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Recortes de Prensa   Lunes 21  Noviembre 2011

 

Lo que Rajoy debería hacer en diez días y no sabemos si hará
Roberto Centeno El Confidencial 21 Noviembre 2011

Como apuntaban todas las encuestas, Rajoy ha conseguido una victoria aplastante sobre los socialistas. El hundimiento del socialismo más sectario, ignorante y radical de Occidente era condición necesaria pero no suficiente para la recuperación política, moral, económica y social de España. Pero se necesita infinitamente más, porque el problema de fondo no son solo el PP o el PSOE. Camps no es menos inepto ni menos tonto que Zapatero, y el grado de ruina de Valencia, Cataluña, Andalucía, Madrid capital y muchas otras no es menor, sino mayor, que el del Estado. El problema de fondo es un modelo de Estado inviable e intrínsecamente corrupto, que ni España ni nadie pueden financiar. Sin autonomías, España volvería a crecer como un tiro.

Ignoro qué piensa hacer Rajoy, pero el mensaje del viernes del Consejo de la Unión Europea, es claro e inequívoco: “Que España se ayude a sí misma”. Algo que tiene toda la lógica del mundo, ya que el modelo de Estado impuesto en la Transición por la dictadura partitocrática para repartirse España como si fuera un solar, ha permitido colocar a dedo a entre 1,6 y 1,8 millones de parientes, amigos y correligionarios, no solo para no hacer nada, sino para dividir la nación en 17 mercados diferentes. La vuelta a la tribu ha permitido que políticos irresponsables y venales despilfarren decenas de miles de millones en obras inútiles o suntuarias, cuyo mantenimiento posterior es ruinoso. Ni Zapatero, ni los barones, ni los alcaldes consultaron a nadie para endeudarse hasta las cejas. Ni Europa ni nadie van a seguir financiando esta barbarie. Y estamos hablando, tomen ustedes nota de la cifra, de un despilfarro anual de 120.000 millones de euros.

Pero el problema es mucho peor, porque esto lleva funcionando años, demasiados años, y hemos acumulado una deuda que ya no podemos devolver. La semana pasada superamos el punto de no retorno, la prima de riesgo ha desbordado el límite fijado por la Cámara de Compensación de Londres, donde los bancos europeos y españoles obtienen el grueso de su financiación, y que si antes facilitaba el 85% de liquidez a cambio de la deuda española, ahora es el 70%. Esto significa, de un lado, tipos de interés insostenibles, y de otro, menos financiación y posibilidades de crédito. Cuando en 2012 hay que refinanciar 378.000 millones de deuda, incluida la autonómica y local, más 100.000 millones de deuda nueva que necesitan las AAPP, porque no hay un euro para devolver, no es que la tarea sea difícil, es que es imposible. El rescate es inevitable.

Un Gobierno de emergencia nacional
Hay decisiones que no pueden demorarse ni una sola semana si se quiere evitar el hundimiento. Por ello, es esencial nombrar un Gobierno de urgencia esta misma semana. Y permítanme resumir las decisiones inaplazables a un brillante ex alumno mío en la Universidad Autónoma de Madrid, y que después obtendría la Cátedra de Hacienda Pública, por oposición y no a dedo como se hace ahora. Me refiero a Cristóbal Montoro, posible vicepresidente económico. Si menciono este hecho, es solo porque él me lo recordó públicamente hace unas semanas en un debate en Veo 7 en el que coincidimos, algo que me mueve a realizar las reflexiones siguientes, que valen, en el caso de que Montoro no sea elegido, para cualquiera.

Reflexiones a un antiguo alumno: ‘vis et honor’
Estimado Cristóbal, si efectivamente se confirma tu nombramiento, no voy a felicitarte. Sería un sarcasmo, porque lo que tienes encima no se le puede desear a nadie: sacar a España de la mayor catástrofe económica y social jamás ocurrida en tiempos de paz. Nada que ver con el 96, porque entonces la economía crecía, hoy no. Familias y empresas disponían en aquellos tiempos de financiación ilimitada, hoy de ninguna. El sistema financiero no tenía problemas, hoy está quebrado. La deuda externa era irrelevante, hoy es brutal. Teníamos las joyas de la corona para vender, hoy han desaparecido.

En la conversación en Veo 7, ante y fuera de cámara, me resultó obvio que tienes dos virtudes esenciales, y la gente debe conocerlas. La primera, una formación y unos conocimientos mayores que ningún vicepresidente económico desde la muerte de Franco, si exceptuamos a Enrique Fuentes Quintana. Segunda, tenías clara la urgencia, el hecho de que no se puede perder un solo minuto, y la dirección de las medidas a tomar, que unido a lo primero es más que suficiente para darte un voto de confianza. Solo discrepé contigo en una cosa: la intensidad de las mismas. En concreto, tu no creías necesario acabar con el sistema autonómico y yo sí; tu creías que el sistema financiero podía salvarse y yo no. Los hechos en las semanas transcurridas van, desgraciadamente, a favor de mis tesis. En todo caso, creo que no podrás estar en desacuerdo con las tres medidas esenciales a tomar.

No deberían tocarse el gasto en Educación y Sanidad, que suponen el 45% del gasto total -y no el 80%, como dicen muchos-. Primero, por justicia, pero sobre todo porque es innecesario, dado que antes hay infinidad de gastos inútiles donde recortar. La única medida es el acabar con los liberados sindicales y el absentismo, que llega al 20%

Gasto público. No hay nada tan urgente como equilibrar las cuentas públicas, y ello es imposible si no empiezas imponiendo la prohibición a todas las AAPP de gastar un solo céntimo más de lo que ingresan desde 2012, sin excepción alguna. Asimismo, dar un plazo hasta Navidad a CCAA y Ayuntamientos del PP para presentar Presupuestos 2012 con déficit cero, y al resto, obligarles a lo mismo. Tienes mecanismos de sobra para ello.

No deberían tocarse el gasto en Educación y Sanidad, que suponen el 45% del gasto total -y no el 80%, como dicen muchos-. Primero, por justicia, pero sobre todo porque es innecesario, dado que antes hay infinidad de gastos inútiles donde recortar. La única medida es el acabar con los liberados sindicales y el absentismo, que llega al 20% (220.000 empleados públicos que en estos sectores no van a trabajar y siguen cobrando). Pero el grueso de la reducción de gasto tiene que venir del 55% restante: cierre del 90% de las empresas públicas inútiles, reducciones de sueldos (no pueden ganar un 30% más que la media del sector privado que son quienes les mantienen), reducción de personal (empezando por los 1,6/1,8 millones nombrados a dedo), televisiones, embajadas, oficinas de lujo, coches, viajes (Sinde, con una desvergüenza pasmosa, está dando la vuelta al mundo a nuestra costa).

El ahorro estimado sería el siguiente: en Educación y Sanidad, en las que 10.000 liberados se pondrían a trabajar, 450 millones; absentismo reducido a la media europea del 5%, 6.500 millones. En el resto, prohibición de que los gastos superen a los ingresos, 80.000 millones (unos 30.000 el Estado y 50.000 de AAPP). Lo principal, Comunidades y Ayuntamientos, donde el despilfarro es máximo, 50.000 millones, de los que unos 35.000 son duplicidades a eliminar. Finalmente, fin de las subvenciones a sindicatos, patronal, partidos políticos y SGAE, inexistentes en el resto de Europa, lo que supondría otros 3.000 millones los primeros, incluyendo el robo de las políticas activas de empleo que pueden realizar mejor funcionarios que sobran a cientos de miles.

El establecer la intensidad y las prioridades en los recortes será tu primer problema, pero tienes un ahorro potencial de 90.000 millones de euros. Si, por el contrario, el ahorro se limita a solo 20.000 millones, una cantidad ridícula que es la que se está barajando, será el final. Eso supone una necesidad de deuda nueva de 70.000 millones más los 378.000 millones de refinanciaciones. Es decir, el 44% del PIB, algo metafísicamente imposible que hará inevitable el rescate, e incluso un nuevo gobierno de gestión. Y en 2013, lo sabes bien, habrá que gastar menos de lo que se ingresa para amortizar y reducir la ruina de los intereses.

Sistema financiero. Es necesaria la sustitución inmediata del Gobernador del Banco de España por “grave incumplimiento de sus obligaciones”. Fernández Ordóñez no puede estar ni un segundo más al frente de la principal institución económica. Y abordar de inmediato, y de una vez por todas, la reestructuración del sistema, cerrando todo lo inviable, que es mucho. El famoso “banco malo” donde el sistema colocaría toda la ruina para que la pagaran los españoles, no solo sería un robo, es que ya no hay dinero para ello. Por último, acabar con escándalos como el de Bankia, donde los primeros ejecutivos, todos ellos políticos, se ponían sueldos de escándalo con dinero público (10 millones de euros, de los que cinco fueron a parar a Rato, el doble que Botín y el triple que Fainé) mientras obligaban a sus clientes a suscribir la salida a bolsa, de dudosa viabilidad, aunque ellos compraban cantidades ridículas.

