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Recortes de Prensa   Miércoles 8  Febrero 2012

 

Las autonomías como problema
Agustín García Simón * http://www.cuartopoder.es   8 Febrero 2012

Más allá de la preocupación por el drama del paro, que alcanza entre nosotros características de lacra social, se afianza en la opinión pública española, pero sobre todo en la normal conversación de los ciudadanos, el convencimiento de que la corrupción y encanallamiento de la clase política son generalizados; pero, a la vez, se va desvelando con más claridad lo que hasta hace no mucho fue una sospecha contenida: que el Estado de las autonomías está directamente relacionado con lo que de específica tiene aquí la crisis económica internacional y sus particulares secuelas de degradación institucional, social y moral. La ruina que nos embarga, la emigración de nuestros jóvenes, la falta de perspectivas, la desmoralización, la desconfianza y el pesimismo, el hastío y la indiferencia, se producen en un escenario donde la clase política que, en mayor o menor medida, ha detentado el poder en los últimos treinta años se ha convertido en casta partitocrática, gracias en buena parte al diseño aberrante de un Estado que ha concluido por funcionar a día de hoy como diecisiete taifas contemporáneas, con evidente y reiterada conculcación de la Constitución de 1978 y el uso interesado de una ley electoral no sólo gravemente injusta, sino que impide la ventilación necesaria de los partidos en un sistema democrático.

El “café para todos” del presidente Suárez y los entonces bienintencionados políticos de la Transición fue una respuesta tan voluntariosa como ingenua al siempre amenazante problema de los nacionalismos vasco y catalán, como todos los nacionalismos, “un mal en estado puro”, que diría Bertrand Russell. Pero aquella respuesta tan coyuntural y contentadiza que se las prometía muy felices, con visos de futuro descentralizador y armónico de un Estado por fin diverso y solidario, lejos de conseguir ninguna de sus grandes perspectivas ha devenido un “régimen” en sí problemático, ni confederal ni federal, sino asimétrico, es decir, basado en privilegios y distinciones, como en el Antiguo Régimen que derrocó la Revolución francesa, y con un futuro nada halagüeño. Una verdadera involución histórica, si tenemos en cuenta que el principio fundamental de toda democracia contemporánea, luego de las revoluciones liberales del siglo XVIII, se basa en la nación soberana de ciudadanos, con iguales derechos y obligaciones en cualquier parte de su territorio, algo que ha quebrado flagrantemente el Estado autonómico en España que, para colmo, sigue manteniendo como emblema intocable fueros medievales en el País Vasco y Navarra, asunto intolerable en cualquier país políticamente evolucionado.

Todavía más. El balance del régimen autonómico al cabo de más de tres décadas de funcionamiento es preocupantemente negativo. No sólo no ha neutralizado, mucho menos integrado, los nacionalismos vasco y catalán, mientras ha resucitado el, hace tan solo cuarenta años, moribundo nacionalismo gallego, y reavivado toda clase de miméticos y grotescos nacionalismos de campanario (particularismos todos bastante más razonablemente contemplados en la Constitución de 1931 y en sus respectivos Estatutos republicanos), sino que los ha exaltado y dado alas hacia el independentismo económico y político, poniendo en serio riesgo la unidad imprescindible de la hacienda pública y de mercado del conjunto del Estado. Pero sin salir del orden político, el balance del Estado autonómico está inextricablemente unido a evidencias que, de manera general, pueden resumirse en una grave falta de coordinación, vigilancia y preeminencia estatales, descontrol del presupuesto, despilfarro del dinero público y una clamorosa falta de eficacia administrativa, no obstante la multiplicación escandalosa de funcionarios y trabajadores al servicio del sector público; cientos de empresas y fundaciones de nuevo cuño, en fin, tan onerosas como inútiles, que sólo ocultan las grandes pesebreras que el régimen autonómico reserva a un ejército de mediocres paniaguados. Por no entrar en los aspectos culturales, donde el esperpento de la vindicación local y regionalista abochorna; la insensata lucha de las lenguas mete miedo, y la negación y reinvención de la Historia nos devuelve a experiencias temibles de mentalidad política totalitaria. El mito ha sustituido a la historiografía más rigurosa en las regiones donde sufren gobiernos nacionalistas, mientras en el resto se reinventan los localismos más grotescos como antropología de la diferencia, de modo que bien puede decirse con don Miguel de Unamuno que “hacen cuerpos vivos de osamentas”.

