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Recortes de Prensa   Viernes 27  Mayo 2011

 

Reproche a Zapatero: “Presidente, nos has llevado a la ruina”
Federico Quevedo. El Confidencial  27 Mayo 2011

Fue en el Comité Ejecutivo del lunes por la tarde, según me cuentan. Entre todas las voces que se levantaron para hacer una reflexión de lo ocurrido el domingo 22, una se dirigió directamente al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, y en voz alta expresó lo que casi todos pensaban y no se atrevían a manifestar: “Presidente, nos has llevado a la ruina”.

La herencia que Rodríguez Zapatero va a dejar tras su paso por la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del Gobierno no puede ser peor: un partido que va a ver reducido prácticamente a cenizas su poder municipal-autonómico-nacional y que va a quedar roto por sus cuatro costado y necesitado de respiración asistida ideológica, y un país que cuando Rodríguez Zapatero se vaya seguirá sumido en la peor crisis económica-política-social-institucional que hayamos podido imaginar. Ese es el panorama, la herencia de Rodríguez Zapatero a los socialistas y a los españoles, y razones hay para que los socialistas, por una parte, y los españoles, por otra, no quieran verle ni en pintura.

Y es que, si todo se produce según parece que se va a producir, el PSOE no va a conservar más allá de diez capitales de provincia, y eso después de tener que pactar con partidos nacionalistas y regionalistas. Y si llega a diez. Pero peor es el descalabro autonómico, porque si finalmente pierde Extremadura –que puede ser posible-, y en las próximas autonómicas andaluzas también gana el PP, los socialistas sólo mantendrán viva la llama del País Vasco, y todo apunta que por muy poco tiempo. Nunca antes se había producido una pérdida semejante de poder, porque incluso en 1983 cuando el PSOE obtuvo el mayor resultado de su historia en municipales y autonómicas, la derecha –entonces AP- conseguía mantenerse fuerte en algunas comunidades.

Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país
Es lógico, por tanto, que en el Partido Socialista no quieran ver a Zapatero ni en pintura, aunque tendrán que aguantarle hasta el último día, como el resto de los españoles. Unos españoles a los que Zapatero ha sumido en una crisis profunda y de difícil salida, una crisis que va más allá de lo económico y que como estos días se ha puesto de manifiesto afecta a las raíces mismas del sistema.

Ahora el PSOE se ha enzarzado en un debate interno, que si Congreso, que si Primarias, que si antes de las elecciones, que si después… Pero, a los españoles, ¿qué nos importa eso? Mientras se entretienen en lamerse las heridas de la debacle del domingo y en intentar encontrar la manera de que en las generales el desastre no sea aún mayor, la crisis económica sigue haciendo estragos entre los ciudadanos de este país, sin visos reales de que algo vaya a cambiar a mejor en el medio plazo, por mucho que Zapatero siga intentando vendernos la burra de que va a ser así.

Los organismos internacionales ya han empezado a corregir a peor sus previsiones para 2012 en España, porque es tan evidente que la crisis sigue instalada en nuestro país que sólo un ciego como el propio Zapatero no puede verlo. Pero esa es la prioridad, no puede haber otra, y si Zapatero no es capaz de ponerse manos a la obra porque su Gobierno ha perdido ya definitivamente toda credibilidad y cualquier posibilidad de transmitir una imagen de estabilidad al exterior, lo que debe hacer es convocar elecciones anticipadas y dejar que sean otros, en este caso el PP, los que asuman el reto de las reformas que este país necesita y que, sin lugar a dudas, van a ser duras y difíciles.

De verdad, hace falta que venga alguien que nos diga lo que Zapatero nos oculta: que para salir de esta situación va a ser necesario “sangre, sudor y lágrimas” como decía Churchill, pero Zapatero sigue empeñado en hacernos creer en ese fantasma que el llama “lo mejor está por llegar”. Es comprensible que el PSOE se haya metido de lleno en su debate interno, después de lo que ha pasado tiene que hacer ese partido una profunda reflexión de hacia donde les ha llevado Zapatero y por qué, y si de verdad le ha servido de algo al Partido Socialista esa estrategia constante de la radicalización y el enfrentamiento en la que Zapatero ha basado toda su política durante estos años.

Pero antes de empezar a dar respuesta a sus propios problemas, lo que debería hacer el Partido Socialista, si de verdad tiene el más mínimo sentido de Estado, es buscar la respuesta a los problemas de los ciudadanos, y eso hoy solo cabe hacerlo con una convocatoria anticipada de elecciones porque el PSOE ya no puede dar esa respuesta por sí mismo. Decía Patxi López el martes que no se trata del “quién”, sino del “qué”, y no le falta razón, pero antes de volver a reinventarse el PSOE debería hacer un servicio a este país apartándose definitivamente y dejando que sean otros los que pongan en orden el caos que nos ha dejado como herencia Rodríguez Zapatero.

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Un partido a la deriva
Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política. ¿Quién va a confiar en ellos?
JOSÉ MARÍA CARRASCAL ABC  27 Mayo 2011

¿QUÉ fue antes, el huevo o la gallina? ¿Qué celebrar antes, el congreso federal o las primarias? El PSOE está perdiendo el tiempo, las energías y el poco prestigio que le queda en tal acertijo. Sin querer darse cuenta, como los boxeadores sonados, de que se trata de la misma cosa: cómo librarse de Zapatero. En un congreso, le desposeerían de su cargo de secretario general, en unas primarias, elegirían al hombre o mujer que le sustituiría. En cualquiera de los dos casos, quitárselo de encima. ¡Quién iba a decírselo a él, que acaba de firmar lo que puede ser el broche de oro de su labor legislativa: la muerte sin dolor! Aparte del hecho de que Zapatero está ya políticamente muerto.