Mercado laboral. Tres aspectos son esenciales: cambiar la última reforma laboral para que las negociaciones a nivel de empresa tengan prioridad sobre las sectoriales y autonómicas; contrato único para acabar con la dualidad entre indefinidos y temporales y eliminación de la ultraactividad.

No obstante, Montoro, debes tener claras las prioridades. La reforma laboral no sirve de nada si no hay crédito, y no lo habrá con el actual sistema financiero. No sirve de nada si seguimos gastando más de lo que ingresamos. Y no sirve de nada si tenemos los precios energéticos más caros de Europa.

Después viene todo lo demás. La reforma del sector energético, donde los monopolios petrolero, gasista y eléctrico están abusando de los consumidores como jamás había ocurrido en el pasado. Y por supuesto, la derogación del Concierto Vasco, un robo inaceptable de 9.000 millones anuales al resto de los españoles. Solo me queda desearte suerte, porque tienes por delante la tarea sin duda más difícil de la historia económica de España. Y como decían los oficiales de las legiones romanas antes de entrar en batallas imposibles de ganar, pero que sí ganaban: Vis et honor. Fuerza y honor.

No somos nadie
Alfonso de la Vega Periodista Digital  21 Noviembre 2011

http://alfonsodelavega.com/?p=4737

Los resultados aún provisionales de las elecciones del 20 N suponen alguna buena noticia y otras muy malas.

El que un partido nacional pueda gobernar sin el chantaje de los nacionalistas sobre- representados por los milagros de la Ley electoral es una buena noticia para España. Aunque debido a su comportamiento en Galicia, País vasco y Cataluña, haya muchas dudas en la práctica sobre si el PP se comporta como un verdadero partido nacional o más bien como una especie de confederación de derechas autónomas. La defensa de la mal llamada normalización lingüística en Galicia o Cataluña en contra de los derechos civiles de los ciudadanos o la notoria falta de democracia interna se compadece mal con esa pretendida visión del PP como partido nacional liberal español garante de la democracia. Cabe pensar que más que de méritos propios el PP disfruta de las enormes miserias ajenas. Si quiere acabar la legislatura, pese a su mayoría absoluta, parece cierto que deberá abandonar desde luego las mañas de ambigüedad, cobardía y de no compromiso, de las que ha venido haciendo gala en la oposición. La situación española no hubiera degenerado tanto si hubiera estado más atento a los verdaderos intereses nacionales que a los electorales de su partido. Por lo que de algún modo tiene su parte alícuota de responsabilidad en la presente devastación.

Una buena noticia es que la abstención sea la segunda fuerza política. Lo que indica que muchos españoles no tragan las pretendidas bondades de un sistema político corrupto, injusto, insostenible y arrebatacapas que nos ha llevado al presente desastre institucional poniendo en peligro la nación. Y que puestos a tener que elegir para el gobierno entre un presunto líder que no se atreve a decir lo que tiene que hacer si es que lo sabe, y un presunto delincuente no hayan optado por ninguno de los dos.

Otra que la PSOE, personalizada en Zapatero y su cuadrilla haya sufrido un importante castigo aunque no tanto como se merece la perniciosa banda aupada al poder tras el aún ignoto 11 M que ha devastado España durante los últimos años. Confiemos que el fin de su impunidad política suponga también la penal en todos los casos que así lo puedan investigar sin trabas los tribunales de Justicia. Sin embargo no se ha rematado políticamente del todo a la banda de aventureros, ganapanes, trincones y fulleros que con acento andaluz y capital americano o alemán, organizado por los servicios de inteligencia nacionales y extranjeros, suplantó a los antiguos dirigentes históricos del partido socialista. Por lo que la existencia de un partido socialdemócrata español mínimamente “decente”, similar a los europeos sigue en el albur.

UP y D ha tenido un buen resultado sobre todo si se confirma el grupo parlamentario propio y se considera el boicot a la que ha sido sometida por el sistema, rematado por la inicua Ley electoral. Parte del electorado ha agradecido que su líder fuera la única que hablara claro y alto en el anterior Parlamento contrastando con las melindreces y distingos escolásticos de Mariano. También su lucidez al poner el dedo en la llaga y promover un cambio constitucional. Sin embargo sigue sin ser una verdadera alternativa política, pese a su creciente influencia.

Terrible es que ETA sea la fuerza más representada en el País vasco gracias a las negociaciones gubernamentales con la banda nacionalista asesina benditas por el llamado Tribunal constitucional. Todo un logro del socialismo zapateresco y pachiniano. Ese par de genios maléficos. Otra felonía más del socialismo que va a hacer la situación muy complicada. Curiosa la trayectoria del nacionalismo vasco que cambia el piadoso escapulario por la pistola descargada.

No sabemos cuánto puede durar esta legislatura, porque ignoramos, aunque nos temamos cualquier cosa, qué situaciones puede mostrarnos el futuro. Es muy probable que la agitación callejera se recrudezca, especialmente porque el PSOE va a tener menos influencia parlamentaria.

Gobernar no es sólo recortar sino reordenar prioridades sin olvidar que los intereses y necesidades de la gente deberían estar por encima de los de la casta política. Y hay muy poco tiempo para actuar.

Dentro de una situación objetivamente pre- revolucionaria, entre la agitación y la subversión de la izquierda y los separatistas en el interior y las exigencias financieras internacionales que merman la soberanía, ojalá el PP cambie de comportamiento y acierte a gobernar en beneficio de España. Así sea.

Elecciones
Lo realmente difícil y decisivo comienza ahora
Juan Ramón Rallo Libertad Digital 21 Noviembre 2011

No va a ser Rajoy, como no lo habrían sido Zapatero o Rubalcaba, quien saque la economía española adelante. Esa fundamental tarea corresponde a los empresarios, a los ahorradores y a los trabajadores tanto nacionales como extranjeros; son ellos quienes han de sanear su situación patrimonial, rehacer sus planes de negocio y, en definitiva, volver a generar riqueza. Así, la misión de Rajoy a partir de hoy no consiste en ser un "buen gestor", sino en dejar de meterles el dedo en el ojo o en la llaga a quienes sí les corresponde y sí son capaces de serlo dentro de sus propias economías: empresarios, ahorradores y trabajadores.

En una economía libre, semejante prescripción equivaldría a que Rajoy se encerrara en La Moncloa e incordiara lo menos posible al personal; en una economía ultraintervenida como la española, significa justo todo lo contrario: los populares, si es que de verdad aspiran a que podamos superar la crisis, tendrán que desfacer todo el entuerto gestado no sólo por el zapaterismo, sino por el dirigismo socialista que ha gobernado este país durante décadas. Y para ello tendrán que pisar muchos callos: los de unos sindicatos ultraprivilegiados, los de los grupos de presión apesebrados y, sobre todo, los de una sociedad española acostumbrada a vivir amamantada por el Estado.

Bien está, pues, que el PP haya ganado las elecciones con una holgada mayoría absoluta. La necesitará. Mas por sí misma la mayoría absoluta no soluciona ninguno de nuestros problemas. Lo que requerimos con urgencia son reformas, no nuevos gestores políticos que no deberían gestionar nada. El momento de la verdad empieza ahora, tanto para una derecha que deberá demostrar si está dispuesta a llegar hasta el final en la senda reformista o, en cambio, opta por dejarnos a casi todos tirados por el camino, como también para una izquierda que tendrá que recomponerse y decidir si aspira jugar la carta del populismo socialista e indignado.

Cambio de Gobierno sin reformas –y sin reformas drásticas– no servirá de nada: ahí está el caso de Passos Coelho en Portugal, cuya prima de riesgo sigue estancada por encima de los 1.000 puntos básicos desde que en junio llegó al poder aun cuando está haciendo caso a las directrices de la Unión Europea. Cambio de Gobierno con reformas sí podría servir: ahí está el caso de Irlanda, que desde julio ha reducido los tipos de interés que paga por su deuda desde el 15% al 8% gracias a que está adaptando su mercado mucho más rápido de lo encomendado por Bruselas.

