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Recortes de Prensa   Domingo 8  Enero 2012

 

El ‘electroshock’ de Rajoy
Carlos Dávila www.gaceta.es  8 Enero 2012

El país puede entender que se le somete a un ‘electroshock’ fiscal; difícilmente entenderá que ese calambrazo no se les pegue a los partidos, a los sindicatos o a la llamada patronal

Lo advertimos: el único día bueno que iba a tener en mucho tiempo el presidente Rajoy era aquel en que tomó posesión. Y aun así; a lo peor ni siquiera ese. El latigazo del viernes 30 de diciembre le acompañará durante mucho tiempo. En ese primer Consejo de Ministros, y tras una deliberación, dicen, “no demasiado tensa”, el Gobierno apostó por una cirugía radical sin anestesia. Al enfermo, a los españoles, se les había dicho durante meses que sí, hombre, que estaba mal, pero que no le iban a extirpar media anatomía. Y el enfermo estaba expectante y confiado. Terminó la intervención, el Consejo, y cuatro ministros llevaron a la Sala de Prensa la mejor de sus caras para una ocasión tan cruenta en la que se diagnosticó que el paciente estaba agonizante y que la fiebre, el déficit, según habían averiguado, le había subido nada menos que dos grados, dos puntos, del 6 al 8. Y eso... por ahora.

Soportar el latigazo
A partir de ese momento, un instrumento repentino, feroz y mitinero, el Twitter, actuó casi como una sola voz, y mira que tal cosa es casi imposible. La sola voz denunciaba engaños y hasta robos. Algunos de nosotros empezamos a preguntarnos por qué la operación, el proceso de asfixia fiscal, se había llevado de tal manera. No comprendíamos bien por qué no se había preparado el terreno, embarrándolo un poco como hacía antiguamente el Atlethic de Bilbao, y por qué los primeros receptores del zurriagazo, los medios de comunicación, no habían tenido con antelación mínima, pero con antelación, noticia exacta no ya de las medidas del Consejo, sino de las razones por las que se decretaba la inmensa podadura. A este respecto, siempre recuerdo que hace años, un antiguo secretario de Estado de Comunicación (entonces se llamaba Información) reconocía que su mayor equivocación había estribado en no pedir auxilio por adelantado (él lo denominaba así) a quienes o por conmiseración, complicidad o simple interés podían ayudarle a hacer más llevadera la peor y más dura decisión de un Gobierno. “Siempre –decía– me arrepentí de ello”.

¿Estaba seguro Rajoy, estaban seguros sus ministros de que el latigazo iba a tener mejor acogida de la que ha tenido? Supongo –él y ellos son suficientemente espabilados, desde luego más que nosotros, porque poseen mejor información– que no; por tanto, lo que pudo suceder es que, tentándose las camisas para que siguieran en sus cuerpos, se inclinaron por acometer la reforma de nuestras haciendas sin más dilación, en la seguridad que tienen, y lo reconocen, de que en otro caso “otros nos hubieran obligado a hacerla” (De Guindos dixit). Es más: nadie me puede convencer de que dos estimaciones personales no sean ciertas: la primera, que la mayoría, Rajoy incluido, conocía mucho antes de jurar ante el Rey las proporciones del desastre que le había dejado el dúo nefasto, ineficaz y cobarde Zapatero-Salgado; la segunda, que desde la misma fecha de la toma de posesión, ese grupo de ministros sabía que el primer decreto que tendrían que suscribir era uno por el cual dejaban prácticamente exhausta la cartera de millones de españoles. Es imposible que me apeen de estas dos impresiones.

Los autores del gran caos
Tan difícil como que personalmente tilde de excesivo el clima de cordialidad, de complacencia incluso, con que los nuevos ministros despidieron a sus antecesores, enterados como estaban (lo he escrito en el anterior párrafo), de la magnitud de la hecatombe que heredaban y de las mentiras bellacas que les habían transmitido en ese tópico traspaso de poderes. En noviembre, uno de los nuevos ministros, no diré quién, avisaba a un grupo de periodistas de que el déficit que iba a recoger el nuevo Gobierno no bajaría del 7,5%, y aún decía más: “Y eso siendo optimista, porque si nos fiamos de Funcas, el déficit superará el 8%”. Funcas es, por si lo olvidan, la Fundación de las Cajas de Ahorros (de las quebradas y del par de ellas que sigue aún en pie), la entidad que preside nada menos que el penúltimo secretario de Estado de Hacienda de Zapatero, Carlos Ocaña, uno de los responsables principales de que precisamente ese déficit haya engordado hasta tal punto. Y, por cierto: ¿cuánto tiempo va a tardar el Ejecutivo popular en pedir a las cajas (que estamos salvando con nuestros impuestos) que ponga literalmente en la calle a uno de los responsables de este destrozo? ¿Cuántos Fernández Ordóñez y Ocaña nos vamos a tener que tragar por “estabilidad institucional” y porque “nosotros no somos como ellos”?

El Gobierno debe comprender perfectamente que la sociedad española que le ha votado con total entrega ha presenciado escaldada y espantada cómo los autores del gran caos, los ministros que durante años han dejado el país como un solar a base de ocurrencias analfabetas y de sectarismo a mogollón, son condecorados por sus servicios a la Patria. “Esto es –me decía un taxista de los que acumulan enorme sabiduría popular– como si un Ejército en guerra va y le pone una medalla a un prófugo o a un cobarde”. Pues, más o menos, las cosas son así. Se nos dice, y es verdad, que es una costumbre inveterada reconocer la labor ministerial de los que se van, pero ¿en qué legalidad está fundado ese uso? El Gobierno del Partido Popular hace bien en mostrar elegancia en las formas, pero ¡hombre!, de ahí a celebrar el trabajo de Rubalcaba, el tipo del GAL y del Faisán...

No sé si todos estamos confundidos con la izquierda española, pero lo cierto, lo comprobado, es que por muchos arrumacos que le ofrezcas, por mucha colaboración que intentes mantener con ella, la izquierda no perdona, no quiere ver ni en pintura a sus rivales, a los que, lisa y llanamente, considera enemigos políticos. ¿O es que aquí nadie recuerda aquel homicidio institucional que se llamó el Pacto del Tinell?

Otra cosa no se entenderá
Este Gobierno tendrá en muy breve plazo, o sea, inmediatamente, que ir denunciado las inmensas fechorías que han realizado Zapatero y su cuadrilla. Es más: la vicepresidenta Sáenz de Santamaría ya va reconociendo que el volumen de los desmanes supera, en calidad y cantidad, el cálculo más negativo. Por tanto, manos a la obra, a decir, sin ambages ni rodeos, que los sucesivos latigazos que nos arreen a nuestro deteriorado cuerpo fiscal son el efecto de la depravada gobernación socialista, algunos de cuyos epígonos andan todavía gozando de los puestos en que fueron colocados, casi de modo subrepticio, a última hora.

El país puede entender que se le someta a este auténtico electroshock que lo ha dejado tiritando desde hace 10 días; difícilmente entenderá que el calambrazo no se les pegue a los partidos, a la llamada patronal o a esos sindicatos que, con toda certeza, empezarán a poblar la calle en cuanto se les niegue la más mínima dádiva. ¿Quién ha dicho que un padre con tres hijos tenga que padecer los mayores sacrificios y Fernández Toxo pueda seguir de crucero en crucero y de hotelazo en hotelazo? Leyes para todos y sacrificios y penitencias para todos, incluso –y preferentemente– para los reyezuelos autonómicos que han colaborado entusiásticamente a la ruina del país. Lo podemos escribir castizamente: Rajoy, otra cosa no se entenderá.

Endeudamiento autonómico y recentralización
JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA La Opinión  8 Enero 2012

JOSÉ ANTONIO PORTERO MOLINA ES CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA

El nacionalismo político es un fenómeno moderno cuyo surgimiento y expansión es inseparable del convencimiento de los líderes, intelectuales, económicos y sociales de una comunidad de que su vida será mejor si se libran de la otra comunidad, la ocupante y opresora. No es preciso que la comunidad oprimida sea en realidad rica, basta con que crea que lo será tan pronto como se libere de la que, en su opinión, esquilma sus riquezas. Ninguna comunidad aspira a liberarse para empeorar sus condiciones de vida sino para mejorarlas. Separarse por razones exclusivamente identitarias, desoyendo los efectos económicos de la separación, no se sostiene en las sociedades modernas, plurales y culturalmente muy homogeneizadas; sólo cabe en pequeñas comunidades aisladas, o en grandes, fanatizadas y distantes de una concepción abierta del mundo.

De la aspiración al autogobierno dentro de una entidad política mayor puede decirse otro tanto. Las autonomías se justifican si gestionan los intereses de sus ciudadanos mejor de lo que lo serían por un poder centralizado. Tan sencillo de entender como lo es el que sin financiación adecuada y su eficiente administración no hay autonomía que merezca la pena. Desde su nacimiento pero sobre todo desde la entrada de España en la UE la construcción autonómica ha tenido una buena financiación pero una administración desmañada. El Estado y Europa pagaban el coste de las instituciones autonómicas y de las competencias exclusivas, compartidas o transferidas. Pero llegó la crisis y el endeudamiento de las comunidades ha alcanzado cifras que asustan. En cabeza Valencia y Baleares con el plus de las corruptelas hoy de actualidad. Les siguen Cataluña y Murcia y luego las demás, también con cifras desproporcionadas para lo que debiera ser una administración ajustada a sus fines. Hoy se enfrentan todas a una situación de angustia que lastra la economía general.

Rajoy puede enmendar los destrozos causados, entre otros, por dirigentes importantes de su partido a los que respaldó como líder del partido. Y parece dispuesto a hacerlo. En Valencia y Baleares, en las dos Castillas, en Galicia o en Aragón los recortes están siendo drásticos y considerables y habrá más. No queda otra. Las duras medidas de los gobernantes, nacionales y autonómicos, son comprendidas por una población que, si antes aplaudió el autogobierno porque sólo traía beneficios, empieza ahora con la crisis, o continúa según los casos, a percibir los excesos de años atrás. Puesta la ciudadanía ante la realidad sin veladuras identitarias ni desvíos de responsabilidades a Madrid o a Bruselas, puede madurar la idea de que acaso sea mejor recentralizar decisiones sobre asuntos importantes cuya gestión no mejora por el simple hecho de adoptarse en diecisiete gobiernos territoriales. Crece la dificultad de entender el por qué de diecisiete tipos de medidas distintas sobre asuntos que, realmente, no exigen tanta diferencia. O, lo que casi es más incomprensible, por qué diecisiete normativas iguales, o casi, adoptadas en diecisiete parlamentos o gobiernos distintos. Un proceso razonable de recentralización no tiene por qué ser ni total, ni definitivo, ni indiferenciado, ni autoritariamente conducido. No debería, por lo tanto, convertirse en un problema de primera magnitud. El gobierno quiere desarrollar el deber constitucional el equilibrio presupuestario y establecer un control sobre los presupuestos autonómicos y, visto lo visto, es difícil oponerse a esos propósitos.

