AGLI Recortes de Prensa   Martes 27  Marzo 2012

El dinosaurio sigue ahí, pero España no puede esperarle
EDITORIAL Libertad Digital 27 Marzo 2012

Todos los gatos son pardos en las noches electorales, pero lo ilusorio y lo verdadero se separan a la mañana siguiente y el vano júbilo de los brindis deja paso a lo único real, que es la resaca. La alegría en el balcón de la sede sevillana del PP, donde el candidato Javier Arenas salió a celebrar un "triunfo histórico" en las Elecciones andaluzas del pasado domingo, junto a los ministros Fátima Báñez y Cristóbal Montoro, tenía algo de fingido. Las palabras de la señora Dolores de Cospedal, con el énfasis festivo habitual de los portavoces políticos en las veladas electorales, llevaba la marca inconfundible de la sonrisa congelada. A la mañana siguiente, cuando el presidente Rajoy despertó, el dionosaurio socialista seguía allí.

El revés en Andalucía puede inducir al Gobierno, por un corto cálculo político, a reducir el ritmo y la profundidad de su programa de reformas económicas. El riesgo de que el señor Rajoy responda, degradando la reforma laboral, para contentar a los sindicatos o relajando las medidas contra el déficit de las Comunidades Autónomas, para calmar a las regiones díscolas como Andalucía, evidentemente, está ahí. Y se agudizará si los sindicatos salen airosos de la huelga general del próximo jueves, algo que dependerá, no tanto del seguimiento real de la huelga, sino de la violencia que ejerzan los piquetes y de la narración que finalmente se imponga de la jornada. La actitud de la ministra de Fomento al cubrir de elogios a los dirigentes sindicales por "conceder" al conjunto de los españoles unos servicios públicos mínimos durante la huelga no presagia, precisamente, claridad y firmeza. En vez de descontar la manipulación que harán los sindicatos y la izquierda, con la colaboración inestimable de una televisión pública aún sometida a sus comisarios políticos, el Gobierno sigue empeñado en reconocer y apuntalar, mediante tóxicos gestos como el de la ministra Ana Pastor, la legitimidad de los sindicatos para intervenir en las leyes.

Si el nuevo frente popular que forman sindicatos, PSOE e IU consigue que la gente asocie los resultados del pasado domingo en Andalucía al malestar por la reforma laboral y la subida de impuestos, y logra convertir la huelga general del próximo jueves en una representación, a escala nacional, de la épica de la resistencia a la "marea de la derecha", con la que, de manera engañosa, se han adornado los resultados de las Elecciones andaluzas, hay razones para pensar que el Gobierno se dejará contaminar por esa atmósfera turbia y modulará sus programa reformista.

Libertad Digital hace suyo el juicio de los expertos a los que este diario ha consultado sobre la encrucijada de la política económica después de las Elecciones andaluzas. Coinciden en recomendar al Gobierno que mantenga el rumbo y siga adelante con las leyes y medidas para flexibilizar el mercado de trabajo, reducir el déficit público, liberalizar sectores y realizar una efectiva unidad de mercado frente a las barreras autonómicas.

El presidente Rajoy se equivocaría si cambiara de meta y virase hacia la prioridad de una paz social con los sindicatos y con las Autonomías díscolas, a cualquier precio. Sería un error, no solo porque ni siquiera está en su mano una decisión así, con una Unión Europea que nos envía observadores para verificar que nuestro país cumple con sus compromisos. Sería un error cambiar ahora de rumbo porque, si el señor Rajoy quiere aguantar toda la legislatura y ganar las siguientes elecciones, es crucial que España sortee la amenaza de la intervención y vuelva, cuanto antes, a la senda del crecimiento. Anque solo sea por un cálculo electoral, al que los políticos son tan aficionados, el señor Rajoy debería saber que las reformas que ya ha emprendido son, a medio y largo plazo, su mejor baza para desactivar a un frente izquierdista que lo apostará todo al clima de revuelta en la calle y hará del cuanto peor, mejor su único lema.

El balance
El 'efecto Arenas'
Manuel Llamas Libertad Digital 27 Marzo 2012

Génova debería tomar buena nota del varapalo electoral obtenido en Andalucía. Las encuestas han fallado estrepitosamente tras otorgar por anticipado, y durante meses, una mayoría absoluta para Javier Arenas que, finalmente, no se ha materializado en papeletas suficientes para gobernar. PSOE e IU pactarán para formar un Ejecutivo de izquierdas. Muchos -que no todos- daban por hecho que el PP arrasaría en las autonómicas andaluzas, tal y como aconteció en las generales del pasado noviembre. Sin embargo, todos ellos olvidaron un hecho diferencial: Rajoy no venció en las urnas; los españoles castigaron a Zapatero otorgándole el poder a su adversario... Y muerto el perro, se acabó la rabia.

Es muy probable que Arenas se hubiera hecho con la Junta en caso de que las autonómicas coincidieran con las generales, y por eso, precisamente, Griñán apuró hábilmente la legislatura, evitando así que el efecto Zapatero lo borrase del mapa político, tal y como aconteció en Extremadura y otros feudos socialistas en las elecciones regionales y locales de 2011. Pero el expresidente ya no está en la Moncloa, ahora es Rajoy quien ocupa su puesto, de forma que el temido voto de castigo ha desaparecido. Así al menos lo corroboran los datos: Griñán tan sólo perdió 65.000 votos frente a los obtenidos por Rubalcaba en Andalucía el pasado 20-N (un 4,3% menos); mientras que Arenas acaba de perder 400.000 con respecto a Rajoy (el 21,5% del electorado). IU, por su parte, ha mejorado sus resultados de forma sustancial, tras duplicar escaños -de 6 a 12- y aumentar sus votos en casi 120.000.

No es nada nuevo. Los andaluces llevan casi 30 años votando izquierdas, y mucho tendrá que cambiar el PP para revertir esta anquilosada situación. Y es que, Arenas, siguiendo la escuela de Rajoy, ha renunciado por completo al debate de las ideas. El votante medio empieza a percibir que no existente grandes diferencias entre PP y PSOE porque, efectivamente, no las hay. Ambos partidos conforman una partitocracia bipartidista que cada vez es más denostada por la población. Y una crisis económica, por muy dura que ésta sea, no es razón suficiente para tumbar a los socialistas andaluces, y aún menos si la alternativa política es difusa y, además, carece de convicción.

No en vano, Andalucía está acostumbrada a liderar el vagón de cola: su tasa de paro siempre ha sido muy superior a la media nacional y, pese a las inmensas transferencias recibidas durante décadas, se mantiene como una de las regiones más pobres de Europa, con una renta per cápita que apenas alcanza el 80% de la media comunitaria. Y para atenuar el descontento social lo único que ha hecho el PSOE es, simplemente, emplear esos recursos extra provenientes de la "solidaridad interterritorial" (financiación autonómica) para aumentar el gasto, disparar el número de empleados públicos y regar de subvenciones el campo andaluz. Si Arenas ofrecía casi lo mismo -garantizando entre otras cosas el PER andaluz-, ¿por qué cambiar?, ¿por qué arriesgarse a perder tales regalías si, además, ya no hay un Zapatero que justifique el voto de castigo?

