AGLI Recortes de Prensa   Sábado 14 Abril 2012

Necesitamos optimismo
Francisco Rodríguez Adrados La Razón 14 Abril 2012

Necesitamos un poco de optimismo, aunque no estamos calificados, de momento, para decidir si está justificado o no. Decidimos que sí, no hay motivo para que no sea esta vez así, como lo fue otras. Porque de pesimismo estamos cansados todos, pero un poco de optimismo, yo diría que bastante, nos lo dieron las pasadas elecciones y ahí está. Pensábamos que del zapaterismo no íbamos a salir. Pues bien, ya hemos salido. La verdad, para ser justos, algo del zapaterismo iba cayendo ya antes de que cayera Zapatero. Ciertos ministros (y ministras) iban, en efecto, desapareciendo. Nosotros deducíamos que se intentaba rectificar. Zapatero, a regañadientes, aceptaba nuestras críticas.

Pero dejemos en paz a Zapatero. No es que sea cierto el antiguo mito en el que creíamos de niños, que la verdad triunfa por sí misma. Hay que ayudarla y aun así... Pero al final todo se va sumando y ya ven lo del 20N. Y ven cómo el dúo dinámico de los sindicatos ha fracasado en su insensata huelga general.

Esta es la razón de un optimismo moderado: el del título. Pese a todo, va penetrando la idea de que ciertas cosas no pueden seguir. No se puede hacer, de entrada, una huelga general a cada Gobierno, sólo para demostrar poder y seguir recibiendo subvenciones. Ni vale una oposición desmelenada.

Porque hay un cansancio de la hybris, del abuso del que manda, del que al final se cansan los mandados. Y del dogma de la izquierda, de que está ungida para el poder. Ya dije hace tiempo que hoy socialistas somos todos, pero que entre los mismos socialistas triunfó hace ya mucho el socialismo democrático de Lasalle (frente al fanático de Kautsky e Iglesias y Largo, y no sigo). Cierto que fue aplastado con frecuencia por el socialismo fanático, Dios nos libre.

Con todo, el grande y verdadero cambio no acaba de arrancar. Pero hay un clima de espera, si no de esperanza, de rechazo de los rechazos interesados, de confianza, en definitiva, en la racionalidad. Este es nuestro optimismo: procede de que lo del 15 de mayo, lo de Valencia, lo de la huelga haya quedado atrás como episodios aislados.

Aunque es cierto que es penoso que demasiadas cosas tengan que esperar tanto. Por ejemplo, la enseñanza, maniatada por idealismos y burocratismos insensatos, por divisiones territoriales, por antihumanismo, por la rebaja de niveles, por... Pues bien, esperemos, tenemos que aferrarnos al optimismo, a la confianza en recuperar su ritmo, en nuestro saber de que las locuras no son eternas. El hombre es un ser que se recupera de las peores situaciones. Yo acabo de recorrer la Europa central y oriental, la recuperación después de las mil desgracias que nos cuentan, se toca con las manos. Los errores se pagan. Son cosa humana, son cosa de muchos, no sé si de todos, al menos de los socialistas y sus precursores y aliados. ¡Qué errores los de Carlos Marx y de sus peores discípulos! Y de los que buscaban milagros y traían tempestades. Entonces, esa terrible noria de la vida política española, desde los comienzos del siglo XIX al menos, tiene su explicación. Errores que se pagan con derrocamientos y luego, ¡vuelta a empezar!

Sírvanos de ejemplo, para comenzar, aquella Constitución del año 12, en parte justa, pero tan imprudente, tan provocativa, que fue, más que otra cosa, una vendetta frente a los abusos. Jamás se aplicó. Pero hubo un buen giro: una vuelta de los exiliados, Constituciones, Cortes, Partidos, una pacificación general, María Cristina, Isabel. Creció España, es la época de los ferrocarriles, las traídas de aguas, los nuevos barrios, las artes. Sí, pero hubo sublevaciones nada democráticas, no quiero nombrarlas. ¡Isabel hubo de exiliarse, le echaban la culpa de sus amantes, a sus problemas y su buena voluntad no miraban! No quiero dar una lección de Historia, la he dado otras veces, hablando del giro hacia arriba y abajo de la noria política española. Demasiados salvadores.

Sólo cuatro palabras para la revolución de 1868, para la I República, el caos organizado. Y, sin embargo, hubo la Restauración, momento, pese a todo, de reconciliación entre los partidos conservador y liberal y de progreso de la nación. Esto puedo decirlo, incluso, por recuerdos familiares, es cuando surgieron en Castilla y León gentes campesinas que llegaron a un status social y económico relativamente elevado, las mujeres comenzaron a estudiar. Y España fue capaz, pese al desastre de Cuba, inevitable, de reponerse. En vez de tanto lloriqueo, tipo Unamuno, se puso a trabajar. Progresó en el siglo XX y no fueron los llamados «regeneracionistas», los que regeneraron a España, sino hombres que se hicieron a sí mismos, como Menéndez Pelayo y Menéndez Pidal, Ramón y Cajal y tantos escritores, tantos políticos notables.

España tenía, tiene, una capacidad de regeneración automática, como ciertos seres vivientes. Luego vino lo que vino, lo de siempre. Tras atentados y huelgas llegó el esperpento de la II República. Esa que tanto se empeñan en blanquear algunos. Yo la viví y no quiero contarla. Mil desgracias. Pero vean que tras nuestra guerra, tras mil catástrofes, en los cincuenta y los sesenta se recobró la economía, se repuso la Universidad, creció la ciencia, hubo una enseñanza media que ya la querríamos ahora. Algo tuvo que ver con esto mi generación, la que no había hecho la guerra pero había sufrido sus consecuencias. Y ahora sufre un silencio manipulado en torno a sí, mientras han ocupado la escena, a largos ratos, los que nos han traído a esto.

Se puede tener confianza en España. A poco que se la mime y se logre contener las tendencias disolventes, ella misma vuelve a ponerse en pie. Con tal de que no haya represalias ni revanchas, que se logre controlar a los demonios de siempre. Ahora estamos en un momento difícil, hay que trabajar y confiar, una vez más. No cometer errores. Sobran los que gritan y estorban.

¿De verdad se puede rectificar el modelo autonómico?
Jose Javier Esparza www.gaceta.es 14 Abril 2012

Es posible "recentralizar" España, pero, ojo: el PP y el PSOE están tan interesados en mantener el modelo autonómico como los nacionalistas vascos y catalanes. Cuestión de poder.

