AGLI

Recortes de Prensa   Martes 5 Julio 2011

 

La enfermedad del zapaterismo
La clase periodística no es menos pecadora que la política a la que critica.
Óscar Elía www.gaceta.es   5 Julio 2011

Zapatero ganó el poder en 2004 y 2008 por las patologías intelectuales, morales y cívicas de la sociedad española. Que son típicamente europeas, pero que se han cebado especialmente en nuestro país: el relativismo intelectual, el subjetivismo moral y sus desgraciados efectos: el pacifismo, el hedonismo o el sentimentalismo. Zapatero, Pajín, Blanco o Chacón no son la causa de estos problemas: son más bien su consecuencia, que encarnan tragicómicamente. Y considerar que con su simple salida de La Moncloa los problemas de España se solucionarán, es síntoma de esta irresponsabilidad estructural de la sociedad española actual. Una sociedad con estas taras tiende a elegir un determinado tipo de gobernantes, no sólo en el bando progresista.

El zapaterismo es también enfermedad de la derecha. Primero de la política, tentada a la demagogia, al sociologismo y a la búsqueda mercadotécnica del poder, eso que con generosa caridad llamamos “centrismo”. Y segundo, de la mediática y cultural, presa de la misma alergia al razonamiento riguroso y al respeto de la Verdad, que como dice Platón, tiene derechos que es preciso respetar. La clase periodística no es menos pecadora que la política a la que critica: las mismas servidumbres endogámicas, las mismas adscripciones a una ideología o a una empresa o a las simples preferencias subjetivas se repiten en ella.

No hay misterio en esta degeneración nacional, porque tiene culpables identificables: primero un sistema educativo pedagogista y progresista fallido y colapsado; segundo, unos medios de comunicación tradicionales adscritos al poder, telebasurientos, corrompidos y corruptores; y tercero, un establishment cultural endogámico, elitista y que no hace cultura sino ideología, creando modelos aberrantes de hombre y de sociedad.

En fin: libertad de enseñanza para los padres, liberalización del sector audiovisual y fin de las subvenciones al “mundo de la cultura” son la única alternativa viable y fiable al zapaterismo, enfermedad nacional.

¡Váyase, señor Zapatero!
Desarrollar el programa significa tejer una maraña de leyes que después será difícil desatar.
Horacio Vázquez-Rial www.gaceta.es   5 Julio 2011

Es probable que el más alto nivel de cinismo alcanzado en la clase política española sea el de los nacionalistas periféricos (de algún modo hay que llamarles), de modo muy especial los señores del PNV, quienes además van de civilizados y sonríen ante las cámaras cuando hablan para no explicar sus acuerdos con el PSOE: lo que reciben los nacionalistas vascos probablemente no se sepa nunca –hay muchas cosas que no se apuntan en papel alguno–. Lo que reciben los socialistas es evidente: respiración asistida para continuar en el Gobierno.

¿Hasta cuándo? Hasta haber desarrollado su programa, según los más sádicos. Hasta agotar la legislatura, según los más huidizos. Desarrollar el programa significa seguir tejiendo una maraña de leyes que después será difícil desatar. Los socialistas, y no sólo los españoles, han desbordado hace años sus programas máximos de conquistas sociales. Todo lo que podía conseguir el proletariado, lo ha conseguido hace mucho. Lo que viene después ya no pertenece a la lógica de clases, sino a la de minorías –mujeres, inmigrantes, discapacitados, homo y transexuales, dependientes, etc.– y a la de los derechos –libre uso del cuerpo, aborto, matrimonio gay: hasta los de animales–. Saben que cuanto más avancen por esa senda, más difícil les resultará a sus sucesores retroceder.

José María Aznar no se metió con la despenalización del aborto, ni falta que hacía: era socialmente normal. Lo de hoy ya no lo es: habrá que recurrir cientos de leyes irresponsables, si se tienen las fuerzas, las ganas y el tiempo necesario para ello, habida cuenta de la prioridad que habrá que darle a la economía. Pero es que la economía está en las partidas relativas a todas esas cosas, desde los cinco millones de euros concedidos generosamente por la corriente zerolista del partido a los gays bolivianos hasta el dinero que no apareció para financiar la Ley de Dependencia.

Por otra parte, la política de pactos, que es siempre con los nacionalistas, rara vez con IU y menos con UPyD, hace difícil la superación del actual quasimodo autonómico, que ni siquiera es capaz de hacer sonar las campanas de España a la misma hora. Y se va a ir haciendo cada vez más grande y más deforme si no se coge el toro por las astas y se reforma todo el régimen electoral, aproximándolo en la medida de lo posible a la noción de “un hombre, un voto”, “un diputado, tantos votos”. Se quedarían los peneuvistas, los convergentes, los bildus, con muchos menos diputados: los que les corresponderían en un sistema sin privilegios, bien distinto del actual, en el que igual número de votos da tres representantes a este y uno a aquel.

Lo que están haciendo los cofaraones Zapatero y Rubalcaba –el primero más de perfil– es consolidar todos esos lazos perversos que hacen que la olla política española huela tan mal. Necesitan tiempo y se lo toman. Y cada minuto que pasa significa un daño profundo más a la economía española, a la unidad de la Nación, a la unidad del mercado español. Es una política absolutamente y sistemáticamente destructiva para el ya tenue tejido industrial nacional, que es lo que realmente podría sostener una estructura financiera relativamente independiente.

Cada día que pasa, la banca española es menos española, nuestras deudas particulares son menos españolas, la deuda externa es mayor.

Todo eso, más la voluntad expresada en la urnas el 22 de mayo, tendría que haber forzado a cualquier político normal de cualquier partido normal a la dimisión y la convocatoria de nuevas generales.

Los tipos que andan por la calle con perros y flautas dicen que son la generación mejor preparada de la historia de España, pero sólo son el producto de una educación fallida que los ha preparado para ser carne de cañón de cualquier líder autoritario o de cualquier organización totalitaria de masas. Mucho ruido y pocas ideas es lo que ha dejado la revolución educacional –y vaya si lo fue: una revolución atrasista– del felipismo iluminado de Marchetti, que ya era obsolescente en los países anglosajones en los ochenta.

Al desgobierno se le añade la deseducación.
“Váyase, señor Zapatero” ya no tendría que ser el reclamo aislado de un líder de la oposición, como Aznar en su día, sino el clamor unánime de nuestros representantes, con el PP, UpyD, IU y demás organizaciones nacionales. Un coro imposible de acallar, que se reproduzca en todas las radios y las televisiones a voz en cuello. Sus señorías tienen derecho. Tal vez les contenga su sentido estético. Pero cuando uno empiece, se sumarán más. Ya después de vacaciones, claro, que esto es España, para llegar al 27-N con elecciones y lo que sea, atentado incluido si ellos creen que les hace falta. Esta vez no van a dar vuelta los resultados. Dicen que a Rubalcaba le va bien esa fecha y, en cambio, irrita a Zapatero.

*Horacio Vázquez-Rial es historiador y escritor.

El balance
Los dos retos de Rajoy
Manuel Llamas Libertad Digital   5 Julio 2011

El debate sobre el estado de la Nación ha arrojado, a grandes rasgos, dos conclusiones acerca de los principales partidos que gobiernan España: la irrealidad permanente e ignorancia supina en la que vive instalado Zapatero desde el inicio de la crisis; y la inconcreción manifiesta, al tiempo que preocupante, propia de la naturaleza que ostenta el líder de la oposición. Siendo la irresponsabilidad del presidente algo asumido ya por todos, cobra especial relevancia la alternativa económica que llevará a cabo el PP si, como apuntan todas las previsiones, Mariano Rajoy se convierte en el próximo presidente del Gobierno.

El este sentido, el líder popular se enfrentará, básicamente, a dos retos. Por un lado, la necesaria contención del gasto público para cumplir con los objetivos de déficit, así como la implementación de las profundas reformas que aún están pendientes; por otro, y siempre y cuando se cumpla lo primero, aguantar la durísima y constante presión a la que su Gobierno se verá sometido no sólo por el resto de grupos parlamentarios sino, sobre todo, por los sindicatos y los grupos organizados bajo la bandera del 15-M.

