AGLI Recortes de Prensa   Viernes 27 Julio 2012

Prima de riesgo
Tiempo, nada más que tiempo
Emilio J. González Libertad Digital 27 Julio 2012

El Gobierno español llevaba semanas pidiendo a gritos una señal de las instituciones europeas para calmar a los mercados y aliviar las presiones sobre la prima de riesgo y lo ha conseguido. El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha dicho que el BCE hará todo lo posible por salvar al euro y los mercados han reaccionado en consecuencia, con una fuerte subida de la bolsa española y una caída de la prima de riesgo de más de cincuenta puntos. El peligro de insolvencia de nuestro país, por tanto, parece que se aleja.

Ahora bien, el Gobierno debe entender que el hecho de que el BCE se involucre en la suavización de los graves problemas de financiación en los mercados que sufren España e Italia no es la solución a dichos problemas; es, tan solo, una medida para ayudar a ambos países a hacer sus deberes y, sobre todo, es una forma para que ambas naciones puedan ganar tiempo para elaborar sendos planes de ajuste fiscal. Es decir, las acciones que pueda acometer el Banco Central Europeo para aliviar la presión de la prima de riesgo no son un sustitutivo de las reformas que debemos llevar a cabo, sobre todo porque, a medio plazo, si no se aplican esas reformas, llegará un momento en que el BCE ni podrá ni querrá hacer nada.

El Ejecutivo de Mariano Rajoy, por ello, debe ser plenamente consciente de que lo que suscita la enorme desconfianza de los mercados hacia España es su percepción de que el sector público español es incapaz de poner en orden sus cuentas y, de esta forma, acabar con el problema del déficit. Dicho de otra forma, los mercados entienden el esfuerzo de ajuste que está llevando a cabo el Estado, pero consideran que si no viene acompañado de esfuerzos similares o, incluso, más intensos, por parte de las comunidades autónomas, a las que consideran el verdadero núcleo duro del problema, la crisis nunca se resolverá. El Gabinete, por tanto, debe utilizar todos los instrumentos constitucionales a su alcance para forzar la racionalización de las política fiscales autonómicas en el actual contexto de crisis.

A medio plazo, sin duda, debe proceder a una reforma del modelo autonómico, tanto por el lado de las competencias y los gastos de los gobiernos regionales como por el de la forma de financiación de sus actividades, con el fin de evitar que, en el futuro, pueda volver a repetirse una situación como la actual. A corto plazo, debe aprovechar las peticiones de ayuda que dirijan los ejecutivos regionales al fondo de liquidez de las comunidades autónomas para imponer a las mismas planes de saneamiento drásticos que pongan fin a todo el despilfarro. Pero, sobre todo, debe utilizar la capacidad que le confiere la Constitución para ordenar la actividad económica y empezar a articular medidas de ahorro en todas ellas, acudan o no al fondo de liquidez. Puede empezar, por ejemplo, obligando a privatizar o a cerrar todas las radios y televisiones autonómicas deficitarias, a clausurar organismos innecesarios como los consejos económicos y sociales regionales o los tribunales autonómicos de la competencia, a cerrar empresas públicas que solo sirven para ocultar déficit o a establecer por ley quién puede tener coche oficial y quién no. Porque lo que acaba de conseguir el Gobierno con las declaraciones de Draghi es tiempo, precioso, eso sí, pero nada más que tiempo. Cometería un gran error si piensa lo contrario.

El chocolate del loro y las aceitunas voladoras
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 27 Julio 2012

Cuando un país alcanza la fabulosa deuda pública que el nuestro ha llegado a acumular se produce un efecto administrativo sorprendentemente contrario al previsible: que la envergadura de la deuda tiende a disuadir a los responsables públicos de la necesidad de eliminar millones de gastos prescindibles en la medida en que, comparados con el inmenso montante de lo adeudado, aquellos son considerados poco o nada relevantes.

Ese comportamiento, justificado en la teoría del chocolate del loro de todos conocida, choca a ojos vista con la forma de actuar de empresas y familias que, si son sensatos, no dudan en reducir todos sus gastos cuando las deudas se acumulan, empezando, claro está, por los menos necesarios, al margen por completo de su importe.

Es conocido el caso de la compañía American Airlines, que en 1987 consiguió ahorrar 40.000 dólares al año eliminando la aceituna de las ensaladas que servía a sus clientes de clase preferente. La misma compañía optó más tarde por reducir el peso de sus carritos de bebidas, lo que supuso un ahorro millonario en combustible.

La lista de gastos suntuarios y superfluos de nuestro sector público (los de los tres poderes del Estado, autonomías y ayuntamientos, universidades, televisiones y radios públicas, empresas estatales o autonómicas y chiringuitos de todo tipo que viven del dinero de los contribuyentes) es interminable y, cuando se conoce, bochornosa: indemnizaciones de altos cargos a gogó; gabinetes de confianza que sustituyen a funcionarios de carrera; miles de coches oficiales del todo innecesarios; comidas y viajes por pura diversión; libros y folletos editados a lo loco sin ningún criterio de rentabilidad; decenas de miles de móviles con cargo a fondos públicos; embajadas de comunidades que se comportan como Estados; subvenciones clientelares; informes peregrinos que finalmente nadie lee; fiestas, saraos, premios, ágapes, gastos en mensajería... todo forma una bola de nieve que crece día tras día y que, como cabía esperar, ha contribuido a llevarse por delante la solvencia de muchas instituciones que están, de hecho, en bancarrota.

