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Recortes de Prensa   Lunes 12 Septiembre 2011

 

La ley del péndulo en la lengua
La Constitución exige no sólo estudiar el castellano sino también estudiar en castellano.
José Ignacio Juárez www.gaceta.es  12 Septiembre 2011

Desde la promulgación de la Constitución en 1978, la posición y relación del castellano con las lenguas cooficiales se ha invertido: se ha pasado del
reconocimiento constitucional de las lenguas cooficiales como un bien integrante del patrimonio histórico y cultural, cuya preservación y uso debían
protegerse y fomentarse –modelos de convivencia lingüística–, a la consagración de facto de deberes y obligaciones de los ciudadanos en relación con los
poderes o los servicios públicos, entendidos estos en su más amplia conceptuación –modelos de imposición o exclusión lingüística–.

En esta configuración de fuerzas, en la que las posturas nacionalistas ganaban cada vez más terreno y siempre quedaban insatisfechas, ha tenido un papel
fundamental el uso y el abuso del Derecho: la utilización falaz y reiterada de categorías jurídicas inadecuadas; la producción y permisión de una normativa
hipócrita, llena de silencios y ambigüedades, y, en última instancia, la actitud pusilánime o interesada –que de todo hay– de quienes debían defender los
derechos y libertades constitucionales sin complejos y prefirieron callar o mirar para otro lado.

Sólo así se explica que, pese a la consagración constitucional del castellano como única lengua común y oficial en todo el territorio nacional sobre la que
existe el deber de conocimiento (art. 3.1), y a pesar de su posición hegemónica de partida, actualmente la presencia y posibilidades reales de uso en el
ámbito público de algunas comunidades autónomas –Cataluña de manera particular– se han ido reduciendo progresivamente, hasta convertirlo en algo casi
testimonial o anecdótico, cuando no inexistente.

Sin embargo, la radicalización de los postulados lingüísticos nacionalistas está siendo la principal causa de pérdida de la legitimidad que en su origen
pudieron tener. Y, de la misma forma que el péndulo retorna a la posición de equilibrio después de oscilar por los extremos, el exceso y la desproporción en
materia lingüística está dando paso a un esperanzador cambio de tendencia hacia la normalidad y el sentido común. En esta dirección se inserta el auto del
Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) del 28 de julio de 2011, que concede un plazo de dos meses a la Generalidad para que “adapte el sistema de
enseñanza a la nueva situación creada por la declaración de la sentencia 31/2010 del Tribunal Constitucional, que considera también el castellano como lengua
vehicular de la enseñanza en Cataluña junto con el catalán”. Cambio de tendencia que explica, a su vez, la airada y sobreactuada reacción catalanista con
ocasión de esta resolución judicial.

Ningún nacionalista que se precie ha dejado de manifestarse contra el auto del TSJC, en una espiral creciente y delirante: del inicial y clásico ataque al
catalán y a Cataluña, se ha pasado a hablar del “acoso del Estado” en una “cuestión innegociable” (Francesc Homs); “postura intransigente y minoritaria que
no debe permitirse” (Xavier Trias); “disparate que no debe ser acatado” (Joan Herrera) “con uñas y dientes” (Joana Ortega), asumiendo que eso implique “la
inhabilitación para cargos públicos” (Irene Rigau), etc. Todos estos comentarios los condensó el presidente de la Generalidad –representante ordinario del
Estado en Cataluña– calificando la resolución judicial como “tocada de narices de los españoles a los catalanes”.

Lo cierto es que, más allá de los titulares de estos días, lo decidido ahora por el TSJC no resulta sorprendente, ni es esencialmente nuevo, ni
sustancialmente decisivo. Más allá de gestos ostentosos cara a la galería, en vísperas de la Diada, los responsables públicos catalanes saben bien la
imposibilidad jurídica de mantener un modelo educativo en el que el castellano queda exclusivamente reducido a objeto de estudio, cuando la Constitución
exige no sólo estudiar el castellano, sino también estudiar en castellano. Igualmente, conocen que el auto del TSJC sólo da cumplimiento a una sentencia del
Tribunal Supremo y que esta última, aplica la sentencia del TC que declaró inconstitucionales diferentes preceptos e interpretaciones del Estatuto de
Cataluña. Saben que ahora toca ejecutar lo previamente declarado, y que –como dispone el artículo 103 de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-
Administrativa– la Generalidad está obligada a cumplir las sentencias “en la forma y términos que en estas se consignen” y que “todas las personas y
entidades públicas y privadas están obligadas a prestar la colaboración requerida por los jueces y tribunales (…) para la debida y completa ejecución de lo
resuelto”. Lo saben, y por ello, mientras afirman que no van a cumplir lo decidido por el Tribunal Supremo, buscan el modo de retrasar y dilatar el
cumplimiento, de salvar el modelo de inmersión limitando la ejecución al caso de unos pocos alumnos…