¿Y qué reformas son ésas? Fundamentalmente la fórmula que ya se ha acredito con éxito en aquellos países que han tenido la gallardía de aplicarla: austeridad pública y liberalización privada. Lo primero significa una reducción muy intensa del gasto público sin castigar vía impuestos a un sector privado que ya se encuentra suficientemente asfixiado por sus deudas: todas las administraciones deberían reducir su gasto a los niveles previos a la burbuja inmobiliaria (y al zapaterismo), lo que, corrigiendo por inflación, implicaría aproximadamente un recorte de casi 100.000 millones de euros. Sólo así despejaremos las dudas sobre la solvencia de nuestro Estado y sólo así el conjunto de nuestra economía dejará de depender de la financiación que ya no nos podemos permitir. Este importantísimo ajuste habría que ponerlo en práctica como tarde para 2013, esto es, mucho antes de lo que nos exige Bruselas, pues quien nos presta el dinero no es Durao Barroso, Merkel o Sarkozy, sino unos ahorradores nacionales y extranjeros que no se fían de nosotros. Sí, es posible que con ello entremos en recesión: pero no olvidemos que de lo que se trata es de volver a generar riqueza de manera sostenible, no de mantener una economía descompuesta en respiración asistida por la vía del extraordinario e insostenible endeudamiento que nuestras Administraciones Públicas cada vez tienen más complicado captar. Ahora mismo, criticar que reduciendo el gasto público la economía volverá en la recesión equivale a haber criticado en 2005 que reduciendo la inversión en nuevas viviendas la economía española habría crecido menos y no habría creado tanto empleo.

Lo segundo, la liberalización privada, pasa por eliminar de raíz la negociación colectiva para poder negociar con libertad las condiciones laborales, por suprimir la maraña absurda de regulaciones en el mercado eléctrico (acabar con las nuevas primas a las renovables, recortar las ya comprometidas y mantener en funcionamiento la energía nuclear) y por derruir todos los obstáculos a la creación, disolución y gestión de nuestras empresas. Es decir, Rajoy tendrá que plantarles cara al lobby sindical, al lobby ecologista y al lobby de aquellas grandes empresas que viven de la teta pública y de la restricción legal de la competencia. Los pactos, el diálogo y el temple pueden estar muy bien si no se cede un ápice en las reformas necesarias, pero en este caso, cuando se trata de poner fin al modo de vida parasitario que muchos de estos organismos han mantenido durante décadas, es de prever que poco entendimiento cabrá con ellos. Y si lo hay, probablemente habrá un gato muerto encerrado.

Pero no sólo necesitamos austeridad y liberalización. A estas alturas de la película, con el crédito del país por los suelos, es imprescindible poner las medidas sobre la mesa lo antes posible, tanto por cuestiones de índole política –la resaca de su aplastante victoria y las esperanzas de cambio no durarán demasiado tiempo– como económica –no tenemos tiempo que perder–. Ahora que ya tiene asegurada la mayoría absoluta, Rajoy debería salir esta misma semana a la palestra y anunciar cuál será su plan de Gobierno; es decir, si es que lo tiene –y, si no, ya podemos ir haciendo todos las maletas, que el capital hará lo propio–, ha llegado la hora de que revele su famosa agenda oculta.

En cualquier caso, tengamos todos bien claro que de un modo u otro –con o sin reformas– los próximos años serán muy duros: España tiene ante sí un largo período de reducción de nuestras deudas privadas, lo que significa un cierto estancamiento semidepresivo de nuestra economía hasta que familias, empresas y bancos hayan terminado de sanear sus balances y rehacer sus planes de negocio. La diferencia es que con reformas el sufrimiento no será en balde e irá seguido de una mejora de nuestra economía, y sin reformas sufriremos tanto o más y nos hundiremos en el abismo. Hoy se ha acreditado que Rajoy tiene la capacidad de hacerlas –no sólo en el Gobierno central, sino en la mayoría de ejecutivos autonómicos– y eso, en sí mismo, es una buena e incluso esperanzadora noticia. Sin embargo, nos falta por conocer si de verdad posee la voluntad de implementarlas incluso ante una calle que sindicatos, ecologistas, indignados, comunistas y no sabemos si también socialistas se encargarán de incendiar. Ésa es la incógnita que debería despejar lo antes posible para que todos, también "los mercados", sepamos a qué atenernos.
Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en el centro de estudios Isead. Puede seguirlo en Twitter o en su página web personal. Su último libro, coescrito con Carlos Rodríguez Braun, lleva por título El liberalismo no es pecado.

Sangre, sudor y lágrimas
Carlos Esteban www.gaceta.es 21 Noviembre 2011

Un análisis político al uso, a estas horas de la noche, exigiría explicar la importancia de la holgada mayoría absoluta del PP y cómo eso deja a Mariano Rajoy manos libres para emprender las medidas tajantes que demanda un país al borde del rescate.

La fuerte entrada del brazo político de los pistoleros en el Parlamento nacional, como pago de ese alto el fuego 'sin contrapartidas' de ETA, terrible herencia de Zapatero y que los chicos del PNV deben leer como un sorprendente apólogo moral; y el absoluto desastre del hasta ahora partido más votado, el que aún gobierna y al que los votantes no les han dejado ni los ojos para llorar: una batalla importante aquí para reinar sobre las ruinas y responder a tanto “¿qué hay de lo mío?”.

También es obligatorio recordar, con los casos griego e italiano ante los ojos y los rumores de banqueros que nos llegan de Bruselas, que el ganador de estas elecciones no va a tener un margen de maniobra desahogado y amplio para tomar decisiones. Las llamadas del exterior al presidente van camino de ser, no la excepción, sino la norma.

Pero doctores tiene esta casa que no van a dejar escaño sin explicar ni grupo parlamentario sin glosar. Yo prefiero alejarme unos pocos pasos de la pasión electoral y las alegrías y penas inmediatas de la jornada y buscar un poco de perspectiva.

Que Zapatero ha sido un presidente sectario y nefasto y que del PSOE apenas puedo opinar sin proporcionar frases para otro libro de José María Izquierdo son opiniones que no creo sorprendan a ninguno de nuestros lectores. Pero un error aún mayor que haber votado socialista en estas o pasadas elecciones es pensar que Zapatero es el problema de España, o que Rajoy es la solución.

Para empezar, Zapatero no es la plaga de la langosta que llegó a este país en una nube para castigo de nuestros pecados: lo votaron once millones de españoles. Ha sido elegido dos veces, dos.
Para seguir, la crisis que nos aflige afecta a todo un modelo seguido por Occidente, al menos, desde la Posguerra, y es sólo aparentemente económica. Por lo demás, la economía no es una ciencia autónoma que pueda 'arreglarse' al margen de la cultura, la estructura política y social o la moral de los ciudadanos.

La crisis de deuda, en este sentido, es más un problema moral que económico; la consecuencia, si se quiere, de un vicio típico de nuestras democracias de partido que nos urge superar. Superarlo exigirá líderes de una honradez y un patriotismo a prueba de bomba y un electorado sensato.
Las elecciones tienen una nefasta tendencia a convertirse en pujas por el voto del ciudadano, de modo que si el candidato A ofrece diez -en forma de prestaciones gratuitas-, el candidato B responde viendo esas diez y subiendo a doce, o pierde. Churchill fue el último político en ganar unas elecciones prometiendo sangre, sudor y lágrimas.

Esa perversa mecánica, y el hecho de que el político elegido sólo tuviera un horizonte de cuatro años, ha llevado a que se retrasen indefinidamente los sacrificios urgentes, las medidas necesarias de efecto inmediatamente doloroso y a que incluso el gobernante mejor intencionado sepa que, por adictivas y perjudiciales que sea la generosidad con dinero ajeno, sin ellas la derrota en las urnas está asegurada.

La consecuencia de este infernal círculo vicioso están a la vista: un Estado endeudado hasta las cejas que ha respondido a los críticos del apalancamiento público con un donjuanesco “¡cuán largo me lo fiais” hasta que los inversores han empezado a desconfiar y el mero pago de los intereses amenaza todas las demás partidas del presupuesto.

No hay salida por ese camino, y el 'gobierno de los tecnócratas' impuesto por Bruselas agravará el problema económica con una inevitable -y comprensible- contestación política. El reto es de los que no enviadiaría el propio Hércules: enfrentarse al adicto y negarle una droga de la que ha disfrutado durante décadas, pero que le está matando. Por eso, porque vislumbro el gigantesco desafío que le espera a este gobierno entrante para sacarnos definitivamente de la crisis, es por lo que me asusta oír conversaciones y leer comentarios en los que parece decirse que, con la victoria del PP empiezan inmediatamente los días de vino y rosas.

Acabaré con las palabras con las que empieza mi director las reuniones de redacción el día después de que nos haya salido una edición de lujo: no hemos hecho nada; el trabajo empieza ahora. Y no esperemos, esta vez, que lo haga el gobierno.


Luis Miguez Macho ESD
Algo más que una victoria electoral: un cambio histórico

Los resultados electorales que acaba de obtener el PP con Mariano Rajoy frente al PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba y de José Luis Rodríguez Zapatero suponen algo más que una victoria electoral. Por la amplitud de la mayoría absoluta obtenida y el retroceso socialista, son equiparables a los que consiguió Felipe González hace casi treinta años. No es casualidad que en ambos casos haya sido el "cambio" la palabra clave a la que han apelado los vencedores para movilizar a los españoles.