A España aún le queda mucho por hacer para posibilitar unas bases sólidas sobre las que cimentar la recuperación económica. Y la mayoría de medidas encaminadas a este fin serán, sin duda, impopulares. El problema, sin embargo, es que, a la vista de las iniciativas planteadas hasta el momento por el PP, Rajoy está todavía en pañales. Su programa económico está repleto de vaguedades, aunque revestido de buenas intenciones. Las quince propuestas de resolución formuladas tras el debate no son más que un compendio de titulares electoralistas, meras consignas carentes de contenido, puesto que en ningún caso se especifica cómo se llevarán a cabo. Repasemos algunas...

Rajoy pide límites al gasto público y a la deuda. Pero limitar el gasto no solventa nada. Si algo ha demostrado la historia, inclusive esta crisis, es que los hipotéticos techos al despilfarro gubernamental son puras soflamas de piernas muy cortas: las condiciones impuestas por el Tratado de la UE –déficit máximo del 3% del PIB y deuda del 60%– saltaron de inmediato por los aires con la crisis e, incluso, fueron incumplidas reiteradamente por varios países durante la época de bonanza económica; EEUU ha elevado casi 80 veces su techo de deuda desde los años 60; Zapatero, por su parte, modificó la Ley de Estabilidad Presupuestaria nada más alcanzar el poder para poder expandir el gasto; además, lo que España necesita no es limitar el crecimiento del gasto sino recortarlo de forma drástica, lo cual es muy distinto.

En esta misma línea, también aboga por la "austeridad" y la "racionalización" en todas las administraciones a fin de evitar gastos superfluos. Reducir coches oficiales y altos cargos está muy bien, pero no deja de ser un ejercicio demagógico y populista. El sobredimensionado sector público no deriva de esas pequeñeces sino de las grandes partidas, tales como pensiones públicas, sanidad, educación y el enorme conglomerado de empresas en manos de los políticos estatales, autonómicos y locales. Es decir, la clave radicará en reformar el enorme Estado de Bienestar que soportan los contribuyentes y no en inútiles maquillajes para contentar a los electores.

En este sentido, el programa del PP habla de "garantizar la sostenibilidad de los servicios públicos esenciales" pero, nuevamente, no dice cómo. Sólo hay dos fórmulas: o más impuestos (copago inclusive) o menos prestaciones. ¿Qué vía escogerá Rajoy? Aún está por ver. Todo ello entronca, además, con la necesaria reforma de la financiación territorial. ¿Sustituirá el concepto de "solidaridad interterritorial" por el de "corresponsibilidad fiscal? Lo dudo, aunque la respuesta sigue en el aire.

Por último, promete impulsar el saneamiento del sector financiero y la creación de empleo. Sin embargo, el PP ha ido de la mano del PSOE en el rescate de las cajas, apostando por su nacionalización y salvamento, mientras que la palabra "liberalización", clave de toda reforma laboral, brilla por su ausencia en todo su documento de propuestas.

Aún así, y contando con que Rajoy efectúe las reformas precisas, sindicalistas e indignados se mantendrán al acecho para asaltar las calles a las mínimas de cambio con el objetivo de dificultar tales medidas. Una compleja situación que tendrá que afrontar con mano de hierro, al más puro estilo Thatcher, para salir victorioso. Por desgracia, la pugna se decanta por el momento del lado de los indignados después de que el PP aceptara una dación en pago light para atenuar la carga de los hipotecados. En definitiva, grandes retos, muchas dudas y, por el momento, pocas respuestas.

Manuel Llamas es jefe de Economía de Libertad Digital y miembro del Instituto Juan de Mariana.

INTEGRACIÓN VS. AUTOEXCLUSIÓN
El buen inmigrante
Eduardo Goligorsky  http://revista.libertaddigital.com  5 Julio 2011

El inmigrante perfecto no existe, y quien pretenda retratar su perfil incurrirá en un imperdonable pecado de soberbia. Su país de origen, su clase social, su entorno familiar, su aptitud laboral, sus estudios, su religión, su ideología, su idiosincrasia, el propósito que lo empujó a emigrar, las razones por las que eligió el país de destino..., todo ello contribuye a configurar un inmigrante distinto.

Sin embargo, existen circunstancias que operan sobre todos los inmigrantes, y de su mejor o peor resolución dependerá su inserción o su rechazo en la sociedad de acogida.

Las tentaciones del gueto
Precisamente para no incurrir en dicho imperdonable pecado de soberbia no presentaré mi experiencia como si fuera modélica, pero sí intentaré aportar algún elemento útil acerca del criterio que apliqué, con buena fortuna, para sortear obstáculos y eludir las ubicuas tentaciones del gueto. Es verdad que desembarqué de un avión, en Barcelona, y no de una patera; me aguardaba un trabajo seguro en dos editoriales, en una como traductor y en otra como asesor literario, y no dependía de un contratista mafioso de manteros; prescindí de todo delirio de grandeza y alquilé un piso modesto en el barrio de Pueblo Seco; y al cabo de una semana ya había iniciado los trámites de permanencia en la comisaría correspondiente. Trámites que no estuvieron exentos de tropiezos. Me negaban el permiso de trabajo como traductor porque los había en exceso en España, y sólo lo obtuve más tarde como escritor.

Detalle importante: había abandonado Argentina porque dos demonios se disputaban el poder sin ahorrar, ninguno de ellos, sevicias ni derramamientos de sangre. Temía a la dictadura militar porque sus sicarios no sabían o no querían diferenciar a un admirador de Bertrand Russell, de Karl Popper o de Raymond Aron, de otro de Lenin o del Che Guevara; y temía a los subversivos porque su odio sectario descansaba sobre la misma premisa maniqueísta que aplicaba la dictadura: "Quien no está conmigo está contra mí y merece el exterminio". Por tanto, siempre me definí como expatriado y no como exiliado, para evitar que me confundieran con quienes tenían afinidades ideológicas o militantes con las bandas armadas.

Sin rémoras identitarias
Una vez radicado en Barcelona, y ayudado por mi formación laica y desprovista de rémoras identitarias, inicié mi proceso natural de integración en la sociedad circundante. Me ayudó el hecho de padecer una enfermedad, el cosmopolitismo, que los terapeutas nazis, comunistas, nacionalistas y fundamentalistas religiosos curan con la pena de muerte o el ostracismo, y evité perseverantemente, repito, la tentación de refugiarme en el gueto. Y este es uno de los elementos que componen, a mi juicio, la esencia del buen inmigrante: la integración. Por supuesto, para alcanzarla, el inmigrante debe despojarse de la pesada carga de suficiencias y prejuicios que trae consigo. La diatriba que el poeta Vicente Zito Lema, furibundo defensor de la subversión y hoy asociado a la rama chavista y proiraní del kirchnerismo, lanzó durante un coloquio que reprodujo la revista católica El Ciervo (mayo de 1979), refleja lo peor que se puede esperar de un inmigrante, en este caso un exiliado:

Es a su Gobierno [el de España] al que increpamos abierta, directamente, comprometiéndonos, y lo acusamos de muy grandes delitos históricos contra los latinoamericanos (...) Ellos pueden contribuir a cubrir vacíos que tiene actualmente el desarrollo técnico y cultural español (...) Es sabido que junto con Francia e Inglaterra, Argentina tiene la escuela de psicología más adelantada del mundo occidental (...) La mayoría de los profesores de psiquiatría, psicoanálisis y psicología con reconocimiento mundial han venido a España (...) La aportación que van a hacer estos profesionales a la cultura española en un campo específico que está muy retrasado es real y notoria.

Mariano Aguirre se cebó (El País, 30/10/1981) con la inopia de estos desnortados:
En los últimos tiempos estamos siendo [en España] sólo los argentinos, significante más breve pero contundente que se asocia con pedantería, aires de superioridad, movidas de piso a quien sea para conseguir un puesto de trabajo, justificar cualquier acción con el pasado dramático y militante, abultadas cuentas telefónicas sin pagar, psicoanalizados psicoanalizadores insaciables (...) Sin embargo, creo que no es necesaria la defensa apasionada ni la autoexaltación personal diferenciadora y cretina si aplicamos la razón. Porque donde empiezan los matices se acaban los nacionalismos. Mi idea es que los argentinos, así en abstracto, como fórmula globalizadora, no existen más que en los documentos nacionales de identidad (...) Creo que hay una buena cantidad de argentinos que son insoportables. Compatriotas, como se suele decir, que no asumen haber cambiado o tenido que cambiar de país. Que continúan viviendo en un pasado cada vez más mítico –el allá– y que sirve de eje referencial al cual adorar y en el cual apoyarse para no insertarse en la sociedad española y, a la vez, sentirse justificados en despreciar este país y autolegitimarse en actuaciones impresentables.

