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Recortes de Prensa   Sábado 11  Febrero 2012

 

Modelando cabecitas
juan carlos girauta ABC Cataluña 11 Febrero 2012

UN diputado socialista pide a Wert algún ejemplo de adoctrinamiento en los manuales de Educación para la Ciudadanía. El ministro le lanza este: la Revolución Soviética «instauró un régimen de igualdad y libertades colectivas que se llamó socialismo». Los menores que, con el tiempo, lleguen a leer obras como El libro negro del comunismo podrán ejercitar la aritmética calculando las decenas de millones de cadáveres iguales y libres del socialismo real. Al resto podemos darlo por perdido en el conocimiento de la historia contemporánea.

El progre trasnochado dedicado a la docencia encontrará el modo de compartir, en las clases de historia o de literatura, su turrón mental anticapitalista, indigenista, judeófobo, feminista de la paranoia de género, antiglobalizador, okupa, animalista, procastrista, bolivariano, ateísta, abortista y antiamericano. La sustitución de su materia estrella, la Formación del Espíritu Indignado, por una que explique la Constitución era preceptiva en un gobierno serio, pero el mal de la escuela es más hondo. La anomia reina en un espacio pensado para los valores civilizatorios, se canta a la ruptura del canon (político, plástico, literario) ante un público que nada puede romper por falta de referentes. Seres frustrados, incompetentes y depresivos enconan, analfabetizan y desaniman al educando, profanando un templo de saber, orientación y ejemplo. Nada de esto sufre el hijo del pudiente en la escuela privada.

Es al alumno de la escuela pública a quien se le arrebata la oportunidad de la excelencia, a quien se convierte en carne de cañón desalentada e iracunda. Poco han podido hacer los profesores responsables y conscientes por introducir la meritocracia, el esfuerzo y la disciplina en esa pompa de jabón. Separados del mundo, sometidos a distorsionadoras visiones, formados en el desprecio a la competencia, en la igualdad de resultados y en la desconfianza a los generadores de riqueza, crecen los chavales. Luego la pompa desaparece y entran en contacto con la realidad. Robado su futuro, muchos engrosarán las filas del paro juvenil más elevado de Occidente. Les queda la nostalgia de la pompa, con sus revoluciones falsificadas.

¿Otra escuela es posible?
andrés freire ABC Galicia 11 Febrero 2012

ACASO se hayan enterado: un reciente auto de un tribunal de Coruña absolvía a una familia del delito de abandono infantil, del que la fiscalía la había acusado a cuenta de que no enviaba a sus hijos al colegio. Para el juez, los padres ya estaban cumpliendo sus obligaciones educativas al hacerlo en casa. Según esto, la educación obligatoria no implica la escolarización forzosa.

La sentencia, desde luego, ha sido protestada por los sospechosos habituales. Para ellos, educar es ante todo socializar. Los conocimientos son secundarios. Para algunos teóricos, apenas excusas. El que esta socialización se convierta en pesadilla de muchos —y tedio para casi todos— no cambia nada. Añaden, entre líneas, que con esto nuestros chavales se preparan para la dura vida que les aguarda.

Gracias a esta sentencia, una ínfima minoría consigue asidero legal para librarse de colegios e institutos. Y sin embargo, incluso aquellos que la saludan siguen participando de la acendrada lógica: o casa o colegio; tertium non datur, no hay término medio. Aceptan así el caduco modelo del sistema educativo actual: el de la escuela pública (aunque sean privadas, las escuelas están reguladas hasta el mínimo detalle) obligatoria y comprehensiva (todos juntos y a la vez).

Es curioso la buena prensa que tiene este concepto. Es una de las ventajas del sistema: como el estado disfruta de facto del monopolio de la educación, nos ha enseñado durante décadas que este modelo surgió de la esperanza de educar y culturizar a toda la población. Y que sus ideólogos fueron intelectuales progresistas preocupados por liberar a las masas de su ignorancia y pobreza.