Como resultado, las bases socialistas se han mantenido incólumes y el trasvase de votos, en todo caso, ha ido a parar a IU. Por el contrario, muchos populares que sí apostaron por Rajoy el 20-N han desertado con Arenas apenas cuatro meses después. La mayoría ha preferido quedarse en casa, quizás como muestra de enfado ante la deriva piji-progre adoptada por el Gobierno del PP. ¿O es que acaso ha cambiado mucho el panorama respecto a lo que había con Zapatero? Rajoy también ha subido de forma sustancial los impuestos; mantiene Patrimonio y ahora pretende elevar el Impuesto de Sociedades; continúa la reforma financiera iniciada por el anterior Ejecutivo; ha puesto en marcha la Ley Sinde; rescata a CCAA y ayuntamientos; sostiene la burbuja renovable; ha elevado el objetivo de déficit como pedía Rubalcaba; no elimina subvenciones a patronal, sindicatos y artistas; sigue la senda marcada por su antecesor en materia antiterrorista; aborto, "matrimonio" gay, LOGSE... ¿Seguimos? Ha cambiado la legislación laboral, eso sí, y aunque tiene aspectos positivos e innovadores, la reforma se queda lejos de ser ambiciosa y, por tanto, eficaz a corto plazo ante el drama del paro.

Y mientras Génova se ha decantado por seguir pusilánime en lo político y socialdemócrata (de "centro") en lo económico, las notas discordantes del PP, como es el caso de Cascos en Asturias y, muy especialmente, Aguirre en Madrid, siguen cosechando éxitos en las urnas, pese a las zancadillas. El caso más palmario es que Aguirre, no Arenas ni Rajoy, acabó, por méritos propios, con el cinturón rojo de la región, el tradicional granero de votos socialistas en la Comunidad de Madrid. La lección de las andaluzas es clara: o Rajoy se pone las pilas y empieza a gobernar en serio, adoptando todas las reformas en profundidad que precisa la economía para salir del atolladero, o la crisis también borrará a Rajoy del mapa en las próximas generales. El efecto Arenas debería servirle de advertencia.

Arenas ha conseguido el casi imposible. Ganar en unas elecciones andaluzas
El revolcón
Alfonso Ussía La Razón 27 Marzo 2012

«El domingo, el revolcón». No ha habido revolcón. Rafael Escuredo, el primer Presidente de la Junta de Andalucía criticó la prepotencia del Partido Popular con un calificativo desdeñoso y un «van como sobrados». La Televisión andaluza y TVE han unido sus esfuerzos para llevar a cabo una eficacísima campaña contra el Partido Popular. En este espacio del periódico se criticó la desidia, la autocomplacencia de un partido político, ganador con mayoría absoluta en las elecciones generales, que apenas concede importancia a la influencia de las televisiones públicas. La victoria del PP en Andalucía no sirve para nada. Para mí, que se han dado los peores resultados posibles, por cuanto el PSOE va a tener que gobernar obedeciendo los gestos del dedo índice de un comunismo anclado en el pasado siglo. El Partido Popular obtuvo en las elecciones del 20 de noviembre 400.000 votos más en Andalucía que el pasado domingo. Algo o mucho tendrán que meditar los dirigentes conservadores.

No soy imparcial. Tampoco objetivo. Suscribo la frase de Fernando Sánchez Dragó: «No soy neutral. Estoy en contra de la Izquierda, estoy a favor de España». Los votantes andaluces no han querido castigar la corrupción. Se trata del sistema que los gobierna desde hace treinta años, y un cambio en el sistema les causa pavor. El Gobierno recién estrenado de Mariano Rajoy, cumpliendo órdenes europeas, lo primero que hizo fue subir los impuestos. Y no lo supo explicar bien. Ahí está el gran fallo de la derecha española. No se explica bien, no conecta, no habla el lenguaje de la calle. Por ello el éxito arrollador y creciente de Esperanza Aguirre, que habla para que se le entienda, acercando distancias y cumpliendo a rajatabla sus palabras dadas. De Guindos, convence; Montoro produce una indescifrable confusión en toda mente normal, entendiendo como normal la mía. Y Rajoy se esconde en demasía. No para gobernar, que lo hace, sino para explicar con claridad sus medidas y proyectos inmediatos.

No estoy de acuerdo con los que señalan a Javier Arenas como el gran fracasado. Arenas ha conseguido el casi imposible. Ganar en unas elecciones andaluzas. El imposible lo establece la mayoría absoluta. El PSOE ha resistido y los comunistas han crecido. A ver cómo nos explican los liberales –ay, la Pepa–, y los conservadores los pormenores de su fallida estrategia.

Y en Asturias, el lío padre. Gana el PSOE, no pierde tanto Álvarez-Cascos, no gana posiciones el PP, Izquierda Unida avanza un poco y se cuela UPyD, que de nuevo, se queda sin recibir la llave del futuro Gobierno asturiano. Nadie entendería que el PP y el FAC no alcanzaran un acuerdo, pero todo es posible con una clase política tan rara como la nuestra. Y aprovechando que el Guadalquivir pasa por Sevilla y el Narcea riega la piel verde del Principado, el niño de Pujol, Oriolín, quizá Oriolet, se refiere a España como «el agua podrida que nos ahoga». Nos insulta a los españoles que no pensamos como él. Nos desprecia a los españoles –sus compatriotas–, que somos los mejores clientes de Cataluña. Nos reúne en un charco de agua estancada y putrefacta que infecta su presente. Las ideas son libres y siempre respetables si van acompañadas de civismo y cortesía. Lo de este niño chulo y memo resulta intolerable. Un mal domingo para España, sin duda alguna. El revolcón, al final, no sólo no se ha producido en Andalucía. Nos lo ha dado un majadero en Cataluña.

Lección de humildad
EDITORIAL www.gaceta.es 27 Marzo 2012

No acaba de entenderse que Javier Arenas no haya presentado la dimisión.

En su glosa de las elecciones andaluzas, Rubalcaba recurrió, como es fama en él, a la mentira –al decir, por ejemplo, que la reforma laboral del PP va contra el empleo, cuando el que ha destruido tres millones de puestos de trabajo ha sido el PSOE–.

Pero deslizó una media verdad que debería hacer reflexionar al Partido de Rajoy. “Somos fuertes” –repitió hasta cinco veces a modo de conclusión–. Es obvio que en España no es así, tras el inapelable batacazo del 20-N, pero se ha demostrado que donde los socialistas siguen siendo no ya fuertes sino correosos es en Andalucía, aunque sea con ayuda de los radicales de IU. Es como si el Partido de González y Guerra, de Griñán y Zarrías fuera una segunda piel anímica de esa comunidad autónoma y todos los intentos por cambiar statu quo endémicos se estrellaran.

Lo cierto es que el PP hizo mal en infravalorar al PSOE, y a Izquierda Unida, y dar por hecha una victoria absoluta sin la cual su esfuerzo por ganar más escaños ha resultado baldío. Ese ha sido el principal error del eterno novio del Palacio de San Telmo, Javier Arenas, y por extensión de Rajoy. Lo cual es doblemente grave tratándose de alguien que presumía de conocerse (y patearse) todos los rincones de la Bética. Que hasta llegó a comparecer en el balcón de Sevilla con Montoro y Báñez, los ministros de Hacienda y Trabajo, que en el imaginario colectivo de la izquierda representan el coco de los tijeretazos. Los errores de forma del candidato (rehuir la arena televisiva, perfil bajo) remiten a errores de fondo (escaso nervio, los complejos) y evidencian que, después de cuatro intentonas fallidas, no parece que sea el más adecuado para hacer frente al formidable bastión socialista. Por eso habrá que esperar a ver si continúa como candidato.