Todo ello no sería explicable sin el control y uso políticos del aparato administrativo, algo que recuerda estrechamente el caciquismo de la Restauración. Si sustituimos los caciques de antaño por los representantes del aparato de los partidos actuales, vemos, como en aquel régimen de libertad vigilada, que los políticos autonómicos no necesitan tener excepcionales riquezas ni un poder político o económico extraordinario para hacerse con el poder regional y su disfrute, pero sí les es imprescindible el control de la Administración. Y aquí, ante la mansedumbre de los funcionarios y su mirar para otro lado, en medio de una insultante indiferencia social y la ya tradicional “anemia cívica” española, se ha ido tejiendo la urdimbre del clientelismo y su concomitante conculcación de normas y leyes para, una vez que el partido gobernante asienta su “régimen”, tras un par de legislaturas seguidas, extender la impunidad de las corruptelas en el saqueo del botín público. Así lo estamos viendo, atónitos, en el expolio de la Comunidad valenciana, en la alucinante quiebra de la catalana, o en el increíble patio de Monipodio andaluz, por poner los ejemplos más escandalosos. Ha tenido que sobrevenir una crisis económica brutal, como la que padecemos, para que apartara el trampantojo que ocultaba el delirio autonómico. Ahora la realidad, pese a la obcecación de los que huyen hacia adelante, vuelve a llamar las cosas por su nombre.

Decía Aristóteles que “la corrupción es un cambio que va de alguna cosa al no ser de ella”. Quizá deberíamos preguntarnos si aquí la infección amenaza gangrena del sistema y estar preparados para una regeneración cívica urgente, de modo que se evite tan apestosa coyuntura y la siempre frágil democracia “no sea”.
(*) Agustín García Simón es escritor y editor.

Predicar con el ejemplo
Óscar Rivas. Minuto Digital  8 Febrero 2012

Tras setenta días de gobierno, no podemos negar que el PP ha anunciado medidas de calado político que no nos disgustan. Así, nos satisface la reforma del sistema de elección de los vocales del CGPJ, un primer paso hacia la despolitización de la justicia. Del mismo modo que nos agrada la anunciada reforma de la ley del menor. Al igual que la futura Ley del aborto, en cuya virtud se retornará al modelo de supuestos. En cuanto a la Ley de Transparencia, qué decir de ella; de confirmarse las palabras de Montoro, los gestores políticos que gasten en exceso, deberán asumir responsabilidades penales; lo cual, la verdad sea dicha, no terminamos de creernos.

De materializarse finalmente estos proyectos, sería de obligado cumplimiento felicitar al gobierno de Rajoy. Ahora bien, no dejan de ser declaraciones de intenciones. Si nos atenemos a los hechos, a día de hoy, las medidas implementadas por el gabinete liberal, se reducen a su nada liberal subida de impuestos. La cual es tan solo un anticipo de lo que nos espera en materia económica. Sin ir más lejos, gracias a la indiscreción de una inoportuna cámara televisiva, sabemos que Rajoy da por hecho que la reforma laboral que viene le costará una huelga general, y que muchas de las decisiones que van a tomar “no van a gustar”.

Entra dentro de lo posible que con sus anunciados proyectos, el PP trate de distraer la atención de su electorado, esperando con ello paliar los costes que, intuyen, les supondrá la inevitable implementación de políticas económicas impopulares. Sin embargo, quienes votaron al PP lo hicieron asumiendo que éste habría de tomar medidas difíciles; comprendían que era el precio que habrían de pagar por sacar a España de la depresión a la que le habían abocado los ominosos años de zapaterismo; pero también daban por hecho que, con razones o sin ellas, antes o después, los sindicatos les montarían una huelga. ¿Y qué? Si no fuera por la interesada desvergüenza del PSOE y la congénita estupidez del PP que les sigue subvencionando, los señores de CCOO y UGT estarían friendo espárragos. No nos equivoquemos. El electorado asume que el gobierno tome “medidas difíciles”. Lo que no comprende es que la casta no se aplique el cuento, pues ¿qué medidas difíciles ha tomado consigo misma? ¿Acaso ha reducido algunos de sus múltiples privilegios? Si no hay dinero, ¿por qué no moderan sus salarios, que están muy por encima de la media nacional? ¿Por qué siguen financiando de nuestros bolsillos a parásitos como la CEOE o los sindicatos? Si la crisis es para todos, ¿por qué la cargan únicamente sobre los hombros de la castigada clase media? ¿Por qué no se atreven a tocar las sicav, auténticos paraísos de los ricos? La verdad es que el PP asegura detestar el socialismo, pero sus actitudes no difieren demasiado de aquel. Es esto y no la huelga lo que debería preocupar a Rajoy. Predicar con el ejemplo, lo llaman.