La historia crítica sabe que todo esto es propaganda. Detrás de la educación general obligatoria se hallan intereses bastante prácticos: militaristas prusianos, jacobinos franceses, industriales ingleses, plutócratas americanos. Todos ellos impulsaron la educación pública buscando soldados que supieran leer y escribir, pueblos unificados para la libertad de mercado, curritos capaces de estar quietos y obedientes nueve horas al día, felices consumidores de cachivaches. Avances todos que no hubieran sido posibles sin la educación pública obligatoria.

El problema del modelo actual es que fue diseñado ya hace 100 años, siguiendo el que estaba en boga por entonces, el de la fábrica taylorista: división rígida de horarios, especialización de saberes, producción en masa, homogeneización de resultados. ¿Las consecuencias? Bajada constante y pertinaz del nivel educativo entre nosotros. Frustración perpetua de todos aquellos que participan del modelo, y que se estampan contra la pared en sus ilusos intentos de reforma. No les critiquemos: son buenas gentes que nunca se han atrevido a pensar que otra educación es posible.

Si solo hablamos de esporádicos alumnos, la sentencia de Coruña no pasaría de anécdota. Si se convierte en germen de una forma de educar que escape a la escuela-fábrica-prisión de cuatro paredes y elevadas rejas sería el principio de la imprescindible liberación de la enseñanza.

El abuso expropiatorio del "gentil monstruo de Bruselas"
José Antonio Zarzalejos. El Confidencial 11 Febrero 2012

Luis de Guindos, después de la no por necesaria menos impactante reforma laboral, debería promover de inmediato una radical reforma del aparato burocrático-político-funcionarial de lo que Hans Magnus Enzensberger denomina en su último libro (enero 2011. Editorial Anagrama) El gentil monstruo de Bruselas o Europa tutelada. Así se titula el ensayo -breve, ácido e irónico-, del escritor alemán (Baviera 1929) que denuncia la doble moral de exigir a las sociedades de los Estados miembros de la UE ajustes y sacrificios, mientras la estructura de la Unión se convierte en monstruosamente tentacular hasta el punto de desconocer cabalmente el coste de su sostenimiento.

El autor constata que la UE cada año subvenciona a la emisora Euronews con cinco millones de euros y “con otros seis a la poco conocida red de radiodifusión Euranet.” Además, dice, el Parlamento Europeo se “concede el lujo de manejar un canal de TV propio llamado Europarltv, por el cual está dispuesto a desembolsar diez millones pese a su muy reducida audiencia”.

A ese conglomerado, Enzensberger lo denomina “prensa palaciega” (página 13). Más datos: los directores generales del grupo salarial más alto ganan casi el doble que los funcionarios equiparables en Alemania y el 10% están libres de impuestos, lo mismo que sus dietas y complementos; se pueden jubilar a los 63 años y a los 55 acogerse a la jubilación anticipada (página 24). Es difícil precisar, dice el ensayista, “cuánto nos cuestan nuestros empleados en Bruselas, Estrasburgo o Luxemburgo”. Su número exacto tampoco se conoce, aunque la cifra oscila entre los 15.000 y los 40.000, aunque se sabe que los gastos administrativos de la UE están en el 6% del presupuesto global, esto es, 8.200 millones de euros. Algunos estiman que el aparato bruselense cuenta tanto como todo el presupuesto de la ciudad de Viena, o sea, muy por encima de los 10.000 millones (página 25).

Ese aparato se justifica -siguiendo el relato cortante de Enzensberger- en una voracidad regulatoria extraordinaria extendiendo sus competencias cada vez sobre más materias: mercado común, política económica, sanitaria, industrial, regional, educativa, de pensiones, el clima, la energía, la investigación, la inmigración, el derecho civil, penal, procesal… llegando a regular la curvatura de los pepinos (sic) para ser comercializados, reglamentando todo lo relativo a los plátanos y ¡hasta la dimensión mínima de los condones!(página 29).