De momento, el curso escolar se inicia sin adoptarse una sola medida que garantice la presencia efectiva del castellano como lengua de enseñanza. Y es más
que dudoso que el TSJC, que podría hacerlo, obligue a la Generalidad a adoptar medida alguna mientras quepa –y cabe– algún recurso. Tal vez las estrategias
procesales dilatorias y escapistas tengan éxito en un primer momento; algo que para la Generalidad –y, por supuesto, para los miles de alumnos perjudicados
por ello– es ya mucho. A fin de cuentas, por paradójico que pueda resultar, el TSJC compartía el planteamiento lingüístico de la Consejería de Educación.
Pero la cuestión de la correcta ejecución llegará, tarde o temprano, al propio Tribunal Supremo que dictó la Sentencia de 2 de diciembre de 2010, que revocó
la del TSJC. Esperemos que entonces no aparezca una mano invisible que ponga nuevamente el péndulo en movimiento para conseguir un beneficio político. Han
pasado tres décadas desde la última vez que esto ocurrió. Demasiado tiempo para que Cataluña y España puedan permitírselo otra vez.

*José Ignacio Juárez Chicote es socio de López Rodó&Cruz Ferrer Abogados.

Los impuestos, la sombra que nos persigue hasta la muerte.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  12 Septiembre 2011

Cualquiera que sea el color de los Gobiernos, su principal objetivo es exprimir al máximo a los ciudadanos, a esos que dicen representar y defender de sus
derechos. Pero esto es algo que viene ya de antiguo, donde los gobernantes usaban la fuerza como medio para la recaudación y llenar sus arcas a costa de la
plebe, de la esclavitud y de la sumisión, manteniendo la incultura y la resignación para evitar las revueltas. Y si estas se producían, acallarlas de forma
contundente con la opresión.

Hoy en día, el Estado, ese ente al que se adhieren unos personajes parásitos, demagogos y ambiciosos, es el "Gran Hermano" que vela por los intereses de
todos y el que decide cualquier aspecto de la vida de sus súbditos. Un sistema que mantiene los mismos principios feudales y aplica sin complejos la coacción
y el miedo a la sanción, al embargo, a la cárcel, como excusa de la pretendida "solidaridad" para lo que llaman "bienestar social". No solo se sigue en
esclavitud en un trabajo mal remunerado e inestable, sino que su fruto, el salario, es el objeto de codicia por quienes parasitan a la sociedad.

Los impuestos. Los hay de toda clase y justificación y es el medio más usado para la expoliación de los ciudadanos. En primer lugar se penaliza el trabajo.
Por trabajar, un derecho en una sociedad organizada, se aplica el primer y más importante impuesto, el de la renta o IRPF. Tanto ganas, tanto pagas, en un
impuesto cuya escala de gravamen es absolutamente discrecional y beneficia a las medias y grandes fortunas y a aquellos cuyo control de ingresos es
imperfecto y se deja a fórmulas tan indefinidas como la de "estimación subjetiva" porque de objetiva no tiene nada por mucho que así la llamen en la Ley.

El otro gran impuesto por trabajar es el del "bienestar social", véase la Seguridad Social. Un trabajador debe contribuir con el 6.35% de su salario, y su
empleador con un 32% del mismo salario, en una estructura piramidal teórica que la naturaleza y la recesión se encargan de invertir. Eso sí, cada vez para
lograr ese beneficio a futuro llamado "pensión", se debe ser esclavo y cotizar durante un número mayor de años y contemplar, si tienes suerte y has trabajado
regularmente, unas décadas de salarios para el cómputo o toda la vida laboral.Al final, si no trabajas, no rindes y estorbas. Lo mejor, una muerte digna
asistida y abreviar la transición...

Una vez ya tienes tus ingresos netos, tras la primera esquilmación, vienen los demás impuestos por realizar actividades cotidianas tan simples como la de
comprar lo necesario o lo superfluo para vivir, el llamado IVA, que en España "solo" es del 18% del coste, normalmnente abusivo, del producto de primera
necesidad o de ocio y consumo dirigido. Pero la compra mayor y el sueño de todo español, sigue siendo la de una vivienda en propiedad. Y aquí la cadena de
impuestos es abrumadora, desde las Tasas iniciales, gastos de Gestoría, Notaría e inscripciones varias, hasta las cuotas anuales del IBI, recogida de
basuras, etc.

Pero si se aspira a la movilidad libre con un vehículo de tu uso y propiedad exclusivas, entonces cae sobre tí todo el peso de la Ley. El impuesto de
circulación, los seguros, la tasa de medio ambiente, las revisiones obligatorias ITV y el mayor impuesto, el de proporcionarte combustible para circular,con
la bronca correspondiente si se colapsan las vías de circulación por la manía de circular todos en los mismos días de fiesta.

