabras de Rubalcaba: "La filosofía de la Policía se sustenta en tres normas de funcionamiento: actuaciones congruentes, oportunas y proporcionadas".

Veremos.

Lo que sí está a la vista es que la movilización se ha convertido en todo un ejemplo en el resto de Europa que la mira con admiración. Menos las instituciones españolas, para variar.

Sol en penumbra
Escribo desde la Puerta del Sol. Aquí me he venido a buscar un poco de luz entre la confusa marea con hambre de democracia real.
Ketty Garat www.gaceta.es  20 Mayo 2011

Escribo desde la Puerta del Sol. Aquí me he venido a buscar un poco de luz entre la confusa marea con hambre de democracia real. Primer golpe de vista: los de siempre. Asambleas, cervezas y un olor a porro que echa p’atrás. Decepción. Pero miles de jóvenes hablan de política. Impresiona. En el punto de información: desinformación. Muchos portavoces, “sin líderes”. No piden abstención..., pero aquí hasta el 22-M. “¿Qué pretendéis?”. “No sé, lo hemos consensuado”. Mosquea. Sigo hasta el epicentro. “¡PSOE y PP: la misma mierda es!”, corean. La organización coge el megáfono: “¡No, que no nos vinculen políticamente!”. Cambian la consigna: “Es banquero el que no bote, ¡eh!, ¡eh!”. Un traje y una corbata llaman mi atención. Veo más. Entre las rastas, ejecutivos. “Público heterogéneo”.

Pregunto a un joven por qué viene: “¿Sinceramente? He quedado con estas”, señala a dos chicas. Risas. Sin disturbios. Discurso más económico que político. El programa de IU. Lo peor: “¡No es nuestra bandera!”, a una solitaria rojigualda. Conclusión: se me pincha el globo. Lástima de oportunidad perdida para cambiar lo imperativo en España. Una ley electoral poco representativa, un bipartidismo que degenera en corrupción y falta de democracia interna en los partidos. Listas abiertas, independencia judicial y separación de poderes. Lástima no coincidir en que el sistema sólo puede cambiarse desde dentro... mejorarlo, no derrocarlo. Lástima la polarización, la utilización política de #acampadasol porque esto no es blanco ni negro sino una variadísima escala de grises. Llueve en Sol y tras las nubes se oculta el sol...

Tahrir está muy lejos
España no es Egipto; es una democracia de pleno derecho y consagradas libertades que han costado esfuerzo y sangre
IGNACIO CAMACHO ABC  20 Mayo 2011

ESO sí que no: de Plaza Tahrir, nada. La protesta de los «indignados» tiene muchos motivos razonables y acaso traiga consecuencias beneficiosas si consigue sacudir la artrosis evidente de los agentes políticos y propicia algunos cambios regeneradores necesarios; pero no se puede comparar a las revueltas árabes por la sencilla razón de que éstas se produjeron contra manifiestas dictaduras y regímenes autoritarios. Aunque España no sea desde luego la «democracia bonita» de Zapatero, haya caído en notorias imperfecciones y funcione con un sistema institucional abotargado y envejecido, es un régimen constitucional de pleno derecho y consagradas libertades cuya defensa ha costado a mucha gente mucho esfuerzo y hasta alguna sangre. Lástima que haya que recordar esta obviedad, pero es que ciertas cosas no se pueden pasar por alto sin poner pie en pared, las proclamen los jóvenes amotinados, un frívolo Felipe González —que bien sabe lo que costó esta libertad— o esa BBC que sigue llamando con eufemismos a los terroristas. Este movimiento contestatario ha arrancado con buena música, pero si quiere ganar legitimidad y adeptos tiene que perfeccionar un poco la letra de su incipiente discurso.

Lo mismo procede sobre la diatriba del bipartidismo. El bipartidismo español no es la consecuencia de una mala ley electoral, sino de la reiterada voluntad de millones de ciudadanos que desde 1977 votan mayoritaria y abrumadoramente —el 80 por ciento, punto arriba, punto abajo— al PSOE y al PP (antes a la UCD) en pleno uso de sus facultades soberanas. Otra obviedad, claro, pero por lo visto es menester repetir ciertas evidencias que parecen haberse vuelto antipáticas. La Constitución no dice en ningún sitio que la soberanía resida en la calle ni en las redes sociales, sino en el pueblo español, y se expresa a través de las urnas en un Parlamento representativo. Es obvio que algunos partidos salen penalizados y otros beneficiados por la distribución del voto, y que las listas cerradas se han convertido en un mecanismo que a todas luces prima la disciplina de los aparatos de partido. También lo es que la ley electoral necesita de manera palmaria una revisión. Lo que no cabe es cuestionar la voluntad explícita de la gente. Porque con esa misma ley Anguita sacó 23 diputados y Llamazares uno; a ver si de la incompetencia de algunos líderes va a tener la culpa el señor D´Hont.

De esta inesperada sacudida social de hartazgo podría y debería salir un impulso regeneracionista que perfeccione un sistema político avejentado, envilecido por la endogamia, la corrupción y la inercia. Ojalá. Sólo que eso nada tiene que ver con la oleada de la plaza Tahrir más que en el método y la escenografía. Allí se trataba de conseguir frente a los fusiles una mínima libertad; aquí se trata, a lo sumo, de perfeccionar la que llevamos más de treinta años disfrutando. Un respeto por esa pequeña diferencia.

Después de Mayo vino Junio
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo  20 Mayo 2011

La salida a la calle de miles de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, que muestran su insatisfacción con el funcionamiento del sistema democrático español está protagonizando la última semana de la campaña electoral. Un movimiento social importante, no controlado por los aparatos de los partidos, ha irrumpido en escena de manera imprevista dejando descolocada a la clase política.

La aparición de un movimiento fuerte de protesta no debería sorprendernos vistos los efectos dramáticos que está teniendo la crisis económica en España. Lo curioso es que no haya estallado antes y que con casi cinco millones de parados se siga manteniendo una estimable paz social. Sin embargo, los protagonistas de la protesta no han sido los parados, los trabajadores con el empleo amenazado, las organizaciones sindicales o los partidos de izquierda cuya capacidad de movilización es limitada. Han sido los jóvenes que se enfrentan a la falta de expectativas de futuro, que no encuentran un trabajo estable pese a que en muchos casos tienen una notable preparación. Son jóvenes que, además, llevan a su extremo la crítica a un sistema de partidos políticos que no es capaz de sintonizar con las inquietudes de una parte de la población. El carácter genérico de las reclamaciones garantiza una amplia adhesión: habrá que ver qué pasa cuando lleguen a la letra pequeña.

La existencia de internet que proporciona medios de comunicación alternativos y dota a los ciudadanos de capacidades de agitación y movilización que antes no existían y el mimetismo con lo ocurrido en los países árabes han sido factores que han provocado la salida a la calle de los que han sido bautizados como «indignados». Se les ha calificado también de «antisistema» pero más que destruir el sistema lo que se aprecia son ganas de que conseguir hacerse un hueco en él.

Al éxito de esta movilización se han pegado teóricos de la revolución que quieren ver en la protesta el primer paso para la destrucción del orden vigente. Ha aparecido también una gran cantidad de análisis que buscan explicaciones de lo que está ocurriendo. En muchos de esos analistas se aprecia la nostalgia de Mayo del 68. Quieren ver en las movilizaciones de esta semana un revival del mítico mayo francés y buscan paralelismos en la espontaneidad de las movilizaciones, el ingenio de los eslóganes, la falta de jerarquías, la autoorganización de los que protestan, el carácter asambleario del movimiento o los ecos de la vieja autonomía de los sesenta. Se evocan con emoción frases dadaístas del París del 68 como la que decía que «debajo de los adoquines está la playa». Pero debajo de los adoquines de la Puerta del Sol sólo está el metro, un metro funcional y eficiente, pero sin una pizca de poesía.

Los nostálgicos se olvidan que después del Mayo del 68 vino el mes de junio en el que se celebraron unas elecciones convocadas por el general Charles de Gaulle y en las que el gaullismo arrasó, mientras los partidos de izquierda, el PCF y el socialismo que lideraba Mitterrand, se hundieron. Después de las utopías suele venir la realidad con las rebajas.

Brazos en alto
José Luis ALVITE La Razón  20 Mayo 2011

Uno de los muchachos acampados con los «indignados» en la madrileña Puerta del Sol proclamó en un telediario la idea simple y crucial de que lo que se necesita en España no es que se hagan cosas legales, sino cosas justas. Se trataba de una clara alusión a que la legalidad es a menudo la causa de muchas injusticias y supone una seria advertencia de los «indignados» al reclamar que por fin en España alguien se tome en serio la tarea apremiante de procurar que lo legal coincida con lo justo. No hará falta advertir que no hay una sola dictadura que no se base en cierta clase de legalidad, aunque sea a expensas de perjudicar la esencia de la justicia.

A la democracia llegamos hace más de treinta años en España gracias a la conculcación de la legalidad vigente en la dictadura de Franco. Vivimos ahora en un agradable régimen de libertades, es cierto, pero no hemos desterrado del todo algunos de los nocivos hábitos de entonces, de cuando en España el hijo del farmacéutico heredaba la farmacia y la hija de la portera heredaba casi sin remedio la portería. A cambio de haber contenido la expansión de cierta oligarquía aristocrática, el sistema político consagró entre nosotros la existencia de castas políticas que nacieron en el seno de los partidos y acabaron apoderándose de ellos.

Esas castas propiciaron la irrupción de una nueva aristocracia del dinero fresco y la implantación de un nepotismo político y económico que al instalarse en el Poder amenaza con acaparar las riendas del Estado. Al amparo de esa perversión de la democracia han proliferado la inmoralidad política y una corrupción que pudre las estructuras de una democracia que se creía sólida, igual que destruyen con su tenacidad las termitas los retablos de las iglesias. Con razón piden los «indignados» la adopción urgente de listas electorales abiertas. Muchos políticos profesionales admiten que es necesario hacerlo, pero aquí nadie ignora que no lo harán porque las listas cerradas les ayudan a perpetuarse en puestos que ellos trasmiten a sus descendientes casi en el paquete ordinario de la herencia. Por eso tienen los «indignados» la sensación de que en España el sentido de la democracia ha sido invertido y creen que las elecciones en cierto modo sólo sirven para que la sociedad civil ejerza irónicamente su extraño derecho a perder la libertad. Como les ocurre a los «indignados», también yo me siento insultado por quienes con su codicia o con su demagogia han corrompido la democracia y, también como ellos, me siento atracado. Por eso cada vez que veo una urna, de manera instintiva me entran ganas de acercarme a ella con los brazos en alto.

¿En Sol?
Alfonso USSÍA La Razón  20 Mayo 2011

Los «indignados» han tomado la Puerta del Sol. En un principio, sentí simpatía hacia ese movimiento. La perdí cuando el presumible actor Guillermo Toledo se sumó a los acampados y éstos lo aceptaron como uno más. Lo que parecía una protesta lógica y comprensible –cinco millones de parados y una generación con el futuro negro–, se ha convertido en un juguete de la izquierda radical. Penélope Cruz ha sido buenísima con ellos. «Los tengo en mi corazón», ha dicho. Con todos los acampados en su corazón, ha ingresado en la sala de espera de Primera Clase del aeropuerto de Barajas para volar a Los Ángeles. Excesivo peso en su corazón para vuelo tan largo.

