AGLI

Recortes de Prensa   Sábado 4 Junio 2011

 

Generalizado
MANUEL MARTÍN FERRAND ABC   4 Junio 2011

NI siquiera en una democracia medianeja, como la nuestra, en la que los poderes del Estado viven en escandaloso amancebamiento, la oposición es un concepto concreto y rígido. Los grandes partidos la integran en las circunscripciones y planos administrativos en los que no actúan como poder establecido. Por eso resulta pasmosa la lejanía que, salvo casos muy concretos y no exclusivos de ninguna formación, la oposición tiene de la realidad en que, se supone, actúa como alternativa potencial y control efectivo. Más grave todavía: lo poco que los ciudadano alcanzamos a conocer de las costosas disfunciones en las distintas células del poder —nacional, autonómico y local— las percibimos a través de los medios de comunicación. Como decía hace algo más de un siglo Joseph Pulitzer, «no resulta exagerado decir que la prensa —humilde, la señalaba con minúscula— es la única gran fuerza bien organizada que está activa y unida en la conservación de la rectitud civil».

Algo, quizá demasiado, ha mermado el sentido ético de los periódicos con respecto a la visión del húngaro que asentó en los EE.UU. un periodismo «sin barba y con conciencia», como le describió Baura; pero su afirmación sigue siendo exacta. Todos los demás implicados en el fenómeno común de la sociedad tienen sus «compromisos» establecidos. Los médicos quieren salvarnos el cuerpo; los ministros de las distintas religiones, el alma y los políticos, la ideología. A los ingenieros les preocupan los puentes y las fábricas del mismo modo que a los abogados los pleitos y a los fontaneros las cañerías y los grifos. Solo el periodismo independiente, tan en extinción como el urogallo, tiene una visión completa y desinteresada del conjunto de la sociedad y, con perdón, de la Nación.

Ahora la oposición —las oposiciones— andan de susto en susto porque descubren los agujeros existentes en nuestras cuentas públicas. Los dos aspirantes a suceder a José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y el «candidato natural», se maravillan con el retraso en los pagos a los acreedores de las Administraciones y de otros parecidos fenómenos de ruina y desorden. ¿Qué habrán estado haciendo durante todo este tiempo? Bastaría con que leyeran los periódicos con cierta atención para que tuvieran un más claro conocimiento de una realidad que es insostenible y que, aunque cueste muchos votos y genere protestas rabiosas, exige cirugía implacable y rigor absoluto. Ni la desobediencia civil, como la de los «indignados», ni las deudas recalcitrantes como las de las Administraciones, son tolerables en un Estado que se dice «de Derecho» y que está torcido en su rumbo.

Lo escrito, escrito está
Lo que se exige a la Real Academia de la Historia es que acate y ayude a imponer una versión inventada de la Historia
JUAN MANUEL DE PRADA ABC  4 Junio 2011

ESTO respondió Poncio Pilato a los miembros del Sanedrín que le fueron con pejigueras, disconformes con el letrero que había mandado clavar en el madero donde fue colgado Jesucristo. La Real Academia de la Historia no se ha atrevido a tanto; y ante las protestas del sanedrín progre ha prometido revisar algunas entradas de su Diccionario Biográfico Español, e incorporar correcciones «de manera rápida a la edición digital y a ulteriores ediciones en papel». Espigando el diccionario, uno se encuentra, desde luego, con expresiones ditirámbicas impropias del lenguaje aséptico que se reclama al historiador; así ocurre, por ejemplo, con la entrada dedicada a Felipe González Márquez. En ella leemos que quien fuera presidente del Gobierno español es hombre de «carisma inigualable» (risum teneatis) que sufrió los «esfuerzos denodados del Partido Popular y de sus cómplices mediáticos por sentarlo en el banquillo». Donde se deslizan, como mínimo, una hipérbole y una insidia, instrumentos más propios del ditirambo o el libelo exaltados que de un diccionario histórico. Decía Cicerón (De Oratore, II, XV, 62) que «la primera ley de la historia consiste en no atreverse a decir nada falso; la segunda, atreverse a decir todo lo que es cierto; y la tercera, evitar aun la sospecha de odio o de favor». Y en la entrada de Felipe González las tres leyes de la historia establecidas por Cicerón son concienzudamente infringidas.

Tal entrada, más propia del panegirista que del historiador, no se cuenta, sin embargo, entre las que han provocado el furor del sanedrín progre, todas ellas de personajes muertos hace décadas. De Francisco Franco ha molestado mucho al sanedrín progre que se diga que estableció un régimen «autoritario» (afirmación que, de forma implícita, convierte a quien lo establece en «dictador»), pero no «totalitario»; especificación que, en sí misma, no contraría ninguno de los requisitos que Cicerón exigía al historiador. Las palabras, desde luego, las carga el diablo, y más tratándose de palabras tan elásticas como «autoritario» y «totalitario»; pero yo he leído en los libros del más diverso signo ideológico que el régimen franquista fue autoritario, por faltarle ese componente distintivo de todo totalitarismo, que es una «explicación totalizadora, articulada y lógica del mundo»; componente que el régimen franquista nunca tuvo ni pretendió.