El statu quo de caciquismo y corrupción que ha dominado Andalucía desde la Transición se va a ver lamentablemente reforzado con el ascenso de Izquierda Unida que ha recogido parte del voto del descontento del PSOE, pero que ha movilizado también a quienes temían que la llegada de la derechona les recortara derechos. Suprema ironía, ya que no ha sido precisamente el PP el que ha conducido a la región a una tasa de paro del 31%, ni el que ha dejado 1,3 millones de desempleados, ni el que ha conseguido que el 40% se los andaluces no lleguen a fin de mes, ni el que ha desviado fondos de los ERE para repartir dinero entre los amiguetes del partido.

Al PSOE le interesa el salvavidas de sus compañeros de viaje de la izquierda para no desalojar el Palacio de San Telmo –y a Rubalcaba le faltó tiempo ayer para animar a Griñán a pactar con los comunistas–. Y a IU le viene de perillas acceder al poder autonómico con el doble fin de manejar presupuesto y de imponer sus dogmas económicos e ideológicos. Todo ello va a radicalizar considerablemente Andalucía. Si la ocupación de todos los resortes de poder por parte de los socialistas y la falta de alternancia durante las últimas tres décadas ha implicado el secuestro ideológico de una región donde se han comprado votos y voluntades a golpe de talonario, la llegada de IU y las exigentes condiciones que pondrán sobre la mesa para pactar con Griñán pueden generar una suerte de Frente Popular contra el PP e hipotecar definitivamente el futuro de Andalucía.

La llamada “socialdemocracia consecuente” que pide IU contra las reformas “neoliberales” significa, en román paladino, no apretarse el cinturón y tirar de inversión, aumentar el intervencionismo –como si Andalucía no estuviera ya suficientemente intervenida– y, en consecuencia, reforzar la postura de Griñán que se niega a adherirse al pacto de Gobierno para no sobrepasar el déficit autonómico. Es decir, lo menos oportuno para que España pueda tranquilizar a sus socios europeos y buscar la luz a la final del túnel.

Por si fuera poco, el espectacular repunte de IU va a cargar de razones a los socialistas para movilizarse a favor de la huelga general y conseguir que el 29-M sea un éxito. Será el estrambote del primer gran tropezón del partido de Rajoy con el quiero y no puedo de Andalucía.

En suma, si la del Partido Popular ha sido una amarga victoria y la del PSOE una derrota dulce, el de Izquierda Unida es un desembarco inquietante, que nada bueno augura ni para la región andaluza ni para el resto de España.

Andalucía se enroca en la izquierda. Fracaso del PP.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 27 Marzo 2012

El miedo triunfa en el subconsciente de los andaluces y no se fía de las promesas del PP. Y la verdad es que el PP no ha sido capaz de convencer, al menos no lo suficiente como para reconducir una situación de totalitarismo socialista que dura ya 32 años. Los andaluces han decidido que prefieren un gobierno paternalista que basa su política en las subvenciones, en los PER, en el enchufismo y en la corrupción más descarada donde si uno corrompe debe contar con la complicidad del que se deja corromper. Pero ¿es toda la culpa de los andaluces? Ya se sabe que el miedo es libre y que hace que el comportamiento sea irracional.

El PP se ha equivocado, otra vez, en creer que iba a ganar "de calle" e incluso su prepotencia le llevó a rechazar el debate televisivo en Canal Sur, el reducto de la manipulación socialista. El PP se ha equivocado en menospreciar a los medios de comunicación nacionales como TVE y las cadenas claramente posicionadas a favor del PSOE. Su pasividad en mantener al actual Consejo de RTVE ha sido suficiente para que esa manipulación haya conseguido llegar a los andaluces y que se convenzan de que era más lo que tenían que perder que lo ambiguo de las promesas del PP, cuyas medidas, aunque necesarias, representan lo mucho que ya se está perdiendo, sobre todo en el poder adquisitivo con las subidas del IRPF y del IBI.

Nadie podía dudar de que Andalucía aún guarda en su memoria colectiva décadas de ostracismo del que culpan a una derecha ya inexistente que relacionan con la dictadura y el caciquismo más despiadado. El hecho de que el PSOE y la izquierda se sigan manteniendo como la opción más votada confirma el rechazo a esa imagen de la derecha que hábilmente esos partidos han hecho coincidir con el PP. Y a eso no ha contribuido precisamente la situación de crisis y el que el PP tenga la responsabilidad de tomar medidas impopulares. Bien es verdad que se ha limitado hasta ahora a lo más fácil, ir directamente a la cartera de los ciudadanos.

Estamos en una difícil situación en la que Andalucía se ha convertido en una fuerte oposición para la política del Gobierno de Rajoy. Como siempre lo que ha fallado ha sido la comunicación y un exceso de confianza. Esa política arriolista que tanta influencia tiene en Rajoy y su entorno, es la que va a llevar al PP al fracaso más rotundo. Nunca antes un Gobierno había sufrido un desgaste tan grande en tan poco tiempo. Y la culpa es exclusivamente de ese Gobierno y de unos dirigentes que lejos de agotar otras posibilidades de recortes presupuestarios, han renegado de sus promesas electorales y se han dedicado a mentir a los ciudadanos imponiendo medidas injustas.

Para convencer hay que dar ejemplo y el PP no ha dado ejemplo de querer cambiar ciertas situaciones de prebendas políticas, de firmeza en la exigencia de compartir los sacrificios, ni de hacer prevalecer la mayoría absoluta que los ciudadanos le dieron hace escasamente 100 días. Su deriva hacia medidas poco imaginativas y de amplia repercusión social, solo demuestran un pánico escénico ante la gravedad de la herencia recibida. Pero eso no justifica el no haber agotado el resto de alternativas, tales como hacer efectivo el adelgazamweinto de las Administraciones públicas, la limitación inmediata de gastos superfluos y subvenciones injustificadas a Sindicatos, Asociaciones patronales y Partidos políticos, o la intervención efectiva de administraciones en quiebra real, o la obligación a la banca de facilitar el flujo de capital para reactivar la economía.

Ayer en Andalucía el PP fue la opción más votada, pero no obtuvo la confianza clara y contundente de una sociedad demasiado acostumbrada a depender de que su Gobierno e resuelva sus problemas y le garantice su subsistencia. Una sociedad que está dispuesta a pagar el precio de la corrupción, del despilfarro y del enriquecimiento delictivo de algunos de sus dirigentes como peaje de su "seguridad". Una sociedad que no parece dispuesta a sacrificarse solo por unas vagas promesas que dudan que se cumplan.

Es la cuarta vez que Arenas no consigue el Gobierno de Andalucía. Desgraciadamente, esta vez se ha perdido la única oportunidad de que España presente un frente común creíble ante la UE de la voluntad de salir de la crisis y cumplir con sus compromisos. Griñán y el PSOE ya han avisado de que no cumplirán con el objetivo de déficit, es decir no están dispuestos a colaborar. A esto el Gobierno de Rajoy deberá dar una respuesta contundente y firme, aunque caiga en la contradicción de exigir a los demás lo que él mismo no es capaz de cumplir.

Por el bien de España, espero que el PP empiece a gobernar ya y se deje de vacilaciones.