La singularidad de nuestra crisis reside en que hemos vendido los instrumentos que nos permitirían gobernarla. Hemos vendido hacia fuera los instrumentos financieros (ahora los tiene Bruselas) y hemos vendido hacia dentro muchos de los instrumentos de gestión, gasto y ahorro (ahora los tienen las comunidades autónomas). Por eso nuestra crisis no es sólo una crisis económica, sino ante todo una crisis política.

Ante una crisis política no hay “soluciones”. El imaginario tecnoeconómico en el que vivimos nos hace creer a veces que los problemas públicos se arreglan como una máquina: pulsando tal o cual botón, activando tal o cual palanca, magia mecánica… No, no: no hay “solución técnica” a una crisis política. Pero sí que hay respuestas posibles. Respuestas políticas. Respuestas que, ciertamente, exigen un acto de voluntad… política. Pero es que la política es, ante todo, el arte de la decisión.

Si nuestro problema es que hemos vendido instrumentos de decisión hacia dentro y hacia fuera, las respuestas tendrán que formularse igualmente hacia dentro y hacia fuera. ¿Cuáles podrían ser las respuestas “hacia dentro”? Por ejemplo, reorganizar todo el sistema de gestión del Estado de manera que deje de ser un pozo sin fondo. En eso parece que todo el mundo está de acuerdo. Y bien: ¿cómo se hace eso? Hay dos opciones posibles. La primera es “recentralizar” el Estado, es decir, rectificar el sistema autonómico, sustraer competencias a las comunidades y devolvérselas al Estado. Es lo que en los últimos días han defendido, en distintas tonalidades, Esperanza Aguirre y José María Aznar, por ejemplo.

La opción de reafirmar el interés del Estado común por encima de las comunidades particulares tiene sentido, porque es verdad que el sistema autonómico (el Sistema de 1978) ha naufragado. Primero, ha naufragado por razones técnicas: la multiplicación de competencias y administraciones multiplica también el gasto y entorpece la eficiencia. Y quizá sobre todo, ha naufragado por razones políticas: el sistema autonómico se ha convertido en un “sistema de egoísmos” (la fórmula es de Schlegel; ya ha llovido) que hace dificilísimo dibujar un horizonte común.

Ahora bien, ¿de verdad es posible desmantelar el Estado autonómico? Para obrar tal cosa serían necesarios dos requisitos. Primero, un amplio consenso entre los grandes partidos de ámbito estatal (PP y PSOE) sobre las imprescindibles reformas del sistema. Y acto seguido, que ese amplio “bloque nacional” (con perdón) haga frente a las ambiciones de los partidos separatistas, en especial catalanes y vascos. Sobre el papel, es posible y hasta deseable. Pero hay dos obstáculos mayores.

El primer obstáculo es que, por las descabelladas hechuras de nuestro sistema de convivencia, a los partidos nacionalistas se les viene reconociendo desde hace treinta y cinco años una especie de indiscutida primogenitura en sus respectivos territorios y, aún más, un papel central en los pactos económicos y políticos que rigen el Estado. Es verdad que en ningún lado –tampoco en la Constitución- está escrito que esto haya de ser siempre así, pero el hecho objetivo es que esa viene siendo la “constelación de intereses” vigente en España desde 1978, y no sólo en el plano político, sino también en los planos económico y mediático.

Pero hay otro problema quizá mayor y es el siguiente: los propios partidos de ámbito estatal, PP y PSOE, hace tiempo que han entrado ya en ese juego “autonómico” en sus estrategias de ocupación del poder. Pensemos en casos tan evidentes como el del PSOE en Andalucía o el del PP en Valencia: su red clientelar no es menor que la de los nacionalistas en Cataluña o el País Vasco. Y sí, es verdad que, en principio, ni el PP valenciano ni el PSOE andaluz amenazan con romper España, pero a efectos de rectificación del estado autonómico, que es lo que aquí ventilamos, está claro que ni a la izquierda ni a la derecha les interesa romper la baraja. Porque los dos grandes partidos perderían cuotas de poder.

Así las cosas, ¿es posible una respuesta de este tipo, “recentralizadora”, para la crisis española? Posible sí es. Pero, ojo, requiere un esfuerzo previo de voluntad, de decisión, que hoy parece muy lejos del espíritu de nuestros gobernantes. Porque, además, cabe otra perspectiva: si de lo que se trata es de ahorrar gasto público, ¿por qué no eliminar competencias de la Administración General y ponerlas todas en manos de las comunidades? Contra lo que pueda parecer, en esta posición no están sólo los separatistas, sino también muchos neoliberales. Lo vemos el próximo día.

Un cierto olor a pólvora
J. A. Gundín La Razón 14 Abril 2012

Admitamos que como metáfora del país, el accidente de Froilán tiene la carga expresiva de un disparo a quemarropa: directo, fulminante e inapelable. El frenesí reformista del Gobierno de Rajoy alcanza ya tal intensidad que el ciudadano no acierta a distinguir si es una cura de caballo que nos devolverá la salud o es un tiro en el pie que nos sentará en una silla de ruedas. Hay demasiado ruido de fusilería para discernir con sosiego. Los ministros transpiran ansiedad y a veces se atropellan como niños a la salida del colegio. Los burócratas de Europa fustigan y gruñen como suegras: nada les parece suficiente ni bien hecho, exigen una cosa y la contraria, que no comamos pero que engordemos, que sorbamos y que soplemos a la vez. Sarkozy y Monti nos señalan como a leprosos, Merkel ha cambiado La Gomera por Ischia para sus escapadas conyugales y los especuladores se ceban con la prima. La guinda la pone Rubalcaba, que cuando ladea la cabeza y se soba las manos con unción frailuna es que ha olido sangre y empieza a salivar.