Pero en las protestas furiosas suscitadas contra el Diccionario Biográfico Español no creo que se discuta la elección de tal o cual palabra, o la elusión de tal o cual otra; ni siquiera el empleo de fórmulas retóricas incongruentes con el lenguaje aséptico del historiador. Lo que se exige a la Real Academia de la Historia es que acate y ayude a imponer una versión inventada de la Historia (con fines, por cierto, claramente «totalitarios»), en la que se entronice lo que es falso y se silencie lo que es cierto; una versión en la que se afirme que la Segunda República fue un paraíso democrático, regido por eximios estadistas amantes del bien y la libertad, que jamás perpetraron ni ampararon crimen alguno. La Real Academia de la Historia debería dejar bien claro que, más allá de corregir tal o cual palabra o fórmula retórica, no se avendrá a participar en semejante tropelía, por mucho que traten de imponérsela desde el sanedrín progre; esto es lo que se le demanda en la circunstancia presente, en la que —para desgracia de la maltrecha cultura española— decir la verdad se ha convertido en una arriesgada, casi suicida, forma de heroísmo.

Extremadamente
IGNACIO CAMACHO ABC  4 Junio 2011

LA vergüenza del siglo XX no acabó en Auschwitz. El mal en su sentido más nihilista y devastador pasó por Camboya y Ruanda antes de aterrizar en los Balcanes ante la mirada, pasiva o atónita, de los boinas azules de Naciones Unidas. Entre el delirio totalitario nazi y el sangriento designio tardocomunista de Sbrenica apenas hay una diferencia de escala y otra, más grave, de advertencia. El exterminio hitleriano tomó de sorpresa a un mundo incapaz de imaginar la industrialización de la muerte; en Bosnia, sin embargo, ya estábamos avisados. Y lo que es peor, estábamos presentes a través de una presunta fuerza de interposición que garantizó a las víctimas del rencor serbio la existencia de una «zona segura». En el interior de ese perímetro protegido, los hombres de Ratko Mladic seleccionaron a la población por su origen étnico, separaron a las mujeres —no sin antes violar a la mayoría— y fusilaron a ocho mil hombres delante de sus propias fosas.

Mladic ha vivido quince años protegido —oficialmente escondido— en Serbia, que ha acabado entregándolo, como antes a sus jefes Milosevic y Karadzic, para allanar su camino hacia la Unión Europea. Tiene cáncer terminal, y es probable que ni siquiera alcance a ver su condena. El verdugo de Sbrenica apela en La Haya al humanitarismo de los jueces y se declara «extremadamente enfermo». Tiene un ordenador personal en su celda extremadamente limpia y cómoda, y las autoridades se preocupan extremadamente de que reciba la adecuada asistencia clínica. Miles de compatriotas han protestado en la calle contra su deportación; lo consideran un héroe nacional víctima de una conspiración extranjera. Quizá por eso no encontrase a nadie dispuesto a volarle los sesos cuando en sus últimos años de enfermedad pidió a sus acompañantes que lo mataran.

Tiene la misma mirada extremadamente fría y amarga con que salía en los telediarios dando órdenes en aquel verano del 95. Dice que no podrá leer las actas de acusación porque son extremadamente largas y no tiene fuerzas, y sabe que un alegato suyo puede abrir en Holanda heridas morales extremadamente dolorosas: eran holandeses los cascos azules encargados de proteger a los civiles del enclave sitiado. También sabe que va a morir de muerte natural, la que él negó a miles de inocentes, y le da igual servir de símbolo expiatorio de una culpa que no reconoce.

La Haya no es el Nuremberg yugoslavo. Ha transcurrido demasiado tiempo de impunidad para los criminales, y Europa tiene mala conciencia de aquellos días terribles de pasividad culpable en que desangró, como poco antes en Vukovar o Sarajevo, el honor de la civilización contemporánea. Mladic, el carnicero, morirá cualquier día sin arrepentimiento, tal vez siquiera sin castigo, y ese fracaso clamoroso de la justicia moral nos dejará el retrato de una ignominia. Extremadamente vergonzosa. Extremadamente humillante.

El PSOE ha quebrado
Enrique de Diego www.gaceta.es  4 Junio 2011

El PSOE ya ha desaparecido. Cuando dije que el PSOE iba a desaparecer no me refería a que no fuera a sacar votos, porque eso no forma parte de la realidad, sino que su descalabro electoral, más allá incluso de las encuestas, representaba la quiebra de la empresa PSOE, SA.

Es decir, que una buena parte de los socialistas ha dejado de vivir de la mamandurria. El PSOE ha perdido las autonomías de Cantabria, Asturias, Baleares y Castilla-La Mancha, a la que pueden haber dejado absolutamente quebrada los seguidores del de Hípica Almenara. En Extremadura, aunque gobernara, tendría que compartir con IU. Ha perdido alcaldías tan emblemáticas como Barcelona y Sevilla. En Andalucía, son del PP las ocho capitales de provincia y cinco diputaciones. Cuento una anécdota que puede elevarse a categoría: el PSOE ha perdido la alcaldía de Elche, la más importante que mantenía. De inmediato, el PSOE ilicitano ha dicho que se hará con las dos actas de diputados provinciales, a lo que se oponen los socialistas de la comarca de la Vega Baja. Ahora sólo tienen dos puestos para repartir. Cada concejal perdido son muchos puestos de paniaguados. No digamos una alcaldía completa o una autonomía. El PSOE ya ha quebrado, ya ha desaparecido, y eso no lo levanta ni Rubalcaba ni su comité de sabios con Elena Salgado, Manuel Chaves, José Blanco, Trinidad Jiménez y Ramón Jáuregui. ¡Vaya cambio! ¡Vaya renovación!