Los victoriosos vencidos
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 27 Marzo 2012

Lo de la “amarga victoria” lo dijo Guerra cuando ganó Aznar por los pelos en el 96, pero se hizo verdad ayer en Andalucía. Entonces fue dolido autoconsuelo pero ahora es la expresión más certera de la realidad. Javier Arenas vivió ambas y ha quedado, quizás definitivamente, hundido en esta. La marea azul llegó hasta la playa, pero la ola, mermado su ímpetu, murió en la arena. El vencedor virtual es el derrotado. Y los victoriosos, los vencidos. Lo es Griñan en el sur y lo es Cascos en Asturias.

Al primero, por cuya suerte nadie apostaba, le ha acabado por salir su jugada. Separó las autonómicas de las generales y el cálculo fue bueno. De naufrago a punto de ahogarse, de mascaron impostado, ha pasado a ser el bastión y el referente de poder casi único para los suyos. El desgaste de las medidas dolorosas del Gobierno, las anunciadas y las presentidas, pesaron más que los cenagales de los Eres falsos y las juergas cocainomanas. Los que sesgaban las encuestas, el fiasco de los pronósticos ha adquirido proporciones de alucinación colectiva, con su pretendido afán de cambio se quedaron durmiendo en casa con el pretexto del desfase, y la ideología busco el amparo de Izquierda Unida. Que son más que un sostén y una muleta. Doblan votos, escaños y fuerza, convirtiéndose en eje y refugio de la izquierda. Que a la postre, esa vieja y clásica izquierda, es quien ha demostrado su fortaleza, su resistencia empecinada en Andalucia y esos cuatrocientos mil votos muy largos quienes han marcado la diferencia y decidido el poder. Del que ahora serán parte y cuyas formas ,misión casi imposible por los hábitos de decenios , deberán cambiar.

El espantón de Cascos tenía pinta de acabar en el despeñadero. Pero ha logrado mantener la cuerda. Y a lo que se vuelve en la practica es a estar donde se estaba. Un poco peor para el pero también para el PP cuya frustración es evidente. Si hay presidente de derechas será el y sino serán los populares los culpable de dejar gobernar al PSOE.

La frustración es la palabra que define la noche electoral del PP. El primer tropiezo y el primer traspiés de Rajoy desde que vencieron en Galicia en el 2009 encadenando una larga serie de victorias crecientes truncadas al inicio de este 2012. Que para el PSOE y Rubalcaba significan oxígeno, aunque presumirlo como cambio de tendencia es una hipótesis demasiado arriesgada. Eso dependerá de si al fin y a la postre el Gobierno logra a medio plazo objetivos y sacar o no al país de sus marasmo y a los parados de su angustia.

Lo que ha quedado definitivamente demostrado, y desmontada la leyenda urbana, es que la abstención no es la madre que amamanta a la derecha. Para nada. Lo que resulta ser es la última trinchera contra el cambio. La renuencia a acudir a las urnas significa el deseo estático de que las cosas sigan como estaban. Han sido los presuntos votantes de subvertir el orden establecido quienes sea han quedado en casa. Y en Andalucía esos han sido lo que hace cuatro meses si votaron al PP y ahora se han quedado en su casa.

Hoy es martes. Y el jueves toca huelga. Los resultados del domingo animan a sus convocantes que temían que quedara arrumbada en urna antes de tomar la calle. Esa quizás sea mas que cualquier otra cosa lo que hoy en Seul más preocupe al presidente. Aunque, conociéndole, no le moverá un ápice de su ruta y su objetivo.

Transparencias
alfonso de la vega ABC Galicia 27 Marzo 2012

UNO de los males endémicos de la España eterna es la proliferación de leyes, agravado ahora por la hipertrofia autonómica. El asunto no es nuevo. Ya Tácito consideraba la multiplicidad de las leyes como señal cierta e infalible de un mal gobierno y de un pueblo corrompido.

Ahora, el gobierno pretende instaurar una Ley de Transparencia que acaso disimule la falta de voluntad real de luchar contra el despilfarro, cuando no mera corrupción, que es consustancial a nuestra política. Ahí está el caso de la aventura sediciosa de Cataluña, donde la casta nacionalista campa a sus anchas y pretende blindarse de la influencia de la leyes y tribunales españoles, incluido el Supremo, con la aquiescencia hasta ahora del «gobierno de España» y del acomplejado partido que lo sustenta.

Que no solo no hace nada contra la subversión y sedición catalanas consintiendo una mafiosa vacatio legis en esa parte de España, sino que para mayor INRI cuando si acaso algún prócer nacionalista resulta condenado, lo indulta. En Galicia, sin llegar a tales extremos, también tenemos misterios insondables como la asignación del tesoro eólico, la ciudad del Gaiás o el famoso Club «Campeón» con políticos centrales o autonómicos, concejales, empresarios, ediles...

Pero muchos políticos españoles de todas las taifas y colores consideran que basta con la promulgación de nuevas leyes sin proveer recursos para hacerlas posibles. Y así Soraya declara que ellos sí que son muy serios y buenos mientras su esposo casualmente es colocado junto a Urdangarín y la mujer de otro prócer socialista en una lucrativa poltrona telefónica. Sin olvidar a los poco austeros Gallardón, Camps, Matas, que han dejado a sus instituciones arruinadas, con o sin corrupción.

En esa Biblia española que es El Quijote se explica la misma idea ya citada de Tácito. Cuando el caballero aconsejaba a Sancho algunas técnicas para el buen gobierno de la Ínsula Barataria, que la oligarquía española se digna prestar para su mayor solaz y mejor diversión, le explica cosas que debe hacer y otras que no.

Don Quijote alecciona al flamante nuevo gobernador contra la excesiva proliferación de leyes: «Si las hicieras procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y se cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen, antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad de hacerlas no tuvo valor para hacer que se guardasen».

La credibilidad institucional está en juego con la nueva Ley de transparencia. ¿Seguirá el camino de otros buenos propósitos como los de ZP? Vamos a ver qué sucede con los casos de políticos en apuros. Pero es de temer que pasada la romería sea preciso reclamar lo de siempre: más voluntad y menos leyes.

Convergència aprieta
El partido de Mas y Pujol da un salto cualitativo al pedir un Estado propio para Cataluña
Editorial El País  27 Marzo 2012

Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) ha subido una nota estridente en su diapasón reivindicativo durante el congreso celebrado el pasado fin de semana. Pero esta vez no es un argumento más que CDC añade a su currículo nacionalista. Se trata de la creación de un “Estado propio”, ocurrencia del propio Artur Mas ante la posibilidad de que el congreso evitara circunloquios y sus delegados proclamaran lo que el cuerpo les pedía: la independencia.

En época de crisis, esgrimen los nacionalistas hasta ayer moderados, si Cataluña siguiera su camino en solitario y dejara de aportar los 16.000 millones que CiU calcula como aportación anual al resto de España, la comunidad sería la Holanda del sur. Hace años Convergència se miraba en el espejo de Irlanda. Los bajos tipos del impuesto de sociedades eran un acicate para ello. Pero la intervención de la UE arruinó la voluntad de dirigirse al modelo irlandés.