Pero a lo que huele el aire es a fiambre y a pólvora, que siendo del rey la han quemado por toneladas las comunidades autónomas sin que ningún gobierno de la nación les pusiera coto ni cepo. De ahí que Bruselas nos haya enviado a los forenses de la contabilidad analítica para hacerle la autopsia al cadáver exquisito del Estado de las Autonomías. Y, como en el monólogo de Gila, han empezado el interrogatorio por el tercer grado: «Aquí alguien ha matado a alguien». Incluso Montoro se ha sumado a las pesquisas y ha dado de plazo hasta junio para que se entreguen los culpables, menudo carácter el del ministro. Se acercan días de gloria para el gremio de los inspectores: Bruselas los envía a Madrid, Madrid comisiona a los suyos a las capitales autonómicas y los virreyes regionales despacharán a sus más fieles sabuesos a las provincias... Así hasta que den con el dueño del zapato que nos aprieta a todos, ese Ceniciento sobre el que cargar las culpas del desastre. Por fortuna, siempre nos quedará Esperanza Aguirre para desnudar a los impostores y agitar un debate político gallináceo y ramplón. Lo mejor de su retórica, cargada de sustantivos altamente explosivos, es el efecto que produce en la izquierda circular, a la que provoca catalepsias espamódicas con profusión de espumarajos e insultos. A diferencia del Gobierno de Rajoy, que adolece según dicen de un «relato político» capaz de explicar la utilidad de tanto recorte, a Esperanza Aguirre se le entiende todo. Tal vez porque hace tiempo que se sacudió el tórpido complejo de la derecha a hablar en derechura y a actuar en consecuencia. Unas veces da en el blanco y otras dispara al aire, pero nunca será por falta de puntería o de firmeza en el pulso.

¿A la deriva?
http://alfonsodelavega.com  14 Abril 2012

Mientras se acerca el centenario del hundimiento del Titanic arrecia la tormenta sobre España. La impresión creciente entre la gente mejor informada es que el gobierno de Rajoy está desbordado, carece de verdaderos planes y en la práctica ya casi vamos a la deriva. Acaso porque como decía Séneca “quien no sabe donde va nunca encuentra viento favorable”. Acaso porque se ha pretendido administrar la ruina en vez de intentar establecer un nuevo sistema político que no conspire contra la nación y la sociedad españolas.

Por desgracia para todos o casi todos, el gobierno de Rajoy va camino de resultar un fiasco. Otro gobierno incapaz de controlar la situación por mucho que hasta ahora buena parte del presente desastre aún no le sea achacable.

Pero aparte de las características propias de los integrantes del gobierno, sus virtudes y sus defectos, una lección a tener en cuenta por su importancia fundamental es que la clase política española ha construido un tinglado ingobernable, sólo pasable cuando no importaba el derroche y la corrupción que le son inherentes.

Mientras no se quiera ver así, y los intereses creados de la oligarquía y el caciquismo tratan de ocultarlo, no vamos a poder salir de la crisis o si salimos va a ser con una clase media arruinada, desmantelada, desmoralizada y parasitada hasta el último aliento.

Ojalá me equivoque por la cuenta que nos tiene a los españoles pero esto tiene muy mala pinta, cada vez peor.

Sin embargo, no es que en el fondo pase nada inédito o nuevo del todo.

En España, la Historia se repite una y otra vez, o acaso siempre se represente la misma tragicomedia con actores diferentes y decorados o tramoyas variadas, si bien al final muy parecidas.

Ángel Ossorio publicó en Salamanca en el año 1928 y a cuenta de la Sociedad de Estudios Políticos, Sociales y Económicos un interesante obituario de una de las figuras señeras de la anterior Restauración, don Antonio Maura en el que se hacía eco de los intentos de don Francisco Silvela de reconducir la Restauración borbónica.

Decía el que luego fuera diputado independiente por Madrid durante las constituyentes de la Segunda República:

“La Restauración. Es decir, ficción, anemia, parálisis. Un pueblo que tras una fiebre pertinaz, cae en agotamiento nervioso. Ansía quietud y le maniatan. Pide serenidad y le narcotizan.

Toma cuerpo una doctrina escandalosamente inmoral, que ¡todavía hoy! Reputan exquisita algunos obcecados:

La de la dualidad de constituciones, una externa y otra interna. Dígase claro: la externa un conjunto de reglas sabias que se lleva a la “Gaceta”, con la intención de no obedecerlas jamás; la interna, un contubernio de dos oligarquías para reírse de lo legislado y mantener una dominación alternativa en provecho de deudos y familiares, socios y compinches, apologistas y turiferarios.

Con tan novísima doctrina se sostiene -creen que se sostiene- la Monarquía restaurada, primero; la Regencia, después. El Trono queda sin culpa personal de Alfonso XII ni de María Cristina, colocado sobre una oquedad. Hay sufragio universal, pero falseado desde Gobernación; hay Parlamento pero organizado simple instrumento ministerial; hay Diputaciones y Ayuntamientos, pero el Gobierno los rige con vilipendio desde la repugnante “Sección de Política” de la Puerta del Sol; hay sistema tributario pero sólo grava a los adversarios políticos; hay administración de Justicia, pero los jueces han de ser gratos al cacique, al diputado, al gobernador; hay Jurado, pero con deserción de los buenos, monopolio de los venales, lucimiento de letrados corruptores y astutos y complicidad de magistrados interesados en desprestigiar la institución; hay Prensa, pero toda, o casi toda, con tentáculos en el fondo de reptiles…

Es la época de “Oligarquía y caciquismo”, de los partidos políticos con cuadros y sin hueste, de las frases rimbombantes sin contenido, de la selección de los peores, de las francachelas electorales, del desconocimiento absoluto de que un pueblo es algo más que un par de máquinas distribuidoras de credenciales.

Y así cuando llegan las realidades tremendas- despertar de los nacionalismos particularistas, pérdida de las colonias, desencadenamiento de la lucha de clases, guerra universal, conmociones económicas, revisión del concepto de Estado – España no sabe nada no quiere nada, no piensa nada. Sus directores creían que estaba logrado el éxito sólo con poder decir por la mañana al Monarca: Señor todo va bien. No se oye respirar a los españoles…”

La Historia se repite una y otra vez en España aunque con algunas variantes. Otra Restauración fallida. Y puede que si esto continúa empeorando sin esperanza pronto se oirá respirar a los españoles.

Julio Verne, visionario del déficit
http://alfonsodelavega.com  14 Abril 2012

En “La Vuelta al mundo en ochenta días” el famoso escritor francés narraba una pintoresca situación de interés alegórico. Cuando Phileas Fogg, acompañado de su fiel Picaporte, vuelve a Europa desde América, consciente de lo apurado de la situación de su apuesta contrata un vapor para que les traiga. Un barco demasiado lento para sus apremiantes necesidades por lo que decide comprarlo e ir echando sobre la marcha a la caldera todo lo que pudiera arder: toldilla, entrepuente, muebles, maderas de todas clases, telas…

Así por fin llega a Inglaterra un barco talado en el que apenas se mantiene a flote el casco y la sala de máquinas. No obstante, el jugador gana a sus colegas del selecto club y cobra su apuesta. Aunque más que por la cruel y despiadada tala del barco por una pequeña cuestión geográfica: ha ganado un día al marchar siempre en dirección Este.