Para que nada falte, la UE ha dictado hasta un “Reglamento nº 244/2009 en lo relativo a los requisitos de diseño ecológico para lámparas de uso doméstico no direccionales”. Para atender a tanta diarrea normativa, la UE tiene decenas de esotéricos organismos atrincherados en acrónimos indescifrables. Es casi imposible saber cuántas direcciones generales y agencias existen en Bruselas, pero Enzesberger cree que al menos son 36 “y otras que se encuentran en fase de creación”. Una agencia se lleva, dice nuestro autor, la palma: la OSHA, organismo que se encarga de la seguridad y salud en el trabajo y que “pese a no tener más que 64 empleados cuenta con 84 consejeros”. Lo cual no les parece excesivo a los eurócratas: el presidente del Parlamento cuenta con 14 vicepresidentes para “ayudarle” en sus funciones (páginas 37 y siguientes).

Esta reflexión se identifica con la de muchos ciudadanos españoles que, entre dispuestos y resignados a asumir sacrificios para salir de la crisis, tienen derecho a reclamar que la austeridad, el ajuste y la decencia lleguen también a ese “monstruo” bruselense que no predica con el ejemplo

La burocracia, no faltaría más, requiere soportes. En 2004 la recopilación de normas de la UE se contenía en 85.000 páginas y a día de hoy supera las 150.000. En 2005 el Diario Oficial de la Unión Europea “pesaba ya más de una tonelada”. Todas las directivas -que no emanan siempre ni principalmente del Parlamento sino del poder ejecutivo de la UE, es decir, la Comisión- regulan todos los aspectos. Y así lo relata Enzensberger: “Fumamos; comemos demasiadas grasa y azúcares, colgamos crucifijos en las aulas, acaparamos bombillas ilegales; ponemos a secar la ropa al aire libre.

¡Adónde iríamos a parar si pudiéramos decidir nosotros mismos a quién queremos alquilar nuestra vivienda! ¿Es posible que haya desviacionistas que paguen jubilaciones de empresa como les da la gana y que en Madrid o Helsinki quieran implantar un límite de velocidad que diverge de la euronorma?; ¿acaso no es necesario que en todas partes, sin consideración alguna del clima y de la experiencia, se utilicen exactamente los mismos materiales de construcción?; ¿puede quedar al arbitrio de cada país lo que ocurra en sus escuelas y universidades?; ¿quién sino la Comisión ha de disponer cual debe ser la forma de las prótesis dentales o de los inodoros europeos?… tales antojos son absolutamente intolerables. La Unión Europea lo sabe todo mejor que nosotros” (páginas 88 y siguientes).

Estamos ante un monstruo -muy “gentil”, según Enzensberger- que impone, obliga, sanciona (los mercados, el directorio franco-alemán, la Comisión el BC) pero no se aplica la doctrina que preconiza y exige. Lo que ha propiciado que estemos introduciéndonos en una “etapa postdemocrática” respecto de la una Unión Europea que ya se permite suplir gobiernos “políticos” por otros “tecnocráticos” (casos de Grecia e Italia). Sin embargo, y como bien constata el ensayista alemán, “por ahora, poco apunta a que los europeos tiendan a oponerse a su expropiación política. No faltan manifestaciones de descontento, de sabotaje abierto o encubierto, pero en resumidas cuentas el famoso déficit democrático no conduce a la sublevación sino más bien a la indiferencia y al cinismo, al desprecio por la clase política o la depresión colectiva” (página 93).

Creo que esta reflexión de un sólido intelectual se identifica con la de muchos ciudadanos españoles que, entre dispuestos y resignados a asumir sacrificios para salir de la crisis, tienen derecho a reclamar que la austeridad, el ajuste, la solidaridad y la decencia lleguen también a ese “monstruo” bruselense que, inquisitorialmente, no predica con el ejemplo. Y allí debe conocerse el hartazgo por la expropiación abusiva de nuestra voluntad colectiva a que estamos sometidos. Quizás Luis de Guindos, al tiempo que comunica la “agresiva” reforma laboral a las autoridades de la Unión, pueda trasladarle también este estado de opinión que puede provocar convulsiones cuando salgamos de la actual “economía del miedo” en la que estamos encarcelados moral e intelectualmente.