Por último, por espacio y por no aburrir con este drama, a quien tenga descendencia le llega el turno de la enseñanza y su "gratuidad". Los uniformes y
libros cuya caducidad es mayor que la de los productos perecederos. Y si después de eso aún haciendo milagros queda algo de ingresos para el ahorro, ahí el
Estado nos vuelve a penalizar por dejar que otros se enriquezcan con nuestros fondos, cuyo destino y posible recuperación escapan a nuestro control. Y si te
mueres o heredas, aquí viene el último y definitivo, el impuesto de Transmisiones patrimoniales, con lo que el Estado cierra el círculo de la esclavitud y
recupera la mayor parte de lo entregado durante la vida del ciudadano.

Y ahora, vuelve el candidato Rubalcaba a seguir tocando las narices y vender la burra sobre el impuesto del Patrimonio como un nuevo Robin Hood, diciendo que
se lo quita a los ricos para dárselo a los pobres que no tienen trabajo y crear empleo. ¿De qué patrimonio habla?. Si se refiere a lo que con tanto esfuerzo
y milagrosamente los ciudadanos hayan podido acumular en su vida, desde luego que se va a meter ese impuesto por el ......¡Insumisión fiscal ya!.

Programa electoral
EL PSOE quiere racionalizar el Estado de las autonomías
Los socialistas reconocen que el actual funcionamiento lastra el crecimiento económico y pone trabas a la competitividad
PAULA DE LAS HERAS| | MADRID El Correo  12 Septiembre 2011

Se acabó la descentralización. El PSOE, con Alfredo Pérez Rubalcaba al frente, da por definitivamente enterrada la etapa expansiva del Estado de las
autonomías. Ahora toca racionalizar el modelo y, en algunos casos, aumentar el papel de la Administración central en el control o la gestión de determinados
asuntos. Al menos, ése es el espíritu que recorre todo el borrador de la ponencia que servirá de base al futuro programa electoral y que ese fin de semana
fue remitido a las federaciones del partido para que lo estudien y planteen enmiendas.

La necesidad de meter mano a las deficiencias del Estado autonómico estuvo ya en discusión durante la precampaña de los últimos comicios regionales y
locales, pero a la hora de la verdad, los socialistas optaron por aparcar un debate espinoso al que no veían demasiadas ventajas electorales. Sólo después
del 22 de mayo, cuando ya habían perdido prácticamente todo su poder territorial, decidieron recuperarlo y se atrevieron a lanzar propuestas como la de
suprimir o transformar las diputaciones provinciales.

El texto elaborado para la Conferencia Política que el PSOE celebrará entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre recoge esa idea, pero va más allá. Defiende
que la «asignatura pendiente» del modelo territorial español es el asentamiento de los principios de lealtad institucional y «responsabilidad mutua» que
impregnan las culturas federales. Y aboga por fijar «estrategias nacionales» de actuación, siempre a propuesta del Gobierno, que vinculen a todas las
comunidades. Los socialistas reconocen en el documento, de manera implícita, que el actual funcionamiento del Estado autonómico lastra el crecimiento
económico y pone trabas a la competitividad.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El intolerable desafío nacionalista
Roberto Centeno. El Confidencial  12 Septiembre 2011

“La fuerza de un pueblo, reside en la fuerza de sus leyes”. No en su riqueza; ni siquiera en las armas, según relata César Vidal cómo veían los romanos la
clave de su fortaleza. Según el Tribunal Supremo, “el castellano, que es la lengua oficial del Estado, debe ser objeto de idéntico derecho que el catalán, y
debe disfrutar de la condición de lengua vehicular”. En línea con ello, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) dictaría un auto instando al
departamento de enseñanza de la Generalitat a cumplir las sentencias, en los términos exigidos por el Constitucional y el Supremo, para que el castellano
esté presente en las escuelas de esa región en igualdad de condiciones que el catalán.

Acosado por los nacionalistas, el presidente del Tribunal de Justicia de Cataluña, Francisco Caamaño, y varios altos cargos dirían en su día que dichas
sentencias no eran de aplicación en toda Cataluña. Inmediatamente después, en un gesto valiente que les honra, los miembros del TSJC desautorizarían
rotundamente a su presidente y al ministro de Justicia de Zapatero, que no de España, señalando que era una sentencia del Supremo de aplicación en toda
Cataluña y de obligado cumplimiento.

Pero lo que resulta inaudito es que José Blanco primero, el número dos del partido socialista, y el Gobierno en pleno después, digan que les parece perfecto
que se prohíba la enseñanza en castellano porque “está funcionando”, y hagan un llamamiento al incumplimiento de la Ley. ¡Todo un Gobierno pidiendo que no se
cumpla la Ley! Solo espero que el 20-N, a la hora de votar, ningún español decente lo olvide.