La situación creada con el uso y abuso continuado e improvisado de los recortes de Rajoy en España o lo queda de ella y del propio Feijóo aquí en Galicia nos recuerda lo descrito por el visionario francés. Para ganar su apuesta, es decir para mantener su status, sus caprichos, su nivel de vida de casta, la clase política española parece estar dispuesta echar cualquier cosa que arda a la caldera. Todo menos acaso lo que en justicia distributiva en verdad tendría que hacer: arrojarse ellos mismos al fuego purificador en pira expiatoria por habernos llevado otra vez al fracaso como pueblo, habernos arruinado e incluso saqueado impunemente. Es decir, renunciar a su condición de casta que abusa de los demás. Para ello no les importa arrasar el barco que no es suyo hasta dejarlo inhabitable, un barco que muchas generaciones de españoles han ido construyendo a lo largo del tiempo.

Se podrían hacer reformas y la primera es aprender a comportarse, a ser decente, a cumplir lo que se promete. A talar el árbol frondoso de la corrupción política al socaire del Título VIII y su fárrago administrativo que no deja crecer ningún fruto a su sombra. Pero no hay que engañarse: no se harán. Al menos no las hará esta la casta política.

Y es que reclamar en España “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” como proclamaba el gran Lincoln en el territorio heroico sagrado de Gettysburg acaso no sea más que “una petición viciosa” como otrora se decía en el Ejército. Aquí, nadie defiende la Libertad, ni el imperio de la Ley, ni menos el bienestar de los habitantes del reino.

Aunque, eso sí, pese a la pertinaz sequía florecen en páramos y montes de tojales extrañas y monstruosas flores producto de nuestros males endémicos: el provincianismo caciquil, la estulticia aldeana, la prepotencia, la avaricia, la corrupción o la hipocresía. Absurdas ciudades de la Cultura imitadoras de fracasadas Brasilias, torres de control y terminales aeroportuarias descomunales repetidas a pares como visiones de borrachos y hechas a enorme crédito, que pagarán a duras penas, si pueden, nuestros hijos y nietos. Esa juventud a la que el estulto y corrupto sistema que gozamos deja sin futuro y pretende arrojar a la caldera. Y ¿luego qué?

Publicado en ABC el jueves 12 de abril

Aguirre y el fracaso autonómico (la referencia alemana)
José Antonio Zarzalejos. El Confidencial 14 Abril 2012

Esta vez el portavoz del PP ha sido prudente y no ha calificado de “reflexión personal” la propuesta de reformar el Estado autonómico lanzada el pasado martes por Esperanza Aguirre. Si el lunes marró calificando de tal lo que era un aviso a navegantes del ministro de Economía sobre el recorte en Sanidad y Educación, se ha tentado la ropa a la hora de desautorizar a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Mariano Rajoy, sin embargo, no se tomó ni veinticuatro horas para afirmar que no se plantea revisar el modelo de Estado. Olvida el presidente del Gobierno que, como sentenció el estadounidense Ralph Waldo Emerson, “toda reforma fue en su tiempo una simple opinión particular”. Y se olvida también el jefe del Gobierno de que algo muy parecido a lo que planteó Esperanza Aguirre lo ejecutó Alemania en agosto de 2006.

Después de siete años de debate, las Cámaras germanas aprobaron la más profunda reforma de la Ley Fundamental de Bonn (1949) actualizando el régimen federal. Una incisiva y estudiada reforma federal que reformuló el reparto de competencias entre los länder y la federación y redujo de forma drástica la intervención del Consejo Federal en la aprobación de las leyes del Estado. La República Federal de Alemania alcanzaba de este modo un gran nivel de eficiencia y funcionalidad, así como de transparencia y buen orden en los mecanismos de gobernación en beneficio de sus ciudadanos y de sus finanzas. Por fortuna para Alemania, la reforma de su federalismo se produjo un año y medio antes de la Gran Recesión que asomó en 2007 y estalló en 2008.

Es verdad que, desde el punto de vista político, la propuesta de devolución de competencias de las comunidades autónomas al Estado –sanidad, justicia, educación— resulta inviable si no se abre un auténtico proceso constituyente que revise por entero el Titulo VIII de la Constitución. Es también cierto que no se dan las condiciones necesarias para el imprescindible consenso que conlleva un proceso de esas características en el que habría que determinar inexcusable y nominativamente las nacionalidades y las regiones. Si el PSOE se desmarcó el jueves de la ley de Estabilidad Presupuestaria, más lo haría de un acuerdo sobre el modelo de Estado. Pero que la propuesta de Aguirre sea aquí y ahora inviable no supone que resulte irrazonable, inoportuna o inconveniente, aunque resulte tristemente lógico –se juegan su condumio— que sus pares de otras comunidades no reconozcan la sensatez del planteamiento reformador que antes o después se impondrá.

Que la propuesta de Aguirre sea aquí y ahora inviable no supone que resulte irrazonable, inoportuna o inconveniente, aunque resulte tristemente lógico –se juegan su condumio— que sus pares de otras comunidades no reconozcan la sensatez del planteamiento reformador que antes o después se impondrá

Se ha ido haciendo evidente que el café para todos fue el resultado de una dinámica de emulación con las llamadas nacionalidades –Cataluña, País Vasco y Galicia, además del régimen foral de Navarra— impulsado por el socialismo –luego seguido por la derecha-- que se atrincheró en los primeros años ochenta en su feudo andaluz en el que sigue instalado más de tres décadas después. Los efectos indeseables de esta generalización autonómica –acentuados con la segunda tanda de Estatutos durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero— han sido muchos. El más perjudicial (políticamente) de todo ellos fue la creación de lo que Artur Mas ha calificado de “comunidades artificiales” (y hay unas cuantas). El más perverso –financieramente-- la réplica, muy cara, de diecisiete sistemas políticos con pretensiones cuasi estatales que han generado una tan multitudinaria como parasitaria clase política instalada en un aparato burocrático que devora recursos financieros con carácter corriente e improductivo y que ha malbaratado el sistema financiero que aplicaban las Cajas de Ahorros. Por lo demás, y como Aguirre subrayó, la socialización de la autonomía como modelo de gestión no logró, sino todo lo contrario, la integración de los partidos nacionalistas.