El cuento de los separadores y los separatistas
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  8 Febrero 2012

D e las muchas lecturas que se han hecho estos días sobre el resultado del congreso del PSOE hay una que brilla por su ausencia: la relativa a cómo se han comportado, territorialmente hablando, las delegaciones reunidas en Sevilla en la elección del secretario general.

El asunto ha sido, para decirlo en dos palabras, que la práctica totalidad de esas delegaciones -y, desde luego, todas las cuantitativamente importantes- han acudido divididas al congreso, en algunos casos por mitad, respecto al candidato que iban a votar. Todas, menos una: la catalana. Ha habido, pues, delegados andaluces, extremeños, gallegos, madrileños, canarios, castellanos o aragoneses que han votado por Rubalcaba y que lo han hecho por Chacón, de modo que en la única delegación en donde llamativamente no se ha dado tal pluralidad ha sido en la que enviaba el PSC: nadie, o prácticamente nadie, ha votado a Rubalcaba.

El hecho es más significativo si se tiene en cuenta que Carme Chacón (Carmen no hace tanto) había jugado sin rubor, antes de pensar en otras ambiciones, al catalanismo en el que anda embarcado su partido, catalanismo que se traduce, por ejemplo, en exigir un modelo de financiación que, según palabras de Rubalcaba, resultaría «ruinoso» para otras autonomías; o en reducir la presencia del castellano en las escuelas catalanas a dos horas semanales: menos, desde luego, que el inglés.

Pues bien, para sorpresa de quienes desde Cataluña llevan mucho tiempo jugando irresponsablemente a enfrentar a esa región con las demás, lo cierto es que varios cientos de delegados socialistas, en representación de varios miles de militantes del PSOE, han considerado -como era de esperar- que el hecho de que Chacón fuera catalana no era un impedimento en absoluto para que pudiera ser secretaria de su partido y, después -lo que iba en el paquete-, candidata a la presidencia del Gobierno.

En contraste con ese comportamiento abierto, nada identitario ni sectario, el PSC ha actuado de un modo monolítico, defendiendo la de Chacón como una candidatura catalana y volviendo a amenazar, tras su derrota, con replantear las relaciones entre el PSOE y el PSC. En una palabra: quieren que una de sus militantes mande en el partido y en España? pero quieren ir por libre.

Ese comportamiento constituye toda una metáfora de cómo se entiende desde el socialismo nacionalista catalán su relación con el conjunto de España. Un socialismo que defiende esa memez de que los separatistas los crean unos supuestos separadores españoles que rechazan a Cataluña. Todo es un cuento chino: la simpatía española hacia Cataluña (como hacia Murcia o La Rioja) resulta tan evidente como las prevenciones del llamado catalanismo respecto al resto del país, según ha vuelto a demostrarlo el congreso del PSOE.

La nueva arqueología
andrés freire ABC Galicia  8 Febrero 2012

VARIOS periódicos comentan sorprendidos la próxima publicación de una tesis del joven arqueólogo gallego Xurxo Aldán, con la que rompe los viejos tópicos sobre la prehistoria de nuestra tierra. Los lectores de esta columna estarán menos sorprendidos. Ya hemos explicado aquí esta idea: la Galicia prerromana era heterogénea, y los celtas galaicos, en caso de haberlos, eran minoritarios. Aldán explica también que la Galicia prerromana estaba más avanzada que lo que creíamos —aquí había llegado ya la influencia mediterránea— y que los castreños desarrollaron una arquitectura monumental a la vanguardia de su tiempo.

Algunos diarios muestran cierta sorpresa por la tergiversación que sufren los libros de texto al tratar este tema. Uno de esos periódicos sabe a quién culpar, al inevitable Francisco Franco, que gustaba de imaginar a los gallegos antiguos como altos y rubicundos. Idea absurda, pero tal es la demonología surgida en torno al dictador que ciertas gentes citan su nombre cuando quieren un chivo expiatorio a quien culpar de cualquier cosa. Y es cierto que algunos sectores del franquismo era celtófilos. Frente a esto, hay que recordar que el nacionalismo ha achacado al franquismo lo contrario, querer acabar con el celtismo gallego. Y que, para ello, el régimen se había valido del catedrático de prehistoria en Santiago, Carlos Alonso del Real, camisa vieja de la Falange, y quien, según fama, afirmaba que «en Galicia los únicos celtas que hay son los celtas cortos».