Pero si el PSOE cree resolver sus problemas con el anuncio de Carme Chacón de no presentarse a las primarias, se equivoca más que de costumbre. Congreso o primarias, Rubalcaba o Chacón, ¿qué más da? Tanto el vicepresidente Primero con la ministra de Defensa son criaturas de Zapatero. Han colaborado en su política suicida, no vieron que nos llevaba al desastre, y si lo vieron, no han tenido la entereza de oponerse o de dimitir. Es más, oigan a la autosacrificada: «Me pongo a disposición del próximo candidato socialista». Nunca se ha hecho una oferta de aceptar el segundo puesto en el ticket tan plúmbeamente. ¿Cómo va a confiar en ellos el pueblo español? ¿Cómo van a representar la renovación que necesita su partido? ¿Cómo van a ejercer el liderato que necesita España? No hay más que verles y oírles para darse cuenta de que son ya tan pasado como su jefe. Mejor dicho: no hace falta verles ni oírles, pues desde el batacazo del domingo, tanto Rubalcaba como Chacón están tan ansiosos de aparecer políticamente correctos que no transmiten nada, como figuras de un museo de cera.

Y ahora, vamos a dejarnos de funambulismos y hablar de la realidad. Vean lo que publicaba ayer el New York Times: «Una suspensión de pagos griega puede desencadenar una reacción en cadena que alcance a otros países mayores, como España, lo que causaría una catástrofe económica global. De ocurrir una quiebra española, ni un solo banco del mundo dejaría de estar afectado. Los bancos norteamericanos tienen invertidos 187.000 millones de dólares en España según los últimos datos. Y lo que advierte la OCDE: España tardará 15 años en recuperar el nivel de empleo anterior a la crisis.

Esto es lo que se dice fuera. Dentro, nos queda todavía el lamentable espectáculo de oír a la progresía: «Yo sostuve siempre que Zapatero se equivocaba», «se veía que iba derecho a estrellarse», «está agotado» y cosas por el estilo. Empiezan ya a decirlo en radios, periódicos y televisiones. Eran los mismos que hasta el domingo nos llamaban antipatriotas a quienes veníamos advirtiéndolo. Aunque no hay que tomárselo a mal: caen chuzos y buscan conservar su puesto bajo el PP. Puede incluso que algunos lo conserven.

El desplome y la cirugía
Hasta los más partidarios dentro de la grey socialista creen que una sacudidava a ser inevitable
CARLOS HERRERA ABC  27 Mayo 2011

UNA derrota crea siempre desorientación, aunque sea una derrota presumida anteriormente. Una derrota desata inevitables enfrentamientos entre los afectados, entre los sacrificados y entre los que tienen poca afición por la autocrítica. Una derrota precipita nuevos desplomes, búsqueda de chivos expiatorios, intento de localizar algún consuelo entre el áspero territorio en el que te instala. Una derrota en toda regla es una jodienda, si me permiten la vulgaridad, y hoy, el PSOE, es el paradigma de la derrota, y las miradas de quienes han sido víctimas se dirigen furiosas al gobierno que sustentan los hombres y mujeres que se dicen de izquierdas y que se han quedado al raso. Y el gobierno de España, agobiado, apremiado ante reformas inevitables, está tan debilitado como la correa de transmisión que le llega de su partido. Lo que le ocurra al PSOE es problema esencialmente del PSOE, pero lo que le afecta al gobierno nos concierne a todos, y si éste tiene que estar pensando en su partido y sus cuitas cara al futuro no toma decisiones pensando en gobernar. El panorama desolador que dibuja la OCDE acerca del paro en España —no se recuperarán las cifras de empleo del 2007 hasta bien entrado el año 2026, dentro de quince, con lo que a esta generación perdida de jóvenes habrá que sumar alguna más— exige que los gobiernos sean fuertes, mejores o peores, pero no débiles, y, además, que sepan lo que hacen.

El escenario inmediato enfrentaba la reunión que habían de mantener hoy mismo ZP y sus barones. Unos querían un Congreso y otros, especialmente Rodríguez Zapatero, unas elecciones primarias. La diferencia no era baladí: un congreso elige un secretario general y éste nombra su equipo de confianza, amén de redefinir ideológicamente el rumbo del partido, lo que conlleva el final del Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas. Las primarias no: en ellas se elige simplemente un candidato que tendrá que convivir con un superior orgánico y con las listas que éste confeccione. Círculos y fuentes generalmente bien informados señalan que lo que esta mañana iban a pactar era lo que ya ha ocurrido: llegar al Comité Federal del sábado con la solución acordada por todos. Podría resultar práctico y salomónico anunciar unas primarias, sí, pero con candidato único. Evidentemente, Rubalcaba, aunque algunos se malicien que no es el favorito de Rodríguez Zapatero. Con ello se deben haber calmado aquellos que le siguen la estela al todopoderoso vicepresidente y éste no tendrá que medirse con Carmen Chacón, lo cual consideraba un descrédito. A cambio, ZP ha parado el golpe que quiere cobrarse a su persona y quiere hacerlo ya.

Con tal panorama de desconcierto, hasta los más partidarios dentro de la grey socialista creen que una sacudida va a ser inevitable. Muchos estaban horrorizados ante la posibilidad de que ZP controlara la renovación con Chacón de candidata. Hogaño, la hoja de ruta que diseñó cuando anunció su retirada ya no sirve, se lo han demostrado los resultados. Ahora hay que recargar la ideología, los métodos, los usos, las praxis y, a ser posible, los rostros.