Ignoro si la revisión del Estado autonómico ahorraría 48.000 millones de euros como aseguró la presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero es seguro que la desactivación de los mecanismos de coordinación sectoriales, la compartimentación estanca en el ejercicio de competencias que exigen financiación intensiva, las duplicidades irreductibles, la germinación de entes burocráticos como nichos de colocaciones clientelares y el particularismo insolidario, son todas ellas prácticas de altísimo e innecesario coste. Y este es el quid de la cuestión. El Estado autonómico previsto en la Constitución de 1978 pretendía un doble objetivo: de un lado, ofrecer una solución a la tensión centrífuga de los nacionalismos vasco y catalán, y en menor medida, el gallego; y de otro, procurar una autonomía regional para hacer un Estado más eficiente según las tesis empíricas que aconsejan acercar las instancias resolutorias a los administrados. Más aún: el Estado autonómico era también una réplica al centralismo franquista y, por lo tanto, una manera de constitucionalizar España a la inversa del paradigma nacional de la dictadura.

Este último efecto se ha conseguido, pero no los dos anteriores. Y la crisis económica ha demostrado que la sostenibilidad del Estado en su actual modelo es precaria. Los mercados y la troika –FMI, UE y BCE— proyectan el foco sobre la turbiedad de las cuentas que la prensa anglosajona denomina “regionales” porque, en cambio, dispone de una clara radiografía de las que corresponden a la Administración General del Estado. Y es que en la distribución territorial del poder que propició una Constitución pensada para una transición a la democracia hay mucho de artificial, de excéntrico y, a veces, hasta de extravagante.

Si los alemanes han reformulado su federalismo varias veces desde 1949 y lo adecuaron decisivamente en 2006, no es ningún despropósito que aquí se plantee –recuerden: toda reforma fue en un tiempo una simple opinión particular—repensar nuestro modelo. En esta tesitura se encuentran, y de ello no debe olvidarse el presidente del Gobierno, la mayoría del electorado del Partido Popular. Por otra parte el Gobierno no debería hacerse trampas en el solitario: de hecho, con la Ley de Estabilidad Presupuestaria y los recortes en sanidad y educación ya está tocando el modelo autonómico, precisamente para controlarlo y racionalizarlo, aunque aún de manera harto insuficiente.

En todo caso, algo es incuestionable: nuestra crisis no es sólo económico-financiera. Es también institucional y política. Y en el centro de ella –se lo plantee o no Mariano Rajoy—está el debate de beneficios y costes, políticos y económicos, del Estado autonómico. Antes o después, habrá que replanteárselo al modo sensato y racional con el que los alemanes han revisado su federalismo en la primera década de este siglo.

¡Menuda ayuda!
Vicente A. C. M. Periodista Digital 14 Abril 2012

Dice el PSOE a través de su portavoz Elena Valenciano que sabe cómo salir de la crisis y que está dispuesto a ayudar al Gobierno del PP. Dos mentiras en una misma frase. La primera es que su receta para salir de la crisis ya la conocemos y es la que nos ha llevado al déficit del 8,5%. Su famoso plan consiste en gastar más de lo que se tiene, a lo que llaman incentivos al crecimiento y eso recuerda las experiencias de los planes "E", de los "Cheques bebé", de las subvenciones ilimitadas a sus adeptos y "pelotaris" y al despilfarro suntuario. En cuanto a la segunda afirmación, sus hechos contradicen sus palabras. Su "ayuda" está condicionada a hacer las políticas que ellos quieren y no la que España necesita. Más que ayuda es una imposición inasumible e inaceptable.

Así que menos demagogia y más consensos. O como dijo Rajoy, menos predicar y más dar trigo. La desfachatez del PSOE queda demostrada en su negativa a cumplir con el límite d déficit en aquellas autonomías en las que gobierna. Andalucía con el apoyo de IU ya ha declarado que no va a acatar las exigencias del Gobierno. Claro que someterse a una fiscalización o intervención de sus gastos podría ser demoledor para quienes mantienen una deuda oculta de m facturas impagadas, desvío de fondos a ERE's fraudulentos y demás expolios del erario público. Lo realmente insólito es que los andaluces hayan permitido que estos gestores de la corrupción puedan seguir mangoneando a su placer por otros cuatro años.

Y no digo que Rajoy y su Gobierno estén haciendo las cosas bien. En absoluto. Si de algo están pecando es de no tener el valor suficiente para acometer las reformas reales que España necesita. Si de algo peca Rajoy y su equipo es de "arriolismo" y de timidez a la hora de reformar en profundidad Instituciones, eliminar subvenciones a Partidos, Sindicatos y patronal, eliminar ya duplicidades conocidas y retomar la gestión de la Educación, la Justicia y la Sanidad. Las Administraciones deben quedar equiparables a la población a la que deben servir. Es inadmisible el que España sustente a una proporción de funcionarios por habitante superior a Alemania que tiene más del doble de población.

Si el PSOE quiere ayudar, lo primero que tiene que hacer es abandonar la política de enfrentamiento y de violencia. Si el PSOE quiere ayudar es haciendo una oposición leal y constructiva, en vez de censurar cada medida que intenta resolver esa maldita herencia que transmitieron y de la que no se han querido responsabilizar en un acto de cinismo y de desvergüenza política suprema. Si el PSOE quiere ayudar deberá colaborar en no entorpecer ni bloquear las Instituciones y dejar de usarlas como hasta ahora como brazos armados de su política de desgaste y acoso a los diferentes Gobiernos y oposición, como en RTVE, Canal Andalucía, el Tribunal Constitucional, etc.

No es creíble nada de lo que el PSOE diga mientras todos sus actos le contradicen. El sectarismo y el populismo son sus armas para recuperarse de la mayor derrota electoral sufrida en democracia, o lo que sea que se llame esto que hay en España. El PSOE está demostrando su falta de lealtad y anti patriotismo, el mismo que achacaba cínicamente Zapatero a todo aquél que afirmase que estábamos en crisis económica. El PSOE está ejerciendo una oposición negativa para la credibilidad de España y defiende unas políticas que son las que nos han llevado a este desastre.