Sé bien que nuestra crisis de deuda, siendo esta tan inmensa, no se solucionará reduciendo esos gastos nada más, pero no hay nadie que, aplicando el sentido común más elemental, pueda demostrar que es mejor dejarlo todo como está a ahorrarnos los cientos de millones de inservibles aceitunas que nuestro sector público se zampa cada día. Esa actitud, además de ofensiva para quienes sufren el ajuste, es económicamente un disparate, porque todos esos gastos más o menos relevantes suman al final una cifra impresionante. Sobre todo si nos tomamos la molestia de traducir millones de partidas de miles o cientos de miles de euros a miles de millones de pesetas.

Nacionalismo en quiebra
Aleix Vidal-Quadras www.gaceta.es 27 Julio 2012

Este paraíso al que conduce la independencia debe ser conseguido a cualquier precio.

Los nacionalistas prometen a la gente todo tipo de venturas si la que consideran auténtica identidad cultural es homogénea en el territorio que seleccionan como su matriz y receptáculo, territorio destinado según ellos por ley natural a disponer de un Estado propio.

Este paraíso al que conduce la independencia debe ser conseguido a cualquier precio, incluso el de la fragmentación de unidades políticas consagradas por siglos de historia en las que sus ciudadanos gozan de la panoplia completa de derechos y libertades que caracteriza a las sociedades abiertas. Por supuesto, una vez consumada la secesión, los nacionales de la nueva nación disfrutarán de prosperidad, justicia y libertad hasta extremos antes desconocidos. Esta es la fantasía sobre la que trabajan los partidos separatistas de corte identitario, creando continuas tensiones centrífugas en Estados democráticos, exacerbando las diferencias, buscando el enfrentamiento con enemigos imaginarios y reinventando el pasado.

Mediante semejante esquema de trabajo, los nacionalistas catalanes llevan más de cien años fastidiando a sus conciudadanos, atropellando derechos individuales, burlando a los tribunales y sometiendo a un pueblo muy creativo de vocación cosmopolita a un estéril aldeanismo que lo empobrece material y espiritualmente. Pues bien, después de tres décadas de gobiernos de esta ideología regresiva y absurda, la Generalidad se ha declarado en quiebra y ha solicitado ser rescatada por el Tesoro estatal.

La pregunta que sería oportuno que los habitantes del Principado se formulasen en esta hora triste de su trayectoria colectiva es la siguiente: ¿Cuáles son las ventajas de una doctrina que nos ha precipitado a la ruina, nos ha castigado con un nivel galopante de corrupción y nos ha aislado del resto de nuestros compatriotas españoles sin ofrecernos ningún beneficio tangible o intangible?

El nacionalismo catalán es hoy el ejemplo patético del fracaso de una idea de Cataluña basada en el tribalismo, la introversión y la obsesión neurótica por el uniformismo totalitario. Si tras el derrumbe estrepitoso de un montaje artificial construido sobre una inmensa mentira y una descarada manipulación, los catalanes no reaccionan enviando a paseo a la caterva venal y fanática que les ha envenenado el alma y les ha vaciado los bolsillos, entonces quedará claro que se merecen lo que les ha pasado y que suerte tienen de formar parte de España para llegar a fin de mes.

Todo sigue igual
Román Cendoya www.gaceta.es 27 Julio 2012

Todo lo que está sucediendo tiene un origen claro, la partitocracia

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Si la evasión de responsabilidades fuera deporte olímpico, España tendría una medalla segura. Las primeras comparecencias sobre Bankia en el Congreso de los Diputados son un ejemplo más sobre la inutilidad de las pomposamente denominadas comisiones de investigación. ¿Qué va a salir de un sistema en el que están todos –partidos, sindicatos, patronal y profesionales arrimados al poder– involucrados? Nada.

La voz más sincera sobre el cachondeo organizado ha sido la condenada Munar. El mecanismo moral de este personaje con el que han pactado –con pleno conocimiento de cómo era y actuaba– el PSOE y el PP es que si robas cien y te cazan el robo en veinte, devuelves esos veinte y te quedas con los ochenta no descubiertos. Como agravante –por haber sido tan tonto de que te hayan cazado–, haces unos pocos servicios sociales y a disfrutar de la pasta, que para algo la has robado. El problema es que, tal y como está la Justicia en España, la doctrina Munar puede ser asumida por jueces, como Gómez Bermúdez, con el aplauso de la casta política.

Todo lo que está sucediendo tiene un origen claro, la partitocracia. La ocupación de todos los poderes y de todos los organismos de control por los partidos políticos. La CNMV, el Banco de España, los órganos de control y dirección de la Justicia… Todo está secuestrado por los políticos, que así se garantizan la impunidad de todos los suyos. Y no sirve de nada pensar que va a cambiar. Lo hemos visto en la renovación del Tribunal Constitucional y en el “sangre, sudor y lágrimas” de Ruiz-Gallardón para colocar a un progresista y que no sustituyera a Dívar un conservador. Y nadie le cesa. Y nadie dice nada. Pero ahí queda quien le ha catapultado. El político. Todo sigue igual.

La señora Cataluña nos exige dinero y nos insulta cuando se lo damos
Pedro Fernández Barbadillo Periodista Digital 27 Julio 2012

Esto no tiene más que una solución: la separación de Cataluña.

Me piden algunos amables lectores que escriba algo sobre las últimas noticias que nos vienen de Barcelona. Sinceramente, tengo muy pocas ganas. Todo lo que creo que tenía que decir ya lo he dicho, como podéis leer en mi blog.

Podría parodiar la conducta de la señora Cataluña y de sus administradores con la del hidalgo del Lazarillo. Mientras éste se las daba de harto y se hacía de rogar para aceptar un mendrugo de pan, la señora Cataluña nos exige a los demás españoles que paguemos sus derroches, no porque seamos todos miembros de la misma nación, sino porque somos su único banco, y luego nos insulta diciendo que le robamos y que quiere una hacienda propia para gestionarse el dinerito que nos saque. Pero no tengo ganas.