Dentro de un mes, todos esos socialistas que han perdido las elecciones se quedarán sin el sustento público y entonces será el llanto y crujir de dientes. Y entonces vendrá el debate de verdad. Y a lo mejor a Rubalcaba le pasan factura, no votando nadie. Al tiempo.

Otrosí: Este socialismo en agonía, en hundimiento, está mostrando su aspecto más necrofílico. Quieren aprobar la eutanasia –para que haya menos jubilados– y pretender sacar los restos de Franco y de José Antonio del Valle de los Caídos. Más valdría que dejaran en paz a los muertos... y a los vivos.

La guerra del ‘Diccionario’
Alfonso Basallo www.gaceta.es  4 Junio 2011

La izquierda no ha superado el trauma o faena que le ha hecho la Historia.

Desde que a la izquierda se le cayó la peluca con la desclasificación de los papeles del Kremlin y la aparición de El libro negro del comunismo, su neura favorita es el revisionismo, consistente en cambiar lo único que no se puede cambiar: el pasado. Han transcurrido 20 años y no se ha recuperado del shock, del contraste entre la mentira –la ideología– y la realidad –los datos históricos–. La Ley de la Memoria Histórica es una de los trastornos típicos de ese trauma. Quienes lo padecen en ocasiones ven aparecidos (sólo que el abuelo de Bambi, en lugar del padre de Hamlet); o tratan de ganar guerras que acabaron hace 70 años, a golpe de decreto, con el mismo aplomo con que otros pacientes, con la mano entre los botones de la guerrera, emiten un edicto para poner a Pepe Botella en Madrid. ¿Grotesco? ¿Y qué hay más grotesco que refugiarse en el pasado, cuando no se tiene futuro?

La polémica organizada a cuenta del Diccionario biográfico es un episodio más de ese trauma. Algunos no soportan la realidad –los datos históricos– y tratan de imponer la mentira. Y la izquierda mediática lanza un bote de humo para que no se hable del bajón del PSOE, que ha perdido el 80% de su masa muscular tras el 22-M, ni tampoco del escándalo que supone la ruptura de las negociación colectiva con cinco millones de parados, ni del aprecio por la democracia interna que tienen los del dedazo. Buscan además atizar un fuego bastante fatuo: el del miedo a la extrema derecha y al franquismo, a fin de movilizar a los votantes que se quedaron en casa el 22-M o les pusieron los cuernos con el PP o el voto en blanco. Pero ya no engañan a nadie. El efecto Rubalcaba, según el cual cuatro de cada diez españoles prefieren al ministro antes que a Rajoy, tiene mucho de espasmo post mortem. Ni un comunicado de ETA les salva. Ese es el futuro que espera a quienes padecen el trauma de la mujer de Lot. Aun así, yo de Rajoy no me fiaría. También el 14-M de 2004 parecía todo escrito. Y mira.

A la deriva
Luis del Pino Libertad Digital  4 Junio 2011

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 4/6/2011

En octubre de 1879, el velero noruego Ocean partió de Copenhague con destino a Filadelfia, al mando del capitán Yann. La travesía transcurrió con tiempo variable, pero sin mayores problemas, hasta el día 29, cuando un terrible huracán se desató a unas 300 millas al sur de Nueva Escocia, en la costa canadiense.

El huracán comenzó con un fortísimo viento del sudeste que luego varió a nordeste, y tan súbita fue su aparición que la tripulación no tuvo tiempo de arriar las velas. En pocos minutos, el viento huracanado había roto los tres mástiles del barco, cayendo parte del aparejo sobre la cubierta y quedando el resto colgando por la borda.

A pesar de las enormes olas que golpeaban al velero, la tripulación intentó cortar los aparejos y tirarlos al mar, para evitar que provocaran mayores destrozos en la nave o que la hicieran zozobrar. Dos marineros, uno de ellos danés y otro sueco, desaparecieron durante aquella operación, arrastrados por el agua.

Tres largas horas duró el intensísimo huracán, acabado el cual el capitán Yann se encontró con un buque desarbolado y a la deriva. Utilizando los escasos restos de los mástiles, los ocupantes del Ocean consiguieron armar una pequeña vela, con la que poder al menos desplazarse en alguna dirección, aunque fuera lentamente.

El puerto más próximo era el de Halifax, en Canadá, a unas 270 millas náuticas. Pero el viento no permitía navegar hacia el norte, por lo que el capitán decidió proseguir viaje en dirección este, hacia Nueva York.

El desarbolado barco comenzó así su lenta andadura hacia la costa, distante 500 millas, luchando contra unos vientos no precisamente favorables. Pero la tripulación estaba tan exhausta después del terrible huracán, que sólo podía mantenerse en pie a base de estimulantes. Y, poco a poco, los marineros fueron derrumbándose uno tras otro, víctimas del agotamiento y de las heridas sufridas durante la inusitada tormenta. Y el barco fue ralentizando cada vez más su ya de por sí lenta marcha, a medida que pasaba el tiempo.