El guion que manejaba CiU hasta ahora contaba con dos episodios: el del pacto fiscal y luego el impreciso del derecho a decidir. Ahora, mientras que el primero se ve lejos debido a la crisis, al segundo CDC le pone nombre y apellidos y le llama “Estado propio”. Toda la humareda de retórica nacionalista que ha levantado el congreso de Reus ha servido, en la mejor tradición mesiánica, para trazar el camino a esa tierra prometida, un más allá que orilla astutamente la dureza cotidiana de los recortes sociales. CiU exhibe con orgullo su sentido de la responsabilidad para tachar de inoportuna la huelga en respuesta a la reforma laboral del Gobierno de Rajoy, pero siembra en cambio de dudas el futuro de Cataluña sin temer al nerviosismo de los mercados. Es ocioso recordar que el valor de un liderazgo se mide por saber adoptar medidas que desagraden al propio partido si resultan eficaces para el país. No basta con tener habilidad para trepar a lo más alto de la montaña rusa. Hay que saber imprimir el ritmo que sea más positivo para el conjunto de la sociedad.

CiU juega el papel de socio del Gobierno en Madrid, mientras que el PP a su vez le da sus votos en Cataluña. Ante la imposibilidad de avanzar con el PP de un brazo y el independentismo del otro, CDC parece optar por un adelanto electoral para 2013 en búsqueda de una mayoría más amplia. La ambigüedad es soportable hasta cierto punto: lo fue durante 23 años para Jordi Pujol. Su hijo Oriol es quien está ahora al cargo de la secretaría general, como número dos del presidente Mas. Está por ver la capacidad de esta nueva dirección nacionalista, que maneja tan bien la agenda mediática como los trabajos de aprendiz de brujo.

Ante la envergadura de la crisis no es precisamente tranquilidad lo que proporciona una Convergència sin recato para la exhibición de inmadurez y de arrebatos soberanistas, en el momento en que otro Pujol se prepara a suceder al sucesor de Pujol. Todo esto no se corresponde con la fuerza burguesa y previsible, tranquila y responsable que ha sido hasta ahora. En política, como ha demostrado la familia Bush, los hijos no suelen mejorar a los padres.

El bucle independentista de Convergència
El partido de Jordi Pujol y Artur Mas pierde su confianza en la utilidad del Estado español para Cataluña
Enric Company El País  27 Marzo 2012

“Ya era hora, es como salir del armario”. Esta frase de un delegado del 16 Congreso de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) celebrado en Reus celebrado en Reus el pasado fin de semana es probablemente una buena definición del paso que acaba de dar el partido de Jordi Pujol. Después de marear la perdiz durante décadas, Convergència ha terminado por proclamarse independentista. Al hacerlo ha dado la razón a quienes consideran que un nacionalista consecuente tiene que ser independentista.

La habilidad dialéctica y política del fundador del partido, Jordi Pujol, habían logrado rehuir la espinosa cuestión hasta ahora, refugiandose en una suerte de accidentalismo muy parecido al practicado por la Lliga Regionalista de Francesc Cambó en el primer tercio del siglo XX. A la disyuntiva entre monarquía y república, Cambó respondía “¡Cataluña”. A la alternativa entre autonomía y federalismo o independencia, Pujol respondía hasta hace poco “¡Cataluña!”.

Después de marear la perdiz durante décadas, Convergència ha terminado por proclamarse independentista

Pero este recurso ha dejado de funcionar. El parteaguas que ha llevado a Convergència a abandonar el accidentalismo es sin duda alguna el desguace de la reforma del Estatuto de Autonomía por el Tribunal Constitucional, en 2010. Aquella sentencia destrozó la ya de por sí muy escasa confianza de un partido nacionalista como el de Pujol en la ecuanimidad de las instituciones centrales del Estado español, confirmando su percepción de que están controladas por una burocracia de Estado de raiz castellana empeñada en tratar a Cataluña como una mera provincia desprovista de entidad nacional propia.

La reacción del nacionalismo catalán posibilista representado por Convergència ante esta deriva de la situación relativa de Cataluña dentro de España no se ha limitado a la decepción entre quienes creyeron que podían mejorarla, como el propio Pujol. No, lo que junto a la frustración se ha producido en Convergència y su universo social próximo en estos últimos años es un proceso de desapego respecto a la idea del Estado español como entidad política útil para Cataluña. Es uno de los aspectos de la desafección política de la que en su día advirtió el presidente José Montilla. En Cataluña, el Estado español como aparato politico-administrativo siempre fue considerado como algo bastante ajeno, que actúa basándose en intereses a los que califica como superiores pero que resultan ser a menudo distintos a los propiamente catalanes, cuando no directamente contrarios o perjudiciales. Esta idea, presente desde siglos en la sociedad catalana, gana espacio cada día desde la sentencia del Tribunal Constitucional.

El bucle consiste en que el Gobierno del PP no tiene por qué hacerle caso cuando le habla de independencia, porque puede creer que en realidad le está presionando para obtener dinero

Sin embargo, y a pesar de todo esto, cuesta mucho creer que la opción de Convergència por la independencia de Cataluña sea una apuesta seria. Sobre todo porque, en coherencia con la tradición más arraigada del pujolismo, llega unida a una propuesta de negociación fiscal que aspira a alcanzar una situación como la de Euskadi y Navarra, y, está superpuesta, además, a una angustiosa crisis de tesorería en el Gobierno de Artur Mas. ¿Qué significa esa afirmación repetida una y otra vez por los dirigentes de Convergència según la cual si no hay pacto fiscal al alza, a Cataluña no le quedará otra salida que la independencia? Pues muy sencillo, significa que si hay dinero el partido volverá al autonomismo. Entonces, ¿cómo no tomar la apelación a la independencia como mero tacticismo?

El tacticismo en nombre de Cataluña forma parte del acervo práctico acumulado desde 1980 por el pujolismo, está en el ADN de Convergència. Su despliegue a lo largo de décadas ha tenido efectos devastadores para la imagen de Cataluña en el resto de España. Pero a estas alturas, tanto el PSOE como el PP saben por experiencia que una cosa es lo que CiU proclama de cara a su clientela electoral y otra lo que está dispuesta a aceptar en los despachos del poder, en Madrid.

El bucle en el que ahora se ha metido Convergència consiste en que el Gobierno del PP no tiene por qué hacerle caso cuando le habla de independencia, porque puede creer que en realidad le está presionando para obtener dinero. Pero tampoco cuando le habla de dinero con la amenaza de una independencia, a la que de todas formas asegura que no piensa renunciar como horizonte a medio plazo. Porque cualquier Gobierno puede pensar entonces que mejor sería gastárselo en proyectos que no pasen por Cataluña, como por ejemplo cualquier destino para el AVE de Madrid o el enlace ferroviario de Madrid a Francia por el Pirineo aragonés.

Esta es la lógica en la que se está metiendo Convergència.

CATALUÑA
El cisma identitario
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  27 Marzo 2012

Cometería un flagrante delito de intrusismo si me arrogara el derecho a opinar, desde un punto de vista religioso, sobre conflictos confesionales que no entran en el marco de mis conocimientos ni de mi ideología.

Sin embargo, el movimiento cismático que se registra en la Iglesia católica de Cataluña no es producto de diferencias teológicas, sino de las mismas motivaciones identitarias que alimentan los proyectos de desmembrar la nación española en lo institucional, lo social, lo jurídico, lo económico, lo cultural y lo educacional. Se trata, por tanto, de un problema político, y es lógico que, por serlo, justifique la intervención de los ciudadanos, creyentes y no creyentes, a los que preocupa y alarma la amenaza de balcanización. Sobre todo porque el hecho de que a los secesionistas no los detenga ni siquiera la posible ruptura blasfema de lo que para ellos debería ser sagrado demuestra que sus obsesiones irracionales no conocen límites.