Pilar Rahola, que lleva camino de convertirse en una vaca loca, llamando "amigos de los colonizadores" a los parlamentarios catalanes que no aprueban el pacto fiscal, vulgo concierto económico, en el periódico de los condes de Godó, que tanto elogió a Franco.

Esto ya no tiene solución... o al menos no la tiene por mucho tiempo. No se trata de que una oligarquía se corrompa y derroche el dinero que le dan los catalanes y los que no somos catalanes, es que NADIE la pone en su sitio, ni el Gobierno nacional, ni la Liga de fútbol, ni los votantes catalanes... y la marca del PSOE en Cataluña, el PSC, encima se abstiene en la votación, salvo el oligarca Ernest Maragall, cuyo padre celebró la entrada de los nacionales en Barcelona

La única salida es la independencia de Cataluña para que así deje de imponernos a los demás sus políticas demenciales y no nos arrastre al fondo de la ciénaga catalana. Estoy convencido de que a los catalanes de 2012 les ocurrirá como a los de 1640: se unieron a Francia y luego regresaron con el rabo entre las piernas.

Por favor, señora Cataluña, váyase, pero gratis, ¿eh? No le vamos a pagar la mudanza. Y se lleva al Barça de la Liga Española.

(Manuel Azaña de Lluís Companys en mayo de 1937: «Companys está loco; pero loco de encerrar en un manicomio»)

CODA: Un prócer catalán: El periodista que pasó de secretario de un ministro falangista a cantar a la nación catalana
http://blogs.periodistadigital.com/bokabulario.php/2009/01/23/p214933#more214933

Draghi nos concede un respiro
EDITORIAL Libertad Digital 27 Julio 2012

Las palabras de Draghi afirmando su compromiso de no dejar caer el Euro han actuado de bálsamo sobre los indicadores financieros y especialmente sobre las primas de riesgo de España e Italia, los dos países más cuestionados por sus dificultades crecientes para acceder a la financiación exterior en condiciones aceptables. El caso es que el gobernador del Banco Central Europeo no ha dicho más que una obviedad, pues su principal obligación es precisamente salvaguardar el sistema de la moneda única a través de los mecanismos que la Unión Europea pone a su alcance. No obstante, cualquier gesto que contribuya a incrementar la confianza que las propias instituciones europeas tienen sobre su futuro es bien recibido, como demostró ayer Mario Draghi que, con un par de frases, disparó la bolsa española y rebajó sensiblemente la presión sobre nuestra deuda.

El Gobierno ha recibido con el necesario escepticismo esta relajación puntual de las condiciones de los mercados secundarios. La prima de riesgo no es el problema sino un síntoma de la confianza que los inversores tienen depositada en nuestra deuda de cara a su posterior comercialización. El hecho de que haya descendido por debajo de los 600 no supone la solución a nuestros problemas, como acertadamente ha aclarado el ministro de Economía, sino tan sólo un respiro temporal muy necesario que el ejecutivo debe aprovechar para trabajar en las reformas de fondo que el país todavía tiene pendientes.

Mal haría el ejecutivo de Mariano Rajoy si la recuperación económica la fiara a las declaraciones optimistas de las autoridades políticas europeas, porque los efectos benéficos de los discursos desaparecen con rapidez si no van acompañados de hechos constatables que garanticen la confianza que se reclama. En este caso, al menos, no cabe achacar al Gobierno de España ningún afán de triunfalismo que en la situación en que nos encontramos podría llegar a ser letal, sino una muy clara conciencia de que las dificultades están ahí y que el camino para salir de la crisis económica sigue siendo igual de exigente que antes de que Draghi hiciera ese alarde de verbo florido.

Una vez más toca exigir al Gobierno que sea consecuente con esa imagen de responsabilidad y afronte de una vez las grandes reformas estructurales que el país necesita en el terreno de su diseño territorial. Ni más de lo que la Constitución permite ni menos de lo que el país necesita para poder dedicar las energías que ahora son derrochadas por el engendro autonómico a la recuperación general del país. De lo contrario, nuestros indicadores seguirán dependiendo no de nuestro desempeño como país serio, sino de las declaraciones de los burócratas europeos con todo lo que ello lleva consigo. Con los sobresaltos que llevamos acumulados estos dos meses ha sido más que suficiente.

El desastre económico mundial en dos simples datos
S. McCoy. El Confidencial 27 Julio 2012

Las ramas de lo que está sucediendo en España nos impiden ver la dimensión del desastroso bosque económico mundial que nos rodea, especialmente en el mundo desarrollado. Se trata de un vano consuelo que en época del zapaterismo se habría elevado a la categoría de argumento para justificar nuestros males. Sin embargo, ahora que buena parte de las esperanzas del país están puestas en la recuperación internacional y en el tirón de nuestras exportaciones, se convierte en un hándicap adicional para que salgamos del hoyo y debilita el discurso de autores como Martin Feldstein que han convertido la devaluación del euro y su potencial impacto positivo sobre las ventas exteriores de la Eurozona en el último asidero de la moneda única (FT, A rapid fall in the euro can save Spain, 24-07-2012).

¿Por qué cinco años después del inicio de la crisis seguimos en esta situación? La respuesta es de Perogrullo. Si en el origen de la actual coyuntura se encuentra la explosión de una burbuja de crédito, lo normal es que no mejore hasta que el exceso de endeudamiento del sistema se corrija. De cajón. Bien, pues en este lustro ha ocurrido justamente lo contrario. Tal y como nos recuerda Satyajit Das en su última contribución en MarketWatch el intento de apagar las llamas del apalancamiento con nuevas inyecciones de deuda no ha hecho sino agravar los problemas y postergar su solución (MarketWatch, Global´s economy cure is worse than the disease, 25-07-2012). Algo de lo que ya hablamos en relación con España hace ahora un par de viernes cuando advertimos que o se actuaba sobre este factor o Japón nos iba a parecer el paraíso económico frente a lo que el futuro nos deparará (VA, España, El sufrimiento que nos espera en un solo gráfico, 13-07-2012).

