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Recortes de Prensa   Lunes 8 Agosto 2011

 

Un Gobierno que no ha hecho su trabajo
EDITORIAL Libertad Digital 8 Agosto 2011

Se supone que quienes tienen que "hacer su trabajo" ante una crisis motivada por la falta de confianza en que los Estados sean capaces de devolver lo que han recibido en préstamo son sus gobernantes. Sin embargo, en lugar de acometer reformas que reactiven nuestra mortecina economía y de introducir drásticos recortes en el gasto público que hagan creíble la posibilidad de que pronto el sector público será capaz de recaudar más de lo que gasta, nuestra vicepresidenta económica, Elena Salgado, se ha dedicado este domingo a reclamar al Banco Central Europeo que "haga su trabajo", que para ella no es otro que comprar los bonos españoles e italianos que los inversores privados no aceptan si no es con una elevadísima prima de riesgo.

El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ya anunció el pasado viernes que el banco reanudaría sus compras de bonos, suspendidas desde mayo, tratando de calmar a los inversores. Pero no había precisado hasta ayer si la institución podría comprar o no bonos del Tesoro de España e Italia. Sin embargo, la monetización de deuda no puede ser la solución ni a medio ni a largo plazo por la sencilla razón de que el problema es y seguirá siendo la enfermiza renuencia de nuestros políticos a ajustar sus gastos a su realidad financiera.

Salgado ha querido disimular su irresponsabilidad no sólo pasándole el "muerto" al BCE sino también anunciando un par de medidas que, en realidad, no vienen si no a dejar todavía más en evidencia la pasividad de su Gobierno a la hora de hacer su trabajo en lo que a embridar el gasto público se refiere. Nos referimos a la decisión de incrementar este mismo año los pagos a cuenta para grandes empresas o la de flexibilizar el contrato a tiempo parcial. Si la primera es una medida que pone en evidencia la obsesiva demagogia del Ejecutivo contra las empresas grandes por el mero hecho de serlo y que no va a paliar el mal estado de nuestra Hacienda Pública (pues sólo implica una anticipación de ingresos futuros), la segunda no deja de ser un inconcreto y mero parche que no va a solventar la irresponsable decisión de este Gobierno de no acometer una auténtica reforma laboral.

Lo que resulta evidente es que ni elevar el tope de endeudamiento, tal y como se ha aprobado recientemente en EEUU, ni forzando a que la autoridad monetaria se haga cargo de las distintas deudas nacionales va a contribuir a tranquilizar a largo plazo a los mercados. La reciente rebaja del rating de la deuda estadounidense por primera vez en 70 años deja en evidencia que el auténtico problema está en los políticos adictos al gasto y al endeudamiento público, tanto en éste como al otro lado del Atlántico.

Mientras los Ejecutivos no acometan una ambiciosa y radical reforma destinada a reducir el peso del Estado y a liberar de su pesada carga a empresas y familias no habrá posibilidad de recuperación sino garantía de una decadencia como la de quienes evitan la resaca ingiriendo más alcohol.

Pactos
Responsabilidad y deber
Emilio Campmany Libertad Digital 8 Agosto 2011

En una entrevista concedida a El Mundo, Javier Arenas, presidente del PP andaluz, ha declarado que "Rajoy propondrá grandes pactos nacionales cuando gobierne" y José Bono, el viernes pasado, propuso la formación de un Gobierno de coalición después de las elecciones apelando al patriotismo. Naturalmente, Iñigo Urkullu y Josep Duran i Lleida se han ofrecido inmediatamente a colaborar en la formación de esos pactos nacionales para revitalizar a la nación cuyo futuro tanto les preocupa. Sería una manera de hacerle caso al Rey y "dejarse de batallitas". Qué bonito, qué edificante, al fin nuestros políticos demuestran altura de miras, sensibilidad para hacer frente a las cuitas de los ciudadanos. Será que han oído los aldabonazos que a sus conciencias ha dado el movimiento 15-M.

Habría que mandarlos a todos a paseo. Lo de Bono es para llamar a la Policía. Podría haber concretado su propuesta y pedir que la Constitución incluya un nuevo artículo que diga: "Cuando gane el PSOE, gobernará el PSOE. Cuando gane otro, gobernará en coalición con el PSOE". Nos ha merengao el manchego, lo espabilado que es.

Lo de Urkullu y Duran i Lleida tampoco está mal. Los dos están dispuestos a prestar su colaboración en bien del futuro de la nación que quieren destruir y desmembrar. No estaría de más recordar que muchos de los males a los que ahora hay que atender son consecuencia directa de haber tenido que satisfacer las exigencias de los dos partidos a los que ambos representan para comprar, nunca obtener, su apoyo parlamentario.

Lo de Arenas no puede ser peor, pero no deja de ser desalentador. El PP, al menos el PP de Javier Arenas, se cree que las acusaciones de las que es objeto son ciertas, que es un partido que no es capaz de llegar a acuerdos con nadie porque tiene tintes autoritarios derivados de que su base electoral y sus cuadros son franquistas. Y entonces siente el denodado impulso de demostrar que no es así, que el PP es dialogante, moderado, centrista, abierto y qué sé yo qué más cosas.

Si lo que Arenas quisiera fuera embridar el Estado Autonómico, reformar el sistema electoral e implantar de una vez la división de poderes, sería normal la necesidad de un acuerdo. Un solo partido no debe, por mucho respaldo que tenga, imponer a sus rivales reformas de ese calado. Ahora, si de lo que se trata, como se deduce de la entrevista, es de acordar reformas económicas, Arenas se equivoca. El Gobierno que sea, del PSOE o del PP, puede o no estar convencido de que hacen falta reformas. Pero si está seguro de que son necesarias, lo que tiene que hacer es emprenderlas. Eso no es algo que pueda elegir hacer o no hacer. Es su deber y su responsabilidad. Es lo que tiene gobernar, que si crees que hay que hacer algo, tu obligación es hacerlo y pechar con las consecuencias. A ver si se enteran.

España tiene miedo
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 8 Agosto 2011

Agosto, lejos de dar tregua´, ha desatado los fuegos y puesto a hervir la deuda. Si hace nada mirábamos con pánico la posibilidad de que nuestra deuda superara la cota de los 300 ahora resulta, que sobrepasados los 400, ese diferencial y esos intereses ya asfixiantes nos parecen un remanso de paz perdido al que ojala pudiéramos retornar. La situación mundial es mala, la de Europa peor, pero la nuestra es dentro de lo peor lo pésimo. Porque, encima a nuestros males, se une que, simplemente, No tenemos Gobierno. Y tendremos que esperar cuatro meses hasta que alguien coja el timón. Si es que para entonces existe queda algo de la nave a flote .

ZP se rindió a la evidencia y anunció elecciones el 20-N buscando unos meses de propina a Rubalcaba por ver de salvar algún mueble socialista. Pero pretender entrar en hibernación gubernamental con la deuda ardiendo no es posible. Lo dice Europa y lo dicta el sentido común, o haga lo que debe hacer, esas reformas que se han pregonado mil veces, o se va, pero ya, y deja que las hagan otros. Pretender pasar por toda esta tempestad en letargo es un suicidio y un imposible. La situación mundial, la europea y la española no lo permiten.