Doce días después, el Ocean sólo había recorrido la mitad de la distancia que le separaba de la costa. Sin apenas tripulantes en pie y con aquella minúscula vela artesanal que habían logrado componer, parecía que jamás lograrían llegar a su destino.

Pero entonces, el lunes 10 de noviembre de 1879, cuando todo parecía prácticamente perdido, el capitán Yann divisó en el horizonte un barco de vapor. Era un mercante español que tenía el curioso nombre de Tercer Barreras, al mando del capitán Santos. El buque, dedicado al transporte de pescado, pertenecía a una de esas familias catalanas, los Barreras, que se afincaron en Vigo a principios del siglo XIX y que sentaron las bases de la industria conservera gallega. Como dato curioso, a aquellos industriales catalanes emigrados a Galicia - los Barreras, los Massó, los Molins, los Cervera, los Alfageme - y que revolucionaron el sector pesquero y la industria de las salazones, se les conocía localmente con el nombre de "los fomentadores".

El vapor Tercer Barreras había salido de Estados Unidos el 9 de noviembre, en dirección a Vigo. Al avistar el buque noruego desarbolado, el capitán Santos dio orden de acercarse para rescatar a los tripulantes. El capitán del velero, sin embargo, le ofreció 1.500$ de la época para que, en lugar de limitarse a rescatar a los náufragos y seguir su viaje, aceptara remolcar el barco desarbolado a puerto, donde podría ser reparado.

Y así se hizo. El 13 de noviembre de 1879 hacía su entrada en el puerto de Nueva York el Tercer Barreras, llevando a remolque al velero Ocean. Una vez a salvo el velero y sus tripulantes, el barco español reemprendió su viaje hacia las costas gallegas.

Tiene que ser terrible encontrarse en un barco desarbolado en medio del mar. Porque, aunque sepas a dónde quieres dirigirte, no tienes manera de controlar tu nave, y estás a merced de lo que las olas, el viento y las corrientes oceánicas quieran hacer con ella.

Y, sin embargo, 132 años después de aquellos hechos, la situación de España es aún más calamitosa que la de aquel velero noruego.

Porque España es hoy también una nación a la deriva: los mástiles de nuestras instituciones hace tiempo que se quebraron y cayeron sobre cubierta: concretamente, lo hicieron un 11 de marzo. Y las velas de nuestro tejido productivo, faltas de soporte, dejaron hace mucho de poder impulsarnos.

Pero aquel barco noruego contaba al menos con un capitán que sabía dónde tenía que ir y que estaba dispuesto a guiar al buque. Por el contrario, la nave española ha estado al mando de un iluminado que hace un montón de tiempo que perdió el juicio, no sin antes dirigir el buque hacia la zona más castigada por el temporal.
Ahora, el contramaestre Alfredo - mucho menos loco, pero bastante más siniestro - le ha organizado un motín al capitán para despojarle del mando. Pero no con el objeto de tratar de dirigir la nave a puerto, sino con el único y exclusivo propósito de impedir que la tripulación descontenta termine arrojando por la borda a toda la oficialidad.

El episodio de los pepinos asesinos ha dejado claro que ya nadie gobierna realmente nuestro velero, y que estamos a merced de las olas, el viento y las corrientes. Y que nadie sabe aquí cómo contrarrestar el más mínimo golpe de mar o el más ligero vendaval. Nuestra nave carece de timón, de sextante, de brújula y hasta de cartas de navegación.

Estamos inmersos en un océano de deuda y desprestigio y el partido que nos gobierna se limita a preguntarse cómo durar un día más, mientras los marineros, exhaustos, van dejándose caer sobre cubierta, allí donde las fuerzas los abandonan.

Cualquier acontecimiento externo puede, en cualquier momento, hacer que el barco se vaya a pique. Y en el mejor de los casos, nos limitaremos a ver desvanecerse poco a poco las esperanzas, mientras el agua y la comida comienzan a escasear.

Así que sólo nos quedan dos posibilidades: o meter a toda la oficialidad en un bote y abandonarlos en medio del océano, o confiar en la suerte. Confiar en que algún vapor se asome por el horizonte para remolcarnos a puerto, de la misma manera que aquel vapor gallego apareció de milagro, hace 132 años, para rescatar a esos marineros escandinavos, cuando habían ya perdido todo atisbo de esperanza.

Rubalcaba apela a los indignados
EDITORIAL Libertad Digital  4 Junio 2011

El hundimiento electoral del Partido Socialista en las últimas elecciones autonómicas y municipales se produjo por el flanco izquierdo. El PSOE, que había renunciado a sus votantes moderados en las generales de 2008 con el objetivo de absorber el voto nacionalista y de Izquierda Unida, se vio de repente abandonado también por los socialistas más doctrinarios. De hecho, gran parte del Movimiento 15-M se explica justamente por eso: por el desencanto de la izquierda ante un Gobierno socialista que se había visto forzado por la realidad a rescatar a la banca, a acometer importantes recortes en el gasto público y a reformar, aunque muy tímidamente, el mercado laboral.