Bien. El autor nos recuerda cómo, pese a que se han creado las condiciones idóneas para que los agentes económicos puedan repagar lo debido, especialmente a través del mecanismo de la represión financiera, sostenimiento de los tipos de interés artificialmente bajos, la situación ha devenido más insostenible que nunca (VA, Represión Financiera, el contubernio secreto de banca y gobiernos, 21-03-2012). Y para ello se limita a aportar dos datos:

El porcentaje de deuda sobre PIB de 11 de las economías más endeudadas del planeta ha pasado del 381% del PIB en 2007 al 417% en la actualidad. ¿Qué quiere decir esto? Que cualquiera de los estados citados por el articulista debe cuatro veces la riqueza anual que genera. Como regla general la reducción de la exposición crediticia del sector privado se ha visto más que compensada por el aumento del endeudamiento público, primero por los estabilizadores automáticos y luego por decisiones del todo desacertadas que, en muchos casos, no han permitido corregir cuestiones básicas como la debilidad de sus respectivos sistemas bancarios.
Eso pese a un esfuerzo ingente por parte de los bancos centrales que han expandido sus balances a una velocidad y hasta un tamaño nunca vistos. Así en el mismo periodo se han multiplicado por tres desde los seis billones (millones de millones de dólares) hasta los 18 en la actualidad para alcanzar un 30% del Producto Interior Bruto mundial. Una expansión monetaria coordinada globalmente sin precedentes en la historia de la humanidad escasamente efectiva y que limita sustancialmente el margen de maniobra de estas autoridades a partir de ahora por mucha declaración altisonante que haya. Tomen nota los pedigüeños.

Nunca antes la política económica había sido, en sus dos ramas, fiscal y monetaria, tan expansiva y tampoco nunca con anterioridad había producido tan escaso fruto como prueba la languidez en el crecimiento de las naciones en las que se ha implantado, algunas de las cuales transitan en la peligrosa frontera entre la recesión y la depresión, y el mantenimiento e incluso agravamiento de esos desequilibrios que se hallan en el origen de buena parte de los excesos pasados: países que siguen sin consumir y dependiendo de sus exportaciones para alegría de sus superávit por cuenta corriente; estados no competitivos que sufren para corregir sus déficit. Pesadas alforjas para un viaje excesivamente vano.

Y mientras la gran esperanza emergente, agrupada bajo el acrónimo de BRIC ve impotente cómo la ralentización de sus principales contrapartidas comerciales, con impacto tanto en la demanda de materias primas como de producto elaborado, se come su crecimiento y afecta a sus perspectivas inmediatas de futuro, en muchos casos recalentadas por unas expectativas que a duras penas llegarán a cumplirse y afectadas por un virus reciente de apego al crédito que les puede pasar factura. El dinero ya no fluye como antes y han entrado en la batalla por los escasos recursos financieros a nivel mundial jugando con su divisa y sus tipos de interés, cuando no directamente con la amenaza velada o explícita del proteccionismo.

Así son las cosas y así se las estamos contando. La perspectiva global es poco halagüeña lo que ahonda aún más en la imposibilidad de una ayuda externa procedente de quien bastante tiene con lo suyo y nos recuerda la necesidad de ser capaces de sacar por nuestros propios medios las castañas del fuego. Cuanto antes seamos conscientes de esta realidad y dejemos de hacernos trampas en el solitario, mejor.

Buen fin de semana a todos.

Órdago catalán
¿Reforma constitucional?
Antonio Robles Libertad Digital 27 Julio 2012

Mas allá de si Artur Más ha pretendido enmascarar la bancarrota de Cataluña exigiendo una Hacienda propia, las formas burdas con que lo ha hecho, merecen una reflexión. Les pregunto qué les escandaliza más: ¿el que suelte en el Parlamento catalán: "solo con la mitad del déficit fiscal, Cataluña tendría déficit cero" –como si España fuera un vulgar sacamantecas–, o el seguidismo del 63% de la cámara ante tanta impostura?

¿Cómo puede decir que si recaudaran todos sus impuestos (en eso consiste la Agencia Tributaria única) Cataluña no tendría problema alguno? ¡Toma! Y Madrid, y Baleares, y cualquier empresario que no pagara un duro a Hacienda y sus márgenes comerciales tuvieran superávit, además de gestionar bien sus inversiones.

Este es el milagro del nacionalismo o de cualquier secta, sus miembros tienen justificada cualquier aspiración del grupo por muy insolidaria, contraria al bien común o, incluso, ilegal que sea.

"Ahora, o nunca", también dijo. Ahora o nunca ¿para qué? ¿Para lograr el pacto fiscal? También. Sí. Pero sobre todo para quedarse con la banca, y con ésta, financiar un Estado propio. ¿Es eso ilegal? Con la actual Constitución, sí. ¿Es antidemocrática la aspiración? No. Ninguna debería serlo si no va contra los derechos fundamentales regidos por una constitución democrática. Pero lo que denota ese "ahora, o nunca" es la convicción profunda de un comportamiento que desprecia al Estado al que teme, al mismo tiempo que odia, y a quien debe coger desprevenido para llevar en su huida las joyas y los puentes de comunicación. "Ahora o nunca" suena muy parecido a los pasajeros de un avión que buscan desesperadamente un despiste de los secuestradores para abalanzarse sobre ellos y reducirlos. Lo terrible de esta metáfora es que España no es una célula de Al Qaeda, ni los catalanes unos desamparados viajeros a merced de unos sacamantecas, sino ciudadanos con los mismos derechos y deberes que el resto de españoles, aunque con más carga impositiva, pero no por el Estado, sino por su propio Gobierno. Y peor gobernados.