Si la victoria socialista de 1982 supuso el fin de la Transición a la Democracia, después de que el intento de golpe de Estado del año anterior liquidase el papel político de las Fuerzas Armadas, esta victoria del centroderecha llega después de dos mandatos sin mayoría absoluta de un PSOE en el que, paradójicamente, el acceso al poder de una generación más joven ha hecho aflorar lo peor de su tradición sectaria y guerracivilista. Aun así, sólo una crisis económica brutal ha podido desbancarlo de un poder que no ha sabido ejercer con ecuanimidad y al servicio de los intereses generales de España.

José María Aznar llegó a la presidencia del Gobierno de 1996 sin mayoría absoluta. Su sucesor Mariano Rajoy lo hace tras un paréntesis de ocho años en la oposición con una mayoría absoluta más amplia que la que Aznar logró en su segundo mandato.

Nadie puede dudar de que la gran mayoría de los españoles que han depositado su confianza en el PP en esta hora lo han hecho con la esperanza de que, como en 1996, será capaz de sacar al país de la desastrosa situación económica en la que se encuentra. Sin embargo, la responsabilidad histórica que recae sobre Mariano Rajoy es todavía mayor: le hemos entregado el poder suficiente para retomar el proyecto democrático de regeneración nacional que se interrumpió trágicamente en 2004.

Rajoy gobernará sin hipotecas. No hay minorías con capacidad de condicionar su mayoría parlamentaria. El mandato recibido de las urnas es claro e inapelable. Por consiguiente, tiene las manos libres para sepultar, punto por punto, las políticas de división emprendidas por el PSOE de Rodríguez Zapatero en estos últimos ocho años y sustituirlas por un proyecto moderado de carácter patriótico e inclusivo.

Lo más urgente es frenar la crisis de confianza en el país y eso no le sería difícil a un Gobierno con un líder creíble y ministros competentes. Pero a partir de ahí hay que reconstruir (o muchas veces construir desde el principio) la vida pública española como un espacio donde el espíritu sectario y disgregador, el clientelismo y la prevalencia de los intereses particulares sobre los generales, se vean sustituidos por la colaboración en un proyecto nacional común.

Esperemos que Mariano Rajoy sea capaz de convocar a participar a ese proyecto a todas las personas de buena voluntad que estén dispuestas a hacerlo y a apartar a quienes, por sectarismo o por falta de patriotismo, lo rechazan. Peor no se lo podía haber dejado José Luis Rodríguez Zapatero; los frentes abiertos son incontables, pero eso también hará mayores sus méritos si logra triunfar en el empeño.

Déficit autonómico y municipal
¿A qué esperan los gobiernos del PP?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 21 Noviembre 2011

Mucho se está hablando, y con toda la razón del mundo, de la imperiosa necesidad de agilizar al máximo posible el proceso de transmisión de poderes para que el nuevo Gobierno acometa los drásticos ajustes y las profundas reformas que Rajoy supuestamente va a llevar a cabo con el objetivo de reducir la prima de riesgo y evitar la suspensión de pagos. Haciendo mía esa exigencia de celeridad, quiero advertir, no obstante, que si nuestra deuda soberana se situó la semana pasada en niveles de rescate no fue porque los inversores no tuvieran claro que el PP fuera a ganar por mayoría absoluta o porque temieran que el traspaso de poderes fuese a demorarse más de lo necesario. Sencillamente, creo que los inversores no tienen nada claro que los populares vayan a hacer lo que tienen que hacer, y que no es otra cosa, para empezar, que ajustar los gastos públicos a su realidad financiera y acometer reformas profundamente liberalizadoras. Y la verdad es que no pocos gobiernos del PP, en muchos ayuntamientos y en muchas comunidades, no hacen más que fortalecer, desde hace muchos meses, si no años, esa letal desconfianza.

Hace ya medio año que se celebraron elecciones autonómicas y municipales que tiñeron de azul pepero a casi toda España y, hasta la fecha, la única comunidad autónoma que ha aprobado un "techo de gasto" –y para el año que viene- ha sido Galicia. Para colmo el importe de ese "techo" supone, en realidad, que esa comunidad mantendrá el mismo gasto no financiero que, en 2011, ya le ha llevado a incurrir en un déficit superior al acordado con Bruselas. ¡Y eso que para amortizar deuda, por poco que sea, lo que hacen falta son superávits!

Algunos tratarán de excusar la lentitud o renuencia de los gobernantes populares al hecho de que muchos de ellos siguen encontrándose facturas sin pagar debajo de las alfombras. No seré yo quien quite gravedad a este asunto, pero si hay que esperar a hacer un exacto balance de situación para que los gobernantes autonómicos y municipales del PP se decidan a meter drásticamente la tijera al gasto, pidamos también celeridad en este asunto. Eso, sin olvidar que muchos de los déficits y endeudamientos municipales y autonómicos que, desde hace mucho tiempo, vienen contribuyendo decisivamente a que la prima de riesgo española se dispare o que las agencias de rating rebajen la nota crediticia de nuestro país están, desde hace muchos años, en manos del PP.

En este sentido, ¿a qué están esperando Gallardón o Barberá para reducir la elefantiásica estructura administrativa de Madrid o de Valencia? ¿A qué está esperando la Generalitat valenciana para vender o cerrar a cal y canto los ruinosos canales de televisión autonómicos? No me cansaré en recordar que el endeudamiento de canal 9 por sí solo supera con creces el monumental agujero que Cospedal se ha encontrado en Castilla-La Mancha o que iguala a lo que el Estado se ha ahorrado congelando la retribución a todos los pensionistas de nuestro país. Por cierto, Sra. Cospedal, ¿cómo van los planes de privatización del canal autonómico que nos anunció hace meses, plan de privatización o cierre que no sé si van a secundar el resto de gobernantes del PP?

¿De verdad es necesario esperar a que Rajoy esté en Moncloa para que todas las comunidades gobernadas por el PP se ajusten simplemente a lo que ya hacen las tres más eficientes de ellas en el terreno del gasto corriente y del personal? Lo pregunto porque esto permitiría, tal y como ya demostró hace un año un estudio de la Fundación Progreso y Democracia, un ahorro superior a los 26.000 millones de euros.

Algunos dirán que los ayuntamientos y las comunidades autónomas gobernadas por el PP han querido esperar a sacar la tijera para no perjudicar la carrera de Rajoy. Lo cierto, sin embargo, es que este argumento sobrevalora el supuesto coste electoral que tienen los ajustes que, como los indicados, no recortan servicio público alguno, sino que sólo suprimen duplicidades, redundancias y excesos. En cualquier caso, Rajoy ya ha ganado las elecciones. ¿Se deciden ya los gobernantes del PP o esperamos a las elecciones andaluzas?

Las elecciones: ¿Es Rajoy demócrata? / antifranquismo y democracia.
Pío Moa Libertad Digital 21 Noviembre 2011

Ruego a mis lectores difundan este comentario:

Ayer, en el programa de Carlos Cuesta en VEO 7, intenté explicar con perspectiva histórica estas elecciones a partir de lo que ha significado el zapaterismo. Este no es otra cosa que la ruptura pretendida en la transición por los partidos de izquierda y los separatistas, ninguno de ellos demócrata ni hispanófilo: en dos palabras, el rechazo de la evolución constructiva de la ley a la ley, esto es, de la legitimidad franquista a la democrática, para imponer el entronque con la legitimidad fraudulenta del Frente Popular.

La ruptura fracasó entonces, afortunadamente, pero se ha impuesto desde el poder con Zapatero. El resultado ha sido coherente con el carácter político del rupturismo: una profunda crisis de la democracia, una profunda crisis de la unidad nacional y una profunda crisis económica, aunque esta última debida solo en parte al PSOE y compañía.

A partir de ahí expuse mi opinión sobre el discurso de Rajoy, calificándolo de verborrea, ante todo por una razón: porque no mencionó en absoluto la crisis política y nacional y habló exclusivamente de la económica. Y esto no puede ser más revelador. Cuando perdió Felipe González se hablaba de una necesaria regeneración democrática... que no se produjo, aunque al final del período de Aznar se iba avanzando en esa dirección, gracias al cambio (parcial) de postura hacia la respetadísima ETA. Ahora, la necesaria cuestión ha desaparecido de la agenda política.

Por ello Rajoy no pronunció un discurso de estadista, sino de oportunista político. Claro que cabría pensar que, dada la urgencia de la catástrofe económica, esta sería lo primero a abordar y después, una vez solucionada, podrían afrontarse los problemas democrático y nacional con la autoridad moral y política de haber resuelto la primera. Sin embargo las tres crisis van muy ligadas y difícilmente esperarán a resolverse sucesivamente.