El redil sectario
Uno de los medios de que se valen los grupos interesados en perpetuar el aislamiento de los inmigrantes para llevarlos a su propio redil sectario son las asociaciones creadas para preservar esas peligrosas y arcaicas raíces e identidades que Amin Maalouf desenmascaró magistralmente en su libro Identidades asesinas (Alianza, 1999). Hoy, quienes más utilizan este medio en España, para adoctrinar a sus correligionarios y reclutar yihadistas, son los fundamentalistas islámicos. A partir de mediados de los años 70 lo emplearon los agentes en el exterior de la subversión argentina. La profesora Silvina Jensen se ha ocupado de este tema, con el matiz hagiográfico habitual en este tipo de trabajos, en su tesis doctoral Suspendidos de la historia/exiliados de la memoria. El caso de los argentinos desterrados en Cataluña, 1976..., dirigida por el Dr. Josep María Solé i Sabaté. En el fragmento que llegó a mis manos, la autora hace hincapié en "la búsqueda y el mantenimiento de las raíces" y, dada la proverbial empatía de muchos argentinos con todo lo que huela a nacionalismo, pone el mayor énfasis en la relación de los exiliados con "el hecho diferencial catalán" y se desentiende de la integración de éstos en el marco más indiscriminado de la sociedad española.

Silvina Jensen interpreta el fracaso de la tentativa de implantar en Argentina una dictadura copiada del modelo castrista como "la derrota de los proyectos del campo popular" y se explaya sobre la actuación de "dos de las instituciones centrales del colectivo argentino", que eran, precisamente, las encargadas de consolidar la retaguardia de los movimientos guerrilleros y terroristas que perduraban en Argentina. La división entre las dos casas argentinas reproducía, ni más ni menos, la que existía entre los subversivos: Montoneros peronistas-castristas, por un lado, y marxistas afines al Ejército Revolucionario del Pueblo, por otro. Siempre de espaldas a la integración en la sociedad española, pero con un explícito afán por estrechar lazos con el nacionalismo catalán.

Admirador de dictaduras
A Jensen le indigna que "el célebre ministro del Interior Rodolfo Martín Villa" utilizara un decreto de expulsión de extranjeros sin permiso de trabajo y residencia para "deshacerse de los subversivos, extremistas, rojos y agitadores (...) Para aquellos que estaban alineados ideológicamente con el franquismo, un exiliado era un individuo peligroso y una amenaza para la seguridad interior, al que había que identificar, controlar y eventualmente expulsar". Y contrapone esta actitud a la de los organizadores de la Lliga dels Drets dels Pobles, que acogieron como representantes de los "movimientos de liberación nacional" a Roberto Guevara, hermano del Che y miembro del ERP, y al montonero Rodolfo Mattarolo.

Era público y notorio que detrás de las dos casas argentinas acechaba el núcleo duro de los asesinos, secuestradores y atracadores que encarnaban a uno de los dos demonios de Argentina, y si a algún ingenuo le cabía alguna duda le habría bastado con leer las entrevistas que el prestigioso Francisco Cuco Cerecedo hacía periódicamente a los más atrabiliarios verdugos guerrilleros en la revista Cambio 16, presentándolos, eso sí, como héroes de una guerra justa.

Rodolfo Martín Villa, que por aquellos tiempos tenía que lidiar con los asesinos de ETA, del Grapo y de la ultraderecha posfranquista, no necesitaba que a estos criminales autóctonos se sumaran otros importados del Cono Sur. Sobre todo si se trataba de personajes como Envar Cacho el Kadri, veterano terrorista al que, recuerda Jensen, "se le ocurrió hacer una declaración en el periódico. Al otro día tocó el timbre la Guardia Civil, y lo agarró del forro del culo, y lo puso en la frontera con Francia". Jensen no cuenta, como lo hacen Martín Caparrós y Eduardo Anguita en su libro La voluntad, que, ya en París, El Kadri se incorporó a una organización de derechos humanos y chocó con Yves Montand cuando éste le informó de que también defendían a las víctimas de las dictaduras comunistas, algo que no entraba en el imaginario del obsesivo admirador de esas dictaduras.

Abierta a la controversia
La publicación Testimonio Latinoamericano, que Jensen cita con respeto, fue, en cambio, más abierta a la controversia, y en ella escribí a favor de la ofensiva militar británica contra los invasores argentinos de las Malvinas, lo que me llevó a polemizar con sus directores. Uno de ellos, Álvaro Abós, regresó a Argentina en 1983, cuando se restauró la democracia, rompió públicamente con el peronismo y hoy es uno de los intelectuales que se arriesgan a denunciar con impecable lucidez las miserias que flotan en la olla podrida del kirchnerismo.

En fin, sólo me queda aclarar, respecto del trabajo de Silvina Jensen, que cuando utiliza una cita trunca de mi libro Carta abierta de un expatriado a sus compatriotas podría transmitir la falsa impresión de que yo aprobaba la idea de crear una "internacional de sudacas", lanzada por Mario Benedetti. Jamás me habría incorporado a un club que tuviera por socio a Benedetti, que fue apologista de la guerrilla tupamara y burócrata al servicio de la dictadura castrista, ni a otros que compartieran su ideología. La única internacional con la que me identifico es la que descansa sobre las bases de la civilización occidental.

Una sociedad muy receptiva
Los imanes de las mezquitas y los ideólogos de la revolución fallida no son los únicos, empero, que intentan secuestrar la autonomía individual del inmigrante para gobernar sus actos. En Cataluña, los adoctrinadores nacionalistas, tan activos en el aparato del tripartito como en el de la Generalitat convergente, también desarrollan una campaña encaminada a segregar al inmigrante de la sociedad española para convertirlo en cautivo de su enclave sectario.

Yo soy un animal político, que a los 15 años ya repartía, en la calle, octavillas de la Unión Democrática enfrentada con el peronismo. Después pasé por etapas de obnubilación izquierdista, hasta que me reencontré con el centro liberal y democrático. Cuando desembarqué en Barcelona busqué dónde situarme, desde el punto de vista político, y concurrí a la manifestación de la Diada de septiembre de 1977 y a la que acompañó el regreso de Josep Tarradellas. Estaba decidido a integrarme en la sociedad de acogida y comprobé, con alegría, que esta sociedad era muy receptiva.

Trabé amistad con vecinos y con compañeros de trabajo. Hablaba y hablo únicamente en castellano, aunque leo perfectamente en catalán a Miquel Porta Perales, a Joan-Lluís Marfany y a Josep M. Fradera, y jamás me sentí discriminado en mi círculo de relaciones. Distinto es el caso de la élite gobernante nacionalista, que asienta su poder sobre los esfuerzos por catequizar a los ciudadanos, discriminando a los refractarios, sean éstos nativos o foráneos. La sociedad va por un lado y la élite va por otro, y yo afortunadamente puedo marchar con la primera. Es a esto a lo que llamo integrarse. Y fruto de esta integración, desprovista de obsecuencia y mimetismo, fueron mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota y mi toma de posición, en muchos artículos periodísticos, a favor de Felipe González, primero, y de José María Aznar y Mariano Rajoy, a partir de 1996.

Repito que soy un animal político, creo haber sido un buen inmigrante, y no me arrepiento de haber asumido los compromisos que mi condición de nuevo ciudadano me imponía. No soy un modelo, pero tampoco soy un mal ejemplo para los recién llegados.