¿La deuda de 42.000 millones de euros, es consecuencia de la cicatería del Estado o de una gestión lamentable? ¿Quién ha derrochado el dinero que no tenía? ¿El Estado? ¡No!, el Gobierno de Cataluña. Podría haber tenido más recursos o menos, pero los que ha tenido los ha derrochado en incentivar políticas improductivas y en construir un Estado paralelo. Es su entera responsabilidad.

Cada vez corren más voces a favor de la reforma del artículo VIII de la Constitución. Cerrar el Estado de las autonomías y delimitar claramente competencias y soberanías, es del todo imprescindible para que los nacionalistas no desguacen el Estado. Pero el remedio puede ser peor que la enfermedad. En el mejor de los casos, es decir, que los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, se pusieran de acuerdo, el consenso conseguido en la transición nunca se alcanzaría, ahora. Los nacionalistas solo se avendrían a una reforma si de ella sacaran mayor soberanía, es decir, agravarían el artículo VIII en lugar de mejorarlo, que es, al fin y al cabo, por el que se habría llegado a la conclusión de reformarla. Pero si no se diera mayor soberanía a los nacionalistas, jamás la votarían, con lo cual, la matraca y la desafección aumentarían sin fin. La disculpa de no sentirse amparados por una Constitución hecha a sus espaldas le activarían un filón victimista sin fondo. Un desastre. En un caso y en otro, contando con que los dos partidos nacionales tuvieran claro los intereses generales del Estado. Pero... ¿el atomizado PSOE actual, infectado ya de los mismos males nacionalistas que trataría de evitar la reforma, pactaría con el PP o con múltiples intereses territoriales?

La máxima ignaciana "en tiempos de desolación, nunca hacer mudanza" podría servirnos para pensar fríamente. Si acaso, reformar puntualmente tal o cual necesidad. Por ejemplo, la imprescindible reforma electoral, o la sucesión al trono. Y mientras tanto, el gobierno nacional de turno, a quejarse menos de los nacionalistas y a hacerles cumplir a rajatabla la Constitución.

Si se fijan, seguir esta línea de pensamiento, llevaría al Estado a ir siempre a rebufo de la agencia nacionalista. Un error aún mayor que los anteriores. O sea, el que nos ha traído a esta crisis económica y política.

Ha llegado la hora de que España actúe como Estado, y sean los nacionalistas los que deban preocuparse por el protagonismo que éste determine en cada momento. Y si la reforma es imprescindible para tomar las riendas de la soberanía nacional, cuanto antes, mejor. Sin complejos.

Una ley de transparencia opaca
Juan Varela Estrella Digital 27 Julio 2012

Paradojas: el gobierno más esquivo, con el presidente más silencioso, el que más gobierna por decreto ley y desoye al Parlamento, el que antes ha incumplido sus promesas electorales, el que ha cambiado radicalmente sus políticas sin cumplir un solo año aprueba la primera ley de transparencia de la democracia. Toda una reflexión del fracaso de los anteriores, especialmente el de Zapatero, culpable de posponer indefinidamente una ley imprescindible para una democracia real y participativa.

Pero el gobierno Rajoy persiste en su sordera. Ni el Consejo de Estado, presidido por el ex ministro Romay Beccaría, ha conseguido que se oigan sus críticas. Antes el ejecutivo ignoró a la comisión de expertos creada al efecto, a los organismos internacionales y a los propios ciudadanos, de los que sólo incorporó algunas ideas de una consulta pública sin transparencia sobre las propuestas realizadas.

La primera ley de transparencia y buen gobierno es una burla. Todas las críticas coinciden en la excesiva discrecionalidad de las administraciones, la escasa garantía del derecho de acceso a la información pública de los ciudadanos y el excesivo control que otorga al gobierno central sobre el resto de administraciones. Más que una ley de acceso a la información es un instrumento para reforzar el poder sordo y silencioso del ejecutivo de Mariano Rajoy.

Bienvenida la primera ley de transparencia y los controles sobre las administraciones y cargos públicos para evitar despilfarros y mala gestión. Pero la transparencia y el buen gobierno son más que una ley, son una cultura, como la propia vicetodo Soraya Sáenz de Santamaría ha subrayado en la rueda de prensa del Consejo de Ministros.

La partitocracia es opaca y esta ley se ha gestionado sin debate y con opacidad. La tramitación parlamentaria y su implementación por todas las administraciones públicas deberían servir para limpiarla de las malas prácticas de su gestación contra natura. Una democracia sin participación y control ciudadano es el peor escenario para el buen gobierno, la probidad y el límite al poder de los partidos que tanto necesitamos.

La escandalosa clase política y sindical
Marcello www.republica.com 27 Julio 2012

Ahora resulta que Toxo y Méndez, los líderes sindicales de CC.OO. y UGT se van en secreto al palacio de la Moncloa, de espaldas a los ciudadanos y a la opinión pública, a reunirse con el presidente del Gobierno y sin ofrecer oportunas explicaciones de semejante y misterioso encuentro, que no sabemos si es para ver la posibilidad de un “gran pacto nacional” entre fuerzas políticas, sociales y empresariales, o si para que Rajoy les cuente una nueva película de terror sobre el gran rescate de España, el regreso de la peseta -que está de moda en círculos empresariales- o el último rumor sobre la rectificación de Draghi en el BCE que ayer motivó la euforia de los mercados.