En Cataluña no sólo es notable el convencimiento de que la separación mejoraría sus condiciones de vida sino que también lo es la voluntad de ser distintos. Se han puesto a la cabeza de un ajuste muy duro que sus gobernantes defienden con el argumento de que lo prefieren antes que ser intervenidos por el Estado. Como ellos padecen los recortes ellos deciden donde gastan y nada hay que echarles en cara porque quieran mantener sus embajadas. Estas decisiones evidencian capacidad y voluntad de ser distintos. No se puede negar la evidencia ni tiene sentido rasgarse las vestiduras. Sólo hay que demostrarles que dentro estarán mejor que fuera.

Intenciones y decisiones
Mario Conde www.gaceta.es   8 Enero 2012

La reforma financiera para que fluya el crédito ya debería estar implementada.

No ha transcurrido tiempo suficiente para abordar críticas definitivas. Pero en sectores de la sociedad española, no sólo entre los empresarios, se percibe angustia y miedo. El 70% de los españoles cree, según el CIS, que en 2012 la situación económica o no mejorará o empeorará. No por culpa de este Gobierno. Pero no es hora de insistir en el desastre recibido, que lo conocemos, sino de adoptar medidas concretas con horizonte claro.

El último Consejo de Ministros se tradujo en un catálogo de buenas y correctas intenciones. No es suficiente. Parece que hasta ahora, recortes aparte, la única medida efectiva es la subida del IRPF, contraria al programa electoral y percibida como injusta por buena parte de la población.

Sinceramente, el déficit del 8% era sobradamente conocido de todos los que analizan nuestras cuentas. Las medidas hasta ahora, por mucho que las reclame Europa, pueden ahondar en la recesión. Parece que el objetivo principal es que “ los mercados” no cuestionen nuestra solvencia y no aumente la prima de riesgo. Comprensible, pero incluso aquí insuficiente: los “mercados” nerviosos, y la prima, en más de 380. La reforma financiera para que fluya el crédito ya debería estar implementada. Los empresarios, agotados tras dos años de crisis, encuentran cada día más dificultades en resistir, porque el circulante no fluye. No es demagogia ni deseo de crítica. Es la vida que se contempla por quienes se asomen a ella.

Muchos creyeron que sus ideas eran más claras y que gobernarían con más contundencia de modo inmediato. Ahora, quizás con injusticia, comienzan a dudar. Pero es que las urgencias son reales. Y a ellas no se responde sólo con propósitos e intenciones, sino con algo más contundente. La sociedad reclama gobernar, tomar decisiones y asumir sus costes. No decidir, retrasar, también tiene costes.

El tiempo se ha acabado
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es  8 Enero 2012

No se trata de realizar estudios, sino de actuar de manera implacable e inmediata.

Tras el electroshock fiscal aplicado a los españoles que más trabajan y que más valor añadido generan, que no a los que más tienen, la ciudadanía tenía puestas sus esperanzas en el Consejo de Ministros del pasado jueves. El ministro de Hacienda, con buen criterio, había anunciado una serie de medidas, que no especificó, dirigidas a reducir el gasto público y se sobreentendía que a poner orden en el despilfarro autonómico y municipal, origen y causa de gran parte de nuestros males presupuestarios.

Cuando la vicepresidenta se limitó a comunicar que el Ejecutivo había encargado “informes” sobre entidades y organismos dependientes de las tres Administraciones para ver cuáles iban a ser fusionadas, redimensionadas o suprimidas, la decepción fue monumental. Tales estudios existen, las listas de agencias, observatorios, consorcios, fundaciones y otras hierbas clientelares, son de sobras conocidas, como también lo son aquellas –la mayoría– que no sirven para nada salvo para tirar el dinero y colocar a enchufados y correligionarios.

Por consiguiente, no se trata de realizar estudios, sino de actuar de manera implacable e inmediata. El problema del déficit no es de gestión ni de organización, es de estructura y así debe ser enfocado. La prueba está en que el brutal incremento de los impuestos que se va a poner en marcha en 2012 no sólo no ha calmado a los mercados, sino que con posterioridad a tan dura decisión la prima de riesgo se ha deteriorado sensiblemente y la Bolsa ha caído tres puntos. Sáenz de Santamaría pidió tiempo, olvidando que si algo no tenemos, es precisamente tiempo porque el desaparecido ZP lo dilapidó por completo. No es cuestión de luchar contra el reloj, hay que romper su esfera cruel con coraje y firmeza. ¿Para qué sirve la mayoría absoluta, por amor de Dios?

Los empresarios y la sopa boba de ‘papá Estado’
Carlos Sánchez. El Confidencial  8 Enero 2012

Sostenía Donoso Cortés que las naciones pueden subsistir “sin independencia y sin gloria”, pero no “sin pan que llevarse a la boca”. Y aunque la realidad de España dista mucho de ser la misma que describía hace siglo y medio el político conservador, parece evidente que a medida que arrecia la crisis, el país se sumerge en una espiral de escasez otrora impensable. Pero la realidad está ahí y el nuevo Gobierno ha querido embridarla hasta ahora actuando de forma casi exclusiva sobre el sector público. Craso error.

Y no es que la Administración no exija un redimensionamiento radical. Al contrario. Da escalofríos comprobar algunos datos recientes de la OCDE sobre la evolución del sector público en España durante los últimos años. El gasto público representó en 2010 nada menos que el 45,6% del PIB, ya por encima de la media de la región, lo que pone de relieve la intensidad del problema (seis puntos de PIB más que al comenzar la crisis).

El porcentaje, sin embargo, no sería tan preocupante -un 51% en la Eurozona- si España no fuera una extravagancia en términos de recaudación y los ingresos fiscales fueran los normales en un país civilizado, y que para más inri cuenta en algunos tributos con tipos impositivos nominales por encima de la media de la OCDE.

Acierta el nuevo Gobierno cuando sitúa el gasto público entre sus prioridades, pero se equivoca cuando esboza una estrategia de política económica que por el momento ningunea los problemas del sector privado de la economía

Pero ocurre, como se sabe, que los ingresos -un 36,7% del PIB en 2011 después de haber subido el IVA, los impuestos especiales y las rentas del capital- apenas dan para mantener un Estado paquidermo en el que la cuarta parte del gasto público (124.781 millones de euros) se destina a pagar a los empleados públicos. Y cuyo monto presupuestario evoca a aquella anécdota que recordaba el escritor Valentí Puig a propósito de Estanislao Figueras, fugaz presidente de la I República española. Figueras tenía la costumbre de levantarse a las cinco de la mañana para ir a su despacho, pero sus funcionarios le hicieron saber que se equivocaba si pretendía hacerlos madrugar: sólo iba a conseguir que se acostasen más tarde.

Política de prioridades
Acierta, por lo tanto, el nuevo Gobierno cuando sitúa el gasto público entre sus prioridades, pero se equivoca cuando esboza una estrategia de política económica que por el momento ningunea los problemas del sector privado de la economía, cuyo peso e importancia en términos de PIB es sustancialmente mayor.

A veces se olvida que el gasto en consumo final de todas las administraciones públicas representa desde el lado de la demanda apenas el 20% del Producto Interior Bruto, lo que significa que el 80% restante tiene que ver con las actuaciones del sector privado. Es ahí dónde debe actuar el Gobierno, y aunque el periodo transcurrido es mínimo, se echa ya en falta alguna medida elocuente -de esas que les gusta a hacer a los Gobiernos novicios en el primer Consejo de Ministros- capaz de insuflar ánimos en las maltrechas economías de familias y empresas.

Defender la alegría del sector privado frente a los ingenuos y a los canallas, como decía Benedetti, debe ser, por lo tanto, la estrategia inmediata del nuevo Gobierno, para lo cual es necesario regenerar el desnutrido tejido productivo español. Entre los muchos errores de política económica de la ‘era Zapatero’ se encuentra, sin lugar a dudas, el no haber previsto un verdadero cordón sanitario entre el sector público y el privado, lo cual ha acabado por contaminar el conjunto de la actividad económica. Si el Estado hubiera tenido al día las cuentas con muchas empresas privadas, es probable que la economía española hubiera transitado por derroteros infinitamente mejores. No ha sido así y al final la metástasis se ha propagado por todo el cuerpo económico.

Lo sucedido era probablemente inevitable habida cuenta de que históricamente este país ha sido incapaz de crear un sistema económico privado al margen del sector público, sin duda relevante a la hora de asignar los recursos de manera eficiente en sanidad, educación o infraestructuras; pero con un campo de actuación necesariamente restringido cuando ahoga la iniciativa privada y la convierte en un mero apéndice de sus actividades.

Subvenciones multimillonarias
Si algo ha quedado claro en esta crisis -y ahí está el caso de Alemania o, incluso Italia para demostrarlo (la mitad de desempleo que España)- es que la recuperación pasa por construir un sector privado sano capaz de sobrevivir a los avatares del público. Y en este sentido, el hecho de que se destine nada menos que el 1,2% del PIB -más de 12.000 millones de euros-a pagar subvenciones solo pone de manifiesto un sistema económico monodependiente del Estado, algo impropio en una economía desarrollada.

No estará de más recordar, en este sentido, lo que ocurrió a mediados del siglo XIX, cuando la atrofia del Estado impidió que España se sumara al proceso de industrialización europeo. El profesor Fontana ha recordado con acierto que las líneas de ferrocarril en Cataluña -durante años la fábrica de España- se hicieron sin subvenciones del Estado y contando esencialmente con el capital local.

Si algo ha quedado claro en esta crisis es que la recuperación pasa por construir un sector privado sano capaz de sobrevivir a los avatares del público

Ante la evidencia, sostiene Fontana, de que la potenciación del mercado interior requería un sistema más eficaz de comunicaciones, la burguesía catalana se embarcó en la aventura de crear una red de ferrocarriles propios que facilitase sus intercambios comerciales con el interior de la península y con Francia, y la inició con la construcción del ferrocarril de Barcelona a Mataró. Para lograr ese objetivo, se movilizaron los recursos de los pequeños ahorradores, campesinos y artesanos, que compraron títulos de renta fija emitidas por la propia compañía.