Aun así, y a pesar de la manipulación de la izquierda radical, entiendo la desesperanza de los acampados, y también su indignación. Lo que no comprendo es que hayan elegido la Puerta del Sol para reunirse en la indignación. La economía española ha registrado una subida del 0,3 % en el primer trimestre del año. Una subida retaca. La economía madrileña ha subido en ese mismo período un 0,7% y un 1,8% en el cómputo interanual. Cifra que responde plenamente a la recuperación en la Unión Europea. Pero los indignados han elegido precisamente la Puerta del Sol, donde se ubica la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid para hacer visible su protesta. ¿Por qué en Sol? En el entorno del Palacio de La Moncloa hay más espacio para acampar que en Sol. El responsable del desastre económico de España, de los cinco millones de parados y del túnel sin salida del porvenir de nuestra juventud, habita y hace que trabaja en el Palacio de la Moncloa. ¿Por qué en Sol y no en La Moncloa? ¿Por qué en Sol y no ante la sede de Economía y Hacienda? ¿Por qué en Sol y no ante el despacho de Rubalcaba, corresponsable del desencanto? ¿Por qué en Sol y no ante las sedes de Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, los sindicatos de clase mansos y obedientes, que han permitido al Gobierno mucho más que lo permisible con la boca callada a cambio de millonarias dádivas y subvenciones? No pongo en duda la sobrada razón que tienen para protestar los acampados. Pongo en duda la oportunidad en la elección del lugar. ¿Casualidad o manipulación? Me temo que lo segundo. Cuando un movimiento nace de la espontaneidad, no se deja instrumentalizar por los oportunistas de siempre. Mañana estarán ahí todos los de la Ceja. Resulta sorprendente que Zapatero, Blanco, Rubalcaba, Pajín y compañía hayan aprovechado la situación para pedir el voto a las víctimas de su política económica y social. Son maestros en embarullar sus propios barullos.

En ese movimiento juvenil y espontáneo hay inteligencia, preparación y muchos motivos para la protesta. Se ha manifestado apolítico. Sería interesante que sus promotores cortaran el paso a quienes se aprovechan de ellos y convierten en sospechosas sus claridades. La izquierda radical es muy competente cuando se trata de infiltrar a los suyos y cambiar los esquemas, la ética y la estética de un movimiento popular. Una prueba irrefutable. Todos los detenidos por alterar el orden público y aprovechar la confusión para destrozar el mobiliario urbano tienen antecedentes. Expúlsenlos de entre ustedes. No permitan que sus razones y sus reivindicaciones se sometan a los violentos profesionales. Y con todo el respeto que la verdad de los «indignados» me merece, cambien el lugar de sus protestas. El Palacio de La Moncloa está a dos pasos. No es Esperanza Aguirre la culpable de sus desesperanzas. Y mucha suerte.

Montaje real
José Antonio VERA La Razón  20 Mayo 2011

Que hay razones objetivas para que jóvenes, parados, empresarios, trabajadores, estudiantes y ciudadanos en general protesten ante la actual situación de España, es algo evidente que conviene no olvidar. Que, además, hay motivos sobrados para pedir que nuestra democracia mejore en cuestiones clave como la división de poderes, la democracia interna de los partidos, las listas abiertas, la limitación de mandatos a los gobernantes o la expulsión de los políticos corruptos, también es una realidad. Partiendo de ambas cuestiones, amén de otras que eventualmente se pueden añadir, es lógico que quienes aman a su país y quieren convertirlo en una nación cada vez más justa, salgan a la calle para expresar sus sentimientos y llamar la atención de quienes nos gobiernan.

Razones hay para protestar y para exigir que mejoren las cosas en todos los aspectos. El problema es cuando se comprueba que buena parte de los que están detrás de esas concentraciones «espontáneas» son militantes de la izquierda más rancia y anquilosada, radicales que convierten la protesta en soflama a favor de partidos o coaliciones como Izquierda Unida, montajes que bajo el bonito y aparente nombre de «democracia real», lo que plantean de verdad es un escenario con las mismas recetas que han fracasado allí donde se han implantado: más Estado, nacionalización de la Banca y más subvenciones públicas. Produce pavor comprobar cómo un movimiento en apariencia puro, favorable a lograr más cotas de democracia, independencia de la justicia y elecciones directas de candidatos al margen de las jerarquías de los partidos, puede estar también intervenido e infiltrado por la misma gente ultra de la izquierda mohosa que conocemos, representada por personajes tan poco recomendables como el pro-castrista Willy Toledo o la pro-soviética Pilar Bardem.

La constatación registral de que detrás de «democracia-real-ya» hay un miembro de una de las escisiones de IU, habitual entre los «blogueros socialistas», no puede ser más preocupante. Aunque peor aún es lo que se atisba. ¿A quién beneficia?, nos preguntamos. Tal y como está planteado, al Ejecutivo, por lo siguiente: la protesta de Sol apunta al «sistema» como culpable. La crisis, dicen sus voceros, no es responsabilidad del PSOE, que es quien gobierna, sino «del PSOE y del PP». Por tanto piden que, amén de no votar al PSOE, tampoco se vote al PP. Como al PSOE ya no le iban a votar de por sí, por razones obvias, al que perjudican con claridad es al PP. Y a quienes benefician, a partidos o coaliciones como IU o ERC o Bildu, a los que curiosamente sí que se puede votar. Pero ojo, porque también benefician al PSOE, porque este partido con quien suele pactar es con los anteriores.

Todo bastante claro y decepcionante, por cierto. Los comunistas, izquierdistas, antisistema y procastristras habituales quieren aprovechar la buena intención de mucha gente que desea que esto cambie de verdad. Y repiten hasta la misma y antidemocrática maniobra de convocar una manifestación el día de reflexión para influir en las elecciones. Igual el que nos puede iluminar sobre lo que ocurre es el omnipresente Rubalcaba. Él sí que sabe.

Jóvenes en la calle
Joaquín Marco La Razón  20 Mayo 2011

Lo habitual era que los medios mostraran a los jóvenes en frívolas concentraciones de botellón, aunque abrumadoras estadísticas del paro nos estremecían cuando precisaban que casi la mitad de nuestra juventud se enfanga en él, sin perspectivas de mejora a corto plazo. Aún más grave, a mejor formación, más paro. Ha faltado tan sólo la chispa del título de un folleto francés para que los jóvenes, gracias a los nuevos medios de comunicación, creyeran que lo suyo era manifestar su «indignación», que también cabría denominar frustración, en las plazas de nuestras ciudades: «Democracia Real, Ya». Ni los partidos, ni las campañas electorales hasta la fecha, les habían prestado mucha atención. Las vagas promesas de una campaña mediocre, plena de tópicos, poco atenta a la realidad cotidiana, sin soluciones claras a la vista, ha dado alas a un movimiento más virtual que objetivo, pero que ha llenado «tweeds» y «hashtags». Los jóvenes y gentes de diferentes edades, han querido mostrarse. Lo de menos es que se les prohiba hacerlo en período electoral. Las calles también son y serán suyas. Nadie es profeta y, por tanto, no podemos colegir qué recorrido tendrá este movimiento concreto, alimentado en la red, del que asoma tan sólo parte de una oreja. Puede que no constituya un problema para los partidos políticos tradicionales. Sin embargo, sería del todo inconsciente que éstos, gane quien gane las elecciones municipales y autonómicas el próximo domingo (en las que todos saldrán vencedores), no intenten atraer a la juventud, no sólo desencantada del sistema de partidos, sino de algunos resortes que creímos alcanzar con la democracia y que se plasmó en la Constitución hoy vigente y siempre revisable.

Las peticiones de estos jóvenes traducen un malestar y una crispación generales de fondo. Y ¿quién puede salir a las calles sino ellos, que deciden no integrarse en partidos o sindicatos a los que consideran responsables de su situación? Sería deseable que los centros de estudio de los diferentes partidos, dedicaran su atención no sólo al fenómeno electoral, que está al llegar, o al siguiente que ya nos amenaza, sino que prepararan el terreno de ciertos cambios, a derecha e izquierda, que deberían ser recogidos en una Constitución más atenta a algunas reivindicaciones que se proponen y que ni siquiera son nuevas. Es evidente que las grandes formaciones políticas o sindicales son paquidermos que se mueven con lentitud. La inmovilidad, en muchos casos, significa capacidad de resistencia. Pero, si no actúan a tiempo, la crisis puede hacer pedazos a cuantos se sientan incapaces de adaptarse. Tal vez, este fantasma regrese a su tumba en poco tiempo, pero, sin duda, ha de volver y con mayores dimensiones. Los modelos esgrimidos (Egipto o Túnez) no son válidos, pero se observan. Este país dispone ya de una democracia imperfecta, aunque democracia. Mas la economía no puede conculcar derechos sociales.

No es posible que la distancia entre ricos y pobres se acreciente, ni que dejemos aparcada a una generación, que los jóvenes se eternicen en los domicilios paternos, que los medios propaguen los escándalos de la corrupción pública y privada sin que la Justicia actúe con más diligencia. Lo del «ni ni» no era para reírse, pero los bancos van a lo suyo. La fragilidad de las democracias radica en su propia naturaleza. También su grandeza, cuando la utilizan. Y no reside tan sólo en votar cuando nos llamen a las urnas. Nuestra juventud se asoma a la calle porque sabe que en el seno de los partidos políticos será mal recibida, porque lo que pide no está en sus programas, porque estima que es el mundo económico y no el político el que lleva las riendas del gobierno. Y a estas fuerzas económicas no hay, de momento, quien las ate en corto. Si el sistema –no ya el español que requiere tantos remiendos– se entiende injusto, de no autoreformarse, lo reharán otros a medio o largo plazo.

Cuando se inició la crisis –y de ello hace ya años– parecía que algunos dirigentes estaban dispuestos a diseñar controles que frenaran despropósitos que nos condujeron donde hoy nos hallamos. Nada se ha hecho en este sentido, salvo parchear a los más débiles y amenazar con medidas excepcionales a cuantos se encuentran al borde del abismo. Estos jóvenes en la calle no responden al modelo francés de mayo del 68. Se dicen pacíficos, se manifiestan contrarios al bipartidismo, corean eslóganes contra bancos. Saben ya que la enfermedad no es propia. Viven y se manifiestan en la globalidad de las nuevas formas de comunicación. Hay que atraerlos a una política cuyas fronteras les resulten cómodas, que les permitan participar. Pero hasta que los políticos nos descubran cómo modificar las relaciones con las fuerzas económicas –el meollo de la cuestión– y éstas entiendan que les conviene, aunque moderen ganancias, poco se avanzará. El diálogo puede resultar de sordos. El peligro reside en que si los políticos no ofrecen resultados acabarán en la cuneta, sustituidos por otra multitud de nuevos partidos o agrupaciones que dificultarán el gobierno. El siglo XXI no parece, por fortuna, inclinado a las revoluciones o soluciones de fuerza, como el anterior. Pero una sociedad encallada e inmóvil, como un buque entre los hielos, acaba hundiéndose. Renovarse o morir.

DRY Zapatero
Nunca nadie con tan poco fuste y tan escaso fundamento le hizo tanto daño al Estado
MANUEL MARTÍN FERRAND ABC  20 Mayo 2011

NO está muy claro quién mueve los hilos, si es que alguien oculto lo hace, del movimiento Democracia Real Ya; pero resulta evidente que una política como la mantenida por José Luis Rodríguez Zapatero durante los últimos siete años tenía que producir una reacción airada de sus víctimas principales, los jóvenes a quienes se les niega su derecho al futuro y están instalados en el paro, el subempleo y la desesperanza. Es a Zapatero, y nada más que a él, a quien se le han levantado esos jóvenes descontentos en medio centenar de ciudades españolas y es su ministro del Interior, el superastuto Alfredo Pérez Rubalcaba, quien no vio venir la marea y no ha sabido reaccionar, en prudente ten con ten entre la legalidad y la prudencia, frente a los acontecimientos.

Hoy, en el último día de la campaña electoral en curso, lo único que queda claro, sin sombra de duda alguna, es que el domingo se nos presenta una gran oportunidad para el cambio en todos los ayuntamientos de España y en las trece autonomías en las que corresponde renovar sus parlamentos. Un cambio previo y necesario al cambiazo que pueden significar, en la fecha prevista o antes si se genera un soplo de sensatez en los cuarteles del PSOE, las próximas legislativas. Prescindir de Zapatero se ha convertido en un asunto prioritario en la vida nacional. Nunca nadie con tan poco fuste y tan escaso fundamento le hizo tanto daño al Estado, al que ha debilitado; a la Nación, que ha dividido, y a la convivencia entre los españoles a quienes, con saña y en patológico entendimiento de la memoria histórica, ha enfrentado con cuestiones que ya habían sido superadas hace medio siglo.