Esto se está yendo directamente al fondo. Estamos en una situación de verdadera emergencia y una vez más al frente no solo tenemos un verdadero inútil para afrontar la catástrofe, es que ahora encima el inútil está teóricamente muerto a la espera de entierro. Pero el entierro lo han pospuesto tanto que cuando de verdad acaben los responsos los que vamos a estar muertos vamos a ser todos.

Si uno se va porque es un desastre pues lo hace y deja paso. Pero no. Una vez más Zapatero la ha liado parda y nos la ha liado a todos. En otro de sus estrambotes de su cansino adiós, presumiendo de tener los deberes hechos y la misión cumplida, convoca elecciones pero con compas de espera a ver si escampa un poco y a Rubalcaba y al PSOE no se lo lleva la riada. Pero no ha escampado. La tormenta se vuelve cada vez más terrible, el pedrisco no está dejando un fruto sano y ¿ahora que hacemos?

Pues la lógica es la que tenía que haberse hecho y hace tiempo. Ir de una vez a las urnas, sin más demoras ni juegos. Pero no hay ni lógica ni cuajo ni sentido de estado. La salida de Bono de pedir un Gobierno conjunto con el PP es una tomadura de pelo, una broma macabra. ¿Ahora?. Justamnte ahora ,a boca parir, que dirían en mi pueblo. Después de tres años largos pretendiendo que eran los esbirros del averno. Ahora después de haber perdido el PSOE hasta la hijuela. Resulta tan patético como insultante no solo para la oposición sino para la inteligencia del conjunto de los ciudadanos.

Ahora Bono llama al PP y clama quee
La situación es gravísima. Pero la convierte en angustiosa nuestra propia situación política. Nuestra parálisis, nuestro gobierno cataléptico, nuestra obligada espera. España ha superado la fase de desconfianza absoluta. Ahora los españoles tienen simplemente, miedo al futuro y al inmediato mañana. Y tienen por qué tenerlo.

P.D.Eso me preocupa. Lo del 15-M, me van a perdonar, cada vez me interesa menos y me resulta inaudito que se le den horas de televisión a cualquier patochada que se les ocurra. Cada vez tengo más claro que es mucha menor la importancia real que la mediática y aunque ellos se consideren a si mismos la estrella polar de los revolucionarios del siglo XXI a uno le parece que es mucho de más de lo mismo y bastante transitado. Que su "no nos representan" no dará paso a saber a quienes representan ellos exactamente. Y eso en democracia se mide por un hombre, un voto. Y me temo que no van a afrontar ese reto. Porque una cosa es la algarada entre la permisividad y el tutelaje y otra medirse en urnas (¿ o es que no aceptan la urna y el voto?) pero me da que su reactividad a tan antigua cosa es porque a la hora de la verdad tal vez no les dé ni para un concejal.

11-M
Carta abierta al presidente del Congreso
Gabriel Moris Libertad Digital 8 Agosto 2011

Me dirijo a usted para hacerle una petición. Mi deseo hubiera sido agradecerle el servicio prestado por la institución que preside pero, desgraciadamente, ello no es posible por las razones que expongo a continuación.

Como víctimas del mayor atentado que hemos sufrido en España y en la Europa del siglo XXI queremos expresarle nuestra impotencia y frustración al no encontrar respuestas –veraces y fiables– a las innumerables incógnitas que envuelven la masacre que destrozó nuestras vidas.

No somos, ni pretendemos ser, activistas políticos o beneficiados de la política partidista, pero como víctimas del 11-M queremos expresarle que no entendemos por qué tras el 11 de marzo de 2004, el terrorismo –que parecía ser un enemigo común, al margen del color político– se ha utilizado y se utiliza como fuente de división, de intriga y como granero de votos. No creemos que fuera ése el objetivo de los votos que se depositaron en las urnas tres días después de la masacre.

Tampoco creo que la Cámara que usted preside, constituida a raíz de otro atentado mortal, fuera elegida para olvidar tanto dolor. Muy al contrario, entendemos que el resultado de las urnas expresaba el deseo de los españoles de profundizar en el esclarecimiento de la verdad y en la aplicación estricta de la justicia. Ambas pendientes al día de hoy. Ello implica la inexistente unidad de, al menos, los dos grandes partidos del Congreso para, desde ella, enfrentar a los que quieren doblegar al Estado de Derecho sirviéndose del crimen, del miedo y la amenaza. Utilizando incluso las instituciones a las que pretenden destruir o someter a sus dictámenes.

Jamás olvidaremos el comportamiento de casi toda la sociedad española en los momentos más trágicos de nuestra vida. No descubrimos nada nuevo. Nuestro pueblo, unido y cohesionado, siempre ha demostrado estar con los que más sufren. Sin embargo, casi ocho años después de la masacre, nuestra situación y nuestra interpretación de la misma han cambiado drásticamente. Los hechos transcurren por derroteros que, en el mejor de los casos, y desde las más benévolas interpretaciones de los mismos, van en dirección contraria a lo que nosotros creemos que tendrían que orientarse.

Señor Bono, su antecesor en el cargo, Sr. Marín, dijo en su día que la comisión de investigación que trató de aclarar las responsabilidades políticas del 11-M fue innecesaria. Nosotros no lo creemos así. A pesar de que no respondió a nuestras expectativas, no podemos coincidir con esa afirmación. Siempre es necesario tratar de explicar lo inexplicable con intención de corregir los errores que ayudaron a que la barbarie destrozara nuestras vidas. No sólo entonces era necesario investigar, también lo es ahora; máxime cuando lo que supuestamente se creó para investigar se cerró en falso desde la división y la falta de la más mínima y coherente de las explicaciones a las que, como víctimas, tenemos derecho. La legislatura actual, en su recta final, presidida por usted, deja pendiente, ante las víctimas y los electores en general, el compromiso de desvelar públicamente las responsabilidades políticas del atentado.

El olvido y el silencio, mantenido en esta segunda legislatura, no les exime del deber de hacerlo. Ello contrasta con la diligencia demostrada en cuestiones como la congelación de las pensiones o la reducción del sueldo de los funcionarios.

La comisión parlamentaria de investigación, calificada como innecesaria, se clausuró en contra del sentir de muchísimos de nosotros que, desde el estupor y la impotencia, hemos visto cómo, lejos de depurar responsabilidades, se han producido ascensos y premios totalmente injustificados. Nadie nos ha podido explicar cómo, desde una eficacia policial del cien por cien, antes y después del atentado, se pudo pasar a una ineficacia casi total en el mismo. Los nombres y los hechos concretos se pueden encontrar en la sentencia del juicio y en los medios de comunicación libres. Sin embargo, en lugar de juzgarlos por sus errores, se ha premiado a muchos de los que, sin saber por qué, no evitaron la masacre ni la investigaron eficazmente. No lo entendemos. Ni nosotros como víctimas, ni muchos de los ciudadanos que nos expresan su apoyo. Tampoco hay justificación oficial a los premios que más bien deberían haber supuesto castigos.

No sabemos por qué, pero creemos que sus señorías han preferido no conocer la verdad, o, al menos, no difundirla. A nosotros la verdad no nos hará daño, nos produce mucho más daño la ignorancia en la que nos dejan sumidos. Necesitamos saber. Tenemos derecho a saber. Lo que nos daña es la mentira. Lo que nos daña es que no se investigue la masacre que mató o hirió a los nuestros. Queremos que no se repita. Y a usted ha de constarle que, si no se investiga, y sus señorías no lo han investigado, los atentados pueden volver a repetirse e incluso servir de arma política o electoral.