Así las cosas, parecía claro que al autoproclamado candidato Rubalcaba no le iba a quedar más remedio que desmarcarse de la desastrosa herencia dejada por Zapatero si es que quería contar con alguna posibilidad de triunfo en las próximas generales. La única incógnita era si el vicepresidente del Gobierno optaría por recuperar el electorado centrista –tejiendo un discurso razonable y reformista asimilable al de otras socialdemocracias europeas– o el de extrema izquierda –valiéndose de la típica demagogia anticapitalista propia del socialismo más radical–.

Ayer, el ministro del Interior despejó todas nuestras dudas: con sus ataques a los banqueros, a los especuladores o a los mercados financieros, Rubalcaba ha delimitado con meridiana claridad cuál es su caladero de votos. Su objetivo no es otro que el de seducir a los desencantados de Sol, prometiéndoles para ello las más absurdas y contraproducentes medidas antieconómicas como son intervenir en los sueldos de los empleados de la banca, limitar los llamados superdepósitos y combatir la "especulación financiera".

La pendiente tomada por Rubalcaba no puede ser más resbaladiza para los intereses de España. Como eventual presidente del Gobierno, se está ganando a pulso la desconfianza de nuestros prestamistas internacionales, que a la postre son quienes mantienen nuestra economía a flote; y como líder de la Oposición, su discurso es tanto más peligroso: aproximándose a la extrema izquierda, Rubalcaba bien podría instrumentalizar a los 'indignados' para abortar todas las reformas liberalizadoras que un Ejecutivo popular debería emprender con tal de relanzar nuestra actividad productiva.

El hecho de que el candidato del PSOE a las próximas generales haya optado por jugar la baza de la extrema izquierda no puede más que encender todas las luces de alarma. Como el perro del Hortelano, ni comerá ni dejará comer al amo. España no puede permitirse otros cuatro años de completa parálisis institucional.

El legado de Bin Laden: Al Qaeda y el futuro del terrorismo islamista
Román D. Ortiz Minuto Digital  4 Junio 2011

Si bien la muerte de Osama bin Laden puede ser considerada un triunfo de los Estados Unidos, no es prudente cantar victoria. Hay una variopinta cantidad de movimientos que heredan la idea de emprender la guerra santa contra occidente con el fin de lograr la implantación del Califato, un hipotético imperio musulmán.

Hacia la 1:30 de la madrugada del pasado 2 de mayo, cuando varios helicópteros despegaron de la ciudad a pakistaní de Abbottabad con un pequeño grupo de soldados norteamericanos y una bolsa de plástico con el cuerpo de Osama bin Laden, se cerró un capitulo en la historia del terrorismo internacional. Después de casi 14 años de búsqueda, la cabeza de Al Qaeda fue dada de baja en una operación quirúrgica ejecutada por las fuerzas especiales del ejército de EE. UU. ?el Equipo 6 de los SEAL- con base en la información proporcionada por la CIA. Más allá de la polémica sobre la legalidad de la operación ?es difícil imaginar un objetivo militar más legítimo que el autor de una cadena de atentados masivos que costó la vida a miles de civiles? el verdadera interrogante es si la desaparición del terrorista saudí marca el fin de Al Qaeda y el declive de la violencia islamista, o solamente abre una nueva etapa en una guerra sin final a la vista.

Tal vez la mejor demostración del doble significado de la operación contra el líder de Al Qaeda fue la reacción en EE. UU. Por un lado, miles de personas salieron a las calles a celebrar aliviadas el final del máximo responsable del 11 de septiembre. Por el otro, todo el dispositivo antiterrorista de la nación se puso en alerta máxima a la espera de una represalia, que resulta muy improbable en el corto plazo, pero casi segura tan pronto como los islamistas se recuperaran del golpe. Como el presidente Obama subrayó en el discurso donde anuncio la operación antiterrorista más exitosa de su mandato, “no hay duda de que Al Qaeda continuará intentando atacarnos”.

Para entender el futuro de Al Qaeda, resulta imprescindible tomar en cuenta como fue concebida su estructura por Bin Laden y su segundo al mando, el egipcio Ayman al- Zawahiri. El millonario saudí plasmó en su organización la experiencia que había adquirido en los años 80 cuando formó parte de las redes internacionales que movilizaron, entrenaron y apoyaron a voluntarios de todo el mundo islámico que se unieron a la jihad (guerra santa) contra la invasión soviética de Afganistán. De este modo, Al Qaeda fue concebida como una vanguardia que debía impulsar un movimiento islámico global a través de una estrategia de dos vías. Por un lado, proporcionando entrenamiento, apoyo logístico y respaldo financiero a aquellos dispuestos a sumarse a lucha contra Occidente. Por otra parte, lanzando ataques espectaculares destinados a galvanizar a los militantes islamistas y definir estratégicamente la confrontación contra EE. UU. y sus aliados.

Según estos lineamientos estratégicos, Bin Laden y Zawahiri construyeron una red global con tres niveles. Por un lado, Al Qaeda propiamente dicha, que construyó en Afganistán una red de campos de entrenamiento, apoyó organizaciones semejantes por todo el mundo y desarrolló una vasta gama de actividades de propaganda. Por otra parte, una serie de organizaciones aliadas que incluían desde el Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC) argelino hasta la banda de Abu Sayaf en Filipinas. Finalmente, una miríada de pequeñas células independientes e individuos de convicciones radicales, que seguían los dictados ideológicos de Bin Laden y estaban dispuestos a lanzar ataques contra el ‘infiel’.