Esta autonomía del sector privado frente a los poderes públicos (quebrada durante los últimos años de la Restauración con el nacimiento de un proteccionismo atroz y contraproducente) puso los cimientos de la industrialización catalana y sus avances en términos de renta frente al resto del Estado. Y refleja que ese es el camino más directo para salir la crisis: construir un aparato productivo privado al margen de la soba boba de los poderes públicos, sin duda el plato preferido de buena parte del empresariado español, acostumbrado a vivir intramuros del Estado.

Con mucha más gracia, el cronista parlamentario W. Fernández Flórez escribió un artículo en 1921 titulado ‘El Arancel’ en el que un personaje llamado ‘industria nacional’ aparecía ante los lectores agarrado a los maternales faldones de las casacas de los ministros. La criatura, decía el cronista, se cría “débil, raquítica, caprichosa y llorona”, como si fuese un niño mimado, de modo que ‘la solución no está en proteger la industria nacional, siempre mendicante del favor arancelario, sino en proteger a los ciudadanos contra la industria”.

Rajoy y San Pedro
José María Gay de Liébana www.gaceta.es  8 Enero 2012

Al dictado de Alemania y al calor de las expectativas de los mercados, se suben los impuestos.

Mal vamos cuando mal empezamos. De repente, la tarde del pasado 30 de diciembre nuestras ilusiones se hicieron trizas. ¿Cuántas veces Mariano Rajoy, líder de la oposición, había jurado y perjurado que si gobernaba no se subirían los impuestos porque las maltrechas economías familiares no estaban en condiciones de soportar mayores sacrificios tributarios? Dicho y no hecho. Al dictado de las instrucciones alemanas y al calor de las expectativas de los mercados, se suben los impuestos. ¡Olé!

La atmósfera de La Moncloa desprende un tufo genuino. Uno negaba, por activa y pasiva, la crisis mientras las finanzas y las cuentas públicas hacían aguas por todos sus poros cosechando un déficit entre 2008 y 2011 de 340.722 millones de euros (57 billones de las extintas pesetas); la economía española más que paralizarse se mueve cual cangrejo con un PIB en retroceso; millones de españoles se ven expulsados hacia el paro; cientos de miles de empresas cierran, y nuestro sistema financiero, “el más sólido del mundo”, entra en fase de reordenación y se recapitaliza dando bonus a los malus, lógicamente con dinero de nuestros impuestos. Entretanto, el endeudamiento de España alcanza los 4,2 billones de euros, es decir, el 396% del PIB de 2010, que no llegó a 1,1 billones. La España de Zapatero. Con una deuda pública viva de 863.826 millones de euros (144 billones de las extintas pesetas). ¿A base de subidas de impuestos, castigando a la ciudadanía, pagaremos esos 144 billones de las extintas pesetas?


Que el déficit esperado para 2011 sea del 8% deja indiferente al respetable. Que se diga que será de 80.000 millones de euros, implica poner cara de póquer. Pero si alguien dijera que 80.000 millones de más gastos públicos que ingresos suponen más de 13 billones de las extintas pesetas, la indignación clama al cielo. ¿Eran ignotos, días atrás, los ahora gobernantes del PP de que una cosa era el déficit que Zapatero y sus mujeres decían que sería y otra muy distinta lo que acabaría siendo?

Aumentar el Impuesto sobre la Renta, como se ha hecho, desanima a la ciudadanía a la par que reviste una especial gravedad que recuerda a aquellos años de demonios fiscales azuzados por los latigazos del inefable Josep Borrell. En tanto en cuanto los impuestos directos graven capacidades económicas, son procedentes. Improcedentes son los impuestos que sangran al contribuyente, confiscatorios, tal cual sucede en 2012 con el IRPF. Peor, desde luego, no lo podía hacer el Gobierno de Rajoy con ese brillante equipo económico que, de momento, nos está tomando el pelo. En Cataluña, donde por añadidura tenemos un Gobierno errático de la mano de Artur Mas, con una improvisación financiera descarada, siempre luciendo la excusa, que suena ya a incapacidad gubernamental, del déficit fiscal, el IRPF grava a partir de los 120.000 euros a un tipo del 51%, por encima de los 175.000 euros en un 55% y para rentas superiores a los 300.000 euros la tributación pasa a ser del 56%. ¡Olé!

Embrollados en el juego de las tomaduras de pelo, el nuevo Gobierno incumple otra promesa: suprimir el resucitado Impuesto sobre el Patrimonio. En Cataluña, el coste de este impuesto puede ser dinamita pura. ¿Dónde quedan las promesas del IVA para las pymes? Continuaremos…

*José María Gay de Liébana es profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Barcelona.

Un Gobierno instalado en el eclipse
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital  8 Enero 2012

Reconozco que el nuevo Gobierno me tiene boquiabierto o, según la célebre expresión de Dinio, confundido. Ha hecho cosas horribles, como nombrar ministro de Justicia a Gallardón, el tío que más ha humillado y manipulado la Administración de Justicia contra un periodista que, por casualidad, era yo; pero, ojo, no era su primera puñalada desde los juzgados a la libertad de expresión. De hecho, su carrera política comenzó secuestrando dos veces Cambio 16 por publicar que un guardaespaldas de Fraga estaba buscado por pertenecer a la Triple A argentina. Tampoco cabe olvidar las campañas calumniosas de Cobo, o sea, de ARG, contra Aguirre, lo del espionaje de pega, la gestapillo de broma y las traiciones sin gracia a Mariano, como a Aznar antes y siempre, hasta que después de la derrota por la mínima de 2008 Rajoy se gallardonizó o lo fingió. Pero como en El Linchamiento hay muchas páginas dedicadas a esas y otras fechorías, a ellas me remito.

Por supuesto, si Gallardón lo hiciera bien como ministro, es decir, si cambiara por completo, lo aplaudiré, y por tres motivos: en primer lugar, porque nada necesita más España que una Justicia despolitizada e independiente, tarea que sólo puede emprenderse a fondo desde el Gobierno; en segundo lugar, porque a nadie querría parecerme menos que a ese Tiberio de la política y Nerón de la economía; y en tercer lugar, porque sería un placer elogiarlo con motivo y quedar como un señor. Lo tercero y lo segundo me importan poco. Lo primero, todo. Pero, de momento, Ambiciones no me ha permitido el placer de alabarlo. Sea porque Rajoy lo ha sometido a dieta de esclavitud moral, sea por el síndrome de deprivación mediática que aqueja a los pupilos prisaicos, lo único que ha anunciado Gallardón es que pretende que los tribunales funcionen en agosto. Donosa ocurrencia que ha dado para un día de titulares y que no creo que tenga detrás una idea o un proyecto serio. Yo me conformaría con que los juzgados funcionaran mejor diez meses, e incluso ocho, pero, por supuesto, me encantarían ver a la Justicia trabajando doce meses al año y, si es preciso, en turnos de mañana, tarde y noche... Falta que ARG nos diga cómo hacerlo sin multiplicar plantillas y gastos, porque un ministerio no es como un Ayuntamiento, que lo aguanta casi todo. Pero, insisto, si en Justicia, clave de cualquier cambio, Gallardón acierta, lo aplaudiré encantado. ¡Qué digo aplaudir! ¡Lo ovacionaré!

En realidad, estas Navidades he tenido que entrenar en el deporte del elogio. Un día, va y leo que han nombrado Fiscal General del Estado a Eduardo Torres-Dulce, sucesor –y negador– de Cándido (El Malo) Conde Pumpido, que entre sus muchas fechorías perpetró la de perseguir a nuestro cowboy de medianoche. De no leerlo en LD, no creerlo. Pero no ha sido la única grata sorpresa: en Interior, Fernández Díaz ha puesto al frente de la Policía a Ignacio Cosidó, veterano colaborador de LD y látigo de faisanes (al menos –pensé, egoísta– la Fiscalía y la Policía no me perseguirán tanto). Y más aguinaldos: García Margallo, habitual colaborador prisaico, ficha a María Claver, colaboradora de César, para Comunicación y Diplomacia, valga la redundancia. Y además, al que fue hombre de Aznar en Cuba. Más nombramientos dignos de elogio: los equipos de Economía, Hacienda y la Oficina Presupuestaria, por lo que cuentan mis recartes y cabrillos, son de primerísima; por ejemplo, los Nadal. Sólo falta que a José María Marco lo hagan algo Lasalle o Martínez Castro y que el grupo Libertad Digital siga siendo bodega de altos cargos, porque seguro que serán buenos; si no para nosotros, para nuestra amada y arruinada Nación. Y hay cantera de sobra.

Lo que no entiendo de este Gobierno, con gente indeseable pero también con mucha gente respetable, es que haya elegido gobernar poco; y lo poco, contra sus votantes; y además, instalarse en el eclipse informativo. Lo primero y único que ha hecho Rajoy en público es recitar en un minuto y cuarenta segundos el nuevo Gobierno y, según dice la Vice, desaparecer del Congreso cinco semanas. Subir salvajemente los impuestos y no ir a las Cortes para explicarlo me humilla como ciudadano, me ofende como periodista y, sobre desagradable, me parece incomprensible.

El pasado jueves, seguí atentamente la rueda de prensa de la Portavoz y Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que, por acumulación de poder real, es más Vicetodo que cualquier Vice anterior, incluido Alfonso Guerra. Me interesaba, sobre todo, ver cómo explicaba el cambiazo en materia fiscal y económica; y también cómo escenificaba la estructura real de poder en el ámbito de las decisiones económicas. Explicar, no explicó nada, pero escenificar, lo escenificó absolutamente todo. Nunca un Dos se ha parecido tanto a un Uno. Recuérdese que el desvergonzado demagogo sevillano –me refiero esta vez a Guerra– tenía en Miguel Boyer no sólo a un virrey omnipotente en lo económico, sino en el codiciado puesto de hurí favorita del califa González. Ahora bien, cuando estalló la guerra, triunfó lo institucional –la legítima, decía Pedro J.– y Boyer se fue por lo de la Preysler y, sobre todo, porque Felipe no lo hizo Vicepresidente. Sin embargo, Guerra no triunfó del todo, porque nadie puede hacerlo teniendo a un césar por encima y Tigrekán II era mucho césar. Mariano Rubio y Solchaga, con el respaldo de Polanco, mantuvieron la economía a salvo del guerrismo. Y cuando Solchaga se desplomó en la Bolsa de Ibercorp tras arruinarnos en su campaña presidencial, Solbes fue un mero apósito, una simple cataplasma. Cuando se repitió el vendaje pasó lo sépticamente previsible: la herida se infectó. Y así estamos.