Así las cosas, Artur Más ha lanzado un desafío sin precedentes a España y al Estado de Derecho, afirmando con un desparpajo inaudito que la Generalitat de
Cataluña no obedecerá la Ley y mantendrá la inmersión lingüística, es decir, la prohibición de estudiar en la lengua del Estado, así como la persecución y
discriminación de todo lo español. Si el Gobierno de España, o el Rey en su defecto, no reaccionan con la contundencia debida y rinden el Estado a éste
desafío totalitario, habrán asestado un golpe mortal a la unidad de la nación y al Estado de Derecho. Aparte de que, si no lo hicieran, ¿para qué queremos un
Gobierno o un Rey que son incapaces de defender la Ley y la unidad de la Patria?

“En España ya no quedan hombres”
“En España ya no quedan hombres, si esta gente tuviera vergüenza se habría pegado un tiro”. Así se expresaba en privado mi gran amigo Camilo José Cela,
respecto a los padres de la Transición que, con su irresponsabilidad, su cobardía pactista y su falta absoluta de sentido del Estado, nos impondrían un
modelo de Estado económicamente inviable y políticamente letal, en el que se inventarían 17 autonomías contrarias en su mayor parte a la realidad histórica y
objetiva de España, y una partitocracia intrínsecamente corrupta, que impide la democracia real.

Pues bien, ante éste increíble desafío a la nación, servidor afirma lo mismo: deberían pegarse un tiro. Y lo tienen muy fácil, porque para eso está
precisamente el Art. 155 de la Constitución, según el cual la autonomía de Cataluña, o cualquier otra, debe ser suspendida hasta que acaten la Ley. No
pasaría nada, como no pasó nada cuando un primer ministro fuerte de un país fuerte, Tony Blair, suspendió la autonomía del Ulster.

Cuando Cataluña era la región más rica de España, de cada cien euros equivalentes del gasto público allí realizado, 90 eran para los ciudadanos vía
inversiones, transferencias, servicios públicos, etc, y 10 para la administración regional. Hoy, de cada 100 euros, 60 son para la casta política y 40 para
los ciudadanos.

Es una burla intolerable que Más llegue a afirmar: “¿Por qué nos tocan las narices con nuestro idioma? Si en Francia no se las tocan al francés”. No es la
comparación correcta; ¿o es que Cataluña es ya una nación independiente sin habérselo preguntado a los catalanes y no nos habíamos enterado? La comparación
es muy diferente: ¿Qué haría el Gobierno francés si en Córcega se prohibiera enseñar en francés?, ¿o el Gobierno británico si en Gales prohibieran enseñar en
inglés?

Cataluña es parte de España desde el principio, desde hace 500 años, pero también es una región en la que, desde la Transición, ya no rige la Ley. Los
políticos nacionalistas catalanes, habituados a violar flagrantemente derechos elementales, han decidido seguir violándolos, digan lo que digan los
tribunales. El que una formación política que con su incompetencia ha hundido económicamente a Cataluña, haciéndola pasar del primero al cuarto lugar en
renta per cápita entre las regiones españolas, se atreva a amenazar a todas aquellas formaciones no nacionalistas es intolerable en cualquier nación que
merezca la calificación de civilizada. Y, lo que es peor, según una encuesta realizada por ABC, el 81% de los catalanes prefiere una educación bilingüe.

Balanzas fiscales, comerciales y de ahorro- inversión
El chantaje permanente de los nacionalistas, que no de los catalanes, al afirmar que España les roba no se sostiene. Para ello, utilizan unas balanzas
fiscales inexistentes porque la realidad es justo lo contraria. Puestos a ello, hay que considera todos los flujos. Y esto lo explico pensando esencialmente
en los empresarios catalanes y en las multinacionales allí ubicadas para abastecer a toda la nación, y que tienen todo que perder ante un eventual
enfrentamiento y ruptura con el resto de España, pero que poseen mecanismos suficientes para frenar una locura que solo puede llevar a Cataluña a la ruina.

Fiscalmente hablando, la primera cuestión importante es la siguiente: los impuestos los pagan las personas, no las regiones. Cataluña no es sujeto jurídico
de nada, los sujetos jurídicos son los catalanes. Y como su renta per cápita es un 18% superior a la media, en todo el mundo civilizado paga más quien más
tiene. ¿Qué ocurre entonces? En cifras absolutas, los madrileños aportaron en el año 2009 14.600 millones de euros, seguidos por los catalanes, que aportaron
11.143 millones. En tiempos de Franco, cuando Cataluña era la región más rica de España, de cada cien euros equivalentes del gasto público allí realizado, 90
eran para los ciudadanos vía inversiones, transferencias, servicios públicos, etc, y 10 para la administración regional. Hoy, de cada 100 euros, 60 son para
la casta política y 40 para los ciudadanos. ¿Quién roba a quién?