Los mantras de Patrícia Gabancho
‘Es usted quien reduce la pluralidad lingüística de Cataluña a la homogeneidad, no el PP, ni Ciudadanos, ni UPyD, ni ninguno de los que nos oponemos a la homogeneización otrora franquista. En este caso, cambiando el español por el catalán. Es a usted a quien ofende la presencia del castellano, a nosotros no nos ofende en absoluto la presencia del catalán. ¿Es preciso decirlo?’
Antonio Robles www.vozbcn.com 5 Julio 2011

Señora Gabancho, me he permitido la licencia de contestar a su artículo publicado en Ara, titulado: La croada contra el català. Las ideas que usted expone en él forman parte del catecismo político del catalanismo en el poder y gente como usted las han convertido en mantras; es decir, en consignas que la razón no cuestiona porque están infectadas de ideología y de emociones excluyentes. Y eso, debería considerar, es incompatible con el respeto a los demás y a la democracia.

No seré breve; el mantra no necesita razonamiento, pero el argumento sí y éste suele necesitar espacio. Me sabrá perdonar.

Patrícia Gabancho:
‘Explico todo esto [escribe en su artículo] porque coincide con la ofensiva -una auténtica cruzada- contra la lengua catalana, impulsada por el PP’.

Su argumento es un viejo mecanismo de defensa descrito por Freud, denominado proyección, que consiste en atribuir a los demás las intenciones incómodas que no podemos soportar en nosotros mismos. En este caso, atribuye usted al PP una supuesta cruzada contra el catalán, cuando es usted quien demuestra con sus actos y palabras querer eliminar el castellano de la vida pública catalana o, si lo prefiere, hacer del catalán el único idioma oficial de Cataluña.

Mucho antes de que usted hubiese llegado a Cataluña, el catalanismo lo utilizaba como el mantra más insidioso para neutralizar a todos aquellos que exigían libertad lingüística. Sabían que sólo satanizando a los que pidiesen bilingüismo escolar e institucional, se podría avanzar en el sueño de una Cataluña monolingüe solo en catalán. Sepa usted, o no, el origen de esta tropelía, el argumento resulta sucio en cuanto se compara con supuestos parecidos. Si exigir el derecho de voto femenino se hubiera interpretado por el mundo masculino como una cruzada de las mujeres contra su propio derecho al voto, o como una amenaza a su posición de dominio en la sociedad, aún estaríamos esperando el derecho femenino al voto. O si prefiere, si hubieran actuado aquellos hombres conforme hace el nacionalismo contra el derecho de los castellanohablantes a estudiar en lengua materna, la mujer seguiría con la pata quebrada y en casa. Lo intentaron, todo hay que decirlo, pero afortunadamente no ganaron los retrógrados.

Interpretar que la exigencia del derecho a estudiar también en castellano es una cruzada contra el catalán, sólo puede ser interpretado como lo que en la práctica significa, puro racismo cultural. Yo tengo derecho, parece pensar usted, porque la fuerza del castellano me intimida. Si no la acoto, me asfixia. En este caso, cualquiera que se sienta en inferioridad respecto a algo o alguien, podría alegar impunidad para excluir. Acaba usted de invocar el principio de la guerra.

No obstante, le debo tranquilizar, no es usted la primera ni será la última. Es un viejo estigma que ha venido siendo utilizado por el catalanismo desde siempre. Joan B.Culla i Clarà, historiador nacionalista, ya lo había hecho el pasado 24 de junio en las páginas de El País (¿Paso franco al PCC?) para desautorizar la entrega de más de 500 solicitudes de familias a los responsables de educación de Cataluña exigiendo el derecho a estudiar en lengua materna según disponen 5 sentencias firmes del Tribunal Supremo (TS) y ampara el Tribunal Constitucional (TC):

‘La visión de Sánchez-Camacho al lado de Francisco Caja en la puerta del Departamento de Educación, el hermanamiento del PPC con el castellanismo fanático y grupuscular, es un paso en la dirección contraria’.

Es curioso que lo que disponen los tribunales -no otra cosa exigen Caja y Sánchez Camacho- es considerado por el ínclito Culla i Clarà como ‘castellanismo fanático y grupuscular’. Bonita democracia esta en la que vivimos: personas que recurren democráticamente a los tribunales, aceptan sus sentencias y exigen su cumplimiento son considerados fanáticos y grupusculares, y quienes les insultan y desacatan sentencias escriben y cobran de uno de los periódicos más importantes de Cataluña y el más vendido en toda España. Paradojas muy corrientes por estos lares.

Con razón, Sánchez-Camacho, diana de su artículo y de otras tantas andanadas, mostraba su indignación en un catalán exquisito la semana pasada en Els Matins de TV3: “Que defienda un modelo bilingüe en Cataluña, o un modelo trilingüe, no excluye ninguna de las lenguas”. No ha sido el único partido, ni la única líder. En Cataluña, quién más quien menos, hemos recibido nuestra ración de isótopos catalibanes. Es bueno denunciarlos a todos, porque la calumnia no tiene cabida en una democracia, sea quien sea el calumniado.

Patrícia Gabancho:
‘Parece mentira que una lengua (el español) que se plantea conquistar el mundo entero se tome la molestia de atacar una lengua menuda y tímida como el catalán. ¿Qué falta les hace? Ya se sabe, el espíritu es el espíritu. El catalán no ha sido colonizador ni cuando las lubinas surcaban el Mediterráneo con las cuatro barras al lomo, y el castellano lo es incluso cuando no le hace falta. Es la obsesión por la homogenización, dentro de la cual la diferencia ofende’.

Son las personas las que tienen valores y toman decisiones, no las lenguas. La lengua española no puede atacar a lengua alguna, por muy menuda y tímida que sea la víctima. Sólo es un instrumento de comunicación; no le atribuya intenciones y voluntad. Y, sobre todo, no la considere genéticamente malvada. Por la misma razón, no le atribuya tampoco bondad inmaculada al catalán; como el castellano, no es sujeto de sus actos.

Ahora bien, si las toma como sujetos con voluntad en lugar de juzgar a los hombres que en su día la impusieron o la enseñaron en lares distintos de donde surgieron, colegirá conmigo que si el catalán hoy se habla en el Alger (Italia), en Mallorca o en Valencia, será por los mismos motivos que se habla el español en América. ¿O acaso una es colonizadora y la otra inmaculada? Me resulta casi ridículo tener que argumentar semejantes obviedades. Las lenguas son hijas de su tiempo, de todos los tiempos, que es tanto como decir que son consecuencia de las decisiones de los hombres. Si hoy el inglés y el español son los dos idiomas francos más importantes del mundo se debe al dominio político que tuvieron en el pasado, además de ser útiles para la comunicación y para la ciencia. Muchos de los métodos utilizados para extenderlas no fueron democráticos, como el resto de actuaciones políticas de su tiempo. Precisamente por eso, ahora que vivimos en tiempos y sistemas democráticos, aborrecemos prácticas no democráticas. Como el excluir un idioma en nombre de los delirios monolingüistas del nacionalismo o de cualquiera otra aspiración atajada por prácticas no democráticas.

Pero quizás su última sentencia es la más contradictoria:
‘Es la obsesión por la homogenización, dentro de la cual la diferencia ofende’.

Debería usted recapacitar. Hoy, en España, nuestra Constitución ampara la pluralidad lingüística y, recientemente, a propósito del Estatuto de Autonomía de Cataluña, ha sentenciado la conjunción lingüística, es decir, el derecho del catalán y el castellano a ser igualmente lenguas docentes. España no homogeniza; muy al contrario, su sistema de organización territorial permite que en las CCAA con más de una lengua oficial, impere el respeto a las diferencias. No sólo moral, sino oficialmente. Quien reduce la pluralidad a la homogeneidad es la Generalidad y todos los intelectuales orgánicos como usted pretendiendo que sólo una lengua sea la de las instituciones, sólo una identidad cultural catalana sea la identidad de todos los catalanes y sólo un sentimiento antiespañol sea el legítimo crisol del inconsciente colectivo catalanista. Es usted quien reduce la pluralidad lingüística de Cataluña a la homogeneidad, no el PP, ni Ciudadanos, ni UPyD, ni ninguno de los que nos oponemos a la homogeneización otrora franquista. En este caso, cambiando el español por el catalán. Es a usted a quien ofende la presencia del castellano, a nosotros no nos ofende en absoluto la presencia del catalán. ¿Es preciso decirlo?