Intentarán disimular en público todo el desconcierto que les adorna, pero todos sabemos que aspiran a un tratamiento quirúrgico del enfermo. Tamaña derrota exige, inevitablemente, una amputación. Y todos miran la misma pierna.

Socialismo en revisión
Aleix Vidal-Quadras Periodista Digital  27 Mayo 2011

Una catástrofe electoral de la magnitud de la sufrida por el PSOE el pasado domingo provoca automáticamente en el seno del partido vapuleado una necesidad de renovación de liderazgo, pero también de ideas. Tanto Guillermo Fernández Vara como José María Barreda lo han señalado al pedir una revisión ideológica que cristalice en un nuevo proyecto adaptado a la realidad. Chacón y Rubalcaba no se han referido a este asunto porque ella es mas partidaria de la política iconográfica que de la logocéntrica y él porque una vez leído y asimilado El Príncipe cualquier otro aporte conceptual o interpretativo le parece superfluo.

La mención a la realidad por los barones extremeño y castellano-manchego no es baladí si se tiene en cuenta que a lo largo de los últimos siete años el socialismo español ha estado dirigido por un individuo que siempre ha percibido el mundo tangible como una molestia obstaculizadora de sus delirios inmaduros.

Tras unos primeros escarceos con el republicanismo de Pettit, la democracia deliberativa y el brillante descubrimiento de que bajar impuestos es de izquierdas, el resto de la trayectoria intelectual de Zapatero ha sido una combinación imprevisible de progresismo de manual, ecologismo divulgativo, pacifismo tembloroso, tercermundismo anacrónico y hedonismo relativista. Este magma confuso ha conducido a la desmembración de la Nación, la ruina de nuestra economía, el brutal incremento del desempleo, la fragmentación del Estado, la financiación del crimen organizado con dinero público y la transformación de España en el hazmerreír de la Unión Europea.

Hay que reconocerle al presidente saliente una notable capacidad para la destrucción, ya que reducir a cenizas en un periodo de tiempo tan corto las instituciones, las empresas, el sistema educativo y la moral colectiva de una sociedad de la envergadura material, cultural e histórica de la española no está al alcance de cualquiera. Barreda y Fernández Vara aciertan con su llamada a un replanteamiento total del pensamiento de izquierdas, aunque después de la etapa zapateril y sus consecuencias, habría que hablar más bien de recuperación de la lucidez.

Ni el ministro del Interior ni la ministra de Defensa son las personas adecuadas para encabezar este trabajo de asentamiento de principios, valores y programas que el gran partido nacional de centro-izquierda demanda urgentemente. Ambos han sido copartícipes directos del desastre que hoy les aflige, lo que les descalifica para la tarea de repararlo. Es de esperar que el equipo que a partir de ahora se encargue de poner a punto al PSOE disponga de los conocimientos, la sensatez, la altura de miras y el patriotismo de los que ZP y sus corifeos han carecido. Ojala sea así en bien del conjunto de la ciudadanía. En todo caso, dispondrán como mínimo de un par de legislaturas para culminar tan indispensable y noble empresa.

©Aleix Vidal-Quadras

Cruce de cuchillos
Editorial www.gaceta.es  27 Mayo 2011

“Doy un paso atrás para que el PSOE dé un paso adelante”. La frase con la que Carme Chacón se inmolaba ayer en rueda de prensa, al anunciar la retirada de su candidatura a las primarias, deja claras tres cosas: quién lleva las riendas del partido; qué entiende el PSOE por democracia interna y qué dirección marca la brújula de la formación: el caos.

Lo que ayer vimos en la sede de Ferraz no fue uno sino dos cadáveres políticos: el de la ministra de Defensa y el de su mentor, Zapatero. Está claro que no se va ella motu proprio sino obligada por el presidente y este obligado, a su vez, por el hombre que, desde la crisis de Gobierno de octubre, lleva las riendas: Rubalcaba.

Como señalamos en LA GACETA el pasado lunes, el primer pulso del poszapaterismo es entre el poderoso superministro y la niña mimada del presidente. Esta no ha durado ni un asalto. Quien maneja los hilos es Rubalcaba y que Zapatero le haya servido en bandeja la cabeza de Chacón condiciona el Comité Federal e hipoteca las primarias. De hecho, todo apunta a que el Comité Federal del sábado abrirá el proceso de primarias aunque finalmente no se celebren. De momento el superministro ha impuesto su dedazo. Y un congreso extraordinario, como propugna la vieja guardia, con la presión de Patxi López y la Ejecutiva del PSE, no sólo es un proceso menos democrático sino que serviría como plataforma para consolidar el poder de Rubalcaba. Lo cual deja en evidencia la democracia interna de la que presume el PSOE y convierte en farisaicos sus reproches al PP cuando le acusa de maniobras “digitales”.

Respecto a las pasos adelante, los hechos demuestran que, de momento, el partido está en manos de lo peor del pasado (Rubalcaba es un felipista del tiempo de los GAL, reciclado en el zapaterismo de la tregua-trampa y el chivatazo). Y ya podemos imaginar lo que le aguarda al partido y a España si, finalmente, termina siendo el gran candidato. Y salvo Fernández Vara, los demás nombres que están en danza en el rigodón de la sucesión tienen aroma a alcanfor (Griñán, López, Bono) o a fracaso (Gómez).