Lo que no se entiende bien es la tribulación del PP, y de algunos de sus líderes notables, ante la movilización social de DRY. Muchos de ellos se han metido en un saco que no les corresponde y están manifestando una solidaridad de oficio que no tiene razón de ser. Es más, por lo que respecta a Madrid, lo propio de Esperanza Aguirre, lo que le cuadra a su estilo y a su trayectoria, es que lejos de mostrar un mohín de disgusto porque los movilizados, en lugar de acudir a La Moncloa, se hayan instalado en «su» Puerta del Sol no les haya servido, en persona y por su cuenta, un café con leche y unos churros para el desayuno. Las movilizaciones en curso solo tienen una raíz, Zapatero; un campo de cultivo, el PSOE, y un doble efecto demoledor, la pobreza nacional y el desprestigio de España en el Exterior. Los fantasmas, si los hay, están en los palacios y en los castillos. Nunca en la calle. Además, el ectoplasma dañino se puede conjurar el próximo domingo, 22-M.

El movimiento 15-M y la devaluación de la consulta del 22-M
Manuel Muela*. El Confidencial  20 Mayo 2011

Las manifestaciones de los últimos días, la sorpresa que han desencadenado y las incertidumbres que se abren sobre el futuro inmediato, nos sitúan en un escenario de protesta y de petición de cambios que, si crece, y todo parece indicar que será así, trascienden de lo que resulte en las elecciones del próximo día 22. Puede abrirse un tiempo nuevo, quizá inevitablemente confuso por las características del movimiento ciudadano, que lógicamente deberá concretarse en aquellos cambios que están en la mente de quienes piensan, o pensamos, que el sistema político español está carcomido por las lacras que suelen determinar los finales de un régimen político: corrupción, incompetencia, alejamiento de los políticos de las necesidades y deseos de la sociedad y apropiación del poder público en beneficio de unos pocos.

Los debates que se suceden en los últimos tiempos y el recurso a gobernar por decreto-ley, sobre todo desde hace un año, con los resultados dramáticos que conocemos, ponen de manifiesto a los ojos de cualquier observador que España no solo esta mal gobernada, sino que carece de respuesta institucional a tal circunstancia: somos un país que se sostiene por las inercias casi mecánicas de una economía medianamente desarrollada, arropadas por la superestructura política y mediática, que se empeña en transmitir a la sociedad mensajes simplistas, de película de buenos y de malos, para encubrir las carencias y las amenazas que se ciernen sobre la vida y el bienestar de los españoles.

Creo, y así lo he manifestado en anteriores ocasiones, que la magnitud de los problemas nacionales, y la percepción de que los gobernantes parecen incapaces de ordenar la resolución de los mismos, ha extendido un sentimiento de fatalismo en la sociedad española, alentado también por muchos medios de opinión, que se traduce en la falta de iniciativas y de propuestas que no pasen por la proclama repetida de los recortes sociales y de la obediencia a lo que, se dice, indican la Unión Monetaria y los acreedores de nuestro país.

Es una orfandad peligrosa de la que conviene salir y se puede pensar que este movimiento que comentamos sea como el grano de mostaza evangélico, que cumpla la función de certificar el final de una manera de entender el poder público y alumbrar el camino para que los españoles recuperemos la plenitud democrática, que se nos viene negando hace demasiado tiempo. Han sido tan graves los abusos, tan arrogantes los partidos dominantes y tan insensibles a la paciencia y a la tolerancia de los ciudadanos, que han despertado la ira de los justos, expresada de forma pacífica por quienes han aparecido con sus mensajes de protesta en las diferentes ciudades españolas.

En un país sometido a la dictadura de lo políticamente correcto, no resulta fácil romper el cordón sanitario que pretende preservar el dominio de unos pocos, los partidos dominantes, que se presentan como administradores casi exclusivos del poder público.

En un país sometido a la dictadura de lo políticamente correcto, eufemismo para encubrir la intolerancia hacia las críticas al sistema, no resulta fácil romper el cordón sanitario que pretende preservar el dominio de unos pocos, los partidos dominantes, que se presentan como administradores casi exclusivos del poder público, gracias a un tejido jurídico-constitucional muy poco permeable a las necesidades sociales y demasiado olvidadizo de los valores que deben inspirar el buen gobierno. Por eso, todo aquello que contribuya a educar a la sociedad y a fortalecer los sentimientos de exigencia cívica y de participación política ha estado desterrado de la política española.

Pero todo en la vida tiene límites y, en el caso que nos ocupa, ha sido la crisis desencadenada hace cuatro años la que ha dejado al desnudo la fragilidad no sólo de nuestra economía sino también la de nuestro orden político, que se muestra incapaz de enfrentarla y se resiste a reconocer su fracaso, para abrir otras vías y caminos con el objetivo de cambiar aquello que no funciona en beneficio de los ciudadanos. No solo no se estimula el cambio, sino que se vende y ejecuta un mensaje que además de injusto es profundamente desmoralizador: los que gobiernan ahora y quienes les sustituyan deberán administrar la pobreza creciente, cargando el peso en los débiles, sin la menor exigencia hacia sí mismos, cuyo privilegio de dominio político es incuestionable.

La llamarada de descontento que justifica este comentario es, en mi opinión, el resultado de la incuria y de la torpeza, y hasta tal punto es así, que muchos portavoces políticos y mediáticos no dan crédito a lo que sucede y buscan excusas de mal pagador para no hacer frente a sus responsabilidades. Probablemente se intentarán el descrédito y el autoritarismo para embridar el fenómeno aparecido; pero no será fácil sustraerse a la llamada de quienes entienden que ha llegado el momento de poner freno a las malas políticas y al desprecio a los ciudadanos.

*Manuel Muelaes economista

Movimiento 15-M
Entierro en la Puerta del Sol
Emilio Campmany Libertad Digital  20 Mayo 2011

El movimiento este del 15-M es amorfo y turbio, pero, aunque la izquierda del sistema esté tratando de manipularlo, sí parece espontáneo y exterior a los partidos con representación en las instituciones. Periodísticamente, el fenómeno tiene encandilados a muchos medios, incluido el Washington Post, que habla sin tapujos de la "Spanish revolution". Debe de ser que, como África de alguna manera empieza en los Pirineos, el rotativo encuadra lo de la Puerta del Sol en el marco de la primavera árabe que recorre todo el Magreb. Por mucho que nos duela, que la acampada sea fruto en parte de un contagio no debe descartarse.

El movimiento, a pesar de que el apoyo expreso es poco numeroso, está alcanzando mucha visibilidad. ¿Están bien organizados? El magnífico reportaje gráfico de Fernando Díaz Villanueva muestra unos medios bastante cutres, lo que sugiere espontaneidad. Sin embargo, algunas pancartas gigantescas aparecen en su enormidad perfectamente impresas, lo que a su vez hace pensar que cuentan con posibles. Esto implica disponibilidad de fondos y la posibilidad de que haya alguien aportándolos con el fin de manipular el movimiento en su beneficio. Total, que puede que haya alguien detrás y también puede que no.

El futuro es incierto. Si la Policía los deja, pueden acabar como los de Sintel, permaneciendo meses de acampada. Podrían terminar por convertirse en una atracción turística, una especie de parque de Tahrir donde poder ver (y oler) cómo se protesta para pedir más democracia en el norte de África, pero dentro del orden que implica hallarse en Europa. Aunque también puede que la protesta se vaya extendiendo hasta hacerse incontrolable. Incluso cabe la posibilidad, por hoy remota, de que se haga violenta.

¿Y si la Policía interviene? Rubalcaba tiene la obligación de hacerlo porque la acampada es ilegal sin necesidad de esperar a que lo diga la Junta Electoral Central. Naturalmente, antes de las elecciones, no se arriesgará. Pero, si lo hiciera después, podría despertar a un monstruo dormido. No hay que olvidar que el descontento de los del 15-M es común a muchos españoles, aunque a la mayoría de ellos no les apetezca dormir en la calle, compartir un colchón viejo y beber de una litrona.

En todo esto, sólo hay una cosa segura. El régimen de 1978 está muerto. Sólo falta reconocerlo y decidir si ha fallecido de muerte natural o ha sido asesinado y, en éste último caso, determinar quienes han empuñado el arma. Luego habrá que crear otro nuevo, para lo que tendrán que convocarse elecciones a Cortes constituyentes tras una reforma en profundidad de la Ley Electoral. Qué programa tan bonito para un líder que fuera un estadista. Si alguien sabe de alguno, que lo llame, que urge.

Políticos acampados
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo  20 Mayo 2011

Gritos contra los banqueros, los partidos políticos y la televisión; carteles que dicen que violencia ni de la Policía, que cobrar 600 euros al mes es violencia y que ha estallado la primavera en España; el artículo 21 de la Constitución -«se reconoce el derecho de reunión pacífica (...) sin necesidad de autorización previa»-, pegado en una cabina de teléfono; cartones, colchonetas, lonas a modo de tiendas de campaña; pintadas que dicen que el capitalismo no es la vida, carteles que cuentan que aquello no es un botellón y panfletos, firmados o sin firmar, que cuentan qué es lo que les moviliza; jóvenes barriendo el suelo, organizando el precario desayuno, hablando entre ellos o con los que pasan por allí, y algunas parejas abrazadas tumbadas en el suelo. Jóvenes que te comentan que hacen esta acampada «por el bien de todos», que te piden que lo cuentes y que avises a filósofos, para que vayan allí a hablarles. Gente que grita con indignación, rabia y hartazgo. Todo eso, y mucho más, se puede ver en la Puerta del Sol de Madrid; contado por unidades móviles de televisión, con una veintena de furgonetas de la Policía Nacional, aparcadas en los alrededores, con los policías sin casco, mirando y sin intervenir.

La crisis económica y sus responsables, el hartazgo respecto de los partidos políticos, explican y configuran este frente de indignados para nada idénticos entre sí. Los concentrados en la Puerta del Sol son un frente de rechazo que, curiosamente, mientras en algunos países del Norte de África atienden al modelo español de transición a la democracia, toman aquí las plazas de ciudades españolas siguiendo el modelo de El Cairo. Consideran que los políticos -en general, pero sobre todo los de los dos grandes partidos- no les representan, pero la convocatoria se hace en vísperas de unas elecciones y parece que las acampadas se pueden levantar después del próximo 22 de mayo. Es decir, hay una voluntad de influir sobre las elecciones, sobre la campaña, desde el rechazo a los partidos y sin pedir el voto para ninguno.

La presidenta de la Comunidad de Madrid se empeña en convertirse en su enemiga señalada y les dota así de una coherencia que podrá reforzar la movilización. Hay entre los asistentes -es evidente- una sensación de estar asistiendo a un movimiento grande, hermoso, que será recordado, con el pellizco revolucionario y romántico inherente a la edad y a las grandes ocasiones. La contradicción, una entre varias, es que quieren hacer política rechazando a los partidos convencionales, pero queriendo influir en ellos, siendo los acampados políticos, pero insumisos a la política como ejercicio profesional.

Un serio aviso a la clase política
Fernando Ónega. La Voz  20 Mayo 2011

Decíamos ayer: «¿Saben lo que se consigue prohibiendo las manifestaciones del Movimiento 15-M? Que acudan muchos más a la próxima concentración». No hubo que esperar tanto. Mientras escribía esa nota, miles de personas sentían el efecto llamada de la Junta Electoral de Madrid y acudían a la Puerta del Sol. Si la policía llega a disolverlos, hoy tendríamos una seria crónica de violencia, desafío y desorden público. Hay ocasiones en que permitir lo prohibido es lo más inteligente.

Nadie sabe en qué desembocará ese movimiento. Puede tener las horas contadas, cerrarse con las urnas de pasado mañana, o convertirse en la conciencia crítica que amargue la vida a la clase política de este país. Si se extingue el domingo, habrá que empezar a preguntar a quién ha beneficiado, y no hay muchas pistas. Se parece a Izquierda Unida por su ataque al bipartidismo y porque Cayo Lara dijo: «Somos parte de ese movimiento». El PSOE sonríe, porque los concentrados critican más al sistema que al Gobierno, aunque es dudoso que una protesta contra el poder ayude a quien tiene ese poder. Al PP le puede reportar algún beneficio colateral, porque hace aflorar la irritación, aunque moleste a Esperanza Aguirre, que se pregunta por qué no van a la Moncloa, en vez de instalarse bajo su despacho.