Cataluña tiene hoy 139.000 empleados públicos, el triple que en 1975, y un salario medio de 42.000 euros/año. Pero esto no es lo peor, las empresas públicas,
absolutamente inútiles en un 90%, creadas para ocultar deuda y colocar a parientes, amigos y correligionarios, han pasado de 88 a 268 desde 2003, y tienen
96.600 empleados con un sueldo medio de 49.000 euros/año, un 16% más que los funcionarios y un 35% más que los trabajadores catalanes del sector privado.
Tras los salarios (10.100 millones) están los intereses de la gigantesca deuda (más de 2.000 millones), los coches oficiales, embajadas, oficinas de lujo,
estudios esperpénticos, viajes de cinco estrellas, televisiones ruinosas y mil cosas más.

Pero los flujos económicos entre Cataluña y el resto de España no se limitan a la balanza fiscal, existen también las balanzas comerciales de bienes y
servicios y las de ahorro inversión. Y en las balanzas comerciales de bienes y servicios el superávit de Cataluña con el resto de CCAA es de más de 24.000
millones de euros, más del doble que su déficit fiscal. Pero es que además, y más trascendente si cabe, a través de los bancos y cajas catalanas parte del
ahorro del resto de España se transfiere a Cataluña. Se estima que por cada cien euros de ahorro en Cataluña se invierten 180 financiados gracias a este
mecanismo. ¿Qué pasaría si las Comunidades perjudicadas exigieran le reducción del déficit comercial y de ahorro-inversión?

España no podrá remontar su actual crisis hasta que acabe de una vez por todas con el cáncer autonómico y con el chantaje permanente del nacionalismo.
Puestos en el caso de un proceso secesionista revolucionario que llegase a buen puerto, el veto de España impediría su entrada en la UE y no van a pensar
que, si deciden separarse, vamos a permitir que no vendan. Con su amenaza secesionista, Más va a tener muy difícil atraer inversores a Cataluña… ¿quién va a
ser tan estúpido de ir a una región donde no rige la Ley sino solo la voluntad de unos pocos?

Victimismo nacionalista
Editorial www.gaceta.es  12 Septiembre 2011

Como cada año, la Diada se convirtió en un memorial de agravios.

Como cada año, los partidos nacionalistas catalanes, con la inseparable comparsa del PSC de Montilla y Chacón, auténticos malabaristas de la simulación y el
doble juego, han encontrado la oportunidad para convertir la festividad catalanista del 11 de septiembre en un memorial de agravios, en una serie confusa de
lamentos y amenazas contra gigantes que son molinos de viento, aunque puede que esta comparación quijotesca resulte ofensiva a sus castos oídos
nacionalistas.

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, que va por la vida de moderado, ha cargado contra quienes no les dejan, a su entender, ser como son. Hace falta ser
muy miope para ver en la sentencia de sus lamentos un intento de recortar los derechos de los catalanes o el rango de su autogobierno. Hace ya mucho que es
evidente que el catalanismo político es esencialmente reactivo, y que si no encuentra motivos de agravio, los inventa, simple y llanamente, a no ser que, por
alguna razón incomprensible para cualquier espectador ajeno, Cataluña sea el único y orwelliano lugar del mundo en el que los derechos iguales se aplican de
manera desigual, según convenga a la minoría política que rige los destinos de esa comunidad, y que, al parecer, lo hace con tanto acierto que no puede
celebrar la así llamada fiesta nacional sin establecer un cordón de seguridad de centenares de metros que evite que los catalanes de la calle les saquen los
colores, o les muestren de cerca el entusiasmo que provoca en los ciudadanos esa dedicación a batallas que, en realidad, sólo les interesan a ellos.

El presidente Artur Mas, cuyas capacidades para la exageración y el discurso rimbombante nadie ignora, tras asegurar que la reforma constitucional ha roto
los consensos de la Transición, esos que el proyecto de Estatuto tenía, al parecer, tan presentes, afirmó, contra toda evidencia que “en las mentes de la
gente de Catalunya cala un sentimiento de mayor soberanía y libertad”, tratando de convertir la ley vigente en un peldaño para sus confusas, contradictorias
y voluntaristas aspiraciones de independencia política, un propósito que sin duda cumpliría de no darse la molesta circunstancia de que los ciudadanos
catalanes, en una mayoría sólida y de buen sentido, no quieren saber nada de esa clase de aventurerismos.