Patricia Gabancho:
‘Declaración de Gerona. Establece el derecho de la comunidad lingüística en la propia casa, es decir, anudan lengua y territorio. La gente nace en una cultura y en una lengua, y cultura y lengua nacen (o las nacen) en una tierra concreta’.

Nos dice que el PEN, asociación internacional de escritores, cuya versión a casa nostra es un nido de nacionalismo militante, llevará a la ONU la Declaración de Gerona. Según nos cuenta usted, lengua y territorio van unidos. Ahora resulta que los seres humanos, libres y capaces de ser cualquier cosa quedan atrapados en una lengua, como quedan atrapados por un territorio. Si bien es cierto que nuestras experiencias primeras tienen un lugar destacado en la formación de nuestras emociones, no determinan ni nuestra razón, ni afortunadamente, nuestra voluntad. Si así fuera, sería la peor condena que nunca se pudo imaginar la humanidad: ser esclavos del territorio donde naces, de la cultura que mamas, de la lengua que hablas. No le daré más argumentos que la realidad empírica. En la inmensa mayoría de los territorios se hablan varias lenguas, en muy pocos Estados se habla una sola y casi todos los humanos conocen más de una lengua. En Europa, sólo tres Estados tienen una sola lengua: Islandia, Portugal y Malta. En todos los demás hay dos o más, en la mayoría se respeta el derecho a elegir la lengua escolar y en todos, sin excepción, se puede estudiar en la lengua oficial del Estado. ¿En todos? No, en España, no.

No es este dato el más significativo, lo más inquietante son las consecuencias que se deducen de su pretensión y de ese simulacro de PEN internacional que en Cataluña se reduce a una agencia subvencionada para propagar internacionalmente el nacionalismo más etnicista. Lo más inquietante es la solución que darían ustedes a países como EEUU, Canadá o continentes enteros como Americana Latina, a la mayoría de los países africanos, o China, etc. ¿Cuál sería la lengua del territorio y qué habría que hacer para restablecer su hegemonía en el caso que la hubiera perdido por los avatares de la historia? La que liaría usted si cada Estado de Europa le da por marginar a todas las comunidades lingüísticas que lo componen para imponer ‘la lengua de la tierra’. Nuevamente a vueltas con el Volkgeist.

Si fuera cierto lo de la lengua, la cultura y la tierra, usted sería la primera en refutarlo con su actitud lingüística. Habla y vive en catalán sin mayor problema. Sin embargo, usted nació en Argentina sumergida en medio de la lengua española, llegó a Cataluña a los 22 años, cambió de lengua y vive en catalán y del catalán. Si cada tierra tiene su lengua y ésta nos constituye, ¿cómo es que vive con toda naturalidad en catalán?

Patricia Gabancho:
‘Ya no podemos tener en cuenta la famosa lengua materna, porque en Cataluña hay 300 lenguas maternas. Por tanto, la que ha de prevalecer es la lengua nacida en la tierra, lo que el Estatuto dice ‘lengua propia’, y que en Cataluña sólo puede ser el catalán’.

Si usted vino a Cataluña de Argentina a los 22 años y ahora está en los 50, usted llegó a Cataluña hacia el año 1983, año de la primera autonómica Ley de Política Lingüística, imposición de la primera inmersión no oficial, exilio de 14.000 maestros y profesores y el inicio de una década de silencio y chantaje moral contra todo el que disintiera del catalanismo monolingüista. Si usted hubiera vivido los años 60 y 70 seguramente se hubiera sumado a la reivindicación de la escuela en lengua materna. Como todos los que sí estábamos. Y era justo defenderlo. Con todos los argumentos, sobre todo con el de la ONU (desde la UNESCO) que en 1953 sentenció: ‘Es axiomático que el mejor medio para enseñar a un niño es su lengua materna’. Fue la mejor y la más persistente campaña del catalanismo frente al monolingüismo oficial de la dictadura franquista. Por eso nos sumamos todos, por eso nos rebotamos tanto tantos cuando a la vuelta de los años, los mismos catalanistas que nos pidieron apoyo para reivindicar la lengua materna en catalán nos la negaban en castellano ahora que estaban en el poder. Que venga ahora usted escribiendo que no se ha de tener en cuenta ya la lengua materna porque en Cataluña hay 300, es de un cinismo inaguantable.

Se ha olvidado usted de señalar que esas 300 lenguas no son oficiales. Y, de momento, mientras haya Estado, hay leyes y deben ser respetadas. Sobre todo si son democráticas. Y de entre esas oficiales, el español es una de ellas, además de ser la común de todos los españoles. Otra cosa es que usted no acepte la existencia de España, el color rojo de las amapolas o a los ingenieros chinos. Eso es su subjetividad, no un argumento para obviar el estatus jurídico de una lengua.

Deduce usted que ha de prevalecer la lengua que ha nacido en la tierra, de ahí colige que sólo puede ser una, y esa una es el catalán, que por el principio de propiedad, ha de ser la única. Acabáramos; igual que Franco, pero substituyendo el catalán por el castellano, España por Cataluña; eso sí, con argumentos para parecer educada y demócrata. Le recuerdo que el catalán, como todas las lenguas latinas, actualmente vigentes, nació de la descomposición del latín, por tanto, el latín estuvo por esta tierra antes que el catalán, que a su vez había suplantado a las lenguas ibéricas anteriores.

Según el último Barómetro de la Comunicación y la Cultura de la Fundación Audiencias de la Comunicación y la Cultura (FUNDACC) de 2010, la lengua propia (o ‘lengua de identificación’) del 55,1% de los habitantes de Cataluña es el castellano; la del 39,4%, el catalán; y la de un 5,2%, otras lenguas. Si las cosas fueran como dice usted, es decir, que la lengua propia de la tierra sólo fuera el catalán, ¿cuál es la solución que usted tiene diseñada para ese 55,1% de catalanes que tiene por lengua propia al español? Y, concretamente, ¿qué recomienda hacer con la mayoría de ese 55,1% de nacidos en Cataluña que mamaron desde la cuna la lengua de la tierra en la propia Cataluña, porque aquí nacieron y aquí se la encontraron? Es decir, ¿qué haría con esos catalanes que se confundieron de cuna y de lengua? Le recuerdo que las deportaciones están muy mal vistas.

Patrcia Gabancho:
‘España impone lengua, mercado y consumo cultural en cualquier parte y establece una competencia perpetua y desigual con el catalán’.

Acaba usted de descubrir la sopa de ajo. Como el inglés, como el árabe, como el chino mandarín. Es una evidencia que las lenguas con muchos hablantes y (o) de comunicación internacional tienen influencia y hacen más competentes a los que las dominan. En Cataluña, hoy, eres más competente si hablas las dos lenguas oficiales que una de ellas. De perogrullo. El inglés no se impone, pero muchas personas lo aprenden porque les resulta rentable dominarlo. Es pragmático hacerlo. Como todo. ¿Habríamos de prohibir las retrasmisiones del Barça para reducir la tendencia de los aficionados a elegirle como su equipo favorito para evitar así el temor a que el Espanyol se fuera quedando sin aficionados? O, por el contrario, ¿deberíamos facilitar igual trato de partida y que sean los espectadores los que elijan optar por seguir a uno, a otro o a los dos? Si no ha asumido, a estas alturas, que las lenguas están para servir a las personas y no las personas a las lenguas, estamos listos…

Patricia Gabancho:
‘Alicia no tiene derecho a escolarizar a su hijo en castellano porque la inmersión lingüística es un bien superior’.

¿Por qué los hijos de la señora Gabancho tienen derecho a escoger la lengua de enseñanza y los de la señora Sánchez-Camacho no? La Constitución otorga ese derecho, y el TC y el TS han dictado sentencias a favor de ese derecho. Paradojas de estos tiempos tribales: una madre nacida en Cataluña con lengua materna en castellano es vetada por una madre nacida en Argentina y escolarizada en castellano. ¡Con la lengua catalana como disculpa!