Con Aznar llegó Rato, cuyo poder –magnificado en el tiempo– era grande pero no autónomo, porque se limitaba al que le concedía Aznar. Barea primero y Montoro después frenaron la expansión natural de un político nato, o sea, con pocos escrúpulos y mucho talento. Pero, ay, como Solchaga y a lomos de la virtuosa salida de Aznar, financió su campaña presidencial con las reformas que dejó por hacer. Tampoco Aznar estaba ya para otra cosa que levantar su pedestal y bruñir su efigie, así que la economía quedó en las manos a que ha vuelto: las de Montoro. Que, pese a su aspecto de ingenuo profesor, ha acreditado astucia política para enterrar a cualquiera. Temo que a Guindos lo haya enterrado ya.

El problema es que el Santo Temor al Déficit de nuestros bisabuelos liberales, que sin duda padece Montoro, es menos vehemente que el temor a la defenestración. Y como Rajoy ha asumido de hecho la Vicepresidencia Económica, para ocultar el vacío en la despensa ha decidido llenarla de ratones. Ante un problema de tesorería, que es lo más verosímil, ha recurrido a lo más fácil: subir los impuestos directos, sobre el poco trabajo y el escaso capital, más incluso de lo que proponían los comunistas de IU. Malo es que el PP traicione su programa electoral. Horrible es que no crea en lo que en tiempos de Aznar, no tan lejanos y no menos montorizados, ya ha demostrado su eficacia: recortar el gasto público y bajar los impuestos. Sin embargo, uno tiene la impresión de que Montoro actúa como tesorero electoral de Arenas más que como el Don Cicuta del derroche de dinero público en las tres administraciones del Estado, casi todas en manos del PP. Y algo más que la impresión: la convicción de que Rajoy ha decidido pasar a la reserva o eclipsarse por completo sin explicar las razones que le han llevado a cambiar radicalmente su programa económico, que, por otra parte, es el del PP de toda la vida.

Ver un país que, como España, está al borde de la quiebra pero cuya casta política es incapaz de cerrar el infinito despilfarro de las televisiones públicas, pese a haber forjado en los años de ZP un duopolio televisivo que es incompatible con el pluralismo ideológico y la competencia empresarial, deprime a cualquiera. Que ni siquiera cuando perpetran una subida fiscal tan salvaje tengan la urbanidad de explicarla en las Cortes, ofende a todos. Y que la explicación de la Vicepresidenta sea que, puesto que el déficit es mayor que el que decía el PSOE (algo que se ha cansado de repetir el PP), hay que ser más de izquierdas que los de izquierdas y subir los impuestos directos a los ciudadanos –no los indirectos– manteniendo básicamente el gasto público, sólo demuestra que el Gobierno no tiene argumentos para hacer lo que hace, que es deshacer lo que iba a hacer. Y se le votó para eso.

Uno tiene la vieja impresión de que Mariano se aburre de nosotros. Y de Luis de Guindos. Y de su programa. Y de la obligación del Gobierno en un régimen democrático o que aspire a serlo de explicar sus decisiones. El eclipse de un líder omnímodo –el Gobierno demuestra hasta qué punto lo es Rajoy– acrecienta la sensación de Poder y seguramente su disfrute, pero no suple unas decisiones políticas que, además de decorosa y pulcramente democráticas, tienen que ser eficaces. Las que hasta ahora han tomado en Moncloa no son una cosa ni la otra. Son –o parecen– improvisaciones para salir del paso, no pasos en alguna dirección. Salvo, quizás, Despeñaperros. Y no es seguro que lleguen a Bailén.

El sur de Cataluña
XAVIER PERICAY ABC Cataluña  8 Enero 2012

Por más que el nacionalismo de por aquí, en cualquiera de sus múltiples variantes, haya convertido a Madrid en el culpable de cuantos males aquejan a los pobres y desdichados catalanes, el verdadero chivo expiatorio, el que recibe los insultos y las pedradas de nuestros almogávares —quizá porque siempre es más fácil tomarla con el débil que con el fuerte—, no es Madrid; son Andalucía y Extremadura. En efecto, ¿qué sería de la Cataluña nación sin el sur? ¿Qué sería de la clase política catalana si no hubiera hecho de la inmigración —del fenómeno inmigratorio, como gustan decir los profesionales de la cosa, tal que si se tratara de un personaje de feria— el eje de sus discursos?

Y, si no, que se lo pregunten a Jordi Pujol, que en 1976 escribía —en catalán, claro—: «El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido (…) Si por la fuerza del número llegara a dominar, sin antes haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña». O a Heribert Barrera, que amplió incluso el abanico y metió en este sur a todo el que no fuera catalanohablante, viniese de donde viniese. O a Josep Antoni Duran Lleida, que la emprendió en la última campaña electoral con los jornaleros andaluces y extremeños, a los que afeó su alcoholismo subsidiario.

Pero, junto a esas puyas racistoides, nuestros políticos —y en especial los de izquierda— han practicado, con respecto al sur, un doble lenguaje acaso mucho más deleznable. Por un lado, aceptación del peaje identitario, concretado en la imposición del catalán como única lengua institucional. Por otro, reivindicación de unos orígenes sureños, de primera, segunda o tercera generación. Primero fue el mudo Montilla, descubriendo que había nacido en Iznájar (Córdoba). Y ahora la gárrula Chacón, yéndose a Olula del Río (Almería), pueblo natal de su padre, a ofrecerse como candidata a la secretaría general del PSOE. ¡Ah, si el sur no existiera!

El polvorín iraní y la guerra “inminente” en Oriente Medio
Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita*. El Confidencial  8 Enero 2012

Al calor de la última escalada de tensión entre Irán y Estados Unidos, con motivo de las maniobras militares del primero en el Estrecho de Ormuz a principios de enero, muchos hablan ya de la nueva guerra “inminente” en Oriente Medio. Se trata del último eslabón de una cadena de acusaciones recíprocas, tendentes siempre a imputar al otro la máxima responsabilidad en el estado de tensión y desestabilización permanentes en que vive sumida la región desde hace años.

La República Islámica ha afirmado que actuará con contundencia ante cualquier provocación de la Armada estadounidense, cuyos barcos transitan libremente por las aguas del Golfo Pérsico. La amenaza incluye el cierre del estrecho en cuestión, un conducto marítimo de gran importancia para el tráfico petrolífero mundial que, en su tramo menos extenso entre las costas de Irán y Omán, no supera los 40 kilómetros y supone la puerta de entrada a los principales yacimientos del planeta. El motivo aparente que ha provocado la reacción airada de Teherán es la “presencia hostil” de los navíos estadounidenses mientras las maniobras se llevaban a cabo y el anuncio de nuevas sanciones económicas por parte de los países occidentales, entre las cuales destaca la decisión europea de anular sus importaciones de crudo iraní.

Esta medida, que comenzaría a aplicarse dentro de unos meses como muy pronto, supondría un durísimo golpe para la economía de Irán, dependiente de los hidrocarburos, y agravaría su vinculación necesaria con clientes preferentes como China. Pero, en realidad, la polémica suscitada en torno a las citadas maniobras refleja la percepción de los dirigentes iraníes de que se está perfilando ya una campaña militar que cuenta incluso con un calendario y plan de acción definidos. Por lo tanto, en cierta manera, Teherán está dando a entender que está preparada para la guerra y que no está dispuesta a ver cómo las sanciones, embargos y presiones diplomáticas debilitan progresivamente su capacidad operativa como potencia regional. Que las conminaciones de sus responsables militares expresen, en el fondo, una opción de fuerza o, más bien, constituyan una muestra de debilidad, como insiste la diplomacia de Washington, es algo que está por ver. Sí es indudable que, a la vista de la situación convulsa en que se halla sumida la zona -y la crisis económica mundial-, con revueltas populares en Siria y Yemen, el rebrote de la violencia sectaria en Iraq, las incertidumbres de la transición egipcia, el oscuro panorama del futuro afgano y las disfunciones orgánicas del Estado paquistaní, una operación bélica en Irán produciría, además de la tan pocas veces tenida en cuenta sangría de vidas humanas, una convulsión global.

La polémica suscitada en torno a las citadas maniobras refleja la percepción de los dirigentes iraníes de que se está perfilando ya una campaña militar que cuenta incluso con un calendario y plan de acción definidos

La irritación iraní ante las idas y venidas de los buques de guerra de Estados Unidos por el Golfo no es, por supuesto, novedosa; pero sí la visceralidad de su postura actual y la contundencia del mensaje: somos capaces de cerrar el Estrecho de Ormuz y evitar el tránsito del 40% de los envíos de crudo diarios del planeta. Ya se había amenazado con anterioridad con hacer eso mismo, si bien, ni siquiera durante los peores años de la guerra con Iraq (1980-1988) se había cumplido. Las maniobras, llamadas Velayet 90, tenían por objetivo “reforzar la seguridad del Golfo Pérsico” y demostrar que, en un plazo razonable de tiempo, el Ejército iraní puede bloquear el tráfico marítimo y, de paso, controlar de cerca a la flota de EEUU. El hecho de que hayan anunciado nuevos ejercicios navales para finales de este mismo mes certifica el empeño de Teherán de recalcar dos prioridades: la continuidad de su programa nuclear, pacífico según sus declaraciones, bélico a decir de sus detractores, y, en especial, la negativa a nuevas medidas de castigo económicas.

El crudo iraní que devora China
De hecho, los mandatarios iraníes han asociado el posible cierre del estrecho a nuevas prohibiciones a la exportación de crudo iraní. Las sanciones, hasta ahora, han perjudicado de manera notable la producción industrial y las finanzas iraníes: la escasez de la tecnología y los repuestos necesarios para mantener y modernizar la maquinaria de los hidrocarburos, así como las restricciones a los movimientos de capital iraní, han propiciado la devaluación constante del tomán, moneda nacional, la carestía de precios y el descenso del nivel de vida. Como hemos señalado ya, el veto a las exportaciones petrolíferas por parte de la Unión Europea (segundo importador), unidas a una imposible colusión de Japón y Corea del Sur (cuarto y quinto importadores respectivamente), agravaría las penurias de la República Islámica a la hora de obtener liquidez. Además, el cerco cada vez más estrecho ejercido por Estados Unidos, cuyo presidente aprobó recientemente más constricciones contra el Banco Central de Irán y presiona a una hasta ahora reluctante China -primer cliente comercial de Irán, con una quinta parte de los aproximadamente 2,5 millones de barriles diarios- para quese sume al boicot. Otros, como India, su tercer mejor cliente, afrontan cada vez más dificultades para efectuar el pago de sus importaciones, debido a las penalizaciones impuestas a los bancos que realicen transacciones con el Central iraní. Los dirigentes indios han confirmado su deseo de seguir importando crudo iraní pero, por si acaso, buscan proveedores alternativos.