Así que si no tienen nada mejor que decir, hubiera bastado con su abstención. Al menos conceder al Gobierno de Rajoy un mínimo de tiempo para que se constate si sus medidas obtienen un resultado positivo para la recuperación de la economía de España. Pero no, el PSOE solo busca el rédito cortoplacista de desgastar al Gobierno para forzar una situación de angustia social. Pero como ya dije en otro escrito, si España se hunde, aquí no se salvan ni las ratas. El PSOE deberá elegir entre ayudar a achicar agua, o a permanecer en cubierta arengando a la rebelión y a no apoyar al capitán del barco.

La crisis es una oportunidad en Educación: ahorrar y mejorar a la vez
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 14 Abril 2012

Esperanza Aguirre ha señalado que una reforma de las autonomías, además de un ahorro, permitiría hacer reformas imprescindibles. Por ejemplo, en Educación, como bien sabe ella misma, exministra del sector.

Los recortes anunciados por Mariano Rajoy en los Presupuestos no han bastado. Tampoco ha bastado la subida de impuestos, ni los 10.000 millones de ahorro en Sanidad y Educación que en Semana Santa se filtraron desde Moncloa. La situación de España exige medidas de fondo, que solucionen los problemas en su raíz y que no sean meros parches de circunstancias. Todo el PP y una grandísima parte del país están de acuerdo, porque la alternativa es el abismo. Sólo la ideología, los intereses o la cerrazón localista hacen cerrar los ojos.

La primera política de campanillas que ha puesto el cascabel al gato ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid. Para ella, "si no atacamos con decisión los problemas la crisis va a ser muy difícil de atajar", pero a la vez "las crisis son los mejores momentos para llevar a cabo esas reformas que en tiempo de bonanza no se hacen". En opinión de Aguirre, compartida ampliamente en todo el país, "España no puede permitirse el lujo de mantener 17 entramados autonómicos, tenemos que encarar una reforma en profundidad de las administraciones públicas", y en particular en Educación, que por ejemplo "tiene que ser pública y gratuita desde los 6 a los 16 años, no dice que tiene que serlo después". Así que un camino para la reforma puede ser, primero, evitar duplicidades o multiplicidades e Administraciones, y a la vez racionalizar claramente el gasto. Con lo cual, más que de "recorte", estaríamos hablando de una mejora, o de una reforma de los servicios públicos.

Esperanza Aguirre, como ministra de Educación durante la segunda legislatura de José María Aznar, sabe perfectamente de qué está hablando. Ella fue protagonista del inicio de un intento de reforma educativa, la Ley de Calidad de 2002 que anunciaba los primeros pasos hacia una educación mejor. Una reforma que desde luego no podía terminar en esa norma, pero que no llegó ni a empezarse al suspender José Luis Rodríguez Zapatero la aplicación de la Ley antes de su entrada en vigor. Una contrarreforma que nos ha llevado al punto en el que estamos, tanto en derroche de medios del Estado como en descenso de la calidad educativa.

Desde las transferencias de las competencias del Estado a las regiones el gasto se ha duplicado, o más. Pero no la calidad y cantidad de servicios, aunque seguramente sí la propaganda (interesada) de los mismos. En resumidas cuentas, pagamos más impuestos por unas prestaciones proporcionalmente más caras y peores. Y a menudo, peores sin más (propaganda aparte). Por ejemplo, en Educación, salvo que cerremos los ojos y demos por signos inequívocos de calidad educativa el mayor número de titulados (sin considerar el nivel) y el propio gasto.

Diga lo que diga el Consejo de Política Fiscal y Financiera, si una o más Comunidades no hacen los deberes en cuanto a las reformas y no cumplen con el 1,5% de déficit para el presente año (o cualquier otra orden, porque para eso son organismos periféricos del Estado), ¿qué puede hacer el Gobierno? Es extremadamente improbable que se recurra a las medidas previstas por la propia Constitución, en cuanto a la suspensión total o parcial de la autonomía. ¿Y entonces? En vez de esperar a la situación sin salida que plantearía un exceso de déficit causado por un exceso de gasto en ciertas competencias (Educación por ejemplo), el Gobierno tiene la opción de unificar la gestión y de demostrar que se puede dar más calidad con menos gasto (en Educación por ejemplo). Dejando así en evidencia a los derrochadores ante toda la opinión pública.

Exemplum primum: de re gypsea ;)
Recordaba en los primeros días de esta legislatura Antonio Amate que "la victoria aplastante del PP en las pasadas elecciones autonómicas y generales… abre posibilidades inéditas en nuestra historia reciente para acometer empresas de gran calado político" y que "la reforma de la educación es una de ellas". Sigue siendo verdad. El programa electoral era deliberadamente amplio, pero todo el PP salió de las elecciones como entró en ellas, creyendo, como una mayoría de españoles, que "hay que hacer una reforma en profundidad del sistema educativo".

La crisis económica y la imposible situación financiera en la que Zapatero y el PSOE han dejado a España no son una razón para olvidar, aplazar o minimizar la reforma. Al revés, es cierto como dice Aguirre que es la oportunidad para hacer una gran reforma, puesto que no hay una correlación directa entre gasto y calidad educativos, más allá de cierto nivel básico del que afortunadamente estamos muy lejos. Amate creía que "sin recursos, un cambio del sistema sería suicida". Salvo que, precisamente el cambio del sistema suponga una menor necesidad de recursos.

El sistema no se puede parchear, pero que el cambio deba ser global no significa que haya que hacerlo todo de golpe. Más bien implica que hay que tener una idea global de las cosas, una visión de conjunto de qué es la educación y de qué se pretende con ella; algo que, para mal, la LOGSE y la LOE sí tienen, aunque sean precisamente esos objetivos y esa filosofía progres los responsables tanto de los pésimos resultados como de la carísima factura del sistema. Pésimos si lo miramos desde los intereses futuros de los alumnos, de las familias y de la nación, porque para la difusión de esa ideología las cosas van viento en popa. Y encima nosotros pagamos la factura.

¿Hacia dónde ir? ¿Por qué educar es un "desafío"?, se pregunta el Papa: "Al menos por dos motivos: en primer lugar, porque en la era actual, fuertemente caracterizada por la mentalidad tecnológica, querer educar y no sólo instruir no va de suyo, es una decisión; en segundo lugar, porque la cultura relativista plantea una cuestión radical: ¿tiene aún sentido educar? Y educar, ¿en qué?… Hay que asumir la responsabilidad de educar a los jóvenes en el conocimiento de la verdad, en los valores fundamentales de la existencia, en las virtudes intelectuales, teologales y morales", y eso "significa mirar el futuro con esperanza".