Sólo incumpliendo la ley, señora Gabancho, y excluyendo de derechos a las personas puede garantizar la inmersión obligatoria, pero eso es racismo cultural, un atentado contra la democracia. ¿Por qué la inmersión es un bien superior? ¿Por qué da ventajas a los hijos de la señora Gabancho? No, la inmersión es un método para aprender idiomas que mal utilizado, o sea utilizado como un instrumento de ingeniería social para construir una nación, se convierte en totalitarismo puro y duro. El único bien superior en este caso es la libertad, la libertad de elegir la enseñanza de tus hijos.

Patricia Gabancho:
‘A veces es preciso vulnerar derechos individuales a favor de los derechos colectivos. Exactamente lo contrario de lo que nos dicen los españoles: son las personas, no las lenguas, las que tienen derechos; y las tierras no tienen lenguas’.

¿Sabe que los Derechos Humanos no reconocen los derechos colectivos, sino los derechos individuales? ¿Y sabe por qué? Porque si defendiera los derechos colectivos, tales derechos podrían impedir derechos a otras personas, mientras si el derecho individual de persona a persona prevalece, nadie puede salir perjudicado. Por ejemplo, si los Derechos Humanos defienden sus derechos como persona humana sin ningún apellido, nacionalidad, religión, lengua, estado, sexo, etc., usted está plenamente defendida, por ejemplo como mujer; como votante, como periodista etc. Pero si defendiera, por ejemplo, colectivos de mujeres liberadas, divorciadas, maltratadas, o del colectivo de mujeres de Afganistán a llevar el burka, esos grupos podrían impedir a otras mujeres de otros grupos diametralmente opuestos, su libertad. Pasa lo mismo que los derechos dentro de una comunidad. Si el colectivo de catalanistas considera que su lengua debe ser ‘la única lengua docente’ está impidiendo al resto de ciudadanos acceder a ese derecho. Pero si el derecho es de todos los ciudadanos, ni el hijo de la presidenta del PP de Cataluña, ni el hijo del colectivo catalanista serían excluidos de ese derecho.

Patrcia Gabancho:
‘La cohesión social se hace alrededor de la lengua propia de la comunidad, o la comunidad desaparece’.

Parte usted de una premisa falsa, suponer que la comunidad tiene lengua propia; cuando en realidad, son las personas las que tienen lengua o lenguas propias. Y si la comunidad la tiene, tendrán que ser aquellas que sean oficiales, a no ser que hable usted de antropología y entonces, el catalán lo compartiría con otras muchas que la precedieron, incluido el latín de donde procede. Pero para este concepto de lengua propia, capital en el fraude que el nacionalismo ha hecho a los ciudadanos de Cataluña, le remito a un artículo publicado en Abc, en febrero de 1996, titulado: La lengua propia, donde desarrollo la historia de este fraude. Viejo mantra éste. A pesar de los 15 años trascurridos, la argumentación es suficiente. Es un poco largo, pero usted se perdió algunos años esenciales de la construcción de esta Cataluña virtual que le vendieron cuando vino. Sabrá perdonarme. Pero no me resisto a adelantarle algún argumento:

‘¿Por qué ha sido elegida la lengua como signo de demarcación del nacionalismo? Porque el hecho diferencial del que emana la disculpa reivindicativa necesita algún elemento objetivo que evidencie la diferencia. No olvidemos -como nos recuerda Gabriel Albiac- que el nacionalismo ni es bueno ni es malo. El nacionalismo es excluyente o, sencillamente, ¡no es! Y la lengua, en cuanto le permite diferenciar, le permite ser; es decir, le permite excluir. Mas allá de la simulación bilingüista que el poder nacionalista debe sostener, la evidencia de esa verdad es hoy incontestable en Cataluña. Lo cual debería hacernos reflexionar seriamente, tanto por la aberración que supone la limpieza lingüística que de ello se sigue, como por el silencio intencionado con el que se tapa la aberración. Sin embargo, los nacionalistas han conseguido que la utilización de la lengua como criterio de demarcación aparezca no sólo como inaplazable y justificado desquite de agravios históricos sino como irreprochable desde el punto de vista moral y político. El embotamiento al respecto es tan eficaz como unánimes los medios periodísticos y políticos puestos a su servicio. Ante situaciones como ésta, sólo la analogía nos puede sacudir las entendederas. Intentémoslo. ¿Se imaginan que el artículo 3 del Estatuto de Cataluña pusiese: ‘La raza propia de Cataluña es la blanca’? No, claro; no se lo imaginan. No obstante, si lo pusiese, no necesariamente supondría trato discriminatorio contra los ciudadanos catalanes de otras pigmentaciones.

Un naturalista podría aclararnos que la mención a la raza propia sólo era una referencia de cariz histórico para especificar que la raza blanca era la autóctona de Cataluña. Claro, que si la especificación no sirviese para fundar derecho u obligación, ¿para qué diantres íbamos a malgastar artículos del Estatuto en poner lo que pertenece a las Ciencias de la Naturaleza? Como vemos, la referencia a la raza nos resulta inaceptable o gratuita. Nunca la admitiríamos como criterio étnico o como esencia de la nación catalana. ¡Raza catalana! Su sola mención nos resulta grotesca. Sin embargo, lo que para nosotros nos parece propio de bárbaros para otros ha sido o es signo inequívoco de derecho de ciudadanía. Hace sólo tres décadas, el líder negro Martin Luther King moría asesinado a cuatro manzanas de la Estatua de la Libertad por pretender que los negros no fueran ciudadanos de segunda, y sus hermanos de color de la República Sudafricana han tenido que esperar a las puertas del siglo XXI para poder votar en un país en el que sólo votaban los blancos. La analogía de la religión propia, al igual que la metáfora de la raza propia, desnuda y transparenta la sinrazón de la lengua propia. Nos frotaríamos incrédulos los ojos si un buen día abriésemos el Estatuto y leyésemos en su artículo tercero: ‘La religión propia de Cataluña es la cristiana’. Si además comprobásemos que nuestros políticos sólo considerasen como auténticos catalanes a aquellos ciudadanos que profesasen públicamente la religión catalana, entonces no nos frotaríamos los ojos, nos los sacaríamos. Afortunadamente, a ningún catalán cuerdo se le podría pasar por la cabeza semejante disparate’.

Prosigo. Si le admitiese la primera suposición que hace a modo de conclusión: ‘Si el catalán no fuese la lengua de cohesión social, la comunidad desaparecería’, habría de suponerme que me está rechazando al español como lengua común. ¿Me quiere decir que no admiten al español como lengua común, o de cohesión social para España a pesar de que es una lengua franca de todos los españoles, pero considera imprescindible que el catalán sea única lengua de Cataluña para garantizar la cohesión social de ésta? ¿En nombre de qué el catalán, si hay dos (tres con el aranés) lenguas oficiales? ¿Porque tiene más hablantes? No, el español es el idioma más hablado en Cataluña. ¿Porque es la lengua propia? No, la lengua propia de los catalanes más extendida es la española (55,1% frente al 39,9%). En todo caso comparte la propiedad con otras. ¿Porque la lengua catalana es más eficaz para la cohesión social que el castellano? ¿Porque lo dice usted? De hecho, la propia inmigración escoge el castellano, si es libre para hacerlo, porque muchos vienen de Latinoamérica y el resto tienen en España entera puestas sus expectativas en la mayoría de los casos. ¿Eso es malo? No, eso es libertad.

Pero lo peor de su argumento está en el acto fallido que transporan sus intenciones excluyentes. Considera que si el catalán no fuera la lengua de cohesión social, o sea única, la comunidad desaparecería. ¿Está insinuando que el recurso ético a la cohesión social, solo es un sucio procedimiento para desmantelar la paz de España y, por ende, su fragmentación? Reflexione dos segundos y verá que usted acaba de importarnos de Argentina lo peor del peronismo y de nosotros mismos: el cainismo, la demonización del otro, el maniqueísmo, que tanto daño nos ha hecho históricamente y que España parecía haber superado con la Transición democrática. Al menos así se lo recuerda, en artículo dedicado a usted, el escritor argentino con residencia en Barcelona, Eduardo Goligorsky, en la revista de la Asociación por la Tolerancia, titulado: Totalitarismo de ida y vuelta, donde analiza su libro: El preu de ser catalans. Y a usted misma. Se lo recomiendo.