El discurso de Rajoy es más bien coherente con un político que cree que “la economía lo es todo”. Cabría pensar que esta fue una frase disparatada como tantas que todo el mundo soltamos de vez en cuando, pero creo que revela una concepción de base, puesta nuevamente de relieve en su discurso y en toda su actitud política. Y alguien que cree que la economía lo es todo, no es un demócrata (con esa idea, China sería hoy el país más democrático del mundo). La democracia es mucho más que la economía. Ojalá me equivocara, pero lo que Rajoy ha hecho (más propiamente no ha hecho) en la oposición, será lo que haga o no haga en el poder. No me parece en absoluto el hombre adecuado para afrontar la crisis de la democracia ni la crisis de la disgregación nacional. Ni tampoco la crisis económica si intenta cumplir sus promesas electorales.

Por estas razones no soy optimista sobre su gestión. Creo que ha sido una buena noticia, aunque insuficiente, la derrota del PSOE, pero no la sustitución de Zapatero por Rajoy. En el PP hay una corriente que puede llamarse demócrata y patriota, representada por políticos como Mayor Oreja o Vidal-Quadras, quizá Aznar, a quienes puede calificarse de demócratas y patriotas. A Rajoy, Soraya, Cospedal, Gallardón y tantos más, el grupo dominante hoy en el PP, solo cabe calificarlos de oportunistas dispuestos a chalanear con cualquier principio, porque el único principio que conocen es el “económico” en sus diversas acepciones.

Creo que estas cosas hay que decirlas ahora, en plena euforia, y no cuando llegan los fracasos y las promesas incumplidas y todo el mundo asegura que ya lo había visto venir. No obstante, repito, ojalá me equivoque.

****Por cierto, uno de los presentes me reprochó que cómo hablaba de regeneración democrática si defendía a Franco. Desgraciadamente, en estos debates el tiempo impide profundizar y los temas realmente de fondo quedan a medias, sobre todo algunos como este, sobre el que trata de imponerse un tabú en todas partes. Lo más grotesco de las personas que emplean el argumento del franquismo-dictadura es que dan la impresión de que la democracia actual procede de ellos, cuando solo ha sido posible una democracia comparativamente poco convulsa --al revés que la de la república--, gracias a la sociedad reconciliada, próspera y con buena salud social que dejó Franco. Por el contrario, todas las amenazas y peligros para la democracia proceden de los antifranquistas. Es decir, de los rupturistas.

****En cuanto al PSOE, tiene dos opciones: una refundación sobre principios democráticos, incluyendo la eliminación de su programa máximo, o la fidelidad a su trayectoria antidemocrática y antiespañola. De nuevo deseo equivocarme, pero temo que se impondrá la segunda.

****También señalé que el problema de la ETA no es solo el número de votos que saca dentro, sino su capacidad de proyección internacional regalada por el PSOE. Asistiremos probablemente a muchas mascaradas como la última en que participaron desde Kofi Annán hasta Blair. Ya he dicho que, una vez perdida (abyectamente) gran parte de nuestra soberanía, la UE podría decidir que la solución "democrática" del conflicto sería la secesión. Una UE en plena involución democrática.
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****En el suplemento de historia he publicado tres artículos acerca del infame aislamiento al que fue sometida España al terminar la guerra mundial. Creo que son una aproximación nueva al asunto y agradecería a mis amables lectores que le dieran la mayor difusión posible.

Comienza la esperanza
José Luis González Quirós. www.gaceta.es 21 Noviembre 2011

No se trata sólo de corregir errores; hay que hacer cosas que nunca se han hecho

La amplísima victoria del PP en las elecciones ha demostrado que no hay en España nadie que discuta seriamente la necesidad de afrontar una etapa política completamente nueva, de iniciar un cambio radical que sea capaz no sólo de sacarnos de la crisis, sino de colocarnos en una senda de estabilidad y crecimiento que no pueda interrumpirse con facilidad. No estamos ante una ocasión como la de 1996, sino ante un reto de superior dificultad que hay que afrontar con decisión y audacia para que en un periodo relativamente breve los ciudadanos comprendan que no se trataba simplemente de cambiar, lo que era inaplazable, sino que han acertado a la hora de escoger el buen camino. Es evidente que no será fácil, pero no es menos claro que cualquier error de rumbo tendría en un plazo muy corto consecuencias catastróficas para España.

El Gobierno de Rajoy se enfrenta a dificultades realmente graves y no va a gozar de un periodo de gracia especialmente largo, porque las expectativas de cambio ya están descontadas, y lo único que puede cambiar el miedo de los mercados hacia la fiabilidad de España es comprobar que nos encontramos ante un Gobierno decidido, valiente, que tiene las cosas claras y que no piensa en otra cosa que en cumplir nuestros compromisos y en acabar con los defectos de fondo de nuestro sistema político y económico. No es, pues, poca ni fácil la tarea, pero, a cambio, las expectativas de éxito serán grandes si se afrontan los retos con decisión, con rigor y con generosidad.

Los españoles están, dígase lo que se diga, al cabo de la calle de los disparates cometidos, y comprenderán con facilidad que se hayan de tomar medidas muy radicales, a cambio, eso sí, de que la austeridad y los recortes se apliquen con seriedad, sin demagogias electoreras, con sentido de la justicia y, sobre todo, si se aplican también a los innumerables excesos con que se han beneficiado los políticos de manera escandalosamente poco ejemplar. No hay razón alguna que impida reducir en un altísimo porcentaje el gasto puramente político de las Administraciones, y eso ha de hacerse porque no se pueden imponer sacrificios a los ciudadanos si quienes los imponen siguen gozando de empleos y prebendas inasumibles.

No se trata sólo de corregir los errores y disparates de estos últimos años; hay que hacer cosas que nunca se han hecho y son inaplazables, como una reforma radical y muy rápida de la legislación laboral, que es la razón última de los casi cinco millones de parados; una reforma limpia y a fondo del sistema financiero que sea capaz de encontrar una solución al problema de los ruinosos activos inmobiliarios, lo que es técnicamente factible, y que permita que, de nuevo, afluya el crédito al sector privado; una severísima limitación del gasto público corriente con supresión, reunificación y armonización de innumerables organismos administrativos paralelos e inútiles, lo que exigirá un plan muy ambicioso de reformas político-administrativas que se ha de implementar en menos de un año si queremos que nuestros acreedores, los ahorradores del mundo entero, crean seriamente en nuestra capacidad de devolver lo que nos han prestado y vuelvan a confiar en nosotros.

No se trata sólo de economía; es la política lo que está en juego. Hay que acometer reformas serias de la Justicia, que supone una rémora a nuestra productividad completamente inasumible, y de la educación, sector en el que gastamos casi más que nadie y obtenemos bastante menos que la mayoría. Hay que meter mano al control de gasto en las Administraciones, por ejemplo en la Sanidad, y evitar que haya organismos que rebasen sistemáticamente en más de un 10% su capítulo de gastos de personal por la exclusiva razón de un absentismo laboral escandaloso, bien protegido por los sindicatos que, aunque se llamen de clase, son auténticos guardianes de los peores intereses corporativos. También es política y no mera buena administración poner fin al despilfarro de las subvenciones, que no son sino una forma de corrupción y que evitan, interviniendo arbitrariamente en los diversos sectores, que salgan adelante con facilidad las mejores iniciativas y los mejores gestores. Si los españoles supiesen con certeza en qué han gastado el dinero de sus impuestos los Gobiernos, hace ya tiempo que habrían puesto coto a estos desmanes, pero una espesa maraña de burocracia y eufemismos oculta ese espectáculo obsceno a los ojos del público; hay que acabar, a la vez, con el ocultamiento y con el despilfarro.

Si Rajoy acierta a hacer eso bien desde la primera hora, tendrá tras sí a una amplísima mayoría de españoles que sabrán atemperar su esperanza con la paciencia requerida hasta alcanzar la solución a problemas tan hondos y tan extendidos.

El PSOE tiene también por delante un trabajo nada menor. España necesita una izquierda distinta a la caricatura que ha usurpado su papel en los últimos años, una izquierda que no viva del pasado ni de un rencor impostado, doblemente falso porque muchos de esos rencorosos teatreros son herederos directos de lo peor que pretenden denunciar; necesitamos una izquierda que crea en la Nación española, como lo hizo siempre hasta su reinvención tras el franquismo, y que no crea que nacer en distintos lugares dé pie a derechos superiores; hace falta un PSOE que combata las desigualdades reales y no las que inventen a conveniencia. No será fácil para el PSOE que ha sido desde 1978 uno de los pilares del sistema, pero tendrán que encontrar su líder y su camino en la larga travesía que les espera, y ojalá acierten, por el bien de todos.

*José Luis González Quirós es analista político.

Rajoy abomina del rodillo y de la soledad parlamentaria, aviados vamos.
Antonio Javier Vicente Gil Periodista Digital 21 Noviembre 2011

Ha ganado el PP, ha ganado Rajoy con mayoría absoluta, felicidades. Y dicho eso insisto, no me fio un pelo de Rajoy, pues sus miedos, sus extrañas querencias, su acomplejada aversión a crispar, sus ansias estrambóticas por satisfacer a la progresía carpetovetónica me malicio que no nos van a traer nada bueno. Si le añadimos su clara aceptación del compadreo con ETA ya la cosa me empuja a andar muy mucho más que mosqueado con Rajoy, el triunfador.