Pasados más de siete años comprobamos con estupor el trato tan diferente que recibimos las víctimas del terrorismo respecto al que dispensan a otros grupos próximos al terrorismo, separatistas o de protesta callejera.

La Ley de Víctimas, regulando las indemnizaciones, y el Día de las Víctimas, con asistencia de las mismas al Congreso, no pueden sustituir a "la verdad, memoria, dignidad y justicia" que nos merecemos. La inacción del Parlamento y del Ministerio del Interior ante peticiones judiciales recientes pone a la luz que de aquella masacre, en la que "todos íbamos en los trenes", sólo queda el silencio y el olvido. ¿Por qué? Tampoco entendemos que la fecha del 11 de Marzo, día europeo de las víctimas del terrorismo, fuera olvidado como día de las víctimas españolas. ¿Hay acaso fecha más relevante para ello?

Es probable que en la próxima legislatura usted no presida el Congreso de los Diputados. Le deseamos lo mejor. Durante ésta, se ha abordado el terrorismo, pero la comisión independiente para investigar las responsabilidades políticas de los atentados de Madrid ha sido olvidada; es más, los documentos reservados demandados por las víctimas a la comisión de secretos oficiales han obtenido sistemáticamente la callada por respuesta.

Nuestro deseo para este periodo final de la legislatura es que, al igual que se está haciendo con asuntos menos urgentes, se aborde la apertura de una comisión de investigación independiente y la investigación de las presuntas responsabilidades políticas y policiales relacionadas con la masacre del 11-M.

Hasta ahora, sus señorías han preferido no responder a nuestras preguntas y no depurar responsabilidades, pero eso no impedirá que nosotros continuemos preguntando y exigiendo lo que como víctimas y como ciudadanos merecemos. No es sólo nuestro derecho, es también nuestra obligación.

Cuando arranque la siguiente legislatura, también será necesaria una comisión, que ustedes malversaron, para que nos ayude a saber quiénes, cuándo y por qué decidieron asesinar a 192 inocentes y herir a casi 1.900. El silencio y el olvido de las instituciones ante el crimen más execrable de nuestra reciente historia no contribuyen más que crear sospechas y al desprestigio de las mismas.

(Nota del Editor: por su interés reproducimos este trabajo que nos ha recordado Juan Julio Alfaya http://juanjulioalfaya.blogspot.com)
La potencia económica de un idioma: una mirada desde España
II Congreso Internacional de la Lengua Española
Valladolid, octubre de 2001
José Luis García Delgado y José Antonio Alonso http://www.eumed.net/cursecon/textos/Delgado-esp.htm  8 Agosto 2011

La economía como disciplina científica nació con la industrialización. No es extraño, por tanto, que en su discurso haya dominado un cierto sesgo productivista, que otorga a los factores y recursos materiales, respecto a otros posibles activos intangibles, un papel preferente en la explicación del progreso económico. En el curso del último medio siglo, y muy especialmente a partir de la década de los setenta, esta visión comenzó a cambiar, al advertirse la importancia que en el comportamiento económico tienen variables sociales de carácter no material, relacionadas con el marco institucional y de incentivos disponible, con el cuadro de valores que informa a las personas, con las relaciones que los agentes sociales traban entre sí y con los conocimientos que se acumulan no sólo en las máquinas, sino también en los individuos y en las organizaciones.

Al concepto de capital físico, variable central en las explicaciones tradicionales del crecimiento económico, se fueron añadiendo los términos de capital humano, que expresa los niveles de formación y capacitación de las personas, de capital natural, asociado al patrimonio de recursos aportado por la naturaleza, y de capital social, que alude a los niveles de confianza social, al grado de asociacionismo, a la conciencia cívica y a los valores culturales dominantes en la sociedad. Junto a ello, hoy se insiste más que antaño en el papel crucial que para el progreso económico tiene la existencia de un marco institucional y normativo adecuado, al tiempo que se reclama como condición de desarrollo el establecimiento de una situación efectiva de buen gobierno. Se abre espacio así a factores intangibles relacionados con las instituciones, los saberes, las normas y los valores colectivos en la explicación del progreso.

Es importante subrayar este cambio, no sólo por el enriquecimiento que comporta en la teoría económica, al ampliar el espectro de sus preocupaciones analíticas, sino también por los puentes que de este modo proyecta hacia otras disciplinas y ámbitos de la reflexión humana. Remedando una terminología extraída de la informática, cabría decir que si la reflexión económica en el pasado se centró sobre el hardware productivo de los países, hoy dedica una más destacada atención al software de las sociedades: de la realidad tangible y exteriorizada de los recursos productivos al universo menos material de las instituciones, las políticas, los conocimientos y los valores. Y, al igual que el software informático se configura y expresa al modo de un lenguaje, también la lengua, el idioma define y articula buena parte de los factores intangibles más relevantes de una sociedad.

La lengua como bien público
El papel central que la teoría económica atribuye al mercado ha alentado, en ocasiones, visiones excesivamente reductoras de la realidad social, que dañan la riqueza analítica e interpretativa de la disciplina. De hecho, alguno de los más notables extravíos de la ciencia económica deriva de esa abusiva sinécdoque que supone entender que no hay otro mecanismo de asignación y coordinación social eficiente que el mercado o que no existe más universo que el de los bienes aptos para su transacción mercantil.

En la realidad económica existen numerosos bienes —los llamados bienes públicos y semipúblicos—, algunos de muy destacada utilidad social, que no se ajustan a semejante patrón, por no ser excluibles, al no poderse determinar fácilmente la compensación que se requiere para acceder a su titularidad —el precio—; y por no ser rivales, al estar disponibles para todos de una forma no limitada una vez que son producidos. Estas características limitan el estímulo que los potenciales consumidores tienen para asumir, de forma espontánea, el coste equivalente a su producción. Son bienes, por tanto, que no pueden ser dejados a la gestión del mercado, siendo necesario el recurso a la acción social coordinada para regular su provisión y consumo.

La lengua tiene, como se habrá advertido, gran parte de las características propias de un bien público. Se trata de un bien no excluible, ya que no cabe atribuir un precio que limite el acceso a su titularidad y consumo; y es, desde luego, un bien claramente no rival, en la medida en que el uso del idioma por parte de un determinado agente no impide similar práctica por parte de consumidores rivales. Es más, cabría decir que la potencialidad de los servicios que la lengua proporciona se amplifica en la medida en que aumenta el número de las personas que recurren a su utilización.

De acuerdo con las características señaladas, la regulación del uso de la lengua, su protección e, incluso, su provisión no puede ser dejada al cuidado espontáneo del mercado, debiendo ser asumida por las instituciones públicas. Acaso la anterior expresión puede suscitar la sorpresa de muchos. Es claro que la protección de un idioma —caso de considerarse necesaria— debe corresponder a instituciones con capacidad normativa, pero ¿cabe extender semejante responsabilidad al ámbito de la producción idiomática? ¿No es acaso cierto que el idioma se produce de forma espontánea, a instancias de la expresión popular, como resultado de la vitalidad comunicativa de las gentes?