Durante los años pasados, entre los atentados adjudicados a los seguidores de Bin Laden, ha habido acciones ejecutadas por estos tres componentes de la red Al Qaeda. Tanto los ataques contra las embajadas norteamericanas de Kenia y Tanzania en 1998 como el propio 11 de septiembre fueron ejecutados directamente por el núcleo de la organización. El atentado contra un centro turístico en Bali, que costó la vida a 202 personas en 2002, corrió a cargo de los aliados indonesios de Bin Laden, el grupo Jemaah Islamiyah. Por su parte, la masacre de Fort Hood, en la que un mayor del ejército estadounidense de convicciones islamistas asesinó a 13 personas en 2009, y el atentado suicida cometido en Estocolmo el pasado diciembre, que provocó únicamente la muerte del terrorista, formarían parte de las acciones cometidas por la generación de radicales solitarios alimentada por la propaganda extremista.

La arquitectura de Al Qaeda ha sido modificada por una década de operaciones antiterroristas que culminó con la muerte de su líder. Refugiado en la frontera afgano-paquistaní, el núcleo de la organización ha sido diezmado por los ataques de los aviones no tripulados Predator -118 solamente en 2010- y las operaciones especiales de EE. UU. El resultado de esta presión ha sido que la cabeza de Al Qaeda ha quedado reducida a menos de un centenar de militantes, cuya supervivencia depende cada vez más del respaldo de los talibanes afganos y la complicidad de amplios sectores del Directorio de Inteligencia Inter-Servicios (ISI), la rama más poderosa de los servicios de información paquistaníes. Bajo estas circunstancias, este pequeño grupo de militantes ha perdido paulatinamente su capacidad para ejecutar operaciones por sí mismo y se ha visto reducido al papel de un referente ideológico para el movimiento jihadista internacional. Tras la muerte de Bin Laden, parece inevitable que esta pérdida de poder se acentúe. Sin importar si el próximo líder de Al Qaeda es Zawahiri o el también egipcio Saif al-Adel, lo cierto es que el núcleo fundador de la organización llegará a ser cada vez menos relevante.

El verdadero problema reside en las redes periféricas que Bin Laden alimentó durante la década pasada. En el norte de África, el GSPC se fusionó con otras organizaciones menores para convertirse en Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM) y reunir algo más de 500 militantes con células activas en Argelia, Marruecos, Malí, Níger, Mauritania y algunos países europeos. Las estructuras de Al Qaeda en Arabia Saudita se sumaron a los fundamentalistas yemeníes y dieron lugar a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), que reúne cerca de 200 combatientes. Asimismo, la tristemente célebre Al Qaeda en Iraq (AQI) ha sobrevivido a la muerte de su fundador, Abu Musab al-Zarqawi, y continúa activa en el occidente y el centro del país. Por su parte, Al-Shabab se ha convertido en un poder en el sur de Somalia con varios miles de combatientes respaldados por un número de jihadistas extranjeros. A su vez, los talibanes afganos conservan la capacidad para poner en jaque al gobierno de Hamid Karzai, respaldado por una fuerza internacional de más de 130.000 hombres. Paralelamente, Paquistán alberga a algunos de los más importantes herederos de Bin Laden. En las zonas tribales del noroccidente del país se encuentra la red Haqqani, que reúne a los talibanes paquistaníes, mientras que en la frontera con la India operan grupos como Lashkar-e-Taiba, que protagonizó el ataque contra los hoteles de Bombay de 2008 con un saldo de 166 muertos. La lista se podría extender más si se incluyeran grupos menos conocidos como los radicales sunitas de Jundallah, que combate al régimen chiita de Irán, o la pequeña secta de salafistas palestinos que asesinó a un activista italiano en Gaza el pasado abril.

Con excepciones como Al-Shabab o los talibanes afganos, la mayoría de las organizaciones mencionadas son relativamente pequeñas. Sin embargo, todas han heredado las dos rasgos de Al Qaeda que las hacen temibles. Por un lado, una mirada global que los empuja a golpear lejos de sus bases. Por otra parte, una notable capacidad de innovación que les permite adaptarse para eludir las medidas de protección contra el terrorismo. Así, por ejemplo, Al Qaeda en la Península Arábiga fue la estructura detrás del nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, que intentó detonar una bomba oculta en su ingle dentro de un vuelo con destino a Detroit en la Navidad de 2009. Menos de un año más tarde, el mismo grupo ocultó explosivos en cartuchos de impresoras que fueron enviados como paquetes a EE. UU. Los artefactos fueron desactivados antes de explotar; pero sirvieron para poner de manifiesto la capacidad de los terroristas para ingeniar nuevos medios para vulnerar la seguridad aérea. Por su parte, el carro bomba desactivado en el centro de Nueva York en mayo de 2010 se convirtió en el primer intento de los talibanes paquistaníes de realizar una operación en suelo norteamericano. Mucho más mortífero resultó el ataque realizado por Al-Shabab en Kampala (Uganda) durante la última jornada del pasado Mundial de Futbol, que se saldó con 74 muertos.