Un inconveniente añadido para Teherán es que su otro gran valedor internacional junto con China, Rusia, es el segundo productor mundial de petróleo y poco puede ayudar en este sentido. Sí a la hora de paralizar cualquier proyecto bélico en Naciones Unidas y neutralizar las presiones que pudieran ejercerse sobre terceros países para sumarse a un plan agresivo con respecto a Irán; pero la experiencia ha demostrado que, cuando Occidente se propone llevar a cabo una acción de guerra, los rusos y los chinos poco han podido o querido hacer para impedirla. Hoy, las razones que han retrasado el inicio de las hostilidades contra la República Islámica no tienen tanto que ver con el orden internacional como con las penurias financieras de la Unión Europea y Estados Unidos, y las peligrosas implicaciones geoestratégicas de un nuevo conflicto bélico en Oriente Medio, en esta ocasión ante un enemigo temible, dotado de muchos más recursos que el Iraq de Saddam Husein y el Afganistán de los talibanes. Con todo, quién sabe si los impedimentos de cariz económico no terminarán constituyendo al final, precisamente por eso mismo, un acicate más para lanzar una guerra con la que supuestamente reactivar la economía occidental (o, al menos, reactivar la industria armamentística y justificar mayores flujos de capital desde las ricas monarquías árabes del Golfo). Lo que sí resulta evidente es que Washington está adoptando los pasos precisos para reducir al máximo el impacto en el ámbito geoestratégico de una escalada militar contra Teherán. Y ésta lo ha percibido con nitidez; de ahí su nerviosismo.

Sobre esto último, no hacen falta alardes de clarividencia para comprobar, junto con los responsables iraníes, que algo se “cuece”, pues, en gran medida, se están produciendo los movimientos regionales que todos sabíamos debían preceder un proyecto de este tipo. En primer lugar: los iraníes sabían que ningún ataque contra su soberanía nacional habría de tener lugar hallándose Iraq ocupado por decenas de miles de soldados estadounidenses. Estos se convertirían en una especie de rehenes de los numerosos aliados, Gobierno incluido, de los iraníes en la antigua Mesopotamia y compondrían una retaguardia de muy difícil manejo. Con la retirada, completada en 2011, de los efectivos militares de Washington -pero el mantenimiento de su capacidad operativa en el país y la consagración de su “búnker” de inteligencia en la sede de la embajada en Bagdad- este inconveniente queda superado. Los iraníes sabían también que la inestabilidad crónica en Afganistán, donde las tropas internacionales sufren bajas diarias en una guerra de desgaste que nunca podrán ganar, impide cerrar de forma hermética la frontera oriental iraní. Ahora, el reconocimiento de que se puede negociar con los talibanes, tras años de considerarlos “terroristas”, y el visto bueno de Washington a la apertura de una oficina del movimiento en Qatar, confirman el deseo de aquel de alisar la espiral afgana, aun de manera provisional, en vísperas de la salida de las tropas de ocupación estadounidenses antes de fin de año.

El guión prebélico
Al mismo tiempo, para justificar una posible participación de países árabes en la empresa -o su neutralidad cuando menos- se ha puesto en marcha, una vez más, una ronda de contactos entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel, en Jordania. Se pretende así impulsar las llamadas negociaciones de paz, a pesar de que el gobierno de Benjamin Netanyahu, uno de los principales partidarios de un castigo militar contra Irán, no ha revisado siquiera su política de asentamientos y expansión territorial en la Palestina ocupada. También, Washington trata de que las cosas no excedan un nivel de tensión asumible en Pakistán, que corre serio peligro de convertirse en un estado fallido de pleno derecho, y hace todo lo posible por reducir una deriva antiestadounidense en aquellos países árabes donde las revueltas populares han derrocado a presidentes dictatoriales, como en Egipto, a la par que coordina con los Estados aliados políticas de contención, basadas en tímidas aperturas y amagos democráticos, para evitar el contagio revolucionario. En consecuencia, el guión prebélico queda bien dibujado: aparente normalidad en el entorno continental iraní, una economía asfixiada, con un liderazgo político cada vez más nervioso, y la fortaleza de los dispositivos militares estadounidenses en el área.

Desde sus bases en Kuwait, Bahréin, Qatar y Omán, más los efectivos franceses en Emiratos y Yibuti, Occidente puede neutralizar la operatividad de los iraníes en aguas del Golfo. A todo esto se une la animadversión de las monarquías árabes a la República Islámica, las cuales se andan con cada vez menos sutilezas a la hora de pedir o exigir incluso una acción de guerra. Para algunos, como el rey de Bahréin o el emir kuwaití, los iraníes están detrás de los movimientos políticos opositores y las supuestas conspiraciones externas. Más de un Estado árabe del Golfo ha tomado medidas contra diplomáticos iraníes y ha anunciado la desarticulación de supuestas redes de espionaje, hasta el punto de que el vocabulario local se ha convertido ya en usual la referencia a la “injerencia de un país vecino” siempre que ocurre algo inusual, caso de las recientes manifestaciones en las provincias de mayoría chií en Arabia Saudí. Para ésta y el resto, el programa nuclear de Teherán y su expansión regional, propiciada, aunque parezca paradójico, por la ocupación estadounidense de Iraq, constituyen un problema de primer orden, entre otras cosas por el influjo ideológico que pueda ejercer la República Islámica en las poblaciones chiíes de la Península Arábiga.

Quién sabe si los impedimentos de cariz económico no terminarán constituyendo al final un acicate más para lanzar una guerra con la que supuestamente reactivar la economía occidental (o, al menos, reactivar la industria armamentística y justificar mayores flujos de capital desde las ricas monarquías árabes del Golfo)

Episodios recientes, como la reacción oficial saudí ante el oscuro compló de agentes iraníes para asesinar a su embajador en Estados Unidos o el incremento de las importaciones de armamento y alta tecnología de guerra por parte de las petromonarquías -unos 130.000 millones de dólares en los últimos años- hacen pensar a Teherán que los saudíes y compañía también están dispuestos a colaborar, no sólo con dinero o aumentando su producción de crudo, en la hipotética campaña. Por ello, el mensaje de las maniobras navales va también dirigido a ellas, así como los anuncios apocalípticos sobre una escalada sideral de los precios del petróleo (hasta los 250 dólares en caso de conflicto). En verdad, Teherán precisa de barriles caros para costear su precariedad financiera pero sabe que los vecinos árabes, en primer lugar Arabia Saudí, pueden hacer de contrabalanza para conseguir exactamente lo contrario. No extrañe pues que desde sectores de la Península Arábiga se haya acusado a Teherán de fomentar toda esta polémica en torno a las maniobras para, de paso, hacer que el crudo cueste más.

Irán está haciendo gala, frente a todas estas evidencias, de una crispación inusual en una diplomacia acostumbrada a una política de irradiación continuada pero precavida y soterrada. La ocupación de la embajada británica en noviembre de 2011 o el anuncio de un proyecto de extracción petrolífera en la zona de Yaraf, territorio fronterizo con Kuwait disputado por ambos países, ilustran, junto con las maniobras militares y las declaraciones incendiarias de sus dirigentes, su propósito de, al menos, diseñar sus propios plazos y obligar a Washington a trastocar los tiempos de sus planes bélicos, si es que existen. Intenta así disponer de alguna baza, pues las buenas cartas comienzan a resultarle escasas: en Siria, la determinación occidental de apretar sin ahogar y esperar la descomposición del régimen de Bachar al-Asad, o como poco la debilitación estructural de su Ejército y protagonismo regional, está desesperando a los iraníes, principales aliados de Damasco, que ven cómo su salida al Mediterráneo se está desmoronando sin que los dirigentes sirios sean capaces de ofrecer más que represión y violencia a las demandas de la población.

En Líbano, Hezbolá está enfangado en las disputas intestinas con sus socios de Gobierno y el grave deterioro de su imagen pública en el país y todo el mundo árabe a resultas de su apoyo incondicional a los dirigentes sirios. En Palestina, Hamás, el otro vértice de esa alianza regional sirio-iraní, mantiene una actitud de cauto distanciamiento respecto de la crisis siria y trata de asegurarse sus propias alternativas. Aun cuando el propio el Guía Supremo, el ayatolá Alí Jameni, acogió las revueltas árabes con entusiasmo, a principios de 2011, el curso de las mismas y la evidencia de que el discurso liberalizador iraní no tiene nada que ver con su política de cerrazón y opresión doméstica han impulsado a numerosos árabes a musulmanes a sospechar que Teherán reniega, tanto como Estados Unidos, máximo valedor de dictaduras y regímenes represivos en la región, de un modelo verdaderamente democrático en Oriente Medio.

Por si no bastara, a las enormes dificultades económicas y geoestratégicas de la República Islámica se unen las desavenencias internas, con un presidente, Ahmad EddínNeyad, enfrentado al Guía Supremo y una lucha velada entre los partidarios de uno y otro por hacerse con el mando del poder y dictar las líneas maestras de una política exterior cada vez más agresiva y menos calculada. Todo sea para desviar, de paso, la atención de las corrientes opositoras en el interior, pero a costa de aportar más argumentos a quienes abogan por la acción militar punitiva y comienzan a acusar, dentro de Estados Unidos, al propio presidente Barack Obama de pusilánime por no atacar ya mismo.

*Ignacio Gutiérrez de Terán Gómez-Benita, profesor de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad Autónoma de Madrid.

Una guerra tal vez inevitable
Editorial www.gaceta.es  8 Enero 2012

Al comenzar 2012 está claro que Irán continuará desarrollando su programa nuclear y su programa de misiles, sin voluntad aparente de superar el fracaso al que llegaron las conversaciones de Ginebra, en diciembre de 2010, y de Estambul, en enero de 2011, con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania.

No hay actor que haya suscitado la posibilidad de que tales encuentros se reanuden, en una coyuntura que no parece muy propicia al registrar la acumulación de las tensiones que surgen de la situación en Siria e Irak, que afectan de manera muy directa a Teherán, como afectan a su régimen las visibles facturas políticas que se identifican con Jamenei y Ahmadineyad.

Tal acumulación hace difícil suponer en el régimen de Teherán una oportunidad para la prudencia y el pragmatismo, provocando por el contrario una radicalización en sus posturas defensivas, con la eventualidad de nuevas sanciones internacionales y, por si fuera poco, con maniobras juzgadas muy alarmantes en las aguas del estrecho de Ormuz.

El ambiente internacional se encuentra tan electrificado en lo que a la cuestión iraní se refiere que cualquier ligera chispa puede generar una temible explosión; no se excluye una acción unilateral de Israel, como tampoco se ignoran las formidables presiones de Arabia Saudí y sus aliados del golfo Pérsico a favor de una intervención que sirva para ajustar cuentas a los odiados chiitas iraníes.