Pero atención, que aquí ha nacido algo: ha nacido una forma de expresión de la indignación social, por primera vez no canalizada a través de partidos y sindicatos. Es, por el momento, una cría deforme, algo caótica, pero que conecta con mucha opinión pública. Quien haya ideado esa movida puede estar satisfecho: en tiempo récord (menos de tres días) se han convertido en el fenómeno político del año; ocupan tanta o más atención informativa que la mayoría de los candidatos, y ayer mismo monopolizaron la actualidad y consiguieron el gran éxito: ser la referencia de todos los líderes que se acercaron a un micrófono. Como fenómeno de impacto social, es excitante.

Se puede argumentar que el éxito de la iniciativa parece más mediático que popular: obtiene un eco informativo muy superior, incluso desproporcionado, al número de ciudadanos que mueve. Su mensaje es confuso para nuestras costumbres ideológicas. Ofrece una apariencia de autogestión ideológica, hecha de aluvión y a base de los 140 caracteres de la mensajería de Twitter. Pero que no se engañe nadie: están recibiendo una riada de adhesiones en sus concentraciones y a través de las emisoras que abren sus micrófonos al público. Aquí se aplaude simplemente al que protesta. Dime de qué protestas, que me adhiero. Y ahí tiene la clase política un serio aviso: si este movimiento cuaja, no será por las soluciones que propone. Será porque es capaz de conectar con el sentimiento de cabreo que hay en el país y por el vacío que están dejando los partidos. Ese es su mérito y esta su oportunidad.

Antología (no exhaustiva) de idioteces sobre los 'indignados'
José L. Lobo. El Confidencial  20 Mayo 2011

Es realmente sorprendente la impúdica exhibición de estupideces, simplezas y disparates con la que muchos dirigentes políticos y supuestos creadores de opinión están tratando de explicar el germen y los fines de ese magma heterogéneo de indignados que ha tomado las calles. Y no parece arriesgado deducir que si unos se han apresurado a cortejarlos sin pudor tras haberlos ignorado durante años -o más bien siglos-, y otros han corrido a etiquetarlos despectivamente, empujados por sus prejuicios, es porque creen ver en ese movimiento cívico que escapa a su control una amenaza para sus privilegios. Están nerviosos, descolocados. Y los indignados olfatean su miedo.

No tengo la menor idea de la influencia que la irrupción del Movimiento 15-M podrá tener en las elecciones del próximo domingo; o de si será este o aquel partido el que rebañará más votos de ese hastío colectivo cocido durante años a fuego lento; y resulta prematuro diagnosticar a estas alturas si estamos viviendo los primeros balbuceos de un acontecimiento histórico capaz de sacudir los cimientos de nuestra anquilosada democracia o se trata de un brote fugaz de rebeldía ciudadana, una suerte de kedada multitudinaria de aprendices de Mayo del 68. Pero, a juzgar por la ansiedad y la torpeza con que eso que llamamos el sistema -líderes políticos, partidos, instituciones, poderes fácticos, medios de comunicación...- ha reaccionado ante las protestas, me inclino a pensar que los protagonistas de esa caótica acampada en el corazón de Madrid ya han ganado su primera batalla.

Sólo la ansiedad y la torpeza pueden explicar que el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, haya comparado las concentraciones espontáneas de los indignados con las movilizaciones que siguieron a los sangrientos atentados del 11-M; o que los mismos medios de comunicación ultramontanos que jalean las paranoias conspirativas de personajes como De la Riva y señalan la mano negra de Alfredo Pérez Rubalcaba detrás de las protestas, certifiquen luego en sus editoriales los supuestos efectos demoledores del 15-M sobre las ya de por sí raquíticas expectativas electorales del PSOE, o sea, el partido del vicepresidente.

Sólo la ansiedad o la torpeza -o ambas- pueden justificar que Felipe González trace paralelismos entre la Puerta del Sol y la Plaza de Tahrir, como si la nebulosa de reivindicaciones cívicas de nuestros activistas -un atropellado catálogo de regeneración democrática redactado por quienes jamás, en su inmensa mayoría, han conocido una dictadura- pudiese homologarse a las exigencias de primera necesidad de los jóvenes árabes, que arriesgan sus vidas -y las pierden- por una libertad que jamás han conocido; o que el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, dirigiéndose a la legión de desempleados instalada en Sol, dijese ayer que "su situación económica mejorará en 10, 20 o 30 años", afirmación que, sin duda, habrá calmado el desasosiego de quienes no encuentran trabajo.

Antisistema, guerrilla urbana, vínculos con ETA...
Sólo la ansiedad o la torpeza -o algo mucho peor- puede esconderse tras el exabrupto lanzado por el escritor y periodista César Vidal, que ayer proclamaba desde su púlpito radiofónico que muchos de los jóvenes concentrados en la Puerta del Sol tienen vínculos con ETA. "Lejos de ser, como pretenden, un movimiento ciudadano independiente, participativo y apolítico, pertenecen a los habituales grupos antisistema. Las Fuerzas de Seguridad han alertado en varias ocasiones del peligro que representan estos grupos, que mantienen contacto regular con Batasuna-ETA, y que han recibido entrenamiento de Segi en cursos de guerrilla urbana".

Sólo la ansiedad o la torpeza puede haber llevado a José Blanco a advertir a los indignados que "este sistema es el mejor" -aún no he escuchado a ninguno de los que se han echado a la calle reclamar la instauración en España de una república islámica teocrática o de una dictadura comunista-, y que cometen un "error" si piensan que pueden cambiar la política sin acudir a las urnas, como si una abstención masiva o un voto en blanco desorbitado no fueran un mensaje lo suficientemente contundente como para que nuestra casta política comprendiese que ha llegado el momento de sacudir las alfombras de la democracia. Sólo la ansiedad, la torpeza o la ignorancia pueden haber empujado al vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, a asegurar que el objetivo de estas protestas "es cambiar el Gobierno"; y no, no es sólo echar al Gobierno, a este Gobierno, lo que pretende el Movimiento 15-M: sus metas, utópicas o no, pasan por abrir de par en par las ventanas de la instituciones, las gobierne quien las gobierne, para limpiar el aire viciado por la corrupción, los privilegios y la mediocridad.

Sólo la ansiedad, la torpeza o la prepotencia -va a ser la prepotencia- pueden explicar que uno de los columnistas estrella del periódico de Pedro J. Ramírez sostuviese ayer que los convocados en Sol "no representan a los ciudadanos". Yo creo que sí. Si las 4.000 o 5.000 personas, jóvenes en su mayoría, que han tomado la plaza sólo se representasen a sí mismos, las Fuerzas de Seguridad ya las habría desalojado a todas, pacíficamente o por la fuerza; los partidos políticos seguirían enfrascados en su inane y aburrida campaña electoral; y los medios de comunicación habrían enviado a un par de reporteros en prácticas para cubrir las protestas. Los indignados han tenido el valor de sacudir las conciencias de una sociedad muy cabreada, sí, pero también adormecida. Mientras ellos se han echado a la calle, los demás seguimos lamentándonos en el sofá, el bar o la oficina. Pero hartos estamos todos. O casi todos.

El país bizcochable
Nos hemos convertido en la patria del pensamiento débil. Del sentimentalismo autoexculpatorio
HERMANN TERTSCH ABC  20 Mayo 2011

YA sabemos que en este país todo es perfectamente bizcochable. No ya las opiniones, por supuesto. Me refiero a los hechos, tan opinables ya como las opiniones mismas. Uno de los muchos legados envenenados de la era Zapatero será sin duda que todo es discutible y discutido. Habrá quien diga, no sin razón, que la cosa viene de antes y que precisamente en ella está el origen de la irresistible ascensión de un personaje como el actual presidente del Gobierno.

Sólo en una sociedad en la que la capacidad de criterio ha saltado por los aires, como las europeas de los años treinta o la España actual, pueden darse líderes de este tipo, sin despertar mecanismos de autoprotección y limitación de daños. No los ha habido. Nos hemos convertido en la patria del pensamiento débil. Del sentimentalismo autoexculpatorio, del victimismo omnipresente y la autocompasión irresponsable.

Por eso, por lo que se antoja una termita subcultural que nos ha corroído el criterio, tenemos los gobernantes que tenemos y todo es perfectamente discutible. Y por supuesto discutido. La nación y la crisis lo eran y son. Pero también los parados, las responsabilidades, las estadísticas, las cifras y los acontecimientos. Y también las leyes.

Ya nos habían ido acostumbrando con gobiernos regionales que se pasan las sentencias del Tribunal Supremo por el arco de triunfo. ¿Por qué no iban a despreciarlo ellos también como lo hacen los miembros del Tribunal Constitucional? Malear y bizcochar las leyes se ha convertido en especialidad de los gobernantes. Con esos mimbres, algo había que esperar ahora que las encuestas pintan bastos para los insensatos e irresponsables que nos han gobernado.

Y hay que reconocer que, con lo ineptos que son para casi todas las tareas que les asignó un electorado tan iluso como ilusionado, para la mentira y la intriga son campeones. Y también para producir cortinas de humo infinitas. Y aquí la tenemos de nuevo, ahora hablando de la «crisis del sistema», cuando lo que hemos tenido ha sido una catástrofe dolosa de Gobierno. Y de nuevo a movilizar el pensamiento débil, con su cóctel de resentimiento social, antifascismo años treinta y soluciones extraparlamentarias parafascistas.

El desastre económico que se ha producido durante esta legislatura en España no tiene precedentes en tiempos de paz. Y ahí sí que podemos ver que los empeños de los dirigentes socialistas por buscar paralelismos con los años treinta han triunfado trágicamente. Gran parte de las conquistas en seguridad y bienestar de varias generaciones de españoles se han hundido bajo este Gobierno socialista. Las dimensiones del daño y los dramas humanos resultantes consuman una auténtica tragedia griega. Y no sólo porque los griegos, también con un gobierno socialista, sean otra de las sociedades del sur de Europa que han sufrido esta catástrofe. Que no se ha producido en el resto de Europa, donde los países adoptaron decisiones duras. Pero ya han salido de la crisis. Tienen los niveles de desempleo más bajos desde hace décadas. Y crecen a un ritmo saludable. Y sobre todo, tiene esperanza.

Estas manifestaciones —realmente la única relevante es la de Madrid— con una mayoría de participantes de buena fe, han emitido mensajes con deseos y ambiciones encomiables. Todo lo demás han sido mensajes ideológicos de la izquierda. De la izquierda radical o de la que ha gobernado en los años en que se ha producido el desastre que ha sacado a la calle a los manifestantes. Que ha secuestrado al movimiento y también la campaña electoral de todos los españoles. Regodeándose en su desafío a la legalidad. Con un Gobierno que dice que no aplicará la ley para evitar problemas. Lo dicho, todo bizcochable.

El cisne negro de la deuda
JOSÉ ANTONIO NAVAS ABC  20 Mayo 2011

La Constitución de 1978 no ha consagrado un modelo de estabilidad presupuestaria y la anarquía fiscal de las comunidades autónomas y corporaciones locales ha propiciado una tendencia al déficit y a la deuda que es imposible de soportar en medio de la gran recesión.

La economía nacional está en ese momento crítico que sirve para identificar un hecho catastrófico surgido de causas perfectamente conocidas pero de consecuencias totalmente imprevisibles. Es lo que se conoce como el cisne negro, derivado de un agujero más oscuro todavía, que desplegará sus alas a partir del próximo lunes, cuando los nuevos equipos de gobierno levanten las alfombras de las haciendas territoriales en España.

Los mercados están con la mosca tras la oreja después de la denuncia publicada en medios anglosajones sobre una presunta deuda encubierta en nuestro país de más de 26.000 millones de euros. En las cancillerías de la Unión Europea, Alemania especialmente, temen ahora que su protectorado sobre España fracase por culpa de una contabilidad garantista con las normas comunitarias, pero irreal en los momentos de pánico que asolan el mundo desarrollado.