Un exabrupto injurioso
Me ocupé de este tema en mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota (Flor del Viento, 2002), donde reproduje una polémica que, como veremos, hoy se repite. Manuel Valls i Serra, entonces director de Catalunya Cristiana, escribió (La Vanguardia, 6/1/1997):

Podría suceder que –sin quererlo– estuviésemos haciendo un catalanismo eclesial demasiado vinculado a una toma de posición política concreta. Ciertas tomas de posición, ¿no hacen aparecer a la Iglesia como agente o transmisora subalterna de una política que a otros podría parecer discutible? (...) Una parte importante de nuestros conciudadanos tienen el catalán como segunda lengua, pero habitualmente continúan hablando en castellano (...) Cuando en nuestra sociedad se está abriendo un debate sobre estas cuestiones, sería una paradoja que nosotros nos obstináramos en repetir de memoria, una y otra vez, unos planteamientos que no respondieran adecuadamente, por lo que parece, a la complejidad del problema tal como hoy se presenta (...) Cuando se sugiere una diferenciación con la conferencia episcopal española, porque –se dice– "en ella no nos sentimos representados", estamos pidiendo algo que, hoy por hoy, ni a nivel deportivo hemos conseguido. Me temo que una petición así, según cómo se haga, no consiga otra cosa que irritar y predisponer en contra nuestra a estos hermanos (...) Una ruptura podría dejar a la Iglesia catalana aislada y la haría resbalar por la pendiente de un provincianismo del que ya ahora sufrimos algunos síntomas.

La respuesta a esta reflexión prudente y realista llegó de manera fulminante en un exabrupto injurioso. Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, no buscó eufemismos para maquillar su militancia sectaria (La Vanguardia, 9/1/1997):

La Nunciatura y la Secretaría de Estado [del Vaticano] tampoco entienden, o al menos no protegen, la realidad social y por tanto eclesial catalana. Sólo nos queda, como muro de defensa, la unanimidad moral de la opinión de los católicos catalanes al respecto, con la seguridad de que no habrá silencio de los corderos, ni de las ovejas. De ahí la gravedad del contramanifiesto que desde La Vanguardia lanzó el día de Reyes el director de Catalunya Cristiana. A esto yo lo llamo lerrouxismo eclesial (...) Entristece ver que un sacerdote catalán tacha de intromisión política una aspiración tan natural. No pretendemos una Iglesia catalana independiente de Dios ni de la Santa Sede, pero no la queremos dependiente del gobierno español, ni de la COPE o de algún cura lerrouxista (...) El más grave problema de Cataluña, tanto en lo político como en lo eclesiástico, es la unidad de su población (...) Estoy seguro de que nuestro pueblo, el único pueblo de Dios en Cataluña, no caerá en la trampa lerrouxista que ahora se le tiende.

La piedra del escándalo
Hoy, la polémica se repite. Con distintos protagonistas pero con la misma dosis de intolerancia: los guardianes de la ortodoxia secesionista no admiten desviaciones del dogma identitario, que aplican tanto a la lengua vehicular en la escuela y en la administración pública como a la liturgia religiosa. Esta vez es Xavier Novell, obispo de la diócesis leridana de Solsona, quien se ha convertido en la piedra del escándalo, en el "cura lerrouxista" del que abominaba Hilari Raguer. Ya en el 2010, entrevistado en TV3 por Josep Cuní, respondió, a una pregunta capciosa, con un enfático: "¿La Iglesia catalana existe? Existe la Iglesia en Cataluña". Para agregar luego: "Soy catalán, hablo esta lengua, pero como pastor me toca ser servidor y pastor de todos (...) La Iglesia está en Cataluña e intenta hablar la lengua de aquí, en catalán, pero también en castellano porque hay gente que habla castellano".

Salvador Cardús i Ros retoma el tema (La Vanguardia, (21/3/2012), con una variante. Aparentemente Novell contestó a otro periodista: "No hay ninguna Iglesia catalana, en todo caso hay Iglesia en Cataluña". Y agrega Cardús i Ros: "Una respuesta calcada a la que dio el obispo de Vic justo al ser nombrado". A partir de lo cual, este guardián de la ortodoxia secesionista desarrolla, con peculiar sintaxis, su reflexión denigratoria:

Sí: es de risa de que dos jóvenes obispos "en Catalunya" –lo digo así para evitar que se sientan ofendidos si digo "catalanes"– quieran zafarse del envite de una pregunta como esta, sugiriendo su fidelidad a la Iglesia Católica Universal (sic). Sobre todo porque ellos saben muy bien que sí existe una Iglesia española, con un perfil nacional muy definido en sus múltiples documentos, algunos de los cuales muy recientes. Dos obispos jóvenes, por otra parte, ejemplo del dramático retroceso de la Iglesia institucional catalana en relación a su compromiso con las esperanzas de su pueblo. Poner en duda la existencia de una Iglesia catalana conociendo su historia como gran provincia eclesiástica Tarraconense, sus grandes hombres de Iglesia (...) eso sí que es hacer política, pero española.

Dos banderas españolas
La pretensión de instrumentar a una fracción de la Iglesia católica para ponerla al servicio del nacionalismo radical generó algunos episodios poco edificantes. La Vanguardia (9/2/1998) narró uno de ellos:

La ofrenda de una bandera catalana que los consells comarcals gobernados por CiU realizaron ayer a la Virgen de Montserrat sirvió al president de la Generalitat, Jordi Pujol, para defender un "patriotismo sano" en Cataluña, que identificó con la senyera y Montserrat como símbolos naturales de la catalanidad. Con su discurso, Pujol justificaba al mismo tiempo la conmemoración en el monasterio montserratino del décimo aniversario de los consells comarcals, un acto que había sido criticado por dirigentes del PP, PSC y ERC, que han acusado a CiU de instrumentalizar políticamente una mezcla de símbolos civiles y religiosos.

Una de las consecuencias del acto en que intervino Pujol es que, desde ayer, en la antesala del camarín de la basílica de Montserrat, una senyera catalana acompaña a las dos banderas españolas que figuraban hasta ahora en solitario. Una la había ofrecido el rey Alfonso XIII en nombre de las diputaciones españolas, en 1929, y la otra los supervivientes del tercio Nuestra Señora de Montserrat, en 1939, que combatió en el bando nacional.

El president destacó en su intervención ante el abad Sebastià Bardolet el papel que ha jugado Montserrat como símbolo de catalanidad, más allá de su fiel vocación religiosa. "De manera natural –dijo–, generaciones de catalanes han visto en Montserrat un símbolo de catalanidad e, incluso, una garantía de pervivencia de nuestro pueblo".

Prepotencia insoportable
Siempre he sido reacio a reforzar mis argumentos exagerando o desfigurando las similitudes o afinidades que existen entre corrientes políticas a las que soy hostil. Se trata de un recurso simplista y desprovisto de sustancia intelectual, sobre todo cuando una de esas corrientes está tan desprestigiada que contamina con su descrédito todo lo que toca. A pesar de ello, la denunciada "mezcla de símbolos civiles y religiosos" practicada con intención partidista, así como la arriba citada afirmación de los cismáticos identitarios en el sentido de "que el más grave problema de Cataluña, tanto en lo político como en lo eclesiástico, es la unidad de su población", y la apelación a "nuestro pueblo, el único pueblo de Dios en Cataluña", exhalan un tufillo totalista, por no decir totalitario, que asusta. Y me hace evocar experiencias penosas vividas bajo el régimen peronista, ese sí totalitario.