Si por producción lingüística se entiende la generación de nuevos recursos expresivos, nuevos giros idiomáticos o nuevas voces y vocablos, habrá que convenir en que es la calle su principal factoría. No obstante, la potencia comunicativa de un idioma, su fortaleza y funcionalidad, dependen de la capacidad que una comunidad tiene para convertir su lengua en un elemento de identidad y en un polo de referencia y atracción para grupos ajenos; lo que, a su vez, está en relación con la amplitud, riqueza intelectual y vitalidad creativa de la comunidad social que la respalda. Dicho de otro modo, la potencialidad de un idioma depende, por un lado, de la capacidad que la lengua tiene para erigir lazos identitarios en el seno de la comunidad que la practica y, por otro, de la vitalidad creativa e intelectual y de la ascendencia internacional de dicha comunidad. Ha de convenirse en que los poderes públicos tienen una notable responsabilidad en la promoción de todos estos factores.

Pero el propósito de este artículo no es sólo justificar la importancia que tiene la acción pública para amplificar la funcionalidad y potencia de un idioma: se propone sugerir, además, que la tarea de engrandecer un idioma si tiene un indudable interés cultural, tiene también un muy destacable interés económico.

Funciones económicas de la lengua
No es fácil identificar de una manera precisa aquellas funciones que la lengua cumple desde una perspectiva económica: su papel como elemento de cohesión de una comunidad, como factor de identificación y de vertebración colectiva, dificulta semejante tarea de disección. No obstante, es posible avanzar en la reflexión, señalando alguna de sus funciones más señaladas. Entre ellas habría que entresacar las cuatro siguientes.

a) La lengua como mercado
Una de las primeras y más inmediatas dimensiones económicas de la lengua alude a la enseñanza del idioma como actividad mercantil, ámbito propicio para la generación de iniciativas empresariales. En este caso, el soporte de los bienes y servicios sobre los que se constituye el mercado es el propio idioma: es decir, la enseñanza de la lengua y el adiestramiento en su uso. Es el idioma, por tanto, materializado en un conjunto de bienes requeridos para el proceso formativo (libros, diccionarios, materiales pedagógicos complementarios,...); y de servicios asociados a la enseñanza (centros docentes, viajes organizados, estadías, profesorado,...). La profundidad y amplitud de este mercado depende muy crucialmente de la dimensión y utilidad internacional del idioma, ya que es el resto de la comunidad internacional —más que la titular de la lengua— quien determina la demanda básica. Una demanda que va a estar influida por la capacidad creativa, la influencia económica y política y la ascendencia intelectual de la comunidad lingüística en cuestión.

La experiencia anglosajona puede constituir un adecuado ejemplo de lo que se sugiere: tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido existe un vigoroso sector de la actividad empresarial vinculado a la enseñanza de la lengua, que acoge centros de enseñanza, actividades de preparación de profesorado, publicaciones en muy variados soportes, organización de viajes y servicios de acogida para los alumnos. Una actividad que se despliega tanto en el propio país como en mercados ajenos, alentando una fecunda vía para las relaciones internacionales.

Por lo que atañe al español, las posibilidades son notables, aun cuando resta mucho por hacer en este ámbito. Cada vez son más las personas que integran el español entre sus preferencias lingüísticas, tanto en Europa como en Estados Unidos o Japón. La reciente declaración de segunda lengua de enseñanza obligada en las escuelas de Brasil, la existencia de más de 30 millones de hispanohablantes en Estados Unidos o el atractivo económico y cultural de los mercados español e iberoamericano, llamado a seguir una senda ascendente en el tiempo, son factores, entre otros, que contribuyen a despertar el interés creciente por un correcto aprendizaje del español. Pero, la escasa dotación de ofertas formativas atractivas, en las que se combine el aprendizaje del idioma con otras actividades complementarias de carácter turístico y cultural, hace que sea todavía muy limitado este mercado tanto en España como en el resto de los países hispanohablantes. No obstante, se trata de una de las vertientes económicas más inmediatas de la potencia de un idioma.

b) La lengua como soporte de la creación: la industria cultural
Las posibilidades económicas de un idioma no se agotan en este primer ámbito relacionado con su difusión y enseñanza: necesariamente deben considerarse también las posibilidades que aparecen asociadas a la comercialización de aquellos productos que descansan de modo central en el idioma. Es el caso, en primer lugar, de aquellos ámbitos creativos cuyo soporte básico es la lengua, como la literatura, la canción, el teatro o el cine; afecta también a las actividades profesionales que dependen del recurso idiomático, como puedan ser las desempeñadas en los medios de comunicación, en sus diversas especialidades y soportes (prensa escrita, radio o televisión); y, en fin, llega a incidir también sobre aquellos ámbitos relacionados con la difusión y divulgación de la producción científica e intelectual (investigaciones, estudios, ensayo). En la mayor parte de los casos aludidos no puede decirse que el idioma sea la materia misma de las transacciones, pero constituye un soporte crucial para definir su contenido.

Conviene advertir que, al contrario que en la función precedente, en ésta el mercado lo conforma la propia comunidad hispanohablante, si bien con posibilidades de extensión a otros ámbitos lingüísticos que se sientan atraídos por la producción específica en español. La capacidad para ensanchar ese mercado dependerá crucialmente de la originalidad y vitalidad creativa que en los ámbitos señalados tenga la comunidad hispanohablante, por una parte, y de la capacidad de la industria para convertir esas creaciones en productos accesibles y atractivos en los mercados, por la otra. Si el primer factor es importante, el segundo es igualmente decisivo: por mucha que sea la creatividad de un pueblo, el mercado derivado de sus producciones artísticas e intelectuales quedará limitado si no existe una industria cultural suficientemente poderosa como para difundir y rentabilizar el esfuerzo. Por lo demás, la existencia de esa industria, si no garantiza la calidad de las creaciones, sí estimula su producción, contribuyendo de este modo a ampliar el vigor creativo de la comunidad.

El despliegue de la industria cultural no debe entenderse como una tarea encomendada a los poderes públicos: es función de la iniciativa privada (editoriales, productoras, empresas de comunicación, ...) identificar las oportunidades de negocio que se abren en este campo. Si bien debe ser el sector público el que establezca el marco normativo y de apoyo a la industria para hacerla viable. Especialmente en el caso de aquellas producciones creativas más innovadoras y arriesgadas, en aquellas de mayor interés social o en las que comportan costes difícilmente recuperables.

Cabe decir que el progreso que experimentó España en este ámbito ha sido verdaderamente destacable, especialmente en el caso de la producción editorial y de la comunicación, donde es muy notoria la presencia de poderosos grupos empresariales con proyección más allá de las fronteras nacionales. Sólo en España se registra una producción editorial cercana a los 62.000 títulos al año; a los que hay que añadir los 90.000 editados en América Latina, más de 40.000 en lengua española. Lo que da idea de un mercado amplio y con un potencial de dinamismo notable. Para España esta producción es fuente de un próspero comercio internacional, exportándose tres veces y media el valor de lo que se importa; al tiempo que se mantiene a lo largo del tiempo una modesta pero continuada acción inversora en el exterior. De hecho, el sector editorial concentra en torno al 1 por 100 de las exportaciones españolas y cerca del 0,7 por 100 de las inversiones en el exterior como promedio de los últimos cuatro años.

c) La lengua y los costes de transacción
Una tercera dimensión económica de la lengua es la que se deriva de la reducción que en los costes de transacción tiene el recurso a un medio de comunicación compartido entre las partes: se trata de uno de los beneficios económicos de la comunidad de lengua menos explorados pero más significativos. Se entienden como costes de transacción aquellos en que incurren los agentes como consecuencia de las tareas de identificación y conocimiento entre las partes, de negociación de las condiciones del intercambio y de fijación de las garantías y compensaciones en caso de incumplimiento. Estos costes pueden ser elevados cuando se trata de una operación económica compleja, como pueda ser la provisión de un bien de equipo con especificaciones técnicas precisas, un acuerdo de cooperación interempresarial o un proyecto de inversión directa.