La laxitud interpretativa de empresas, organismos y entes autonómicos o municipales que operan al margen de los esfuerzos de consolidación fiscal ha creado un pozo sin fondo que los nuevos administradores van a cegar deprisa y corriendo para no convertirse en cómplices de sus antecesores manirrotos. A ello se une otro mecanismo perverso de generación de deuda a través de los impagos impulsados por el Estado de las Autonomías en los últimos meses y que las estimaciones sectoriales sitúan en más de 30.000 millones de euros, de los que un tercio corresponden a la Sanidad.

Los dos guarismos acumulados amenazan con propulsar la deuda pública fuera de la órbita de control comunitario. Los actuales gobernantes están convencidos de que España no es Grecia, pero los futuros dirigentes políticos tendrán que llevar a cabo un ajuste espartano si no quieran que Europa nos termine confundiendo.

Otrosidigo Cooficialidad e ideología
CELSO FERREIRO. La Opinión  20 Mayo 2011

La cooficialidad cosmética de Núñez Feijóo y la toponimia establecida por Fraga no han conectado con la mayoría. Unión Coruñesa, y más tarde el Partido Popular, conocedores de esta realidad, trataron de reducirla al silencio, mediante artificios que no conectan con la verdad cotidiana, han articulado proyectos para clarificarla. La realidad, insistimos, ha sido arrumbada, singularmente, donde gobiernan los bipartitos y sustituida por muecas guiñolistas. En La Coruña, con la complicidad de Losada, los nacionalistas quisieron vincular la L a una ideología ultra o de reticencias hacia el vernáculo. Incluso intentó falsificarse el pasado, porque el paletismo es el ismo de la nueva vanguardia, sin considerar que si bien la memoria es frágil, la Historia no se puede revisar, sí enjuiciarse. La L no tiene afiliación política, ni responde a posturas elitistas, ni mucho menos a gallegofobia, en una ciudad, como La Coruña, donde el bilingüismo entre sus ciudadanos es un ejemplo de armonía.

Aquí se entiende que las lenguas que más prosperan son las que evolucionan en libertad. Por tantas razones, no pueden erigirse en pedáneos quienes, cínicamente, hablan de imposición de la lengua oficial y se aplican en su exclusión. O sea, como con Franco, pero contra el segundo idioma oficial del mundo y el gran tesoro cultural de España. Todo esto sucede por haberse convertido el socialismo regional en pasavolante, sometido al BNG. Decía Ghandi: "No hay que pactar con el error, aunque parezca sostenido por textos sagrados". La Coruña, abierta y tolerante, siempre se ha caracterizado por defender los derechos civiles, la convivencia en libertad y, sobre todo, por hacerlo de nociones mínimas de respeto sobre nosotros mismos.

Por tercer año consecutivo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha emitido un informe en el que por tercera vez denuncia que la política lingüística aplicada en Cataluña vulnera los derechos humanos. El estudio -correspondiente a 2010- insiste en la discriminación que supone impedir "recibir la educación en la lengua mayoritaria del país, el castellano". El informe recoge asimismo las sentencias del Tribunal Supremo y el exigir a los profesores, a tiempo completo, en las universidades públicas y privadas, examinarse del nivel C de catalán.

Se abre una brecha en el régimen socialista andaluz
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2011

Mientras el foco informativo se mantiene en la Puerta del Sol, en Andalucía ha tenido lugar un suceso importante: UGT y CCOO, sindicatos oficiales del régimen en que vivimos, se han quedado sin representantes en las elecciones de delegados de los funcionarios de la Junta de Andalucía. La región gobernada por el PSOE desde hace treinta años es la culminación del proyecto que tienen los socialistas para España: una sociedad aborregada, empobrecida, caciquil y completamente sometida al sector público. Pero esta derrota muestra una grieta en el control casi perfecto que permitió a Chaves gobernar casi veinte años.

A primera vista, la razón es la ley que permite convertir en funcionarios con todos sus derechos al numerosísimo personal laboral contratado a dedo por la Junta a lo largo de los años. Se consideren o no razonables los privilegios con que cuentan los funcionarios en comparación con el resto de los trabajadores, lo que resulta inadmisible es que se extiendan a quienes no han demostrado más mérito que el de llevar bien agarrado el carnet del PSOE en la boca. Quienes más han protestado contra la medida han sido precisamente los mismos funcionarios, que han demostrado su indignación en las calles y, después, en las elecciones sindicales.

Ante ese asalto al funcionariado andaluz, UGT y CCOO han preferido apoyar a la Junta, como buenos representantes del régimen que han sido siempre. Los resultados de las elecciones sindicales de este jueves los colocan completamente fuera, cuando en España el principal y casi único lugar donde ejercen es precisamente el sector público.

El Gobierno de Griñán ha querido perpetuar el control socialista de la Junta de Andalucía aun en el caso de que pierdan alguna vez las elecciones, asegurándose de tener a los suyos ahí colocados hasta la jubilación. UGT y CCOO, esos apéndices políticos disfrazados de sindicatos, han sido las primeras víctimas de este intento de forzar la máquina. Pero que se haya abierto esta brecha en el sistema implantado por Chaves para garantizar que el PSOE se eternice en el poder no significa que se vaya a romper. Para eso hace falta que pierdan unas elecciones, y el ganador se esfuerce en desmontarlo. Y ambas cosas parecen aún algo lejanas.

Espíritus en Moncloa
Nota del Editor 20 Mayo 2011

Como hay mucho material para criticar, lo agrupo a continuación y escribo un pequeño comentario: hay quienes creen que una manifestación se monta como
una clara de huevo, y demuestran que no han intentado montar ninguna contando con una mano delante y una detrás. Otros critican que la concentración sea en la Pauerta del Sol y no en Moncloa, peor ni van a la Puerta del Sol, ni les hemos visto en Moncloa, pues el único que ha estado por allí es un tal Quiñones, que ha conseguido aguantar varios años, y ya ven los resultados.

Otros dicen que hay que cumplir la ley, pero sólo a los que están en la Puerta del Sol, pues eso de cumplir la ley no cuenta para la Generalidad de Cataluña, por ejemplo, que se pasa las sentencias por el arco del triumfo, y estos valientes se quedan mudos. Otros dicen que hay que cumplir la ley, y permiten que con nuestros impuestos se financie a los terroristas, y tampoco dicen nada. El TC dice que los niños no tienen derecho a estudiar en su lengua materna española, y todos callados. Otros dicen que para quejarse y reclamar, hay que usar los cauces legales, o sea, los partidos políticos, que se han cuidado muy bien de blindarse, con nuestro dinero, para que nadie les haga la sombra, y así podría seguir.

Si conseguimos que los otros malos no se hagan dueños de la situación, es posible que España mejore cn esta explosión de rebeldía contra más de treinta años de ninguneo de la ciudadanía.

La revolución reaccionaria
Los ‘indignados’ pueden convertirse, asimismo, en un arma muy valiosa.
Fernando Díaz Villanueva www.gaceta.es 20 Mayo 2011

Una de las tácticas que Lenin recomendó a los mandarines del Partido Bolchevique para hacerse con el poder consistía en montar organizaciones pantalla, aparentemente no relacionadas con el partido, que habrían de servir para llegar a nuevos graneros de votos. Así, los primeros bolcheviques se apoderaron de los más variopintos movimientos que, en principio, eran refractarios al ideario comunista, ya entonces un guiso muy pesado para los estómagos de los pequeños comerciantes, los campesinos con tierra o los artesanos. Una vez conquistado el poder, única razón de ser de la izquierda desde sus orígenes leninistas, caían las pantallas y, con ellas, la vida y hacienda de los que osasen disentir.

Aquella recomendación del genuino padre del socialismo fue llevada a la práctica por sus sucesores en todo el mundo. Allá donde los ideólogos izquierdistas han encontrado una causa tras la que esconderse, se han aprovechado de ella. Es lo que, con el tiempo, han terminado denominando “luchas” –en plural–, que han ido variando y evolucionando dependiendo de la época. La izquierda actual se ha apropiado, por ejemplo, de causas justas como la defensa del medio ambiente, la igualdad entre el hombre y la mujer o la promoción de la paz. El ecologismo, el feminismo o el pacifismo constituyen de este modo simples medios que sirven a un fin superior: el de garantizar el usufructo del poder a la camada socialista.

En la España de nuestros días, sacudida por una severa crisis económica provocada en gran parte por el Gobierno socialista, era esperable que el descontento –especialmente el juvenil, cuya tasa de desempleo supera el 40%– aflorase por algún lado. Y ahí, como hace 100 años, ha estado ágil la izquierda de hoy utilizando las técnicas de la izquierda de ayer. Han detectado por dónde podría romper esa insatisfacción, han esperado pacientemente a que fuese tomando forma y, una vez su causa ha sido reconocida, la han cooptado para ponerla al servicio de sus fines. Esa es la razón por la que el manifiesto de la plataforma Democracia Real Ya apesta a socialismo rancio de principio a fin, o el motivo por el que los jóvenes indignados incurren en tantas contradicciones, algunas de bulto, como abjurar del Estado y sus políticos… pidiendo más Estado y más políticos, siempre que estos sean, cómo no, intervencionistas hasta la náusea.

La protesta ha quedado así diluida en un indigerible engrudo botellonero a medio camino entre mayo del 68 y la Facultad de Políticas de la Complutense. Los indignados, cuyo manifiesto es una copia bastante deficiente del programa electoral de Izquierda Unida, en vez de erigirse en una amenaza para los que mandan son una oportunidad para que estos se valgan de su fuerza para amarrarse al poder. Un movimiento, en definitiva, perfectamente manipulable por los más convencidos.

De hecho, en cierto modo, ya está siendo así. Los que en origen se presentaron como apolíticos e hicieron de la etiqueta “No les votes” su bandera, el miércoles ya decían que su objetivo era acabar con el bipartidismo al tiempo que pedían el voto para los partidos minoritarios. A escala nacional sólo existe un partido que cumpla ese requisito y se siente en el Parlamento: Izquierda Unida, de ahí que Cayo Lara no tardase en subirse al carro de los amotinados, al tiempo que el programa y las consignas de los mismos se radicalizaban unos cuantos grados. No ha sido el único. Los líderes socialistas, sabedores del batacazo electoral que les aguarda, se han apuntado entusiastas otorgando carta de legitimidad al así llamado “movimiento 15-M”, que, a estas alturas, poco tiene de apolítico y mucho, en cambio, de algarada callejera.

A la izquierda no le importa tanto que lo que estén haciendo –ocupar ilegalmente una céntrica plaza de Madrid– sea poco democrático, como los réditos electorales que puedan obtener el domingo. Si PSOE e IU movilizan, aunque sea en parte, una porción de ese electorado joven que, con toda la razón, le da la espalda, habrá merecido la pena el esfuerzo. Los indignados pueden convertirse, asimismo, en un arma muy valiosa de cara a sitiar al adversario, tal y como ocurrió durante las campañas electorales de 2003 y 2004, cuando grupos de radicales de izquierda asaltaron sin el menor rubor las sedes del Partido Popular.

Todo esto lo pueden conseguir, además, con el aplauso de los medios y la mirada cómplice de la sociedad civil, que sí está genuina y lógicamente indignada. Pero, por muy mal que vayan las cosas, de nada serviría tratar de arreglarlas con una receta que incluye más de todo lo malo que nos ha llevado a esta situación. España está en crisis por exceso de políticos y una sobredosis de Estado. Lo último que necesitamos es reincidir en los viejos vicios intervencionistas e hiperreguladores que nos han conducido a esta situación. Y eso es lo que proponen estos, los indignados del 15-M.

*Fernando Díaz Villanueva es historiador, periodista y analista del Instituto Juan de Mariana.

El 15-M, por la calle de en medio
Editorial www.gaceta.es 20 Mayo 2011

Hasta ZP ha tratado de capitalizar la protesta con su hipócrita: “Hay que escucharles”. Veremos si el PSOE cede a la tentación del maniobrerismo en una jornada de reflexión.