Jordi Pujol ha insistido desde Igualada en las metáforas catastrofistas, en este caso “una ruptura de puentes”, para asegurar que el cumplimiento de la
sentencia llevaría a Cataluña a la irrelevancia, sin que se haya molestado en explicar las razones. Su hijo y heredero Oriol Pujol, al frente de su partido,
y seguramente destinado al sitial que fue de su padre, y que, de manera interina ocupa Mas, se despachó a su gusto con metáforas militaristas para asegurar
que la Generalidad no va a rectificar su defensa a la inmersión lingüística. Tal vez la mejor imagen para reflejar el espíritu victimista de esta
celebración, que conmemora lo que los nacionalistas entienden como una derrota, sea la aportación cultural a cargo de uno de los escritores en nómina que,
para que no hubiera dudas sobre el carácter de la cuestión, y tras sumergirse en metáforas pedestres a partir de la idea de inmersión, culminó su discurso
con un palíndromo, “Català a l’atac”, lo que no deja de ser toda una confesión freudiana de que el victimismo es la cara equívoca de un proyecto de
imposición que choca, inevitablemente, con los derechos individuales que, también en Cataluña, defiende la Constitución, pese a los afanes agresivos de
quienes confunden el respeto a la ley con imaginarias agresiones a su quimérica soberanía.

El selectivo respeto a la Ley de los nacionalistas
EDITORIAL Libertad Digital  12 Septiembre 2011

En un Estado de Derecho son los políticos quienes deben someterse a la ley y no los ciudadanos quienes son aplastados por la discrecionalidad de los
políticos. Algo falla, por consiguiente, cuando las normas son respetadas según le convenga al gobernante de turno.

En este sentido, el caso de los nacionalistas catalanes es paradigmático. Después de pasarse semanas poniendo el grito en el cielo porque PP y PSOE, que
representan al 90% de los españoles, los dejaban fuera de la reforma constitucional, pasaron a incumplir por enésima vez una sentencia del Tribunal Supremo
–que a su vez emanaba de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut– que les inquiría a convertir el español en lengua vehicular dentro del
sistema educativo catalán.

Tras el pertinente llamamiento a la desobediencia civil –que incluso se produjo desde los nacionalistas del PSC presentes en el Gobierno de España– volvieron
a rasgarse las vestiduras por que el alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, se negó a celebrar la Diada tras el boicot de las formaciones nacionalistas a
la bandera española (boicot asimismo ilegal). Y, finalmente, al terminar una Diada plagada des hipócritas quejas y abiertos insultos hacia los no
nacionalistas, unos jóvenes independentistas han seguido instalados en la ilegalidad quemando banderas de España y fotos del Rey.

Por desgracia, cada vez está más claro que la cesión permanente ante el nacionalismo no ha servido ni para apaciguar su radicalismo ni para integrarlos en
España. El Gobierno central, sea del PSOE o del PP, no debería dejarse amilanar por los sollozos de una casta que no tiene ningún interés en cumplir y hacer
cumplir la ley salvo cuando resulta compatible con su proyecto de construcción nacional y de enfrentamiento con el resto de España. Cada año nos lo recuerdan
con una Diada celebrada de manera sectaria.

Cataluña
De la Diada y la depresión del ciudadano
Agapito Maestre Libertad Digital  12 Septiembre 2011

El bochornoso espectáculo de la actual ministra de Defensa, una pobre señora sin ningún bagaje intelectual y político, haciendo un canto a quienes
desobedecen una sentencia judicial firme del TSJC, es decir, protegiendo la conducta secesionista del mesogobierno regional de Cataluña, es cifra suficiente
para levantare deprimido el día que se celebra la fiesta regional de Cataluña. Pero si además se observan todas las mamarrachadas en torno a esa mascarada de
"fiesta nacional", entonces habrá que decir que esto no tiene salvación. Nadie aplicará el artículo 155 de la Constitución para suspender la Autonomía de
Cataluña por alta traición de su mesogobierno.

Y, como este asunto, este cronista podría citar otro centenar para mostrar que vivimos un país en fase terminal. Ni dentro ni fuera España dice nada a nadie.
¿Cómo no va tener repercusión esa situación, aunque a uno le marche bien la vida privada, en la conducta de cualquier ciudadano de España? La depresión
empieza a ser el estado normal de los mejores españoles. Gravísima es la situación actual. Trágica. "Tira", sí, como en nuestras peores épocas: ahí va "la
España que se desgarra a lo largo de la historia". Que ningún imbécil me tache de llorón o del 98, porque me acordaré de todos sus antepasados. Aún me quedan
fuerzas para cagarme en la puta madre de la entera casta política y sus "arrastraos" mediáticos. Estoy hablando, amigos, de depresión; sí, escribo sobre un
mal-estado, un malestar, a veces casi una enfermedad, del alma provocada por las peores élites políticas e intelectuales de esta época.