Se cuenta que el político isabelino Pascual Madoz decía de su formación, el Progresismo: “Yo con mi partido hasta en sus extravíos”. 160 años después la escena se repite en otro partido, que también ha presumido de progresista, y que también se desangra, descuartizado por una colección de personajes ambiciosos y fracasados a partes iguales. Y también hay un superviviente como el correoso Rubalcaba que remeda a Madoz al ir con el partido “hasta en sus extravíos”. Todos son supuestamente leales al PSOE pero todos conspiran contra todos, ahora que el Titanic ha hecho aguas tras darse contra el iceberg del 22-M. La gran diferencia es que el Partido Progresista terminó pasando a la historia. En tanto que el PSOE es una pieza clave en la moderna democracia española y está llamado a seguir jugando un papel relevante, en una etapa de “sangre, sudor y lágrimas” frente a la crisis económica. Pero –con o sin primarias, con o sin congreso– eso requiere una catarsis interna que, dado el cruce de cuchillos y de egos, parece lejos de suceder; y una autocrítica, que dadas las ínfulas tanto de los maquiavélicos (Rubalcaba) como de las víctimas (Chacón que ayer aún presumía de su proyecto), está lejos de producirse. Al comienzo de campaña dijo Chacón que el 22-M sería el “prólogo de cosas maravillosas”. Para el PSOE y para ella misma, desde luego, no.

Y si cerramos el FMI...
La izquierda lo demonizó como un instrumento en manos de la plutocracia internacional.
Juan Ramón Rallo www.gaceta.es  27 Mayo 2011

En la medianoche del sábado 14 de mayo, una encargada de la limpieza de 32 años, madre de dos hijos, entró en la habitación 2.806 del lujoso hotel Sofitel, en Manhattan, para realizar su trabajo. A ello se estaba dedicando cuando, de repente, el ex director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn (DSK), salió desnudo del baño, la asaltó por la espalda, comenzó a sobarle todas las partes de su cuerpo y la obligó a practicarle sexo oral.

Estos son al menos los hechos por los que el socialista DSK fue detenido el pasado domingo por el FBI. A falta de que se confirmen, al menos suenan verosímiles: DSK, desde sus tiempos como ministro de Economía francés a finales de los noventa, siempre ha tenido fama de mujeriego y obseso sexual. En 2007, nada más tomar posesión de su cargo en el FMI, la periodista Tristane Banon le acusó de haber intentado violarla en 2002 y, a mediados de 2008, una investigación interna demostró que DSK acababa de tener un affaire con una de sus empleadas, Piroska Nagy, motivo por el cual tuvo que publicar una carta pidiendo públicamente perdón.

Los cargos actuales son lo suficientemente graves como para que mancillen al conjunto de una institución que las izquierdas, muy inteligentemente, han conseguido vincular en el imaginario colectivo con el (neo)liberalismo. Y digo muy inteligentemente porque las políticas del FMI han cosechado fracasos y odios a partes iguales allí donde se han aplicado precisamente por no tener nada que ver con el liberalismo. Y, pese a ello, parece que ahora llueve sobre mojado para los defensores del libre mercado: no sólo debemos cargar con la responsabilidad de una institución a la que se acusa con fundamento de arruinar a sociedades enteras, sino que, además, descubrimos que esa misma institución ha estado dirigida durante estos últimos cuatro años por un degenerado y presunto criminal.

Sin embargo, no deberíamos tragarnos con tanta rapidez la propaganda antiliberal. Al fin y al cabo, el FMI no es más que una megaburocracia internacional, que dirigió un socialista, plagada de funcionarios, sufragada coactivamente por los contribuyentes de casi 200 naciones, que hace décadas perdió su razón de ser y que, pese a ello, se ha estado dedicando a imponer desnortadas, contraproducentes y liberticidas políticas económicas a los países en crisis.

Recordemos que el FMI fue creado en 1947 para garantizar la estabilidad de los tipos de cambio en Bretton Woods. Dentro de este sistema monetario, todas las divisas europeas estaban ligadas al dólar mediante tipos de cambio fijos y el billete verde estaba a su vez vinculado al oro. La tarea del FMI consistía en que, si algún país acumulaba un déficit exterior excesivo, se le prestaba dinero durante 18 meses para que intentara regresar al equilibrio sin necesidad de devaluar.

Los dos padres intelectuales del Fondo fueron John Maynard Keynes –economista estatista e intervencionista donde los haya habido– y, sobre todo, Harry Dexter White, quien a la sazón fue su primer director gerente y posteriormente se descubrió que trabajaba como espía de la Unión Soviética. Tal vez así se entienda mejor que tanto Bretton Woods como el FMI eran dos artilugios socialistas diametralmente opuestos a los principios del liberalismo clásico: no se constituyeron para reforzar el patrón oro, sino para burlar la disciplina antiinflacionista que este imponía a Gobiernos y bancos centrales.

De hecho, fue la excesiva impresión de dólares por parte de EE UU para financiar su aventurismo militar en Vietnam y la hipertrofia de su Estado de bienestar (la Great Society de Lyndon Johnson) la que dio pronto al traste con Bretton Woods: había muchos más billetes que oro, de modo que Richard Nixon optó por anunciar en 1971 que el país dejaba de cumplir con sus obligaciones exteriores. Muerto Bretton Woods, los tipos de cambio entre divisas se convirtieron en flotantes y el FMI debería haberse disuelto. Pues, ¿cuál era el cometido de una institución destinada a velar por la viabilidad de un sistema que ya había desaparecido?
Realmente ninguno, pero a la postre el Fondo era un caramelo demasiado sabroso para todos los políticos arribistas que deseaban contar con una infraestructura internacional ya asentada con la que intervenir económicamente allí donde desearan. De este modo, el FMI mutó: su misión ya no era velar por el extinto Bretton Woods, sino por una vaga “estabilidad económica global”.