Ingeniería social
¿Va el PP en serio?
Francisco José Contreras Libertad Digital 11 Febrero 2012

Rubalcaba ha dicho: "si cada vez que la derecha llega al poder reconsidera todas aquellas leyes [aborto, EpC, etcétera] que hemos hecho entre todos […] el PSOE se planteará la revisión de los acuerdos con la Santa Sede". Cosechó una ovación estruendosa. La soflama es reveladora en varios sentidos. De un lado, confirma la sesentayochización de una izquierda fracasada en su proyecto clásico: el siglo XX ha mostrado que el socialismo –tanto en su versión maximalista soviética como en la keynesiano-moderada de Helmut Schmidt, Olof Palme o… Rubalcaba- es sinónimo de ruina (Suecia tuvo que desmontar el mítico "socialismo a la nórdica" a partir de 1993); a los exsocialistas no les queda otra que reciclarse en ultrafeministas, ecologistas, relativistas culturales ("alianza de civilizaciones"), (neo)anticlericales: el legado de 1968 está llamado a llenar el hueco ideológico del socialismo extinto.

De otro, el cinismo arrogante de la amenaza solo es concebible en alguien que se sabe dueño del cotarro cultural. ¡Que la derecha reconsidera la ingeniería social de la izquierda cuando llega al poder! Aznar no tocó una coma del aborto, ni del divorcio, ni apenas de la educación (solo tardíamente, con la LOCE, que no llegó a entrar en vigor), ni de la "memoria histórica" (en 1996, se rindió homenaje en las Cortes a las Brigadas Internacionales)… Fue Zapatero quien impuso desde 2004 una agenda minuciosa de "guerra cultural": matrimonio gay, ley Aído, EpC… ¡Leyes "que hemos hecho entre todos"! Rubalcaba sabe que esas medidas indignaron a media España, que se echó a la calle en manifestaciones-monstruo.

¿Cómo se permite negar lo evidente? Porque piensa que nadie del PP le va a contradecir en este terreno. Tras ejercer plácidamente la hegemonía cultural durante décadas, la izquierda sabe que se enfrenta a una derecha acomplejada, tecnocrática, que vende sólo "resultados" y eficiencia gestora ("lluvia fina") y cede a la izquierda el monopolio de los valores, del imaginario, de la Weltanschauung. Por eso, Aznar no tocó una coma del aborto. Por eso reivindicaba a Azaña y exaltaba a los brigadistas.

La gran noticia es que… pese a todo, esto podría estar empezando a cambiar. No, nadie del PP ha salido a desmentir a Rubalcaba. Pero lo cierto es que Wert ha anunciado la revocación de EpC, y Gallardón, una reforma de la ley del aborto (también del CGPJ, etc.). Estos indicios podrían significar que, por fin, la derecha ha comprendido que la economía no lo es todo y que se enfrenta ya a una izquierda "posteconómica" que, no habiendo sido capaz de revolucionar el modo de producción, prefiere revolucionar las costumbres (familia, bioética, religión…).

Decimos "podrían significar" porque casi todo está por concretar. La reforma del aborto, por ejemplo, aún podría quedar en agua de borrajas. Ocurrirá si todo queda en el detalle de la autorización paterna al aborto de las menores, o en un simple retorno a la situación anterior a la ley Aído: entre 1985 y 2010, la regulación de los tres supuestos no era realmente aplicada; cualquier mujer que lo deseara encontraba la posibilidad de abortar legalmente en el coladero del "peligro para la salud psíquica". Los abortos anuales superaban los 100.000.