Y lo más grave es que no resulta fácil hallar consuelo en la cultura de estos últimos treinta años. Nada, nada, nada hay, aquí y ahora, para salir de la
depresión política. Será menester recurrir al pasado. A Goya y Jovellanos, a Menéndez Pelayo y Galdós, a Picasso y Dalí, a Buero Vallejo y Gala, y yo que sé
a cuantos otros, pero, no lo duden, todos pertenecen al pasado, incluso algunos que están vivos son ya del pasado; por ejemplo, Antonio López, y su
exposición en el Thyseen, pueda servirnos para salír de la depre. Quizá, es un buen remedio, pero, naturalmente, reconociendo que este pintor es un hombre
del pasado; más aún, desde que Víctor Erice dirigió y estrenó la gran película El Sol del membrillo, hace "mil" años, ya quedó como un hombre grande,
grandioso, pero de otra época que no corresponde con la actual, con el aquí y ahora, que tanta desazón provoca en los españoles decentes.

Mal la política, sí, pero el mundo del arte y la cultura, de la literatura y el cine, por mucho que hagamos de la necesidad, virtud, no da tampoco para
mucho. En el franquismo, por lo menos, creíamos que todo iba a mejor. Quienes no soportábamos la dictadura, que por cierto no eran muchos y apenas tienen
algo que ver con los socialistas de hoy y los demócratas del PP, nos levantábamos cada día con ánimo renovado. Creíamos que "todo iría a mejor". Teníamos
espejos donde mirarnos. Había gente vivita y coleando que nos renovaban los ánimos políticos y culturales. Teníamos teatro y cine, novelas y poetas, curas
inteligentes y sindicalistas honrados, incluso el Atleti era más Atleti... Había, sí, un mundo cultural vivo para salir de la depre de un día cualquiera de
domingo. Teníamos la esperanza de que vendría algo mejor. Hoy nada de eso existe.

Me voy a ver una película de Garci para soportar la próxima semana. Y las que vienen

Lenguas para separar
Manuel Molares doVal. http://cronicasbarbaras.blogs.com  12 Septiembre 2011

Este verano quizás lo haya detectado usted en Cataluña o en zonas donde pasaban sus vacaciones familias catalanas: en numerosos casos sus niños sufrían tratando de hablar en castellano con otros niños con los que querían jugar.

Aunque ya de adultos consigan mayor fluidez con el idioma de 500 ó 600 millones de seres, mantendrán limitaciones para expresarse con corrección léxica y ortográfica que demuestren el dominio del idioma llamado mundialmente español.

La enseñanza impuesta exclusivamente en catalán por el nacionalismo y el socialismo –no a los hijos de sus líderes-- limitará enormemente su desarrollo personal fuera de Cataluña, un territorio que sólo es el 6,3 por ciento de la superficie de España, y cabeza de alfiler en el mundo de su expansión histórico-comercial, el hispanohablante.

Algún día esos niños odiarán a quienes les han impuesto sus limitaciones, sabiendo que podrían dominar perfectamente ambos idiomas españoles si dividireran equitativamente las clases.

Un odio a la lengua impuesta que se detecta fácilmente entre muchos niños gallegos, tras los cuatro años del bipartito socialista-nacionalista que trató de imitar el sistema de inmersión catalán, a pesar de que ya había bastante enseñanza en gallego desde la época de Fraga Iribarne, presidente de la Xunta 1990-2005.

Los niños no fueron felices, pero sí el creciente ejército de profesores en el “idioma patrio”, trabajo fácil, seguro y por entonces de fuerte expansión.

Por eso el patrioterismo lingüístico escolar no sufre crisis económicas: no hay nadie más patriota que quien vive de una lengua minoritaria a la que dice querer salvar.

Las lenguas son solamente los instrumentos que usamos para el diálogo y beneficio de todos. Son útiles, bonitas, tienen un sonido musical enternecedor, etcétera, etcétera.

Cuando los neardentales decían bramidos de amor, sus chicas neardentales pensaban que no había berrea más hermosa.

Las lenguas diferentes separan. Y si son manipuladas políticamente unas separan más que otras: el socialnacionalismo catalán quiere alejar a los catalanes de los hispanohablantes.

“Adiós, Cataluña”, escribió Boadella, quizás proféticamente.

¿Para quién toca el catalanismo?

Ante retos tan hercúleos, la casa puede ser 'gran', pero está tremendamente sola
Antoni Puigverd La Vanguardia 12 Septiembre 2011

Cada Onze de Setembre, el catalanismo debe hacerse una analítica. ¿Cuál es el dato más preocupante de este año? La fatiga crónica del PSC. Su posición nacionalmente ambidextra le convertía en fácil diana de tirios y troyanos, pero su función equilibradora se echará en falta. El PSC pisa tierras movedizas. Se hunde bajo el peso muerto de Zapatero. Pero también bajo el de Montilla y compañía. Responsables del gris y tristón periplo de la última década, ni dejan paso ni dan paso alguno para revitalizar el discurso y para regenerar el debilitadísimo arraigo del PSC. La decadencia del socialismo catalán deja el paso franco a un PP que, empujado por C's, está en condiciones de articular políticamente al importante segmento de la sociedad catalana que vive emocionalmente en español. La gran corriente azulgrana impide observar como aumenta en Catalunya el fervor por la roja. El PP intentará articular políticamente las emociones que suscita la selección española en aquellas zonas de Catalunya en las que no se habla apenas catalán y en cuyos bares nunca se sintoniza TV3.