La izquierda lo ha demonizado desde entonces como un instrumento en manos de la plutocracia internacional para hacer avanzar la agenda (neo)liberal. Pero nada más lejos de la realidad: de entrada, los países que forman parte del FMI tienen prohibido regresar al patrón oro para estabilizar sus divisas; y, de salida, dos de sus recetas preferidas para atajar las crisis son –como ya han descubierto Portugal, Grecia o Irlanda– las sangrantes subidas de impuestos y las brutales devaluaciones monetarias. Ya se sabe, liberalismo salvaje en estado puro.

No estaría de más que aprovecháramos el delictuoso escándalo de DSK para reformar el desacreditado FMI de la mejor forma que podríamos hacerlo: cerrándolo.
*J. R. Rallo es economista y fundador del Instituto Juan de Mariana.

El socialismo después del 22-M
Nicolás Redondo, EL ECONOMISTA,  27 Mayo 2011

El PSOE debe abanderar una política de grandes consensos para salir de la crisis, para enfrentar el final de ETA y para una inevitable reforma de nuestro sistema energético y productivo. Para estos grandes retos, es necesario un congreso; para que todo siga igual no merecería la pena que los protagonistas de la tragedia fueran infieles a su pasado reciente.

Las elecciones municipales en España han tenido una influencia determinante en la vida pública española. La Segunda República se estableció después de unos comicios municipales al considerar el rey Alfonso XIII que representaban una impugnación definitiva a la Monarquía y a su manera de llevar a cabo su función.

Por suerte, la situación actual no es la misma, pero el desastre electoral del PSOE en estas últimas elecciones autonómicas y municipales ha abierto una profunda crisis en la centenaria organización.

El proceso de paz con ETA
Por desgracia, la aprobación del Estatuto de Autonomía Catalán no provocó ninguna clase de marejada en las filas socialistas, aunque muchos en privado mostraban un rechazo explícito al compromiso de los socialistas con ese proyecto, que fue posteriormente enmendado por el Tribunal Constitucional. Tampoco el fracasado proceso de paz con ETA se tradujo en un rechazo o provocó ninguna oposición, si exceptuamos algunas crípticas declaraciones de Felipe González.

Ni tan siquiera la Ley de Memoria Histórica, que en un principio impugnaba tanto el franquismo como la Transición española y la forma consensuada de transitar desde el autoritarismo militar a la democracia consagrada en la Constitución del 78, perturbó las calmadas aguas internas del socialismo español. Durante estos ocho años, no hemos vislumbrado ningún debate público que expresara una enriquecedora pluralidad de criterios sobre la estrategia de alianzas.

Así, asistimos con mansedumbre acomodaticia a una política influida por la alianza del PSOE con los nacionalistas más radicales y con la izquierda de Llamazares; esta ubicación en el tablero político español ha provocado dos consecuencias indiscutidas en el seno del partido de Pablo Iglesias. La primera fue el aislamiento del primer partido de la oposición, que desarrolló un papel marginal en las grandes líneas políticas; la segunda, que el partido de Rodríguez Zapatero se adueñó y utilizó un discurso radical e izquierdista alejado de la socialdemocracia clásica o de la tercera vía de Blair.

Una tercera consecuencia, que ha mostrado su importancia en estas recientes elecciones, es que las victorias electorales del PSOE, nunca suficientemente amplias, se basaban en los votantes de una IU que ha ido languideciendo durante las dos últimas legislaturas hasta llegar a tener dos diputados en el Congreso a costa de perder influencia en los sectores más moderados y centrados de la sociedad española.

Con la dramática irrupción de la crisis económica, los votantes prestados por nuestra izquierda nos han abandonado, más por los efectos de la crisis que por las políticas desarrolladas, y los votantes moderados, disgustados y desconfiados por las políticas del Gobierno, han optado en estos últimos comicios por otras formaciones o sencillamente se han quedado en casa. Nada de todo esto ha provocado un debate intenso sobre su conveniencia o su oportunidad, debido a que todos se beneficiaban de la gran tarta del poder y a la creencia sectaria e infantil de que cualquier disputa política, por noble que fuera, podía ser utilizada por el primer partido de la oposición.

Derrota electoral
Ha sido, sin embargo, la derrota electoral, la pérdida palpable de poder, la que ha abierto en canal la pugna interna. Pero, por desgracia, las hostilidades no se centran en una reflexión crítica sobre la gestión realizada, sino en la conveniencia de elegir al nuevo candidato mediante unas primarias o un congreso. Considero que las primarias, un mecanismo por el que fui elegido candidato a lendakari hace ya unos cuantos años, no sirven en España -en contraste con lo que sucede en EEUU- para la confrontación de programas, ideas y discursos. Tienen todo su sentido en periodos de normalidad.

Pero en este caso las proponen, con buena y recta intención, quienes consideran que el elegido será un mero sucesor de Zapatero y sus políticas. El congreso, sea ordinario o extraordinario, puede elegir un secretario general, que puede o no someterse a unas primarias para ser escogido candidato a la presidencia del Gobierno, y, sobre todo, puede poner distancia respecto a la gestión anterior y proponer un discurso distinto; esta última parece la opción de Patxi López. Ahora bien, la convocatoria de un congreso, tan democrático como unas primarias, obligaría, tal y como están planteadas las diversas posiciones y sobre todo dada la inclinación del presidente por las primarias, a convocar elecciones este mismo año, lo que supone, se quiera o no, una impugnación al secretario general y presidente.