Mire, debo serle sincero, no conozco su trayectoria vital, pero le recuerdo la del inquisidor Torquemada. Ese judío converso, cristiano nuevo, verdadera máquina de exclusión contra sus orígenes cultural y religioso. Tiene usted derecho a cambiar de lengua, a hablarlas todas, sólo faltaría, pero ninguno a excluir mis derechos lingüísticos ni los de ningún otro ser humano.

En una cosa sí estoy de acuerdo con usted: ‘Las lenguas no se hacen francas, sino que lo resultan, a base de ocupar espacio y usos’. Efectivamente. ¿Sabe por qué se convirtió el castellano primero, ese que no pasaba de un balbuceo del latín vasconizado, en una koiné de los territorios conquistados a los árabes por los guerreros castellanos y posteriormente en lengua franca o lengua común en toda la Península Ibérica? Porque no rechazó, sino incluyó cuantos giros y términos de todas y cada una de las hablas que emergían por doquier de la conversión del latín en lenguas romances. Y, sobre todo, del árabe, del que llegó a representar el 30% de su vocabulario. La razón fue puramente pragmática, los miles de desarraigados que buscaban cobijo en los territorios conquistados de Castilla a los árabes y los autóctonos que ocupaban los territorios tenían la necesidad de entenderse. Sin restricciones, sin imposiciones, mezclando términos, sonidos, que poco a poco convirtieron ese dialecto o lengua romance procedente del latín, y del vasco, en una koiné donde se entendían la mayor parte de los habitantes de la península.

Efectivamente, una lengua no se hace franca, ni de cohesión social, ni común en una democracia con imposiciones, sino con la elección libre de los hablantes de una comunidad. Por muchas y variadas razones, la primera por interés y pragmatismo, valores más legítimos que su mentalidad excluyente. Deje en paz al español, deje en paz al catalán, las dos son lenguas oficiales de Cataluña. Deje que nuestros hijos las aprendan como instrumentos de comunicación y no como ideologías de exclusión. Ni el catalán es Cataluña, ni lo es el español. Sólo son dos modos útiles de comunicarnos. No soy de los que piensen que cuantas más lenguas se hablen en una comunidad, mayor es su riqueza, pero allí donde se da esa diversidad, es preciso respetarla.

Antonio Robles es profesor y ex diputado autonómico

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ETA
Incoherencias inquietantes
Salvador Ulayar Libertad Digital   5 Julio 2011

El Congreso de los Diputados que votó negociar con asesinos y que no ha tenido a bien desdecirse organiza un homenaje anual a los asesinados. Toma coherencia. Lamentable fue el de 2010. Siniestro el de hace pocos días. El Tribunal Constitucional, politizado hasta el escándalo por las cuotas partidarias, se arrogó funciones que no le corresponden. Tiró a la papelera pruebas con las que el Supremo sentenció que Bildu es un manejo de la ETA para colarse en las instituciones y les franqueó el paso. Negocian, manipulan lo sagrado y luego te dan un homenaje. La inmensa mayoría de asociaciones de víctimas no acudieron. Sí lo hicieron algunos ingenuos, más las impulsadas por Peces-Barba con el fin de dividir a los colectivos. Llamativo lo dicho por Manjón: no encontró razones para no acudir. Con motivo del 11-M, matanza terrorista cuyo esclarecimiento en puntos clave nada importa a la corrección política, Manjón lanzó en 2004 su temprana conclusión de que Aznar es un asesino. Y se lo llamó a gritos. Pero nunca ha gritado tal epíteto a los batasunetarras. Ni ha asistido a protestas contra la negociación con la banda.

Llegó a poner en duda las historias que víctimas de la ETA le contaron sobre los años de plomo. A Otegi, "el gordo" en el argot, y a su pandilla no les grita. Pero a Aznar, a quien quiso matar la ETA para amedrentarnos a todos, a quien hizo un espléndido trabajo contra la banda, a ese sí. Coherencia. En el mínimo acto de la Carrera de San Jerónimo, Bono negó la palabra a los dizque homenajeados, redondeando así su infumable carácter. Ante las evidentes y evidenciadoras ausencias de las víctimas, la tercera magistratura del Estado repuso que no fue el Congreso el que legalizó Bildu. Gracias a que el edificio de la alta institución amortigua el sonido a base de tapices y moqueta, las carcajadas provenientes de las sedes pro-etarras no llegaron a resonar en el hemiciclo.

En Navarra levanta ilusiones el entendimiento entre UPN y PSN para la gobernanza. No seré yo quien reste optimismo, por descontado. Pero ello no está reñido con la aconsejable costumbre de mantener los ojos abiertos. Los motivos expuestos por los socialistas para no acordar un Gobierno alternativo se resumen en que Bildu no pide la disolución de la ETA. Si mañana lo verbaliza incluso con falsedad y sin arrepentimiento, ¿pelillos a la mar y marcharían de su brazo junto a NaBai, coalición con la que dijeron compartir lo gordo del programa? Alguien dirá tal vez que esas son estrategias y tal. Nos acostumbramos a que la simulación y en ocasiones directamente la mentira sean plenamente aceptables. Pero hay cosas con las que no se debe jugar. Es preciso reivindicar el valor político de la verdad, que obliga a la coherencia, esa espléndida pedagogía. Si uno lee el acuerdo que el PSN que gobierna Navarra con UPN ha alcanzado con Bildu en la localidad de Larraga... da para pensar. Los socialistas intentaron quitarle trascendencia declarando que en el pueblo no iban a hacer "política". ¿Qué cosa será eso según ellos?

El referido "Acuerdo del PSOE-Bildu en Larraga (2011-2015)", presumiblemente impregnado del antedicho propósito de no hacer "política", arranca con ¡nítidas declaraciones políticas! Amén de denunciar, sí, el PSN, la conculcación de un derecho falso: vivir en euskera. La idolatría idiomática. Y el programa de Bildu, del que les pongo una perla, resulta esclarecedor. Dicen los angelitos: "Por ser abertzales y de izquierdas nos desalojaron de los Ayuntamientos (sic). (...) No hemos cambiado. Nos presentamos siguiendo nuestra trayectoria..." y tal. Confesión de parte. Oiga, y siniestramente coherente.
Salvador Ulayar es hijo de Jesús Ulayar, víctima del terrorismo.

ETA
La hora del terror sordo
GEES Libertad Digital   5 Julio 2011

El proceso de negociación, en su segunda parte, entre socialistas y etarras continúa, aunque la fuerza con la que el nuevo brazo político etarra ha desembarcado en las instituciones ha generado sorpresa entre los socialistas. Reconduciendo los ánimos, Rubalcaba lanza mensajes a Bildu para evitar las muestras de victoria y la desatada euforia que los etarras no pueden disimular.

Por parte de ETA, por un lado los comandos terroristas permanecen escondidos e inactivos respetando el parón de enero. Con todas las reservas, no parece que ETA vaya a cometer atentado alguno, toda vez que los socialistas han dado paso libre a Bildu. De hecho, lo que se espera un comunicado que afiance su alto el fuego y justifique la política de cesiones del Gobierno.

Por otro lado, los aparatos político y social han multiplicado su actividad, a través de los beneficios políticos otorgados por el Gobierno. Poco a poco, los históricos de Batasuna e incluso Herri Batasuna alcanzan puestos de responsabilidad. ETA tiene sus esperanzas puestas ahí, donde encuentra todas las facilidades que el Gobierno puede darle: políticas, jurídicas y policiales. Trata de aprovechar la oportunidad única que le brinda Zapatero, resarciéndose de los duros años de Aznar.

En términos de visibilidad y facilidad de acción institucional, se ha vuelto a los años setenta. La violencia se ejerce ahora a nivel subterráneo: amenazas y agresiones verbales, que no llaman la atención mediática pero que extienden el terror sordo entre el constitucionalismo. Lo peculiar hoy es el hecho de que desde el 22-M se está instaurando progresivamente un apartheid a los españolistas que ha sido posible por dos causas. Primero, por la toma del poder local por parte de Bildu, donde ETA se ha tragado ya a EA y levanta un nuevo régimen de acoso y persecución muy pegado al terreno y a las víctimas. Y segundo, por el pacto tácito con el PSOE y el Gobierno, que encubren el acoso para no poner en peligro el proceso, generando impunidad y envalentonamiento en el entorno etarra.