El peligro de la proliferación nuclear que promueve Irán se percibe de manera creciente por buen número de países, no sólo Occidente e Israel, también del golfo Pérsico y Oriente Medio. Hasta ahora la diplomacia, la sanciones y ciertas formas de acción encubierta y diplomacia pública han contribuido a alterar y debilitar el programa nuclear de un régimen odioso cada vez más aislado y que paga costes altísimos por proyectos difícilmente realizables.

Tales formas de presión y persuasión a la larga están resultando eficaces, y por endurecerse pueden serlo más aún, con la finalidad de aliviar a un país con un régimen nefasto y opresor, no sólo por las locuras nucleares que alimenta, también por violar derechos humanos y fomentar el terrorismo.

De una manera solapada quizás la guerra ha comenzado ya, y tal vez la guerra abierta sea inevitable, por la elevadísima paranoia iraní y la indignación generalizada, entre occidentales pero entre árabes también, ante esa contumacia de los clérigos que esperarían en el arma nuclear ver realizada una especie de esperanza mesiánica.

Sin descartar un mal paso, una torpeza, una repetida baladronada, procedentes de un régimen acorralado, que generara una reacción firme por parte de Israel, los saudíes o Estados Unidos, el momento requeriría más bien ponderar respuestas a los gestos provocadores, evitar la escalada militar de consecuencias encadenadas e imprevisibles, acentuar las sanciones como ya ha propuesto el presidente Sarkozy, etcétera, todo ello para pacificar un ambiente internacional tan sobrecargado.

Y para dar oportunidades a esos iraníes que de forma mayoritaria anhelan desembarazarse de los dictadores y los delincuentes en cuyas manos está el país.


******************* Sección "bilingüe" ***********************
Estado de Derecho frente a la provocación.
Vicente A. C. M. Periodista Digital  8 Enero 2012

Supongo que los señores Magistrados del Tribunal Constitucional estarán orgullosos por su legalización de BILDU y por tanto haber propiciado el que tanto esta formación etarra, así como la coalición AMAIUR de la llamada izquierda radical abertzale, hayan llegado a tener representación en el Congreso y campen a sus anchas por las calles de El País Vasco y Navarra. No hay día en que no debamos asistir avergonzados a manifestaciones de estas formaciones donde se pide con todo el descaro "el fin de la venganza y de la represión contra los presos de ETA".

Olvidan estos miserables que lo que ETA ha hecho durante su prolongada etapa terrorista ha sido la represión de las libertades, la extorsión mafiosa y el asesinato por razones meramente políticas, para imponer su socialismo independentista. Estos cínicos sectarios, se atreven a exigir una paz definitiva sin presos ni exiliados. Es decir que sus crímenes queden impunes y que se les concedan beneficios a los que no se han hecho merecedores. Al contrario, equiparan sus cobardes asesinatos, con la actuación del Estado de Derecho que cumple su deber de perseguir a esos terroristas y asesinos, detenerles y ponerles a disposición judicial. Se olvidan de los más de 300.000 exiliados nacidos en el País Vasco y que tuvieron que escapar del acoso, la extorsión y la persecución por parte de esos energúmenos mafiosos.

Una sociedad vasca enferma y podrida que lejos de sentir cualquier remordimiento y culpa por el daño causado, ni pide perdón, ni siente la menos compasión y empatía por esas víctimas de un terrorismo sin sentido y cegado por su obcecación de independencia por la fuerza. Una sociedad en que la hipocresía, la cobardía de un pueblo se hace patente al permitir estas manifestaciones de gentes sin conciencia. Una sociedad despreciada por el resto de los españoles, pero que nunca permitiremos que logren su objetivo de que el terrorismo y la coacción compensan.

Puede que el PSOE, IU y alguna otra fuerza de izquierda radical como ERC, vean con simpatía e incluso compartan las reivindicaciones de estos representantes de los asesinos terroristas. Puede que el último Gobierno de Zapatero haya intentado pactar una vergonzosa rendición del Estado y quiera ahora que el PP y el Gobierno de Rajoy acepten esa herencia y cumplan con los acuerdos bastardos a los que llegaron en reuniones infames que debería llevar a sus intervinientes ante los jueces.

Espero que el PP tenga la decencia de no sentirse obligado a continuar por ese camino enfangado de las cloacas por las que ha llevado el PSOE y Zapatero a España. No hay ningún compromiso que cumplir, ni favores que pagar porque ETA haya dicho que deja de matar si aceptamos sus condiciones. No hay más camino que seguir conla lucha anti terrorista, ilegalizar a estos etarras envalentonados y acabar con ETA mediante su persecución por las FFyCCSE, obligándoles a su rendición incondicional y a que cumplan íntegramente las penas por sus crímenes.

No podemos, ni debemos esperar otra respuesta por parte del PP y de este Gobierno. Aquí no hay ambigüedades ni cálculos electoralistas La inacción solo puede considerarse una traición a las víctimas ya la sociedad española. Seguimos queriendo JUSTICIA.

Haciendo el camino de ETA
Daniel Portero La Razón  8 Enero 2012

Estamos hartos de la izquierda abertzale y de ETA, de sus mentiras, manipulaciones, manifestaciones en las calles de Bilbao o de lo que sea. El objetivo de ETA no sólo trata de acercar a terroristas al País Vasco, sino de equiparar a las víctimas del terrorismo con los muertos de ETA en los enfrentamientos policiales. No sólo consiste en una batalla ideológica, sino en escribir una nueva verdad a golpe de mazazos sangrientos y dolorosos que no serán tiros ni bombas sino equiparaciones de unos con otros. No sólo nos queda la verdad de lo que ocurrió (sangre y dolor), de nuestros muertos asesinados por una bala o bomba, sino la continua estrategia de engaño etarra que siempre hemos soportado sin rechistar porque lo iban dosificando... como los asesinatos, con mucho cuidado y lentitud, porque no querían generar un clamor social que engullera toda su estrategia.

¡Ya basta de engaños y manipulaciones! La manifestación de Bilbao es pura exaltación terrorista y todos los años ha sido estrategia de ETA y su entorno. La exhibición pública de fotos de los asesinos ha sido una absoluta prueba de fuerza contra el Estado de Derecho. La han querido disfrazar con organizadores con nombres distintos a ETA, silenciar ante la Audiencia Nacional con falsas estrategias. Sin embargo, todos los años se convertía en un aquelarre de auténtica humillación a nuestros muertos. Rajoy debe conocer algo muy importante. Las víctimas del terrorismo depositamos nuestra confianza en su Gobierno porque el PP se volcó con nosotros años atrás y nos dio su confianza en que nunca defraudarían a las víctimas del terrorismo ni a sus familiares. Esa promesa se hizo de corazón y no esperamos ni traiciones ni tibiezas por parte de un Ejecutivo nuevo que, hasta el momento, no ha tenido que demostrar nada. Sin embargo, queda mucha legislatura, mucho supuesto «fin de ETA», mucho que demostrar. Sin perdón, sin entrega de armas, sin disolución de la banda terrorista... no hay acercamiento de presos etarras, ni nada que se le parezca. ¡ETA, te toca mover ficha! ¡El Gobierno de Zapatero ya te dio un balón de oxígeno!

Presos y beneficiarios
EDITORIAL El Correo  8 Enero 2012

El número de manifestantes no constituye una razón superior a la legalidad

Las calles más céntricas de Bilbao fueron ayer testigo de la multitudinaria manifestación que, tras el lema 'Egin dezagun bidea', quiso situar a los presos por terrorismo como protagonistas del 'proceso' abierto con el cese definitivo de acciones violentas por parte de ETA y como beneficiarios de la nueva situación. La presencia de sus familiares al inicio de la marcha y las adhesiones solidarias logradas por sus organizadores podían dar a la convocatoria un sentido humanitario respecto a la deseable mejora de las condiciones en las que se cumplen las penas de prisión, incluido el acercamiento a cárceles próximas a sus lugares de origen.

Pero es indudable que, más allá de las reivindicaciones inmediatas de derogación de la 'doctrina Parot' y la excarcelación tanto de los reclusos que hayan cumplido tres cuartas partes de su condena como de aquellos que padezcan enfermedades graves e incurables, la manifestación de ayer fue convocada para exigir que el paso dado «unilateralmente» por ETA sea correspondido por «Madrid y París». La izquierda abertzale y los demás integrantes del Acuerdo de Gernika movilizaron ayer a miles de ciudadanos cuyo número en ningún caso constituye una razón superior a aquella en la que se basan la legislación penal y la penitenciaria, así como las resoluciones judiciales a las que dan pie.

A nadie se le escapa que tras la demanda formal de cambios en la política carcelaria se oculta la pretensión de generar un clima de indulgencia que aliente entre los etarras presos la perspectiva de una amnistía o, cuando menos, de una respuesta colectiva a sus aspiraciones. La exigencia de ETA a sus presos para que no pidan perdón ni se dispongan a reparar el daño causado a la hora de acceder a los beneficios penitenciarios es una muestra elocuente de que para la trama etarra las demandas exteriorizadas ayer constituyen una manera de salvaguardar su propia trayectoria y, para ello, de mantener la cohesión de los reclusos adscritos a su disciplina como la reserva moral que alimenta su particular espiral de justificaciones retrospectivas. Aunque los manifestantes de ayer crean sinceramente que los presos etarras soportan condiciones de excepción, lo verdaderamente excepcional desde el punto de vista del Derecho sería que accedieran a los beneficios penitenciarios sin siquiera solicitarlo individualmente.

El Klan de Bilbao
Luis del Pino Libertad Digital  8 Enero 2012

Editorial del programa Sin Complejos del domingo 8/1/2012: "El Klan de Bilbao"

El término "Ku Klux Klan" no designa a una organización concreta, sino a todo un movimiento, que a lo largo de la Historia de los Estados Unidos ha experimentado diversas encarnaciones y ha presentado características distintas.

El denominado "Primer Klan" fue fundado en 1865 en el sur de Estados Unidos por veteranos de la Confederación, tras la Guerra de Secesión, para luchar contra la emancipación de los negros por medio del terrorismo. El objetivo de sus ataques eran los negros recién liberados de la esclavitud y los blancos que militaban en el Partido Republicano, partidario del abolicionismo. Cinco años después del inicio de las actividades de ese grupo terrorista, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una serie de leyes para defender a los negros y proscribir las actividades del Klan, pero éste continuaría operando de manera clandestina bajo esa y otras denominaciones a lo largo de las siguientes décadas.

Aquella campaña inicial de terror del Ku Klux Klan dio, tristemente, sus frutos, porque para 1877 el Partido Demócrata, contrario a la abolición de la esclavitud, consiguió recuperar el gobierno en todos los estados del Sur, gobiernos que había perdido tras la Guerra de Secesión.