Esta importante consecuencia, por otro lado dolorosa y poco habitual, sólo tiene sentido si los proponentes están decididos a cambiar el rumbo político del centenario partido y a llevar a cabo una profunda renovación de personas. No quiero decir que las tengan que buscar en las filas de Juventudes Socialistas o en los pioneros socialistas si existen, sino sobre la base de su currículum personal y político. Si al día siguiente del congreso el único que no está en la foto es Zapatero, habremos asistido a una pugna palaciega por el poder que los electores castigarán con dureza.

Salvando las distancias, esta situación recuerda la de UCD cuando las disputas internas postergaron a Calvo Sotelo, presidente del Gobierno, en beneficio de Landelino Lavilla, personajes ambos que gozaron de gran reputación y hoy injustamente olvidados por la derecha y por los españoles, y que cosecharon una estrepitosa derrota en las elecciones de 1982.

La trascendencia del envite obligaría a una refundación del Partido Socialista que le acercara a las posiciones más centradas, una vez comprobado el fracaso de una política radical y, en ocasiones, subordinada a la fortaleza de los nacionalismos periféricos. Es el momento de dar la espalda a discursos fracasados, antiguos, decimonónicos, que no tienen en cuenta los cambios y las necesidades de los ciudadanos.

Demonización del contrato
Es perentorio dar la espalda a los discursos que sólo tienen como idea central la demonización del contrario, ¡que viene la derecha!, discursos disparatados que ponen el acento en la propiedad pública de los servicios que conforman la sociedad de bienestar, confundiendo ésta, basada en el derecho de los ciudadanos a recibir una educación pública digna, una sanidad eficiente, etc?, con la presencia funcionarial omnipresente del Estado. No debe oponerse el socialismo del siglo XXI a que parte del bienestar sea gestionado con reglamentaciones tuitivas y rigurosas por el sector privado. Debemos volver a la defensa de lo común, de la ciudadanía española y de la nación compatible con las autonomías e incompatible con inventos de cosoberanía y relaciones bilaterales entre la Administración Central y algunas comunidades autónomas; debemos estar en condiciones de tener un discurso nacional, no tantos como estatutos de autonomía. La política exterior no debe estar sometida a las ocurrencias del ministro de turno, como lo ha estado durante un largo periodo de estos últimos años, y debe tener como objetivo la defensa de nuestros intereses económicos, compatibles con la defensa inteligente de los derechos humanos, la libertad y la democracia, olvidando posicionamientos puramente ideológicos.

El PSOE debe abanderar una política de grandes consensos para salir de la crisis, para enfrentar el final de ETA y para una inevitable reforma de nuestro sistema energético y productivo. Para estos grandes retos, es necesario un congreso; para que todo siga igual no merecería la pena que los protagonistas de la tragedia fueran infieles a su pasado reciente.


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Mladic, enemigo íntimo
Dicen que 300.000 votos legitiman una opción criminal. Mladic y Hitler tenían muchos más votos que Bildu
HERMANN TERTSCH ABC  27 Mayo 2011

VAMOS hoy a olvidar por un momento la farsa en tres actos de «los Borgia en la Casa del Pueblo» por mucho que ya tengamos la primera víctima servidita. Resistiendo a la tentación de narrar crónica de las patéticas piruetas del cadáver aún ambulante que es don José Luis, el eterno adolescente y ya presidente de la nada. No deja de haber cierta poesía de justicia histórica en el hecho de que va a dejar su partido hecho unos perfectos zorros. Hubiera sido intolerable que con la capacidad destructiva demostrada en convertir España en una escombrera, quienes han sido sus jaleadores y cómplices en mil tropelías heredaran un partido indemne. Está ya claro que no será así.

Déjenme por tanto olvidar por un rato esa triste astracanada y comentarles un hecho feliz que me alegró ayer el día. Que es la detención del general Ratko Mladic en Serbia. Siempre es bueno que detengan a un asesino fugado y más cuando se trata del mayor criminal de guerra en las listas de busca y captura. Pero esta detención va más allá. El hecho de que fuera detenido en Serbia, en una sociedad donde todavía contaba con una vasta red de colaboradores y admiradores, revela los avances en la calidad democrática de Serbia, que con todas sus dificultades da un paso importantísimo hacia su normalización y confirma el compromiso europeísta de sus autoridades, con el presidente Boris Tadic a la cabeza.

Sólo hay que recordar a su antecesor, el presidente Vojislav Kostunica, que hizo lo imposible por cultivar el recelo hacia el Tribunal de La Haya y protegió así a todos los fugitivos. Tras la detención de Mladic, quedan por capturar algunos criminales de aquella guerra. Pero ningún miembro del triunvirato del crimen formado por Milosevic, Karadzic y Mladic queda ya impune. Y ese es el principal mensaje que ayudará a la sociedad serbia a cerrar aquella negra página de su historia.

Ahora con todos contentos con su detención convendría recordar algunos hechos del comienzo de la carrera criminal de Mladic. Yo pasé los primeros años de la guerra en el escenario de sus crímenes. Sus atrocidades nos cambiaron a muchos. Él fue nuestro enemigo más íntimo. Recuerdo bien la devoción que le tenían las tropas serbias, desde los reclutas más ingenuos a los paramilitares más feroces. Presencié muchas de sus hazañas. Conté cadáveres destrozados por metralla o mutilados a cuchillo en ciudades y aldeas. Y asistí al drama de las víctimas. Fue en los años previos a la matanza de Srebrenica. Allí Mladic liquidó más de 7.000 hombres, ancianos y adolescentes musulmanes.

Hasta entonces, la UE había hecho el permanente ridículo en negociaciones con un Mladic al que elogiaba como interlocutor fiable. También confiaban en Milosevic. Muchas veces comparé aquello con la vergüenza del Tratado de las democracias europeas con Hitler en Múnich en 1938. Se cedía continuamente a las pretensiones del criminal en la esperanza de aplacarlo. Lo único que se conseguía era aumentar su voracidad y su desprecio a nuestra ceguera y cobardía.