Las dos partes dan por bueno este tipo de terrorismo sordo, que es necesario para que el proceso no se rompa. ETA debe reinstaurar el control social que perdió a partir de 2000 y 2002, ahora que el País Vasco se dirige a un nuevo proceso constituyente. Y lo hace a su manera, mediante la subversión y la represión social. En cuanto instrumento necesario, esto es para ETA incuestionable e intocable, bajo pena de volver a atentar y meter a Rubalcaba y Zapatero una presión social que no se pueden permitir. Razón por la cual el Gobierno permite el terror sordo dentro de esos límites. Si no lo hiciese, simplemente el proceso se rompería.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Acierto en Pamplona
Donde con más eficacia se logran las adhesiones de los etarras al cese de la violencia es en la cárcel, no en las instituciones
Editoriales ABC   5 Julio 2011

LA mayoría no nacionalista del Ayuntamiento de Pamplona —formada por UPN, PSOE y PP— decidió ayer no incluir a los concejales de Bildu en algunas de las sociedades municipales de gestión. En otras, su entrada ha sido inevitable porque lo imponían sus estatutos. Allí donde la decisión quedaba en manos del pleno, la unidad democrática ha puesto límites a la presencia de Bildu. Los dirigentes de esta formación han criticado la decisión por antidemocrática y, como era previsible, han invocado su legalidad. Sin embargo, hacen bien los partidos de la mayoría en no secundar la ingenuidad del Tribunal Constitucional con Bildu y no darle más margen que el estrictamente legal. El acuerdo de foralistas, socialistas y populares es un ejemplo para otras instituciones en las que puede ser necesario un consenso democrático, como en la Diputación Foral de Álava, donde la mayoría formada por populares y socialistas puede dar el gobierno del territorio histórico al candidato del PP, dependiendo de la decisión que tomen los dos junteros de IU.

Es conveniente que Bildu compruebe que su legalidad formal no condona su vinculación objetiva con el entramado de Batasuna, es decir, con ETA, por mucho que se insista en las diferencias tácticas entre esa coalición y la organización terrorista. Se trata de diferencias basadas en el puro oportunismo y nada sinceras, cuyo objetivo es agravar la confusión de ciertos demócratas para seguir ganando terreno político para ETA. Confusión que consiguen claramente cuando autoridades del Estado tan destacadas como el presidente del Senado, Javier Rojo, afirma que a Bildu «no le viene mal una vuelta por las Cortes», en referencia a las encuestas que dan a esta coalición integrada en la estrategia de ETA, según Rubalcaba, representación en el Congreso. Aun dando a Rojo el beneficio de la duda y de la buena fe, su análisis es de una puerilidad asombrosa, como si la contemplación del salón de Plenos del Congreso fuera a provocar en Bildu una conversión milagrosa a las virtudes de la democracia. Durante las legislaturas en las que ETA estuvo presente en el Congreso a través de sus testaferros batasunos, ni uno solo de sus dirigentes apostató del terrorismo. Donde con más eficacia se logran las adhesiones de los etarras al cese de la violencia es en la cárcel, no en las instituciones. Por eso es mejor el acuerdo alcanzado en el Ayuntamiento de Pamplona que el bienintencionado y peligroso comentario de Rojo.

Un perito policial desmonta el giro «pacifista» de Otegi
«La separación entre la izquierda abertzale y ETA es un teatrillo»

«Bateragune forma parte de un conjunto en el que ETA desarrolla la acción violenta y el resto de organizaciones, la estrategia política, pero siempre bajo la dirección» de la banda terrorista.
R. Coarasa La Razón   5 Julio 2011

Un perito de la Unidad Central de Inteligencia (UCI) de la Policía dejó ayer bastante malparados los alegatos pacifistas de Arnaldo Otegi y del resto de los acusados de intentar reconstruir Batasuna a través de Bateragune. Sobre todo, porque insistió en que, tanto los documentos incautados a los terroristas como a los supuestos integrantes de Bateragune que se sientan en el banquillo demuestran que los pasos de la izquierda abertzale en pos de una alianza soberanista están alentados y controlados estratégicamente por ETA.

Según expuso el agente durante casi dos horas, las actividades de los acusados (entre ellos el ex secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga) responden al intento de ETA de conformar un polo soberanista con exclusión del PNV que sustituyese a la formación nacionalista como interlocutor del Estado. «No es una actuación espontánea, sino que responde al llamamiento de ETA», aseguró al tribunal presidido por la magistrada Ángela Murillo. De hecho, para el perito policial –autor de varios informes sobre los intentos de reconstrucción de la Mesa Nacional de Batasuna– la separación orgánica entre la banda terrorista y el resto de organizaciones de la izquierda abertzale es sólo «un teatrillo».

El miembro de la UCI recordó que en un documento incautado a la banda en diciembre de 2008 los terroristas ya apostaban por una conjunción de fuerzas soberanistas que marginara al PNV, una tarea que habrían encargado a Bateragune con Otegi al frente. Para el perito, pura estrategia de ETA que, una vez «llenado el cerdito» (a través de la extorsión), apuesta de nuevo por una tregua, pero sin entregar las armas ni anunciar su disolución. «ETA es la dirección y Bateragune ejerce la codirección en el ámbito exclusivamente político», resumió. En el domicilio de Otegi, subrayó, se encontró incluso un supuesto documento etarra en el que la banda «evaluaba» los pasos dados por la izquierda abertzale y marcaba un calendario de actuaciones.

El juicio, en la recta final
El juicio contra Otegi y los otros siete procesados por intentar resucitar Batasuna por orden de ETA entra en la recta final. Mañana mismo está previsto que el fiscal exponga sus conclusiones definitivas, desvelando si mantiene su petición de diez años de cárcel por integración en organización terrorista. El jueves, los acusados tendrán derecho a dirigirse al tribunal en el turno de última palabra.

Otegui y Usabiaga actuaron como “delegados de ETA” para crear Bildu
La Policía niega la presunta separación de la banda y su ‘brazo político’. “Arnaldo, hay que venir a verte a la cárcel para que hables claro”, dice el líder del sindicato ELA.
Alberto Lardiés. Madrid www.gaceta.es   5 Julio 2011

La Policía considera que Arnaldo Otegui, Rafael Díez Usabiaga y los otros seis acusados del caso Bateragune, que se juzga estos días en la Audiencia Nacional, actuaban como “delegados de ETA”, que mantenía y sigue manteniendo “la dirección política y militar” de todo el entramado terrorista de la izquierda abertzale. Todo ello dentro de la estrategia de los pistoleros, que ordenaron a los acusados en diciembre de 2008 la creación de “un polo soberanista que marginase al PNV”, justo lo que se ha hecho realidad recientemente con Bildu.

Así de contundente se mostró ayer, en la sexta sesión de la vista oral, un perito de la Unidad Central de Inteligencia (UCI) del Cuerpo Nacional de Policía. Con sus tesis, el agente, con carné número 19.242, desmontó las tesis de las defensas, empeñadas en demostrar que sus defendidos actuaban con autonomía respecto a la banda criminal, lo que de ser cierto les eximiría de la pertenencia a organización terrorista que les imputan las acusaciones. Según este policía, que firma los informes principales de la causa, “ETA decide que va a dar parones en la violencia armada para aglutinar a los agentes políticos y sociales independentistas y esa comisión (Bateragune) promueve la aglutinación, evidentemente están relacionados” porque “todo forma parte de un mismo conjunto”. Aseguró que ETA, en sus comunicados y entrevistas, veía “con buenos ojos” los pasos de su brazo político. Afirmó que la banda siempre actúa en varios frentes. Y recordó que hoy la banda criminal “no se ha disuelto ni ha dicho que vaya a entregar las armas” pese a su tregua.

Además del perito, declararon los últimos testigos de la defensa. Uno de ellos fue Adolfo Muñoz, líder del sindicato nacionalista ELA. Aseguró que Otegui les propuso sumarse a un “polo soberanista” en el verano de 2008, cuando le visitaron en la prisión de Martutene (San Sebastián). “Arnaldo, hay que venir a verte a la cárcel para que hables claro”, le comentó Muñoz al batasuno al salir de la cárcel.

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