El Klan había sido, en teoría, proscrito, pero en realidad había conseguido un éxito rotundo. Porque es verdad que la esclavitud no volvió a ser implantada, pero el Klan continuó operando y a los negros se los condenó, en los estados sureños, a una condición de ciudadanos de segunda, carentes de derechos laborales, privados en la práctica del derecho a voto, con acceso restringido a la educación, imposibilitados de ocupar buena parte de los puestos en la administración pública y obligados a soportar un régimen de apartheid que quedó incluso reflejado en las denominadas Leyes de Jim Crow.

Oficialmente, el Klan había sido desarticulado, pero en realidad lo que había sucedido es que el Gobierno Federal se había rendido y había entregado el control de casi todo el sur de los Estados Unidos a los miembros y simpatizantes del Klan, que a partir de aquel momento dictaron la política racial como les vino en gana, con el apoyo nada velado de muchos políticos.

Aunque parezca mentira, hasta el propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró que las leyes de segregación racial, recurridas por las organizaciones de defensa de los derechos civiles, eran constitucionales.

A lo largo de 80 años, los negros fueron libres en teoría, pero siervos en la práctica. El Klan continuó operando, a veces de forma totalmente clandestina y a veces de manera más abierta - como en la década de 1920, en la que llegó a contar con 4 millones de miembros en todo el territorio de Estados Unidos y a influir decisivamente sobre la política interna del Partido Demócrata. En 1928, una auténtica multitud de miembros del Ku Klux Klan desfilaba desafiante por las calles de la propia capital de la nación, Washington, con sus vestimentas blancas y sus capuchas, ante la pasividad de las autoridades.

Tendría que llegar la década de 1950 para vivir la desarticulación definitiva del Ku Klux Klan, tras la lucha protagonizada por las organizaciones de defensa de los derechos civiles, cuya figura más prominente es, sin duda, Martin Luther King.

Para entonces, el Klan no era una organización unificada, sino más bien una especie de franquicia utilizada por numerosos grupos autónomos que recrudecieron, en distintas ciudades del Sur, los ataques contra negros y contra activistas de los derechos humanos, muchas veces con el apoyo abierto o en la sombra de los políticos locales. Algunos de los asesinatos del Klan en esa época fueron especialmente crueles, como el ataque con bomba en 1963 contra una iglesia en Birmingham, Alabama, en el que resultaron muertas cuatro niñas negras.

Pero, a diferencia de lo que sucedió con las actividades del "Primer Klan", esta vez la campaña de terror no rindió sus frutos. Es verdad que se calcula que unos cinco millones de negros emigraron hacia los estados del Norte entre 1940 y 1970, en parte huyendo del terror y de la condición de ciudadanos de segunda que en el Sur tenían, pero las autoridades federales terminaron imponiendo con mano de hierro, aunque no sin dificultades, las leyes anti-segregación y los distintos grupos del Klan fueron paulatinamente desarticulados, enjuiciándose y encarcelándose a muchos de sus miembros.

Hoy es noticia en los periódicos la manifestación de los proetarras por las calles de Bilbao en apoyo de los asesinos terroristas. Los amigos del terror se manifiestan hoy libremente en España, con la misma altanería y prepotencia con que el Ku Klux Klan lo hacía en Washington en 1928.

Tal como sucediera con el Klan, los de la capucha son hoy un movimiento triunfante en el País Vasco. Es un movimiento teóricamente ilegal, pero que ha logrado imponer por el terror su política de segregación, ante la inacción del gobierno central.

Hoy, como ayer, vemos a los amigos de los asesinos pavonearse, mientras sus víctimas anteriores o potenciales se ven forzadas a emigrar a otras latitudes.

Hoy, como ayer, los derechos individuales no rigen más que sobre el papel en una parte del territorio español, porque en la práctica la discriminación de una parte de la sociedad se produce de manera cotidiana.

Hoy, como ayer, los supremacistas, los segregacionistas, los racistas, los amigos de los asesinos, controlan la política en una parte del territorio, aunque el gobierno central insista en decir que han sido desarticulados.

Hoy, como ayer, el gobierno central ha entregado un trozo del país a quienes se consideran al margen de la Ley, sin que a nuestros políticos parezca importarles nada la vulneración de los derechos de una parte de la sociedad.

Hoy, como ayer, se acosa impunemente a las personas que se niegan a vivir como ciudadanos de segunda, y a aquellos activistas que osan defender a esas personas.

Hoy, como ayer, los terroristas de antaño se atreven incluso a participar en la política, y encuentran eco en los medios e incluso entre una parte significativa de la población.

Hoy, como ayer, vivimos días tristes, porque triste es todo aquel día en que la injusticia triunfa sobre la Justicia.

Pero hoy, como ayer, la lucha no ha hecho más que empezar. Y los movimientos por los derechos civiles, y los periodistas independientes, seguirán dando la batalla, hasta forzar al gobierno central a cumplir y hacer cumplir la Ley. En todo el territorio.

Y entonces, como sucedió con el Klan, los asesinos y los amigos de los asesinos terminarán sus días entre el desprecio de la sociedad y la cárcel.

Y viendo cómo los españoles, los negros de hoy en el País Vasco, salimos triunfantes en nuestra lucha por la libertad.

En la mani ladran: luego cabalgamos
Rafael García Rico Estrella Digital  8 Enero 2012

La política no es un arte desde hace siglos. Lo fue, quizá, en la Grecia clásica, cuando el conocimiento y la inteligencia de los gobernantes provenían de la sabiduría de Platón o de Aristóteles. Algo ocurrió que tuvo que ver, sin duda, con la codicia y la ambición individual pero también con la estulticia colectiva y lo que en las polis era muestra de entendimiento y de razón, se transformó por dominio de otras artes menos sutiles que las de la retórica o los juegos, las de la guerra, en algo que, desde entonces, nos es tan habitual como insoportable en incomprensibles dosis equilibradas.

No es un recurso a la pedantería hablar de esto, créanme. He leído en “los medios” que los vascos defensores de la estrategia abertzale han salido a la calle a vueltas con el conflicto político. Y uno vuelve necesariamente a mirar a los orígenes para tratar de encontrar, en el talento y en el talante de sus dirigentes, algo que refleje el progreso que desde hace miles de años debería habérsenos procurado por efecto, al menos biológico, de la evolución.

Pues no. Como si se tratara de un inmenso cardumen de atunes, bonitos del norte podrían ser, los adeptos a la estrategia de las pistolas enfundadas se manifiestan ocultando el sino trágico y verdadero de la razón que ha provocado el mapa de complicaciones que todo proceso de paz conlleva.

La cosa es resolver el presidio injusto y el exilio trágico, dicen estos. Y ya está. Y la gloriosa frase de “mover ficha”, inventada seguramente antes, pero recurrente en los tiempos de aquel aznarismo de cuaderno azul y pocas ideas. Dicen los manifestados que los gobiernos francés y español deben dar pasos. Cierto. Camino de los zulos y las armerías clandestinas, guiados por los matones entregados, donde se guardan las armas criminales.

Como si todos fuéramos un vulgar hatajo de bobos, que no de ovejas, nuevo símbolo patriótico radical, estos señores de coincidente estética formal – nada que ver con el RH y sí con la compra venta de baratillo- y poca y básica dialéctica, en la que sería imposible reconocer una sílaba de la oración fúnebre de Pericles, primer ciudadano ateniense según nos contó Tucídides, estos tipos ignoran con premeditada maldad que es de sus bocas insidiosas de dónde aún sale la ira humeante que tantas vidas ha segado en este país.

Pero esto son cosas del saber que nada tienen que ver con los módulos de aprendizaje ni los censos vascoparlantes – para tirarse de los pelos o, mejor, tirarles de la lana- que realizan los nuevos funcionarios de la cosa pública que mandan porque los “partidos democráticos” tenían ese día un imponente ataque de ombliguismo, que tendría, por qué no, gracia si no hubiera tanta sangre derramada y no fuera por tanto dolor extendido.

La manifestación y su reclamación ha sido, pues, otro acto que bien hubiera podido recoger Borges en su historia universal de la infamia, dando especial relieve a ese sujeto, el tal Garitano, el pobrecito hablador, con perdón de Larra, y más próximo, aunque no sólo onomatopéyicamente, a Ladra, tercera persona, singular, del presente de indicativo del verbo ladrar, aquí con mayúscula por mor de las circunstancias de la escritura; vamos, de la acción de ladrar, tan común en sus usos sociales en las sectas de ovejas y banderas, pistolas y chiquitos.

Mi desprecio a la manifestación, a sus reivindicaciones y a su interpretación grotesca de la paz lograda con el esfuerzo de los cuerpos de seguridad del estado, la guardia civil, la policía nacional o la gendarmería francesa, jueces y fiscales, hombres y mujeres abatidos por la desolación de décadas y el sufrimiento del miedo, la sangre y la muerte y de muchos ministros del interior, especialmente destacado el Sr. Rubalcaba y francamente olvidable el pariente de Don Marcelino, habitual polemista, mientras los demás iban, íbamos, de funerales.

Así las cosas, ojalá alguno de estos cromañones vea la luz de la inteligencia perdida en aquellos mares griegos y siga la senda del racionalismo y la ilustración, cambie de una vez la pistola por la pluma, entregando de una vez el arsenal, ya consumada su derrota y rendición, y traten de reintegrarse a algún tipo de ikastola donde se enseñen, por ejemplo, los modales básicos, la urbanidad y las buenas maneras de los que ni escupen, ni matan a los que no piensan como ellos. Los otros, los de dentro, según salen del modulo carcelario podrían pasar por un modulo de educación infantil, para aprender a no pegarse por la pelota, y terminar en un modulo de FP, para ver si aprenden un oficio, dan un palo al agua y nos dejan en paz, de una vez y para siempre.

Y de sus estúpidas manifestaciones, por muchos que vayan, yo paso. Me impide prestar más atención la decencia de la memoria de los muertos y la presencia engrandecedora de nuestra democracia que hacen cada día las víctimas, con sus infinitas lecciones de dignidad que igualan en fondo y forma los mejores momentos de la Grecia clásica.

Y sin ir tan lejos: Ladran, luego cabalgamos, del genial español Cervantes.