En razón a su naturaleza, la magnitud de los costes de transacción depende de la capacidad de comunicación y de entendimiento entre las partes: de ahí las ventajas que proporciona la pertenencia de ambas a una misma comunidad idiomática. No sólo por la incomparable ventaja que proporciona para la comunicación, sino también por el papel central que el idioma tiene —a continuación se insistirá en ello— en la generación de valores, hábitos y marcos institucionales compartidos. De ahí que la presencia de un idioma común constituya un poderoso mecanismo para reducir los costes de transacción, facilitando los procesos de internacionalización económica.

Semejante evidencia inspiró una de las hipótesis interpretativas más novedosas de la secuencia de internacionalización de la empresa, que alude a la distancia psicológica entre mercados como uno de los factores que condiciona la proyección internacional. Las empresas, con el objeto de reducir los costes de transacción y los niveles de riesgo, suelen iniciar su experiencia internacional en los mercados que mejor conocen, los que perciben como más afines, aquellos con los que tienen menor distancia psicológica; y sólo se proyectan hacia áreas más remotas una vez que logran acumular experiencia y capacidades en esos escenarios más familiares. Disponer de un entorno amplio y dinámico de mercados internacionales psicológicamente cercanos se conforma como un activo valioso para el aprendizaje internacional de las empresas.

España, sin duda, confirma esta hipótesis: la internacionalización de la empresa española comenzó, y de manera muy señalada, en el ámbito de Iberoamérica y de Portugal, los dos escenarios con los que nuestro país tiene mayor cercanía lingüística y cultural. Antes incluso de haberse liberalizado la inversión en el exterior, en el entorno de los años setenta, más de la mitad de los capitales españoles se orientaban hacia aquella región americana; y el porcentaje pasa a suponer entre un tercio y la mitad de la inversión en los años más recientes. De hecho, es en los dos mercados señalados donde la presencia de intereses españoles adquiere una mayor relevancia, hasta situar a España en los primeros lugares entre los inversores foráneos. La dimensión y el potencial dinamismo de algunos mercados latinoamericanos en el futuro —más allá de las circunstancias azarosas del presente— convierten a la comunidad lingüística hispanohablante en un poderoso factor de estímulo —y en un escenario de aprendizaje— para los procesos de internacionalización de la empresa española.

d) La lengua como seña de identidad
Por último, la lengua cumple una función básica como materia envolvente de una comunidad: elemento básico de identidad colectiva y factor de diferenciación frente al resto. Abusando del lenguaje económico, cabría decir que la lengua es la más poderosa y eficaz imagen de marca de un colectivo. Como tal, el atractivo de la lengua ayuda a caracterizar el potencial económico y cultural de una comunidad, al tiempo que la ascendencia de esa comunidad incide sobre el interés internacional que despierta su lengua.

Por lo demás, a través de esa función generadora de identidad social, la lengua ayuda a moldear la cultura de una comunidad, a generar los valores colectivos que la conforman y hasta las instituciones sociales en que aquellos se expresan. Fue Wittgestein quien señaló que la frontera del saber la determina el alcance de cuanto puede ser nombrado. Sin el determinismo lógico que la anterior sentencia comporta, habría que convenir en que es también la lengua la que conforma culturas y valores. De ahí que sea tan frecuente encontrar afinidades culturales y semejanzas de orden institucional entre países de una misma área idiomática, aun cuando sus fronteras se encuentren separadas por océanos. Y todos estos factores facilitan la integración económica de los países y su proyección sobre comunidades lingüísticas ajenas.

Desarrollo y creación cultural: el caso de España
A lo largo de las páginas anteriores se ha tratado de argumentar que el respaldo a la capacidad y potencia de un idioma no es sólo una empresa de interés cultural, sino también de interés económico; y se identificaron como factores cruciales en la potenciación del idioma tanto el despliegue de la capacidad creativa de la comunidad como el desarrollo de una industria que proyecte semejantes logros y realizaciones.¿Cuál ha sido la relación entre estos dos factores en el caso español? La perspectiva histórica puede aportar algunos elementos esclarecedores en la relación entre desarrollo económico y proceso creador, entre modernización social e incidencia de la lengua y la cultura española.

A grandes trazos, y para lo que aquí interesa destacar, lo que en seguida sobresale es la diferencia entre los dos primeros tercios del siglo XX, por una parte, y el último tercio del novecientos hasta la actualidad, por la otra. Digámoslo muy sumariamente: durante los dos primeros tercios del siglo XX, el sobresaliente proceso de creación artística y cultural en España va muy por delante de la modernización económica y social, con soportes empresariales y articulación mercantil para los productos de la esfera creativa muy endebles, aunque en consonancia con una economía poco desarrollada y muy encerrada en su propio mercado interior. Por el contrario, en el curso de los tres últimos decenios, aquella relación parece haberse invertido, sobresaliendo ahora el vigor del crecimiento económico, la amplitud de la apertura exterior y el calado de las transformaciones sociales, siendo obligado, por eso mismo, disponer de nuevos soportes industriales y comerciales para que la creación artística y cultural encuentre campo apropiado para el despliegue de sus potencialidades y el aprovechamiento económico de sus logros.

Sin duda, puede tildarse de simplificador este esquema dual, que pasa por encima, entre otras cosas, de los heterogéneos subperíodos que agrupan cada una de las dos grandes etapas que distinguimos; pero creo que no falsifica lo sucedido, aportando una sugerente línea de interpretación.

Contemplando por unos instantes la primera de esas dos asimétricas partes en que proponemos dividir el siglo recién concluido, apreciamos, efectivamente, cómo las sucesivas hornadas de hombres de ciencia y los cultivadores de los diversos campos de la cultura literaria, artística rivalizan en capacidad y brillo creativos, hasta el punto de poderse hablar, con justificada hipérbole, de una nueva edad de oro de la cultura española. Esto vale no solo para el primer tercio de siglo, es decir, para el conjunto de lo aportado por las generaciones del 98, del 14 y del 27; sino, también, para el más que notable escalón generacional siguiente, el de 1936 y, en parte aún, para el excelente de los años 50. Y vale también lo antedicho tanto para artistas como para investigadores, tanto para el ámbito de la cultura literaria como para el de la cultura científica, por recurrir a los términos de Snow.

Una potencia creativas muy superiores a los que podía exhibir el proceso de industrialización en España, que avanzaba a ritmo lento, sufriendo además un tajo profundo entre la mitad de los años 30 y el comienzo del decenio de 1950. Es cierto que en los dos primeros tercios del siglo la economía española, fuertemente protegida de la competencia exterior, diversifica su tejido industrial, tanto sectorial como territorialmente, al tiempo que se eleva el grado de urbanización y de alfabetización de la población; pero el crecimiento de la renta por habitante presenta como media un valor muy modesto, acentuándose, cuando la centuria está ya más que mediada, la distancia que durante el ochocientos arrastrábamos respecto de los niveles medios de renta de la mayor parte de los países europeos occidentales.