Y no veo fantasmas, no es que ande de visionario quimérico, es tanta la aversión de Rajoy a que le acusen de pasar el rodillo, a que le repitan eso de que está solo en el Congreso, a que le insinúen siquiera que gobierna contra el sentir de la calle, a que no le reciban ni en la SER ni en El País, que anoche, en su discurso, nos lo aclaró, no va a utilizar su mayoría absoluta para, sin encomendarse a nadie ni a nada más, hacer lo que tenga que hacer, en lugar de ello, ha apelado a todos, no una, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco veces en su discurso de la victoria.

Ya tenemos esta misma mañana a Rajoy, seguro, en lugar de preparando las medidas que tiene que tomar y legislar con sus 186 diputados, iniciando una ronda de cuatro años de contactos, conversaciones, negociaciones, componendas y pactos con los nacionalistas, con el PSOE, con los sindicatos, con los indignados, con el sursuncorda, con ETA, y si me ponen hasta con quien ande de paso por España.

Vean lo que dijo anoche, como para temerse lo peor de un melindroso que teme que le tilden de dictador, algo que el diario Público ya le sugirió anoche con un titular a toda página que decía algo así como “Mayoría absolutísima del PP” y ya se está corriendo el término, qué sutileza en el absolutísimo - generalísimo. Seguro que Rajoy dejará claro que de eso nada que el hablará con todos, incluso con Público, faltaría.

“1-. Y quiero, inmediatamente, dirigirme a todos aquellos que hoy no nos han votado, para decirles desde este primer momento que estoy plenamente decidido a ser el Presidente de todos y a anteponer siempre, en toda ocasión, el interés general a cualquier interés particular
…….
2-. gobernaré al servicio de España y de los españoles, procurando que por ninguna circunstancia nadie se sienta excluido de la tarea común
……..
3.- Nadie tiene que sentir inquietud alguna.
……
4-. No habrá para mí otros enemigos que el paro, el déficit, la deuda excesiva, el estancamiento
económico y todo aquello que mantiene a nuestro país en estas críticas circunstancias.
……
5-. Convocaré inmediatamente a todas las Comunidades Autónomas, cualquiera que sea el color político de su gobierno, a una reflexión compartida sobre la forma de afrontar coordinadamente las exigencias de esta grave situación
…..
6-. no sólo vamos a darlo todo, sino que vamos a darlo con todos. Que sólo habremos salido adelante si salimos todos juntos.
……
7-. Subrayo esta idea: la del esfuerzo común. Esfuerzo de todos y para todos. Esfuerzo compartido y equitativamente repartido. En una palabra, esfuerzo solidario.
……
8-. A ese cambio hoy quiero convocar a todos, para ese cambio quiero contar con todos, en ese cambio me gustaría que pudieran confiar todos.
…..
9-. Les invito a todos ustedes a compartir esa confianza”

Nueve referencias a lo de no hacer nada él solo, a contar con todos, a pactar, a no dejar a nadie insatisfecho, en tan corto discurso nueve peticiones de perdón antes de comenzar, nueve confirmaciones de sus complejos melindrosos de no querer ser tildado de extremo-derechista rodillero y absolutísimo.

Y de ETA ni palabra, ya no es su enemigo. No me fio un pelo de este Rajoy ni con mayoría absoluta se le irán los miedos y los complejos y eso puede ser mortal de necesidad en esta situación. No le he votado por eso.

Y he dado cuatro botes de alegría por el monumental fracaso de Rubalcaba – Faisán y del PSOE de ZP el destructor.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El triunfo que España necesitaba
Editorial www.gaceta.es 21 Noviembre 2011

El PSOE debe sufrir una catarsis y un personaje como ZP no puede irse de rositas.

Los resultados que arrojaron ayer las urnas caben calificarse de históricos. Si 1982, con la llegada de González al poder, fue el año del cambio; 2011 puede ser el año del vuelco. Se han invertido las tornas de los dos grandes partidos: Rajoy ha mejorado la mejor marca obtenida nunca por el PP (con Aznar en 2000) y Rubalcaba ha caído por debajo del récord negativo de Almunia. Un ciclo se cierra. La mayoría absoluta le concede al PP la máxima gloria, pero también la máxima responsabilidad ante un envite crítico para España. Eso significa que tras el champán, merecidamente ganado, debe ponerse rápidamente a trabajar. Rajoy no es que no vaya a tener 100 días de gracia, es que no va a tener ni cinco minutos. En cuanto al PSOE, el hundimiento es tan inapelable que exige no ya una severa autocrítica sino una reinvención. No basta un lifting, es precisa una catarsis.

La razón número uno por la que los ciudadanos han dado su confianza a Rajoy, y han dicho no a un Rubalcaba patéticamente vampirizado por Zapatero, han sido los cinco millones de parados y el riesgo de intervención eminente; pero también, de forma implícita, la pérdida de valores, el despotismo y el desprecio por la libertad con los que ha gobernado el PSOE. España no podrá salir del agujero y recuperar la confianza sin un rearme ético y una apuesta por valores que parecen haberse evaporado desde 2004: la lealtad, la capacidad de sacrificio, el trabajo, la responsabilidad o la transparencia. El problema es que, a diferencia de 1996, Rajoy se enfrenta a una “tarea gigantesca”, como él mismo la ha definido con un realismo que le honra. Una crisis mundial, por un lado, y la herencia envenenada que le deja el PSOE, por otro.

La paradoja radica en que Rajoy, que ha ganado gracias a la parsimonia y capacidad de resistencia de un rey de la regularidad, se va a tener que convertir en sprinter para la prueba contrarreloj que exige aplicar ya las reformas y convencer a la UE de que España es solvente. Él mismo anunció en LA GACETA el electroshock inicial: desarrollo de la reforma de la Constitución para fijar el techo de gasto; reestructuración del sistema financiero que facilite el crédito a familias y emprendedores; la ineludible reforma laboral que conjugue empleo flexible y seguro; estímulo a la pequeña y mediana empresa mediante una ley de emprendedores y, por fin, una reforma fiscal.

España se juega el todo por el todo si el nuevo presidente no aplica con celeridad la terapia de choque anunciada. Habrá que contener la respiración esta mañana a la espera de la reacción de los mercados. Pese al tiempo miserablemente desperdiciado por Zapatero, esperemos que la determinación y la solvencia del nuevo presidente sirvan para insuflar confianza y enderezar el errático rumbo de España. Disponemos de una certeza alentadora. Sabemos que, a diferencia de quienes le han precedido, tiene un proyecto de Nación, convicciones democráticas y respeto al Estado de Derecho. Cimientos básicos para recuperar la confianza.

El PSOE, por su parte, ha recibido su merecido en las urnas, pero eso exige una catarsis interna, una asunción de responsabilidades y... nuevas caras en un Partido poblado de dinosaurios. Es obvio que detrás de la calamitosa gestión económica hay un vacío moral e intelectual, una ausencia de proyecto y un desprecio por la verdad y la libertad, que el PSOE ha sustituido por el relativismo en su versión más friki, el zapaterismo.

Todo ello ha destruido por dentro al propio Partido, lastrado por la ineptitud y los disparatados experimentos con gaseosa de Zapatero. Y ha provocado una sangría de votos desengañados que han ido a parar a la abstención, a UPyD o IU (se ha preferido el original a la copia). Una deriva de la que ha sido corresponsable Rubalcaba, que iba de genio, y a la que no es ajeno el despotismo practicado por ministros como Bermejo o De la Vega, la corrupción de Blanco –por el caso Campeón– o Chaves y Griñán por la podedumbre del cortijo bético. Pero sobre todo ha dejado a España para los restos: si no deconstruida como pretendía Zapatero, sí anémica de resortes morales, arruinada y en crisis. El peor gobernante que hemos tenido desde Fernando VII deja como legados dos bombas de relojería: los cinco millones de parados y a los proetarras instalados en el poder y con grupo parlamentario propio. Sería una tremenda injusticia que tan nefasto personaje se fuera de rositas.

Mayoría absoluta pero, ¿con soberanía o sin ella?
Francisco Torres en Elecciones http://www.alternativaespanola.com/ 21 Noviembre 2011

El "Diario Ya" me pidió en la madrugada de la victoria popular un análisis para su edición del 21 de Noviembre. Este es el texto y mi segunda reflexión sobre los resultados:

Un análisis ajustado de las elecciones del 20 de Noviembre obligaría a cambiar el orden de los titulares, porque la lectura básica de las mismas no es el triunfo cantado del Partido Popular, es la ominosa derrota que el PSOE y su candidato Pérez Rubalcaba, pues tanto monta, han sufrido en las urnas. El PP ha ganado las elecciones, consiguiendo superar su techo en algo más de medio millón de votos, pese a que sigue teniendo su talón de Aquiles en Cataluña y Vascongadas, pero su aplastante victoria en escaños es fruto de una debacle socialista de tal magnitud que ha sobrevalorado su victoria.