¿Hay enaltecimiento del terrorismo?
Jorge Urosa La Razón  8 Enero 2012

- ¿Se puede considerar este tipo de manifestaciones como enaltecimiento del terrorismo?
–La frontera entre la libre expresión de ideas y el enaltecimiento del terrorismo, como ha declarado en varias ocasiones el Supremo, es ambigua. En este caso habría que considerar si la manifestación de Bilbao tenía una finalidad de exaltación de los presos y de la actividad terrorista de los mismos como miembros de ETA. Si así fuera, sin duda se podría considerar que la manifestación entra dentro del tipo penal. Existen hechos que la jurisprudencia del Supremo entiende definitivos para encuadrar estas actividades dentro de lo punible penalmente, como son la exhibición de fotos de presos. Si se ha producido, sin duda la conducta sería punible.

- ¿Puede la Justicia actuar de oficio si lo considera un delito?
–La Justicia no sólo puede, sino que debe actuar de oficio, si considera que se ha producido un delito. Es más ya lo ha hecho en otras ocasiones. La Fiscalía de la Audiencia Nacional imputó un delito de enaltecimiento al alcalde de Leitza, Navarra, por una manifestación parecida en la que se exhibieron fotos de presos exaltándolos. El discurso del odio debe y puede castigarse.

- ¿Cuáles serían las penas para los responsables?
–El artículo 578 del Código Penal establece que el enaltecimiento o la justificación por cualquier medio de expresión pública o difusión de los delitos de terrorismo o de quienes hayan participado en su ejecución, o el menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas se castigará con la pena de prisión de uno a dos años.

SE INVESTIGAN UNA VEINTENA DE CASOS POR IRREGULARIDADES
Baleares, el paraíso de la corrupción
@A. G. L http://twitter.com/albertogluna El Confidencial  8 Enero 2012

La lista de casos de corrupción abiertos en el archipiélago más tranquilo del Mediterráneo es cada vez más larga. Tanto, que ya resulta fácil perder la cuenta del número de políticos envueltos en alguna causa. No en vano, la corrupción balear tiene hasta 40 excargos del PP imputados, entre los que se encuentra el que fuera ministro con José María Aznar entre 2000 y 2003, Jaume Matas, que se convierte, por derecho propio, en el denominador común de esta catarata de irregularidades.

La Fiscalía Anticorrupción investiga en Baleares más de una veintena de casos diferentes de supuesta corrupción, la mayoría correspondientes a la legislatura 2003-2007, en la que el PP y Unió Mallorquina (UM) gobernaban en coalición las instituciones de las islas.

Caso Palma Arena
El juez José Castro comenzó a investigar este caso por el sobrecoste en la construcción del velódromo Palma Arena durante el gobierno autonómico de Jaume Matas (PP) de 2003-2007. A partir de ahí, la causa se fue ampliando hasta ramificarse en 26 piezas, entre ellas varias en torno a los incrementos patrimoniales de Matas, una centrada en el Instituto Nóos presidido por Iñaki Urdangarín y otra sobre un proyecto de palacio de la ópera de Santiago Calatrava. El 9 de enero comienza el juicio de la primera pieza, en la que la Fiscalía pide 8 años y medio de cárcel para Matas.

Caso Can Domenge
La expresidenta del Consell de Mallorca Maria Antònia Munar (UM) se enfrenta a 6 años de cárcel por este caso, que se juzgará en la Sección Segunda de la Audiencia de Palma. Trata sobre presuntas irregularidades en la adjudicación de los terrenos de Can Domenge, en Palma. Se inició a raíz de una querella de la constructora Núñez y Navarro ante la decisión del Consell de Mallorca, durante la legislatura 2003-2007, de enajenar el solar para construir viviendas en beneficio de una constructora que ofreció 30 millones frente a los 60 que ofertaron los querellantes.

Caso Scala
Otro de los casos de supuesta corrupción con juicio abierto, que acogerá la Sección Primera de la Audiencia de Palma. En el banquillo se sentará 18 acusados por una supuesta trama de corrupción en el Govern balear durante la legislatura 2003-2007. La Fiscalía reclama 21 años de cárcel por seis delitos para el exconseller de Comercio e Industria en el Govern de Jaume Matas, Josep Juan Cardona, por desviar unos 7 millones de euros públicos.

Caso Bitel
Lo juzgará la Sección Segunda de la Audiencia de Palma durante ocho días, del 20 de febrero al 7 de marzo. La Fiscalía pide penas de cárcel para cinco personas por desviar dinero de la entidad pública autonómica Balears Innovació Telemática S.A. (Bitel) durante la legislatura 2003-2007 de Jaume Matas (PP). Acusa al exgerente de Bitel Damià Vidal de desviar unos 700.000 euros de esta sociedad pública mediante seis métodos diferentes y pide para él 14 años de cárcel.

Caso Maquillaje
Dividido en piezas, una de ellas ya tiene juicio abierto, con una petición fiscal de 6 años de cárcel contra la expresidenta y el exvicepresidente del Consell de Mallorca, Maria Antònia Munar y Miquel Nadal, respectivamente, por malversación, falsedad y prevaricación. Trata sobre irregularidades en contratos y subvenciones a productoras por parte del Consell.

Caso Andratx
Dividido en unas 70 piezas abiertas por corrupción urbanística, varias de las cuales ya han sido juzgadas. Actualmente están en prisión por varias condenas el que fuera director general de Ordenación del Territorio del Govern de Jaume Matas, Jaume Massot, y el ex alcalde de esta localidad mallorquina Eugenio Hidalgo (PP).

Caso Turismo Joven
El caso Turismo Joven conlleva una supuesta malversación de fondos públicos en el Consorcio de Turismo Joven por parte de varios miembros del PP, desde 2004 a 2007. La Fiscalía pide 12 años de cárcel por malversación, prevaricación, falsedad, cohecho y fraude para el ex director general de Juventud de Baleares Juan Francisco Gálvez.

Caso Son Oms
Sin duda uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia reciente de Baleares. Relacionado con supuestos pelotazos urbanísticos en el polígono palmesano del mismo nombre en la década de los años noventa. Dividido en piezas, el ex conseller del Territorio de Mallorca Bartomeu Vicens (UM) está en prisión por una condena a 3 años de una pieza de esta causa.

Caso Peaje
En él se investiga el presunto desvío de dinero destinado de las obras de la carretera de Manacor a obras privadas durante el mandato 2003-2007 del Consell de Mallorca, gobernado por PP y UM. Entre los imputados se encuentran el exvicepresidente del Consell de Mallorca, Antoni Pascual (UM), y el ex director insular de Carreteras, Gonzalo Aguiar, cargo de confianza de UM en la institución.

Caso Bomsai
En él se investigan posibles irregularidades durante la época del gobierno de Jaume Matas en la adjudicación de obras de la empresa pública Caib Patrimonio. Están imputados los ex directores generales de Tributos y de Emergencias, Jorge Saiz de Baranda y Joan Pol, respectivamente.

Caso Voltor
También dividido en piezas, investiga supuestos desvíos de fondos en las legislaturas 2003-2007 y 2007-2011 desde el Instituto de Estrategia Turística (Inestur), organismo dependiente de la Conselleria de Turismo que estaba controlado por UM. Entre los imputados se encuentran el exconseller de Turismo Miquel Nadal (UM) y el expresidente de UM Miquel àngel Flaquer.

Caso Ibatur
Otro caso dividido en partes en el que se indaga un supuesto desvío de dinero público del Instituto Balear de Turismo (Ibatur), controlado por UM. Según la policía, políticos de este partido liderados por Miquel Nadal (exconseller de Turismo) idearon un "entramado delictivo" para sustraer el dinero.

Caso Mar Blau
Investiga la adjudicación de varios concursos por parte de la Autoridad Portuaria de Baleares en la legislatura 2003-2007 de Jaume Matas. Están imputados, entre otros, el expresidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán, el antiguo propietario del grupo Marsans, Gonzalo Pascual, y su hijo homónimo.

Caso Cloaca
En este caso el juez investiga un supuesto desvío de fondos públicos, emisión de facturas falsas y cobro de comisiones en la gestión de la recogida de los residuos urbanos de Mallorca de todos los municipios de la isla, salvo Palma, Calvià y Llucmajor. Están imputados varios empresarios y políticos de UM.

Caso Picnic
Trata sobre una supuesta malversación de fondos municipales en beneficio de UM durante la legislatura 2004-2007 con, entre otras cosas, la contratación de personas con dinero público que realmente trabajaban para el partido. Una comisión judicial registró la sede de UM en la operación policial del caso, lo que desembocó en la desintegración del partido. El juez impuso luego a UM una fianza civil de 1,6 millones.

Caso Sant Elm
Sumario por supuesto desvío irregular de fondos en la legislatura 2003-2007 de la Fundación Illes Baleares que lidera el expresidente del Govern balear Gabriel Cañellas (PP). Esta entidad responsable de la conservación de la torre de Sant Elm cedió su uso en 2006 al Ayuntamiento de Andratx -gobernado entonces por el PP- a cambio de una contraprestación económica cuyo destino se está investigando.

Caso Funeraria Palma
En este caso se investigan presuntas irregularidades económicas cometidas en esta empresa pública durante la legislatura 2003-2007 del PP, como la venta de tumbas, la alteración de facturas e incluso la falsedad de alguna de ellas. Entre los imputados se encuentra Óscar Collado, ex gerente de la Empresa Funeraria Municipal (EFM) de Palma.

Caso Piñata
Caso reabierto en 2010 por la Audiencia de Palma después de su archivo en 2008 por el juez de instrucción en el que está imputada la ex consellera insular de Deportes y Promoción de UM Dolça Mulet y otras once personas. Se investiga desde 2004 y trata sobre unas subvenciones supuestamente irregulares concedidas por el Consell a varias asociaciones vinculadas a UM.

Caso Ossifar
Destapado en agosto de 2011, trata una supuesta trama de corrupción vinculada a la empresa municipal Empresa Municipal de Aguas y Alcantarillado de Palma (Emaya) durante el mandato 2003-2007, cuando estaba controlada por UM.

Caso Relámpago
Causa abierta en 2007 sobre una supuesta trama de blanqueo y defraudación a Hacienda en la que participó el bufete de abogados Feliu de Palma. En ella está imputada la cantante Ana Torroja por una supuesta evasión fiscal.

Caso Rodrigo de Santos
El ex teniente de alcalde popular del Ayuntamiento de Palma Javier Rodrigo de Santos fue condenado a 2 años de cárcel por un presunto delito de malversación de caudales públicos al pagar con la tarjeta del consistorio en clubes de alterne, motivo por el cual el PP le suspendió de militancia. También está condenado a 5 años de cárcel por varios delitos de abusos sexuales a menores y un delito contra la salud pública.

Caso Plan Territorial de Mallorca
Es el único caso investigado por la Fiscalía Anticorrupción que ha sido archivado provisionalmente por el juez. Se abrió en agosto de 2008 e investigaba supuestos "pelotazos" urbanísticos en la isla con plusvalías superiores a los 300 millones de euros.

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