Ese es el marco económico en que se desenvuelven las trayectorias creativas de los integrantes de esos cinco peldaños generacionales señalados. Respecto de los que cabe predicar las tres notas caracterizadoras siguientes:

En primer lugar, su anticipación al proceso de modernización económica y social, al que, sin duda, contribuyen con sus obras, estimulándolo, sin poderse sin embargo beneficiar de la cobertura productiva y mercantil que una industrialización más avanzada les hubiera proporcionado.

En segundo lugar, y derivadamente, la escasa articulación organizativa y comercial de ese brillante progreso secular, consiguiéndose, pues, esos avances creativos como suma de admirables esfuerzos aislados, sin que el talento creador y la inventiva de cada cual pudiera beneficiarse de estructuras colectivas favorecedoras de la creatividad y de la difusión de sus logros.

La tercera característica es la de ir a contrapié en muchos casos de las condiciones políticas, de los valores materiales y morales dominantes en la sociedad, lo que espoleaba todo tipo de manifestaciones artísticas y literarias llenas de sentido crítico.

Ese modelo de relación entre producción de cultura, por un lado, y desarrollo económico y social, por otro, vigente durante más de medio siglo, en el que la inventiva y la creatividad individuales suplían, al menos en parte, carencias organizativas y compensaban la parvedad de impulsos institucionales para el fomento y la promoción de los productos artísticos e intelectuales; ese modelo propio de una industria poco evolucionada y de una economía muy cerrada sobre su mercado interior ha dejado de existir en apenas un tercio de siglo, desde iniciado el decenio de 1960 hasta el presente.

Cabe recordar a este respecto algo a lo que no siempre se presta la atención que merece: en apenas cuarenta años, a partir del comienzo de la década de 1960, el crecimiento económico español, en renta por habitante, ha sido con toda probabilidad equivalente al conseguido durante los ciento veinte años anteriores, descontando ese «decenio bisagra» que es el de 1950. Un dato que sin duda impresiona cada vez que se hace a colación. Un crecimiento no poco espectacular que ha ido acompañado de enormes cambios estructurales, como son el proceso de desagrarización, la apertura exterior y la ampliación de la capacidad económica del sector público.

Crecimiento y transformación que han hecho quebrar el anterior sistema de relaciones y funciones del mundo de la creación con su entorno. Una quiebra que debe dejar paso a otro modelo en el que la creatividad cultural y artística ha de contar con los necesarios resortes empresariales para moverse en un escenario sustancialmente modificado, esto es, el propio de un país de industrialización avanzada y con un alto grado de sincronización en una economía internacional cada vez más globalizada. Quiere decirse que el proceso de creación cultural ahora se enmarca en condiciones materiales radicalmente distintas: la chispa inventiva, el talento, incluso el genio del creador tendrán recortadas las posibilidades de dar a conocer, de proyectar, de trascender sus obras si no es a través de organizaciones sólidas de producción y de mercado. Sólo asumiendo esta realidad se podrá explotar adecuadamente — esto es, en términos de mercado y más allá de las fronteras— la multiplicada capacidad creativa que en la España democrática manifiestan generaciones nacidas ya a partir de los 50 y cuyos elementos históricos de referencia son la transición política y la convergencia con Europa.

Un contingente creativo al que debe sumarse, obligadamente, el que surge del resto de las sociedades hispanohablantes, porque sobre todas ellas descansa el dinamismo de la comunidad lingüística, la potencialidad y el atractivo del idioma. Y, aunque con temporalidad distinta, también es común a la experiencia iberoamericana un cierto desajuste entre capacidad creativa y desarrollo industrial, que sólo parece haber logrado un acoplamiento vivificador en el entorno de las fecundas décadas que median entre los 50 y los 70, cuando creadores y editoriales de Hispanoamérica polarizaron la producción cultural en lengua española. Pasada esa época, y tras la severa crisis de los 80, todavía no parece recuperada la industria cultural iberoamericana, que se revela incapaz de situarse al nivel que reclama la vitalidad creativa de la región.

Todo lo cual apunta a una misma conclusión a uno y otro lado del océano: la necesidad de estimular una industria cultural que potencie los esfuerzos individuales, dándoles a éstos su valor de mercado. Y no será tanto el apoyo material del Estado lo que se requiera, en muchas ocasiones, cuanto la correcta definición de los derechos de propiedad, el marco de estímulos correcto para que los particulares se sientan, según el caso, atraídos a emprender, unos, y a sostener, otros, las empresas culturales. Empresas culturales en toda su dimensión, integrando los nuevos espacios que propician los nuevos entornos de comunicación. No cabe olvidar que, de acuerdo con los datos del 1999, cerca de 4 millones personas en España y más de 11 millones en América Latina, todos ellos de habla española, estaban conectados a Internet.

Apostar por la industria de la cultura, en suma, será una buena apuesta para la política económica española: los hechos lo hacen exigible. Entre otras cosas, para seguir aspirando a que España, también en este terreno, ahora ya a la puerta del nuevo milenio, sea capaz de flotar sobre la corriente de los tiempos, por emplear una expresión muy querida de Ortega, quizá el intelectual español de nuestro siglo que, gracias al apoyo industrial de Urgoiti, mejor cobertura empresarial ha encontrado para su trabajo creativo, lo cual tal vez no sea ajeno a la proyección que felizmente ha encontrado su obra. Tomemos todos buena nota.

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Peter y José Luis
José Antonio Zarzalejos. El Confidencial 8 Agosto 2011

Lo que ocurre en España de manera más aguda que en otros países tiene que ver con la indefectible ley de Murphy según la cual si todo puede salir mal, saldrá mal. El actual es un Gobierno especialmente gafado. Pero ¿por qué nada sale a derechas (ni a izquierdas) a Zapatero y sus ministros y, por extensión, al propio PSOE? Pues porque en él y en las personas que con él cogobiernan se cumple con aplicación el conocido “Principio de Peter” (Laurence J. Peter. 1969). Decía el nada humorístico autor estadounidense -su teoría fue tildada en los primeros sesenta de “satírica” y luego asumida como científica- que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. De tal manera que quizás Zapatero pudo haber sido un buen abogado laboralista en León y hasta un correcto diputado gregario en el Congreso, pero elegido por su partido para la secretaría general del PSOE y por el electorado español como presidente del Gobierno, nuestro personaje se introdujo en un inevitable nivel de incompetencia. Laurence J. Peter entendería perfectamente lo que ocurre en nuestro país si pudiera examinar la trazabilidad de la trayectoria política del presidente del Gobierno.

Lo que ocurre es que cuando, por el principio de Peter, el jefe llega a su nivel máximo de incompetencia todos los que le merodean también lo hacen. Salvo excepciones, los equipos ministeriales de Zapatero han estado a su propia altura, no tanto en el nivel intelectual cuanto en la comprensión profunda de los requerimientos de la gestión pública. Siento decirlo –confieso mi aprecio hacia él por razones personales—pero es lo que le está ocurriendo a Pérez Rubalcaba: un buen segundo, un gran spin doctor en La Moncloa, un hombre capaz de enhebrar razonamientos lógicos con solidez, pero al que le faltan hechuras para encaramarse en el top político. González, que le tuvo a su vera desde 1982 hasta 1986, ha comentado en privado –con lo cual podría desmentirme, aunque no lo hará—que, desde el aprecio, al personaje, “Alfredo es un buen segundo”.