La Asamblea del 15-M tira por la calle de en medio y mantiene su revolución cívica, al margen de la Junta Electoral Central. No sólo van a mantener la acampada en la Puerta del Sol, sino que han convocado una manifestación para mañana, jornada de reflexión, lo que, desde el punto de vista democrático, no es de recibo, ya que puede influir en el derecho al voto. Los asamblearios reivindican su ADN transversal y regeneracionista y justifican su actitud alegando que el movimiento “nada tiene que ver con las elecciones ni con los partidos”.

Muchos de los manifestantes, con razones justificadísimas para la indignación, no tienen, en efecto, nada que ver con los partidos. Pero quienes mueven los hilos del 15-M y dirigen las asambleas saben que tal sofisma se cae por su propio peso de puro ingenuo. Si no tiene nada que ver con las elecciones, ¿por qué lanzan su órdago a cuatro días de los comicios? Si no tiene nada que ver, ¿por qué muchas de sus consignas parecen sacadas del programa de IU? Si no tiene nada que ver, ¿por qué están siendo avalados por las voces de Cayo Lara, Tomás Gómez o Almodóvar –el mismo que tiró la piedra y escondió la mano, cuando insinuó que el PP estaba detrás de un golpe de Estado–? Hasta el mismísimo Zapatero trataba de sacar tajada con su hipócrita aparición en escena: “Hay que escucharles, porque hay razones para ese descontento”.

Precisamente porque la marea del 15-M está atrapada en una malla de intereses políticos, es un grave error permitir la manifestación en plena jornada de reflexión. La tensión entre un Constitucional más tribunal político que nunca y la Junta Electoral con criterios claramente enfrentados puede arrojar alguna pista sobre lo que se ventila en la trastienda política del 15-M. Ya la Junta Electoral de Madrid prohibió la concentración del miércoles por considerar que “la petición del voto responsable” que reclama el 15-M podría “afectar a la campaña electoral”.

Los mismos argumentos serían aplicables a la jornada de reflexión, corregidos y aumentados. Pero el Constitucional no lo ve así. Una sentencia de 2010 avala la celebración de manifestaciones en jornadas de reflexión siempre que la capacidad de influir en el electorado sea “remota”. No parece el caso. En primer lugar, porque los mensajes emitidos por las organizaciones que capitalizan el 15-M van más allá de la simple protesta ante el sistema. Junto con propuestas genéricas e incluso higiénicas para la democracia –reforma de la ley electoral, listas abiertas, etc.–, hay peticiones muy concretas de signo estatista y de izquierdas: nacionalización de la banca, expropiaciones e intervencionismo. Y, en segundo lugar, porque la capacidad de influir en el electorado no tiene nada de remota: la Puerta del Sol, tomada por cámaras de todo el mundo se ha convertido un plató tan global y multitudinario que ha eclipsado la campaña electoral... Ningún político podía imaginar tribuna más privilegiada para lanzar sus propuestas.

¿Será casualidad que el ponente de la sentencia de 2010 fuera Pascual Sala, actual presidente del Constitucional? En esta, como en otras decisivas batallas, el Alto Tribunal va a la contra del criterio jurisdiccional y se alinea con los intereses del zapaterismo. Ocurrió con la luz verde a Bildu, en contra de la sentencia del Supremo, y todo indica que va a ocurrir con la supresión de la doctrina Parot, en contra también del TS, que acaba de aplicarla en el caso del asesino en serie de Villarobledo.

El envite pone contra las cuerdas al ministro del Interior, que ya el miércoles se vio ante una endiablada tesitura: hacer cumplir la ley y cargar contra los manifestantes para disolverlos... o cruzarse de brazos ante los concentrados, lo que implicaba consentir esa ilegalidad. Rubalcaba se ha encontrado con la horma de su zapato, siete años después del asalto al poder que él mismo propulsó los días del 11 al 14 de marzo de 2004. Parafraseándole a él mismo, no nos merecemos a un Gobierno que se vea desbordado por el 15-M y no sea capaz de hacer cumplir la ley. Complicada papeleta.

Rubalcaba no puede arriesgarse a enviar a los antidisturbios contra los jóvenes que han perdido su trabajo por culpa del Gobierno. La foto en los grandes rotativos del mundo sería demoledora.
Ellos se lo han buscado. Primero, hundiendo en el colapso al país próspero que heredaron tras la gestión de Aznar; segundo, generando frustración en una sociedad indignada; y tercero, mediante el innoble maniobrerismo consistente en querer aprovechar la protesta del 15-M para capitalizarla electoralmente. Innoble porque –es preciso insistir– los causantes del desaguisado son Zapatero y sus ministros, y no el PP.

Pero la prohibición de la Junta Electoral pone al PSOE en un brete. Es todo un poema ver a Rubalcaba justificar la inacción de los antidisturbios con el argumento de que “las actuaciones deben ser oportunas y proporcionadas”. La ley no es cuestión de oportunidad o de inoportunidad... O se cumple o no se cumple... Y es patético verle decir que “la Policía busca resolver problemas y no crearlos”. Veremos cómo resuelven Rubalcaba y el Gobierno el problema generado en Sol.

Las próximas horas pueden ser cruciales para comprobar si cede a la vieja tentación de aprovechar momentos de conmoción y jornadas de reflexión para manipular elecciones. Lo hizo en 2004, cuando, a través del sms, recondujo el malestar ciudadano contra el PP; y es difícil creer que se vaya a quedar de brazos cruzados el Gobierno a cuyo presidente le interesa “que haya tensión”.

Pescar en rio revuelto
Alejo Vidal-Quadras www.gaceta.es 20 Mayo 2011

La lectura del manifiesto del movimiento “Democracia Real, Ya” no arroja demasiadas precisiones sobre la base conceptual y los objetivos de esta corriente ciudadana de protesta.

Produce cierta inquietud que entre la serie de valores que invocan sus integrantes, la igualdad, la solidaridad y la sostenibilidad ecológica, no figure la libertad, el eje y el centro de una vida humana digna. Quizá por eso en sus concentraciones los periodistas que acuden a realizar sus tareas informativas son zarandeados, escupidos e insultados, porque estos partidarios de la democracia real e inmediata no consideran que la libertad de expresión sea un requisito de una sociedad deseable.

Probablemente esta sea también la razón por la que otra iniciativa paralela, la llamada “Jóvenes sin Futuro”, cuenta entre sus filas a los energúmenos que irrumpieron en diversas capillas universitarias, interrumpiendo el oficio y sometiendo a vejaciones al sacerdote y a los fieles que allí se encontraban, porque tampoco creen en la libertad de culto. En cuanto a metas tales como el progreso, el bienestar o la felicidad, enunciadas así, en términos genéricos y declamatorios, no aportan demasiado y de hecho en su nombre se han cometido atrocidades sin cuento.

Otras de sus reivindicaciones, el derecho a la vivienda, a la educación, a la sanidad, a la participación política y al consumo de los bienes necesarios para una existencia saludable y dichosa, se supone que son conscientes de que ninguna de estas cosas es gratuita y que previamente a su disfrute hay que generar los recursos para financiarlas, lo que implica un modelo productivo competitivo del que forme parte el ahorro, la inversión, el esfuerzo, la productividad, el estudio y la innovación tecnológica, elementos todos ellos ausentes en su proclama. No queda en absoluto claro cuál es su fórmula frente al que denominan “antinatural modelo económico vigente”, ahora bien, si se refieren como contraria a la naturaleza a la economía de mercado adecuadamente regulada, la alternativa ya ha sido probada y conduce a la generalización de la miseria.

Por tanto, estas aglomeraciones alborotadas que expresan su rechazo y su descontento en esta etapa de crisis demuestran de momento una empanada mental de preocupantes proporciones. En lo que sí aciertan es en la crítica inmisericorde a la partitocracia y a la corrupción, así como en la denuncia de la actuación egoísta de una casta política que pone sus intereses parciales por encima del interés nacional. Pocos se habrán sorprendido de que en medio de este despliegue de ruido y de furia, el taimado Rubalcaba haya lanzado su caña a tan turbulentas aguas y haya invitado a los manifestantes a votar a los candidatos socialistas bajo el sublime pretexto de que son “sus amigos” y el PP sus “adversarios”.

Es obvio que el ministro del Interior no ha leído el manifiesto de la alegre fanfarria de demócratas reales e impacientes en el que también se pone a su formación a caer de un burro. O bien, a pesar de conocerlo, nos demuestra una vez más su capacidad de rápida adaptación a las revueltas sin importarle que sean las que organiza él mismo o las que le vienen dadas de otras latitudes más agrestes.

Movimiento manipulado
El Editorial La Razón 20 Mayo 2011

Los acampados en la Puerta del Sol han cumplido su quinto día de protestas y anoche, tras conocer la decisión de la Junta Electoral Central de prohibir las manifestaciones del día de reflexión, no sólo no depusieron su actitud sino que advirtieron que mantendrán las concentraciones en toda España, sin que se tengan noticias de la autoridad gubernativa, que asiste entre complaciente y paternal a la ilegalidad que supone la ocupación del centro neurálgico de la capital de España. El Gobierno ha justificado su pasividad ante la movilización antisistema y de ultraizquierda en un discurso que no encaja en un Estado de Derecho. El vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, principal responsable de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, explicó que «la Policía busca resolver los problemas y no crear más».

Que los responsables de la seguridad renuncien a preservarla es un hecho grave. Las leyes están para cumplirlas y la Junta Electoral Central dictó en este sentido una resolución y un mandato clarísimos que fueron incumplidos en un acto de desobediencia. Resolver problemas en democracia es acatar y hacer cumplir las resoluciones de los organismos y no cruzarse de brazos mientras la situación se enquista sin un desenlace tranquilizador. Precisamente, el abuso y el atropello comienzan cuando la Ley, las normas que regulan nuestra convivencia, no se respetan o cuando se supedita la libertad de una mayoría a la voluntad de una minoría por unos intereses que, desde luego, no son los generales. El Gobierno ha tenido tiempo y medios para devolver la Puerta del Sol a la ciudad pero ha preferido amparar el desafío. ¿Habría hecho lo mismo si la algarada se hubiera celebrado ante La Moncloa o Ferraz? Con toda seguridad, no. Pero tiene su explicación.

Ayer se conocieron las principales propuestas del recetario político, social y económico de los autodenominados «indignados». El discurso que emana de estos grupúsculos es el de la izquierda más trasnochada y rancia, en línea con principios del comunismo extraviado de IU: la subida de impuestos, la «expropiación» de viviendas en supuesto desuso, la ocupación de espacios públicos, el derecho a la tierra y al dinero público, la nacionalización de los bancos, el derecho a una vivienda digna o el alquiler social. También defienden cambios en la ley electoral, someter más leyes a referéndum, reducción de los privilegios, denuncia del Concordato con la Santa Sede o una consulta sobre monarquía o república.

Es un sarcasmo que el PSOE, el autor del mayor recorte del Estado del Bienestar, se alinee con quienes piensan así. La izquierda ha edulcorado la realidad de una movilización no espontánea, de carácter involucionista, que persigue perturbar unas elecciones que tienen un pronóstico favorable al PP. En el río revuelto de la frustración y la irritación social provocada por siete años de Gobierno socialista, han echado la caña la izquierda radical y de la pesca hay varios partidos que aspiran a darse un banquete, empezando por el PSOE, el único partido de Europa que en vez de gobernar para sacar a su país de la postración económica sólo se dedica a hacer oposición de la oposición.

Mayoría silenciosa
En apenas unos días, una minoría organizada y atrincherada en el centro del país ha pasado de reventar la campaña electoral a reventar la ley.
Óscar Elía www.gaceta.es 20 Mayo 2011

En apenas unos días, una minoría organizada y atrincherada en el centro del país ha pasado de reventar la campaña electoral a reventar la ley, manteniendo y ganando el pulso a unas autoridades que no quieren o no pueden garantizar el orden público, ya a expensas de los amotinados. Camino a la jornada de reflexión del sábado, el país ya se ha dejado la ley hecha jirones, ante el entusiasmo de periodistas e intelectuales, para los que el sobresalto de la revolución -por fingida que sea- es más atractivo que el aburrido procedimiento democrático que tendrá lugar el domingo. Asisten como niños entusiasmados a la pseudorevolucionaria representación teatral de la Puerta del Sol, que por otro lado ha puesto en fuga a una clase política no caracterizada precisamente por la valentía.