Quienes denunciamos las matanzas de Mladic fuimos acusados de demonizar a «la nación serbia». No condenábamos a los serbios sino la política criminal que se hacía en su nombre. Lo cierto es que Milosevic y Mladic gozaron del mismo apoyo popular en su aventura genocida que medio siglo antes había tenido Hitler en Alemania. Sólo la fuerza y determinación de EE.UU., una vez más, lograron parar aquello. Después de Srebrenica. Es bueno recordarlo ahora aquí en España cuando algunos dicen que 300.000 votos en una región española legitiman una opción criminal. Mladic, y por supuesto Hitler, tenían muchos más votos que Bildu.

Tercera
¿Qué política ante Bildu y ETA?
«Un verdadero liderazgo político exige desarrollar con determinación una pedagogía que desafíe la creencia de que el fin de ETA impone una cierta tolerancia hacia quienes dicen desear la desaparición del terrorismo mientras evitan su inequívoca deslegitimación»
POR ROGELIO ALONSO ABC  27 Mayo 2011

EL triunfo electoral de Bildu obliga a analizar los parámetros sobre los que redefinir una política antiterrorista condicionada por su legalización. El Tribunal Constitucional ha eliminado la presión sobre Batasuna para exigir el final de ETA, pues la ilegalización penalizaba a ambas por su asociación. Esa presión llevó a Batasuna a pedir a ETA la interrupción del terrorismo, pero no su desaparición, como podría haber hecho si la legalización hubiese dependido de ello. El nuevo escenario puede motivar a ETA a intensificar su coacción al absolver el TC a Bildu de responsabilidad por las acciones etarras, lógica reforzada por quienes utilizan la legalidad de la coalición para presentarla como algo diferente a lo que realmente es. Deben recordarse las coherentes críticas de varios magistrados a la sentencia.

De lo contrario la política antiterrorista se articulará sobre la errónea premisa asumida por el TC —que ETA no ha instrumentalizado a Bildu para acceder a las instituciones—, ficción que choca con las sólidas pruebas aportadas por la Policía. Como resumió el magistrado Aragón, «el Supremo constató —en términos que no admiten censura constitucional— que ha quedado acreditada una operación política del llamado complejo ETA/Batasuna para utilizar, con fines de sucesión política, un elevado número de candidaturas electorales de los partidos legales EA y Alternatiba, operación consumada con la constitución a tal efecto de la coalición electoral Bildu».

La legalidad de Bildu no convierte en invención los exhaustivos informes policiales que definen al entramado ETA/Batasuna como diseñador de la coalición. Esta certeza contradice a los jueces que rechazaron esa conclusión policial y que, sin prueba alguna y en contra de la evidencia acumulada, aventuraron que Batasuna ha dado «un giro copernicano desde su tradicional actitud subordinada a ETA». Esta afirmación es una mera especulación que deforma el análisis sobre ETA que la realidad arroja: la documentación etarra y las investigaciones policiales acreditan que ETA y Batasuna continúan comprometidas con su estrategia político- militar, realizando actos sincronizados para perseguir los mismos fines. Así parecía entenderlo el Gobierno al instar la ilegalización de Bildu que el ministro del Interior aplaudió al dictarla el Supremo. Sin embargo, el propio ministro incurría en serias incoherencias cuando ensalzaba los «pasos en la buena dirección» de Batasuna: los pasos que el ministro valoraba como positivos, y que no constituían más que meras declaraciones formales de rechazo a la violencia, no merecían dicha valoración, al representar solo gestos cosméticos con los que se pretendía engañar a las autoridades, como argumentaban Fiscalía y Abogacía a instancias del Gobierno.

Este doble y contradictorio discurso del Gobierno, complementado por el de un lendakari favorable a la legalización, ha reforzado un relato distorsionador de la estrategia terrorista. Como resultado del mismo, destacados dirigentes han dado credibilidad a conjeturas alimentadas por el entorno etarra también a través de periodistas que han aceptado graves intoxicaciones. Lo ejemplifica la cobertura de un influyente diario que ya en 2005 aseguraba: «El proceso de paz y la sustitución de la estrategia armada por la política es ya irreversible para toda la izquierda abertzale, señalan fuentes de Batasuna, que subrayan el hecho de que ETA lleve dos años y medio sin cometer atentados mortales». Los hechos demostraron el equivocado diagnóstico en el que, no obstante, sigue insistiéndose, como exponía otro artículo que cuestionaba sin rigor alguno los informes policiales valorados por el Supremo aduciendo que «no recogen la evolución posterior de la izquierda abertzale y su rechazo a la violencia de ETA». Así se confundían y relativizaban los requisitos que verdaderamente acreditarían una ruptura con el terrorismo, que no se ha producido, ignorándose la auténtica finalidad de un rechazo instrumental aceptado por ETA para facilitar la legalización. En este error incurre de nuevo Rubalcaba cuando vuelve a dar crédito a Bildu pidiendo que demuestre una desvinculación de ETA que la Policía constata es inexistente.