Pérez Rubalcaba: un buen segundo, un gran spin doctor en La Moncloa, un hombre capaz de enhebrar razonamientos lógicos con solidez, pero al que le faltan hechuras para encaramarse en el top político

Si Murphy y Peter se dan la mano calurosamente en esta España canicular abrasada más por la prima de riesgo de su deuda soberana que por un sol extrañamente benigno en estas fechas, podría alcanzar a entenderse cómo ha sido posible una acumulación de errores de tal proporción que ha arrastrado al país a una de las esquinas más oscuras de su reciente historia. En un pormenorizado punteo de asuntos abordados por este Gobierno el acierto es la excepción y el yerro la regla general. Todo cuando tomaron sano hace siete años y medio, está ahora enfermo o en mal estado. Quebraron la continuidad del espíritu de la Transición con la memoria histórica; aplicaron soluciones extremas a problemas que requerían moderación (feminismo, matrimonio homosexual, divorcio sin causa, aborto libre); reabrieron mal la cuestión territorial española con el Estatuto catalán; alteraron los equilibrios urdidos en nuestra política exterior (Marruecos y Latinoamérica) y, tanto por el populismo gastador previo a la crisis como por el reconocimiento tardío de ésta y su tratamiento ambiguo e insuficiente, han dejado la economía española al borde mismo del precipicio. Todo ello es sabido y hasta los propios socialistas asumen en tono menor que Zapatero ha constituido, por mor del Principio de Peter, un auténtico desastre, al que ellos coadyuvaron y del que son corresponsables.

Bildu y 20-N
Ahora bien, la incompetencia política ha escalado su particular ochomil con la adopción de dos decisiones –una sistémica y otra personal del presidente del Gobierno—que causan tales daños que bien deberían generar una responsabilidad cuasi dolosa. Me refiero a la legalización de las listas electorales de Bildu por el Tribunal Constitucional con la complacencia del Gobierno central y del vasco, del PSOE y del PNV; y me refiero, así mismo, a la ocurrencia de anunciar la convocatoria de las elecciones generales con más de tres meses y medio de anticipación en un escenario financiero que bordea la catástrofe.

Es de suponer que los magistrados del Tribunal Constitucional hayan leído el nada sospechoso de sectarismo antigubernamental diario El País que ha encadenado estos titulares: “La izquierda abertzale contagia su radicalidad a los integrantes de Bildu” (1.8.2011); “Bildu convierte un acto institucional en un alegato a favor de los presos de ETA” (2.8.2011) y “Bildu intensifica sus guiños a ETA en las fiestas de verano de Euskadi” (4.8.11). Voy a evitarles a ustedes el detalle de las declaraciones de ese personaje infame que es Martin Garitano que en sus años de comisariado político en los periódicos Egin y Gara, atrincherado en el seudónimo de Maite Soroa, se dedicaba a poner en la diana a periodistas y analistas, especialmente del País Vasco.

El veterano proetarra ¿sacará los colores a los Zapatero, Rubalcaba, Eguiguren, Sala et alii? ¿Han actuado a favor de Bildu por error o por incompetencia culpable?

Pero mis referencias del diputado general de Guipúzcoa son personales y directas y les aseguro que el tal Garitano es un clon de cualquier proetarra. Su simple presencia en las listas de Bildu, era una prueba de cargo de que la coalición forma parte de la estrategia de ETA. Garitano, además, se sabe la lección. El que no la ha aprendido es el alcalde de San Sebastián al que le han puesto asesores de procedencia directa de ANV y de Herri Batasuna para mantenerle en la ortodoxia.

El veterano proetarra ¿sacará los colores a los Zapatero, Rubalcaba, Eguiguren, Sala et alii? ¿Han actuado a favor de Bildu por error o por incompetencia culpable? ¿Por qué no actúan a posteriori pudiendo hacerlo e iniciar el proceso de ilegalización de aquellos electos que no condenen a ETA –su pasado y su presente—y se nieguen a reclamar su disolución? Sencillamente: el error –a mi juicio, salvable y por lo tanto culpable—es de tal dimensión, es tan lacerante para las víctimas y golpea tanto la conciencia cívica y democrática de los ciudadanos que preferirán mirar para otro lado recurriendo a las mañas de los mediocres: relativizando la gravedad de la emergencia política de ETA a la que el sistema –Gobierno y Tribunal Constitucional, ambos, insisto por incompetencia culpable—había yugulado no sólo policialmente sino también políticamente con la ya destrozada medida de la ilegalización. De la que Bildu –a la vista está—no merecía salir.

La barbaridad política de introducir al país en un periodo de interinidad convocando las elecciones con tres meses y medio de antelación (el 29 de julio para el 20 de Noviembre), más que producto de la incompetencia lo es de la estupidez y de la ignorancia –también culpable—de desconocer los mecanismos que desatan en los mercados y en la propia sociedad decisiones de esa naturaleza. Diferir las consecuencias de una decisión sólo sirve para neutralizar los efectos positivos que puedan conllevar. No es nada extraño que el PP reclame que las elecciones se celebren lo antes posible –octubre—pero la jugada está ya concluida y la torpeza cometida. No la pagarán sus responsables sino la sociedad española y su economía que, aunque afectada por los males de muchas otras, agudiza sus carencias debido a la mala gestión de los responsables de dirigirla.

He aquí, en definitiva, el principio de Peter en su mejor y máxima expresión: Zapatero en su extremo nivel de incompetencia. Por desgracia, la democracia es un método y un sistema de criterios y valores, pero las mayorías no hacen sabio al tonto, ni bueno al malo, ni competente al incompetente. Es decir, no pueden derogar el principio formulado por Laurence J. Peter en su libro de 1969 que en España se lleva cumpliendo puntillosamente desde hace ya unos cuantos años. Y es que José Luis es el mejor ejemplo de que Peter tenía razón.

La persiana de ETA
Iñaki Ezkerra La Razón 8 Agosto 2011

Cada vez que alguien nos quiere vender la inminente disolución de ETA, nos topamos con la chusca paradoja de que es ETA la primera que se encarga de darnos la razón a los que denunciamos la pantomima. Si no se le ha podido arrancar a Bildu una triste condena del terrorismo; si el sector más político y «presuntamente civilizado» de ese colectivo bestial no cree que los crímenes de ETA merecen la reprobación, y no se esfuerza ni en mentir siquiera, ¿qué podemos esperar de los activistas de la propia banda?

Antes que hacer el menor amago en esa dirección, lo que está haciendo Bildu es legitimar la historia de sangre de ETA. Este hecho es el realmente grave, y ante el que no se está sabiendo reaccionar, entre otras cosas porque hay quienes, quizá con buena voluntad pero con la cabeza confusa, mezclan en su denuncia del carácter criminal de Bildu otras provocaciones de menor contenido penal. Que Bildu se pronuncie contra la Vuelta Ciclista o contra la Guardia Civil; que mueva el retrato del Rey o la bandera española de un ayuntamiento, son hechos hasta «previsibles» que tendrán su gravedad, y en determinados casos hasta su carácter delictivo, pero que no tocan el asunto que nos ocupa, el que justifica y demanda su inmediata ilegalización.