De este modo, la muerte de Bin Laden deja una herencia letal: una infinidad de grupos, células e individuos dispuestos a aprovechar cualquier oportunidad para cometer una masacre en nombre del sueño delirante de reconstruir el Califato, un imperio islámico unificado desde Indonesia hasta Marruecos. Es fácil imaginar las dificultades de este escenario para diseñar una estrategia antiterrorista efectiva. En la medida en que se incrementa el número de organizaciones, también se multiplican la cantidad de activistas, la variedad de patrones operacionales y la cifra de blancos que deben ser vigilados. En otras palabras, el entorno se vuelve más complejo e imprevisible.

Así las cosas, tan errado es minusvalorar el éxito cosechado por Washington contra Al Qaeda como peligroso resulta exagerarlo. La muerte del terrorista saudí es una estocada decisiva al núcleo de fundadores de la organización terrorista y termina con el mito de la invencibilidad de su líder; pero no reduce la capacidad de sus aliados islamistas para ejecutar nuevos ataques, ni puede evitar que una nueva generación de terroristas individuales permanezca dispuesta a inmolarse en operaciones casi imposibles de prever. Bin Laden demostró de la manera más dolorosa posible que el terrorismo era un juego global con un potencial destructivo casi ilimitado. Su muerte no invalida estas reglas.

Román D. Ortiz *Profesor de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes y consultor en temas de Seguridad y Defensa.

El verdugo está confuso

HERMANN TERTSCH ABC  4 Junio 2011

Así le queríamos ver al más soberbio de todos los muchos asesinos de los Balcanes. Con auriculares. Como Rudolph Hess y Hermann Göring y tantos otros allí en el banquillo de Nuremberg. Con auriculares escuchando traducidos los relatos de sus crímenes.

Así hemos querido verle muchos desde años antes de su mayor atrocidad que fue la terrible matanza de Srebrenica. Allí batió su récord con más de 7.000 hombres y muchachos inocentes y desarmados ejecutados y enterrados en fosas comunes. En cuatro días.

A muchos de sus hombres les debió doler el dedo al final de esta ardua tarea, como a los soldados soviéticos en Katyn o a los nazis en las fosas junto a Kiev. Todos, soldados y paramilitares trabajaron allí hasta la extenuación porque las órdenes las daba el dios de aquella guerra.

«Soy el general Ratko Mladic», dijo ayer y se le vio confuso. Porque nadie temblaba. Todo le debe confundir. Él, allí.

Por eso con los arrebatos de soberbia llegan palabras impropias que casi piden merced. «Soy un hombre gravemente enfermo». Dice que las acusaciones que pesan sobre él son una monstruosidad.

Pero no vuelve a caer tan bajo como en Belgrado, donde dijo que aquellos crímenes se habían cometido a sus espaldas. Mladic, este clásico general comunista convertido a la sagrada causa nacionalista, era el Napoleon de la redención nacional serbia que iba a limpiar aquella tierra de «turcos», como llamaba a los musulmanes.

Lo era cinco años antes de Srebrenica. Y pudo cometer aquella matanza porque durante un lustro los apaciguadores europeos no dejaron de negociar con él mientras cometía las matanzas preparatorias del gran golpe.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
¿A cambio de qué?
Editoriales ABC  4 Junio 2011

El Gobierno da por hecho que PNV y CiU aguantarán a Zapatero para que pueda terminar la legislatura. Que esta certidumbre se produzca después de otra reunión secreta del peneuvista Urkullu en Moncloa y de que la Generalitat catalana anunciase que no va a cumplir las normas de endeudamiento que rigen para todas las Comunidades deja inquietantes incógnitas sobre la contrapartida ofrecida por el exangüe Ejecutivo socialista a cambio de ese sostén. Son tantas las cesiones anteriores y tanta la debilidad del PSOE que el pago puede ser tan alto como para comprometer la acción de gobierno del próximo inquilino de La Moncloa.

España
La maratón, según Rubalcaba
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC  4 Junio 2011

La solución Rubalcaba era la mejor que podía tener el PSOE después de la gran derrota electoral. Alguien con capacidad no ya para una reformulación del socialismo en crisis sino para una tarea tan perentoria como recomponer el tinglado. El partido como tinglado de intereses, como aparato, como gran familia sustitutoria del Estado. Sin grandes inventos teóricos. Mediante la recuperación de los votos suficientes para formar gobierno en 2012 con nacionalistas y regionalistas. Hace tiempo comparé a Rubalcaba con Fouché. Por su desdén hacia los principios y los valores. Por su capacidad para aguantar en la sombra. Por su identificación de moral y poder. Rebotado del franquismo familiar, tan acendrado, no tuvo que sacrificar nada al acercarse al PSOE. En absoluto vivió un compromiso político que hubiera podido llevarle a un simple procesamiento, como ha tratado de insinuar recientemente al referirse al final trágico de Enrique Ruano y a su toma de conciencia política. Pragmático hasta la náusea, tiende de modo natural a desacralizar las grandes cuestiones. Por ejemplo la idea misma de España.

Así, en Educación no le tembló el pulso al aceptar que el Ebro nace en Tortosa ni, con el asesoramiento de expertos en pedagogía y altas traiciones, en diseminar el estudio de la Historia en los textos de Ciencias Sociales. Enemigo de los grandes principios, reduce la igualdad al igualitarismo y de este modo premia la mediocridad. No le gusta hablar de «la paz» pero no duda en venderla como pago a la legalización de Bildu. Rubalcaba es un corredor de cien metros capaz de sumarlos todos hasta convertirlos en una maratón política. Así, ha sido el único político socialista que ha conseguido sobrevivir a González, ser admitido por Zapatero (con la ayuda de José Blanco), convertirse en su mano derecha y sucederle como presidenciable. ¿Será capaz Rajoy de impedir que la maratón sea una suma de carreras de cien metros como quiere Rubalcaba?