Mientras unos juegan a la revolución y otros a retransmitirla, la normalidad y la seguridad jurídica estallan en vísperas de unas elecciones municipales y autonómicas, pero a nadie parece importarle en estos momentos demasiado.

En verdad, la amenaza de violencia es violencia, y cuando busca romper un proceso electoral y destruir la jornada de reflexión, linda con el golpismo; y como todo golpismo, siempre encuentra una sublime causa y una solemne justificación. Así ha sido siempre y así lo será en la historia de los despotismos revolucionarios. ¿Qué queda más allá de la cobardía de la clase política y el lúdico entusiasmo televisivo que celebra el incendio? La mayoría silenciosa -esa que desprecian e insultan los acampados y aburre a los medios- que indignada o no, enfadada o no, con ganas de votar o no, ni rompe la ley ni se divierte morbosa con su ruptura. A esta mayoría silenciosa, que presiente los males que se esconden tras las algaradas callejeras, corresponde poner fin al tragicómico espectáculo votando el próximo domingo. Esta sí, por la libertad.

Protesta y democracia
Editoriales ABC 20 Mayo 2011

LA opinión pública reconoce que los acampados en la Puerta del Sol tienen motivos para sentirse defraudados, aunque los manifestantes pierdan buena parte de sus razones distribuyendo culpas de manera genérica, pero ideológicamente orientadas contra el sistema democrático liberal. Hay una reacción social de empatía ante una crisis que ha arruinado las expectativas de media juventud española, pero es muy distinta la valoración que merecen las propuestas que ha alumbrado esta asamblea del centro de Madrid, porque si se pusiera en práctica la mayor parte de ellas —de un izquierdismo absolutamente trasnochado— la crisis sería aún peor. Entre las propuestas que ayer recibieron más apoyo en las asambleas realizadas a mano alzada en la plaza estuvieron la supresión de la Audiencia Nacional, el apoyo a la III República y la derogación de la ley de Partidos, que tantos éxitos y provechos ha generado en la lucha antiterrorista. Inquietante.

En cualquier caso, todo ciudadano tiene derecho a expresarse y a decir lo que crea oportuno, siempre que no incite ni justifique la violencia. Ahora bien, actualmente hay un proceso electoral en marcha que finaliza el próximo domingo. No es admisible que las jornadas de reflexión y votación vayan a estar marcadas por estas protestas, que tienen una clara intencionalidad electoral, aunque solo sea la de, supuestamente, disuadir a los ciudadanos de que vayan a votar. Otras interpretaciones más detalladas podrían incluso perfilar tendencias políticas concretas en el planteamiento de este movimiento de indignación. La lista de asociaciones o colectivos que han respaldado públicamente este movimiento o que han invitado a sumarse a él —en su inmensa mayoría procedentes de la izquierda radical y antisistema— y la ubicación del campamento base de esta protesta asamblearia frente a la sede del Gobierno autonómico de Madrid no resultan gratuitas y aportan bastantes pistas.

Y quizá consciente de esa adscripción ideológica, y de que su abstención podría empeorar el mal panorama que ya dibujan las encuestas del 22-M, los dirigentes del PSOE —el primero, su secretario general— se han lanzado a dar la razón a los «indignados», pero sacudiéndose cualquier responsabilidad en la situación de crisis derivada de su mala gestión, pese a llevar casi ocho años gobernando España. No es previsible que ese cinismo, ese echar la culpa al empedrado, sirva para convencer a los acampados y a quienes los secundan de que les den sus votos en las elecciones del domingo para así neutralizar el ascenso del PP.

La resolución de la Junta Electoral Central, adoptada al filo de la medianoche de ayer, de prohibir las concentraciones durante el sábado y el domingo es la tercera declaración de ilegalidad que recae sobre este movimiento asambleario, aunque las anteriores no tuvieran efecto alguno por la pasividad del Ministerio del Interior y de la Delegación del Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba se ha justificado con el argumento de que un desalojo «no es la filosofía» de la Policía. Independientemente de lo que pueda hacer hoy en cumplimiento de la decisión de la JEC, convendría recordar al titular de Interior que la Policía no está para filosofar, sino para hacer cumplir la ley electoral y —llegado el caso, dados los planes de los antisistema— proteger mañana la jornada de reflexión, llamada así porque en ella no se pueden realizar actividades políticas que influyan en el voto de los ciudadanos. El Estado de Derecho tiene unas reglas cuyo incumplimiento quizá guste a parte de la izquierda, acostumbrada a no respetar las jornadas de reflexión, pero que representa una agresión a la democracia.

Brindis en Sol
Javier Quero www.gaceta.es 20 Mayo 2011

El día que la sentada sea en el cuarto de estar de Zapatero, que me avisen. Muchas veces hemos denunciado la abulia de una sociedad que ni siente ni padece.

Tanto tiempo deseando que los ciudadanos escenificaran su indignación en la calle y que los jóvenes alzaran la voz y se liberaran de la molicie de su conformismo indolente, que ahora que algunos lo han hecho no nos lo creemos. En el editorial de LA GACETA de ayer se hablaba de “la indignación de una sociedad que no siente representada”.

Debería haberse escrito “se siente”, pero una errata lo evitó. Se siente. Tampoco queda mal así, pues en demasiadas ocasiones hemos denunciado la abulia de una sociedad que ni siente ni padece. Sentir y sentirse no son la misma cosa. Los ciudadanos sienten en sus carnes los errores de un Gobierno que ni lo siente ni se siente culpable.

Lo deseable es que ese sentimiento se deje sentir en la calle, pero dudo si ese es el sentido de esta sentada. No faltan razones para la sospecha sobre sus principios y sus fines. Denominar espontánea esta manifestación es como llamárselo a esos maletillas que saltaban al ruedo pertrechados de muleta y estoque.

Un individuo que accede al tendido de una plaza portando los trastos de torear es porque, con premeditación, ha planeado plantarse ante el toro. Y a ese también lo llamamos espontáneo. Tampoco contribuye a creer en las intenciones de los organizadores de esta protesta no organizada que se hayan apeado cinco estaciones de Metro antes de lo debido, que son las que separan Puerta del Sol de Moncloa. Allí, en Moncloa, no sé si lo saben, es donde vive el irresponsable de los cinco millones de parados, el que demuestra su talante negociando por detrás y desmintiendo por delante, el que negó la existencia de la crisis, el insensato incapaz de tomar medidas hasta que se las impusieron otros países... El día que la sentada sea en el cuarto de estar de Zapatero, que me avisen, que me ofrezco como espontáneo a acudir y permanecer el tiempo que sea necesario.

Sin duda, muchos de los dispuestos a pasar los lunes en Sol actúan para reclamar desde su verdad la reforma de esta democracia más falsa que los Rolex de 20 euros. Pero no descarten que ellos mismos, sin saberlo, estén protagonizando una película cuyo guionista y director, titulado en descrédito, no aparece en los títulos de crédito.

El movimiento se demuestra andando. La acción no puede ser la inacción de permanecer en una plaza brindando al Sol. Son necesarias las ideas, y las escuchadas hasta ahora sólo sirven para una redacción de tercero de Primaria titulada “Qué harías tú para cambiar el mundo”.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
El voto no suspende otros derechos fundamentales
Si la finalidad de estas convocatorias no es captar sufragios para las diferentes candidaturas, cosa que parece evidente, debe permitirse que se ejerza el derecho de reunión
MIGUEL ÁNGEL PRESNO LINERA El Correo 20 Mayo 2011

PROFESOR TITULAR DE DERECHO CONSTITUCIONAL EN LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO

Hace una semana resultaría difícil concluir que una de las cuestiones clave de la campaña electoral previa a las elecciones municipales y autonómicas del día 22 de mayo sería el ejercicio, durante este período, de derechos fundamentales garantizados en nuestra Constitución como la libertad de expresión y el derecho de reunión.

Resuelto por el Tribunal Constitucional otro de los asuntos controvertidos -la participación de las candidaturas promovidas por la coalición electoral Bildu- parecía que lo único relevante era el sentido en el que ejerceríamos el voto los ciudadanos. Sin embargo, desde el domingo pasado y, en especial, a partir de la tarde del miércoles, los focos se han centrado en las concentraciones convocadas por el movimiento ¡Democracia real ya!, con amplio seguimiento en Madrid y de forma algo más contenida en la mayoría de las ciudades, incluidas Bilbao y Vitoria. A avivar el debate ha contribuido en gran medida el sentido de las resoluciones de varias juntas electorales provinciales, prohibiendo dichas concentraciones.

Desde una perspectiva jurídico-constitucional, que es la que aquí se pretende, lo primero que resulta cuestionable es precisamente la asunción por las juntas electorales provinciales de competencias en esta materia. Al respecto, la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) es clara: deben conocer de la «celebración de actos públicos de campaña electoral» y la propia ley resuelve qué actos son esos: «El conjunto de actividades lícitas llevadas a cabo por los candidatos, partidos, federaciones, coaliciones o agrupaciones en orden a la captación de sufragios». Por tanto, es acto electoral sujeto al control de las juntas el que llevan a cabo los que se presentan a las elecciones y en el que se pida el voto. Luego no es acto sobre el que deban pronunciarse el que desarrollan otros actores, políticos o no, y en el que no se pide el voto para una candidatura en particular. Por todo ello, las juntas electorales tendrían que haber rechazado pronunciarse sobre esta cuestión, que es competencia propia de las respectivas delegaciones del Gobierno.

Pero una vez que las juntas han decidido conocer sobre la legalidad de estas convocatorias resulta todavía más censurable que lo hagan desconociendo el valor esencial que en un Estado democrático tiene el ejercicio de los derechos fundamentales de los ciudadanos, ignorando de paso lo que de manera reiterada ha venido resolviendo el Tribunal Constitucional, cuya jurisprudencia debieran conocer y aplicar. En síntesis, el Alto Tribunal sostiene que «el ejercicio del derecho de reunión, del que el derecho de manifestación resulta una vertiente, debe prevalecer, salvo que resulte suficientemente acreditado por la Administración y, en su caso, por los tribunales, que la finalidad principal de la convocatoria es la captación de sufragios» (sentencia del Tribunal Constitucional 170/2008).

Por tanto, si la finalidad de estas convocatorias no es captar sufragios para las diferentes candidaturas, cosa que parece evidente hasta el momento, debe permitirse que se ejerza el mencionado derecho. Y es que en un Estado democrático el debate político no se reduce al debate electoral ni los únicos legitimados para expresarse políticamente son los concurrentes a unas elecciones. Tal cosa debe ser así incluso en la jornada de reflexión, como declaró el Tribunal Constitucional el año pasado cuando anuló, por inconstitucional, una resolución que había impedido conmemorar el Día Internacional de la Mujer por estar convocada el día previo a unas elecciones autonómicas.

Y buscando un precedente mucho más parecido al caso que ahora nos ocupa, encontramos la sentencia 37/2009, donde el Tribunal Constitucional concluyó que «no puede admitirse que la manifestación convocada por SOS Racisme de Catalunya con el lema 'Por el derecho al voto de las personas inmigrantes' se prohíba porque la misma puede tener contenido electoral». Y es que no puede reputarse motivo suficiente para limitar el derecho de reunión que con la manifestación se está favoreciendo «de forma indirecta o subliminal» a aquellas formaciones políticas que muestran mayor apoyo a dicha política. La mera posibilidad de que una reivindicación, en este caso de un derecho como el del sufragio activo y pasivo para todas las personas residentes en un determinado territorio, pueda incidir de una u otra forma en el electorado, se muestra como hipótesis insuficiente para limitar el derecho de reunión en periodo electoral.

Si se puede desarrollar una manifestación en pleno proceso electoral para pedir que tengan potestad para votar quienes hasta ahora no pueden hacerlo, ¿cómo no se pueden convocar actos en los que se pide un ejercicio responsable del sufragio? Y es que en democracia no hay un día del derecho de reunión o de la libertad de expresión; todos los días son aptos para el ejercicio de los derechos fundamentales, salvo, como ocurre precisamente con el sufragio, que se trate de derechos que por la propia previsión constitucional se ejercen cada cierto tiempo.