Lo grave es la ausencia de esa condena. Lo grave es que no han desperdiciado un minuto para ponerse a reivindicar y homenajear a los presos de ETA, o sea, a quienes cumplen condena por el delito de terrorismo. Lo grave es que uno de sus portavoces, Pello Urizar, acaba de explicitar públicamente el chantaje al Estado democrático al plantear que «ETA necesita unos mínimos argumentos para cerrar la persiana terrorista». ¿Qué más argumentos necesitamos nosotros para cerrarle a ETA la persiana política?

En un documento interno señala que es al Gobierno al que le toca mover ficha
Batasuna advierte de que el final de ETA está lejos
«Todavía estamos lejos de un escenario sin violencia (sin ETA)». La afirmación está contenida en un documento interno de Batasuna elaborado en la segunda quincena de julio, al que ha tenido acceso LA RAZÓN. El texto confirma las últimas declaraciones de dirigentes de Bildu, que condicionan el alto el fuego de ETA a una negociación con el Gobierno. La tregua es puramente coyuntural.
J. M. Zuloaga La Razón 8 Agosto 2011

Batasuna la utiliza en beneficio propio, hasta el punto de recordarle al presidente del Gobierno vasco, Patxi López, que ahora hay personas que han dejado de sentirse amenazadas y perseguidas. Y que les pregunte, entre ellos a los miembros del PSE que han renunciado a la escolta, si les da igual que la banda «utilice la violencia, o no». Todo un chantaje.

Otegi y Sortu
Los proetarras unen la posible absolución de Arnaldo Otegi en el «caso Bateragune» con la legalización de Sortu, pendiente del Tribunal Constitucional. «Escenificaría –dicen– el fin de los juicios políticos. Nos situaría ante las puertas de un escenario donde los derechos civiles y políticos de toda la ciudadanía de Euskal Herria serían reconocidos y respetados. Por eso, por encima de una frase u otra mencionada en un momento concreto ante una jueza española, a nivel político es muy importante la absolución de las personas imputadas».

El asunto de los presos también es abordado en el documento, hasta el punto de sugerir que el Tribunal Constitucional podría apoyar el «proceso» con la derogación de la «doctrina Parot»; o hacerlo el Gobierno con un decreto hasta lograr una amnistía.

Batasuna confirma algo que ya se sabe: «El proceso no está en el kilómetro cero. Ya hemos hecho unos kilómetros en este proceso». Tras el alto el fuego de ETA, su brazo político considera que deben ser el Gobierno y la Justicia los que den «nuevos pasos»: «Ya va siendo hora de que la otra parte vaya avanzando metros, ya es hora de dejar de estar parado, ya es hora de dejar de poner obstáculos». «Finalizar –agrega– con las condenas de por vida sería un buen inicio. Dejar en libertad a las presas y presos enfermos, también; y reunir a todos y todas las presas políticas vascas en cárceles de Euskal Herria, para que puedan participar en el proceso». «Con apoyo del Tribunal Constitucional o mediante decreto del Gobierno, es hora de empezar a moverse, ya es hora de poner las primeras bases para la amnistía», subraya.

Una vez fagocitados Eusko Alkartasuna y Alternatiba (los otros dos partidos de Bildu), y encauzada la estrategia para hacer lo mismo con Aralar (a la que acusan de «bipolar», por decir una cosa por la mañana y otra por la tarde), el gran objetivo de Batasuna es el Partido Nacionalista Vasco, al que pretenden sustituir como fuerza hegemónica en el País Vasco. Por eso trata de poner al descubierto su estrategia. En el documento, señala que Urkullu (presidente del PNV) ha «preparado una hoja de ruta, sencilla y fácil de entender para recuperar el poder en la Comunidad Autónoma Vasca».

«Necesita –agrega– un Gobierno débil en Madrid, que le dé Ajuria Enea –PP o PSOE, pero ni uno ni otro con mayoría absoluta– y Sortu (o Bildu) para garantizar aritméticamente el resultado. En la hoja de ruta de Urkullu, ETA desaparece, el Gobierno soluciona la situación de los presos y presas; y ellos, con el beneplácito del Gobierno de Madrid, hacen un nuevo estatuto».

Los proetarras reconocen el papel de Urkullu frente a la debilidad de Joseba Eguibar. «Nadie se enfrentará a él (Urkullu) en un proceso interno. Después de recibir la negativa de Ibarreche, Eguibar está totalmente solo, y después de los resultados electorales en Guipúzcoa y Álava, su sector más débil que nunca».

USOS LINGÜÍSTICOS El uso del gallego crece entre los más jóvenes, pero sigue debajo de la media
Respecto al castellano, su uso se sitúa en casi el 60 %, aunque en este caso ha habido una disminución de más de cinco puntos.
santiago / la voz 8 Agosto 2011

Casi cuatro de cada diez jóvenes gallegos de entre 15 y 29 años afirman utilizar el gallego según el informe Xuventude Galega 2010 presentado por la Dirección Xeral de Xuventude. Este dato supone un aumento de casi seis puntos porcentuales en el uso de esta lengua respecto a los usos lingüísticos recogidos en el estudio del año 2007.

Respecto al castellano, su uso se sitúa en casi el 60 %, aunque en este caso ha habido una disminución de más de cinco puntos en relación al documento de hace cuatro años. El mismo estudio indica que otro 0,2 % de la juventud emplea en su comunicación otras lenguas. El informe se basa en el estudio de la Universidade de Santiago a partir de 1.200 encuestas presenciales a jóvenes de entre 15 y 29 años.

El trabajo sociológico, que se enmarca en el plan Xuventude 2013, una estrategia para la juventud, incluye una pregunta relativa a la lengua empleada habitualmente en once situaciones diferentes de la vida cotidiana, que giran sobre el idioma utilizado en entornos de relación con los más próximos, en diferentes ámbitos sociales, en actividades funcionales diarias orales o escritas, o bien en intercambios orales espontáneos.

En base a estas situaciones heterogéneas, los resultados demuestran que los temas o los contextos más favorables para el uso del gallego son los que se vinculan a relaciones próximas.

Cae sin embargo la utilización de esta lengua cuando se trata de elaborar escritos o en el contacto con desconocidos.

Menos que la población media
El uso del gallego sigue siendo más bajo entre la juventud que en la media de la población, lo que genera un escenario pesimista de cara a los próximos años. De ahí que la Xunta insista en situar como uno de los retos principales de la lengua gallega las franjas de edad más jóvenes.

La Junta de Galicia y sus preocupaciones
Nota del Editor 8 Agosto 2011

Si, como los jóvenes gallegos no sufren la falta de oportunidades para encontrar trabajo, la Junta de Galicia, del tal Núñez, el del PP, se dedica a estas cosas de la lengua regional que nos tiene preocupados a todos los españoles, dada su importancia para mantener la identidad, pues está visto que si se pierde la identidad, se pasa al grupo de sin papeles y vaya problema, la única ventaja es que al no tener papeles se puede ir a la playa (los días buenos, caso de que pueda haber alguno en esta in(f)(v)ernal verano), sin miedo a que se mojen.
 



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