Vivimos, pues, un momento decisivo. La derecha debe decidir si tiene una visión del mundo propia, valores propios (que vayan más allá de la eficiencia contable). Y la reacción demagógica de Rubalcaba –como la de la prensa progre estos días atrás- revela algo importante: el desgaste mediático-demoscópico se va a producir de todos modos. El País y el PSOE van a llamar "reaccionario" al Gobierno aunque se limite a una reforma cosmética. Por tanto, si el precio está ya desembolsado… lo sensato es comprar con él algo que merezca la pena. Ese "algo" sólo puede ser una reducción real del número de abortos en España. Lo cual no se conseguirá mediante un mero restablecimiento de la regulación de 1985.

En realidad, disponemos de un excelente modelo en la Europa actual: la Polonia postcomunista, que sustituyó en 1993 su ley de aborto libre por una regulación muy similar a la española de 1985 (los tres supuestos)… pero introduciendo mecanismos que garantizaran su efectiva aplicación (comisiones médicas serias que acreditan la realidad del "peligro para la madre"). La ley no amenaza con la cárcel a las mujeres, sino sólo a los aborteros. Resultado: el número de abortos anuales ha bajado desde más de 100.000 (años 80) a 193 (2008). Y no se ha producido la terrorífica explosión de "muertes de mujeres en insalubres abortos clandestinos" con la que amenazan siempre los pro-abortistas; al contrario, todos los indicadores de salud obstétrica han mejorado: el número de muertes en embarazo o parto ha bajado de 70 anuales (1991) a 23 (2004); la mortalidad perinatal ha descendido desde un 1,62 por ciento (1993) a un 0,64 por ciento (2005); las muertes de mujeres en abortos clandestinos han sido… una en casi 20 años.

El nuevo Gobierno ha roto ya el tabú ideológico que prohibía a la derecha revertir los inventos de la izquierda en el terreno moral-cultural. Ha mostrado ya una audacia que no mostró el de Aznar. Sí, el pataleo de la izquierda mediática está garantizado, por poco que se haga. Pero también la adhesión agradecida –en lugar de sólo resignada/malminorista- de una maltratada base conservadora, a la que el manual arriolista prescribe despreciar (pues su voto es "seguro"), para cortejar en cambio al swing voter de centro-izquierda. Y, si persevera en las reformas, Rajoy estará haciendo historia también de otra forma: una España alineada con Polonia en la restricción del aborto quebraría la tendencia que, desde los años 60, parecía apuntar fatalmente a una expansión constante del abortismo. Habría todavía esperanza en un continente condenado a colapsar por envejecimiento en pocas décadas (fertilidad media: 1,6 hijos/mujer; en España es 1,37), y en el que un quinto de los embarazos terminan en aborto.

El Sr. Contreras Peláez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Sevilla. Coautor del libro Nueva izquierda y Cristianismo (Encuentro, 2011), junto al señor Diego Poole.

La condena del juez Garzón podría abrir un nuevo camino en la Justicia española
Francisco Rubiales Periodista Digital 11 Febrero 2012

La condena por el Supremo y por unanimidad del juez Baltasar Garzón tiene gran importancia y podría representar un antes y un después en la Justicia española. Gracias a esa sentencia, quedan claras varias cosas en la Justicia española: que gran parte del sistema está contaminado y es incapaz de defender principios básicos de la Justicia y que, a partir de ahora, tienen vigencia principios fundamentales del sistema, como el de que el fin, en Justicia, no justifica los medios, que la Justicia a cualquier precio no es Justicia y que los procedimientos, para que exista Justicia, tienen que ser impecables.

En adelante es posible esperar que los principios fundamentales de la Justicia democrática se fortalezcan en España y que los tribunales ganen en independencia y rigor. Es de esperar también que, a partir de este momento, los jueces más decentes y sujetos al derecho se atrevan a procesar a los muchos canallas y sinvergüenzas que han puesto de rodillas a España y cuya persistencia en la rapiña, el abuso y la arbitrariedad ha llevado a este país hasta el borde de la ruina, el hundimiento moral y la derrota como nación.