El origen del mito celtista es muy otro, y muy conocido. Los primeros galleguistas, lectores de Gobineau —el creador del «racismo científico»—, querían hacer valer la superioridad racial de los gallegos sobre el resto de España. Galicia pertenecía a la España aria frente a la España semita. Reactualizaban así viejo mito casticista que separaba a las dos Españas: la del norte era cristiana vieja, la del sur estaba repleta de conversos de origen judío y árabe. Por ello, la tradición situaba a los gallegos entre los pueblos «limpios de sangre». Un curioso ejemplo: cuando Góngora visitó Galicia, dejando a su paso poemas satíricos («mozas rollizas de anchos culiseos»), Quevedo, cristiano viejo de origen montañés, sintió la obligación de replicarle «que, como toda (Galicia) es limpieza/ toda junta te dio enfado». Este viejo mito fue modernizado por Murguía y los suyos. El celtismo les sirvió de excusa para justificar la singularidad de Galicia dentro de España. Como dijo Pondal a su acostumbrado modo: «Nos somos dos celtas, vos dos vagos xitanos».

Bienvenida sea pues la tesis de Adán y, sobre todo, la discusión pública al respecto. Y no porque ponga en duda el mito céltico, sino porque sitúa la discusión donde ha de estar: entre arqueólogos, y no entre eruditos y poetas buscando excusas para justificar su racismo.

El deber y la conveniencia contra la tiranía
EDITORIAL Libertad Digital  8 Febrero 2012

A la vista de la brutal represión que está perpetrando el régimen de Bashar al-Asad contra la población civil siria, no faltarán quienes consideren insuficiente la condena pública llevada a cabo por nuestro ministro de Exteriores así como su decisión de llamar a consultas a nuestro embajador en Damasco. Con todo, esta protesta diplomática supone, para empezar, una posición de firmeza similar a la que han adoptado países aliados como Francia, Italia Países Bajos y, antes que ellos, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos.

Con este paso, que no pretende tampoco ser el último, España borra esos rasgos nihilistas y tercermundistas que caracterizaron la política exterior del gobierno de Zapatero y recupera la posición que le corresponde en el escenario internacional, que nunca debió ser otra que ir de la mano de nuestros aliados y retirar todo apoyo y condescendencia a regímenes tiránicos como el de Damasco.

En el caso del brutal y proterrorista régimen sirio se juntan, además, razones tanto morales como geoestratégicas para que occidente contribuya más activamente a su caída. Y es que, si Irán es hoy la mayor amenaza en la zona, el régimen de al-Assad es uno de sus más importantes aliados, entre los que también se encuentran Hezbolá, preponderante en el Líbano, y Hamás, que controla Gaza y amenaza con arrebatar el resto de Palestina a una débil Fatah.

No ignoramos, con todo, el hecho de la presencia de islamistas radicales entre los opositores al régimen sirio; sin embargo, ese riesgo debe llevar a la comunidad internacional a extremar la vigilancia respecto a una futura y deseable transición, no a inhibirse a la hora de contribuir a la misma.

Por todo ello, occidente debería aunar esfuerzos con la Liga Árabe para tratar de que Rusia y China no vuelvan a vetar, tal y como hicieron hace unos días, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exija claramente la remoción del régimen de al-Asad y que contemple otras medidas, como un embargo total de armamento o la ayuda directa a las milicias rebeldes y a la oposición política que alberga Turquía.

Lo que, desde luego, la comunidad internacional no debe ni le conviene permitir es que un tirano, que pretende perpetuarse en el poder masacrando a su propia población, siga apoyando formaciones terroristas fuera de sus fronteras, como es el caso de Hezbolá y Hamás, y sirviéndoles de enlace con un régimen con aspiraciones a tener armamento nuclear como es el de los ayatolás iraníes. Como señalaba Charles Krauthamayer hace unos días en nuestro suplemento de Exteriores, en diplomacia a menudo hay que elegir entre los derechos humanos y el interés estratégico. Éste es uno de esos raros casos en los que podemos apostar por ambos a la vez. No debería ser tan raro.