Esta realidad no es nueva. La Catalunya que emergió del franquismo ya era así. La izquierda (primero el PSUC, después el PSC) se propuso convertir las dos comunidades lingüísticas del país en un solo pueblo. Jordi Pujol sintonizó con la izquierda en este punto y el catalanismo transversal, convencido del papel modernizador y civilizador de la escuela, desarrolló el modelo de inmersión, un modelo que ahora está bajo los focos. Unos pocos lo atacan, otros muchos lo defienden: en realidad, su capacidad de fomentar la catalanidad o la unidad comunitaria es muy relativa. Casi todos los jóvenes catalanes dominan los rudimentos de la lengua de Cervantes (así lo demuestran las encuestas evaluadoras), pero sólo una parte de los que obtienen el certificado escolar consigue dominar los rudimentos de la lengua de Llull. Lo mejor del modelo catalán de escuela es que no segrega. Quizás no une, pero reúne a todos en las aulas y patios. En las aulas el catalán tiene preeminencia, en los patios sucede al revés. La escuela no puede revertir las corrientes sociales: el castellano avanza con revitalizada fuerza en las calles catalanas.

Y es que, en la era de la imagen, es muy relativa la capacidad de la escuela para construir comunidad. En tiempos de Edmondo De Amicis, autor del entrañable Cuore ("Corazón"), la escuela era el único ascensor social y un formidable instrumento integrador. Italia es más hija de la escuela italiana que de Cavour y Garibaldi. La escuela pública es la gran fábrica de franceses. Pero estamos hablando de los siglos XIX y XX. Ahora las patrias no son territoriales, sino virtuales. En un mismo bloque de pisos pueden coexistir diversas sintonías. La de TV3 y la de Telecinco. Ninguna de las dos puede conectar con la patria virtual de Al Yazira, pero Telecinco, al revés de TV3, sí puede establecer lazos de continuidad con cualquier canal "latino". Esto explica la nueva vitalidad del castellano en Catalunya. El fracaso de la escuela como ascensor social y como fábrica de identidad afecta a Francia (incendios en la banlieue), afecta a Gran Bretaña (desmanes agostiles en Londres) y afecta, por supuesto, a Catalunya. Comparada con la influencia que ejercen las todopoderosas pantallas hipnóticas (televisión, móvil, ordenador), la incidencia de la institución escolar sobre niños y jóvenes es ridícula.

La crisis de la escuela, en la que el catalanismo transversal puso tantas esperanzas y la debilidad del PSC dejan el catalanismo exclusivamente en manos del Govern de CiU. ¿Acaso no han estado siempre en tales manos? Si Pujol durante años pudo marcar goles como delantero centro es porque los alcaldes del Baix Llobregat actuaban como defensas centrales. Ahora CiU deberá ejercer de defensa y delantero.

La España del PP avanza a marchas forzadas (aunque en el pausado tono de Rajoy) hacia aquellos objetivos que marcó el contundente Aznar. Tensando la cuerda neoespañolista, hacia la segunda transición. Son muchos retos para la Casa Gran de Mas. Por falta de espacio, no podemos detenernos en los económicos y sociales: controlar del déficit, reduciendo los servicios básicos, lidiar con el Estado por la aportación catalana a la solidaridad, desarrollar modelos de excelencia, reindustrializar el país, fomentar las exportaciones, encajar el paro, pelear por las infraestructuras (Aena, corredor mediterráneo). ¡Ni Hércules conseguiría hacer frente a tantos trabajos!

Por si fuera poco, Mas tiene que intentar la cuadratura del círculo. Debe evitar la división cultural catalana, lo que obliga a CiU a desarrollar un catalanismo no identitario, no romántico (si no lo consigue, el PP no encontrará obstáculo alguno en su avance). Pero por otro lado, CiU se debe a su electorado de clases medias catalanohablantes, un electorado que ha descartado por el momento la opción de ERC y de otros satélites, pero que está sobreexcitado por la tensión estatutaria y por la presión judicial. Combinar la veterana excitación romántica y con un catalanismo aséptico, de carácter económico, no será fácil. Y menos cuando la gente está irritada por la crisis. Y menos cuando la escuela no puede cumplir las viejas exigencias. Y menos cuando el PSC se deshincha (pronto sentirá CiU nostalgia de aquel odiado rival). Ante retos tan hercúleos, la casa puede ser gran, pero está tremendamente sola.




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