El juicio del juez estelar Garzón es un inmenso espejo que refleja con claridad nítida la esencia del sistema judicial español. La querella fue puesta en marcha por el abogado Ignacio Pelaez, defensor de uno de los implicados en el caso Gürtel, que acusaba a Garzón de haber ordenado la escucha y grabación de todas las conversaciones de los implicados con sus abogados defensores, un paso de enorme gravedad que viola claramente el derecho de todo acusado a hablar en libertad con sus abogados.

Lo curioso del caso es que el juez más famoso y poderoso de España ha sido destituido y humillado por el Supremo no porque los grandes tribunales, ni la Fiscalía, ni el órgano de gobierno judicial lo acusaran para pararle los pies, sino porque un simple abogado defensor se atrevió a denunciar su abuso de poder y la violación de un derecho básico.

La sentencia condenatoria a un juez que tiene a la opinión pública de su parte y que cuenta con el apoyo de muchos políticos con poder en España es ejemplar y constituye un acto de soberanía y rigor judicial de gran trascendencia, que pone de relieve la debilidad y falta de solvencia que ha tenido el sistema judicial español hasta ahora.

Ha sido un simple abogado el que se ha atrevido a denunciar la violación de un principio básico en Justicia, lo que coloca en situación incómoda y deja fuera de lugar a los muchos que no se atrevieron a denunciarlo, entre ellos el propio Consejo del Poder Judicial, los grandes tribunales, los colegios de abogados, las asociaciones de jueces, que funcionan casi como partidos políticos dentro del sistema judicial, y otras instancias que, a juzgar por lo ocurrido y por su vergonzoso silencio, podrían estar claramente contaminadas de cobardía, de miedo y, en algunos casos, hasta de complicidad con lo mucho de sucio que anda suelto por España.

Simplificando, la condena de Baltasar Garzón representa la caída de un poderoso que parecía intocable; la desautorización y condena de prácticas impropias de la democracia y propias de totalitarismos; la condena de la cobardía y el sometimiento de una parte importante del sistema judicial; el retorno del respeto a las reglas y garantías que permiten administrar Justicia; y la esperanza de que ese sistema sea capaz ahora de arremeter contra los delincuentes y canallas incrustados en las administraciones e instituciones del Estado.

Voto en Blanco

LE LLEGARON A PREGUNTAR SI HACIA POCO QUE ESTABA EN CATALUÑA
La Cataluña real: cargan contra un camarero porque les “contestó en español”
 Minuto Digital 11 Febrero 2012

Una pareja catalanoparlante tacha de “actitud vergonzosa” a un comercio porque un dependiente, a la postre italiano, no les contestó en catalán sino en español. El dependiente se excusó diciendo que “no tenía ninguna obligación de saberlo -el catalán- ni ninguna intención de aprenderlo y que, además, él se nos había dirigido en castellano y teníamos la obligación de contestarle en castellano”.

Así reza una carta al diario Ara publicada hoy, donde se han cargado tintas contra el dependiente. “Me enojó mucho ante la insolencia de este individuo y le dije que tenía que respetar el entorno cultural de donde vivía. Un encargado nos dirigió en catalán y nos dijo que enviáramos una carta a Madrid si no estabamos de acuerdo, añade.

“Mi mujer le preguntó si hacía poco que estaba en Cataluña, a lo que él le respondió que no tenía ninguna obligación de saberlo ni ninguna intención de aprenderlo y que además, él se nos había dirigido en castellano y teníamos la obligación de contestarle en castellano”, asegura.

“Después hablamos con la directora, que justificó el dependiente diciendo que era italiano. A esto respondí que no era ninguna justificación por la mala respuesta que nos había dado”.
******************* Sección "bilingüe" ***********************


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