Un Irán nuclear o un Irán libre
Oscar Elía www.gaceta.es  8 Febrero 2012

El aplastamiento en 2009 de la oposición fue absoluto y brutal

La Primavera Árabe no comenzó en Túnez en 2010, sino en la persa Teherán en 2009, con miles de personas protestando en la calle por el fraude electoral cometido por los de Ahmadineyad. Pero a diferencia de lo sucedido un año después en el Magreb, allí la comunidad internacional abandonó a los disidentes y buscó negociar con los ayatolás. Con Obama anunciando en El Cairo que Estados Unidos ya no se preocuparía de estos asuntos internos, los disidentes iraníes quedaban abandonados a su suerte, como los de medio mundo.

Pero en aquel momento el Occidente pacifista clamaba contra Bush, y premiaba a Obama. ¿Y si este y el resto de aliados occidentales hubiesen afrontado la represión iraní presionando al régimen con firmeza? Esta contracrónica apunta a esa posibilidad: ¿serían las cosas distintas hoy, con la tensión en Oriente Medio por las nubes, si hubiésemos tratado a Ahmadineyad y Khamenei como a Mubarak o Gadafi?

Primero, el aplastamiento en 2009 de la oposición fue tan absoluto y brutal que esta fue barrida del mapa. De haber apoyado entonces a los disidentes material y moralmente, las protestas hubiesen podido sobrevivir, y quizá reproducirse: exactamente como en Siria hoy. El aplastamiento hubiese sido menor, la oposición tendría hoy más posibilidades y el régimen de los ayatolás sería hoy más débil, en el exterior y en el interior.

Segundo, el triunfo de la salvaje represión, legitimó y premió a los más duros del régimen. De haber fracasado la represión por la denuncia internacional –o de no haber triunfado tan rotundamente– tendríamos hoy un régimen obligado a hacer cesiones –como otros, de Marruecos a Jordania– y más abierto a figuras reformistas. Hoy sería más fácil tratar con los más posibilistas que con el radicalismo del búnker que surgió entonces.

Tercero, la represión en Irán creó escuela. El mensaje a los dictadores de la región fue claro: si funcionó allí, ¿por qué no en Libia o Siria? En este último caso, desde hace meses se informa de la presencia de asesores iraníes en las operaciones de castigo. Frente a ello, el aislamiento y las sanciones en 2009 hubiesen transmitido a otros dictadores un mensaje claro sobre las consecuencias de sus actos. Se lo hubiesen pensado dos veces.

Por último, el programa nuclear iraní se basa en los principios de un régimen que aspira desde 1979 a ser la vanguardia del mundo musulmán contra Occidente. La única forma de acabar de verdad con un Irán nuclear es un cambio de régimen que expulse el supremacismo jomeinista del poder. Y esto sólo es posible desde dentro, alimentando, coordinando y reconociendo a las fuerzas más o menos liberales. De haberse impulsado la disidencia en el interior del país, el fin del régimen y con él de su programa nuclear estarían hoy más cerca.

Pero en vez de apoyar a los disidentes y combatir al régimen, en 2009 miramos hacia otro lado y dejamos manos libres a los ayatolás. Todo por no provocar a la autocracia iraní. La consecuencia es que hoy es ella la que nos provoca a nosotros.
 

homenaje en el noveno aniversario de su muerte
Pagazaurtundua pide a los vascos no caer en "la estrategia de ETA"
Maite Pagazaurtundua, hermana del exjefe de la Policía Local de Andoáin asesinado hace nueve años, insiste en que "los de ETA tienen que quitarse las capuchas, tienen que disolverse"
EFE | BILBAO El Correo  8 Febrero 2012

Los socialistas de Andoain han recordado hoy a Joseba Pagazaurtundua en el noveno aniversario de su asesinato por parte de ETA, en un acto en el que su hermana, Maite Pagazaurtundua, ha pedido a los ciudadanos que tengan "cuidado" para no convertirse en "esclavos de la estrategia de ETA".
"Sigue habiendo miedo en las conciencias, y nosotros convocamos a los ciudadanos que no quieran sentirse esclavos de la estrategia de ETA a que sigan siendo libres los que ya lo son y, a los que no, a que intenten ver las cosas tal y como son, más allá de esas trampas semánticas que nos encontramos en el camino", ha destacado.