O sea estos dos jefes sindicales van en secreto a Moncloa después de demonizar al Gobierno y de llamarlos pandilla de “chulos” tal y como hizo Toxo días atrás, cuando parecía que estábamos en el comienzo de la Apocalipsis. Y ahora, como si no hubiera pasado nada, pelillos a la mar, a tomar el cafelito en presidencia con un tal Rajoy que sigue oculto en la cueva monclovita, mofándose de los españoles, los medios de comunicación y el Parlamento.

Y a propósito del Parlamento, menudo espectáculo el que dieron ayer Rodrigo Rato, Narcís Serra y Elena Salgado a propósito de sus respectivas responsabilidades políticas y de gestión en los bancos y las cajas españolas, donde se ha llevado a la ruina a miles de ciudadanos, e incluso al país con el rescate financiero de la banca española que han de pagarlo todos los españoles, cosa de la que Rato niega que sea de su responsabilidad, a pesar de que ha sido el estallido de Bankia la causa del rescate bancario.

Ya sabíamos que, como ocurrió con Campa y el ex Gobernador del Banco de España Fernández Ordoñez, Rato, Serra y Salgado no iban a reconocer errores ni nada parecido y que esta serie de declaraciones –sin interrogatorio de investigación- no llevarían a ninguna parte como ha ocurrido. Pero nos faltaba por ver el gran espectáculo de complicidades respectivas del PSOE y del PP con sus banqueros respectivos para comprobar el nivel de escándalo y de desvergüenza que anida en la clase política española ante los ojos asombrados del conjunto de la sociedad.

O sea que no ha pasado nada en Bankia y Caixa Catalunya, y que por eso están intervenidas por el Estado y reciben créditos que se pagan por el bolsillo de los españoles, más el descrédito general de España en los mercados y en todo el mundo. Y los culpables son la crisis económica internacional, y no los errores, sueldazos, abusos (preferentes o accionistas timados) y despilfarros de los administradores de las entidades, ni los errores de los políticos. Ni las fusiones demenciales, ni las salidas a Bolsa casi fraudulentas, ni nada de nada.

Además como si a Rato no lo hubiera puesto el PP en Bankia y a Serra el PSOE en Caixa Catalunya. Al final los culpables son todos, tanto los gestores como los reguladores (Banco de España y CNMV) los partidos políticos. Esos partidos políticos que ahora no quieren tocar ni recortar el ruinoso macro aparato del Estado porque allí tienen ellos colocados a sus militantes y dirigentes y desde allí sale una gran parte de la financiación de sus enormes estructuras partidarias.

De manera que la comisión informativa del Congreso sobre la crisis bancaria ha sido la prueba flagrante de la gran complicidad de los, partidos, gobernantes, controladores y gestores. Y en vista de esas circunstancias de oscurantismo y secretismo, como el de la visita de los sindicatos a la Moncloa, sólo nos queda esperar que la Justicia meta mano en el asunto -como parece que lo hará con Bankia- y coloque a los responsables donde les corresponde tras investigar lo ocurrido y sentenciar cualquier irregularidad. Pero mientras tanto continuamos inmersos en el desastre general de la partitocracia española adornada por una macro “corrupción ambiental”.

¿Quiere usted una dictadura islamista que mate cristianos?
Pascual Tamburri El Semanal Digital 27 Julio 2012

El terrorismo de varios grupos integristas, con apoyo extranjero, intenta crear una guerra civil en Siria. Si sucede, desaparecerá el último régimen laico y moderno del mundo árabe.

Vivimos desde hace unos años una cadena de revoluciones y guerras civiles en muchos países del entorno árabe y de mayoría musulmana. Empezaron en Túnez, inmediatamente extendidas a Egipto y Yemen, después a Libia, aparte del giro impuesto a la preexistente guerra civil de Sudán (convertida de hecho en guerra internacional por la división entre dos países que no tienen una frontera segura), al abandono absoluto de Somalia, de hecho dividida en varios países sin reconocimiento internacional y dedicados en el mejor de los casos a la piratería, a la guerra abierta en el Sahara, no sólo en Mali y no sólo por los tuareg, a la islamización de Turquía y al recalentamiento de la situación de Líbano, sin cañonazos de momento pero con un consolidado cambio de gobierno impulsado por Hizbulá.

Estamos por tanto, sin más ni menos, ante un cambio general de escenario, en el que las circunstancias locales cuentan poco o nada. Hay fuerzas globales a las que parece convenir la desaparición de cualquier régimen árabe no islamista, y que promueven ese cambio en cuanto hay una oportunidad. Y si no hay, se crea.

A muchos analistas y a bastantes de nuestros lectores llama la atención el resultado de ese proceso: la toma del poder por fuerzas islamistas radicales, con frecuencia relacionadas en las ideas con alQaeda e incluso con su organización u otras similares. Es muy llamativo que Occidente, en su conjunto, haya preferido la desaparición de regímenes que por discutibles que fuesen garantizaban una estabilidad y una habitabilidad razonables; y que haya optado por no ya consentir, sino directamente promover, financiar, estimular y alabar la aparición de gobiernos, si se quiere democráticos en la retórica o las formas, pero islamistas intolerantes. Es llamativo, pero no es lo único que debe llamarnos la atención.

En cuanto a los mismos resultados, es aún más llamativo pero se comenta poco o nada en los medios oficiales, la inestabilidad crece a caballo de tres continentes. Y Occidente, por la razón que sea, no sólo no hace nada para impedirla, sino que la ha elegido, la prefiere, la estimula. Asistimos no ya a la islamización total de una parte decisiva del mundo, sino a la desaparición allí de cualquier forma de orden compatible con lo que en Europa y América se llama ahora democracia. No se ha tratado de golpes de Estado o de guerrillas que llevasen a un cambio de gobierno, sino a guerras civiles a múltiples bandas, prolongadas en el tiempo y en general sin visos de desaparecer. Y donde así no ha sido aún, se están sentando las bases para que suceda. De modo que no nos obsesionemos sólo con la aparición de poderes islamistas, pensemos a la vez en la aparición de un desorden que conviene quizá a los poderes fuertes pero no desde luego a los pueblos de allí ni de aquí.