A sus órdenes, mi concejal
TERESA JIMÉNEZ BECERRIL ABC  4 Junio 2011

ETA ya no tiene que rendirse, ni tiene que entregar las armas, ni condenar asesinatos, ni pedir mil perdones a sus víctimas, ni nada de nada. ETA, que nunca disimuló, no tendrá por qué hacerlo ni hoy ni mañana. Por no tener, no tendrá ni que negociar o, cuando lo haga, todo será un «lo que usted quiera, señor alcalde», o «a sus órdenes, señor concejal». Nada de mesas secretas, nada de conversaciones en el extranjero, nada de chivatazos negados y descubiertos, nada de mediadores internacionales (los tenemos de casa), nada de comidas a escondidas con amigos etarras de la infancia. Desde ahora, todo a la luz del día y con la cabeza alta, en las tabernas, en las plazas o donde sea, y nada de bajar la voz: con megáfono, que mientras más se enteren de que aquí quien manda es ETA, mejor, por si alguno todavía no se había dado cuenta. Hasta nos proponen al terrorista Otegi, que vive entre la cárcel y el banquillo de los acusados, como lendakari, y ni nos sorprende. Y con este viento a favor, a cerrar esas cosillas de nada, como son poner en la calle a todos los etarras que injustamente tiene todavía presos el Estado opresor, y dejar de importunar a los amigos de los que mandan en municipios y diputaciones. Y tiene su lógica: cuando los negociadores se sienten a terminar lo ya empezado hace años con Zapatero y su Gobierno, los terroristas les dirán: «Si ya habéis hecho lo más difícil y la gente se lo ha tragado, ya puestos... doctrina más, sentencia menos y liquidamos esto en un abrir y cerrar de ojos».

¿Para que va a rendirse ETA si su enemigo eterno lo ha hecho ya? Han malherido nuestra Justicia, nuestra dignidad, nuestra unidad y nuestra libertad. Ahora sólo les queda ver pasar el cadáver de lo que queda de España. Y lo harán, aplaudiendo entre amigos, sabiéndose vencedores y riéndose en nuestra cara. ¿Y para este viaje necesitábamos tantas alforjas? ¡Pues sí señor, las necesitábamos! Porque somos muchos los que seguimos soñando con aquello que Zapatero, el TC , Bildu y sus miles de votantes nos han quitado, que no es otra cosa que los derechos y valores por los que murieron tantos. Ellos dieron su vida para que nosotros no tuviéramos que agachar la cabeza y vivir con miedo, pero no sabían lo difícil que resultaría en España vivir con honra.

Y ahora que no empiece Rubalcaba con sus declaraciones sobre la lucha implacable contra ETA. Ni el PSOE a vendernos a su nuevo-viejo candidato don Alfredo como el que acabó con ETA, cuando los expertos antiterroristas europeos, desde Europol, nos dicen que las posibilidades de que ETA deje de matar son muy escasas, y que fueron recaudados más de tres millones de euros gracias a la extorsión durante estos seis meses en el País Vasco. Se ve que quien llevaba la lucha-negociación los quería dentro para poder entenderse con ellos sin esconderse. Que Patxi López deje de airear el cambio en el País Vasco, cuando lo que han traído es la vuelta del terrorismo político protegido por las armas. Por favor, todavía no, por respeto a las víctimas, que tanto han batallado para evitar lo que ya no podremos cambiar. Por favor que se callen, que esperen a que se nos haya pasado el disgusto de comprobar que ETA ha ganado lo que no merecía en estas elecciones.

Nacionalistas versus constitucionalistas
Carmen Gurruchaga La Razón  4 Junio 2011

Un pacto global entre PNV, PSE y PP impediría la llegada de Bildu a las instituciones, por lo que a priori parecería la opción más lógica. El ayuntamiento de Donostia para el PSE y la diputación para el PNV; Vizcaya y Bilbao para el PNV y Álava para el PP. Sin embargo, excepto los «populares», los otros partidos no tienen tan claro que lo mejor es poner en cuarentena al brazo político de la izquierda abertzale, hasta comprobar que es cierto su distancia de la violencia. De esta forma, durante ese tiempo, no podría dirigir ninguna institución tan importante y con tanto poder económico como una diputación o el consistorio de una de las capitales. El PNV está dispuesto a prestar sus votos a Bildu en la diputación de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián. En el de Bilbao el partido de Urkullu tiene mayoría absoluta y los dos juntos consiguen la institución foral de Vizcaya. El problema se halla en la diputación alavesa y ahí entra en juego IU, que ha obtenido el peor resultado de su historia -con sólo 13 concejales-, pero que prestaría sus dos diputados para que las formaciones nacionalistas se quedaran con la institución. Bildu, con prisas para impedir el acuerdo tripartito, ya ha anunciado la constitución de las Juntas Generales de Guipúzcoa donde es el partido más votado, para el próximo día 11; dos días después de que se forme el ayuntamiento de Donostia.
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