Pagazaurtundua y la viuda del que fue jefe de la Policía Local de Andoain, Estíbaliz Garmendia, han acudido junto a amigos y miembros del PSE de la localidad guipuzcoana al homenaje celebrado ante la escultura en memoria de esta víctima de ETA, donde ha tenido lugar una ofrenda floral. Antes de su intervención, el exalcalde de la localidad Estanis Amutxategi ha reivindicado la memoria para no olvidar a las víctimas, en un momento "en que algunos se han convertido en demócratas sin hacer un acto de contrición".

Amutxategi ha indicado que este aniversario es distinto, "más alegre", que los anteriores porque "se ha puesto nombre y cara" al asesino de "Pagaza" -Gurutz Agirresarobe, condenado a 32 años de prisión-, "que está en la cárcel y esperamos que esté allí mucho tiempo".

"El 40% de los asesinatos están sin resolver"
Con los termómetros bajo cero, Maite Pagazaurtundua ha dicho que han estado ante la escultura que el artista Agustín Ibarrola dedicó a su hermano "con frío, aguanieve y de todas las maneras", y que lo seguirán haciendo, como el próximo sábado, en que la familia y los amigos del fallecido, entre ellos el filósofo Fernando Savater, volverán a recordarle y a hablar de "muchas cosas que hayan podido cambiar en el último año".

Asimismo, ha señalado que, "si de verdad se quiere un tiempo nuevo para la sociedad vasca y navarra, primero los de ETA tienen que quitarse las capuchas, tienen que disolverse". Y ha rechazado el "chantaje sutil y absolutamente inaceptable" de la banda terrorista de "intentar forzar" la situación "mediante la estrategia latente del 'aquí estamos con las capuchas puestas y si no hacéis lo que queremos podemos volver'".

"Para establecer unas bases sólidas para el futuro de la sociedad vasca y navarra, para quitar el pringue de tanta aberración moral y política de acoso a quienes no eran nacionalistas, es preciso condenar la historia del terror y pedir la disolución de ETA", ha subrayado la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

Es necesario, ha añadido, "condenar todo el acoso de los adversarios políticos contra el pluralismo de una sociedad absolutamente mestiza desde el punto de vista ideológico y personal" y no caer "en la estrategia de ETA, de sus colaboradores y amigos, y de algunos acompañantes y aliados, circunstanciales o no". "Todas esas cosas son necesarias para que no estemos ante una estrategia de sepulcros blanqueados y de búsqueda de la impunidad con palabras bonitas, dulzonas, pero totalmente falsas. Hay mucho por hacer, pero sobre todo hay que tener mucho cuidado con no volvernos esclavos ahora de la estrategia que ETA nos ha intentado imponer durante tantas décadas", ha dicho.

También ha recalcado que es preciso "edificar el futuro sobre la verdad" y que el 40% de los asesinatos de ETA que están sin resolver "necesitan verdad".

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Educación inconstitucional
ALBERT RIVERA ABC Cataluña  8 Febrero 2012

LA consejera catalana de Educación, Irene Rigau, aseguraba tras el anuncio del ministro José Ignacio Wert de introducir la educación cívica y constitucional en las aulas españolas que el gobierno convergente de Artur Mas impartirá «educación estatutaria» y que enseñarán a los alumnos catalanes «que la Constitución Española ha recortado derechos a los catalanes».

Estas palabras destilan la lógica nacionalista: la Constitución es a España lo que el Estatuto es a Cataluña, y el castellano es a España lo que el catalán a Cataluña. Una lógica basada en las siguientes premisas falsas: Cataluña es una nación sin estado, que tarde o temprano se debe separar del resto de España, los catalanes somos diferentes y por eso hablamos una lengua distinta que los españoles, y el enemigo y culpable de nuestros males es España y el marco constitucional impuesto.

Pero, lejos del matrix nacionalista debería primar para las instituciones del Estado la realidad: Cataluña es una comunidad autónoma cuyo autogobierno y competencias emanan de la Constitución, que tuvo en las provincias catalanas un apoyo masivo de casi el 90% de los votos —mucho más que la última reforma estatutaria—, donde la mayoría de los ciudadanos, según los propios estudios publicados por la Generalitat, tienen como lengua materna y habitual el castellano y gracias al reconocimiento constitucional tenemos una lengua co-oficial, el catalán, en régimen de igualdad con el castellano hablada también por millones de catalanes.