El peronismo se esforzó por cooptar, desde el vamos, a la Iglesia católica. Derogó, por ejemplo, la casi centenaria Ley 1.420, de enseñanza laica, y la sustituyó por otra de enseñanza religiosa. La jerarquía eclesiástica de aquella época se mostró complaciente, y marginó a sacerdotes díscolos como el venerable obispo de Temnos, monseñor Miguel de Andrea, y el padre José María Dumphy, que junto con un puñado de ciudadanos católicos incorruptibles se arriesgaron a colaborar con la oposición democrática. Sin embargo, con el transcurso del tiempo la prepotencia del peronismo se volvió insoportable. Junto al culto a la Virgen de Luján se institucionalizó la idolatría fetichista a Evita. La doctrina justicialista se perfilaba como la nueva religión hegemónica, concebida, "tanto en lo político como en lo eclesiástico", para "la unidad de su población", apelando a "nuestro pueblo, el único pueblo de Dios en Cataluña". Perdón, en Argentina.

El cristianismo justicialista

Lila M. Caimari reproduce, en Perón y la Iglesia Católica (Espasa Calpe Argentina - Ariel, 1997), un discurso de Perón en el que expone su pensamiento sin medias tintas:

Nosotros [los peronistas] no solamente hemos admirado y admiramos las liturgias y los ritos católicos, sino que admiramos y tratamos de cumplir esta doctrina (...) Por eso, compañeros, el peronismo, que quizás a veces no respeta las formas pero que trata de asimilar y de cumplir el fondo, es una manera efectiva, real y honrada de hacer el cristianismo, por el que todos nosotros, los argentinos, sentimos una inmensa admiración (...) Nosotros somos simplemente cristianos y queremos serlo. Queremos ser cristianos en nuestras obras y no por la ropa que nos ponemos ni por los actos formales que realizamos, y también por ello, compañeros, nos hemos puesto a la obra de difundir nuestra doctrina. Difundiendo la doctrina peronista, expresándola por toda la República, sabemos que estamos haciendo el bien. Hacerlo sin mirar cómo ni a quién, favoreciendo donde podemos favorecer, así es nuestro cristianismo, el cristianismo práctico justicialista.

Aunque el enfrentamiento entre la jerarquía católica y Perón se iba agudizando a medida que éste exhibía con más desparpajo su intención de engendrar una Iglesia nacional, que encarnara la simbiosis entre el cristianismo y la ideología autóctona justicialista, algunos prelados secundaban el proyecto. Caimari transcribe un sermón proselitista del cardenal Antonio Caggiano:

Os repetiré la frase de Albert de Mun a los católicos de su tiempo: "No contempléis impasibles cómo pasan las transformaciones de vuestro siglo con la resignación de los vencidos. Subid audazmente sobre el tren y tratad de dirigir la máquina". Mirad cómo gran parte de nuestros conciudadanos, solicitados por el Superior Gobierno de la Nación para que colaboren en el 2º Plan Quinquenal destinado al bien común de todos los argentinos, se disponen y se esfuerzan por secundarlo. ¿No tenemos una gran colaboración que aportar? El Excelentísimo Señor Presidente lo repite con insistencia: "Queremos hombres buenos, necesitamos hombres buenos, hay que formarlos para que la Patria sea grande". Ea: subid al tren: no lo dejéis pasar impasibles.

Los regímenes políticos nacionalistas, populistas o totalitarios, indistintamente, movilizan todos sus recursos para contar con un instrumento religioso. Lo hizo el estalinismo con la rama subordinada de la Iglesia ortodoxa rusa, lo hace la dictadura china con su pseudoiglesia católica nacional, lo hizo el peronismo con la Iglesia católica adicta hasta que ésta se rebeló contra el proyecto hegemónico que la habría fagocitado. Entonces la historia terminó mal. El 16 de junio de 1955 los vándalos peronistas profanaron e incendiaron varias iglesias de Buenos Aires, ante la pasividad cómplice de la policía y los bomberos.

Sería bueno, tanto desde el punto de vista religioso como desde el político, que, a la luz de estos precedentes, la Iglesia católica se blinde, en Cataluña, contra la tentación de subir al tren de los cismáticos identitarios.



Cataluña
La Generalidad solo subvenciona a las empresas que fomentan la integración de discapacitados si rotulan en catalán
El Gobierno autonómico continúa ignorando sistemática e impunemente la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, que dictaminó que las empresas privadas no tienen el deber de disponibilidad lingüística, ya que el derecho a ser atendido en cualquiera de las lenguas oficiales de Cataluña ‘solo puede ser exigible en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos’.
Andreu Caballero www.vozbcn.com  27 Marzo 2012

La Consejería de Empresa y Empleo de la Generalidad repartirá 47 millones de euros en subvenciones a las empresas que fomenten la integración laboral de personas con discapacidad, tanto intelectual como física, siempre y cuando los rótulos, la señalización, los carteles de información general y los documentos de oferta de servicios estén redactados en catalán.

Así lo establecen los requisitos exigidos a las empresas que quieran optar a dichas ayudas -correspondientes al año 2012- y que han sido publicados este lunes en el Diario Oficial de la Generalidad de Cataluña (órdenes EMO/65/2012 y EMO/66/2012).

Las subvenciones suponen, en uno de los casos, hasta el 75% del coste salarial de los discapacitados para las empresas que estén registradas como centros especiales de empleo, con el objetivo ‘financiar iniciativas para el mantenimiento de puestos de trabajo’ de esas personas. Y en el otro, hasta 1.669,57 euros anuales por cada persona discapacitada, en concepto de ‘ayudas complementarias en reconocimiento y compensación al esfuerzo de los centros en la contratación de personas trabajadoras más cualificadas en las unidades apoyo’.

Su incumplimiento es causa de revocación de la subvención
En ambos casos uno de los ‘requisitos de las entidades solicitantes’, cuyo incumplimiento es causa de revocación de la subvención, es el de ‘cumplir los requisitos establecidos en los artículos 32.1, 32.3 y 36.4 de la Ley 1/1998, de 7 de enero, de política lingüística‘. Estos artículos establecen que:

Las empresas y establecimientos dedicados a la venta de productos o a la prestación de servicios que desarrollan su actividad en Cataluña deben estar en condiciones de poder atender a los consumidores y consumidoras cuando se expresen en cualquiera de las lenguas oficiales en Cataluña.

[...] La señalización y los carteles de información general de carácter fijo y los documentos de oferta de servicios para las personas usuarias y consumidoras de los establecimientos abiertos al público deben estar redactados, al menos, en catalán. Esta norma no se aplica a las marcas, los nombres comerciales y los rótulos amparados por la legislación de la propiedad industrial.

[...] Los rótulos e informaciones de carácter fijo y que contengan texto que han de constar en el interior de los centros laborales dirigidos a las personas que trabajen en los mismos deben figurar, al menos, en catalán.