¿Hacia dónde no ir o dónde no quedarnos? Es seguramente más fácil y en eso me quedo con la opinión de Gabriel Albiac: "Desde el tiempo de la mugrienta LOGSE, hasta este parvulario indefinido que es hoy nuestra sola clave académica, leer se ha vuelto dulce anacronía, propia de aristócratas reaccionarios que interfieren la marcha luminosa de un reino enamorado de su nada. Clave de paso, de ministro a ministro: la lectura es un lujo imperdonable; hay que igualarlo todo en el silencio, para ser finalmente democráticos. Sólo la ignorancia nos hace iguales. Los khmers supieron eso en modo bestia: todo el que sabe leer es enemigo; al paredón aquel que lleve gafas. España, desde hace un cuarto de siglo, ha forjado su Camboya incruenta. Sin verdugos. Con sólo pedagogos. ¿Es aún posible desandar lo andado tan malamente? De verdad, lo dudo. Quienes gobiernan son ya criaturas del nuevo genocidio: el pedagógico" .

¿Qué hacer? Muchas cosas, pequeñas y grandes, pueden hacerse para mejorar la educación ahorrando dinero, o para ahorrar dinero mejorando la educación. Lo pueden hacer las 17 regiones a la vez, claro: pero es poco probable que lo hagan, o que lo hagan bien, o que lo hagan a la vez, o que lo hagan en la misma dirección. O sea que, por separado, es probable que lo hagan peor, y seguro que sería más caro. No pretendo aquí incluir todas esas medidas que pueden derivarse de la sugerencia de Esperanza Aguirre y que se oyen en muchas conversaciones entre la gente realmente interesada en la cosa, pero estoy seguro de que tanto ella como el ministro José Ignacio Wert y el mismo presidente Rajoy agradecerán todas las ideas que les enviemos directamente.Al fin y al cabo, con o sin consenso, el PP tiene mayoría absoluta esta legislatura, y el PSOE ha hecho todas sus reformas –esas gloriosas que nos han traído aquí- exactamente en las mismas condiciones.

¡Atrevámonos! Ecce audaciae tempus
Podría haber, por ejemplo, un currículo y una programación nacional únicos por materia y nivel, con adaptaciones regionales sólo autorizadas y justificadas, de modo que no haya que dedicar tiempo y energía a volver a escribir lo ya escrito, sin contar con que además los libros de texto no cambiarían ni de año a año ni de ciudad a ciudad, ni de centro a centro.

Podría haber, por ejemplo, una sola Inspección educativa, nacional y con funcionarios de carrera de nivel A1, y no 17 inspecciones locales más la nacional; eso sí, dedicada al cumplimiento de la normativa y no al papeleo innecesario.

Podría haber, por ejemplo, servicios ministeriales únicos, con simples delegaciones territoriales, en todo lo relativo a servicios de personal, de sustituciones o de relaciones con el exterior, ahorrando además de, sobre todo, ganar eficiencia.

Podría haber, por ejemplo, una reorganización jerárquica y no asamblearia, en las que las reuniones de padres de familia y de docentes fuesen informativas pero no decisorias, de manera que bastase para todo lo fundamental el iter Ministerio-Consejería-Dirección-Cátedra-Docentes.

Podría haber, en vez de complejos sistemas de calidad de tipo industrial o de comparaciones internacionales más o menos fiables como el sistema PISA, sencillas reválidas externas que garantizasen periódicamente la calidad de la educación dada y recibida; bastaría por ejemplo una reválida al término de la Primaria (gestionada por el Instituto de la zona), otra al fin de la Secundaria Inicial (la actual ESO) y otra al término de los estudios (profesionales de uno u otro nivel y de Bachillerato, a cargo de la Universidad correspondiente); sería más barato y mejor, más aún si se buscasen sistemas para estimular a profesores y alumnos.

Podría haber, con seguridad, menos optativas multicolores y más horas dedicadas a las materias troncales (y no harían falta más sino menos profesores, si realmente hubiese más horas de tiza y menos de papeleo).

Podría haber un estímulo a la formación de los profesores por su cuenta y a su gusto, de manera que no haría falta ofrecerles simulacros internos de formación sino que cada uno haría su esfuerzo… cuando se viese que se reconoce el mérito y no la simple estancia. Podría haber oposiciones internas, para ascender a superiores cuerpos docentes, si realmente se quisiese promover el estudio y la formación en los docentes.

Podría haber oposiciones de acceso a todos los cuerpos docentes, oposiciones internas de ascenso, concursos de traslado y concursos para adjudicar plazas interinas unificados para todo el país, con criterios únicos, tribunales externos y teniendo en cuenta los intereses generales y no los localistas; se trata de cuerpos nacionales únicos al fin y al cabo.

Podría haber menos, muchas menos Universidades (y universitarios), sobre todo si se atendiese a las vocaciones y capacidades universitarias de discentes ¡y de docentes! y no a la suma de prejuicios ideológicos, envidias provincianas, mercantilización del saber y olvido de la verdadera formación para las profesiones no universitarias que nos ha traído aquí… se ha hecho un uso tan malo de la autonomía universitaria, y se ha extendido ésta hacia abajo como un tumor, que algo habrá que hacer.

Podría haber aulas y centros diferenciados y especializados en el trato de alumnos con necesidades especiales, que integrados en aulas ordinarias reciben una educación probablemente peor y seguramente más cara (pero más acorde con la ideología progre o buenista de quienes se escandalicen).

Podría haber menos actividades extraescolares y menos gasto en supuestas nuevas tecnologías, pero en cambio se podría asegurar una calidad excelente en unas y en otras, con la certeza de contribuir así mucho más a la mejor formación de los alumnos (siempre que lo importante no sea la imagen en la prensa).

Podría haber muchas más becas para los que las merezcan por méritos personales y podría en cambio recordarse a todos el coste real de la educación recibida, también de la recibida gratuitamente cuando ni se necesita, ni se desea, ni se merece, ni la Constitución la exige.