Hacia otra guerra, a marchas forzadas
El escenario más mediático es ahora Siria. Es un país tan complejo como lo pueda comprender cualquiera que haya estudiado la historia de Oriente desde los hititas a hoy, pasando por Roma, el Islam, las Cruzadas y el largo periplo turco. Su variedad religiosa, sin ser infinita, resulta sorprendente para lo europeos del siglo XXI. Su complejidad étnica no es menor, pero es distinta, como lo es la lingüística y la acumulación de historia e historias, de afinidades, parentescos, enemistades y desamores. Y como lo es también la variedad de ideologías y proyectos políticos. Teóricamente, en Siria se dan todos los elementos para el caos. Pero curiosamente es el país que más se ha resistido a él, porque el proyecto baasista de los dos al Assad, padre e hijo, ha creado un Estado con sus propias metas pero capaz de concebir la diversidad en la unidad, sin imponer la uniformidad.

Siria, que fue "buena" cuando sirvió para combatir contra Irak en la segunda guerra del Golfo, en 1990 –por su enemistad política con el también baasista Saddam Hussein-, ahora ha pasado a ser "mala". Ella no ha cambiado, se ve que han cambiado nuestros gustos. Desde luego que el presidente sirio, Bashar al Assad, puede gustar tan poco como se quiera, pero no se les puede negar ni a él, ni a su padre, ni a su Partido ni a su Ejército la capacidad de haber modernizado Siria, siendo un poder regional respetado y conservando una tolerancia interna con la variedad que en otros sitios ni se imagina y que desde luego no es parte del proyecto de la que ahora llaman "oposición democrática". ¿Democrática? ¿Pero de qué estamos hablando, damas y caballeros?

Terroristas, islamistas, no demócratas
La democracia de origen no es que sea dudosa, es que es inexistente. Una Turquía islamizada, en la que el Gobierno combina contra Siria la extensión de su programa y un imperialismo que le de legitimidad ante su propio Ejército, difícilmente es fuente de democracia alguna. No lo es desde luego la parte (pequeña) del nacionalismo kurdo que participa en la oposición a al Assad. Escasa democracia puede venir de Arabia Saudí –a la que nunca, es curioso, se reprocha la calidad de su régimen en Occidente- ni de Qatar. La oposición, fomentada si no creada desde todos estos enemigos del actual régimen sirio y desde los países occidentales, puede gustar a quien guste, pero no puede decirse que tal colección de diversos radicales islámicos sea, precisamente, democrática. Por cierto, hay voluntarios ceutíes entre los islamistas radicales que cometen atentados contra Siria.

Y su actuación confirma esa naturaleza. Fue lamentable hace unos días ver cómo los medios de comunicación socialdemócratas y de centroderecha coincidían en aplaudir el asesinato de Assef Shawkat y del general Daud Rayiha, ministro de Defensa. Triste aplauso, porque lo que se está haciendo es dar legitimidad a un movimiento terrorista, y precisamente uno que comete atentados en masa. Legitimidad, cuando no armas, claro. El caso del general Rayiha es en particular escandaloso, ya que hemos visto periodistas católicos en medios españoles casi confesionales alegrarse de la muerte de un militar cristiano. ¿Podría un cristiano ser ministro de Defensa en Libia, en Somalia, en el Egipto que se vislumbra, en Israel, en Arabia, en Qatar, en Turquía o en Pakistán? Desde luego que no, y las comunidades cristianas, allí donde no han sido aniquiladas, sufren un acoso intolerable. Que no se da, precisamente, en la Siria de al Assad, y ésta es la que queremos destruir. ¡Extraños gustos los de Occidente en 2012!

¿Queremos una Siria islamista en la que las sectas islámicas combatan entre sí y donde los cristianos sean exterminados? Apoyando este proceso estamos yendo hacia eso, hacia escenas crueles, innecesarias y macabras como las muertes de Gadafi y de Saddam o la prisión de Hosni Mubarak, y hacia la destrucción del estado sirio y su conversión en un escenario de guerra multilateral y de actuación de grandes y medianos poderes externos. Flaco favor al pueblo sirio y nulo a la que llaman democracia, por cierto.

¿Paz en la Tierra?
Esto sin considerar, por supuesto, los efectos que un conflicto en Siria y una desestabilización de Damasco supondrían en Líbano. Fernando José Vaquero Oroquieta mantiene a sus lectores informados de cómo el equilibrio de fuerzas en Líbano es totalmente inestable, y si Siria abandona a los suyos –o mejor dicho, lo hacen los baasistas de al Assad- el futuro inmediato sería o la extensión de la guerra, una guerra enrevesada, irresoluble y contagiosa como bien se sabe por experiencia, o la conquista del poder por el partido/milicia/Estado chií de Hizbulá. O probablemente las dos cosas, que a Europa no convienen (aunque quizá a algunos sí interesen). Y por supuesto, una ulterior masacre y éxodo de cristianos, gane quien gane y pase lo que pase. Es feo decirlo, pero la Rusia de Vladimir Putin y hasta el Irán jomeinista hacen más por la paz y al menos lo mismo por la democracia en este caso. Sobre todo, no son hipócritas, cosa que nosotros, quizá por cierta incultura histórica, parece que tendemos a ser.