Las empresas privadas no tienen ‘deber de disponibilidad lingüística’
Sin embargo, esta normativa, que obliga a las entidades privadas a atender -oralmente o por escrito- a sus clientes, al menos, en catalán, fue derogada por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, de junio de 2010. Entonces, el Alto Tribunal estableció en el fundamento jurídico número 22 lo siguiente:

‘El deber de disponibilidad lingüística de las entidades privadas, empresas o establecimientos abiertos al público no puede significar la imposición a éstas, a su titular o a su personal de obligaciones individuales de uso de cualquiera de las dos lenguas oficiales de modo general, inmediato y directo en las relaciones privadas, toda vez que el derecho a ser atendido en cualquiera de dichas lenguas sólo puede ser exigible en las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos‘.

La discriminación también alcanza a las entidades que combaten la pobreza
A pesar de ello, y como se puede comprobar en este caso, al igual que ocurre con las multas lingüísticas a los comerciantes que no rotulan en catalán, la Generalidad continúa ignorando sistemática e impunemente el dictamen del Tribunal Constitucional.

De hecho, la convocatoria de subvenciones realizada hace cuatro semanas por la Consejería de Bienestar Social y Familia para las entidades que combaten la pobreza estableció los mismos requisitos: solo podrán optar a las ayudas, aquellas que utilicen el catalán en sus rótulos y comunicaciones.


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Se acabó la prórroga para Rajoy
Luis del Pino Libertad Digital 27 Marzo 2012

Se acabó la prórroga.

A lo largo de la última legislatura, la excusa que desde la C/ Génova se daba para no hacer una oposición acorde con los principios ideológicos de su base social era: "hay que adoptar un perfil moderado para ganar las elecciones".

La primera prueba de fuego para esa estrategia fueron las pasadas elecciones generales del 20N y el resultado fue que el PP solo consiguió absorber un tercio de los votos perdidos por el PSOE, y a cambio de perder a su vez casi un millón de votantes hacia UPyD y la abstención. El balance neto fue un escueto ascenso de 600.000 votos, una ganancia muy pobre para un país sumergido en la peor crisis económica de su Historia y con casi cinco millones de parados.

De todos modos, el PP logró la mayoría absoluta. Consiguió una mayoría ajustada, pero la consiguió. Con lo que en estos tres meses hemos vivido una prórroga de la misma estrategia. Y exactamente con la misma excusa para seguir sin responder a las demandas ideológicas de su base social: que había que ganar las elecciones, esta vez en Andalucía.

Pero con un agravante: mientras estás en la oposición, tus electores saben que, al fin y al cabo, poco puedes hacer desde el punto de vista práctico. Con lo cual, algunos pueden perdonar que tus tomas de posición sean tibias. Pero si estás en el gobierno, y encima con mayoría absoluta, resulta imposible defender la inacción. Y resulta aun más imposible defender la continuación activa de la política de Zapatero, que es a lo que se ha dedicado Rajoy desde que ha llegado a la Moncloa: la subida de impuestos, el no recorte del gasto público, el no desmantelamiento del estado autonómico, la conservación de los medios públicos de comunicación en manos de la izquierda, el pasteleo con CIU, el indulto a corruptos, la no ilegalización del brazo político de ETA, los intentos de neutralizar a las asociaciones de víctimas opuestas a la negociación, la no defensa de los derechos lingüísticos, el mantenimiento de las subvenciones a los sindicatos... Si se analiza objetivamente la acción de gobierno durante estos tres meses, no hay nada importante que el PP haya hecho distinto de lo que Zapatero hubiera podido hacer.

Y ayer los votantes han emitido su veredicto. Y no puede ser más demoledor: el PP ha ganado las elecciones, pero a pesar de tener el gobierno central, a pesar del terrible desgaste socialista por la crisis económica y a pesar de la avalancha de casos de corrupción que ha enfangado a la Junta de Andalucía, Javier Arenas queda lejos de la mayoría absoluta.

Aunque lo verdaderamente preocupante no es que no se haya alcanzado la mayoría necesaria para gobernar, sino que el PP ha sido incapaz de movilizar a su propio electorado: los populares cosechan 400.000 votos menos que en las pasadas elecciones generales, y 160.000 votos menos que en las anteriores elecciones autonómicas de 2008.

Es decir: para muchísimos electores populares, ni siquiera el deseo de poner fin a un régimen socialista que dura ya más de 30 años ha sido aliciente bastante para acercarse a las urnas a respaldar con su voto al PP.

Así que la prórroga ha terminado, y con un sonoro fracaso para Rajoy. Si hubiera conseguido el gobierno andaluz, podría haber esgrimido esa victoria para prolongar su estrategia zapaterista, pero el batacazo de ayer deja bien a las claras que una parte nada desdeñable de sus electores está hasta las narices: tanto, que ni siquiera el miedo al triunfo de la izquierda sirve ya para movilizarlos.

De modo que a partir de ahora, acabadas las excusas, Rajoy va a tener que gobernar. Y va a tener que hacerlo para sus electores, no para los del PSOE, los de Bildu o los de Convergencia y Unión.

Si es que quiere que su legislatura no acabe como el rosario de la aurora, claro.


«Infotainment» convergente

maría jesús cañizares ABC Cataluña 27 Marzo 2012

COMO mandan los cánones congresuales, las bases de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) han recibido una buena dosis de «panem et circenses» este fin de semana para evitar que los sectores más díscolos cuestionen la gestión de la cúpula de un partido que tiene al PP como socio preferente. Los nacionalistas suelen ser muy hábiles en la ejecución de sus guiones y a excepción del cónclave celebrado en 2004, cuando la inesperada enmienda de un militante favorable a votar «no» a la Constitución europea si ésta no blindaba la oficialidad del catalán obligó a celebrar un congreso extraordinario, siempre han logrado mantener la tensión sin desmanes.

En esta ocasión, el alimento soberanista se ha traducido en la defensa literal de un Estado propio, mientras que el espectáculo ha consistido en la puesta en escena de un relevo generacional y hereditario, encarnado por Oriol Pujol, a quien su padre, el ex presidente catalán Jordi Pujol, ha encomendado la «épica» tarea de combatir en la arena política a los bárbaros españoles.

En CDC no es nuevo el recurso al «casus belli», puesto que todo discurso patriótico que se precie combina información —ideario— y entretenimiento —catastrofismo identitario, belicismo incruento...—. Nada que objetar al consumo interno de ese «infotainment», una versión actualizada de quel pan y circo. Lo grave es que ese mensaje se convierta en hoja de ruta gubernamental y mediática de Artur Mas. Si TV3 nos ha ofrecido hasta ahora píldoras propagandísticas como «1812. Quan erem francesos» o «Adéu, Espanya?», ¿qué ocurrirá cuando CiU tome el control de los medios públicos catalanes?

El auténtico cometido épico lo va a tener el PP al frente de la vicepresidencia de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA). Efectivamente, CDC acaba de abrazar el independentismo —o casi— tras pactar la composición de ese estratégico órgano con los populares, quienes admiten que no será fácil introducir cambios ideológicos en unos medios que llevan 29 años bajo la férula nacionalista.

Como mucho, podrán propiciar que la televisión autonómica esté dirigida por alguien con un perfil muy parecido al de Josep Puigbó quien, tras ser descartado como consejero de la CCMA, es visto con buenos ojos por el PP tras su trayectoria al frente del Telediario junto a la hoy Princesa de Asturias Doña Letizia.
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