No sabemos qué sucederá en los próximos días, pero lo cierto es que hoy por hoy el PSOE está hundido y carece de norte. Hasta tal punto es así que su primera reacción como grupo ha sido intentar ganar tiempo y anunciar que realizarán un Congreso Ordinario, no Extraordinario, lo que tiene su importancia, para elegir un nuevo Secretario General. Un Congreso al que ninguno de los postulantes de ayer (Rubalcaba, Chacón y López) podrá concurrir con otra mochila que no sea la de la derrota. Quién sabe si, por esas jugadas irónicas del destino, la debacle no tenga como vencedor al derrotado hace años por José Luis Rodríguez Zapatero, al ínclito José Bono, que decidió no ligar su futuro político a unas listas que sólo tenían como horizonte la más dura de las derrotas. Y ahora, bien podría transformarse en la esperanza blanca de un socialismo desliderardo.

La debacle socialista ha tenido como virtud hacer emerger a esa España, abstencionista o votante, que mira con desconfianza, desánimo y hasta desesperación la alternativa bipartidista que desde hace décadas tanto PP como PSOE sueñan con imponer.

Globalmente el bipartidismo PP-PSOE continúa, elección tras elección, perdiendo apoyos, aunque hasta la fecha esa renovación política, esa adecuación entre la ideología real del representado y sus representantes, sólo se esté produciendo entre los votantes de izquierda. De ahí la emergencia de Unión Progreso y Democracia o Izquierda Unida, aunque esta última no haya conseguido alcanzar los resultados del PCE en los inicios de la Transición, mientras que Pérez Rubalcaba ha conducido al PSOE a sus resultados más pobres desde 1936.

Es evidente que para España estas elecciones, hasta para los que estallaron de júbilo por el fin de la pesadilla socialista y el cierre definitivo del zapaterismo, han tenido un sabor agridulce, una nota amarga, al transformarse la pestilente y nauseabunda atmósfera que se extendía desde el cubil proetarra en un “triunfo” electoral, el de la coalición política AMAIUR, brazo político de la izquierda aberzale. Los proetarras han obtenido su mejor resultado, superando los resultados de Herri Batasuna. A diferencia de entonces ahora los herederos de Batasuna sí parece que van a comparecer en un Parlamento, formando un grupo propio cuyo objetivo es reclamar el pretendido “derecho a la autodeterminación”. E igualmente preocupante es el peso político que una vez más obtienen los nacionalistas. Y Mariano Rajoy tendrá que decidir si se inclina por el “¡España unida jamás será vencida!” que gritaban los concentrados en la noche triunfal ante el balcón de Génova o volverá a hablar catalán-gallego-euskera-valenciano-mallorquín en la intimidad.

La victoria del Partido Popular no sólo queda puesta de manifiesto por la tremenda distancia existente entre el número de votantes populares y el de los votantes socialistas, sino también por el hecho de que el PP se ha impuesto en la mayor parte de las provincias españolas, reduciendo a la izquierda en algunos casos, como en Murcia, a los límites mínimos posibles, renovando y ampliando la victoria municipal y autonómica conseguida hace unos meses y que se incrementará con el anunciado triunfo en las próximas e inminentes elecciones autonómicas andaluzas. Así pues, Mariano Rajoy no sólo tendrá el poder de la mayoría absoluta sino que también gozará de un amplísimo poder territorial. Un poder más que suficiente para abordar los cambios estructurales que España demanda.

Mariano Rajoy tiene la posibilidad -siendo fundamental abordarlo- de reformar, reordenar, reorientar y reedificar el denominado Estado de las Autonomías, auténtico cáncer de España y rémora, por la fragmentación económica que supone y por la carga de déficit que representa, como paso previo para la recuperación económica desde acciones internas y no merced a imposiciones externas. Ahora bien, ello supone, como mínimo, por un lado reducir el peso de las administraciones autonómicas, reducir sus techos competenciales y, por otro, asumir que el Estado debe recuperar competencias. Algo que no está ni en el programa del Partido Popular ni en el pensamiento de Mariano Rajoy. Entre otras razones porque obligaría a poner fin a un sistema de clientelismo político que asegura el poder territorial de los barones autonómicos. En este caso la inmensa mayoría miembros del Partido Popular.

Mariano Rajoy, y es un hecho, es el presidente que mayor poder político va a tener en sus manos desde el primer gobierno democrático de Adolfo Suárez. La ironía o el capricho del destino ha escrito, sin embargo, los renglones de otro modo. Mariano Rajoy será, al mismo tiempo, el presidente de una España cada vez menos soberana. Una España que vivirá, en los próximos meses, bajo la sombra de una hipotética intervención. Una España esclava de unos mercados que nos continuarán imponiendo intereses onerosos ante la acuciante falta de financiación del país. Situación que de prolongarse acabará dañando irremediablemente nuestro futuro económico. Una España sin soberanía económica, porque depende de ese conjunto de instrumentos supranacionales que son la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, los mercados y las agencias de calificación, por no mencionar el vasallaje que como nación rendimos y rendiremos al eje franco-alemán que rige la Europa del Euro. Subordinación reconocida por el propio Mariano Rajoy en la noche electoral, al anunciar que España cumplirá con la Unión Europea. Lo que tendrá, como única traslación posible al terreno de las medidas a adoptar: la implementación de un duro programa de ajustes/recortes y de contención del gasto.

Voto de confianza para el PP
EDITORIAL Libertad Digital 21 Noviembre 2011

El Partido Popular ha obtenido una victoria arrolladora en estas elecciones generales: los diez millones y medio de votos que ha cosechado le permiten hacerse con 186 escaños, once más de los requeridos para gobernar con mayoría absoluta. Se trata de sus mejores resultados... y de los peores de su principal contrincante, el PSOE, que ha perdido nada menos que 59 de los 169 escaños que tenía desde los comicios de 2008. Parece de todo punto pertinente citar a un tiempo ambas circunstancias; de hecho, las cifras dicen que ha sido más contundente el desplome socialista que el triunfo de los populares: estos apenas han sumado unos 300.000 votos y cinco puntos porcentuales a sus resultados de 2008, mientras que aquellos han visto caer su apoyo en 15 puntos y más de cuatro millones de votos.

La derrota del PSOE ha sido tan merecida como histórica. El partido del puño y la rosa ha causado a España un mal difícilmente reparable, por el que debe seguir pagando. Si no acomete de manera inmediata un proceso de auténtica refundación, que se lleve por delante ideas, personas y prácticas tóxicas, corre el riesgo de acabar en el vertedero. Lo cual no supondría, ciertamente, un gran drama. Lo dramático es que unas siglas tan vinculadas a las páginas más negras de nuestra Historia y nuestra democracia sigan condicionando la vida política de la manera en que lo hacen.

En cuanto al Partido Popular, debería arrumbar la euforia inmediatamente: por el ya referido dato de que apenas ha avanzado cinco puntos cuando su mayor rival ha perdido 15, porque sus resultados han sido manifiestamente mejorables en dos plazas tan decisivas como el País Vasco y Cataluña, y porque difícilmente podría presentársele un panorama más complicado, con el paro desbocado, las cuentas públicas en estado comatoso, los nacionalismos poco menos que en estado de rebelión y la arquitectura institucional con graves daños estructurales. Y todo el mundo pendiente del menor de nuestros movimientos...

El próximo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, debe ponerse inmediatamente a trabajar, porque España no puede perder un minuto más. Y debe trabajar en lo urgente sin descuidar un solo segundo lo menos acuciante pero igualmente importante. Es decir, tiene que coger el toro de la deuda por los cuernos cuanto antes, pero sin perder de vista las cruciales reformas de largo aliento, que atañen a lo político, a lo económico, a lo institucional y a lo cultural. Los próximos años serán decisivos, nos jugamos el todo por el todo. No hay vuelta atrás ni manera de obviarlo.