Y es, según los tribunales, el Gobierno de Artur Mas quien está menoscabando derechos a los ciudadanos de Cataluña.

Si los sucesivos gobiernos centrales, asumiendo los intereses de sus barones locales —como pasó con José Montilla o ahora con Alicia Sánchez-Camacho— no garantizan el cumplimiento de las leyes por sus pactos políticos con los partidos secesionistas, los verdaderos responsables de no tener un sistema educativo constitucional en Cataluña no serán solo CiU o los independentistas de ERC, sino también PSOE y PP.

Si no se utilizan las herramientas de coordinación, como la Alta Inspección del Estado, para velar por la legalidad de contenidos o el régimen lingüístico, a quien habrá que pedir explicaciones y responsabilizar de la insumisión de sus socios es al señor que reside en la Moncloa.

Albert Rivera es presidente de Ciutadans.

A la parrilla
Alfonso Ussía La Razón  8 Febrero 2012

Pocas semanas antes de ser juzgado por ordenar el atentado contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, en el que fueron asesinadas once personas, entre ellas cinco niños, el criminal «Josu Ternera» se fugó. La red de salvación etarra lo escondió en Francia. Años más tarde no precisó del escondite. Se convirtió en el principal interlocutor del llamado «proceso de paz» con el Gobierno de Zapatero, y se reunía frecuentemente con el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, que reconoció el mutuo afecto entre el criminal y él. El maldito «Ternera» llegó a ser parlamentario vasco y presidir la Comisión de Derechos Humanos de aquella institución, lo que da a entender la infección social extendida por aquellas tierras. En los últimos cuatro años, el Gobierno de Zapatero ha dialogado con el fugado hijo de puta cuando lo ha pedido y cuando ha querido. Jesús Eguiguren no ha tenido tiempo para olvidar la dirección de su refugio, que ha visitado con relativa frecuencia. Ahora, la asociación Voces Contra el Terrorismo ha instado a la Fiscalía General del Estado, presidida por un Fiscal culto e independiente, a solicitar la inmediata detención del asesino residente en Francia. Será una forma clara de comprobar que ya no existen los Pirineos en cuestiones relacionadas con el terrorismo de la ETA.

Sueño con un «Ternera» detrás de las rejas. Un «Ternera» a la parrilla, y por muchos años. Las Fuerzas de Seguridad del Estado están deseosas de recibir la orden que no se dio en los tiempos de Pérez Rubalcaba como ministro del Interior. La detención del asesino e infanticida, en el caso de producirse, nos haría ver con claridad dónde está situado el socialismo en la lucha contra los terroristas, que es situación ambigua y nada definida, por cierto.

A lo largo de la vida, los pacíficos, los ciudadanos normales, se van ganando las compensaciones que procura la evolución de los tiempos. Crecen los hijos y nacen los nietos. Se rejuvenecen los sentimientos. Se valoran más los paisajes y las raíces. Se respetan las ideas no coincidentes. El crimen terrorista no es una idea, aunque muchos persistan en la confusión. El paso de los años nos despoja de muchas cosas y nos compensa con otras que no conocíamos. Por eso vivimos y queremos seguir sobre la tierra, a pesar de los problemas, las necesidades y las injusticias. «Josu Ternera» no merece la libertad de acceder a las compensaciones. Cinco niños que marchaban al colegio con su mochila, sus cuadernos, sus lápices, sus libros y su bocadillo fueron asesinados por orden de «Josu Ternera». Con ellos, seis inocentes más. Ignoro el censo familiar de los Urruticoechea, pero un criminal de esa índole, un forajido tan deleznable, no tiene derecho a los sentimientos que experimenta la buena gente en su atardecer. No les permitió a cinco niños conocer ni el primer tramo de la juventud. Destrozó sus vidas y las de los suyos.

«Josu Ternera» no tiene derecho a disfrutar de los paisajes formidables de las Vascongadas. Sus bosques, sus valles, sus montañas y sus costas. No están ahí para que los goce un asesino que no se ha arrepentido y que ha vivido, chulo y sonriente durante décadas sin experimentar ni un poso de tristeza por sus crímenes, sin pensar en los cinco niños que hoy reclaman, desde sus huesos, que se haga justicia.

A este homínido depredador y sangriento hay que meterlo en la cárcel. Que sus paisajes no vayan más allá del patio central de la prisión y el horizonte de las rejas. A la parrilla, agarrado a ellas hasta que pague por todos sus crímenes.


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