Esta actitud favorece una estrategia terrorista centrada en crear dudas entre quienes la combaten. Conviene recordarlo para enfrentarse a las pretensiones del complejo ETA/Batasuna con las que previsiblemente continuará chantajeando en el futuro. La legalización de Bildu podría llevar a ETA a intensificar su provechosa coacción, pues su frente político ha sido legalizado tras un simple rechazo retórico de la violencia. Su debilidad operativa puede disuadirle en el corto plazo, optando por explotar la oportunidad que la vuelta a las instituciones le ofrece para avanzar sus objetivos. La eficacia del engaño terrorista al instalar en parte de la opinión pública lo que la Policía niega categóricamente, o sea, la ruptura entre «políticos» y «militares» en ETA y su renuncia al terrorismo, se refuerza con el ambiguo discurso político de quienes han rebajado las exigencias que a un partido vinculado a la violencia se le deben exigir en democracia. Los elogios a las tácticas terroristas con los que el Gobierno y el lendakari recompensaron la simulada separación de Batasuna respecto de ETA permitieron conformar una opinión favorable a la legalización coadyuvando al éxito de Bildu. Este logro de ETA expone la irrelevancia de esa aparente contundencia que exigía «o Batasuna rompe definitivamente con ETA o ETA desaparece».

Los beneficios para el entramado terrorista podrían aumentar si la política antiterrorista sigue renunciando a una eficiente acción comunicativa que contrarreste la propaganda que supedita el logro de la paz al fortalecimiento del frente político de ETA. La modulación del discurso gubernamental escenificada en un reparto de papeles que un articulista en Deia describía como el de «un Rubalcaba exterminador y un Patxi conciliador» ha servido para inutilizar una de las más eficaces iniciativas antiterroristas como la ilegalización. Ha ofrecido además respetabilidad al brazo político de ETA, generando una injusta presión sobre la sociedad al causar expectativas con el manido «principio del fin de ETA» mientras se fomentaba una falsa rehabilitación de los representantes de la banda. Las diferentes sensibilidades hacia la legalización en la sociedad vasca y el resto de España han sido utilizadas para justificar un contraproducente pragmatismo que hace eficaz una intimidación terrorista que lógicamente condiciona actitudes y percepciones.

En esas circunstancias, un verdadero liderazgo político exige desarrollar con determinación una pedagogía que desafíe la creencia de que el fin de ETA impone una cierta tolerancia hacia quienes dicen desear la desaparición del terrorismo mientras evitan su inequívoca deslegitimación. Ese liderazgo político reclama valentía e inteligencia para enfrentarse a una sociología como la vasca, que no merece menos democracia como precio por el cese del terrorismo. De lo contrario, quienes han obtenido el poder sin renunciar a la amenaza que la presencia de ETA supone, podrán ejercerlo manteniéndola. Al eximir a quienes han violado los derechos humanos de las responsabilidades políticas a las que su trayectoria les obliga en democracia, se reducen sus incentivos para lograr el final de una banda que deja de suponerles un coste. Se elude también la deslegitimación del terrorismo imprescindible para evitar su reproducción en el futuro. De ese modo, la perpetuación de ETA se convierte en un arma que sus representantes políticos rentabilizan. Como confirma la legitimación que algunos políticos les han brindado, la promesa de su desaparición les reporta concesiones que garantizan la pervivencia de una ETA que al adaptar sus tácticas a la coyuntura política resulta rentable para el movimiento terrorista.

ROGELIO ALONSO ES PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

Cataluña
El Supremo apoya el castellano en las aulas
Dos nuevos fallos del TS obligan a Cataluña a acabar con la inmersión en catalán
JANOT GUIL / BARCELONA ABC Cataluña  27 Mayo 2011

Y ya van cinco veces —y se auguran más— que el Tribunal Supremo (TS) reconoce el derecho de unos padres a que sus hijos puedan ser educados en Cataluña teniendo como lengua vehicular el castellano, y no sólo el catalán, según consagra la Ley de Política Lingüística catalana.

<MC>Según pudo saber ayer este diario, la sección cuarta de la sala de lo Contencioso-Administrativo del TS ha dictado dos nuevas sentencias que, en base al fallo del Tribunal Constitucional (TC) del pasado julio sobre los recursos al Estatuto de Cataluña, reconocen al castellano como lengua vehicular en el territorio catalán. Y que se suman a otros tres fallos de la misma sala en mismo sentido que fueron dictados el pasado diciembre.

Así lo avanzó Francisco caja, presidente de Convivencia Cívica Catalana (CCC), la entidad que asesora a los padres demandantes, que en estos dos casos de Barcelona y Badalona. En ambas sentencias, los magistrados fallan que «declaramos el derecho del recurrente a que el castellano se utilice también como lengua vehicular en el sistema educativo de la Comunidad Autónoma de Cataluña». Y «en consecuencia», añade a renglón seguido, «para ello la Generalidad deberá adoptar cuantas medidas sean necesarias para adaptar su sistema de enseñanza a la nueva situación por la declaración de la sentencia 31/2010 del Tribunal Constitucional..., que considera también al castellano como lengua vehicular de la enseñanza, junto al catalán (...)».

Tanto el anterior gobierno tripartito de la Generalitat cuando salió el fallo del Constitucional, como el actual de CiU al trascender los tres primeras sentencias del Supremo el pasado diciembre han hecho oídos sordos. Entienden, interpretan, que ni el TC ni el TS cuestionan el actual modelo de inmersión lingüística catalán que rige en Cataluña.

Por ello, tal y como avanzó Convivencia Cívica Catalana, más de 500 familias presentarán en breve una reclamación a la consejería de Enseñanza de la Generalitat para que sus hijos reciban las misma clases en castellano que en catalán. Además, las familias que en su día recurrieron al Supremo ya han pedido al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña la «ejecución forzosa» de las sentencias del TS.

Asimismo, CCC ha pedido que se procese a la consejera de Educación, Irene Rigau, y al presidente de la Generalitat, Artur Mas, por prevaricación y desacato.
 



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