¿Seguimos? Hablen ustedes con cualquier padre o alumno, maestro o profesor, y seguirán. Podría haber… muchas cosas que implican mejoras gratuitas o incluso rentables, y seguro que en España hay muchas, muchas ideas mejores que las mías. Pero tiene que haber, antes, la voluntad de que el cambio, la reforma, sea real. Bien concebida, no será un gasto sino que supondrá un ahorro, en muchas partidas. Lo que hace falta es decisión. Audacia. Voluntad de cambiar a mejor (aparte de a más barato).

cadena de errores en el Gobierno de Rajoy
Alejo Vidal-Quadras: 'El único del PP debo ser yo'
Agencias GACETA.ES 14 Abril 2012

El vicepresidente del PP en el Parlamento Europeo afirma que el Gobierno de Mariano Rajoy no ha realizado la medida más importante: eliminar el "ruinoso" Estado de las Autonomías.

El vicepresidente del Parlamento Europeo y ex presidente del PP de Cataluña, Alejo Vidal-Quadras, ha criticado duramente a su propio partido en Cataluña por toda la serie de "errores que se han cometido y está cometiendo". El dirigente 'popular' en Europa asegura que estas equivocaciones se remontan a la Transición, a la época de Aznar y al actual Gobierno. 'El único del PP debo ser yo', ha ironizado tras constatar la cadena de errores que se comenten.

Durante la presentación de su último libro 'Ahora, cambio de rumbo. Agenda urgente para recomponer España', realizada en Barcelona, Vidal-Quadras ha criticado la defensa que hace el PP del "insostenible" diseño actual del Estado autonómico, la estrategia popular en la campaña de las pasadas elecciones autonómicas de Andalucía, el posicionamiento del PP frente los nacionalistas y la subida de impuestos aprobada por el Gobierno de Rajoy, entre otras cosas.

En este sentido, asegura que el Estado autonómico arruina a España. A su juicio, se deberían acometer una serie de medidas para salir de la crisis, como la congelación del sueldo de los funcionarios, alargar la vida laboral o desmontar el Estado de las Autonomías, medidas que servirían de terapia de choque. No obstante, matiza que se deben realizar con tiempo.

Por ello, Vidal-Quadras ha recriminado al Gobierno que no haya hecho "lo gordo" en los primeros cuatro meses y se ha mostrado muy crítico con el hecho de que tanto el presidente Mariano Rajoy como el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, hayan salido en defensa de un Estado de las autonomías "ruinoso".

Para el vicepresidente del Parlamento Europeo, es "un hecho" que el Estado de las autonomías "ha descarrilado y está arruinando" España, algo que "ven" desde el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Además, ha reprochado al Gobierno que "supeditase" la presentación de los Presupuestos a las elecciones andaluzas, algo que, en su opinión, fue un "error manifiesto", ya que "transmitió desconfianza a París, Berlín y Bruselas".

MEDIO SIGLO DESPUÉS
El Gobierno condecora a la niña Begoña Urroz, primera víctima de ETA
Concede la Gran Cruz a la pequeña, de 22 meses, que falleció en 1960 por la explosión de un artefacto en la estación de Amara
R. G. | MADRID. El Correo 14 Abril 2012

El Consejo de Ministros ha aprobado la concesión de la Gran Cruz de la Orden de Reconocimiento Civil a Begoña Urroz, una niña de 22 meses que murió abrasada por la explosión de un artefacto en la estación de tren de Amara de San Sebastián el 27 de junio de 1960. Este bebé se considera la primera víctima mortal de ETA, aunque la organización terrorista nunca asumió la autoría del atentado, en el que resultaron heridas otras seis personas. El pasado mes de diciembre, el Ministerio del Interior concedió, asimismo, una indemnización de 250.000 euros para su familia.

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría explicó tras la reunión de ayer que la condecoración fue solicitada por la madre de la niña, Jesusa Ibarrola, al amparo de la ley de víctimas del terrorismo. El Ejecutivo no había decidido hasta ahora otorgar la condecoración a la menor asesinada por las dudas existentes sobre los autores de la explosión que causó su muerte. El artefacto estaba escondido dentro de una maleta depositada en la consigna de la estación donostiarra.

El atentado tuvo lugar el mismo día en que se produjeron cinco explosiones en instalaciones ferroviarias en distintos puntos de España y en un primer momento fue atribuida a los anarquistas de un supuesto Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. En 1960 ETA era una perfecta desconocida para la gran mayoría de la población y los medios de comunicación. Incluso las autoridades de la época no relacionaron a la organización terrorista, que todavía no había cometido ningún asesinato, con la muerte del bebé de la estación de Amara.

Solo las investigaciones del vicario de la diócesis de San Sebastián en los años noventa José Antonio Pagola y del exministro de Sanidad socialista Ernest Lluch permitieron apuntalar la hipótesis de la autoría de ETA. Las fuerzas de seguridad encontraron, además, en el ordenador del exjefe del aparato político de ETA José Luis Álvarez Santacristina, 'Txelis', una relación cronológica de las víctimas de los terroristas, en la que aparecía Begoña Urroz.

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Idiomas de armas tomar
José Luis Alvite La Razón 14 Abril 2012

Según quien se atribuya el diagnóstico, puede tenerse la impresión de que la lengua gallega ha recuperado posiciones desde el franquismo o ha entrado en franca e irreversible regresión. En el momento de fraguar la democracia se pensó que el resurgimiento de la lengua autóctona sería imparable y parece que así fue gracias a que muchas personas se sintieron liberadas del viejo complejo de la supuesta inferioridad lingüística del gallego reprimido respecto del castellano hegemónico.

Algunos consideran sin embargo que al esfumarse la euforia reivindicativa, la lengua gallega ha sido víctima de una regresión que tendrá mucho que ver con la inutilidad instrumental de un idioma sin proyección internacional, sin posibilidades comerciales, es decir, un idioma que no mueve dinero. En ese sentido, la lengua gallega ha sido víctima de la libertad en la que confiaba apoyarse para un auge que no se ha producido. De hecho, la Prensa local y regional hace un uso conmemorativo de la lengua vernácula al celebrarse cada 17 de mayo el Día das Letras Galegas, un puntual momento de euforia que en realidad sólo sirve para recordar la precariedad social de una lengua amenazada que a duras penas compite con el castellano en las aulas académicas y en las librerías, manteniéndose vitalista en sus territorios de siempre, es decir, en la taberna y en el burdel, justo los espacios sociales en los que nunca pudo ser combatida con éxito por el franquismo.

Fuera de esos reductos populares, la lengua gallega ha encontrado un refugio vibrante y combativo en las ideologías de corte nacionalista, a cuyo amparo el gallego se ha convertido en un idioma rencoroso y agresivo que sus protectores políticos no emplean como argumento cultural, sino como amenaza balística.

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