Cataluña
Un tribunal anula una multa de tráfico del Ayuntamiento por no respetar el derecho de opción lingüística
Redacción www.vozbcn.com 27 Julio 2012

La Administración ha de dirigirse a los ciudadanos en su lengua de elección (entre las oficiales en cada territorio), y ha de hacerlo sin que este lo pida expresamente, es decir, observando la legua que utiliza oralmente o en sus escritos. De lo contrario, está incurriendo en una actuación fuera de la legalidad.

Este es el criterio establecido por el Tribunal Constitucional en su sentencia sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, de junio de 2010, que también ha sido recogido recientemente por otra sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

En base a esta jurisprudencia, el titular del Juzgado de lo Contencioso-administrativo de Lérida, el magistrado José María Aristóteles Magán Perales, ha ordenado la anulación de una multa de tráfico impuesta por el Ayuntamiento de Barcelona a una ciudadana leridana por dirigírsele únicamente en catalán, a pesar que ella utilizó el español en sus recursos.

El juez acusa al Ayuntamiento de ‘temeridad manifiesta’
El auto judicial -con fecha de 16 de julio- en realidad confirma una sentencia del mismo magistrado emitida en marzo pasado que anulaba una sanción por una infracción de tráfico impuesta por el Consistorio barcelonés. En esta ocasión, además, ha condenado al Ayuntamiento a pagar una multa de 600 euros por actuar con ‘temeridad’ y a asumir las costas del proceso, según recoge este viernes el diario Segre.

El juez Magán Perales subraya que ‘lo que vulnera la legalidad vigente no es dirigirse al ciudadano en lengua catalana, sino imponer esta cuando el ciudadano ha elegido libremente la lengua castellana’. ‘Se presenta una temeridad manifiesta en la interposición de este incidente de nulidad’ por parte del Ayuntamiento de Barcelona, añade el auto, que justifica la multa de 600 euros como medida para ‘corregir’ dicha ‘temeridad’.

Este es el mismo juzgado que hace unos meses anuló una sanción por una infracción de seguridad laboral impuesta por la Consejería de Empresa y Empleo a la sociedad Prefabricados Pujol (perteneciente al importante holding leridano Grupo Pujol). El motivo de la nulidad de la multa fue el hecho de que, a pesar de que el demandante había utilizado el castellano durante todo el proceso de tramitación, la Generalidad solo había respondido en catalán, lo que suponía una vulneración de sus derechos, puesto que es la Administración la que se ha de adaptar a la lengua que use el administrado. Se trata de una situación que ya es recurrente.

“No daremos toda la información en bilingüe; estamos en Cataluña”
A pesar de las reiteradas sentencias de los tribunales, el Ayuntamiento de Barcelona se niega a respetar los derechos lingüísticos de los castellanohablantes. En mayo pasado, el TSJC anuló dos artículos, corrigió otros cinco e interpretó otra veintena de preceptos del Reglamento de Uso de la Lengua Catalana del Ayuntamiento de Barcelona que establecía un uso preferente de esta lengua sobre el castellano.

Uno de los aspectos fundamentales ordenados por el TSJC es el que se refiere a que el Consistorio debe adaptarse a la lengua que use el ciudadano (entre las dos oficiales) sin que este deba pedirlo de forma explícita. Sin embargo, el alcade de la ciudad, Xavier Trias (CiU), aseguró tras conocer la sentencia que no estaba dispuesto a hacerlo. “Lo que no hacemos y no haremos es dar toda la información en bilingüe; estamos en Cataluña”, señaló entonces en tono desafiante.

El Ayuntamiento anula las multas por tener las señales solo en catalán
Sorprendentemente, el Ayuntamiento sí reconoce implícitamente que incumple la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial y el Reglamento General de Circulación, que ordenan que todas las señales de tráfico deben estar, al menos, en castellano.

Tal y como ha recogido LA VOZ DE BARCELONA, el Consistorio anula las multas de aparcamiento a aquellos que interponen un simple recurso administrativo apelando a este motivo, prefiriendo, de esta forma, renunciar al cobro de estas sanciones antes que rotulare las señales en las dos lenguas oficiales de Cataluña como debería hacerse en aplicación de la normativa nacional y autonómica.

El aval del Tribunal Constitucional
La argumentación que ampara las sentencias del juzgado leridano está recogida en el Fundamento Jurídico 23 de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, que interpreta el artículo 50.5 del texto estatutario:

‘Sólo los particulares, en tanto que titulares del derecho de opción lingüística garantizado por el propio artículo 33.1 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, pueden preferir una u otra de ambas lenguas en sus relaciones con el poder público radicado en Cataluña. Y hacerlo, además, en perfecta igualdad de condiciones por cuanto hace a las formalidades y requisitos de su ejercicio, lo que excluye que, como pudiera resultar de una interpretación literal del apartado 5 del artículo 50 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, quienes prefieran que su lengua de comunicación con las Administraciones sea el castellano hayan de pedirlo expresamente. El precepto, sin embargo, es conforme con la Constitución ya que puede interpretarse en el sentido de que, en el marco de la política de fomento y difusión del catalán, las entidades públicas, instituciones y empresas a que el precepto se refiere, pueden utilizar la lengua catalana con normalidad, sin perjuicio de poder utilizar también con normalidad el castellano, en sus relaciones internas, en las relaciones entre ellas y en sus comunicaciones con los particulares, siempre que se arbitren los mecanismos pertinentes para que el derecho de los ciudadanos a recibir tales comunicaciones en castellano pueda hacerse efectivo sin formalidades ni condiciones que redunden para ellos en una carga u obligación que les constituya en la posición de sujeto activo en sus relaciones con la Administración pública’.

******************* Sección "bilingüe" ***********************



Recortes de Prensa   Página Inicial