La campaña basura, el dóberman, la serpiente y Peces-Barba
Pepe Álvarez de las Asturias www.elsemanaldigital.com 20 Mayo 2011

Las campañas electorales sacan lo peor de los peor de nuestros políticos. Lo sabemos. Pero en esta ocasión se están superando a sí mismos. ¡Y mira que lo tenían difícil!

Pensábamos que lo del dóberman como argumento principal para ganar unas elecciones estaba ya superado. Pues no. Le han quitado el bozal y no para de morder.

Va concluyendo la campaña electoral (¡aleluya!) y lo que hemos visto, como siempre, es electobasura. Lo peorcito de cada casa, vamos. Hubo quien dijo que la guerra saca lo peor y lo mejor de los hombres (y de las mujeres), y está claro que las guerras electorales sólo saben sacar lo peor de lo peor. Que, por otra parte, debe ser lo que cada cual lleva dentro, o sea, que son así el resto del año pero lo camuflan (más o menos) hasta que llega el mitin y ahí lo sueltan todo, en gran vomitona dialéctica.

Que se lo digan al tal Manuel López, número dos del PSOE por Jaén, cuyo principal argumento frente al candidato del pp es que hay que "matarlo a hostias" (con perdón); debe haber estudiado en el mismo I.E.E. (Instituto de Elocuencia Electoral) que el "tonto de los cojones" aquél. Y es que todo vale en campaña electobasura, sobre todo si las sobradas vienen de la izquierda.

Ya llevamos meses diciéndolo, que los argumentos tipo "extrema defecha", "derecha extrema", "la derecha más extrema de Europa", "la derecha más a la derecha de Europa", "la derecha de la derecha de la derecha de Europa" "la derecha de la pata derecha del dóberman más facha de Europa" y etcétera, etcétera, etcétera van a aflorar como rojas amapolas en los primaverales campos de batalla electoral. Ya saben, hay que movilizar a las masas, y al parecer las masas socialistas sólo entienden tan razonado argumentario. Que no piensen, pero que voten a la izquierda, argumenta Almudena Grandes, otra gran demócrata. Pues vale. Y mientras, el pp centrado en centrarse en el mismísimo centro del centro, o sea, justo en el centro de la diana. El perfil de Rajoy asegura que "yo voy a hacer oídos sordos a sus insultos huecos." y tiene razón, pero no estaría de más que se centrara en contarnos algo más que los cinco millones de parados, que está muy bien, pero ya nos lo sabemos. Por ejemplo, qué opina de Bildu (en su última entrevista en la SER no dejó muchas pistas: "¿Por qué no hablamos de lo que interesa?" fue su descentrada respuesta).

Ya sabemos que los socialistas son maestros en darle la vuelta a la tortilla, y si son capaces de culpar al pp de los cinco millones de parados (¡manda huevos!), o de acusar al pp de querer desmantelar el estado de bienestar creado por… ¡Zapatero!, después de legalizar a ETA con la complicidad del TC echan la culpa al pp de meter a ETA en la campaña electoral. Hasta Felipe González, el del GAL, se quita la vergüenza de un plumazo y se pone a disparar a Aznar por no luchar contra ETA y a Esperanza Aguirre por recordar que Al Qaeda nunca reivindicó el 11-M, como también reconoció la sentencia del mismísimo Gómez Bermúdez, nada sospechoso de esperanzista.

Pero la palma de la mesura, la elocuencia, el argumento razonado y racional, la limpieza y el respeto al adversario político se la lleva, una vez más, el Padre de la Patria, el Adalid de la Transición, el Hacedor de la Constitución, el insigne Catedrático de Filosofía del Derecho don Gregorio Peces-Barba: "No debemos dejar paso a esos sectores casposos, llenos de rencor y sedientos de riquezas". Y añade, por si las dudas: "No hicimos los socialistas ni la Transición, ni la Constitución con el Rey, con Adolfo Suárez y su UCD, con los nacionalistas más integradores para facilitar el acceso al Gobierno a los antiguos franquistas a los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad." Pues nada, oiga, a la checa con ellos; o mejor, a la fosa directamente y nos ahorramos darles de comer.

Pero hete aquí que quien más ha logrado animar esta campaña basura con su simpatía sin rencores, su nobleza baturra y su talante inmaculado, exento de odios y deseos de venganza es la nueva promesa de la joven democracia vasco-española: Bildu. ¡Olé por Bildu! ¡Bildu txapeldun! Un éxito democrático como no se veía desde la sacrosanta Transición. Y el apoyo del etarra Errandonea al segundo de salir del trullo, el no va más de la expresión democrática y la prueba irrefutable de que ETA quiere democracia y apuesta por la negociación y la solución política del conflicto. ¡Joder con el conflicto, la democracia, la negociación, la solución… y la carne de gallina del TC! Carne de gallina es la que se les ha vuelto a poner a las víctimas de la serpiente, que van a tener que tragarse a cientos de alcaldes y concejales batasunos en los pueblos donde siguen aguantando como valientes, jugándose la vida y la salud mental cada día; alcaldes y concejales que ahora van a tener acceso a los censos, a los datos de todos los ciudadanos (amigos y enemigos) y a cientos de millones del presupuesto que utilizarán en un 80% para la causa (el otro 20% para rreglar el frontón). Ellos son los auténticos ganadores de esta batalla, como se pitorreaba en el macromitin de Baracaldo (9.000 asistentes, ya quisiera Zapatero) Bakartxo Ruiz, número dos de ETA-Legal, entre gritos de guerra abertzales: "No saben lo que han hecho (…) Pretendían silenciar nuestra voz y han conseguido justo lo contrario: somos más fuertes y estamos más unidos". ¡Y tanto! Porque van a por todas. "Que les quede claro a todos. Vamos a continuar con el órdago, no vamos a jugar a pequeña". Pues nada, gracias a Casas y a Zapatero pareja de mus donde las haya, hemos perdido el órdago, la partida, la vergüenza y la dignidad. ¡Viva la democracia!

Al final, la única verdad electoral entre toda esta basura, la ha dicho Tomás Gómez, el Invictus Magnificus: "Me gustaría para Madrid lo que Zapatero ha hecho para España". Esta frase debería estar obligatoriamente a la entrada de todos y cada uno de los colegios electorales, grabada a fuego. Por si las dudas.

enrique dans profesor gallego redactor del manifiesto «no les votes»
«Si estás haciendo una revolución, no se pueden cumplir todas las reglas»
pablo gonzález la voz 20 Mayo 2011

En el movimiento que cobra fuerza estos días en las plazas del país hay gallegos como Fabio Gándara Pumar que están en la organización material de las protestas y en la elaboración del discurso urgente. Pero también hay otros, como el coruñés Enrique Dans, que forman parte del grupo de ideólogos que empezaron a organizar la contestación cívica en Internet con el manifiesto No les votes, dirigido a evitar que se optara electoralmente por PP, PSOE y CiU por apoyar la Ley Sinde. «Aquello fue un detonante, un catalizador, pero ahora hay grupos que están organizando la protesta con mucho criterio como Democracia Real Ya o, previamente, Juventud sin Futuro».

Este joven profesor del IE Business School no es precisamente un antisistema, pero apoya las reivindicaciones y ha asistido a la concentración de Sol. Hizo sus estudios posdoctorales en el Harvard Business School y también pasó por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Pero respecto a la posibilidad de que los indignados se manifiesten el día de reflexión, lo tiene claro. «Si de verdad estás haciendo una revolución no se pueden cumplir todas las reglas. Yo el día de reflexión me quedaría en las concentraciones. No voy a alentar la desobediencia civil, pero lo de la Junta Electoral es una barbaridad que pone fuera de la ley a gente que ya estaba en la calle».

En Twitter circulaba ayer una polémica sobre si Enrique Dans asesoró a Feijoo y a su Gobierno. «Tan solo fui vocal del Observatorio da Sociedade da Información, donde expuse mis puntos de vista sobre el software libre. En cuanto me enteré del acuerdo con Microsoft para adquirir licencias, me fui y no volví», asegura.

Enrique Dans admite que entre algunos indignados hay cierta mediofobia y reprueba algunas actitudes violentas o disciplentes con los medios de comunicación. «Creo que eso está más relacionado con la inmadurez de algunos. No se puede cometer la estupidez de poner difícil el trabajo a los medios», dice.

¿Se notará el efecto en las urnas el próximo 22-M? Dans cree que habrá que estudiar el crecimiento de partidos minoritarios y otras opciones alternativas, así como el crecimiento del voto en blanco y la abstención. «El fin último es influir en la política. Si se constatan estos efectos se van a pedir cambios y creo que algunos de ellos se incluirán en la agenda. Si no pasa nada, la gente seguirá en las calles», concluye.

Cataluña
El TSJC pide multar a un juez que cuestionó el uso del catalán
El magistrado podría ser sancionado o suspendido por una falta grave o muy grave
JANOT GUIL / BARCELONA ABA Cataluña 20 Mayo 2011

El juez titular del juzgado contencioso número 1 de Lérida, José María Aristóteles Magán, podría ser sancionado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) por varias resoluciones suyas en las que incluye comentarios críticos contra instituciones como la Generalitat o el Ayuntamiento ilerdense. Si prospera una petición en este sentido hecha por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

De entre las polémicas resoluciones en cuestión, sobresale una en la que el magistrado tildaba de «falta de respeto y de mínima educación» que los abogados de la Generalitat utilizaran el catalán en el litigio por una multa de tráfico que afectaba a un ciudadano de fuera de Cataluña. Aunque también destacó por un auto en el que calificó de «farisea» a la Generalitat en su pugna con Aragón por no ceder el arte sacro de la Franja, al contraponerla con su obstinación por exigir los papeles de Salamanca.

Censuró a la Generalitat por utilizar el catalán en el caso de una multa a un ciudadano de Madrid
Tras su reunión del pasado 3 de mayo, la Sala de Gobierno del TSJC resolvió calificar de falta «grave o muy grave» las citadas resoluciones del juez y decidió elevar el expediente abierto contra él a la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ, que será la que decida qué sanción se impone.

Según informó ayer el TSJC, en la reunión de la Sala de Gobierno del pasado 3 de mayo, el TSJC estudió una serie de resoluciones que la Audiencia de Lérida le había hecho llegar y también la copia de una instancia enviada por el alcalde de la capital leridana, Àngel Ros. Tras analizar toda esta documentación, el TSJC, presidido por Miguel Ángel Gimeno (de la asociación progresista Jueces para la Democracia), concluyó que las actuaciones de Magán constituyen «faltas muy graves y graves», conductas que pueden ser castigadas con sanciones disciplinarias que van desde la multa a la separación del servicio judicial.

El TSJC tenía abierto un expediente informativo sobre Magán —con el que este diario intentó contactar en vano— desde principios de abril; por resoluciones que le han grangeado las protestas del presidente de la Audiencia de Lérida, de abogados, del Ayuntamiento de Lérida —que le recusó por instar a reabrir unos locales precintados por exceso de ruido—, y de particulares. El TSJC no detalló los argumentos de la sala de Gobierno para pedir sanción, aunque en su resolución se señala que «las actuaciones (de Magán) podrían tener cabida en el art.417 número 3 y 13, en el art.418 números 3,5 y 6 de La Ley Orgánica del Poder Judicial. En ellos, se refieren conductas tales como «enfrentamientos graves con las autoridades», o «abuso de la condición de juez». En muchos casos es más una cuestión de formas, de tono, que de fondo, señalaron fuentes judiciales.[

Con todo, lo que ha acelerado el expediente, y lo que propició incluso que la consejera de Justicia de la Generalitat, Pilar Fernández Bozal, pidiera por carta al TSJC que actuara contra él, fue la mencionada resolución contra la actitud de la Generalitat de conminar a su abogados a usar el catalán en un litigio por una multa a un ciudadano de Madrid. Pese a que a la administración catalana tramitó el expediente en castellano. «Eso demuestra que la administración regional catalana sabe utilizar el castellano perfectamente, incluso lo utiliza cuando le conviene (en este caso para cobrar una multa)», señalaba la resolución, según avanzó el diario Avui.

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