De este modo, a la regeneración económica se añaden retos como el de contener a ETA, aplicar con rigor la ley, desandar los atajos tomados por el PSOE, frenar el impulso desvertebrador de CiU y también acometer las reformas necesarias para que partidos como UPyD no se vean penalizados por una ley electoral que prima a los nacionalistas y supone una discriminación intolerable para sus votantes, cuya representación será inferior a otros partidos con muchos menos votos, como es el caso de Amaiur, la marca electoral de ETA. También la Justicia debe acometer grandes cambios para responder a las verdaderas necesidades ciudadanas y no al antojo de los gobernantes de turno. Son objetivos inexcusables para un PP que ha recibido un mandato claro, el de sacar a España de una crisis que no sólo es económica, sino que afecta a algunas de sus principales instituciones y estamentos políticos. Es hora de sumar, sí, pero sin que ello sirva de excusa para aplazar reformas en la administración tan dolorosas como necesarias. Desde luego, Rajoy no va a disponer de cien días. Reclamaba algo más de media hora, pero los graves problemas de España dan para pocas celebraciones. En este sentido, el Gobierno en funciones y el PSOE deberían ser lo suficientemente generosos como para no prolongar más su agonía. Que la fecha de constitución de las Cámaras sea el 13 de diciembre no es precisamente un buen indicio de las intenciones del PSOE, pero el hecho de que los socialistas hayan obtenido el peor resultado de su historia debería hacer reflexionar a Rubalcaba y Zapatero, verdaderos artífices de un fracaso que no sólo afecta a su partido, sino que ha supuesto una pesadilla nacional.

Finalizado el negro episodio de los dos últimos gobiernos socialistas, los españoles pueden contemplar esperanzados la nueva etapa, pero es necesario que en los próximos días, con la mínima dilación, el PP lance indicios claros de cuáles van a ser sus primeros pasos. No sólo se trata de aplacar a los mercados, sino de dar satisfacción a la amplísima mayoría de españoles que han exigido un cambio radical.
 

JIMÉNEZ LOSANTOS a las 6
Federico: "El PSOE ha cebado la bomba de ETA y le ha estallado en las manos"
En el editorial de las seis, Federico Jiménez Losantos ha hecho una valoración de los resultados de las elecciones y ha enumerado los retos de Rajoy.
esRadio  21 Noviembre 2011

Federico Jiménez Losantos ha analizado en Es la Mañana... el resultado de las elecciones generales de ayer en las que Mariano Rajoy ha conseguido aunar el mayor poder de un partido en la democracia. Jimenez Losantos ha comentado que "no ha sido la victoria que predecían las encuestas ya que decían que podía sobrepasarse el disparatado umbral de 202 escaños de los socialistas en 1982". Ha añadido que "en todo caso es una victoria clara con mayoría absoluta y el PSOE ha quedado justamente reducido a escombros".

El director de 'Es la Mañana... ha señalado que "el PSOE se ha sacado a sí mismo 15 escaños con respecto al peor resultado en su historia". Ha recordado que "en las primeras elecciones de la democracia en 1977 tuvo un resultado bastante flojo pero no como lo de ayer con los dos grandes partidos ya asentados que han hecho del duopolio una verdadera trampa para las libertades".

Sobre la entrada de partidos "antiespañoles" en las Cortes, Federico ha comentado que "el problema más grave es que el separatismo vasco y catalán ha salido más fuerte que nunca". Ha indicado que "el PSOE ha cebado la bomba de la ETA y le ha estallado en las narices". Ha señalado que "el resultado socialista en el País Vasco es muy malo, el resultado socialista en Cataluña es todavía peor y el de Andalucía es todavía mejor para el PP".

Para Jiménez Losantos "se dibujan cuatro retos en el horizonte a los que va a tener que hacer frente Mariano Rajoy cuanto antes". Ha comentado que "el primero es el de poner en marcha hoy mismo un mecanismo de respuesta a lo que puede ser una suspensión de pagos en diez días". Federico ha opinado que "la función mediadora que la Constitución atribuye a la Corona se ejecute de verdad y Zapatero se redima en este momento que es breve, pero crucial, para la economía española".

El segundo reto de Rajoy, para Federico, "es la Ley, no puede ser que en España a los jueces y los altos miembros de los tribunales los pongan los políticos". Jiménez Losantos espera que "si Mariano no nombra un Fiscal General de Estado decente por lo menos que no obstaculice la acción judicial y se pueda hacer justicia a las víctimas de 11-M".

El director de Es la Mañana cree que el tercer reto "es muy grave", ha señalado que "en España los ciudadanos no son iguales ante la ley". Espera que "con la ETA más tarde o más temprano se acabará este idilio político pero el problema está también en Cataluña, donde el PP no ha conseguido sacar más votos" en esta región. Federico ha comentado que el verdadero reto de fondo es que "no puede ser que en los territorios donde gobiernan los nacionalistas la ley no se cumpla, es decir, de nuevo Cataluña y el País Vasco".

Jiménez Losantos cree que "es de una obscenidad delirante que con más de un millón cien mil votos, Rosa Díez tenga la cuarta parte de representación de CiU". Ha señalado que "no puede ser que teniendo cuatro o cinco veces el resultado del PNV y de los proetarras tengan los mismos escaños que los primeros y menos que los segundos". Ha sentenciado que "hay que cambiar la Ley Electoral".

Igualmente, Federico ha comentado que "es de resaltar que la participación ha bajado, los españoles estamos hasta las narices de la corrupción política".

Mapas lingüísticos
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 21 Noviembre 2011

Sobre las eleccionesdel 20N: felicidades a los ganadores, solidaridad a los perdedores, bienvenidos los nuevos grupos. Y felicidades a los ciudadanos en general, depositarios de la soberanía. Votar siempre es una fiesta. Las valoraciones, las proyecciones, las estimaciones, que las hagan plumas autorizadas. Yo me apeo aquí. Vuelvo a mi tema, las lenguas. Hoy mi tema es la relación entre lengua y territorio, o sea los mapas lingüísticos.

Nuestros nacionalistas suelen tener pasión por los mapas lingüísticos: les gustan más que a un tonto un lápiz. Podemos comprobarlo en “la casa de les llengües”, un mamotreto carísimo y pomposo que se está edificando en el barrio 22@ de Barcelona: visiten la página http://www10.gencat.net/casa_llengues/AppJava/es/index.jsp y vean en qué se están gastando nuestros dineros. ¿Y saben por qué les encanta poner las lenguas en mapas, con sus fronteras y sus colorines? Pues porque un mapa significa homogeneidad territorial. Todos los mapas indican eso: homogeneidad interna de las unidades cartografiadas. Incluso los mapas más variables, los del tiempo, indican una homogeneidad territorial: la misma presión, la misma temperatura, el mismo oleaje en un determinado lugar. Si tenemos un anticiclón en Cataluña, lo tienen igual en Reus y en Tarragona. Y si mediante un zoom llegamos a distinguir entre el tiempo en Reus y en Tarragona (una tormenta localizada, o la temperatura diferente en las dos ciudades, o la humedad del aire) debemos suponer que el tiempo es el mismo en las diversas calles de cada ciudad, o en las plantas de un mismo edificio. Aun así, en teoría podríamos llegar a dibujar un mapa con el microclima de cada calle de cada ciudad, porque las calles están ahí y no se mueven. ¿Pero cómo se puede hacer un mapa de los rubios, o de los habilidosos, o de los granujas? Pues la lengua pertenece a este género de cosas: es algo personal. Los territorios no hablan, ni las regiones, ni las ciudades, ni las calles ni los edificios. Solo hablamos las personas. Lo de “lengua territorial” tiene el mismo valor que “religión territorial” o “raza territorial”.

Un mapa lingüístico solo tiene sentido si la gente no cambia de lengua, y si la gente no se mueve de sitio. Pero en nuestra sociedad, los usos lingüísticos son casi todo menos territoriales, y por eso un mapa lingüístico es aberrante. Lo mismo hay que decir de la lengua propia, que en realidad significa “propia de un territorio”. Hay mapas -yo los he visto- en que se dice que en Nueva York se habla no sé si en iroqués o en algonquino: no en inglés. Eso es excusable entre lingüistas, que intentan reflejar el habla documentada de los indígenas. Otra: los indígenas solían ser nómadas, y por lo tanto su relación con el territorio era más bien etérea, fluctuante y circunstancial. Pero lo que sería justificable entre académicos, el mapa lingüístico, en manos de los nacionalistas se vuelve una pancarta reivindicativa, la reclamación de una legitimidad. Y, en consecuencia, la negación de legitimidad a las “lenguas intrusas”. Aplicado a Cataluña: el castellano -la lengua mayoritaria de los catalanes, recordémoslo-, es, según los mapas, una lengua intrusa. La única lengua legítima, según los mapas, es el catalán. Esa idea está muy arraigada. No hace tanto tiempo se la oí a Cristina Almeida, ilustre diputada del PCE, para justificar la política escolar catalana: “Los niños catalanes deben aprender en catalán, ¡claro!”. Lo que desconocía -o simulaba desconocer, quizá- era que, hoy en día, “en catalán” significa “en lengua castellana y catalana”. Y por este orden, si queremos ser democráticos.

Los mapas lingüísticos tienen el mismo valor que los mapas religiosos: ninguno. A estas alturas, nadie se atreve a decir “esta tierra es cristiana”. Pues lo mismo con las lenguas. La lengua va con la persona, y punto. Elemental.


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